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PROCESO CONTRA EL COMANDANTE BARTOLOME LIZÓN

Transcripción del original y notas por LEONARDO MOLINA LEMUS

[Folio 384]

Ciudad de Maracaibo Año de 1814


Testimonio
De la sumaria información para la indagación de varios excesos de consideración cometidos por las tropas y
guerrillas del mando del Capitán 2° de Cazadores del Regimiento de Puerto Rico, Don Bartolomé Lizón en los
Valles de Cúcuta, el diez y ocho de octubre último en que se dio y ganó la acción a los insurgentes en el Llano
de Carrillo, y siguientes.
(Desde 18 de octubre de 1813 hasta 26 de febrero de 1814). (1)
Fiscal
El señor Coronel Don Jaime Moreno, Sargento Mayor del Batallón Veterano y ejerciendo las funciones del de
Plaza.
Escribano
Juan Nepomuceno Belén (2), Cabo 1° de la 6º Compañía del mismo Batallón.

[Folio 385]

Juan Nepomuceno Belén, Cabo 1º de la 6º Compañía del Batallón de Infantería Veterano de esta plaza y
autorizado por las Reales Ordenanzas para actuar de Escribano en la Sumaria Información hecha por el señor
Señor Coronel Don Jaime Moreno, Sargento Mayor del mismo Batallón, por comisión del señor Capitán General
de esta Provincia para la indagación de varios excesos de consideración cometidos por las tropas y guerrillas
del mando del Capitán 2º de Cazadores del Regimiento de Puerto Rico, Don Bartolomé Lizón, en los Valles de
Cúcuta, el diez y ocho de octubre último, en que se dio y ganó la acción a los insurgentes en el Llano de Carrillo,
y siguientes.

Certifico: que lo actuado en dichas declaraciones es lo siguiente:

Noticiado de que en los Valles de Cúcuta, por las tropas y guerrillas que se hallaron en la acción del Llano de
Carrillo el diez y ocho de octubre último, mandados en jefe por el Capitán Don Bartolomé Lizón, se cometieron
aquel día y posteriores varios excesos de consideración que llaman toda la atención del Gobierno a fin de
indagar la verdad de los hechos, y habiéndose presentado en esta Capital de regreso de dicha expedición a que
fue destinado el Teniente del Batallón Veterano Don Lorenzo Cangas, y otros individuos pertenecientes a los
cuerpos de dicha división, prevengo a Ud. proceda a instruir sumaria información acerca de lo expresado, para
la determinación que convenga. Dios guarde a Ud. muchos años. Maracaibo, nueve de diciembre de mil
ochocientos trece. Fernando Miyares. Señor Coronel Dn. Jaime Moreno.

Dn. Jaime Moreno, Coronel de los Reales Ejércitos, Sargento Mayor del Batallón Veterano de esta ciudad, y
ejerciendo en ella las de Sargento Mayor de Plaza, en cumplimiento de la orden del Señor Capitán General de
esta Provincia, Mariscal de Campo Dn. Fernando Miyares, que va por cabeza de esta sumaria para la indagación
de varios excesos de consideración que llaman toda la atención del Gobierno y se dicen cometidos por las
tropas y guerrillas que se hallaron en los Valles de Cúcuta en la Acción del Llano de Carrillo el diez y ocho de
octubre último y siguientes, habiendo de nombrar Escribano según previene S.M. en sus Reales Ordenanzas
para la actuación, nombro para que ejerza este cargo a Juan Nepomuceno Belén, Cabo 1º de la 6º Compañía
del Batallón Veterano, quien advertido de la obligación que contrae, acepta, jura; y promete guardar sigilo y
fidelidad en cuanto actúe, y para que conste lo firmó conmigo en esta ciudad de Maracaybo a nueve de
Diciembre de mil ochocientos trece. Jaime Moreno - Juan Nepomuceno Belén.
DECLARACION DEL TENIENTE LORENZO DE CANGAS

Incontinente, el señor Coronel, Sargento Mayor, hizo comparecer ante si a Dn. Lorenzo de Cangas, (3) Teniente
de la Sexta Compañía del Batallón

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Veterano de esta ciudad, primer testigo en este sumario, a quien ante mí el Escribano le hizo poner la mano
derecha tendida sobre el puño de su espada y preguntado si bajo su palabra de honor promete decir verdad en
lo que se le interrogare, dijo: sí prometo. Preguntado su nombre y empleo, dijo: que se llama Dn. Lorenzo de
Cangas, y que es Teniente de la 6º Compañía del Batallón Veterano de esta ciudad. Preguntado qué día llegó a
la división del Capitán de Cazadores del Regimiento de Puerto Rico, Dn. Bartolomé Lizón; dónde se hallaba ésta
en aquel día, y en cuál se separó de ella para venir a esta ciudad, dijo: que llegó a la División del Capitán Lizón, a
la que fue destinado por el señor Capitán, el día veinte y dos de Octubre último: que dicha División se hallaba
en ese día en San José de Cúcuta, y que se separó de dicha División para venir a esta ciudad con su
correspondiente pasaporte, el diez y nueve de Noviembre también último. Preguntado qué excesos de
consideración se cometieron por las tropas y guerrillas que se hallaron en la acción del Llano de Carrillo el diez
y ocho de Octubre último y siguientes, hasta el día de su salida de la División; y si los hubo, exprese los hechos,
y los agresores, dijo: que ya tiene dicho que llegó a la División el veinte y dos, cuando ya ésta estaba en San
José de Cúcuta, y por consiguiente no se halló el diez y ocho en la acción del Llano de Carrillo, y así es que no
presenció exceso alguno de consideración, pero sí puede asegurar que hablando con el Comandante Lizón
sobre la noticia que tuvo de que el día de la acción en la noche habían degollado los prisioneros que se habían
hecho en dicha acción, (que no tiene presente el número que le dijeron) diciéndole su dictamen de que no le
parecía bien hecho, le contestó Lizón que no lo había podido remediar, porque la tropa antes de entrar en la
accione, le pidió que no había de haber prisioneros que todos habían de morir, y viendo que no se ejecutaba
así con dichos prisioneros, le reconvino la tropa y tuvo que concedérselo, y que el declarante sabe que se
ejecutó el degüello porque el día que tiene dicho llegó a la División, y aquella noche el Subteniente Dn. Félix
Lalinde de este Batallón Veterano, el Cadete Dn. Esteban Villamil de milicias de blancos que estaba de guardia
de prevención y encargado de dichos prisioneros le impusieron, como también el Sargento de Pardos
Apolinario Bracho, Comandante que era de su cuerpo de Pardos, de que el Villamil como Comandante de la
Guardia de Prevención, había tenido la orden de dejar que pasaran a cuchillo a todos los prisioneros que
estaban a su cargo: que habiéndole traído esta orden verbal, la había resistido, hasta que vino con ella en
nombre del Comandante Lizón el Capellán de la División Fray Antonio Religioso Capuchino, el que los absolvió,
y seguidamente se hizo el degüello indistintamente por algunos de la tropa, en los que se señaló Dn. Ignacio
Salas, que era Cabo perteneciente a la Guerrilla de Dn. Alfonso Casas, (4) que hace alarde de verdugo de
insurgentes; que de los prisioneros hechos el día de la Acción, solo se libertaron del degüello un tamborcito, (5)
y el Religioso de San Francisco Fr. Manuel Ramírez que fue cogido con los prisioneros, éste porque el Sargento
de Pardos Apolinario Bracho se opuso abiertamente defendiéndolo, y diciendo que en tocando a Sacerdotes no
podía permitirlo, y las demás diligencias que practicó para librarlo, el dicho Bracho, podrá decirlas él mismo.
Que el veinte y uno de octubre, en que entró el Comandante Lizón con su División en San José de Cúcuta, se le
presentó a éste el alcalde Don Francisco Salas dándole parte de que tenía presos un número de personas (que
el declarante no tiene presente) que se le habían presentado armados unos, y otros sin armas, a que contestó
el Comandante Lizón: ya los había usted de haber paseado, e ignorando el Alcalde la frase, le repitió la
pregunta de lo que debía hacer con dichos presos y después de algunas expresiones de mala crianza, le volvió a
decir: sáquelos usted al paseo, al paseo, y hallándose presente Don Ignacio Salas (6), éste le dijo: lo que el
Señor Comandante le quiere decir a usted, es, que los pase a cuchillo; y dirigiéndose éste Salas

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a la cárcel (7) con el Alcalde, se ejecutó el degüello; que el declarante sabe que del mismo número de muertos
en este día y cárcel; fueron: Don Juan Agustín Ramírez, Don Andrés Colmenares, Dn. Francisco Santander, Dn.
José Otero, Dn Francisco Sánchez, Mariano Quintero, Emigdio Callejón, Doña Mercedes Reyes, Fulano Carvajal,
(éste estaba tocándole la guitarra al Comandante Lizón, y lo llamaron y llevaron a la cárcel a ser asesinado) y
Dn. Fruto Santander (8) (éste murió sin confesión porque pedía que se le siguiese su causa) y que ya tiene dicho
que ignora el nombre de los demás y que a todos les quitaban la ropa dejándolos en calzoncillos, y hasta la
mujer Doña Mercedes Reyes (9) la desnudaron dejándole el fustán por los hombros. Que el veinte y dos de
dicho Octubre también hubo degüello en dicha cárcel, porque el declarante entre diez y once de la noche
estando ya recogido en su casa, oyó los lamentos de los que perecían, y a la mañana del veinte y tres lo
preguntó y le dijeron que sí, y en efecto habiéndose dirigido a la cárcel encontró en un rincón del patio siete
cadáveres degollados y con otras heridas y mucha sangre vertida por el suelo. Que sabe porque se lo ha dicho
Dn. Antonio Vesga, su cuñado, que el veinte y uno del tocado Octubre a su presencia, el miliciano Rafael
Peralta mató a Dn. Onofre Bonilla, y que habiendo dicho Vesga dádole parte al Alcalde Dn. Francisco Salas, éste
se fue a la casa de Doña Agustina Ramírez, donde estaba Lizón a quien impuso de la referida muerte, y de ser
injusta por ser constante que el Bonilla nunca fue insurgente y si siempre muy realista y llamando el Lizón al
Peralta, y héchole cargo de la muerte, contestó que lo había matado porque le habían dicho que era
insurgente, y el resultado fue que el expresado Peralta quedó libre. Que también el veinte y tres amaneció en
la calle de la carnicería una mujer (10) muerta, sin cabeza y enteramente desnuda, a la que el Comandante Don
Esteban Villamil puso un pañuelo en sus partes pudendas. Que también supo que en San Cayetano Dn. Alfonso
Casas, Comandante de una partida de guerrilla, había muerto a Dn. Julián Ramírez, Dn. Juan Antonio
Maldonado, Manuel Becerra, su hijo, y un entenado y que de esto podían dar razón los soldados de su
guerrilla, entre los cuales es uno de ellos un hijo natural del Sargento Veterano Juan Larrazábal, que ignora su
nombre, y si sabe que se halla en esta ciudad. Que también ha oído en Cúcuta, que don Ignacio Salas en el
paraje que llaman La González mató tres presos y otro más en el Puerto de Los Cachos, los mismos que había
entregado Dn. Juan Balanzó, 2º de la Guerrilla del Casas para que los custodiara de lo que dará razón el
Balanzó, pues también lo ha oído el declarante del mismo Balanzó, el que se halla en esta ciudad. Que viendo el
que declara los excesos y crueldades que havía y lo que perjudicaba a la buena causa este proceder, porque en
lugar de presentarse arrepentidos, se unían desesperados a la mala causa en Pamplona; habló amistosamente
al Comandante Lizón de lo que dimano la orden que éste dio a los cuerpos y proclama que hizo al pueblo el
veinte y tres del expresado Octubre, expresándose en ella, que habiendo tenido algunas quejas de los excesos
cometidos contra la buena disciplina, y ajenos de su comisión, para poner el buen orden y tranquilidad en los
pueblos y que aunque no se había procedido hasta entonces por no haberse justificado los autores, prevenía a
los piquetes de su División que el que se separase de su deber delinquiendo contra las reglas de ordenanza,
mandaría proceder contra los agresores; y castigaría con arreglo a ella, y que esta orden se leyese por tres días
seguidos; con lo que efectivamente se contuvieron los excesos en cuanto a muertes, pero no en cuanto a
robos, en los que no ha habido contención, bien que desde que el que declara llegó a la División, hasta que
salió de ella, no se le había dado a la tropa más cantidad que la de cuatro

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reales por hombre, y ésta, solo a los que habían entrado en acción, que en cuanto a robos sabe, porque es
público en Cúcuta que el día que se dio la acción en los Llanos de Carrillo, después de concluida
favorablemente como fue, volvió la División a la Villa del Rosario, y dirigiéndose el Comandante Lizón a la
iglesia, sacó de ella porción de baúles que estaban allí depositados de distintos dueños, de los cuales, se
entregaron a las señoras Conchas los que les pertenecían, a la familia de Dn. Pedro Sobó los suyos, abriéndose
los pertenecientes a Doña Josefa Rangel y Doña María de Jesús Santander, (11) su hija, a las que se les
entregaron las ropas de su uso, y nada más; que lo restante contenido en dichos baúles sabrá Dn. Bartolomé
Lizón, que se los llevó a su casa; que esto fue como tiene dicho en la Villa del Rosario, pero que luego que se
llegó a la de San José, hubo saqueo general de buenos y malos, en el que pueden aportarlas con el que más, el
Comandante de partida Dn. Alfonso Casas y el Cabo Dn. Ignacio Salas, como también Montenegro. Que así
mismo ha oído decir públicamente en Cúcuta, que el Capitán de Artillería de Insurgentes Don Antonio Cañete,
(12) que quedó prisionero en la acción de los Llanos de Carrillo, ofrecía porque se le perdonase la vida entregar
toda la artillería que estaba enterrada en San José de Cúcuta, y aún la que había en Pamplona, pero no le valió
porque salió como los demás al paseo; igual suerte tuvieron Dn. Domingo Peralta, que ofreció al Lizón entregar
a Pamplona con medio millón de pesos, y a Dn. Eduardo Fortoul, (13) por cuya vida ofrecía que su madre daría
en plata lo que él pesara dos veces. Preguntado si sabe dónde se hallan el Comandante Lizón, Don Alfonso
Casas, Don Francisco Salas, Don Ignacio Salas y Rafael Peralta, y demás que por su declaración resultan
sindicados dijo: que el Comandante Lizón y Don Francisco Salas, en San José de Cúcuta; Don Alfonso Casas, y
Don Ignacio Salas, en la parroquia de San Cayetano; y el Rafael Peralta en las Guamas, separado de la División
por sus excesos. Preguntado qué personas han venido y hay en esta ciudad que puedan dar razón en el todo o
en parte de lo que ha declarado dijo: que con el exponente han venido: el Sargento 2º del Batallón Veterano
Juan Larrazábal, el soldado del mismo Batallón José Carrero, el Sargento 2º de Milicias de Pardos, Felipe Parra;
el hijo natural del dicho Larrazábal; Dn. Juan Balanzó y Jacinto Granadillo; y que ha visto en esta ciudad al
miliciano Candelario Portillo, a Agustín Romero y José Chaparro, 2º del expresado Batallón; y habiéndole leído
esta su declaración y preguntado si tiene que añadir o quitar a ella, dijo: que tiene que añadir las continuas
borracheras del Subteniente de Cazadores de Puerto Rico, Dn. José Zepeda, ayudante de aquella División,
causa de algunos castigos contra Ordenanza de la tropa, como el de azotar como lo hizo a dos milicianos
blancos y un voluntario de los de La Grita, públicamente y no en el cuartel, y otros desórdenes de que darán
razón los demás testigos; y que el Comandante Lizón, rara vez se encuentra en su casa por estar entregado a
mujeres, con quienes pasa el tiempo; que en cuanto a lo demás está bien escrita, y la verdad bajo su palabra de
honor que tiene dada y que en dicha declaración se afirma y ratifica, expresando su edad de treinta y ocho
años, y lo firmó con dicho señor y el presente Escribano —Jaime Moreno, Lorenzo de Cangas—. Ante mí, Juan
Nepomuceno Belén, Escribano.

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DECLARACION DEL SARGENTO FELIPE PARRA

En diez de Diciembre de mil ochocientos trece, el referido señor Coronel Sargento Mayor hizo comparecer ante
sí a Felipe Parra, a quien ante mí el presente Escribano hizo levantar la mano derecha, y Preguntado: juráis a
Dios y prometéis al Rey decir verdad sobre el punto de que os voy a interrogar, dijo: sí juro. Preguntado su
nombre, empleo y dónde se hallaba el diez y ocho de octubre y siguientes hasta su venida a esta ciudad, dijo:
llamarse Felipe Parra, Sargento 2º del Cuerpo de Pardos; que el diez y ocho de octubre se hallaba en el Llano de
Carrillo, de los valles de Cúcuta en la División que manda el Capitán de Cazadores del Regimiento de Puerto
Rico, Dn. Bartolomé Lizón, con la tropa del cuerpo que declara, y está en ella, en la que ha permanecido hasta
el veinte y cinco de noviembre próximo pasado que con su correspondiente pasaporte, por enfermo ha venido
a esta ciudad. Preguntado si el diez y ocho de octubre citado en que estaba en dicha División se halló en la
acción que se dio a los insurgentes en el Llano de Carrillo, y si en ella fue batido el enemigo, dijo: que se halló
en la acción y que fue batido el enemigo. Preguntado si se hicieron prisioneros y donde se hallan estos, y que
en tal caso diga el número de ellos dijo: que se hicieron cuarenta y nueve prisioneros, incluso un religioso
franciscano llamado Fray José Vicente Ramírez, este es de los que estaba entregado el Cadete Dn. Esteban
Villamil que dragonea de oficial de la División y que estaba de guardia de Prevención dicho día, pues ignora si
se hicieron más, ni su paradero, que de los cuarenta y nueve prisioneros que tiene dicho le consta que los
cuarenta y ocho ya no existen, y solo vive el religioso franciscano que se halla en esta ciudad; que ha dicho que
le consta porque a él, y a su guardia se le entregaron para quitarles la vida, todo lo que pasó en los términos
siguientes: a el declarante, acabada la acción le destinaron con ocho soldados y un Cabo a recorrer el campo a
las órdenes del Ayudante de la División Dn. José Zepeda, del Regimiento de Puerto Rico, el que concluido este
reconocimiento le mandó que con sus ocho hombres y Cabo se encargase de los heridos que estaban en el
campo de batalla en las barracas que habían dejado los enemigos, donde también se hallaba el Cadete Villamil
con su guardia de Prevención y prisioneros; que como a las doce del día, más o menos, recibió el que declara la
orden del Comandante de la División, Dn. Bartolomé Lizón para que se entregara de los cuarenta y nueve
prisioneros; y que retirándose con ellos un poco fuera del campo, los hiciese matar a todos, y que dicha orden
se la trajo Dn. Pedro Reyes, Sargento 1º de Caballería, al que le contestó el declarante que no podía hacerlo si
no se la traía por escrito, y seguidamente para asegurarse, mandó al Cabo de su guardia José Antonio Moreno
dándole parte de la orden que acababa de recibir, a su Comandante Lizón, entre tanto, el religioso capuchino
Capellan de la División nuestra Fray Antonio, que se hallaba presente, instaba al declarante que cumpliera la
orden, que era cierta, porque él sabía que la había dado el Comandante; que a poco volvió su Cabo José
Antonio Moreno acompañado del ayudante Dn. José Zepeda, con la orden del Comandante Lizón para que
matase a todos los prisioneros como se le había prevenido, por lo que y habiéndolos recibido del Cadete que
hacía de oficial de la Guardia de Prevención Don Esteban Villamil a quien pidió por ser tantos los prisioneros y
el número de su guardia de ocho nombres y un Cabo, que le diese auxilio, como lo hizo el Villamil,
reforzándolos con cuatro hombres más del cuerpo de Pardos, se apartó con ellos del campo (menos el religioso
franciscano

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prisionero, con quien se quedó dicho Villamil) y mandó a su gente que los arcabuceasen, como se hizo, a
excepción de cuatro que reservó, y fueron Don Antonio Cañete, de artillería, Dn. Domingo Peralta Dn. Eduardo
Fortoul y uno de Santa Fe que ignora su nombre por que estos le dijeron que diese parte al señor Comandante,
de que si les libraba la vida entregarían la artillería, la ciudad de pamplona y muchos caudales y armamento;
que en efecto el ayudante Zepeda que se hallaba presente a la mortandad, fue el que llevó esta propuesta al
Comandante Lizón, previniéndole entre tanto al que declara, el Zepeda suspendiese la ejecución en cuanto a
dichos cuatro; que a poco rato volvió el mismo ayudante Zepeda con la orden que los mantuviera en seguridad
como lo hizo hasta cerca del anochecer que se retiraba ya la División a dormir en el paraje que llaman los Baos;
que tuvo la de que volviese a entregar a la Guardia de Prevención que mandaba el Cadete Villamil, los cuatro
dichos prisioneros, también al religioso franciscano, que después que volvió de arcabucear a los cuarenta y
cuatro, se le había entregado, pero que sabe y le consta que dichos cuatro amanecieron muertos en los Baos,
donde hizo noche la División, porque los vio con las cabezas cortadas, y también sabe porque lo presenció a la
mañana siguiente, día diez y nueve, cuando se retiraba la División para la Villa del Rosario Don Ignacio Salas,
individuo perteneciente a la guerrilla de Dn. Alfonso Casas, cortó la cabeza a otros prisioneros que se habían
presentado, los que no contó, pero le parece que serían de diez a once, uno más o menos; que este dicho
Salas, cuando el que declara mandó arcabucear los cuarenta y cuatro (según la orden que tuvo para ello)
andaba a sablazos con los muertos haciéndoles trozos. Preguntado si sabe los nombres de los cuarenta y nueve
prisioneros, o de algunos de ellos, y que los diga, dijo: que no sabe más que el del religioso franciscano que ha
dicho, y el de los tres, Cañete, Peralta y Fortoul, que antes expresó. Preguntado por los nombres de los
soldados de la guardia en el día en que se arcabucearon los cuarenta y cuatro, dijo: que no se acuerda de
todos, pero sí tiene presente el de los más, y son (el del Cabo ya lo tiene dicho) José María Brines, Dolores
Quintero, Marcelino Balbuena, Joaquín Morales, José María Padrón, Juan Urrola, José María Salas y Juan
Camacho. (Nota: existe una anotación marginal que dice: "de los cuales se hallan ya en esta ciudad Dolores
Quintero, Marcelino Balbuena, José María Salas y Juan Camacho"). Preguntado qué día entró la División en San
José de Cúcuta, y si en esta Villa hubo también degüello de presos, y en tal caso exprese circunstanciadamente
los hechos según los sepa, diga también si hubo o no saqueo y robos dijo: que no tiene presente el día fijo en
que entró la División en San José de Cúcuta, pero que le parece que fue tres o cuatro días después de la acción
del diez y ocho en los Llanos de Carrillo; que en cuanto a si hubo degüello de presos, puede asegurar que al día
siguiente de haber llegado a San José hubo degüello en la Cárcel, y habiéndolo sabido el que declara, se fue a
ella (como a las siete de la mañana) y vio siete degollados, entre ellos un sacristán, y allí supo que el matador
había sido Don Ignacio Salas, según le dijo la misma guardia de voluntarios hijos de la ciudad de La Grita, de
quienes a ninguno conoce, pero que ignora de orden de quien hizo las muertes el Salas; que también sabe que
en los días siguientes hubo degüello, y que de los degollados
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en dichos días fueron Mariano Quintero, Cornelio Cortés (a éste lo mató el miliciano pardo Toribio Moreno) y
doña Mercedes Reyes, son otros muchos de quien ignora sus nombres, como tampoco el de otra mujer que
oyó decir se había encontrado muerta sin cabeza, y desnuda en la calle de la carnicería; que en cuanto a si
hubo saqueo y robos, en verdad que empezó, uno y otro, pero también lo es que no fue con orden del
Comandante Lizón, el que luego que supo el desorden, se incomodó y mandó patrullas a contenerlo, y que
aunque sabe porque lo vio, que en varios días llegaban al Comandante Lizón partidas de dinero hasta de mil y
quinientos pesos que los vio contar, ignora su procedencia ni con qué fin se los entregaban a dicho
Comandante, pero sí puede decir que no se repartieron en la tropa, pues a ésta solo se le ha dado cuatro reales
en dinero, por vía de regalía, y no más que a los que entraron en acción el diez y ocho en los Llanos de Carrillo.
Preguntado qué otros excesos de consideración notó en la División después de la acción del Llano de Carrillo,
dijo que en cuanto a los jefes, puede asegurar de un mal trato con la tropa, porque el Comandante Lizón se
maneja a bofetones, como lo hizo con el Sargento de Cazadores de Puerto Rico Francisco Guerrido y con el de
la Guerrilla de Dn. Aniceto Matute, Dn. José Montenegro, y otras tropelías de que darán razón los mismos de la
División, como la de castigar con azote a los soldados, y lo mismo su escandalosa vida con mujeres a quien está
enteramente entregado, que por lo que mira a su ayudante Dn. José Zepeda, es público que tiene el vicio de
embriagarse. Preguntado qué personas han venido o hay en esta ciudad que puedan dar razón de lo que ha
declarado, dijo: que a más de los que lleva dichos en su declaración, se hallan aquí, el Teniente Dn. Lorenzo
Cangas, del Batallón Veterano; el Sargento 2º del mismo, Juan Larrazábal; un hijo natural de éste miliciano
pardo, nombrado Bartolo, José de Jesús González, Pablo Candela, y un primo hermano de éste, que ignora su
nombre; estos pertenecientes a la guerrilla de Dn. Alfonso Casas y Dn. Juan Balanzó, 2º de ésta, con otros
varios que estos dirán, y de que él no se acuerda. Preguntado si tiene que añadir o quitar a esta su declaración,
siéndole antes leída dijo: que solo le ocurre añadir que los cuarenta y nueve prisioneros, de que tiene hablado
y que se le entregaron para fusilarlos pedían confesión y murieron sin ella porque el Ayudante Zepeda que
estaba presente no lo dispuso; que en cuanto a lo demás, está bien escrita, y la verdad a cargo del juramento
hecho, en que se afirmó y ratificó expresando su edad de veinte y dos años, y lo firmó con dicho señor y el
presente Escribano. - Jaime Moreno - Felipe Parra. Ante mí, Juan Nepomuceno Belén—Escribano.

DECLARACION DEL SOLDADO JOSE CARRERO

En dicho día, mes y año el expresado señor Coronel, Sargento Mayor,

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hizo traer a su presencia a José Carrero que se halla preso en la prevención de Veteranos, a quien ante mi el
presente Escribano hizo levantar la mano derecha, y preguntando: jurais a Dios, y prometeis al Rey decir
verdad sobre el punto de que os voy a interrogar, dijo: sí juro. Preguntado sobre su nombre, empleo, donde se
hallaba el diez y ocho de octubre último, y siguientes, hasta su venida a esta ciudad, y cómo fue esta, dijo:
llamarse José Carrero, soldado de la 4º Compañía del Batallón Veterano de esta ciudad; que el diez y ocho de
octubre último, se halló en los Llanos de Carrillo, (14) y en la acción que se dio a los insurgentes en dicho sitio,
perteneciente a los Valles de Cúcuta, donde estuvo los días siguientes al diez y ocho, hasta el día en que su
teniente Don Lorenzo Cangas lo vio en un baile, y reconociéndolo soldado de un Batallón le mandó que le
siguiera y puso preso, porque es de advertir que el declarante desertó de la Parroquia de Escuque, cuando vino
de retirada la División del coronel Correa en la que estaba, y cuando subió por Zulia la guerrilla de Dn. Aniceto
Matute, se presentó en ella, con la que siguió, y en la que ha estado hasta el día que lleva dicho que le
aprehendió su Teniente Cangas, pero que no se acuerda qué día fue del mes pasado de Noviembre, y que su
venida ha sido con el expresado teniente Cangas, como desertor. Preguntado si en dicha acción del diez y ocho
de Octubre se hicieron prisioneros a los enemigos, si sabe cuántos, y dónde se hallan estos, dijo; que sí se
hicieron prisioneros, que ignora el número, aunque le parece que llegarían a cincuenta, poco más o menos, y
que estos todos murieron a excepción de un religioso franciscano que estaba entre ellos, cuyo nombre ignora,
como también quién dio la orden para su muerte, pero sí sabe que se ejecutó la justicia arcabuceándolos a
poca distancia de donde estaba la División, donde los vio muertos, y también ignora si estaban allí todos los
prisioneros que ha referido; que a más de los expresados prisioneros el diez y nueve de octubre, bien de
mañana, en el Paraje que llaman los Baos (15) (que fue donde pasó la noche anterior la División) al pasar el
declarante vio que estaban matando algunos prisioneros de los que se habían presentado después de la acción
que según le dijeron, llegaban a catorce. Preguntado si sabe los nombres de todos los prisioneros muertos, o
de algunos, dijo: que lo ignora. Preguntado qué día entró la División en San José de Cúcuta y si en esta Villa
hubo también degüello de presos, y en tal caso exprese circunstanciadamente los hechos según los sepa, diga
también si hubo o no saqueo y robos, dijo: que el día que llegaron a San José de Cúcuta, le parece que fue el
veinte y uno, o veinte y dos de octubre, y que sí hubo degüello aquella tarde, pues el que declara, con la noticia
que se apareció de que estaban en la cárcel los muertos, fue a verlos y halló degollados como unos seis, u
ocho, y que oyó decir públicamente que el ejecutor del degüello

[Folio 393]

había sido Dn. Ignacio Salas, pero que ignora de orden de quién lo hizo, y que en los siguientes días también se
hacían muertes a los que se cogían o presentaban, pero que ignora quiénes fueron los muertos, ni los
matadores; que en cuanto a saqueo y robos es constante que hubo, uno y otro, por el desorden de la tropa,
pero no porque se dio orden para ello, y al contrario el Comandante Lizón procuró recoger la tropa para que no
hiciera daño. Preguntado qué personas han venido, o hay en esta ciudad que puedan declarar sobre el
particular, dijo: que aquí se hallan el Teniente de su Batallón Don Lorenzo de Cangas, el Sargento 2º Dn. Juan
Larrazábal y José Chaparro 2º del mismo Batallón y Jacinto Granadillo; pero que no sabe de otros. Que no tiene
más que decir, solo sí que a la tropa no se le ha dado prest alguno, solo cuatro reales, que se repartieron a los
que entraron en acción, y que también oyó decir que se les estaba haciendo alguna ropa de lienzo del Reino,
que lo dicho es la verdad a cargo del juramento hecho, en que se afirma y ratifica, leída que le fue esta su
declaración, expresando ser de edad de veinte y ocho años; por no saber firmar hizo una Señal de cruz y lo
firmó dicho señor y el presente Escribano – Jaime Moreno - Cruz - Ante mi Juan Nepomuceno Belén, Escribano.

DECLARACION DEL SOLDADO JOSE CHAPARRO

En dicho día, mes y año, el expresado señor Juez Fiscal hizo traer a su presencia a José Chaparro 2º que se halla
arrestado en la Prevención de los Veteranos, a quien ante mí, el presente Escribano, hizo levantar la mano
derecha, y preguntado, jurais a Dios y prometeis al Rey decir verdad en lo que os voy a interrogar, dijo, sí juro.
Preguntado su nombre, empleo y dónde se hallaba el día diez y ocho de octubre último y siguientes, hasta en el
que vino a esta ciudad, dijo llamarse José Chaparro, 2º soldado de la 6a. Compañía del Batallón Veterano de
esta ciudad; que el diez y ocho de octubre porque se le pregunta estaba con la tropa de su cuerpo en la
División del mando del Capitán Dn. Bartolomé Lizón en la que fue cuando salió del Zulia, y se halló en la acción
que tuvo dicho día la expresada su División en el Llano de Carrillo de los valles de Cúcuta, contra los insurgentes
del Reino; que en dicha División permaneció hasta el día cuatro del próximo pasado noviembre que desertó de
ella, dirigiéndose a esta ciudad a presentarse a un cuerpo. Preguntado por quién quedó la acción de que hace
referencia, y si hubo prisioneros, si sabe cuántos y qué se hicieron, dijo: que la acción fue completamente
ganada por nuestras armas, que sí se hicieron prisioneros, y le parece que fueron como unos cincuenta y
nueve, de los cuales a excepción de un religioso franciscano (cuyo nombre ignora) y otros cinco de los
principales, de cuyos nombres solo tiene presentes tres, y son Dn. Antonio Cañete, de Artillería, Dn. Domingo
Peralta y Don Eduardo Fortoul, todos los demás fueron pasados por las armas en aquel día; que el ejecutor de
la orden del Comandante Lizón, para estas muertes, fue el Sargento de Pardos, Felipe Parra, y doce pardos de
un cuerpo, a quien los entregó el Comandante de la Guardia de Prevención, Cadete de Milicias Don Esteban
Villamil, según la orden que hubo del mismo Lizón; que lo que lleva referido lo sabe porque
[Folio 394]

lo oyó decir públicamente en la División, y solo le consta que murieron los prisioneros, porque los vio muertos
aquel mismo día; que los cinco de que ha hablado, y cuyas muertes se suspendieron en aquel acto, cuando los
demás; ha oído decir en toda la División que fue porque ofrecieron entregar a Pamplona, sus caudales y
artillería enterrada, pero que ignora porque no les valió esta oferta, pues al día siguiente, por la mañana,
cuando salía la División del paraje de los Baos, donde durmió aquella noche los vio degollados con otros seis
más que se habían presentado al Cabo de Veteranos José Jiménez, que había quedado en dichos Baos el día de
la acción, que ni de estos seis, ni de los muertos el día antes, ni de dos de los cinco de que ha hablado sabe sus
nombres, y sí que Dn. Ignacio Salas fue el matador de los que perecieron en los Baos. Preguntado qué día entró
la División en San José de Cúcuta, y si en esta Villa hubo también degüello de presos, y en tal caso exprese
circunstanciadamente los hechos según los sepa, diga también si hubo o no saqueo y robos, dijo que le parece
que fue el día veinte y dos de octubre, y que sí hubo también degüello de presos, no solo un día sino varios,
hasta que llegó el Teniente Dn. Lorenzo Cangas que cesaron las muertes: que el primer día vio en la cárcel por
sus ojos (muertos) como unos siete u ocho, y en los demás días en la misma cárcel, hasta el número de treinta
y nueve, inclusos dichos siete u ocho, pues tuvo la curiosidad de irlos contando, que de estos solo sabe los
nombres de Dn. Fruto Santander, Don Francisco Santander, Mariano Quintero, Cornelio Cortés y Don Juan
Agustín Ramírez: que también en la cárcel mataron una mujer, y de otra ha oído decir en la División, que
amaneció muerta en la calle sin cabeza y desnuda: que los matadores de los prisioneros en la cárcel, eran Don
Ignacio Salas y Rafael Peralta: a este último por sus crueldades, se tomó la providencia de mandarle que se
retirase a su hacienda de Las Guamas, habiéndole antes tenido preso en el cuartel del que declara donde le vio
hasta que salió para dicha su hacienda. Preguntado si hubo saqueo o robos pues no ha llenado la pregunta
anterior, dijo que ignora que hubiese tal saqueo, solo sí puede decir que iban guardias a las casas de los
insurgentes, y lo que se encontraba en ellas, se llevaba a la casa del Comandante Lizón, de lo que no tocó parte
la tropa, a la que solo se le dieron cuatro reales y estos a los que entraron en acción el diez y ocho, pues desde
la ciudad de La Grita, en la que se les socorrió a cuatro reales por hombre, no ha vuelto a dárseles cosa alguna
hasta su venida. Preguntado qué personas han venido o hay en esta ciudad que puedan dar razón de lo que ha
declarado dijo: que aquí se hallan el Teniente de su Batallón Don Lorenzo de Cangas, el Sargento 2º Juan
Larrazábal y José Carrero del mismo Batallón; el Sargento de Pardos Felipe Parra, Jacinto Granadillo y uno de
pardos que llaman Rafael El Mellizo; que no tiene más que añadir y que lo dicho es la verdad, a cargo del
juramento hecho, en que se afirmó y ratificó leída que le fue esta su declaración, expresando ser de edad de
diez y nueve años; por no saber escribir hizo una señal de la cruz y la firmó dicho señor con el presente
Escribano - Jaime Moreno - Cruz - Ante mí Juan Nepomuceno Belén. Escribano.

DECLARACION DEL SOLDADO AGUSTIN ROMERO

En once del mismo mes y año, el referido señor Coronel Sargento Mayor, hizo traer a su presencia a Agustín
Romero que se halla arrestado en la Prevención de los Veteranos, a quien ante mí el presente Escribano hizo
levantar la mano derecha, y preguntado: juráis a Dios y prometéis al Rey decir verdad en lo que os voy a
interrogar dijo: sí juro. Preguntado su nombre, empleo y dónde se hallaba el diez y ocho de octubre

[Folio 395]

último y siguientes hasta en el que vino a esta ciudad dijo: llamarse Agustín Romero, soldado de la Cuarta
Compañía del Batallón Veterano de esta ciudad; que el diez y ocho de octubre porque se le pregunta se hallaba
en la hacienda del Totumal (?) perteneciente a la Parroquia de San Antonio de Cúcuta, porque habiendo
quedado enfermo en San José del mismo Cúcuta en la retirada de su Coronel Dn. Ramón Correa, (15 bis) el
veinte y ocho de febrero del presente año a causa de hallarse gravemente enfermo ya no pudo venir a su
cuerpo, y allí permaneció después que se restableció a la salud, hasta que el día veinte y dos del mencionado
octubre que entró la División del Comandante Don Bartolomé Lizón en aquella Villa se presentó a su Sargento
Juan Larrazábal, y siguió sirviendo en la expresada División hasta el día después que salió de ella su Teniente
Don Lorenzo Cangas, que le parece que el veinte de noviembre último en que desertó para venirse a presentar
a esta ciudad como lo ha hecho. Preguntado si tiene noticia de la acción que hubo el diez y ocho de octubre
porque se le ha preguntado, entre la División de Lizón con las tropas insurgentes en el Llano de Carrillo, quién-
la ganó, si hubo prisioneros, y dónde se hallan, dijo: que tiene noticia de la acción que ganó el Comandante
Lizón a los insurgentes el día que se le cita, y en los Llanos de Carrillo; también la tiene de que se hicieron
prisioneros, y de que a excepción de un tamborcito y un religioso franciscano de los enemigos, todos los demás
fueron arcabuceados; que todo esto lo sabe no porque lo vio sino porque después de su presentación en la
División, que fue como lleva dicho el veinte y dos, se lo contaron sus compañeros de armas. Preguntado qué
día entró la División de Lizón en San José de Cúcuta, y si en esta villa hubo también degüello de presos, y en tal
caso exprese circunstanciadamente los hechos según los sepa; diga también si hubo o no saqueo y robos, dijo:
que ya tiene dicho que el veinte y dos de octubre último fue el día de la entrada de la División en San José y el
de su presentación a ella, que sí hubo degüello, pues en el primer día ha oído decir, no porque lo vio que en la
Cárcel degollaron unos cinco y que de estos fueron Don Juan Agustín Ramírez, Don Fruto Santander, Don
Francisco Santander y Mariano Quintero y que ignora el nombre del quinto, y que el verdugo ejecutor de estas
muertes fue Don Ignacio Salas de la guerrilla de Casas, que al día siguiente también lo hubo en la cárcel y que lo
sabe porque habiendo oído decir que también había habido degüello en dicha cárcel, fue a ella, vio muerto y
con muchas heridas a Cornelio Cortés, alias Carapo, a quien conoció y al que enterraron en la misma cárcel;
que ese mismo día presenció cuando Rafael Peralta mató a Don Onofre Bonilla en la calle de la carnicería que
este Peralta era el Capitán de la Guerrilla de Las Guamas, según oyó decir ,y en el propio citado día mataron
otro a la orilla del lugar, que no sabe su nombre, a quien vio muerto, y oyó decir que lo indicaban de espía del
enemigo, y que el matador había sido un marinero boga de allí mismo, y que aunque en los demás días oyó
decir que se hacían muertes en la cárcel no quiso ir a verlo, que en cuanto al saqueo y robo sólo puede decir
que al día siguiente de la acción de Carrillo entraron en San José donde se hallaba el que declara, varios
Individuos pertenecientes a la División del Comandante Lizón y sus guerrillas, y observó que cuatro soldados y
un Cabo de los voluntarios de La Grita y Lobatera y también el soldado veterano desertor José de los Santos
Quintero acompañaban a Don Antonio Vesga, y a otro que no conoció entrando en las casas de los principales
insurgentes, como fueron las de Don Pedro Santander, Don Pedro Soto, Don Juan Agustín Ramírez, Joaquín
Castro, Don José María Pérez, y otros que no conoce, de las que sacaban baúles, mesas, colchones y otros
trastajos que le parece apuntaban en un cuaderno que tenia dicho Don Antonio Vesga en la mano, pero que no
cuidó de saber donde lo llevaban; que es cuanto sabe de la pregunta en este particular y que no tiene más que
añadir ni quitar, porque lo dicho es la verdad a cargo del juramento hecho, en que se afirmó y ratificó, leída
que le fue esta su declaración, dijo ser de edad de veintiocho años, no firmó por no saberlo hacer, y si dicho
señor y el presente Escribano — Jaime Moreno — Cruz — Ante mí Juan Nepomuccno belén Escribano.

DECLARACION DEL SOLDADO JOSE DE JESUS GONZALEZ

Incontinente el expresado señor Coronel Sargento Mayor hizo venir a su presencia a José de Jesús González, a
quien ante mí el presente Escribano hizo levantar la mano derecha, y preguntado juráis a Dios y prometéis al
Rey, decir verdad en lo que os voy a interrogar, dijo, sí juro. Preguntado su nombre, empleo y dónde se hallaba
el diez y ocho de octubre último, y siguientes

[Folio 396]

hasta su venida a esta ciudad dijo llamarse José de Jesús González, y que es soldado retirado de la milicia de
pardos, que el diez y ocho de octubre porque se le pregunta, se halló en la acción que dio la División al mando
del Capitán de Puerto Rico Don Bartolomé Lizón a los insurgentes en el Llano de Carrillo, pues el que declara
servía voluntario en la guerrilla que mandaba Don Alfonso Casas, en la que obtuvo de este el pasaporte
correspondiente fechado en nueve de noviembre último, con el que se ha presentado aquí. Preguntado por
quién quedó la acción que refiere, y si hubo prisioneros, si sabe cuántos y dónde se hallan, dijo: que la acción
quedó por nosotros, que sí hubo prisioneros pero que ya no existen porque en aquel mismo día después de la
acción los mandaron matar, de lo que solo escaparon un religioso franciscano y un tamborcito; que el que
declara los vio muertos pero que ignora el número porque no los contó, aunque eran muchos, que eran más de
veinte según le parece, y que así mismo ignora de orden de quien, y los que ejecutaron dichas muertes.
Preguntado si posterior a este día hubo varias muertes de prisioneros, y en tal caso exprese
circunstanciadamente los hechos según los sepa, diga también si hubo saqueo y robos, dijo: que el mismo día
de la acción se retiró la división y durmió en el paraje que llaman Los Baos y a la mañana siguiente, cuando la
expresada división seguía en retirada para la Villa del Rosario, el Cabo guerillero Don Ignacio Salas con cuatro
más de la guerrilla, entre los cuales iba el declarante, sacó siete prisioneros amarrados de los que se habían
presentado, y a un lado del camino donde había un zanjón (camino del Rosario) les quitó la vida a sablazos, y al
mismo Salas le oyó decir que de orden del Comandante Lizón; que no conoció a ninguno de los muertos, ni
sabe sus nombres; que también el mismo día que llegó la División a San José de Cúcuta, que le parece fue a los
cuatro de la acción que lleva referida, a tiempo que comían el Comandante Lizón, el Vicario de aquella Villa, y
oficiales, que serían entre dos y tres de la tarde, vino a la cárcel el Don Ignacio Salas, y de los nueve prisioneros
presentados que había en ella, sacó al patio cinco, cuyos nombres ignora y a cuchilladas murieron y muertos
los vio el declarante, que los cuatro restantes, también ha oído decir que murieron aunque no en el acto que
los cinco, y como el que declara en el mismo día se fue en su guerrilla para San Cayetano, no los vio ni sabe, a
qué horas murieron dichos cuatro; que también en dicho San Cayetano, donde fue como lo ha expuesto en su
partida de guerrilla, se mataron cuatro en la cárcel, de los que se habían preso por los mismos de la partida en
aquel pueblo, de los cuales solo sabe los nombres de Don Julián y Don Bautista Ramírez, hermanos y que el
ejecutor fue el moreno José María García, soldado de dicha guerrilla, el que supone lo haría con orden del
Comandante Casas, pues de otro modo no se lo hubiera permitido la guardia, ni el carcelero, que es cuanto
sabe en cuanto a muertes, y por lo que mira a saqueo y robos, no puede dar otra razón que la de lo que pasó
en San Cayetano, donde como ha dicho se fue con su partida y estuvo muchos días, y es que por su
Comandante Casas se mandó una partida de como unos veinte hombres, la que fue mandando el dicho Cabo
Don Ignacio Salas, al sitio de las Tapias, donde aprehendieron a cinco personas cuyos nombres ignora, y a los
que según oyó en la partida, les quitaron la vida, sacando de sus casas baúles, y otros bienes que tenían en
ellas, lo que condujeron a San Cayetano y entregaron a su Comandante Casas; que tiene presente que entre
dichos bienes, vio cuatro baúles y que nada más sabe de la pregunta. Preguntado si tiene que añadir o quitarse
a esta su declaración, siéndole antes leída, dijo que no, porque lo dicho es la verdad a cargo del juramento
hecho, en que se afirmó y ratificó, dijo ser de edad de cuarenta y cuatro años, no firmó por no saberlo hacer, y
sí dicho señor, y presente Escribano — Jaime Moreno — Cruz — Ante mí, Juan Nepomuceno Belén

[Folio 397]

DECLARACION DEL MILICIANO ANTONIO MARIA GONZALEZ

Escribano. En dicho día, mes y año el referido señor Coronel, Sargento Mayor, hizo comparecer ante sí a
Antonio María González, a quien por ante mí el presente Escribano hizo levantar la mano derecha y Preguntado
juráis a Dios y prometéis al Rey decir verdad en lo que os voy a interrogar, dijo, sí juro- Preguntado su nombre,
empleo y dónde se hallaba el diez y ocho de octubre último, y siguientes, hasta su venida a esta ciudad, dijo
llamarse Antonio María González, miliciano del cuerpo de Pardos de esta ciudad, y que el día por el que se le
pregunta, estuvo en el Llano de Carrillo, y en el ataque que en él se les dio a los insurgentes, por la División que
mandaba el Capitán del Regimiento de Puerto Rico Don Bartolomé Lizón; que el declarante no estaba con la
tropa de su cuerpo sino alistado de voluntario en la guerrilla que mandaba Don Alfonso Casas, que salió de esta
ciudad le parece que fue el nueve de septiembre último, con la que él fue; y que dejó la División y su guerrilla
desde el diez y nueve de noviembre pasado que se vino para esta ciudad, con el Teniente Don Lorenzo Cangas
con su correspondiente pasaporte. Preguntado por quién quedó la acción de que se hace referencia, y si hubo
prisioneros, si sabe cuántos y dónde se hallan, dijo: que la acción fue completamente ganada por nuestras
armas; que sí se hicieron prisioneros pero que ignora el número porque los iban cogiendo y trayendo en
partidas, y que ya no existen porque todos los mataron, y esto lo sabe porque los vio muertos, y que pasarían
de treinta, pero que ignora de orden de quien; que es cuanta razón puede dar de la pregunta. Preguntado que
si después de estos prisioneros muertos, se hicieron nuevos prisioneros y si se mataron en aquel día o
subsiguientes, y en tal caso explique circunstanciadamente los hechos, según los sepa, como también si hubo o
no saqueo y robos, dijo: que lo que puede decir es que la noche del día de la acción durmió la División en el
paraje que llaman Baos, viniendo para El Rosario, y allí vio dicha noche nueve presos atados, los que oí decir
que los mataron, y que quien se lo dijo fue Antonio Ballestero, Cabo 1º° de su guerrilla, que no sabe de más
muertes, que las de otros seis que mataron los de su partida en el camino de Chane, de los cuales fue uno Don
Julián Ramírez, y que esto lo sabe porque iba en la partida de veinte hombres que mandaba el Cabo de dicha su
partida Don Ignacio Salas; que a los seis los cogieron en el Cacagual de dicho Chane, y que quien los mandó
matar fue el enunciado su Cabo Don Ignacio Salas, que también ayudó; que en cuanto a si hubo o no otras
muertes en San José no puede dar razón porque desde el día en que llegaron a esta Villa, salió con su Partida
para San Cayetano [donde se mantuvo hasta que le dieron su pasaporte. Que por lo que mira a saqueo y robos
solo puede decir que en San Cayetano], donde como tiene dicho, fue destinado con su partida, solo vio que se
cogieron en el Cacagual, donde se hicieron las prisiones cuatro cargas de baúles y una carga de petacas; que en
uno de los baúles que se abrió allí, vio cinco taleguitas en un saco y una petaquita con varias prendas de oro,
que éstas las vio con sus ojos el declarante, y que las cinco taleguitas sabe que eran de dinero porque su Cabo
Salas a Don Julián Ramírez, uno de los muertos de los seis dichos, antes de matarlo, le preguntó cuál era el baúl
del dinero y se lo señaló dándole las llaves de los baúles y habiendo abierto aquel, entonces el que declara vio
las cinco taleguitas en el talego mayor; que no tiene más que decir y que lo dicho es la verdad a cargo del
juramento hecho en que se afirmó y ratificó, leída que le fue esta su declaración; dijo su edad de diez y ocho
años, por no saber escribir hizo una señal de cruz, y lo firmó dicho señor con el presente Escribano — Jaime
Moreno — Cruz — Ante mi - Juan Nepomuceno Belén - Escribano. En trece días del

[Folio 398]

DECLARACION DEL SOLDADO MARCELINO BALBUENA

mismo; mes y año el expresado señor Coronel, Sargento Mayor, hizo traer a su presencia Marcelino Balbuena
que se halla arrestado en la Prevención de Pardos, a quien ante mí el presente Escribano, hizo levantar la mano
derecha y Preguntado juráis a Dios, y prometéis al Rey decir verdad en lo que os voy a interrogar, dijo, sí juro.
Preguntado su nombre, empleo y dónde se hallaba el diez y ocho de octubre último y siguientes, hasta en el
que vino a esta ciudad, dijo: llamarse Marcelino Balbuena soldado miliciano del cuerpo de pardos de esta
ciudad; que el diez y ocho de octubre porque se le pregunta estaba con la tropa de su cuerpo que había en la
División que mandaba en jefe el Capitán del Regimiento de Puerto Rico Don Bartolomé Lizón, de la que no se
separó hasta el día once de noviembre último que desertó para venirse a presentar, como lo ha hecho, en esta
ciudad a su cuerpo. Preguntado si se halló en la acción que dio su División a los insurgentes en el día que se le
ha citado en los Llanos de Carrillo, por quién quedó la acción, si hubo o no prisioneros, si sabe cuántos, y dónde
se hallan, dijo: que se halló en la acción, la que ganamos a los insurgentes completamente que se hicieron
como unos cuarenta y ocho prisioneros, de los cuales le consta que ninguno existe, porque al que declara,
después de la acción le determinaron con otros siete más de su cuerpo, y un Cabo, a las órdenes de su
Sargento Felipe Parra para cuidar de los presos, hasta que vino el Subteniente de Puerto Rico Don José Zepeda
que hace de ayudante del Comandante en la División, diciéndole a su Sargento que se entregase de los
Prisioneros (los cuales hasta entonces estaban en poder del Comandante de la Guardia de Prevención, que lo
era el Cadete Don Esteban Villamil, que hace de Oficial) y esto sucedió porque dicho su Sargento había resistido
ante la orden verbal que le habían traído; que en efecto auxiliado con otros cuatro más milicianos pardos, se
entregaron de los prisioneros, menos de un religioso franciscano cuyo nombre ignora, y que estaba con los
demás prisioneros, el que quedó en poder del Comandante de la Prevención, y habiéndolos llevado a la orilla
del campo los mataron a balazos y cuchilladas (Presente a todo el expresado ayudante Zepeda) menos cuatro
de los cuarenta y ocho, que en el acto ofrecieron entregar a Pamplona sin un tiro, otros los caudales y otros la
artillería, de que dará razón su Sargento Felipe Parra, entre los cuales había un Cañete y un Fortoul, que la
ejecución para con dichos cuatro se suspendió, quedando encargado de ellos (después que volvieron al campo)
y también del religioso franciscano, el expresado su Sargento con un guarda hasta cerca del anochecer que
volvieron a entregar a la Guardia de Prevención, los cuatro mencionados presos, y el religioso franciscano, de
los cuales, así mismo le consta que de los cinco solo existe el religioso porque en el paraje que llaman de Los
Baos, en que hizo alto aquella noche la División, mataron a los cuatro referidos y los vio muertos el que declara,
como también otros ocho que se habían presentado, y a la mañana siguiente, poco antes de salir la División
para el Rosario los sacó con una guardia, y atados, el Cabo de la guerrilla de Don Alfonso Casas, Don Ignacio
Salas, y los mató en un zanjón al lado del camino donde los vio al pasar el que declara. Preguntado si posterior
a el día de la acción hubo otras muertes de prisioneros, o presentados, y en

[Folio 399]

tal caso, exprese circunstanciadamente los hechos según los sepa, diga también si hubo o no saqueo y robos,
dijo: que en la Villa del Rosario no hubo muerte ninguna, pero después que a los dos, o tres días, llegaron a la
de San José murieron en la cárcel de los que había allí presos, hasta once a sablazos, por los de la misma
guardia, que era de la partida de guerrilla de Casas, que lo sabe porque a la mañana del día siguiente de haber
llegado a San José con la noticia del hecho fue a verlos a la cárcel y se satisfizo de ser cierto, porque aun no los
habían enterrado, y a uno a quien conocía llamado Mariano Quintero que aun no había expirado, lo acabó a
sablazos el Cabo Don Ignacio Salas y que solo sabe de otra muerte más y el Cornelio Cortés, alias Carapo, que
se hallaba preso en el cuartel de la guerrilla de Casas de donde lo sacó el Alcalde de San José Don Francisco
Salas (naturalmente con orden del Comandante Lizón) y llevándolo a la cárcel, lo entregó al Cabo Natividad
Cedeño, y soldados José Ursola y Toribio Moreno, todos de milicias de pardos, y este último fue el que lo mató;
y en cuanto a si hubo saqueo y robos, solo puede decir que vio que de algunas casas sacaban con guardias
baúles y los llevaban a la casa del Comandante Lizón, que ignora lo que contenían; que también tiene presente
que en la Villa del Rosario se sacaron de la iglesia diez baúles que se condujeron a la casa del dicho
Comandante Lizón, como el que declara fue uno de los cargadores, pero que tampoco sabe lo que tenían
dentro. Que no tiene más que decir ni quitar a (?) esta su declaración, siéndole antes leída, y lo dicho es la
verdad a cargo del juramento hecho en que se afirmó y ratificó, dijo ser de edad de veinte y siete años, no
firmó por no saber escribir, y lo hizo dicho señor y el presente Escribano -Jaime Moreno - Cruz - Juan
Nepomuceno Belén - Escribano.

DECLARACION DEL EX ALCALDE DE CUCUTA JUAN BALANZO

Incontinente el expresado señor Coronel, Sargento Mayor, compareció de orden y mandato del señor Capitán
General Juez Político de esta Plaza, Don Juan Balanzó, (16) ante dicho Señor y el presente Escribano, y le recibió
juramento por Dios, y una señal de Cruz de decir verdad en lo que supiere y le fuere preguntado, y siéndolo de
su nombre y empleo, dijo llamarse Don Juan Balanzó, y que es del comercio de los valles de Cúcuta:
Preguntado si ha estado en la División del Capitán del Regimiento de Puerto Rico, Dn. Bartolomé Lizón, con qué
destino, y cuándo se separó de dicha División, dijo: que ha estado en dicha División desde el día catorce de
octubre último, en el que se reunió con dicha División en la Villa del Rosario (del Rosario) de Cúcuta, pues el
que declara era el 2º Comandante de la guerrilla al cargo del 1º Don Alfonso Casas; y que en dicha División con
su guerrilla estuvo hasta el veinte y tres del expresado mes, en que llegaron a la Villa de San José; que entonces
dicha guerrilla salió para la Parroquia de San Cayetano, y el que declara se quedó en San José independiente de
la guerrilla y de la División, hasta el día veinte y cuatro de noviembre, que salió de San José para esta ciudad. -
Preguntado si se halló en la acción del diez y ocho de octubre último, dada Por la División del Comandante
Lizón a los insurgentes en el Llano de Carrillo, si se ganó, si se hicieron prisioneros, cuántos, y en tal caso dónde
se hallan, dijo: que debió hallarse en ella, pero que fue destinado con su partida de Guerrilla a cortar la retirada

[Folio 400]
al enemigo, pero que en el camino el caballo fogoso le tiró y huyó dejándolo lo fragoso y cenagoso del camino,
de noche y sin dirección, de modo que como pudo salió a pie da regreso en busca de la División, llegando al
paraje que llaman Los Baos, ya no la encontró porque había pasado para la acción, y así es que no se halló en
ella porque no llegó a tiempo, pero que sabe que se ganó completamente por nuestras armas, y que oyó decir
que se habían hecho como unos diez y ocho prisioneros, entre ellos, Don Benigno Amado, (17) Don Domingo
Peralta, Don Eduardo Fortoul, Don Fulano Cañete, un tamborcito, y un religioso franciscano de apellido
Ramírez, y a más un hijo de Fermín Rico, que de estos prisioneros no existen vivos más que el tambor y el
religioso pues aquel mismo día fueron arcabuceados (que ignora de orden de quién fue) a excepción de cuatro,
de los cuales, ha oído que fueron Don Domingo Peralta, Don Eduardo Fortoul, Don Fulano Cañete, y el hijo de
Fermín Rico, que por haber ofrecido el Don Domingo Peralta decir donde había unos intereses y cañones
enterrados, y los demás otras ventajas que ignora, se suspendió en dichos cuatro la ejecución hasta aquella
misma noche que en Los Baos donde descansó la División, fueron pasados a cuchillo, y el que declara los vio
muertos, como también otros seis, cuyos nombres ignora, que se habían hecho prisioneros en los mismos
Baos, pero que no ha oído decir de orden de quién, ni lo ha preguntado, que oyó decir que el ejecutor de las
muertes de los seis había sido Don Ignacio Salas, Cabo de la Guerrilla del declarante: Preguntado qué día entró
la División en San José de Cúcuta, y si en este día y subsiguientes hubo también degüello de presos y en tal caso
exprese circunstanciadamente; los hechos según los sepa, dijo: (que) que la División entró en San José de
Cúcuta, le parece que el veinte y dos del mismo octubre, y que en aquel día mataron en la calle (ignora quién,
ni por qué orden) a Don Onofre Bonilla, y al día siguiente oyó decir públicamente que habían ajusticiado en la
cárcel a Don Fruto Santander, D. Francisco Santander, D. Francisco Sánchez y Mariano Quintero, y que pasado
este día oyó también decir que había muerto D. Juan Agustín Ramírez, Dn. José Otero, y Doña Mercedes Reyes;
que el ejecutor de esta justicia en compañía de otros, había sido el Cabo Dn. Ignacio Salas, que en otro día (no
se acuerda cuál fue) fue ajusticiado en la cárcel Cornelio Cortés, alias Carapo, e ignora quién fue el ejecutor ni
de orden de quién; que así mismo ha oído decir que en la Parroquia de San Cayetano o sus recintos mataron
los de su partida a Dn. Julián Ramírez, Manuel Becerra, dos hijos de éste y Don Juan Antonio Maldonado; que
es cuanto sabe y ha oído de la pregunta. Preguntado si después de la acción del Llano de Carrillo, y en alguno, o
algunos de los pueblos, Villas o lugares donde ha estado la División y Guerrilla, ha habido saqueo y robo, dijo:
que sí ha habido saqueo y robos por los excesos de la tropa en la Villa del Rosario, San José y sus recintos, pero
no con orden ni licencia del jefe de la expedición, por el contrario le consta., pues habiendo llegado a noticia
del dicho jefe los desórdenes, hizo recoger la tropa, e impuso graves penas a los que robaran; que
particularmente puede decir de oídas que en la Hacienda de Don Juan Agustín Ramírez, en Las Tapias, había
saqueado su casa la partida de guerrilla del Comandante Casas, y que en la Villa del Rosario por orden del
Comandante Lizón se habían sacado de la Iglesia unos baúles que se llevaron en casa

[Folio 401]

de dicho Comandante, de los cuales hizo éste entregar a Doña Josefa Rangel, y Doña María de Jesús Santander,
su hija, la ropa de uso perteneciente a estas señoras según ha oído decir, no porque lo vio. Preguntado qué
otros excesos de consideración, sabe o ha oído decir cometido por las tropas y guerrillas de dicha División, y en
cuanto a la conducta de los jefes y oficiales, tanto con la tropa como con el comportamiento de sus personas,
dijo: que los que sabe, y ha oído, ya los tiene referidos y que en cuanto al cumplimiento de la tropa, ha oído
decir que el Sargento Dn. José María Montenegro se quejaba de haberle dado un bofetón y puesto en el Cepo
el Comandante Lizón, y que a un voluntario de La Grita y un paisano, les iban a castigar con azotes en público
por el robo y venta de unos cartuchos, pero que este último hecho, según oyó decir fue providencia del
ayudante Cepeda, que a la tropa desde el tiempo que el declarante llegó a la División, solo se le han dado
cuatro reales de gratificación a todos aquellos que entraron en acción el día diez y ocho, la ración diaria, y a
más ha oído decir que se le están haciendo calzones para vestirlos, que es cuanto puede decir de la pregunta.
Preguntado dónde se halla el Capitán Dn. Bartolomé Lizón, su subteniente ayudante Dn. José Cepeda, Dn.
Alfonso Casas, Dn. Ignacio Salas y Rafael Peralta, dijo: que el Comandante Lizón y su ayudante Cepeda están en
Cúcuta, Dn. Alfonso Casas y Dn. Ignacio Salas en la Parroquia de San Cayetano, y de Rafael Peralta no sabe el
paradero. Que no tiene qua añadir ni quitar a esta su declaración, siéndole antes leída, por estar bien escrita, y
la verdad bajo el juramento que tiene hecho, en que se afirmó y ratificó; dijo ser de edad de treinta y siete años
y lo firmó con dicho señor y el presente Escribano. Jaime Moreno - Juan Balanzó - Ante mi, Juan Nepomuceno
Belén - Escribano.

DECLARACION DEL SOLDADO DOLORES QUINTERO

En el mismo día, mes y año, el referido señor Coronel, Sargento Mayor, hizo, traer a su presencia a Dolores
Quintero que se halla arrestado en la Prevención de pardos, a quien ante el presente escribano hizo levantar la
mano derecha y -Preguntado: juráis a Dios y prometéis el Rey, decir verdad en lo que os voy a interrogar dijo: sí
juro. Preguntado su nombre, empleo y dónde se hallaba el diez y ocho de octubre último, y siguientes hasta su
venida a esta ciudad, dijo llamarse Dolores Quintero, soldado Miliciano del Cuerpo Pardos de esta Plaza; que el
diez y ocho de octubre porque se le pregunta estaba en el Llano de Carrillo de los Valles de Cúcuta con la parte
de tropa que estaba allí de su cuerpo de milicias de pardos, y en la División del mando del Capitán del
Regimiento de Puerto Rico Don Bartolomé Lizón, la que siguió siempre hasta el día catorce de noviembre
último que se separó de ella desertado para venirse a presentar como lo ha hecho a esta ciudad y cuerpo.
Preguntado si se halló en la acción que dio la División del Comandante Lizón a los insurgentes en el Llano de
Carrillo el diez y ocho de octubre último, si se ganó, si se hicieron prisioneros, cuántos y dónde se hallan, dijo:
que se halló en la acción porque se le pregunta, la que ganaron nuestras armas completamente; que se
hicieron treinta y nueve o cuarenta y nueve prisioneros, que no está fijo en el número; que de éstos solo existe
el religioso franciscano cuyo nombre ignora y también un tamborcito que hicieron prisionero, los demás ya no
existen pues en aquel mismo día fueron ajusticiados

[Folio 402]

a balazos y sablazos a la orilla del monte del Llano, a excepción de cuatro que no murieron en aquel acto,
porque al irlos a matar dijeron que ofrecían entregar a Pamplona con sus riquezas y también la artillería que
tenían enterrada, que de los dichos cuatro sabe los nombres de tres, y son Dn. Domingo Peralta, Dn. Eduardo
Fortoul y un Dn. Fulano Cañete, que después murieron, como dirá en su lugar, y que esto lo sabe porque a todo
estuvo presente, y pasó como sigue: todos los prisioneros hechos en la acción y después de ella se llevaban y
entregaban a la Guardia de Prevención que aquel día la mandaba el Cadete Don Esteban Villamil que hacía de
oficial; el declarante fue nombrado en una partida de los de su cuerpo, cuyo Cabo era José Antonio Moreno, y
el Sargento que la mandaba Felipe Parra; dicha partida vino a la inmediación de la Guardia de Prevención; y
ésta, le entregó (ignora de orden de quién, ni lo que antecedió) treinta y ocho o cuarenta y ocho, que no tiene
presente para decir de los dos, el número con certeza, excluso el Padre religioso franciscano, el que quedó en
dicha Guardia de Prevención, y acompañados del ayudante Dn. José Zepeda, los llevaron a la orilla del monte y
allí los mataron, a excepción de los cuatro, como tiene dicho, cuya ejecución se suspendió por entonces; que
cuando los estaban matando, vino un Dn. Juan, soldado de Cazadores de Puerto Rico a ver el espectáculo, y
ayudó a matar; poco después llegó también un Don Ignacio Salas acuchillando los muertos y a los que daban
señal de estar aun vivos; que en aquel mismo día, hizo noche la División en el Paraje que llaman Los Baos
viniendo para la Villa del Rosario y en la misma noche murieron a sablazos el Cañete, el Dn. Domingo Peralta,
D. Eduardo Fortoul y el otro cuyo nombre ignora, y de quien ya tiene dicho se suspendió la ejecución por lo que
ofrecieron en el acto de matarlos aquel día, los que vio muertos el que declara por la mañana del día siguiente,
como también a otros siete que estando ya formada la División para marchar a la Villa del Rosario, los sacaron
atados, que ignora sus nombres, y sí le consta que murieron porque al pasar en la División, los vio muertos a la
orilla del camino en un zanjón. Preguntado si posterior al día de la acción hubo otras muertes de presos, y en
tal caso exprese circunstanciadamente los hechos según los sepa, diga también si hubo o no saqueo y robos,
dijo: que el día que llegaron a San José de Cúcuta, que le parece fue a los tres o cuatro después de la acción del
diez y ocho, o fue aquel día, o muy temprano del siguiente, hubo degüello de prisioneros en la Cárcel, y que
esto lo sabe porque habiéndolo oído decir, se fue a la Cárcel y vio hasta seis acuchillados, entre los cuales
conoció a Mariano Quintero, que el Cabo de la guardia de dicha cárcel era Candelario Portillo de la guerrilla de
Don Alfonso Casas, que podrá dar razón de si fueron más, quien los mató, y quien los mandó matar; que
también ha oído decir que en otros días han llevado presos a la cárcel y los han muerto, y que sabe que en la
cárcel, una noche a las diez, Toribio Moreno mató a Cornelio Cortés, alias Carapo, pero que ignora de orden de
quién, lo que él dirá; que esto es cuanto sabe en cuanto a muertes, y por lo que se le pregunta acerca de
saqueo y robos, se vio en El Rosario que la tropa desordenada saqueaba y robaba algunas casas hasta que
llegando a noticia del Comandante Lizón estos excesos, mandó recoger la tropa y dio órdenes muy estrechas
con penas graves para contenerlas, como se logró. Que no tiene que añadir ni quitar a esta su declaración,
leída que le fue por ser la verdad bajo el juramento hecho, con lo que se afirma y ratifica, dijo ser de edad de
como veinte y dos o veinte

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y tres años, y por no saber escribir hizo una señal de la cruz y lo firmó dicho señor y el presente Escribano -
Jaime Moreno - Cruz • Juan Nepomuceno Belén - Escribano.

DECLARACION DEL SOLDADO JUAN CAMACHO

En el mismo día, mes y año el nominado señor Coronel, Sargento Mayor hizo traer a su presencia a Juan
Camacho, el cual se halla arrestado en la Prevención de pardos, a quien ante mí el presente Escribano hizo
levantar la mano derecha, y: Preguntado: juráis a Dios y prometéis al Rey decir verdad en lo que os voy a
interroga,- dijo, sí juro: —Preguntado su nombre, empleo y dónde se hallaba el diez y ocho de octubre último y
siguientes, hasta su venida a esta ciudad, dijo llamarse Antonio Camacho, soldado miliciano del cuerpo de
pardos de esta ciudad, y que el diez y ocho de octubre porque se le pregunta, se hallaba en el Llano de Carrillo
de los Valles de Cúcuta en la tropa de su cuerpo que está en la División al mando del Capitán del Regimiento de
Puerto Rico, Dn. Bartolomé Lizón, de la que no se ha separado hasta el quince de noviembre próximo pasado
que desertó para venirse a presentarse, como lo ha hecho, a esta ciudad y cuerpo. Preguntado si se halló en la
acción de ese día en los Llanos de Carrillo, quién la ganó, si se hicieron prisioneros, cuántos y dónde se hallan,
dijo que sí se halló en dicha acción, la que ganaron nuestras armas a los insurgentes completamente; que sí se
hicieron prisioneros, que por la cuenta que saca, le parece que fueron veinte y ocho, pues a dos por hombre
que les tocaron a cada uno de los de la Guardia que los llevó a matar, siendo estos doce soldados, un Cabo y un
Sargento, salen veinte y ocho sin contar con un religioso franciscano cuyo nombre ignora y un tamborcito; que
los prisioneros que después de la acción se iban haciendo, los llevaban a la Guardia de Prevención, la que
mandaba aquel día el Cadete Don Esteban Villamil que hace de oficial; que dichos prisioneros ya no existen,
pues aunque cuatro de ellos nombrados los tres Cañete, Peralta y Don Eduardo Fortoul y el cuarto no sabe su
nombre, no murieron en aquel acto porque en él ofrecieron entregar a Pamplona, doce piezas de artillería que
tenían enterradas, y cuatro cargas de dinero, murieron después como le dirá a su tiempo; que el declarante fue
uno de los doce soldados de Pardos que con su Cabo José Antonio Moreno, y el Sargento Felipe Parra, fueron
nombrados para ejecutar las muertes en los expresados prisioneros para lo que su Sargento Parra recibió la
orden de su Comandante Lizón, y como se la mandó de palabra, no la quiso obedecer hasta que mandó parte
con el Cabo Moreno que también la trajo y entonces recibió los presos referidos menos el religioso franciscano,
y llevados al fin del Llano y orilla de monte los mataron como lleva dicho, ayudándoles un Don Juan, soldado de
Cazadores de Puerto Rico que se apareció por allí; un soldado de la guerrilla de Matute nombrado Samacario, y
últimamente Don Ignacio Salas que anduvo a sablazos con los muertos, y ayudó a acabar aun a los que estaban
vivos; que también estaba allí, aunque no permaneció en toda la ejecución, el ayudante del Comandante,
Subteniente Don José Zepeda; que aquella noche durmió la División en el paraje que llaman Los Baos, en
donde, y según le han dicho, a media noche mataron a sablazos a los cuatro: Cañete, Peralta, Fortoul y el otro
que no sabe su nombre, los que vio por la mañana muertos aunque ignora quién fue el ejecutor, ni de orden de
quién, que esa misma mañana cuando estaba ya formada la División para marchar a la Villa del Rosario, Don
Ignacio Salas con una Guardia, en la que iban José María Briñez, miliciano pardo y el soldado de la guerrilla de
Matute nombrado Samacario, sacó siete prisioneros atados que se habían presentado

[Folio 404]

allí en Los Baos, y llevándolos a un lado del camino en un zanjón los mataron a balazos, lo que vio cuando los
estaban matando al pasar con la División. Preguntado si posterior al día de la acción, hubo otras muertes de
prisioneros, o presentados, y en tal caso diga circunstanciadamente los hechos según los sepa, diga también si
hubo o no saqueo y robos, dijo: que después que la División fue a la Villa de San José, que le parece que fue
unos tres o cuatro días después de la acción, a el que declara le pusieron por enfermo de un pie, que hasta
ahora lo está, de cuartelero, por lo que no podía salir a la calle y así es que no puede dar razón de las muertes
que dicen que hubo en dicho San José, pero que oyó decir que varios días habían matado en la Cárcel
prisioneros y que puede asegurar que por estar tan inmediato su cuartel a la cárcel oyó algunas veces ayes y
lamentos de los que morían. Que en cuanto a si hubo saqueos y robos, sabe que en la Villa del Rosario luego
que entraron se desordenaron las tropas y cometieron algunos robos, pero no por orden ni licencia del
Comandante Lizón, el que luego que lo supo recogió la tropa y dio órdenes muy estrechas para impedirlo. Que
también sabe, porque lo vio, que de la Iglesia de la Villa del Rosario se sacaron como doce baúles (le parece
que serían) los que se llevaron a la casa del Comandante Lizón; que de ello ha oído decir dio el dicho
Comandante Lizón la ropa de su uso a unas señoras que no sabe sus nombres; que no tiene más que decir
sobre el particular, que lo expuesto es la verdad a cargo del juramento hecho en que se afirmó y ratificó leída
que le fue, dijo ser de edad de veinte y cuatro años, por no saber escribir hizo una señal de Cruz, y lo firmó
dicho señor y el presente Escribano - Jaime Moreno - Cruz -Juan Nepomuceno Belén - Escribano.

DECLARACION DEL SOLDADO LEONARDO MILLAN

En quince del mismo mes y año el nominado señor Coronel, Sargento Mayor, hizo traer a su presencia a
Leonardo Millán el cual se halla arrestado en la Prevención de pardos a quien ante mí el presente Escribano le
hizo levantar la mano derecha, y —Preguntado: juráis a Dios y prometéis al Rey decir verdad en lo que os voy a
interrogar, dijo: si juro. Preguntado su nombre, empleo y dónde se hallaba el diez y ocho de octubre último y
siguientes hasta su venida a esta ciudad, dijo llamarse Leonardo Millán, soldado Miliciano del Cuerpo de Pardos
de esta ciudad; que el diez y ocho de octubre último, se hallaba en el Llano de Carrillo en la tropa de su cuerpo
que está en la División que manda en jefe el Capitán de Cazadores de Puerto Rico Dn. Bartolomé Lizón, la que
siguió hasta el día veinte y cuatro de octubre, que se separó de ella en San José de Cúcuta desertándose para
venirse a presentar en esta ciudad y cuerpo: Preguntado si se halló en la acción que en dicho día dio la División
de Lizón a los insurgentes en el expresado Llano de Carrillo, quién la ganó, si se hicieron prisioneros, cuántos, y
si los hubo dónde se hallan, dijo: que se halló en la acción, la que ganaron nuestras armas completamente; que
se hicieron treinta y nueve entre prisioneros y presentados, y también un religioso franciscano, y un
tamborcito, los que se ponían en la Guardia de Prevención que mandaba aquel día el Cadete Dn. Esteban
Villamil habilitado de oficial; que después de acabada la acción nombraron a su Sargento Felipe Parra, con el
Cabo José Antonio Moreno con doce hombres todos de su cuerpo de Pardos, y esta Guardia o partida, (de cuyo
número era el que declara) se dirigió a las barracas donde estaban los heridos en medio del Llano, e inmediatos
a la Guardia de Prevención de Villamil, y estando allí a cosa

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de una hora poco más o menos, el Comandante de la Guardia de Prevención, entregó a su Sargento Parra los
treinta y nueve prisioneros, pero no el religioso franciscano ni el tambor (no sabe de orden de quién, ni lo que
precedió) y dándole cuatro soldados más de los de pardos, llevaron los prisioneros referidos hasta la orilla del
monte, donde los arcabucearon, ayudándoles a la ejecución un Dn. Juan, soldado de Puerto Rico, ordenanza
del Comandante Lizón, que se apareció allí, como también Dn. Ignacio Salas de la Guerrilla de Casas; que
anduvo a sablazos con los muertos y medio vivos; que también vio cuando estaban en la matanza al Ayudante
Dn. José Zepeda, que fue el que mandó a su Sargento el que suspendiere pasar por las armas a Dn. Domingo
Peralta, un Cañete, Dn. Eduardo Fortoul y a Dn. Benigno Amado, que fueron los que por entonces no murieron
en el acto, porque éstos ofrecían entregar a Pamplona, artillería, dinero y pólvora; que en el mismo día se
retiró toda la División e hizo noche en el paraje que llaman Los Baos y allí fue donde aquella misma noche
murieron los cuatro, Peralta, Cañete, Fortoul y Amado, de que ha hablado; que lo sabe porque a la mañana
siguiente los vio muertos de heridas como de sable, y que entre la misma tropa oyó que el ejecutor de estas
muertes había sido el Dn. Ignacio Salas, y lo creyó por lo que el testigo presenció cuando el tocado Salas dijo a
el Peralta, uno de los cuatro (esto fue entre cuatro y cinco de la tarde), ¿conque tú eras el que te querías
coronar de Rey en Pamplona?, yo me desahogaré en tu pescuezo, que ustedes han sido causantes de perder
hasta mi mujer; que el religioso franciscano de que ha hablado estaba entre los cuatro, y puede ser que oyera
estas expresiones, y acaso alguno de los otros de la Guardia, que era de Pardos, de los cuales tiene presentes
los nombres de José Tomás Antúnez, Encarnación Viloria, Juan Ursola y Julián Peña. Que al amanecer del día
siguiente, cuando se formaba la División para marchar a la Villa del Rosario, vio que el Dn. Ignacio Salas llevaba
tres prisioneros, y el que declara dejándole su fusil a un compañero se fue a ver lo que hacía con ellos y vio que
llevándolos a un zanjón, al lado del camino, allí los mató él mismo a sablazos, y que no sabe ni ha oído si ese día
mataron más. Preguntado si posterior a este día, hubo otras muertes de presos y en tal caso exprese
circunstanciadamente los hechos según los sepa, diga también si hubo o no saqueo y robos, dijo: que después
que llegaron a la Villa de San José de Cúcuta, que le parece fue el día veinte y dos del mismo octubre, al
siguiente veinte y tres estando en su cuartel que está pared de por medio con la cárcel, siendo más de las dos
de la tarde, oyó en dicha cárcel ayes y lamentos, y asomándose por el bahareque que descubre el patio, pudo
ver hasta seis prisioneros que mataban Dn. Ignacio Salas, Candelario Portillo y otros de la partida de Guerrilla, a
sable; que de dichos seis sabe los nombres de Don Juan Agustín Ramírez y Mariano Quintero, a quienes

[Folio 406]

conoció; que cree que en la noche de este día mataron también en la cárcel a Cornelio Cortés y que esto, lo
infiere de que al día siguiente veinte y cuatro, antes de desertarse estuvo en la cárcel y lo vio muerto a
cuchilladas, y supo allí que en aquella noche lo hablan llevado preso. Y que esto es lo que puede decir acerca
de muertes porque en el tocado veinte y cuatro se separó de la División desertado. Que por lo que mira a
saqueo y robos, no vio ni supo cosa alguna, solo sí que de la Iglesia del Rosario sacaron de orden del
Comandante Lizón porción de baúles y petacas que el que declara ayudó a cargar y llevarlos todos a la casa
alojamiento del Comandante Lizón, y que aunque oyó a algunas señoras (que no conoció) lamentarse de que
en ellos iban sus ropas de uso, alhajas de oro, y dinero, no sabe si se lo devolvieron, pues él se fue para su
cuartel, e ignora lo que dispuso de todo el Comandante Lizón; que no tiene más que decir sobre el particular, y
siéndole leída esta su declaración, dijo estar bien escrita, y la verdad a cargo del juramento hecho y en que se
afirmó y ratificó, dijo ser de edad de veinte y un años, no firmó por no saber escribir, y sí dicho señor y el
presente Escribano —Jaime Moreno — Cruz — Ante mí - Juan Nepomuceno Belén — Escribano.

DECLARACION DEL MARINO JACINTO GRANADILLO

En dieciséis de los mismos mes y año, el expresado señor Coronel, Sargento Mayor, compareció de orden y
mandato del señor Capitán General, Juez Político de esta Provincia, Jacinto Granadillo, ante dicho señor y el
presente Escribano, y le recibió juramento por Dios, y una señal de Cruz de decir verdad en lo que supiere y le
fuere preguntado, y siéndolo de su nombre y empleo, dijo llamarse Jacinto Granadillo y que siempre se ha
empleado en ejércitos de la mar. Preguntado si ha estado en la División del Capitán de Cazadores de Puerto
Rico Dn. Bartolomé Lizón, con qué destino, y cuándo se separó de dicha División, dijo: que el dos de agosto
último se alistó de soldado voluntario en la partida de Guerrilla al mando de Dn. Aniceto Matute la que salió el
siete del mismo de esta ciudad por Zulia, para los Valles de Cúcuta, y antes de llegar a éstos, por el mes de
septiembre se unió con dicha su partida en la ciudad de La Grita con la División del mando del Comandante Dn.
Bartolomé Lizón con la que siguió dicha partida y subsiste al menos hasta el día diez y ocho de noviembre en el
que el exponente salió de la Villa de San José de Cúcuta, donde la dejó para venirse a esta ciudad con su
pasaporte. Preguntado si se halló en la acción-del diez y ocho de octubre último dada por la División del
Comandante Lizón a los

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insurgentes en el Llano de Carrillo, si se ganó, si se hicieron prisioneros, cuántos, y en tal caso dónde se hallan,
dijo: que se halló en la acción del diez y ocho en los Llanos de Carrillo, la que se ganó completamente por
nuestras armas, que se hicieron prisioneros los que se presentaban, que no sabe cuántos, los que ya no
existen, porque a excepción de un religioso franciscano por quien se interesó con el Comandante Lizón el
Sargento de Pardos Apolinario Bracho para que le perdonase la vida, todos los demás fueron arcabuceados de
orden de dicho señor. Preguntado cómo es que sabe que se mataron todos los prisioneros y presentados en la
acción y después de ella, explicándolo circunstanciadamente, dijo: que porque vio muertos muchos a la orilla
del Llano, y también que los Cazadores del Regimiento de Puerto Rico, a cuantos cogían y se presentaban, y
que no sabe más nada, ni puede dar más razón de lo que se pregunta. En este estado y por más reconvenido
que fue el testigo por el señor Juez para que se explicare, como se le había prevenido circunstanciadamente en
los hechos, no le pudo sacar otra casa. Preguntado si en aquella noche y días siguientes se mataron más
prisioneros o presentados y en tal caso exprese los hechos según los sepa, dijo: que ignora si en aquella noche
se mataron algunos prisioneros o presentados, pero si sabe que al día siguiente por la mañana, cuando
formaba la División (la que hizo noche en una hacienda del paraje Los Baos) para ir a la Villa del Rosario,
sacaron siete de los presentados y los llevaron a la orilla de camino, y en un zanjón inmediato los mataron; que
no conocía los que los llevaban, y que sabe que murieron porque los vio muertos; habiendo ido por curiosidad
a verlos antes de salir de marcha con la División; que en El Rosario no sabe que hubiese muertes, pero que
después que fueron a la Villa de San José, que le parece fue a los tres días después de la acción, oyó decir allí
que en varios días habían ajusticiado dentro de la misma cárcel a varios, que ignora el número ni quienes
fueron, pero que fuera de la cárcel, el que declara presenció la mañana en que Rafael Peralta (seria de nueve a
diez) asesinó a D. Onofre Bonilla y a otro que, no conoció, lo que pasó en los términos siguientes: el declarante
en compañía de Crisóstomo Guirla y de Dn. Nepomuceno Ureña estaban en una pulpería de guarapo en la calle
de la carnicería, desde donde vio que dicho Rafael Peralta, que se hallaba en otra, casi enfrente, al pasar por la
calle el dicho

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Bonilla, lo llamó y mandó que fuese con él y a pocos pasos al volver la esquina, lo mató a sablazos, y
seguidamente volvió a la pulpería de donde había salido, de la que sacó a el otro, que ya tiene dicho no conoció
y en el mismo lugar donde estaba el Bonilla muerto, mató también al dicho, y siguió por la calle diciendo: vayan
a ver aquellos dos novillitos pardos que están allí muertos; y que esto es cuanto sabe de muertes. Preguntado
si después de la acción del diez y ocho citado hubo en la Villa del Rosario, en la de San José u en otros lugares,
saqueo o robos, dijo: que en la Villa del Rosario vio que de la Iglesia sacaron porción de baúles y que los
llevaron a la casa de la niña Concha; que el número de los baúles eran nueve, los que estaban en un cuarto de
la iglesia y en la puerta se les entregaban a tres negras que los cargaron y llevaron a casa de la dicha Concha.
Que en San José también se sacaron baúles y otros trastos de las casas de los que se decían insurgentes y todo
lo llevaban a la en que vivía el Comandante Lizón; que también hubo algunos excesos de robo entre la tropa,
pero luego que lo supo el Comandante Lizón los contuvo y dio órdenes fuertes con penas para evitarlos. Que es
cuanto sabe, y que no tiene que añadir ni quitar a esta su declaración, siéndole antes leída, por ser la verdad a
cargo del juramento que tiene hecho en que se afirmó y ratificó, dijo ser de edad de veinte y ocho años, y por
no saber escribir, hizo una señal de cruz y lo firmó dicho señor y el presente Escribano - Jaime Moreno - Cruz -
Ante mí - Juan Nepomuceno Belén Escribano.
DECLARACION DEL COMERCIANTE ANTONIO VESGA

Incontinente el nominado señor Coronel, Sargento Mayor, compareció de orden y mandato del señor Capitán
General, Juez Político de esta Provincia, D. Antonio Vesga, ante dicho señor y el presente Escribano, y le recibió
juramento por Dios y una señal de Cruz decir verdad en lo que supiere y le, fuere preguntado, y siéndolo de su
nombre y empleo, dijo: llamarse Dn. Antonio Vesga, que es del comercio de los Valles de Cúcuta. Preguntado al
tenor de las citas que se le hacen en este sumario por el primer testigo a folio 3 la una, y por el quinto a la
nueve, que copiadas a la letra son como siguen: "Primera. Que sabe porque se lo ha dicho Dn. Antonio Vesga,
su cuñado, que el veinte y uno del tocado octubre (último) a su presencia, el miliciano Rafael Peralta, mató a
Dn. Onofre Bonilla y que habiendo dicho Vesga dádole parte al Alcalde Dn. Francisco Salas, éste se fue a la casa
de Da. Agustina Ramírez donde estaba Lizón a quien impuso de la referida

[Folio 409]

muerte, y de ser injusta por ser constante que el Bonilla nunca fue insurgente, y sí siempre muy realista, y
llamando el Lizón al Peralta y héchole cargos de la muerte, contestó que lo había matado porque le habían
dicho que era insurgente y el resultado fue que el expresado Peralta quedó libre. Segunda: que en cuanto a
saqueo y robo, solo puede decir que al día siguiente de la acción de Carrillo entraron en San José, donde se
hallaba el que declara varios individuos pertenecientes a la División del Comandante Lizón, y observó que
cuatro soldados y un Cabo de los voluntarios de La Grita y Lobatera, y también el soldado veterano desertor
José de los Dolores Quintero acompañaban a Dn. Antonio Vesga, y a otro no conoció entrando en las casas de
los principales insurgentes, como fueron las de Dn. Pedro Santander, Dn. Pedro Soto, Dn. Juan Agustín Ramírez,
Joaquín Castro, Dn. José María Pérez y otras que no conoce, de las que sacaban baúles, colchones y otros
trastajos que le parece apuntaban en un cuaderno que tenía dicho Dn. Antonio Vesga en la mano, pero que no
cuidó de saber dónde era que lo llevaban. Y bien impuesto, de una y otra, a la primera dijo: que por el Sacristán
Francisco Moros, y el hijo del difunto Bonilla, supo que a éste le acababa de matar Rafael Peralta y sintiendo
que Io hubiera hecho con un hombre que el declarante y todo San José tenía por fiel a la justa causa, buscó al
Alcalde D. Francisco Salas y le dio parte del asesinato, y sabe el declarante (no porque lo presenció) que dicho
Alcalde dio parte y se quejó de este hecho al Comandante Lizón, y que pasó lo demás que dice la cita, lo que
sabe porque su mujer Da. Josefa Cangas estaba presente cuando el referido Alcalde habló al Comandante Lizón
en el particular. Que por lo que toca a la segunda cita, el quinto testigo bien impuesto de ella, dijo: que lo que:
habló fue, que el día que dice la cita, el Alcalde de San José, Dn. Francisco Salas llamó a Dn. Rafael Calderón, y
al que declara y los comisionó con guardia que les dio de la tropa que él tenía allí, para que inventariasen de las
casas de los insurgentes todo lo que encontrasen en ellas, como en efecto así se hizo, y este es el cuaderno que
dice el citante vio al que declara en la mano, el mismo que concluido el inventario entregó al Calderón, como
primer comisionado, quien dará razón de su paradero. Que las alhajas y bienes de más valor se llevaron a la
casa del dicho Calderón y lo demás como sillas, mesas, etcétera quedaban en las mismas casas, las que se
cerraron, encargándose de sus llaves al Calderón; que después, le parece que fue el día veinte y dos cuando
entró toda la División del Comandante Lizón en San José, la tropa desordenada, saqueó y robó estas mismas
casas forzando las puertas y lo mismo hacían en toda la Villa; que la casa del declarante se escapó, porque
queriendo entrar dos soldados armados de bayoneta, el Teniente Dn. Lorenzo Cangas, su cuñado que estaba en

[Folio 410]

ella, los contuvo pidiéndoles la orden. conque lo hacían, a lo que contestaron que era verbal de su Comandante
Lizón, y llevándolos a la presencia de éste, por ser falso los puso presos. Que esto es cuanto sabe, que no tiene
que quitar, ni que añadir a esta su declaración, leída que le fue por ser la verdad a cargo del juramento hecho
en que se afirmó y ratificó, dijo ser de edad de treinta y dos años y lo firmó con dicho señor y el presente
Escribano. - Jaime Moreno - Antonio María Vesga - Ante mí Nepomuceno Belén - Escribano.
TESTIGOS QUE NO PUDIERON DECLARAR

En dicho mes y año el expresado señor Coronel Sargento Mayor, Juez Fiscal, para evacuar las declaraciones del
Sargento de Veteranos Juan Larrazábal, miliciano Pardo Bartolo Churio, citador, y de Candelario Portillo y Pablo
Candela soldados de la Guerrilla de Dn. Alfonso Casas, que han venido a esta ciudad, mandó se buscasen estos
individuos y practicada la diligencia por el presente Escribano, ha resultado que el Sargento Larrazábal y el
miliciano Bartolo Churio están gravemente enfermos en sus casas, en términos de no poder declarar y que
Candelario Portillo y Pablo Candela que habían venido a esta ciudad, han vuelto a salir de ella a diligencias
propias, y para que conste por diligencia lo firmó dicho señor y el presente Escribano, de que doy fe Moreno -
Ante mí - Juan Nepomuceno Belén - Escribano.

CALIFICACION DEL SUMARIO POR EL INSTRUCTOR

Señor Capitán. Por las declaraciones tomadas a cuantos testigos han podido ser habidos en esta ciudad que
pudieren haber dado alguna razón de los excesos de consideración, cometidos por las tropas y Guerrillas del
mando del Capitán Segundo de Cazadores del Regimiento de Puerto Rico, Dn. Bartolomé Lizón en la acción del
Llano de Carrillo, en los Valles de Cúcuta el diez y ocho de octubre último y los siguientes, se deduce que los ha
habido de mucha consideración y también que los responsables son, el dicho Comandante Capitán Dn.
Bartolomé Lizón; el de la Guerrilla Dn. Alfonso Casas; Dn. Ignacio Salas (uno de los Cabos de ésta), Rafael
Peralta; un Dn. Juan, soldado Cazador del Regimiento de Puerto Rico, Ordenanza del Comandante Lizón; y el
Subteniente de dicho Regimiento Dn. José Zepeda, a quien se indica en el vicio de embriaguez, y de castigar la
tropa indecorosamente contra ordenanza; ninguno de los expresados se halla en esta ciudad, y sí todos en los
Valles de Cúcuta, en sus respectivos empleos y encargos; tampoco hay aquí otros testigos que puedan declarar:
este sumario instructivo iniciado, pide por la gravedad de su resultado, y personas que en él se sindican, que se
eleve a proceso, el que ha de sentenciarse por un Consejo de Guerra a Oficiales Generales: su substanciación
ha de hacerse en los Valles de Cúcuta donde está la División del Comandante Lizón, los testigos presenciales de
los hechos y los citados; este es mi parecer, y sobre el cual y en cuanto a prisiones podrá entenderse con su
ilustración y acierto conocido el Auditor de Guerra

[Folio 411]

si Ud. tiene a bien consultarlo. Maracaibo, diez y siete de diciembre de mil ochocientos trece - Jaime Moreno.

TRASLADO AL MARISCAL MIYARES

En dicho día, mes y año, el señor Coronel, Sargento Mayor en vista de estar concluidas estas declaraciones
instructivas, pasó acompañado de mí el Escribano a la casa del señor Capitán General de esta Provincia,
Mariscal de Campo Dn. Fernando Miyares (18) a entregarlas a S. Sa. compuestas de veinte y una hojas útiles sin
la cubierta, y una blanca; y de haberse así ejecutado la firmó dicho Señor, de que doy fe. Moreno - Ante mí -
Juan Nepomuceno Belén - Escribano - Maracaibo, diez y ocho de diciembre de mil ochocientos trece. Consulte
el Señor Auditor de Guerra Interino Dr. Dn. Andrés María de Manzano - Miyares.

SE SOLICITA EL RELEVO DE LIZON Y SU PANDILLA

Señor Capitán General. Por el mérito que muestra este proceso, me parece que V. S. para su prosecución, que
juzgo interesante, se sirva mandar relevar sin pérdida de tiempo, y con precauciones necesarias al Capitán Dn.
Bartolomé Lizón; a D. Alfonso Casas; Dn. Ignacio Salas; Rafael Peralta; al soldado Juan, cazador del Regimiento
de Puerto Rico, Ordenanza de Lizón; y al Subteniente de dicho Regimiento Dn. José Zepeda, y que vengan a
esta para que con la libertad necesaria, se evacúen las citas en los Valles de Cúcuta, y se devuelva el proceso
para su conclusión en ésta. Maracaibo, cuatro de enero de mil ochocientos catorce. Dr. Dn. Andrés María de
Manzano.

CONCEPTO DEL MARISCAL MIYARES

Maracaibo, seis de enero de mil ochocientos catorce. Como parece al asesor, y para su cumplimiento respecto
al delicado estado de tal cosa, como de las providencias de que se debe usar para el efecto, se tomarán las
precauciones más disimuladas y según lo vaya proporcionando la ocasión. Fernando Miyares.

DECLARACION DEL EX-ALCALDE DE CUCUTA VICENTE NAVARRO

Juan Nepomuceno Belén, Cabo 19 de la Sexta Compañía del Batallón Veterano de esta Plaza y autorizado por
las reales Ordenanzas para actuar de Escribano en la declaración tomada por el Señor Coronel D. Jaime
Moreno, Sargento Mayor de dicho Batallón a D. Vicente Navarro, vecino de la Villa de San José de Cúcuta, por
comisión del Señor Capitán General de esta Provincia sobre la retirada del Capitán Don Bartolomé Lizón,
Comandante de la División que se hallaba en dicha Villa y demás acaecido en ella, Certifico: que lo actuado en
dicha declaración es lo siguiente: En la ciudad de Maracaibo a los diez y ocho días del mes de febrero de mil
ochocientos catorce, yo el Coronel Dn. Jaime Moreno, Sargento Mayor del Batallón Veterano y ejerciendo las
funciones del de Plaza, en cumplimiento de la orden verbal del señor Capitán General, Mariscal de Campo Dn.
Fernando Miyares para que tome declaración a Don Vicente Navarro, Alcalde de la Villa de San José de Cúcuta
acerca de los motivos de su venida; donde dejó y se halla con su División el Comandante de ella, Capitán Dn.
Bartolomé Lizón, y lo más que haya ocurrido en dicho San José, y demás lugares de Cúcuta, poco antes de su
salida, y noticias que haya tenido en su viaje hasta aquí en los particulares referidos; para proceder a recibir
esta declaración, nombro al Cabo 1º de la Sexta Compañía del mismo Batallón Juan Nepomuceno Belén para
que ejerza el empleo de Escribano; y habiéndole advertido de la obligación que contrae, acepta, jura y promete
guardar sigilo y fidelidad en lo que actúe y para que conste lo firmó conmigo: Jaime Moreno - Juan
Nepomuceno Belén. Incontinente, el expresado Señor Coronel y Fiscal, hizo comparecer a su presencia a Dn.
Vicente Navarro, a quien ante mí el Escribano le recibió juramento que hizo según derecho por el cual ofreció a
Dios por una señal de Cruz, decir verdad en lo que supiere, y fuere preguntado, y siéndolo de su nombre,
empleo y vecindario, dijo llamarse Dn. Vicente Navarro, Alcalde constitucional de la Villa de San José de Cúcuta;
y que es natural de la ciudad de Girón. Preguntado al tenor del auto que está por cabeza, y que diga lo que
sepa, le conste y haya oído decir en los particulares que en él se contienen, bien impuesto de él, dijo: que
después de los muchos riesgos en que se ha visto por seguir la buena causa, emigrando de su patria (Girón)
después de Santa Marta, cuando entraron en esta ciudad los insurgentes, siempre escondido y perseguido,
luego que supo que se aproximaban a Cúcuta las tropas enviadas por esta capital de Maracaibo, y cuando
llegaron las expresadas al mando del Capitán Dn. Bartolomé Lizón a la Villa del Rosario, se presentó a éste, con
quien comió aquel día y siguió al siguiente a San José, donde el mismo día le nombró de Alcalde de aquel
territorio, en el que se hallaba ya ejerciendo igual empleo Dn. Francisco Salas, hasta enero próximo pasado que
se hicieron nuevas elecciones, que no duraron mucho dice, pues el Lizón quitó a su arbitrio a Dn. Diego Rivera,
nombrado y puso de nuevo al que declara; que antes de un mes de esto, no habiendo conseguido el que
declara carne fresca para la División y sí presentándole toda la necesaria salada, sin otro motivo, usando de sus
gruesas expresiones le hizo poner en el cepo, en compañía del hijo mayor de Dn. Juan Nepomuceno Rivera,
proveedor, cuyo nombre ignora; que a empeño de uno de los Comandantes de las Guerrillas, Dn. Alfonso
Casas, y de el Vicario de aquella Villa, le puso en libertad aquel mismo día, que esto ya fue próximo a
emprender el dicho Lizón su salida, para la que él declara, por su orden, le aprontó sobre cíen mulas, y treinta
reses mayores, que le pidió, diciéndole a más, por un oficio que para en poder de Dn. Domingo Loneyra, y tenía
órdenes reservadas de este Señor Capitán General para ir a Estación Mérida, cuya marcha emprendió el día
veintiséis o veintisiete (le parece) del próximo pasado enero, llevándose toda su tropa, que serían como unos
ciento cincuenta hombres, y a más toda la Guerrilla de Dn. Aniceto Matute, que se compondría de unos
trescientos hombres y esto es sin contar con los veinte de tropa que con anticipación y por enfermos se habían
enviado a La Grita, y cincuenta soldados de Caballería bien montados y uniformados, dejando en San José de
Cúcuta a Dn. Alfonso Casas con la Guerrilla de cerca de doscientos hombres armados con ciento siete fusiles,
de los cuales podían contarse como unos setenta útiles. Que en cuanto a noticias de enemigos, lo que se sabe
es que unos días antes de la salida del Comandante Lizón se mantenían en San José de Cúcuta como unos
setecientos hombres, según noticias confidenciales pero con pocas armas de fuego, contenidos por el temor de
muchas Guerrillas que se hallaban en Pamplona, y tan temerosos ser atacados que no tenían allí las familias ni
la artillería la que habían colocado en las alturas del sitio de Los Santos, distante de allí como medio día de
camino hasta que habiendo mandado el enunciado Lizón retirar las Guerrillas de Pamplona entraron en esta
ciudad los insurgentes, sobre cuyo número se ha hablado con mucha variedad hasta el dos mil, que no cree,
pues juzga que aun no sean los setecientos, y mucho más cuando sabe que todos los pueblos inmediatos a
Pamplona estaban por nosotros, deseosos y esperando que se avanzase atacando a Lizón, y en el mismo día ya
se supo que los enemigos habían adelantado a Chopo (19) una avanzada de doscientos hombres, y con esta
noticia se le despachó un expreso que le alcanzó en la Parroquia de San Antonio, y al día siguiente se le repitió
el aviso, el que recibió en Capacho, pero ni al uno ni al otro contestó, ni menos volvió para atrás, solo sí mandó
quince hombres de caballería con su Teniente Dn. José Carriedo, para que le llevasen presos a los dos Alcaldes
(el que declara uno de ellos), y al cirujano Dn. Antonio Porcel a pretexto de tratar asuntos reservados con
encargo de que también le llevasen veintisiete fusiles que había dejado allí y que no se le enviaron, porque se
distribuyeron en la Guerrilla de Dn. Alfonso Casas; que el que declara y el Cirujano Porcel temerosos de las
tropelías de Lizón conque procede tan voluntariosamente, en aquella misma noche que fue el primero del
corriente, se profugaron hacia esta ciudad, a la que aún no ha llegado dicho Porcel por venir cuidando los
enfermos que dejó allí abadonados Lizón; que el día de su salida, quedaba la Guerrilla de Casas en San José,
porque el mismo día en que el que declara llegó a San José de las Palmas, llegó también a poco uno de los
soldados de esta Guerrilla con la noticia de haber tenido ataque con los enemigos en la ciudad de San Faustino
con pérdida nuestra de 3 hombres, y 11 de los contrarios y que dicha Guerrilla venia en retirada con destino al
Zulia, y por último cuanto le queda que decir es que le consta que la tropa de la División de Lizón estaba
disgustada porque no se le socorría con su prest, pero que ignora por qué no la haría dicho Lizón, pues el que
declara le entregó de los cacaos que le mandó vender la cantidad de dos mil y pico de pesos y a más tenía a su
disposición los productos del estanco de aguardiente, los de Real Hacienda en sus distintos ramos, que todo
producía bastante dinero, sin contar con sesenta y seis muletos que en su retirada ha llevado para vender en La
Grita y camino; y que los pueblos, los caminos y las playas de los ríos estaban llenas de familias emigradas
huyendo al enemigo y pasando innumerables trabajos que movían a compasión, dijo estar bien escrita y la
verdad de lo que sabe bajo la religión del juramento que hecho tiene, en que se afirma y ratifica expresando
ser de edad de cuarenta años y lo firmó con el señor Fiscal, y presente Escriba-no. Jaime Moreno - Vicente
Navarro - Ante mí - Juan Nepomuceno Belén - Escribano.
Inmediatamente el expresado Señor Coronel, Mayor Dia Jaime Moreno, habiendo tomado la precedente
declaración, con lo que queda evacuada su comisión, pasó acompañado de mí, el Escribano e le casa del Señor
Comandante General de esta Provincia. Mariscal de Campo Dn. Fernando Miyares a entregar lo actuado,
compuesto de dos hojas útiles con la cubierta, y de haberse así ejecutado la firmó dicho señor Mayor de que
doy fe. Moreno - Juan Nepomuceno Belén - Escribano. Y para que conste donde convenga doy la presente de
orden y mandato de dicho señor Juez Comisionado compuesto de dos hojas útiles sin la cubierta rubricadas por
mí el Escribano que firmó Igualmente eI expresado Señor - Moreno - Juan Nepornuceno Belén - Maracaibo,
diez y nueve de febrero de mil ocho-cientos catorce. Agréguese esta declaración en testimonio a las tomadas
en la indagación mandada a hacer con fecha de nueve de diciembre último a que corresponde. Miyares.

DECLARACION DEL HACENDADO CUCUTEÑO RAFAEL CALDERON

En la ciudad de Maracaibo a los veinticinco días del mes de febrero de mil ochocientos catorce, yo el Coronel
Dn. Jaime Moreno, Sargento Mayor del Batallón Veterano y ejerciendo las funciones del de Plaza, en
cumplimiento de la orden verbal del señor Capitán General. Mariscal de Campo Dn. Fernando Miyares, para
que tome declaración a Dn. Rafael Calderón, acerca de los motivos de su venida a esta ciudad; donde dejó y se
halla con su División el Comandante Dn. Bartolomé Lizón, y demás que se sepa del estado de los Valles de
Cúcuta, como también cualquiera otra noticia que haya tenido de los puntos que ocupan nuestras tropas
nacionales y de cuanto conduzca para instruir a S. Sa. de los que deben tenerse por sospechosos en contra de
la buena causa; para preceder a tomar dicha declaración nombro al Cabo 1º de la 6º Compañía de dicho
Batallón Dn. Juan Nepomuceno Belén para que ejerza el empleo de Escribano, y habiéndole advertido de la
obligación que contrae acepta, jura y promete guardar sigilo y fidelidad en cuanto actúe, y para que conste lo
firmó conmigo. Jaime Moreno - Juan Nepomuceno Belén.
Incontinente el expresado Señor Coronel, y Fiscal, hizo comparecer a su presencia a Dn. Rafael Calderón, a
quien ante mi el Escribano le recibió juramento que hizo según derecho por el cual ofreció a Dios por una señal
de la Cruz de decir verdad en lo que supiere y fuere preguntado, y siéndolo de su nombre, empleo y vecindario,
dijo: llamarse Dn. Rafael Calderón, y que es hacendado y vecino de la Villa de San José de Cúcuta. Preguntado
al tenor del auto que está por cabeza, y que diga lo que sepa, le conste y haya oído decir en los particulares que
en él se contienen; bien impuesto de él dijo: que su venida a esta ciudad la motivó la retirada del Comandante
Lizón con su División, a pretexto, según dijo a todos, de ir a atacar a Mérida, y temiendo que el enemigo,
noticioso de esto, viniese a batirse con la corta fuerza que habla dejado allí, cual era la Guerrilla de Dn. Alfonso
Casas, compuesta de como unos doscientos hombres, que solo tendrían noventa fusiles. parte de ellos
descompuestos; que sin embargo, se mantuvo con dicha Guerrilla la que según las órdenes que le había dejado
el nominado Lizón, ocupaba con sus avanzadas los puntos de La Laja y El Infierno hasta doce días después de
haberse retirado el Comandante Lizón, que habiendo mandado el Comandante de la Guerrilla, Casas, una
descubierta, se encontró ésta con el enemigo que venía con dirección a La Laja en número de unos trescientos
hombres, por lo que siendo mayor que el de la Guerrilla mandó el Casas se retirasen las avanzadas y reunidos
se retiró la expresada Guerrilla a San Faustino, y entonces fue que lo hizo el declarante: que el Casas, luego que
supo que el enemigo estaba en Chinácota (un día de Cúcuta) le ofició con tres partes en menos de veinte horas,
avisándole de esta novedad (y esto sería a los nueve o diez días de haber salido Lizón que aun se hallaba en
Táriba) bajo el seguro de que volvería a atacar al enemigo, como le parece que lo había ofrecido, y podrá decir
el Casas, pero se encontró burlado con una sola contestación, en que le decía que él seguía para Bailadores, y
la prevenía que se retirase a Zulia, sorpresa que no poco mal ha causado pues da compasión ver los pueblos y
caminos llenos de mujeres, niños, mozos y viejos emigrados y pereciendo; que ignora en el día donde se hallará
con su División el Comandante Lizón. Que la retirada de éste, de .Cúcuta, la juzga indebida y sin motivo, y lo
funda en que no pudo temer la aproximación del enemigo y mucho menos en número superior cuanto hasta
doce días después de haberse ido, no se acercó éste, y esto es el miserable número de unos trescientos
hombres; que en cuanto a que por faltarle víveres, lo determinase, tampoco, pues le consta al declarante que
aún le sobraban, a más de que el mismo Lizón por más de tres veces le dijo que el Comandante Yáñez desde
Barinas le había ofrecido carnes y todo auxilio que hubiere de menester. Que en cuanto a la pregunta de si
sabe los puntos que ocupan nuestras tropas nacionales, nada le consta, y solo tiene noticia por lo que acaba de
decir le dijo el Lizón que el Comandante Yáñez con sus tropas se hallaba en Barinas cuando el expresante salió
de Cúcuta; y que en cuanto a que diga todo lo que sepa y conduzca para instruir a S. Sa. de los que deban
tenerse por sospechosos en contra de la buena causa, no sabe otra cosa sino es que estando el jefe de
Insurgentes Simón Bolívar en Trujillo, que pasaba por la provincia de Caracas, escribió al otro jefe Brigadier de
Insurgentes Ricaurte, que se hallaba en San José de Cúcuta, diciéndole que tenía el honor de remitirle la
adjunta reservada (carta) de los verdaderos patriotas de la ciudad de Maracaibo, que le habían enviado con los
Gadeas, José de la Rosá y Santiago (los mismos que habían estado aquí presos por insurgentes remitidos desde
Cúcuta por el Coronel D. Ramón Correa); que esta carta la vio el declarante porque la leyó el dicho Ricaurte a
presencia de él, y otros lisonjeándose de tener ya a Maracaibo por suyo, pues los catalanes y otros pocos del
partido opuesto no podrían impedirlo; que lo que contenía la carta reservada no lo declaró el Ricaurte, solo sí
dijo que en ella iban firmados catorce sujetos. Que esto es cuanto sabe de lo que se le ha preguntado, y la
verdad bajo el juramento que hecho tiene; y siéndole antes leída, dijo que no tiene que añadir ni quitar a ella,
por estar bien escrita, y en lo que ha dicho se afirma y ratifica expresando ser de edad de treinta y cuatro años,
y lo firmó con dicho Señor Coronel comisionado y presente Escribano. Jaime Mo-reno - Rafael Calderón - Ante
mí, Juan Nepomuceno Belén, Escribano.
Inmediatamente el expresado Señor Coronel, Mayor Dn. Jaime Moreno, habiendo tomado la precedente
declaración con la que queda vacuada su comisión, pasó acompañado de mi el Escribano a la casa del Señor
Capitán General de esta Provincia, Mariscal de Campo Don Fernando Miyares a entregar lo actuado compuesto
de dos hojas útiles, sin la cubierta; y de haberse así ejecutado, lo firmó dicho señor Mayor comisionado de que
doy fe. Moreno - Juan Nepomuceno Belén. Maracaibo, veintiséis de febrero de mil ochocientos catorce.
Agréguese esta declaración a las tomadas en la indagación mandada a hacer con fecha de nueve de diciembre
último, a que corresponde. Miyares.
Es copia (20) a la letra de la original que existe en la Secretaría de este Gobierno que está a mi cargo.
Maracaibo, 26 de febrero de 1814. José Vicente Travieso.
(1) Esta anotación entre paréntesis está escrita en el documento original con letra de don José Manuel
Restrepo.
(2) Juan Nepomuceno Belén estaba emparentado con la distinguida familia de este apellido originaria de la
Villa del Rosario de Cúcuta, representada hoy por los Belén Garbiras y los Camargo Belén de Norte de
Santander.
(3) El teniente Lorenzo de Cangas, natural de Maracaibo, tenía nexos familiares con los Fortoul de Villa del
Rosario de Cúcuta, por el matrimonio de Francisco Antonio Fortoul Santander con la dama maracaibera
Catalina López de Cangas. (Luis Eduardo Pacheco y Leonardo Molina Lemus, "La familia de Santander", tomo
80, colección del Banco Popular, 1978, página 61).
(4) Su verdadera nombre era Ildefonso Casas. Así figura en la partida de defunción, Libro 10, folio 52 vuelto de
la parroquia de San Cayetano, Norte de Santander, año de 1.817.
(5) El tamborcito se llamaba Miguel Acevedo y vivió en Pamplona hasta 1872, donde ejercía el oficio de
podador de Jardines. (Luis Febres Cordero, "Del antiguo Cúcuta", pág. 361. Antares, 1950.
(6) El infame americano Ignacio Salas era oriundo de San Faustino de los Ríos.
(7) La cárcel quedaba en la esquina del parque de Santander de Cúcuta, donde hoy se levanta el edificio del
Banco de la República, la Academia de Historia del Norte de Santander instaló allí una lápida que recuerda el
martirio de doña Mercedes Reyes Abrego junto con otros distinguidos patriotas.
(8) Los hermanos Fruto Joaquín y Francisco Santander eran parientes muy cercanos del general Santander. Ver
el libro "La Familia de Santander" ya citado, pág. 33.
(9) Doña Mercedes Reyes es la célebre heroína cucuteña comunmente conocida como Mercedes Abrego. Su
verdadero nombre era Mercedes Reyes Abrego.
(10) Se presume que este cadáver pudo ser el de doña Mercedes Reyes Abrego, pues el historiador Restrepo
dice en su "Historia de la Revolución de Colombia" que los despojos de esta heroína fueron expuestos en
diferentes sitios públicos de la ciudad.
(11) Doña María de Jesús Santander y Rangel de Cuéllar, prima del general Francisco de Paula Santander, fue
casada con el español patriota Manuel García Herreros, tronco de esta importante familia colombiana.
(12) El capitán Cañete se había iniciado en la lucha desde 1810. Su firma aparece al pie de la relación de
elementos de guerra tomados por Bolívar a los realistas en Cúcuta en el combate del 28 de febrero de 1813, y
que O'Leary incluye en sus Memorias, tomo III, pág. 169.
(13) Eduardo Fortoul era hermano menor del general Pedro Fortoul. Había estudiado en el colegio de San
Bartolomé de la capital colombiana.
(14) El Llano de Carrillo queda a continuación de la hacienda de "Moros" y frente al caserío de La Garita, río
Pamplonita de por medio, aproximadamente a 17 kilómetros de Cúcuta. Tiene un área de poco más o menos
25 hectáreas. Este llano lo cruzaba de sur a norte el antiguo camino real de Cúcuta a Pamplona.
(15) El sitio de "Los Bados" queda a diez kilómetros de Cúcuta por la carretera que va hacia Pamplona. Frente a
"Los Bados" se unía el camino que venía de la Villa del Rosario con el que de Cúcuta partía para Pamplona, el
cual pasaba por los terrenos del acueducto, el corregimento de San Pedro y la hacienda de "Moros", subiendo
por la margen derecha del río Pamplonita.
(15 bis) El brigadier Ramón Correa y Guevara había llegado a Venezuela en 1799. En este país ocupó varios
cargos importantes como militar en Caracas, Barcelona, Maracaibo y Barinas. Luchó en varias memorables
acciones contra las fuerzas patriotas de Bolín; Páez y Bermúdez, entre otras. En representación de Pablo
Morillo firmó los tratados de Armisticio y Reglamentación de la guerra en la ciudad de Trujillo. Concertó y
estuvo presente en la entrevista de Santa Ana entre Bolívar y El Pacificador. Para esa época contaba 53 años.
En su brillante carrera llegó hasta el cargo de Capitán General de Venezuela y fue el último representante legal
de la monarquía, según el historiador Héctor García Herreros en su Historia Colonial de Venezuela. Era español
y se ignora el año y lugar de su fallecimiento. Estaba casado con una hija del Mariscal Miyares llamada Úrsula,
de la que se dice era hermana de leche de Bolívar. Esto explica el cordial afecto fraterno que siempre tuvo el
Libertador para Correa, agrega el aludido historiador venezolano.
(16) Juan Balanzó, exalcalde de Calcuta, figura en la lista de veinte enemigos de la independencia residentes en
esta ciudad que ordenó expulsar del país el Congreso de Cúcuta el 28 de septiembre de 1821. (Luis Febres
Cordero, "Del Antiguó Cúcuta", Antares, pág. 408)
(17) El cucuteño Benigno Amado Rangel era hermano del notable sacerdote Joaquín Amado Rangel, cura de
San Luis de Cúcuta que huyó hacia Pamplona en 1813. Don Benigno estaba casado con doña Josefa Omaña
Pedrahita, sobrina de la madre del General Santander. Ver "La familia de Santander", obra citada, pág. 82.
(18) El Mariscal de Campo don Fernando Miyares y González, gobernador de la Provincia de Maracaibo, era
natural de Cuba. Había servido en las milicias de Puerto Rico, en el Batallón Veterano de Caracas y como
gobernador de la Provincia de Barinas. En febrero de 1814 fue promovido a Capitán General y Presidente de la
Real Audiencia de Guatemala, pero no aceptó, reemplazándolo en su cargo de Maracaibo el brigadier Ramón
Correa. Miyares falleció de más de 70 años, en 1818. Había contraído matrimonio en Cuba con la dama
santiagueña doña Inés Mancebo y Quiroga, quien brilló en las sociedades de Maracaibo y Caracas. Fue, según
tradición de Aristides Rojas, la primera nodriza de Bolívar. Una hija de Miyares, de nombre Ursula, era casada
con el brigadier Ramón Correa. (Héctor García Chuecos, "Historia Colonial Venezolana", Tipografía América,
Caracas, 1937, págs. 106 a 111.)
(19) Hoy la población de Pamplonita.
(20) Este documento hasta ahora inédito fue hallado en el archivo del historiador Don José Manuel Restrepo,
del cual obsequió una xeroscópia a la Academia de Historia del Norte de Santander el académico colombiano
Fray Alberto Lee López. Este expediente debió de llegar a manos del historiador Restrepo posteriormente a la
publicación de su "Historia de la Revolución de Colombia", pues algunas fechas de su obra en lo tocante a los
sucesos de Cúcuta en 1813, no concuerdan con las auténticas que contiene esta inapreciable fuente de origen
realista.