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CLÍNICA CON PUBERES: UN DESAFÍO PARA EL PSICOANÁLISIS

Autor/es: Lic. Laura B. Iglesias.


Institución: Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Mar del Plata.
Contacto:(0223)-4764239-154474951; lauraiglesiaslaura@hotmail.com
Resumen
¿Qué estrategias supone la clínica psicoanalítica con púberes y adolescentes?
¿Cómo pensar en estos casos la dirección de la cura? La pubertad como tiempo de
subjetivación supone la tensión de la estructura edípica y sus residuos infantiles.
La pregunta por cómo analizar a un púber constituye un tema de debate actual entre
analistas. La dirección de la cura con púberes y adolescentes ha planteado al
Psicoanálisis importantes dificultades, pero a la vez ha constituido un desafío y una
oportunidad. La apuesta al trabajo con Sofía ha sido la apuesta a trabajar con una
púber, con un sujeto a advenir. Será en la clínica donde podemos aprender sus
obstáculos y posibilidades. La apuesta al trabajo con Sofía ha sido la apuesta a
trabajar con una púber, con un sujeto a advenir. Habida cuenta de que el
psicoanálisis es una experiencia dialéctica, será la presencia del analista la que
genere las condiciones para que la palabra sea, para que el discurso se despliegue.
Sofía puede alojarse en ese lugar que se le ofrece: lugar propicio para la instalación
de la transferencia. Se tratará entonces, en la dirección de la cura, de acompañar el
proceso de mitificación que ayudará a simbolizar aquello difícil de simbolizar, para
que el sujeto deseante advenga. Por efecto retroactivo del discurso, un saber que
no se sabía que sabía, empieza a ser dicho. Sofía muestra sus penas y demanda
ser mirada. ¿Buscará una mirada que en lugar de desbordarla, pueda hacerle
borde? Lugar del analista supuesto saber… lugar del analista supuesto saver-la.
Palabras claves: Psicoanálisis- Clínica - Dirección de la cura – Púberes-
Adolescentes

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¿Qué estrategias supone la clínica psicoanalítica con púberes y adolescentes?
¿Cómo pensar en estos casos la dirección de la cura?
Si bien no se encuentra en la obra de Freud un estudio dedicado específicamente a
la adolescencia, es posible hallar distintas referencias a la pubertad. La misma es
entendida como el momento en el que se resignifica la relación del sujeto con la
sexualidad. Sabemos que Freud no habla de la pubertad en términos de maduración
sino de mito, aquel de la conjunción de todas las pulsiones parciales alrededor de la
genitalidad, sobre un nuevo objeto, y esto después de la fase de latencia y luego de
la represión. La pubertad, como tiempo de subjetivación, supone la tensión de la
estructura edípica y sus residuos infantiles.
Si la sexualidad infantil puede entenderse como un trauma ante el cual el niño
permanece pasivo, la entrada en el orden de la reproducción sexuada durante la
adolescencia, implica un posicionamiento activo por parte del púber. Con la eclosión
pulsional de la pubertad (Freud, 1905) los impulsos libidinales se dirigen
nuevamente hacia los primeros objetos de amor y, dado que los mismos pueden ser
alcanzados (merced a que existen las condiciones biológicas pertinentes) debe
reactualizarse la represión de estos deseos incestuosos, lo que permite ir en
búsqueda de otros objetos significativos, en el camino de la exogamia. La pubertad
será escogida por Freud entonces como la ocasión para una de las tareas más
difíciles y dolorosas que deben emprenderse “el desasimiento respecto de la
autoridad de los progenitores, el único que crea la oposición, tan importante para el
progreso de la cultura, entre la nueva generación y la antigua.”
La pregunta por cómo analizar a un púber constituye un tema de debate actual entre
analistas. La dirección de la cura con púberes y adolescentes ha planteado al
Psicoanálisis importantes dificultades, pero a la vez ha constituido un desafío y una
oportunidad.

Sofía se hizo… pis


Sofía concurre junto a Verónica (su mamá) al servicio de Salud Mental de una sala
de atención primaria municipal. Verónica irrumpe en el consultorio reclamando “ver
al psicólogo”. Aquí es “frenada” en la puerta e invitada a pasar una vez que se
tranquilice. Ya frente a frente, se muestra reticente a brindar sus datos personales
dado que “la consulta es para su hija”. Se le solicitan esta información firmemente, a
fin de acotar un comportamiento que aparece avasallante y caprichoso.

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Verónica comenta que la pediatra de la sala le sugirió concurrir porque su hija ha
comenzado a hacerse pis en la cama. Manifiesta: “yo me pongo loca, la baño con
agua fría… la Dra. me dijo que lo que hago está mal.”
Sofía permanece en silencio; mira al suelo, tensa y seria. En contraste con la
apariencia exuberante de su madre: ella es menudita, usa anteojos y el pelo atado.
Aunque aparenta ser menor, tiene doce años.
Invitada a hablar, Sofía dice que no sabe por qué se hace pis. Refiere sentir “miedo
a ir al baño y que haya arañas”.
Ya a solas con ella, angustiada, cuenta de la vergüenza que siente de que su mamá
comente “esto que le pasa” a mucha gente. También, sobre su madre, dice: “es
media loquita”. Se tranquiliza y sonríe.
Ambas asisten al turno asignado días después. Sofía no ha vuelto a hacerse pis.
Verónica la despertó cada dos horas para ir al baño. Acerca del temor a las arañas,
Sofía aclara: “mi mamá va a tapar el agujero que hay en el baño”.
Nuevamente a solas, Sofía comenta que está teniendo clases de Educación sexual
en la escuela, que tiene que preparar un trabajo grupal sobre el sida. De a poco, y
con ayuda, habla sobre sus compañeras, muestra las pulseritas que hace. Se le
propone dar inicio a algunos encuentros para conversar sobre “esto” que está
tratando de controlar y sobre todo aquello de lo que ella quiera hablar. Está de
acuerdo. Su mamá plantea inconvenientes para acompañarla en el horario
propuesto. Sofía afirma: “yo puedo venir sola.”
Hasta aquí lo que se sitúa como un comienzo: una mamá avasallante que, sin freno,
irrumpe y se “desborda”. Irrumpe en el consultorio, irrumpe en el cuerpo de Sofía, en
el de su hijo menora, en el suyo propio (ya que sabremos luego que sufre de presión
alta, diabetes y cáncer de útero).
Fueron necesarias varias intervenciones (a lo largo de los encuentros) a efectos de
detener la impulsividad materna, contener el desborde, y propiciar un borde, un
límite, allí donde esta madre “se ponía loquita”. Pensar en este desborde materno
conduce a pensar en lo que aparece desde el desborde en Sofía: se hace pis
encima. ¿Identificación al desborde materno puesta en acto allí? Desborde de pis
a
Verónica había consultado años atrás, por derivación de un médico clínico del Hospital debido a que se altera,
discute con el papá de su hija; le pega a su hijo menor haciéndole sangrar la nariz y la boca. Refiere dificultades
en la relación con sus parejas. Fue citada para dar inicio a entrevistas, pero no asistió.
Cuatro años después, se presenta sin turno, ya que su hijo Emmanuel manifestaba problemas en el habla.
Tampoco en esa oportunidad acudió a la entrevista programada.

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que no se controla, que no se sabe por qué ocurre, que sin tener palabras… habla.
Algo del orden del exceso. Asimismo, implica una regresión libidinal, un
estancamiento a un modo pretérito de satisfacción, un regreso a una fase anterior
del desarrollo.
Sofía comenzará de a poco a desplegar su discurso. Hablará así de sus temores, de
las burlas que recibe en la escuela, de que siente vergüenza de contar sus cosas, de
que en el aula le roban o le rompen la calculadora. También manifestará sus ganas
de hacerse señorita (como ya son la mayoría de sus compañeras) “Tengo ganas
pero todos me dicen que disfrute…así todavía puedo usar pantalones blancos…La
Dra. me dijo que tal vez sea a la misma edad que mi mamá… a los 14.”
Sobre su hermano, Emmanuel, de 8 años dirá: “A veces me dan ganas de matarlo,
de matarlo de mentira”. “Es medio mezquino, no quiere mostrarme lo que le
compran. Por eso yo le hago lo mismo después.” Suele jugar con él aunque
“últimamente él dice que un varón no puede jugar con nenas. Yo no creo que sea
así.”
Su hermano es hijo de otra pareja de su mamá, pero “él no lo sabe. Yo le digo a mi
mamá que le diga la verdad…sino cuando sea grande puede irse o enojarse. Mi
mamá no quiere porque dice que puede cambiarle el carácter…mi papá dice que
hay que decirle.”
Sofía puede alojarse en ese lugar que se le ofrece: lugar propicio para la instalación
de la transferencia. Habida cuenta de que el psicoanálisis es una experiencia
dialéctica, será la presencia del analista la que genere las condiciones para que la
palabra sea, para que el discurso se despliegue. El ofrecimiento de esta Otra
escucha posibilitará un primer movimiento, una diferencia: Sofía decide venir sola,
decir sola… La separación (de la madre física, pero también de las imágenes
parentales interiorizadas) es una necesidad. Es la consecuencia de un mandato
externo o interno destinado a la salvaguarda psíquica: es una separación que
responde a la necesidad de sobrevivir.
Sofía busca un “saber”: saber sobre el origen, saber sobre la sexualidad. Referirá a
su infancia mencionando haber estado separada de su mamá cuando tenía un año y
medio. Construirá distintas versiones, distintas ficciones de su historia. En el
Seminario 4 Lacan nos enseña acerca de La función del mito: “(…) función
inseparable basada en nuestra noción de la estructura de la actividad simbólica, los
elementos significantes deben definirse de entrada por su articulación con otros

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elementos significantes.” Jacques Lacan considera al mito como un relato atemporal,
una ficción que invariablemente sugiere la noción de una estructura. Y por eso, el
mito muestra que “la verdad tiene una estructura, por así decirlo, de ficción” b. La
verdad como estructura de ficción, señala a la verdad no como lo que está oculto
detrás del relato, sino lo que la misma ficción revela como verdad en tanto propia,
específica de aquello que el mito da cuenta (la diferenciación sexual, la relación con
el origen, con los padres, etc.)
En el mito individual del neurótico, Lacan dirá que la verdad no puede ser apresada,
no puede sino expresarse de una manera mítica. El entramado del mito actúa
anudando al relato la verdad de la estructura; produce una articulación entre el decir
y lo imposible de decir.
Se tratará entonces, en la dirección de la cura, de acompañar el proceso de
mitificación que ayudará a simbolizar aquello difícil de simbolizar, para que el sujeto
deseante advenga. El análisis progresará en función de dar lugar a los desarrollos
de la verdad que, en tanto desarrollos, son verdaderos.
El análisis de púberes es rico en manifestaciones de la lucha contra lo subyacente
que amenaza provocar, en su emergencia, la situación temida. Sofía mostrará cortes
en su cuerpo: una uña del pie que fue “mal cortada” por su mamá (que le ha
ocasionado tener que operarse), un corte en su mano porque una compañera "le
clavó la uña” jugando al volley. En una entrevista relata la posibilidad de que vuelvan
a operarla porque su mamá “sigue cortándome mal”. Su mamá limpiaba y vendaba
esa zona del pie noche a noche. ¿Exceso de un goce en este ofrecimiento de su
cuerpo al Otro? El funcionamiento en el que el joven púber, en una renegación de
las metamorfosis que le impone su cuerpo, se aferra a su imagen infantil, de cuerpo
no sexuado, objeto de los cuidados maternos a los cuales no puede renunciar y el
funcionamiento en el que tiende a la posesión de un cuerpo en adelante potente,
pero tratando de conservar los beneficios ligados a su estatuto de niño.
En entrevistas posteriores, Sofía dirá: “Ahora me corté yo las uñas más cortas.”
Comienza a salir de su casa, a quedarse a dormir en casa de sus compañeras, a ir
al centro. Suelta su pelo, se cambia de ropa para venir a la consulta. Cada uno de
estos cambios se acompaña del desborde materno que hay que volver a acotar y
calmar.

b
Lacan, J. (2005) Seminario 4: La relación de objeto. Buenos Aires : Ed. Paidós, pág. 253

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En lo sucesivo Sofía referirá a su padre. A pesar de que conviven, sus padres están
separados hace cuatro años: “Yo soy como mi papá, más tranquila”.
Este padre, desvalorizado desde el discurso materno, fue convocado al consultorio.
Daniel se presentó junto a su hija. Sofía lo escuchaba con atención y curiosidad.
Refirió a su historia, a su madre, de quien Sofía toma su segundo nombre: Belén.
Sobre su hija dirá que siendo niña entraba en todos los locales, la saludaban, la
besaban, le daban golosinas. Muestra una foto de ella que guarda en su billetera. En
relación a Emmanuel dice “Yo creo que se da cuenta. Ellos son muy distintos. De
físico y de forma de ser. Yo le quise poner mi apellido por la obra social, por la
escuela, pero Verónica no quiso…Verónica no piensa y hace….Ahora encontró
trabajo con cama adentro. Yo me voy a ocupar de los chicos.”
En los encuentros siguientes Sofía juega a las cartas, moldea masa, dibuja. Cada
actividad permite el despliegue de la palabra. Comenta que fue con su papá al
hospital, a buscar unos análisis clínicos “Por eso que me hacía pis, ¿viste? Los
análisis dieron bien. ”. En la escuela sacó un 9 en Matemáticas, “las ecuaciones
ahora me salen más fáciles”.
Sofía se ausenta luego por dos semanas. Llamo por teléfono al celular de su padre,
quien dice que no estaba al tanto de la causa de su ausencia. Al llegar, Sofía dice
que no vino por haberse extendido una clase de la escuela y otra vez por irse a lo de
una compañera a hacer un trabajo. Me dice que me vio en la escuela (su escuela es
lindante a la sala municipal) el martes pasado. “Yo estaba ahí llorando, vos me
viste.”
Pensar este reclamo “no haberla mirado en la escuela”, permite la pregunta por la
posición del analista. Mirar su daño, mirar sus cortes, mirar sus padeceres. Sofía
muestra sus penas y demanda ser mirada. ¿Buscará una mirada que en lugar de
desbordarla, pueda hacerle borde? Pienso en el lugar de analista supuesto saber…
en el lugar de analista supuesto sa-verla.
En la última entrevista, mientras dibuja los frutos de un árbol comenta: “…Mi mamá
tuvo a los 16, uno que mi abuela se lo sacó y lo dio en adopción. …Ella no sabe
dónde está…. Después tuvo otro…Lucas… que murió de muerte súbita a los cinco
meses.” La ayudo a ordenar lo que despliega desde el discurso. Escucho una
presencia-ausencia materna que se reitera abrupta y que requiere ser puesta en
palabras. Por efecto retroactivo del discurso, un saber que no se sabía que sabía,
empieza a ser dicho.

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El inicio e instalación de la transferencia es una operación que requiere tiempo.
Sofía llegó ofreciéndose como un objeto amable al Otro, sosteniendo así la
dimensión de un Otro completo. La cura se dirige hacia un fin: encaminarse más allá
del Otro para desarticular la estrategia neurótica renegatoria de la castración. El
analista debe prestarse al engaño, para luego salir de él.
La castración como operación simbólica articulada al Edipo es, como Lacan enseña,
una operación normativizante que permite un acceso al deseo. Si el analista estaba
ubicado en el lugar de supuesto sa-ver-la, aquel enojo provocado por no haberla
mirado en la escuela ¿Podría ser pensado como la posibilidad de comenzar a caer
el analista de ese lugar, para que algo del orden de la castración pueda escribirse?
Sofía al poco tiempo deja de acudir al espacio. Decido no llamarla.
Seis meses después de nuestro último encuentro, envía a mi teléfono un mensaje.
Dice tener algo muy importante que contarme…. Decido llamarla.
Sofía se hizo… señorita.

Bibliografía:
FREUD, A. (1950) Psicoanálisis del desarrollo del niño y del adolescente. Buenos
Aires: Ed. Paidós (1976)
FREUD, S (1893-1895) “Estudios sobre la Histeria” en Obras Completas. Tomo I.
Madrid: Ed. Biblioteca Nueva (1973)
FREUD, S. (1901-1905) “Análisis fragmentario de una histeria. (Caso Dora)” en
Obras Completas. Tomo I. Madrid: Ed. Biblioteca Nueva (1973)
FREUD, S. (1905) “Tres ensayos para una teoría sexual” en Obras Completas. Tomo
II. Madrid: Edit. Biblioteca Nueva (1973)
FREUD, S. (1908) “La novela familiar del neurótico” en Obras Completas. Tomo II.
Madrid: Ed. Biblioteca Nueva (1973)
FREUD, S. (1917) “Lecciones introductorias al psicoanálisis” en Obras Completas.
Tomo II. Madrid: Ed. Biblioteca Nueva (1973)
FREUD, S. (1920) “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”
en Obras Completas. Tomo III. Madrid: Ed. Biblioteca Nueva (1973)
MANNONI, O. y otros. (1984) La crisis de la adolescencia. Barcelona. Ed. Gedisa.
(1996)

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MARTINEZ, H. (1995) La operación del analista. Revista Psicoanálisis y el Hospital
Nº 7.
LACAN, J. (1985) Escritos 2. Buenos Aires: Ed. Siglo XXI.
LACAN, J. (1999) Las formaciones del inconciente. El Seminario Libro V. Buenos
Aires. Ed. Paidós.
LACAN, J. (1999) El reverso del psicoanálisis. El seminario Libro 17. Buenos Aires:
Ed.Paidós.
LACAN, J. (1988) El despertar de la primavera. En Intervenciones y textos 2. Buenos
Aires: Ed. Manantial.
STEVENS, A. (1998) La adolescencia, síntoma de la pubertad. Actualidad de la
práctica psicoanalítica. Centro pequeño Hans. Buenos Aires: Ed. Labrado.
WAINSZTEIN, S. y MILLAN E. (2000) Adolescencia. Una lectura psicoanalítica.
Buenos Aires: Ed. El megáfono

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