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LA FILOLOGIA VASCA

PESE A JOSEBA LAKARRA ANDRINUA

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Se puede ser un pésimo filólogo de dos maneras. Una, à la Gorrochategui, a saber:


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siendo catedrático de indoeuropeo, no ser epigrafista, y meterse a querer interpretar una


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inscripción en una lengua no indoeuropea. Esta manera de ser filólogo conlleva los
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riesgos propios de toda imprudencia: leer DESCARTES en una inscripción euskérica


or

del siglo III.


dit
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Esta forma de hacer filología es risible y amena, en especial para los que sí somos
PD

filólogos. Es, además, un modo de hacer filología que afortunadamente es inócuo, en


tanto en cuanto las torpezas que se cometen son tan manifiestas que todo posible daño a
Fill

la filología queda eficazmente abortado al dar por terminada la credibilidad de quien de


PD

este modo ejerce nuestra disciplina.

La otra forma de ser un pésimo filólogo es à la Lakarra, es decir: saber dos o tres
cositas, pero no saber cerrar la boca. Esta es en sí misma más dañina, en especial
cuando nuestro filobocazas logra ser editor de alguna revistita pseudoacadémica,
momento en el que todo intento por hacerle cerrar la boca lo es en vano. Y esta es la
forma en que nuestro personaje, Joseba Koldobika Lakarra Andrinua, quiere ejercer la
disciplina filológica.

Que nuestro personaje es gente de mal arate ya lo barruntaba Luis Núñez Astrain
cuando en su obra El euskera arcaico: extensión y parentescos, página 122, hablaba
del tono un tanto olímpico que suele utilizar este profesor. Lo de tono olímpico no deja
de ser un eufemismo que corresponde a insultante, y es que nuestro profesor ha dado
muestras a lo largo de su penosa carrera de ser el clásico calandrias, el buscachismes, el
gañán boceras y bocón que, por alguna extraña disfunción moral ataca mediante el
insulto a aquellos que, haciendo sencillamente filología, proponen hipótesis de trabajo o

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abren nuevas líneas de investigación, hipótesis e investigaciones que contradicen o
ponen en solfa el edificio pre-euskérico que nuestro mascachapas quiere edificar.

Pero, ¿cuál es ese edificio? ¿qué teoría filológica podemos extraer de los ladridos de
Lakarra Andrinua? Y, en particular, ¿qué son esas dos o tres cositas que cree saber y
que nadie en este mundo puede evitar que nos cuente?

En el mencionado libro del señor Núñez Astrain, se nos informa que el el lingüista
guipuzcoano Luis Michelena, en su La langue ibère aparecida en 1979 sostenía la tesis
de que muchos vascones, así como gran cantidad de aquitanos, hablaban ya, según
toda verosimilitud, otras lenguas en el siglo primero antes de nuestra era. Esta es la
primera cosita que se ha grabado con ácido en el escaso cerebro de Lakarra Andrinua: la
imposibilidad de que se hablase euskera en el siglo I. Nótese que Michelena dice,
textualmente, muchos vascones, y no todos los vascones. El matiz es esencial, aunque la
incapacidad para percibir los matices es precisamente el defecto más patente de nuestro
rudo Lakarra. Tampoco parece posible criticar a Michelena, elevado a sacrosanto
factotum del protoeuskera, por lo que se nos cierra el camino a preguntar, sencillamente,

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cuál es esa toda verosimilitud de la que habla y sobre la que, ahora sí, en tono olímpico,

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descansa su afirmación, una afirmación que treinta y un años después nadie desea
revisar excepto, claro está, la Realidad, que es más tozuda que cualquier teoría
filológica. an
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Afirmación que también graba en ácido Joaquin Gorrochategui y que le lleva a afirmar,
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en 1985, que por lo que respecta a los vascos de los siglos inmediatamente anteriores a
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la conquista romana parece que conservarían aún (según épocas o zonas) una capa de
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bilingües o al menos de población con ciertos hábitos fonéticos y onomásticos


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mantenidos como recuerdo de su reciente pertenencia al dominio lingüístico éuscaro. Y


sobre este único cimiento, pasa el señor Núñez Astrain a relatar la historia de la filología
or

vasca, echando mano de un plan de trabajo que, a su vez, ha diseñado nuestro boceras
dit

Lakarra, la llamada periodización del euskera. Así, en la página 19 del libro del cual es
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autor Núñez Astrain se nos dice que nuestra periodización del euskera se basa en la
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propuesta por el profesor Joseba Lakarra, introduciendo diversos cambios, en especial


ill

en la terminología. Dicha periodización distingue dos primeras etapas, una que va desde
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el S. I al S. III y que Lakarra denomina euskera arcaico o aquitano, y otra que va desde
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el siglo III hasta el siglo X, denominado periodo oscuro y en el que se incluye, a modo
de hiato, el periodo del euskera común, desde el siglo V al VI.

Ese es el chiringuito donde nuestros dos pésimos filólogos ejercen de mercheros de la


filología vasca y desde donde quieren imponer su régimen de silencio a los disidentes.
Se puede pintar el chiringuito, colgar un cartel que diga Universidad del País Vasco, y
darle a la calle donde se ubica la casucha el pomposo nombre de Avenida de las
Universidades. Se puede, pero eso no cambia los hechos: la escasa preparación de
ambos, la debilidad de las fuentes de las que extraen las máximas de su catecismo
filológico, y las muchas grietas y fisuras que afectan a la débil estructura que ellos creen
el sancto sanctorum de la filología vasca. Luego viene toda una labor de asegurar la
casucha, labor que incluye la edición de revistitas que quieren ser prestigiosas por el
expediente de ser Lakarra Andrinua el editor de las mismas, cerrando así el paso a la
publicación de las voces discrepantes; la tarea de acusar a los demás de no publicar sino
clandestinamente a menos que se publique en las mencionadas revistitas, la sempiterna
acción coactiva sobre los estudiantes y doctorandos, a los que se les instruye en el

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constante tener que citar a los dueños de la casucha, so pena de excomunión y escarnio,
y, finalmente, la labor de mendicidad económica propia de un sistema universitario al
que nadie le pide que rinda cuentas de sus logros y aciertos y cuyos numerosos
desaciertos han terminado por convertir la facultad de filología vasca de Vitoria,
adscrita a la Universidad del País Vasco, en una red de clientelismo, de pensamiento
único, con ramificaciones en toda la estructura cultural de la ciudad.

Establecido esa especie de régimen del cateto ilustrado, del garrulo investido catedrático
por sí mismo y para sí mismo, del gomoso Yo Soy el Rey, a nuestros cantamañanas les
queda tiempo suficiente para jugar a ser filólogos. En particular, a Joseba Lakarra
Andrinua le queda tiempo para jugar a ser experto no ya en vasco, ni en protovasco,
sino ¡en pre-protovasco!. Y, ¿a qué juega nuestro catetodrático en su Palurdistán
particular? Juega a cuestionar la estructura de la sílaba para el protoeuskera, y lo hace,
citando de nuevo a Núñez Astrain, página 103, en una serie de artículos tan interesantes
como embarullados (sic). Hay que decir que el que los articulitos de Lakarra sean
embarrullados no tiene nada que ver con la capacidad de entendimiento del señor Núñez
Astrain sino, antes bien, con el mero y desnudo hecho de que nuestro empollanabos

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Lakarra tan solo transcribe al papel lo que de antemano ya tenía en su embarrullada y

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farragosa mente. Tenía en mente que algunas palabras vascas que aparentemente son
simples -o raíces- en realidad son compuestas (Núñez Astrain, ibid., pg. 103), y tenía en
an
mente que entre las palabras bisilábicas del protoeuskera hay sílabas que se repiten una
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y otra vez con un significado similar y deduce que en consecuencia esas sílabas, que
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hoy no significan nada aisladas, habían sido en realidad palabras monosilábicas del pre-
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protoeuskera. Por supuesto que dicha hipótesis ya la planteó anteriormente Michelena


ee

para el protovasco (Núñez Astrain, ibid. página 101).


Fr
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wi

Tenía en su mente todo eso y nada más. No cabía en su mente el que otros antes ya
hubiesen postulado esa hipótesis no ya para el pre-protovasco, sino para cualquier pre-
or

proto X, como por ejemplo Laura Benua, de la University of Massachussets, en cuya


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excelente tesis titulada Transderivational Identity, que data de 1997, escribe


FE
PD

This dissertation develops the hypothesis that morphologically-related words are


required to be phonologically identical by ranked and violable constraints. Pairs of
Fill

surface forms are linked by a transderivational or output-to-output (OO) correspondence


PD

relation. Through ranking, constraints on the OO-correspondence relation may force a


derived word to deviate from the canonical surface patterns of the language in order to
be more like its output base. This theory obviates the traditional analysis that deviant
phonology in complex words is the product of cyclic derivation. Given transderivational
relations, cyclic effects are produced by constraint interaction in nonprocedural
Optimality Theory.

Tampoco cabía haber leido el serio trabajo de Joan Bybee, de 1985, Morphology: A
Study of the Relations between Meaning and Form (Amsterdam: Benjamins) y los
trabajos allí mencionados. Lleno de sí mismo, nuestro bajabalumbres profesor jamás
oyó hablar de la fonosemántica ni de la tesis de Margaret Magnus (What’s in a word?
Studies in Phonosemantics, 2001) en cuya introducción encontramos esto:

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Apart from Hjelmslev and de Saussure, many of what we think of as 'great' pre-War
linguists (Bloomfield, Jespersen, Sapir, Firth), wrote works in support of the position
that either the sound or the articulation of words has a synchronic, productive effect on
their meaning. In The Sound Shape of Language, Jakobson and Waugh wrote,
"Linguists have begun to turn their attention toward the immediate and autonomous
significance of the constituents of the verbal sound shape in the life of language... One
cannot but agree with Coseriu (1969) when he acclaims Georg von der Gabelentz
(1840-1893) as a 'precursor of present day linguistics' and especially as a promoter of
the fruitful ideas on sound symbolism.

En otras palabras, si nuestro maleducado y pésimamente instruido profesor hubiese


dedicado unos minutos a hacer bibliografía, se hubiese percatado de que ya en el siglo
XIX un tal Georg von der Gabelentz habia plantado la simiente de aquello de lo que él

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se pensaba descubridor. Y se nos hace difícil dar mucho crédito a Lakarra en todo lo

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referente al pre-protovasco cuando ni siquiera tiene conocimiento de lo que la disciplina

dT
filológica ya planteó en el siglo XIX. Hay que decir a favor de Lakarra Andrinua que el
an
tal George von der Gabelentz no publicó nunca en la revistita de la cual él es editor,
er
colaborador y, quizás, hasta enmaquetador.
rit
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Estudiemos, como artículo prototípico de la filología à la Lakarra, el titulado


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Protovasco, munda y otros: Reconstrucción interna y tipología holística diacrónica,


Fr

de 2006, una copia del cual se ha publicado recientemente (2009) bajo otro título, como
th

veremos más adelante. Lo primero es lo primero: autocitarnos. Lo hacemos así:


wi
or
dit

En Lakarra (2005e) aportamos argumentos para mostrar la deriva hacia la


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estructura aglutinante experimentada por la lengua...


PD
Fill
PD

Luego declaramos el objetivo de nuestro enmarañado artículo, a saber: Se dota a la


reconstrucción basada en la forma canónica de la raíz del escenario necesario para
explicar de manera principada sus resultados y reconstruir etapas anteriores al
protovasco moderno, así como evoluciones ulteriores interdependientes de los distintos
módulos de la lengua. Llama la atención el término protovasco moderno, pero ya
sabemos cómo funciona la mente de un titiritero que ejerce de filólogo. Véase lo que
sigue inmediatamente a continuación:

Desde hace ya una década venimos defendiendo la necesidad de revisar la


reconstrucción estándar de Mitxelena (cf. Mitxelena 1957a, 1964, 1961/1977, etc.)
mediante trabajos de detalle u otros de mayor alcance (cf. Lakarra 1995a y posteriores).

Traducido quiere decir que desde 1995 él viene defendiendo la necesidad de revisar la
reconstrucción estándar de Michelena, para lo cual sólo hace falta leerle a él (Lakarra,
1995a y posteriores).

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Dicho eso, debemos cesar en nuestra lectura de herejes puesto que, a todos los efectos,
Lakarra es autosuficiente y sólo él se ha autoelegido en glosador de su biblia particular,
esa Fonética Histórica Vasca micheleniana que ya va siendo hora que alguien revise y
ponga al día. Quizás bastase quitarle ese halo de divinidad e ir acostumbrándose a
afirmaciones como la siguiente de Txomin Peillen (Urrüstói, Atharrátze, Líginàga
edo zubereraren egiazko doiñuez, Antoine d’Abbadie 1897-1997. Congrès
International. Hendaya, 1998, páginas 453-472):

También quisiera mostrar que no existe una “auténtica” fonética vasca, ni


tampoco dialecto alguno que debido a la fonética sea un euskara mejor, puesto
que todos hemos conservado influencias exteriores, renovaciones internas y
tesoros del pasado.

Vamos, que en menos de diez líneas el visionario Lakarra se ha autocitado cuatro veces,
una de ellas aclarando entre corchetes que cuando alguien dice he se refiere,

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lógicamente, a él, a Lakarra. Es lo que tiene la falta de humildad y de modestia unidas a

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la irrefrenable vanidad. La siguiente frase es sintomática:
an
Corresponde al análisis de la forma canónica de la raíz y, en concreto, a la teoría de la
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raíz monosilábica, el núcleo del paradigma reconstructivo adoptado.
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W

pues muestra que Lakarra no hace propuestas metodológicas ni lanza hipótesis de


ee

trabajo sino que directamente enuncia teorías, como esta de la raíz monosilábica que,
Fr

como ya dijimos, debía haber conocido si en su biblioteca, además de Michelena,


th

tuviese algún que otro libro sobre, por ejemplo, lingüística. La distinción entre lo que es
wi

teoría (a saber, conjunto de hipótesis que ha sido contrastado con hechos y datos por
or

terceros independientes) e hipótesis le es desconocida a nuestro autoelegido e


dit

iluminado filólogo. Luego prosigue autocitándose y lanzando loas a Michelena a la vez


FE

que disculpándose si sus propuestas anteriores eran incompletas. Lo eran. No caben


PD

errores o deslices, tan solo propuestas incompletas, pues son los demás los que se
equivocan y nunca Lakarra, como él mismo demostró en sus numerosos artículos acerca
ill

de Lakarra, escritos por y para Lakarra y citados solo por Lakarra. Puede que él ame a
F
PD

Michelena, pero la cuestión es si Michelena le ama a él.

Queda al descubierto en la siguiente página de su penoso artículo que su misión es, nada
más y nada menos, la constitución de un nuevo paradigma reconstructivo, aplicado al
vasco, pero con la trampa adicional de que, al no haber protolenguas comparables a la
vasca, toda su reconstrucción lo será interna y de segundo grado. ¿Qué truco prepara el
rústico filólogo para hacer filología comparativa con una lengua que no tiene con cuál
ser comparada? La respuesta nos la da el propio Lakarra: se utilizará la comparación
mitxeleniana, centrada en los morfemas. No busquen ese concepto en ningún libro de
texto, en ninguna tesis doctoral, en ningún trabajo serio de filología, pues no lo
encontrarán. Ni siquiera en los trabajos de Michelena aparece semejante engendro,
tratándose de un constructo mental de la febril mente de nuestro mesiánico mercachifle
de ideas.

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También nos regala una amarga queja en el sentido de que sus trabajos no son tenidos
en cuenta por la comunidad internacional, afirmando que en Lakarra (2005e) he
reunido expresamente una serie de datos que, si bien estaban recogidos en alguna
medida y disponibles en la bibliografía anterior, eran habitualmente desatendidos,
cuando no activamente ignorados, en discusiones importantes de la gramática e
historia de la lengua vasca...

¿No se le ha ocurrido pensar a Lakarra que las discusiones importantes sobre la


gramática e historia de la lengua vasca lo son, precisamente, gracias a que los demás
hemos ignorado activamente sus datos? De hecho lo preocupante para nosotros es todo
lo contrario: que en el País Vasco sólo se leyese a Lakarra. Supongamos que ello fuera
así. Supongamos que en el País Vasco sólo se pudiese leer las mequetreferías
embarulladas de Joseba Lakarra. ¿Qué ocurriría? ¿Qué filología vasca se podria hacer?
Se haria, justamente, la filología vasca que últimamente se viene haciendo, salvo
honrosas excepciones, la de las revistitas de colegas, la de Juan Palomo, la que postula
la imposibilidad de que se hablase euskera en el siglo I como dogma. Una filología de

ls
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provincias anclada en el siglo XX.

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Se haria, en fin, aquella filología que quiere creer que Lakarra es el descubridor de la
an
raíz monosilábica, la que piensa que Lakarra es el padre de un nuevo paradigma
er
reconstructivo.
rit
W

El artículo que venimos comentando, Protovasco, munda y otros: reconstrucción


ee

interna y tipología holística diacrónica, es el resumen de la pesadilla lakarriana, y


Fr

podria haber sido incluso creible para él por un tiempo, de no ser porque la realidad
th
wi

tiene otros planes y se anda con muchos menos miramientos que nuestro desmeritado
profesor.
or
dit

Para empezar, Lakarra en este artículo no ha hecho sino dos cosas; la una, beber del
FE

artículo de Patricia Jane Donegan y a David Stampe titulado Rhythm and the holistic
PD

organization of language structure, una versión ligeramente corregida del artículo que
ill

los mismos autores publicaron en Papers from the Parasession on the Interplay of
F

Phonology, Morphology, and Syntax, ed. John F. Richardson, Mitchell Marks, and Amy
PD

Chukerman (Chicago Linguistic Society), pp. 337–353, de 1983, cuando dichos autores
estaban adscritos al departamento de lingüística de la Ohio State University. Hay que
recordarle a Lakarra que Donegan y Stampe se encuentran, junto con otros autores,
entre aquellos que reconocen la existencia de estrechas interacciones sistemáticas entre
la estructura de los sonidos, la morfología y la sintaxis. A este enfoque se le denomina
tipología sistémica.

Consúltese el artículo de Gertraud Fenk-Oczlon y August Fenk, de la Universidad de


Klagenfurt, Austria, titulado Systemic Typology and crosslinguistic regularities, que
aparece en V. Solovyev & V. Polyakov (eds.) (2004) Text Processing and Cognitive
Technologies, 229-234:

Systemic Typology suggests systematic interactions between sound structure,


morphology and syntax. Several authors (e.g. von der Gabelentz (1901), Skalička
(1935), Lehmann (1978), Donegan & Stampe (1983), Gil (1986), Plank (1998)) already

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have assumed, stated or described co-variations between prosodic, phonological,
morphological, and syntactic properties.

Han leido bien: se cita a von der Gabelentz, 1901, como el primer investigador que
postuló la hipótesis que ahora Lakarra quiere hacer suya. Pero es que, además, Fenk-
Oczlon y Fenk conocen el trabajo de Donegan y Stampe, a la vez que estos últimos
conocen el de los primeros, sin que ninguno de los citados conozca el de Lakarra y, más
sorprendente, sin que Lakarra conozca el de von der Gabelentz. ¿Será que todo el
mundo publica en revistas clandestinas?

El artículo de Fenk-Oczlon y Fenk concluye esto:

By showing systematic co-variations between phonological parameters such as syllable


complexity, morphological parameters such as number of morphological cases, and
syntactic parameters such as adposition order, they are a further step forward in the

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realization of the “demanding program” (von der Gabelentz (1901)) of holistic

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typology. These co-variations seem to reflect the dynamics of a selfregulatory system

dT
and systemic exchanges between its subsystems in order to ensure the economy of
language perception and production. (According to this view of language as an open and
an
dynamic system we tend to prefer the term “systemic” instead of ”holistic” typology.)
er
rit

La negrita es nuestra. Lo es para remarcar el hecho de que todo el programa lakarriano


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esta afectado de ese amateurismo que él critica en su artículo en los siguientes términos:
ee
Fr

Dado que la cantidad y calidad de la información disponible es muy precaria y el nivel


th

de abstracción de las descripciones tipológicas generalmente demasiado alto y su


wi

capacidad predictiva escasa, sólo una labor filológica que “precise cada vez más”,
or

asociada a una tipología cada vez más principiada y holística, –i.e., que pueda
dit

presentarnos más paralelos evolutivos y escenarios reconstructivos más definidos– nos


FE

permitirá ir más allá en la reconstrucción estructural, entendida ésta como análisis y


PD

explicación diacrónica de sistemas y no como mera recolección de anécdotas


etimológicas de mayor o menor interés para profanos o para lingüistas amateurs que, a
ill

lo que parece, no dejan de abundar en nuestro entorno.


F
PD

Por mucho que se haya empeñado en repetir, durante toda una década, que la tipología
no servía para tratar el caso del vasco, por mucho que se haya cansado de rebuznarnos
que sólo él, investido por la gracia de Michelena, puede ser capaz de abordar el nuevo
paradigma reconstructivo, resulta que su programa ya fue expuesto por von der
Gabelentz en 1901, impulsado por Skalička en 1935, ampliado por Lehmann en 1978,
aplicado a las lenguas munda por Donegan y Stampe en 1983, y ulteriormente
desarrollado por Gil en 1986 y Plank (1998). Es de amateurs venir a vueltas con dicho
programa en 2006 (y repetirlo en 2009), como hace Lakarra, y es lamentable que no cite
a los dos primeros. También es lamentable que espete a los demás el trabajo
etimológico, tachándolo de mera recolección de anécdotas de interés para profanos,
cuando precisamente él embiste contra otros insignes linguistas sobre una base
puramente etimológica y cuando precisamente en el mismo artículo, y en el colmo de la
desfachatez, escribe esto (página 231):

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En Lakarra (2003b) constatamos la existencia de una relación directa entre objetivos y
métodos de la labor etimológica, por un lado, y teoría reconstructiva (y lingüística), por
otro, en la obra de algunos de nuestros antecesores más ilustres: Schuchardt, Gavel,
Mitxelena.

Es decir, que si usted no es Schuchardt, Gavel o Michelena y se dedica a la etimología


entonces usted es un mero recolector de anécdotas de interés para profanos. Por otra
parte, el concepto de ilustre antecesor que maneja Lakarra es obviamente una estafa,
porque olvida que Schuchardt postulaba una estrecha relación entre el vasco y los
idiomas camíticos, relación que el propio Lakarra pone en solfa. Y porque los citados
lingüistas son sus antecesores sólo por el mero hecho de haber nacido antes que
Lakarra, algo que lógicamente no le es imputable a ellos, y no porque él haya
demostrado ser heredero de su saber hacer.

Prosigue el artículo con la cansina autocita de rigor:

ls
Como he señalado en trabajos previos (Lakarra 2003b y 2004d, cf. el último

oo
capítulo de Trask 1997) no parece excesivamente osado afirmar que la

dT
comparación tradicional...
an
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rematando con un párrafo muy esclarecedor de la disfunción patológica de nuestro
rit

tuercebotas:
W
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Es más, podría argüirse que en más de una ocasión –y en los trabajos arriba citados
th

podrán encontrarse algunas muestras– la comparación a ultranza ha llevado a


wi

determinados tratadistas a encarar con “orejeras” muy particulares, cuando no a


or

falsificar la realidad y, en todo caso, a postergar y dificultar el análisis de problemas


dit

reales y relevantes de la diacronía del vascuence que podían y debían ser afrontados
FE

desde la propia lengua;


PD
Fill

Quédense con la expresión falsificar la realidad. Y quédense con esa expresión porque
PD

es precisamente en el año 2006 cuando la realidad lanza su primera coz en el hocico de


nuestro berreante Lakarra: el descubrimiento de los graffiti de Iruña-Veleia, datados en
los siglos II y III. No debió ser ése un buen año para Lakarra Andrinua, ilusionado
como estaba en colocarle a la teoria tipológica holística el sello made in Lakarra o, lo
que es lo mismo, afanado como estaba en transponer a su pre-protoeuskera todo lo que
la tipología holística había construido sin su ayuda.

A fin de cuentas, cuando los inocentes arqueólogos desenterraron miles de piezas con
grafitos en euskera lo que estaban haciendo, ni más ni menos, era enterrar todo el
programa de Lakarra, y ello, afortunadamente, antes de que éste diera sus primeros
pasos. Su nuevo paradigma reconstructivo, que ni es nuevo, ni es paradigma ni nada
reconstruye, nacia muerto. El mero hecho de la datación de las piezas daba al traste con
el sacrosanto principio de la imposibilidad de que se hablase euskera en el siglo I, de
entrada, pero es que además iba a forzar a hacer labores de etimología, de esas que
Lakarra cree más propia de ociosos y, sobre todo, se corría el riesgo de que sus bobadas
acerca del monosilabismo se hiciesen evidentes.

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Ello, junto con el hecho de que tampoco esta vez se contó con él para el estudio de las
ostracas, explica porqué desde los primeros momentos Lakarra se alineó, como un
Torquemada o un Vichinsky más, con aquellos que capitaneados por el político imbécil
de turno, en este caso Lorena López Lacalle, hicieron todo lo posible por enviar a la
hoguera a químicos, arqueólogos, físicos e historiadores.

Y es que una diputada de Cultura que desea ver encarcelados a los científicos está más
cerca de la barbarie que de la Cultura. Y no sorprende que la acusación inquisitorial sea
la de falsedad, pues para Lakarra, ya lo hemos dicho, todos esos científicos no son sino
tratadistas que desean falsificar la realidad, una realidad que se le encara en la humilde
forma de un pedazo de sigilata inscrita.

Es esta, justamente, la cuestión que más nos interesa: ¿qué dicen contra los dislates
filológicos de Lakarra los grafitos de Iruña-Veleia que tanto pavor y zozobra le
provocan? ¿A qué ese empeño en enterrar lo que los arqueólogos desenterraron?

Basta leer las réplicas de Juan Martín Elexpuru (2009), Héctor Iglesias (2009) y Luis

ls
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Silgo (2010) juntamente con el programa lakarriano para hacerse una idea exacta de

dT
porqué para Lakarra los grafitos de Iruña-Veleia nunca debieron haber existido. La
historia que cuentan dichos grafitos pudiera apoyar, desmentir o en nada afectar al
an
programa lakarriano de copy y paste que de las ideas de von der Gabelentz, Skalička,
er
Lehmann, Donegan, Stampe, Gil y Plank pretende hacer Lakarra para el caso del vasco.
rit

Pero mejor era prevenir que curar, mejor era hacer caso omiso de los hechos, principio
W

esencial del mal filólogo, y evitar que otros los contrastasen. Para quien emite teorías
ee

directamente sin pasar por el paso previo de emitir hipótesis los hechos son solo una
Fr

molestia, como bien sabe todo mesías.


th
wi

El plan lakarriano, tan reiteradamente repetido en todos y cada uno de sus cansinos
or

artículos, descansa sobre premisas básicas:


dit
FE

1. que la glotocronología y la construcción comparada genética son un invento


PD

diabólico destinado a los ociosos


Fill

2. que Ruhlen, Greenberg y Venemman son la diabólica trinidad


PD

3. que sólo la reconstrucción interna de Michelena es válida, no ya para el caso del


vasco, sino para cualesquiera lenguas uno quiera estudiar y que ésta descansa
sobre el criterio de la forma canónica como típica de la reconstrucción al nivel
más profundo

Por supuesto, el que Michelena jugase también a inventar etimologías no es en él


pecado mortal, el pecado de la ociosidad que farfulla Lakarra, y ello porque, como nos
advierte en su artículo, el análisis de la forma canónica nos aproxima a la gramática de
la protolengua y nos aleja del atomismo anecdótico o del anecdotismo atomista propio
de ciertas tradiciones etimologistas con innegable arraigo entre nosotros. Así pues, con
las anteriores premisas muy presentes, nuestro aldeano filólogo se embarca en un viaje
cuyo objetivo no es otro que el de obtener morfemas antes no reconocidos (por fósiles)
en protovasco moderno y esquemas morfémicos que guíen una reconstrucción más
profunda, así como para identificar con alguna seguridad los lexemas y formas
gramaticales pertenecientes a tal estadio lingüístico.

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Puesto que para Lakarra todos los demás filólogos o son amateurs, u ociosos o
directamente ineptos, sólo queda él como elegido por sus dioses para emprender
semejante tarea titánica nunca antes emprendida. Envestido de púrpura divina y dotado
de su preclara mente él inicia la ardua misión de abrir una vía de investigación
productiva que antaño no podíamos ni siquiera intuir, y –lo que es más– va
proporcionando preguntas, problemas y generalizaciones antes desconocidas,
imposibles o sin sentido, signo del desarrollo del nuevo paradigma reconstructivo.

No deja de tener ribetes fascistas eso de “el desarrollo del nuevo paradigma
reconstructivo”, y fíjenese que todo aquel que no abrace la nueva fe será excomulgado y
tenido por haragán, holgazán y zángano o, peor aún, por etimólogo, o nostratista, o
glotocronólogo, o practicante de la lexicoestadística o dios sabe qué otro abominable
calificativo.

Lakarra, deseoso de pasar en el tiempo más breve posible de sumo sacerdote a divinidad
suprema del nuevo paradigma reconstructivo, se apresta a informarnos que no ha
encontrado aún, ni me consta que haya sido señalada en la bibliografía, ninguna

ls
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amplia transformación [bisílabo] > [monosílabo] en la estructura de las raíces vascas,

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ni siquiera alguna que supere la mera anécdota. Nos lo dice de antemano, no vaya a ser
que algún odioso discípulo de Ruhlen, Greenberg o Begtson o, peor aún, algún
an
etimólogo ocioso, vaya a adelantársele en su enloquecida carrera hacia el panteón de los
er
filólogos. En cualquier caso, también aquí miente Lakarra. Basta leer a Bengtson (Some
rit

features of Dene-Caucasian phonology with special reference to Basque, Cahiers de


W

l’Institut de Linguistique de Louvain (CILL) 30.4: 33-54.) o a Blazek para el caso del
ee

vasco. Para el caso genérico, es decir, para cualquier lengua, incluida el pre-protovasco,
Fr

la bibliografia es extensa, de hecho demasiado extensa (Altering the basic word: from
th
wi

disyllabic to monosyllabic, capítulo 4, página 60, en From Ancient Cham to Modern


Dialects, de Graham Thurgood, Oceanic Linguistics Special Publication, número 28,
or

1999).
dit
FE

Y comienza, cual profeta poseso, su loca carrera hacia los cielos, dando por sentado que
PD

la raíz protovasca antigua era CVC y topeteando por el camino a cuantos se le


ill

interpongan (a Gamkrelidze, a Ivanov, a Rebuschi, cuyo trabajo califica como curiosas


F

reflexiones).
PD

Corre enloquecido y en estado febril por el bosquecillo de su imaginarium para


estamparse de bruces, como veremos más adelante, con el primer arbolillo que
encuentra en su camino, a saber: el mismísimo Michelena. Por supuesto que ante la
patética visión del visionario Lakarra malherido en mitad del bosque hemos de mostrar
cierta condescendencia pues, como él mismo escribe, no hace falta decir que en esto
nos alejamos de las vías más transitadas en la morfología histórica vasca, comenzando
por nuestros propios trabajos anteriores. Y ya se sabe que cuando uno transita campo a
través las probabilidades de caer en una zanja o, sencillamente, de perder el Norte son
elevadas. Aunque en el caso de Lakarra lo que ha ocurrido es esto: ha transitado por una
amplia avenida por la cual ya transitamos muchos, y lo hacemos con educación, sin dar
empellones, empujones ni codazos. Es lo que tiene transitar borracho de sí mismo.

Para empezar, si el programa lakarriano tiene que triunfar lo tiene que hacer sin
modificar las reglas de juego que tanto le gusta citar a Lakarra. Como ello no es posible,
nuestro buen amigo debe primero prefabricar la lengua que quiere reconstruir, único

10
modo de tener un acierto pleno pues, de suyo, si uno fabrica e inventa a priori el pre-
protovasco, es evidente que sólo resta ajustar los datos, inventarlos, falsear la realidad, y
finalmente presentarnos toda esa artificiosidad como producto de la aplicación rigurosa
de unas leyes que se enunciaron teniendo en mente ese pre-protovasco precocinado de
Lakarra. Lo primero, como él mismo confiesa, es la necesidad de postular para el
protovasco más antiguo una tipología muy diferente (sin SOV, ni aglutinación, ni
ergatividad, ni flexión verbal inextricable) a la del vascuence histórico y algunas
posibilidades que muestra la teoría para el estudio de la deriva lingüística posterior.

Llama la atención que quien predica de los demás el llevar orejeras a la hora de hacer
etimología se haya dotado él mismo de una orejeras, ya que la nueva tipología que
pretende para el protovasco debe carecer, según él, de ergatividad. Y llama la atención
porque una de las críticas que él le hacia a los ostrakas de Iruña-Veleia era,
precisamente, la falta de la marca de ergativo en las dos o tres palabras en las que
nuestro impresentable y desmemoriado aprendiz exigia que ésta apareciese, como ya le
señaló puntualmente Juan Martin Elexpuru (2009):

ls
oo
dT
El hecho de que no posean marca de ergativo las dos o o tres palabras susceptibles de
llevarlo no demuestra nada. Su ausencia se podría deber a que en esa época no se usara
an
(creen los especialistas que en algún tiempo pasado el euskera no tenía ergativo), o
er
a la escasa competencia lingüística de los autores de las frases, pues se trata de uno de
rit

los errores más frecuentes en esas situaciones. Considero, además, que la falta de un
W

elemento tan típico de la lengua vasca como el ergativo es más un elemento probatorio
ee

de autenticidad que de falsedad.


Fr
th
wi

La negrita es nuestra, y lo es para destacar los peligros que entraña la filología


or

lakarriana, entre los que se encuentran la desfachatez de ser ciego ante los hechos
dit

cuando a uno le conviene. Hubiese sido mejor que Lakarra fuese siempre ciego a los
FE

hechos, y no allí cuando más le conviene.


PD

Pero, parafraseando al Michelena de Lenguas y protolenguas de 1963: el vasco de


ill

cualquier época posterior al pre-protovasco prefabricado por Lakarra no tiene porqué


F
PD

ajustarse a éste en el sentido literal de la palabra, porque fue manufacturado antes de


que su opinión pudiese ser oida; es el pre-protovasco reconstruido el que debe
amoldarse a las exigencias de los nuevos testigos, por muchas molestias que produzcan
las reformas necesarias. Y es que el pre-protovasco lakarriano reconstruido está bajo
sospecha en tanto en cuanto los métodos utilizados para su restitución están concebidos
desde su raíz para conseguir una protolengua à la Lakarra.

Y entre los nuevos testigos destacan los indelebles grafitos de Iruña-Veleia, señor
Lakarra. Y no basta con ridiculizar e insultar a los demás para apartarlos del camino. Y
no por mucho autocitarse de modo patológico va usted a imponer su prefabricada visión
de la realidad lingüística del pre-protovasco. Apréndalo ya, no vaya a caer en la zanja y
se le condene a pasar el resto de su vida no ya haciendo etimologías, sino crucigramas.

Establecido el error de partida del programa lakarriano, puesta al descubierto su trampa


metodológica y releyendo atentamente precisamente a toda la constelación de filólogos
que él desea silenciar (¿los lanzará a la hoguera de Vitoria también?), la lectura del resto
del artículo causa vergüenza ajena.

11
El siguiente apartado del mismo es el titulado Sobre el canon vasco, donde Lakarra
comienza ya con una artimaña. Comienza con lo que no es sino un juego de aprendiz:

Es posible que si se pidiera a cualquier vascólogo que señalara las tres o cuatro
características estructurales principales de la lengua vasca, éste contestara haciendo
alusión a (1) el carácter aglutinante de la lengua, (2) su morfología ergativa, (3) su
orden de palabras SOV y, tal vez, a (4) la riqueza sin fin de su flexión verbal

para seguidamente endosarnos una cita de Trask, que no es en este contexto un


vascólogo cualquiera, sino aquel cuya opinión quisiera Lakarra que mejor se ajustase a
su programa.

Nos extraña que no haya incluido, como era de esperar, una de sus autocitas. Hay que
descubrir qué significa para Lakarra la expresión cualquier vascólogo para poder
entender, en lo que vale, la típica y tópica respuesta que él mismo ofrece en lo que seria
la supuesta respuesta que tal cualquier vascólogo daria a tan estúpida pregunta. Las tres
o cuatro características estructurales que cita las citaría cualquier lingüista que tenga un

ls
mínimo de interés por la tipologia, si bien cualquier lingüista vascólogo, es decir, uno

oo
que ya haya integrado, sintetizado y superado la lingüística de los años 60 en la que

dT
felizmente vive nuestro filólogo periférico, como por ejemplo Haase (1992) o
Haspelmath (1998), le respondería asi: an
er
rit
W

In all the various areal classifications of European languages that have been proposed
ee

more recently, Basque occupies a fairly peripheral position, contrasting genetically and
Fr

structurally with all SAE languages. Thus, Haspelmath (2001: 1493) classiWes Basque
th

as a marginal European language exhibiting very few Europeanisms and, in a similar


wi

fashion, Kortmann (1998a; 1998b: 507V) treats Basque as a language of Europe’s


or

linguistic periphery. But while these classifications are well-founded, being based on
dit

solid linguistic evidence, it has been proven that Basque nevertheless moved
considerably towards SAE, and that contact-induced grammaticalization was one of the
FE

main factors in this process.


PD

También le señalarian (Haase 1992) que:


Fill
PD

by grammaticalizing relational nouns such as buru ‘head’ or baita ‘interior’, Basque is


acquiring a set of complex postpositions modelled after corresponding complex
prepositions in the Romance languages; for example, the Basque postposition -ri/-ra(t)
buru-z (DAT/DIR head-INSTR) ‘in the direction of ’ is modelled after the Gascon
preposition (de) cap a ((from) head at) ‘in the direction of ’;

y añadirian, para remate, esto:

It would seem that Basque (at least as spoken in southwestern France) has gone one step
further in having developed a fairly productive type of relative clause on the model of
Romance languages. Thus, the following construction used in the written language
corresponds in its major properties to that of many SAE languages: the relative clause is
postnominal, has inflecting relative pronouns introducing the relative clause, and the
pronoun is resumptive, signalling the head’s role within the relative clause (Haspelmath

12
1998: 1494–5).

Claro, que si preguntamos al vascólogo que Lakarra tiene en la cabeza (Trask, 1998) la
respuesta seria esta:

there is virtually no observable tendency for Indo-European morphological features to


be transferred into Basque

lo que nos da una idea aproximada de lo que puede significar virtually.

No está de más señalar que R.L. Trask publicó su excelente Etymological Dictionary
of Basque (versión online por la University of Sussex, 2008) en el cual, por cierto, no
se cita ni una sola vez los trabajos de Lakarra. Y, ya puestos, no está demás recordarle a
este cretino que la obra en dos volúmenes de P.G. de Rijk, Standard Basque - A
Progressive Grammar (The MIT Press, 2008) tampoco contiene ninguna cita a los

ls
trabajos de Joseba Lakarra Andrinua, ni siquiera una que pasase de lo meramente

oo
anecdótico. Claro que quizás a los ojos de Lakarra eso no importe, ya sea porque

dT
considera que Trask es también un ocioso más dedicado a recolectar curiosas
an
etimologías o porque de Rijk no le merece respeto. Lo cierto es que sí sabemos porqué a
er
él no se le cita: porque nada tiene que enseñarnos sobre etimología vasca y porque,
rit

ciertamente, nada ha aportado en toda su vida profesional a la gramática estándar del


W

vasco.
ee
Fr

Y entre las curiosas reflexiones de Rebuschi, según las califica Lakarra, (Basque from
th

a typological, dialectological, and diachronic point of view, G. Rebuschi, 2004, en


wi

Thorsten Roelcke (ed.), Variation Typology. Variationstypologie, Berlin & New York:
or

W. de Gruyter, 837-865) se incluyen curiosidades como el hecho de no citar tampoco,


dit

ni siquiera por error, los cenagosos trabajos de Lakarra.


FE
PD

En el mismo artículo que venimos comentando, en su versión del 2009, (Forma


canónica y cambios en la forma canónica de la lengua vasca: hacia los orígenes del
ill

bisilabismo, Acta Palaeohispanica X, Palaeohispanica 9 (2009), pp. 557-609), la


F
PD

filología lakarriana la resume en varios párrafos. Así:

la necesidad de postular para el PV más antiguo una tipología muy diferente (sin SOV,
ni aglutinación, ni ergatividad, ni flexión verbal inextricable) a la del vascuence
histórico y algunas posibilidades que muestra tal teoría para el estudio de la deriva
lingüística posterior. Creo haber mostrado (cf. Lakarra 2005a, 2006a) que hay razones
internas a la lengua para postular un profundo cambio en la fonología de los dos últimos
milenios —no necesariamente en la dirección de las lenguas vecinas— y, lo que parece
más relevante, buena parte de esos cambios podrían estar relacionados con la estructura
y cambios de la morfosintaxis de la lengua durante ese periodo.

La hipótesis de que la tipología que hoy observamos en las lenguas, por ejemplo SOV
para el vasco, no tiene porqué ser una constante en el tiempo data desde los primeros
momentos de la teoría tipológica. Basta leer a Lehman:

13
the conclusions may suggest that any individual language is rigidly confined within a
limited set of patterns. It is true that many characteristics of languages are so
determined; yet change leads to inconsistencies in structure, as examples below
illustrate. It will also become clear from these examples that change is limited to the
patterns available for languages of specific structures, whether OV, or VO in the
variants VSO, SVO, and VOS. A knowledge of principles governing language and their
effects is then essential for analysis, description, and understanding of languages.
Typological study is fundamental to linguistics, whether synchronic or diachronic,
practical or theoretical.

Lehman además define en qué condiciones se pueden dar esos cambios y qué función
gramatical juegan las palabras que entran a formar parte de ese cambio, pues lo
importante aquí es que si se desea pasar del bisilabismo al monosilabismo es obvio que
las sílabas resultantes deben modificar su función gramatical, lo que a su vez conlleva
modificar la estructura tipológica de la frase, y ello sólo es posible bajo unas reglas
estrictas y nada arbitrarias. De modo que ¿qué está enunciando Lakarra y qué cree haber
demostrado? Cree haber demostrado lo que ya Lehman y otros tienen por demostrado

ls
oo
para toda lengua X, incluida el vasco. Quiere esto decir que el plan lakarriano, a lo más,

dT
intentará aplicar lo ya conocido al vasco, lo cual es loable, y no quiere decir justamente
aquello que él desea que creamos que dice, a saber: Creo haber mostrado (cf. Lakarra
an
2005a, 2006a) que hay razones internas a la lengua para postular un profundo cambio
er
en la fonología de los dos últimos milenios... No, usted no ha demostrado nada. Lo han
rit
W

demostrado muchos antes que usted y, en particular, la brillante demostración le


pertenece a Margaret Magnus, enfoque que se denomina fonosemántica y que como ya
ee
Fr

se ha dicho anteriormente, nace en 1901, en plena era pre-protolakarriana, por cierto.


th
wi

Más interesante nos resulta su siguiente afirmación lakarriana:


or
dit

Durante los últimos años la investigación ha transcurrido por dos vías que motivan,
FE

creemos, el estudio aquí presentado: 1) se ha mostrado la existencia de una clara deriva


PD

en los modelos radicales de la lengua, deriva que, obviamente tuvo consecuencias en el


tipo general de aquella, anteriormente muy diferente a la moderna aglutinante, SOV,
ill

con abundantes sufijos en el SN y florida concordancia verbal y 2) el estudio de la


F
PD

distribución e historia de los modelos radicales nos ha llevado a plantear la posibilidad


de una etimología formal, no atomista, basada en la FC y, quizás, a la elaboración
ulterior de una nueva cronología y periodización de la lengua

El primer punto no quiere decir sino esto otro, en palabras de Lehman:

Given this situation regarding change, no language is completely regular or


symmetrical, whether in phonological structure or in the structure of any other
component. Yet the lack of symmetry does not nullify the general principles discussed
above. These instead are supported by observation of languages over long periods of
time, when, as Sapir recognized, the changes may be viewed in accordance with
underlying ground-plans, as a drift.

por lo que sobra, en el artículo de nuestro autista filólogo el arrogarse ningún


descubrimiento en lo atinente a la deriva. Por lo que respecta al punto 2) (el estudio de
la distribución e historia de los modelos radicales nos ha llevado a plantear la
posibilidad de una etimología formal, no atomista...) de puro obvio se nos hace

14
incomprensible su significado. Obviamente, pasar del bisilabismo al monosilabismo va
a implicar cambios no solo en las funciones de las sílabas que resulten de tal
descomposición, sino también de su significado, de modo que queda toda la tarea
etimológica, aunque ésta sea formal y no atomista. Debe tratarse de una nueva forma de
hacer etimología, una claramente lakarriana o, si se prefiere, no ociosa.

Se trata este juego de reducción silábica de un juego en extremo peligroso por razones
matemáticas, ya que al reducir ciertas palabras a monosílabos y al tener que asignar a
esos monosílabos significados específicos, las probabilidades de que encontremos esos
mismos monosílabos en otras lenguas con idénticos significados van a aumentar
exponencialmente, y ello porque el stock de fonemas no es infinito. Ciertamente que
Lakarra se aproxima sin él desearlo a esos etimólogos que él criticaba, no sin razón, y
que proponian etimologías para las inscripciones tuareg, minoicas y etruscas en base al
vasco. De aplicar el programa lakarriano va a resultar difícil dirimir cuál de estas dos
afirmaciones está más próxima a la sandez:

zur “madera” + i sufijo de adjetivo = zuri “blanco”

ls
oo
ur “agua” + ta “puerta” = urta “regar”

dT
an
Como medida preventiva el propio Lakarra ya nos advierte de que naturalmente, resulta
er
muy difícil explicar todas y cada una de las palabras vascas de más de una sílaba
rit

reduciéndolas a raíces y a sufijos monosilábicos. De todos modos, algunas nuevas


W

etimologías pueden ir proporcionando apoyo al principio general que hemos formulado


ee

a partir de exigencias estructurales que no es sino lo que Lehman ya nos ha dicho


Fr

anteriormente: A knowledge of principles governing language and their effects is then


th
wi

essential for analysis, description, and understanding of languages.


or

De modo que ¿qué queda del pomposo plan lakarriano con el que nos ha estado
dit

torturando durante ya más de una década? Queda el Lakarra arribista, el que aprendió
FE

un par de cositas de aquí y de allá, el Lakarra al que no le han sido suficiente diez años
PD

para aprender a no insultar a los demás, a ser menos despectivo con aquellos a quienes
ill

gusta llamar “mis enemigos” (con todo, me apresuro a señalar que en todos mis
F

trabajos hasta el presente y para no parecer excesivamente cicatero y restrictivo con el


PD

“enemigo” (o demasiado generoso con mis propias hipótesis) he tratado... página 590,
pie de nota 60). No hay disculpas que valgan. Lo que hay que hacer es trabajar más y
mejor y, si no se puede por cualquier razón, al menos trabajar calladito. Y tuvo justo en
el patio de su casa material excelente para empezar a trabajar: los ostracas de Iruña-
Veleia.

En estos diez años hemos ganado muy poco en el conocimiento de la lengua con esas
técnicas trasnochadas de Lakarra basadas en “nuevos paradigmas” y “reconstrucciones
michelenianas” con las que pretende fabricar su “arqueopreprotovasco” primigenio
publicando, dia sí dia no, esas patológicas convicciones suyas ancladas en un pasado
incluso más remoto que la lengua que pretende fabricar. Una filología provinciana que
ahora pretende pasar por la trituradora de sílabas el corpus vasco que sin su ayuda otros
hemos rescatado, y que quiere hacerlo sin todavía haber dirimido la cuestión
fundamental del ritmo de la lengua vasca (¿o acaso ya lo ha resuelto Lakarra?), sin
haber fijado aún de modo determinante la propia tipología de la lengua e ignorando lo
que la historia le ha lanzado al hocico en forma de ostracas inscritas de los siglos II y III

15
justo en el patio trasero de su casa. Para este filólogo garrulo parece que los datos son
bellotas. Se entiende así que encuentre gusto en hacer un lodazal de la filología y que se
apremie en encender hogueras inquisitoriales donde ardan los datos, los descubridores
de los datos y, además, cualquier estudioso que estudie esos datos. Es, como venimos
llamándolo, la filología à la Lakarra: filología del comebellotas.

Mucho más interesante que la propuesta lakarriana es la línea de trabajo abierta por
Julia Kristeva (Language the Unknown. New York: Columbia University Press, 1989)
y que de un modo absolutamente brillante aplicó Janis B. Nuckolls al Quechua Pastaza
(Sounds Like Life. Sound-Symbolic Grammar, Performance, and Cognition in
Pastaza Quechua, Janis B. Nuckolls, Oxford University Press, 1996).

En 1989 todavia estábamos libre de la filología bellotera, y en 1996, mientras Nuckolls


y otros avanzaban por el camino de la integración del sonido y el simbolismo, nuestro
petimetre filólogo publicaba su deleznable diatriba "Sobre el Europeo Antiguo y la
reconstrucción del Protovasco" (ASJU 30/1, p. 1-70). Ese desfase le va a costar el no
poder entender jamás ni el espíritu del mensaje de Kristeva ni la aplicación que de él

ls
oo
hace Nuckolls al Quechua. Para empezar, uno se las tendría que ver con los esquemas

dT
sonico-simbólicos del vasco, sobre lo cual Lakarra lo desconoce todo por muy
acostumbrado que esté a los rebuznos y al croar de su parroquia.
an
er
En palabras de Nuckolls:
rit
W

Quechua speakers' use of sound symbolism suggests an orientation to the world that
ee

unites the material with the conceptual and the natural with the cultural or conventional.
Fr

For the lowland Ecuadorean Quechua, language use is modeled on sounds, patterns,
th

movements, and rhythms of the natural world and of one's bodily experiences in it.
wi
or
dit

Para seguir, habria que trasponer dichos esquemas a realizaciones gramaticales:


FE
PD

In Pastaza Quechua, sound symbolic schemas mark grammatical aspect. Generally


defined, grammatical aspect specifies the relative duration or nonduration of an action,
ill

event, or process.
F
PD

y también hay que analizar minuciosamente la entonación de los monosílabos,


monosílabos que lo serán del vasco telle quelle, y no del pre-protovasco o protovasco a
cuya construcción precisamente se llega estudiando el primero, a menos que se desee
empezar la casa por el tejado:

Level pitch rises are used only with monosyllabic rather than disyllabic sound-symbolic
adverbs.

Monosyllabic sound-symbolic adverbs can also undergo a gliding pitch rise. The
upglide emphasizes the component parts of a monosyllable. If we divide a monosyllabic
sound symbolic adverb into a beginning onset, a middle peak, and an ending coda, then
the upglide takes place over the middle peak and is highest over the coda.

Although monosyllabic words ending in stops and fricatives are quite rare in the
lexicon, there are nine of them among the forty-three adverbs analyzed here.

16
Monosyllabic adverbs typically represent an action or event as realized, while disyllabic
adverbs break an action or process into component movements and gestures.

Mucho debe correr Lakarra para llegar siquiera a poner en marcha su nuevo paradigma
que, como ya vemos, no es nuevo. Y no le va a valer correr a cuatro patas esta vez,
porque aquí la fonosemántica se toca con la etnografía y la antropología, de las que
Lakarra ya ha dado suficientes muestra de desconocerlo todo, a juzgar por su
incapacidad para interactuar de un modo normal con sus congéneres y colegas.

Como conclusión, pongan lo futuros estudiantes de filología vasca en cuarentena lo que


quiera que escriba Joseba Lakarra en el futuro y ahórrense la penosa visión de filólogo
mediocre que es porque, como decía Nietzsche, filólogo para más señas:

¿qué cosa más penosa puede haber

ls
que contemplar cómo alguien deforme se sitúa,

oo
estirado cual gallo,

dT
delante de un espejo e intercambia
miradas de admiración an
er
con su imagen?
rit
W
ee
Fr
th
wi
or
dit
FE
PD
Fill
PD

17