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PROCEDIMIENTO : APLICACIÓN GENERAL

MATERIA : TUTELA LABORAL POR VULNERACIÓN DE


DERECHOS FUNDAMENTALES
DEMANDANTE : GENOVEVA MARÍA ECHEVERRIA GALVEZ
RUT : 7.818.280-6
ABOGADO PATROCINANTE : PABLO MARCIAL ZENTENO MUÑOZ
RUT : 15.776.718-6
DOMICILIO : AGUSTINAS 1161, OFICINA 216 – 2018, STGO
CORREO ELECTRÓNICO : PZENTENO@BZYCIA.CL
DEMANDADO : UNIVERSIDAD ACADEMIA DE HUMANISMO
CRISTIANO
RUT : 71.470.400-1
REPRESENTANTE LEGAL : JOSÉ FERNANDO GARCÍA SOTO
RUT : SE IGNORA
DOMICILIO : CONDELL N° 343, PROVIDENCIA

EN LO PRINCIPAL: DEMANDA POR VULNERACIÓN DE DERECHOS FUNDAMENTALES,


INDEMNIZACIÓN DE PERJUICIO Y COBRO DE PRESTACIONES ADEUDADAS; PRIMER
OTROSI: EN SUBSIDIO DESPIDO INJUSTIFICADO Y COBRO DE PRESTACIONES ADEUDADAS;
SEGUNDO OTROSI: ACOMPAÑA DOCUMENTOS; TERCER OTROSI: SOLICITA NOTIFICACIÓN
POR CORREO ELECTRÓNICO Y AUTORIZACIÓN DE TRAMITACIÓN POR VÍA ELECTRÓNICA;
CUARTO OTROSI: PATROCINIO Y PODER.
S.J. L. del Trabajo de Santiago

GENOVEVA MARIA ECHEVERRIA GALVEZ, ex Secretaria General y ex académica de la


Escuela de Psicología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, domiciliada
para estos efectos en calle Agustinas N° 1161, oficina 216 - 218, comuna de Santiago,
Región Metropolitana, a S.S. respetuosamente digo:

Que en virtud de los dispuesto en los artículos 2, 168, 172, 184, 446, 485, 489, 490, 491 y
siguientes del Código del Trabajo, vengo interponer demanda en procedimiento de tutela
laboral por vulneración de derechos fundamentales, indemnización de perjuicio y cobro
de prestaciones laborales adeudadas, en contra de la UNIVERSIDAD ACADEMIA DE
HUMANISMO CRISTIANO (en adelante e indistintamente UAHC), persona jurídica de
Derecho Privado, RUT: 71.470.400-1, representada por el Presidente del Directorio don
JOSÉ FERNANDO GARCÍA SOTO, ambos domiciliados para estos efectos en Calle Condell
Nº 343,Comuna de Providencia, Región Metropolitana, conforme a los antecedentes de
hecho y fundamentos de derecho que a continuación se exponen:

1. REQUISITOS PROCESALES.

Caducidad. La relación laboral por la que se denuncia y demanda terminó con fecha 16 de
agosto de 2018, y el plazo establecido en el inciso 1º del artículo 168 concordado con el
inciso final del artículo 486, ambos del Código del Trabajo, se suspendió por la
interposición del reclamo N° 1324/2018/20660, el día 23 de agosto de 2018, por lo que el
plazo de caducidad de las acciones no se encuentra vencido.

Competencia. De acuerdo al mandato del artículo 420 y 423, inciso 1° del Código del
Trabajo, es competente para conocer de la presente denuncia y demanda, el Juzgado del
Trabajo de Santiago, en razón de la materia y territorio, toda vez que presté mis servicios
en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, cuyo domicilio se encuentra en la
comuna de Providencia.
2. RELACIÓN CIRCUNSTANCIADA DE LOS HECHOS.

Inicio de la Relación Laboral. Con fecha 01 de mayo del año 2013, comencé a prestar
servicios personales bajo vínculo de subordinación y dependencia de acuerdo al artículo
7º del Código del Trabajo, para mi ex empleadora Universidad Academia de Humanismo
Cristiano, mediante la suscripción del contrato respectivo. Sin embargo, cabe destacar
que soy académica de la Escuela de Psicología de la Universidad desde hace 17 años.

Antecedentes Curriculares: Poseo título de Psicóloga y de Licenciada en Psicología de la


Pontifica Universidad Católica de Chile. Posteriormente, realicé un Postítulo en
Investigación Cualitativa en la Universidad de Chile. Realicé mi Maestría en Estudios
Latinoamericanos en la Universidad Autónoma de México. Estoy en segundo año del
Doctorado en Estudios Transdisiciplinarios Latinoamericanos en la UAHC. Tengo una
amplia experiencia como docente, en especial en el área de metodologías y de
investigación y seminarios de tesis en pre y posgrado en diversas Universidades. Me he
desarrollado en el ámbito investigativo en temáticas de género, jóvenes, cuerpo,
afectividades y migrantes. Este trabajo se ha reflejado en múltiples presentaciones en
diversos congresos internacionales y publicaciones, participando especialmente en redes
e intercambio con académicos y académicas de México y Latinoamérica. Actualmente,
participo en un Grupo de Investigación CLACSO. También me he desarrollado en la gestión
académica en la UAHC, Universidad Central y Universidad Adolfo Ibáñez. He trabajado en
el área social, tanto en intervención social- comunitario, como en estudios sociales. Tengo
experiencia en consultoría organizacional y coaching.

Naturaleza y lugar de los servicios prestados: Según lo pactado con mi ex empleador, la


naturaleza de las funciones por las cuales fui contratada, consistían, en un primer
momento (desde el 01 de mayo de 2013) a las de Académica de la Escuela de Psicología.
Luego, el 01 de enero de 2017, asumí funciones como Secretaria General, en las
dependencias de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano de la comuna de
Providencia.

Causal de Terminación del Contrato de Trabajo: Mi ex empleador aplico las causales de


término de contrato establecidas en el artículo 160, N° 1, letra a), esto es, falta de
probidad del trabajador en el desempeño de sus funciones y 160, N° 7, esto es,
incumplimiento grave de las obligaciones que impone el contrato de trabajo, ambas del
Código del Trabajo.

Remuneración: De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 172 del Código del trabajo, debe
entenderse como última remuneración percibida, la suma de $ 2.408.263,
correspondiente a la última liquidación, esto es, julio del año 2018.

Duración del Contrato: El contrato suscrito con mi ex empleadora tenía carácter de


indefinido.

3. CIRCUNSTANCIAS DEL DESPIDO.

Llegué a la Escuela de Psicología de la Universidad denunciada por un concurso público el


año 2001, para el cargo de Coordinadora de Tesis. Estuve trabajando por 6 o 7 años, y
luego renuncié al cargo, pero seguí siempre como profesora a honorarios, e incluso formé
parte del Consejo de Escuela y de la Asociación de Académicos de la UAHC. Mi
compromiso e identidad con la Academia me llevó a sentirme más identificada con ésta, a
pesar luego de estar contratada por la Universidad Central.

El año 2013 volví a trabajar contratada junto al equipo de Psicología, por invitación del
Director de la Escuela Pablo Venegas (actual Rector de la UAHC), para el cargo de
Coordinadora de Metodologías de Investigación. Fue ahí cuando conocí al actual Rector, y
me pareció una persona amable y que sabía mantener la calma ante los problemas y
discusiones que se daban en el equipo de la Escuela. Creo que con el tiempo me gané su
confianza, así que junto con Melvin Anabalón, solíamos compartir temas de la escuela y
ser -además de Francisco Jeanneret- el círculo de confianza de Pablo.

En esa época se organizaron varios espacios de convivencia extra universidad con el


equipo, unas en una casa de San José de Maipo y otras en mi departamento de Ñuñoa,
donde compartimos gratas comidas.

Puedo añadir que en esas fechas (año 2014), yo me había separado hacía ya dos años,
vivía sola con mis hijas adolescentes, y la menor de éstas pasó por una época muy
compleja en términos psicológicos, lo que me hizo asistir a un psiquiatra para tomar
antidepresivos que me ayudaran a enfrentar la situación y a apoyar a mis hijas. Por lo
mismo, fue una época emocionalmente muy compleja de enfrentar para mí. Le comenté a
Pablo esta situación por la que estaba pasando, ya que a veces tenía que irme
repentinamente de la Escuela para ir a buscar a mi hija. Nunca había tomado esos
antidepresivos, y poco a poco me fui dando cuenta que el alcohol me afectaba mucho más
rápido que lo normal.

En una de las comidas de equipo, que fue en mi departamento, al terminar la velada, para
mi gran sorpresa Pablo Venegas -mi jefe- intento besarme de manera insistente, pero yo
le dije que no, y finalmente se fue. Luego de esto hablé con él un día en la oficina, le
señalé que me había complicado su conducta, más aún, cuando nunca había habido ni la
más leve cercanía en ese plano con él. Además, me sentía un tanto frágil en esa época,
por mi estado emocional.

La relación laboral continuó bien, pero en un nuevo encuentro de cena en mi


departamento, volvió a suceder nuevamente. Ese día, creo que el vino me afectó
bastante, por lo que me fui a acostar a mi pieza (aunque seguían algunos en la cena) y me
quedé dormida sin saber lo que ocurría en el comedor. Me desperté sobresaltada porque
Pablo Venegas estaba encima de mí, tocándome e intentando besarme; yo recuerdo con
absoluta claridad que le dije repetidamente que NO, y traté de zafarme de él, y él me
decía “No sea tontita”, y seguía en el mismo empeño. Me sentí muy complicada, sentía
que no me podía zafar de él, ya que mis hijas dormían al lado, podían haber colegas en el
comedor y no me atreví a gritar. Pero igualmente logré que él parara, y dejará
toquetearme y llamarme tontita.

Luego de este encuentro, quedé realmente molesta y tuve una conversación más ruda con
Pablo. Le dije que cómo se le ocurría tocarme e intentar besarme, si yo estaba dormida,
claramente “raja”, no entendía cómo él insistió e insistió si yo en cuanto desperté le dije
que NO. Además, le señalé que eso de llamarme “tontita” aludía para mí a una idea
machista y ridícula de pensar que debía presionarme para que yo me decidiera, siendo yo
una mujer absolutamente adulta y capaz de tomar iniciativas sexuales claras cuando así lo
quiero. Añadí que además estaban mis hijas y colegas presentes, lo que me impedía
hablar con más volumen, y podía haber dejado una imagen errada ante los colegas. Ahora,
recordando, me doy cuenta que él encontró sentido a esto último y a la presencia de mis
hijas, pero creo que nunca se convenció de que mis No eran No, y que no tenía interés
sexual por él. En todo caso, luego de eso nunca más ofrecí mi departamento para una
convivencia, ni se hizo un encuentro de este tipo que yo recuerde (o al menos yo no
asistí).

Me doy cuenta hoy que desde mi experiencia cultural no se me ocurrió pensar que esto
era acoso, y que yo tenía derechos formales para poder quejarme; ya que solo pensé que
era un jefe lacho y que debía lograr manejar de buena manera la relación, ya que era mi
jefe y yo necesitaba el trabajo. Era y soy jefa de hogar y mantengo a mis dos hijas, por lo
que no me podía dar el lujo de pelearme y que me echaran. Además, estaba contenta de
volver a trabajar en la UAHC.
Pudimos mantener una relación laboral amable, e incluso se recuperó la confianza, y
seguimos manteniendo lo que yo llamaría una amistad laboral. Ya que no conversábamos
mucho de la vida personal, pero sí solíamos analizar temas de escuela y universidad.

Sin embargo, poco a poco (2015) comenzaron a aparecer otra vez algunas conductas de
acercamiento, que yo traté de manejar con amables rechazos, con la creencia de que no
seguiría: invitarme a salir o ir a su departamento en la noche, cuando su pareja estaba
fuera (invitaciones a través de WhatsApp). La verdad, yo creí que cualquier persona que es
rechazada sistemáticamente se cansa, por dignidad a lo menos. Pero parece que fui muy
ingenua, y justamente los acosadores no escuchan los NO como rechazos.

En la época que Pablo asume de Rector (2016) nos solíamos reunir a almorzar una vez al
mes, él me contaba de la rectoría y yo de la escuela, y -según yo- trataba de aportarle con
mis comentarios y sugerencias. En esas ocasiones, a veces él intentaba tomarme la mano,
y yo me corría con mi amable estilo, estilo que ahora encuentro estúpido e ingenuo.

Traté de creer que su interés era debido a amistad y confianza. Quise creer que sus
acercamientos cesarían por cansancio y prevalecería una relación laboral de confianza. No
me atreví a hablar con él nuevamente, como ya lo había hecho dos veces, porque temía
que si lo confrontaba otra vez, seria humillante para él, y la relación laboral se podría
deteriorar o hasta me podría echar. Nunca me di cuenta (hasta hace unos meses) que yo
tenía el derecho laboral y legal de exigirle que se detuviera, no había entendido que se
trataba de una conducta de acoso sexual y laboral.

Ese año Pablo me propone asumir la Secretaría General de la Universidad, cargo que no se
me había pasado por la mente asumir, pero luego de pensarlo me pareció un desafío
interesante; creía que el trabajo que se estaba haciendo desde rectoría (de poner más
orden en la Universidad, implantar el SCT, generar procedimientos) era valorable y que yo
podría aportar, dado mi interés por formalizar y generar canales y procedimientos más
rigurosos. La verdad, me sentí halagada, pensé que Pablo estaba reconociendo mis
competencias profesionales.

Cabe mencionar que cuando vimos las condiciones de mi trabajo, Pablo me señaló que era
un trabajo liviano, que podía ser un poco tedioso. Yo le señalé que me interesaba solo
para permanecer durante este periodo de rectoría, para luego volver a mi rol de
académica. Por lo mismo, esos tres años iba a seguir trabajando en lo académico,
haciendo algo de clases, estudiando doctorado y tratando de investigar. Él lo aceptó sin
problemas, salvo que me dijo que no tomara muchos cursos. También le dije que yo tenía
un proyecto pendiente de terminar de asesorías laborales, que iban a implicar ausentar
unos dos días al mes, por 3 o 4 meses, y también lo aceptó.

Al poco de asumir este cargo (2017), un día Pablo me dice de manera claramente coqueta,
que estaba muy contento que yo estuviera en la secretaría, porque así me tenía “más
cerquita”. Esta frase me disgustó mucho, y empecé a sentir que sus intenciones eran
tenerme no solo como profesional. Pero decidí simplemente orientarme a hacer un muy
buen trabajo.

Sin embargo, realmente, el tener que reunirnos cotidianamente en su oficina o en la mía


facilitó el que Pablo intentará con mucha mayor frecuencia el tomarme la mano, o darme
un beso. Todo lo cual yo seguí evitando, pero a la vez tratando de conservar mi relación
laboral y trabajo. Alguna vez también me volvió a invitar a salir de noche, y yo volví a
decirle que no, al preguntarme porque no, si salíamos a almorzar, le dije que porque él
quería salir de una manera que a mí no me interesaba.

En alguna ocasión, no sé bien porque salió el tema de que yo estaba con pareja, y él me
dijo “eso no me gusta nada”. Esto creo que me lo dijo un par de veces. A mí me generaba
una suerte de molestia/ansiosa, y le decía que a mí sí me gustaba.
También comenzó a pasar que cada vez que le mencionaba que iría a un congreso
académico (tenía proyectado ir a dos ese año 2017, aunque finalmente fui solo a uno); él
me decía que para qué, que él no quería, y por supuesto no me felicitaba ni me
preguntaba por el tema ni nada de eso.

Debo señalar que al comenzar mi trabajo como Secretaria General de la Universidad,


quien me orientó en qué hacer fue mi antecesor Luis Rivera, con quien tuve varias
reuniones, y a quien recurrí por diversas dudas. De parte del Rector no tuve mayores
directrices, menos una definición de prioridades o plan de trabajo (lo que no me extraño
porque como Director tampoco nunca logré que me señalara prioridades). Yo le solicité
que nos reuniéramos una vez a la semana, porque me di cuenta que se necesitaba que yo
estuviera al tanto de una serie de acciones que hacia Pablo, y yo tenía que tomar
decisiones que debía consultarle. Estas reuniones no creo que se dieran de manera
sistemática más de 3 lunes seguidos, luego, nos reuníamos, pero cuando él lo requería o
cuando yo lo buscaba.

Me fui dando cuenta que había mucho por hacer en mi puesto, y que incluso debía revisar
cosas que no me correspondían, pero que yo requería que estuvieran hechas para poder
realizar mi rol de validar documentos y decretos. El trabajo fue creciendo, y yo le insistía a
Pablo que necesitaba una secretaria, y que además, necesitábamos un abogado/a, ya que
con la asesora jurídica de la época, el Rector tenía problemas de confianza, por lo que no
podía acudir a ella en muchos temas. Sin embargo, no lograba que respondiera a este
requerimiento.

Por otra parte, la pega se complejizó también por los problemas políticos con la Escuela de
Derecho, y empezamos a vivir mucha tensión. Por lo mismo, yo insistía en la necesidad de
contratar un abogado/a externo/a, por los temas a definir con respecto a convalidaciones
en Derecho.
Logré tener por un tiempo una secretaria, pero luego el Rector la reasignó y nuevamente
quedé sola. Dejé de asistir al Comité ejecutivo (El Comité Ejecutivo está formado según
reglamento orgánico por el rector, vicerrector académico y los tres decanos de la UAHC)
simplemente porque estaba con mucho trabajo, y eran muchas horas de duración y con
pocos temas que se resolvían.

El Rector tuvo siempre una extraña actitud posesiva conmigo, quería que yo estuviera
siempre disponible, que supiera de temas que no me había contado, me asignó tareas
nuevas y emergentes, y la verdad, no era nada claro para mí la expectativa de mi rol. Pero
me fui dando cuenta, que no eran las mismas que el desplegó con mi antecesor, don Luis
Rivera.

Finalmente, por acción de Marcelo Garrido (Vicerrector Académico), logré tener una
asistente -Mildred Mella Leal- quien rápidamente se ubicó en el rol y me fue de gran
ayuda. Como además era mi ayudante de curso, surgió gran confianza y le comenté de
estas situaciones incómodas con el Rector, donde él buscaba mi boca al darme el beso de
despedida, o de tomarme la mano, o de hablar de cosas tan extrañas como que debíamos
ir un día juntos a Portugal.

En todo ese tiempo, quiero dejarlo claro, y hasta la fecha, Pablo Venegas lo más cerca que
estuvo de algo sexual de mí fue cuando me toqueteó y trató de besarme estando yo
dormida. Jamás le di ni siquiera un beso. Y, jamás tomé iniciativa de ninguna caricia, ni
acercamiento, ni salida, ni palabra con algún sentido sexual. Traté de ser amable, y
realmente en ciertos momentos creía que podíamos tener una relación laboral grata.

Todo el año 2017 le confidencié a Mildred estas situaciones que me tenían incomoda, y
entre asustada y enojada. Ella me vio salir muchas veces de la oficina del Rector
descompuesta, y me ayudaba poder contarle. También le conté a una de mis amigas de la
Escuela de Psicología; incluso a ella le tocó toparse dos veces con situaciones de acoso
hacia mi persona por parte de Pablo.

Una vez, estaba esperándome afuera de mi oficina, y escuchó al Rector que me decía “ya
pues un besito”, ella bajó la escalera y se hizo la que estaba subiendo y entró a mi oficina
(no recuerdo para nada la fecha, pero fue el primer semestre, porque todavía yo no
compartía oficina con Mildred). Otra vez, ella también fue a buscarme, eran pasadas las
18:00 horas -porque ya no estaban las secretarias-, yo estaba en la oficina del Rector,
estaba la puerta abierta, y ella escuchó nuestras voces se asomó y lo vio tomándome la
mano, y yo corriéndome de aquello.

Otra vez, el Rector leyendo las funciones de mi cargo en los Estatutos, la última letra del
artículo 47, que dice que mis obligaciones eran “Las demás que le encomiende el
Directorio o el/la Rector/a”; me lo repitió de manera lasciva, yo me sentí muy incómoda y
molesta; y le dije - en ese mismo momento- que eso era una falta de respeto, no recuerdo
bien si le dije que era acoso. Pero igualmente, una vez con todo el Comité Ejecutivo
presente, en reunión, siendo todos ellos varones, Pablo menciona lo de esta letra y se ríe
de manera cómplice con algunos de los otros varones presentes. Me sentí pésimo, luego
de esto le dije a Pablo nuevamente de mi molestia.

Puedo mencionar que también existieron salidas a cenar a restoranes con el equipo de
Comité Ejecutivo y otros, pero yo tuve la precaución de irme temprano y que me fuera a
buscar mi pareja, para evitar cualquier insinuación.

Tanto Mildred como mi amiga me animaron a que tenía que enfrentarlo, y decirle
directamente que parara con estos actos. Así, tomé valor y hablé con el Rector y le dije
que estaba cansada de sus intentos de besos, de sus tomadas de manos e invitaciones con
dobles intenciones, que yo creía que le quedaba claro que yo no tenía ese tipo de interés
en él, dado que en todos estos años no había siquiera respondido a sus acercamientos.
Que le pedía que cesaran de una vez. El me escuchó serio, y me dijo que estaba bien, que
así sería.

Fue un alivio que desde esa vez (no recuerdo fecha, pero fue a fines del 2017) no volvió a
intentar nada. Sin embargo, con el tiempo, cada vez más fue generando un tipo de
conducta que dado el nivel de ansiedad que me generó (que me llevó a acudir a psiquiatra
y medicarme) constituye claramente acoso laboral. Trataré de mencionar ejemplos, ya
que son mil detalles y situaciones.

Ya durante el 2017 recibí tratos descalificatorios desde el Rector, que no se condecían con
la forma de tratar situaciones similares con otros miembros del comité ejecutivo o
directores cercanos.

El Comité Ejecutivo está formado según reglamento orgánico por el rector, vicerrector
académico y los tres decanos de la UAHC. Pero Pablo me comentó que él, desde el
comienzo de su período había incluido al secretario general y al vicerrector de
administración y finanzas; por lo tanto, yo debía asistir.

Estas eran reuniones de cuatro horas más o menos, donde analizaban el contexto y
situaciones de la universidad, y raramente se lograban concretar acuerdos que requirieran
mi presencia funcionaria. Me fui dado cuenta que mis intervenciones eran muy poco
escuchadas, incluso una reunión yo hice dos comentarios que el rector no atendió, pero
luego, un decano dijo lo mismo y lo encontró fantástico. Yo le relaté esto luego al Rector, y
él dijo que seguramente yo no decía muy claramente las cosas. Este tipo de situaciones se
repitieron, y también mis intentos por conversar con él, mostrarle lo que pasaba, pero no
conseguía que asumiera las conductas machistas que realizaba.

Posteriormente, le pedí al Rector no asistir a todas las reuniones de Comité ejecutivo,


porque tenía mucho trabajo pendiente, lo que autorizó. Sin embargo, cada vez que le
decía que yo no estaba informada de algo que se me exigía saber o que era relevante que
yo supiera, él me decía “eso te pasa por no ir al Comité”. Luego, cuando ya conté con
asistente, volví a asistir a todas estas sesiones (hasta mis últimas semanas en el cargo este
año); sin embargo, siempre había información que se hablaba en esa reunión que yo no
manejaba. El rector quería que yo supiera temas que eran relevantes, se molestaba si no
era así, pero era claro que esa información se las comunicaban entre los demás miembros
de este Comité en otros espacios. Se generaban otras jornadas del Comité a las que yo no
era invitada. Una vez, el Vicerrector le preguntó al Rector delante mío que por qué la
Secretaria General no estaba invitada a la jornada del viernes, y él le dijo que yo no quería
ir, yo dije que él no me había invitado. En estas situaciones él usaba un tono juguetón-
burlón, muy poco serio, que dificultaba conversar.

El año 2017 existieron como nunca muchas denuncias contra estudiantes ante el Tribunal
de Disciplina, del que yo era ministro de fe. Se dio un gran conflicto en la Escuela de
Derecho, primero contra el Director y luego también contra el rector. Se armó todo un
movimiento para atacar a estas autoridades. Ese año se dio mucho ataque a la misma
Universidad, cosa que nunca se había visto a ese nivel.

Ligado a esto se abrió el tema del acoso sexual en las universidades, y también tuvimos
que echar a andar un Comité de Ética para las denuncias contra académicos. También se
generaron Comisiones Investigativas para situaciones contra funcionarios.

Yo solo tenía el rol de ministro de fe en el Tribunal de Disciplina (de estudiantes), pero


empecé a tener que coordinar una serie de denuncias diversas que llegaban. Esto fue muy
confuso, ya que el rector a momentos me señalaba que no había tenido iniciativas que él
suponía (y que ni estaban en mis funciones ni él me las había expresado), mientras otras
veces se molestó conmigo por tomar iniciativas que no estaban en mis funciones.

Un ejemplo fue que dos profesoras de Derecho me comentaron que unas alumnas de esa
carrera se acercaron a ellas y les relataron una situación que estaban viviendo con un
profesor de esa escuela, el que hacía comentarios y preguntas muy ligadas a lo sexual con
alta frecuencia en clases, y que se acercaba mucho a ellas y a otras compañeras durante
las clases, que las abrazaba sin que ellas quisieran, en suma, ellas se sentían muy
incómodas y con miedo. Las profesoras les recomendaron que denunciaran y que
hablaran conmigo antes y yo podía explicarles el procedimiento. Una de ellas me escribió
y quedamos de reunirnos, luego avisó que no podía ir ese día. Por más que le escribí y
ofrecí otras posibilidades de reunión, nunca me contestó. Las profesoras decidieron ellas
hacer una constancia de la denuncia que habían recibido dirigida al Comité de Ética. Yo la
entregué a dicho Comité, y ellos resolvieron que, al no ser una denuncia directa de las
afectadas, el Comité no podía proceder. Ante esta situación, consideré qué podía hacer
para que no pareciera que rectoría no se hacía cargo de este tema, y también para
precaver si estaba sucediendo el acoso. Comuniqué al Director y al Decano que había
llegado esta constancia de denuncia, y dado que no podía ser acogida por el Comité, les
pedía que se reunieran con el mentado profesor, para poder averiguar sobre esta
situación, y así luego poder informar al Rector.

El Director montó en cólera porque yo me había atrevido a darle una indicación, fue a
hablar directamente con el rector (cosa que hizo reiteradamente ante molestias conmigo);
y acto seguido el rector me llama y me reta, que cómo se me ocurre tomar esa acción
asumiendo una función que no me corresponde y, obviamente, me desautoriza,
descalifica mi indicación enviada formalmente, la que nunca fue siquiera respondida por
escrito.

Muchas veces el rector me pidió que, desde mi cargo validara o invalidara procedimientos,
pero luego le parecía mal que yo aplicara esas mismas acciones, si políticamente no le
convenía.
Durante todo el año 2017 traté de aportar, dando recomendaciones y sugerencias al
rector, mostrándole problemas, etc. Y si bien el Rector no seguía necesariamente mis
recomendaciones, al menos me escuchaba; pero el 2018 esto disminuyó ya que cada vez
existieron menos espacios de discusión con él, sus comunicaciones eran para pedirme algo
o reclamarme por algo.

Por mi participación en el Tribunal de Disciplina, se generaron muchas situaciones


complicadas. Este tribunal tenía que tratar temas de alumnos que eran políticamente
complejos, muchos estudiantes que recibieron sanciones (expulsiones o suspensiones)
presentaron demandas en tribunales; esto hizo que esta labor fuera muy tensa. El rector y
algunos decanos (el de Arte en particular) querían que hiciéramos de cierta manera y con
cierta rapidez o demora los procesos. Esas interferencias se fueron poniendo cada vez más
pesadas, el Decano de Arte me presionaba para que el tribunal tomara decisiones más
rápido. Una vez este Decano se enojó porque yo informé a un denunciante (director de
Teatro) en que iba un proceso contra estudiantes de su escuela, armó un escándalo en
reunión de Comité Ejecutivo, que no se condecía ni con la situación ni con su propio
actuar; pero el rector subrayó mi supuesto mal proceder, de manera muy poco objetiva y
en extremo desagradable. Lo que sucedía frecuentemente era que alguien se enojaba
conmigo, me descalifica ante el rector, éste le daba la razón (aunque no había cometido
ningún error) y me retaba y me decía que tenía aprender, y debía saber lo que
políticamente había que hacer. Este tipo de situaciones se fueron haciendo más
frecuentes, vinculadas principalmente a varones que sentían mermado ciertas parcelas de
poder.

Nuestro reglamento de estudiantes tenía varias imperfecciones (como la forma de


notificar presencialmente o por correo certificado), esto dificultaba que les llegaran
notificaciones a estudiantes, porque generalmente no recibían las cartas (no había nadie o
estaba mala la dirección que ellos no había actualizado), por eso sumamos mails, aunque
esto no era acorde al reglamento, pero lo hacíamos. Esto fue utilizado por estudiantes en
sus demandas en tribunales. El rector lo usaba para retarme, a pesar que el abogado que
llevaba esas causas dijo -delante del comité ejecutivo- que el tribunal nuestro no había
actuado de manera incompetente -como afirmaban las demandas- sino que el problema
era el reglamento. El abogado que representa a esos estudiantes es un profesor de la
escuela de derecho al que echó el rector el año 2017, y era parte del tribunal de disciplina
y que antes había colaborado con la realización del reglamento junto al anterior secretario
general.

La primera de estas causas contra derecho la realizó el tribunal contra estudiantes que
hicieron una toma en la casa de la universidad donde estaba la rectoría. El rector hizo la
denuncia, pero además nos llamaron al tribunal para que hiciéramos todo en dos días,
pero ya tenían redactado todo. Es decir, nos presionaron a realizar la causa como el rector
y vicerrector querían, incluso que notificáramos de una manera que yo no encontraba que
estaba correcta. Con esto quiero decir, que el rector propiciaba que no hiciera mi trabajo
de acuerdo a los procedimientos, pero él mismo luego me criticaba porque las cartas
certificadas no habían llegado a la dirección correcta (por problemas de la ficha del
estudiante).

Otro tipo de situaciones por ejemplo que me pasó con el rector, fue que yo le pregunté el
2017 si en mi contrato podían reconocerse mis años de antigüedad por mi contrato
anterior con la UAHC; me dijo que no sabía, que debía consultarle a la abogada externa
que nos asesoraba, y eso hice. Luego el rector no quiso seguir con esa abogada porque
cobraba mucho. Pero como en febrero del 2018 comenzó a trabajar una abogada
contratada, le pedí lo mismo a ella. Ella me dijo que no se podía e hizo algunas
correcciones menores. Pero luego esta abogada (que crecientemente comenzó a tratar de
dejarme mal con el rector y a tratar muy mal a mi asistente), le mandó un mail a la jefa de
recursos humanos diciendo que ese no era el contrato que ella había corregido, (yo había
incorporado sus modificaciones y actualizado las funciones por actuales estatutos en un
nuevo texto). Finalmente me llamó el rector para retarme de por qué yo pedía ayuda a
esta abogada y por qué lo había hecho con la anterior. Le recordé que él me dijo que lo
hiciera, pero si bien él lo recordó, no fue capaz de disculparse y siguió retándome.

Los últimos meses el rector me retaba continuamente, de una extraña forma quería que
yo le avisara de cosas que no me había dicho antes y que yo debía adivinar. Me retaba por
no hacer ciertas tareas que jamás me había encomendado ni estaba en mis funciones,
pero que, según él, yo debería haber sabido hacer.

Lo estaba pasando muy mal, compartí en términos generales mi problema de exigencias y


malas ondas (solamente eso con algunas compañeras de la Universidad), en especial con
mis compañeras del tribunal. Les conté lo que había sucedido en esa reunión de comité
ejecutivo donde además de retarme el rector por la molestia del decano de arte, el rector
me dijo que tenía que informarle a él antes que el tribunal tome decisiones, yo les dije que
yo no era el tribunal, y se suponía que éste debía ser neutro. Mis compañeras, que eran
las académicas elegidas como miembros del tribunal, le pidieron una reunión al rector
para que aclarara que es lo que él quería del tribunal. En la reunión el rector insistió e
insistió que yo debía informar y tenerlo al tanto, mis compañeras trataron de proponer
otras formas, señalaron que existía la figura del decano como parte del tribunal o de su
representante, que ese era el conducto para que le informaran si se requería, pero él
insistía, finalmente mis compañeras lograron que se convenciera de que debía ser el
decano.

En mayo de 2018, fuimos con Mildred a una capacitación al Ministerio del Trabajo sobre
acoso sexual y laboral, y al escuchar todo lo que señalaban, con Mildred nos miramos y
ella me dijo: “eso es precisamente lo que te pasa a ti”. Me sentí muy tonta, pero también
aliviada, ya que yo tenía derecho a que no fuera así.
Como la situación era muy intolerable decidí -en junio de 2018- contarle esto a Jose
Fernando García Soto, ya que lo consideraba una persona de mi confianza y que, por ser el
Presidente del Directorio de la UAHC, podría intervenir. Él se mostró muy preocupado y
empático, aunque yo sabía que él no querría denunciar, porque se preocupa mucho por la
Universidad; yo tampoco quería denunciar, no quería exponerme ni exponer a la
universidad, pues tenía mucho miedo, pero pensé que él podía enfrentar al rector y
ayudarme de alguna manera. Obviamente, eso no sucedió.

Como José Fernando no me propuso nada, le pedí que conversáramos nuevamente. Ahí,
él comenzó a banalizar el acoso laboral, y como el acoso sexual había cesado él no veía
problemas, me dijo que era normal que hubieran peleas y tratos inadecuados, yo le dije
que como autoridad máxima incluso estaba obligado a denunciar según nuestra normativa
interna, me dijo que si yo no le comprobaba las acusaciones no haría nada, le dije que no
tenía que comprobárselas a él, luego me gritó que me estaba victimizando, le pedí que se
fuera de la oficina, yo ya estaba llorando y muy dolida.

Yo no quería denunciar por no exponer mi vida y porque, como secretaria general, sabía
bien que no existía un reglamento interno que permitiera que una comisión de personas
independientes e imparciales pudiera investigar una acusación contra el rector.

A mediados de junio viajé a Ecuador a un Congreso, nos reunimos con el Rector y Cecilia
Leblanc -que me reemplazaría en mi ausencia- para explicarle los detalles de las funciones
que debería realizar. Ella me felicitó por el viaje que iba a hacer a Europa, y en dicho
momento el Rector dice que él no estaba nada de feliz de que yo viajara, y le dice a Cecilia
que le va a pasar a ella el bono que me dan a mí por el cargo, que él se iba a encargar de
que se lo dieran a ella (más adelante negó que me lo quisiera quitar, que lo que dijo era
que le iba a dar también a Cecilia, que sabía que eso no era legal, etc.).
Al volver de dicho viaje, me apoyé en mis amigos más cercanos y decidí que iba a hablar
directamente con el Rector, para reprocharle su conducta y pedirle que me cambiara de
lugar de trabajo dentro de la universidad. Pero hacerlo me daba mucho susto. Estaba justo
decidiendo cuando hablar con él, cuando vuelve a ocurrir que me trata pésimo. En esos
momentos, estaba la toma feminista, y dentro de ella participaban dos estudiantes que
habían sido sancionadas por el tribunal, y que exigían que fueran reincorporadas. Una
noche, como a las 21:00 horas, me llama el rector y me dice que estaban a punto de llegar
a acuerdo con chicas de la toma y por mi culpa está a punto de caerse toda la negociación,
que necesitaban los comprobantes de las notificaciones por correo y los mails. Fue muy
desagradable, yo le dije que podíamos verlo al día siguiente con Mildred, pero que no me
retara, que esperaba tenerlos, pero que muchas veces no lograba que el encargado de los
envíos de la universidad nos enviara los comprobantes del correo, eso lo enojó más, yo le
dije que no era forma de tratarme. Es importante señalar que las notificaciones son tareas
de todo el tribunal, no solo mías, y que el guardar las comprobaciones de correo de su
envío, no es una tarea especificada en el reglamento, y es algo que yo comencé a hacer,
con las dificultades propios del estilo de trabajo desprolijo propio de la universidad en
general.

Yo, durante todos esos meses, había tratado de hablar con él, de decirle que podía
pedirme las cosas, que no me retara como si yo cometiera errores, cuando no era así;
pero él no respondía, no me hacía el menor caso.

Le avisé a Mildred sobre la llamada del rector, y la necesidad de buscar esos


comprobantes y mails, ella se preocupó mucho, quedamos que llegaba temprano a
buscarlos, ella los guardaba en su oficina. Por la mañana, me llama Mildred que está mal
del estómago y que llegaría más tarde; yo no sabía dónde guardaba ella el material que
quería el rector. Llegue a buscarlo a su oficina, el rector me llama a su oficina, estaba con
Nataly Pérez, me pregunta si está todo ya listo, le digo que Mildred está enferma así que
yo estoy buscando en su oficina, él se enoja mucho y empieza a retarme, que yo tenía que
tener eso, que como que estaba enferma Mildred, yo le dije que la gente se enferma, me
dijo que por qué justo ese día, yo estaba muy molesta, le dije que con el clima de tensión
que había y el maltrato era fácil enfermarse, él me dice “vamos a tener que hablar
nosotros”, yo le dije que sí, que también quería hablar con él, que habláramos ese día por
la tarde (era viernes 29 de junio de 2018), pero luego por la tarde él me dijo que no me
había dicho que podía y que conversáramos el lunes.

Nos reunimos a conversar el lunes siguiente, yo estaba muy asustada, y le dije que mejor
me escuchara a mí primero, le describí lo mismo que estoy relatando en esta denuncia
(más breve), le dije que lo estaba pasando pésimo, que estaba viendo una psiquiatra, que
ya no resistía trabajar con él. Le informé que no quería denunciar, porque sabía que era
complicado para la universidad, para mí y para él. Que yo necesitaba cambiarme de lugar
de trabajo. Yo sabía que había trabajado bien (nunca tuve un reclamo ni sanción formal en
contrario), así que creía que era justo conservar mi misma renta hasta que terminara su
período de rectoría, y que además me preocupaba Mildred, porque también la estaba
pasando a llevar él y la nueva abogada, por lo que se podría trasladar conmigo. Me dijo
que sí de inmediato, eso me llamó la atención. Me dijo que él asumía buena parte de lo
que yo le había dicho.

Él me dijo que él creía que podíamos recomponer nuestra relación laboral y seguir
trabajando juntos, me sorprendió que después de todo lo que le había dicho, él insistiera.
Le dije que yo estaba segura que no podía trabajar con él. Hablamos de que me fuera a
psicología y me dijo que tendría que contarle esto a José Fernando García y al Director de
Psicología (Francisco Jeannerete). Además, le dije que cuando se hiciera efectivo mi
cambio mandara un mail a la comunidad informando mi cambio y agradeciendo mi labor,
dado que yo no había sido la responsable de esta situación.
Me reuní con Francisco para contarle mi versión. Él se mostró muy asombrado y
choqueado. Me dijo que podía irme a la escuela, pero se complicó mucho, y al hablarme
de la escuela vi que iba a ser muy difícil tener una estadía grata ahí, porque estaban
pasando por muchos problemas. Luego, me encontré con el decano de Ciencias Sociales,
le comenté (sin explicarle nada) que me iba ir de mi cargo, que si en la facultad podría
aportarle, me dijo que sí, que le parecía súper bien y que incluso había un cargo
disponible, de coordinadora de posgrados. Le mandé un WhatsApp al rector
comentándole esto. Quedamos de conversar para acordar más detalles del cambio. Nos
reunimos otro día para hablar. El Rector me dijo que confiara en él, que a mi regreso de
Europa se haría el cambio. Yo le dije que mi abogado (un amigo) me había recomendado
que quedara lo acordado en un mail, donde yo le mandaba las especificaciones del
acuerdo y él me respondía que estaba de acuerdo.

Le mandé el mail el viernes 6 de julio de 2018 antes de irme a Europa, el rector me


respondió que tenía que poner que renunciaba, yo le había dicho que a mi regreso
veíamos, que tenía que consultarle a mi abogado la fórmula de contrato.

Desde Europa le mandé un mail y un WhatsApp recordándole que me respondiera el mail.


Mis amigos me dijeron que el no responderme era muestra de una forma de
manipularme, que lo dejara y hablara con él a mi regreso.

En el viaje no lo pasé tan bien, porque me angustiaba recordar que tenía que volver.
Además, en el viaje tuvimos que ir con Jose Fernando García, ya que lo habíamos
planificado antes, dado que se trataba de un asunto académico vinculado al Doctorado.

Cuando estaba en Europa, me llegó un mail del Rector señalandome que el vicerrector y el
decano estaban de acuerdo con mi cambio a la facultad. Yo le pedí a Mildred que acordara
una reunión con el decano de ciencias sociales.
El lunes 6 de agosto nos Mildred y yo con el Decano, y desde esa fecha comenzamos a
trabajar allá. El mismo 6 me llamó por teléfono y me mando un WhatsApp el Rector, yo lo
llamé ese día por la tarde, le dije que había comenzado en la facultad, me preguntó si
estaba conforme, le dije que sí, me citó para el día siguiente en la mañana a su oficina.
Luego de cortar empecé a sentirme muy ansiosa y con susto de ir a su oficina. Con Mildred
acordamos que ella le dijera al día siguiente que yo no había podido ir. Mildred siguió
ayudando en la rectoría, pero cuando le dijo al rector que yo no iba a ir, éste se enojó
mucho, dijo que tenía que ir porque habían pendientes de la secretaría general, al parecer
mi reemplazante había terminado su período y tenía problemas de firmas; parece que el
rector creyó que yo seguiría yendo para allá, aunque yo le había dicho que no quería
regresar a rectoría.

Le mandé un mail, donde dejaba por escrito que había comenzado a trabajar en la
facultad. Una amiga de la Universidad, me recomendó que fuera a hablar con Gabriela
González, jefa de la Unidad de género. Fui junto a mi amiga y le conté a ella que estaba
muy alarmada, le dije que no quería denunciar porque me cambiaría de puesto, ella me
dijo que correspondía que lo hiciera, pero también mencionó que era un problema y que
no confiaba en el Directorio para manejar esta situación, porque eran muy machistas.
Después de irme le mandé un WhatsApp (porque ahí supe que el rector le dijo a Mildred
muy molesto que si yo no iba al día siguiente me iba a acusar con el Directorio, que yo
tenía que ir). Luego que me fui, Gabriela fue a hablar con el rector y le contó todo
(Mildred la vio, y por otras fuentes supimos). Después el rector me escribió confirmando
que estaba todo listo para mi cambio, y que me enviarían lo del contrato. Luego me llamó
Gabriela, pues según ella había quedado preocupada, porque sería complejo que yo
denunciara ya que tendrían que ver el tema el mismo rector o sino el directorio, dado que
eran todos muy machista, le asustaba que yo me expusiera a eso.
Al día siguiente, me llegó el anexo del contrato y le dije a la encargada de recursos
humanos que lo enviaría a mi abogada, pero que estaba fuera de chile, así que demoraría
un poco.

En el intertanto, el Decano anunció en consejo de facultad que yo sería la coordinadora de


posgrado. Se demoraban mucho en cambiarnos de oficina, estaba todo dispuesto, pero
aunque el decano lo había pedido, se demoraban. Luego, supe que Jose Fernando García
Soto estaba tratando de reunir al Directorio para informarle de mis supuestos
incumplimientos laborales; además, también me había comentado Mildred que desde que
él volvió de Europa estaba reuniéndose reiteradamente con el rector y la abogada y que a
ella no la saludaba, por lo que notaba que estaba planificando algo.

Empecé a hacer el informe de cierre, a tratar de dejar mi anterior cargo ordenado.

Envié un mail a Gabriela González dejando por escrito y formalizado todo lo que habíamos
hablado. Ella me respondió diciendo que yo debía denunciar y que ella debía dar aviso a
las autoridades.

El jueves 16 de agosto envié el anexo de contrato y ese mismo día en la tarde me


entregaron a mí y a Mildred la carta de despido. Casualmente, la decisión de mi
desvinculación se había tomado el mismo día por el Directorio en una sesión de la
mañana, en la que sin previa investigación o previa declaración mía, se asume una versión
del Rector en donde se me acusa de extorsión e incumplimiento de mis funciones.

Inmediatamente me sacaron de mi mail y a Mildred y nos borraron del aula virtual. Le


escribí al Director de Psicología por mis clases y me dijo que no podía seguir. Le escribí al
Doctorado que estaba haciendo, me dijeron que podía seguir y mandaron nuevas claves
para aula virtual.
El jueves 23 de agosto fui a hacer la denuncia al Comité de Denuncia, pero ellas también
señalaron que no sabían quién me iba a investigar. Ese mismo día, el Rector saca una
declaración pública en mi contra y señala que yo fui ese día denunciar (información que
supuestamente era confidencial).

Desde entonces, las autoridades de la Universidad han realizado una tremenda campaña
de desprestigio contra mí al interior y fuera de la universidad: en conversaciones
personales, en reuniones de Directorio, de Consejo Superior, etc. El Director de Psicología
citó a mi amiga Javiera como profesora, y en ese contexto le dijo que él sabía desde el día
uno de este tema de acoso, que me había dicho que denunciara, pero luego le dijo que
este era un problema entre adultos que deberíamos haber resuelto entre nosotros dos (el
rector y yo) y no exponerlos a ellos, los demás miembros de la universidad.

Mis compañeras del doctorado me escribieron preguntando por mi situación y


preocupadas por el hecho que José Fernando fuera profesor de ellas después de estos
problemas. Ellas escribieron una carta al claustro del Doctorado, Se citó a una reunión con
las dos generaciones del doctorado, y donde asistieron e invitaron profesores de la
Universidad que no eran parte del doctorado. En dicha, el viernes 31 de agosto, Fernando
García y el Director del Doctorado me desprestigian con entusiasmo. Dijeron que se iban a
querellar conmigo por difamar a la universidad en la prensa.

Desde entonces, mi psiquiatra me ha debido subir la dosis de ansiolítica, además desde el


comienzo insistió que yo requería terapia psicológica, por lo que también desde mi
regreso de Europa comencé dicho proceso con un psicólogo. Igualmente, he estado muy
mal, he salido el mínimo de la casa. El Director de Psicología, Gabriela González y el
Consejo Superior sacaron declaraciones sobre mi desvinculación.

Por último, cabe destacar que es muy probable que deba abandonar el Doctorado en
Estudios Transdisiciplinarios Latinoamericanos que actualmente estoy cursando en la
UAHC (segundo año). Ello, debido a que el Presidente del Directorio tiene directa
incidencia en mis evaluaciones, por lo que tengo el legítimo temor de que mi desempeño
en el programa no sea evaluado de forma objetiva, producto del conflicto que originó mi
salida en la Universidad.

4. CONSIDERACIONES DE DERECHO.

LOS DERECHOS FUNDAMENTALES VULNERADOS SON LOS GARANTIZADOS POR


NUESTRA CARTA FUNDAMENTAL EN SU ARTÍCULO 19 N° 1 Y 4 Y; 485, EN RELACIÓN CON
EL ARTÍCULO 2, INCISO SEGUNDO DEL CÓDIGO DEL TRABAJO.

A falta de una definición de derechos fundamentales asumida por el ordenamiento


jurídico, cabe acudir a la doctrina, que en palabras del profesor Luigi Ferrajoli, los define
como "todos aquellos derechos subjetivos que corresponden universalmente a todos los
seres humanos dotados del status de personas, de ciudadanos o personas con capacidad
de obrar, entendiendo por derecho subjetivo cualquier expectativa positiva (de
prestaciones) o negativa (de no sufrir lesiones) adscrita a un sujeto por una norma
jurídica y por status la condición de un sujeto prevista asimismo por una norma jurídica
positiva, como presupuesto de su idoneidad para ser titular de situaciones jurídicas y/o
autor de los actos que son ejercicio de éstas”.

El derecho a la integridad personal (física y psíquica) es aquel derecho humano


fundamental y absoluto que tiene su origen en el respeto debido a la vida y el sano
desarrollo de ésta. Es el derecho al resguardo de la persona, en toda su extensión, bien
sea en su aspecto físico como en el mental.

El ser humano por el hecho de ser tal tiene derecho a mantener y conservar su integridad
física, psíquica y moral. La integridad física implica la preservación de todas las partes y
tejidos del cuerpo, lo que conlleva al estado de salud de las personas. La integridad
psíquica es la conservación de todas las habilidades motrices, emocionales e intelectuales.
La integridad moral hace referencia al derecho de cada ser humano a desarrollar su vida
de acuerdo a sus convicciones y con pleno respecto a su honra.

El reconocimiento de este derecho implica, que nadie puede ser lesionado o agredido
físicamente, ni ser víctima de daños mentales o morales que le impidan conservar su
estabilidad psicológica.

En cuanto a la garantía fundamental resguardada, esto es, la establecida en el artículo 19,


número 1 de nuestra carta fundamental : "El derecho a la vida y a la integridad física y
psíquica de la persona", ella se encuentra íntimamente ligada al derecho fundamental
inespecífico de la Dignidad Humana, resguardado por el artículo 1 de la Constitución
Política del Estado al disponer que "las personas nacen libres e iguales en dignidad y
derechos", supone que "el ser humano, independientemente de su edad, sexo o
condición particular, es acreedor siempre a un trato de respeto". La misma garantía se
encuentra consagrada en el artículo 2 del Código del Trabajo cuando dispone que “las
relaciones laborales deberán siempre fundarse en un trato compatible con la dignidad de
la persona”.

Cuando con ocasión de un actuar desproporcionado y sin razón suficiente se afecta la


integridad psíquica, como es el caso que nos convoca, lo que se afecta es la dignidad
humana, entendida ésta como un derecho base, como el presupuesto de todos los demás
derechos. Como dice Carlos Colautti, “la dignidad no sólo es un derecho autónomo, sino el
presupuesto de todos los demás derechos”. Es decir, que todos ellos tienden a la
preservación del principio básico de la dignidad.

Llevado al ámbito del contrato de trabajo, como afirma Cristina Mangarelli, en éste “el
empleador está obligado a respetar la dignidad del trabajador, a tratarlo con respeto”,
encontrándose obligado a asegurar que el trabajador sea respetado por los jefes o
superiores jerárquicos y también por sus compañeros de trabajo. En este sentido, se ha
señalado por Américo Plá Rodríguez, que el empleador debe asegurar la moralidad del
ambiente, debe hacerse responsable de sus propios actos como los de los demás
trabajadores, en resguardo de la dignidad de cada uno de ellos.

En nuestro ordenamiento jurídico el artículo 184 del Código del Trabajo, dispone: “El
empleador está obligado a tomar todas las medidas necesarias para proteger eficazmente
la vida y la salud de los trabajadores,...”. Al respecto cabe señalar que ello debe
entenderse en términos amplios, sin perjuicio de aquellas consideraciones especificas en
razón de la naturaleza propia de la función. El empleador, asume para con el trabajador
una posición de garante frente a las posibles condiciones y situaciones que puedan afectar
su vida, su salud y su integridad. Referente a sus derechos, el empleador es al trabajador,
lo que el Estado es al ciudadano.

Por esa razón, nuestros Tribunales han sostenido que “de este modo, la conducta
vulneratoria de la empresa queda establecida- al menos indiciariamente- por el hecho de
que la empresa REDBUS URBANO S.A. decidió no renovar el contrato de una trabajadora
bien evaluada, en razón de haber efectuado ésta una denuncia de acoso sexual respecto
de su superior, sin siquiera investigar los hechos, vulnerando de esta forma la dignidad,
honra e intimidad de la actora. En efecto, si bien no pudo acreditarse que la actora haya
formulado la denuncia por escrito, igualmente era exigible para la empresa que iniciara
una investigación o al menos se le orientara respecto del procedimiento correcto. Ponerle
término a su contrato, sin embargo, no es una conducta respetuosa de los derechos
fundamentales de los trabajadores, aunque cómoda y defendible a través de la cláusula
de vigencia del contrato”, añadiendo que “por lo demás, a juicio de esta juez, la sola
circunstancia de que la trabajadora haya puesto en conocimiento una situación que
afectaba su intimidad y dignidad, tales como las llamadas a su teléfono privado fuera del
horario de trabajo, reconocidas por el sr. Echeverría, al igual que el excesivo control por
parte del supervisor; exigía un comportamiento distinto de la empresa, tendiente a revisar
el proceder de la persona del supervisor y no puede utilizarse para justificar su actuar la
tesis “había denuncia pero no de acoso sexual, sino laboral” puesto que ambas
circunstancias son atentatorias de derechos fundamentales.”1

En esta demanda, los hechos relatados constituyen en primer lugar acoso sexual, esto es,
según el artículo 2, inciso segundo del Código del Trabajo, cuando una persona - hombre o
mujer - realiza en forma indebida, por cualquier medio, requerimientos de carácter
sexual, no consentidos por la persona afectada - hombre o mujer - y que amenacen o
perjudiquen su situación laboral o sus oportunidades en el empleo. La Dirección del
Trabajo ha establecido en dictamen 1133/036 de 21.03.05 que las conductas constitutivas
de acoso sexual no se encuentran limitadas a acercamientos o contactos físicos, sino que
incluirían cualquier acción del acosador sobre la víctima que pueda representar un
requerimiento de carácter sexual indebido, el que puede producirse por cualquier medio,
incluyendo las propuestas verbales, correos electrónicos, cartas o misivas personales, etc.
Es del caso señalar que la ley laboral ha entendido, al utilizar la expresión “amenacen o
perjudiquen su situación laboral”, que se configura la conducta de acoso sexual no sólo
cuando la persona afectada sufre un perjuicio o daño laboral directo en su situación al
interior de la empresa, sino que también cuando por la creación de un ambiente hostil y
ofensivo de trabajo, se pone en riesgo su situación laboral u oportunidades en el empleo.

En el caso de marras, la conducta de acoso sexual desplegada por el Rector en contra de


mi persona, culminó con el daño máximo que se puede producir en el marco de la
relación laboral, cual es, poner término a mi contrato de trabajo, invocándose causales
falsas, con el sólo objeto de encubrir el actuar de la máxima autoridad académica de la
UAHC.

1
2° Juzgado de Letras del Trabajo, Sentencia de 16 de noviembre del año 2009, RIT T – 4 – 2009. Mismo
criterio ha sido sostenido en causa del 2° Juzgado de Letras del Trabajo de Santiago, RIT T – 63 – 2010 y en
causa del 1° Juzgado del Trabajo de Santiago, RIT O – 1181 - 2010
Por otro lado, los hechos descritos dan cuenta simultáneamente de la existencia de acoso
laboral, psicológico o mobbing, el que se presenta como un proceso de paulatino
desarrollo, que solapadamente y en forma permanente va socavando la fortaleza,
especialmente psíquico del trabajador afectado, que se define como un proceso de
destrucción; que se compone de una serie de actuaciones hostiles, que tomadas de
manera aislada, podrían aparecer anodinas o sin importancia, pero que por la repetición
constante tiene efectos perniciosos (Heinz Leymann, citado por Gabriela Lanata
Fuenzalida. “Contrato individual de Trabajo”, página 70. LexisNexis 2006). Profundizando
en el tema, la autora indica que el acoso no sólo es descendente, es decir, de quien
detenta el poder, o una cuota del mismo, sino que también puede ser horizontal -entre
pares- y ascendente.

También describe las distintas fases, las que resultan ilustrativas para este caso: a) fase de
conflictos o incidentes críticos: cuando el conflicto -que es inherente al desarrollo de la
vida humana- no se resuelve, comienza una escalada de enfrentamientos (en sentido
amplio del término) que son los que llevan a que se desarrolle un proceso de acoso
psicológico; b) fase de acoso o estigmatización: el acosador pone en marcha toda las
estrategias de hostigamiento en contra de la víctima, de manera permanente y
sistemática, a veces desconocida por ella, pero lentamente percibida por los demás
integrantes del grupo, quienes tienden a atribuirle la responsabilidad en el problema de
que se trate; c) fase de intervención desde la empresa: llega un momento en que los
encargados de la organización empresarial perciben los efectos que el acoso ha producido
en la víctima, los que se presentan en forma de cansancio, desinterés o falta de eficiencia
en el trabajo, siendo el tema enfocado como el problema de un trabajador puntual y no
como fruto de un proceso deliberado y consciente de él o los acosadores. Si bien la
empresa busca soluciones, habitualmente serán aquellas que se presentan más aptas para
eliminarlo rápidamente y que fácilmente se traducirá en el traslado e, incluso, despido,
del trabajador problemático, sin tomar clara conciencia de que se está frente a una
víctima; d) fase de solicitud de ayuda especializada externa: el afectado que constata los
efectos del problema, recurre a esta ayuda externa, sin embargo, el diagnóstico no hace la
debida conexión con las verdaderas causas del problema y concluye en la consideración
íntima de la propia víctima de ser la causante del problema, y con la exclusión del
afectado de la empresa, ya sea por su propia renuncia o por decisión del empleador,
como una forma de eliminar a un elemento problemático en la organización de la
empresa. En este punto, claramente pueden advertirse como en el caso sub lite, estas
fases del acoso fueron produciéndose, de acuerdo a como fueron establecidos los hechos
anteriormente relatados.

El procedimiento de tutela laboral, consagrado en el párrafo 6º del Capítulo II, Libro V del
Código del Trabajo, es plenamente aplicable al caso reseñado toda vez que el derecho
vulnerado, la salud e integridad psicológica, se encuentra dentro de aquellos
taxativamente contenidos en el artículo 485 del Código del Trabajo.

Por otro lado, conforme a la relación circunstanciada de los hechos ya desarrollada, queda
de manifiesto que mi derecho a ser protegida en el lugar de trabajo de la manera que las
leyes y la constitución prescriben, y mi posterior despido y sus circunstancias, bajo falsos
fundamentos, configuran en la especie, una vulneración a mi derecho a la Honra.

En relación al derecho a la Honra consagrado en el artículo 19 N°4 de la Constitución


Política de la Republica, es evidente que el hecho de acusarme de falta de probidad (faltar
a la verdad y extorsionar al Rector) e incumplimiento grave de mis obligaciones (falta de
prolijidad, rigurosidad, orden y diligencia), producto de hechos falsos, toda vez que
siempre mi actuar en la vida personal y laboral ha sido en todo momento apegada a los
valores de honradez y probidad, tal como lo acreditaré en el respectivo juicio, dan cuenta
de un actuar desproporcionado y arbitrario en la decisión de mi despido, que afecta mi
derecho a la Honra, por cuanto mi ex empleador puso en conocimiento de toda la
comunidad académica y estudiantil las razones del mismo, en diversas instancias y
formas.

La doctrina ha señalado que si bien el concepto de honra no ha sido definido por el


legislador, se entiende por la doctrina, como un conjunto de cualidades éticas que
permiten que la persona merezca y reciba la consideración de los demás. Aparece como
un concepto vinculado estrechamente al buen nombre, la buena fama, el bien moral y
aunque es básicamente, un concepto externo que, según el profesor Ugarte, puede
definirse por la visión que tienen los demás respecto de la respetabilidad de que goza una
persona; el mismo autor agrega, que el derecho de protección de la honra, tiene una
dimensión de autoestima, además de la señalada dimensión heteroestima, caracterizado,
por la conciencia de autenticidad del accionar, protegiendo la integridad de la persona,
sus actos y comportamientos sociales. Así, señala que la honra u honor no es sólo la
reputación o buena fama de la persona ante terceros y la sociedad, sino que se relaciona
también con sus actos y comportamiento. Se deshonra o afecta el honor de la persona,
degradándolo, cuando proyecta actos y comportamientos que constituyen una reputación
falsa y desarrolla actos y comportamientos que vulneran sus compromisos y obligaciones
familiares y sociales. En consecuencia, al haberme acusado de “falta de probidad” e
“incumplimiento de mis labores”, sin una investigación previa y sin contar con la debida
acreditación (El Directorio toma la decisión de desvincularme el mismo día en que el
Rector expone la supuesta extorsión y mis incumplimientos contractuales), da cuenta de
un actuar desproporcionado y arbitrario, que vulnera gravemente mi derecho a la honra,
en los términos consagrados en nuestro ordenamiento jurídico.
LOS INDICIOS.

Nuestra legislación ha regulado procesalmente la carga probatoria, en orden a la


dificultad para el trabajador que debe enfrentar en las denuncias por violación o lesión de
derechos fundamentales; la que se encuentra en el artículo 493 del Código del Trabajo:
"Cuando de los antecedentes aportados por la parte denunciante resulten indicios
suficientes de que se ha producido la vulneración de derechos fundamentales,
corresponderá al denunciado explicar los fundamentos de las medidas adoptadas y
proporcionalidad". Dichos indicios se relacionan con "Hechos que han de generar en el
juzgador al menos sospecha fundada de que ha existido lesión de derechos
fundamentases". (Martínez R., L. Decisiones empresariales y principio de igualdad, Cedecs,
Barcelona, 1998, p.174).

En el caso sub lite, podemos distinguir como indicios suficientes para acreditar el acto
vulneratorio que se pretende sea declarado, los siguientes antecedentes, a saber:

 La inexistencia de una investigación iniciada por mi ex empleador UAHC, con miras


a acreditar el acoso laboral y sexual del que he sido objeto.
 El tratamiento psicológico y psiquiátrico al que me encuentro sometida en la
actualidad producto del acoso sexual y laboral sufrido por parte del Rector de la
UAHC.
 El comunicado público del Rector de fecha 28 de agosto de 2018, junto con el acta
de sesión extraordinaria de directorio de fecha 16 de agosto de 2018.

Estos indicios son suficientes, inequívocos demostrativos de que en la especie se ha


vulnerado mi derecho la integridad psíquica, mi derecho a la honra y mi dignidad. Hechos
que hacen del todo procedente lo dispuesto en el artículo 493 del Código del Trabajo, que
dispone que “Cuando de los antecedentes aportados por la denunciante resulten indicios
suficientes de que se ha producido la vulneración de derechos fundamentales,
corresponderá al denunciado explicar los fundamentos de las medidos adoptadas y de su
proporcionalidad".

EN SUMA:

I. Los hechos relatados pormenorizadamente en lo principal de esta presentación,


dan cuenta en forma clara y fidedigna de cómo la vulneración de derechos
fundamentales de que he sido víctima es consecuencia directa del obrar
desproporcionado y arbitrario de mi ex empleador.
II. Los derechos y garantías lesionados (en especial el derecho a la salud e integridad
psicológica dentro de mi lugar de trabajo), lo fueron sin una justificación suficiente, en
forma arbitraria y desproporcionada, como consta en el cuerpo del libelo, en el sentido
de llegar establecer que es la propia víctima la causante del problema, lo que finalmente
termina con mi exclusión de la institución, como una forma de “eliminar un elemento
problemático” en la organización.
III. Los directivos de la institución, léase presidente del Directorio de la UAHC, pese a
saber por mi propio relato los hechos de acoso laboral y sexual que estaba sufriendo,
no tomaron a tiempo las medidas pertinentes, con el objeto de asistir a la víctima,
omitiendo las verdaderas razones de fondo del problema y en definitiva su justa
solución, sumándose en la práctica, por omisión, al acoso y hostigamiento de que fui
víctima.
IV. La vulneración de derechos, que en la especie se expresa en un acoso sexual y
hostigamiento laboral en progresión, más la inactividad de los directivos de la
institución, constituye a todas luces un incumplimiento grave de las obligaciones
contractuales de mi empleador y una vulneración a mis derechos fundamentales ya
expresados.
V. Los antecedentes de hecho e instrumentales, aportan indicios suficientes e
irrefutables de que efectivamente se ha producido la vulneración denunciada.
VI. Producto de lo anterior, la denunciada deberá explicar los fundamentos y la
proporcionalidad de su ilegítimo e indebido obrar.

El procedimiento de tutela laboral, consagrado en el párrafo 6º del Capítulo II, Libro V del
Código del Trabajo, es plenamente aplicable al caso reseñado, toda vez que los derechos
vulnerados, la salud e integridad psíquica y física y el derecho a la Honra y a la dignidad,
se encuentran dentro de aquellos taxativamente contenidos en el artículo 485 del Código
del Trabajo.

5. DEL DAÑO MORAL.

Por daño moral ha de entenderse la lesión inmaterial o agravio inferido por un sujeto al
derecho subjetivo inherente a la persona de otro sujeto. Importan daño moral
indemnizable, los dolores, sufrimientos, preocupaciones y molestias inferidos a la víctima
directa o por repercusión. Este daño, consiste en los dolores físicos y angustia
experimentados por la víctima directa y las porrebote, y el tribunal debe regularlo
atendiendo a la cantidad del mal que he debido soportar.

Como lo ha sostenido nuestra jurisprudencia y doctrina, en Chile, como en el derecho


Francés, el principio que se encuentra detrás de la reparación del daño, es el de la
“reparación integral” o “restitutio in integrum”, lo que si bien no es posible en materia de
daño moral, no es óbice para no obtener una reparación justa por los daños causados, a
fin de poder obtener alguna “satisfacción equivalente al valor moral destruido”.

Detallar pormenorizadamente los sufrimientos, aflicciones y tristezas que he sufrido a raíz


y con ocasión del despido, resulta una tarea extremadamente compleja, por lo que al
momento de apreciar mi solicitud de reparación (indemnización), S.S. deberá considerar
la abundante prueba que se aportara en el transcurso del proceso.
Cabe señalar a este respecto que nuestros tribunales han sostenido que “la indemnización
especial establecida en el artículo 489 del Código del Trabajo para el evento de ser
acogida una denuncia por vulneración de derechos fundamentales con ocasión del
despido, no excluye la procedencia eventual de una indemnización por daño moral, ya
que mientras ésta tiene por objeto compensar el daño que la conducta hubiere
ocasionado en el ámbito extrapatrimonial del trabajador afectado, la primera presenta un
carácter punitivo respecto del empleador que ha incurrido en el despido abusivo y, por
ende cumple también una función disuasiva de conductas que afectan bienes
especialmente valiosos en el ámbito de las relaciones laborales, prueba de ello es que
procede por el sólo hecho de acogerse la denuncia, no está sujeta a la prueba del daño
efectivamente causado y se encuentra predeterminado su monto mínimo y máximo. El
principio de la reparación integral de daño ocasionado permite, en consecuencia,
acumular a esta nueva indemnización tarifada, la indemnización por daño moral conforme
a las normas del derecho común, dependiendo del daño apreciado por el juez”2.

6. FERIADO PROPORCIONAL.

El artículo 73 del Código del Trabajo, regula dos supuestos relativos al feriado
proporcional; En primer lugar, establece la obligación legal del empleador, de compensar
el feriado legal, a aquel trabajador que reuniendo los requisitos del artículo 67, deja de
prestar servicios sin haber hecho uso de su feriado legal; y en segundo lugar, dicho
artículo, establece que el trabajador cuyo contrato termine antes de completar el año de
servicio que da derecho a feriado, deberá percibir una indemnización por ese beneficio,
equivalente a la remuneración integra calculada en forma proporcional al tiempo que
medie entre su contratación o la fecha en que enteró la última anualidad y el término de
sus funciones.

2
CA de Santiago, 08/05/2013, Rol de Ingreso 338 – 2013. Mismo criterio en causa del Juzgado de Letras del
Trabajo de Nueva Imperial, Rol T – 2 – 2014 y 2° Juzgado de Letras del Trabajo, Rol T – 83 – 2010.
En la especie, procede que se debe indemnizar el feriado proporcional por un periodo de
27,57 días, por la suma de $ 2.213.193.

7. PETICIONES CONCRETAS.

El consideración a la manifiesta vulneración de mis derechos fundamentales, garantizados


por nuestra carta fundamental en su artículo 19 N° 1 y 4 y; 485, en relación con el artículo
2, inciso segundo del Código del Trabajo, acaecida con ocasión de mi despido, solicito a
S.S. se pronuncie respecto de:

1-. Que, los hechos referidos precedentemente en forma pormenorizadamente y


acaecidos con ocasión de mi despido, han vulnerado mis derechos fundamentales
garantizados por nuestra carta fundamental en su artículo 19 N° 1 y 4 y; 485, en relación
con el artículo 2, inciso segundo del Código del Trabajo.

2.- Que, como una de las medidas de reparación, se ordene a la denunciada publicar, en
un diario de circulación nacional, una declaración donde se me den las disculpas públicas
por el despido del que fui víctima, al no tomar las medidas adecuadas de forma oportuna.

3-. Que, la demandada deberá ser condenada al pago de las siguientes prestaciones, en
pesos chilenos:
a) Indemnización sustitutiva de aviso previo, ascendente a $ 2.408.263.-
b) Indemnización por años de servicio, ascendente a $ 12.041.315.-
c) Recargo del 80% del monto anterior, ascendente a $ 9.873.878.-
d) Feriado Proporcional ascendente a $ 2.213.193.-
e) Indemnización en virtud de lo establecido en el artículo 489 del Código del
Trabajo, ascendente a $ 26.490.893.-
f) Indemnización por Daño Moral ascendente a $ 15.000.000.-
g) Todo ello, con reajuste e interese de acuerdo a lo dispuesto en los artículos 63
y 173 del Código del Trabajo;
h) Las costas de la causa.

POR TANTO;

Con el mérito de los antecedentes referidos y de conformidad a lo expuesto y lo


estipulado en los artículos 2, 168, 172, 184, 446 y siguientes, 485 y siguientes y 493, del
Código del Trabajo y artículo 19 N° 1 y 4 de la Constitución Política de La República;

A V. S. PIDO: Tener por interpuesta dentro del plazo legal demanda por vulneración de
derechos fundamentales e indemnización de perjuicios, conjuntamente con cobro de
prestaciones laborales, en contra de la UNIVERSIDAD ACADEMIA DE HUMANISMO
CRISTIANO, persona jurídica de Derecho Privada, RUT: 71.470.400-1, representada por el
Presidente del Directorio don JOSÉ FERNANDO GARCÍA SOTO, ambos domiciliados para
estos efectos en Calle Condell Nº 343, Comuna de Providencia, Región Metropolitana,
declarando en definitiva:

1-. Que, los hechos referidos precedentemente en forma pormenorizadamente y


acaecidos con ocasión de mi despido, han vulnerado mis derechos fundamentales
garantizados por nuestra carta fundamental en su artículo 19 N° 1 y 4 y; 485, en relación
con el artículo 2, inciso segundo del Código del Trabajo.

2.- Que, como una de las medidas de reparación, se ordene a la denunciada publicar, en
un diario de circulación nacional, una declaración donde se me den las disculpas públicas
por el despido del que fui víctima, al no tomar las medidas adecuadas de forma oportuna.

3-. Que, la demandada deberá ser condenada al pago de las siguientes prestaciones, en
pesos chilenos:
a) Indemnización sustitutiva de aviso previo, ascendente a $ 2.408.263.-
b) Indemnización por años de servicio, ascendente a $ 12.041.315.-
c) Recargo del 80% del monto anterior, ascendente a $ 9.873.878.-
d) Feriado Proporcional ascendente a $ 2.213.193.-
e) Indemnización en virtud de lo establecido en el artículo 489 del Código del
Trabajo, ascendente a $ 26.490.893.-
f) Indemnización por Daño Moral ascendente a $ 15.000.000.-
g) Todo ello, con reajuste e interese de acuerdo a lo dispuesto en los artículos 63 y
173 del Código del Trabajo;
h) Las costas de la causa.

EN EL PRIMER OTROSÍ: Que de conformidad a lo dispuesto en el artículo 489 inciso 7º,


446 y siguientes, armonizados con el 168 y 162 del Código del Trabajo, y en carácter
subsidiario, deduzco demanda por despido Injustificado y cobro de prestaciones en forma
conjunta, en contra de mi ex-empleador UNIVERSIDAD ACADEMIA DE HUMANISMO
CRISTIANO, persona jurídica de Derecho Privada, RUT: 71.470.400-1, representada por el
Presidente del Directorio don JOSÉ FERNANDO GARCÍA SOTO, ambos domiciliados para
estos efectos en Calle Condell Nº 343,Comuna de Providencia, Región Metropolitana, a fin
de que se le obligue al pago de las prestaciones que más adelante señalaré, con expresa
condenación en costas, en consideración a la exposición circunstanciada de los hechos y
fundamentos de derecho que se exponen a continuación.

1. RELACIÓN CIRCUNSTANCIA DE LOS HECHOS.

Antecedentes de la relación laboral:

Inicio de la Relación Laboral. Con fecha 01 de mayo del año 2013, ingresé a prestar
servicios personales bajo vínculo de subordinación y dependencia de acuerdo al artículo
7º del Código del Trabajo, para mi ex empleadora Universidad Academia de Humanismo
Cristiano, mediante la suscripción del contrato respectivo.

Naturaleza y lugar de los servicios prestados: Según lo pactado con mi ex empleador, la


naturaleza de las funciones por las cuales fui contratada, consistían, en un primer
momento (desde el 01 de mayo de 2013) a las de Académica de la Escuela de Psicología.
Luego, el 01 de enero de 2017, asumí funciones como Secretaria General, en las
dependencias de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano de la comuna de
Providencia.

Causal de Terminación del Contrato de Trabajo: Mi ex empleador aplico las causales de


término de contrato establecidas en el artículo 160, N° 1, letra a), esto es, falta de
probidad del trabajador en el desempeño de sus funciones y 160, N° 7, esto es,
incumplimiento grave de las obligaciones que impone el contrato de trabajo, ambas del
Código del Trabajo.

Remuneración. De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 172 del Código del trabajo, debe
entenderse como última remuneración percibida, la suma de $ 2.408.263,
correspondiente a la última liquidación, esto es, julio del año 2018.

Duración del Contrato. El contrato suscrito con mi ex empleadora tenía carácter de


indefinido.

2. CIRCUNSTANCIAS DEL DESPIDO

Vengo en reproducir en forma íntegra todos y cada uno de los hechos descritos en el
cuerpo principal de esta escrito y que dicen relación con las circunstancias del despido.
3. TRÁMITES ADMINISTRATIVOS.

A fin de reclamar por mi despido y la vulneración de derechos fundamentales con ocasión


del mismo, interpuse reclamo N° 1324/2018/20660, el día 23 de agosto de 2018, ante la
Inspección del Trabajo respectiva, siendo citadas ambas partes a comparendo de
conciliación para el día 26 de septiembre de 2018.

4. FUNDAMENTOS DE DERECHO.

4.1. Acción subsidiaria. De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 489 del Código del
Trabajo, por emanar de los mismos hechos una acción de tutela, ya ejercida en
lo principal, la presente acción por despido injustificado por aplicación indebida
de la causal invocada, debe deducirse en forma subsidiaria de la Tutelar.

4.2. Derecho a la estabilidad en el empleo. El Código del Trabajo consagra un


sistema de estabilidad relativa en el empleo, mediante el cual, sólo permite al
empleador poner término al contrato de Trabajo cuando concurren
determinadas causales previstas en la ley, las cuales no sólo deben ser
invocadas y fundamentadas sino que además, debes ser detalladamente
descritos los hechos que la configuran (causal invocada) en la correspondiente
carta de despido, de esta manera, el término de la relación laboral, es
considerada como una situación excepcional, que debe fundamentarse en una
justa causa previamente contemplada en la ley laboral.

4.3. Formalidades del despido. El artículo 162 inciso 1° del Código del Trabajo,
obliga al empleador que quiere efectuar un despido, enviar o entregar al
trabajador una carta de aviso de término de contrato de trabajo indicando la
causal legal que se invoca, los hechos en que se fundamenta y el estado de
pago de las cotizaciones de seguridad social devengadas hasta el último día del
mes anterior al del despido, adjuntando los comprobantes que lo justifiquen.
4.4. Declaración del despido Injustificado, Indebido o Improcedente. El artículo 168
del Código del Trabajo faculta al trabajador para recurrir ante juez competente
dentro del plazo legal, a fin de que declare injustificado, indebido o
improcedente el despido del cual fue objeto. El mismo artículo, ordena el pago
de las indemnizaciones sustitutiva del aviso previo y por años de servicios, en
este caso aumentada esta última, en un 80%, por tratarse de un despido
injustificado por aplicación de la causal establecida en el artículo 160.

El despido de que fui objeto el 16 de agosto de 2018, debe ser declarado Injustificado e
improcedente, circunstancia que de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 454, limita la
posibilidad de prueba de mi ex empleadora a los hechos contenidos en la carta de despido
de fecha 16 de agosto de 2018.

Del Daño Moral. Por daño moral ha de entenderse la lesión inmaterial o agravio inferido
por un sujeto al derecho subjetivo inherente a la persona de otro sujeto. Importan daño
moral indemnizable, los dolores, sufrimientos, preocupaciones y molestias inferidos a la
víctima directa o por repercusión. Este daño, consiste en los dolores físicos y angustia
experimentados por la víctima directa y las por rebote, y el tribunal debe regularlo
atendiendo a la cantidad del mal que he debido soportar.

Como lo ha sostenido nuestra jurisprudencia y doctrina, en Chile, como en el derecho


Francés, el principio que se encuentra detrás de la reparación del daño, es el de la
“reparación integral” o “restitutio in integrum”, lo que si bien no es posible en materia de
daño moral, no es óbice para no obtener una reparación justa por los daños causados, a
fin de poder obtener alguna “satisfacción equivalente al valor moral destruido”.

Detallar pormenorizadamente los sufrimientos, aflicciones y tristezas que he sufrido a raíz


y con ocasión del despido, resulta una tarea extremadamente compleja, por lo que al
momento de apreciar mi solicitud de reparación (indemnización), S.S. deberá considerar la
abundante prueba que se aportara en el transcurso del proceso.

Feriado proporcional. El artículo 73 del Código del Trabajo, regula dos supuestos relativos
al feriado proporcional; En primer lugar, establece la obligación legal del empleador, de
compensar el feriado legal, a aquel trabajador que reuniendo los requisitos del artículo 67,
deja de prestar servicios sin haber hecho uso de su feriado legal; y en segundo lugar, dicho
artículo, establece que el trabajador cuyo contrato termine antes de completar el año de
servicio que da derecho a feriado, deberá percibir una indemnización por ese beneficio,
equivalente a la remuneración integra calculada en forma proporcional al tiempo que
medie entre su contratación o la fecha en que enteró la última anualidad y el término de
sus funciones.

En la especie, procede que se debe indemnizar el feriado proporcional por un periodo de


27,57 días, por la suma de $ 2.213.193.

4.5. Carga de la prueba en juicios sobre despido. El artículo 454 Nº1 inciso 2º, del
Código del Trabajo, ordena que “en los juicios sobre despido corresponderá en
primer lugar al demandado la rendición de la prueba, debiendo acreditar la
veracidad de los hechos imputados en las comunicaciones a que se refieren los
incisos primero y cuarto del artículo 162, sin que pueda alegar en el juicio
hechos distintos como justificativos del despido.”

POR TANTO: en mérito de lo expuesto y dispuesto en los 162, 168, 172, 446 y siguientes
489 inciso final, todos del Código del Trabajo.

SOLICITO A SS: Tener deducida en carácter subsidiario demanda por despido Injustificado
y cobro de prestaciones en forma conjunta, en contra de mi ex-empleador, UNIVERSIDAD
ACADEMIA DE HUMANISMO CRISTIANO, persona jurídica de Derecho Privada, RUT:
71.470.400-1, representada por el Presidente del Directorio don JOSÉ FERNANDO GARCÍA
SOTO, ambos domiciliados para estos efectos en Calle Condell Nº 343, Comuna de
Providencia, Región Metropolitana; acogerla a tramitación y declarando en definitiva que
el despido de que fui objeto el 16 de agosto de 2018, es Injustificado condenando en
consecuencia a la parte demandada, al pago de las siguientes prestaciones:

a) Indemnización sustitutiva de aviso previo, ascendente a $ 2.408.263.-


b) Indemnización por años de servicio, ascendente a $ 12.041.315.-
c) Recargo del 80% del monto anterior, ascendente a $ 9.873.878.-
d) Feriado Proporcional ascendente a $ 2.213.193.-
e) Indemnización por Daño Moral ascendente a $ 15.000.000.-
f) Todo ello, con reajuste e interese de acuerdo a lo dispuesto en los artículos 63 y
173 del Código del Trabajo;
g) Las costas de la causa.

SEGUNDO OTROSI: Que en conformidad a lo dispuesto en los artículos 460 del Código del
Trabajo, acompaño los siguientes documentos que dan cuenta de las actuaciones
administrativas previas y aquellos que de acuerdo al artículo 490 del mismo cuerpo legal,
fundamentan la demanda de tutela de lo principal, sin perjuicio de su debida
incorporación en la oportunidad procesal que corresponda:

1. Carta de Término de la Relación Laboral de Fecha 16 de agosto de 2018.

2. Acta de sesión extraordinaria de Directorio de fecha 16 de agosto de 2018.

3. Copia de presentación de reclamo de fecha 23 de agosto de 2018.

4. Copia de Comunicado Público del Rector de fecha 28 de agosto de 2018.

5. Copia de liquidación de sueldo del mes de julio de 2018.

6. Copia del Reglamento Interno de Orden y Seguridad de la empresa.


7. Copia comprobante de vacaciones 6606 de 23 de julio de 2018.

TERCER OTROSI: Que vengo en solicitar autorización, para que se permita tramitar en
forma electrónica, ya sea para enviar escritos como para ser notificada vía correo
electrónico, utilizando para tales efectos los siguientes correos: pzenteno@bzycia.cl

CUARTO OTROSI: Sírvase S.S. Tener presente que designo abogado patrocinarte y
confiero poder, al abogado don PABLO MARCIAL ZENTENO MUÑOZ, domiciliado para
estos efectos en calle Agustinas 1161, oficina 216-218, comuna de Santiago, quien firma
en señal de aceptación.