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PRECAUCIÓN: ATEÍSMO EN

DECONSTRUCCIÓN.

¿UNA FE POSTMETAFÍSICA?

“Abracémonos, porque todos somos refugiados huyendo del aburrido


pragmatismo.”

Francis Spufford
PREFACIO

Suelen ser los prólogos el medio más eficaz para retraer a los lectores del conocimiento del libro.

Miguel León Portilla (in memóriam)

Metafísica, Dialéctica y Deconstrucción, serán los tres presupuestos bajo los cuáles,
este texto intentará responder a la pregunta: ¿existe un Jesús para los ateos?1 Pero,
por qué Jesús, por qué no Buda, Krishna, Mahoma, Dionisio o alguna otra figura
espiritual creada por la mitología humana, la elegida para intentar desafiar al ateísmo.

Nuestra cultura Occidental, como producto de las culturas Griega y Semita, me


permite elegir a Jesús como primer presupuesto actuando bajo el principio de Filón,
el alejandrino: “lo que Moisés dijo en alegoría, los griegos lo dijeron
conceptualmente”2. Moisés y Platón, no son solo héroes de nuestra mitología, sino
también son quienes concibieron la relación entre conocimiento y realidad. Por suerte
o por desgracia, el ateísmo también ha bebido de la misma fuente. Si bien, Marx le
dio una orientación materialista, tanto dialéctica como histórica, no significa que el
ateísmo en sí, no forme parte de lo religioso.

Elegir a Jesús como antítesis del ateísmo, pero al mismo tiempo elegirlo como aliado,
me permite desarrollar un camino dialectico. Porque si como reza el principio
cristiano, Jesús es “el rostro humano de Dios”3, éste nos ayudará a enfrentar en una
época post-metafísica, la cuestión sobre cómo es Dios, y no si existe Dios. Si
encontramos una respuesta sobre cómo es Dios, estaremos en condiciones de
deconstruir el ateísmo racional y dogmático, materialista y dialéctico, igual de
fundamentalista que el cristianismo mismo.

Deconstruir al ateísmo, no puede relegarse a una cuestión de dialéctica entre tesis


opuestas, como lo son el racionalismo y la emoción. Si Jesús es, tanto para ateos
como para cristianos, la imagen del Dios invisible, pero que en términos de
metafísica es cognoscible, entonces estamos ante la posibilidad de encontrar a un
Dios revelado en Jesús en medio de nuestra humanidad, porque no existe ningún
Dios escondido detrás de Jesús.4 Ya sea que Dios sea el redentor de la humanidad o

1
La pregunta hace referencia al libro de Milan Machoveč, Jesús para ateos.
2
Valls Plana, Ramón, La Dialéctica, Un debate histórico, Montesinos Editor, 1981, p.47.
3
González Faus, José I., El Rostro Humano de Dios, Salterrae, 2008.
4
Morrison, Stephen D., Welcome Home, 2015, p.14.
lo anónimo, nuestra tarea es volver a la filosofía primera, a las causas y los principios
últimos. Incluso, aunque parezca una contradicción, no podemos pensar en el Ente en
cuanto Ser, post-metafisícamente sin acercarnos desde una metafísica, como pensaba
Zuribi.

Aristóteles creía que, si en el ente hay naturaleza alguna, también sin duda habrá algo
divino, que será el principio primero y más importante. De este modo, Aristóteles
ubica a la teología dentro del género de ciencia especulativa.5 En este sentido,
proponer el estudio de una fe atea, también podría ser una “teología negativa” en
cuanto cree en lo que dice: no existe. Por lo tanto, este texto no se ubica ni en el
campo del materialismo, ni en el de la teología, sino en el de la filosofía de la
religión. ¡Esa es su dialéctica!

Escribir, supone per se la alteridad de los sentimientos. Uno escribe desde un


trasfondo intelectual, pero también uno escribe desde su cotidianidad, desde su
experiencia. La transmisión del pensamiento se realiza por medio del vaciamiento de
lo ideal a lo textual, es decir, primero desde la idea, después sobre el texto. Así
entonces, la relación última, en la cadena de la conceptualización, el propósito del
ideal Derrideano, es que “no haya nada fuera del texto”6. Está “nada” Derrideana,
provoca un éxtasis religioso, “un abismo” que supone la textualidad misma dentro del
texto que se intenta escribir.

Deconstruir la fe de un ateo, requiere del giro lingüístico, de la filosofía del lenguaje.


Tal giro, nos ayudará a salir del circulo que encierra tanto al materialismo como al
idealismo, es decir, al pensamiento metafísico y el anti metafísico. Así, este ateísmo,
el deconstruido, será un abismo edificado a partir de pares opuestos, de la necesidad
de superar la estructuralidad dogmática de la fe.

La representación de nuestra textualidad, está constituida por la deconstrucción de la


idea. La idea es nuestro dialogo interno, que intenta superar a su propio laberinto. Mi
intención, es escapar “del aburrido pragmatismo” con que esta posmodernidad nos ha
envuelto, la del sentimentalismo excesivo. Construir una estructura textual que
emane de nuestro dialogo interno, el cual supone largas horas de estudio,
investigación, lectura, escritura y edición creando en el escritor una metamorfosis, un

5
Aristóteles, Metafísica, XI-7-35
6
Derrida, Jacques, De la Gramatología, Siglo XXI editores, 1971, p. 207.
tanto cuanto kafkiana. Esta metamorfosis, supone por fuerza la llegada de una fe
deconstruida, expresada en el texto.

¿Y qué es un texto? Para mí, permitiéndome usar el sistema apofántico,7 un texto no


es un ente monolítico, es decir, no es el producto de la sistematización de ideas, ni es
el uso de la razón teorética que busca demostrar lo que ya conocemos. Tampoco es la
exposición de nuestros sentimientos, una razón pura, si intentamos parafrasear a
Kant.

Un texto, es una dialéctica interna y abierta que habita en todo ser humano. Es un
ente vivo que habla de lo que conocemos en cuanto al objeto, alejado de toda
sofistería. La dialéctica es método, pero también es una estructura de la cosa que se
estudia. Es el concepto que no se queda fijo en un solo lugar, sino que va
conformando nuestra conciencia, por un lado, una conciencia materialista y racional.
Pero nuestra materialidad ya no se contenta con sumergirse sólo en lo racional, es
decir, en el mero uso de la razón, sino que involucra también nuestros sentimientos,
como la fe, por ejemplo.

Por lo tanto, el materialismo ateo, en una época posmoderna, debe deconstruirse y no


conformarse con su orden conceptual, sino debe intentar corregir ese orden a través
del ser del objeto, en nuestro caso, el hombre. Como dice Adorno, aquí llegamos al
nervio de la dialéctica, que es la contraposición. La dialéctica es lo opuesto de eso
que uno se imagina como tal: no es un mero arte de la operación, sino la tentativa de
superar la manipulación meramente conceptual, de lidiar en cada nivel con la tensión
y eso que le es subyacente. La dialéctica es el método del pensar que no es tan sólo
método, sino la tentativa de superar la mera arbitrariedad del método y la de hacer
ingresar también en el concepto eso que no es concepto.8

El concepto de un materialismo religioso o de un ateísmo deconstruido, intentará ser


la síntesis que se encuentra entre la contraposición, fe-razón, o entre emoción y
racionalidad. Es una fe atea, que surge de la necesidad que nos ha impuesto tanto el
teísmo como el ateísmo en sus vertientes dogmáticas, una fe post-metafísica como
reza el subtítulo de este texto. La religión es una estructura de sentimientos, de igual
modo, el materialismo ateo es una estructura racional, pero a las dos posiciones las
válida su fe. Porque el examen definitivo de la fe es siempre su veracidad. Y para ser

7
Aristóteles, Sobre la Interpretación, p. 6, Ed. Gredos.
8
Adorno, Theodor W., Introducción a la dialéctica, Eterna Cadencia Ed., 2013, p. 28.
honesto, creo que las dos posiciones poseen su dosis de verdad. Sino fuera de ese
modo, tanto ateos como creyentes no pasarían por períodos de duda.

Hegel resume todo este andar especulativo de la siguiente manera: “El camino a la
sabiduría pasa por el escepticismo. No hay que dudar de esto o aquello, sino de todo,
y más a fondo todavía, anegarse en la desesperación.” ¡Hacia allá nos dirigimos!