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Autonomía Obrera

y antagonismo

DOSSIER II

“No pretendemos tan sólo el rescate de una memoria secuestrada y


nos interesa aún menos la actividad nostálgica que concibe las
luchas autónomas de esa época como un modelo a imitar; más bien
las consideramos como fuente de inspiración adaptada a los desafíos
y exigencias del presente. En suma, no es tanto poner en marcha
una operación de recuperación de la memoria histórica sino propiciar
una intervención política sobre la memoria, esto es, indagar
en el pasado para repensar el presente.”
DOSSIER II

Índice

8 abril: Lucha Autónoma: La pluralidad de la autonomía.

• Capítulos 2 y 3 del libro: Armarse sobre las ruinas.


Historia del movimiento autónomo en Madrid (1985-1999).

10 abril: Editorial Klinamen: Lecciones de la autonomía.

• Información editorial.

10 abril: Ricard Vargas: El movimiento obrero autónomo y


anticapitalista, la experiencia política del MIL y la OLLA.

• Fuentes de información sobre el movimiento autónomo y


anticapitalista en Catalunya : MIL y “OLLA” : 1967-1976
• ¿La utopía dinamitada?
• Cronología del movimiento obrero autónomo en Catalunya:
MIL y “OLLA”
• C.I.A nº2 . Editada por el M.I.L, incluye el texto del
congreso del M.I.L, referido a la autodisolución.
• Anexo con octavillas
• Un esbozo de la historia del MIL. Sergi Rosés Cordovilla

15 abril: Lucha de clases e internacionalismo en los años


setenta-ochenta, y pase de documental: The Weather Underground
(2002). Entrevista a Joaquín Jordà (Marina Garcés)

• Breve introducción sobre la SDS/WUO y Weather Underground.


Entrevista con David Gilbert.
• Violencia política (Mario Domínguez Sánchez).
Editorial Klinamen

“El clinamen es una desviación infinitesimal, que tiene lugar no se sabe ni dónde ni cuándo ni
cómo, y que hace que un átomo se desvíe de su trayectoria predeterminada, rompiendo el
paralelismo en un punto. Esto provoca un encuentro con el átomo que está al lado y, de
encuentro en encuentro, desviaciones en cadena, un efecto carambola, y el nacimiento de un
mundo. Gracias a este elemento de espontaneidad de los átomos Epicuro, y más tarde Lucrecio,
negó el carácter determinista del Universo, introdujo un elemento de libertad, de la originaria
apertura de la vida a su deriva y creyó absurdo temer al destino.”

La Editorial Klinamen es el esqueleto y motor del proyecto Klinamen. Nació en el año 2003 para
satisfacer la necesidad de una estructura mínimamente estable de edición de material impreso
anticapitalista que desarrollara nuestro pensamiento y financiara las luchas en las que
participamos. Fue, por tanto, una decisión y una apuesta por conseguir maneras de autogestión
que se salieran del círculo lúdico concierto - fiesta desarrollando un medio que fuera a su vez una
forma de extensión de la lucha.

Apostamos por la coedición de libros con otros colectivos editoriales afines, al igual que creemos
en el apoyo mutuo por principios. No queremos grupos que se especialicen, ni profesionales de la
militancia y desde aquí les mandamos un guiño cómplice a todxs esxs compañerxs que autoeditan
textos antiautoritarios y que con su empeño y constancia siguen presentes, mano a mano frente al
sistema.

Hasta el momento hemos distribuido unas 10.000 publicaciones en el Estado español y unos 500
ejemplares fuera. Sabemos que tenemos límites, nuestra política de precios con escaso margen de
beneficio, nuestras limitaciones físicas y humanas, nuestros tiempos de dedicación, pero de todo
esto hacemos una valoración positiva de nuestra apuesta como aportación al movimiento
antiautoritario basada en el crecimiento en muchos aspectos que vivimos desde la creación del
proyecto. Desde 2004, año en que comenzó nuestra andadura como portal, las visitas de la web
triplican cada año, superando en el año 2007 el millón de visitas en un año y aumentando en 2008
medio millón más. La implicación de la gente a la hora de mandar sus textos y convocatorias ha
aumentado, lo que significa que poquito a poco vamos avanzando en todos los puntos de la
península. Año tras año recibimos la solidaridad y colaboración de muchxs compañerxs que nos
ayudan a corregir, traducir, distribuir, coeditar y coordinar publicaciones.

En la actualidad Klinamen está trabajando en diversos proyectos editoriales, apostando por la


recuperación de la memoria y contribuyendo, en la medida de nuestras posibilidades, a la
propagación del pensamiento analítico. Tenemos varios títulos que esperamos vean la luz
próximamente

Nuestra forma de funcionamiento es horizontal, siendo la asamblea el camino que hemos elegido
para sacar esto hacia delante.

Experiencias ajenas nos han demostrado que no es posible conjugar el proyecto político y la
remuneración económica: algo difícilmente puede ser negocio e instrumento de lucha a la vez. Por
eso este no es un proyecto editorial comercial, sino autónomo y libertario. Cada euro conseguido es
reinvertido en una nueva propuesta de edición o en apoyar otras luchas revolucionarias.
En estos primeros meses del 2008 estamos desarrollando una biblioteca virtual que pretende
recopilar una gran cantidad de textos, libros y publicaciones que se podrán descargar

Madrid, a febrero de 2009.

Libelos:

Células Revolucionarias, una experiencia autónoma. Rote Zora, por la autodefensa de la mujer .

La acción sometida a la critica. Algunas consideraciones viejas y nuevas sobre anarquistas,


revolucionarios y otros.

La huelga de los trabajadores de Ascon.

Resistencia antinuclear: Un acercamiento a la lucha antinuclear en la Alemania de los 80.

Plataforma de trabajadores de servicios socio-sanitarios. Una experiencia de unidad y


autoorganización de los trabajadores.

Libros:

Por la memoria anticapitalista. Reflexiones sobre la autonomía.

Historia de diez años. Esbozo para un cuadro histórico de los progresos de la alienación social
(1968-1981).

Los incontrolados. Crónicas de la España salvaje 1976-1981.

No podréis pararnos. La lucha anarquista revolucionaria en Italia.

Del tiempo en que los violentos tenían la razón. Asturias (1990-2005)


FUENTES DE INFORMACIÓN SOBRE EL MOVIMIENTO AUTÓNOMO Y ANTICAPITALISTA EN
CATALUNYA : MIL Y “OLLA” : 1967-1976

TEXTOS EN LINEA

Mayo 37 : Grupos Autónomos de Combate : MIL <http://www.mil-gac.info/> [consulta : 28


marzo 2010].

ROSÉS CORDOVILLA, Sergi. Un esbozo de la historia del MIL. <http://www.mil-


gac.info/spip.php?page=article_es&id_article=118> [consulta : 28 marzo 2010]

TEXTOS EN SOPORTE PAPEL

Amigos [Los] de Salvador y de Oriol : une histoire du MIL racontée par ses acteurs. [S.l. : s.n.],
2006.

ANDRÉS ESTELLÉS, Vicent. Puig Antich. Barcelona : Empúries, 1989.

Antologia poètica popular a la memòria de Salvador Puig Antich. Recerca, recopilació de


poemes, notes i introducció de Ricard de VARGAS-GOLARONS. Barcelona : Ateneu Enciclopèdic
Popular, 1996.

ARAU FERNÁNDEZ, Oriol. Conference de presse : donnée à Perpignan, le 30 de Mars 1974. [S.l. :
s.n.], 1974.

BARROT, Jean. Violence et solidarité révolutionnaires : les procès des communistes de Barcelone.
Paris : Editions de l'oubli, 1974 (Traducción al castellano: Violencia y solidaridad revolucionarias.
Cambo (França) : Mayo 37, [1974?]).

Calabozos : España 75. [Montpellier : Acracia], [1975].

CIA (Conspiración Internacional Anarquista), núm. 1, abril 1973.

CIA (Conspiración Internacional Anarquista), núm. 2, agosto 1973.

Comité de Solidaridad Presos MIL. Dossier MIL : del Movimiento Ibérico de Liberación a los
Grupos Autónomos de Combate y Ediciones Mayo-37. [S.l.] : el Comité, [1973].

CORTADE, André. Histoire désordonnée du MIL : Barcelone, 1967-1974. [S.l.] : l'Échappée, 2005.

DÍAZ VALCÁRCEL, José Antonio [pseudónimo: Julio Sanz Oller]. Entre el fraude y la esperanza :
las Comisiones Obreras de Barcelona. Publicació [París] : Ruedo Ibérico, 1972.

DÍAZ VALCÁRCEL, José Antonio. Luchas internas en Comisiones Obreras, Barcelona, 1964-1970 .
Barcelona [etc.] : Bruguera, 1977.

Diccionario del militante obrero. Toulouse : Nuestra Clase, [1970] [Reedición por el Ateneu
Llibertari del Besòs, 2007].

Dossier Agustín Rueda. Barcelona : Centre de Documentació Arran, [2003].

Elements d'information sur l'activité des "gangsters" de Barcelone. [S.l.] : Éditions Mai 37,
[1973].

État [L’] et la révolution : Puig Antich, Heinz Chez. [S.l.: s.n.], 1974.
FONT, Joan. La Vaga de l'Harry [sic] Walker de Barcelona : del 17-12-70 al 15-11-71. Paris : Edicions
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Gangsters ou révolutionnaires? : la verité sur les emprisonnés de Barcelone. Paris : [s.n.], 1973.
[Traducción al italiano : La guerra di classe in Spagna: 1973 : gangsters o rivoluzionari? [S.l. :
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GARAU ROLANDI, Miguel. El Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate


(MIL-GAC) : ideología e influencias. [S.l.: s.n.], 2007.

GRUPO De ACCIÓN REVOLUCIONARIA INTERNACIONALISTA. Dossier G.A.R.I. Toulouse [etc.] : Groupes


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GRUPO DE ACCIÓN REVOLUCIONARIA INTERNACIONALISTA. Rapto en Paris. [Paris : GARI, 1974?]


(Reedición en [Bilbo : Muturreko Burutazioak], [2001].

GRUPOS AUTÓNOMOS. Comunicados de la Prisión de Segovia y otros llamamientos a la guerra


social. [Bilbao] : Muturreko Burutazioak, 2000.

Harry-Walker, 2 meses de huelga, Batignolles, 5 semanas de lucha, vencerá! : a la clase obrera


de Europa : misma explotación, misma lucha. [s.l.] : Harry-Walker, 1971.

HARRY-WALKER. ASAMBLEA DE TRABAJADORES. Harry-Walker en lucha : manifiesto de la Asamblea


de Trabajadores : 45 días de huelga, 45 días de lucha... : del 17-12-70 al 30-1-71. [s.l. : s.n,], 1971.

Il y a trente ans, Salvador Puig Antich : fragments du mouvement de l'histoire. Saint-Amand-


Montrond : La Remembrance, 2005.

Inventari del Fons FP, Subsèrie Salvador Puig Antich, de la Biblioteca del Pavelló de la República
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Ja fa vint anys : exposició-col—loqui i presentació d'un llibre: "Salvador Puig Antich i el M.I.L."
Barcelona : Ateneu Enciclopèdic Popular, [1994].

Lucha [La] de los obreros de Harry-Walker. [S.l.: s.n.], 1971.

1000 [Las] y una del 1000. Barcelona : MIL-GAC , 1984.

M.I.L. [Bruxelles] : [s.n.], [1973].

Memoria [Por la] anticapitalista : reflexiones sobre la autonomía. Eibar [etc.] : Barbantxo Beltza
Banaketak [etc.], 2009 ([Hospitalet de Llobregat] : Bookprint.)

MIL [El] i Puig Antich : la tergiversació històrica continua. [Barcelona : s.n., 2006].

MIL-GAC [El] i el moviment obrer autònom a Catalunya : 1967-1975. Movimiento Ibérico de


Liberación. Dossier M.I.L. del Movimiento Ibérico de Liberación a los Grupos Autónomos de
Combate y Ediciones Mayo-37. [S.l.: s.n.], 1973.

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ROUILLAN, Jean Marc. ¡Coño! [S.l.] : Conspiración, 1975.


SALA, Antonio; DURÁN, Eduardo. Crítica de la izquierda autoritaria en Cataluña : 1967-1974.
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TAJUELO, Telesforo. El Movimiento Ibérico de Liberación, Salvador Puig Antich y los grupos de
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1977.

TÉLLEZ SOLÁ, Antonio. El MIL y Puig Antich. Barcelona : Virus, 1994 [Traducción al catalán : El
MIL i Puig Antic. Barcelona : Virus, 2006].

TOLOSA, Carlota. La Torna de la torna : Salvador Puig Antich i el MIL. Barcelona : Empúries,
1985 [reedición 1999].

TRABAJADORES DE HARRY-WALKER. Harry-Walker: 62 días de huelga. Barcelona : Trabajadores de


Harry-Walker, 1971.

UNIVERSITAT DE BARCELONA. CENTRE D'ESTUDIS HISTÒRICS INTERNACIONALS. El Fons MIL : entre el


record i la història. Catarroja ; Barcelona : Afers : Centre d'Estudis Històrics Internacionals, 2006.

VARGAS GOLARONS, Ricard de. El MIL-GAC i el moviment obrer autònom a Catalunya : 1969-1975.
[S.l.] : Ateneu Enciclopèdic Popular-C.D.H.S. Barcelona, 1975.

Verité [La] sur les emprisonnes de Barcelone : special ex-MIL. [Paris] : Espagne Libertaire,
[1974].

Vixca [sic] Catalunya lliure! [S.l] : [s.n.], [1974].

Von Militanten der ex-M.I.L. in der half verfasster text. [S.l. : s.n.], [1973?].

AUDIOVISUALES

Salvador Puig Antich [vídeo] : [un film de Manel Huerga]. [Barcelona] : Mediapro en co-
producción con Future Films, 2006.

MIL [vídeo] : historia de una familia con Historia. [Ginebra?] : [s.n.], 2006

GRABACIONES MUSICALES

BARBER, Llorenç. Puig Antich [Música impresa] : (silenci viu) : para piano solo. [Madrid] : [s.n.],
[1975].
¿LA UTOPÍA DINAMITADA?

"Muere construyendo una vida mejor. 2 de marzo de 1974"

"La humanidad será feliz el día en que el último capitalista morirá colgado de las tripas del último
burócrata"

"¡Yo no sé cómo, pero un viento de profecía corre sobre esos montes de aquí para allá; yo no sé
cuándo, pero vendrá un día en que el Pirineo reinará!
(Joan Maragall)

En los EEUU, en Europa, en las grandes potencias, el proletariado ha desaparecido. La sociedad ha


engendrado una nueva clase asalariada que crea plusvalía, acumula capital y al mismo tiempo
fruye de la plusvalía generada por millones de asalariados de los países pobres.
Una nueva clase que construye un paraíso para ella a expensas de la sangre de los pobres
explotados de África, de Asia y de América Latina.
El capital ha creado hoy un ser asalariado, insolidario, chupasangres y lo ha lanzado a un mundo
de soledad absoluta, angustiado por su condición de explotado y explotador a la vez. Tiene que
ignorar el vecino, el compañero de cadena, la humanidad.
Ritos y cadencias, globalidades, procesos, términos y palabras.
Los gestores, corroyendo las palabras, han lanzado el hombre a la soledad. Han creído que
arrancando el contenido de las palabras AMOR y LIBERTAD ya bastaba. Pero hacía falta inventar
nuevas palabras para cada proceso, para cada cadencia. En la soledad no cabe la palabra ¡AMOR!,
no hay libertad.

"Vuestro paraíso, vuestra utopía ha sido dinamitada"

Yo soy de otro barrio, de otro planeta que el vuestro.


Escucháis este joven, escucháis este lírico en el Odeón. Es mayo, es París; Los gritos se levantan
más arriba de las estériles discusiones del intelecto; es un grito surgido de vuestro soledad.
CRONOLOGÍA DEL MOVIMIENTO OBRERO AUTÓNOMO EN CATALUNYA : MIL Y “OLLA”

1967-1976

1967

Futuros miembros del MIL establecen contactos con la Juventud Comunista Revolucionaria
(grupo troskista línia Mandel, partidario del entrismo) que no fructifican.

1968

Futuros miembros del MIL establecen contactos con Raoul Vaneigem, de la Internacional
Situacionista.

Surge la revista Metal en Barcelona, con planteamientos autonomistas, con un tiraje de 5.000
ejemplares.

1969

Enero: Surgen Plataformas de las CCOO con el mensual ¿Qué hacer?

Mayo: Aparece una nueva tendencia autonomista en las CCOO, que se añade a las previamente
existente de Zonas (controlada por el Front Obrer Català) y a la mayoritaria, Coordinadora Local,
controlada por el PSUC.

Verano: Futuros miembros del MIL establecen contactos con Jean Barrot, de la librería “Vieille
Taupe”, de París.

Octubre: Aparece el Equipo Exterior (EE).

Diciembre: Desaparece ¿Qué hacer? y le sigue Nuestra clase, con la participación del EE. Se
organizan los Círculos de Formación de Cuadros.

1970

Febrero: El Equipo Teórico publica el Movimiento Obrero en Barcelona. Primer contacto entre el
Equipo Teórico (ET), el Equipo Exterior (EE) y el Equipo Obrero (EO).

Marzo: El ET entra en contacto con los Círculos de Formación de Cuadros.

Agosto: Nuestra Clase publica el Diccionario del militante obrero, redactado por obreros del
movimiento autónomo y por miembros del ET.

Octubre: El ET publica Revolución hasta el fin.

Noviembre: Los Círculos de Formación de Cuadros se disuelven.


3 de diciembre: Arranca el Proceso de Burgos a 16 acusadps de pertenecer a ETA y de la ejecución
del Melitón Manzanas, jefe de la Brigada de Investigación Social de la comisaría de San Sebastián.

15 de diciembre: Estado de excepción por 6 meses en todo el territorio español.

Diciembre-febrero 71: Huelga de Harry Walker, en la que participan los tres equipos (ET, EE y
EO). El ET publica ¿Qué vendemos? Nada. ¿Qué queremos? ¡Todo!

1971

Enero: Aparece La Europa salvaje, traducido por el ET, La lucha contra la represión, y
Proletariado y organización obrera, de Paul Cardan.

Marzo: Aparece Boicot a las elecciones Sindicales, difundido por el EE, pero firmado por “1000”.
Creación de los Grupos Obreros Autónomos (GOA).

Finales de año: El Grup d’Acció del Partit Socialista d’Alliberament [Liberación] Nacional, se
escinde para constituirse como grupo autónomo.

Diciembre: Ruptura del EE y ET con el EO.

1972

A lo largo del año: A partir del grupo autónomo inicial van surgiendo otros grupos autónomos
(GGAA) en barrios de Barcelona, Badalona, Santa Coloma de Gramenet y Terrassa.

Enero-febrero: Desarrollo de la Biblioteca del ET.

Febrero: creación del Grupos Autónomos de Combate.

1 de julio: Expropiación por el GAC de las oficinas de «Habilitación de Clases Pasivas» de


Barcelona (hasta septiembre de 1973 el GAC realiza más de 30 expropiaciones en Barcelona,
Badalona y Mataró, por un valor total de unos 24 millones de pesetas.)

Agosto: Expropiación de una imprenta en Toulouse, que servirá para la estampación de textos del
movimiento autónomo.

Verano: Primer contacto entre el “1000” y “OLLA” en una sierra de la Cerdanya en que se acuerda
intercambio de información, armamento, material y apoyo logístico.

Septiembre: Tensión en el seno de los GOA entre la tendencia anarquizante que edita El loro
indiscreto y la tendencia marxista que publica en el “Ruedo Ibérico”.

Octubre: El grupo Barnoruns, escisión de ETA-militar, comienza a colaborar con la Biblioteca del
ET.

Otoño: “OLLA” expropia tres toneladas de explosivos (megalita), más detonadores y demás
material, de una cantera de la sierra de Collserola (en el municipio de Barcelona).
21 de octubre: “OLLA” conjuntamente con el GAC expropian una sucursal de “La Caixa” en el
barrio de Gracia de Barcelona. En la acción difunden un comunicado político. (En 17
expropiaciones hasta el año 1974, “OLLA”, recupera unos 50 millones de pesetas.)

Diciembre: El ET publica Capital y trabajo. GAC expropia material de impresión, que contribuye a
la difusión de textos del movimiento autónomo.

29 de diciembre: En una expropiación en una entidad bancaria de Badalona, se difunde un


comunicado recordando la memoria del maquis anarquista Quico Sabater, con motivo del
aniversario de su muerte.

1973

A lo largo del año “OLLA” realiza operaciones de expropiación (Banca Catalana, Central de
Correos…), consolidando una infraestructura de pisos, armamento, documentación, logística…

Primer semestre: Se crean dos grupos en el seno de “OLLA”. Un grupo feminista para la discusión
de los problemática de la mujer, y otro especializado en la aportación de los audiovisuales en la
lucha anticapitalista.

Enero: Creación formal de Ediciones de Mayo 37 por parte del ET y el EE.

24 de enero: Comunicado oficial de la Policia anunciado la existencia de “un grupo armado de


tendencia comunista”.

Marzo: Minicongreso del GAC y Ediciones de Mayo 37 (“1000”) en Toulouse.

Abril: Publicación del núm. 1 de CIA (Conspiración Internacional Anarquista), portavoz del MIL-
GAC (que por primera vez aparece con estas siglas). Incluye el texto “Agitación Armada”. En la
huelga de la Térmica del Besós, la policía mata un trabajador: 2.000 obreros protagonizan una
huelga violenta, con una contundencia de clase nunca vista desde la Guerra Civil.

11 de junio: Formación del XIII Gobierno nacional de España (1973-1974), presidido por Luis
Carrero Blanco.

21 de junio: Salvador Puig-Antich se olvida una bolsa en un bar, que permite a la policía identificar
un piso, y disponer de más información sobre el MIL-GAC.

Agosto: Se inicia la publicación de Ediciones de Mayo 37. Autodisolución de MIL-GAC. Edición del
núm. 2 de CIA.

15 de septiembre: A raíz de la expropiación por MIL-GAC de “La Caixa” en Bellver de Cerdanya, la


Guardia Civil detiene a Oriol Solé-Sugranyes y a Josep Lluís Pons Llobet. En días posteriores son
detenidos varios militantes de MIL-GAC, con lo que la organización queda desarticulada.

25 de septiembre: En la detención de Salvador Puig-Antich, hay un tiroteo en el que muere un


policía.

30 de septiembre: Los GGAA crean el Comité de Solidaridad con los Presos del Ex-MIL que
publicará tres dossiers.
Octubre: Los GGAA impulsan Comités de Solidaridad con el MIL locales. Así, se irán creándose en
París, Bruselas, Ginebra, Turín, Toulouse, Perpiñán, Zúrich…

Noviembre: Ir Congreso de los GGAA, que decide potenciar aún más la solidaridad con los presos
del MIL, impulsar la consolidación de nuevos GGAA y ampliar los ámbitos de la lucha armada
contra la represión. MIL publican ¿Gánsteres o revolucionarios? y 1.000 o 10.000, escritos desde
la Prisión Modelo.

20 de diciembre: Muere el presidente de gobierno y favorito de Franco, Carrero Blanco, en un


atentado de ETA. Se inicia el Proceso 1001 en el que se juzga a 10 dirigentes del sindicato
comunista CCOO.

1974

8 de enero: En un juicio militar, Salvador Puig-Antich es condenado a dos penas capitales.

Enero: “OLLA” intenta dos veces liberar a Salvador Puig-Antich. Se multiplican las acciones de
sabotaje en Barcelona, Badalona y Mataró. Ejemplos: voladura de tres monumentos a los caídos,
ametrallamiento de la fachada de diversas comisarias, colocación de explosivos en entidades
bancarias.

19 de enero: II Congreso de los GGAA. Se pone de manifiesto la existencia de tres tendencias: la


anarcocatalanista (grupo de Mataró), la consejista (encabezada por Ignasi Solé-Sugranyes), y la
mayoritaria, influenciada por el situacionismo y el antiautoritarismo. Se esboza una estrategia en
pro de potenciar los GGAA dentro del MO.

2 de marzo: Ejecución por garrote vil del Salvador Puig Antich, militante del Movimiento Ibérico
de Liberación (MIL) junto a Georg Michael Welzel, alias Heinz Ches, un preso común. “OLLA” se
plantea asaltar la Comisaría Central de Barcelona. Voladura de un transformador eléctrico que
deja a oscuras algunos barrios de la ciudad. Acciones de sabotaje contra comisarías y entidades
financieras. Actos diversos en Barcelona, Terrassa, Girona, Tarragona, Sant Cugat del Vallès,
Cerdanyola y Sabadell. Actos de solidaridad en Madrid, Zaragoza, Valencia, Pamplona y varias
localidades de Francia, Suiza, Bélgica e Italia.

22 de marzo: Detención de 22 miembros de los GGAA en Barcelona (de los cuales, dos de “OLLA”)

7 de abril: Detención de tres miembros de “OLLA” en una estación ferroviaria de Barcelona donde
tenían que recoger minas antitanques de un tren procedente de Suiza. Caen 12 vehículos y 13 pisos
con abundancia de pertrechos militares y archivos documentales.

25 de abril: La Revolución de los Claveles. Levantamiento militar y, después, popular pro-


democrático que puso fin a la Dictadura Salazarista en Portugal.

Finales de abril: “OLLA” conjuntamente con un grupo libertario de Zurich expropia una agencia
del Banco Central del barrio barcelonés del Poble Nou.

1 de mayo: “OLLA” atenta contras comisarías y bancos en los barrios de Sant Andreu y Nou Barris
de Barcelona.
3 de mayo: 12 miembros de los GGAA se exilian circunstancialmente en Francia. El director del
Banco de Bilbao en Paris es raptado por los Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista
(GARI).

7 de Mayo: Primer comunicado de los GARI reclamando la libertad de Santiago Soler Amigó,
militante del MIL gravemente enfermo, entre otras exigencias revolucionarias.

19 de julio: Juan Carlos de Borbón asume, hasta el 2 de septiembre la jefatura del estado de forma
interina a causa de la enfermedad del dictador.

24 de julio: Creación de la Junta Democrática de España por iniciativa del PCE.

30 de octubre: Ultima detención de miembros de los GGAA (que junto con los que han ido cayendo
anteriormente suman 16).

1975

11 de junio: Creación de la Plataforma de Convergencia Democrática alrededor del PSOE.

27 de septiembre: Fusilamiento de dos militantes de ETA y tres del FRAP en medio de una fuerte
protesta internacional e interna contra el Régimen.

20 de noviembre: Muerte de Franco.

1976

6 de abril: Oriol Solé-Sugranyes, huido de la cárcel de Segovia, es abatido por la Guardia Civil a
pocos metros de la frontera francesa.
Un esbozo de la historia del MIL. Sergi Rosés Cordovilla

El MIL es un grupo prácticamente desconocido fuera de Catalunya. Cuando es evocado, lo es


siempre en términos simplistas y rodeado del mito. Este mito, que le ha sido creado a su pesar
tanto por la izquierda como por la historiografía y el periodismo oficiales, se alimenta de las
acciones armadas del grupo y especialmente del asesinato de uno de sus miembros, Salvador Puig
Antich, por el estado burgués en marzo de 1974 mediante el “garrote vil”. Pero esta mitificación
esconde, evidentemente, lo que es más interesante del MIL: las motivaciones de sus acciones, sus
aportaciones a la lucha de clases en la Barcelona de principios de los 70, su discurso político. Este
artículo no pretende ser más que una presentación general de su teoría y su práctica, con la
esperanza de contribuir a rescatar al MIL tanto del olvido como de su caricaturización.

Intentar recuperar la verdadera historia de lo que fue el Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos


Autónomos de Combate (MIL-GAC), es mucho más que hacer una crónica detallada de sus
acciones de expropiación y de la detención, proceso y asesinato de Salvador Puig Antich. Es
mostrar por qué y cómo se formó este grupo, qué propuesta política defendía y la alternativa
revolucionaria que ofrecía. Haciéndolo así, se descubre que el MIL no era un grupo anarquista o
incluso terrorista de lucha armada, catalán o no, con un mártir recuperado por el sistema, sino un
grupo con una propuesta nítidamente diferenciada de la oposición antifranquista, totalmente
original en el panorama español de la época, con fuertes raíces teóricas en corrientes
revolucionarias de matriz marxista antileninista y que se consideraba a sí mismo no como otro
grupo político más de la extrema izquierda, sino como un grupo de apoyo al movimiento obrero
del momento. De esta manera, hablar del MIL-GAC exige hablar, sobre todo, de su itinerario
político: sólo así se puede descubrir qué había detrás de este grupo de revolucionarios que han
pasado de ser considerados, durante el franquismo, como “gánsteres”, a convertirse después,
simplemente, en “alocados utópicos” o, en el mejor de los casos, en luchadores antifranquistas.
Para ello, hace falta comenzar a desmontar los mitos.

Estos mitos empezaron a fabricarse pronto, dado que el tema del MIL ha interesado desde la feroz
represión que se abatió en septiembre de 1973 sobre sus componentes, con lo que en la actualidad
contamos con un considerable dossier de publicaciones que lo han abordado. Desgraciadamente,
la gran mayoría de una manera doblemente falseadora: primero, por ocuparse no del MIL sino
prioritariamente de uno de sus componentes individuales, Puig Antich; segundo, porque el
tratamiento dado a estos trabajos se ha centrado sobre todo en los aspectos más despolitizados del
tema, buscando el aspecto más sensible (o más morboso) de la cuestión. Como resultado, sabemos
hoy mucho sobre las doce últimas horas de Salvador Puig Antich, algo sobre las expropiaciones del
MIL, y casi nada sobre la auto-organización de la clase y los grupos de apoyo.

Sí se han realizado esfuerzos serios para arrojar luz sobre el tema: centrándonos sólo en las
monografías, los libros de Telesforo Tajuelo[2] (el primer historiador en analizar seriamente la
cuestión), de “Carlota Tolosa”[3], de Antonio Téllez[4], la antología de textos del MIL realizada por
diversos colectivos libertarios barceloneses[5], y otra antología preparada por “André Cortade”[6]
(desgraciadamente no editada en España) son las realizaciones más interesantes. Pero aún en
estos casos, al lado de aciertos había serios errores de interpretación y, a pesar de la buena
voluntad de los autores, esta amalgama ha ido conformando una historia oficial que ha colaborado,
también, a la perpetuación de algunos de los mitos que rodean al MIL.

Para hacer la historia del MIL hace falta enmarcar a este grupo en el contexto no sencillamente de
la España del tardofranquismo, sino específicamente en el del movimiento obrero del área de
Barcelona y dentro de todo un proceso de clarificación teórica, política y organizativa de éste. El
grupo no fue la invención más o menos exótica de un grupo de jóvenes, ya que sus orígenes están
íntimamente ligados con la aparición, en la Barcelona de finales de los años 60, de un movimiento
obrero que está rompiendo con las organizaciones de la izquierda e iniciando una marcha hacia la
configuración de una autonomía obrera, mediante una tendencia surgida en las las Comisiones
Obreras[7] que se llamaba Plataformas de CC.OO.

Resumiendo mucho todo el proceso, se puede considerar 1970 como el año clave en el itinerario
que llevará a la constitución del MIL, que se forma “oficialmente” en Enero de 1971. El grupo se
crea básicamente a instancias de Oriol Solé Sugranyes; este revolucionario, ex-militante del
PSUC[8] y después del PCE(i)[9], rompe con el estalinismo y evoluciona hacia la autonomía obrera
al contactar con Plataformas. Exiliado en Toulouse, consigue unir dos núcleos de personas en
torno a un proyecto consistente en la creación de grupos de acción que apoyen las luchas de la
clase obrera: por un lado, jóvenes tolosanos provenientes de medios libertarios y dispuestos a
pasar a la acción (entre ellos, Jean-Marc Rouillan), y por el otro, en Barcelona, otros jóvenes
provenientes de un grupo marxista heterodoxo, Acción Comunista. Este segundo núcleo está
formado por uno de los hermanos de Oriol Solé Sugranyes, Ignasi, y Santi Soler Amigó, que buscan
seriamente una salida al marasmo grupuscular que existe en aquel momento y que ven el inicio de
un nuevo movimiento obrero en las Plataformas de CC.OO. y en su posterior debate en pro de la
constitución de la “Organización de Clase”, una organización unitaria que superase el
encuadramiento tradicional de partidos y sindicatos. Buscando incidir en este debate, elaboran el
primer gran texto de lo que se podría denominar “pre-MIL”, titulado El movimiento obrero en
Barcelona. A todas estas personas se añadirán muy poco después otros compañeros.

Este nuevo grupo no pretende ser la vanguardia de la revolución ni el germen de ningún partido, y
es consciente de que son elementos “exteriores” a la clase: por ello no quieren dirigirla sino ser un
“apoyo”, porque piensan que la clase misma es la que se tiene que auto-organizar, sin tener que
esperar a nadie que se lo diga desde fuera. Ésta es una nueva concepción dentro del panorama de
la izquierda en España, ya que rompe con el modelo formalmente leninista de toda la izquierda
marxista. Esta nueva concepción enlaza directamente con las vías marxistas revolucionarias que
desde los años 20 se habían opuesto a la III Internacional y que se transformarían en las corrientes
consejistas; a ella se añadirá también la influencia del bordiguismo y del situacionismo. Es
innegable que las inspiraciones teóricas de MIL se encuentran aquí, y no en el anarquismo, como
tanto se ha repetido y se continúa repitiendo. Y en este devenir teórico del grupo, en el que el
personaje clave es Santi Soler, aparece otro de los factores importantes pero a la vez más ignorados
en la historia de esta experiencia. Éste es el papel de clarificación y orientación teórica que
tuvieron respecto al MIL los miembros del grupo informal que se reunía en la librería La Vieille
taupe, en París. Esta librería no fue sólo la fuente más importante de donde provenían los textos
teóricos que influenciaron al MIL, sino que sus miembros, especialmente Pierre Guillaume y sobre
todo Jean Barrot se convertirán en los principales interlocutores con quienes discutir las
cuestiones teóricas. Barrot establecerá una notable relación con Santi Soler y será una influencia
constante en las cuestiones teóricas, incluso jugando un papel durante la autodisolución del grupo
en 1973.

La intervención del MIL para “apoyar” las luchas del movimiento obrero se hará básicamente con
dos proyectos paralelos. El primer proyecto son las acciones armadas –teorizadas como “agitación
armada”, en contraposición a la “lucha armada”-, que tienen un triple sentido: 1) luchar contra la
represión[10], 2) auto-financiarse y, si se puede, financiar las luchas de la clase, y finalmente, 3)
mostrar al movimiento obrero que el nivel de violencia que se puede ejercer contra el estado
burgués es más grande de lo que es percibido subjetivamente por los trabajadores. La decisión de
utilizar la violencia no es una elucubración más o menos iluminada de este grupo, sino que se
enmarca en todo un debate sobre la violencia obrera que se dio en estos años dentro de todo el
movimiento obrero autónomo y que llevará, por ejemplo, a la constitución de algún grupo de
autodefensa obrera. El segundo proyecto es la difusión masiva de literatura revolucionaria
anticapitalista –básicamente marxista- en el proyecto llamado “biblioteca socialista” y que tomará
cuerpo finalmente con la creación de unas ediciones más adelante, en 1973, llamadas
significativamente “Ediciones Mayo 37”[11], reivindicando la última insurrección proletaria que
cierra el ciclo revolucionario de 1917 a 1937. El MIL era consciente de que estos dos proyectos
tenían que estar unidos al movimiento obrero autónomo, por lo que hacía falta establecer fuertes
lazos con las Plataformas. Se realizó entonces un serio estudio teórico-político que fundamentase
la crítica al leninismo e hiciera difusión del marxismo heterodoxo, titulado Revolución hasta el fin,
que fue el texto teórico más importante del MIL y que se escribió básicamente porque tenía que
servir para clarificar posiciones y ayudar en el debate político con los miembros de Plataformas.
Pero finalmente este intento de discusión con la dirección de las Plataformas fracasó y estos
dirigentes obreros crearon los Grupos Obreros Autónomos (GOA). No obstante, parte de las bases
de Plataformas sí que continuaron esta relación y finalmente se consiguió una participación real de
trabajadores en el proyecto de biblioteca y en su distribución, que harán circular miles de
ejemplares de estos folletos, a la vez que el MIL ayudará en la infraestructura y en la impresión de
materiales de estos grupos de obreros, como por ejemplo en el caso del Boletín de los obreros de
Bultaco[12] o en la donación de diversa maquinaria de impresión.

Hacia la segunda mitad de 1972, el MIL decide pasar seriamente a la acción, firmando sus acciones
como MIL-GAC (Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate)[13]. A pesar
de que Oriol Solé está en estos momentos en la cárcel en Francia, el grupo crece (entra en esta
época, entre otros, Puig Antich) y las acciones armadas –básicamente atracos a bancos y también
“recuperaciones de material” (material de impresión, documentación…)- se disparan, posibilitando
el fortalecimiento de la infraestructura, además de contactos con otros grupos en diversos lugares
y el cercano paso al establecimiento de las ediciones, una vez robada una imprenta en Toulouse,
operación que hizo falta hacer dos veces.

Pero las contradicciones y tensiones que se acumularon a lo largo de este período de más intensa
acción armada llevaron a una crisis entre los integrantes de los dos proyectos –básicamente en
torno a Rouillan por un lado y de Santi Soler por el otro- durante la primavera de 1973. Esta crisis
comportó también la expulsión del grupo de Ignasi Solé, a la vez que el papel de Puig Antich creció
al conseguir salvar la unidad del grupo en este momento. Pero a pesar de este compromiso, la
crisis se arrastró hasta el verano, momento en el que se decidió hacer un congreso haciéndolo
coincidir con la liberación de Oriol Solé de la cárcel, y de común acuerdo disolver el MIL para
facilitar las actuaciones separadas de la agitación armada y de las ediciones. Esta decisión no fue,
de hecho, ningún replanteamiento de la política que había llevado el MIL hasta entonces, sino
simplemente la separación de los dos proyectos para poder funcionar mejor, dejando de estar
unificados en un mismo grupo llamado MIL. Lo que pasó, sin embargo, es que un mes después de
adoptada esta decisión la represión se abatió sobre el grupo, yendo la mayoría a la cárcel e
impidiendo continuar lo que se había decidido en el congreso de autodisolución.

Este es el resumen histórico de la experiencia del MIL, en la que lo que sobresale no son los
aspectos mediáticos, que son los que han estado valorados en la mayoría de estudios, casi siempre
artículos, sobre el tema, sino los aspectos políticos. Y esto es así porque lo que en realidad
caracteriza al MIL-GAC, lo que lo diferencia de las formaciones políticas de la izquierda y lo
convierten en algo original, es su pensamiento político.
Otros grupos, desde el nacionalismo hasta el anarquismo pasando por el estalinismo y
puntualmente por algún grupo que se reclamaba del trotskismo, habían practicado las acciones
armadas, ya fuera para dirigir la insurrección armada, intentar crear una lucha guerrillera, hacer
campañas de sabotaje contra el régimen o sólo como expropiaciones puntuales para conseguir
dinero o material. El fenómeno tampoco era exclusivo de España ni de aquel momento histórico:
los anarquistas españoles en los años 20, los bolcheviques a principios del siglo XX, prácticamente
cualquier movimiento revolucionario había hecho uso de acciones violentas armadas en algún
momento, como medio de supervivencia o por necesidades tácticas.

Así pues, es sólo la teoría de este grupo la que surge como lo realmente novedoso en España. En el
aspecto organizativo, nunca en este país había existido ninguna organización a la izquierda de la
tradición trotskista, con la que entroncaba el Fomento Obrero Revolucionario dirigido por Munis.
En el de la teoría, a parte de algunos pocos artículos, el único libro de Pannekoek aparecido hasta
aquel momento en España había sido un pequeño folleto editado por el POUM en 1937; de Otto
Rühle sólo se han editado hasta el momento sus escritos sobre pedagogía y sobre la crisis; lo más
accesible de Gorter había sido editado en México en 1971; y Karl Korsch y Paul Mattick tendrían
sus primeras ediciones españolas de 1973 a 1975. Y en este panorama totalmente ignorante de toda
la tradición comunista a la izquierda del trotskismo aparece un grupo que llega al descubrimiento
de que las vías del comunismo revolucionario no se acababan en las tradiciones de la III
Internacional, y que hace suyas muchas de las concepciones consejistas de la revolución,
fundamentalmente en el rechazo al partido de vanguardia leninista y a los sindicatos, en la
oposición al capital, tanto el privado como el considerado de estado, y en la preparación de la
revolución socialista mediante la auto-organización y los consejos obreros, aunque es cierto que
este “consejismo” tiene características propias.

Dos son los factores principales que lo diferencian del consejismo “clásico”. En primer lugar, es un
consejismo tamizado por la influencia de Jean Barrot y en general de los participantes en La Vieille
taupe, aunque esta influencia no quiere decir acuerdo absoluto. Es gracias a las discusiones con
este núcleo parisiense que se abandonan viejas concepciones y que se descubren otras experiencias
históricas del movimiento obrero revolucionario. También hay diferencias, notablemente sobre la
cuestión armada y la organizativa. En este último punto, el MIL rechazará el papel que el núcleo de
París aún otorga al partido revolucionario y llegará, más allá de la “Organización de Clase”
propuesta por el movimiento autónomo barcelonés organizado en las Plataformas de CC.OO., a la
proclamación de que la tarea de “la organización es la organización de tareas”, es decir, a estar en
contra de organizaciones estructuradas y a abogar por grupos de afinidad. Existe por tanto un
constante hilo conductor en la historia del MIL que lleva de la crítica al “grupusculismo” hecha en
1969 en El movimiento obrero en Barcelona hasta el rechazo a toda organización estructurada en
1973, hecho que ayuda a comprender el por qué de la autodisolución.

El segundo factor característico de este consejismo es el que hace referencia a la práctica


revolucionaria con utilización de la violencia. El uso de ésta será el componente más alejado de la
práctica tradicional de los grupos consejistas, ya que ningún grupo que se haya reclamado del
consejismo ha estado involucrado en acciones armadas, y sólo algún individuo aislado con
relaciones con estos grupos, como Marinus van der Lubbe, la ha utilizado. A nivel teórico, el MIL-
GAC busca un equilibrio entre el rechazo a la “lucha armada” (tal como la practican en ese mismo
momento la RAF o las BR, por ejemplo) y la práctica real de la violencia armada, teorizando
entonces sobre la “agitación armada”, es decir, la necesidad de multiplicar acciones realizadas por
diferentes “grupos de apoyo” (de los cuales el MIL-GAC sólo sería uno entre más) a las luchas de la
clase obrera, y que servirían además para mostrar que las luchas, que interpretaban que pasaban
de defensivas a ofensivas, podían convertirse en la insurrección revolucionaria. Pero la propia
práctica de expropiaciones hará pervertir esta concepción, porque los atracos se irán convirtiendo
principalmente de una fuente de subvención de otras actividades (principalmente la editorial), en
una fuente de supervivencia, para acabar generando su propia justificación teórica dentro de un
sector del grupo en base a que hacía falta “unir teoría y práctica”. Es en este momento cuando
algunas personas, tanto dentro del grupo como de los núcleos relacionados, darán la voz de alarma
y comenzará el intento de reorientación que, fracasado, sólo dejará la vía de la auto-disolución.

Pero más determinante para llegar a esta decisión fue la contradicción flagrante entre lo que se
había iniciado en 1969, fundamentalmente, el rechazo a la grupusculización, y lo que en realidad
era el MIL-GAC en 1973: un grupo de revolucionarios profesionales y especializados. En el MIL
existieron siempre las dos líneas que ya han sido mencionadas, que se definen más que por la
teoría, por tener dos concepciones diferentes de la acción revolucionaria y de cómo organizarse
para llevarla a cabo. Durante un tiempo se consiguió la convivencia, pero ésta se rompió cuando el
factor armado tomó la preeminencia en la vida del grupo. La comprensión del sector encargado de
las ediciones de la existencia y prolongación de esta contradicción, y el interés del sector armado
de poder hacer uso de una autonomía total respecto a todas sus actuaciones, convergieron en la
misma solución: la auto-disolución, aceptada sin mucha oposición ni dramatismo. En realidad, la
razón de la auto-disolución no estuvo ni en las diferencias personales, aunque éstas pudieran
existir, ni por la dicotomía marxismo-anarquismo, ya que la teoría del grupo como tal siempre fue
marxista. La razón última fue la organizativa, porque con o sin auto-disolución, la práctica de cada
sector seguiría siendo fundamentalmente la misma: la palabra o el acto, pero bien realizados bajo
unas siglas comunes o bien sin ninguna relación organizativa. Los miembros del MIL no ponían en
cuestión sus concepciones y su práctica anterior, sino cómo organizarse para realizarlas[14].

Sin embargo, también es cierto que toda auto-disolución significa un fracaso. En el caso del MIL-
GAC, el fracaso es doble: no sólo el grupo no pudo superar sus contradicciones y tuvo que
desaparecer, sino que la vía abierta en el año 1969 con el rechazo del vanguardismo y el
descubrimiento del comunismo de los consejos no tuvo continuidad. La represión que comenzó en
septiembre de 1973 rompió toda posibilidad de continuación de una política consejista
diferenciada del leninismo y del anarquismo. Sólo un año y medio después muchas de estas
personas, no sólo del MIL-GAC sino también de los GOA y de los restos de Plataformas, acabarán
incluso colaborando en el proceso que llevará a la refundación de la CNT, es decir, de otra opción
política, aunque hacia 1979 la mayoría se habrán ido o habrán sido expulsadas de la organización
anarco-sindicalista. Por su parte, algunos miembros del sector armado que pudieron escapar
continuaron la actividad armada en diferentes grupos, participando finalmente en la constitución
de Action directe: a día de hoy Jean-Marc Rouillan continua preso a perpetuidad desde febrero de
1987 en prisiones francesas por actividades relacionadas con este grupo, como otros de sus
compañeros[15].

En este fracaso, sin duda el factor más importante fue la imposibilidad de poder desarrollar
ampliamente su propuesta política, por lo que el MIL-GAC fue ciertamente marginal. Sus
contactos innegables con el movimiento obrero, que explican su origen y desarrollo, son
demasiado débiles en el momento de crecimiento, ya que el vínculo definitivo con elementos de
Plataformas de cara a un trabajo conjunto estable se consigue en 1972, es decir, en un momento en
que éstas empiezan su declive, con lo que el gran magma autónomo de 1969-1970 es en 1972-1973
mucho más reducido. Además, el MIL-GAC no pudo disponer de un aparato editorial serio hasta
muy poco antes de su caída, y los folletos de las Ediciones Mayo 37 verán la luz cuando la mayoría
de los componentes del MIL-GAC estén en la cárcel y el resto en el exilio -además de uno muerto-,
impidiendo por tannto una recuperación política de esa difusión.

Su propuesta quedó así aislada dentro de una izquierda clandestina donde los modelos
imperantes, en razón de esa clandestinidad, eran los que se habían mantenido desde la guerra. De
un lado, un modelo predominante, formalmente marxista-leninista, y del otro, el papel de
oposición a éste, reservado a un movimiento anarcosindicalista que resurgía. Sin las posibilidades
de trabajo a través de las ediciones, la propuesta por la auto-organización de la clase hecha por el
MIL quedaba totalmente ignorada, cuando no manipulada. Para la izquierda “marxista”, el
tildarlos de ”anarquistas” significaba evitar que se conociera un modelo marxista revolucionario
alternativo que iba más allá del modelo de partido y enfatizaba la propia iniciativa de la clase; para
el anarquismo, después de ignorar totalmente esta experiencia mientras estuvo viva, quedaba la
oportunidad de recuperar sus frutos políticos a posteriori, una vez que la brutal represión
franquista les ofrecía la posibilidad de obtener uno, o dos, nuevos mártires: Salvador Puig Antich y
Oriol SoléSugranyes[16]. Surgía así la invención del grupo “anarquista” llamado MIL y se olvidaba
soberanamente la posición inequívocamente comunista de los miembros del ex-MIL elaborada en
octubre de 1973 en la cárcel Modelo de Barcelona, que acababa con la proclama “¡Ni mártires, ni
juicios, ni cárceles, ni salarios! ¡Viva el comunismo!”.

Pero a pesar de no haber conseguido abrir una vía fecunda en el desarrollo de la lucha de clases, el
MIL-GAC representa, con todo, una de las experiencias más importantes dentro del panorama
revolucionario español. Es por esto que Telesforo Tajuelo, uno de los pocos historiadores en
estudiar este fenómeno, mayoritariamente tratado por periodistas, y uno de los escasos en
analizarlo políticamente, señaló que “el MIL ha sido el grupo más radical del movimiento obrero
español después de la guerra civil”. En todo caso, sí es cierto que representó una de las contadas
formaciones auténticamente revolucionarias del panorama político del momento. Decimos
“auténticamente revolucionarias” porque el MIL nunca fue “anti-franquista”, su objetivo no fue
nunca derribar al franquismo y conseguir un régimen democrático más o menos avanzado, una
democracia más o menos participativa, sino, enlazando de lleno con la tradición marxista
revolucionaria, luchar directamente contra el estado burgués, contra el capital, por la
independencia de clase que, mediante la auto-organización, acabara con el trabajo asalariado y la
división de la sociedad en clases: en definitiva, ni más ni menos que la auto-emancipación del
proletariado. Reconocer que ésta fue su lucha y librarla de todas las mistificaciones que ha sufrido
servirá para restaurar la verdad histórica que muestra, por un lado, que los integrantes del MIL no
fueron ni “alocados” ni tampoco “pobres chicos”, sino revolucionarios anticapitalistas y, por el
otro, que dado que su lucha no fue anti-franquista sino anti-capitalista, las tareas por las que
lucharon siguen inconclusas.

Sergi Rosés

[1] Sergi Rosés Cordovilla, autor de El MIL: una historia política. Barcelona Alikornio, 2002.
Pedidos a Alikornio ediciones - e.mail: alikornio@eresmas.net - web en: www.alikornio.com
[2] TAJUELO, Telesforo. El Movimiento Ibérico de Liberación, Salvador Puig Antich y los grupos
de Acción Revolucionaria Internacionalista: teoría y práctica, 1969-1976. París: Ruedo Ibérico,
1977.
[3] “TOLOSA, Carlota”. La torna de la torna: Salvador Puig Antich i el MIL. Pròleg de Ramon
Barnils. Barcelona: Empúries, 1999 (1ª ed. en 1985).
[4] TÉLLEZ SOLÁ, Antonio. El MIL y Puig Antich. Barcelona: Virus, 1994.
[5] Las 1000 y una del 1000. Barcelona: Ateneus Llibertaris del Barcelonès; Colectivo Autónomo
de Trabajadores S/O del Besòs; Dones Vipera Aspis, 1984.
[6] “CORTADE, André”. Le 1000: histoire désordonnée du MIL, Barcelone 1967-1974. Paris:
Dérive 17, 1985.
[7] Las primeras Comisiones Obreras (CC.OO.) nacen durante las huelgas de los mineros
asturianos de 1962, extendiéndose durante la década de los 60 a todo el movimiento obrero de
España. Después de varias luchas fraccionales, el PCE logrará hacerse con su control a finales de
los 60, convirtiéndose en su sindicato.
[8] El partido comunista oficial en Catalunya, “hermanado” con el PCE.
[9] Partido Comunista de España (internacional): escisión estalinista del PSUC.
[10] Los últimos años del franquismo, al contrario de lo que afirman ciertos discursos históricos y
políticos, fueron años de una especial y dura represión política y social, con muertos no sólo en
enfrentamientos armados o en fusilamientos o agarrotamientos –como Puig Antich y los fusilados
del FRAP y de ETA de 1975-, sino también en el curso de huelgas y manifestaciones, como los
obreros muertos en las huelgas de la SEAT y de la Térmica del Besòs, en Barcelona, los de El
Ferrol, Granada, etc.; en estos años será común trasladar los conflictos laborales a la jurisdicción
militar, juzgándose en consejos de guerra.
[11] Se editarán folletos de Balazs, Barrot, Baynac, Berneri, Canne-Meijer, Ciliga, la Internacional
Situacionista, Pannekoek, Révolution internationale…
[12] Bultaco era una de las fábrica de motocicletas más importantes de España.
[13] El nombre “Movimiento Ibérico de Liberación” es en realidad una adaptación de la cifra 1000
(“mil”), cifra con la que se firmó el primer folleto del grupo y que no tenía ningún significado
específico; si acaso, la voluntad de ser muchos. El añadido de “GAC” daba contenido político al
nombre de la organización, al designar dos parámetros claves: autonomía y acción.
[14] El análisis y crítica realizado en 1974 por Barrot respecto al MIL continúa siendo uno de los
más lúcidos y el primero en señalar cómo la autodisolución “era más una medida organizacional
que un cambio de práctica” (Violence et solidarité révolutionnaires: les procès des communistes
de Barcelone. Paris: Éd. de l’Oubli, 1974; hay edición en castellano hecha por las propias Ediciones
Mayo 37: Violencia y solidaridad revolucionarias).
[15] Encarcelado durante años en condiciones durísimas en prisiones de máxima seguridad,
Rouillan ha continuado luchando por sus derechos, realizando varias huelgas de hambre. En la de
diciembre del 2000 a enero del 2001 consiguió su traslado de la cárcel de máxima seguridad en
Lannemezan a la de Arles; sus experiencias de la vida en prisión las ha reflejado en Je hais les
matins (Paris: Denoël, 2001), donde también evoca momentos de su experiencia en el MIL.
[16] Salvador Puig Antich fue detenido y herido en un tiroteo con la Policía en septiembre de 1973,
condenado a muerte por la muerte de un policía en esa detención y asesinado legalmente por el
garrote vil en marzo de 1974. Oriol Solé Sugranyes había sido detenido diez días antes que Puig
Antich, tras un atraco fallido y fue condenado a 48 años de prisión en 1974; fugado de la cárcel en
abril de 1976 en la famosa “fuga de Segovia” preparada por ETA (p-m), fue muerto al día siguiente
por la Guardia Civil en los montes navarros, cerca de la frontera.
The Weatherman

Los Weatherman o coloquialmente conocidos como The Weather Underground fueron una
organización de izquierda radical de Estados Unidos que actuó desde 1969 hasta la mitad de los
años setenta. Se crearon a partir de una facción de la Students for a Democratic Society (SDS), que
era una organización nacional de estudiantes de la New Left antiimperialista (y en menor grado de
la "Old Right" aislacionista) alineada con los movimientos de derechos civiles y de los movimientos
pacifistas contra la Guerra de Vietnam. The Weathermen toman su nombre de la letra de Bob
Dylan: "You don´t have to be a weatherman to know wich side the wind blows" [no tienes que ser
un meteorólogo para saber de que lado sopla el viento], cuyo mensaje es implícito: los vientos del
cambio, la revolución.

The Weathermen surgen tras el convencimiento de que las protestas pacíficas ya no estaban
sirviendo para nada. La SDS estaba fracturada y con una dirigencia débil, cuando los líderes de
The weathermen proclamaron su protesta y se llevaron gran porción de la militancia de izquierda
de aquel momento. Las primeras acciones consistieron en movimientos de calle violentos, donde
se dejaba claro que la calle les pertenecía a todos y no a los lugares que la policía permitiera. El
lema de The Weathermen era "bring the war home", [trae la guerra a casa], lo cual tenía un doble
sentido, muy explícito: Hacer público las atrocidades de la guerra de Vietnam y literalmente, crear
guerra y caos en las calles hasta que dicha atrocidad terminara. Colocaron varias bombas en
edificios de Estados Unidos, pero en ninguna de sus acciones murió nadie debido a que miembros
de la organización avisaban a las personas para evacuar el edificio que iba a ser destruido. Se
alineaban principalmente dentro del marxismo y del antimperialismo, con especial énfasis en la
solidaridad con el movimiento de liberación negra. En su ataques más espectaculares lograron
colocar bombas en edificios como el capitolio de Estados Unidos, en Washington D. C., el edificio
del Pentágono y el edificio Harry S. Truman del Departamento de Estado estadounidense.
También realizaron varias asaltos a bancos, atacaron estaciones de policía y edificios judiciales.
Adquirieron notoriedad por sacar de prisión al gurú de la psicodelia Timothy Leary, el "acid-gurú"
del LSD,pagados por el colectivo hippie The Brotherhood of Eternal Love en 1970. Pronto empezó
el dilema. Aun cuando trabajaban paralelamente y codo con codo, una gran fracción de las
Panteras Negras negaron su relación con The Weathermen e incluso calificaron de infantil sus
acciones violentas. The Weathermen, sin embargo, siguieron con ideales parecidos a las Panteras
Negras, con las infinitas ganas de lograr un movimiento blanco radical pacifista de fuerte
tendencia izquierda. Les llevo algunos años darse cuenta de que las acciones violentas sin
planificación podrían atentar contra inocentes y perfeccionaron su estrategia.

The Weathermen empezaron a planificar el bombardeo de objetivos simbólicos en respuesta a


cada atropello del gobierno norteamericano, con la premisa de no hacer daño humano alguno. Mas
de 15 bombas en diferentes locaciones, como el edificio del Capitolio, lo cual activó la necesidad al
FBI de crear una comisión específica para capturarlos. Sin embargo, el FBI estuvo muy lejos de
cumplir su objetivo. Los miembros de The Weathermen, pasaron a la clandestinidad y pasaron a
llamarse The Weather Underground, y siguieron ejecutando las mismas acciones.

En su mayor parte, el grupo se desintegró después del fin de la Guerra de Vietnam y la conquista
de todo Vietnam por el Vietcong. Algunos miembros quisieron seguir la lucha armada y
colaboraron con la Black Liberation Army, una guerrilla afro-estadounidense.

The Weather Underground


Una película de Sam Green/Bill Siegel (2003)

Sinopsis: Los propios protagonistas cuentan la historia, explicando el por qué un movimiento
estudiantil inicialmente pacífico, que protestaba en contra de la guerra de Vietnam, se convirtió en
un grupo armado que llevó a cabo numerosos atentados desde finales de los 60 hasta un poco
entrados los 70s, en contra de diversas atrocidades de EEUU ocurridas en la época.

El documental presenta muchas imágenes históricas [sobre todo de Vietnam, incluyendo The
Saigon Execution y Kim Phuc abrasada por el napalm] y reseñas del contexto mundial [el Mayo
Francés, la guerra de Angola y revueltas en otros países de África, la lucha de los negros en EEUU,
el Golpe a Allende, entre otros].

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SDS/WUO (Estudiantes por una Sociedad Democrática y la Organización Weather


Underground)

David Gilbert
Introducción

Estudiamos el pasado para sacar lecciones que nos ayuden a liberar el futuro. Los jóvenes
activistas de hoy en día deben de ser elogiados por mostrar mucho más interés en aprender de
movimientos anteriores que mi generación de los años 60. Aun así, quiero alertaros de dos errores
característicos que se dan en tales estudios.

1 - Al mirar con atención a las revoluciones victoriosas de otros países, aplicamos lecciones
mecánicamente a partir de niveles más avanzados a nuestro propio estado embrionario.

2 - Al examinar las antiguas luchas de los Estados Unidos, vemos los errores sobre todo como el
resultado de ideas erróneas en la mente de los líderes del momento. Implícitamente, de esta
manera nos congratularíamos por ser personas sobresalientes que, naturalmente, hubiesen tenido
más principios y hubiesen sido más inteligentes. Esta manera de enfocarlo subestima las fuerzas
materiales –al igual que la profunda supremacía blanca o los poderes represivos del Estado - lo
que provocara repetir los mismos errores.

Esta breve historia de dos partes no es minuciosa ni definitiva. Esta escrita por un participante de
la misma y un guerrillero, con el objetivo de contribuir a las luchas de hoy en día.

Estudiantes por una Sociedad Democrática

Durante la década de 1960 los Estados Unidos estaban siendo agitados con extensas y tumultuosas
protestas. SDS era la organización en el corazón del movimiento radical entre la que se
encontraban predominantemente los estudiantes universitarios blancos. Arrastró una especial
vitalidad de su estrecha relación con el Comité de Coordinación de Estudiantes No Violentos
(SNCC, Student Nonviolent Coordinating Committee), el principal grupo militante de los derechos
humanos de la juventud negra que estaba haciendo la mayor parte del trabajo de campo en el Sur.
SDS también se convirtió en una de las cabezas más visibles de lo que acabaría siendo un
movimiento masivo contra la guerra en Vietnam organizando la primera manifestación nacional el
17 de Abril de 1965. Por aquel entonces, era insólito cuestionar la “política exterior” de “nuestro”
gobierno, así que solamente por hacer un llamamiento con ese motivo ya se trataba de una
protesta radical, y que acudieran 20,000 personas fue bastante impresionante. El trabajo para esa
manifestación también condujo a una ruptura definida por parte de una de las organizaciones
padre del SDS, la Liga por una Democracia Industrial (LID, League for Industrial Democracy),
cuando desobedecimos sus ordenes de excluir a los comunistas.

SDS, fundada en 1960, recibió su primera definición por parte de la Declaración de Port Huron de
1962. El concepto fundamental era el de la democracia participativa: Más allá de elegir líderes, la
gente tenía que participar directamente en los debates y las decisiones que afectaban a sus vidas,
incluso en la esfera económica. Las cuestiones que se impusieron fueron el movimiento por los
derechos civiles y la paz (en oposición a la guerra fría y a las bombas nucleares). El primer trabajo
definido de SDS, junto con su alianza con el SNCC, fue el Proyecto de Acción e Investigación
Económica (ERAP). Los estudiantes se fueron a vivir a comunidades pobres para “construir un
movimiento interracial de los pobres”. A pesar de que el éxito de la organización fue limitado, la
experiencia fue profunda.

SDS hervía con una vitalidad juvenil. La mayoría de nosotros rechazábamos tanto el acoso a los
comunistas como el modelo soviético de “socialismo”. En nuestras convenciones ondeaban
banderas rojas (comunistas) y negras (anarquistas). Intentábamos aplicar una democracia
participativa a nuestra organización, con variedad de resultados. Cuestionarse la jerarquía fue
liberador, incluso aunque a menudo fuese caótico e ineficiente. Pero había un verdadero problema
con “la tiranía de la estructuralidad”, cuando las decisiones eran tomadas de manera informal así
como irresponsablemente.

La intensificación de la guerra de Vietnam y el drástico avance del SNCC, en el verano de 1966, a


partir de los derechos civiles hacía el poder negro plantearon nuevos desafíos y dieron lugar a
cierta tensión entre la vieja guardia, absorbidos por ERAT, y los jóvenes militantes recién llegados.
SDS no estaba preparada para la rápida expansión del movimiento contra la guerra, pero aportó
una presencia militante y radical dentro de una coalición mucho más extensa. Ingenuamente, SDS
continuaba definiendo el sistema como un “liberalismo corporativo” mientras nosotros
luchábamos por unir nuestro ímpetu antirracista y antibelicista con una crítica económica.

Cuando el Partido de las Panteras Negras (Black Panther Party) hizo su aparición en la escena
nacional el impacto fue electrizante. Se armaron en defensa propia para proteger a sus
comunidades de la brutalidad policial y a sus programas comunitarios de autoayuda (desayunos
gratis para los colegiales, clínicas gratuitas, escuelas gratuitas) proporcionando un ejemplo vivo de
nacionalismo revolucionario y autodeterminación para los oprimidos. Muchos otros grupos
nacionalistas revolucionarios, todos aplicando las lecciones de Malcolm X, surgieron durante este
periodo. Al mismo tiempo, fueron publicadas las primeras fotos de niños vietnamitas siendo
bombardeados con bombas de Napalm estadounidenses – lo que nos volvió locos por parar la
guerra. El lema de SDS se convirtió en “de la protesta a la resistencia”, enfocado hacía la
resistencia militante.

Mientras tanto, la inspiración del movimiento por los derechos civiles, el trabajo enérgico y clave
de las mujeres dentro de el, y los problemas con el sexismo dentro de la izquierda, condujeron a un
renacimiento de la liberación de las mujeres. Uno de esos ejemplos fue el primer taller de SDS
dedicado totalmente a las mujeres en nuestra sexta convención nacional. El aire crujía con la
energía y creatividad que generaban las mujeres. Pero su informe para el plenario tuvo una
acogida estridente – incluyendo abucheos y aviones de papel – por parte de muchos hombres de
SDS. Ya que había habido poca tradición de lucha, no es sorprendente que los hombres siguiesen
siendo bastante sexistas, aunque aquella hostilidad descarada era vergonzosa en una organización
que se sentía orgullosa de estar siempre del lado de los oprimidos. Aquella debacle fue un ejemplo
de los problemas que empujaron a muchas mujeres a abandonar la “izquierda” y contribuyo a una
tensión desafortunada entre el antiimperialismo y el feminismo, algo que debilito a ambos.
Muchas mujeres con principios –fortalecidas por el ejemplo y el liderazgo, habitualmente no
reconocidos, de las mujeres de color - continuaron luchando en los dos frentes, pero hacerlo les
costó un esfuerzo amazónico.

Un punto álgido de la lucha se divisó en 1968, con la impactante Ofensiva Tet vietnamita y las
cerca de cien insurrecciones de los guetos de Estados Unidos tras el asesinato de Martin Luther
King Jr. Estos sucesos inspiraron que SDS impulsase las huelgas de estudiantes que cerraron
decenas de universidades. Empezamos a nombrar y a analizar el sistema como “imperialismo”. La
consigna del Che Guevara “2, 3, muchos Vietnams” indicaba como un coloso puede agotarse y
finalmente ser derrotado. La rebelión negra estuvo acompañada del aumento del número de
militantes de los Nativos americanos, Chicanos, Puertorriqueños y Asiáticos en los Estados
Unidos.

La respuesta del gobierno fue una fiera campaña de trastorno y violencia, llamada COINTELPRO,
con un programa contrainsurgente (mirar Agentes de la Represión de Ward Churchill y Jim
Vander Wall). Más de treinta Panteras fueron asesinados entre 1968 y 1971, y más de mil fueron
encarcelados. Muchos otros grupos y activistas también fueron atacados. A pesar de que ese nivel
represivo no se usaba generalmente contra los blancos, sufrimos acosos, arrestos y la amenaza de
reclutamiento en tiempos de guerra. Todavía más importante, nosotros nos identificábamos con
los Panteras y habíamos prometido resistir a su lado. A pesar de lo rápido que había crecido el
movimiento, seguíamos siendo una diminuta minoría dentro de la América blanca. Empezamos a
pensar que todo lo que se necesitaba era “agitar la conciencia moral de América”. Ahora estábamos
enfrentándonos al gobierno más poderoso de la historia mundial.

Bajo esta tremenda presión, SDS sufrió una ruptura a lo largo de la línea de fallas que cimienta la
supremacía blanca en los Estados Unidos: entre el deseo de una posible base mayoritaria entre los
americanos blancos y la exigente necesidad de una solidaridad militante con los negros y otras
luchas en el tercer mundo. Un bando (apelando a un Marxismo Eurocentrista) decía que la
revolución solo podía ser obra de la clase trabajadora, y usaba eso como coartada de izquierdas
para evitar tener que luchar al lado de Vietnam y los Panteras, afirmando que “todo nacionalismo
es reaccionario”. El otro bando (inspirado por la dirección marxista de las luchas del tercer
mundo), justamente, vio en la solidaridad con la liberación nacional una prioridad para cualquier
movimiento revolucionario que quisiese ser reconocido como tal. Sin embargo, abandonamos
erróneamente cualquier intento de organizar a cantidades importantes de gente blanca, lo que
también limitaba nuestra base para un activismo antirracista.

Mientras la ruptura hacía sonar la sirena de un autentico dilema, existió una oportunidad –
aunque, desde luego, hubiese sido difícil de conseguir – para construir un movimiento extenso y
que tuviese una mayor base obrera sin tener que hacer el juego a las tradiciones racistas de los
sindicatos. Esa estrategia hubiese supuesto poner en contacto a la creciente rebelión de la juventud
con las políticas antiimperialistas, al igual que aliarse con el movimiento de mujeres emergente.
Estábamos demasiado abrumados con descarnados desafíos a vida o muerte, mezclados con
nuestra propia inexperiencia y debilidades, para implementar esa estrategia en la práctica. SDS se
escindió en el año 1969/70. Un resultado fue la aparición de una serie de organizaciones que más o
menos reproducían el tradicional oportunismo de izquierdas para con la clase trabajadora blanca.
Otro resultado fue la Organización Weather Underground (WUO), un grupo sin precedentes,
aunque seriamente imperfecto, que cumplió seis años de acciones armadas en solidaridad con las
luchas de liberación nacional.

Organización Weather Underground

En una sociedad donde todas y cada una de las películas y programas de televisión muestran que el
FBI “siempre consigue detener al culpable”, la Organización Weather Underground eludió ser
capturada y se sostuvo llevando a cabo acciones armadas durante seis años. En la Amerika de la
supremacía blanca, donde históricamente casi todos los movimientos radicales prometedores que
surgían entre los blancos (populismo, sufragio femenino, sindicalismo) se mostraban
comprometidos con el racismo, WUO fue mejor, y como mínimo, conocida por su solidaridad con
la liberación nacional. En un mundo donde gobiernos “legitimados” bombardeaban aldeas y
asesinaban activistas y se desprestigiaba a cualquier resistencia armada como “terrorista”, WUO
llevó a cabo más de veinte atentados contra la violencia de gobiernos y corporaciones sin haber
matado a nadie o como mucho habiendo hecho algunos rasguños a un civil.

El trampolín para estos avances fue el contexto histórico. Las décadas de los 60 y los 70 no
tuvieron precedente en la historia mundial por la cantidad de revoluciones que se produjeron en
un corto periodo de tiempo, como los movimientos de liberación nacional en Asia, África y Latino
América para acabar con colonialismo y el neocolonialismo; era también el momento álgido de la
lucha de los negros y de otras luchas del tercer mundo en el interior de los Estados Unidos. Estos
eventos impulsaron el crecimiento del radicalismo dentro de la gente blanca. WUO no se formo
como una conspiración reducida sino todo lo contrario, fue el punto central dentro de la creciente
oleada de militancia antibelicista, como los incendios de miles de edificios militares y sucursales
del banco de América o como los miles de personas que participaban en las manifestaciones donde
se rompían cristaleras del gobierno, se desbarataban reuniones de peces gordos y se resistía a los
arrestos.

Los excitantes avances de la Organización Weather Underground coexistieron con costosos


errores. El primero y más evidente se produjo durante los primeros seis meses (de finales del 69 a
principios de los 70), mientras todavía permanecíamos en la legalidad: nuestra escalofriante e
inexcusable glorificación de la violencia, que contradecía seriamente la base humanista de nuestras
políticas y militancia. De ese modo, entregamos una munición efectiva para todos aquellos que
querían desacreditar nuestra prioridad con las luchas del tercer mundo y nuestro paso hacía la
lucha armada. Hasta ahora, casi toda la “historia” que se ha escrito sobre WUO ha tenido la
costumbre de hacer pasar a aquellos primeros seis meses como si fuese la historia al completo, sin
fijarse en nuestra corrección de aquel error y en los siguientes seis años de acción antiimperialista
sólida y humana.

En mi opinión, la base para nuestra primera aberración fue la crisis a vida o muerte que dividió
SDS. Éramos chavales blancos de clase media que – presenciando los bombardeos exhaustivos en
Vietnam y el asesinato de Panteras Negras que admirábamos – nos sentíamos obligados a dar el
salto a la lucha armada. En vez de admitir nuestro miedo e inexperiencia y desarrollar una
estrategia transitoria apropiada, nos preparamos psíquicamente glorificando la violencia y con
desafíos machistas sobre la valentía personal de cada uno. Este frenesí estuvo acompañado por dos
errores básicos que estaban relacionados: 1) Sectarismo – un mordaz desprecio a todo aquel que
no ayudase directamente a la lucha armada (El sectarismo era mutuo para la mayoría de la
izquierda blanca que con vehemencia buscaba desacreditar la lucha armada). 2) Militarismo –
hacer que las hazañas militares y la osadía del grupo fueran más importantes que los principios
políticos y la necesidad de construir un movimiento en todos los niveles.

Los pecados de comisión de la muerte prematura de WUO eran absolutamente obvios. La terrible
pasividad de la mayoría de la izquierda blanca ante los primeros ataques a los Panteras Negras le
dio al gobierno la señal de que no tendría que enfrentarse a unos extensos costes políticos al
comenzar a desarrollar completamente la campaña COINTELPRO, que mataría a veintenas y
encarcelaría a miles de activistas negros, nativos y latinos.

El militarismo de WUO culminó el 3-6-70 cuando un desesperado esfuerzo por hacer una bomba,
que incluía armas antipersonales, terminó con una explosión accidental en un piso franco
(conocido como la explosión de Townhouse) que acabó con la vida de tres de nuestros jóvenes y
estupendos camaradas. Esta tragedia desencadenó una intensa lucha interna que derivó en un
cambio cualitativo hacía un uso de la lucha armada más integrado en ayudar a movilizar y
radicalizar una potente base de masas entre la juventud blanca. Solamente dos meses después, la
gente joven se hecho a la calle con la fuerza de más de un millón de personas en una respuesta
iracunda al asesinato de cuatro manifestantes antibelicistas por parte del Estado en la Universidad
de Kent State, y se llevaron a cabo huelgas estudiantiles en cerca de mil campus de un extremo a
otro de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, la extrema necesidad de una dirección antirracista
se revelaba de forma dolorosa al no poder responder de una manera similar cuando la policía mato
a dos estudiantes negros en Jackson State.

La superación del militarismo en WUO no puso mágicamente todo en un perfecto equilibrio.


Aunque era correcto ver una base con potencial en la cultura juvenil, repetimos rápidamente los
típicos errores basados en la supremacía blanca. Por ejemplo: 1) Nuestra escasa ayuda material a
grupos armados negros, latinos y nativos (incluso en la clandestinidad, los blancos teníamos
muchos mejores accesos a recursos y estábamos menos expuestos al hostigamiento aleatorio de la
policía); 2) Para dirigirnos a la juventud blanca, aprobábamos las “drogas blandas” (hachís y LSD),
con una mínima apreciación de las drogas como una forma de guerra química contra los ghettos y
los barrios; 3) Erramos al responder a la crítica bastante constructiva sobre nuestro desliz inicial a
cerca de las drogas y la militancia que nos hicieron los 21 Panteras; 4) Hubo momentos posteriores
de tremenda pasividad, como durante la ocupación nativo americana de Wounded Knee en 1973 y
el posterior asedio gubernamental del poblado.

No es sorprendente que otros de nuestros puntos débiles internos estuvieran basados en el


sexismo, la heterosexualidad y la clase. La participación de las mujeres y su porcentaje de liderazgo
eran muy altos, pero en la práctica, una mujer debía formar parte de una pareja heterosexual para
ser una líder importante. Teníamos un pequeño programa a cerca de la liberación de la mujer, y
erramos al no ser capaces de hacer un serio esfuerzo para formar una necesaria alianza entre
antiimperialismo y feminismo. Las luchas internas sobre sexismo fueron muy inadecuadas, lo cual
encaja con el hecho de que formábamos parte de una cultura homofóbica. Mientras muchos
camaradas gays y lesbianas tuvieron la fortaleza de declararse homosexuales mientras estábamos
en la clandestinidad, no había ningún espacio real para una cultura L/G declarada; No se
declararon homosexuales para hacerse con posiciones de liderazgo; y nosotros no teníamos un
programa político a cerca de las cuestiones L/G. De forma similar, nuestro origen de clase media
significó que hicimos un escaso trabajo para acceder a sectores de la juventud que pertenecían a la
clase obrera.

Existían problemas de relaciones en nuestra vida interna. Adoptamos la teoría del centralismo
democrático; pero en la práctica, la organización era bastante jerárquica. Los líderes tendieron a
convertirse en manipuladores e impositivos, mientras que los cuadros tendían a congraciarse con
ellos. Las críticas y las auto-críticas se usaban para completar maniobras para llegar al poder en
vez de usarse para la construcción personal. Aunque para sobrevivir era clave una organización
fuerte (y los fugitivos solitarios tienen que pasar por situaciones mucho más difíciles), aquella
realidad hizo del ostracismo social un duro golpe para los disidentes políticos. Hasta donde yo sé,
sigue sin existir un modelo lo bastante claro y fructuoso para que las dos necesidades críticas que
dan lugar a un proceso democrático interno de forma completa y una estrecha disciplina para
luchar contra un Estado implacable se puedan combinar.

Para mí, una lección crucial es que los activistas deben enfrentarse conscientemente contra la
poderosa atracción del ego que nos puede llevar a poner nuestra posición y liderazgo por encima
de los intereses y el poder de los oprimidos. Organizativamente, necesitamos esforzarnos para vivir
nuestras ideas políticas – antirracismo, feminismo, democracia, humanismo – en nuestras
relaciones personales.

A pesar de estos importantes puntos débiles, seis años de imponente éxito fueron el resultado que
se obtuvo al llevar a la práctica lo que era correcto del antiimperialismo. Al contrario de las
mistificaciones de las películas de espionaje que solo se basan en sofisticadas técnicas y tecnología,
nuestra supervivencia en la clandestinidad estaba basada en el apoyo popular por parte de la
juventud radical y del movimiento contra la guerra. Esa fue la clave para solucionar necesidades
como la obtención de Documentos de Identidad, dinero y pisos francos. Hubo momentos en los
que sentimos el aliento del FBI en nuestras nucas, pero el apoyo popular significaba que la
información que fluía para las guerrillas se mantuviese alejada del Estado.

Nuestro escenario de lucha era la “propaganda armada”, con ninguna ilusión de enfrentarnos al
poder militar todavía. En lugar de eso, los propósitos de las acciones eran: 1) Extraer parte del
calor represivo que se concentraba en el movimiento negro, nativo y latino, 2) Crear un ejemplo de
liderazgo político de solidaridad blanca con la liberación nacional, 3) Educar acerca de cuestiones
políticas importantes, 4) Identificar a las instituciones más responsables de la opresión, 5) Alentar
al resto de personas a intensificar su activismo a pesar de la represión estatal. También
proporcionábamos ejemplos de lucha no-armada (por ejemplo, pintadas con spray), buscando el
dialogo con el movimiento en la legalidad escribiendo y leyendo respuestas en periódicos radicales,
e incluso desarrollando nuestra propia tienda de impresión en la clandestinidad. Escribimos y
publicamos el libro Praire Fire, un manifiesto bien desarrollado sobre las políticas del
antiimperialismo revolucionario.

Los más de veinte atentados de WUO incluyeron el edificio del Capitolio después de que los
Estados Unidos expandiesen la guerra en Indochina al invadir Laos en Febrero de 1971; las oficinas
centrales de la prisión de Nueva York después de la masacre de Attica en Septiembre de 1971; y la
Compañía Kennecott Copper en el aniversario del sangriento golpe de estado contra la democracia
en Chile de 1973. Cada acción era acompañada de un comunicado muy razonado expresando las
cuestiones políticas. Mientras no hubiese un 100% de garantías, nos pusimos la máxima prioridad
de evitar victimas civiles, y afortunadamente lo conseguimos.

El FBI nunca acabó con WUO, pero entre los años 1976 y 1977 implosionamos debido a nuestras
propias debilidades. El derrumbamiento se produjo al volver a caer en los errores tradicionales de
la izquierda blanca, con las políticas de la “clase obrera internacional”, y un plan para salir de la
clandestinidad con el objetivo de centrarse en “liderar” la “Revolución de Estados Unidos al
completo”. Estas posiciones negaban la independencia y el papel de liderazgo de la gente de color
dentro de los Estados Unidos y al mismo tiempo debilitaba a las formaciones autónomas de
mujeres. Cuando esas fuerzas nos criticaron con dureza, nosotros – con nuestra vitalidad minada
por la carencia de democracia interna – no nos pudimos ocupar de ello y en lugar de eso nos
desintegramos en medio de fuertes reproches.

WUO nació en la era del impresionante nacimiento de la liberación nacional, en oposición a la


fundación de los Estados Unidos basada en la supremacía blanca y detrás de las excitantes
victorias del movimiento que se encontraron con la feroz represión del gobierno. Nuestra
desaparición también estaba arraigada en unas fuertes realidades históricas: 1) COINTELPRO
(junto con nuestras debilidades internas) había diezmado el liderazgo negro, nativo y latino que
había inspirado el progresivo movimiento entre los blancos; 2) nuestra robusta base, el
movimiento contra la guerra, se redujo de forma drástica después de la retirada por parte de
Estados Unidos de Vietnam en 1973; 3) No nos dimos cuenta que no habíamos hecho lo suficiente
para transformar la conciencia antibelicista en un profundo antirracismo y antiimperialismo.

Al estar estudiando la historia, necesitamos romper con la cultura dominante que define a las
personas simplemente como “buenos tipos” o “malos tipos”, lo cual nos puede llevar al autoengaño
de que nos están dando garantías básicas seguras de que todo lo que hacemos es correcto. WUO
cometió tanto errores gigantescos como avances pioneros. Con suerte, ambos son ricos en
lecciones para una nueva generación de activistas.

David Gilbert

Este ensayo fue originalmente escrito para el periódico ONSWARD (primavera y verano de
2001) , una publicación anarquista de noticias, opinión, teoría y estrategia para el presente.

En 1965, David Gilbert fue el presidente fundador del Comite Vietnam y uno de los miembros
fundadores de la organización SDS en la Universidad de Columbia (Nueva York). En 1967,
escribió el primer panfleto nacional de SDS acerca del "Imperialismo de Estados Unidos".
Participó en la huelga de Columbia de 1968 y más tarde se pasó a la clandestinidad como un
miembro de la Organización Weather Underground (WUO) en 1970. Esta cumpliendo una
condena a cadena perpetua después de ser detenido por su papel de apoyo en una expropiación
del Ejercito de Liberación Negra (Black Liberation Army, BLA) en 1981 durante el "Caso Brinks".
_______________________________

Entrevista con David Gilbert


2 de Abril de 1985.

El 6 de octubre de 1983 fuiste sentenciado a una condena de 75 años a perpetua.


¿Cómo te sientes sobre el hecho de pasar tu vida en prisión?
Desde luego que no me gusta estar en prisión, pero hubiera sido peor si hubiese perdido mi
compromiso con la lucha contra un sistema tan increíblemente destructor de vidas humanas y de
dignidad. Por lo de los 75 años, bueno el imperialismo no va a durar tanto tiempo. Ni tampoco creo
que vaya a pasar toda mi vida en prisión. Un revolucionario puede ser asesinado, en el interior o en
el exterior, pero si estamos hablando a cerca de 30 o 40 años a la redonda – muchos cambios
importantes, incluso cambios revolucionarios, están destinados a suceder en todo ese tiempo.

Las personas acusadas de participar en el “Asalto de Brinks” el 20 de octubre de 1981


fueron etiquetadas en los medios de comunicación como “terroristas” y “asesinos a
sangre fría”. ¿Tu cómo te defines?

Tiene sentido que las agencias policiales y los medios de comunicación del poder nos etiquetaran
de esa manera: cualquier sistema tiránico tiene que desacreditar a aquellos que intentan construir
la resistencia en su contra, y tiene que tratar de separar a estos revolucionarios de la gente que
padece bajo su sistema. En efecto, las acusaciones de los medios de comunicación se convierten en
realidad en el interior de sus mentes: propagar la gran mentira. Este gobierno y los intereses
económicos a los que sirve son los mayores asesinos a sangre fría y terroristas del mundo. Cuando
comprendes la realidad de toda la gente que muere de hambre, enfermedad, abusos y el terror
sistemático contra los movimientos de personas de alrededor del mundo, entonces la respuesta
humana es encontrar las maneras de luchar contra el imperialismo de los U.S. más efectivas como
sea posible.

¿Sobre que trataba, según tu punto de vista, la acción del 20 de octubre?

Fue un intento de expropiación. Eso significa coger el dinero de aquellos que acumulan fortunas
explotando a la gente y usarlo para financiar la resistencia. Toda revolución ha tenido que usar la
expropiación como método de financiación. No vas a obtener precisamente donaciones de la
fundación Ford o Rockefeller. Esta expropiación en particular estaba bajo el liderazgo del Black
Liberation Army participando en alianza con revolucionarios blancos. El comunicado del BLA
después de la acción decía que los fondos iban a ser destinados a construir el ejército, y para
programas nacionalistas, especialmente para vosotros en la comunidad negra.

¿Cómo fue para ti el día de la detención? ¿Fuiste maltratado?

Los policías estaban furiosos. Estaban acostumbrados a que la gente cediera sin que se intentase
defender. Intentaron hacerme hablar y me golpearon durante unas tres horas. Luego me colocaron
el cañón de una pistola en el cuello diciéndome que hablase. Mas tarde el “policía malo” vino a
decirnos a cada uno de nosotros que íbamos a conseguir ir a la silla eléctrica. Le siguió el “policía
bueno” – en este caso un agente del FBI – que dijo que el primero que hablase iba a tener una gran
oportunidad.

¿Cómo fue aquello para ti?

Realmente ayuda a saber que estas luchando por una buena causa y de que no hay manera de que
jamás vayas a hablar; Eso quita mucha tensión interna a la situación. Mientras me estaban
golpeando y Judy Clark había sido derribado, estaban usando la tortura con dos Nuevos Africanos
(negros). Existe una diferencia entra la brutalidad y la tortura: La última implica una sistemática y
más o menos científica aplicación de dolor. A Sam Brown le rompieron el cuello en dos lugares y
luego le denegaron la cirugía necesaria durante once semanas – hasta que se convirtió en un
informante. Todo esto puede ser documentado en los archivos médicos. Sekou Odinga, detenido
en Queens el 23 de octubre de 1981 se dirigió hacia la comisaría de policía sin ningún rasguño. Fue
ingresado durante tres meses en un hospital con alimentación intravenosa. Los policías
sistemáticamente le trabajaron el páncreas, apagaron cigarrillos en su cuerpo, y otras cosas por
supuesto. Sekou nunca flaqueo.

Mucha gente dice que puede simpatizar con vuestras metas pero detestan vuestras
tácticas.

Bueno, yo realmente desearía que hubiese una manera de derrotar al imperialismo sin dolor y sin
derramamiento de sangre. Nuestra generación trato de “agitar la conciencia moral de América” en
los 60. Creo que una lección clara de Vietnam, del sangriento derrocamiento de Allende en Chile,
de las campañas de COINTELPRO contra el movimiento negro aquí o de los ataques criminales en
Nicaragua a día de hoy, es que tienes que estar dispuesto a luchar y en última instancia a derrotar a
las fuerzas y a la violencia del imperialismo para lograr un cambio real.

¿Pero y que hay sobre las muertes de aquel día? Dos policías y un guardia de Brinks
fueron asesinados. Algunos activistas sociales sienten que ningún objetivo justifica
la perdida de vidas humanas.

Primero, para ser claros, el propósito de una expropiación no es hacer daño o castigar a policías o
guardias. El objetivo es escaparse tan rápido y limpiamente como sea posible con los fondos para
la revuelta. La historia de los combatientes deleitándose de estar disparando al guardia de Brinks
es pura creación propagandística. En privado, los analistas del FBI saben e incluso afirman que la
práctica del BLA no consiste en salir disparando sino en tratar de desarmar a los guardias. Los
únicos disparos que realizaron los revolucionarios aquel día fueron en respuesta a una clara
amenaza de muerte. La gente ha sido condicionada a ser sensible con ciertos tipos de muertes y no
con otros. Cuando un policía es asesinado nos bombardean con las imágenes de una tragedia
humana. Pero los disparos de policías a gente del tercer mundo (ocasionalmente blancos pobres)
son sucesos del día a día, casi siempre tratados como algo rutinario y aceptable. Hoy la policía de
Nueva York estaba indignada de que incluso haya salido un cargo de homicidio de segundo grado
por sus disparos contra Eleanor Bumpers, de 66 años. Los policías nunca cumplen condenas por
su violencia contra el pueblo.

El mayor asesino de todos es la violencia de las condiciones sociales. Pero eso es algo que ocultan
casi totalmente a nuestra vista. Mucha gente apenas es consciente, por poner solo un ejemplo, la
mortalidad infantil negra es doblemente superior a la de los blancos ¿Por qué estos bebes tienen
que morir? Las condiciones de la opresión y la colonización del pueblo negro nunca serán anuladas
sin la capacidad de acabar con el poder y la violencia de la policía.

De acuerdo, la violencia social excede de lejos los costes de cualquier revolución que
quiera acabar con ella. ¿Pero no significa eso que puede acabar pasando cualquier
cosa? ¿No existe el peligro de acabar siendo como el opresor?

Existen todas las diferencias del mundo entre la violencia reaccionaria y la violencia
revolucionaria. La violencia imperialista es terrorista por el hecho de que normalmente es dirigida
hacía grandes números de personas, especialmente poblaciones civiles; la tortura es un arma
típica; un objetivo principal es aterrorizar a aquellos que de lo contrario podrían resistir; El último
propósito es mantener condiciones intolerables de explotación y de sufrimiento social. La violencia
revolucionaria es todo lo contrario; debe ser estratégica y enfocada a movilizar a los oprimidos y a
quebrar el aparato represivo del estado; debemos establecer unos criterios muy claros que
expresen el carácter humanista de la lucha.

¿Cuál fue la postura política específica que tomaste durante el juicio?

Kuwasi Balagoon y Sekou Odinga tomaron la postura de prisioneros de guerra como combatientes
en la lucha por la liberación negra. Sostuvieron que los Estados Unidos habían colonizado al
pueblo de Nueva África. Las cortes coloniales de los Estados Unidos no tenían legitimidad jurídica
sobre los Nuevos Africanos. Hay un derecho internacional aceptado para luchar contra los
regímenes coloniales y racistas.

Judy Clark y yo tomamos la postura de anti-imperialistas, combatiendo en solidaridad con la lucha


por la liberación negra. Reconocimos que el imperialismo de los Estados Unidos era un sistema
criminal y anti-humano, y no aceptaríamos la legitimidad de sus cortes.

Cuéntame algo a cerca de la gente que fue detenida contigo.

Somos todas personas que han luchado por los derechos humanos y contra la tiranía de este
sistema durante toda nuestra vida adulta. Sekou Odinga y Kuwasi Balagoon formaron parte del
caso de los 21 Panteras (En abril de 1969 la policía detuvo a 21 panteras negras de Nueva York bajo
una gigantesca conspiración para cometer un atentado. Después de un largo juicio, el jurado los
absolvió de todos los cargos. Pero los arrestos y el agotamiento de recursos, junto con otros
ataques del gobierno, habían diezmado el capitulo neoyorquino de los Panteras Negras). Judith
Clark, Kathy Boudin y yo estuvimos involucrados en el movimiento por los Derechos Civiles a
principios de los 60 y en el movimiento contra la guerra de mediados de los 60. Hemos sido
activistas anti-imperialistas desde entonces.

Mucha de la gente con la que he hablado simpatiza ampliamente con el movimiento


de los 60, pero esa gente encuentra tu rechazo a reconocer la legitimidad de las
cortes como una postura demasiado extravagante y un sacrificio individual
innecesario.

Creo que es un signo del poder represivo de las cortes, sabes, que hace que parezca demasiado
extravagante para nosotros declarar abierta y honestamente como los vemos. Si estudias quien va
a la cárcel y quien no, se vuelve más claro que el agua que las cortes definitivamente no están por
la labor de la justicia y la igualdad. Por ejemplo, en Carolina del Norte, el Ku Kux Klan abatió a
tiros a cinco manifestantes anti-klan delante de las cámaras de televisión: nunca cumplieron un
día por estes asesinatos a sangre fría. En el otro lado de la balanza, Gerónimo Pratt, un líder de los
Panteras Negras, ha cumplido 13 años de una condena a cadena perpetua a pesar de que existen
pruebas en los archivos del FBI que prueban su inocencia.

Kathy Boudin preparó una defensa legal y finalmente llegó a un acuerdo por una
condena de 20 años a perpetua. ¿Cómo evalúas esto?
Por supuesto, su condena, en las condiciones que actúa normalmente el sistema legal, fue
increíblemente severa. Es una señal, igual que las condenas que tuvimos el resto de nosotros, de
cómo las cortes estaban motivadas políticamente en este caso. Incluso pasando por el
procedimiento legal y el acuerdo, ella tuvo como primera sentencia una condena a cadena perpetua
y luego una por homicidio involuntario (implicación indirecta). Entre tanto, una pandilla de
adolescentes blancos pateó hasta la muerte a Willie Turks, un trabajador negro, que estaba
desarmado. Uno de estos matones fue condenado por homicidio, otros dos por delitos menores;
eso fue todo. O, 8 de los 11 policías que golpearon hasta la muerte a Michael Stewart mientras
estaba esposado. D.A. Morgenthau les dio inmunidad por posibles cargos de asesinato debido a
que testificaron ante un gran jurado. Más tarde, el mismo D.A. no les daría la inmunidad a unos
jóvenes negros a los que Bernard Goetz disparó por la espalda, y Goetz fue declarado libre de los
cargos de asalto e intento de homicidio.

¿Erais tu, Judy y Kathy parte de Weather Underground Organization?

Históricamente salimos de Weather Underground. A principio de los 70 WUO representaba una


tendencia militante muy positiva en contra del imperialismo y de alianza con las luchas de
liberación nacional – particularmente Vietnam y la liberación negra. Un gran número de jóvenes
blancos se identificó con la militancia, el espíritu y la dirección. Pero WUO también tuvo serios
problemas y finalmente representó la historia común a toda la izquierda blanca en general: un
abandono de la solidaridad con las luchas de liberación nacional y un repliegue de la militancia.

El FBI nunca fue capaz de desarticularlos en la clandestinidad. Pero WUO finalmente se fue a
pique por sus propios problemas políticos internos. Aquellos de nosotros vinculados al 20 de
octubre estamos intentando aprender y aplicar las lecciones de la historia de WUO. Aunque sin
duda cometimos errores, expresamos, y seguimos haciéndolo, el corazón de lo que es necesario
para un avance histórico: alianza con la liberación nacional y buena voluntad para luchar contra el
imperialismo.

Algunos críticos miraban WUO como las políticas de la culpabilidad blanca. Esas
personas vieron el 20 de octubre como una terrible extensión de esas políticas.

Llamarlo “culpabilidad” proviene de una visión de clase alta. No hay ningún sentimiento de
culpabilidad en identificarse y amar a los oprimidos – especialmente cuando han abierto un
camino hacia un cambio social humano. Forma parte de la reivindicación de nuestra humanidad
fundamental la cual ha sido deformada por la supremacía blanca. Nunca detendremos la
explotación de los trabajadores blancos o acabaremos con la opresión de las mujeres sin aliarnos
con las luchas de liberación nacional. Eso es por que tenemos que erradicar la enfermedad de
nuestra propia sociedad a la vez que unirnos con aquellos que están luchando duramente contra el
imperialismo.

¿Estaban implicados esos errores el 20 de octubre?

Definitivamente. En respuesta a las críticas y a las luchas, Judy y yo tratamos de analizar algunos
de los problemas desde la posición estratégica de luchadores antiimperialistas blancos. No creo
que este sea el lugar para entrar en ningún detalle, muchas cuestiones todavía se están intentando
resolver. Pero en líneas generales, esta el error del intervencionismo, un tipo de pretensión de ser
una individualidad blanca especial o “excepcional” al actuar dentro del Movimiento de
Independencia de los Nuevos Africanos, sin tomar la responsabilidad real de construir nuestro
propio movimiento. También existía demasiado la creencia de que las acciones militares de grupos
pequeños podrían incitar un movimiento político. Este es un punto delicado porque algunos
izquierdistas lo usan de manera poco escrupulosa para atacar a todas las luchas armadas
existentes. En un primer escenario es necesario empezar muy pequeños, con el objetivo de
construir algo más grande. Pero toda lucha armada revolucionaria debe, desde el principio, ser
guiada por claros términos políticos con el objetivo de construir la participación masiva en la lucha
contra el imperialismo. Otro tema es que fracasamos, creo, en no poner la suficiente atención en
cuestiones del carácter revolucionario. Aquellos que se involucran en la lucha armada pueden
llegar a ponerse bajo una presión intensa del Estado. No puedes estar en esto por algún tipo de
experiencia ególatra. Tienes que estar profundamente comprometido con los oprimidos.

¿Y que hay sobre la demanda de tierras e independencia para una Nación Negra?
Mucha gente lo encuentra como algo difícil de imaginar.

Bien, eso puede que en ese punto, pero desde luego no es tan difícil de imaginar que los colonos
europeos llegaron aquí y le arrebataron todo un continente a los Nativos Americanos, importando
millones de africanos como esclavos, conquistando la mitad de México. Ha habido cambios
radicales antes en la historia. Puede, y los habrá, haber cambios radicales en el lado de la justicia.

Yo soy partidario de la postura de la liberación nacional. Esa postura mantiene que los Negros o
Nuevos Africanos han sido sistemáticamente oprimidos como pueblo y que esa supremacía blanca
esta profundamente incrustada en América por lo que la única ruta para la libertad total es a través
de la independencia, mediante una lucha de liberación nacional. Toda lucha ha implicado alguna
base territorial.

¿Mostró el 20 de octubre que la lucha armada no puede funcionar en los EE.UU?

En absoluto, tienes que comprender que la revolución no es como la mezcla instantánea de una
crepe – sabes, tres pasos fáciles, solo sigue las instrucciones de la parte de atrás del paquete. La
revolución es un proceso complejo y difícil. Ocurrirán contratiempos. No es por excusar errores –
deben ser analizados y superados. Pero, si la dirección general es honrada, el movimiento
colectivamente puede aprender de los contratiempos y avanzar.

Hay una historia y una continuidad muy importante de la lucha armada en la liberación negra y en
la independencia puertorriqueña. Aquí, en los pasados dos años también ha habido un desarrollo
muy positivo de acciones antiimperialistas en relación con América Central o Sudáfrica. La lucha
armada no es un substituto al activismo de las masas, pero puede jugar un papel destacado
mostrando la naturaleza y la vulnerabilidad del enemigo. Es esencial forjar la habilidad para hacer
que la lucha se extienda más allá de nosotros.

¿Cuál es la peor parte de la prisión?

La separación de tus seres queridos; la dificultad de ser políticamente productivo; el nivel de


control y restricción en todos los detalles de tu vida; la presencia constante de la fuerza y la
amenaza de violencia; el aislamiento de la naturaleza.

¿Existe alguna característica compensatoria?


Mantener la dignidad y tus principios; esforzarse para encontrar maneras de ser políticamente
productivo; el amor de la familia, amigos y camaradas que reluce a través de los muros; los
ejemplos de humanidad y creatividad entre los presos.

¿Alguna vez has conseguido ver a tu esposa o a tu hijo?

Como sabes, Kathy esta en Bedford Kills con una condena de 20 años a perpetua. Nos podemos
escribir y lo hacemos regularmente. No tenemos permiso para poder visitarnos. Nos dejan hablar
por teléfono, una vez cada seis meses. Chese me visita de vez en cuando, según como la distancia lo
permita. Sus visitas son fenomenales. El es muy enérgico y cariñoso. Como ya he dicho, he sido
muy afortunado en que el amor de mi familia y amigos brille a través de los muros. Es una fuente
de fortaleza para mi, y, bueno, espero y siento que también estoy aportándoles algo a ellos en estas
relaciones.

Estas en una cárcel de máxima seguridad. ¿Recibes algún trato especial?

Si, hay restricciones especiales para mi y para otro puñado de presos. No tengo permiso para ir a
las tiendas ni a la escuela. Es una limitación total desde que aquí estos son los únicos programas
completos disponibles. Las restricciones son políticas, se me aplican a mí y a los camaradas del
BLA y también a un par de personas más que ven como organizadores en potencia.

¿Y qué hay del hostigamiento físico?

Hasta el momento no ha sido ningún problema para mí. En realidad tengo muchos menos
problemas que algunos tipos que no tienen apoyo en el exterior. El apoyo en el exterior es muy
importante para la seguridad y el bienestar de los presos.

¿Cómo son las condiciones de la prisión en la actualidad?

Básicamente, las tendencias en la actualidad son malas. Ya conoces el clima político; han
conseguido el apoyo del público para su versión estatal de “ley y orden”. Así que las autoridades
penitenciarias básicamente sienten que tienen luz verde para ir retirando, paso a paso, los
modestos beneficios que se obtuvieron en los 70. Además, la unidad de los presos y la conciencia
están a un bajo nivel, reflejando el retroceso de los movimientos sociales en general.

¿Quién esta en prisión y cuales son las causas del crimen?

Es una gran y compleja cuestión. Hay un par de generalizaciones que puedo hacer. El mayor
denominador común sobre quien acaba en prisión es el de personas de origen pobre. La cárcel es
una herramienta represiva contra aquellos elementos rebeldes e incontrolados que se encuentran
entre los pueblos colonizados (negros, puertorriqueños, nativos americanos, mexicanos) y aquellos
que se encuentran entre los blancos más pobres. Aquí, la población parece estar entre un 40-45 %
de negros y un 35% de latinos. Y es algo raro, muy raro para alguien con dinero acabar en prisión.
Otra de las principales generalizaciones es que lo peor que puedes decir sobre los presos es que
tienden a aplicar los valores que predominan en la sociedad capitalista a su propia situación socio-
económica. El capitalismo se basa fundamentalmente en el objetivo individual de hacer dinero a
pesar de a quien se haga daño – y estar dispuesto a usar la fuerza y la violencia para respaldarlo.
Las personas que hacen esto a gran escala son los miembros más poderosos y “respetados” de
nuestra sociedad. Pero cuando alguien de una comunidad pobre hace esto mismo, a una pequeña
escala, es un terrible criminal.

Así que el criminal no puede ver lo que hizo mal – excepto ser capturado. Luego el o ella tienen la
experiencia de todas las acciones ilegales que realiza la policía, D.A., los jueces y carceleros en su
esfuerzo por condenar y castigar a la gente. Los guardianes de la “ley y el orden” son los violadores
más sistemáticos de la ley vigente – por no mencionar las serias violaciones de la ley internacional
como la invasión de Grenada y los ataques a Nicaragua.

De modo que el programa de la derecha solo puede hacer empeorar el problema a largo plazo. La
naturaleza criminal del sistema significa que no hay bases para la rehabilitación; en cambio el
sistema penitenciario produce criminales resentidos. Fortalecer el sistema represivo del Estado
significa reforzar las relaciones coloniales y de clase en la base del problema. No se cual sería
exactamente un programa de la izquierda para el crimen. La izquierda no puede responder
idealizando a los prisioneros. Aquí hay mucha gente que juega un papel negativo en las
comunidades pobres y oprimidas, como también hay alguna gente muy buena y decente. Un
programa real para acabar con el crimen debería estar enlazado a una lucha contra al estructura
social y económica; Debería empezar por echar a los grandes criminales del pináculo de la
sociedad (mi “teoría de la filtración”) y también debe suponer una lucha por unos valores sociales y
colectivos más humanos.

En los meses de octubre y noviembre de 1984 se produjeron tres series diferentes de


arrestos sensacionalistas de revolucionarios. En un asalto previamente planeado, 8
activistas Nuevos Africanos fueron rodeados por 100 agentes de la policía de Nueva
York y del FBI. El 4 de noviembre, cinco activistas con presuntas conexiones con la
Unidad de Melville- Jackson del Frente Unido de Liberación (United Freedom Front)
fueron arrestados en Cleveland. Luego, el 30 de noviembre Susan Rosenberg y Tim
Blunk fueron arrestados en Nueva Jersey. ¿Cuáles son tus sentimientos y tu
evaluación de esta serie de arrestos?

Primero, todo mi cariño y solidaridad va hacía cualquiera que sea atacado por el Estado de esta
manera. Se que puede ser intenso y también que la gente con principios se mantendrá firme.
Definitivamente espero que todos los revolucionarios que están siendo buscados por la policía
continúen en libertad y que la resistencia crezca y prospere. No se exactamente como se definen
políticamente todas estas personas, y de ninguna manera quiero hablar por ellos. En realidad, es
importante que los recursos se pongan a disposición de tales camaradas para que su voz se haga
más fuerte y se amplíe el dialogo. Más allá de las penurias que implica, la situación revela que no
solo nos estamos enfrentando a un puñado de individuos “locos”, como los medios de
comunicación nos quieren hacer creer. Estamos hablando de movimientos reales, comprometidos
a luchar contra el imperialismo, con verdaderas raíces en la historia, y lo más importante, con un
potencial crucial para el futuro.

¿Cómo definirías el movimiento de la gente dentro de prisión en la actualidad? ¿Qué


deberían hacer con su situación?

Actualmente en prisión hay un surtido de personas por razones políticas: los prisioneros de guerra
por las luchas de liberación nacional, luchadores anti-imperialistas, resistentes al gran jurado,
resistentes al reclutamiento, trabajadores de asilos de refugiados. La justicia real significa liberar a
todos aquellos que están encarcelados por luchar contra la opresión. Hasta que esto se consiga,
debe haber un reconocimiento de nuestro status político y el tratamiento proporcional bajo las
directrices de Naciones Unidas.

Me gustaría alentar a la gente que este leyendo esto para que se construya el apoyo con el que
demandar el status político y para en última instancia conseguir la puesta en libertad de todos los
revolucionarios cautivos. Esto no es solo para auxiliar a la individualices implicadas, es incluso
más importante construir la conciencia de la necesidad de un movimiento que luche contra este
imperialismo cruel y empapado de sangre.

Una última pregunta. Algunas veces cuando hablas suena como si pensases que la
revolución es inminente. Mucha gente considera la idea de una revolución en los
U.S. como algo mínimamente lejano. Algunos podrían decir que, a pesar de la
validez de tus objetivos, te encuentras en una búsqueda quijotesca.

Estoy seguro de que para aquellos que vivieron en la antigua Roma, o en el Egipto faraónico, o en
el reino de la dinastía Ming, aquellos imperios también pareciesen eternos. El imperio de los U.S.
caerá igual que lo hicieron sus predecesores. La cuestión más importante será nuestra habilidad
para impedir la destrucción masiva y para reemplazar este sistema por una sociedad igualitaria –
socialista – más humana y cooperativa. Esto es parte del porque es importante estar construyendo
un movimiento revolucionario vital, con principios claros, en estos momentos. La revolución aquí
no es inminente desde la perspectiva de una vida individual, hay un largo periodo de lucha delante
de nosotros.

Pero bajo la perspectiva de la historia mundial, las cosas se están moviendo bastante rápido desde
el final de la Segunda Guerra Mundial con el surgimiento de las luchas por la liberación nacional.

Como ves, el imperialismo de los U.S. parece poderosamente invencible, pero las fuentes de su
gran fortaleza también son las bases de su máxima debilidad. Los U.S. barren las fabulosas
riquezas de los países del Tercer Mundo por todo el planeta. Pero en un era de liberación nacional,
los U.S. encontraran su poder militar cada vez más acabado – extendido y escurrido alrededor del
globo, y su poder económico será minado. Internamente, los U.S. forjaron su imperio y sus
grandes riquezas absorbiendo la tierra y el trabajo de pueblos enteros; nativos americanos, negros,
mexicanos. Estos pueblos colonizados interiormente, especialmente en el contexto de la
ampliación del poder militar de los U.S. en el extranjero, desarrollaran una fuerte lucha por la
liberación nacional dentro nuestras fronteras.

En el interior de la nación opresora (es decir, entre los americanos blancos) existe también una
importante contradicción de clase como es la opresión a las mujeres. Los dirigentes han sido
capaces de sumergir el conflicto de clase con el poder y la riqueza extraída de las naciones
oprimidas. Esta base será derribada, y nos estaremos enfrentando con severas deslocalizaciones
económicas y con guerras injustas.

Bueno, todo esto quizás sea demasiado esquemático. Aquí no estamos intentando escribir un
ensayo. El punto es que este poderoso imperio ha sido construido bajo unas contradicciones
sociales que se están comenzando a agrietar.

Bien, ¿Qué piensas que deberían estar haciendo (los estudiantes de Columbia o
Bernard) (o la juventud) a día de hoy?

Creo que ahora mismo la fuerza motriz sería la movilización gubernamental por la guerra en
América Central y la necesidad de pararla. Para parar realmente estas guerras imperialistas,
también vamos a tener que tratar con las estructuras fundamentales dentro de los U.S.: el
colonialismo interno y el racismo, la dominación de clases, la supremacía masculina. A un nivel
más amplio, querría hacer un llamamiento a los estudiantes para que volviesen a entrar en
contacto con un humanismo básico. El reino de Reagan es una llamada a la unión entre la crueldad
y un cinismo terrible. Pero, sabes, no podemos sentirnos bien o muy íntegros con nuestra
autoestima y humanidad si se la negamos al resto de las personas. Nuestras perspectivas y nuestro
compromiso se deben identificar con las condiciones y aspiraciones de la inmensa mayoría del
género humano – los oprimidos. Si te fijas honestamente en la violencia sistemática de las
condiciones sociales y analizas las estructuras y los poderes que hacen que se cumplan… pues creo
que la única conclusión completamente humana es la revolucionaria.

Artículo en ingles:
http://apa.online.free.fr/imprimersans.php3?id_article=171&nom_site=Agence%20Presse%20As
sociative&url_site=http://apa.online.free.fr
Violencia política.
Mario Domínguez Sánchez
1999. Universidad Complutense. Sociología V

Resumen
La materia propia de la violencia política no se refiere a las violencias individuales, ni al problema
filosófico de la violencia en las relaciones sociales, antiguas y modernas. Nuestra consideración se
dirige casi en exclusiva a las violencias políticas, a los conflictos colectivos en los que está presente
el problema del poder y de la decisión política. Aquello que Michael Mann ha escrito acerca de una
historia del Poder se puede aplicar perfectamente aquí: “Pongo en tela de juicio la aplicación de
conceptos esencialmente modernos -como los de nación, clase, propiedad privada y Estado
centralizado- a periodos históricos anteriores”. Y la inaplicabilidad se deduce de un tipo de
razonamientos semejantes a los de Mann: la violencia y la política pueden operar históricamente
en un movimiento único que podamos caracterizar de violencia política sólo cuando la política
pueda también ser no-violenta; lo cual es plausible -no quiere decir que se realice de hecho- con el
Estado contemporáneo.
El esquema a seguir sería el siguiente:
1. Hacia una definición de la violencia política.
- Criterios “emic” versus criterios “etic”. Negación de la violencia genérica.
- Criminalización y acción colectiva. El conflicto entre gobernantes y gobernados.
- La violencia como instrumento: movimientos de lucha y cambio social.
2. Un caso especial: la violencia política izquierdista en Europa.
- El modelo organizativo y la lógica de la clandestinidad.
- La selección de objetivos: acciones integradoras versus actividad propagandística.
- Repertorios: de la demostración a la guerra.
- Dinámicas intrínsecas y fin de la violencia de izquierda en Europa.

1. Hacia una definición de la violencia política


Nuestra primera propuesta consiste en aproximarnos a la violencia política en tanto que forma de
reacción social inserta en una formación particular de lo social. Cabe partir de una definición
operativa de la violencia, para diferenciarla de otras formas de acción, especialmente aquellas con
connotación social. La violencia, es el fenómeno de la utilización de la fuerza o la amenaza de su
uso entre individuos, grupos o instituciones con el objeto de obtener algo de ese otro que, de otra
forma, no estaría dispuesto a concedernos. En palabras del clásico de los estudios sobre los
movimientos sociales Charles Tilly (1978, p. 176) violencia es “toda interacción social como
resultado de la cual hay personas u objetos que resultan dañados físicamente de manera
intencionada, o a los que se amenaza de manera creíble con padecer dicho quebranto”. Pero esta
definición es demasiado genérica como para resultar operativa, por lo que parece necesario
ajustarla a nuestro marco de estudio.
Por de pronto, debe subrayarse que en cada momento histórico el concepto de un hecho puede ser
definido de una forma distinta a como lo fue en el pasado, sin que por ello supongamos
uniformidades de pensamiento, porque en un determinado tiempo pueden coexistir distintas
concepciones. Este es el caso de la violencia política, pues no toda la sociedad reconoce las mismas
cosas como violentas, lo que hace que incluso puedan llegar a justificarse de manera diversa y
hasta opuesta. No se trata de violencias individuales, ni del problema filosófico de la violencia en
las relaciones sociales, antiguas y modernas. Nuestra consideración se refiere casi en exclusiva a
las violencias políticas, a los conflictos colectivos en los que está presente el problema del poder y
de la decisión política. De la dificultad de este tema complejo pueden ser paradigmáticas las
afirmaciones que se pueden recoger en algunos ensayos recientes que, sin duda con mejor
voluntad que preparación, han afirmado cosas como que “demasiados pensadores intentan darles
un sentido abstracto a las atrocidades humanas o exploran formas de destilar interpretaciones
filosóficas del enorme mar de desesperación que ahoga a tantas personas que han sido víctimas de
la agresión despiadada”.1 Como si la explicación de la violencia y de otras realidades insertas en los
más profundos recovecos del comportamiento humano y social fuera factible, sin más, desde la
observación y el sentido común.
En segundo lugar, es obvio, que lo que distingue una forma de violencia de otra es el objeto mismo
de la violencia. En nuestro caso, lo que haría de la violencia política un fenómeno singular es que
su fin último sea la modificación, desarrollo, sostenimiento o reproducción del ordenamiento
social y, por tanto, de las relaciones y estructura de poder que definen una sociedad, y con ello del
Estado. En definitiva, toda acción de violencia política pretende influir en el ordenamiento social.
El problema central que dificulta los intentos de entender la violencia como un hecho político y por
tanto “historiable”, como una manifestación de lo humano en la que puede discernirse un
desarrollo temporal inteligible, parece derivarse de la naturaleza de la violencia como un
componente genérico de lo social, del que no hay una percepción clara y no se deja analizar
partiendo de la especificidad de los hechos sociales particulares. Para que una realidad tan
genérica como la violencia aparezca como “fenómeno” político-histórico explicable ha de podérsela
entender como hecho social bien discriminado. Tal concreción exige partir del presupuesto de que
“la violencia es una forma de relación social inserta en cualquier conformación particular de las
sociedades”.2 No conocemos sociedades históricas sin presencia de relaciones a las que se puede
aplicar el apelativo de violentas; lo que cabe cuestionar es el grado y frecuencia con que se
presentan. Pero sólo podemos hablar de “fenómenos violentos” cuando determinadas acciones
individuales y sociales tiendan a una especificidad que pueda revelarnos y nos permita atribuirles
de manera inequívoca una influencia sobre la reproducción social.
Ahora bien, lo que hace característica a la violencia política frente a otras formas de acción política
es, como se deduce de la definición anteriormente hecha de violencia, la utilización de la fuerza, es
decir la utilización de este medio para quebrantar la voluntad del originante o promotor de una
forma dada de orden social, de tal manera que se subvierten sus deseos e intenciones. Se trataría,
así pues, de conseguir que se haga algo que, de otra manera nunca sería hecho. Así vista la
violencia política, hay un hecho al que remite en sus distintas formas, el de ser un instrumento de
poder coactivo que es utilizado para la perpetuación, sostenimiento, modificación o cambio del
poder mismo, es por tanto, un elemento de orden y cambio social. No es el único, pero en la
historia de la humanidad se rastrea su utilización recurrente como medio de sustentación o
modificación del ordenamiento social que se construye en las relaciones sociales, relaciones que

1 Luis Rojas Marcos (1995), Las semillas de la violencia, Madrid, Espasa Calpe, pp. 12-13. Se trata de un libro tan bien intencionado
como inane, donde no se intenta una explicación seria del fenómeno de la violencia.

2 Julio Aróstegui (1996): “La especificación de lo genérico: la violencia política en perspectiva histórica”. Sistema, nº 132-133, p. 12.
son siempre de poder.3 Siguiendo con esta argumentación, podemos entonces afirmar que la
violencia política, es una forma de articular la relación que existe entre gobernantes y
gobernados,4 lo que haría de ella un fenómeno que se articularía de arriba a abajo y viceversa, es
decir, se caracterizaría por la verticalidad y por su naturaleza siempre colectiva. Frente a este tipo
de violencia, la de naturaleza social, se distinguiría por ser de carácter horizontal, porque en ella
los actos de violentación de voluntades no tienen por objeto el poder, dado que se produce entre
actores que se encuentran al mismo nivel, lo cual hace que pueda ser tanto individual como
colectiva.
Todo proceso de vertebración o de reproducción social conlleva violencia si por ésta entendemos
un “proceso de resolución no pautada de conflictos”. Pues bien, todo proceso de ese tipo conserva
vestigios o restos de violencia: cuanto más primitiva es una sociedad, esa resolución no pautada se
produce de manera más genérica. Ante ello, el Estado moderno regula tales pautas de forma que el
uso de la violencia se le reserva de manera monopolista, y es ahí, desde el momento en que existe
tal regulación explícita, cuando podemos caracterizar la violencia como fenómeno específico. Antes
de tal cesura, la violencia no aparece como un “fenómeno” verdaderamente identificable como
“acto”, sino un resorte cuidadosamente normalizado, con funciones rituales y simbólicas, en favor
o en contra del Poder, de las relaciones sociales, etc. En su visión desontologizadora del poder,
Michel Foucault cuestiona que éste se halle atrapado en la alternativa: violencia o ideología, para
acabar con la imagen de un poder manipulador, autoconsciente, represor, cuya arma es la
prohibición y su relación con el saber la de producir ideología falseadora. La noción de
normalización es mucho más problemática, posibilita el observar cómo antes de manipular
ideológicamente un saber, el poder es su lugar de formación. 5
Por lo visto hasta ahora, para que sea posible historiar la violencia es preciso que podamos
conceptualizarla a través de la conciencia que las sociedades tienen de que constituye una función
estructural, pero modificable y regulable. No es posible el criterio “etic”, sino que es preciso partir
del “emic”: si una sociedad no es consciente de la violencia como hecho social, no puede haber
historia política de ella, salvo que tal historia la inventemos nosotros mismos. Así ocurre que la
verdadera evolución histórica de la violencia a través de las formaciones sociales es la que se
muestra en la tendencia a hacerse cada vez más explícita, más visible, a convertirse en un
fenómeno específico. Por otra parte, el proceso de “visualización” de la violencia equivale en cierta
manera al de su criminalización: históricamente la categorización específica de los fenómenos

3 Cabe subrayar que el que la violencia política haya sido y sea un instrumento habitual utilizado por grupos socialmente
emergentes para el cambio social no significa: 1) que todo movimiento social recurra necesariamente a ella como medio para
alcanzar sus objetivos, y 2) que no existan formas alternativas para inducir el cambio social (ni que decir tiene para el caso de la
sustentación del orden) al margen de la fuerza. Lo que se quiere señalar es que, aunque toda recurrencia a la violencia política es
para mantener o modificar el ordenamiento social, no toda sustentación o cambio social se produce a través de ella.

4 Ralf Dahrendorf (1979) “Hacia una teoría del conflicto social”. En A. y E. Etzioni (comps.): Los cambios sociales. Fuentes, tipos y
consecuencias. México, FCE.

5 Es justamente célebre el análisis de la economía de la violencia realizado por Michel Foucault (1977) en Vigilar y castigar,
Madrid, Siglo XXI. La relación poder/saber no obedece únicamente a una oposición interesada entre lo que se hace y lo que se dice.
Todo poder posibilita y produce un tipo de saber, de la misma manera que todo saber establecido asegura un ejercicio de poder. La
administración de los cuerpos es normalizadora aún cuando no sea violenta, esto es, el sometimiento del cuerpo puede no ser
violento sin dejar de ser físico. El saber en su relación con el poder puede desarrollarse como saber de gestión, que acumula datos
para la administración de los individuos; saber de investigación, que promueve campos de estudio: salud, técnicas industriales,
demografía...; saber de Inquisición, presente en toda información obtenida por medio de interrogatorio. La unión de ambos saberes
condensa el modelo de relación poder/saber presente en nuestra sociedad desde el siglo XIX y que produce técnicas nuevas de
investigación: estadística, sociología…
violentos va acompañada por lo general de su equiparación al crimen, de su visualización en
términos de justicia.6
La criminalización de la violencia es, ante todo, un proceso histórico lento que permite hablar de
un período “protopenal”. A medida que se perfecciona el mecanismo de la Justicia, el acto violento
como obra de un sujeto personal o colectivo aparece más nítido. Así, la violencia se distingue de
otras acciones o pasa a ser un componente distinguible de algunas, pasa sensiblemente a ser un
actor de poder o un acto contra el poder; la lucha por controlar ese poder se convierte en
estructural. Y en ningún caso estas realidades son más explícitas que en las sociedades capitalistas
contemporáneas, en cuyo seno la violencia devine una realidad política y, en consecuencia,
“historiable” como categoría definida de fenómenos. Dicho de otra forma, no tiene sentido la
propuesta de hacer una “historia de la violencia” genérica, porque es imposible determinar con
claridad qué debe incluirse y qué excluirse de una reconstrucción histórico-política de ese tipo.
Todo análisis político de o sobre la violencia tiene que organizar su desarrollo en torno a alguna de
las manifestaciones distinguibles de ella.
Por otra parte, la violencia política tiene verdaderamente un sentido inteligible, cuando nos
referimos a la acción colectiva. Así lo ha entendido una parte notable de la Sociología Histórica -la
amplia herencia dejada por Moore, sobre todo, retomada por Tilly o Skocpol- y de la historia de los
movimientos sociales.7
Hay tres grandes criterios de diferenciación o tres perspectivas de análisis que pueden constituirse
en la base para el estudio de los hechos de violencia política.
En primer lugar, hay que considerar el corte esencial que introduce el desarrollo del modo de
producción capitalista en la presencia de la violencia social y política. Esta primera distinción entre
las violencias antiguas o primitivas no más que como “relación” redundante, esto es, incardinado
en la propia dinámica de las estructuras sociales; y las violencias nuevas o modernas como “acto”.
En segundo lugar, la violencia que se manifiesta en el campo de la política tiene que entenderse
como una forma particular de ella que es la trascripción o la manifestación más aguda de aquel
conflicto que Ralf Dahrendorf ha entendido como el central de toda sociedad, el conflicto entre
gobernantes y gobernados.8 Este tipo de conflicto absorbe otros globales como el de clases en
cuanto éste se resuelve o intenta resolver en el terreno de la política. De un género distinto es el
tipo de fenómenos que podríamos caracterizar de violencia social, de carácter horizontal, aquella
que aparece en los procesos conflictivos con o sin presencia de fuerza explícita y arbitraria, donde
no se implican directamente problemas de poder, sino desajustes en el plano del “orden social”. La
constituyen todos aquellos tipos de conflictos sin resolución pautada cuyos polos no muestran ese
desequilibrio esencial entre ellos que se da en las violencias políticas. Incluye pues todas las formas
de violencia criminalizables, las formas penales, pero también formas simbólicas y coerciones de
diverso género.

6 En su significación más convincente, no otra es la enseñanza que sobre esta “visualización” de la violencia nos ofrece la conocida
tesis de Norbert Elias que se expresa en su análisis del “proceso de civilización (Norbert Elias (1987), El proceso de la civilización.
Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. México, FCE). Por “civilización” entiende el autor el paso desde formas de
conflicto permanente sin pautas de resolución al establecimiento de mecanismos explícitos de control social. El proceso de la
civilización coincide con el progreso del dominio de la afectividad, del control de la agresividad y la violencia. Algo semejante se
puede deducir si seguimos planteamientos etológicos muy elaborados, como los de Laborit, en los que se propone una visión de la
violencia donde ésta resultaría de la convergencia de lo biológico y lo cultural y donde lo que resulta realmente relevante es lo
cultural (Vid. H. Laborit (1970), L’agressivité étorunée, París, Union Générale d’Editions, pp. 64 y ss.)

7 Vid. W.J. Mommsen y G. Hirschfeld (1982), Social Protest, Violence and Terror in Nineteenth-and Twentieth-Century Europe,
Londres, Macmillan. También C. Tilly (1975), The Revellious Century, Cambridge, Mass., Harvard University Press.

8 Ralf Dahrendorf (1979), “Hacia una teoría del conflicto social” en A. y E. Etzioni (comps.), Los cambios sociales. Fuentes, tipos y
consecuencias, México, FCE, pp. 97-107.
Una tercera distinción centrada en el análisis temporal de los procesos de conflicto-violencia como
eje de la historia de los movimientos y cambios sociales, del estudio de las formas e
instrumentaciones en la violencia. Sin embargo sigue siendo común la confusión de los tratadistas
entre el proceso social que lleva a la violencia, o la violencia como expresión, y la
institucionalización de ésta para la imposición de la posición de una de las partes en conflicto.
Formas e instrumentaciones de la violencia son cuestiones analizables de forma separada, tanto en
la violencia política, como en la social. Puede en tal sentido señalarse una consecuencia debida a la
confusión que los analistas introducen al equipararlas. Se trata de la frecuente asimilación de las
“revoluciones”, o de movimientos reivindicativos de menor cuantía, a meros fenómenos violentos.
Para la mayor parte de los autores americanos, una “revolución” consiste en cualquier especie de
movimiento subversivo que consigue el poder y a veces sin aún conseguirlo.9 Cualquier tipo de
insurgencia armada se asimila al terrorismo y cualquier tipo de protesta social se califica de
insurgencia.
Desde una perspectiva distinta, tiene escaso sentido considerar como violencia política la que
aparece bajo esas formas susceptibles de imputación de criminalidad a individuos particulares.
Sólo tiene relevancia la violencia de las acciones colectivas, o al menos de aquellos fenómenos
violentos que llegan a un nivel de participación interpersonal, a un nivel propiamente social.
La violencia es pues una categoría compleja interrelacionada con todos los demás parámetros de
un cierto estado político y social. Un fenómeno ligado por tanto a los problemas de la acción
colectiva y a los movimientos populares en el caso de las sociedades capitalistas. Sin embargo, la
violencia no es tampoco un mero efecto de ciertos cambios estructurales y, en cualquier caso, el
cambio estructural no basta para explicar los fenómenos violentos, aunque éstos suponen aquéllos.
De ahí la necesidad de plantear una determinación más en el análisis de la violencia política: la
necesidad de referirse siempre a la relación entre Poder y violencia. Así, de lo dicho hasta ahora se
colige que toda violencia política tiene como referente el Estado, en tanto que, como forma de
acción política que es, remite a la organización del hecho público, del que es hacedor y garante él
mismo, por los canales de las instituciones, partidos y organizaciones. De esta manera, puede
incluso decirse que violencia y poder se refieren mutuamente, incluso en los actuales sistemas
políticos democráticos, si bien con la matización de la legitimidad de que goza la utilización de la
coacción y sanción por parte de los Estados democráticos, en los que ésta siempre se haya acotada
por la legalidad, cuando no sencillamente ocultada.10 Se entiende así la preocupación de todo
discurso político por mostrar la violencia como algo que debe ser mantenido a buen recaudo, un
monstruo que debe permanecer lejos o enjaulado. El mínimo descuido podría hacer manifiesto que
el Estado se funda, en efecto, en esa violencia, y que ahí está la evidencia misma de su impotencia,
de su debilidad, de una deslegitimidad siempre intuida y, por ello, obsesivamente ocultada. De este
modo, los discursos oficiales sobre la violencia serían siempre contribuciones a la voluntad del
orden político de disuadir o persuadir a la mayoría social de una cosa de la que nunca aparece del
todo convencida. A saber, que el uso de la fuerza no es lo que es, es decir un recurso cultural y un
lenguaje disponibles para fines asociados a una «última instancia», la administración y control de
la cual depende de la propia sociedad, sino una sustancia demoníaca altamente peligrosa, de la que
la manipulación ha de correr siempre a cargo de especialistas que han sido entrenados por la

9 Una crítica de las teorías más comunes de la revolución se encuentra en R. Aya (1985), “Reconsideración de las teorías de la
revolución”, en Zona Abierta, Madrid, nº 36-37, pp. 1 y ss.

10 Se le da por ello la razón a Hannah Arendt y a Jürgen Habermas acerca de la incompatibilidad entre violencia y poder legítimo, o
más bien, se le concede a Paul Ricoeur, que siempre se negó en redondo a asimilar poder político y violencia, a la manera como una
larga tradición de pensamiento –que culmina en Max Weber– se había empeñado a hacer. Siguiendo a Arendt, no podría existir un
poder violento, sino, como mucho, una dominación, un sometimiento destinado a instrumentalizar la voluntad humana al servicio
de objetivos particulares: “La violencia puede destruir al poder, es absolutamente incapaz de crearlo”.
Administración. Sólo ellos reciben permiso para entrar en contacto con una materia tan dañina,
tanto en el terreno de las prácticas como en el de las representaciones, y preservarnos de una
energía cuyo peligro reside en su extraordinaria capacidad de expresar sentimientos e ideas, de
resolver problemas por la vía rápida y, por último, de poner en comunicación a los seres humanos.
Así pues, queda vedado el análisis de la violencia política en el terreno más rico que históricamente
podíamos hallar, esto es en las interacciones producidas por y con el Estado, dado que cuando éste
lleva a cabo una acción de penalización de la conducta de una persona o grupo no incurre en un
acto de violencia política pues esta coacción es legítima en virtud de un ordenamiento jurídico
aprobado y/o consentido.
Fuera del Estado, la relación de la violencia con los movimientos sociales y el cambio social ha
dado lugar a que en ciertas ocasiones el análisis político de la violencia suponga su consideración
como “epifenómeno” en los problemas de conflicto, de los movimientos y de los cambios sociales.
La aparición de la violencia sería la etapa final y no necesaria del movimiento social de protesta, de
ruptura. Los movimientos sociales pueden conseguir sus objetivos sin el recurso a la violencia
explícita y así lo demuestra la historia europea en muchas de las reivindicaciones obreras; no
existe una violencia necesaria por definición: la aparición de la violencia depende de condiciones
históricas previas.11
La historia de la violencia política se encuentra así vinculada a los movimientos de lucha y de
cambio en cuanto que los poseedores del poder nunca garantizan los derechos si no se les exigen,
mientras “los grupos que emergían (y, para el caso, los viejos grupos que estaban perdiendo poder)
lucharon por sus derechos: frecuentemente transgredieron la ley y frecuentemente se
comprometieron en hechos violentos” escribe C. Tilly resumiendo todo el proceso del siglo XIX en
Europa.12 Una idea esencial para plantear la violencia política consiste por tanto en afirmar el
carácter instrumental que por lo general ésta tiene en movimientos de antagonismo que de suyo
pueden no incluirla necesariamente.
El sentido instrumental de la violencia es el que permite distinguir con cierta claridad lo que
ocurre con los movimientos sociales precapitalistas, en relación con los modernos. La historia de
las revueltas sociales y políticas precapitalistas en Europa antes de la Revolución de 1789 es
conocida: en ellas la violencia es prácticamente consustancial, mucho más frecuente y de hecho
más mortífera -a excepción del poder destructor de las máquinas de guerra modernas- que en las
revueltas bajo el capitalismo. Pero la diferencia entre los movimientos que se desenvuelven desde
el medievo hasta la crisis final del Antiguo Régimen y los que luego aparecen ligados al modo de
producción capitalista, estriba sobre todo en que en los primeros movimiento y violencia son casi
inseparables, en los segundos las coyunturas determinan su gravedad. Aquello que Michael Mann
ha escrito acerca de una historia del Poder se puede aplicar perfectamente aquí: “Pongo en tela de
juicio la aplicación de conceptos esencialmente modernos -como los de nación, clase, propiedad
privada y Estado centralizado- a periodos históricos anteriores”.13 Y la inaplicabilidad se deduce
de un tipo de razonamientos semejantes a las de Mann: la violencia y la política pueden operar
históricamente en un movimiento único que podamos caracterizar de violencia política sólo
cuando la política pueda también ser no-violenta; lo cual es plausible -no quiere decir que se
realice de hecho- con el Estado contemporáneo.

11 Vid. el libro de A. Oberschall (1973), Social Conflicts and Social Movements, Englewood Cliff, The Prentice-Hall Inc., pp. 324 y
ss., en el cual la violencia aparece tematizada sólo al final, en un pequeño capítulo sobre “Group Violence”.

12 Charles Tilly et al (1975), The Revellious Century, Cambridge, Mass., Harvard University Press, p. 280.
13 Michael Mann (1991), Las fuentes del poder social I, Madrid, Alianza Editorial, p. 10.
Por último, la violencia en perspectiva histórica se ve obligada siempre a un estudio comparativo,
en términos del cross-national analysis de los anglosajones. El análisis histórico de la violencia
social o política no puede extraer una base empírica convincente si no tiene una proyección
comparativa empleando como términos los Estados, regiones o zonas territoriales y políticas de
caracterización clara, única comparación posible en materia de violencias colectivas e individuales.
No obstante, el modo en que se ha operado la transición desde los movimientos sociales
precapitalistas hacia las formas modernas de la violencia es algo que no está del todo definido. Las
causas precisas, la naturaleza y ritmo de ese cambio han sido y son cuestiones muy
controvertidas.14 Parece claro que la transformación social y política es de tal magnitud que las
formas de la violencia antigua ya no sirven frente a los poderes nuevos, en especial frente a un
Estado mejor organizado y con más medios técnicos. El curso de la historia contemporánea ha
mostrado, primero, la inexorable transferencia desde el mundo rural al urbano de la gestación,
dirección y resolución de los grandes movimientos de protesta y violencia. Después, el ritmo de la
transición de los movimientos premodernos a los modernos está estrechamente relacionado con el
de la urbanización e industrialización. Hay por último una relación inequívoca entre los ritmos de
tal transición y los que muestran los cambios de regímenes políticos: una mayor presencia de
conflictos de régimen político se corresponde con mayor presencia de movimientos violentos.15
Pero la verdadera evolución de la violencia colectiva en relación con la urbanización y la
industrialización nos deja muchas dudas pendientes, pues en ocasiones ambas cosas tienen una
correlación negativa. Ahora bien, el otro elemento clave en la caracterización de una historia de la
violencia política en el mundo capitalista es indudablemente la evolución del Estado. El modelo de
correlación entre violencia y capitalismo no puede dejar de incluir las transformaciones del Estado
y el cambio en su función de regulador social. El primer Anthony Giddens había señalado de forma
penetrante el papel del Estado-nación en la transformación de la función y uso de la violencia,
sobre el contexto general de la poco discutida aseveración weberiana de que la modernidad se
caracteriza por la constante y creciente atribución al Estado del monopolio de la violencia legítima.
Esta propiedad es, quizás, una de las características más identificativas del Estado moderno, en
cuanto que en él, el único legitimado para utilizar la violencia es el propio Estado. Dicho de otra
manera, hasta el momento de la modernidad, la violencia constituía un modo habitual de
resolución de conflictos y hasta de relación social. Sin embargo, con el advenimiento del Estado
moderno, este se arroga el monopolio de la violencia a diferencia de etapas históricas del pasado
en las que la violencia era una forma de acción consustancial a la política. Podemos decir que, en la
medida que aparece una forma de acción política normalizada no violenta, empieza a existir la
violencia política. La cuestión estriba en si esta atribución del monopolio de la violencia por parte
del estado es un proceso lineal y sin matices.16
El monopolio progresivo de la violencia por parte del Estado capitalista tiene como contrapartida
la creación de un orden nuevo en las relaciones sociales: el que atribuye a los poseedores del
capital y de los medios de producción la facultad de establecer su propio orden económico del que
teóricamente se ha desterrado la “coerción extraeconómica” pero que instituye una forma de
dominación monopolística. En la sociedad capitalista se establece un doble control: el del Estado

14 Las teorías sobre la modernización de Eisenstadt o de Apter intentan aclarar la relación entre el paso a las sociedades
industriales, la desorganización de las viejas comunidades y la aparición de nuevos movimientos sociales. Puede verse un variado
abanico de posiciones sobre la naturaleza de la protesta y la revuelta en esa época de transición en J.R. Gusfield (ed.) (1970),
Protest, Reform and Revolt. A Reader in Social Movements, Nueva York, John Wiley & Sons.

15 Esta correlación en el caso del Estado español es ostensible.


16 A. Giddens (1985), The Nation State and Violence: A Contemporary Critique of Historical Materialism, Cambridge, Polity
Press.
sobre la violencia, lo que constituye la “autoridad pública”, fundada en el monopolio de los
instrumentos de violencia, y el del mercado a través del contrato de trabajo capitalista. Con este
proceso el sentido de la violencia cambia por entero, por ello puede hablarse con propiedad de
violencia política. Se supone que el mundo del mercado se autorregula, no así el Poder del Estado
que equivale a la Violencia del Estado. El Estado capitalista se enfrenta a las clases subordinadas,
no a los señores del mercado; la violencia del Estado tiene ahora una función disciplinar, crea una
“vigilancia burocrática” para la que la violencia constituye un instrumento frente a la violencia
ejemplar que, como explicaba Foucault, es la propia de las sociedades precapitalistas.
Inmanuel Wallerstein ha destacado por su parte que en la economía-mundo capitalista, la
violencia desempeña un papel específico.17 El moderno sistema de economía-mundo está mucho
más extendido y es más complejo que todo los que han existido antes y sus orígenes se encuentran
ya en la primera expansión europea del siglo XVI. En esta evolución la violencia se ejerce cada vez
más por instituciones que por individuos, lo cual es evidente en el caso de la violencia política, pero
lo es también en las violencias sociales y en ámbitos sutiles como el de las violencias simbólicas, o
el de las coerciones ideológicas de todo tipo. La violencia individual ya sólo tiene trascendencia por
los resultados de su trascripción colectiva. La crisis que comienza en 1968/1973, con la cual acaba
un periodo de acumulación capitalista sin precedentes, vino a mostrar que no se podía eliminar la
violencia en el centro mientras seguía la opresión de las clases tradicionales a escala mundial y se
desarrollaban movimientos de liberación nacional. El proceso entonces abierto fue decisivo.

2. La violencia política de la izquierda


El año 1968—no sólo Paris, sino también Praga, Francfort y Milán—representa el fin de la
hegemonía del marxismo institucional y ortodoxo que era la ideología oficial de la Unión Soviética
y de los partidos comunistas occidentales. Empieza el proceso de salida del marxismo por parte de
la izquierda occidental. La proliferación de grupúsculos y organizaciones era la expresión de un
profundo malestar que se achacaba al inmovilismo del comunismo ortodoxo. La confusa
ceremonia ideológica del archipiélago izquierdista en que trotskistas, leninistas y maoístas
rivalizaban, en ridículos ejercicios de doctrinarismo. por el título de motores de la historia, no
ocultaba la fascinación por la acción. Si la crítica del revisionismo (la desviación burocrática de los
partidos comunistas) era un lugar común de las doctrinas revolucionarias, la fascinación por el
gran día (el momento revolucionario) ocupaba las fantasías de aquellas militantes. En tiempos en
que parecía que todo era posible, la urgencia del paso a la acción alentó la fractura terrorista.
Seguramente se produjo entonces el momento culminante de las concepciones de la violencia
política procedente de la izquierda de tradición marxista-leninista. Pero no es posible entender
esta nueva época de las violencias políticas desde una óptica con pretensiones homogeneizadoras:
es evidente que las utopías izquierdistas de la Europa del gran desarrollo tuvieron mucho que ver
con el nacimiento del terrorismo, de la lucha armada anticapitalista y demás formas
“combatientes” de discusión del orden existente.18 Después de 1968 fue el momento del gran
desarrollo de fuerzas como las Brigadas Rojas, la Fracción del Ejército Rojo (RAF), Lotta Continua,
Revolutionärer Zorn, etc.19 No hace falta insistir en la diversidad social y política de estos

17 Inmanuel Wallerstein (1982), El moderno sistema mundial, Madrid, Siglo XXI.


18 La tesis del origen sobre todo izquierdista marxista (leninista o maoísta) de los movimientos de violencia política armada en la
Europa de los sesenta se mantiene con fuerza en L. Weinberg (ed.) (1992), Political Parties and Terrorist Groups, Londres, Frank
Cass & Co., especialmente entre el propio trabajo de Weinberg acompañado de un abundante aparato estadístico.

19 Sobre las Brigadas Rojas, tal vez el más trascendente movimiento de los países desarrollados, existe un extraordinario trabajo
cuantitativo y cualitativo que se elaboró bajo la dirección de un dirigente histórico como Renato Curzio (1994), La Mappa Perduta,
Roma, Sensibili alle Foglie, con material estadístico, recuento de las organizaciones, acciones terroristas y los principales militantes
movimientos, ni tampoco en su heterogeneidad como formas de violencia política; lo que no
parece procedente es la suposición de que toda la discusión del orden liberal-capitalista después de
1968 es de procedencia izquierdista. Las Brigadas Rojas no se entienden en Italia sin la potencia
del neofascismo. En la cultura izquierdista de la época, nadie discutía lo que se llamaba la violencia
defensiva, la respuesta a las acciones represivas. Eran tiempos de gran actividad de los grupos
fascistas paramilitares y del terrorismo negro, de modo que “había poco margen para la reflexión
moral: te debías defender automáticamente”, en palabras del brigadista Paolo Lapponi, compañero
de fatigas de Valerio Morucci.
Pero estas fronteras eran muy débiles y el paso a la violencia propiamente terrorista se hizo en un
clima en que las cosas no eran nítidas como se pretende ahora. Rossana Rossanda, a pesar de que
Il Manifesto nunca tuvo veleidad armada alguna, ha tenido siempre la honestidad de reconocer
que entre los discursos de su grupo y de las Brigadas Rojas había cierto “aire de familia”.
El periodo central de esta nueva era de conflictos violentos se desenvolvió durante veinte años,
entre 1969 y 1989. El significado de esta segunda fecha, la caída del muro y el consiguiente efecto
de “agujero negro” que supuso respecto a los movimientos que lejanamente se inspiraban en el
marxismo-leninismo, no parece tampoco necesitada de una explicación especial. Los fenómenos
de violencia política desde el 68 hasta los fundamentalismos (religiosos, sociales o nacionalistas,
incluido además el neofascismo), son de una enorme heterogeneidad y ocupan por sí solos un
amplio sector de la violencia política en el mundo contemporáneo. Casi todas las morfologías,
ideologizaciones e instrumentaciones posibles de la violencia política, tanto de izquierda como de
derecha, en forma de lucha armada, guerrilla rural o urbana, insurrección militarizada, terrorismo,
represión estatal policial o militar, etc., han estado presentes en estos años de tensión
internacional. La más arbitraria de las simplificaciones y la más atrevida de las mezcolanzas
acompañan, sin embargo, a una parte importante de la abundante bibliografía existente.20
Pero de todas las formas de violencia política presentes en la segunda mitad de este siglo, el
problema fundamental para la investigación sociológica y politológica es la destacada presencia del
terrorismo como el fenómeno más alarmante, generalizado, el más difícil de combatir y el más
difícil de caracterizar. La importancia del terrorismo es, sin embargo, relativa a la propia visión del
asunto que se tiene desde el mundo occidental, desde las sociedades industriales que son las que se
sienten especialmente afectadas por él. Los movimientos de violencia política armada de carácter
liberador en zonas periféricas de la economía-mundo tienen mucha más importancia histórica,
pero el mundo de los estudiosos y analistas se siente bastante menos concernido por ellos.
Llamar terrorismo a cualquier forma de discusión violenta, con empleo de armas, del poder
estatal, del orden social o de algunas particularidades de él en determinados ámbitos políticos,
entender todo ello como una nueva forma de guerra, aplicar a cualquier movimiento de rebeldía el
apelativo de “guerra revolucionaria” constituye un craso error, muy frecuente por lo demás, al que
no es ajeno por lo común la propia implicación política de quienes se pronuncian. Existen
tratadistas serios del terrorismo,21 pero en otros casos nos encontramos ante analistas más o

desde 1969. No existe nada parecido para ETA, tal vez los seis volúmenes que editó Txalaparta con lujo bibliográfico aunque sin
apenas exhaustividad de contenido, siendo tal vez más interesantes los publicados por la misma editorial de Pier Luigi Bruni, ETA,
Historia de una lucha armada, I y II.

20 No es infrecuente hacer categorías equiparables de asesinatos políticos, huelgas generales, purgas y revoluciones.
21 Entre los mejores análisis sobre el asunto se siguen encontrando los de Martha Crenshaw (1972), de quien puede citarse un
artículo pionero “The concept of Revolutionary Terrorism”, Journal of Conflict Resolution, XVI, 3, sept., pp. 383 y ss. También G.
Wardlaw (1982), Political Terrorism. Theory, tactics and counter-measures, Cambridge, University Press. Asimismo Paul
Wilkinson (1986), Terrorism and the Liberal State, Bolingstoke, Macmillan. Desde unos presupuestos y objetivos analíticos
distintos es importante Michel Wieviorka (1988), Sociétés et Terrorisme, París, Fayard. Una obra distinta, pues se plantea desde
una reflexión crítica de filosofía política es la de P. Gilbert (1994), Terrorism, Security and Nationality, Londres-Nueva York,
Routledge. Entre nosotros destacar el monográfico dedicado por la revista Sistema, nº 132-133, 1996, en especial los artículos de
menos al servicio de los poderes estatales, sobre todo en el mundo anglosajón. El recuento crítico
de la bibliografía existente merecería por sí solo un esfuerzo. No podemos detenernos aquí en
argumentaciones sobre la forma de caracterizar qué es terrorismo y qué no lo es entre las formas
de violencia política contemporáneas, no obstante cabe señalar al respecto que se ha dicho, y con
razón, que el calificativo de “terrorismo” aplicado a todos los medios armados se utiliza por lo
común para descalificar de raíz, sin ninguna consideración ni matización tales medios,22 con lo
que el término viene a tener un espesor semántico nulo: al igual que los insultos sólo sirve para
calificar a los “otros”.
El terrorismo se ha consolidado como una forma bastante específica de violencia política hasta
constituir y entenderse como un problema de “desafío” a los Estados y sus políticas, e incluso al
orden internacional. Estamos ante un fenómeno que en cierta manera forma parte de la historia de
las relaciones internacionales: en un mapa europeo, países como Italia, Reino Unido, Francia,
España, Alemania tienen contenciosos terroristas en su interior, cuyo origen es distinto en cada
caso y en el interior de un Estado pueden darse diversas formas. Pero la indiscriminación y cierto
sesgo imperialista con que se aborda el fenómeno del terrorismo internacional no dejan de ser
llamativos.23
El modelo organizativo y la lógica de la clandestinidad
Las BR fueron capaces de erigir la estructura organizativa más compleja de todos los grupos
europeos. El poder de toma de decisiones se encontraba centralizado en la dirección nacional -
formada a través de la cooptación- que decidía la “dirección de las columnas” a nivel de las
ciudades, en las que únicamente podían integrarse militantes clandestinos. Durante la mayor parte
del tiempo no existieron estructuras abiertas a simpatizantes, únicamente se aceptaban aquellos
individuos capaces de superar un largo test de selección que evaluaba el coraje militar y la
fidelidad a la organización. En la estructura compartimentada y jerárquica de las BR, los militantes
“irregulares” (que podían mantener el puesto de trabajo y vivir con sus familias) estaban
explícitamente subordinados a los militantes (regulares” (dedicados a tiempo completo y que
vivían en la clandestinidad, incluso cuando no eran buscados por la policía). Únicamente los
miembros regulares -calificados como los “más conscientes y generosos cuadros resultado de la
lucha armada”- podían de hecho formar parte de la “estructura vertical de comando”.24
Sumergirse en la clandestinidad era la evolución lógica de una cerrera terrorista y la vía para
ascender en la jerarquía.
En cuanto a la RAF, debido a que siempre tuvo un tamaño mucho menor que las BR, su estructura
permaneció más esquelética. Cada grupo era relativamente autónomo y todos operaban de una
forma un tanto caótica, desplazándose de una ciudad a otra en función de la disponibilidad de
apoyo logístico. En todo caso, el poder estaba concentrado en las manos de los líderes de la
organización que se encontraban en prisión, y este grupo desarrolló una mentalidad elitista con el
fin de justificar tal poder.

Julio Aróstegui, “La violencia política en la perspectiva histórica”, pp. 11-39 y de Adela Cortina, “Ética y violencia política”, pp. 57-
71.

22 Pedro Ibarra Güell (1987), La evolución estratégica de ETA (1963-1968), Donostia, Kriselu, p. 10.
23 Un ejemplo actual bastante significativo es R. Clutterbuck (1994), Terrorism in an unstable World, Londres-Nueva York,
Routledge, donde da lo mismo hablar de “rural guerrilla warfare” que de “airport and airline security”. También cabe citar a Bruce
Hoffman, para quien ha comenzado una nueva era del terrorismo “más mortífera y dura que cualquier otra anterior”, de modo que
“el hilo conductor de toda esta ola de violencia y sangre es la religión”.

24 Véase Giancarlo Casellu y Donatella della Porta (1984), “La storia delle Brigate Rosse: strutture organizzative e strategie
d’azione”, pp. 153-221) en Donatella della Porta (ed.) Terrorism in Italia, Bolonia, Il Mulino.
En un principio, tanto la RAF como las BR habían respaldado la idea de guerra de guerrillas,
combinando formas de acción legales y militares. Sin embargo, cuando ambos grupos tuvieron que
sumergirse en la estricta clandestinidad con el fin de escapar a la represión estatal, este objetivo
parecía ya no ser alcanzable.
La opción elegida de inmersión en la clandestinidad separó a estos grupos del escenario social.
Formando un círculo vicioso, su extremo aislamiento los empujó a elegir modelos organizativos
que los protegieran de la creciente represión, pero esto a su vez incrementaba su aislamiento. Sin
embargo, incluso la más clandestina de las organizaciones descentralizó en algunos períodos sus
modelos organizativos, creando estructuras abiertas a simpatizantes -como los diferentes “Comités
Antifascistas” de la RAF, así como los “Núcleos del Movimiento Proletario de Resistencia Ofensiva”
creados por las BR.
Por otra parte, tanto en Italia como en Alemania, las organizaciones clandestinas posteriores
reconocieron las limitaciones que imponían las estructuras centralizadas y compartimentadas y, en
directa oposición a las BR y la RAF, intentaron mantener sus estructuras más abiertas y
descentralizadas. Así, en Italia, las organizaciones que surgieron durante la segunda mitad de los
setenta estaban relativamente descompartimentadas y abiertas. Su principio director era
“clandestinidad en la acción militar, pero no en el proselitismo”, planteando su deseo de evitar los
que consideraban dos errores cometidos por las primeras organizaciones clandestinas: la absoluta
clandestinidad, así como la definición exclusiva de la acción como militar. Se criticaba a las BR por
su intento de “transferir a las metrópolis el modelo sudamericano de guerra de guerrillas” y por lo
tanto el concepto de organización como una “máquina militar” y el del partido, como si encarnara
un ejército. De manera similar ocurría en Alemania, con una estructura extremadamente
descentralizada, lo cual iba ligado a la falta de una jerarquía interna. En la medida en que era
compatible con una estructura clandestina, la adopción de decisiones constituía una proceso
colegiado.
En resumen, tanto para las BR como para la RAF -que se encontraba aún más aislada- el
aislamiento era una forma de proteger a sus militantes, pero aquellos grupos que operaban en
entornos más tolerantes con la violencia, fueron capaces de adoptar un modelo organizado más
abierto. Sin embargo, los modelos menos clandestinos únicamente podían actuar durante cortos
periodos de tiempo, y lo normal era verse diezmados por los arrestos tras su fundación.
La creciente marginalización dentro de los muchos movimientos en los cuales pretendían influir,
así como la represión estatal no eran los únicos factores que contribuían a la desaparición de una
organización violenta. Los fracasos y el creciente nacionalismo incrementaron las disensiones
internas- la posterior hipercentralización redujo la tolerancia hacia el disentimiento. Con el paso
del tiempo, los conflictos internos surgidos especialmente en las organización de larga vida y en
concreto entre diferentes “generaciones” a menudo se manifestaba a través de enfrentamientos
entre los militantes en prisión y aquellos que se encontraban fuera.
Podemos entonces concluir que, por lo general el modelo organizativo de los grupos clandestinos
evoluciona hacia formas más centralizadas y/o compartimentadas, reforzándose de esta manera el
círculo vicioso de creciente aislamiento. El riesgo de ser descubiertos inducía a los miembros a
concentrar la toma de decisiones en un pequeño grupo de líderes clandestinos. Las crecientes
dificultades de reclutamiento, incluso en los ámbitos más radicales de los movimientos, redujo la
importancia potencial de las estructuras de masas, así como su autonomía. Cuando la represión se
incrementó y el apoyo de los movimientos sociales disminuyó, las organizaciones se replegaron
sobre ellas mismas abandonando las estructuras que previamente se habían abierto a los
simpatizantes. Incluso, ante múltiples evidencias de derrotas, el camino elegido de la
clandestinidad permaneció impreso en estos grupos- es decir, una vez que habían optado por
sumergirse en la clandestinidad, aseguraron virtualmente que su desarrollo se viera determinado
por dinámicas internas, en lugar de por la interacción con un entorno más amplio. Hicieron
hincapié en la supervivencia y la solidaridad, antes que en la eficacia política, de acuerdo a lo que
los teóricos de la organización llamarían “path dependency” (dependencia de la trayectoria).
La selección de objetivos: acciones integradoras versus actividad propagandística.
Aunque a menudo se define el terrorismo como un tipo de acción dirigida a “aterrorizar” al
enemigo o al público, las acciones de estos grupos armados no tienen siempre por objetivo
maximizar la cantidad de terror desencadenada. De hecho, muchas acciones tienen por objeto
incrementar el apoyo a los grupos clandestinos entre los diferentes movimientos sociales. Sin
embargo, debido a que un elevado número de acciones se han orientado hacia objetivos
integradores, éstas acaban siendo con frecuencia contraproducentes en lo que se refiere a la
acumulación de apoyos externos.
Planteando un análisis exhaustivo de las dos principales fuerzas armadas, esto es las BR y la RAF,
Donatella della Porta (íbid., p. 20) calcula que tanto en el caso alemán como en el italiano, las
organizaciones armadas centraron aproximadamente la mitad de sus acciones entre 1970-1983 en
la propaganda. Los ataques físicos contra los enemigos políticos o sociales tenían por objetivo
demostrar que los medios violentos eran más efectivos que los no violentos, y por consiguiente
más útiles para ganar apoyos entre los activistas de los diferentes movimientos. Un análisis más
detallado de las diferencias entre las organizaciones en el mismo país confirma la influencia de las
preferencias y las especificidades nacionales de los movimientos izquierdistas y libertarios.25 Por
ejemplo, el concepto de “lucha antiimperialista” se encontraba más extendido en el entorno del
movimiento social alemán que en el italiano, mientras que los activistas de los movimientos
italianos encontraban mayor apoyo en las grandes fábricas que sus colegas alemanes. Asimismo,
los aparatos represivos estatales constituían un objetivo preferente de los movimientos radicales
en Alemania que en Italia. Esto sugiere en parte que en este último país, las BR centraran sus
acciones de propaganda en las fábricas, en concreto el 40% de sus acciones. Podemos explicar la
mayoría de estas preferencias en función de la búsqueda de partidarios potenciales. Cuando
surgieron las BR, a principios de los setenta, los obreros de las grandes fábricas constituían la
principal referencia para los militantes de la Nueva Izquierda. Al concentrar sus acciones en ese
ámbito, las BR confiaban en atraer a nuevos miembros de los grupos izquierdistas más radicales
con una formación marxista-leninista. No fue casualidad el hecho de que sus primeras acciones se
perpetraran en fábricas en las que grupos organizados se habían levantado en contra de los
sindicatos y donde la violencia constituía un medio aceptado como forma de conducta en los
conflictos industriales.
Los objetivos seleccionados por la segunda generación de organizaciones armadas reflejaban los
temas de los movimientos radicales activos a partir de 1975. En particular recogían las preferencias
de los militantes del radical “Movimiento 77” donde las organizaciones armadas pretendían
reclutar nuevos adeptos, concentrando sus esfuerzos en las áreas problemáticas en que el
“Movimiento 77” intervenía: vivienda, coste de la vida, desempleo y estupefacientes. Desde el
momento en que estos grupos consideraron poder y represión como un fenómeno social, antes que
político, aquellas agencias y agentes involucrados en la “penetración del control social” en la esfera

25 Véase Donatella della Porta y Dieter Rucht (1995), “Left-libertarian Movements in Context: Comparing Italy and West Germany,
1965.1990”, en J. Craig Jenkins y Bert Klandermans (eds.), The Politics of Social Protest. Comparative Perspectives on States and
Social Movements, Minneapolis, Minnessota University Press.
privada de las vidas individuales se convirtieron en objetivos preferentes: entre ellos, psiquiatras y
tiendas de ordenadores.26
En Alemania, en sus escasas acciones propagandísticas, la RAF afirmaba continuar las campañas
del movimiento de estudiantes alemanes. La ideología antiimperialista de la RAF y la profunda
“repugnancia” por la “masa trabajadora” alemana explica por qué esta organización concentró sus
acciones propagandísticas contra los Estados Unidos (instalaciones militares de la OTAN, ataques
a representantes norteamericanos). Por el contrario, las acciones de las RZ reflejaban una elección
estratégica distinta, basada en su concepción de los estratos marginales de la población como
potenciales adeptos al movimiento. Así, durante los ochenta, la mayoría de sus ataques se centró
en aquellas instituciones responsables de políticas restrictivas contra inmigrantes y refugiados en
busca de asilo político. Merece la pena señalar que mostrando cierta “flexibilidad” (y por la
necesidad de reclutar nuevos miembros), tanto la RAF como las BR intentaron infiltrarse en el
movimiento pacifista a comienzos de los ochenta, emprendiendo acciones contra la OTAN.
En resumen, podemos afirmar que las preferencias de los distintos movimientos sociales pueden,
al menos en cierta medida, explicar los objetivos específicos que las organizaciones armadas
seleccionaron con fines propagandísticos, así como los pertenecientes a aparatos represivos. Sin
embargo esta explicación no resulta válida en relación al elevado número de acciones defensivas;
por ejemplo, hasta 1972 las actividades ilegales de la RAF consistían principalmente en robos, y de
hecho, las bombas contra aparatos del Estado y los robos de bancos terminaron por constituir toda
la actividad de las “guerrillas liberadoras de guerrillas”, tal y como definía las actividades un
antiguo miembro. Aunque los grupos italianos habían iniciado sus campañas con acciones
propagandísticas mucho tiempo antes, este tipo de acciones había disminuido drásticamente,
incrementándose el número de acciones contra los aparatos del Estado y de autodefensa. Estas
acciones no solamente carecían de efectos “promocionales” sino que a menudo alejaban a antiguos
activistas simpatizantes que formaban parte de los movimientos sociales. Los robos de bancos
hacían parecer criminales comunes a los militantes, y los choques armados con los policías
producían víctimas; incluso los activistas más radicales de los movimientos sociales condenaban
duramente los atentados contra las vidas de antiguos militantes considerados como traidores. Sin
embargo estas acciones eran necesarias para la consecución de objetivos internos: la obtención de
recursos materiales, evitar arrestos y mantener la lealtad de los miembros.
De forma significativa, el número de accione integradoras tiende a incrementarse a lo largo del
tiempo. Progresivamente los activistas abandonaban la actividad propagandística en favor de la
defensa de los militantes contra la represión estatal -es decir, empleaban la mayor parte del tiempo
en ocultarse, planeando huidas y buscando venganza. Esta actividad disminuía siempre que la
violencia aumentaba dentro de los movimientos sociales. En Italia durante la segunda mitad de los
años setenta, y en Alemania durante los primeros años ochenta, la esperanza de encontrar nuevos
adeptos impulsó a los grupos clandestinos a emplear una mayor cantidad de recursos en
actividades de propaganda. Pero cuando la violencia de “masas” declinaba, los grupos clandestinos
se encontraban una vez más, expuestos en mayor medida a la represión estatal, por lo que de
nuevo tenían que renunciar a la propaganda y emplear todos sus esfuerzos en la mera
supervivencia.
La necesidad de resultar atractivos a los simpatizantes potenciales de los diversos movimientos
sociales influyó en la elección de los repertorios de opciones, así como en los objetivos. Por lo
tanto, las organizaciones no han intentado destruir todo lo que han podido, ni tampoco provocar el
mayor número de víctimas posible. Por el contrario, al menos al principio de su existencia,

26 Igual que en la actualidad lo son las ETTs.


utilizaron formas demostrativas de violencia basado ante todo en ataques contra la propiedad. Sin
embargo, aparte de las diferencias tácticas de los grupos tomados de manera individual, las
acciones armadas han tenido a evolucionar siguiendo una tendencia general, comenzando con
actos violentos de baja intensidad y degenerando hacia formas crecientemente violentas. La
actividad militar ha seguido un patrón muy similar en Italia y Alemania. En este país, la RAF
evolucionó rápidamente hacia formas de acción más letales y, ya en 1975, el número de asesinatos
alcanzó su punto máximo. En Italia, la campaña de las BR sufrió una escalada más lenta, logrando
su momento cumbre alrededor de 1974-75. En su fase inicial, las acciones brigadistas consistían
principalmente en coches bomba y en la realización de secuestros simbólicos. Poco después, las
bombas contra propiedades disminuyeron proporcionalmente y se aumentaron los ataques contra
personas.
De nuevo podemos referirnos a las diferencias existentes en las características de los diversos
movimientos sociales con el objeto de explicar los repertorios militares. No era probable que las
acciones contra la propiedad, con las que las organizaciones armadas iniciaron sus campañas,
sufrieran condenas por parte de los movimientos izquierdistas-libertarios. Pero cuando se
produjeron las primeras muertes -policías y militantes- durante los robos de bancos o secuestros y
los tipos de acciones fueron más violentas, la crítica hacia la violencia creció entre los
movimientos. La evolución de las acciones terroristas se vio influida por dos factores: el grado en
que la violencia se acepta por los distintos movimientos sociales y las estrategias antiterroristas
gubernamentales. Cuanto más aisladas se encontraban las organizaciones armadas, más se
radicalizaban sus acciones bajo la presión de la represión militar y policial.
La espiral de la creciente -y cada vez más destructiva- violencia se interrumpió cuando surgieron
conflictos sociales violentos en el seno de los movimientos sociales. En ese momentos aumentaron
las oportunidades para el reclutamiento y surgieron nuevos grupos armados con la intención
expresa de utilizar formas de acción menos violentas que utilizadas por las organizaciones ya
existentes (las BR y la RAF). Esta competencia obligó a las organizaciones establecidas a
“reconvertir” sus estrategias, para centrarse de nuevo en los ataques contra la propiedad (que eran
más aceptables que los asesinatos políticos para los círculos radicales de los movimientos sociales)
e intensificar sus campañas de propaganda. Sin embargo, estas fases no duraron mucho tiempo,
cuando los segmentos radicales se van desvaneciendo, las organizaciones clandestinas han de
afrontar una presión policial más intensa con recursos reducidos. Al abandonar las acciones
demostrativas del principio, se concentran en su guerra contra el Estado.
Las organizaciones clandestinas no actúan de forma aleatoria, ni por “sed de sangre”; por el
contrario, emplean una gran cantidad de energía en la elaboración de lo que Crenshaw27
denominó “reestructuración cognitiva”, a través de la cual se presenta la conducta reprensible
como honorable. “Macronarraciones” históricas, lingüísticas y religiosas que justifican la violencia
se incluyen en estructuras ideológicas eclécticas. Al utilizar los procesos de “ampliación de
estructuras”,28 los militantes son capaces de aceptar la lucha armada basándose en los discursos
del movimiento social. Tanto en Italia como en Alemania, la elección de los objetivos coincidía en
parte con las declaraciones ideológicas dentro de las cuales la lucha armada se justificaba, de ahí
que pueda decirse que eran reflejo de las preferencias ideológicas de los movimientos sociales.

27 Martha Crenshaw (1992), “Decisions to Use Terrorism: Psychological Constraints on Instrumental Reasonin”, pp. 29-42 en
Donatella della Porta (ed.), Social Movements and Violence: Participation in Underground Organizations, Greenwich Co., JAI
Press.

28 David A. Snow et al (1986), “Frame Alignment Processes. Micromobilization and Movement Participation”, American
Sociological Review, vol 51, pp. 464-481. En el lenguaje periodístico se suele denominar a tales procesos como “caja de resonancia”.
En Italia las BR se adhirieron a la ideología marxista-leninista en la que la clase trabajadora era el
sujeto revolucionario y donde su partido tenía que luchar para conquistar el Estado. Las BR
justificaron su decisión inicial de sumergirse en la clandestinidad, afirmando que Italia se
encontraba en peligro de caer víctima de un golpe de Estado fascista, una amenaza que hacía de la
violencia un instrumento necesario para la defensa. Las BR elaboraron una “síntesis” ideológica de
la lucha armada contra el fascismo y en las fábricas con la imagen de un golpe fascista como un
intento capitalista de hurtar a la clase trabajadora todo lo que había conseguido. Según las BR, la
burguesía había “hecho su aparato de poder más derechista”, intentando de este modo mantener el
control en las fábricas por medio del “creciente despotismo contra la clase trabajadora, la
militarización del Estado y de la lucha de clases, la intensificación de la represión como una
medida estratégica”. Cuando la represión estatal, por cierto durísima y apoyada por una de las
patronales más reaccionarias de toda Europa, hizo más peligrosa la intervención directa en las
grandes fábricas, las BR se centraron en objetivos más estrictamente políticos, e incrementando la
acción militar, desplazándose desde una “paz armada” a una “guerra civil abierta”.
A diferencia de las BR, el resto de las organizaciones armadas italianas como Prima Linea
adoptaron una estructura ideológica relativamente nueva, procedente de los movimientos
radicales de finales de los setenta.29 De acuerdo a esta estructura, la opresión social era más una
cuestión de alienación individual que de explotación económica desde la que el poder estatal
controla la vida privada de los ciudadanos. La juventud urbana asume la responsabilidad de la
clase trabajadora de liderar la revolución.
También en Alemania la ideología expuesta por la primera organización que surgió (RAF) era más
tradicionalmente izquierdista que las adoptadas por los grupos que surgirían posteriormente. sin
embargo, en relación a la postura de las BR, la orientación de la RAF era más intiimperialista que
leninista; y mientras las BR adoptaron una visión optimista sobre la actitud revolucionaria de la
clase trabajadora, la perspectiva de la RAF era completamente pesimista. Desde su punto de vista,
la clase obrera alemana estaba sujeta a los intereses del capital multinacional y no ofrecía ninguna
resistencia al Estado fascista alemán, ni al SPD como “transmisor del nuevo fascismo”. La lucha
armada se justificaba pues como única alternativa al reformismo. Cuando el grupo fue aislado
progresivamente tras el arresto de numerosos miembros, tuvo que desplazar en 1971 desde Berlín
a la RDA, haciéndose su ideología incluso más pesimista sobre la posibilidad de erigir un
movimiento revolucionario en la RFA. Por ello consideraban que era necesario comenzar a
organizar inmediatamente la guerra de guerrillas urbana, porque sería demasiado tarde
organizarla más adelante cuando la situación fuera por fin lo suficientemente madura para la lucha
armada. Declaró en tal sentido que la clase obrera alemana se había convertido en una aristocracia
corrompida por el capital hasta tal extremo que ya no era posible centrar ninguna actividad
política en ella; y por ello la RAF rechazó la estrategia de una parte de la izquierda radical que
todavía consideraba a la clase trabajadora de las metrópolis como el sujeto potencialmente
revolucionario. Desde el punto de vista de la RAF, el “auténtico frente de lucha” se encontraba en
el Tercer Mundo, entre el imperialismo y el pueblo.
Las fuerzas -la lógica- que actúan para influir en los objetivos y repertorios militares han
desempeñado también un importante papel a la hora de determinar las ideologías de estas
organizaciones clandestinas. En cualquier lugar los activistas han utilizado los procesos de
“amplificación de estructuras” para justificar la lucha armada entre pequeños círculos de activistas
de los movimientos sociales. Sin embargo, tanto en Italia como Alemania, las ideologías de estas

29 Vittorio Dini y Luigi Manconi (1981), Il discorso delle armi. L’ideolgia terrorista nel linguaggio delle Britate Rosse e di Prima
Linea. Milán, Savelli.
organizaciones tuvieron que ajustarse a la consecución de objetivos internos y, en consecuencia, se
hicieron progresivamente menos comprensibles para el entorno exterior. Mientras las ideologías
de los diferentes grupos clandestinos evolucionaban, se iban convirtiendo en menos funcionales
como propagandistas, al tiempo que se incrementaba su orientación hacia la integración de los
militantes. Así, la imagen que los activistas poseían de sí mismos cambió: el “brazo armado del
movimiento” o el “movimiento armado” se convirtió en “ejército” y la “brigada” o el “escuadrón” en
“partido”. De la misma forma que cambió la imagen que de sí mismos poseían, también se
transformó la imagen del enemigo: los adversarios se hicieron menos tangibles, más inmanentes.
Por último, los activistas abandonaron la idea de que la lucha armada constituía un estímulo para
el proceso revolucionario; el papel de la organización se convirtió en la de ser testigo de una
revuelta que sobrevivió al final de la lucha de clases. El lenguaje también cambió: la terminología y
categorías marxista-leninistas o de otras ideologías que impregnaba a los diferentes movimientos
sociales y que los militantes habían considerado al principio útiles para explicar sus actividades en
términos accesibles para el mundo exterior, fue desapareciendo gradualmente. En su lugar se
desarrollaron lenguajes específicos y crípticos, consistentes en términos acuñados dentro de la
organización, oscuros o incomprensibles para cualquiera que fuera ajeno al grupo, pero con un alto
valor simbólico para los miembros. Al abandonar la imaginería y el lenguaje que compartían con la
contracultura, los grupos clandestinos terminaron por construir una realidad alternativa. Félix
Novales, ex militante de los GRAPO que en 1988, en la prisión de Soria, escribió El tazón de
hierro, una dura explicación de su experiencia, describía el destino de estos grupos: “Los caminos
de la realidad política y de la organización hacia mucho que no encontraban ningún punto común.
Éramos nada más que una mínima estructura con intereses propios, enfrentados a los cuerpos de
seguridad del Estado. La sociedad quedaba al margen. El resultado de este enfrentamiento iría
tomando, con el correr de los años, caracteres más y más trágicos”.
Y, sin embargo, para los militantes que entraron en esta vía, el imperativo de la defensa de la
mitificada clase obrera, que, como dice Félix Novales, era mucho más sensible a los problemas de
llegar a final de mes que a su promesa de redención, la critica de la democracia, del carácter
manipulador de las elecciones (“elecciones, trampa para idiotas”, decían los izquierdistas
franceses) y la capacidad aniquiladora del “Estado imperialista de las multinacionales”, según
formulación de las Brigadas Rojas italianas, creaban un clima de exigencia en el que el paso a la
violencia se daba, sin fractura moral, como una etapa más en la lucha. Ciertamente, Kepa Aulestia
tiene razón al destacar la importancia del primer asesinato. Es un salto cualitativo, del que muchos
hablaron pero que sólo unos pocos dieron, que de algún modo se convierte en irreversible por la
espiral de acción-reacción que genera. Hay siempre un punto de no retorno, a partir del cual es la
misma violencia la que dirige la estrategia de la organización terrorista. Félix Novales lo confirma:
“Es mentira eso de que se puede dirigir la violencia. La violencia acaba siempre haciéndose dueña.
Es el hombre el que se transforma en su instrumento”.
Pero que el paso a la acción pueda haber sido más o menos casual, más o menos trágico, no impide
constatar la existencia de bases doctrinales que ayudaban a darlo. Y estas bases, hay que buscarlas
en las corrientes ideológicas en las que vivían los militantes de extrema izquierda: el marxismo-
leninismo, el catolicismo y, en el caso vasco e irlandés, el nacionalismo.
En Italia se ha especulado mucho sobre la matriz católico-marxista. La idea católica de sacrificio
daba al militante argumento moral tanto para exponer su propia vida por el bien superior de la
lucha contra el Estado opresor como para sacrificar vidas inocentes en el altar de la redención y
contribuyó a hacer fermentar el análisis marxista de las condiciones objetivas. En el País Vasco es
conocida la relación de los militantes fundadores de ETA con el mundo eclesiástico. En Italia, el
tránsito de la militancia católica a la militancia de extrema izquierda era constante. Así contaba su
experiencia el citado Paolo Lapponi: “El catolicismo era pura ideología sin explicación—te decían:
las cosas son así, y basta—; el marxismo, en cambio, me decía el porqué, me daba una explicación
lógica”. Si las Brigadas Rojas nacieron en un caldo de cultivo amplio y ante la mirada distante y
acusadora del Partido Comunista Italiano, la RAF nació de gestos aislados de rabia e indignación
ideológica. Si distintos fueron los orígenes, distintos fueron los finales.
Las ideologías de acompañamiento de la violencia someten sistemáticamente lo individual a lo
colectivo. porque siempre que el terrorista se ha formulado preguntas ha acabado abandonando la
organización. El terrorismo es una forma de fanatismo, el fanatismo de las creencias laicas que ha
reemplazado a la religión en una primera fase del proceso de secularización de Europa.
El filósofo francés André Glucksmann llama la atención sobre el mapa de la violencia terrorista en
Europa. El terrorismo de extrema izquierda en Alemania y en Italia, el de influencia nacionalista
en Irlanda y en España. Con la particularidad de la primera época del terrorismo etarra: la lucha
contra una dictadura. “El terrorismo”, dice Glucksmann, “ha funcionado en aquellos países en que
había cuentas pendientes con el pasado. Países que se sentían en falta porque el pueblo no había
sido capaz de liberarse por sí mismo”.
El mito de la Resistencia, meticulosamente construido por el general De Gaulle, explicaría, en
parte, que Francia se hubiera liberado de este trance. Igual que la estrategia mitterrandista del
programa común de la izquierda, alimentando el recuerdo de otro mito el del Frente Popular,
habría contribuido a hacer menos traumático el declive histórico del movimiento obrero, que los
grupos de extrema izquierda de Italia y Alemania se negaban a aceptar.
Como dando la razón a Glucksmann, Adriano Sofri, líder de Lotta Continua, en una carta a
Antonio Tabucchi desde la cárcel, después de afirmar que la Comisión para la Verdad y la
Reconciliación de África del Sur es el más importante intento de conciliación hecho jamás por una
sociedad, escribe: “En la Italia salida del fascismo, todo esto no tuvo lugar, y es esto lo que hace tan
insatisfactorio y artificial el actual espíritu de conciliación, más fruto del tiempo que ha pasado —
más de medio siglo— y de las oportunidades del presente que del sentido trágico de una
comunidad rota y herida, atravesada por la violencia, por la injusticia y por el fanatismo”.
¿Por qué Francia, que con su Mayo del 68 fue la principal caja de resonancia de los discarnos de
extrema izquierda, prácticamente se ahorro el episodio de ta violencia terrorista de extrema
izquierda? Alain Geismar, dirigente maoísta en el 68, argumentaba que el carácter de movimientos
de masas de las movilizaciones de mayo y la dimensión anarquizante de las consignas fueron una
protección contra la tentación terrorista. Antoine Liniers (seudónimo de un escritor francés ex
militante de Action Directe), sin embargo, cree que fue determinante que La Gauche
Prolétarienne, movimiento que se negaba a toda consolidación organizativa, agrupara todo el
espectro de los militantes susceptibles de dar el paso a la violencia.
Usando la tipología de Sartori,30 podemos resumir las características más importantes de los
sistemas ideológicos en la clandestinidad: rechazo de argumentos fácticos, alta abstracción,
apelación emocional y accesibilidad muy restringida. Con el objetivo de asegurar un compromiso
total, las organizaciones clandestinas exaltaban ideas “poderosas”, debido a que los que las
proponían nunca hacían referencia a las precondiciones y a la progresión de un proceso
revolucionario, de ahí que sus creencias ideológicas parecían invulnerables a las derrotas externas.
La ambigüedad de su lenguaje contribuía como predijo Edelmann31 a evitar una confrontación
negativa con la realidad. El rechazo del mundo, que ha llenado a tanta gente a diversas formas de

30 Giovani Sartori (1989), Sociología de los partidos políticos, Madrid, Alianza Editorial.
31 Murray Edelman (1971), Politics as a Symbolic Action, Chicago, Markham, pp. 65-83.
fanatismo, tomaba aquí cuerpo terrorista. “Miraba al mundo con recelo”, escribe Félix Novales, “lo
veía como enemigo. Así lo ven todos los fanáticos, y tienen sus razones: su devenir siempre les
echa todos los planes por tierra”. En la clandestinidad, el simbolismo y los rituales -que son por lo
común necesarios para legitimar la autoridad alternativa- se ponen al servicio de ideologías
particularmente rígidas, fortaleciendo el aislamiento del grupo. Cuanto más aislado se vuelve el
grupo, más abstracta, ritualista e inaccesible a los argumentos factuales se hace su ideología. Como
sugirió Coser en su ya clásico libro sobre el conflicto social,32 la disputa con un grupo externo
incrementa realmente la cohesión interna, pero también provoca el aislamiento del entorno
exterior.
Dinámicas internas
Lo que generalmente se entiende por terrorismo izquierdista alemán e italiano incluye a grupos
muy distintos que se encontraban tanto en la clandestinidad como en semiclandestinidad, grupos
orientados al interior (guerrillas liberadoras de guerrillas) como a la propaganda externa. Sin
embargo, las diferencias internas entre los grupos clandestino disminuyen con el tiempo, al tender
a abandonar sus objetivos externos y a concentrar sus esfuerzos en la mera supervivencia. La
explicación a esto no se debe sólo a la espiral violencia-represión-violencia a que se ven sometidos
por parte de las fuerzas de seguridad del Estado e internacionales, sino también a un proceso de
implosión caracterizado por la compartimentación de estructuras, la radicalización estratégica y la
abstracción ideológica. Cuando prevalecen los objetivos internos, los grupos enfatizan el elitismo
(así como el aislamiento de la realidad externa), la pureza y el exclusivismo antes que el
proselistismo. Aislados de sus bases potenciales, los grupos armados abandonan toda esperanza de
poder influir en la gente y se centran en la mera supervivencia organizativa. Son las dinámicas
intrínsecas las que determinan en mayor grado la evolución de la clandestinidad.
Como muestran los estudios sobre organizaciones, cuando surge una incongruencia con el
entorno, las organizaciones pueden reaccionar de dos formas: adatándose al entorno o volviéndose
más radicales y disidentes con el objetivo de formar un núcleo fuerte aunque reducido. Los grupos
clandestinos adoptaron la segunda vía, reduciendo sus contactos con el mundo exterior. Por otro
lado, los procesos intrínsecos de la clandestinidad, que no eran previstos o planeados por las
organizaciones, desempeñaron un papel crítico en su evolución. Su declive parece estar
relacionado con las consecuencias imprevistas de la misma elección de la clandestinidad realizada
por estos pequeños grupos. Elecciones ulteriores, orientadas hacia la resolución de diferentes
problemas relacionados con la supervivencia, provocaron resultados inesperados y redujeron el
repertorio de acciones o disposición del grupo.
Las dinámicas principales que influyeron en las estrategia y la evolución de las organizaciones
clandestinas fueron tres: las interacciones de las organizaciones con los movimientos sociales, las
interacciones con los aparatos antiterroristas y las dinámicas endógenas de la propia organización.
El primero de estos elementos influyó en la fundación de estos grupos armados, cuya evolución
estaba determinada principalmente por la segunda, aunque había sido influida en muchos
sentidos por la tercera (dinámicas internas). La misma situación de clandestinidad llevó a la
organización hacia una especie de círculo vicioso en el que cada intento de afrontar los problemas
a un nivel provocó nuevas dificultades en otro. Como resultado, la organización tuvo que
abandonar objetivos externamente orientados por una “guerra privada” con el aparato estatal. Es
decir, operando ilegalmente tal y como ellos hacían, los militantes de la lucha armada no podían
aparecer en el lugar en el que se producían los conflictos sociales, y esta distancia física trajo
consigo también una especie de distancia psíquica. Redujo la capacidad de búsqueda por parte de

32 Lewis A. Coser (1956), The Functions of Social Conflict, Nueva York, Free Press, cap. 5.
los militantes de estrategias efectivas de propaganda. Al abandonar sus esfuerzos
propagandísticos, concentraron sus energías en la lucha contra el Estado, viéndose envueltos de
forma creciente en su guerra privada, una obsesión que los aislaba todavía más; y cuanto más
aislados se encontraban, mero era su capacidad para escapar de la represión. Dicho de otra forma,
cada transformación táctica requería nuevos cambios en la estructura y el funcionamiento de las
organizaciones, cambios que a su vez tenían efectos impredecibles, frente a los cuales los líderes
reaccionaban introduciendo nuevos cambios estratégicos. Incapaces de evitar el arresto y la
alienación de la realidad externa, penetraban cada vez más en una especie de espiral en al que cada
vuelta que daban reducía sus opciones estratégicas, hasta hacer perder su capacidad militar e
incluso su legitimidad.
¿Hacia el final de la violencia política de izquierdas en Europa?
Como dice el sociólogo francés Michel Wieworka, “la violencia subjetiva parece haber perdido toda
legitimidad en el espacio político”, hasta el punto de que, a menudo, ''significa el mal absoluto”. Es
una novedad en la cultura política europea. Hace treinta años, “el uso de la violencia autentificaba
lo nuevo”, como escribió Kepa Aulestia. La violencia política incorporaba el aura de santidad que
culminaba el proceso iniciático del militante. En los países europeos, el debate sobre el paso a la
acción armada estuvo presente en casi todos los grupos de extrema izquierda. En España, además,
gozaba de un factor de legitimidad añadido: la lucha contra la dictadura. Pero el tiempo histórico
ha cambiado por completo.
¿Cómo se ha solucionado este punto de aparente no retorno marcado por este “eslabón perdido
entre el marxismo y la democracia”? 33 En Alemania a través de una represión brutal, como
permitía el aislamiento de los activistas. La flexibilidad de la sociedad y de las instituciones
italianas, la cultura del arreglo y del arrepentimiento dieron, en Italia, un proceso de reabsorción
del terrorismo largo pero amable, mientras que los terroristas alemanes fueron literalmente
asfixiados por un aparato de Estado que consiguió que los que no mataba la policía se suicidaran
en sus celdas.
Italia ha seguido un proceso de reinserción muy a su estilo. Y en este momento la mayoría de los
antiguos militantes de las Brigadas Rojas y organizaciones afines están en la calle o en regímenes
penitenciarios muy atenuados.34
Italia utilizó la técnica jurídico policial de los arrepentidos: todo aquel que confesaba y acusaba
sacaba extraordinarios beneficios de la delación. Pero la eficacia represiva no siempre es
compatible ni con la moral ni con el sentido común. El remedio podía ser peor que la enfermedad.
La prueba es que los grandes arrepentidos son hoy los únicos que viven en situaciones de
semiclandestinidad, porque su delación ha hecho imposible reinserción. De ahí que el Gobierno de
Craxi se sacara de la manga una ley de disociación. Bastaba con que un grupo declarara su decisión
de autodisolverse y renunciara al uso de la violencia, sin acusar a nadie, para que se le empezaran a
abrir las puertas de la cárcel. Los ex brigadistas han ido saliendo y se han ido reintegrando en la
sociedad. El circulo se cierra: muchos de ellos han encontrado su lugar en organizaciones de
caridad y de solidaridad católicas o comunistas El movimiento que empezó en Trento y en Reggio
Emilia, dos bastiones del catolicismo y del comunismo, acaba en la casa de los padres como si se
cumpliera la metáfora de la matriz catocomunista.

33 Tal y como denomina a este fenómeno de la violencia política Josep Ramoneda en su artículo “El fin del terrorismo de izquierdas
en Europa”, El País, domingo 7 de marzo de 1994.

34 Quedan, eso sí, por resolver algunos casos emblemáticos, como el de Adriano Sofri, antiguo líder de Lotta Continua, que está en
la cárcel después de un largo laberinto judicial que culminó con una condena a 22 años en enero de 1997 por el asesinato del
comisario Calabresi en Milán en 1972, a partir de una tardía acusación (1988) de Leonardo Marino, víctima de una súbita crisis de
arrepentimiento. O el más publicitado de Toni Negri, tras su vuelta a Italia pasando por más de una década de exilio.
Quince años después del aparente final de la violencia, las heridas todavía supuran y el espacio de
los silencios es amplio, pero la sociedad italiana, con su peculiar sentido de la flexibilidad, ha ido
integrando el proceso. Del mismo modo que las organizaciones en la clandestinidad pierden el
sentido de la realidad, lo que les conduce inexorablemente a la desaparición, las sociedades son
capaces de idealizarlas suficientemente como para poder integrarlas sin grandes traumas.
“El problema”, dice Paolo Flores d'Archais, “es que seguimos sin saber la mayoría de las cosas Por
ejemplo, ¿quién trató al general De la Chiesa?”. El silencio y la oscuridad recubren siempre el
territorio social afectado por el terrorismo. El silencio está en el origen. Kepa Aulestia ha explicado
cómo el miedo a contar la historia; el pudor sobre el pasado, hace que de una generación a otra no
se transmita la verdad, sino demasiados silencios.
A partir de aquí, como dice Wieworka, “las identidades son más producidas que reproducidas,
invenciones que tradiciones”. Y eso vale tanto para alimentar la idea mítica de un país ideal que
nunca existió, a cuya altura el militante terrorista quiere estar, como para la ilusión de una clase
redentora que, más allá de su conciencia real, merece el compromiso absoluto del militante.
Enrico Fenzi tenía treinta años en 1968. Era profesor de literatura italiana, especialista en
Petrarca. Fue detenido en 1979, acusado de pertenecer a la dirección estratégica de las Brigadas
Rojas. Ninguno de sus colegas podía creerlo. Defendieron su inocencia hasta que confesó. Fenzi ha
escrito un diario titulado Armi e bagagli, en el que habla del silencio como “la cosa
verdaderamente decisiva”. El silencio para salvarse de la autodestrucción. Fenzi analiza la película
La segunda oportunidad (1995), de Mimmo Calopresti, en la que Nanni Moretti en el papel de
profesor, se encuentra con la terrorista que doce años antes le había disparado a la cabeza. La
interpretación de Fenzi es la siguiente: hace doce años, ella intentó destruir al profesor; ahora,
inconscientemente, es el profesor el que trata de destruirla a ella haciéndola hablar. Ella opone el
silencio para no ser destruida. “Yo veo en este mutismo una fuerza y no una debilidad”. Es decir,
que el terrorista osa exigir a la víctima que le respete el silencio. Y Fenzi se parapetó “en la
dimensión personal de la experiencia vivida, en el precio pagado: que no sólo es el de la cárcel, sino
el de los afectos, el de la familia, el del trabajo..., de la vida, incluso, en muchos casos”. “Sí, pero tú
estás vivo y Castelano está muerto”, le espetó una amiga de ambos, del verdugo y de la víctima.
Félix Novales da el paso que Fenzi no se atreve a dar: “Aceptar el error es nada menos que la
aceptación de la ausencia de la justificación que descargaba la conciencia. Porque ahora, cuando
uno comprende, aunque haya tenido que ser en la derrota que era falsa la hipotética valoración
instrumental de sus actos, se queda frente a ellos solo, aplastado ante la enormidad de la tragedia
causada. Quizá por eso sea tan difícil para nosotros el arrepentimiento. Ha sido tan enorme
nuestro pecado...”.
Tenía que ser el punto de partida de la gran revolución y fue un absurdo camino sin salida. Como
dice Kepa Aulestia, “la violencia ha sido la manifestación extrema de la política ideológica, su
expresión más intolerante y sectaria”. Su presencia se disipa en Europa occidental cuando se disipa
también la presencia de la política ideológica, superada por otras políticas que buscan la
legitimación en la eficiencia a corto plazo y generan otras formas de violencia.
En España, los GRAPO fueron un grupo, totalmente desconectado del mundo, que se asfixió en su
propia dinámica, en un combate sin sentido y desigual con la policía. En ETA, el izquierdismo fue
fertilizado por el nacionalismo, que le dio implantación y resonancia. La violencia ha sublimado el
conflicto de tal forma que ha acabado formando parte del paisaje identitario que describe el
nacionalismo en su conjunto. Por esta razón, ETA ha tardado más en agotarse que el terrorismo
izquierdista europeo.
El final de la violencia armada izquierdista es también el final de cierta idea de la pasión política,
de ciertas formas de implicación nacidas en una época en que la complejidad del mundo estaba
encerrada en una lógica binaria. “Estábamos implicados de una manera demencial”, decía La
Ferranda, una de las brigadistas más conocidas en Italia.
Esta demencia de los años de la política hiperideológica era condición para soportar moral y
psicológicamente el empeño terrorista. Ahora que la creencia va abandonando la política la
violencia armada busca acomodo en otras formas de implicación que le ofrecen la religión y el
nacionalismo en sus versiones fundamentalistas.
_________________
Mientras preparaba este artículo, el pasado viernes 21 de mayo de 1999 nos topábamos en la
prensa con la siguiente noticia: “Las Brigadas Rojas se responsabilizan del asesinato de un asesor
del ministro de Trabajo” Conmoción en Italia ante la posibilidad del renacimiento de la antigua
organización terrorista
LOLA GALÁN, Roma
El asesinato, a primera hora de la mañana de ayer y en pleno centro de Roma, de Massimo
D'Antona, de 58 años, jurista, profesor de derecho laboral y asesor del ministro de Trabajo
italiano, Antonio Bassolino, causó profunda conmoción en Italia por la factura terrorista del
atentado. Horas después de que D'Antona, herido en el pecho por tres balas disparadas por un
hombre joven, falleciera en un hospital, era localizado junto a la sede de un periódico romano un
largo documento con el símbolo de las Brigadas Rojas en el que la antigua organización terrorista
se responsabilizaba del atentado.
En el documento, escrito con ordenador, a la estrella de cinco puntas le sigue un texto en el que, al
parecer, se alude al pacto de trabajo firmado hace unos meses en Italia y a la guerra en los
Balcanes. La totalidad de las fuerzas políticas y sindicales italianas expresaron ayer su dolor y su
preocupación por un atentado, “de fría ejecución”, en palabras de la ministra de Interior, Rosa
Russo Jervolino, que recuerda a demasiados episodios sangrientos vividos en la Italia de los
llamados años del plomo, en la década de los setenta y, con menos intensidad, en los ochenta.
El primer ministro, Massimo D'Alema, de visita a la sede de la OTAN en Bruselas, se confesó
“abrumado” por el asesinato del profesor, militante de su mismo partido, el de los Demócratas de
Izquierda (DS), y estrecho colaborador también del principal sindicato italiano, CGIL
(Confederación General Italiana del Trabajo). La conmoción impidió casi articular palabra al
ministro de Trabajo y alcalde de Nápoles, Antonio Bassolino, para quien D'Antona trabajaba desde
octubre pasado. El presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, expresó también su
consternación por un asesinato que, para el líder de CGIL, Sergio Cofferatti, “golpea a un símbolo
de la legalidad” y de la colaboración entre el mundo sindical y político. El profesor fallecido había
sido viceministro de Transportes en la breve etapa de Gobierno de Lamberto Dini, en 1995. Huida
en motocicleta D'Antona, profesor en la Universidad de La Sapienza, de Roma, acababa de dejar el
portal de su casa, en Via Salaria, en un sector de la calle próximo a la universidad, cuando un
individuo, vestido con ropa vaquera y una camiseta rosa, según los escasos testigos presenciales,
disparó contra él alcanzándole en el pecho con tres disparos. El asesino huyó a pie unos metros
hasta reunirse con un cómplice y ambos abandonaron la zona, desierta a esa hora, a bordo de una
motocicleta. D'Antona fue ingresado urgentemente en el Policlínico de Roma, donde falleció una
hora después. La hipótesis de que el asesinato de Massimo D'Antona, casado y padre de una hija
de 24 años, fuera obra de un grupo terrorista, había sido barajada por la práctica totalidad de los
líderes políticos italianos, que organizaron un debate sobre el terrorismo en la Cámara de
Diputados. Fuentes sindicales señalaron la “impresionante analogía” que guarda este atentado con
uno ocurrido hace 15 años en Roma, en el que perdió la vida otro docente vinculado a un sindicato,
el profesor de economía del trabajo Ezio Tarantelli, asesinado también por las Brigadas Rojas.
Reciente campaña de atentados menores
Dirigentes del ex comunista partido de los Demócratas de Izquierda (DS), la principal fuerza en el
actual Gobierno de centro-izquierda, relacionaron ayer el asesinato de D'Antona con la reciente
campaña de atentados menores que han sufrido varias sedes del partido en Roma desde el
comienzo de los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia. Al menos media docena de sedes han
sido atacadas con botellas rellenas de líquido inflamable, sin que se hayan registrado daños de
relevancia.
Otros portavoces políticos coincidieron en que el atentado que ha golpeado a una figura no de
primera línea pero de extraordinario relieve político y sindical, “es un aviso al Gobierno”. El primer
estallido de violencia contra el partido del Gobierno se produjo el 27 de marzo, cuando estaba a
punto de finalizar una manifestación contra la guerra en los Balcanes en la que participaban
numerosos líderes de los DS. Un grupo de jóvenes agredió a los manifestantes en las proximidades
de la sede general del partido. La autoría de algunos de los atentados menores ha sido reclamada
por unas denominadas Formazioni Comuniste Combattenti, que justificaban sus acciones como
protestas contra “la guerra imperialista” sobre Yugoslavia.
El terror de los años setenta
El documento con el que, presuntamente, las Brigadas Rojas reivindicaron ayer el asesinato del
profesor Massimo D'Antona, ha sido considerado como un elemento “serio” por los investigadores
a quienes no parece descabellado el resurgir del grupo terrorista más importante de los años de
plomo, después de 11 años de silencio. Las Brigadas Rojas surgen formalmente en agosto de 1970,
en el clima efervescente que ha provocado el mayo del 68, como una respuesta revolucionaria “a la
violencia del poder”. Ésa era al menos la terminología usada por uno de sus creadores y líderes,
Renato Curzio, hoy en prisión atenuada y convertido en conferenciante de éxito. Curzio y su
compañera, Margherita Cagol (muerta poco después en un enfrentamiento con la policía), han
participado para entonces, en Milán, en decenas de protestas obreras y creen que ha llegado el
momento de dar una respuesta más contundente al sistema. Una respuesta de carácter violento y
contundente. Los primeros atentados son meros lanzamientos de cócteles mólotov, pero en
seguida se produce una escalada en los objetivos. En 1972, las Brigadas realizan el primer
secuestro: el director de la Siemens en Italia, Idalgo Macchiarini, es el objetivo elegido, aunque es
puesto en libertad en breve plazo. Más tarde llegarían el secuestro del director de personal de la
Fiat y el de un relevante juez, Mario Sossi, en 1974. La reacción de la policía no se hace esperar y
las Brigadas Rojas son sometidas a un estrecho cerco que se salda con la detención de la práctica
totalidad de sus dirigentes. Las Brigadas parecen definitivamente derrotadas y obligadas a adoptar
una estrategia de acción más modesta. Sin embargo, apenas tres años más tarde, darían el golpe
decisivo: el secuestro en la primavera de 1978 del líder de la Democracia Cristiana, Aldo Moro.
Este último secuestro -que finaliza trágicamente el 9 de mayo con el asesinato de Moro, cuyo
cuerpo sin vida es localizado en el maletero de un coche aparcado en una calle de Roma- marca el
principio del fin de las Brigadas.