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República Bolivariana de Venezuela.

Iglesia Evangélica Pentecostal


Voz Que Clama en el Desierto.
Asambleas de Dios de Venezuela.

TEXTO LEMA: Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar
para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.
Tito 2:14 (NVI)

Coordinadora de EBDV:
Nelly de Ordoñez.

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Clase #1: BONDAD
Lectura bíblica: Nehemías 1 al 7:1-3.

Texto a memorizar: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” Romanos 12:21.

Hoy hablaremos acerca de un valor muy lindo, la bondad. ¿Qué es la bondad? Es la natural inclinación a
hacer lo bueno. La persona bondadosa se caracteriza por ser una persona que realiza el bien y promueve todo lo
bueno para los que se encuentran a su alrededor y lo hace con afecto, comprensión y respeto. Tener bondad es ser
amable y procurar la ayuda de otro.

Iniciaremos nuestra aventura real con un personaje judío llamado Nehemías que aunque no era rey, vivía
en un palacio y era un hombre lleno de gracia que servía al rey Artajerjes, el cual lo quería mucho y en quien
confiaba plenamente. La biblia nos narra que un día Nehemías habló con algunos amigos que habían estado
recientemente en Jerusalén. Nehemías les preguntó: “¿Cómo van las cosas? ¿Han sido reconstruidos los muros de
la ciudad como esperábamos?”. Los hombres le dijeron que el trabajo iba muy lento y que los muros de Jerusalén
todavía estaban en ruinas. Esto preocupó a Nehemías, y por varias semanas estuvo triste.

Finalmente, el rey notó la tristeza de Nehemías. “¿Qué pasa Nehemías? Preguntó él. “Su Majestad, yo
estoy triste porque mis paisanos que regresaron a Judá todavía no han hecho mucho progreso en la reconstrucción.
Me da tristeza pensar que mi bella ciudad está todavía en ruinas después de todos estos años”. El rey preguntó:
“¿Cómo puedo ayudar? Nehemías recobró ánimo y preguntó: “Señor, ¿me permites regresar a Judá y ocuparme
de que el trabajo se haga?” El rey le respondió: “Está bien, puedes ir. Sólo dime cuándo regresarás”. Y le dio cartas
a Nehemías para los gobernadores de los países por donde éste tenía que pasar, mandándoles que fueran
bondadosos con él y lo dejaran pasar con seguridad. Todos los gobernadores le dejaron viajar por su territorio,
aunque a dos de ellos –Sanbalat y Tobías – no les gustó el asunto. No querían que nadie ayudara a los israelitas a
restaurar a Judá.

Cuando Nehemías llegó a Jerusalén, sabía que enemigos como Sanbalat y Tobías no querían que
prosperara en su proyecto. Él salió a escondidas de noche e hizo una inspección secreta de las ruinas. El día
siguiente reunió a sus trabajadores y les comunicó sus planes: “Tenemos que construir los muros primero, para
mantener a nuestros enemigos fuera de la ciudad mientras hacemos otras construcciones. Vamos, ¡manos a la
obra!”

Inmediatamente se pusieron a trabajar. Todos ayudaron, aún los sacerdotes y levitas y muchas mujeres.
Pronto Sanbalat y Tobías vieron lo que estaba pasando, e hicieron comentarios crueles para tratar de desanimar a
los trabajadores: “Esos muros son tan débiles, que aún el peso de una hormiga los derrumbará” “¡Mira esos judíos
locos! ¿Cómo creen ellos que pueden construir un muro alrededor de la ciudad sin buenas piedras?” Pero la gente
continuaba trabajando. Entonces sus enemigos vieron que las palabras no eran suficientes; pensaron que tendrían
que atacar. Nehemías se enteró de su plan y dijo a sus trabajadores que anduvieran siempre armados.

Sanbalat y Tobías desistieron de atacarlos, pero desde entonces, los israelitas tenían este sistema: la mitad
de ellos estaba en guardia mientras que la otra mitad trabajaba en el muro y cada uno de ellos llevaba su espada
por si eran atacados. No haciendo caso a lo que sus enemigos dijeran o hicieran, la gente seguía trabajando. Y con
sólo cincuenta y dos días luego de haber comenzado, ¡la muralla estuvo terminada!

Esta bella historia nos muestra la bondad que tenía Nehemías, esa natural inclinación de hacer lo bueno,
lo que era correcto. Él vio un problema y se afligió. En vez de quejarse y revolcarse en la autocompasión y el
sufrimiento, actuó. Nehemías sabía que Dios quería que motivara a los judíos para que reconstruyeran los muros
de Jerusalén, por lo tanto dejó una posición de responsabilidad, dejó sus comodidades, su buena cama, buena

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comida, buena ropa y tantos privilegios que tenía en el palacio del rey y se fue hasta Jerusalén para hacer lo
correcto, ayudar a sus paisanos, a hacer lo que Dios quería que él hiciera.

¿Desde niños, podemos ser bondadosos? La respuesta es sí.

¿Cómo lo podemos demostrar?

 Haciendo compañía a nuestros abuelitos.


 Cuidando de nuestra habitación y recogiendo los juguetes.
 Ayudando a nuestros padres en la labor del hogar.
 Abriendo la puerta a un anciano.
 Cuidando y dando buenos consejos a nuestros hermanitos pequeños.
 Contribuyendo con nuestra profesora en clases.

Esto nos enseña que debemos ser personas con corazones bondadosos, dispuestos a hacer el bien, que
nuestras acciones demuestren esa inclinación de evitar el sufrimiento de otros, evitar hacer daño incluso con
nuestras palabras y siempre hacer lo correcto, lo bueno, lo que sé que a Dios le agrada. Lo mejor es ayudar,
comprender y cooperar, en lugar de agredir, arrebatar o maltratar. Debemos hacer con los demás, lo que nos
gustaría que hicieran con nosotros y determinar ser personas de las cuales Dios pueda depender para actuar por Él
en el mundo. Reflejemos que somos hijos de Dios siendo niños excepcionales, diferentes y que destaquen.

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Clase #2: INTEGRIDAD.
Lectura bíblica: 2da Crónicas 23 y 24.

Texto a memorizar: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad” Josué 24:14ª.

En la lección de hoy hablaremos de la integridad. Una persona íntegra es aquella que siempre hace lo
correcto por las razones correctas y del modo correcto. La persona íntegra actúa según sus principios y se mantiene
firme a sus promesas e ideas inclusive en situaciones que son difíciles o demandantes. Con este valor se demuestra
que la persona tiene otros valores y que los pone en práctica en su vida diaria.

Hace muchos años, en Judá, hubo una reina malvada llamada Atalía. Era tan mala que mandó a asesinar a
todos sus nietos para que el trono fuera sólo de ella. Pero uno de sus nietos había desaparecido, era un niño llamado
Joás. Su tía estaba casada con el sumo sacerdote Joiada y ellos habían escondido al niño en el templo para
protegerlo de la malvada reina.

Por seis años la impía reina Atalía gobernó Judá y todo ese tiempo Joiada y su esposa mantuvieron al
pequeño Joás escondido en el templo. Posteriormente, cuando el niño tuvo siete años, Joiada decidió que era
tiempo de revelar su secreto. Él habló con los levitas, que eran los que servían en el templo y ellos prepararon un
plan. Muy calladamente, los sacerdotes y otros líderes de Judá se reunieron en el templo. Entonces Joiada sacó a
Joás de su escondite, derramó aceite sobre la cabeza del niño y lo coronó rey. El pueblo en el templo gritó: “¡Viva
el rey!”. Las trompetas sonaron y los coros cantaron. Luego una orquesta tocó y todo el pueblo se unió en un
himno de alabanza.

El sumo sacerdote Joiada hizo una promesa delante de Dios de que él y el joven rey y todo el pueblo
también amarían y adorarían al único Dios verdadero. Todos salieron de prisa y empezaron a destruir ídolos y
altares paganos, destruyeron el templo de Baal y mataron a sus sacerdotes. Joiada puso a los levitas a cargo de la
adoración en el templo, tal como el Señor había instruido al rey David. Seguidamente, llevaron a Joás al palacio
y lo sentaron en el trono. Y el país, al fin, tuvo paz.

Debido a que Joás había sido enseñado por un sacerdote piadoso, en lugar de padres idólatras, creció
amando a Dios y deseando agradarle. Joiada continuó dándole consejos y cuando Joás fue suficientemente mayor,
el sacerdote escogió buenas esposas para él.

Durante el tiempo que Judá fue gobernada por idólatras, la mayoría del pueblo no iba al templo del Señor.
El edificio estaba descuidado y necesitaba reparación. Algunos de los hijos de la reina malvada Atalía habían
entrado y robado artículos dedicados a la adoración y los habían llevado al templo de Baal. Al rey Joás le disgustaba
ver la casa de Dios en tal condición y le preguntó a Joiada: “¿No deberíamos estar recaudando el impuesto del
templo y cuidándolo mejor?”

Él puso un cofre a la entrada del templo para que la gente echara allí su dinero. Luego mandó decir a todo
el país que cada uno debía pagar el impuesto del templo que Moisés había establecido hacía muchos años. A los
líderes y a todos los demás les gustó la idea y pronto el cofre se llenó de dinero.

Los sacerdotes lo llevaban y lo vaciaban y luego lo volvían a poner en su lugar. Vez tras vez el cofre se
llenaba con los impuestos y las dádivas del pueblo. Pronto hubo suficiente para pagar la reparación. Los
trabajadores repararon y sustituyeron todo lo que estaba dañado y lo que se habían robado. Los carpinteros y otros
artífices trabajaron duro para volver el templo a su belleza y uso original. Parte del dinero fue usado para fabricar
nuevos incensarios, cucharas y otros utensilios de los que se habían llevado al templo de Baal. Mientras Joiada
vivió, Joás y el pueblo adoraron fielmente a Dios.

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Después que Joiada murió, algunos de los líderes de Judá persuadieron a Joás a edificar altares a dioses
falsos. Poco a poco, el rey y mucha de su gente se enfriaron con el Señor y dejaron de ir al templo a adorar. Dios
estaba enojado con ellos y envió profetas para amonestarles, pero ellos no los escuchaban. Zacarías, el hijo de
Joiada, convocó a todo el pueblo para hablarles. Él dijo: “Dios pregunta por qué ustedes se están alejando de él y
desobedeciendo sus mandamientos. Si se alejan de Dios, él también los dejará”.

Piensen en las cosas buenas que Joiada hizo por Joás. Él lo cuidó cuando era un bebé y lo protegió de su
abuela impía y malvada, Atalía. Él lo hizo rey de Judá y le dio buenos consejos por muchos años. Él le enseñó a
amar a Dios y adorarlo debidamente. Pero a pesar de todo eso, Joás asesinó al hijo de Joiada, Zacarías. Al morir
Zacarías, sus últimas palabras fueron: “Que Dios te haga pagar lo que estás haciendo”.

Más tarde, un ejército sirio vino contra Judá. Conforme lo que Zacarías había profetizado, Dios no ayudó
a Judá y el ejército de Siria ganó la batalla, dejando a Joás malamente herido. Algunos de los hombres de Joás se
volvieron contra él por haber matado a Zacarías, y lo mataron mientras dormía en su cama. ¡Qué triste fin para un
rey que había comenzado tan bien!

Al principio de la lección, dijimos que una persona íntegra es aquella que siempre hace lo correcto por las
razones correctas y del modo correcto. Joás, mientras vivió su tío Joiada, el sumo sacerdote, hizo lo correcto ante
los ojos de Dios, fue íntegro y fiel en todo. Con ayuda de Joiada tomó decisiones certeras y correctas que llevaron
a años de paz en el pueblo de Judá. Pero Joiada cometió un error, enseñó a Joás a depender de él, decidía por él y
de esta forma anuló la capacidad de Joás para decidir por sí mismo al estar sólo. Es por esto que al morir el sumo
sacerdote, el rey no supo qué hacer y se dejó envolver por los malos consejos que le dieron sus ayudantes del reino,
lo que trajo como consecuencia que Dios se enojara y finalmente, el rey terminara siendo asesinado por sus propios
hombres.

Esto nos enseña que debemos mantenernos íntegros, firmes a los principios que se nos han inculcado. A
escudriñarlo todo, reteniendo lo bueno, lo correcto, lo que me beneficia, lo que me hace mejor persona, mejor hijo,
mejor hermano, mejor amigo, mejor vecino y principalmente mejor hijo de Dios; y a desechar lo que me desvía
de mis principios, lo que me desvía de mis valores y de todo lo bueno que nuestros padres nos han enseñado.

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Clase #3: BELLEZA.
Lectura bíblica: Ester 1 al 10.

Texto a memorizar: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”.
Proverbios 31:30.

El ser humano se deleita ante aquellas cosas o personas que le parecen bellas, que le son agradables o
atractivas. La belleza puede ser una característica que se encuentra en el exterior y que se aprecia en la forma,
tamaño, en la expresión, textura, color, etc. Belleza no es sólo tener una cara linda, sino la sonrisa de un niño, un
lindo paisaje, el canto de los pájaros, una vista al atardecer o amanecer, una flor fresca y radiante. Pero sobre todo
el concepto más profundo de la belleza queda expresado en una persona íntegra, honesta, organizada, humilde y
responsable.

Seguimos en nuestro recorrido por hermosos castillos y brillantes coronas con nuestra aventura real y la
enseñanza de hoy será acerca de una hermosa reina.

Durante la cautividad del pueblo de Dios en el reino persa, en un bello castillo vivía el rey Asuero con su
esposa la reina Vasti. En una ocasión, el rey Asuero celebró una gran fiesta, éste se emborrachó y mandó un
mensaje a la reina Vasti: “¡Ponte la corona real y ven aquí! Yo quiero que los hombres que están en mi fiesta vean
la hermosa reina que tengo”. La reina rehusó mostrarse a aquellos hombres borrachos y por esto fue desterrada y
destituida de su cargo. Luego se hizo un concurso de belleza entre las jóvenes del reino. La ganadora sería la nueva
reina de Asuero.

Muchas jóvenes atractivas compitieron, pero la que Asuero escogió fue una bella muchacha judía llamada
Ester. Ella y su tío Mardoqueo eran cautivos procedentes de Jerusalén, y Mardoqueo trabajaba en el palacio. Este
le dijo a Ester: “Mejor es que no le digas al rey que eres judía”. Ahora el rey estaba feliz. ¡Tenía la mujer más bella
del país como su reina!

Un día Mardoqueo descubrió un plan que había hecho para matar a Asuero. Se lo dijo a Ester, y ella dio
aviso al rey; tomaron a los traidores y los castigaron. Esto se escribió en los registros de la corte y luego se olvidó.

El oficial más poderoso del rey era Amán. Él era muy orgulloso y le gustaba que todos le hicieran
reverencia. La única persona que no le hacía reverencia era Mardoqueo. Como judío, él sabía que solamente debía
reverenciar a Dios. Naturalmente, esto puso furioso a Amán no sólo con Mardoqueo, sino con todos los judíos. Él
planeó desquitarse, engañando al rey y convenciéndolo para que emitiera un edicto en el que condenara a los judíos
a muerte. Cuando Mardoqueo se enteró de esto, se sintió muy conmovido. Como todos los demás judíos, lloró y
se enlutó por la mala noticia. Él se preguntaba qué podría hacer para salvar a su gente.

Mardoqueo le cuenta a la reina Ester acerca de la ley de Amán y le pidió que intercediera por todos los
judíos ante el rey. Ella le pidió a Mardoqueo que orara por ella y que organizara reuniones de oración en toda la
ciudad. Mientras todos los judíos estaban orando por Ester, ella preparó un plan para tratar de conseguir que su
esposo, el rey Asuero, ayudara a los judíos a salir del peligro. Invitó al rey y a Amán a un banquete. Durante la
fiesta, el rey pregunta a Ester lo que en realidad quería y le prometió cualquier cosa que ella pidiera, y ella
simplemente los invita a los dos a otro banquete al día siguiente. Amán estaba muy orgulloso de ser invitado a
comer con el rey y la reina, pero seguía sintiendo recelo hacia Mardoqueo, así que su esposa le sugirió hacer una
horca grande y pedir permiso al rey para colgar en ella a Mardoqueo y así lo hizo.

Aquella noche, antes del rey irse a dormir, encontró el registro del día que Mardoqueo había salvado su
vida y se dio cuenta de que nunca lo había recompensado por su acción; el rey le pregunta a Amán sobre la forma
correcta de recompensar a un héroe y este, pensando que se refería a él, dijo: “Oh, que lo vistan con tu ropa y le

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pongan la corona, lo monten en tu caballo y lo paseen por la ciudad, y un príncipe proclame delante de él: Así es
como el rey honra a quien es digno”. “¡Excelente, haz todas estas cosas con Mardoqueo!” dijo el rey. ¡Qué impacto
para Amán! ¿Te puedes imaginar cómo se sentía él mientras Mardoqueo recibía toda la recompensa y honor que
Amán quería para sí mismo?

El rey y Amán fueron al segundo banquete de Ester aquella noche. De nuevo el rey preguntó a Ester qué
quería y en esta ocasión respondió: “Oh rey, si te importa mi vida, por favor, sálvame y a los otros judíos que
todavía viven aquí en tu reino, porque nos van a matar”. “¿Qué dices?, exclamó el rey. “¿Quién se atrevería a
amenazar tu vida?”. “Este perverso de Amán ha ordenado que maten a todos los judíos, y yo soy una de ellos”,
respondió Ester.

El rey se puso terriblemente furioso y sentenció a Amán a morir en la horca que éste había construido para
Mardoqueo. A Ester se le fue dada la casa de Amán y el puesto de Amán como primer ministro del rey fue dado a
Mardoqueo y a todos los judíos se les garantizó protección. Debido al acto valeroso de la bella reina Ester, se salvó
una nación entera. Al ver la oportunidad que Dios le daba, ¡la aprovechó! Su vida marcó una diferencia.

La reina de nuestra historia de hoy, nos relata la biblia que era una mujer de hermosa figura y de buen
parecer, es decir, una mujer bella. La belleza es una cualidad que se cultiva. La sociedad nos ha hecho creer que
la belleza es solamente lo exterior de una persona. Contemplar lo bello es sentir la satisfacción de estar a gusto, de
sentirse bien. La belleza nos solo es algo que se ve, sino algo que se descubre. Descubrir las potencialidades de
alguien es saber lo hermoso, lo bello que es ese alguien. El trato a los demás y la forma como la persona se organiza
y organiza su entorno, es el mayor indicador de belleza. Ser bello no es ser bonito, sino ser agradable y una persona
practicante de todos los valores.

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Clase #4: LEALTAD
Lectura bíblica: 1ra Reyes 22:1-50 y 2da Crónicas 17-20

Texto a memorizar: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia; Reconócelo en
todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. Proverbios 3:5-6.

Durante mucho tiempo, el pueblo de Dios tuvo tantos reyes infieles que los llevaban a la adoración de
dioses falsos, eran reyes que mostraban deslealtad hacia Dios. Hoy nos gozaremos al oír del rey Josafat de Judá,
quien trató de agradar a Dios toda su vida, a pesar de que su padre cometió muchos errores, Josafat siguió sus
buenas acciones. Todo su pueblo lo amaba y lo respetaba. Él escogió maestros de la ley y los envió a enseñar al
pueblo cómo obedecer a Dios. Aún los paganos admiraban a Josafat y le enviaban regalos de dinero y animales.
Después de Salomón no había existido otro rey tan popular y rico. Nombró jueces honestos para castigar a los
criminales y proteger a los inocentes. Él le dijo a los jueces: “Ustedes deben velar porque se haga justicia; pues
son responsables ante Dios. Él ve todo lo que ustedes hacen”.

Josafat consintió en que su hijo se casara con la hija del rey Acab de Israel. Debido a ese matrimonio,
Josafat fue a Israel a visitar a Acab. Él estaba allí para ayudarle cuando Acab estaba en guerra con Siria. Una cosa
equivocada que Josafat hizo fue asociarse con un rey impío de Israel. Ambos formaron una compañía marítima.
Un profeta le dijo a Josafat: “Dios no quiere que tengas negocios con un rey impío. Por eso el Señor va a destruir
tu negocio”. Pronto una tormenta hizo naufragar los barcos, y así terminó la sociedad. A pesar de ese negocio
equivocado, la mayor parte del tiempo Josafat fue un rey fiel, un rey que se preocupó por agradar a Dios y mostró
lealtad hacia él.

Judá era un país pequeño con un ejército reducido, así que Josafat se preocupó mucho cuando supo que
los ejércitos de Moab, Amón y Edom se estaban uniendo para atacarlo. Lo primero que pensó, fue pedir ayuda a
Dios. Él le dijo a todo su pueblo que ayunara y orara. Muchas personas de Judá vinieron a Jerusalén y
permanecieron alrededor del templo mientras oraban. El espíritu de Dios llenó a un hombre llamado Jahaziel, el
cual dio un mensaje de Dios: “¡No se preocupen sobre ese gran ejército! La batalla no es de ustedes, sino de Dios.
Ustedes ni aún tendrán que pelear. Sólo vayan como si fueran a atacar, entonces permanezcan quietos y vean cómo
Dios los ayuda”.

La mañana siguiente Josafat sacó su ejército, con un gran coro cantando al frente un himno sobre la
misericordia de Dios. Mientras el coro de Josafat cantaba himnos de alabanza, las tropas enemigas comenzaron a
pelear entre sí. Cuando el ejército de Judá llegó al lugar, la tierra estaba cubierta con los cuerpos muertos de sus
enemigos. ¡Ellos no tuvieron que levantar un dedo para derrotarlos! Regresaron a sus casas cantando y gritando
de gozo. Una orquesta tocaba mientras entraban en Jerusalén, alabando a Dios por la gran victoria que les había
dado.

El rey Josafat mostró lealtad a Dios. Te preguntas, ¿qué significa lealtad? Es el carácter de una persona.
La lealtad expresa un sentimiento de respeto y fidelidad, compromiso, principios morales, entre otros. Lealtad no
es una acción aprendida, sino una elección propia de hacer lo correcto. Siempre que a Josafat se le presentaban
retos, se dirigía a Dios para pedir su guía y tomar las decisiones correctas. Él era leal y dependía de Dios.

En la historia de Josafat, vemos que tomó algunas decisiones erradas ya que había cosas de la vida
cotidiana que quizás él vio que no era necesario consultar a Dios y esto le trajo consecuencias. Pero como era un
rey fiel y leal, Dios siempre lo libró. Esto nos muestra un claro ejemplo de obediencia y fidelidad. Debemos tener
a Dios en cuenta para la toma de todas nuestras decisiones, sean sencillas o difíciles, así veamos que ciertas
situaciones las podemos manejar o se salgan de nuestras manos.

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¿Cómo mostramos ser leales? Podemos empezar por rodearnos de personas que nos edifiquen, personas
que nos ayuden a ser mejores. De esta forma nos mantendremos firmes y fieles a nuestros principios. La palabra
de Dios nos enseña en 1ra Corintios 15:33 “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas
costumbres”. Recuerden el dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Las amistades influyen en nuestra
forma de vivir. A veces nuestros amigos se meten en problemas y pensamos que mintiendo para ayudarlos les
estamos siendo leales y no es así, estamos siendo cómplices de esas cosas malas que les estamos encubriendo.

Hay actitudes que nos hacen desleales como:

 Criticar a los demás, haciendo hincapié en sus defectos o lo limitado de sus cualidades.
 Hablar mal y maldecir a nuestras autoridades (maestros, del presidente, gobernador, alcalde, de
nuestros padres, hermanos mayores, primos, tíos, abuelos).
 Divulgar los problemas que nuestros amigos nos han contado.
 Dejar una amistad por razones injustificadas como el modo de hablar, vestir o conducirse en
público de esa persona.
 Cobrar más del precio establecido.
 El poco esfuerzo que se pone al hacer un trabajo o terminarlo.

La lealtad es una llave que nos permite tener auténtico éxito cuando nos relacionamos. La lealtad es un
valor que no es fácil de encontrar. Es más común aquella persona que al saber que puede obtener algo de nosotros
se nos acerque y cuando dejamos de serle útil nos abandona sin más. Es frecuente ver personas que buscan a otras
porque le da más beneficios y finalmente lo que acaba ocurriendo es que nadie confía en ellas ya que andan
buscando su propio provecho.

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Clase #5: INTELIGENCIA.
Lectura bíblica: Daniel 1-9.

Texto a memorizar: “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” Job
28:28.

En esta ocasión, corresponde hablar de una virtud o una cualidad muy especial: la inteligencia. Ser
inteligente es saber elegir. Decimos que una persona es inteligente cuando es capaz de escoger la mejor opción
entre las posibilidades que se presentan a su alcance para resolver un problema.

Daniel era un muchacho que vivía en Jerusalén. Él era como muchos de los jóvenes que tú conoces. Amaba
a sus padres, era un buen estudiante y obedecía todas las cosas que sus padres le enseñaban acerca de la adoración
a Dios conforme a la ley, inclusive qué comer y beber. En ese tiempo hubo un rey muy poderoso llamado
Nabucodonosor, quien destruyó a Jerusalén y Daniel fue uno de los cautivos llevados a Babilonia. El rey escogió
algunos de los muchachos más inteligentes y fuertes de Judá para que asistieran a una escuela especial. Los
maestros los entrenaron en muchas asignaturas importantes. Después de tres años, ellos estarían preparados para
conseguir buenos trabajos en el gobierno. Daniel fue uno de los jóvenes escogidos, junto con tres de sus mejores
amigos: Sadrac, Mesac y Abed-nego.

A Nabucodonosor no le importaba en verdadero Dios. Él esperaba que los jóvenes hicieran algunas cosas
que ellos sabían eran malas. Por ejemplo, el alimento y el vino que se les daba habían sido ofrecidos a los ídolos.
Los jóvenes pidieron que los exoneraran de participar de estos. Su maestro les dijo: “Oh, yo no me atrevo a cambiar
el menú. Si ustedes se debilitan y se enferman, el rey me castigará”. Daniel respondió: “Hagamos una prueba.
Danos sólo vegetales y agua por diez días. Estaremos bien, ya lo verás”. Así se hizo, y ¿qué crees que pasó? Al
terminar los diez días, ¡eran los jóvenes más saludables en toda la escuela!

Cuando tuvieron su examen final, Daniel y sus amigos resultaron los estudiantes más sabios de todos y
Dios le dio a Daniel el don especial de interpretar los sueños. Nabucodonosor estaba muy complacido con Daniel
y sus amigos. Él les dio muy buenos trabajos e hizo a Daniel uno de sus consejeros especiales. Una noche el rey
tuvo un sueño espantoso. Cuando se despertó sabía que su sueño había sido aterrador, pero no lo recordaba. Esto
le preocupó mucho. Les pidió a todos sus magos y astrólogos que le mostrara lo que había soñado, pero estos no
pudieron. Ellos le dijeron: “Dinos qué soñaste, y nosotros te daremos la interpretación”. El rey respondió: “Oigan,
les he dicho que no puedo recordar. Díganme lo que soñé y los premiaré. Si no me lo pueden decir, ¡los mataré!”
Los sabios no pudieron hacer lo que Nabucodonosor pedía, entonces el rey ordenó matarlos.

Daniel, al saber la causa del enojo del rey, le dijo que él podía declararle su sueño y su interpretación pero
primero necesitaba tiempo para orar y pedir a sus amigos que oraran también. Aquella noche, Dios le dio la
respuesta en una visión. La mañana siguiente, Daniel le dijo al rey: “No castigues a los sabios. Solamente el gran
Dios del cielo puede revelar tu sueño y explicarlo. Él me lo ha declarado porque desea que tú sepas su mensaje”.
Así que Daniel le dijo al rey su sueño y su interpretación. El rey estaba tan agradecido que hizo a Daniel un
gobernador, con sus tres amigos como ayudantes.

De aquí en adelante, nos narra el libro de Daniel que ocurrieron ciertos acontecimientos. Por
ejemplo, el rey Nabucodonosor se puso muy orgulloso, así que hizo una estatua gigante de sí mismo y dio una
orden: “cuando ustedes oigan la banda tocar, todos tienen que adorar la estatua. Cualquiera que no lo haga será
echado dentro del horno de fuego”. Daniel estaba fuera del pueblo en negocios. Al sonar la banda, ¿qué creen que
pasó? Todos se postraron ante la estatua excepto los amigos de Daniel. Esto enfureció mucho al rey, así que mandó
a calentar siete veces más el horno e hizo meter a los amigos de Daniel allí. Pero algo sorprendente ocurrió, eran

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tres y se veían cuatro hombres en el horno de fuego y no les ocurría nada. Al salir de allí, no olían ni siquiera a
quemado, estaban intactos. ¿Impresionante, no?

El rey que vino después de Nabucodonosor, fue Belsasar. Y luego de él, el rey Darío quien pronto se dio
cuenta que Daniel era un oficial sabio y le dio uno de los trabajos más importantes. Mientras más el rey honraba a
Daniel, más furiosos y celosos se colocaban los otros gobernadores y estos buscaban la forma de meterlo en
problemas. Cuando ellos vieron que Daniel oraba, corrieron a ver al rey y le dijeron: “Oh rey, ¿no hiciste la ley de
que cualquiera que orara a otro dios fuera de ti sería echado en el foso de los leones?”. El rey respondió: “Sí, es
cierto y nadie puede cambiar una ley persa”. Entonces los hombres dijeron: “Pues bien, Daniel está desobedeciendo
tu ley. Él se arrodilla y ora a su Dios cada día”.

El rey se sintió muy mal. Él apreciaba a Daniel y nunca habría intentado castigarlo por orar al Dios de
Israel. Él trató de hallar una forma de sacar a Daniel del problema, pero sus gobernadores insistieron: “¡Tú no
puedes cambiar la ley sólo por beneficiarlo!”. Así que Daniel fue arrestado. El rey Darío le dijo: “Daniel, yo
verdaderamente creo que tu Dios te puede proteger”. Entonces los guardias lo echaron en el foso de los leones y
taparon la entrada. Toda aquella noche el rey estuvo tan preocupado por Daniel que no pudo ni dormir ni comer.
Por la mañana fue de prisa al foso y llamó: “Daniel, siervo del Dios viviente, ¿te libró tu Dios de los leones?” ¡Qué
feliz se sintió cuando oyó a Daniel contestar! “Yo estoy bien, señor. Dios envió su ángel para librarme de la boca
de los leones. ¡Ni siquiera tengo un rasguño!”.

Daniel, a pesar de ser joven, estaba firme en quién había creído. Sabía que servía al Dios Todopoderoso,
creador del cielo y la tierra. ¿Saben por qué Daniel fue grande y se ganó el respeto de los tres reyes con quienes
trabajó? Porque su grandeza radicaba en que este joven era firme en sus convicciones. Daniel y sus amigos
aprovecharon las oportunidades sin permitir que estas se aprovecharan de ellos. A pesar de todo lo que vivieron:
no adoraron la estatua de Nabucodonosor, el horno de fuego calentado siete veces más de lo habitual, el foso de
los leones. Sin embargo, su fe permaneció intacta ya que ellos sabían elegir porque eran inteligentes.

Todos somos inteligentes. Dios nos ha dotado de cualidades hermosas. Podemos pensar y razonar, pero
sobre todo, Dios nos ha dotado de una cualidad única, llamada libre albedrío, siendo esta la capacidad de elegir, y
esto es lo que debemos practicar. Recordemos que una persona inteligente es aquella capaz de escoger la mejor
opción entre todas las posibilidades que se le presentan para resolver un problema o cualquier circunstancia que
esté viviendo.

Ahora bien, ¿cómo podemos demostrar que somos inteligentes?

 Cuando se nos presente la oportunidad de mentir, no lo haremos.


 Cuando veamos algo que no es nuestro y nadie nos está viendo, no lo robaremos.
 Cuando se estén burlando de un niño o lo estén golpeando, no debo ser partícipe de eso. Más bien defender
a ese niño.
 Cuando me estén vendiendo algo robado, no comprarlo.
 No decir groserías.
 Ayudando a mi mamá en las tareas de la casa.
 Sacando buenas notas en mis clases.
 Cuando mis amiguitos me inviten a robar, a golpear y hacer cosas malas, no debo aceptar.

Dios espera que seamos niños inteligentes, que tomemos buenas decisiones y ayudemos a todas las personas
que nos necesiten. Pero sobre todo, niños apartados del mal, niños que así como Daniel y sus amigos
permanezcamos firmes y siempre tener claro que nuestra confianza está en el Señor Jesús.

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Clase #6: AMOR.
Texto a memorizar: “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE
SEÑORES” Apocalipsis 19:16

¿Te ha gustado nuestra aventura real? Has conocido reyes, reinas y personajes influyentes en reinados
poderosos, con corazones llenos de bondad, integridad, belleza, lealtad e inteligencia. Hombres y mujeres que
dieron lo mejor de sí para agradar a Dios y llevar a su pueblo a una real adoración al Señor.

Hoy culmina nuestra brillante aventura por castillos y coronas, y hablaremos sobre el Rey de reyes y Señor
de señores, JESÚS. Él, al igual que la reina Ester, el rey Joás y el rey Josafat también era de la realeza, pues José
y María, sus padres terrenales, eran de la dinastía del rey David (Mateo 1:1-17).

La biblia nos enseña que la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23) y como todos somos pecadores
estábamos separados de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Pero él quería establecer nuevamente esa relación con
la humanidad, y fue tan grande su amor que envió a su único hijo Jesús (Juan 3:16), el Rey de reyes y Señor de
señores para que a través de él tuviésemos perdón de pecados, Salvación y vida eterna.

Nuestro rey Jesús, mientras estuvo en la tierra hizo milagros maravillosos: sanó enfermos, resucitó
muertos, alimentó a una multitud con apenas 5 panes y 2 peces (Juan 6:1-14), caminó sobre las aguas y calmó los
vientos (Mateo 14:22-33), convirtió el agua en vino (Juan 2:1-12). Además, Jesús enseñaba a las personas cómo
debían conducirse acá en la tierra, cómo nacer de nuevo (Juan 3:1-15). Hizo buenos amigos, ayudaba al prójimo,
permitió que los niños se acercaran a él, entre muchas otras cosas que hizo como muestra de amor.

Seguramente habrás escuchado la historia de Jesús. Él cargó en la cruz el peso de todos nuestros pecados,
siendo inocente. Sufrió, padeció humillaciones, burlas, críticas, fue golpeado, azotado, herido, el castigo de nuestra
paz fue sobre él (Isaías 53:3-5). Pero tan grande era su amor aún por aquellos que le causaron su dolor tan
agudísimo, aquellos que lo clavaron en la cruz, lo atravesaron con una espada en su costado, se burlaron de él,
escupieron en su cara, que en medio de esta tortura inhumana él oró, “Padre, perdónalos porque no saben lo que
hacen”.

Con todo esto, Jesús murió, pero él no se quedó allí vencido y derrotado. ¡Al tercer día resucitó! Luego
subió al cielo pero no nos dejó solos. Él envió al Espíritu Santo, nuestro guía y consolador. Y, ¿saben cuánto
debemos pagar por todo lo que hizo Jesús? Nada, simplemente confesar con nuestra boca que Jesús es el Señor y
creer en nuestro corazón que Dios le levantó de los muertos (Romanos 10:9-10). Imaginen la magnitud de su amor,
que a pesar de nosotros ser culpables de pecado, él nos limpió y nos dio el nombre: Hijos de Dios (Juan 1:11-12).
Fue Jesús quien dijo, “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos." Su
propio amor, sin embargo, fue mucho más allá que esto. Él entregó su vida por sus enemigos así como por sus
amigos.

El amor humano muchas veces es condicional. Si somos lo que otros quieren que seamos y hacemos lo
que ellos quieren nos aman. Si no, continuamente nos rechazan. Afortunadamente, el amor de Dios nunca es
condicional. Nunca se basa en quien somos o lo que hacemos, bien o mal. Nos ama simplemente porque somos
parte de su hermosa creación.

El profeta Isaías resaltó cinco cualidades de Jesús (Isaías 9:6):

 Admirable.
 Consejero.
 Dios fuerte.
 Padre eterno.

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 Príncipe de paz.

Algunas cualidades que lo caracterizan como Señor y Rey de nuestras vidas es que Jesús es:

 Nuestro buen pastor, quien da su vida por sus ovejas (Juan 10:11).
 Nuestro pastor, prometiendo que nada nos faltará (Salmos 23:1).
 Jesús es la vid verdadera (Juan 15:1).
 Nuestra luz y salvación (Salmos 27:1).
 Es quien nos aumenta las fuerzas como las del búfalo (Salmos 92:10).
 El pan de vida (Juan 6:35)
 En Salmos 18:1-2 el rey David lo describe como:
- Nuestra fortaleza.
- Nuestra roca.
- Nuestro castillo.
- Nuestro libertador.
- Nuestro escudo.
- Nuestra fuente de salvación.
- Nuestro alto refugio.

¿Cómo ponemos en práctica el amor de Dios? Obedeciendo sus mandamientos y poniendo en práctica
todos los valores y principios que nuestros padres y maestros nos han enseñado (Proverbios 1:8-9). Tenemos
al Rey de todos los reyes y Señor de señores como nuestro ejemplo, ya que fue él quien demostró la mayor
prueba de amor, una historia de amor real que nos llena de alegría, pues tú y yo somos la razón por la que
Jesús mostró su maravilloso amor y quiere que seamos portadores de él, que reflejemos su gran amor con
nuestras palabras, actitudes, acciones, en nuestra manera de pensar, de tratar a nuestros padres y amigos
(Filipenses 4:8). Incluso su palabra nos enseña que debemos hacer todo con amor como para Dios.

¿Quieres que Jesús haga morada en ti? ¿Que su sangre preciosa te limpie de todo pecado para así tener un
corazón bondadoso, íntegro, bello, leal, con la capacidad de hacer todo con inteligencia y sobre todo quieres
que tu corazón sea inundado con el gran amor de Jesús? Te invito a que hagas esta oración conmigo (el maestro
realiza la oración de fe con todos los niños). (Romanos 10:9-10).

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