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REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL Y

LA PROTECCIÓN A LOS DERECHOS FUNDAMENTALES


EN EL SISTEMA ACUSATORIO

Hon. Edgardo Rivera García


Juez Asociado del Tribunal Supremo de Puerto Rico

INTRODUCCIÓN

S
i bien México y Puerto Rico tienen normas procesales y sustantivas
distinguibles en materia penal, la realidad es que estos preceptos están
predicados en función de un ordenamiento que hemos denominado sistema
acusatorio oral. Precisamente, este modelo está conceptualizado en la existencia de
ciertas garantías que amparan a toda persona durante el proceso criminal que se lleve
a cabo en su contra. Cónsono con ello, podemos afirmar que compartimos una
estructura jurídica inherentemente garante, promulgada en el reconocimiento de las
libertades, los derechos individuales y la idea central de que el poder del Estado
frente a los gobernados debe estar limitado por ciertas normas de jerarquía superior.
Durante los pasados años hemos advertido que la implementación de un
sistema acusatorio oral puede acarrear la formulación de varias interrogantes en
torno a su eficacia. En este escrito realizaremos un acercamiento a estas incógnitas
que pueden surgir al adoptar un sistema acusatorio oral. Nos referimos, con
particular atención, a los dilemas que puede generar el reconocimiento de ciertas
garantías para lograr el desempeño efectivo de la función de los juzgadores y, por
tanto, cómo identificar los límites que impone el nuevo ordenamiento jurídico al
ejercicio judicial. Así, será insoslayable argüir sobre la deducción de que el
establecimiento de una estructura jurídica penal de índole garantista sustentada en
el debido proceso legal es un obstáculo para el efectivo funcionamiento del modelo
penal de justicia. Asimismo, nos vemos precisados discutir si el debido proceso legal
es una concepción contrapuesta a los derechos de las víctimas.
Para responder estas interrogantes, es preciso iniciar esta temática desde las
raíces del sistema acusatorio y el debido proceso legal. Nuestra finalidad es que la
COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

experiencia histórica, el estudio y el desarrollo que hemos tenido en Puerto Rico en


la esfera procesal penal y constitucional de este modelo nos permita responder en
cierta medida algunos de estos cuestionamientos. Cimentado en lo anterior, el punto
de partida de nuestra discusión es la función que debe desempeñar todo juzgador
que aspira a institucionalizar y fortalecer la operación efectiva y la legitimidad de un
sistema de corte acusatorio y oral. En ese sentido, adelantamos que rechazamos los
cuestionamientos en cuanto a que el debido proceso legal propicia que reine la
impunidad, por lo que quedarán en libertad personas “culpables” por simples
tecnicismos, y que las garantías que imperan en este modelo promueven el fracaso
de la justicia.
Como hilo conductor, en primera instancia, expondremos aquellas garantías
que erigen el sistema de justicia penal, con énfasis en la cláusula del debido proceso
legal. En particular, abordaremos cómo este derecho puede incidir, por su propia
naturaleza, en los demás derechos constitucionales reconocidos y que imperan en
gran parte de los países que han instaurado este sistema adversarial. Lo que
procuramos es exponer cómo y cuándo el incumplimiento con las garantías
fundamentales, las desviaciones a los procedimientos penales ordinarios y, por tanto,
la falta de perfección, pueden afectar la validez y confianza en el proceso judicial. En
síntesis, el propósito es trazar algunas pinceladas y reflexiones en cuanto a la forma
de armonizar el legítimo respeto de los derechos fundamentales con el desempeño
eficaz de las instituciones que componen el sistema de justicia penal.

ALGUNAS BASES SOBRE LOS DERECHOS INHERENTES QUE SE INSTRUMENTALIZAN EN EL


SISTEMA ACUSATORIO

La importancia de reflexionar sobre los derechos fundamentales y sus


implicaciones, en especial sobre el debido proceso legal, no es para menos. La función
de los jueces, especialmente sobre aspectos constitucionales, constituye uno de los
pilares de todo sistema democrático. Ahora bien, el sostén de esa columna no está
reservado a un juez en particular, ya que todo juzgador debe regirse por los
principios que emanan de su Carta Magna y que integran su propio gobierno. Los
jueces de los foros de primera instancia, así como los jueces y magistrados revisores
constituyen un elemento indispensable en la consecución de la justicia y una garantía
para que el sistema judicial persista y cumpla con las exigencias de conciliar el
respeto de los derechos con la seguridad y proveer el orden social que demandan
estos tiempos. A tales efectos, los avances tecnológicos y la creciente desconfianza
pública que se ha desatado contra la integridad de las instituciones sociales exigen el
desempeño riguroso de nuestra función judicial. Ello, pues cada juzgador que
interviene en un proceso acusatorio tiene la capacidad de incidir mediante sus
actuaciones en la estabilidad, la certeza jurídica y la confianza pública. Es decir, este
ostenta un papel protagónico en el equilibrio de un sistema que tiene como pilar el
principio de separación de poderes y, más aún, el fortalecimiento de la propia
democracia.

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REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

Aunque con algunas diferencias, no hay duda que el esquema constitucional


en materia penal de Puerto Rico comparte un sinnúmero de los principios que rigen
el sistema acusatorio de México y otros países de Latinoamérica. Estos tornan la
función judicial y la figura del juez en un ente con mayor primacía en el contexto de
la administración y la procuración de la justicia. Así, es preciso referirnos a los
principios rectores de la presunción de inocencia, la oralidad, la contradicción, la
inmediación, la publicidad, el derecho a un juicio rápido y el debido proceso legal.1
De hecho, podemos puntualizar que nuestros respectivos sistemas de justicia
acusatorios están instituidos, no solo en estos principios, sino que también reconocen
otros derechos de alta preeminencia en la esfera constitucional. Por ejemplo,
resaltamos el derecho de todo inculpado a un juicio público, a que el juicio sea rápido,
a la notificación de la naturaleza y la causa de la acusación y a que al acusado se le
presuma su inocencia hasta que se pruebe lo contrario. Además, como parte de este
régimen normativo se hace extensivo el derecho a estar asistido de abogado, a no
incriminarse mediante su propio testimonio y a que la intervención con su intimidad
se dé en un marco razonable y, como norma general, luego de la intervención de un
juez que la autorice. Similarmente, hemos concebido el derecho del acusado a
defenderse de las imputaciones hechas en su contra de manera que este pueda
confrontar o carearse con los testigos del Ministerio Público, presentar evidencia a su
favor y obtener prueba que le pueda favorecer aun cuando esta se encuentre en el
poder del Estado.
El diseño en que están conceptualizados estos derechos puede variar según la
jurisdicción o las reformas instauradas en nuestros respectivos ordenamientos
constitucionales. Más aún, debemos ser conscientes de que el Derecho,
particularmente en el ámbito penal, es una materia en la cual no existen verdades
únicas; cada país lo implementa conforme a su idiosincrasia, sus realidades fiscales
y económicas, y a su entorno histórico y cultural. Es que el Derecho se crea y
evoluciona acorde a las circunstancias que presentan los casos y controversias que
los tribunales resuelven. Es decir, en la mayoría de las ocasiones es la casuística
jurisprudencial la que da forma y define la extensión de una figura jurídica. Lo que
sucede es que la norma en sí se instituye sobre las particularidades fácticas en que se

1 Emda. VI, Const. EE. UU., LPRA, Tomo 1, ed. 2016, págs. 186-187; Art. II, Secs. 7 y 11, Const. PR,
LPRA, Tomo 1, ed. 2016, págs. 301 y 354. Véase, además, Const. EE. UU., supra, Emda. V y IV. En el
caso de México, se trata de principios contenidos, inter alia, en el Artículo 20 de la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos. Para una discusión breve de algunos principios desde la
perspectiva del derecho mexicano, véase, e.g.: E. Martínez-Bastida, Principios del sistema acusatorio en
2016: El nacimiento de la Nueva Justicia Penal en México (M. Ortega y R. Estrada Michele, eds.), México,
Instituto Nacional de Ciencias Penales, 2016, págs. 386-403.

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COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

aplique y aquellos otros aspectos naturales en el raciocinio de las instituciones de


cada país.2
Empero, a pesar de que siempre existirán diferencias conceptuales en
nuestras respectivas jurisdicciones, lo cierto es que infringir alguna garantía
fundamental establecida en el proceso acusatorio oral puede conllevar
simultáneamente una violación a la figura del debido proceso legal. Este supuesto
nos lleva a considerar el debido proceso de ley como la columna vertebral del sistema
acusatorio y como eje central del desarrollo de todos los derechos fundamentales.
Por esta razón resulta imperioso enfocar nuestro análisis en el contenido y alcance de
esta garantía principalísima.3

EL DEBIDO PROCESO LEGAL

El debido proceso legal y el poder punitivo del Estado

No hay duda que dentro de la teoría de estado social y democrático de


derecho, nuestras sociedades han concertado, casi unánimemente, que el Estado
tiene la facultad de castigar e imponer penas a quienes no se ajusten a las expectativas
de conducta que la sociedad establece a través de sus normas penales sustantivas.
Esta facultad punitiva, muy especialmente en sociedades donde la actividad criminal
ha alcanzado niveles alarmantes, típicamente viene acompañada de una constante
pretensión de los organismos gubernamentales y de la ciudadanía de señalar
inmediatamente a algún responsable del acto delictivo. Ello, independientemente de
si en realidad esa actuación implica el esclarecimiento de los hechos o si esa persona,
en efecto, es en algún grado autor del delito que se le imputa. De este modo,
observamos la tendencia de promover la falsa e insostenible percepción de que los
crímenes están siendo resueltos, que los autores han sido castigados y que el daño a
las víctimas fue reparado.
Ahora bien, en una sociedad jurídicamente organizada sobre una base
democrática, ese poder de castigo no puede ni debe quedar a la plena arbitrariedad
del Estado. Por el contrario, debe estar siempre supeditado a un proceso que valide

2 De hecho, cabe resaltar que las garantías procesales dependerán de la etapa en que se encuentra la
intervención del Estado o la etapa específica del proceso judicial. Pueblo v. Figueroa, 2018 TSPR 53, 200
DPR ___ (2018).
3 Véase, e.g.: Benton v. Maryland, 395 US 784, 794 (1969), en el que la Corte Suprema de Estados Unidos
analizó si ordenar un nuevo juicio sobre un delito por el cual el acusado había sido declarado “no
culpable” violaba el debido proceso de ley y Cláusula de Doble Exposición. En este caso, tras la
celebración del juicio en el que se imputaban dos delitos, el tribunal de instancia declaró culpable por
uno de ellos, y absolvió por el otro. Luego de apelarse la convicción, el foro revisor devolvió el caso y
ordenó que se celebrara un nuevo juicio por los dos delitos. En el segundo juicio el acusado resultó
convicto por ambos delitos. La Corte Suprema de Estados Unidos resolvió que celebrar un nuevo
juicio por un delito que el acusado ya había sido declarado “no culpable” infringía la protección
constitucional contra la doble exposición.

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REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

y justifique la intervención de los funcionarios de seguridad del Estado con los


intereses libertarios de los individuos. Esta obligación se hace más patente en países
en los cuales se reconoce la presunción de inocencia como un derecho constitucional
y humano de absoluta primacía y aplicabilidad universal.4
El debido proceso legal cumple, en gran medida, esta función. Este se impone
como una garantía jurídica que brinda el ordenamiento constitucional, para que la
interferencia con los intereses de libertad de los ciudadanos se realice mediante un
proceso que garantice el respeto a la dignidad humana y el disfrute de los demás
derechos fundamentales. Se trata, pues, del establecimiento de una serie de
salvaguardas que legitiman la atribución que ejerce el Estado para castigar y
condenar. Además, el debido proceso legal es un componente del sistema judicial
que, ante las prerrogativas que tiene el Estado para imponer el orden, se concreta
sobre una base democrática y proporciona un proceso justo, imparcial, público y
participativo. De esta manera, el debido proceso legal constituye el medio idóneo por
el cual se ampara el reconocimiento efectivo y práctico de la presunción de inocencia
como piedra angular del sistema adversativo; no únicamente por su importancia en
el ámbito probatorio, sino por el trato que se debe brindar a toda persona señalada
como presunta responsable de una actividad criminal.

El debido proceso legal es parte integral del sistema acusatorio y constituye un medio para
materializar la protección de los derechos fundamentales y humanos

Un imperativo de fuerte arraigo es que el debido proceso de ley no puede


visualizarse como un elemento exógeno al sistema judicial. Tampoco podría
afirmarse que se trata de un componente externo que se impone como un agente
obstaculizador en la función trascendental de impartir justicia. Por el contrario, el
debido proceso legal es la esencia misma de un sistema penal de corte garante.
Lo que ordinariamente denominamos como un sistema penal acusatorio se
traduce en el establecimiento de un proceso penal erigido sobre la idea de la
institucionalización de ciertas garantías que permean en todas las etapas del
enjuiciamiento criminal. Así pues, el debido proceso legal constituye un instrumento
de tutela que deberá validarse desde la investigación del crimen y el procesamiento
del presunto responsable, hasta la subsiguiente ejecución y el cumplimiento de la
pena, de recaer un fallo de culpabilidad.
La cláusula del debido proceso legal no representa únicamente una garantía
en sí misma, sino que constituye un medio para asegurar el reconocimiento real de
los demás derechos humanos que cobijan a las personas inculpadas de cometer algún
delito. En ese sentido, el fin ulterior del debido proceso legal es procurar un trato y

4 El Art. 20(B)(I) de la Constitución de Estados Unidos Mexicanos establece que toda persona
imputada tiene derecho “[a] que se presuma su inocencia mientras no se declare su responsabilidad
mediante sentencia emitida por el juez de la causa”.

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COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

un proceso justo e imparcial que construya el camino para el conocimiento de la


verdad.
¿A cuál “verdad” nos referimos? A la verdad en cuanto a qué realmente
sucedió o quién cometió el acto criminal. Desde el punto de vista del procedimiento
judicial, nos remitimos a la verdad probatoria, circunscrita a si el Estado logra presentar
o desahogar prueba suficiente en derecho para demostrar, como verdad jurídica, que
la persona señalada por el Estado, en efecto, cometió el delito que se le imputa. Esta
es la verdad que debe procurar todo juzgador y la cual se viabiliza mediante un
proceso acusatorio garante; la verdad probada por las partes mediante la utilización
válida de los mecanismos procesales y probatorios, según estatuidos en la
Constitución y en los códigos procesales.
En la búsqueda de esta verdad tan particular del procesamiento penal, los
elementos de justicia y de imparcialidad se instrumentalizan en el reconocimiento de
las garantías jurídicas que ofrece el sistema a sus ciudadanos. Por consiguiente, la
evaluación de planteamientos sobre posibles violaciones al debido proceso legal debe
estar enmarcada en ese juicio valorativo de cuán justo e imparcial fue el
enjuiciamiento. Ello requiere que examinemos el cumplimiento de las garantías
aplicables a la situación específica, lo cual debe brindarnos un buen indicio en cuanto
a si se infringió el precepto normativo.
Si bien el objetivo último del debido proceso legal es la consecución de un
proceso penal justo e imparcial, este no se limita a establecer meramente el estándar
procesal que las autoridades gubernamentales y el tribunal deben seguir. Esta
protección se extiende, además, a instancias procesales que debieron cumplir los
representantes del Poder Ejecutivo o Judicial en lo referente a la adjudicación de la
responsabilidad penal del imputado. Asimismo, su ámbito de protección alcanza una
dimensión sustantiva que incide en las actuaciones discrecionales del Poder
Legislativo.
En ese contexto, observamos que la vertiente sustantiva del debido proceso
legal impone al Poder Legislativo el deber de promulgar leyes penales justas y
razonables en su contenido y aplicación. De ahí la importancia del principio de
proporcionalidad que dispone el Artículo 22 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos al consignar diáfanamente que “[t]oda pena deberá ser
proporcional al delito que sancione y al bien jurídico afectado”.5 En el caso de Puerto
Rico, la Constitución no reconoce la proporcionalidad de las penas expresamente. No
obstante, los preceptos sobre la protección de la dignidad humana y la prohibición a
los “castigos crueles e inusitados” impedirían una pena excesiva contra cualquier

5 El Art. 22 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en lo pertinente, establece lo


siguiente: “Quedan prohibidas las penas de muerte, de mutilación, de infamia, la marca, los azotes,
los palos, el tormento de cualquier especie, la multa excesiva, la confiscación de bienes y cualesquiera
otras penas inusitadas y trascendentales. Toda pena deberá ser proporcional al delito que sancione y
al bien jurídico afectado”.

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REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

persona que resulte convicta por la comisión de un delito.6 En ese sentido, al igual
que en otros países de Latinoamérica, se “requiere penas proporcionales a la
severidad de la conducta delictiva, penas no arbitrarias, la imposición, en fin, de la
pena menos restrictiva de libertad para lograr el fin por el cual se impone”.7
Asimismo, el debido proceso legal en su modalidad sustantiva podría
representar una limitación al Poder Ejecutivo al ejecutar las facultades discrecionales,
y casi absolutas, como la que posee el Ministerio Fiscal para decidir cuándo presenta
determinados cargos criminales. Ello, incluso, más allá de cualquier límite estatutario
impuesto a nivel legislativo mediante la figura de la prescripción.

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EJEMPLO 1 En julio de 2018, el Ministerio Público presentó cargos criminales
contra la Sra. Graciela Pagán Benítez por el delito de asesinato en
primer grado (similar al delito de homicidio en México). En Puerto
Rico este delito no prescribe. De acuerdo al pliego acusatorio, los
hechos según imputados ocurrieron en julio de 2009. El Ministerio
Público expone que la razón para presentar la acusación nueve años
después de los hechos fue que, por equivocación, se colocó el
expediente de la señora Pagán Benítez en el área de los casos
concluidos de la fiscalía. La señora Pagán Benítez solicita al Tribunal
la desestimación de los cargos. Sostiene que se le violó su derecho a
un debido proceso de ley porque la dilación del Ministerio Público en
presentar los cargos criminales la situó en un estado de indefensión.
Por su parte, el Estado planteó que el delito de asesinato no prescribe,
por lo que tiene la prerrogativa de presentar la acusación cuando así
lo entienda pertinente.
PREGUNTAS: ¿A quién le asiste la razón? ¿Constituyen estos hechos
una violación al debido proceso de ley? ¿Debe la señora Pagán Benítez
presentar prueba del daño que causó la dilación a su defensa? ¿Debe
el Ministerio Público presentar evidencia de las razones que
provocaron la dilación?
RESPUESTAS: En Puerto Rico para demostrar que la dilación del
Estado en presentar la acusación ha causado perjuicio, el acusado tiene
que presentar prueba que demuestre que la dilación le ha provocado
un estado de indefensión. El quantum de evidencia para establecer el
estado de indefensión de la acusada es el de preponderancia de evidencia.
El tribunal puede considerar como prueba fehaciente el perjuicio
causado por la dilación a la incapacidad del acusado o de los testigos
para recordar las circunstancias particulares del día de los alegados
hechos delictivos. También puede ponderar la no disponibilidad, por
haber transcurrido mucho tiempo, de testigos que hubiesen podido

6 Const. PR, supra, Sec. 12, pág. 378 (“No se impondrán castigos crueles e inusitados”).
7 Pueblo v. Pérez Zayas, 116 DPR 197, 201 (1985).

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COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

declarar a favor de la acusada, pero que se desconoce genuinamente


su paradero. Luego de que el acusado cumpla con su carga probatoria,
si el Estado desea prevalecer debe demostrar que el presunto perjuicio
de indefensión no ocurrió, o que la dilación no fue intencional u
opresiva. Esto obedece a que el estado de indefensión, por sí solo, no
demuestra que hubo una violación al debido proceso de ley.8 Es la
dilación injustificada la que puede constituir una violación al debido
proceso legal.9 Así pues, sin pretender inmiscuirnos en la estrategia
del Estado en presentar cargos, hemos pautado que el operador del
sistema debe analizar las circunstancias particulares del caso y si la
actuación dilatoria se justifica razonablemente.10
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Una situación similar a la del ejemplo anterior fue atendida por el Tribunal
Supremo de Puerto Rico en Pueblo v. Esquilín Maldonado, 152 DPR 257 (2000). En el
dictamen judicial reiteramos que el planteamiento de una violación al debido proceso
de ley por la dilación en presentar la denuncia contra una persona solo procede
cuando se establezca lo siguiente: (1) que la dilación le causó un estado de
indefensión, y (2) que la razón que tuvo el Estado para la demora no está
razonablemente justificada más allá de la liberalidad con que se debe analizar el
proceso investigativo.11 Luego de ponderar las circunstancias particulares del caso,
resolvimos que la negligencia del Estado colocó a la peticionaria en un estado de
indefensión porque la tardanza fue innecesariamente opresiva.12 Esta solo tenía
accesible el recuerdo de su versión de los hechos ocurridos aquella noche, ya que se
desconocía el paradero de la persona que la acompañaba el día de los hechos
imputados y dos de los agentes del orden público que la arrestaron habían fallecido.
Igualmente, el agente investigador que analizó la escena del crimen no estaba
disponible por motivo de muerte.
Estos antecedentes fácticos denotan cómo el debido proceso legal en su
modalidad sustantiva puede constituir una cortapisa para el Poder Ejecutivo en torno
a sus amplias facultades discrecionales y casi absolutas. Particularmente, las que
tiene el Ministerio Público para seleccionar el curso decisorio en cuanto al momento
de presentar cargos criminales. En esa línea de pensamiento es evidente que una
persona imputada de delito podría tener un planteamiento legítimo de inobservancia
del debido proceso legal en la medida que el Estado opte por dilatar

8 United States v. Lovasco, 431 US 783, 790 (1977).


9 Pueblo v. Santiago, 139 DPR 869, 875-876 (1996).
10United States v. Lovasco, supra, pág. 790 (“[T]he Due Process Clause does not permit courts to abort
criminal prosecutions simply because they disagree with a prosecutor's judgment as to when to seek
an indictment”).
11 Pueblo v. Esquilín Maldonado, 152 DPR 257, 264 (2000).
12 Íd., pág. 266.

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REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

intencionalmente la presentación de los cargos criminales y, como consecuencia,


coloque al imputado en un estado de indefensión que imposibilite que pueda tener
un proceso justo.

La naturaleza circunstancial del debido proceso legal y la evaluación caso a caso de las
desviaciones en el sistema acusatorio

La observancia con el debido proceso de ley no tiene espacio para excepción


alguna. El Estado siempre deberá cumplir con esa garantía básica del sistema
adversativo. Si incumple tendrá que enfrentar las consecuencias de su falta. Esto es
lo que sucede cuando el Estado contraviene su deber constitucional de descubrir
prueba exculpatoria o cuando no preservó intencionalmente cierta prueba, por lo que
el juzgador no podrá discernir si resultaba favorable o adversa a los intereses del
acusado.13 A esta última, la hemos denominado en Puerto Rico prueba potencialmente
exculpatoria.14

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EJEMPLO 2 Una persona fue abusada sexualmente. El día de los hechos se tomó
una muestra de material genético, para someterla al correspondiente
examen de ADN. Además, se incautaron varias piezas de ropa de la
víctima, aunque en ese momento no se les sometió a pruebas ni se
preservaron con la diligencia debida. El material genético tomado el
día de los hechos en el cuerpo de la víctima no fue suficiente para
poder realizar las pruebas de ADN. Así las cosas, el Estado intentó
utilizar el material genético que se encontraba en la ropa que había
recopilado, pero, al no refrigerarla, se estropearon las muestras y fue
imposible recuperarlas.
PREGUNTA: ¿El Ministerio Público violó el debido proceso de ley de
la persona acusada?
RESPUESTA: El Estado está obligado a preservar y entregar a la
defensa toda evidencia exculpatoria que conozca o que recopile
durante y con posterioridad al proceso investigativo.15 En este
ejemplo, de las piezas de ropa de la víctima haber sido preservadas

13Brady v. Maryland, 373 US 83 (1963) y su progenie. Véanse, e.g.: Strickler v. Greene, 527 US 263 (1999);
Wood v. Bartholomew, 516 US 1 (1996); Kyles v. Whitney, 514 US 419 (1995); United States v. Bagley, 473
US 667 (1985); Weatherford v. Bursey, 429 US 545 (1977); United States v. Agurs, 427 US 97 (1976); Ring v.
United States, 419 US 18 (1974); DeMarco v. United States, 415 US 449 (1974); Giglio v. United States, 405
US 150 (1972); Giles v. Maryland, 386 US 66 (1967); Pueblo v. Custodio Colón, 192 DPR 567, 587-588 (2015);
Pueblo v. Velázquez Colón, 174 DPR 304 (2008); Pueblo v. Arzuaga, 160 DPR 520, 535 (2003); Pueblo v. Ríos
Alvarez, 112 DPR 92, 102 (1982); Pueblo v. Cancel Hernández, 111 DPR 625 (1981); Pueblo v. Rodríguez
Sánchez, 109 DPR 243 (1979). Prueba exculpatoria es aquella que resulta favorable al acusado y que posee
relevancia en cuanto a los aspectos de culpabilidad o castigo del acusado. Brady v. Maryland, supra.
14 Pueblo v. Vélez Bonilla, 189 DPR 705, 720 (2013).
15 Íd. págs. 718-719.

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COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

diligentemente y habérsele realizado las pruebas de ADN, estas


hubieran mostrado la identidad de la persona que había sodomizado
a la víctima. Esta evidencia podía exonerar al acusado, pero de igual
manera podía inculparlo. Se trata de prueba potencialmente
exculpatoria. En este tipo de casos, la norma establecida por la Corte
Suprema de Estados Unidos de América y el Tribunal Supremo de
Puerto Rico es que, “a menos que el acusado pudiera demostrar que el
Estado actuó de mala fe, el no preservar evidencia potencialmente
exculpatoria no constituye una violación al debido proceso de ley”.16
En Arizona v. Youngblood, 458 US 81 (1988), ante hechos similares, la
Corte Suprema federal norteamericana concluyó que, como el acusado
Youngblood no probó que las muestras se estropearon por la mala fe
del Estado, no se le había violado su derecho a un debido proceso de
ley. En casos como este último se activa una presunción a favor del
acusado, a los efectos de que la prueba hubiera ayudado a su
defensa.17 Ahora bien, en casos en que se ha probado la mala fe del
Estado, procede desestimar la acusación.18
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En el marco del elemento circunstancial, cabe cuestionarse si el


establecimiento de un sistema garante implica que cualquier desviación en los
procesos delineados en la legislación constituirá automáticamente una violación al
debido proceso legal. Conforme a los principios que rigen un sistema acusatorio y
los propósitos que dimanan de esta garantía, es forzoso responder esta interrogante
en la negativa. Cualquier desviación de un procedimiento no debe considerarse
automáticamente una transgresión al debido proceso de ley. Es que la funcionalidad
del sistema de justicia requiere que aceptemos como premisa cardinal que no toda
desviación del proceso debe constituir automáticamente una violación al debido
proceso legal que amerite la celebración de un procedimiento judicial nuevo o, en el
peor de los escenarios, la desestimación de los cargos criminales. No aceptar esta
premisa conllevaría que el sistema penal sea inoperante, en la medida que cualquier
error privaría al Estado de su facultad punitiva, proveer seguridad a la ciudadanía y
reparar los perjuicios sufridos por las víctimas.
Como operadores del sistema penal tenemos la obligación de ser prudentes y
tener circunspección para no incurrir en los extremos de la literalidad. La protección
del debido proceso legal no implica que dejemos sin efecto todo procedimiento en
que el Estado haya incurrido en alguna desviación y concluyamos
irremediablemente que el proceso judicial es ineficaz. Ese proceder no solo resultaría
ilógico e irreal, sino que sería insostenible en el modelo adversativo penal.

16 Pueblo v. Vélez Bonilla, supra, pág. 721; Arizona v. Youngblood, 458 US 81 (1988).
17 Pueblo v. Vélez Bonilla, supra, pág. 726.
18 Íd.

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REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

Precisamente, por la propia naturaleza del proceso en el que interviene el ser


humano, es evidente que habrá ocasiones en que se dificulte cumplir en forma
absoluta con los derechos de alguna de las partes procesales en el sistema acusatorio.
Como hemos reiterado, los sujetos inculpados de delito, como principio
cardinal del debido proceso legal, tienen derecho a un procesamiento que sea justo e
imparcial. Ahora bien, ello no implica que tengan derecho a un enjuiciamiento que
esté libre de todo defecto. Un encausamiento a este nivel de precisión no es
característica esencial de un sistema penal garante. Como cuestión pragmática, esta
exigencia haría del sistema de justicia uno completamente ineficiente e inoperante en
la medida en que no existen procesos, ni en la etapa investigativa ni en la esfera
judicial, que brinden este grado de perfección en el ejercicio de procurar impartir
justicia. En vista de este axioma, colegimos que siempre ocurrirán desviaciones o
errores en los procedimientos instrumentados en el modelo adversarial, pero ese
hecho no necesariamente debe conllevar la revocación de una sentencia condenatoria
o la reposición del proceso judicial. Reiteramos, exigir que los procedimientos
penales tengan tal grado de perfección es una aspiración ilusoria que no es propia de
los contornos del debido proceso legal.
Por otro lado, el debido proceso de ley es un concepto esencialmente
circunstancial, al que se le brinda contenido principalmente mediante los dictámenes,
sentencias y demás decisiones que emiten los tribunales. Si bien es cierto que los
poderes políticos, particularmente el Poder Legislativo, como cuestión de política
pública en el ámbito penal, pueden establecer ciertos delineamientos sobre qué
prácticas serían cónsonas con el debido proceso legal, la realidad es que por su propia
naturaleza circunstancial en nuestros respectivos ordenamientos jurídicos no vamos
a encontrar una lista taxativa de situaciones o escenarios en la que específicamente
se indique las prácticas por parte del Estado que están conforme a ese precepto
normativo.
Sin embargo, identificaremos algunas actuaciones de órganos estatales tan
contrarias a la esencia del sistema que la violación al debido proceso de ley será más
que evidente y para las cuales el propio ordenamiento no requerirá la existencia de
una prohibición expresa en nuestro derecho sustantivo. Este es el caso de una
confesión obtenida mediante tortura. De igual forma, habrá situaciones cuyo
incumplimiento es rechazado expresamente por el propio sistema como sucede
cuando no se garantiza alguno de los principios inherentes al sistema acusatorio
establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como la
oralidad, la publicidad, la contradicción, la concentración, la continuidad y la
inmediación.19 Por ejemplo, se configuraría una inequívoca violación al debido

19 Principios recogidos en el Art. 20 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. El principio


de publicidad establece la regla general de que todos los actos que se siguen en un proceso penal deben
ser públicos; cualquier persona puede asistir a ellos. El principio de contradicción supone el derecho que
tienen las partes para formular argumentos y contraargumentos; interrogatorios y
contrainterrogatorios a los peritos, a los policías, a los testigos e incluso a las propias víctimas e

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COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

proceso de ley cuando al acusado no se le brinda la oportunidad de refutar o


contrainterrogar la prueba presentada por el Ministerio Público, actuación contraria
al principio de contradicción establecido en el ordenamiento constitucional.20

__________________________________________________________________
EJEMPLO 3 Se acusa a una persona por posesión ilegal de sustancias controladas.
El Ministerio Público desea presentar en evidencia un informe
químico forense en el que se establecía que la sustancia que se incautó
al acusado era cocaína. El Perito Químico que examinó la sustancia y
preparó el Informe de Análisis Químico Forense no estuvo presente
en el juicio, pero se presentó a otro Perito Químico para que testificara
sobre el contenido del informe y así probar que la sustancia incautada
era cocaína. Este último estuvo sujeto a ser contrainterrogado por la
defensa. En el juicio, el Tribunal de Primera Instancia permitió que se
desahogara como prueba de la fiscalía el informe químico forense, a
pesar de que la defensa objetó su admisibilidad por infringir el
derecho a la confrontación.
PREGUNTA: ¿Se violó el debido proceso de ley del acusado?
RESPUESTA: En Pueblo v. Santos Santos, 185 DPR 709 (2012), y en
Pueblo v. Guerrido López, 179 DPR 950 (2010), casos que presentaban
situaciones de hechos muy similares, el Tribunal Supremo de Puerto
Rico resolvió que se violó el derecho a la confrontación del acusado y,
por ende, el debido proceso de ley. Esa prueba era indispensable para
probar el delito imputado y no era admisible como evidencia

imputados. En un proceso penal de corte acusatorio y oral la contradicción debe ser la regla
permanente, que se permita refutar todos y cada uno de los argumentos que las partes vierten en
frente de la autoridad judicial. El principio de concentración significa que todas las etapas del proceso
deben reunirse en un mismo momento procesal; no puede haber una partición a lo largo del tiempo
que supone el desarrollo de un proceso. Este principio de concentración está íntimamente relacionado
al principio de continuidad. Cuando se inicia una audiencia de juicio oral se debe procurar agotar todos
los temas en un solo día o a lo máximo una continuidad de una o dos días, pero sin que ocurra como
en el sistema penal anterior donde se convocaba una audiencia para enero, otra para mayo y otra para
diciembre y así iban transcurriendo años y años. El principio de inmediación supone la exigencia de que
la autoridad judicial esté presente ininterrumpidamente en el desarrollo de las audiencias; la
autoridad judicial no puede delegar esta presencia en ninguno de sus auxiliares; la ausencia del propio
juez supondrá la nulidad de lo actuado; no hay una excepción en cuanto a eso. El Juez tiene que estar
dirigiendo las audiencias de forma física y presente en todo momento. Así lo establece la constitución.
M. Carbonell, “¿Qué principios constitucionales van a regir los juicios orales?”, YouTube (24 de abril
de 2013),
https://www.youtube.com/watch?v=wHwnf88Dy6E&index=13&list=PLmtT4Kl2jQx6qBZhISSOcT
wywk-WSEtxp.
20Pueblo v. Santos Santos, 185 DPR 709 (2012); Pueblo v. Guerrido López, 179 D.P.R. 950 (2010). Para
jurisprudencia relacionada, véanse: Bullcoming v. New Mexico, 564 U.S. 647 (2011); Meléndez-Díaz v.
Massachusetts, 129 S.Ct. 2527 (2009); Crowford v. Washington, 541 US 36 (2004) (establece la doctrina que
excluye la prueba testimonial). Los casos de la Corte Suprema de Estados Unidos se resuelven a la luz
de la llamada Cláusula de Confrontación.

16
REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

sustantiva contra el acusado si el técnico que lo preparó no comparece


como testigo al momento que se solicita su desahogo en el juicio y
cuando el acusado no tuvo oportunidad de contrainterrogarlo
previamente con relación al contenido de ese informe. Permitir la
presentación del informe en el juicio infringe el derecho a confrontarse
con la prueba, el cual, como mencionamos, forma parte integral del
sistema acusatorio.
__________________________________________________________________

De igual manera, habría muy poca discusión sobre la violación que implicaría
que el procedimiento judicial se celebre sin la presencia física, inmediata e
ininterrumpida del juzgador, como bien exige el principio constitucional de
inmediación. Se trata, entonces, de que habrá violaciones tan crasas y contrarias al
sistema mismo para las cuales cualquier análisis posterior no tendrá espacio alguno
porque, independientemente se frustre o no la razón de ser de la normativa, el
sistema simplemente no está dispuesto a tolerar el incumplimiento de la norma
particular.
Sin embargo, en la mayoría de los casos las potenciales violaciones al debido
proceso legal no son asuntos que surgirán en blanco y negro. El análisis de este tipo
de asuntos no se hace al amparo de reglas rígidas cuyo incumplimiento literal de su
letra conlleve una violación al precepto normativo.

__________________________________________________________________
EJEMPLO 4 La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dispone el
imputado “[t]endrá derecho a una defensa adecuada por abogado, al
cual elegirá libremente incluso desde el momento de su detención”.21
En el caso de Puerto Rico, nuestra Carta Magna establece que “[e]n
todos los procesos criminales, el acusado disfrutará del derecho a un
juicio rápido y público, a ser notificado de la naturaleza y causa de la
acusación recibiendo copia de la misma, a carearse con los testigos de
cargo, a obtener la comparecencia compulsoria de testigos a su favor,
a tener asistencia de abogado, y a gozar de la presunción de inocencia”.
(Énfasis suplido). 22
PREGUNTA: ¿Qué pasa si una persona es convicta y aduce que su
convicción se debe a la ausencia de una representación adecuada?
RESPUESTA: Al pasar juicio sobre la falta de una defensa efectiva en
un proceso criminal, debemos ser conscientes de que no puede
prescindirse de la libertad e independencia del abogado. Cualquier
incumplimiento del letrado no es suficiente. Cuando ocurren meros
errores o equivocaciones del defensor, sin consecuencias en la validez

21 El Art. 20(B)(I) de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.


22 Const. PR, supra, Sec. 11, pág. 354.

17
COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

del juicio, es decir, que no conlleven una erosión básica del debido
proceso de ley, no justifican la revocación de la sentencia.
__________________________________________________________________

Sobre este asunto, en Pueblo v. López Guzmán, 131 DPR 867 (1992), en el
Tribunal Supremo de Puerto Rico adoptamos los criterios que deben examinarse para
determinar cuándo procede revocar y ordenar un nuevo juicio por violación al
derecho del acusado a tener una representación adecuada y efectiva que viole el
debido proceso legal. Primero, enunciamos que existe una fuerte presunción de que
la conducta del defensor está comprendida dentro del amplio ámbito de una
asistencia legal razonable. Segundo, señalamos que el apelante tiene el peso de la
prueba de su indefensión por incompetencia del abogado. Tercero, expresamos que
la incompetencia enervante de la asistencia legal a que tiene derecho el acusado ha
de ser de grado extremo, causante de perjuicio sustancial, al punto de que sostenga
la probabilidad de que, de no haber incidido el abogado, el resultado del juicio
hubiera sido distinto. Finalmente, establecimos que el “criterio final para adjudicar
una reclamación de falta de efectividad en la defensa debe ser si la actuación del
abogado de tal modo vulneró el adecuado funcionamiento del sistema adversativo
que no pueda decirse que el juicio tuvo un resultado justo”.23
El análisis por violaciones a la defensa adecuada se fundamenta en que
algunas actuaciones, que pueden parecer inadecuadas o negligentes por parte del
abogado, resultan ser parte de su técnica o estrategia de litigación para el caso. Podría
darse el hecho en que el abogado decida no contrainterrogar a un testigo porque
entienda que no es necesario o porque puedan relucir asuntos que no le convienen
para la defensa de su cliente. Por ello, el Tribunal Supremo de Puerto Rico ha resuelto
que las equivocaciones o los errores del abogado de la defensa ya sea un defensor
público, un abogado de oficio o un abogado que ha sido escogido y remunerado por
el propio acusado no pueden ser invocados en apelación como fundamento para
obtener la revocación de la sentencia condenatoria, en ausencia de mala fe, fraude,
incapacidad física o mental, o de clara, indiscutible y grave incompetencia
profesional del abogado que representó al apelante en el juicio.
Otra perspectiva que debemos apuntalar es que cada norma tiene un
propósito basado en un principio general de derecho que la inspira; todo precepto
tiene una razón de ser, un objetivo particular, una política jurídica que le subyace a
la mera literalidad. Por lo tanto, la eficiencia y funcionalidad del sistema requerirá
que, en la revisión de planteamientos de violaciones al debido proceso legal, los
órganos judiciales acudan no solamente a la norma en su sentido literal, sino que
ausculten su propósito. Ello, no con el objetivo de cuestionarla, sino de entender el
por qué y para qué los poderes políticos promulgaron esa normativa particular. Lo

23Pueblo v. López Gunzmán, 131 DPR 867, 880 (1992). Véase, además, Pueblo v. Morales Suárez, 117 DPR
497, 501-503 (1986); Strickland v. Washington, 466 US 668 (1984).

18
REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

anterior permitirá que la interpretación y aplicación a nivel judicial sea cónsona con
tales delineamientos. Más importante aún, los órganos judiciales deben indagar si tal
objetivo quedó frustrado en la situación particular ante su consideración. Después de
todo, hay casos que exponen violaciones de una norma en un sentido puro y
estrictamente literal, pero que al analizarlos en sus circunstancias particulares puede
ser que no haya una violación al objetivo propio del precepto en controversia.
Tomemos para efecto ilustrativo una controversia típica en Puerto Rico.
La Constitución de Puerto Rico establece que todo acusado “disfrutará del
derecho a un juicio rápido”.24 El objetivo e interés que busca salvaguardar ese
derecho es evitar una encarcelación indeterminada y opresiva, así como asegurar la
capacidad del imputado o acusado para defenderse.25 Para instrumentar ese derecho,
las Reglas de Procedimiento Criminal de Puerto Rico establecen ciertos términos en
los que el Ministerio Público debe realizar cada etapa del proceso penal, una vez este
proceso ha comenzado.26 ¿Qué sucede si en la etapa de vista preliminar o etapa de
vinculación a proceso los fiscales solicitan que la audiencia sea pospuesta para una
fecha ulterior al término que establecen las reglas? ¿Hay una violación al proceso que
establece la ley? Conforme a un examen literal de la regla, no hay duda de que se
incurre en una infracción en la medida que el fiscal incumplió con el proceso en
perjuicio del imputado.
Ahora bien, ¿supone ese incumplimiento una violación al debido proceso
legal que amerite la desestimación automática de los cargos criminales? No. Para
atender estas situaciones, en la Corte Suprema de Puerto Rico hemos establecido que
no basta el incumplimiento literal de la norma. Se requiere analizar varios criterios
que nos permiten concluir si, en efecto, esa inobservancia frustró los fines de la
normativa de juicio rápido, a saber: (1) la duración de la tardanza; (2) las razones que
el Ministerio Público tuvo para la dilación; (3) si el acusado invocó oportunamente el
derecho; y (4) el perjuicio que este sufrió a raíz de la demora.27 Esto, porque la defensa
no estaría en posición de alegar violación constitucional alguna si al final del camino
la dilación se debe a causas atribuibles a ella.28
Nótese que se trata de un análisis circunstancial y particularizado en rechazo
de una adjudicación automática, esencial al evaluar violaciones potenciales a los
derechos constitucionales, especialmente en el contexto del debido proceso legal. Por
lo tanto, el hecho de que determinado proceder constituya una violación al debido

24 Const. PR, supra, Sec. 11, pág. 354.


25 Pueblo v. Valdés Medina, 155 DPR 781, 789 (2001).
26 Véase la Regla 64(n) de Procedimiento Criminal de Puerto Rico, 34 LPRA Ap. II.
27Pueblo v. Valdés, supra, pág. 792; Pueblo v. Rivera Tirado, 117 DPR 419, 433 (1986). Véase, además,
Solem v. Helm, 463 U.S. 277 (1983).
28 Pueblo v. Valdés, supra, págs. 791-792.

19
COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

proceso legal en un caso, no necesariamente implica que constituirá un


quebrantamiento al debido proceso legal en otro caso posterior.
Precisamente por esto las revisiones de una reclamación de violación al debido
proceso legal no deben descansar en la aplicación de principios o aspectos fácticos
universales, en completa abstracción de los hechos particulares del caso. Es decir, el
debido proceso legal, generalmente, conlleva una evaluación circunstancial y
pragmática de cada caso. Ello debe ser así porque lo justo e imparcial de determinado
proceso como requiere el debido proceso legal dependerá, no tan solo de cómo se
condujeron las autoridades en esa situación, sino bajo cuáles circunstancias llevaron
a cabo sus acciones.

__________________________________________________________________
EJEMPLO 5 Se acusó a una persona por haberle ocasionado la muerte a una menor
de edad como consecuencia de un patrón de maltrato físico mientras
esta se encontraba bajo su custodia. El abogado defensor solicitó la
exclusión de varios testimonios. Argumentó que estos constituían
prueba inadmisible, puesto que contenían declaraciones realizadas
por la menor que no estaba disponible para ser contrainterrogada.
En la audiencia de determinación de admisibilidad de evidencia, el
Ministerio Público presentó los testimonios del agente investigador,
Sr. Fernando E. Rodríguez Ruiz, y la madre de la víctima fenecida. Del
testimonio del agente Rodríguez Ruiz surgió que la tía de la víctima,
la Sra. Eliza Rivera Santos, le relató en una ocasión que abrazó a la
menor y esta comenzó a llorar. Ante ese hecho, la señora Rivera Santos
examinó físicamente a la menor y la menor le dijo que le dolía.
Específicamente, durante su declaración, el agente Rodríguez Ruiz
expresó que la señora Rivera Santos manifestó que la menor le había
dicho que le dolía porque Babo (el acusado) le había dado. Declaró que
entonces la tía se llevó a la niña hacia el cuarto y que notó que en la
parte baja de la espalda tenía unos hematomas y el área inflamada.
Conforme al testimonio del agente Rodríguez Ruiz, en otra ocasión la
tía de la víctima preguntó a la menor sobre un golpe que tenía en el
área de la ceja, a lo que esta respondió: “Babo dar a mí”, identificando
al acusado como su agresor.
En la audiencia, el abogado de la defensa argumentó que las
expresiones realizadas por la menor constituían prueba inadmisible y
que no podían traerse por conducto del agente Rodríguez Ruíz. Adujo
que la menor no estaba disponible para declarar y ser
contrainterrogada. Por su parte, el Ministerio Público sostuvo que,
dado que la menor declarante no estaba disponible porque el acusado
la había matado, las declaraciones que esta realizó en vida sí eran
admisibles en evidencia. Afirmó que las expresiones contenían
garantías suficientes de confiabilidad. Además, arguyó que las

20
REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

declaraciones se podían presentar contra el acusado por ser


excepciones a la regla de Prueba de Referencia.
PREGUNTA: ¿Pueden utilizarse como prueba de cargo las
expresiones de la menor fallecida sin que ello conlleve una violación
al debido proceso legal del acusado?
RESPUESTA: Las declaraciones de la menor no eran de carácter
testimonial las cuales activan la cláusula constitucional sobre el
derecho a la confrontación, puesto que no habían sido hechas con el
propósito primario de crear evidencia que se utilizaría en un juicio
criminal contra el acusado. Además, las declaraciones de la menor se
hicieron a personas que no eran agentes del Estado. Así, determinar si
lo declarado por la víctima se puede presentar durante el juicio
dependerá de que las Reglas de Evidencia de Puerto Rico lo permitan,
como excepción a la norma de exclusión de prueba de referencia.29
Ohio v. Clark, 135 S.Ct. 2173 (2015),30 y Pueblo v. Pérez Santos, 195
DPR 262 (2016), ambos con controversias similares.

EJEMPLO 6 Se acusó a una persona por abusar sexualmente de una menor de


edad. La prueba del Ministerio Público consistió en el testimonio de la
alegada víctima. Por su parte, el acusado se abstuvo de declarar y no
ofreció prueba a su favor.
Como parte de la argumentación final en el juicio, el abogado defensor
le expuso al juzgador que en ese caso el acusado “lo más que podía
hacer era negar haber realizado lo que se le imputaba”. Finalizó
diciendo: “Éste es nuestro caso. No tenemos ninguna prueba”. Así,
durante el turno de refutación del Ministerio Público, ocurrió lo
siguiente:
Fiscal: ¿Qué puede hacer el acusado? Pues, el acusado puede
presentar su prueba de coartada.
Abogado de la Defensa: Objeción. El Fiscal no puede
manifestarse en ese sentido.
Fiscal: Su señoría, le decía que entre los argumentos que el
abogado le dijo, de que lo único que podía hacer el acusado en
un caso como este era decir que esto no es verdad. Pues, él podía
hacer muchísimas cosas: si él no estaba con esa niña esa noche,
y no hizo aquello, pues tenía que estar en algún otro lugar y con

29Para una discusión de estas reglas, véase La Prueba de Referencia y las Reglas de Evidencia en este
compendio.
30La Corte Suprema de Estados Unidos de América estableció que declaraciones realizadas por
menores de edad, raramente, sino nunca, implicarán la Cláusula de Confrontación. Además, razonó
que la conversación entre el menor de edad y sus maestras fue informal y espontánea, y que el
propósito principal de las preguntas fue identificar al perpetrador de las heridas del menor.

21
COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

otra persona. Además, si esa niña declaró ante usted su señoría,


por el motivo que fuera; si el papá y la mamá de ella la obligaron
a venir a declarar aquí sobre estos hechos asquerosos, esa
prueba la produce aquí. Si este señor no hubiera estado en aquel
sitio, hubiera producido la prueba. Si eso no hubiera ocurrido
así usted hubiera tenido esa prueba aquí.
PREGUNTA: ¿Violó el Ministerio Fiscal el debido proceso legal del
acusado al manifestarse como lo hizo?
RESPUESTA: En Pueblo v. Perales Figueroa, 92 DPR 724 (1965), se
resolvió que los comentarios que realiza el fiscal en cuanto a que el
acusado ha dejado de declarar respecto a materias que él pudo negar
o explicar por conocerlas o los comentarios que se hagan en la corte en
el sentido de que el silencio del acusado prueba su culpabilidad,
violan el derecho del acusado a guardar silencio y a la no
autoincriminación. El Tribunal Supremo concluyó que lo expresado
por el fiscal, aun cuando se haga para refutar las manifestaciones del
letrado defensor, insinuaban al juzgador que el acusado había
guardado silencio en el juicio y no había producido prueba a su favor
para refutar lo declarado por la testigo.31 Se dijo que el derecho a no
declarar no debe ser invadido por el Ministerio Fiscal con comentarios
adversos ni insinuaciones de clase alguna.32 Los jueces deben estar
conscientes en todo momento de que no pueden utilizar como
fundamento manifestaciones que violen este derecho para sostener la
convicción de una persona.
__________________________________________________________________

Estos ejemplos nos llevan a examinar la figura del juez constitucional en el


proceso adversarial y su obligación de desempeñar el rol de un árbitro revestido de
las más altas exigencias de imparcialidad, neutralidad y control para no alterar la
equidad procesal que debe mantenerse entre las partes.

EL JUZGADOR DEL SISTEMA ACUSATORIO: EL DEBER DE PRESERVAR EL PRINCIPIO DE LA


EQUIDAD PROCESAL COMO LÍMITE EN LA INTERVENCIÓN DE LOS JUECES, MAGISTRADOS
Y MINISTROS DEL PODER JUDICIAL

Los Jueces, Magistrados o Ministros, como operadores del sistema,


brindamos funcionalidad y efectividad a las normas jurídicas. El juzgador en un

31Pueblo v. Perales Figueroa, 92 DPR 724, 727 (1965). En este caso dos Jueces del Tribunal Supremo de
Puerto Rico concluyeron que el Estado contestó la interrogante lanzada por el abogado defensor, por
lo que no se había comentado el silencio del acusado. Expusieron que la “garantía [constitucional] se
convierte en inoperante cuando la defensa induce y provoca el comentario del fiscal o resulta clara su
relación con lo manifestado por la defensa”. Expresaron que una contestación justa al argumento del
abogado de la defensa no infringía los derechos del imputado.
32 Íd.

22
REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

sistema acusatorio y oral, como régimen garante, tanto en primera instancia como a
nivel revisor, es la figura que debe velar por que todo ciudadano tenga acceso a los
derechos que le reconoce el propio ordenamiento y a un proceso que justifique y
valide la intervención del Estado. En otros términos, los que intervenimos en el
proceso acusatorio como juzgadores, en el ejercicio de la independencia judicial,
debemos luchar con vehemencia para que el ciudadano esté protegido de las
actuaciones arbitrarias e ilegales del Estado y, de este modo, amparar los derechos
fundamentales y humanos de los individuos. En ese sentido, debemos tener como
norte los principios inseparables de todo sistema democrático de derecho que
busquen proveer garantías amplias. Esta constituye una parte fundamental de
nuestras funciones ministeriales. Si no se logra esa finalidad el sistema judicial
desvirtuaría su razón de ser ante la sociedad y perdería legitimidad.
Nuestro cometido, como miembros del Poder Judicial, es asegurar que el
proceso al que se sometió al presunto autor de un delito, o al ya convicto, fue uno
justo e imparcial.33 Debemos velar que tanto las agencias de seguridad pública, como
el Ministerio Fiscal y las demás entidades gubernamentales de investigación y
procesamiento criminal, así como los órganos jurisdiccionales de primera instancia,
ejercieron sus funciones legítimamente y en absoluto respeto de las garantías
constitucionales y los derechos humanos que protegen a todo sujeto imputado de un
hecho ilícito.
No hay duda que la dialéctica del sistema penal adversativo supone un
encuentro directo entre dos partes con intereses y teorías encontradas. Por un lado
figura el interés del Estado de asegurar el cumplimiento de la ley y el orden, de
reparar, en la medida posible, el daño sufrido por la víctima, de procesar a los
responsables de la comisión de un delito y, como consecuencia, de proteger a la
comunidad en general de la actividad delictiva. Por el otro lado se encuentra el
interés del imputado de delito de que se le asegure el pleno reconocimiento de las
garantías previstas en la Ley Suprema que le amparan durante todo el proceso penal.
Ese es el choque de intereses típico y característico del proceso adversativo que el
sistema tiene que permitir sin la intervención indebida de otros actores ajenos a la
dinámica entre las partes centrales del proceso: el Ministerio Público, la defensa y, en
el caso de México y otros países de Latinoamérica, la víctima. 34 Esta limitación se hace
más patente contra aquellos actores que el ordenamiento no le ha conferido la
función específica de investigar o acusar, ni mucho menos de defender, sino
sencillamente de juzgar.
El juzgador, en su función judicial al momento de emitir su dictamen y luego
de haber aquilatado la totalidad de la prueba, siempre asumirá posiciones que
favorecerán a una de las partes, bien sea a la defensa o al Ministerio Público. De eso

33 Véase, e.g., Pueblo v. Elicier Díaz, 183 DPR 167 (2011).


34Esta última reconocida como parte del proceso penal en el Art. 20 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos.

23
COMPENDIO SOBRE EL SISTEMA ACUSATORIO

es que se trata el ejercicio de juzgar y adjudicar controversias. Sin embargo, en ese


proceder adjudicativo, el Juez no puede abandonar su rol como juzgador y árbitro
imparcial. En ese delicado deber ministerial tenemos que limitarnos a nuestras
funciones y competencias en ánimo de no alterar ese grado de justicia, imparcialidad
y equidad procesal entre las partes y que debe existir durante toda la gestión judicial.
Lo anterior conlleva un ejercicio de autolimitación por parte de los juzgadores de no
intervenir indebidamente con las partes procesales, ya sea en el foro de primera
instancia o en un tribunal de mayor jerarquía. Como un imperativo del ejercicio del
cargo judicial, el requisito de imparcialidad se impone como una prohibición que
impide que el juzgador opere como un defensor más de la persona imputada de
delito o hacia el interés del ministerio fiscal en claro menosprecio a la equidad
procesal e incline la balanza de la justicia a favor de los intereses de alguna de las
partes. Como principio de superior jerarquía, el juzgador en el sistema acusatorio no
puede convertirse en un litigante con el fin de garantizar los derechos de una parte,
bien porque su representante legal falló en defender los intereses de su cliente o para
defender la postura del Estado. En definitiva, del juzgador incurrir en esta
intromisión se alteraría el triángulo procesal característico de un sistema adversativo
y destruiría el equilibrio que debe imperar en todo modelo que se rige por los
fundamentos que hemos enunciado.

CONSIDERACIONES FINALES

Innegablemente los jueces deben velar por la implementación y el respeto de


las normas legislativas sin importar el foro en el que se encuentren. Empero, en su
función revisora y de impartir justicia, los juzgadores tienen la capacidad creadora
para definir los contornos del debido proceso, así como sus efectos y consecuencias.
La arquitectura que el juez constitucional desempeña es la que permitirá, en su
momento, el balance adecuado al que nos hemos referido desde un principio y que
todos los jueces debemos lograr mediante nuestros dictámenes.
Como una consideración de alta preeminencia, invitamos al lector a rechazar
y combatir la falsa premisa de que la adopción de un sistema penal de justicia de
índole garante constituye un esquema a favor de los delincuentes y la actividad
criminal. Nada más lejos de la realidad. La óptica y esencia de un sistema garantista
no recae en el individuo culpable de delito, se centra en el sujeto acusado que le
acompaña la presunción de inocencia; ese individuo que por alguna razón puede
verse expuesto a perder su libertad y quien requerirá del reconocimiento de derechos
fundamentales que le permitan enfrentar ese innegable y en ocasiones excesivo poder
del Estado.
La adopción de un sistema penal garante corresponde a un esquema que nos
favorece a todos, ya que supone la autolimitación de los poderes punitivos del Estado
frente a todos nosotros como individuos. Es un esquema que garantiza que la única
manera en que el Estado puede intervenir legítimamente con nuestra libertad es
mediante un proceso en el que se respete nuestra dignidad humana. Es un modelo

24
REFLEXIONES SOBRE EL DEBIDO PROCESO LEGAL

que obliga a las autoridades a ser más cuidadosas en cómo ejercer el poder, porque
el propio sistema los hace conscientes de que su incumplimiento con el proceso y con
el efectivo reconocimiento de los derechos humanos podría tener consecuencias
serias. Es un ordenamiento que como cuestión de principio no tolera que se descarten
las violaciones a nuestros derechos constitucionales y humanos como meros
tecnicismos y sin consecuencias mayores.
Cónsono con ello, los órganos judiciales y las demás instituciones
gubernamentales que intervienen en el proceso acusatorio tienen una
responsabilidad insustituible de desplegar su función en el sistema legítimamente y
en plena garantía de los principios constitucionales. La función que ejercemos todos
los cuerpos del Estado, en cada uno de nuestros poderes definidos por la
Constitución, debe servir de salvaguarda a los elementos fundamentales en que esta
se erige. Hacer valer la letra de la Ley Suprema no es solo una responsabilidad del
Poder Judicial, sino de todos los entes involucrados en el sistema de justicia criminal.
Cumplir con las garantías del debido proceso legal exige que, desde la investigación,
la acusación, el procesamiento del imputado y el correspondiente cumplimiento de
la pena, todos nos conduzcamos en virtud de los más altos y estrictos principios de
justicia y respeto a la dignidad del ser humano. Solo de esa manera se imprime
vitalidad a los principios que reinan en nuestras Cartas Magnas. Si no aceptamos y
hacemos cumplir ese mandato, la Constitución será letra muerta.

25