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UNIVERSIDAD EVANGELICA “MARTIN LUTHER KING”

ANIMALES A DIOSES BREVE HISTORIA DE LA HUMANIDAD

Asignatura: Hermenéutica Bíblica

Profesor. Master Eduar Salazar.

Maestría: Ciencias Bíblicas.

Maestrante:

Migdonio López Vergara.

Luis E. Rodriguez Suárez

Fecha. 10 de Enero 2020.


Resumen de animales a dioses breve historia de la humanidad.

El libro está dividido en cuatro partes, 1) La revolución cognitiva, centrada en los orígenes del homo sapiens
2) La revolución agrícola, donde se analiza la transición al neolítico 3) La unificación de la humanidad, el
inicio de la globalización en la edad moderna y 4) La revolución científica, los avances en la ciencia de los
últimos cinco siglos.

Harari parte de la premisa de cómo el homo sapiens, “un animal sin importancia” ha sobresalido sobre las
demás especies y ha sido capaz de construir grupos de miles de individuos, crear imperios, redes de intercambio
y generar un mundo simbólico de creencias. A diferencia de los chimpancés, la especie más cercana al ser
humano, en que los grupos más grandes apenas llegan al centenar, los humanos han sido capaces de crear
comunidades formadas por millones de personas. Según el autor, se ha debido a la revolución cognitiva, que
ha permitido al ser humano la capacidad de imaginar un mundo más allá de nuestra biología. La capacidad de
imaginar es una característica que nos diferencia de las otras especies.

Las religiones, naciones, imperios, leyes, sociedades económicas etc… son realidades imaginadas que en la
naturaleza no existen, pero han servido para ampliar las redes de cooperación a un nivel que no ha conseguido
las otras especies. Personas distanciadas a miles de kilómetros sienten que pertenecen a una misma religión,
imperio, nación, grupo social, que los cohesiona y les permite cooperar. Estas realidades imaginadas se
entrecruzan, dentro de una coexisten otras realidades imaginadas, en las que diferenciamos imperios, naciones,
religiones, géneros, sociedades económicas

Según Harari, el secreto del éxito de los grandes grupos humanos es la “ficción”: un gran número de extraños
puede cooperar con éxito si los individuos creen en mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva.
Este “pegamento mítico” que une a individuos y familias para formar grupos mucho más amplios nos ha
convertido en dueños de la creación.

Tanto Hammurabi como los Padres Fundadores de los Estados Unidos, por poner dos ejemplos, imaginaron
una realidad regida por principios de justicia universales e inmutables, tales como la jerarquía y la igualdad,
respectivamente, pero el único lugar en el que tales principios existen es en la fértil imaginación de los
“sapiens”. Se trata de mitos que se inventan y se cuentan de unos a otros, sin validez objetiva.

La igualdad, la libertad, los derechos y las sociedades de responsabilidad limitada son invenciones que solo
existen en nuestras mentes. Harari cita una frase atribuida a Voltaire: “Dios no existe, pero no se lo digáis a mi
criado, no sea que me asesine durante la noche”, para aseverar que Hammurabi o Jefferson habrían dicho algo
parecido sobre su principio de jerarquía o sobre los derechos humanos. ¿Cómo se hace, por tanto, para que la
gente crea en órdenes imaginados como el cristianismo, la democracia o el capitalismo?

En primer lugar, no se puede admitir que el orden es imaginado. Al contrario, se ha de defender que el orden
que sostiene la sociedad es una realidad objetiva creada por los grandes dioses o por las leyes de la naturaleza:
“Las personas son distintas no porque lo dijera Hammurabi, sino porque lo decretaron Enlil y Marduk. Las
personas son iguales, no porque lo dijera Thomas Jefferson, sino porque Dios los creó así. Los mercados libres
son el mejor sistema económico, no porque lo dijera Adam Smith, sino porque estas son las inmutables leyes
de la naturaleza”.

En segundo lugar, hay que educar de forma concienzuda a las personas. Son tres, por otra parte, los factores
que impiden que la gente se dé cuenta de que el orden es imaginario: dicho orden está incrustado en el mundo
material, modela nuestros deseos y es intersubjetivo. Lo que Harari llama el “chismorreo” permite colaborar a
los “sapiens” en grupos de hasta 150 integrantes. Sin embargo, la mayoría de las personas no puede conocer
íntimamente a más de 150 seres humanos, ni chismorrear efectivamente con ellos. En la actualidad, un umbral
crítico en las organizaciones humanas se encuentra en algún punto alrededor de este número mágico. Por debajo
de él, comunidades, negocios, redes sociales y unidades militares pueden mantenerse basándose principalmente
en el conocimiento íntimo y en la actividad de los chismosos, sin rangos formales, títulos ni leyes para sustentar
un orden. Un pequeño negocio familiar puede subsistir sin una junta directiva, un director ejecutivo o un
departamento de contabilidad, pero, cruzado el umbral de los 150 individuos, las cosas no pueden seguir
funcionando así.

El tercer orden universal, como hemos adelantado, es el religioso. Harari explica conceptos tales como
idolatría, politeísmo, monoteísmo… Recurre de nuevo a la controversia, pues estima que la edad moderna “ha
asistido a la aparición de varias religiones de ley natural nuevas como el liberalismo, el comunismo, el
capitalismo, el nacionalismo y el nazismo”. Opina que los promotores de estas creencias prefieren que sean
calificadas como ideologías antes que como religiones, lo cual es meramente un ejercicio semántico. Si una
religión es un sistema de normas y valores humanos que se fundamenta en la creencia de un orden
sobrehumano, entonces el comunismo soviético no era menos religión que el islamismo. De este modo, el
capitalismo es la más exitosa de las religiones modernas. Actualmente, la secta humanista más importante es
el humanismo liberal, junto al humanismo socialista.

Los 4 momentos clave en “De animales a hombres, breve historia de la humanidad”

La revolución cognitiva
Por muchos años, los humanos no eran muy diferentes a otros animales. Cazábamos, comíamos y dormíamos.
La relación con otros humanos era como la que hoy todavía tienen algunas especies. La diferencia es que,
comparado con la mayoría de los animales, el cerebro humano es mucho más grande. Curiosamente eso era
una debilidad, porque su funcionamiento requería tanta energía como la que se utilizaba en la sobrevivencia.
Fue hace 70 mil años que esos grandes cerebros empezaron a dar frutos. Exactamente no se sabe cómo, pero
el humano empezó a crear herramientas que otros animales nunca han podido, dada la forma de sus
extremidades. Y debido a que los humanos nacemos de manera prematura en términos sociales y de
supervivencia, esto empezó a fortalecer los lazos entre los niños, los adultos y la tribu, un acto básico para
sobrevivir.
Fue la combinación de un cerebro grande, el desarrollo y empleo de herramientas, sus habilidades de
aprendizaje, y una estructura social compleja lo que cimentó el ascenso del hombre a la cima de la cadena
alimenticia.

2.- La revolución agrícola


A pesar de que los humanos hemos estado en la tierra por más de 2.5 millones de años, fue apenas 12 mil años
atrás que apareció la revolución agrícola. Es otro punto importantísimo en la transformación que nos lleva a lo
que somos hoy.
Harari propone que los humanos eran mucho más sanos y felices cuando eran cazadores y recolectores que
cuando se convirtieron en agricultores. Pasar de un estilo de vida independiente a la rutina de la granja hizo
que los humanos tuvieran menos iniciativa para explorar cosas nuevas, trabajaran más horas y tuvieran menos
horas de ocio, además de sacrificar la calidad de su alimentación.
Nuestros cuerpos están diseñados para moverse, correr, escalar o saltar, no para cargar cubetas de agua o
herramientas para el arado.
Desde el punto de vista de Harari, la revolución agrícola es un gran fraude. Pero a pesar de eso, y de no
beneficiar a la mayoría en un sentido personal, la agricultura es el motor de la explosión demográfica a gran
escala.
3.- La unificación de las civilizaciones
De acuerdo al autor, lo que diferencia definitivamente al homo sapiens de cualquier otra especie es su capacidad
de reunirse en grandes grupos. Señala que tenemos la habilidad única de creer en cosas que únicamente existen
en nuestra imaginación, lo que nos permite formar dichas agrupaciones y colaborar en la búsqueda de progreso.
Son estas ideas lo que da forma a nuestra cultura, a pesar de estar llenas de inconsistencias, y es precisamente
la búsqueda de la verdad lo que estimula el cambio constante. Como ejemplo menciona que la igualdad y
libertad son dos valores fundamentales para la mayoría de las personas en el mundo, pero curiosamente uno
contradice al otro.
Conceptos como el valor del dinero, la fuerza de un imperio, el capitalismo o las religiones, son intangibles,
son promesas y, a pesar de ello, las personas nos seguimos agrupando alrededor de ellos.

No puedo evitar pensar que cada día más compañías y organizaciones se comportan como sociedades,
con valores alrededor de los cuales los profesionales se unen para buscar un mismo fin. Hoy me pregunto si
esos valores también son una mera ilusión.

4.- La revolución científica


Apenas 500 años atrás empezó la revolución científica, y en ese corto período de tiempo, el mundo ha cambiado
radicalmente.
En el año 1500 habitaban la tierra alrededor de 500 millones de personas, hoy somos 7.4 billones. Entonces
tomaba 3 años dar la vuelta al mundo en un barco, hoy se puede hacer en avión en en menos de 48 horas. Este
tipo de avances son el resultado de la innovación tecnológica.
Harari propone que una vez que el hombre aceptó que no sabía todo, empezó a observar, experimentar y
adquirir conocimientos nuevos. En este punto, Harari aventura cómo serán los futuros amos del mundo.
Probablemente habrá una diferencia mayor entre nosotros y ellos que entre nosotros y el hombre de Neandertal.
Lo más factible es que el “Homo Sapiens” sea sustituido por el “Homo Deus”, que poseerá un físico diferente
y un mundo cognitivo y emocional radicalmente distinto.

Dice Yuval los humanos evolucionaron por primera vez en África oriental hace unos 2,5 millones de años, a
partir de un género anterior de simios llamado Australopithecus, que significa «simio austral». Hace unos dos
millones de años, algunos de estos hombres y mujeres arcaicos dejaron su tierra natal para desplazarse a través
de extensas áreas del norte de África, Europa y Asia e instalarse en ellas.
Puesto que la supervivencia en los bosques nevados de Europa septentrional requería rasgos diferentes que los
necesarios para permanecer vivo en las vaporosas junglas de Indonesia, las poblaciones humanas
evolucionaron en direcciones diferentes. El resultado fueron varias especies distintas, a cada una de las cuales
los científicos han asignado un pomposo nombre en latín. Los humanos en Europa y Asia occidental
evolucionaron en Homo neanderthalensis («hombre del valle del Neander»), a los que de manera popular se
hace referencia simplemente como «neandertales».
Los neandertales, más corpulentos y musculosos que nosotros, sapiens, estaban bien adaptados al clima frío de
la Eurasia occidental de la época de las glaciaciones. Las regiones más orientales de Asia estaban pobladas por
Homo erectus, «hombre erguido», que sobrevivió allí durante cerca de dos millones de años, lo que hace de
ella la especie humana más duradera de todas. Es improbable que este récord sea batido incluso por nuestra
propia especie. Es dudoso que Homo sapiens esté aquí todavía dentro de 1.000 años, de manera que dos
millones de años quedan realmente fuera de nuestras posibilidades. En la isla de Java, en Indonesia, vivió
Homo soloensis, «el hombre del valle del Solo», que estaba adaptado a la vida en los trópicos.
En otra isla indonesia, la pequeña isla de Flores, los humanos arcaicos experimentaron un proceso de nanismo.
Los humanos llegaron por primera vez a Flores cuando el nivel del mar era excepcionalmente bajo y la isla era
fácilmente accesible desde el continente. Cuando el nivel del mar subió de nuevo, algunas personas quedaron
atrapadas en la isla, que era pobre en recursos. Las personas grandes, que necesitan mucha comida, fueron las
primeras en morir. Los individuos más pequeños sobrevivieron mucho mejor.
A lo largo de generaciones, las gentes de Flores se convirtieron en enanos. Los individuos de esta especie
única, que los científicos conocen como Homo floresiensis, alcanzaban una altura máxima de solo un metro, y
no pesaban más de 25 kilogramos. No obstante, eran capaces de producir utensilios de piedra, e incluso
ocasionalmente consiguieron capturar a algunos de los elefantes de la isla (aunque, para ser justos, los elefantes
eran asimismo una especie enana).
En 2010, otro hermano perdido fue rescatado del olvido cuando unos científicos que excavaban en la cueva
Denisova, en Siberia, descubrieron un hueso del dedo fósil. El análisis genético demostró que el dedo
pertenecía a una especie previamente desconocida, que fue bautizada como Homo denisova. Quién sabe
cuántos otros parientes nuestros perdidos esperan a ser descubiertos en otras cuevas, en otras islas y en otros
climas. Mientras estos humanos evolucionaban en Europa y Asia, la evolución en África oriental no se detuvo.
La cuna de la humanidad continuó formando numerosas especies nuevas, como Homo rudolfensis, «hombre
del lago Rodolfo», Homo ergaster, «hombre trabajador», y finalmente nuestra propia especie, a la que de
manera inmodesta bautizamos como Homo sapiens, «hombre sabio».

Conclusiones

La obra de Harari, sin duda alguna, contribuye a nuestra reflexión, en primera instancia, sobre la naturaleza
humana como especie y, en ella, sobre el sentido del inminente proceso de unificación global, mediante este
tren imparable de la triada (ciencia, industria y capital) cuyo destino no se ve tan claro, pues parece que avanza
fuera del control de sus creadores. Y, sobre todo, nos plantea el escenario de que cualquier apuesta
política/filosófica/ideológica/tecnológica, en una suerte de fatalidad que persigue a los sapiens, solucionará
algunos aspectos de la convivencia humana, pero, inevitablemente, dejará secuelas que pueden demeritar la
calidad de vida de las comunidades sapiens.

Esta obra también puede verse como parte de las realidades ficticias de los sapiens, ya que, hasta dónde los
estudiosos de la diversidad cultural y biocultural han encontrado, las comunidades sapiens han desarrollado
variedad de identidades en relación a los componentes de la naturaleza. Es decir, la praxis humana es muy
variable, aunque sapiens, en última instancia. Además, la mayoría de estas comunidades están muy entrenadas
en lidiar con élites de superhombres/dioses, que son las que controlan y abusan de la ciencia y tecnología
disponible en su momento. La lista es larga: faraones, kanes, reyes, sheiks, maharajas, tlatoanis, caciques,
etcétera. Asimismo, las diversas culturas, generalmente, tienen en su imaginario, una narrativa terrorífica del
fin del mundo, como el Apocalipsis de la tradición judeo-cristiana, de entre un sinnúmero de variadas narrativas
más. Esta vez, Harari se funda en los avances científicos, que al igual que los sabios de otras culturas y otras
épocas de la breve historia de la humanidad, los científicos se consideran la verdad absoluta.

El libro es un ensayo, no aporta nuevos datos a la investigación histórica, sino una nueva mirada. Nuevas
miradas provocativas que invierten las explicaciones dadas, capaz de decir que ha sido el trigo el que ha
domesticado al sapiens y no al revés, pasando este cereal de ser una especie muy localizada a encontrarse
extendida por todo el mundo gracias al esfuerzo del ser humano, condicionando su propia existencia para
asegurar el triunfo de esta especie, que le ha servido como alimento pero que también representó en su origen
a una renuncia a una dieta más variada. La mirada ecológica del autor, acorde con la sensibilidad actual hacia
el trato de los animales, muestra el éxito reproductivo de las especies domesticadas, bóvido, ovejas, aves, etc,
que no ha ido ligado a una mejora en su vida, condicionada al beneficio humano.