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[MUSICA] En 1996, el historiador británico

Jonathan Barry afirmaba que (cito): "pocas empresas históricas han sido
tan intensamente historiográficas y de carácter tan reflexivo como
el estudio de la brujería". La palabras de J. Barry, en efecto,
ilustran un hecho, que durante los últimos 200 años,
docenas de académicos han dedicado sus estudios a la historia
de la brujería, ofreciendo así una enorme cantidad de literatura
historiográfica en la que ahondar. En esta unidad intentaremos resumir
algunas de sus conclusiones con el fin de entender el nacimiento de la caza
de brujas a finales de la Edad Media. Para hacer esto, analizaremos primero
el llamado "estereotipo de la bruja" que apareció en Europa
durante los siglos XIV y XV. Un aspecto central de este
“esterotipo de la bruja” está claramente relacionado
con el mundo de la magia maléfica. A lo largo de la historia de la Humanidad, la
mayoría de sociedades han creído en
la existencia de gente capaz de hacer el mal a otras
personas a través de medios mágicos. Estas prácticas fueron conocidas en la
Edad Media con el nombre de “<i>maleficia</i>”
(crimen maléfico) a menudo acompañadas de la expresión
"<i>vereficia</i>" (envenenamiento) Durante los primeros siglos de la Edad
Media, las leyes seculares establecían una clara diferencia entre este tipo de
prácticas malignas y la magia beneficiosa. Podemos encontrar un ejemplo de esto
en el Código Legal promulgado por el rey castellano Alfonso X el Sabio
durante el siglo XII. Dice así: "Acusar puede cada uno del pueblo
delante el juzgador a los agoreros,
a los sorteros, e a los otros baratadores de que fablamos
en las leyes de deste título. E si les fuere provado por testigos
que fazen e obran alguno de los
yerros sobredichos, deven morir por ende. Pero los que fiziessen encantamiento
o otras cosas con entención buena,
así como sacar demonios de los cuerpos
de los hombres, o para desligar a los
que fuesen marido e mujer que no pudiesen convenir, o para
desatar nube que hechase granizo
o niebla porque non corrompiese los frutos,
o para matar lagosta o pulgón que daña el pan o las viñas, o por
alguna otra razón provechosa semejante destas, non deve haber pena, ante
dezimos que debe resçebir
gualardón por ello.” Esta distinción entre magia buena y
mala (dependiendo de las intenciones del practicante) no estaba tan
clara entre las élites eclesiásticas. Para ellos, la mayoría de tipos de magia
eran supersticiones y debían evitarse, pues podían apartar a la gente de la
creencia en el único Dios verdadero, como ya habéis visto en
el video anterior. Sin embargo, esta distinción estaba
muy clara en la mentalidad de la gente como puede verse atendiendo a las
leyes seculares de la Europa
medieval y a los juicios celebrados contra la magia
maléfica en muchos tribunales seglares. Por ejemplo, encontramos numerosos juicios
contra hombres y mujeres definidos como "<i>malefici</i>" por impedir las
relaciones sexuales
dentro del matrimonio por medios mágicos. También podemos encontrar leyes
contra aquellas mujeres capaces provocar el bocio u otras
enfermedades de garganta a
personas o al ganado, una afección bastante común
en las zonas montañosas de Europa. Las penas por aquellos crímenes
eran bastante severas. Según un Código Legal del siglo XIV
procedente del valle pirenaico de Àneu, los acusados debían demostrar su
inocencia mediante la ordalía del hierro. Esta ordalía consistía en forzar a las
acusadas a sostener un hierro candente para luego observar la
evolución de sus heridas. En caso de recuperación rápida,
la mujer era declarada inocente. En caso contrario, era considerada culpable
del supuesto crimen y debía ser quemada, mientras todas sus posesiones
pasaban a ser propiedad de su señor y de su acusador. Como hemos visto en la
anterior unidad,
toda clase de magia, tanto la buena como la mala, empezó a ser vista bajo un prisma
más
siniestro durante los últimos siglos
del medievo. Fueron asociadas a un comportamiento
diabólico e incluso a la herejía. Este fenómeno, atestiguado
en muchos escritos teológicos y en los sermones de los predicadores
mendicantes, conllevó un cambio
en el modo de percibir a la gente que
llevaba a cabo prácticas mágicas. En aquel momento, los adivinos,
las hechiceras, y también <i>los malefici,</i> empezaron a ser vistos
no solo como individuos malvados, sino también como miembros de
un grupo maligno, una especie de secta herética que pervertía
la sociedad cristiana con sus
medios diabólicos. Algunos escritos del siglo XV empezaron
a hablar de "la secta de los adivinos", mientras que algunos predicadores
mendicantes
como Vicent Ferrer o Bernardino de Siena,
hablaban de ciertas sectas cuyos miembros celebraban
oscuros rituales nocturnos y eran capaces de provocar la muerte o
la enfermedad mediante hechizos y venenos. En ese escenario, el Papa Alejandro V
promulgó una bula en 1409 en la que condenaba, cito literalmente:
"las nuevas sectas integradas por cristianos y judíos que son hechiceros,
adivinos, invocadores de demonios, encantadores,
conjuradores, gente supersticiosa y augures que usan artes malditas y prohibidas
que pervierten y ensucian la Cristiandad". En este contexto, las antiguas
acusaciones a individuos por magia maléfica darían lugar a
una situación mucho más inquietante, en la que los males que acechaban
a la sociedad serían atribuidos a las fechorías
causadas por un colectivo herético
y diabólico. ¿Recordáis la ordalía del hierro
a la que eran sometidas las mujeres
supuestamente culpables de provocar enfermedades de garganta en los valles
pirenaicos? Pues bien, cien años más tarde, en 1424,
los prohombres decidieron de nuevo legislar
contra aquellos crímenes mágicos. Pero esta vez las mujeres sospechosas no
fueron acusadas individualmente
de causar la enfermedad, sino de pertenecer a un grupo de
gente que se reunía de noche, abjuraba de la fe cristiana,
rendía homenaje al Diablo, secuestraban a recién nacidos del lado
de sus madres para matarlos, y provocaban enfermedades de garganta
y otros males a través de venenos
o hechizos. Esta mezcla de herejía y diabolismo con magia maléfica daría lugar
al crimen de brujería. [MUSICA]

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