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Ma. Antonia Estévez Pérez

      




Cuando hablamos de mujeres en la literatura difícilmente escuchamos muchos


nombres, será por aquello de que de lo bueno poco. En fin, se conoce muy poco
del trabajo literario femenino y escasas son aquellas que son recordadas como
íconos de la literatura de su país o del mundo; y entre esas pocas mujeres
reconocidas, se encuentra la Avellaneda, como es llamada.
En la mayoría de los casos observamos que los poetas (algunos) suelen ser
muy pasionales, de acuerdo a las desventuras que les acontecieron en su existir, y
como comúnmente se dice, su poesía pinta como les fue en la feria; y el caso de
Gertrudis no es la excepción, pues vivió una vida llena de altibajos que le dieron
ese toque personal a todo lo que escribió, pues a pesar de que en la mayoría de
sus escritos utiliza un lenguaje culto, no se siente la distancia del autor, al
contrario se nota un total complemento entre la Avellaneda y su legado literario;
eso es lo que la ha hecho trascender a lo largo del tiempo.

Dejando de lado el sentimentalismo que por la autora se nota, vamos a


hablar de su trabajo, comenzando por su primer poema, escrito en el momento en
que partió de su amada Cuba para dirigirse a Europa, exactamente a España, y es
en Sevilla donde se dio a conocer su trabajo y fue conocida en el ámbito literario.
  es el título de esta pequeña composición en donde se nota el dolor que le
produce el abandono de aquel lugar en el que vivió su infancia; y al cual no
vislumbra como un país en vísperas de la independencia, sino sólo como el sitio al
que pertenece, del que forma parte y que constituye parte de su personalidad.
ºPerla del mar! ºEstrella de occidente!
º ermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

ºoy a partir!... La chusma diligente,


para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.

ºAdiós, patria feliz, edén querido!


ºDoquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!

ºAdiós!... Ya cruje la turgente vela...


el ancla se alza... el buque, estremecido,
las olas corta y silencioso vuela. (Lazo,1990:19)

En este soneto notamos la gran capacidad de Gertrudis para poder enlazar


lo ambiental físico con lo espiritual que nos permite tener la impresión de
movimiento en el momento de la partida; igualmente observamos que el núcleo
lírico es el síntesis del drama interior entre la dolorosa partida de su amada patria
y las fuerzas contrarias que la atraen. Algo parecido vivió la Avellaneda cuando
tuvo problemas respecto a sus supuesto ³españolismo´, derivado un tanto por los
reclamos de sus compatriotas por haber desarrollado totalmente su carrera
literaria en España, y además dela ausencia en sus escritos de lo que por esa
época comenzaba a notarse ya en los escritores hispanoamericanos: la ideología
que promovía ya la guerra de independencia.

De esta manera inicia su sorpresivo ascenso poético que fue fugaz


complicado tal y como lo fue su vida.

Es indudable apreciar en   la gran influencia del que se considera el


padre lírico de la Avellaneda: José María eredia que en su llegada a México
desde la ciudad de Nueva York, en 1825, escribe: " 
    
donde
innova el uso del metro, ya que no lo usa para expresa la emoción lírica, ni temas
eróticos, sentimentales o religiosos; sino para exaltar el patriotismo. En la
composición de eredia se nota un ritmo bélico y musical; y él mismo llega a
clasificar esta composición como poesía patriótica perteneciente a la poesía civil
externa.

En la temática de " 
 se percibe el redescubrimiento de la naturaleza
americana por los viajeros científicos, la historia de cuba bajo el gobierno colonial,
la historia del autor; sobresalen dos poéticas que pretenden coexistir en el texto: la
mítica y la historicista-testimonial. La poética mítica ensalza el paisaje insular
desde una perspectiva de distancia, y se observa a la patria como un encuentro
entre la naturaleza y la comunidad; lo importante de esta poética es que está
regida por el tiempo cíclico que privilegia el retorno al origen, a la isla sagrada,
donde la unión entre la comunidad y la naturaleza aún no ha sido profanada por la
cultura hispana. El yo lírico de eredia recurre a la primera persona del plural para
afianzar este sentido de pertenencia que se observa en la lejanía.

      

Gertrudis Gómez de Avellaneda Arteaga Gil de Taboada y Bentancourt nació el 23


de marzo de 1814 en Puerto Príncipe, ciudad que solía llevar el nombre indígena
Camagüey; desde pequeña siempre mostró interés por la literatura y por el estudio
de la lengua francesa que le permitió ahondar en la literatura europea, de la
misma manera evidencio de sobremanera la curiosidad en el teatro, volviéndose
una actriz aficionada.

Siendo niña, falleció su padre y poco tiempo después su madre ya había


conseguido un sustituto con el que se alió para convencer a su madre de que
realizaran un viaje a España, la Avellaneda deseaba este viaje no como un anhelo
de la vida europea y un olvido a propósito de su tan amada tierra cubana, sino por
el sentimentalismo que le despertaba la madre patria al recordarle a su padre; es
así que junto con su muy extrañamente querido hermano dejan de lado los malos
tratos de la familia del padrastro para en busca de la sangre paterna. Es con la tan
buscada familia donde el tío desea casar a Gertrudis con un importante propietario
del lugar, al que indudablemente rechazó, pues no mostraba en absoluto interés
en las proposiciones matrimoniales que le ofrecieran beneficios económicos.

Después de rechazar enérgicamente este matrimonio arreglado, se dirigió


del brazo de su hermano hacía Sevilla, en donde por fin libre de las riendas
familiares inicio la vida literaria y social que le permitió cultivar amistades
importantes, y es cuando bajo el seudónimo de      (quizá por su
condición de extranjera) publica versos, además incursiona en el periodismo
literario.

En 1841 publica su primera colección de poesías la cuál le dio


reconocimiento, ese año también publica Sab, su primera novela de asunto
cubano donde realiza una narración imaginativa, que no coincidía con lo pasional
que normalmente era. Poco después comenzaron los problemas que tuvo
respecto al supuesto españolismo que demostraba.

Sin duda fue una mujer de gran belleza interior y exterior, eso le ayudo a
conquistar el mundo literario de Madrid y consiguió la amistad de grandes
escritores como Quintana y Zorrilla, además de la conocida Fernán Caballero.

Su carrera literaria se desvió hacia el teatro, escribiendo comedias con


fondo poético (La hija de las flores), y formas dramáticas; pero triunfo con el teatro
trágico con Munio Alfonso en 1844 y Baltasar en 1856.

Finalmente establecida en Madrid y después de una serie de pérdidas


familiares, entre ellas la de su querido hermano Manuel, fallece el 1° de Febrero
de 1873.

En la creación literaria de la Avellaneda aparece persistentemente la


resistencia del individuo al ponerlo al límite de las circunstancias. La obra de la
autora es panorámica y extensa, hay una diversidad de aptitud, por lo que es
importante conocer su vida para comprender algunos rasgos que conforman sus
composiciones.


   

En ocasiones parecemos distinguir en las composiciones hispanoamericanas


pertenecientes al romanticismo, algunas características persistentes, o quizá hasta
se puede describir la personalidad del autor; estas pequeñas pistas son las que
nos permiten clasificar a los autores, y antes de comenzar con el análisis que nos
corresponde sería bueno que recordásemos algunos datos importantes respecto
al romanticismo.

Dentro de los autores que florecían en las ideas de una liberación del
monarquismo español, sucedía a menudo que todo este sentimiento patriota se
daba a raíz de un alejamiento del país de origen, generalmente viajaban a Europa
y es así como podían observar con anhelo y nostalgia a la querida patria como
una vuelta al origen.

En los románticos se suele hablar del yo y su contorno, derivado del


panteísmo egocéntrico. El romanticismo criollo solía verse como una actividad
civilizadora, más allá que como una verdadera literatura, pues se consideraba que
la literatura surge con el ímpetu de la independencia nacional.

En Cuba o Puerto Rico, a pesar del prestigio que tenían las letras francesas
e inglesas, no se debilita la raíz hispánica. En las minorías cultas se enorgullecían
de su pasado español que prefieren el romance (México, Cuba, Colombia); por
eso se hace un intento por enriquecer la métrica, poetas como la Avellaneda, José
Eusebio Caro se adelantan al modernismo con la invención de su metro.

El cuadro de costumbres en el siglo XIX simpatiza con el valor local, se


vuelve dinámico y se convierte en cuento, este tipo de temáticas entran en la
composición de novelas realistas pero abundan en las narraciones históricas y
sentimentales, como es el caso de Sab.

Los temas más típicos de ispanoamérica fueron el paisaje natural, los tipos
humanos, las maneras de vivir en las diferentes circunstancias sociales y la
historia. En los países de grandes masas indígenas hubo una idealización del indio
(Anderson, 1970: 339-340)
    

Sab es una novela de asunto específicamente camagüeyano en donde se capta la


vida colectiva local, la psicología de los personajes se limita a estampas
románticas (la idealización del indígena); se desarrolla en torno a la figura
idealizada y embellecida del esclavo Sab al cuál se le dan las características del
prototipo de la escuela romántica.

La historia comienza con la descripción de los personajes sobre los cuales


girará la historia, en eso es muy clara la Avellaneda, dándole instrucciones
específicas al lector de lo que está leyendo además cada capítulo a pesar de
carecer de títulos, el epígrafe que coloca nos permite deducir de que se tratará
cada uno.

Sab es un esclavo bautizado como Bernabé, pero al cuál su madre siempre


llamó Sab; y es un esclavo que crece junto a la hija de su patrón; Carlota con la
que crece y estudia a la par, ya que sólo Sab es mayor que ella por cinco años;
debido a esta cercanía, crece un gran cariño y Sab se enamora de ella, pero
acepta su condición como esclavo.

El marco escénico va desde los campos de Cuba en Puerto Príncipe, luego


vapor la hacienda donde se desarrolla la historia y termina en el convento.

einte años hace, poco más o menos, que al declinar una tarde del mes de junio
un joven de hermosa presencia atravesaba a caballo los campos pintorescos que
riega el Tínima, y dirigía a paso corto su brioso alazán por la senda conocida en el
país con el nombre de camino de Cubitas, por conducir a las aldeas de este
nombre, llamadas también tierras rojas. (Avellaneda,2010: 1)

Enrique Otway el prometido de Carlota se presenta como un personaje que


idealiza la imagen del caballero romántico: 

 
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 (Avellaneda,2010:2), por ser un tipo
muy atractivo y haber sido educado en Europa; pero en realidad sólo busca el
dinero de la familia de Carlota, pues su padre es un aristócrata azucarero. Al
decaer los negocios del padre de Carlota, Enrique se desinteresa en la unión
matrimonial pues lo único que busca es satisfacer a su padre.
Más adelante Sab se gana la lotería y pretende regalarle su boleto a
Teresa, la prima de Carlota que está enamorada de Enrique, pero esta no lo
acepta al recordar todas las desdichas que ha vivido que le hacen pensar en que
Enrique sólo estaría a su lado por mero interés.

Finalmente Sab le da su dinero a Carlota para que vuelva a enriquecerse y


de esa manera pueda casarse con Otway; Carlota y Enrique se casan, y Teresa
no teniendo otra alternativa decide enclaustrarse en un convento desde donde
tiene correspondencia con Sab quién se muere, y Carlota al visitar su tumba se
arrepiente de haberse casado sin amor y de no haber correspondido a sus
sentimientos sin pensar en los prejuicios de la sociedad.

Desearíamos también dar noticias al lector de la hermosa y doliente Carlota, pero


aunque hemos procurado indagar cuál es actualmente su suerte, no hemos podido
saberlo. erosímilmente su marido, cuyas riquezas se habían aumentado
considerablemente en pocos años, muerto su padre habrá creído conveniente
establecerse en una ciudad marítima y de más consideración que Puerto Príncipe.
Acaso Carlota, como lo había previsto Teresa, existirá actualmente en la populosa
Londres. Pero cualquiera que sea su destino, y el país del mundo donde habite,
¿habrá podido olvidar la hija de los trópicos, al esclavo que descansa en una
humilde sepultura bajo aquel hermoso cielo? (Avellaneda, 2010:91)

Bibliografía
ALBIN, María. (2002) Género, poesía y esfera pública Gertrudis Gómez de
Avellaneda y la tradición romántica Madrid: Edit. Trotta

ANDERSON Imbert, Enrique. (1970) istoria de la literatura hispanoamericana I


México :FCE
GÓMEZ de Avellaneda, Gertrudis. Sab [recurso en línea]
O 
       


LAZO, Raimundo. (1990) Gertrudis Gómez de Avellaneda la mujer y la poetisa


lírica México: Edit. Porrúa Colección Sepan cuantos
LAZO, Raimundo. (1979) El Romanticismo Lo romántico en la lírica
hispanoamericana del siglo XI a 1970 México: Edit. Porrúa Colección Sepan
cuantos


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