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Universidad de las Artes

Daniela Estefanía Buitrón


Guayaquil, 5 de junio de 2019
Procesos Artísticos en el Ecuador

Tema del ciclo de diálogo: “Regeneración Urbana en Guayaquil”

 Sobre la intervención de Ángel Emilio Hidalgo:


Enfatizado en el carácter simbólico de los monumentos y la representatividad de las
jerarquías de poder en la ciudad, Ángel Emilio hizo una referencia en la existencia de marcos
sociales y esquemas cargados de valores y necesidades de la sociedad misma, las cuales se
reflejan en el diseño de una ciudad, y la reflexión acerca del espacio y arquitectura de la
misma, ya que en esta se incorpora una serie de memorias narrativas que son parte de marcos
interpretativos reflejados principalmente del centro de una ciudad.

El centro de Guayaquil como tal, está relacionado con la necesidad de construir


sentidos entorno al pasado, estas narrativas se ligan a los lugares de memoria, sitios y
espacios significativos para una comunidad, pues son a través delos cuales se identifican, es
decir que forman parte de una memoria colectiva, teniendo en cuenta la importancia de la
representación del pasado en estos mismos lugares que generan una reflexión política
ideológica y simbólica.

Ahora bien, en referencia a os monumentos, Hidalgo manifiesta que durante sus


reflexiones e investigaciones los monumentos se conciben como artefactos culturales que
reflejan una serie de relaciones de poder. Propone además entre las nociones de historia,
memoria y espacio público una serie de mecanismos sobre la identidad guayaquileña, una
identidad que por cierto la considera manoseada políticamente, y que ha perdido sentido por
lo cual merece una interpelación académica.

Siendo los monumentos el medio por el cual se transparentan los ideales del sector
hegemónico, nos incitan a la comprensión a partir de los procesos de “regeneración urbana”,
como propuesta de la alcaldía de Febres Cordero en 1992, y deduciendo por tanto que lo
anterior a la regeneración era lo degenerado. La propuesta de Regeneración planteó por tanto
el saneamiento, como una campaña de “salvación” de la ciudad, a través de la construcción
del Malecón 2000 y la reconstrucción de la alcaldía.
Como parte de este proyecto y haciendo un énfasis en los monumentos del Malecón
2000, se despliega un discurso con la idea de la guayaquileñidad, que remiten a un pasado
glorioso, libre y autónomo proveniente de las derechas políticas ecuatorianas. Más allá de
una regeneración urbana y arquitectónica es evidente que el objetivo político se enfocaba en
implementar una “limpieza social” en el espacio público.

Esta labor se lleva a cabo a través de la materialización de aspectos claves del


discurso social, la constante apelación al orgullo local y a través de monumentos como por
ejemplo la Plaza Cívica dedicada a los presidentes guayaquileños, que hoy lleva el nombre
de Paseo León Febres Cordero, en el cual se representa los expresidentes del Ecuador
provenientes de Guayaquil el cual cabe mencionar se llevó a cabo durante la crisis bancaria,
y que por tanto representa una especie de mensaje que sugiere la intromisión y caída de una
élite bancaria.

Este espacio puede concebirse como un dispositivo de memoria que el estado utiliza
para forjar sentimientos identitarios, es decir crea una especie de monumentalización de la
memoria como lo menciona Hidalgo, activando el recuerdo a través de ciertos dispositivos
en el cual los ciudadanos como sujetos principales resignifican permanentemente el relato.

Para concluir, hablando de las relaciones de poder, la estatuaria pública se convierte


en un vehículo a través del cual se viabiliza la transmisión de contenidos políticos e
ideológicos, la opinión ciudadana coincide con el discurso de la alcaldía al igual que el de
los medios de comunicación, es decir se transmiten las ideas del poder político en la
ciudadanía, y operan a través de un proceso de identificación a partir de la memoria, siendo
los ciudadanos actores activos frente a los dispositivos ubicados estratégicamente por los
políticos. Además, se constata que estos diferentes actores ciudadanos, interpretan estos
lugares de memoria según el marco social del que provienen y se reflexiona acerca de la
memoria como campo de batalla en el cual se definen los proyectos políticos, culturales e
ideológicos en torno al pasado.
 Acerca de la intervención de María Fernanda López

A partir de una presentación de corte testimonial desde el arte urbano, arte de calle y
la gestión cultural a la que tituló: Entre la cooptación y el prohibicionismo: Análisis de la
política municipal Guayaquileña en torno al uso del arte de calle.Para María Fernanda el
escenario de Guayaquil es inquietante, pues el espacio de la ciudad se compone por muros
grises, y se concibe como una ciudad en la que el Malecón se convirtió en el símbolo de la
guayaquileñidad, dejando de lado el espacio público del resto de la ciudad.

Ahora bien, sobre el uso de los espacios públicos, esencialmente de paredes ubicadas
en el centro de la ciudad, son una problemática en cuanto a la gestión de permisos para la
intervención del arte urbano y público. Pues, existe una serie de trabas por parte de la
municipalidad la cual está interesada en una asepsia visual y gráfica, con la finalidad de que
la ciudad pueda ser vendida turísticamente a través de un proceso y normativas públicas que
invisibilizan la identidad propia latinoamericana.

María Fernanda propuso a la alcaldía el proyecto “Guayarte” el cuál fue aprobado por
la municipalidad intentando generar un cambio en las políticas públicas para el manejo del
espacio, con el objetivo de la visibilación del arte público. Este proyecto tuvo dos fases en
las cuales el municipio invirtió fondos públicos y que hoy se encuentran eliminando de las
paredes, pues los muros eran ejercicios libres que no interesaron a la estética de la
municipalidad. Hablando así de una democracia fantasmal, pues incluyeron a los artistas
urbanos momentánea y oportunistamente, para luego borrarlos.

Para concluir, tomando el tema de la permisión para la ocupación de espacios


públicos, se ha generado una idea del espacio para el arte a través de lo que María Fernanda
llama un “zoológico, en el cuál el arte tiene un espacio determinado y limitado para sus
manifestaciones, a través de un sistema prohibicionista he ilusorio planteado a través de
ordenanzas municipales que rigen la ocupación de los espacios públicos. Cabe recalcar que
dichos lugares no son espacios para todos, hablando esencialmente del centro de la ciudad,
el cuál ha sido pensado para una población adulta, y así mismo el Malecón como un espacio
propio de consumo y no de recreación y menos aún de identidad guayaquileña.

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