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La Revolución Rusa, Malévich y mi suegra

Desde que estuve en el Museo Ruso de Arte, en San Petersburgo, siempre me llamó
poderosamente la atención un cuadro entre todas las maravillas que allí se encuentran:
Cuadrado negro sobre fondo blanco, del artista Kazimir Malévich.

Si, este cuadro pequeño, simple, absurdo, me cautivó desde que lo vi. Seguramente, de estar
expuesto en otro lugar ni siquiera lo hubiese mirado. Prejuicios, claro. Pero en este caso, el
prejuicio me llenó de curiosidad.

Porque cuando lo vi en aquel magnífico museo ruso, rodeado por las vanguardias del siglo
XX, sabiendo que su autor era un anarquista soñando con un arte nuevo, no pude menos
que pensar que detrás de aquella obra había una declaración.

Hombre mirando un Malévich. Jimena Méndez. San Petersburgo, 2015

He buscado y leído mucho al respecto de ese cuadro, pero cuando leí el manifiesto que
escribió Malévich tuve la certeza de que ese pensador no había hecho ese trabajo sin una
intención. Y fue mientras realizaba mi tesis de Antropología en Moldova, ex URSS, en la casa
de mis suegros, que tomé la fotografía que hoy me ayuda a unir en estas mismas reflexiones
a Malévich, la Revolución Rusa y a mi suegra.
Kazimir Malevich, creador del Suprematismo, nació en Kiev en 1878, hijo de una familia de
obreros. Estudió en una escuela de agricultura, lógicamente, como era y es el destino de
casi toda la población de la ex URSS; pero siempre tuvo aspiraciones artísticas. Así que, como
casi todos los artistas rusos, aprendió a pintar paisajes y naturalezas muertas como
autodidacta, y cuando pudo, se inscribió en la Academia de Artes de Kiev, donde empezó a
pintar bajo la influencia del impresionismo.

En 1904 se marchó a Moscú, donde además de proseguir estudios, siempre estuvo


comprometido con las vanguardias y participó en varias organizaciones con otros artistas
rusos, realizando con ellos varias exposiciones. En 1915 sus propias investigaciones lo llevaron
a crear el movimiento Suprematista, y a publicar su manifiesto. Tuvo poco éxito, ya que en
épocas de la revolución bolchevique, el Constructivismo era el movimiento intelectual más
aceptado.

A pesar de que al inicio de la revolución fue considerado un artista revolucionario, en 1929


fue expulsado de los ámbitos académicos e intelectuales y su obra prohibida al no querer
comprometerse con el arte soviético de propaganda. En 1932 ya su arte era totalmente
abstracto y discurría por otras formas de pensar. Murió de cáncer en 1935 en Leningrado y
no fue sino hasta la muerte de Stalin que su nombre volvió a estar entre los artistas más
reconocidos de Rusia.

Ese cuadro ya era polémico en su tiempo. En su Manifiesto Suprematista, acerca del mismo,
un óleo sobre tela realizado en 1915, el autor escribe:

“Yo también me sentí presa de una inquietud, que asumió las proporciones de la
angustia, cuando tuve que abandonar el mundo de la voluntad y de la representación
en el que había vivido y creado y en cuya realidad había creído. Pero el éxtasis de la
libertad no-objetiva me empujo al desierto donde no existe otra realidad que la
sensibilidad, y, así, la sensibilidad se convirtió en el único contenido de mi vida. Lo que
yo expuse no era un "cuadrado vacío", sino la percepción de la inobjetividad. Reconocí
que la cosa y la representación habían sido tomadas por la imagen misma de la
sensibilidad y comprendí la falsedad del mundo de la voluntad y de la representación.
La botella de leche, ¿es el símbolo de la leche?”

Según los archivos, así lucía la primera exposición donde Malévich exhibe el controversial
cuadro, realizando él mismo el montaje y colocándolo en ese rincón, arriba de todo. Como se
aprecia en la fotografía de la muestra, lo colocó en un lugar absolutamente protagónico y
también extraño.

El zarismo y la construcción del imperialismo ruso tuvieron como base religiosa el


cristianismo ortodoxo. La cultura rusa primero y el post socialismo después, mantienen la
iconografía cristiana en todas las dimensiones de la vida de sus pueblos. Durante el gobierno
socialista hubo una política anti clerical fuerte, pero cuando cae el socialismo se vuelve con
mucha más fuerza al cristianismo ortodoxo, proliferando la construcción de iglesias,
monasterios y santuarios. La Iglesia Ortodoxa además, tiene una fuerte injerencia en la vida
política de Rusia y de las repúblicas de la ex URSS, y hoy se define totalmente contraria a los
procesos de occidentalización, defendiendo el proceso de rusificación en todo el territorio
que fue soviético.

21 de las 39 obras expuestas por Malévich en la exposición 0,10. 1915

Desde antes de la época de la revolución, todos los aspectos de la vida social de los pueblos
soviéticos estuvieron mediados por la iglesia ortodoxa. El zarismo y la construcción del
imperialismo ruso tuvieron como base religiosa el cristianismo ortodoxo. La cultura rusa
primero y el post socialismo después, mantienen su iconografía cristiana en casi todas las
dimensiones de la vida de sus pueblos.

Si bien durante el gobierno socialista hubo una política anti clerical fuerte, cuando cae el
socialismo se vuelve con mucha más fuerza al cristianismo ortodoxo, proliferando la
construcción de iglesias, monasterios y santuarios. La Iglesia Ortodoxa además, tiene una
fuerte injerencia en la vida política de Rusia y de las repúblicas de la ex URSS, donde hoy se
define totalmente contraria a los procesos de occidentalización, y defiende el proceso de
rusificación en todo el territorio que fue soviético.

Ícono en la esquina. Cuarto en casa de Tatiana. Jimena Méndez. Moldova, 2014

En cada casa, como en la casa de mi suegra, la presencia de los íconos ortodoxos abunda.
Cada habitación, como muestro en la fotografía, está protegida por algún santo colocado en
la esquina superior del cuarto, protegiendo los lugares y a quienes los habitan.

Ese lugar elegido para poner los íconos, la unión de paredes, no es un lugar fortuito, sino que
es elegido porque representa las encrucijadas de la vida, las dudas, los quiebres. Son
rincones donde no llega bien la luz y puede aparecer el mal para confundirnos. Por eso los
íconos en Rusia -y en los países de la ex URSS- se colocan, como en la casa de mi suegra, en
las esquinas, los bordes y las fronteras.

Cuando vi la foto de la instalación que organizó Malévich, recordé esta imagen de Moldova.
No podría ser posible que Malévich, quien ya presagiaba la revolución bolchevique, se
estuviese preguntando acerca de esas representaciones en el nuevo orden? Cuando llegase
la revolución y hubiera que refundar las mismas bases de la sociedad, qué imágenes estarían
allí? Qué nuevas imágenes ocuparían el lugar de los viejos íconos cristianos?

En su manifiesto, Malévich reflexiona acerca del arte clásico y de las manifestaciones artísticas
de su época, entendiendo que el arte burgués era la “dictadura de un método de
representación, cuya única finalidad es presentar” a las clases dominantes de su tiempo en “el
ambiente en el que él vive y sus conceptos.” En esto de pensar nuevas formas de
representación para el nuevo orden que estaba naciendo, dice que:

“El cuadrado negro sobre fondo blanco fue la primera forma de expresión de la
sensibilidad no-objetiva: cuadrado=sensibilidad; fondo blanco=la Nada, lo que esta
fuera de la sensibilidad…he aquí el nuevo arte no-objetivo como expresión de la
sensibilidad pura, que no tiende hacia valores prácticos, ni hacia ideas, ni hacia ninguna
tierra prometida”

Malévich escenifica en la pared el pensamiento del hombre nuevo en esa nueva sociedad
que se atrevió a soñar: una pared llena de formas puras, de ideas que todavía no estaban
supeditadas a la funcionalidad del mundo material, ni a sus reglas, ni al poder o a la sumisión
de otros hombres; todavía eran libres. Y allí, en el rincón del cuarto reservado para los dioses
del mundo de los zares, colocó el Cuadrado Negro sobre fondo blanco. Negro es la suma de
todos los colores y todos los puntos llenando el espacio vacío, representando todas las ideas
y ninguna a la vez. Todo por hacer, todo por ser creado, pero sin los antiguos dioses que
representaban la explotación del hombre y el viejo régimen. En esa declaración también
existe un llamado a los obreros, a los pensadores y a los artistas a imaginar y crear ese
mundo nuevo, que antes habían sido ocupados por la religión y el poder:

“Hasta ahora, la vida y sus formas de manifestarse se tomaban en consideración desde


dos puntos de vista: desde el material y desde el religioso. Se podía pensar que el del
arte debiera llegar a ser el tercer ángulo visual de la vida, con iguales derechos a los de
los dos primeros; pero, en la práctica, el arte (como una potencia de segundo orden) se
pone al servicio de los que observan el mundo y la vida desde uno de los dos primeros
puntos de vista. Tal estado de cosas contrasta extrañamente con el hecho de que el arte
tiene una parte precisa en la vida de todas las edades y en todas las circunstancias, y
que solo las obras de arte son perfectas y de vida eterna. El artista crea con los medios
más primitivos (con carbón, cerdas, madera, cuerdas de tripas o de metal), lo que la
mecánica más refinada y más práctica jamás será capaz de crear.”

El Cuadrado Negro sobre fondo blanco hablaba desde ese rincón y hablaba de futuro, un
nuevo génesis donde todo era tinieblas y forma y se necesitaba de nuevos hombres capaces
de nombrar lo nuevo que estaba por venir. Un mundo humano, utópico, sin dioses ni
explotados, donde el arte fuera también motor de esa nueva vida.

Lo que pasó después en la URSS nadie lo podía prever. Lejos quedaron los sueños y las
utopías revolucionarias, y vino la muerte y el horror. Casi todos los artistas vanguardistas
fueron perseguidos por sus ideas, por no apoyar al sistema y cuestionar el poder. Todos ellos
desterrados, fusilados, aniquilados y su obra prohibida.

No fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX que parte de las obras de los vanguardistas,
salvada por rusos que se jugaron la vida escondiendo manifiestos y pinturas, o escribiendo y
relatando las historias, que muchas de éstas llegaron hasta nosotros.

Algunos artistas que pudieron escapar, siguen siendo considerados entre los grandes
maestros del arte. Otros tienen perdida su obra, saqueada o destruida; y no son tan
conocidos fuera de las fronteras rusas. Su memoria sigue siendo preservada por artistas,
amigos y familiares, a través de relatos y cartas. Otros fueron restituidos a los museos y sus
nombres reconocidos después de la muerte de Stalin.

Hoy, ésta obra de Malévich se encuentra exhibida en el Museo de Arte Ruso en San
Petersburgo. Allí, silenciosa y descontextualizada del artista y su época, permanece
incomprensible, desafiante, hablando en su lenguaje monocromático para nuestra
contemporaneidad, que a veces olvida el valor de la reflexión artística y el poder de la utopía.
Jimena Méndez. Febrero de 2018 – Uruguay.

Referencias:

Malévich, Kazímir. Manifiesto Suprematista. Disponible online en:


http://blogs.fad.unam.mx/asignatura/raquel_garcia/wp-content/uploads/2015/03/Manifiesto-Suprematista-
Casimir-Malevich.pdf

Bowlt, John Ellis. 2017. Russian art of the avant-garde theory and criticism 1902-1934. Ed. Thames and Hudson,
Londres.

Malévich. Colección del Museo Estatal Ruso. 1993. Disponible online en:
https://monoskop.org/images/9/99/Malevich_Coleccion_del_Museo_estatal_ruso_San_Petersburgo_1992.pdf

Méndez, Jimena. 2017. Tesis de grado Antropología Social: “Moldavia post soviética: las representaciones del
habitar después del socialismo”. Uruguay. Inédita.