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Universidad de Cartagena

Facultad de Humanidades
Programa de Filosofía
Asignatura de Lógica II
Resumen por Jesús Pabón

Resumen de sección 3.4, 3.5, y 3.6, del capítulo 3 del libro Introducción a la Lógica, de Irving Copi
& Carl Cohen, realizado por Jesús Andrés Pabón Torres.

3.4. Definiciones y sus usos.


Las buenas definiciones son convenientes para el buen razonar puesto que eliminan
disputas verbales. Las definiciones solo describen el significado de símbolos de objetos, no
del objeto en sí que no es simbolizado y que no tiene, por tanto, significado. La palabra
definiendum equivale al símbolo por definir, y definiens, al conjunto de símbolos que
definen el definiendum.
A. Definiciones estipulativas.
Es una designación deliberada de un significado a un símbolo; también se les llama
definiciones nominales o verbales. Se utilizan estas definiciones por su conveniencia en la
economía de la expresión, o sea, a la hora de expresar muchas palabras en una sola o pocas;
así se ahorra tiempo y se facilita la comprensión intersubjetiva. También se usan cuando se
quiere transmitir un secreto que solo el emisor y receptor conocen. En ciencias son útiles
para privar del bagaje emocional a algunas palabras y evitar el investigador que se distraiga
con él. Pero también son convenientes para agregar emoción a ciertos conceptos que de otra
manera resultarían aburridos; entonces funcionan para divulgar un conocimiento de manera
atractiva por medio de una palabra o frase como ‘agujero negro’ en vez de ‘’estrella
totalmente colapsada gravitatoriamente’. En Filosofía también son utilizadas para facilitar
discusiones, al proporcionar fácilmente un acuerdo sobre lo que se está hablando.
Las definiciones estipulativas no son ni verdaderas ni falsas, puesto que no informan sobre
un significado presupuesto: no tenían ese significado antes de que se crearan. Estas
definiciones son una propuesta, que puede ser aceptada o rechazada, para que el
definiendum y el definiens tengan el mismo significado. Son directivas por ello, y no
informativas. Son útiles o inútiles, según puedan o no plantear fácil y claramente una
propuesta (de significado. Por ejemplo, de una teoría). Reducen conflictos infructíferos al
reducir el bagaje emocional del lenguaje y simplificar el discurso.

B. Definiciones lexicológicas.
Por contrario de las definiciones estipulativas, las lexicológicas describen un significado ya
existente de una palabra. Las definiciones lexicológicas informan sobre el uso o significado
que ya tienen los definiendum. Estas definiciones son correctas o incorrectas, dependiendo
de si informen bien o mal sobre el uso general de las palabras. El uso de las palabras está
sujeto a cambios en el tiempo, y por tanto no se puede señalar palabras que sean incorrectas
de usar, sino palabras inusuales o poco ortodoxas. Por tanto, las definiciones lexicológicas
no pueden ignorar el uso general de las palabras en una lengua ni su evolución si pretenden
informar sus significados de manera fiel a sus usos.

C. Definiciones aclaratorias.
Algunas palabras son ambiguas y vagas. Son ambiguas cuando tienen más de un
significado y el contexto en que se manifiestan no permite saber cuál de ellos es el deseado.
Y son vagas cuando no tienen un límite de su significado muy bien delimitado. Las
definiciones aclaratorias intentan eliminar de las palabras su ambigüedad o vaguedad. Las
palabras excesivamente vagas tienen serios problemas prácticos, por ejemplo, en el
Derecho, en donde es preciso delimitar claramente los actos prohibidos o permitidos por
una ley. La ciencia también puede verse afectada negativamente por términos vagos, debido
a que requiere en su labor trabajar con términos lo más preciso posible.
El uso cotidiano de las palabras puede ser impreciso, puesto que de lo contrario no
existirían palabras vagas. Por tanto, para eliminar la vaguedad de las palabras, se debe ir
más allá del informe del uso establecido de las palabras para intentar llenar el vacío del
lenguaje cotidiano.
Los jueces de tribunales de apelaciones a menudo deben definir con mayor exactitud el uso
común de algunas palabras. Las cortes pueden revocar leyes por ser tan vagas que no se
pueda comprender los límites de su aplicabilidad y por tanto la manera en que se deben
obedecer.

D. Definiciones teóricas.
En ciencia y filosofía las definiciones sirven para resumir o recapitular una teoría. Deben
englobar correctamente la teoría en cuestión para que resulten satisfactorias
conceptualmente. En ciencia se requieren términos que incluyan descubrimientos nuevos,
sin abandonar los viejos, y que mantengan una descripción consistente e inteligible de la
teoría en cuestión. Se busca describir un término que sea clave para la teoría que englobe.

E. Definiciones persuasivas.
A diferencia de los anteriores tipos de definiciones, que tienen una función informativa del
lenguaje, las definiciones persuasivas buscan resolver disputas expresando sentimientos (y
provocándolos en el público) e influenciando la conductas de otros. Se utiliza mucho en
argumentos políticos. Tiene una clara función directiva del lenguaje expresivo. Para
distinguir los buenos razonamientos de los malos, debemos estar prevenidos contra las
definiciones persuasivas.

3.5. Extensión, intención y estructura de las definiciones.


Las definiciones además de distintas funciones tienen estructuras o técnicas diversas para
explicar o expresar significados. Los términos pueden tener significado en distintos
sentidos. Nos centraremos en los términos generales que son fundamentales para el
razonamiento. Un término general es un término de clase, o sea, un término que se refiere a
más de un objeto. ‘Planeta’ es un término general que se refiere o se extiende a un
determinado conjunto de objetos (Mercurio, Venus, Tierra, etc.). El conjunto de objetos que
constituye la extensión del término equivale a su ‘significado extensional’. Por ejemplo, el
conjunto de todos los planetas equivalen al significado extensional de ‘Planeta’.
Para aplicar correctamente el término general debemos conocer su significado. Para ello es
necesario conocer todos los objetos a los que se extiende la clase. Los objetos incluidos en
una clase tienen atributos comunes que los identifican con su término general. Si
conocemos estos atributos, podemos conocer el significado de un término en otro sentido.
En este sentido, significado equivale a criterio para poder decidir si un objeto puede o no
estar incluido en la extensión de un término. A este tipo de significado se le llama
significado intencional. Al grupo de atributos que comparten los objetos a los que se refiere
un término general se le llama significado intencional. Son los atributos que determinan la
clase.
Cada término general (rascacielos, por ejemplo) tiene tanto un significado extensional (por
ejemplo: Empire State, Torre Sears, las Torres Petronas), como un significado intencional
(por ejemplo: todos los edificios por encima de cierta altura).
La intención de un término determina su extensión, ya que al establecer el atributo de un
objeto se determina su pertenencia a un conjunto. Pero la extensión de un término no
determina su intención.
Los términos pueden tener diferentes intenciones (objeto acolchado para dormir; objeto
acolchado para sentarse) y la misma extensión (mueble); pero los términos con diferentes
extensiones (mueble, vehículo) no pueden tener la misma intención (o es objeto dentro de
una casa para dormir, o es aparato para transportar cosas o personas).
Al aumentar la intención de un término, disminuye su extensión. Por ejemplo, si el término
se refiere intencionalmente a ‘objetos acolchados para dormir’, entonces ya no se extiende
a todos los muebles, y excluye, por ejemplo, a los objetos acolchados para sentarse.
Algunas extensiones de términos son ‘vacías’. O sea, que los objetos a los que se refiere el
término son ‘invisibles’ o ‘inmateriales’ o no son reales. Por ejemplo: unicornio, Dios, etc.
Del hecho de que un término tenga una intención, no se sigue que denote algo visible,
material o ‘real’. Pueden tener una extensión que no es ‘real’ y tener sentido. Así, las
palabras con intención pero sin extensión son muy útiles para usar ciertas palabras de
manera significativa.

A. Extensión y funciones denotativas.


Las definiciones denotativas identifican la extensión del término al que se refieren. La
manera más sencilla de explicar la extensión de un término es señalar los objetos que
denota. Pero esta técnica tiene grandes limitaciones.
Las definiciones denotativas se restringen al número parcial de los objetos que denote,
haciendo que el significado del término sea muy incierto.
Cualquier objeto tiene muchos atributos, y esto posibilita que pertenezca a la extensión de
muchos términos generales diferentes. La enumeración parcial no puede eliminar esta
posibilidad.
Se puede superar esta limitación realizando una definición por subclase. Por ejemplo:
vertebrado: anfibios, aves, peces, reptiles y mamíferos. Esta definición ofrece cierta
satisfacción psicológica, pero no especifica lo suficiente al término.
Además de nombrar o describir los objetos a los que se refiere, las definiciones denotativas
también pueden intentar señalarlos mediante gestos y ademanes. Se llaman definiciones
ostensivas o demostrativas. Algunos dicen que son la primera manera en que aprendemos
significados: mediante la observación e imitación. Tienen el problema de la limitación
geográfica y del significado ambiguo de los ademanes.
No obstante se puede disminuir esta ambigüedad añadiendo en el definiens una descripción,
produciendo una definición cuasiostensiva. Pero esto requiere una comprensión previa de
los símbolos añadidos al definiens, lo cual no es favorable para un bebé o niño que no ha
salido del aprendizaje de símbolos mediante definiciones ostensivas.
Más allá de estas dificultades, las definiciones denotativas no pueden definir palabras que
no denotan nada, que no tienen extensión, que no se refieren a objetos ‘reales’. La manera
de llegar al fondo del significado de las palabras es teniendo en cuenta su intención.

B. Intención y definiciones intencionales.


La intención de un término es el conjunto de atributos compartidos únicamente por los
objetos a los que se extiende su significado. Existen tres sentidos diferentes de intención de
una palabra: subjetiva, objetiva y convencional. La intención subjetiva de una palabra es
el conjunto de atributos que un individuo cree que tiene, su interpretación privada. La
intención objetiva de una palabra es el conjunto de absolutamente todos los atributos que
comparten los objetos que denota. Pero la gente no tiene el conocimiento suficiente para ser
consciente de la intención objetiva de las palabras que permiten en la cotidianidad la
comunicación. No obstante, si las personas se comunican entre sí es porque hacen uso de
una intención de las palabras que no es ni subjetiva ni objetiva, sino de una intención
basada en un acuerdo implícito para tener un criterio común para decidir la inclusión de
objetos en una extensión. Este criterio se establece por convención, y por tanto, este subtipo
de significado intencional es la intención convencional de las palabras. Este sentido de
intención es público y el importante para el propósito de la definición de palabras. Existen
tres técnicas de definición que trabajan con la intención (convencional) de las palabras.
Estas son: definiciones sinónimas, que describen una palabra con otra que tiene el mismo
significado y que ya se conoce; definiciones operacionales, que vinculan el definiendum a
un conjunto de acciones claramente descriptibles, públicas y repetibles (como definir mente
y sensación refiriéndose a la conducta y observaciones fisiológicas); y por último, las
definiciones por género y diferencia, las cuales son las más ampliamente aplicables.
3.6. Definición por género y diferencia
Se apoyan directamente en la intención de la forma más útil.
Así como el atributo de una clase puede analizarse en otros atributos, cualquier clase de
elementos puede subdivir el número de estos mismos. La clase que divide sus miembros se
llama género, y las clases subdividas son sus especies. Toda clase, género y especie tiene
características comunes que la diferencian del resto de sus respectivas alternativas. La
característica para distinguir una especie de otra es su diferencia específica.
Pueden explicar un atributo o especie desconocida pero analizable en otros atributos, o en
un género y una clase conocida. A alguien que no sepa qué es un bonobo, se le puede
explicar su significado diciéndole que es una de las especies del género chimpancé que
pertenece a la clase primates.
Hay dos pasos para definir un término por diferencia y género: primero, se debe nombre un
género –del cual se dividirá una subclase, que será su especie–. Segundo, debe designarse
la diferencia específica que distinga a los miembros de la especie de las otras especies del
género.
Este método tiene dos limitaciones. Primero, solo es aplicable a términos cuyos atributos
son complejos, o sea, analizables en otros atributos. Y segundo, que no es aplicable cuando
los atributos del término son universales; o sea, cuando la clase de un término (ente, por
ejemplo) no es una especie de un género más amplio.
No obstante, las definiciones intencionales y sobre todo las de género y diferencia pueden
cumplir con cualquier objetivo de definición: eliminar o reducir ambigüedad y vaguedad;
influenciar actitudes; dar una explicación teórica; aumentar y enriquecer el vocabulario.

Reglas para la definición por género y diferencia


Realizar definiciones por género y diferencia no es una tarea fácil. Para tales definiciones,
sobre todo cuando pretenden ser lexicológicas, se han establecido tradicionalmente cinco
reglas.
Regla 1. Una definición debe señalar los atributos más esenciales de la especie.
Concretamente, debe enunciar la intención convencional de un término, por lo que no
siempre el definiens equivale a una característica intrínseca del definiendum.
Regla 2. Una definición no debe ser circular; o sea, el definiens no debe significar lo mismo
que el definiendum, pues lo que intenta es explicar el significado desconocido de este
último. No debe por tanto definir mediante sinónimos ni antónimos.
Regla 3. Una definición no debe ser ni muy amplia ni muy limitada. El definiens no debe
denotar más cosas que el definiendum, ni menos cosas.
Regla 4. Una definición no debe utilizar un lenguaje ambiguo u oscuro. Este impide la
explicación clara del definiendum. Aunque la oscuridad de un término es relativa. La
naturaleza técnica de una definición a veces es inevitable, y puede resultar oscura para el
ciudadano de pie, pero clara para el técnico familiarizado con la jerga utilizada en el
definiendum. También puede resultar oscura una definición por el uso del lenguaje
metafórico. No obstante, las de este no equivalen a explicaciones serias del definiendum.
Regla 5. Una definición no debe ser negativa si puede ser positiva. Una definición intenta
explicar lo que significa un término. Estos significan negativamente muchas cosas (un
mueble no es una casa, no es un vehículo, no es un primate, etc.), pero es poco probable y
práctico que se puedan incluir todas en una definición. Por tanto se necesita más explicar lo
que significa un término que lo que no significa. Pero también hay términos que tienen
significados negativos y por tanto necesitan definiciones negativas (calvo, por ejemplo, es
una persona que no tiene cabello en su cabeza). Así, a veces puede describirse con precisión
una especie negando a las otras especies del mismo género. Pero rara vez un género tiene
tan pocas especies para poder definirse así.
Resumiendo, las definiciones intencionales son más profundas que las extensionales.
Además, las definiciones intenciones construidas por género y diferencia son las más útiles
y efectivas.