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EL DIOS QUE PERSISTE.

La semana pasada, el Pastor Victor Cruz nos habló del profundo y terrible encuentro que tuvo Isaías con
la Santidad de Dios.

Después de tal encuentro, Isaías no vuelve a ser el mismo; pues, como el pastor Victor nos decía:

«Dios pasó de ser un mero concepto, a una presencia gloriosa y real para su vida».

Ahora, nos encontramos con el siguiente capitulo, en el cual vemos a un hombre que aún no ha
tenido un encuentro transformador con el Dios tres veces Santo, este hombre es el Rey Acaz.

Pero antes de entrar de lleno a estudiar el texto, quisiera que reflexionáramos en un par de
preguntas:

¿Dios es para ti más que un correcto concepto doctrinal?

¿Confías en el Señor en cada momento y área de tu vida?

¿El temor de Dios eclipsa el temor a los hombres en tu vida?

Piensa en esto.

O permíteme hacer dichas preguntas de otra manera:

¿Dios ha irrumpido en tu vida, y en consecuencia, ha sido transformada?

Cuando tienes algún tipo de necesidad, ¿confías en el Señor o en tus propios recursos?

¿Temes más a los hombres que nada pueden hacer a tu alma, que a Dios , quien es capaz de enviarte al
infierno?

Son preguntas realmente serias, y muy vitales. No es necesario contestarlas aún…

Ahora, vayamos a nuestro texto:

'Acaz, hijo de Jotán y nieto de Uzías, reinaba en Judá. En ese tiempo Rezín, rey de Siria, y Pécaj hijo de
Remalías, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para atacarla, pero no pudieron conquistarla. En el
palacio de David se recibió la noticia de que Siria se había aliado con Efraín, y se estremeció el corazón
de Acaz y el de su pueblo, como se estremecen por el viento los árboles del bosque. El Señor le dijo a
Isaías: «Ve con tu hijo Sear Yasub a encontrarte con Acaz donde termina el canal del estanque superior,
en el camino que conduce al Campo del Lavandero. Dile que tenga cuidado y no pierda la calma; que no
tema ante el enojo ardiente de Rezín el sirio, ni ante el hijo de Remalías; que no se descorazone a causa
de esos dos tizones humeantes. Dile también que Efraín, junto con el hijo de Remalías y el sirio, han
tramado hacerle mal, pues piensan subir contra Judá, provocar el pánico, conquistarla y poner allí como
rey al hijo de Tabel. Pero dile además que yo, el Señor omnipotente, digo: »“Eso no se cumplirá ni
sucederá. La cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco es Rezín; pero dentro de sesenta y
cinco años Efraín será destrozado hasta dejar de ser pueblo. La cabeza de Efraín es Samaria, y la cabeza
de Samaria es el hijo de Remalías; si ustedes no creen en mí, no permanecerán firmes”». El Señor se
dirigió a Acaz de nuevo: —Pide que el Señor tu Dios te dé una señal, ya sea en lo más profundo de la
tierra o en lo más alto del cielo. Pero Acaz respondió: —No pondré a prueba al Señor , ni le pediré nada.
Entonces Isaías dijo: «¡Escuchen ahora ustedes, los de la dinastía de David! ¿No les basta con agotar la
paciencia de los hombres, que hacen lo mismo con mi Dios? Por eso, el Señor mismo les dará una señal:
La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará Emanuel. Cuando sepa elegir lo bueno y rechazar
lo malo, comerá cuajada con miel. Porque antes de que el niño sepa elegir lo bueno y rechazar lo malo,
la tierra de los dos reyes que tú temes quedará abandonada. ‘

(Isaías 7:1-16 NVI).

Hoy meditaremos en este texto; para ello, abordaremos de tres puntos:

1. El temor que tenemos.

2. La hipocresía que nos invade.

3. La promesa que necesitamos.

Vayamos al primero:

1- El temor que tenemos .


Fijemos nuevamente nuestra mirada a nuestro texto, especialmente a los primeros versículos:

'Acaz, hijo de Jotán y nieto de Uzías, reinaba en Judá. En ese tiempo Rezín, rey de Siria, y Pécaj hijo de
Remalías, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para atacarla, pero no pudieron conquistarla. En el
palacio de David se recibió la noticia de que Siria se había aliado con Efraín, y se estremeció el corazón
de Acaz y el de su pueblo, como se estremecen por el viento los árboles del bosque. '

Isaías 7:1-2
Corría el año 735 A. C. Y la situación es una desesperada propuesta de Israel y Siria para unirse con sus
vecinos (Judá) contra el arrollador conquistador asirio. Pero Acaz se rehusó a dicha alianza, lo que
provocó un enojo feroz de parte del reino de Israel y Siria.

Estos dos reinos acordaron, en venganza, ir contra Judá y derrocar a Acaz. Sin embargo, no prevalecieron.

Por tal razón, Acaz y el pueblo estaban llenos de espanto. El temor era algo real en sus corazones.

Es en este escenario que Dios envía a Isaías a dar un mensaje. Es un panorama bastante oscuro.

Pero es precisamente en estos momentos que la Palabra de Dios alumbra con un brillo incomparable.

¿Has estado en tal angustia? ¿Has sentido que tu corazón teme hasta al oír el soplido del viento?

La realidad es que nuestros corazones temen cuando la fuente de su esperanza parece desvanecerse;
cuando el puerto de su seguridad es conmovido.

Así se hallaba Acaz junto a todo el pueblo, ¿te puedes identificar?

¿Qué es aquello que te causa temor? Tenemos que ser honestos: la mayoría del tiempo no tememos a
Dios, sino a que nuestro reino personal sea destruido.

Nuestros temores surgen cuando nuestro «imperio personal», como David Castro lo denominó, es
amenazado.

Nuestro temor, podemos decir, es producto de una amenaza a nuestra voluntad.

Lo que Acaz temía era que su seguridad y posición estaban en riesgo. La causa real de este pánico era la
debilidad de su fe y su subconsciente sentimiento de culpabilidad.

En medio de tal temor, Dios irrumpe a través de Isaías:

'Dile que tenga cuidado y no pierda la calma; que no tema ante el enojo ardiente de Rezín el sirio, ni ante
el hijo de Remalías; que no se descorazone a causa de esos dos tizones humeantes. Dile también que
Efraín, junto con el hijo de Remalías y el sirio, han tramado hacerle mal, pues piensan 'subir contra
Judá, provocar el pánico, conquistarla y poner allí como rey al hijo de Tabel. Pero dile además que yo,
el Señor omnipotente, digo: »“Eso no se cumplirá ni sucederá. ‘ Isaías 7:4-7

¡Esto es increíble!, ya que a pesar de que lo que realmente le preocupaba al rey no era Dios, sino su
propia gloria, y a pesar de ello, el Señor le da una promesa de salvación.
Pues como escribió cierto erudito: «La fe no jugaba ningún papel en su religión ni en su política». Ver 2
Reyes 16:3,4, 10-20.

¡Ah, así es el Dios de las Escrituras! No nos da el juicio que merecemos y nos da la gracia que jamás
mereceríamos.

¡Esto nos debería llevar a temer a Dios!

Pues como dice el Salmo 130:4:

«Pero en Ti se halla perdón, y por eso debes de ser temido».

¡Mis hermanos! ¡El perdón de Dios debería ser la causa de nuestro temor reverente hacia Él!

Pues, ¿Cómo no temer a un Dios que es Justo pero que al mismo tiempo es Misericordioso?

Eso nos guía a nuestro segundo punto:

2- La hipocresía que nos invade.

Todos esperamos que la rendición a Dios seria la respuesta de Acaz, pero no fue así.

Ante tal misercordia, Acaz aún no rinde su corazón al Señor.

Vemos en el texto que incluso Dios le manda que le demande una señal, a lo que Acaz responde:

'Pero Acaz respondió: —No pondré a prueba al Señor , ni le pediré nada. ‘ Isaías 7:12.

¡Cuánta hipocresía hay en su respuesta! Pues, parecía muy piadosa esta declaración, ya parecía que
simplemente estaba cumpliendo con el mandamiento de no poner a prueba a Dios, según Deuteronomio
6:16.

Pero lo que realmente sucedia, es que no era Dios su fuente de confianza, sino el hombre,
específicamente, el rey de Asiria, ver 2 Reyes 16.
Como alguien ha escrito:
«En forma totalmente hipócrita, el rey rechazó la oferta divina. La historia revela que él
tenía sus propios planes. En vez de confiar en el Señor en tiempo de crisis, optó por
confiar en la fuerza del hombre. Ya había hecho una alianza con Asiria para que ella
peleara en contra de Israel y Siria, salvando así a Judá de la situación crítica (2 Reyes
16)».

¿Cuántas veces se ha comportado como Acaz?

Teniendo la palabra segura del Señor y sabiendo que él siempre


cumple lo que ha prometido, ¿ha preferido utilizar su propio plan de
escape al tener dificultades en vez de confiar? ¡Qué fácil es depender
de brazos de carne y hueso!

No, no somos tan diferentes a él. Pues a pesar de contar con una doctrina solida o tener una vida religiosa
«perfecta», somos tentados una y otra vez a confiar en el hombre o en algo de este mundo más que en
Dios.

Podemos citar la Biblia, como Acaz, sin embargo, ser totalemte ajenos al corazón de Aquel la inspiró.

Podemos tener un buen conocimiento doctrinal, pero no vivir confiando en Aquel de quien obtenemos
dicho conocimiento.

Somo hipócritas como Acaz, y esto parece dejarnos sin esperanza, pero gracias a Dios que el nos da una
Promesa que necesitamos. Así se titula nuestro tercer y último punto:

3- La Promesa que necesitamos.

'Por eso, el Señor mismo les dará una señal: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará
Emanuel. Cuando sepa elegir lo bueno y rechazar lo malo, comerá cuajada con miel. Porque antes de que
el niño sepa elegir lo bueno y rechazar lo malo, la tierra de los dos reyes que tú temes quedará
abandonada. '

Isaías 7:14-16
Acaz no pide señal, pero Dios le da una muy clara y asombrosa: «La virgen dará a luz
un hijo, y se llamará Emmanuel (Dios con nosotros).

La palabra “virgen” (heb. almah) era usada para referirse a una mujer soltera y virgen
en edad de casarse (cp. Gn 24:43; Ex 2:8; Sal 68:25; Pr 30:19).

LA PROMESA DE LA VIRGEN TIENE UN CUMPLIMIENTO HISTÓRICO:

La señal debió haber tenido algún significado para la gente que vivió la situación
histórica en que se dio. La señal no sólo incluyó el nacimiento y el nombre del niño
(Emanuel, “Dios con nosotros”, aseguraría a la gente que contaba con la presencia de
Dios), sino también un determinado lapso de tiempo: Antes que el niño sepa
desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes … será
abandonada.

LA PROMESA DE LA VIRGEN TIENE UN CUMPLIMIENTO MESIÁNICO:

Mateo, en su Evangelio, nos dice:

'Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del
profeta: «La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel» (que significa
«Dios con nosotros»). ‘ Mateo 1:22-23

Su cumplimiento final es en Cristo.

Así como esta señal sería de salvación para Acaz y el pueblo, pues esta anunciaba la
caída de Siria e Israel, los enemigos de Judá, así el nacimiento virginal de Cristo
anunció la derrota del enemigo de nuestra alma.

Así como Acaz, solemos poner nuestra esperanza en algo más, y no en Dios.

Nos excusamos de nuestra idolatría, a veces, usando nuestra «impecable» religiosidad,


como Acaz.
Y la verdad es que estamos rotos y sin esperanza. Pero Dios hace miles de años dio
una promesa de traer a un niño que se llamaría: Dios con nosotros, y aquel pequeño
vendría ser la esperanza para las tinieblas de este mundo.

Amigo mío, pon tu esperanza en aquel que vino a través del milagro virginal. Aférrate a
Aquel que vivió una vida perfecta. Murió la muerte en sustitución por nosotros, y
resucitó como resultado del Padre haber aceptado glorioso sacrificio de expiación por
nuestros pecados.

Asegúrate de asirte de Él, pues es Dios con nosotros.

No habría sido de otra, pues sin Cristo en medio nuestro y Dios, no seriamos redimidos
por sangre, sino cenizas resultantes de la aplastante ira del Dios Santo.

¡Qué el Señor nos lleve a aferrarnos a la promesa que más necesitamos: el Evangelio!

Recuerda por siempre: nuestro Dios es un Dios que persiste hasta rendir nuestro tercos
corazones por el poder de su amor.

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