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La ampliación del espacio público y la reformulación de la legitimidad del Estado: Habermas.

EL MODELO DE CONFIGURACIÓN DEL ESPACIO PÚBLICO EN JÜRGEN HABERMAS

Jürgen Habermas (1929) Hacia una recuperación de la dimensión práctica (moral) de la política

Se trata de un autor alemán, ubicado en la intersección entre las teorías del poder y la dominación
y la sociedad.

Dentro de sus filiaciones ideológicas podemos mencionar:

 Escuela de Frankfurt (segunda generación), recupera el potencial crítico de la


escuela, pero con un sentido positivo.

La Escuela de Frankfurt: Grupo de filósofos y sociólogos alemanes, al igual que Norbert Elia deben
irse por el nazismo. Adorno y Horkheimer desarrollaron el potencial crítico, aunque cayeron en un
pesimismo total del devenir histórico – social.

Corresponde a la segunda generación (ya que Habermas desarrolla su teoría después de la caída
de Hitler, para muchos la segunda generación desarrolla su teoría en EE. UU.), recupera el
potencial crítico de la escuela, pero con un sentido positivo.

Habermas mantiene la crítica a la sociedad y cultura occidental, pero vé que hay posibilidades de
mejorarla, que recupere los valores éticos, las ideas del valor común.

Adhiere a la teoría del desencantamiento de Occidente (el avance no significó progreso, la religión
se recluyó a lo privado, a partir de Maquiavelo y Lutero poco a poco se separa la religión de la
política, desencantamiento en tanto eliminación de la religión como encantamiento, es igual a
secularización, equivalente a mayor racionalidad)

También adhiere a la Teoría de la Racionalidad Comunicativa, generación de consenso en una


sociedad donde los individuos están de igual a igual.

Se preocupó por hacer una crítica de la sociedad, enfatizando que la preeminencia de la razón
instrumental ha llevado a la pérdida de la dimensión moral (valorativa / axiológica) de la política y
la vida social. Hizo una construcción cultural, todo el hilo conductor de su pensamiento apunta a la
idea de que todo hombre que vive en una sociedad es política, necesidad de que la vida social
recupere contenido ético, praxis de valores.

Axiología: Refiere a los valores, esa dimensión se ha perdido.

Lo suyo es un marxismo crítico, no le gustaban los planteos del marxismo ortodoxo. Hace filosofía
política apelando a reconstrucciones históricas.

El New Deal generó una política benefactora, se vio en los ’40 (industria automotriz – técnica), los
frankfurtianos ven a un Estado que se preocupa por sus ciudadanos, pero cuestionan que la razón
técnica terminó aplastando toda razón crítica, el Estado Benefactor aplaca reclamos con objetos
para evitar la revolución.

Los frankfurtianos combatieron la objetividad de la ciencia, según el Positivismo se buscaba la


neutralidad. La ciencia debe reflexionar sobre sí misma porque genera consecuencias, no es
neutra. Las ciencias duras no están exentas a esto, pese a tener un interés técnico (de aplicación).
Por su parte las ciencias de la cultura tienen un interés práctico (reflexivo). Ambas apuntan hacia el
interés emancipativo: Recuperar la reflexión crítica, moral, ver las consecuencias de los actos de
uno.

 Influencia del análisis weberiano de la racionalidad y el desencantamiento


occidental.

Weber distinguía cuatro tipos de racionalidad: Teleológica (apunta a los fines, al uso de los medios
adecuados para un fin); valorativa o de los fines (se pregunta si los fines son buenos o malos);
afectiva; tradicional (cuando uno actúa de acuerdo a la costumbre, la tradición)

El desarrollo de la sociedad actual occidental está marcado por la razón teleológica, falta el
fundamento moral a la vida social. Se trata de recuperar el aspecto práctico o moral de la sociedad
(la valorativa)

 Influencia del modelo de R. Kosselleck de crítica y crisis del mundo burgués.

Kosselleck explica las condiciones culturales, la sociedad se animó tanto a criticar a la Monarquía
que la aguillotinó (caso de la Revolución Francesa)

 Influencia de Hannah Arendt, con respecto a la recuperación del contenido moral –


práctico de la política.

Sentido de praxis filosófica. Política en el sentido de comprometerse en la vida cívica.

Habermas escribió “Historia y crítica de la opinión pública” (1962), refleja el inicio de la


movilización social.

Su proyecto teórico: Potencial democratizador del modelo de publicidad burguesa, propone


recuperar el modelo de publicidad burguesa desideologizado (rescatar la dimensión práctica –
moral – de la política). Sus elementos son: a) Estructura de la racionalidad comunicativa; b)
Reconstrucción histórica de las formas institucionales de la publicidad burguesa.

Recuperar el la discusión de los valores sociales, el potencial democratizador, que todos


intervengan en la conformación del consenso.

Con respecto a la publicidad burguesa, se refiere a esa forma de espacio público que aparece a
fines del siglo XVII y que dio sustento a los estados nacionales, es burguesa porque se basa en el
principio de legitimidad de la soberanía del pueblo, es lo que implementa.
El poder está en el pueblo y a través de su voto lo delega en sus representantes, la opinión pública
es una forma de controlar el poder, es un espacio público donde se materializa la participación
ciudadana, generando una opinión pública que legitima o no al gobierno.

La opinión pública se origina en el espacio público (cualquier espacio donde cualquiera pueda
intervenir sobre la cosa pública), es un modelo burgués originario de la Inglaterra del siglo XVII.

Sociedad civil = espacio público. El Socialismo amplía el espacio público a sectores marginados.

Habermas propone eliminar la nota burguesa, quiere que se democratice, que todos puedan
participar por igual en el debate público.

Racionalidad comunicativa: Parte de la base de que todos tienen la misma racionalidad. Que la
opinión individual tenga consistencia en normas o sea con convicción. El intercambio simétrico
genera consenso.

El espacio público se amplió mucho, se filtró para abajo, la elite tuvo que negociar. Formas
societales: Prácticas societales de las elites, microespacios de discusión, no sólo de las elites.

Publicidad burguesa: Implicó la discusión racional entre individuos en un ámbito público, sobre
cuestiones públicas; consenso (en base a leyes, genera legitimidad); modelo asociativo (libre
expresión, libre asociación, normas consensuadas)

La trayectoria histórica de la publicidad burguesa fue la siguiente:

En el siglo XVII surgió la prensa en Inglaterra como mercado de noticias, se ponía en práctica el
principio de la libre expresión en cafés y era discutido en el Parlamento. En la Francia del siglo
XVIII destacaron como microespacios de sociabilidad los círculos literarios y los clubs; en el
mismo siglo en Alemania aparecieron las sociedades literarias.

Kosselleck habla de un espacio público literario que pasará a ser un espacio público político.

En las revoluciones burguesas (independencia de EE. UU. y Rev. Francesa), la publicidad se usó
como legitimación del Estado.

Entre los siglos XIX y XX el espacio público se amplió: A causa de la crisis de la publicidad
(entreguerras), intereses privados en la vida pública, la movilización de los ’60 (ésta última fue el
contexto de elaboración habermasiana)

El principio fundamental es la “Libertad de expresión”. Espacios en donde las autoridades


toleraban que se opinara de determinada manera (cafés, salones literarios, microespacios). En los
alemanes son las sociedades literarias.

En estos microespacios se suponía que todos eran iguales, importaba la solidez de la


argumentación, todos son individuos racionales, estos espacios se amplían de contenido literario,
se expanden a la política. En tiempos de Shakespeare se discutían cuestiones de teatro y filosofía,
luego en Francia se hace más política la temática.

En la etapa prerrevolucionaria francesa estaban los salones, en la Revolución los clubes jacobinos,
con Napoleón estaban los círculos literarios.

En el caso hispanoamericano, Guerra dice que los espacios de sociabilidad generaron un habitus
ciudadano que permitieron el desarrollo de las revoluciones. Las tertulias eran donde estaban las
elites.

Mariano Moreno hablaba de que el gobierno tuviera un periódico propio, construir una opinión
pública es fundamental para legitimar, formar una opinión pública favorable, porque sus principios
se basaban en la soberanía popular. Los nuevos estados al no tener espacios públicos, los
gobiernos los financian su vocero “La Gaceta”, sociedades literarias, académicas (opositoras para
crear conciencia), las pulperías eran lugares de reunión popular, se politizaron.

La crisis de la publicidad burguesa coincide con la crisis del mundo liberal, se dio la posibilidad de
consenso mediante la crítica.

La movilización de los ’60 estuvo preparada por el desarrollo de la Psicología Social, ya que veinte
años antes se hicieron test de opinión cuyos resultados reflejaron el interés de la gente de
participar en la deliberación democrática. Pero la Psicología Social revela que la gente no opina
racional ni libremente sino manipulada por los Mass Media.

El estudiantado como nuevo sujeto revolucionario en los ’60. Rescatar el

origen publicitario, sacarle el sesgo burgués para que recupere la igualdad y la participación
democrática. Por su filiación marxista, tiende a un ser más sociable, está en contra de la
concepción individualista liberal.

El espacio público funciona como el elemento intermedio entre la esfera privada (subjetividad
individual) y el Estado (estructura burocrática)

Se consolida paralelamente a ambas esferas:

Una privada: reconocimiento de los derechos individuales (libertad de expresión, asociación, de


contrato, de circulación) Mercado

Una estatal: centralización y monopolio de la violencia legítima, estructura burocrática.

A medida que el Estado se ha ido centralizando en el siglo XVI, se conformó en lo opuesto una
esfera privada donde pasan las prácticas religiosas, relaciones económicas.

El espacio público es ese ámbito intermedio entre lo privado y lo estatal, donde los individuos
discuten temas de asuntos estatales, donde se da la legitimidad a través de la opinión pública.
La libertad de expresión y asociación son fundamentales para considerar los espacios públicos
como tales.

La configuración del espacio público implicó un triple proceso:

1. Consolidación de la estructura estatal

Incluyó diversas etapas, de los siglos XVI al XX: Estado dinástico – patrimonial, estado liberal, de
bienestar, “crisis actual de los estados”.

Implicó un proceso de unificación jurídica, impositiva y militar; el surgimiento de una burocracia


“racional” y la construcción de la nación como legitimación.

2. Consolidación de una esfera privada (íntima)

Se trata del espacio de la subjetividad individual. Familia burguesa.

3. Configuración de un espacio público de discusión y participación

El espacio público es un espacio de articulación entre la sociedad y el estado, surge a mediados del
siglo XVII en Inglaterra.

Conforma un ámbito materializado en medios de comunicación, organismos de participación,


movimientos sociales que permiten la discusión de los ciudadanos de los problemas de interés
común.

Se consolida en cafés, clubes, sociedades literarias. Desacraliza temas reservados a la autoridad


eclesiástica y real; luego discute a éstas.

Síntesis del texto HABERMAS J. “Historia y crítica de la opinión pública”

Sobre la génesis de la publicidad burguesa

El desarrollo del temprano capitalismo financiero y comercial, iniciado a partir del siglo XIII, pese a
estabilizar las relaciones estamentales de dominio, pone los elementos que habrán de disolverlas.

Poco a poco se intensifica el intercambio comercial a larga distancia, lo mismo ocurre con el tráfico
de noticias. Desde el siglo XIV, el viejo tráfico epistolar del comerciante da lugar a una especie de
sistema profesional de correspondencia.

Las grandes ciudades comerciales son al mismo tiempo centros de tráfico de noticias. Casi
simultáneamente al surgimiento de las bolsas, el correo y la prensa institucionalizaron los
contactos y la comunicación duraderos.

Según Sombart, a fines del siglo XVII se puede hablar de un sistema de correo y prensa, en sentido
estricto, cuando se hace accesible al público en general.
Los elementos que forman el marco del tráfico tempranamente capitalista de mercancías,
coadyuvaron al incremento del tráfico de noticias, algo que no se detuvo en la fase mercantilista.

Las compañías comerciales, surgidas desde el siglo XVI, exploran y abren nuevos terrenos para el
mercado, al requerir de sólidas garantías políticas, dieron inicio al proceso de racionalización de la
economía urbana.

El surgimiento de la publicidad se vincula a su vez con la aparición y consiguiente consolidación de


los Estados modernos, basados en la unificación impositiva y de la administración financiera.

Progresivamente se gesta el nombre de publicidad, con el sentido de poder público, aunque


estrechamente ligado al aparato estatal y su monopolio de la violencia legítima.

Análogamente se constituyó la sociedad burguesa, entendida como una esfera privada que
aparecía ante lo público como algo distinguido, su actividad privada se orientó de acuerdo con un
tráfico mercantil sometido a directivas y supervisiones de carácter público. La esfera de la sociedad
burguesa está coordinada con los órganos del poder público, al establecerse la economía política
fundada en el comercio.

Dentro de esta fase de capitalismo mercantil, se desarrolla un segundo elemento constitutivo: La


prensa. Los primeros periódicos aparecen semanalmente, luego a mediados del siglo XVII lo harán
diariamente.

Los comerciantes existen para los periódicos. El por qué llegó a ampliarse ese volumen de
informaciones y a hacerse accesible, incluso público, requiere una explicación.

Las noticias se han convertido en mercancías, la información periodística profesional obedece, a


las mismas leyes del mercado, a cuyo surgimiento debe ella su propia existencia. Toda información
epistolar tiene su precio.

El interés de las nuevas autoridades por utilizar a la prensa de acuerdo a sus objetivos se había
robustecido, en la medida que se ese instrumento les servía para dar a conocer órdenes y
disposiciones, los destinatarios se convirtieron por primera vez en “público”.

La Administración dirigía sus participaciones al público, es decir, en principio, a todos los súbditos;
pero no llegaban al hombre común sino a los “estamentos ilustrados”.

Junto al nuevo aparato del Estado moderno, ha surgido una nueva capa burguesa que habrá de
ocupar una posición central en el conjunto del “público”, su núcleo lo constituyen los funcionarios
de la Administración real, predominantemente juristas.

Se conforma un nuevo estamento de los “sabios” (incluye médicos, curas, oficiales, profesores),
los que acceden a los informes de la prensa, la verdadera capa burguesa (distinta a la antigua
burguesía del comerciante del burgo), la que sostiene al público, el cual es en principio un público
de lectores.
La autoridad provoca en esa capa un eco que permite la toma de conciencia del publicum – el
abstracto oponente del poder público –, su autocomprensión como un competidor en el juego,
como público de la naciente publicidad burguesa.

La relación entre la autoridad y los súbditos cae en la ambivalencia. En la medida que va


imponiéndose la producción capitalista, disminuye la autosuficiencia y crece la dependencia de los
mercados locales respecto de los territoriales y nacionales.

La sociedad contrapuesta al Estado delimita dos ámbitos: El privado y el estatal, la zona de


continuado contacto se convierte en zona crítica en el sentido que reclama la crítica de un público
raciocinante.

Se va dando el paso de lo privado a lo público. En el curso de la primera mitad del siglo XVIII, hace
su entrada en los periódicos el raciocinio. Por el momento, el razonamiento como tal está todavía
sometido al reglamente.

Los ciudadanos reciben, por encargo del soberano, ideas de las que se apropian y vuelven contra
aquél.

Surge en estos tiempos los “juicios públicos”, cuya mirada estaba puesta en la publicidad estatal,
se separan de ella como tribuna sobre la cual las personas privadas, reunidas en calidad de
público, se disponían a forzar al poder estatal a su legitimación ante la opinión pública.

La consecuencia es una transformación interesante: Lo que se somete a juicio público consigue


publicidad.

La publicidad burguesa (resultante de todo este proceso, está acompañada de espacios de


sociabilidad que difunden conocimientos (dirigidos a la opinión pública)

Estructuras sociales de la publicidad

La publicidad burguesa puede captarse ante todo como la esfera en la que las personas privadas
se reúnen en calidad de público. Pronto éste se opone al poder público (o estatal), para concertar
con él el tráfico mercantil y el trabajo social.

El medio del que se vale es el raciocinio.

Los burgueses aparecen dentro del tercer estamento, aquel que no entraba en las concertaciones
entre los privilegiados y el soberano. Son personas privadas, como tales no dominan, en un
principio tendieron a acatar el principio del dominio existente, pero por el momento, su sentido
sociológico radica en que trafican entre sí en calidad de público.

En la medida que el tráfico mercantil rebasa las fronteras de la economía doméstica, se acentúa el
proceso de polarización entre Estado y sociedad. La publicidad se emplazará en el campo de
tensiones entre el Estado y la sociedad.
Antes de eso, la intimidad de las pequeñas familias forma su propio “público”.

Posteriormente, en el siglo XVIII, los intereses psicológicos son los que guían al razonamiento, que
prende en las formaciones culturales ahora públicamente accesibles: en la sala de lectura y en el
teatro, en museos y conciertos.

La publicidad representativa no es completamente burguesa, conserva cierta continuidad con la


publicidad representativa de la corte real. La vanguardia burguesa de la capa media instruida
aprende el arte del raciocinio público en comunicación con el “mundo elegante”.

La ciudad es sobre todo de una publicidad literaria.

La herencia de aquella sociedad humanística – aristocrática tendió el puente entre los residuos
de una publicidad decadente – la cortesana – y el embrión de una nueva publicidad: la burguesa.

En el seno del ámbito reservado a las personas privadas distinguimos, entre esfera privada y
publicidad. La esfera privada comprende a la sociedad burguesa en sentido estricto, al ámbito del
tráfico mercantil y del trabajo social, la familia. La publicidad política resulta de la publicidad
literaria, media a través de la opinión pública, entre el Estado y las necesidades de la sociedad.

En Francia se entendía por “público”, en calidad de destinatarios, consumidores y críticos de arte y


literatura, a los miembros de la corte, a la parte de la aristocracia urbana junto a la capa superior
de la burguesía, que tenía asiento en los palcos del teatro. A este público temprano pertenecen
corte y ciudad. En Inglaterra la corte nunca dominó a la ciudad, como ocurrió con Francia.

Sin embargo, poco a poco las ciudades florecen en detrimento de las cortes, el sobrepeso del área
urbana se debe a nuevas instituciones con funciones sociales: Las casas de café, los salones
(centros de crítica literaria y luego política, en los que comienza a establecerse una paridad entre
las gentes cultivadas procedentes de la sociedad aristocrática y las de la intelectualidad burguesa)

Se extiende el raciocinio. Los cafés albergaron las más nutridas capas medias, incluso artesanos y
tenderos.

En Francia, los salones produjeron un común alineamiento de la nobleza y de la gran burguesía


bancaria y burocrática con la “intelectualidad”. El salón mantenía el monopolio de la primera
publicación.

En Alemania se dieron las reuniones dialogantes del siglo XVII, menos efectivas por el menor peso
de sus ciudades, y menos extendidas, de ellas salieron las sociedades alemanas que eran
convocadas por el soberano, dedicaban sus esfuerzos a la lengua materna.

La reunión de personas privadas en calidad de público se mantenía en secreto, aunque anticipaba


la publicidad burguesa.

El público raciocinante de las sociedades secretas comienza a prevalecer frente a la publicidad


autoritariamente reglamentada. Todos organizaban una tendencia hacia la discusión permanente.
Se impone la igualdad de calidad humana, todos tienen las mismas condiciones para debatir. La
discusión supuso la problematización de temas u ámbitos reservados a las autoridades
eclesiásticas y estatales, la publicidad eclesiástica y cortesana tenía ya poco tiempo de vida.

El influjo del desarrollo capitalista es patente, exige más información en el desempeño social y
económico.

Las personas al acceder a las obras las convierten en mercancías, las profanan en la medida en que
buscan su sentido de un modo autónomo.

El mismo proceso que lleva a la cultura a convertirse en una forma mercantil, haciéndola por
primera vez una cultura capaz de discusión y controversia, lleva al desenclaustramiento del
público.

El “gran público” excluye a la población rural y al bajo pueblo urbano. El público interesado que se
forma corresponde a los sustratos altos.

Los editores sustituyen los mecenas en el siglo XVIII al encargar al mercado la distribución de las
obras.

En el caso del teatro, éste se vuelve de consumo del público burgués. La música también se vuelve
de acceso público a los burgueses. Lo mismo sucede con la pintura.

Todo está sujeto a un proceso de emancipación de lo religioso, secularización.

Los museos, al igual que los conciertos y teatros institucionalizan el juicio profano en arte, la
discusión se convierte en un medio de apropiarse de él.

Pero ocurrió que, las exposiciones públicas de teatro, música y literaria, atrajeron a otros círculos,
entrando las obras de arte en contacto con un amplio público sin mediación de los entendidos,
aunque los críticos de arte resulten imprescindibles. Surge la profesión del crítico de arte.

Con respecto al escrito periódico, que al principio era una correspondencia manuscrita, luego
revista impresa mensual o semanal, se convierte en instrumento publicístico de esa crítica en el
siglo XVIII.

Por estas vías adquirió el público ilustración.

El gran público, formado en teatros, museos y conciertos, es un público burgués. Su influencia


triunfa alrededor de 1750.

La aristocracia urbana parisina vé con malos ojos la intimidad de la vida familiar burguesa.

La nueva vida familiar, la burguesa, se desprende de las viejas formas familiares preburguesas de
la comunidad que se conservan en el campo que no se sujetaban en la diferencia entre lo público y
lo privado.
La línea fronteriza entre esfera privada y la publicidad atraviesa la casa. Las personas privadas
salen de la intimidad de su sala de estar a la publicidad del salón, pero una y otra están
estrechamente relacionadas.

Pese a que se ha producido una privatización de las vidas de las familias burguesas, la esfera del
círculo familiar no pueden sustraerse del vínculo social ya que, por un lado dependen de la esfera
del trabajo y del tráfico mercantil, y por otro, muchos de sus miembros asisten a las nuevas
instituciones de publicidad y crítica literaria.

Las ideas de libertad, amor y formación nacidas de las experiencias de la esfera privada pequeño –
familiar, reproducen la nueva dinámica social burguesa.

El siglo XVIII es el del intercambio epistolar, escribiendo cartas el individuo se robustece en su


subjetividad. Pero, a su vez, la carta como recinto de lo privado está continuamente inserta en
público. El intercambio de las mismas se explica por el interés psicológico de personas privadas en
conocer lo humano, el autoconocimiento, la compenetración.

La esfera del público se origina en las capas más amplias de la burguesía y al mismo tiempo como
consumación de la esfera de la intimidad pequeño – familiar.

El proceso en el cual el público compuesto por personas privadas raciocinantes se apropia de la


publicidad reglamentada desde arriba, convirtiéndola en una esfera de crítica del poder público, se
completa con la transformación de la publicidad literaria en política en el siglo XVIII.

La tarea política de la publicidad burguesa es la regulación de la sociedad civil, hace frente a la


autoridad monárquica establecida.

Se empieza a poner en discusión el tema de la ley (relacionada con la razón que se manifiesta a
través de la opinión pública), el cuestionamiento de la práctica secreta de la autoridad soberana, el
tema de la igualdad de raciocinio de los que debaten.

La publicidad burguesa desarrollada acaba basándose en la ficticia identidad de las personas


privadas reunidas en calidad de público en sus dos roles de propietario y hombre. El burgués suma
las características de la propiedad y la instrucción.

No fue un proceso completamente inclusivo, las mujeres y los sectores más pobres estaban fuera,
salvo en Francia donde se admitía un público femenino bien preparado.

La publicidad, al estar en contra de las autoridades, converge con el interés del propietario privado
con la libertad individual.

Publicidad burguesa: Idea e ideología

Uno de los puntos que resalta a este respecto el autor, es la desvalorización de la religión como
asunto público para pasar a ser una cuestión de convicción privada en general.
A ello se suma la actitud de los críticos en socavar lo que se consideraba sagrado.

Se gesta a lo largo del siglo XVIII un “espíritu público” que incorpora elementos ilustrados. La
opinión del público raciocinante coincide con las reflexiones privadas acerca de los asuntos
públicos y con la discusión pública de éstos.

La opinión pública es el resultado ilustrado de la reflexión común y pública sobre los fundamentos
del orden social. Cabe la idea específica de la publicidad políticamente activa.

El ejercicio del poder necesita del control permanente de la opinión pública cuya capacidad crítica
se da por sentada. Esta opinión pública requiere de la publicidad de los debates parlamentarios y
políticos.

Si bien la opinión pública arrana de los instruidos, se extiende entre aquellas clases que, cuando
actúan en masa, hacen de contrapoder.

Pero, no se puede perder de vista que tanto el espacio público como aquella opinión son
productos burgueses.

Síntesis del texto MOLINA, Eugenia. “Algunas consideraciones sobre la teoría del espacio público”

En las últimas décadas, asistimos a la rehabilitación de la Historia Política de su estigma


acontecimental.

Entre las recientes adquisiciones de la misma, se halla la categoría de espacio público, la cual ha
servido para observar el proceso por el que la sociedad civil ha ido forjando un ámbito de
autonomía respecto a un Estado, crecientemente centralizado y monopolizador de la violencia
física y simbólica, ámbito en el que y a través del cual, le expone a éste sus necesidades y críticas.

Jürgen Habermas ha propuesto un modelo explicativo sobre el modelo de constitución del espacio
público, el cual ha sido incorporado por la Historia Política para ser aplicado en diversos contextos
geográficos, sociales y temporales (no se puede prescindir de las influencias que nuestro autor
recibió de Hannah Arendt como de Reinhart Kosselleck en la formación de la conciencia burguesa
y su específica publicidad)

El trabajo de Habermas fue publicado en 1962, se ha convertido en una referencia obligada sobre
el tema de la articulación sociedad civil – Estado.

Su noción nodal de espacio público, es una categoría que permite pensar un recurso clave para la
creciente participación de la sociedad en la definición de las cuestiones públicas.

Según su esquema explicativo, la consolidación del capitalismo y el sector social vinculado a él (la
burguesía), generó un vasto movimiento de transformación cultural. Éste habría implicado el
fortalecimiento y la expansión de un imaginario y unas prácticas que convirtieron al individuo en
centro de la Historia.
Ese ámbito abstracto que surgió a partir del siglo de la ilustración fue básicamente burgués, fue
esta publicidad la que se convirtió en el eje de las modificaciones de la vida pública, actuando
como hegemónica frente a otras manifestaciones.

La conformación de un espacio público literario, en el que los individuos comenzaron a ejercitar su


voluntad y su raciocinio en competencia con sus semejantes, conformó uno de los cambios más
significativos que acompañaron la consolidación del individualismo moderno.

El fortalecimiento de este sector, habría resultado un peligro potencial finalmente confirmado


para la estructura política del Antiguo Régimen.

En la nueva esfera pública, las personas privadas podían exteriorizar si interioridad con absoluta
libertad, las discusiones en un primer momento estaban dirigidas a temas artísticos y literarios,
luego se trasladan a la esfera política.

No fue un proceso inclusivo, su paradoja es que excluyó a los sectores más bajos del tercer estado
y a las mujeres, salvo excepción de Francia.

La politización de la vida social le dio un carácter político a este sector, que habría brindado
marcos organizativos concretos para la acción colectiva de la burguesía a fin de forzar la
modificación de la estructura política vigente por medio de transformaciones en su configuración
jurídico – institucional.

El espacio público se ha ampliado a través de las posibilidades brindadas por los medios masivos
de comunicación desde comienzos del siglo XX.

De lo anterior se desprende:

 Noción de esfera pública como un ámbito intermedio entre la sociedad civil y el


Estado, en la que los individuos usan su racionalidad en un intercambio discursivo
para negociar con éste la orientación de las decisiones políticas.

 La legitimidad de un orden deviene de que las resoluciones sean la expresión del


debate general.

Sin embargo, el modelo habermasiano no estuvo exento de críticas, entre ellas, la falta de análisis
de fuentes primarias, el menospreciar la manifestación de los sectores excluidos como “publicidad
plebeya” considerada como una variante reprimida de la burguesa, o la ausencia en su estudio de
la marginación femenina.

Su aplicación a la realidad española y americana a partir de los trabajos de François Xavier Guerra
(1992), ha dado lugar, a su vez, al planteo sobre las limitaciones que el modelo habermasiano
presenta para el caso específico de los efectos revolucionarios en estas regiones.

Tres elementos claves de su teoría están ausentes en aquellas regiones coloniales: la inexistencia
de un poder absoluto que permita la distinción precisa entre esfera privada y pública, la carencia
de la dicotomía corte – ciudad (fundamental para Habermas en cuanto habría sido en la oposición
de la segunda a la primera de la que emergieron las prácticas e instituciones de la nueva
publicidad), y por último la escasa secularización de los imaginarios y los hábitos de las sociedades.

Hay que distinguir de la opinión pública, entre la teoría que de ella forjó la Ilustración, y que
terminó por convertirse en el fundamento del orden político liberal que avanzó hacia una
progresiva democratización a lo largo de los siglos XIX y XX, y la categoría diseñada por la
psicología de grupos.

Habría sido en este ámbito sustraído al control estatal en el que los individuos aprendieron a
valorar sus propios juicios y a animarse a someter a la crítica cada vez más amplias, de tal modo
que en un momento dado, llegaron a introducirse en la entraña misma de la estructura política.

Influyó en ello la sustracción de la cuestión religiosa como tema de conflicto, lo cual, llevó a la
subjetividad burguesa a ampliar sus críticas a temáticas que se acercaron a la política.

El primer indicio de este proceso de construcción de un espacio privado lo hallamos en John Locke,
en su “Ensayo sobre el entendimiento humano” (1690), en este escrito enunció junto a la ley
divina y a la ley estatal, la “ley de la opinión”, la cual surgía de un consenso tácito y secreto entre
las personas y que resultaba tan eficaz en su disciplinamiento como las dos anteriores. Pero en su
planteo la noción todavía no había adquirido la nota de racionalidad que tendría más tarde.

Serían los fisiócratas franceses quienes terminarían de elaborar el concepto, agregándole el


calificativo de “pública” convirtiéndola en el resultado de la discusión entre las personas
capacitadas para razonar. Esta idea contenía dos elementos que serían fundamentales para el
sistema liberal durante el siglo XIX: El que identificaba al ciudadano que intervenía en la discusión
pública con propietario e ilustrado y la fuerza de aquella como censora y legitimadora de un orden
político basado en el principio de soberanía popular.

Se produjo entonces la ficción de la articulación entre opinión pública con el principio


representativo como materialización de la soberanía popular.

Sin embargo, Habermas no contempló ni los elementos afectivos ni los sectores sociales más
bajos.

La ciencia política reconoce en su modelo un rol dentro del Estado de derecho democrático: su
influencia como factor de presión sobre las acciones de gobierno.

En las sociedades coloniales hispanoamericanas de comienzos del siglo XIX, se hacía un uso
específico del término “público”, apareciendo como el marco en el que se desarrollaba lo
fundamental de la vida de las personas.

Puede diferenciarse entre un espacio público antiguo de un espacio público moderno.

El primero apuntaba a lo que pertenecía a todo el pueblo o vecinos, con lo que es notorio, patente
y sabido por todos. La ciudad era entendida como un marco de pertenencia, un sistema de
reciprocidad en el que la conducta y el interés particular se hallaban subordinados al bien común,
a las necesidades de todos los que formaban el “público”.

Esta subordinación del individuo a un público, adquiría mayor sentido desde la perspectiva de la
creencia católica en la comunidad de fieles, todo lo que hiciera un habitante afectaba la salvación
eterna del conjunto.

De allí que “publicar” tuviese cierta connotación negativa, a menos que se tratase de la
manifestación de las devociones religiosas o de las disposiciones del gobierno, detrás de la
publicidad se hallaba una posible violación del secreto que se debía a ciertas cuestiones.

En la América Española, el concepto de opinión pública, nada tenía que ver con el elaborado por la
Ilustración, este término se refería a la idea que el público se había forjado de una persona por su
conducta, en la conservación y defensa de su honor.

Por “privado” se entendía lo que se hallaba sustraído al “público”, aquello que es particular y
personal de cada uno.

La noción de lo público implicaba la permanente adecuación de las conductas individuales a un


marco que incluía el gobierno y a la comunidad, no reconocía un área demasiado amplia a la
privacidad, y era el escenario en el que se desarrollaba gran parte de la existencia cotidiana de las
personas.

Como consideraciones finales: Los términos espacio público y opinión pública deben usarse con
matizaciones. Toda la primera mitad del siglo XIX, hallamos sociedades en donde diariamente se
produce una compleja negociación entre una publicidad de Antiguo Régimen y una moderna. Se
trata de un espacio no consolidado, al que los propios protagonistas no lograban distinguir.