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NEUROFISIOLOGÍA DEL PENSAMIENTO Y LENGUAJE

JOAQUÍN CHÁVEZ CORREA

INTRODUCCIÓN

Pensamiento y lenguaje son funciones que están íntimamente relacionadas, dependen en


gran medida la una de la otra e incluso, podría afirmarse que son caras de una misma
moneda. Entender las estructuras neurofisiológicas de estas funciones es de suma
importancia para comprender a su vez, sus implicaciones en otros procesos neurológicos y
psicológicos asociados a ellas. Sin una correcta estructuración de las funciones del lenguaje
por ejemplo, a nivel conductual el proceso de socialización se vería afectado, sobre todo en
las etapas del desarrollo infantil; y aún si la persona afectada por alguna lesión en el área
cerebral del lenguaje fuese adulta, presentaría problemas para socializar al no poder
comunicar sus pensamientos e ideas a las personas que lo rodean, generando esta condición
respuestas de aislamiento o de segregación hacia la persona afectada.
Las áreas del encéfalo asociadas con el pensamiento y el lenguaje son un centro de
control y de procesamiento de “aferencias” o estímulos sensitivos como la audición y la
visión, y “eferencias” o respuestas motoras. Conocer su funcionamiento también nos ayuda
a detectar trastornos neurológicos que no sólo implican a estas áreas sino que pueden
gestarse en procesos previos o posteriores al desarrollo del pensamiento y del lenguaje.
En esta disertación voy a profundizar en tres aspectos principales, primeramente
analizaré los elementos que componen los procesos de pensamiento y lenguaje, y las
implicaciones que éstos tienen en la conducta humana; posteriormente presentaré las zonas
anatómicas del encéfalo en donde se ubican estas funciones, su estructura y su
funcionamiento fisiológico; y para finalizar presentaré las características de algunos tipos
de trastornos relacionados al lenguaje, la cognición y la lectoescritura.

PROCESOS PSICOLÓGICOS DEL PENSAMIENTO Y EL LENGUAJE

Pensar significa procesar mentalmente la información o los estímulos cognitivos que


recibimos del medio ambiente o del contexto en el que nos desenvolvemos. Esencialmente,
el pensamiento es una representación interna o expresión mental de objetos o situaciones.
Pensamos para discernir ideas y para resolver problemas, en este sentido, las problemáticas
que se nos presentan en nuestra vida cotidiana son como el combustible que echa a andar el
proceso de pensamiento. Ante los problemas, pensamos previo a la acción, ese estado de
ansiedad expectante y de alerta al que denominamos “pre-ocupación” nos da indicios del
papel predominante del pensamiento ante la búsqueda de resoluciones; antes de la acción
pensamos, y el pensamiento es el primer paso para resolver los problemas.
¿Pero qué pensamos cuando pensamos? El pensamiento se compone de al menos tres
elementos básicos: las imágenes, los conceptos y el lenguaje. A continuación haré una
breve presentación de cada uno de estos elementos.

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Imágenes o impresiones sensoriales

Como uno de los elementos centrales del pensamiento, las imágenes pueden ser entendidas
como impresiones mentales que asemejan fotografías de los objetos del entorno, sin
embargo estas imágenes no son escenas congeladas sino que tienen cierta plasticidad; por
ejemplo, si pensamos en el “andrógino” platónico, ser mitológico descrito en uno de los
discursos del Banquete de Platón, el cual, además de ser redondo como una pelota gigante,
poseía dos pares de pies, dos pares de manos y una cabeza con dos semblantes, uno detrás
del otro, lo que visualizamos mentalmente no es una serie de fotografías congeladas sino un
objeto con tridimensionalidad al que podemos rotar imaginariamente en el espacio mental
para así poder observar todos sus elementos.
Este tipo de impresiones mentales, además pueden ir en uno u otro sentido. Una imagen
visual parte de algo que nuestros ojos observan, posteriormente el estímulo activa el área
visual primaria del cerebro y de esta manera se crea una imagen mental que después se
reconoce y relaciona con recuerdos e impresiones asociados a otras áreas del cerebro. En el
sentido inverso, desde las áreas de recuerdos y conocimientos almacenados, se envían
señales al área visual del cerebro para crear imágenes visuales como en el caso de imaginar
al ser mitológico descrito arriba.
Sin embargo, no todas las impresiones mentales que percibimos son imágenes visuales,
también existen imágenes auditivas, táctiles, odoríficas y gústicas; o más que imágenes, se
trata de impresiones sensoriales que dialogan y se intercomunican entre sí. El recuerdo de
una experiencia se forma en conjunto con distintas de estas impresiones, un plato de la
comida de nuestra predilección por ejemplo, no sólo nos trae a la memoria la imagen sino
también los aromas, el sabor y hasta la textura del alimento, de alguna forma, al recordarlo
lo podemos saborear, hay una frase popular para este efecto denominada “hacer agua la
boca”.
Existe un tipo de imaginería rara llamada sinestesia, la cual consiste en el
entrecruzamiento de las barreras sensoriales. Una persona con esta capacidad podría ser
capaz por ejemplo, de saborear sonidos o colores, o visualizar emociones en objetos
geométricos. Se cree que la genialidad del músico clasicista Wolfgang Amadeus Mozart
radicaba en la posesión de esta capacidad imaginaria, pues se afirma que el compositor
podía visualizar los sonidos como formas tridimensionales en el espacio imaginario de su
mente, para así acomodarlos y poder componer con la presteza con la que lo hacía.
Hay una forma especial de imaginería a la que todos podemos acceder, tiene que ver
exclusivamente con impresiones sensoriales motoras, se denomina habilidad kinestésica y
se podría decir que es una forma de pensamiento corporal. Se genera a partir de sensaciones
musculares que si se practican disciplinadamente, el cuerpo termina por aprenderlas y
entonces se ejecutan de forma automática. Esta habilidad es especialmente importante en
los deportes, la danza, la música o las artes marciales.

Conceptos

Los conceptos nacen de la propensión humana a categorizar los objetos o fenómenos del
entorno en que nos desenvolvemos. Los conceptos son ideas que formamos para percibir
las características del mundo. Inicialmente formamos conceptos basados en nuestra propia
experiencia durante la fase de desarrollo, entendemos las ideas de las cosas por medio de
comparaciones que aprendemos mediante ensayo y error. Nos acercamos o nos alejamos a
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la idea de un concepto o fenómeno, de acuerdo a sus diferencias o similitudes con otros
objetos conceptualizados como representativos. Durante la adultez asimilamos los
conceptos mediante reglas conceptuales (Coon y Mitterer, 2016) que nos guían para decidir
si los objetos o eventos pertenecen a una clase de conceptos u otra.
Existen diferentes tipos de conceptos: los conceptos conjuntivos, los conceptos
relacionales y los conceptos disyuntivos son algunos de ellos.

a) conceptos conjuntivos: son los que se definen por la presencia de 2 o más


características; por ejemplo, una silla para ser silla necesita tener, patas, asiento y
respaldo.
b) conceptos relacionales: se caracterizan por tener un significado asociativo a otros
objetos o fenómenos, por ejemplo, algo es grande en comparación a otras cosas que
son pequeñas, las direcciones de la rosa de los vientos sólo encuentra sentido
direccional si se toman como referencia sus contrasentidos, el norte es norte respecto
al sur, el este respecto al oeste y así sucesivamente.
c) conceptos disyuntivos: son conceptos cuyo significado presenta cierta ambigüedad
pues entre dos opciones se plantea la posibilidad de “o lo uno o lo otro”. Esto se
ejemplifica mejor dentro de la gramática con las oraciones disyuntivas que son las
que plantean dos o más opciones respecto de algo, con la intención manifiesta de
recibir una respuesta concreta o por la simple necesidad de expresar una duda que
aún no se ha podido resolver. Ejemplo: o vamos al museo o al teatro pero antes de
que se haga tarde.

Hay otros conceptos denominados prototipos que son modelos ideales que nos ayudan a
reconocer y caracterizar otros conceptos. Los prototipos, sin embargo, no siempre pueden
estar basados en el significado exacto de las cosas, o significado denotativo. Muchos
prototipos desde los que se extraen significados que nutren el pensamiento de sentido
común, se basan en interpretaciones libres o denotaciones que al paso del tiempo forman el
conocimiento popular pero que no por popular significa ser exacto. Algunos prototipos se
tipifican tanto que generan definiciones cerradas y categóricas que a nivel social generan
polémicas y exclusión de grupos minoritarios.

Lenguaje

Desde la perspectiva psicológica, el lenguaje es una conducta del pensamiento. Como


hemos visto arriba, puede haber pensamiento sin lenguaje pero debemos reconocer que la
mayoría del pensamiento está basado en gran medida en el lenguaje, ya que las palabras
codifican (traducen) el mundo en símbolos que son fáciles de manipular (Coon y Mitterer,
2016). Las palabras importan, porque determinan la forma en la que percibimos el mundo.
La semántica es el estudio del significado de las palabras y es en ella donde queda de
manifiesto la relación entre pensamiento y lenguaje a nivel conductual, pues sin
significados no hay pensamiento posible y los significados dependen de una zona concreta
del cerebro que veremos más adelante.
El lenguaje se compone de diversos elementos, en su forma más básica están las letras
que son signos lingüísticos que representan sonidos o fonemas, las letras se estructuran en
unidades significativas que son las palabras, signos lingüísticos de mayor extensión y
complejidad que forman morfemas, las palabras son representaciones de los objetos de
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nuestro entorno y de las ideas que pensamos. Pensamos enunciando internamente palabras
y por eso el lenguaje es la parte más fundamental del pensamiento.
No se debe homologar lenguaje con comunicación. Todos los animales tienen
habilidades comunicativas con base en sonidos y gestos para transmitir a sus congéneres
estados de ánimo asociados a instintos biológicos como la dominancia, la territorialidad o el
apareamiento; pero un lenguaje para configurarse como tal requiere de unas reglas de forma
y estructura llamadas gramaticales. Es por medio de la gramática que los sonidos se
transforman en palabras y éstas se articulan en oraciones, frases y discursos. La sintaxis es
parte de la gramática y se refiere a las reglas sobre el orden de las palabras. La sintaxis es
importante porque al cambiar el orden de las palabras, también cambia el significado total
de la oración.
El lenguaje es el medio más refinado que tiene el ser humano para comunicarse consigo
mismo, con las demás personas de su entorno y actualmente las personas de todo el mundo
gracias a los medios globalizados de comunicación y la capacidad multilingüe de muchas
personas; sin embargo, el lenguaje hablado no es el único tipo de lenguaje existente. Las
personas con problemas de sordera son capaces de comunicarse por medio del lenguaje de
señas: el American Sign Language (Lenguaje de Señas Americano) ASL por sus siglas en
inglés.

ESTRUCTURA Y FUNCIONAMIENTO NEUROLÓGICO DEL PENSAMIENTO Y


EL LENGUAJE

Figura 1 Áreas centrales del lenguaje y zonas funcionales adyacentes

Las distintas funciones del lenguaje se ubican en zonas diferenciadas del cerebro, tanto el
hemisferio izquierdo como el hemisferio derecho participan en el proceso, sin embargo, hay
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una prevalencia del hemisferio izquierdo en cuanto al reconocimiento, comprensión y
producción del lenguaje hablado, incluyendo la lectura y la escritura. Dos son las zonas
centrales para estos procesos: el área de Wernicke donde se hallan las aferencias sensitivas
de asociación, y el área de Broca encargada de las eferencias motoras que posibilitan la
articulación del habla.

Área de Wernicke

El área de Wernicke se encuentra en la parte posterior del giro temporal superior del
hemisferio cerebral izquierdo, incluye la corteza auditiva y el surco lateral donde convergen
el lóbulo temporal y el parietal. Está rodeada por el área posterior del lenguaje que para
interpretar el habla conecta percepciones y memorias reservadas en la parte posterior del
cerebro con el área de Wernicke (véase Figura 1).

Funciones

La función central del área de Wernicke es la recepción y comprensión del lenguaje, no


sólo hablado sino también escrito y el lenguaje de señas. Hay una prevalencia de la palabra
hablada por la conexión tan cercana de esta área funcional con el área auditiva primaria y
secundaria del lóbulo temporal; esto quiere decir que los estímulos sean auditivos o
visuales, ambos se interpretan de manera fonética. Cuando leemos por ejemplo,
internamente traducimos la escritura a sonidos lógicos, nos hablamos internamente y pasa
lo mismo cuando escuchamos a otras personas, cuando nos hablamos a nosotros mismos y
cuando recordamos cosas. En suma, pensamos en términos de lenguaje hablado y sólo así
podemos reconocer, interpretar, procesar y almacenar en la memoria el lenguaje, con la
finalidad última de poder nosotros crear lenguaje para comunicarnos con los demás.

Área de Broca

El área de Broca se encuentra en la tercera circunvolución frontal del hemisferio cerebral


izquierdo, sin embargo, tanto el área de Broca como el área de Wernicke excepcionalmente
podrían hallarse en el hemisferio derecho del cerebro pero sólo en casos aislados. Según el
mapa de Brodmann, ocupa las áreas 44 y 45, cerca del ojo y pegado a la parte frontal del
lóbulo temporal (véase Figura 1).

Funciones

La función central del área de Broca es la producción y la articulación del lenguaje, tanto
del habla, la escritura y la gesticulación del lenguaje de señas. Esta zona del sistema
nervioso central, aunque está separada del área de Wernicke es interdependiente de ella en
cuanto a la creación de mensajes que además de ser articulados y fluidos, necesitan
construirse con una coherencia interna para tener sentido semántico y comunicativo.
Articular palabras requiere de una coordinación motriz entre diferentes partes del
cuerpo, una armonización motora cuando menos entre la boca, la lengua, los labios, la
mandíbula, y las cuerdas vocales; de esta coordinación depende la fluidez del habla y su
coherencia gramatical. Pero hablar no sólo requiere de una articulación fluida sino de la
presencia de ritmo, tono y énfasis que aportan sentido a la comunicación, estos elementos
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de rítmicos, enfáticos y melódicos del habla se denomina prosodia (Carlson y Birkett,
2018). Por lo tanto, gramática y prosodia son otras de las funciones del área de Broca.

Otras áreas funcionales del cerebro asociadas al lenguaje

Figura 2 Fascículo arqueado

Fascículo arqueado

El fascículo arqueado es un conjunto de fibras nerviosas que une las dos principales
regiones cerebrales del lenguaje: el área de Wernicke y el área de Broca; la conexión es
bidireccional porque los impulsos nerviosos van de una a otra área indefinidamente. Por lo
tanto, este haz de axones establece un puente entre áreas sensitivas y áreas motoras,
intercomunica los lóbulos frontal, temporal, parietal y el área periférica a la cisura de Silvio
(véase Figura 2).
La comprensión del habla implica un flujo de información que parte del área de
Wernicke hasta el área posterior del lenguaje, y de ahí a varias regiones de la corteza
asociativa motora y sensitiva, las cuales contienen las memorias que aportan significado a
las palabras. La producción del lenguaje espontáneo implica el flujo de información
referente a las percepciones y memorias desde la corteza sensitiva y motora de asociación
del área posterior del lenguaje, luego al área de Broca (Carlson y Birkett, 2018). Este
modelo es el punto de partida para conceptualizar los procesos básicos de cognición y
lenguaje.

Funciones del lenguaje del hemisferio cerebral derecho

Como se ha mencionado arriba, la mayoría de los circuitos del lenguaje implicados en la


comprensión y producción del lenguaje están ubicados en el hemisferio cerebral izquierdo,

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sin embargo, hay áreas del hemisferio derecho que participan en lo que se entiende como la
conducta verbal (Carlson y Birkett, 2018). El hemisferio derecho nos ayuda a las
habilidades espaciales al momento de leer mapas y reconocer figuras geométricas. Así
mismo el hemisferio derecho participa en la expresión y reconocimiento de las inflexiones
rítmicas, enfáticas y de tonalidad propias de la prosodia. Un último elemento importante de
las funciones del hemisferio derecho es la comprensión de aspectos sutiles, abstractos y
figurativos del habla como por ejemplo, interpretar metáforas, entender refranes o pensar
cuestiones complejas como la moral.

TRASTORNOS DEL LENGUAJE Y LA COGNICIÓN

Inicialmente, las investigaciones y los conocimientos acerca de las funciones neurológicas


del lenguaje se han obtenido por la observación de lesiones cerebrales que afectan la
conducta verbal de las personas (Carlson y Birkett, 2018). A lo largo del tiempo y con el
desarrollo de las neurociencias y de la tecnología aplicada a la fisiología cerebral, estos
conocimientos se han complementado con observaciones directas provenientes del uso de
técnicas de neuroimagen funcional, resonancia magnética y tomografía de emisión de
positrones tanto en personas lesionadas como en personas sanas.
La categoría más importante de trastornos del lenguaje es la afasia, alteración básica ya
sea de la comprensión, de la producción o de las funciones totales del lenguaje debido al
daño cerebral parcial o generalizado en las áreas de Wernicke y de Broca. Los diferentes
tipos de afasias son consecuencia de traumatismo craneal, tumores o infecciones cerebrales,
pero la mayoría son provocadas por accidentes cerebrovasculares.
No todos los trastornos del lenguaje se denominan afasia, para que ésta pueda ser
diagnosticada, debe descartarse que las dificultades de comprensión, repetición o
producción del lenguaje significativo sean consecuencia de daños parciales en zonas
específicas de las entradas sensitivas (visual o auditiva), de las funciones propiamente
motoras o por falta de motivación.

Afasia de Wernicke

La afasia de Wernicke se caracteriza por una deficiente comprensión del habla y una
producción del lenguaje ausente de lógica y significados. Este trastorno no afecta las
facultades de articulación, es decir, el habla se presenta fluida. Los pacientes con este tipo
de afasia mantienen la entonación melódica y aparentemente siguen las reglas gramaticales
del lenguaje; sin embargo, en el acto expresivo utilizan pocas palabras con contenido y las
frases que logran enlazar están ausentes de sentido semántico.
Un rasgo conductual peculiar en pacientes con afasia de Wernicke es, que aunque su
habla es poco o nada comprensible, parecen no ser conscientes de su alteración, parecieran
no reconocer que su habla es incorrecta ni tampoco que no pueden entender el habla de los
demás (Carlson y Birkett, 2018). Por ello es común verlos comportarse confiados o seguros
de sí mismos al participar en reuniones sociales, además, porque no pierden la capacidad de
reconocer la prosodia y los gestos corporales de sus interlocutores, lo que les da la
percepción de que aún existe la posibilidad de una cierta comunicación en términos de ese
proto-lenguaje que prescinde de la palabra hablada.

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Para entender mejor el mecanismo de afasia de Wernicke es importante diferenciar
distintas funciones que se ven afectadas por separado: el reconocimiento y comprensión de
las palabras habladas, la comprensión de su significado y la incapacidad de expresar
pensamientos mediante un lenguaje significativo.

Alteración en el reconocimiento y comprensión de las palabras habladas

Reconocer palabras no significa entender su significación semántica. El reconocimiento del


habla tiene que ver con funciones cerebrales de percepción; la comprensión por otro lado,
implica un proceso secundario de extracción y relación de eso que se percibe, con
memorias guardadas en las zonas posteriores del cerebro (véase Figura 1), para poder así
entender el habla como resultado de un proceso de interpretación; comprender significa
adherir información complementaria a aquello que percibimos como lenguaje.
El daño en el lóbulo temporal del hemisferio cerebral izquierdo puede producir un
trastorno auditivo de la palabra, un síndrome denominado sordera pura para palabras
(Carlson y Birkett, 2018), cuyo síntoma no es la incapacidad para recibir el estímulo
auditivo del habla sino la incapacidad tanto para reconocerlo, como para entenderlo como
palabra. El paciente puede reconocer otros sonidos no asociados con el habla, incluso puede
reconocer la emoción expresada en la entonación del habla aunque no reconozca las
palabras. Esto no significa que las personas afectadas con este síndrome, no sepan el
significado de las palabras, lo conocen y por ello pueden comunicarse mediante la lectura,
la escritura e incluso mediante la sola lectura de labios de su interlocutor; lo que estos
pacientes no identifican es el habla y por tanto, ésta no puede asociarse a significados.

Figura 2 Afasia de Wernicke y afasia sensitiva transcortical

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Alteración en la comprensión y producción de habla significativa

El déficit de entendimiento en este tipo de alteración, tiene que ver con la zona adyacente al
área de Wernicke que se ubica en la región que rodea la parte posterior de la cisura lateral,
cerca de la confluencia de los lóbulos temporal, occipital y parietal del hemisferio cerebral
izquierdo, es decir, el área posterior del lenguaje antes mencionada (véase Figura 3). Esta
zona parece funcionar como el lugar de intercambio de información entre la recepción
auditiva de la palabra y los significados almacenados en forma de recuerdos en las demás
áreas sensitivas de asociación de la corteza cerebral. Una lesión restringida en esta área
produce un trastorno que se conoce como afasia sensitiva transcortical.
A diferencia de la afasia de Wernicke que implica un daño en ambas áreas (Wernicke y
posterior del lenguaje), la afasia sensitiva transcortical implica un daño sólo en el área
posterior del lenguaje. Por tanto, los pacientes con este trastorno pueden reconocer y
además repetir lo que otros dicen pero no pueden comprender el significado de las palabras
ni producir ellos mismos un habla significativa. En suma, los síntomas de la afasia de
Wernicke están formados por los de la sordera pura para palabras más los de la afasia
sensitiva transcortical; pero cuando el daño se restringe al área posterior del lenguaje, el
síntoma presente sólo es el de la afasia sensitiva transcortical, esto es, la ausencia de
significar lo que se reconoce y lo que se expresa.

Afasia de Broca

La afasia de Broca es consecuencia de una lesión o daño cerebrovascular en el lóbulo


frontal izquierdo del cerebro. Este trastorno se caracteriza por problemas en la ejecución
motora del habla. El paciente presenta síntomas de habla lenta, con esfuerzo y no fluida
aunque las palabras que logran articular por lo general tienen sentido semántico. Las
personas con este trastorno tienen claro lo que quieren decir pero encuentran dificultad para
manifestar esos pensamientos.
La afasia de Broca, similar a lo que ocurre con la afasia de Wernicke, no sólo implica el
área restringida de Broca sino circuitos neuronales adyacentes. Este trastorno es mucho más
que sólo la dificultad para pronunciar palabras, en general, las lesiones del área de Broca y
la región adyacente producen tres alteraciones lingüísticas principales: agramaticalidad,
anomia y dificultades de articulación (Carlson y Birkett, 2018).

Agramaticalidad

A las personas con afasia de Broca se les dificulta mucho pronunciar palabras con sentido
gramatical como las preposiciones o conjunciones (palabras funcionales); en cambio
pueden pronunciar palabras que expresan significados por sí mismas (palabras con
contenido) como sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios. La afasia de Broca es un
trastorno de la producción del lenguaje no de la comprensión, sin embargo la falta de
acceso a las reglas gramaticales termina por afectar de alguna forma la percepción y
comprensión del habla.

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Anomia

La anomia se refiere a la dificultad para encontrar palabras, en realidad es uno de los


síntomas principales de todas las formas de afasia. Expresiones faciales de confusión o
muletillas como el “este” o el “he” acompañadas de pausas en el discurso, son muestra de
que se buscan las palabras a tientas y que con frecuencia no se encuentran, por lo que al
final se sustituye la ausencia con la creación de circunloquios para aproximarse a las
palabras olvidadas.

Dificultades de articulación

Esta es la principal alteración de la afasia de Broca, es por la que más se le reconoce.


Articular palabras significa coordinar los movimientos motrices de los órganos implicados
en el habla. Los pacientes con afasia de Broca pronuncian mal y con frecuencia alteran el
orden secuencial de los sonidos. A diferencia de los pacientes con afasia de Wernicke, los
que padecen esta afasia sí reconocen su trastorno al ellos mismos escuchar que su
pronunciación es errónea, por lo que intentan corregirla.

Afasia de conducción

La afasia de conducción es ocasionada por una lesión en la región inferior del lóbulo
parietal que se extiende a la sustancia blanca subcortical y daña el fascículo arqueado (ver
Figura 2). Este trastorno está caracterizado por un habla fluida y con significado,
comprensión relativamente buena, pero repetición deficiente (Carlson y Birkett, 2018). El
paciente puede repetir palabras sueltas pero falla al repetir palabras sin sentido; puede
repetir una frase de tres palabras con sentido pero no con tres palabras no relacionadas.
Los síntomas de la afasia de conducción indican que la conexión entre el área de
Wernicke y de Broca parecen desempeñar un papel muy importante en la memoria a corto
plazo de las palabras y los sonidos del habla que recién se escuchan. Se sugiere que la
fijación de tal información se lleva a cabo cuando las personas se hablan a sí mismas sin
enunciar palabras en voz alta. Imaginarnos a nosotros mismos hablando, activa la región
del área de Broca; así mismo, imaginar que escuchamos activa el área de Wernicke. Ambas
regiones conectadas por el fascículo arqueado, circula información en ambas direcciones
manteniendo activa la memoria a corto plazo en un circuito denominado bucle fonológico.

CONCLUSIÓN

Como pudimos corroborar a lo largo de esta disertación, no existe como tal un área
particular del pensamiento que sea independiente del lenguaje; contrariamente, sí existen
zonas neurológicas de la fisiología cerebral relacionadas con el lenguaje propiamente dicho
Y es que pensamiento y lenguaje están de tal manera intrincados que podemos afirmar que
nuestro pensamiento es en sí mismo lenguaje.
Cuando pensamos, ya sea en imágenes o en conceptos, lo hacemos hablándonos a
nosotros mismos sobre ellos, articulando palabras de manera interna. Pasa lo mismo en el
caso de la lectura, al ver las letras plasmadas en el papel, la información no pasa directo de
la hoja al entendimiento; ingresa a las áreas visuales y de ahí se transforma en estímulo
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auditivo para luego ser entendido y relacionado a los significados; es decir que al leer nos
contamos internamente eso que observamos en el texto.
Pensar es hablar y aunque existen dos zonas diferenciadas del lenguaje y diversas áreas
funcionales adyacentes, a mi parecer la parte central que establece esa conexión entre
pensamiento y lenguaje, es el área de Wernicke, específicamente el área posterior del
lenguaje. Pues es esta zona la que asocia los estímulos auditivos del habla con las
significaciones reservadas como memorias en las áreas posteriores sensitivas del cerebro.
Sin significados, como hemos visto no hay sentido y sin sentido el pensamiento no es
posible.

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