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1.

Problema Público

La persistencia de la violencia contra la mujer en la región Amazonas

2. Diagnóstico

Reducir el problema de la violencia hacia la mujer es un compromiso adquirido por el Estado


peruano desde la ratificación de la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y
erradicar la violencia contra la mujer – Convención Belém do Pará. Dicha Convención define la
violencia contra la mujer como “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause
muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como
en el privado” (OEA, 1994: art. 1). Para dimensionar el problema, podemos señalar que al 2017,
el 65,4% de mujeres, a nivel nacional, han sufrido, alguna vez en la vida, violencia física,
psicológica y/o sexual alguna vez en la vida.

En la región Amazonas, el mismo indicador revela que, para el 2017, el 54,8% de mujeres
sufrieron alguna de estas formas de violencia. Según cada tipo de violencia podemos señalar
que el 51,3% de mujeres de la región experimentaron violencia psicológica; el 23,5% fueron
víctimas de violencia física y el 7,1% sufrieron violencia sexual. Por su parte, el Ministerio de la
Mujer y Poblaciones Vulnerables atendió durante el mismo período, a través de los Centros de
Emergencia Mujer, 1200 casos de violencia, que representa el 1,2% sobre el total de casos
atendidos a nivel nacional.

3. Implicancias del problema público

Garantizar el derecho a una vida libre de violencia es un aspecto fundamental para alcanzar la
plena igualdad de género para las mujeres de la región Amazonas. Las implicancias que todas
las formas de violencia hacia la mujer tienen en sus proyectos de vida hacen necesaria la
intervención estatal, dado que la violencia es una de las formas en que la discriminación y
desigualdad de género se expresan en la realidad, lo que restringe las oportunidades de las
mujeres y erige una situación de desventaja para el goce efectivo de sus derechos.

4. Incorporación a la Agenda Pública

La Agenda 2030 y el Objetivos de Desarrollo Sostenible 5, Lograr la igualdad entre los géneros
y empoderar a todas las mujeres y las niñas, incorpora, como meta 5.2 Eliminar todas las formas
de violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluidas la
trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación. Dicha meta nos permite plantear, tanto
a nivel nacional como regional, que el problema debe ser atendido en todas sus formas, dado
que es un compromiso asumido, apuntando a un mundo mucho más igualitario.

Por su parte, el Decreto Supremo Nº056-2018-PCM, que aprueba la Política General de


Gobierno al 2021, detalla, entre sus lineamientos prioritarios, el 4.6, dirigido a promover la
igualdad y no discriminación entre hombres y mujeres, así como garantizar la protección de la
niñez, la adolescencia y las mujeres frente a todo tipo de violencia. De este modo, corregir el
problema de la violencia es uno de los ejes centrales que orientarán la política pública.

Por otra parte, el Director de la Unidad de Gestión Educativa Local de Condorcanqui, indicó que
en el 2017 se registraron 21 denuncias de violencia sexual y en el 2016 hubo 69 (59 por violación
y 10 por acoso). Señaló que el incremento de la cifra se debió a que las denuncias que
prescribieron años atrás se volvieron a reactivar (Diario Correo, 03 de junio 2018).

Luego de que el Ministerio de Educación (MINEDU) informara sobre el presunto abuso


sexual sufrido por 21 menores de la comunidad nativa de Kusu Chapi, en Amazonas, por parte
de su entorno familiar, un informe de la Defensoría del Pueblo emitió otra cifra alarmante. En
cuatro provincias de la mencionada región se registró un total de 273 denuncias por violencia
sexual perpetrada por profesores hacia sus propias alumnas, entre los años 2012 y 2017. De
todos estos procesos, el 64% ha prescrito y solo el 11% fueron sancionados por la Comisión
de Procesos Administrativos Disciplinarios de las distintas Unidades Ejecutoras del Sector
Educación de Amazonas.
Según el informe “Condiciones para garantizar el derecho a la Educación, la Salud y una vida
libre de violencia de las niñas y adolescentes indígenas” de la Defensoría del Pueblo, los
porcentajes más altos se concentran en la provincia de Condorcanqui, en donde los casos han
aumentado significativamente. En ese sentido, Condorcanqui es una provincia donde el 95% de
la población es awajún-wampi, las comunidades se encuentran retiradas de la ciudad en lugares
inaccesibles, donde no hay presencia del Estado, condiciones que facilitan el ejercicio de las
distintas formas de violencia.

5. Marco normativo internacional

La violencia contra la mujer es un problema público reconocido en diversos instrumentos


internacionales y que obliga al Estado Peruano a proteger, sancionar y erradicar el problema,
debido a que menoscaba el ejercicio de derechos de las mujeres en condiciones de igualdad
frente a los hombres.

En primer lugar, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra
la mujer – CEDAW, se define discriminación contra la mujer como “toda distinción, exclusión a
restricción basada en el sexo que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el
reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la
base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades
fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra esfera”
(ONU, 1979). Asimismo, dispone, en el artículo 3°, que se tomarán las medidas apropiadas,
incluso legislativas, para asegurar el pleno desarrollo y adelanto de la mujer, de modo que se
garantice el ejercicio y goce de sus derechos humanos, así como de sus libertades
fundamentales, en igualdad con el hombre (ONU, 1979).

El instrumento específico que compromete al Estado peruano para la atención del problema es
la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra La
Mujer - Convención De Belem Do Para -, adoptada en 1994 por iniciativa de la Organización de
Estados Americanos. La Convención dispone que todas las mujeres tengan derecho a una vida
libre de violencia y al reconocimiento, goce, ejercicio y protección de todos los derechos
humanos y a las libertades consagradas por los instrumentos regionales e internacionales sobre
derechos humanos (OEA, 1994). Como se señaló previamente, la Convención Belém do Pará
compromete al Estado peruano a condenar todas las formas de violencia hacia la mujer y a
adoptar políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar dicha violencia y le compromete
“actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer”
(OEA, 1994).
Las definiciones propuestas por la Convención Belém do Pará fueron adoptadas por el Estado
Peruano al momento de la promulgación de la Ley N° 30364 Ley para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia Contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar. Dicha Ley tiene
por objeto:
“prevenir, erradicar y sancionar toda forma de violencia producida en el ámbito público o
privado contra las mujeres por su condición de tales, y contra los integrantes del grupo
familiar; en especial, cuando se encuentran en situación de vulnerabilidad, por la edad o
situación física como las niñas, niños, adolescentes, personas adultas mayores y personas
con discapacidad. Para tal efecto, establece mecanismos, medidas y políticas integrales de
prevención, atención y protección de las víctimas, así como reparación del daño causado; y
dispone la persecución, sanción y reeducación de los agresores sentenciados con el fin de
garantizar a las mujeres y al grupo familiar una vida libre de violencia asegurando el ejercicio
pleno de sus derechos”. (Ley N° 30364, 2015: Artículo 1)

En esa línea, el artículo 2° de la referida Convención, dispone que se deberá entender que la
violencia contra la mujer implica tanto violencia física, así como sexual y psicológica y que:

a. Tenga lugar dentro de la familia o unidad doméstica o en cualquier otra relación


interpersonal, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo domicilio
que la mujer, y que comprende, entre otros, violación, maltrato y abuso sexual;
b. Tenga lugar en la comunidad y sea perpetrada por cualquier persona y que
comprende, entre otros, violación, abuso sexual, tortura, trata de personas, prostitución
forzada, secuestro y acoso sexual en el lugar de trabajo, así como en instituciones
educativas, establecimientos de salud o cualquier otro lugar, y
c. Sea perpetrada o tolerada por el Estado o sus agentes, donde quiera que ocurra
(OEA, 1994).

6. Marco Normativo Nacional

El Acuerdo Nacional, suscrito en el año 2002 por representantes de los tres niveles de gobierno
y principales instituciones políticas y sociales del país, define las Políticas de Estado con el fin
de plantear un horizonte común para lograr un desarrollo inclusivo, equitativo y sostenible, de
modo que permita afirmar la gobernabilidad democrática del país (Acuerdo Nacional: -). La
Política Nº 11, Promoción de la Igualdad de Oportunidades sin Discriminación, expresa la
voluntad del Estado peruano en hacer efectiva la promoción de la igualdad de oportunidades,
tomando en cuenta que persisten diversas formas de discriminación y desigualdad, en especial,
que afectan a mujeres, niños, niñas, adolescentes, personas adultas mayores, pueblos
indígenas, personas con discapacidad, entre otras. Señala que es necesaria la labor del Estado
para implementar acciones afirmativas de carácter temporal, a través de la aplicación de
políticas públicas, con el fin de erradicar las expresiones de desigualdad que menoscaban los
derechos de los grupos poblacionales mencionados (Acuerdo Nacional: -).
El Plan Estratégico de Desarrollo Nacional, denominado Plan Bicentenario: el Perú al
2021, contiene las políticas nacionales de desarrollo que el Estado peruano deberá implementar
de cara al año 2021. La política puntualiza que “para garantizar los derechos fundamentales a
todos los peruanos se requiere de políticas que busquen lograr la equidad social, lo que implica
asegurar la igualdad de oportunidades para todos y el acceso universal a los servicios básicos.
Esto incluye en particular la igualdad de oportunidades (Plan Bicentenario: 11). Si bien es cierto,
la materia de igualdad de género no se hace explícita en el documento, se puede hacer el
vínculo con el Eje Estratégico 1: Derechos Fundamentales y Dignidad de las Personas. Objetivo
Nacional: Plena vigencia de los derechos fundamentales y la dignidad de las personas. Objetivo
Específico 1: Vigencia plena y ejercicio efectivo de los derechos y libertades fundamentales. Se
propone, como lineamiento de política del referido Objetivo Nacional el promover el cambio de
actitudes en la sociedad, eliminando paulatinamente la violencia familiar (Plan Bicentenario: 47).
La Ley N° 30364, Ley para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres y los
integrantes del grupo familiar, define violencia contra las mujeres es cualquier acción o conducta
que les causa muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico por su condición de tales,
tanto en ámbito público como privado (Art. 5°).
En el marco de la Ley N° 30364 se creó el Sistema Nacional el Sistema Nacional para la
Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres y los Integrantes del
Grupo Familiar, cuyo fin es “coordinar, planificar, organizar y ejecutar acciones articuladas,
integradas y complementarias para la acción del Estado en la prevención, atención, protección
y reparación de la víctima, la sanción y reeducación del agresor, a efectos de lograr la
erradicación de la violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar. Es un sistema
funcional” (Art. 33°).
La mencionada Ley dispone, además, la creación de la Comisión Multisectorial de Alto Nivel,
que tiene como finalidad dirigir el Sistema Nacional de Prevención, Sanción y Erradicación de
la Violencia contras las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar y formular los lineamientos
y la evaluación del cumplimiento de la Ley (Art 35°).
En ese sentido, se dispone que el MIMP es el rector en materia de prevención, protección y
atención de la violencia contra mujeres e integrantes del grupo familiar y es responsable de la
coordinación de este sistema y que a Dirección General contra la Violencia de Género (en
adelante DGCVG) del MIMP cumple la función de Secretaría Técnica de dicha comisión.
Asimismo, el sistema incorpora instancias de concertación del nivel regional, provincial y local,
con el fin de elaborar, implementar, monitorear y evaluar las políticas públicas en materia de
atención a la violencia hacia la mujer en su respectiva jurisdicción (Art. 37°, 38° y 39°).
Por su parte, el Plan Nacional Contra la Violencia de Género, aprobado con Decreto Supremo
N° 008-2016-MIMP, compromete a los tres niveles de gobierno a lucha contra el problema de la
violencia. Está concebido con la misión que, desde el Estado, se adopten, e implementan
políticas públicas integrales para la prevención, atención, protección, rehabilitación de las
personas afectadas y la sanción de las personas agresoras, así como su reeducación en el
sistema educativo formal. Asimismo, señala que el sistema de justicia debe facilitar el acceso
oportuno a la misma, de modo que se garantice el derecho a una vida libre de violencia (Plan
Nacional Contra la Violencia de Género 2016 – 2021, -).

7. Institucionalidad

En el marco de la implementación de esta Política Pública se encuentra necesario el


fortalecimiento de distintos actores que resultan claves para la sostenibilidad de esta. Sabiendo
que el alcance que se va a tener con la Política, se requiere trabajar de manera articulada entre
los distintos sectores, específicamente, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables,
Ministerio de Cultura, Ministerio Público, Ministerio de Salud y Ministerio de Educación. Si bien,
es el primer ministerio mencionado el que lidera esta Política resulta importante crear Convenios
entre los ministerio para institucionalizar la participación de cada uno de ellos.

Se deben realizar mesas de trabajo multisectorial donde se articulen las intervenciones con el fin
de sumar esfuerzos y no duplicar trabajos en vano. En cuanto a los demás actores, es necesario
fortalecer a la UGEL del distrito de Condorcanqui y el Centro de Emergencia Mujer. Es preciso
mencionar que resulta imprescindible el trabajo con las UGELES ya que como se evidencia en
las denuncias de la zona, cerca del 50% de acusados por violencia sexual son docentes, tanto
indígenas como mestizos. Por lo que, la UGEL debe ser fortalecida para prevenir y atender este
tipo de casos.

Siguiendo por esta línea, las UGELES deben capacitar y sensibilizar “de forma cascada”, es
decir, desde las escuelas (directores y docentes) como las reuniones de APAFA para que puedan
generar mayor conciencia entre ellos/as. Se sabe que a mayor participación de las familias y de
la población, mayor apropiación del tema y de la lucha contra la violencia sexual.

Asimismo, se considera importante el fortalecimiento de las redes de salud, en cuanto a la


pertinencia cultural de los servicios que brinda, no solo partiendo de la lengua que se utiliza sino
también el trato que brinda a las víctimas de violencia sexual. Además, se debe fortalecer las
capacidades de los servidores en cuanto a la prevención de la violencia sexual para realizar
campañas de salud.

En cuanto a las comunidades, se sabe que éstas al ser pueblos indígenas u originarios, han
prevalecido sus propias estructuras tanto políticas, económicas como sociales, por lo que resulta
interesante poder trabajar paulatinamente con los distintos actores relevantes. Es preciso
fortalecer las relaciones con el Apu para poder tener un ingreso viable a la comunidad y del
mismo modo generar mayor participación de la población e internalización del tema.

Del mismo modo, resulta necesario establecer coordinaciones a través del Apu con las rondas
campesinas de la zona. Ya que ellos resultan tener un rol fundamental en cuanto al orden y
protección de la comunidad.

8. Enfoques

a. Enfoque de género

Es una forma de mirar la realidad identificando los roles y las tareas que realizan las mujeres y
los hombres en una sociedad, así como las asimetrías y relaciones de poder e inequidades que
se producen entre ellas y ellos, permitiendo conocer y explicar las causas que las producen para
formular medidas (políticas, mecanismos, acciones afirmativas, normas, etc.) que contribuyan a
superar las brechas sociales producidas por la desigualdad de género (MIMP, 2014: 8).

b. Enfoque de interculturalidad

En país culturalmente diverso como es el Perú este enfoque resulta clave. Es más, la
Constitución Política del Perú reconoce la identidad étnica y cultural como derecho fundamental.
La sociedad peruana, caracterizada por presentar múltiples lenguas y formas culturales, requiere
se respeten y valoren todas las etnias que conviven en el territorio, de modo que se pueda
construir una ciudadanía intercultural, constituyendo ésta una práctica de respeto y valoración
de nuestras diferencias. Es importante incidir en que el fortalecimiento de la identidad cultural
resulta esencial para el progreso social, económico y cultural del país en su conjunto (Ministerio
de Cultura, 2014: 19).
9. Objetivos prioritarios

Objetivo General: Reducir el porcentaje de violencia sexual contra la mujer en la región


Amazonas.

Objetivos específicos:

 Formar y empoderar lideresas comunitarias para la prevención y alerta para detectar y


denunciar casos de violencia sexual.

 Fortalecer capacidades de funcionarios y servidores de entidades públicas de la región


Amazonas para la adecuación intercultural de sus servicios.