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https://www.youtube.com/watch?

v=1vwLkx0dYVc

“El pescador alegre” es una canción tradicional colombiana del género cumbia que conocí a través
de una cultora colombiana llamada Totó La Momposina, cuya versión aparece titulada simplemente
“El pescador”. Esta cantante representa con su actitud la vida popular, no como una actriz de lo que
significa la tradición colombiana sino como partícipe de un estilo de vida que se mantiene vigente
en las orillas del rio Magdalena, Colombia, que involucra a distintos sujetos de esa sociedad que vive
en sus orillas y/o que sube su corriente para llegar al Mar Caribe. Lo que “El pescador alegre”
describe es la cotidianidad del pescador artesanal de esa zona, a su sentir y a su faena.

La cumbia es un género afroindígena de la Costa Caribe colombiana cuyo elemento más


característico es la percusión, aunque en algunas manifestaciones pueda agregársele otros
instrumentos, no solo indígenas sino también contemporáneos y del mundo, que se han hecho
tradicionales en su interpretación. En este tema solo se ejecutan voces y percusión; por eso, y
también por lo sencilla que es su estructura armónica, melódica y rítmica, tiene una gran expresión
africana. De hecho se canta tradicionalmente con mucha fuerza y con modulaciones mínimas que
más bien van produciéndose naturalmente como parte de la dinámica melódica-armónica, además
de la cadencia típica de los cantos colombianos que imprime cierta melancolía o quejido en
determinadas inflexiones que surgen en la melodía. Cabe destacar que este género tiene también
influencia española, producto de la transculturación, datando sus orígenes de la Conquista y la
Colonia, al igual que varios otros estilos musicales de tradición.

(Inciso: Las versiones de esta canción que se consiguen en la web pueden variar.)

Las versiones con un sonido más típico pueden variar en empezar con la percusión o la voz.
Empiezan, sí, con la primera estrofa:

“Va subiendo la corriente,


con chinchorro y atarraya,
la canoa de bahareque
para llegar a la playa”.

Esta estrofa introduce perfectamente a lo que será la canción, conectando con el oyendo a través
de una carga narrativa que una cualidad común en la música popular; el coro por su lado es una
especie de pregón de cuatro versos, con una respuesta que es ejecutada a dos voces hasta el tercer
verso, que se extiende hasta el final del coro en un contrapunto con una cadencia menor que inspira
al misticismo de una tradición de siglos que asemeja una mezcla entre música sacra y africana, que
tiene sobre puesto los últimos dos pregones de la voz principal, para culminar el primer ciclo del
coro, que se repite tres veces más en cada oportunidad. Esta forma en que se presentan estas
unidades líricas es común entre todas las versiones de este tema.

Entre hombres y mujeres, en la versión de Totó La Momposina, armoniza el coro:

“El pescador (…)”

Y el pregón contesta cada vez:


“(…) habla con la luna.
(…) habla con la playa.
(…) no tiene fortuna,
solo su atarraya”.

La carencia de instrumentos armónicos permite percibir una similitud entre el estilo de esta
composición y algunas de nuestras expresiones de la música afrodescendiente.

Como es típico de los géneros populares, en el pequeño interludio que surge luego del primer coro,
la agrupación de La Momposina aprovecha la ocasión de bromear con onomatopeyas, como lo
harían como parte de su interacción amistosa, comunitaria, como todos los que son la misma gente,
llevando al escucha/espectador hacia una impresión de ese ambiente.

“Regresan los pescadores,


con su carga pa’ vender,
al puerto de sus amores
donde tienen su querer”.

La estructura melódica, armónica y rítmica es, al menos con respecto al aspecto lírico, constante,
que hace que la mayor carga expresa recaiga en el carácter narrativo-descriptivo de la letra, que
redunda con ligereza en el significado cultural del contenido. En ese sentido la letra nos deja percibir
al personaje, no solo en la faena, sino también haciendo vida en el amor de pareja, que amplifica la
dimensión emocional que nos exponen.

(Inciso: Aunque las versiones más apegadas al estilo tradicional son muy similares entre sí, encontré
otra que incluye bajo y guitarra eléctrica, batería, piano y cuerdas, además de tambores y maracas,
voces masculinas y una femenina en rol principal. Quiero abordar un poco el caso particular de la
última versión a la que he hecho referencia, ya que, por ejemplo, la disposición de las estrofas es
diferente, restando un poco de relevancia al sentido narrativo de la misma, pero también aportando
un carácter más valor poético al contenido lírico, y sobre todo al musical que complementan
hermosamente con su arreglo los integrantes de la banda Magda, cuya versión puede hallarse en
Youtube, y que catalogaría como, rítmicamente, una cumbia, con elementos alternativos que le
otorgan un sonido exótico).

Las voces, a lo largo de la pieza, ejecutan firmes sin bajar jamás la intensidad de su interpretación.
Hasta que llega el final. El último coro, en la versión de La Momposina, se canta cuatro veces
completo, y una quinta vez prescinde del contrapunto al final del coro. La canción termina en
morendo.

Otras versiones del tema contienen algunas otras estrofas más. Por ejemplo:

“La luna espera sonriente


con su mágico esplendor
la llegada del valiente,
del alegre pescador”.

Con esta última estrofa me ha dado la sensación de que se trató siempre de la luna como el querer
que le esperaría en el puerto, tomando la secuencialidad de la narración y asumiéndola con una
particular inocencia. Y la realidad es que sin ella, esa secuencialidad con la que uno puede concebir
la historia del pescador, no tendría que asumirse que el pescador llega al anochecer o entrada la
mañanita, por lo tanto tampoco el comienzo de la faena. Lo único sugerido es que sale del río
Magdalena corriente arriba hacia el mar. Tampoco queda claro si la pesca se realiza en el mismo río,
aunque se sabe que desde 1930 fue construido en su desembocadura, llamada Bocas de Ceniza, un
canal artificial para permitir la navegabilidad a buques de gran tamaño.

La canción posee una última estrofa que canta:

“Y esta cumbia que se llama


el alegre pescador,
la compuse una mañana,
una mañana de sol”.

Encuentro fascinante la relación cultural –así como la semejanza– entre esta muestra de la tradición
musical colombiana y la gaita venezolana, originaria del estado Zulia, a tan solo 200 kilómetros
aproximadamente de esa frontera con Venezuela. Además me identifico muchísimo con el trabajo
de esta cantante, y la historia que cuenta, que bien podría por muchas razones tratarse acerca del
grueso de cultores artesanales cumaneses que hacen, en nuestra ciudad, vida y tradición con su
labor.

El compositor de este baile cantao’, como llama Totó La Momposina al compendio de géneros que
ella interpreta, es José Barrios, creador de muchos otros del repertorio tradicional colombiano.

Fuentes: https://es.wikipedia.org/wiki/R%C3%ADo_Magdalena

https://www.musica.com/letras.asp?letra=1945685