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LA QUEMA DE CAÑALES Y LA SALUD PÚBLICA.

Como todos los años, se inicia la temporada de quema de los cañales para la respectiva
zafra y posterior transporte en el proceso de producción de la industria azucarera. Este
proceso de quema de cañales se viene realizando desde muchos años atrás, no solo en
nuestro país, sino que en todas partes del mundo que se dedican a este tipo de cultivo.

Las ventajas de realizar esta práctica radican más en el bajo costo de producción en
concepto de obtención de los cañales con baja hojarisca y cierta protección a los
jornaleros encargados de su corta, traducidos en mayor rendimiento al doble en
comparación al no realizarlo a través de las quemas.

Sin embargo, desde el punto de vista productivo propio del producto, no hay mayor
ventaja ya que, ni aumenta el peso ni facilita la extracción de la azúcar bajo los
procedimientos actuales.

Ahora bien, desde el punto de vista agricultura, la tendencia de las quemas de cultivos
de diversos tipos ha demostrado que son muy pocos los beneficios obtenidos en los
diversos productos y por el contrario se ocasionan perdidas de nutrientes necesarios para
la diversidad de cultivos posteriores, ya sean nuevos o permanentes.

Desde la perspectiva del medio ambiente; al realizar esta práctica se está provocando un
daño a la biodiversidad y al ecosistema local de donde se realizan estas quemas, ya que,
todas las diferentes especies; desde los microorganismos hasta los complejos
organismos que habitan en estos lugares como en sus alrededores inmediatos, luchan
por sobrevivir, donde muchos lo logran pero la mayoría lo pierden.

Ecosistemas que cumplen una función dentro del área local que al dañarlos se repercute
en otro tipo de eventos no esperados. La contaminación es mayor en el aire, ya que las
columnas de humo blanco es más perjudicial y tiene la característica que es menos
degradable, lo que traducido es mayor carga de gases invernaderos que contribuye al
cambio climático y su deterioro global. Entre otras cosas.

También la salud pública visualiza esta práctica como un problema ya que, en este país
desde los meses de noviembre hasta abril (periodo de la zafra), se ve aumentada la
demanda en la atención de salud. De forma directa como indirecta, siendo esta última la
de mayor desgaste al sistema de salud.

De forma directa como los trabajadores propios en los cañales con problemas como
quemaduras de diverso tipo, heridas en diversas partes del cuerpo y su consecuente
gravedad, infecciones secundarias, entre otras. De forma indirecta donde entramos el
resto de la población que no tenemos ningún tipo de contacto directo pero que sufrimos
igual de las repercusiones y demandamos una atención de salud para nuestros males.
Las primeras causas de morbilidad (enfermedad), en el país son las infecciones de las
vías respiratorias, tanto altas como bajas. Estas afecciones pueden ser del tipo
infecciosas como no infecciosas. De las infecciosas se mencionan a las gripes, catarro
común, faringitis, faringoamigdalitis, sinusitis, entre otras; cuya característica en común
es de presentar fiebres desde el inicio de síntomas. Las no infecciosas por el contrario
no presentan fiebres por lo general, pero tienen un resto de sintomatología que amerita
la atención médica para evitar complicaciones. Dentro de este rubro caben en mayor
cantidad los casos relacionados con las alergias que pueden ser a su vez en la piel, nasal,
faríngea, bronco pulmonar.

Ambas afecciones demandan la implementación de un bagaje de actividades en los


diferentes centros de salud, que van desde los más sencillos como el uso de
antialérgicos orales pasando por acciones medias como la utilización de medicamentos
nebulizados hasta la atención intrahospitalaria de segundo o tercer nivel según grado de
complicación sometida y de reacción ante el agente provocador.

Esto conlleva a mayor gasto en personal médico sanitario, gasto en medicamentos,


gasto en insumos médicos que son absorbidos con dificultad por el gobierno sin recibir
ningún tipo de compensación por parte de los agentes provocadores. Esto conlleva a que
la demanda aumente, la calidad de atención disminuya, los recursos se agoten con
rapidez, la insatisfacción de los pacientes en la resolución de sus problemas de salud e
inconformidad en el sistema.

Siendo lo anterior cierto y que el beneficio de la quema de los cañales solo favorece a
los agricultores e ingenios azucareros, ya que les generan más ganancias personales,
sería adecuado reformular este tipo de prácticas y la toma de conciencia sobre los males
que se generan al resto de la población y su medio. Plantearse además, la idea de una
compensación a los medios de salud en diversas proporciones según el daño ocasionado
en los alrededores de estas prácticas y su comportamiento epidemiológico.

También es un llamado de atención a nuestros gobernantes para que en verdad se tomen


cartas en el asunto. En el gobierno con un equipo multidisciplinario con énfasis en los
ministerios de agricultura, medio ambiente y salud pública para tomar medidas
conjuntas al respecto en la búsqueda de beneficios para todos y evitar así no cumplir
con el edicto “vale más el beneficio de muchos que el beneficio de pocos”. En el
legislativo para que se legislen mejor las practicas de producción y recolección de los
diferentes tipos de cultivos en nuestro país. Al poder judicial, para ser garante de su
aplicación y respeto por las leyes y el derecho ajeno.

Con la esperanza de contribuir al cambio con enfoque de las mayorías beneficiadas sin
detrimento de los medios de producción para favorecer una convivencia pacífica y en
armonía entre todos. Para lograr avanzar en el mejoramiento y calidad de vida de los
salvadoreños. Damos nuestro aporte y ¿usted qué opina?

Westenberg Lara Ochoa.