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Agravantes

en el delito de lesiones

Estado: Redacción actual VIGENTE


Orden: Penal
Fecha última revisión: 16/10/2019

El tipo agravado del delito de lesiones aparece regulado en el artículo 148 del Código Penal, castigando con penas de
prisión de dos a cinco años, atendiendo al resultado causado o riesgo producido.

El tipo agravado del delito de lesiones aparece regulado en el artículo 148 del Código Penal, castigando con penas
de prisión de dos a cinco años, atendiendo al resultado causado o riesgo producido, los siguientes supuestos:

Si en la agresión se hubieren utilizado armas, instrumentos, objetos, medios, métodos o formas concretamente
peligrosas para la vida o salud, física o psíquica, del lesionado.
Si hubiere mediado ensañamiento o alevosía
Si la víctima fuere menor de doce años o incapaz.
Si la víctima fuere o hubiere sido esposa, o mujer que estuviere o hubiere estado ligada al autor por una análoga
relación de afectividad, aun sin convivencia.
Si la víctima fuera una persona especialmente vulnerable que conviva con el autor.

El fundamento de este tipo agravado reside en el aumento de la capacidad agresiva en el actuar del agente y en
el mayor riesgo de causación de lesiones, por lo que exige en consecuencia el empleo de instrumentos que sean
peligrosos para la vida o salud de las víctimas y que en el caso en concreto se haya incrementado la gravedad del
resultado o el riesgo sufrido por la víctima.

Su aplicación no es imperativa, sino que es potestativa del juzgador y requiere de una doble valoración: por un lado,
debe tenerse en cuenta la composición, la forma y demás características del arma, instrumento, objeto o medio
empleado o las peculiaridades del método o forma de la agresión, que deben tener una capacidad lesiva relevante; y,
por otro lado, debe valorarse la forma en que tal objeto o instrumento ha sido utilizado, reveladora de su peligrosidad
en el caso concreto. De esta forma queda claro que el dolo del autor debe abarcar el peligro creado en su acción.

Como indica la Sentencia del Tribunal Supremo Nº500/2013, Sala de lo penal, Sección 1 (Rec.2107/2012), de 12 de
junio de 2013, la agravación no solo es posible en los casos de empleo de armas, instrumentos u objetos, sino también
en atención a los medios, métodos o formas utilizados, cuando dadas las circunstancias resulten concretamente
peligrosas. Así, el Tribunal entiende en este caso que el propinar patadas en la cabeza de la víctima ya caída en el suelo
implica una forma concretamente peligrosa de la acción. Sin embargo, la agravación prevista en el 148.1 exige un
medio específico para la producción del resultado que implique un incremento de su capacidad agresiva, y el tribunal
ha considerado, en sentencias como la STS Nº164/2012, de 3 de marzo de 2012, que un golpe con el puño desnudo no
es suficiente para apreciar la peligrosidad que exige el artículo 148.

De todo esto podemos extraer que el fundamento de la agravación de este artículo 148 no esta en la relación causal
entre el empleo de medios, métodos o formas y las materiales lesiones producidas, sino en el incremento del riesgo que
para su integridad física representa su empleo, por lo que lo determinante es la peligrosidad ex ante.

La jurisprudencia ha venido aplicando el subtipo agravado para los siguientes casos: estampar una botella de Coca-
Cola en la cabeza de alguien (STS 58/2004, de 26 de enero); golpes con un bate de madera a la cabeza (STS 1154/2003,
de 18 de septiembre); pistola cargada con cartucho de gas, que intentó introducir en la boca del agredido y, sin
conseguirlo y apuntando a la boca, realizó un disparo desde muy corta distancia que le alcanzó en el cuello, debido al
movimiento de giro que hizo el agredido (STS1327/2003, de 13 de octubre); una barra de hierro y palos, uno de ellos
con dos clavos, empleados para agredir a una persona en la cabeza (SSTS 364/2003,de 13 de marzo); las navajas y los
objetos punzantes con golpe asestado en zona tan vulnerable y vital como el abdomen (ATS 27-3-03, Rec. 882/02); un
objeto punzante, cuyas concretas características se ignora, con el que se agredió, cono conocimiento de ello, a zonas
que pudieron ser vitales para la víctima, causando heridas inciso contusas en cuello, mentón y región epigástrica (STS
62/2003, de 22 de enero); aplicación de un líquido inflamable como el alcohol rociar el combustible por el cuerpo de la
víctima y la aplicación de la llama del mechero (ATS 13-3-03. Rec 971/2002).

En otros casos, la mera utilización voluntaria y consciente de medios de una gran peligrosidad potencial lleva aparejada
la aplicación del agravante, como es el caso de: los automóviles utilizados conscientemente para lesionar a alguna
persona (STS 730/2003, de 19 de mayo); o el uso de armas de fuego (STS 17/2003, de 15 de enero).

Otros tres casos por destacar son:

El uso del cúter, que debe ser calificado como instrumento peligroso, con alta capacidad de causar un daño físico y
que fácilmente hiere por el solo roce con su filo, como sucede en la STS 463/2014, de 28 de mayo, donde se
emplea el cúter contra la cara de la víctima.
El uso de un puño americano, que es un arma blanca sumamente peligrosa formada por una estructura metálica
que se ajusta a los nudillos del usuario y que al dar un puñetazo provoca que las lesiones causadas a la víctima
sean de enorme entidad, mientras que el impacto en la mano de quien golpea es mínimo, como sucede en la STS
353/2016, de 26 de abril.
El uso de cinturón con hebilla se estima procedente la aplicación de la cualificativa, no solo por la utilización pura
y simple de un cinturón, sino por la potencia extrema con la que se golpeó con él a la víctima, como sucede en el
supuesto de la STS 843/2012.

Una cuestión importante por analizar es el caso de la concurrencia ente la circunstancia agravatoria de alevosía y
el empleo de medios peligrosos, ya que ambos son de los supuestos que implican la aplicación del artículo 148. La
jurisprudencia del Tribunal Supremo, en sentencias como la STS 492/2017, de 29 de junio, ha definido que para que
concurra la alevosía se deben dar los siguientes elementos: un elemento normativo; un elemento objetivo que radica en
el modus operandi que el autor utilice en la ejecución medios, modos o formas que han de ser objetivamente adecuados
para asegurarla mediante la eliminación de las posibilidades de defensa, sin que sea suficiente el convencimiento del
sujeto acerca de su idoneidad; un elemento subjetivo, que el dolo del autor se proyecte no sólo sobre la utilización de
los medios, modos o formas empleados, sino también sobre su tendencia a asegurar la ejecución y su orientación a
impedir la defensa del ofendido, eliminando el posible riesgo de su defensa; y por último un elemento teleológico, que
impone la comprobación de si en realidad se produjo una situación de total indefensión, siendo necesario apreciar una
mayor antijuricidad en el modus operandi.

En estos casos, la circunstancia de alevosía debe funcionar, para alcanzar toda la eficacia punitiva que el Legislador le
atribuye en el Código, como agravante genérica, evitando así que se subsuma en el subtipo agravado de lesiones. Esto
se justifica en que, como bien dice el Tribunal Supremo en reiterada jurisprudencia como la STS Nº520/2013, de 19 de
junio, no existe ninguna norma en el Código Penal, que, ante la estructura de un tipo cualificado mixto alternativo,
niegue a las circunstancias que resulten anodinas o innecesarias para alumbrar dicho subtipo, la posibilidad de actuar
como agravantes genéricas si realmente se hallan simultáneamente previstas en el art. 22 del Código, por lo que la
alevosía no se subsume en el subtipo agravado de lesiones del art. 148.1 CP.

Esto también sucede en los supuestos en que se aprecia un abuso de superioridad derivado de una superioridad
numérica que implique un evidente desequilibrio de fuerzas entre los agresores y la víctima. De forma que la
compatibilidad de la agravante de abuso de superioridad con el tipo penal de lesiones agravadas del art. 148.1o del C.
Penal no se deriva de la apreciación del mismo supuesto fáctico integrante del subtipo agravado de lesiones (el uso de
un arma o un medio peligroso), sino de otra modalidad comisiva distinta: la intervención de varios agresores que
determinan una situación de superioridad personal patente sobre la víctima.

Una vez visto esto, es interesante ver los diferentes tipos de alevosía. La alevosía traicionera viene constituida por
una agresión a traición, tratando de eliminar la posible defensa de la víctima. Así, es alevoso el ataque que se realiza
por sorpresa, de modo súbito e inopinado, imprevisto, fulgurante y repentino, ejecutado contra quien esta confiado de
que tal tipo de ataque no se produzca. No solo se puede apreciar en los casos que se de la agresión sin previo aviso, ya
que también se da cuando, aun mediando un enfrentamiento, se produce imprevisiblemente un cambio cualitativo en la
situación (STS 477/2017, de 26 de junio).

Otra alevosía admitida por el Tribunal Supremo (STS 527/2012, de 20 de junio) es la modalidad especial de alevosía
convivencial basada en la relación de confianza proveniente de la convivencia, generando en la víctima una total
despreocupación respecto de un eventual ataque que pudiera tener su origen en acciones del acusado.

Vistas estas modalidades, cabe hacer un inciso para tratar la compatibilidad del agravante de alevosía con el dolo
eventual. El Tribunal Supremo, en sentencias como la STS 466/2007, de 24 de mayo, declara que no hay ninguna
incompatibilidad ni conceptual ni ontológica en que el agente trate de asegurar la ejecución evitando la reacción de la
víctima -aseguramiento de la ejecución- y que al mismo tiempo continúe con la acción que puede tener como resultado
de alta probabilidad la muerte de la víctima, la que acepta en la medida que no renuncia a los actos efectuados.

La última modalidad de alevosía que vamos a ver es la alevosía sobrevenida, también conocida como sorpresiva, que
se da en aquellos casos en los que, aun habiendo mediado un enfrentamiento previo sin circunstancias iniciales
alevosas, se produce un cambio cualitativo en la situación. Por tanto, el Tribunal Supremo declara en sentencias como
la STS 450/2017, de 21 de junio, que la alevosía sobrevenida surge cuando en un momento posterior de la actuación
agresiva, se aprovecha por el sujeto activo la situación de absoluta indefensión en que se encuentra la víctima para
ejecutar una nueva y diferente agresión distinta a la anteriormente realizada.

Por último, hay que aclarar que se puede cometer el delito de lesiones agravado del artículo 148 por comisión por
omisión en los casos en que el omitente se encuentre en una posición de garante respecto a una víctima que fuere
menor de doce años o una persona con discapacidad necesitada de especial protección.