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Metáfora del pararrayos

1ª PARTE:

Se dibuja la casa… hay muchos nubarrones… y muchos rayos… entonces…

“¿qué puede pasar a esta casa con tantos rayos?”... (se destruye… se incendia…)
“Entonces ¿qué podemos hacer para que no pase?... pues ponemos aquí un
pararrayos… y ahora todos los rayos se dirigen a él como a un imán”.
2ª PARTE:
Se dibuja una figura humana en otra parte del folio… “¿Y que tenemos aquí
dentro?”(señalando la cabeza del muñeco)…”¿qué es esto que tenemos
aquí?”… el cerebro… “¿y para qué sirve el cerebro?”… para pensar… para estudiar…
(Es importante llegar a la afirmación categórica de “el cerebro sirve para mandar todo el
cuerpo”)… “el cerebro es lo que hace que tú te apartes si ves que te voy a
meter el dedo en el ojo… ¿y sabes que pasa?... que a este cerebro le llegan rayos… ¿qué
rayos?... pues, tienes que… hacer los deberes…, tienes que… hacer la cama… (los
rayos no pueden tocar al muñeco y hay que dejar un espacio para poder dibujar más
tarde el pararrayos horizontal)… ¿tú que crees? ¿puede trabajar el cerebro con tanto
rayo… con tanto trabajo que tiene? ¿puede trabajar? (pregunta retórica)… no, ¿pero qué
pasa?... pues que se carga, se carga, se carga… pero ¿cómo se queja?... no habla… ¿has
visto alguna vez un cerebro que hable?... no… y ¿cómo lo hace?... pues, como hemos
dicho… tiene todo el cuerpo a su disposición… es él quién nos manda… y entonces
¿que hace? (prescripción del síntoma) … pues mira, a veces nos produce dolor de
cabeza… (a veces dolor de barriga… a veces nos hace temblar… o no sabemos qué
hacer… incluso a veces dejamos de andar… o no dormimos bien… o molestamos a
un compañero… o pegamos a los demás… o mordemos… o lloramos… o nos deja
como un caracol)… y claro, ¿qué podemos hacer?... nos está avisando… sí… con esto
nos está avisando “haz algo, haz algo”… ¿qué nos está pidiendo?... ¿qué quiere que
hagamos?... Pues quiere que pongamos un pararrayos… Y en eso, si quieres, yo te
ayudo a poner un pararrayos… pero no te preocupes Dani, eh, que no te voy a poner un
instrumento… un hierro… no, no, no… esto no… imposible, eh… es un pararrayos
invisible. Si tu quieres, yo te ayudo a poner el pararrayos”.
SI HAY UN SÍNTOMA QUE PRESCRIBIR continuamos diciendo:
“Si tu quieres… porque claro, el cerebro que se queja, cuando Dani muerde a los niños
o les pega (o le duele la cabeza)… esto es un problema para Dani. El cerebro se está
quejando y si tu quieres… vamos a hacer algo para que esto no pase”.
Y pasaremos a la 2ª parte de la prescripción, que es decir lo que hay que hacer, y debe
ser transmitido con mucha convicción. “Si tu quieres yo te lo explico, pero si no… no,
eh… Pero ¿seguro, seguro?... ¿te lo explico?... pues mira, vete allí… (pon la cabeza
allí… haz esto… sal de la clase… yo ya hablo con el tutor para que te deje salir…).
Pero esto… es un pequeño paraguas para esto… ahora vamos a poner en serio el
pararrayos, eh… ¿cómo es el pararrayos?...”

. Metáfora de la cómoda (El pararrayos es pasar todo al cajón del “quiero”)

“... ¿A ver si sabes lo que estoy dibujando?...”


Empezamos a dibujar la cómoda con tres cajones. Lo ideal es hacerla de un tamaño
igual al de la casa que se dibujó anteriormente.
“¿Sabes?... es como si el cerebro fuera esta cómoda… fuera una cómoda de tres cajones.
En este de arriba guardamos todo aquello que nos dicen “tienes que”(y ahora aquí
podemos empezar con los rayos) … tienes que… tienes que… Si es un adolescente se
puede decir “tengo que”…. tienesque… (hacemos una pausa para ver si el niño dice
algo) … preparar la mochila… tienes que portarte bien… tienes que obedecer a tus
padres… tienes que estar bien con tus amigos y no pelearte… tienes que…”

Vamos dibujando los rayos procurando que la cómoda quede más o menos cubierta de
ellos, cuidando de dejar un espacio para poner después el pararrayos y que ninguno lo
vaya a atravesar visualmente.

Después nos vamos al tercer cajón y decimos: “Y en este cajón guardamos lo de “me
gusta”… me gusta ir al cine… me gusta jugar a la play… me gusta el chocolate… me
gusta el helado… Y aquí, en el cajón del medio, el cerebro guarda todo aquello que tu
dices que quieres… “quiero”… hacer eso… quiero ir allí… (se puede poner casi lo
mismo que en el anterior, pero no es necesario poner muchas cosas)… ¿qué cajón cree
Dani que tiene más lleno?... ¿cual es el que siente Dani que está a rebosar?
(normalmente dicen el de arriba)… claro, es que aquí llegan tantos rayos… que ya
queda enseguida muy lleno ¿no?”
(En la cómoda tienen que quedar escritas las palabras “tienes que”, “quiero” y “me
gusta” para que queden como anclas).
“Pues mira, fíjate… el pararrayos… ya verás… vamos a poner el pararrayos… y el
pararrayos ¿qué es?... pues mira, es pasar todo lo que entre… al cajón del medio… si
quiere entrar por éste (el de arriba o el de abajo)… lo pasamos todo a éste… ¿Cómo?...
Pues mira…
.
AHORA
.
DESPUÉS

ahora es ahora… (se deja una pausa larga)… y ahora… ya es después. Siempre hay un
después… siempre, siempre (afirmación categórica) … ahora dime un momento en tu
vida que no haya un después, tan sólo uno Dani… porque tu estás en el recreo… estás
jugando… y ¿hay un después?... (“claro, claro”, dirá) … es domingo, estás en casa,
¿hay un después?... (“sí, el lunes”).”

Buscaremos vivencias y/o metáforas para pasar de cajones. Iremos primero al de abajo y
señalando en el dibujo diremos, por ejemplo, “Vamos a ver Dani… seguramente que a
Dani le gusta el chocolate… y te gusta, seguro ¿no?... bueno, pues imagínate que ahora
ponemos aquí muuucho chocolate… tanto chocolate… te gusta el chocolate ¿verdad? Y
ahora Dani ¿se querría comer toooodo este chocolate?... ¿todo?... ¿todo?... ¿todo?...
(Dirá “no”)… y ¿por qué? (Dirá “porque después tendría dolor de barriga”)… Claro,
claro…A continuación iremos al cajón de arriba, el “tienes que”. Es útil la metáfora del
monstruo:
“Imagínate que estamos aquí solos… solos Dani y Carme… y no hay nadie en todo el
edificio… estamos tú y yo solos y entra un pequeño monstruo con muy mala cara… y
nos dice “Teneis que coger todo lo que hay aquí, sacarlo fuera, limpiar y volverlo a
colocar… y lo teneis que hacer en una hora (se dibuja un rayo)… Uf, vaya rayo…
vaya señor rayo… ¿y ahora qué?... tenemos que parar este rayo… ¿y como lo pasamos
al “quiero”?… pues hablamos tu y yo… hablamos… hablamos y decimos… ¿qué
queremos?... vamos a ver… ¿qué queremos?... Ahora el monstruo nos ha dicho esto y
vamos a ver qué pasa después… que pasa si… bueno, como mínimo podemos
decir “sí” o “no”… también más cosas, pero como mínimo “si” o “no”… pues ahora…
que pasará si le decimos que no: mira monstruo, vete a freir espárragos, nosotros
pasamos de tí… (los niños enseguida dicen “huy, mal, nos comerá”)… y
¿qué pasa si acordamos decirle que sí?... a lo mejor nos come igual, pero a lo mejor
no… porque como nos ha dicho esto, que después se irá… pues a lo mejor cumple su
palabra y después se va… Entonces le decimos al monstruo… pues que sí… ¿Y por qué
lo hacemos? ¿Porque el monstruo nos lo ha dicho o porque nosotros lo hemos
decidido… porque yo lo quiero así? (Normalmente el niño dirá “porque yo lo quiero así,
porque lo queremos así”). Aquí haremos una amnesia para que no digan “porque el
monstruo lo ha dicho…” y enlazaremos con algo como por ejemplo “Yo tuve unos
exámenes que eran en setiembre… y claro, me dijeron en abril…¿quieres presentarte
o no?... y mis padres me dijeron “Carme, tienes que presentarte porque esto es muy
bueno y claro… porque tu quieres este trabajo… porque será bueno para ti y tal y
¿sabes que me pasó?... pues que yo también por dentro pues yo pensaba… “claro es que
a mí me gusta ir de vacaciones… ir a la playa…” y eso significaba pasarme todo el
verano estudiando… Decían “tienes que estudiar”… “Sí, pero me gusta ir allí… allá…”
y menos mal que apliqué el pararrayos… y pasé todo aquí (señalando el cajón del
medio)… ¿y que crees que hice?... (todos dicen “estudiaste”)… Claro…
y porque quería.”

Ahora podemos hablar de los deberes:


“¿Tu conoces a alguien que le guste… que disfrute haciendo los deberes…
estudiando?... a alguien que diga “Ah, más deberes… más deberes… dame más
deberes… (Dirán que no)… Claro, yo tampoco… ni tu profe… nadie, nadie…
a nadie le gustan… ¿Y que pasa?... pues que nos dicen “Tienes que hacer los deberes…
tienes que hacer los deberes… ¿no?... ¡pararrayos!... vale, pues vamos a aplicar
pararrayos. A ti no te gusta hacer los deberes… a mí tampoco… a casi nadie le gusta…
entonces, vamos a ver… ¿A ti te gusta o… quieres ir a la escuela con los deberes
hechos? (Falsa opción)… ¿A ti no te ha pasado que vas a la escuela sin los deberes
hechos… claro, porque no tuviste tiempo… porque no te gustaba… Hasta que la
maestra pasa de ti y no se da cuenta de que no los llevas hechos… tienes ahí un run-
run… un malestar… y dices… Claro, pues yo quiero ir con los deberes hechos. ¿Qué
implica esto?... no se hacen solos… ¡pues hacerlos!... Pero yo decido… decido aquí…
para tenerlos hechos… tal día. Si yo quiero salir de excursión a las seis de la mañana
¿no?... quiero salir… ¿quieres salir?... sí, sí, a las seis de la mañana. Vale, pues ahora
¿qué voy a hacer para tener preparado lo que tenga que llevar?... yo quiero salir a las
seis con la mochila, el bocadillo… ¿pero va a estar allí?... No. Bueno, pues me levantaré
a las cinco y…” Ahora hemos aplicado el pararrayos, pero eso no quiere decir que esto
ya… van a tener que automatizarlo.
El “quiero” se va a reforzar cuando vivan la experiencia de que se sientan satisfechos;
entonces no es una necesidad hacer los deberes… es un quiero. Esto es la motivación
realmente.
Podemos decidir cuando lo hago. Los padres no deben decir “hazlo ahora” porque no
estamos dejando que el niño decida, que aplique el pararrayos. Si los padres no insisten
el niño encontrará la consecuencia, si los hace a última hora, por ejemplo; hay que dejar
que el niño viva la necesidad de hacerlo antes. Los padres, como mucho, pueden decir
“piensa como lo harás y si quieres me lo dices, y así organizamos el fin de semana”.
Pero si los padres obligan, entonces es probable que el niño diga “no”, porque la madre
y el padre están metiendo la mano en la mochila del niño.
Si son pequeños sí que se les puede ayudar con un calendario, para que tengan una
noción del tiempo. Cuando ya son mayores no hace falta.
El resultado de la metáfora tiene que ser conectar, tiene que ser hipnosis. Si vemos que
no lo conseguimos no deberíamos continuar después de la metáfora del pararrayos.
Diríamos “Si quieres otro día te explico como funciona el pararrayos”. Simplemente
prescribiremos el síntoma y terminaremos. Diremos: “Vamos a poner un
pararrayos para hoy, si quieres… como esto (pegar, dolor de cabeza, etc.) molesta
mucho… vamos a descargar el cerebro para que no tenga que pegar (molestar o lo que
sea)…” y hacemos la segunda parte de la prescripción del síntoma, lo que tiene que
hacer.

EJEMPLO SIGUIENTE SESIÓN con el niño:


“¿Tienes algún rayo?... ¿Te ha caido algún rayo? (Puede ser que diga que no y nosotros
sabemos que sí, entonces diremos:)… ¿sabes que pasa?... que los rayos a veces son tan
rápidos que se nos hacen invisibles… pero es casi imposible que no tengamos rayos
durante la semana… yo no sé, yo creo que ha habido rayos invisibles… porque yo no
sé… pero a veces uno es que se lo nota en la barriga… a veces no los ves, pero ah, notas
algo que te ha dolido… que ha entrado dentro… (a veces después de esto dicen algo,
pero si no es así:)… ¿cómo ha ido la semana?...” Salvo que dijera un rayo muy claro,
que hubiese que reencuadrar, pasaríamos directamente a buscar nudos:
Cuando decimos a un niño esto de los deberes, y se lo explicamos bien, y resulta que
continúa sin hacer los deberes lo que pasa es que hay una creencia, enmascaradora o no,
que nos tapa cualquier intervención que hagamos. A veces en este pararrayos es como si
el niño estuviera atado con una cuerda y en la cuerda hay nudos.
Le decimos al niño… y acepta, pero si hay algo que ata las manos del niño… va a ser
incapaz, no va a poder y va a ir sin los deberes hechos.

Las creencias de identidad, aunque sean enmascaradoras, son los nudos de la cuerda.
Por más que le hayamos explicado eso, no lo va a hacer. Por tanto hay que continuar
con la intervención detectando estos nudos, estas cuerdas.
Como hemos hablado con los padres ya podemos intuir lo que está pasando… Un nudo
podría ser, por ejemplo, que el niño pase factura a los padres de una cosa que la está
sintiendo mal, y pasa factura con los deberes.
¿Cómo vamos a ayudar? Obviamente no le vamos a decir otra vez lo mismo.
Para acceder a las creencias de identidad es muy útil la actividad del “ser” y el “hacer”.
Con esta actividad se interioriza la diferencia entre ser y hacer, ya que la mayoría de los
niños, tengan la edad que tengan, han interiorizado que lo que hacen es lo que son.
“Bueno, hoy vamos a hacer una cosa… Imagínate que conoces, por Internet, a un niño o
niña de Japón… muy lejos ¿no?...y te pide que le escribas (o digas) como eres… te dice
“Oye, explícame como eres”… ¿Tú que le dirías? (habitualmente hablan de cómo son
fisicamente: soy un niño rubio, que estudio en tal sitio, tengo dos hermanos…)... Y
ahora te pregunta como eres por dentro… (normalmente dicen las creencias de
identidad: nervioso… mentiroso… malo…)”.
Podemos hacer varias cosas: primero no decir nada y que él diga; si es un poco mayor lo
puede escribir o decir.
Después podemos dibujar un círculo y…

…“Esto es como una cajita… esto es dentro… y esto es fuera… y ahora me has dicho
que Dani es nervioso… ¿por qué me lo dice? ¿qué te hace pensar que Dani es nervioso?
(y dirá “porque en clase…”, cualquier experiencia. Entonces hay que buscar algo que le
contradiga:) … ¿Y Dani está jugando a la play… diez minutos? (dirá que sí)… ¿Y tu
crees que una persona nerviosa estará haciendo esto? (dirá que no)… “Aaah… ¿y sabes
por qué?... aquí lo que pasa es que Dani se mueve… a veces molesta a los demás… pero
no es nervioso… entonces lo ponemos aquí” (lo escribimos fuera, en el hacer).
En realidad estamos reencuadrando. Cuando decimos “¿qué te lo hace pensar?” estamos
buscando la experiencia, lo que él ha vivido, y así es más fácil reencuadrar. Se trata de
cuestionar y cuestionar.
Otro ejemplo: “Soy una TDA”… “¿Y eso como lo sabes?”… (después de su respuesta
continuaríamos:) “Si eres una TDA no podrás llamar por el móvil”… “¿Cómo que no
podré?”… “No, no… una TDA no llama por el móvil porque está allí tan nerviosa… tan
hiperactiva… que no encuentra el botón… ni sabe a quién llama”… “No, no… eso
no”… “Mira… que un médico haya dicho que parece que Elisabeth… pero eso es hacer
una foto de lo que Elisabeth hace… no de lo que está dentro… y Elisabeth puede estar
tranquila, puede concentrarse… “Sí, me he leido varias veces El Señor de los
Anillos”… “Bah, un TDA no se leería ni el periódico…” (A veces esto les gusta… pero
no les gusta, ya que pierden estas etiquetas y ya no pueden hacer…)
Más ejemplos:
“Soy un vago”… “¿Qué te lo hace pensar?”… “A veces en clase…” “¿Y en el
recreo…?” “No, no…” “Pues entonces Dani hace el vago en la clase… pero no es
vago”.
Así nos encontraremos con que el círculo queda vacío o casi porque no suelen decir
cosas buenas.

Volviendo al círculo… es interesante rellenar el SER. Lo negativo que nos digan lo


vamos a reencuadrar con el HACER, como hemos visto.
Diremos: “ ¿Y el SER?... ¿cómo es?... ¿cómo es?... Pues yo diría… vaya, yo estoy
convencida que Dani es muy inteligente… (normalmente nos encontraremos con una
cara de incredulidad y/o que diga “no, no”)… ¿Cómo que no?... Vamos a
ver… (aquí se puede meter la metáfora de los monos, p. ej.)… ¿Por qué? ¿Qué te hace
creer que no eres inteligente?”… Y buscaremos vivencias y metáforas que contradigan,
que reencuadren.
“Eres buena persona”… “No, no”… “¿Cómo que no?... ( y va a volver a salir el SER y
el HACER)… yo creo… estoy convencida de que Dani es cariñoso… Ah, pues… ¿no lo
es?... “Bueno, sí”… “Ah vale, vale”. Y aquí a veces dicen “Es que soy vago”… y
reencuadraremos otra vez.
Después podemos hacer lo siguiente: “Mira, te voy a poner unos deberes… te dejo una
semana… o te dejo dos semanas… y si me encuentras una cosa negativa que yo pueda
escribir aquí (en el SER) pues… (nos jugamos algo)… te regalo una play (por ej.)…

Nunca vamos a tener que regalar nada, nunca. Es imposible que encuentre algo negativo
en el SER. No lo va a encontrar. El niño piensa y piensa pero cuando vuelva no habrá
encontrado nada. A veces dicen “Huy, traigo una lista…”, y todo se va a ir al HACER.
Esta es un experiencia muy buena.Debemos recordar que el SER y el HACER se aplica
siempre después de los cajones.