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Adictos Anónimos 1

Adictos Anónimos
(O ¿De cuál fuma usted?)

Terapia de grupo complementada con la famosa Perorata sobre la


necesidad de despenalizar el consumo de drogas.

Adictos:

Fumador (Mario)
Alcohólico (Carlos)
Cafeinómana (Alicia)
Farmacodependiente (Ximena)
Fisicoculturista (Roxana)
Fanática (Milagros Antonia)
Teleadicta (María René)
Orador

Todos los personajes se dirigen al público.


Adictos Anónimos 2

PRIMERA PARTE

Foco sobre FARMACODEPENDIENTE. A su lado hay un


teléfono que ella mira fijamente. Larga espera en
la que aparentemente no pasa nada.

Foco al área del fumador en el momento que enciende


un cigarro. Desde este momento no dejará de fumar y
cada nuevo cigarro lo encenderá con la colilla del
anterior.

FUMADOR: ¿Yo? Tabaco oscuro, desde los 13 años. La primera vez


fue a la salida de la escuela, en un camellón, mientras
caminábamos a la parada. Iba en una secundaria escondida, la 10.
Sólo una vez he dejado de fumar, pero no aguanté y volví al
cigarro. En cambio, no tomo. No me gusta el licor, ni en los
pasteles. No es que no me emborrache de vez en cuando, pero lo
hago por estricta necesidad de desfogarme, nunca porque extrañe
un tequila, o para establecer mis relaciones personales o
profesionales, como otros. Me puedo pasar toda una reunión sin
tomar, pero un reventón sin cigarros es verdaderamente patético.
Lo que yo fumo son Delicados.

Foco a FARMACODEPENDIENTE que se mete una pastilla,


toma el teléfono, pero espera largo tiempo antes de
comenzar a marcar.

Foco a ALCOHOLICO; mira un vaso de agua que está


frente a él.

ALCOHOLICO: Mi nombre es Carlos. Soy alcohólico. (Larga pausa).


Tengo 42 años, estoy casado, con una posición bastante buena
para mi edad, aunque es un puesto inestable....

Suena el teléfono junto a Alcohólico, quien


entonces interrumpe su presentación. Mira hacia la
audiencia como preguntando qué hacer. Antes de
contestar, pide perdón.

ALCOHOLICO: ¿Bueno?

FARMACODEPENDIENTE: Hola, Carlos, ¿no está Alicia?

ALCOHOLICO: No, No está.

FARMACODEPENDIENTE: ¿Tardará mucho?

ALCOHOLICO: Oye, Ximena, Estoy con un cliente.

FARMACODEPENDIENTE: Perdón, perdón, perdón. ¿Podrías decirle que


me hable? ¿Que es urgente?
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ALCOHOLICO: Está bien.

ALCOHOLICO cuelga. FARMACODEPENDIENTE todavía se


queda unos momentos con el teléfono descolgado.

ALCOHOLICO: Perdón. Como decía... Mi nombre es Carlos. Soy


alcohólico. (Pausa). No sé cómo empezar. Dicen... dicen que el
primer síntoma es negar que uno lo es. Yo estoy en esa etapa. No
soy alcohólico, estoy casi seguro (pausa), pero supongo que esa
es la primera afirmación de que lo soy. (Pausa). Por eso estoy
aquí. Sé que no soy el único, supongo que entre ustedes hay tal
vez historias más difíciles y sin embargo lo han superado. Yo
tengo miedo, necesito ayuda. Siento que cada vez es más difícil
detenerme cuando tomo. Si he de ser franco, no quisiera dejar de
beber, es lo que más me gusta en la vida. Sólo me gusta menos
que el amor, pero me gusta más seguido. No me gustaría dejarlo,
pero no sé, no me gustaría. No me imagino. No. Pero la verdad es
que no puedo parar... (Pausa). Ya he tenido algunos exabruptos
preocupantes; sobre todo me preocupa que me pongo violento, a
veces no puedo evitarlo, digo cosas, hago cosas de las que
después me arrepiento. La única manera que conozco para calmarme
es tomando otra copa. Además, me siento fuera de lugar; siempre
llego tarde a las conversaciones. Lo que digo es inoportuno. Si
yo pudiera controlarme... Si pudiera controlar la forma en que
tomo tal vez no habría problema. O sea, estoy conciente, estoy
conciente, no tengo lagunas, no se me olvidan las cosas, estoy
consciente, pero, pero... eso es lo que me gustaría preguntar...
No sé cómo controlarlo... No tengo problema en dejarlo. De hecho
llevo algunos días. Y me siento bien, creo que sí. Pero la
verdad, a ratos como que sí… Hace calor.

Bebe un poco de agua.

Foco a FARMACODEPENDIENTE, que vuelve a marcar un


número. Se escucha una contestadora telefónica:
música (tecnodance) y voz (femenina):

TELEADICTA: Muévete, muévete, si lo dices rápido tal vez no


reviente.

FARMACODEPENDIENTE: René... Háblame. Quedamos en ir a la


conferencia.
Cuelga. Se muerde los labios, o algo así.

Foco a FUMADOR.

FUMADOR: Cuando estuve sin fumar engordé cuatro kilos y a veces


me daban ataques de ansiedad, aunque debo reconocer que en las
mañanas me sentía muy bien, mucho mejor sin las crudas del
tabaco. Sin exagerar, debe haber tardado más de tres semanas en
desaparecer el sabor a tabaco de mi garganta. Todavía a los 15
días despertaba con la sensación de haber fumado dos cajetillas
Adictos Anónimos 4

la noche anterior. En realidad nunca he llegado a fumar dos


cajetillas, a no ser en una reunión. Fumo más cuando estoy
trabajando en algo. Pero en promedio debo fumar unos 20 ó 25
cigarros diarios. A fuerza tengo que abrir una cajetilla todos
los días, eso sí, casi como una terapia. Eso dice mi mamá, que
es una terapia.

Foco a FARMACODEPENDIENTE. Marca un número.


Nuevamente se escucha la contestadora.
Suena el teléfono en el área de Fisicoculturista

FISICOCULTURISTA: ¿Bueno?

FARMACODEPENDIENTE: ¿Roxana?

FISICOCULTURISTA: Sí, ¿quién habla?

FARMACODEPENDIENTE: Ximena

FISICOCULTURISTA: ¿Ximena? ¿Qué pasa?

FARMACODEPENDIENTE: Nada… Eh… Te hablaba…

FISICOCULTURISTA: ¿Sí?

FARMACODEPENDIENTE: ¿Qué haces?... Te acuerdas que el otro día


me dijiste que tenías algo para mí.

FISICOCULTURISTA: Ah, sí. Las pastillas.

FARMACODEPENDIENTE: ¿Podría pasar por ellas?

FISICOCULTURISTA: ¿Te urgen?

FARMACODEPENDIENTE: No. No pero…

FISICOCULTURISTA: No, está bien, está bien, pero yo no sé cómo


te vayan a funcionar. Sólo son relajantes.

FARMACODEPENDIENTE: Está perfecto. Está perfecto.

FISICOCULTURISTA: ¿Podrías pasar en dos horas? Voy a comenzar mi


rutina.

FARMACODEPENDIENTE: ¿Dos horas?... Dos horas. Está bien

FISICOCULTURISTA: OK, Nos vemos.

FARMACODEPENDIENTE: Roxana.

FISICOCULTURISTA: ¿Ajá?

FARMACODEPENDIENTE: ¿Vas a ir a la conferencia?


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FISICOCULTURISTA: ¿A la conferencia? No sé. No creo. ¿Tú vas a


ir?

FARMACODEPENDIENTE: No, no sé. Me da flojera.

FISICOCULTURISTA: Bueno, aquí platicamos. Nos vemos al rato.

FARMACODEPENDIENTE: Adiós.

Fisicoculturista cuelga. En su área hay un marco de


espejo de cuerpo entero y algunos instrumentos para
hacer ejercicio. Fisicoculturista se mira con
gusto y concentración, estudiando seriamente su
cuerpo. A veces se mueve un poco para apreciar
desde otro ángulo la colocación de sus músculos. De
pronto descubre algo que no le satisface y se
acerca más al espejo para observar con
detenimiento. Se toca los bíceps con cierto
desencanto y entonces opta por usar las pesas
muñequeras para ejercitar sus brazos.
A partir de este momento Fisicoculturista no
dejará ni un minuto de hacer ejercicio, salvo que
alguna acción específica lo indique. En algunas
ocasiones se detiene unos segundos a mirarse en el
espejo, pero el objetivo es que alcance un clima de
exaltación. Debe realizar una rutina progresiva (y
coreográfica) que al final de la escena haga
estallar su respiración.

Foco a Teleadicta.

TELEADICTA: Se los voy a contar, pero voy a tratar de ser


sintética porque van a dar las nueve y ustedes... bueno, por
supuesto que ustedes saben qué programa empieza a las nueve.
Pero esa no es la historia. Lo que estaba por contarles es cómo
fue que comencé a ver telenovelas. Al principio traté de
resistirme como si fuera un asunto de principios, pero terminé
reconociendo que tengo más ganas de ver el capítulo de hoy que
acabar el libro que comencé a leer hace cinco meses y que de sus
123 páginas, me faltan tres. Cuando ocurrió esto que les cuento
tenía yo cinco años y vivía con mi madre y tres hermanos, todos
ellos mayores que yo. En las tardes esperábamos a que comenzaran
las caricaturas. Todos, puesto que Felipe el mayor tenía ocho
años, estábamos en edad de caricaturas, y habiendo sólo una tele
en casa, puede decirse que vivíamos un consenso satisfactorio.
Sin embargo, la señora del quehacer, una mujer robusta de
cuarenta años que antes de irse debía esperar a que llegara mi
mamá, se desvivía en las tardes por ver su comedia y siempre
miraba la tele detrás de nosotros, esperando el momento de los
comerciales para cambiarle a las telenovelas. Pero ocurrió un
día que, estando todos listos para ver caricaturas, Felipe le
puso en “el canal de las estrellas”. En un movimiento que
todavía hoy me sorprende por su rápida ejecución, la señora de
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quehacer caminó hacia adelante y colocó su silla a un metro de


la tele, como sentándose en primera fila. Inmediatamente
después, Felipe salió corriendo del cuarto, y todos los hermanos
pequeños nos vimos en medio de un melodramón de los años
ochenta. Reclamamos y exigimos el cambio de canal, hasta
intentamos cambiarle por nuestra cuenta, pero la señora daba
manotazos y decía que tenía derecho a ver su telenovela, que si
no nos gustaba fuéramos a reclamarle a Felipe. Así lo decidimos
después de una rápida deliberación y corrimos tras el hermano
que podía defendernos, el que siempre daba la cara frente a los
extraños. Al llegar al patio de la entrada lo vimos regresando
de la tienda; trataba de abrir un chocolate de esos que eran
nuestra perdición. ¡Nos había traicionado! Había cambiado el
reino de las caricaturas por 500 pesos (que era lo que en ese
entonces costaba el chocolate). Viendo el asunto perdido,
tratamos de ser pragmáticos y al menos reclamamos un porcentaje
del chocolate, pero tampoco nos dio nada. Así que esa tarde, una
de las más enojosas que recuerde, me senté sin postre a ver el
capítulo 42 de Los Ricos También Lloran...

Foco a FARMACODEPENDIENTE. Marca un número.


Nuevamente se escucha la contestadora.

FUMADOR: Muévete, muévete, si lo dices rápido tal vez no


reviente.

FARMACODEPENDIENTE no deja mensaje. Cuelga. Abre un


paquetito de pastillas de menta y se echa una a la
boca.

Foco a Teleadicta.

TELEADICTA: Después de aquel día comenzó en nuestra casa la


guerra por la televisión, un pleito en el que casi siempre
salíamos perdiendo. En ese tiempo me tocó ver a Verónica Castro,
que era la reina, también a Irán Eory, Jacqueline Andere, Ofelia
Medina y Lucía Méndez que hacía “Vanesa”.

Foco a Fanática. Lleva una diadema de operadora de


teléfonos.

FANATICA: Yo no bebo, yo no fumo, yo no me desvelo, yo no veo


televisión, yo hago todo a mis horas y cada vez como menos
carne; si algo puedo afirmar tajantemente es que yo soy una
gente sana, no tengo ningún vicio, y los que tuve ya los
corregí. Yo he conocido la tentación, y he caído en ella más de
una vez, pero la fe y la ayuda del Señor me sacaron siempre
adelante...

Suena teléfono. Fanática hace una indicación de que


la esperemos y contesta el conmutador.
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Hermandad de Los Caminos del Sur. ¿En qué puedo servirle?...


(pausa). Con mucho gusto, lo comunico.

Realiza la conexión y corta.

Mi vida ha cambiado extraordinariamente desde que conocí a La


Hermandad y ellos me abrieron sus brazos. Nada me motivaba,
sentía frustración por no hacer lo que hubiera querido, me
sentía fea, nadie me interesaba. Y claro que las cosas no
cambiaron de la noche a la mañana, fue un proceso muy difícil,
pero ahora yo me siento en paz porque he ido superando las
pruebas que mis hermanos me han puesto. Ahora me siento más
cerca de...

Suena nuevamente teléfono. Ella responde.

Hermandad de Los Caminos del Sur. ¿En qué puedo servirle?... Sí,
con mucho gusto. ¿Cuándo quisiera verlo?... Déjeme ver... (Saca
una agenda y busca el día). No, ese día tiene citas desde la
mañana hasta la tarde... Pero el jueves a las once seguramente
usted podrá... Muy bien, el hermano Sebastián la verá a las
once...

Cuelga.

La importancia de cumplir una misión del espíritu fue la primera


lección que me enseñaron. Y yo tuve que aprenderla en el momento
más difícil de la vida, cuando la imagen materna comenzaba a
desmoronarse sin remedio. Yo sentía tanto rencor en mi corazón
que sólo pensaba en lastimarla a ella o en lastimarme a mí.
Entonces, el hermano Sebastián se me apareció un día y me puso
su abrigo encima diciéndome estas palabras: “mi abrigo es mi
casa cuando no estoy en ella; pero en tus hombros, mi abrigo es
una casa que alberga esperanza”. Me dijo que me fuera y al
llegar a la casa, saqué de su bolsa interior un papel que decía:
Apocalipsis 6: 11. Abrí La Biblia, que mi padrastro sólo tenía
porque debía estar en su librero, y leí el versículo señalado:
“y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que
descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara
el número de sus consiervos y sus hermanos”. Yo sonreí. El me
señaló, y me enseñó que yo tenía una misión en la vida...

Suena el teléfono. Ella responde.

Hermandad de los Caminos del Sur. ¿En qué puedo servirla?... Sí,
con gusto, la comunico... Relaciones públicas, el hermano Carlos
tiene llamada...

Foco a FARMACODEPENDIENTE, que está a media llamada


telefónica.

FARMACODEPENDIENTE: Gracias, espero.


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Espera largo tiempo, hasta que su acción se pierde.

Foco a FUMADOR.

FUMADOR: Comprendo y hasta podría estar de acuerdo con los que


tratan de prohibir el cigarro en sitios públicos, pero pienso
que el problema es más complicado. ¿Cuál debe prevalecer en todo
caso? El que no fuma piensa que el humo del cigarro afecta su
salud física y moral; el fumador se siente censurado en su libre
ejercicio; el que no fuma piensa que es su derecho preservar
limpio el aire que está a su alrededor, el fumador piensa que
más sano sería preservar el ambiente del bombardeo publicitario
que hay en la ciudad -la ciudad se ha vuelto una escenografía-.
El no fumador tiene siempre la necesidad de emancipar al resto
de los fumadores, considera que es su problema la lucha contra
el tabaco y sus efectos dañinos, mientras que el vicioso piensa
que fumar o no fumar es un asunto personal, privado. A partir de
esta disyuntiva pienso que yo podría estar de acuerdo y tal vez
dejaría de fumar en sitios públicos si no fuera una exigencia.
Yo decidí fumar, y aún así estoy de acuerdo en controlar
razonablemente mi vicio. Pero no puedo aceptar una prohibición
tajante como la de los aviones, porque aún siendo empresas
privadas brindan un servicio público que tiene para los
pasajeros cierto grado de peligro. Para los que somos nerviosos
y no nos gustan los aviones es jodidísimo que no podamos prender
un cigarro si el viaje no es de más de no sé cuántas horas.
Foco a FARMACODEPENDIENTE. Suena su teléfono

FARMACODEPENDIENTE: ¿Bueno?

Foco a CAFEINOMANA. Trae puesta una bata de médico.

CAFEINOMANA: Ximena.

FARMACODEPENDIENTE: Alicia.

CAFEINOMANA: Me dijo Carlos que era urgente.

FARMACODEPENDIENTE: ¿Urgente? No, nada más le dije que me


hablaras.

CAFEINOMANA: ¿Segura? ¿Qué pasa?

FARMACODEPENDIENTE: Me duele la cabeza.

CAFEINOMANA: ¿Qué pasa? Siempre te duele la cabeza ¿Qué cosa era


urgente?

FARMACODEPENDIENTE: Nada, sólo quería saber si ibas a ir a la


conferencia.

CAFEINOMANA: ¿A la conferencia? ¿A la conferencia? ¿Para eso me


hablaste? (pausa) ¿Cuándo es?
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FARMACODEPENDIENTE: Hoy en la noche. (Pausa)

CAFEINOMANA: Está bien.

FARMACODEPENDIENTE: Entonces allá nos vemos.

CAFEINOMANA: Ximena, ¿segura que me hablaste por eso?

FARMACODEPENDIENTE: No, exactamente.

CAFEINOMANA: ¿Entonces? ¿Qué pasa?

FARMACODEPENDIENTE: Mario… No me ha hablado.

CAFEINOMANA: No te ha hablado. ¿Desde cuándo?

FARMACODEPENDIENTE: No se apareció en todo el fin de semana.

CAFEINOMANA: ¿Se pelearon?

FARMACODEPENDIENTE: No... No, pero estaba como harta. Como si


todo la desesperara, pero no nos peleamos, es lo que ella
quería, que yo dijera algo para que nos peleáramos y después
irse corriendo con alguien con quien ya había acordado pasar el
fin de semana. Pero yo no dije nada, me aguanté y no dije nada.
Cuando se fue a Cuernavaca tenía la culpa en su cara.

CAFEINOMANA: ¿De quién me hablas?

FARMACODEPENDIENTE: De… M… de… ¡Ay! No sé. ¿Tienes algo para mí?

CAFEINOMANA: No cambies el tema. ¿Estás paranoica?... o ¿Qué


estás escondiendo?

FARMACODEPENDIENTE: ¿No tienes Lexotán?

CAFEINOMANA: ¿Qué te pasa Ximena?

FARMACODEPENDIENTE: No me regañes, por favor.

CAFEINOMANA: Si no quieres que te diga nada entonces no me


cuentes nada.

FARMACODEPENDIENTE: Está bien, está bien, pero sí vas a ir en la


noche, ¿verdad?

CAFEINOMANA: Sí, sí voy a ir.

FARMACODEPENDIENTE: ¿Tú no estás enojada?

CAFEINOMANA: No
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FARMACODEPENDIENTE: ¿Me llevas algo?

CAFEINOMANA: Sí, allá nos vemos.

Cuelgan

CAFEINOMANA: Ximena y yo nos conocimos cuando teníamos 15 años,


en la fila para inscribirnos a la prepa. Siempre nos caímos
bien. Ahora casi no nos soportamos, pero nos queremos. Tiene un
problema con las pastillas, y con sus relaciones afectivas, pero
según ella, las pastillas son las únicas capaces de sacarla de
la depresión. Yo más bien creo que es la dependencia tanto a las
pastillas como a las relaciones tormentosas lo que le provoca
esas depresiones. Pero en general no me meto. Es su bronca.
Siempre que puedo yo misma le doy las recetas. Desde una
perspectiva médica es obligado ayudar a la cura de un mal. Bueno
o malo, todo lo que se ingiere tiene contraindicaciones y genera
efectos secundarios.
Foco a ALCOHOLICO.

ALCOHOLICO: Yo puedo reconocerlo, pero no me gusta que nadie me


lo diga. Mi esposa me lo menciona muy seguido y eso me pone de
malas, con ella y conmigo. A veces aunque no nos lo propongamos
terminamos enojados por cualquier cosa. Bueno, sí debo aclarar
que la mayoría de las veces es ella la que comienza las
discusiones. Es neurótica de profesión. En realidad es doctora,
pero también ejerce de neurótica. Casi nunca está en la casa,
pero cuando ésta, a mí me dan ganas de estar en la calle.

CAFEINOMANA: Precisamente, mi campo es el de las adicciones, y


Ximena es uno de mis pacientes. Después de conocer el historial
de cada paciente se puede reconocer que el tratamiento
tradicional es inadecuado. No es la prohibición sino la
conciencia de su uso lo que permite hacer llevadera una vida
con adicciones. Insisto en el término “llevadero” porque la
eliminación de las adicciones contraviene una necesidad de todo
individuo. Todos tenemos adicciones. La mía es el café.

ALCOHOLICO: Ya sea que se levante a las cuatro de la mañana o


que llegue de trabajar a esa misma hora, lo primero que hace es
ir a la cocina y encender la cafetera. Es una manía, y las
manías son de neuróticos.

CAFEINOMANA: Desde que me levanto a la cuatro mi cuerpo me pide


una taza de café. Hay gente que apenas se despierta ya está
prendiendo un cigarro. Otros necesitan una pastilla antes de
dormir, o ver por lo menos una hora de televisión. A mí, el café
me pone el cuerpo en temperatura para que comience a circular la
sangre por mi cabeza. El resto del día me mantiene en una
especie de temblor hiperkinético que me funciona para lo que
hago. Tomo entre 10 y 12 tazas de café negro; un express doble
después de la comida y a veces cargo un termo en el coche, por
si me toca manejar en las noches de guardia.
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ALCOHOLICO: Yo no le digo nada del café y ella siempre me está


diciendo del alcohol. Si alguna vez le hago la menor mención a
la úlcera que le está creciendo, me dice que ella no se pone
estúpida con el café ni deja de hacer su trabajo. Yo tampoco
dejo de hacer lo que hago, ella miente para sentirse más
importante que yo. Lo que no puede soportar es que vive
prisionera en el hospital y, en cambio, yo ni horario tengo. Por
eso piensa que no trabajo, aunque haya otros, muchos, que
piensan que lo que hago es muy importante.

CAFEINOMANA: Lo que no soporto es ingerir algo y sentirme


estúpida, fuera de la jugada.

ALCOHOLICO: Mi trabajo es dar la cara y hablar en público.


Sugiero líneas de acción para mi compañía, invito a algunos
empresarios a comer o a cenar y, en general, participo en la
mesa directiva. Algunos dicen que yo soy el hombre sociable de
la compañía. Eso tiene su gracia, es cierto, pero también tiene
su sacrificio. Siempre hay que estar de buen humor y dispuesto a
escuchar a cualquiera. Eso no se soporta sin una buena bebida.

CAFEINOMANA: Los efectos negativos del café son muy precisos,


por eso también es posible contrarrestarlos. A veces la adicción
es más importante que la salud; entonces hay que encontrar el
equilibrio que nos permita mantenerla, o al menos el sustituto
adecuado. No es forzoso tener una adicción, pero tampoco es un
crimen. Yo lo que hago es no comer ni ingerir otros irritantes.
No hay necesidad de saturar más al organismo, así que si de algo
me doy el lujo es de tomar todo el café que quiera. La cuestión
de los nervios la combato con vitamina B y mucho ejercicio. Hago
todo el ejercicio que puedo.

FISICOCULTURISTA se encuentra en algún momento


frenético de su rutina.

Foco a FARMACODEPENDIENTE. Marca un número.


Nuevamente la contestadora, aunque ahora
pronunciada en voz de

FUMADOR: Muévete, muévete; si lo dices rápido tal vez no


revienten.

FARMACODEPENDIENTE: ¿Por lo menos dime qué te hice? Ya te


extraño, ¿Sí? Háblame.
Cuelga. Foco a FANATICA

FANATICA: Para servirle. (Corta la comunicación). Nuestra


congregación se encarga de darle comida y techo a más de 100
niños de la calle y a... (Suena el teléfono). Hermandad de los
Caminos del Sur, ¿en qué puedo servirle?... Con mucho gusto, lo
comunico. (Corta) Decía que nuestra congregación se encarga de
darle comida y techo a más de... (Suena teléfono). Hermandad de
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los Caminos del Sur, ¿en qué puedo servirle?... Por supuesto,
hasta las 20 horas. Los sábados también abrimos hasta las tres.
Para servirle. (Corta). Perdón. Como les decía, nuestra
congregación se encarga de darle comida y techo... (Suena
teléfono). Hermandad de los Caminos del Sur, ¿en qué puedo
servirle? No, no se preocupe. (Corta). Perdón. Nuestra
congregación se encarga de darle comida y techo a más de 100
niños de la calle, además de proporcionarles empleo a 25
personas que trabajan en los talleres de oficios manuales. No
perseguimos ningún fin lucrativo y por cada donativo emitimos un
recibo deducible... (Suena teléfono) ¿Hermandad de los Caminos
del Sur, ¿en qué puedo servirle?... Con mucho gusto, lo
comunico. (Corta). También brindamos asesorías a empresas,
desarrollamos para sus trabajadores planes de utilización del
tiempo libre y comunicación familiar. Creemos en la comunicación
afectiva y el diálogo para resolver nuestras diferencias. En
nuestros teléfonos encontrará siempre oídos atentos y voces
amables... (Suena teléfono) Hermandad de los Caminos del Sur,
¿en qué puedo servirle?... ¿Conferencia? No, no tenemos
programada ninguna conferencia para esta tarde. ¿Quiere dejarnos
el reporte? Dígame su nombre. .. Muy bien, anoto: “Perorata
sobre la necesidad de despenalizar el consumo de drogas”...
¿Quién es el orador?... ¿En dónde?... Muy bien, su mensaje queda
registrado a las 16 horas. (Corta. Mira al público como tratando
de retomar el hilo. Pausa) ¿qué estaba diciendo?...

Foco a TELEADICTA

TELEADICTA: El término ociosidad es muy relativo, no estoy de


acuerdo. Yo veo por lo menos seis horas diarias y no dejo de
hacer cosas. Por lo menos una hora u hora y media de ese tiempo
lo ocupo también para comer y cenar. En la mañana casi no puedo
verla, pero en la tarde la prendo, aunque no le preste atención,
desde que llego a la casa hasta que cierro los ojos para dormir.

Foco a CAFEINOMANA

CAFEINOMANA: Como decía, cuando llego al hospital a las ocho y


media o nueve de la mañana ya me tomé cuatro tazas. Pero a esa
hora también ya estuve una hora en el gimnasio y desayuné mis
rigurosas cuatro rebanadas de papaya, yoghurt y cereal.

Foco a FUMADOR.

FUMADOR: Apuesto lo que sea que para más del 80 % de los


fumadores el cigarro preferido es el de la tarde, después de
comer.

TELEADICTA: Un ejemplo ilustrativo de esta supuesta ociosidad es


esto que me pasó como a los cinco años. Estaba viendo… esta
telenovela… esta donde salía Lucía Méndez, que le cambiaban los
ojos de color y tenía poderes paranormales, o algo así… ¡era
impresionante verla! El caso es que una vez, mientras la veía,
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comencé a observar no sé por qué el reloj despertador que estaba


encima de la tele. Era un típico despertador de manecillas con
números fosforescentes al que yo no le encontraba chiste. Pero
me quedé mirándolo y pensando mediante no sé qué extraña lógica
la relación de las manecillas con los números. De veras que no
me acuerdo cómo lo estaba pensando pero, cuando lo rememoro, me
imagino que mientras más miraba el reloj más se fabricaba en mi
cabeza una como bola de nieve que descendía y descendía hasta
que, de pronto, sin darme cuenta cómo, me hizo entender, fue
como una iluminación; en ese rato que estuve mirándolo, y sin
saber cómo, aprendí a ver la hora.

Foco a FANATICA Y FUMADOR

FANATICA: Lo primero que se enseña es a abandonar todos los


vicios, todas aquellas cosas que nos hacen daño a nosotros y a
los demás.

FUMADOR: ¿En mi vida personal? No, no interfiere, por la simple


y sencilla razón de que no puedo tolerar a alguien que no tolere
el humo del cigarro.

FANATICA: Eso es lo más difícil para la gran mayoría, porque


somos débiles, débiles. Pero podemos prepararnos contra eso,
podemos resistir la tentación.

FUMADOR: A mí que no me sermoneen, eso sí no lo aguanto. Yo soy


tolerante, de verdad, puedo dejar de fumar si es necesario, pero
que no me echen rollos sobre mi salud y esas cosas porque
entonces más a propósito lo hago.

FANATICA: Al principio todos se repliegan y se resisten. Se


sienten humillados porque se les hace ver que no pueden dejarlo
solos. Muchos piensan que los alcohólicos son los más difíciles,
pero yo creo que los fumadores son peores; son los que más
hablan de las garantías individuales y esas cosas.

FUMADOR: Prohibir el cigarro es una violación a las garantías


individuales.

FANATICA: Hasta filosofan con la discusión.

FUMADOR: Es anular un acto de conciencia, una elección personal,


tanto como encender la tele, o como masturbarse, o como hacer
ejercicio hasta morir.

FANATICA: A veces hasta el cáncer les parece heroico.

FUMADOR: De algo hay que morirse, ¿no?


Adictos Anónimos 14

FANATICA: La manera más común de vencer su resistencia es no


poner en duda su convicción, sino enfrentarlos a su
responsabilidad natural.

FUMADOR: No tengo hijos, soy independiente desde los 18 años, no


le debo nada a nadie. Vivo solo y trabajo la mayor parte del
tiempo en mi casa. ¿Dónde está el problema?

CAFEINOMANA: El problema es que la adicción, entendida desde la


perspectiva ecológica es inherente al ser humano, viene de la
necesidad de alimentar la angustia que mantiene en movimiento el
pensamiento. No se puede negar la relación adictiva que tenemos
con nuestro entorno y por esta razón...

ALCOHOLICO: En todo tiene razón, y yo no puedo contradecirla,


pero yo no soy una piedra y a ella a veces le gusta provocarme.

FANATICA: Todos reaccionan igual cuando se les pone en duda su


seguridad. Eso es infalible, y es ahí cuando intervenimos para
ayudar a la superación de la gente.

FUMADOR: ¿Cómo saben lo que quiero?, ¿si deseo llegar a viejo?,


¿si no?, ¿Si me gusta estar gordo o si quiero ayunar durante
tres días para expulsar las toxinas?

CAFEINOMANA: Esa es una buena pregunta: ¿cómo equilibrar el ser


con el poder ser? Aquí el deber no lo consideramos en términos
morales, sino éticos, es decir, como el establecimiento de
reglas inherentes a la convivencia colectiva.

ALCOHOLICO: Pero en privado, pero en privado... En privado no


puede estar sin agredirme. Por lo que hago, por lo que dejo de
hacer.

FANATICA: Hay que hacer que lo saquen todo, que descubran cómo
se ha lastimado su autoestima.

FUMADOR: A mí nadie me va a decir qué hacer. Nadie.

CAFEINOMANA: Es cosa de desprenderse de los juicios de valor.


Hay que desprejuiciar el problema y replantearlo desde otra
perspectiva.

ALCOHOLICO: No tiene remedio, por más que nos lo replanteemos.

CAFEINOMANA: Postura científica, demandamos una postura


científica ante el problema.

ALCOHOLICO: Todo el tiempo lo voltea. Todo el tiempo lo voltea.

CAFEINOMANA: El caso de Ximena es un buen ejemplo. En ella


encontramos…
Adictos Anónimos 15

ALCOHOLICO: Me cambia de tema, me saca de quicio…

CAFEINOMANA: En ella encontramos la revelación de que el asunto


de la adicción se reviste de juicios ideológicos.

ALCOHOLICO: Me enreda con las palabras. Me dice sus frases y se


ríe porque piensa que no le entiendo. Piensa que verdaderamente
soy un estúpido.

CAFEINOMANA: Encontramos en ella un dopaje legalizado…

ALCOHOLICO: Que por que me habla de otras cosas no me doy


cuenta, que evita hablar de ella misma. Pero es no se lo
aguanto.

CAFEINOMANA: Encontramos en ella un dopaje legalizado…

ALCOHOLICO: Eso no se lo aguanto.

CAFEINOMANA: Un dopaje legalizado que, sin embargo…

ALCOHOLICO: Eso no se lo aguanto.

Alcohólico lanza un golpe. Cafeinómana lanza un


grito de dolor. Alcohólico vuelve a atacar y
Cafeinómana vuelve a replegarse. Mientras esto
sucede la música que acompaña la acción de
Fisicoculturista sube a primer plano y todos
los actores, a excepción de Alcohólico y
Cafeinómana, hacen la misma rutina de ejercicio que
ella. Alcohólico, por su parte, reacciona y se
siente culpable, por lo que se acerca a cafeinómana
y la abraza. Ella se deja hacer, hasta que termina
besándolo maternalmente. Al terminar la música,
todos los personajes vuelven a su propia rutina.

TELEADICTA: La televisión no es nociva en sí misma, eso a estas


alturas resulta obvio. Sus inconvenientes son producto del
proceso de incorporación de un medio masivo a la cultura
tradicional. Y como esas cosas no se detienen para que todos nos
pongamos de acuerdo, sale como tiene que salir. En concreto,
ahora tenemos tan sólo en antena nacional once canales: el 2, el
4, el 5, el 7, el 9, el 11, el 13, el 22, el 28, el 34, y el 40,
que en conjunto transmiten más de 250 horas diarias; la
producción se divide mayoritariamente en noticias, deportes,
telenovelas y series unitarias, todas ellas -incluidas las
noticias- bajo el único concepto del entretenimiento. Por eso no
resulta extraño la limitación y pobreza de lo que vemos. Yo veo
de todo, quizás menos los infomerciales, pero suelo estar
enterada de casi todo lo que se transmite. Es mi trabajo, y lo
hago con absoluto placer.
Adictos Anónimos 16

Foco a FARMACODEPENDIENTE. Marca el teléfono. Ahora


el mensaje surge en voz de Teleadicta

TELEADICTA: Muévete, muévete; si lo dices rápido tal vez no


reviente.

FARMACODEPENDIENTE: René… Estoy esperando… ¿Qué pasa? Yo no dije


nada, no te enojes... Contéstame, ¿sí?, ya sé que estás ahí… Si
no contestas voy a meterme otra pastilla, no dejes que lo
haga... René... Voy a entrar a un tratamiento, ya lo decidí,
creo que necesito otra ayuda que no sea la de Alicia. Sólo me ha
confundido más... Hasta me convenció de que no tengo por qué
dejarlas… Necesito que estés conmigo… ¿Todavía me quieres?
¿Aunque sea un poquito?...

Mientras los demás personajes hablan,


FARMACODEPENDIENTE sigue hablando por el teléfono,
aunque no entendemos claramente lo que dice.

CAFEINOMANA: Yo tomo café a sabiendas de que me pone en estado


frenético porque siempre necesito ir hacia adelante, siento que
no me puedo detener.

ALCOHOLICO: Yo reconozco que necesito ayuda.

TELEADICTA: Para mí la televisión es como un ambiente, un


decorado que me hace sentir enchufada.

ALCOHOLICO: En el fondo lo que pasa es que aborrezco mi trabajo.

FANATICA: Nunca hay mal que por bien no venga.

ALCOHOLICO: Me aborrezco a mí mismo.

FANATICA: Y nosotros ofrecemos amor y comprensión.

FUMADOR: Yo pienso que el cigarro es la muestra de que la


libertad de elección no está ligada necesariamente al bienestar,
sino al deseo, y le guste a quien le guste yo prefiero el deseo
que el bienestar...

ALCOHOLICO: Entre ustedes yo sé que hay historias más difíciles


y, sin embargo, lo han superado.

CAFEINOMANA: Demandamos una postura científica del problema.

ALCOHOLICO: Necesito ayuda.

TELEADICTA: Lo demás no importa.

ALCOHOLICO: No soy alcohólico, estoy casi seguro.

FUMADOR: ¿Yo? Tabaco oscuro.


Adictos Anónimos 17

ALCOHOLICO: Pero sé que ese es el primer síntoma de que lo soy.

FANATICA: El primer síntoma de alivio es ponerse en manos de


alguien.

TELEADICTA: Primero, encender la televisión; después, olvidarse.

ALCOHOLICO: Por eso estoy aquí.

CAFEINOMANA: Yo no lo veo como un problema. Es algo con lo que


se puede vivir.

FUMADOR: Y si no, de algo hay que morirse, ¿no?

ALCOHOLICO: No quiero perder mi matrimonio.

TELEADICTA: Muévete, muévete...

FANATICA: Imaginen un mundo hermoso y rodeado de hermanos.

FUMADOR: Muévete, muévete...

FANATICA: ¿Será eso posible?

ALCOHOLICO: Después de tocar fondo podré salir de esto.

CAFEINOMANA: Muévete, muévete...

ALCOHOLICO: Apenas me doy cuenta de todo el daño que me he


causado.

FARMACODEPENDIENTE cuelga el teléfono, pero se


queda frente a él, acumulando su rencor.

FUMADOR: Muévete, muévete...

FANATICA: Si lo dices pronto tal vez no revientes.

ALCOHOLICO: He sido necio, desconsiderado y superficial.

TELEADICTA: Muévete, muévete...

CAFEINOMANA: Si lo dices pronto tal vez no revienten.

ALCOHOLICO: Me he dejado llevar sin el menor control.

FANATICA: Muévete, muévete...

FUMADOR: Si los dices pronto tal vez no reviente.

ALCOHOLICO: ¡He perdido tanto tiempo que podía haber aprovechado


en otras cosas!
Adictos Anónimos 18

CAFEINOMANA: Muévete...

TELEADICTA: Muévete...

FUMADOR: Si lo dices pronto...

FANATICA: Tal vez no revientes.

ALCOHOLICO: Posiblemente ya haya perdido a mi mujer y esté cerca


de perder mi empleo.

TELEADICTA: Muévete...

FUMADOR: Muévete...

FANATICA: Si lo dices...

CAFEINOMANA: Pronto...

FUMADOR: Tal vez...

TELEADICTA: No reviente.

ALCOHOLICO: Me bebí todo lo que me tocaba en una vida.

FUMADOR: Muévete...

CAFEINOMANA: Muévete...

FANATICA: Si lo...

TELEADICTA: dices...

FANATICA: Pronto...

CAFEINOMANA: Tal vez...

FUMADOR: No...

CAFEINOMANA: Revienten.

ALCOHOLICO: Pero a partir de mañana...

CAFEINOMANA: Muévete...

TELEADICTA: Muévete...

ALCOHOLICO: A partir de mañana...

FANATICA: Muévete...

FUMADOR: Muévete...
Adictos Anónimos 19

ALCOHOLICO: A partir de mañana cambiaré.

FUMADOR: Muévete...

CAFEINOMANA: Muévete...

FANATICA: Si

TELEADICTA: Lo

FUMADOR: Dices

CAFEINOMANA: Pronto

FANATICA: tal

TELEADICTA: Vez

FUMADOR: No

CAFEINOMANA: Revientes.

FUMADOR: Muévete...

CAFEINOMANA: Muévete...

FANATICA: Si

TELEADICTA: Lo

FUMADOR: Dices

CAFEINOMANA: Pronto

FANATICA: Tal

TELEADICTA: Vez

FUMADOR: No

CAFEINOMANA: Reviente.

FUMADOR: Muévete...

CAFEINOMANA: Muévete...

FANATICA: Si

TELEADICTA: Lo

FUMADOR: Dices
Adictos Anónimos 20

CAFEINOMANA: Pronto

FANATICA: Tal

TELEADICTA: Vez

FUMADOR: No

CAFEINOMANA: Reviente...

Desesperada, FARMACODEPENDIENTE levanta el


auricular y grita:

FARMACODEPENDIENTE: Pendeja, cabrona, marimacha, si crees que


estoy aquí pintada. Ya me voy. Sabes qué, María René… por mí
puedes irte a la mierda, ¿escuchaste bien? ¡A la mierda todo!

Azota el teléfono y todos quedan congelados. Una


sola luz especial ilumina el corazón de
FISICOCULTURISTA, que en ese momento se acaba de
detener. Se enciende entonces un micrófono lavalier
que está pegado a su pecho, mismo que magnifica
hasta el fondo del teatro el latido de su agitado
corazón mientras ella hace hasta lo imposible por
tratar de controlar la respiración.
Esta pequeña escena durará hasta que el sonido
de los latidos pierda fuerza (y se haga oscuro en
el área de FISICOCULTURISTA).
Entonces comenzará a sonar el teléfono de
FARMACODEPENDIENTE, quien a esa hora ya se habrá
movido de área, igual que los demás. El teléfono
suena largo rato hasta que se acciona la
contestadora de FARMACODEPENDIENTE:

VOZ FARMACODEPENDIENTE: ¿Seguro que no te equivocaste? Piénsalo


bien, que si me dejas tu mensaje estás perdido.

VOZ (de mujer): Perdóname por no llamar antes Ximena. Estoy en


Cuernavaca y no voy a poder llegar. Lo he estado pensado y creo
que lo mejor es que no nos veamos. Debería decírtelo en persona,
pero no puedo verte a la cara. Somos muy diferentes, yo necesito
mi propio espacio, estoy en un momento en el que necesito estar
sola, pensar en lo que quiero hacer conmigo. No me siento lista…
Tú me entiendes. Creo que es mejor para las dos. Sólo espero
que... seas feliz. Adiós.

Oscuro. Se oye el corte de la comunicación.


Adictos Anónimos 21

SEGUNDA PARTE

Todos los personajes han girado y ahora dan la


espalda al público. Al fondo se levanta un estrado
en el que aparece el Orador, quien antes de iniciar
acentúa el silencio y lanza una mirada desafiante.

ORADOR: Señoras y señores: antes de venir hacia este lugar


escuché la historia de un borracho en Oaxaca que luego de
subirse con su coche a una barricada, consiguió la libertad
provisional porque las autoridades no encontraron una celda
dónde meterlo. El bribón tuvo suerte de que el fin de semana en
que casi mata a dos peatones, la policía había hecho redada en
una disco, acción que dio como resultado que las celdas
estuvieran ocupadas por muchachos de entre 15 y 18 años, todos
ellos consumidores de marihuana y cocaína. ¿No les parece
curioso que, ante el sobre cupo carcelario, la justicia haya
considerado más lógico dejar fuera al “bebedor social” que al
aficionado a las drogas?
De verdad es curioso este asunto, y lleno de entretelones.
Estamos frente al negocio más rentable del mundo, un negocio del
que somos consumidores más del 50 % de la población mundial,
aunque los directamente beneficiados sean muchísimos menos.
Incluimos en el número global tanto a consumidores legales como
ilegales, pese a que en términos jurídicos y morales unos y
otros reciban hoy en día tratos muy distintos.
¿Qué es lo que hace distinta una adicción de otra? ¿Por
qué se toleran unas adicciones, y otras no? Ese es el primer
problema que impide acercarnos desprejuiciadamente al asunto de
las drogas. Está demostrado que el alcoholismo hace más daño a
la estructura y la convivencia social que la adicción a la
marihuana, por ejemplo; también está demostrado que durante la
prohibición del alcohol en Estados Unidos el problema llegó a
extremos escandalosos: no sólo no disminuyó el consumo, sino que
el licor adulterado que se conseguía en el mercado negro estaba
matando a la población de bajos recursos.
Una y otra vez la historia demuestra que la prohibición de
las drogas no ha dado la razón a quienes argumentan la necesidad
de continuar y ser incluso más radicales con la prohibición. En
cambio, esta política beneficia a quienes viven del negocio,
tanto a los que trafican como a quienes lo combaten. Actualmente
en EUA se afirma, por debajo del agua, que la definición y la
imposición de la medida llamada “Tolerancia Cero” crearon
simultáneamente al malhechor, al mercado clandestino y ha
fomentado la presencia del diller. Es decir que estos enemigos
irreconciliables son hijos de la misma madre prohibición. En
consecuencia, si la prohibición desapareciera también
desaparecerían los jugosos presupuestos que año con año se
emplean en este combate.
Entre 1990 y 2006, en sólo 16 años, el presupuesto
asignado por Estados Unidos para librar la guerra contra las
drogas aumentó de 645 millones de dólares a más de 16 mil
millones anuales; ¡Creció 25 veces! Sin embargo, en ese periodo
Adictos Anónimos 22

el problema ha crecido por lo menos en la misma proporción. El


desastre público que se quería evitar ya se instaló en cada uno
de nuestros países: “más policías, más cárceles, penas más
severas, más operativos, más publicidad en contra de las drogas,
y todo acompañado no de menos, sino de más adictos, más delitos
y homicidios, más corrupción y más víctimas inocentes”.
Mientras tanto, la red mundial de narcotráfico se hace
cada vez más compleja y poderosa, generando ganancias seguro
mayores 500 mil millones de dólares anuales. ¿Quiénes son los
poderosos accionistas de esta empresa modelo? ¿A quién le
conviene y a quién no le conviene que se modifique el estado de
estas cosas?
En nuestro país, los efectos de la persecución al tráfico
de drogas son más perniciosos que satisfactorios (salvo para los
directamente involucrados), y éstos efectos se desencadenan en
una cascada que lo arrastra todo: en primer lugar, el combate al
narcotráfico genera violencia del Estado hacia el narco, y
viceversa: en Ciudad Juárez a nadie sorprende presenciar
tiroteos entre elementos de la PFP y narcotraficantes; en
segundo lugar, la ilegalidad del narcotráfico genera violencia
de narcotraficantes hacia narcotraficantes, debido a que no
pueden acudir a instancias legales para dirimir problemas entre
competidores, recurren a su propia ley, y generan con ello
acciones violentas que con frecuencia se extienden
negligentemente hacia la propia sociedad: como ejemplo de ello
tenemos el Edo. de Michoacán; en tercer lugar, el combate al
narcotráfico genera corrupción debido a los grandes recursos que
maneja el narco y/o a las amenazas contra los familiares de las
propias autoridades; en cuarto lugar, el hecho de que el
narcotráfico sea ilegal propicia rendimientos muy altos que,
precisamente, sirven al narco para combatir y corromper al
Estado que lo persigue: como ejemplo de todo lo anterior ¡El
Estado de Guerrero!, donde funcionarios “ejemplares” amanecen
degollados en las esquinas; en quinto lugar, la ilegalidad del
narcotráfico propicia el empleo de cuantiosos recursos
económicos por parte del Estado, que, de no dedicarse a ese fin,
se podrían invertir en programas de prevención o de tratamiento
a adictos, por no hablar de inyectar mayores recursos a la
educación. ¿Entonces por qué nos seguimos contradiciendo?
Quienes esgrimen que si acabáramos con esta guerra el
problema sería mucho peor, sólo emplean un argumento sofista
imposible de comprobar.
Aquí nos topamos con un nuevo problema: la fuerte
penalización que se aplica al uso de sustancias prohibidas es
por el momento inamovible debido a que ningún país
latinoamericano puede modificar su ley sin el visto bueno de
nuestro vecino; Estados Unidos ha hecho de éste un asunto de
interés estratégico y por ello extiende certificaciones a cada
país. No es necesario afirmar que las calificaciones representan
bonos para seguir recibiendo créditos y otros “beneficios”
comerciales.
Ciertamente para nuestros gobiernos no resulta fácil
enfrentar esta postura frente a su más importante “socio
Adictos Anónimos 23

comercial”. Pero, ¿qué ocurre?, Estados Unidos es el principal


consumidor de psicotrópicos, mientras que México era considerado
un país productor y de tránsito de drogas. Pero ¿por qué nuestro
país ve el problema desde la óptica de EUA si la problemática
interior es de muy diversas índole?
En la búsqueda de un enfoque múltiple del problema, un
diagnóstico elaborado para la Ciudad de México revela que: en
los últimos tres años el fenómeno del narco menudeo ha crecido
progresivamente, así hemos dejado de ser sólo un país productor
y de tránsito de estupefacientes, para convertirnos en un país
de consumidores. ¿Por qué el narco menudeo ha crecido tanto en
lo últimos años? La razón es sencilla: el inmenso déficit de
empleos prevaleciente en nuestro país
En este punto se vuelve necesario decir: ¡No podemos
aceptar una postura que no incluya la problemática particular de
cada país! Se deben revisar todos los acuerdos de cooperación y
combate a las drogas (tanto los oficiales como los secretos) y
buscar consensos incluyentes. Lo que nuestro país debe hacer al
respecto no puede más que pensarse en una óptica constructiva y
en diversas etapas. En primer lugar, el gobierno debe aceptar
que un porcentaje significativo de la población está ligada
directa o indirectamente a cada uno de los derivados del negocio
de las drogas; en segundo lugar, debe encontrar a los países que
experimenten la misma problemática y hacer frente común con
ellos; este bloque defendería en foros internacionales la
despenalización de algunos aspectos del flagelo, así como su
estricta reglamentación. Pero una vez instrumentadas las reglas,
debe activar con vigor la naciente agro-industria, pues
constituye hoy por hoy la más prometedora herramienta para el
renacimiento económico de nuestra región.
No se plantea en ninguna medida una promoción del consumo,
sino un enfoque distinto para tratar el asunto. Si actualmente
se destina menos de la tercera parte del presupuesto global del
combate a las drogas para la prevención y el tratamiento de las
adicciones, creemos que la cifra debe revertirse de modo que en
lugar de castigar al adicto, se le cure. El reforzamiento de
este enfoque debe tomar en cuenta muy especialmente la
protección a los niños a través de la educación; medidas
restrictivas sobre las drogas legales sin llegar en ningún caso
a la prohibición; orden y seguridad públicas; protección de la
salud pública; respeto por los valores relativos a la libertad y
responsabilidad individuales...

Súbitamente FANATICA se levanta de su lugar y


apunta a ORADOR con un arma.

FANATICA: ¡Toma mi mano, Señor!

Dispara tres veces sobre ORADOR, quien cae muerto.


Inmediatamente después se produce el alboroto. Los
oyentes (salvo FARMACODEPENDIENTE) saltan de su
asiento y comienzan a correr hacia todos los puntos
cardinales, desarrollando una fuerte atmósfera de
Adictos Anónimos 24

persecución. Finalmente el escenario queda


prácticamente vacío, sólo bañado por el charco de
sangre que fluye a borbotones detrás del
estrado del orador, y por las lágrimas de
FARMACODEPENDIENTE, que solloza desconsolada desde
su asiento.
Adictos Anónimos 25

TERCERA PARTE

Uno por uno entran los adictos y se acomodan


en línea frente al público. Aparentan una
formación de sospechosos dispuestos para el
reconocimiento por parte del testigo ocular.

FUMADOR: Mi nombre es Mario. Tengo 27 años. Soy adicto. Cursé la


licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la UNAM y
actualmente soy maestro de Ciencias Políticas del CCH gano
alrededor de 5500 pesos mensuales. Lo que yo fumo son Delicados.

ALCOHOLICO: Mi nombre es Carlos. Tengo 42 años. Vivo en el


Olivarito, desde donde se domina toda el área de San Jerónimo y
Ciudad Universitaria. Los domingos asisto al Deportivo Casa
Blanca o voy a jugar Golf con mis amigos empresarios. Estor
pagando una casa de 400metros cuadrados que algún día heredaré a
mis hijos para irme a vivir a la provincia. Me encanta el campo…
y soy alcohólico.

FARMACODEPENDIENTE: No tengo nada que agregar. Me llamo Ximena.


Tengo 24 años.

FISICOCULTURISTA: Me llamo Roxana. Tengo 26 años. Soy adicta al


ejercicio. En la última carta astral que me hicieron se afirma
que estoy en tránsito de Saturno y por eso es preferible no
tomar decisiones importantes, de lo contrario me podría
arrepentir. Perdón, va a empezar mi rutina.

TELEADICTA: Tengo 27 años. Mi nombre es María René. Soy analista


de programación televisiva y, a partir del próximo lunes, voy a
conducir mi primer programa. Se llama Lo que las novelas callan,
y es un análisis de los argumentos, los estilos, las figuras y
hasta la moda en cada una de las telenovelas que se transmiten
por antena abierta. No se lo pierdan. Se van a divertir.

CAFEINOMANA: Soy Alicia, médico residente del hospital Siglo


XXI. Mi especialidad es el tratamiento de adicciones. Aún hay
mucho que aprender sobre el uso de estimulantes y su incidencia
en el comportamiento humano. El panorama vasto.

FANATICA: Tengo 23 años y ahora sí, creo que he cumplido mi


misión en esta tierra. Me siento en paz conmigo misma. Yo soy
Milagros Antonia.

OSCURO FINAL
Adictos Anónimos 26