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Prefacio

El libro del Apocalipsis ha sido considerado por muchos cristianos como un


libro oscuro y de difícil interpretación. Hay entre los evangélicos,
denominaciones que no hacen mención al mensaje apocalíptico, temiendo
perderse entre sus símbolos y alegorías. Por otro lado, hay aquellos que ven en
este libro sólo una descripción de los acontecimientos futuros o profecías para
los tiempos presentes, y asocian cualquier acontecimiento a las profecías del
Apocalipsis.
La palabra “Apocalipsis” significa “revelación” y, al contrario de los que
muchos piensan, expresa en su propio significado el deseo de Dios: revelar al
mundo Su voluntad y el desenlace de la historia de Israel, de la Iglesia y de los
gentíos (los demás pueblos).
El libro revela no solamente los designios de Dios para los futuros tiempos,
sino también es una maravillosa fuente de mensajes para todos los momentos de
la vida del cristiano y de la Iglesia, mostrando el amor y el cuidado de Dios
hacia Su pueblo.
El obispo Macedo, usando un lenguaje simple y actualizado, trata de hacer
comparaciones entre las situaciones históricas vividas por las iglesias a las
cuales fueron dirigidas las cartas y demás mensajes del Apocalipsis, trayendo su
significado para los días actuales y para las situaciones y los desafíos con que los
cristianos se enfrentan, haciendo con que ese estudio los despierte y les dé
ánimo, coraje y determinación para vencer. En todo momento, él deja claro que a
pesar de los sufrimientos y de las persecuciones que el pueblo de Dios pueda
enfrentar, la victoria ya está garantizada.

“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la


salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo,
porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los
acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Ellos lo han vencido por medio
de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, que
menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” Apocalipsis 12:10-11
Los editores
Introducción
El libro del Apocalipsis encierra, básicamente, la revelación del Señor
Jesucristo. En griego, la lengua en que fue escrito el Nuevo Testamento, el
término “Apocalipsis” es usado para expresar “revelación de Jesucristo”.
Como el único libro del Nuevo Testamento cien por ciento profético, el
Apocalipsis está muy relacionado con los profetas del Antiguo Testamento,
ampliando y profundizando su mensaje, pues el mayor cumplimiento de toda la
profecía bíblica está justamente en el centro del Apocalipsis: ¡Jesucristo, el
Cordero de Dios! En todo el Nuevo Testamento, por ejemplo, encontramos
treinta y tres veces la palabra “Cordero”, refiriéndose al Señor Jesucristo.
Solamente en el Apocalipsis, esa misma palabra aparece treinta veces. ¡Ahora, es
claro que si el apóstol Juan insiste así, es porque el mensaje central del libro del
Apocalipsis es la revelación del Cordero de Dios!
El carácter y la obra del Señor Jesucristo es desdoblado en el Apocalipsis de
la siguiente forma:

1 - La sangre del Cordero

“Cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro
ancianos se postraron delante del Cordero. (...) Y cantaban un cántico nuevo,
diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste
inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje, lengua,
pueblo y nación...” (Apocalipsis 5:8-9).

“... Él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación; han
lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero” (Apocalipsis
7:14).

“Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra


del testimonio de ellos...” Apocalipsis 12:11

2 – El libro de la vida del Cordero


“Lo adoraron todos los habitantes de la tierra cuyos nombres no estaban
escritos desde el principio del mundo en el libro de la vida del Cordero que fue
inmolado.” Apocalipsis 13:8

“No entrará en ella ninguna cosa impura o que haga abominación y


mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del
Cordero” Apocalipsis 21:27

3 - Los apóstoles del Cordero

“El muro de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos los doce nombres
de los doce apóstoles del Cordero.”Apocalipsis 21:14

4 - La novia del Cordero

“Ven acá, te mostraré la desposada, la esposa del Cordero” (Apocalipsis


21:9).

5 - Las bodas del Cordero

“Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas


del Cordero y su esposa se ha preparado” Apocalipsis 19:7

6 - El trono del Cordero

“Y no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en ella,


sus siervos le servirán” (Apocalipsis 22:3).

7 - La ira del Cordero

“... y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros y


escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del
Cordero, porque el gran día de su ira ha llegado y ¿quién podrá sostenerse en
pie?” Apocalipsis 6:16-17

Verificamos, así, que el mensaje central del libro del Apocalipsis es la


revelación del Cordero de Dios. ¡El único capaz de perdonar todas nuestras
transgresiones, todas nuestras ignominias, en fin, todos nuestros pecados, al
punto de poder presentarnos perfectamente limpios y purificados delante de Su
Padre! ¡Aleluya!
Capítulo 1

LA VISIÓN DEL TRONO DE DIOS


«Después de esto miré y he aquí una puerta abierta en el cielo; la primera
voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá y yo te
mostraré las cosas que sucederán después de éstas.
Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de
cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a
esmeralda.
Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi en los tronos a
veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas con coronas de oro en sus
cabezas.
Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían
siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto
al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y
detrás.
Y el primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a
un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a
un águila volando.
Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por
dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo,
santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir.
Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de
gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los
veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y
adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del
trono, diciendo:

Señor, digno eres e recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú creaste


todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas» (Apocalipsis 4).

Es justamente en este capítulo que comienza la parte profética del


Apocalipsis y en él el apóstol Juan describe el Trono donde Aquel que vive para
siempre está sentado. Quiere decir: hasta el capítulo 3 el Señor dio al apóstol la
visión de la tierra, esto es, la de las siete iglesias de Asia, sin embargo, ahora El
comienza dándole la visión del trono de Dios en el cielo, y a partir de ahí la
visión de las cosas que en breve van a acontecer. El Apóstol usa la palabra «
como «, para establecer un paralelo de las cosas que él estaba viendo en el cielo
con las cosas de aquí, de la tierra, una vez que él no tenía palabras para describir
su visión celestial, una vez que las cosas celestiales son totalmente nuevas para
las personas que viven aquí en la tierra. Imaginemos, por ejemplo, una personas
que vivió durante decenas de años en el campo; todo su conocimiento está
restringido a aquella región, y cuando él es llevada por primera vez a una ciudad,
cuales serían sus palabras para describir, por ejemplo, un avión. Ciertamente ella
lo describiría como un gran pájaro de hierro. Ella no usaría la palabra avión, mas
algo como lo que ella conoce muy bien. Así también el apóstol procura asemejar
las cosas que el vio con las cosas de la tierra. Por eso, él se refiere a la voz del
Señor como sonido de trompeta. De la misma forma con referencia a Aquel que
se encontraba sentado en el trono: Su aspecto semejante a la piedra de jaspe y de
cornalina.
El apóstol inicia su descripción de este capítulo diciendo «después de esto»,
esto es, después de que es Señor Jesús se haya revelado como realmente es y no
como el mundo Lo representa, y haber hecho una radiografía de Su Iglesia,
simbolizada por las siete Iglesias de Asia, Juan, entonces, afirma haber visto una
puerta abierta en el cielo y oído la voz del Señor Jesús, invitándole a subir a fin
de poder mostrarle lo que debe acontecer después de estas cosas. En seguida, en
espíritu y ya en el cielo el apóstol, tiene inmediatamente vuelta para el trono y
sobre él, Alguien sentado. Este hecho importante sugiere que la primera cosa a
saber sobre el Cielo es que es la habitación del Altísimo, y que Dios ejerce
absoluta autoridad sobre todo el universo. Ese es el mensaje que el Señor nos
pasa cuando nos muestra primeramente el trono y que Alguien está sentado, o
sea, el propio dios. El apóstol no describe la Persona de Dios, mas asemeja Su
aspecto al de la piedra del jaspe y cornalina; la piedra del jaspe, según
Apocalipsis 21:11. es descrita como preciosísima y cristalina, mientras que la
cornalina es roja. Es bueno resaltar que fue imposible para el apóstol pintar el
retrato de Aquel que estaba sentado en el trono, así como es para quien quiere
que sea crear una imagen de Dios para el mundo. Además, el propio Dios había
dicho para Moisés: «Dijo más: No podrás ver mi rostro, porque no me verá
hombre y vivirá» (Éxodo 33:20). En la verdad, lo que el Señor Jesús quería dejar
bien claro para Su siervo no era la fisonomía clara de Su Padre, mas la figura de
la Autoridad Suprema de todo el universo, inclusive los cielos. Por eso el
aspecto de Aquel que se encuentra en el trono era algo apenas semejante y no
igual.
Todavía, sobre la visión del trono, existen algunos estudiosos que piensan
que el Señor Jesucristo es Quien está sentado en él y que la piedra de jaspe y de
cornalina son símbolos de Él. Y ellos dan la siguiente explicación: En el libro de
Éxodo 28:15-21, se ve que el pectoral del sumo sacerdote tenía doce piedras
preciosas , distribuidas en cuatro filas, y entre ellas estaban el jaspe y la
cornalina. Cada una representaba una tribu de Israel; la piedra de cornalina, cuyo
color es rojo como la sangre, tenía el nombre de Ruben, el primogénito de Israel.
Eso sugiere el simbolismo del Señor Jesús, primogénito de toda la creación
(Colosenses 1:15) y del derramamiento de Su sangre en el calvario a favor de la
humanidad. La piedra de jaspe, clara y transparente, en el pecho del sumo
sacerdote era la última, y tenía grabado el nombre de Benjamín, la ultima de las
tribus de Israel. Eso también sugiere el simbolismo del Señor Jesús que es el
Alfa y el Omega, el Primero y el Último, añaden además los que piensan así que
así como la cornalina habla de la expiación y de la primera venida del Señor, el
jaspe, piedra clara y cristalina, habla de la victoria, o sea, de la segunda venida
del Señor.
El arco-iris fue la señal de alianza entre el Señor y Noé, después del diluvio.
Mas, ahora, alrededor del trono, es una señal continua alrededor del trono de
Dios, como si para recordarLe la gloriosa y eterna alianza que Él hace con el ser
humano que acepta a Su Hijo Jesús cono Señor y Salvador. Vale la pena hacer un
estudio del libro Alianza con Dios para tener una idea mas profunda de este
asunto.
Cuando los veinticuatro ancianos vestidos de blanco y en cuyas cabezas hay
coronas de oro son considerados por muchos como autoridades celestiales que
asisten delante del trono de Dios ininterrumpidamente. Entretanto, la Biblia
revela que en la adoración y en el culto del templo de Jerusalén había
veinticuatro « turnos « de sacerdotes levitas, que representaban todo el pueblo de
Israel y que se ocupaban alternativamente de sus deberes. Y ahí está la mayor
fuerza de aquellos que interpretan esos ancianos como la verdadera
representación de la Iglesia arrebatada del Señor Jesús. O sea: las doce tribus de
Israel representando la Iglesia del Viejo Testamento más doce apóstoles ,
representando la Iglesia del Nuevo Testamento. Además de esto, los veinticuatro
ancianos no son ángeles, están vestidos de blanco y tiene corona de oro en sus
cabezas. Exactamente como el Propio Señor Jesús prometió, diciendo: «Sé fiel
hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10). Ya el
Apóstol Pablo, dirigido por el Espíritu Santo dijo: «Por lo demás, me está
guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, Juez Justo en aquel día;
y no sólo a mí, sino a los que aman su venida» (2 Timoteo 4:8). Siendo así, es
muy probable que estos ancianos representen los vencedores sobre la antigua
alianza mas los vencedores de la nueva alianza. Los vencedores del Antiguo
Testamento murieron con la fe enfocada en Cristo que vendría para su rescate.
Ahí entonces, podemos comprender porqué el Señor Jesús, después de Su
muerte, descendió al reino de los muertos y predicó el Evangelio: «... a los
espíritus encarcelados, los que en otro tiempo fueron rebeldes...» (1 Pedro 3:19-
20).
Lo más probable al respecto de los cuatro seres vivientes y de los siete
Espíritus de Dios sea revelar la existencia de muchas órdenes de seres
angelicales, las cuales, aunque diversas, sean todas poderosas, sirviendo al
mismo Dios al que servimos. Hasta porque, como nosotros podemos observar,
los cuatro seres vivientes y los siete Espíritus de Dios estaba más próximos del
trono que los veinticuatro ancianos, y esos ancianos parecían recibir órdenes de
parte de los seres vivientes, por cuanto, en hecho específico de adoración, por
parte de los ancianos, no tiene inicio en cuanto ellos no reciben la señal de parte
de los seres vivientes (Apocalipsis 4:9). Creemos que la interpretación del
Apocalipsis por el método de mayor observación del contexto en sí sea más
claro y provechoso de lo que los detalles de los números, formas y
características.
Como los ángeles de Dios hacen parte integrante de todo lo que se relaciona
con Dios y están incluidos continuamente en el Apocalipsis, nosotros abrimos un
párrafo para dar algunas informaciones al su respecto:
El ministerio angelical es «bastísimos», y que desde el Génesis de todas las
cosas hasta l libro del Apocalipsis, los ángeles han tenido una gran participación
en la obra de Dios. Es cierto que los predicadores casi no mencionan su trabajo,
pero no por falta de importancia, mas para no hacer que el pueblo se desvíe de su
fe en el Señor Jesús y la deposite en ellos. Aun así, ellos trabajan ardua y
anónimamente, pues tienen un ministerio tan importante en la obra de Dios
como los demás siervos del Señor Jesús. Los ángeles fueron creados por Dios
para servirLe como mensajeros; ellos son seres sobrenaturales con poder por
encima de los seres humanos. Ellos estuvieron el el Jardín del Edén guardando el
árbol de la Vida; estaban representados simbólicamente en el Arca de la Alianza,
en el Tabernáculo, en el templo construido por Salomón. La Biblia es la única
fuente de información al respecto de ellos, y ella hace referencia a varios tipos
de ángeles, los cuales son limitados en su poder ministerial, como por ejemplo:
ángel, arcángel, querubín, serafín. Nosotros tenemos referencias bíblicas que
citan a Miguel, por ejemplo, como «uno de los primeros príncipes» que vino a
ayudar a otro ángel para obtener la victoria sobre los reyes de Persia, cuando
Daniel estaba orando por el pueblo ( Deuteronomio 10 ). En el mismo libro,
encontramos nuevamente al arcángel Miguel peleando por el pueblo de Dios, en
el final de los tiempos: «En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe
que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca
fue desde que hubo gente hasta entonces; pero, en aquel tiempo será libertado tu
pueblo, todos los que se hallen inscritos en el libro».

«Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados ,


unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los
entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que
enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad»
(Deuteronomio 12:1-3). Ese mismo Miguel tuvo su actuación cuando en la
disputa por el cuerpo de Moisés: «Pero cuando el arcángel Miguel contendía
con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a
proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: que el Señor te reprenda»
(Judas 1:9).
A pesar de que el ministerio de los ángeles sea de extrema importancia en la
obra de Dios, aún así nosotros no podemos, en ningún caso adorarlos, ya que
ellos son nuestros siervos, esto es, tan siervos de Dios como nosotros. El apóstol
Juan escribió, con respecto a este asunto: «Y el ángel me dijo: Escribe:
Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me
dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios».

«Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira: no lo hagas; yo


soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús.
Adora a Dios...» (Apocalipsis 19:9-10).

Y nuevamente el apóstol escribe: «Yo soy Juan, el que oyó y vio estas cosas.
Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel
que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy
consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras
de este libro. Adora a Dios» (Apocalipsis 22:8-9). Como vemos claramente,
nosotros no podemos actuar con los ángeles de la misma forma que con Dios,
pues ellos son tan siervos como nosotros. Además, ¡nosotros nunca podemos
pedir a los ángeles cualquier cosa, pues ellos solamente atienden las órdenes de
Dios! ¡Lo que nosotros podemos y debemos pedir a Dios en el Nombre de Jesús
es que Él envíe a sus ángeles para ayudarnos a realizar Su santa voluntad,
impidiendo que los principados y potestades vengan a bloquearnos en el
desenvolvimiento de la obra de Dios! Los ángeles solamente oyen la voz de
Dios, pues como ya dijimos: ellos son mensajeros y siervos de Dios. Nosotros
debemos respetarlos como mensajeros del Señor ¡ mas nunca adorarlos!
El capítulo cuatro del Apocalipsis muestra que hay una jerarquía entre los
seres celestiales, con todo, él no especifica a quien, entre los ángeles o seres
celestiales, pertenece la mayor autoridad. La única referencia de autoridad mayor
entre ellos es con respecto al arcángel Miguel, cuando la Biblia dice que él es
uno de los primeros príncipes, lo que quiere decir que existen más. Los
veinticuatro ancianos están también asentados en veinticuatro tronos y en sus
cabezas hay coronas de oro; esto quiere decir que ellos también tienen autoridad.
Además de ellos nosotros tenemos también los cuatro seres vivientes, los siete
Espíritus, los ángeles, arcángeles, los querubines, los serafines, todos estos hacen
parte de las miríades celestiales,, cuya autoridad y poder están al servicio del
Altísimo. Los últimos versículos de ese mismo capítulo hablan que los
veinticuatro ancianos se postran delante de Aquel que está sentado en el trono,
Lo adorarán y depositarán sus coronas delante de Él solamente después de
cuando los cuatro seres vivientes Le dieren gloria, honra y acciones de gracias.
Esto nos hace creer que los veinticuatro ancianos están subordinados a los cuatro
seres vivientes.
Es muy importante que no se procure imaginar de forma literal la
descripción de los cuatro seres vivientes tal como, semejante a un león,
semejante a un cordero, el tercero con el rostro semejante a un hombre y el
cuarto semejante a un águila volando, además de tener seis alas y estar llenos de
ojos. Nunca podemos olvidarnos que el apóstol estaba describiendo figuras
totalmente extrañas a su mundo y en los detalles de su descripción hay apenas
simbolismos de seres absolutamente diferentes de la concepción humana.
Existen estudiosos que han considerado a esos cuatro seres como los querubines
descritos en el libro del profeta Ezequiel (Ezequiel 1:1-14, 10:14), una vez que
hay características semejantes en la descripción de ellos, donde, inclusive este
profeta afirma: «... y conocí que eran querubines» (Ezequiel 10:20). De hecho,
analizando ambas descripciones podemos hasta llegar a esta conclusión, entre
tanto, nosotros no podemos jamás garantizar tal hecho, pues cuando se trata de
figuras celestiales nosotros nunca podemos afianzar nada, a no ser que ellos son
reales, conforme afirman las Sagradas Escrituras.
Capítulo 2
La apertura de los siete sellos
Casi todos los autores de estudios sobre el Apocalipsis han concordado que,
a partir del quinto capítulo, el Libro de la Revelación se torna una gran
incógnita, especialmente hasta el capítulo decimonoveno.
La esperanza de develar el misterio ha empujado a los hombres más
eminentes y eruditos a utilizar sus talentos y su tiempo en la búsqueda de
respuestas. Muchas hipótesis y conjeturas bien intencionadas se han hecho en
este sentido, lo que no nos impide investigar, meditar y buscar en el Espíritu
Santo la revelación de lo desconocido. Ante eso, el propio Dios, a través de Su
Espíritu, tiene interés en revelar el significado de esas profecías, con el objetivo
del fortalecimiento de la Iglesia de su Hijo y, así prepararla para el
arrebatamiento, que se dará antes de la Gran Tribulación. Además de eso, estoy
seguro de que el propósito de las profecías fue que sean reveladas, en especial
para la Iglesia Cristiana del final de los tiempos, si no, habrían sido transmitidas.
Las explicaciones que voy a exponer muestran apenas una visión personal de
aquello que creo es una inspiración de Dios.
El paralelo entre los hechos mundiales y las profecías apocalípticas se ha
estrechado a tal punto que no deja ningún margen de duda en cuanto al hecho de
que ya estamos viviendo el período apocalíptico. Nuestro Señor dejó como aviso
las siguientes palabras:

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna y


brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando
veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.” Mateo 24:32-33

“Pero como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre,
pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo,
casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y
no se entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será
también la venida del Hijo del hombre.” Mateo 24:37-39

Por lo tanto, el cristiano tiene que mantenerse alerta permanentemente y


cuidar para que el ladrón no venga a robar el más precioso tesoro que el Señor
Jesucristo nos ha dado, esto es, la salvación eterna.
Capítulo 2
Parte 1

La apertura del primer sello

Entonces vi que el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro
seres vivientes decir con una voz como de trueno: ¡Ven! Miré, y vi un caballo
blanco. El que lo montaba tenía un arco y le fue dada una corona, salió
venciendo y para vencer.” Apocalipsis 6:1-2

El libro sellado que estaba en la mano derecha de Dios pasó a las manos
traspasadas del Cordero de Dios. Él es el testamento o la herencia de Dios y del
Cordero; es lo que el Señor Jesús heredó en la cruz del Calvario. Con la apertura
de los sellos, entonces la herencia pasa a tener fuerza de ley. Los sellos tienen
que ser abiertos para que los juicios, tanto de justificación para los salvos como
de condenación para los perdidos, puedan ser ejecutados. Y solamente el Señor
Jesús, el Cordero de Dios, tiene autoridad para abrirlos. Esto viene a confirmar
Sus palabras dirigidas a Sus perseguidores cuando dijo:

“... porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo...”
(Juan 5:22).

A partir del momento en que el Señor Jesús abra el primer sello, se instituye
una nueva época. Hasta hoy hay tres épocas: la primera, sin la Ley; la segunda,
la de la Ley (cuando Dios dio a Moisés las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí) y
la tercera, que se inició con la venida del Salvador al mundo, representando la
época de la Gracia. Cuando el Señor Jesús abra el primero de los siete sellos, se
instaurará una nueva fase, la cuarta y última época. En el capítulo seis del
Apocalipsis, se cierra la era de la Gracia y se inicia una nueva era, pues, en ese
momento, la Iglesia del Señor Jesús ya habrá sido arrebatada.
Dispensación sería la palabra más adecuada para expresar esas diferentes
épocas, pues ella significa “una era en que Dios realiza una determinada
intención”. Hoy, por ejemplo, nosotros estamos viviendo bajo la dispensación de
la Gracia de Dios, cuando Él ha dado la oportunidad al mundo entero de ser
salvo a través de la predicación de Su Palabra.
Amigo lector, Ud. puede por ejemplo, en este mismo instante, parar en la
lectura de este libro, inclinar la cabeza, cerrar los ojos y en una simple oración
decir a Dios: “Sí, Señor Jesús, yo acepto Tu ofrenda de salvar mi vida en este
preciso momento. Enséñame a vivir de acuerdo con Tu palabra. ¡En Tu santo
nombre, amén! Si esas palabras fueran sinceras, entonces el Espíritu Santo, que
lo ve en ese instante, hará el resto.
Antes de considerar la apertura del primer sello, cabe recordar que hasta el
capítulo tres, el Apocalipsis habla de la Iglesia del Señor Jesús, y, por lo tanto, de
acontecimientos en la Tierra. En los capítulos cuatro y cinco, el apóstol Juan es
llevado delante del trono de Dios, por lo tanto, habla del cielo. En el capítulo
seis, con la apertura de los sellos, todas las acciones son dirigidas hacia la Tierra,
pues comienza el terrible período de los juicios de Dios.

“Entonces vi que el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los


cuatro seres vivientes decir con una voz como de trueno: ¡Ven!” (Apocalipsis
6:1).

Cuando el Señor Jesús abrió el primer sello, el apóstol oyó a uno de los
cuatro seres vivientes decir: “¡Ven!” Ese “¡ven!” también puede ser traducido
por “va”. Es una orden dirigida a un jinete. Cabe destacar que esa orden partió
de uno de los seres vivientes que están “en medio del trono y alrededor del
trono”.
También es importante notar la unidad de acción del Dios-Padre y del Dios-
Hijo, pues el Cordero abre el primer sello y la orden viene del trono de Dios. A
partir de entonces, el primer jinete avanza.
Los primeros cuatro sellos muestran a cuatro jinetes; por lo tanto, siempre
va un jinete en un caballo. Los jinetes y caballos apocalípticos son una
representación de velocidad y fuerza irresistibles. Ellos son poderes del juicio
divino y son enviados por Dios para un mundo maduro y para el juicio. Ese
tipo de acción de parte de Dios también fue realizada diversas veces en la
historia de Israel. Todas las veces que Israel se revelaba contra Dios, el Señor
los entregaba a los enemigos, permitiendo así, que éstos los dominaran. “Los
hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del Señor, y el Señor los entregó
en manos de Madián por siete años” (Jueces 6:1).

Como ya vimos, los sellos abiertos por el Cordero, son Su manifestación de


justicia, pero no quiere decir que Su amor y su compasión sean anulados, muy
por el contrario, pues es a partir de la ejecución de la justicia es que el derecho
de los justos es establecido. ¿Si la mayoría incrédula rechaza y desprecia la
ofrenda que Él ofreció en el Calvario, entonces qué más se podrá hacer? La
persona se está ahogando y aún así se rehusa a entrar en el único barco de la
salvación. Nada más se podrá hacer por ella.
De los cuatro jinetes del Apocalipsis, el primero asume una posición
especial. ¿Quién es él? Muchos creen que él es el Señor Jesús y el caballo blanco
es Su iglesia. Además alegan que el Señor Jesús venció y que Su iglesia vence
diariamente y camina hacia la victoria final. Pero, analizando el texto sagrado
más detalladamente, verificamos que esa interpretación es pura fantasía.
El Señor Jesucristo se revela como el Cordero que había sido muerto, como
el Cordero que abrió uno de los sellos. Por eso Él no puede al mismo tiempo
revelarse en otra figura. Solamente el Señor Jesús es digno de abrir los sellos, y
el sello que él abre es una orden de Dios para que el jinete del caballo blanco
avance.
Cuando el Señor Jesús abrió el primer sello, uno de los cuatro seres vivientes
habló con voz de trueno, o sea, con voz de poder, de mando, de quien ejercita
autoridad. Es ese ser que ordena, cuando dice: “¡ven!” o “¡va!” ¿Cómo el Señor
Jesús podría someterse a la orden de uno de los cuatro seres vivientes? El jinete
del caballo blanco está claramente subordinado a la jurisdicción de Dios; él actúa
bajo órdenes.
Además de eso, ese primer jinete que recibió una corona nunca podría ser el
Señor Jesucristo, porque la guerra, el hambre y la muerte, nunca pueden seguir al
Señor Jesús, como sucede con los próximos jinetes.
Podemos ver otro personaje también montado en un caballo blanco, pero su
descripción es totalmente diferente de esa, por eso Juan lo describe:

“Entonces vi el cielo abierto, y había un caballo blanco. El que lo


montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos
eran como llama de fuego, en su cabeza tenía muchas diademas (¡no está
escrito que fue dada una corona, sino que en Su cabeza hay muchas
diademas!) y tenía escrito un nombre que ninguno conocía sino él mismo.
Estaba vestido de una ropa teñida en sangre y su nombre es: La Palabra de
Dios. Los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, lo
seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda para herir con
ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro...” Apocalipsis 19:11-15

¡Ésa es la figura real del Señor Jesucristo! Es totalmente inversa a la del


jinete del primer sello.
¿Quién es al final de cuentas, el jinete montado en el caballo blanco que
salió venciendo y para vencer? Con toda certeza, ese jinete es un rostro siniestro,
el más perverso de toda la historia mundial: ¡el anticristo! Él no es un príncipe
de nacimiento, ya que después le fue dada una corona. Justamente en el
Apocalipsis tenemos frecuentemente imágenes dobles que presentan un
profundo contraste entre sí. Por ejemplo, tenemos dos figuras de mujeres
totalmente opuestas: la Novia del Cordero, que es la Iglesia (Apocalipsis 19:7) y
la meretriz (Apocalipsis 17); dos ciudades, la nueva Jerusalén y Babilonia; el
Cordero que había sido muerto en oposición a la bestia que fue herida
mortalmente, pero cuya herida mortal fue curada. Y aquí, en la apertura del
primer sello, tenemos al anticristo en confrontación con Cristo.
El espíritu del anticristo es el espíritu del engaño. Además ése es el espíritu
de los últimos tiempos, el engaño. De ahí la razón de por qué han surgido tantas
doctrinas diabólicas dentro de las iglesias evangélicas, tales como: caer por el
poder de Dios, dormir en el Señor, reír o embriagarse en el Espíritu,
predestinación, entre otras. El jinete del caballo blanco, el anticristo, está vestido
con una apariencia de Cristo. Él engaña con su caballo blanco y con su discurso
de paz entre los pueblos. Él usa gestos humildes y hasta parece inofensivo, a fin
de que todos puedan depositar su confianza y fe en él. Él tiene un arco, pero el
arco es visto en la mano de los enemigos de Dios, como en la profecía de
Ezequiel, que dice:

“Te quitaré el arco de tu mano izquierda y haré caer tus flechas de tu


mano derecha” (Ezequiel 39:3).

Él tiene una corona, pero ella no fue heredada, y sí concedida. Finalmente, él


salió venciendo y para vencer, lo que no significa decir que él venció, sino que
sólo tuvo el intento de vencer. Es verdad que él salió venciendo, pero eso sólo
fue en el comienzo; lo mismo ha sucedido con los hijos de las tinieblas, ya que
comienzan venciendo, y al final terminan perdiendo.
¡Es lo que sucede con el diablo! Él comenzó venciendo desde Adán y Eva,
pero fue derrotado por el Señor Jesucristo en la cruz del Calvario, y su fin y el de
sus demonios en el lago fuego y azufre, que ya está determinado. ¡Él sabe muy
bien de eso!
¿Quién es el anticristo? Hay estudiosos apocalípticos que creen que él sea un
papa. Otra corriente cree que un próximo papa, de origen judío, será el falso
profeta o la bestia que emerge de la tierra, y no exactamente el anticristo.
Los que creen que el anticristo será un papa, alegan las siguientes razones:

1) El papa es el anticristo, porque trata de imitar al Señor Jesucristo con un


mensaje de paz para el mundo, y eso justifica al jinete del caballo blanco,
pues la corona blanca sugiere la paz. Cuando el papa aparece en público o
visita un país, normalmente sus vestidos son blancos, la corona o el
chapelão en blanco y carga un cayado en la mano, simbolizando el arco del
jinete del caballo blanco.

Según los estudiosos, todo eso no pasa de una farsa, pues mientras el papa se
hace pasar por mensajero de la paz, sus subordinados jesuitas y dominicanos,
auxiliados por las innumerables hermandades y organizaciones católicas, tales
como el Opus Dei, Iluminati (Los Iluminados), mafia, masonería y otras más,
planean y ejecutan revoluciones, guerras y asesinatos de presidentes y toda clase
de derramamiento de sangre inocente.
Lo que la mayoría de las personas desconoce es que Roma crea estas
organizaciones, pero también las combate. ¡Es un gran juego! En el libro The
Secret History of the Jesuits (La Historia Secreta de los Jesuitas), Edmond Paris
narra con detalles cómo los jesuitas planearon y ejecutaron la Primera y la
Segunda Guerra Mundial; cómo ellos hicieron nacer el comunismo, el facismo y
el nazismo, y presenta también la ayuda a la Gestapo. Además de las cruzadas
financiadas por la iglesia romana para diezmar a los pueblos judíos y árabes de
la Tierra Santa, con el objetivo de tomar posesión de Jerusalén y transferir el
Vaticano hacia allá.
En Europa, especialmente en España, millones de cristianos fueron
torturados y sacrificados en nombre de la “santa iglesia”. Lo mismo aconteció en
Francia en la noche de San Bartolomeo. Según los cálculos de los historiadores,
la Iglesia Católica, en los últimos siglos, asesinó a más de setenta millones de
personas, entre judíos, protestantes, musulmanes y hasta católicos. Sin citar las
víctimas mortales de las guerras mundiales que suman sesenta millones de
personas. ¡Y todo eso en nombre del “santo padre”!
El Espíritu Santo, a través del apóstol Pablo, nos exhorta:

“Acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos,


de que yo os escriba, porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor
vendrá así como ladrón en la noche. Cuando digan: Paz y seguridad, entonces
vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta,
y no escaparán.” 1 Tesalonicenses 5:1-3

El apóstol se está refiriendo a los días que precederán a la venida de nuestro


Señor Jesucristo. En estos últimos días, la Iglesia Católica ha predicado el
ecumenismo por toda la Tierra. El ecumenismo es un movimiento que pretende
congregar a varias religiones bajo la autoridad máxima del papa. Aquellas que
no estuvieran de acuerdo con él serán identificadas e inmediatamente rotuladas
como sectas. Será como en los días de la “santa Inquisición”, cuando los hijos y
los profetas de Belial predicaban la fidelidad a la “santa” Iglesia Católica, y
aquellos que se les oponían, creyendo sólo en la palabra de Dios, eran llamados
herejes para más tarde ser quemados vivos en nombre de la “iglesia madre”.
Por lo tanto, el plan de la iglesia romana para este final de siglo e inicio del
próximo milenio es sacrificar a los verdaderos cristianos, o sea, aquellos que se
opongan a la autoridad papal. Aún con esto, Dios no va a permitir el sufrimiento
de sus hijos, pues antes de que el anticristo se manifieste, la Iglesia del Señor
Jesús será arrebatada.
Roma está trabajando hace muchos años en un proyecto llamado “La Nueva
Orden Mundial” o “Nueva Era” en que todos los seres humanos estarán
obligados a someterse a un único gobierno mundial que se está creando con la
finalidad de preparar la llegada del anticristo; la prueba de eso es la organización
de los países en bloques. Hoy existen ocho bloques, pero el número apocalíptico
es diez.
Por ejemplo, tenemos el caso de la Unión Europea, y esa unidad no es más
que una señal apocalíptica. Su unidad va a exigir también un gobierno de unión,
lo que significa que Europa terminará transformándose en un único país. ¡Ése es
justamente el deseo del Vaticano! La Iglesia Católica siempre fue “dueña de la
situación” mientras el sistema de gobierno del mundo fue monárquico, pues
dominando a los reyes, dominaba también a sus respectivos reinos.
El catolicismo hizo surgir las dictaduras que sustituyeron a las monarquías.
Por ejemplo, en Brasil la iglesia romana tomó millones de dólares americanos de
una de sus empresas la Time-Life, y los invirtió en la Rede Globo. A través de
ella promovió el golpe de 1964, esto es, la dictadura militar. A partir de esa
dictadura, la Globo se hizo fuerte, y garantizó el poder político para la nueva
“Babilonia”.
Con la Revolución Francesa, nació la democracia, o sea, el poder pasó a ser
generado del pueblo para el pueblo. Surgieron países como los Estados Unidos
de América, que pasó a imponer su sistema a través de una economía fuerte y a
liderar el mundo occidental siendo ejemplo de éxito y prosperidad. Eso abatió
profundamente el poderío católico mundial, inclusive impidiéndole nuevas
conquistas, pues subdividió el poder.
Para reconquistar el poder, el imperio católico romano ha trabajado
intensamente en el sentido de hacer la unificación en bloques, como se está
haciendo en Europa. Según la propia iglesia romana, cuanto mayor es la división
de poder, mayor es la dificultad de tenerlo bajo control. Así surge la bestia de los
diez cuernos, revelada en el decimotercer capítulo del Apocalipsis.
Vale la pena recordar que Hitler fue creado por el sistema católico a fin de
realizar en Europa, por la fuerza de la guerra, aquello que justamente hoy se
realiza por la fuerza de la paz. La iglesia de Roma descubrió que es mejor usar
las armas de la paz para retomar su imperio mundial. Por eso el papa habla tanto
de la paz y de la unión de las religiones o ecumenismo. ¡También los
gobernantes que se encuentran bajo su autoridad tienen el mismo discurso!
¡Además de usar la palabra paz, hablan también de una nueva orden mundial,
esta es, la Nueva Era! El apóstol Pablo, dirigido por el Espíritu Santo, dijo:

“Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción


repentina” (1 Tesalonicenses 5:3).

Para intentar neutralizar la democracia, los jesuitas crearon y financiaron el


comunismo, pues éste sería un sistema totalitarista, por lo tanto, fácil de ser
controlado. Sólo que el hechizo se volvió contra el hechicero y el comunismo
terminó siendo una espina en la garganta del Vaticano. Es como dice la Biblia:

“Frustra los pensamientos de los astutos, para hacer vana la obra de sus
manos. Atrapa a los sabios en su propia astucia y frustra los planes de los
perversos.” Job 5:12-13

También el Señor Jesús, refiriéndose a esos días dijo: “Mirad que nadie os
engañe, porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y a
muchos engañarán” (Mateo 24:4-5).

¿Quién va llamarse de “el Cristo”? ¡Justamente el anticristo! Pues, a través


del engaño, ilusionará a muchos.

2) Cuando el anticristo venga sobre el caballo blanco prometiendo paz y


aún convenciendo al mundo de esa falsa paz, la humanidad va a creer que la
era de oro de la paz o la Nueva Era llegó. Y cuando el mundo esté
desarmado de la fe en Dios, el engañador desencadenará su furia contra las
naciones, que en nada sospechan, sucumbiendo así al mundo a la Tercera
Gran Guerra Mundial; es la apertura del segundo sello – el caballo rojo.

Podemos observar que la apertura del primer sello revela una preparación
para la apertura de los sellos subsiguientes. La manifestación del anticristo hará
que la humanidad se ilusione con su proyección de paz. Él alcanzará la simpatía
y la credibilidad de las naciones, que a su vez estarán hartas de tantas guerras,
revoluciones, muertes y violencia. Por eso, el anticristo será abrazado de cuerpo,
alma y espíritu como si fuese el propio Cristo, pues su aparente característica es
la de un hombre de Dios. El profeta Daniel, hablando al respecto, dijo:

“Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; en su corazón


se engrandecerá y, sin aviso, destruirá a muchos. Se levantará contra el
Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano
humana.” Daniel 8:25

En otras palabras: el anticristo se engrandecerá en su corazón y a través de la


paz destruirá a muchos.

3) Existe una gran literatura del ex-padre jesuita español Alberto Rivera
Romero (número del registro general de identidad es 42.465.323; Dirección
General de Seguridad, Equipo 126 – Registro número 107048 - España). Él
fue entrenado no para enseñar la Biblia, sino para ser un terrorista de la
inteligencia católica y así infiltrarse en las iglesias evangélicas con la
finalidad de destruir la fe cristiana.

Ese hombre fue intensamente preparado, desde los siete años, por padres
jesuitas católicos. Durante décadas de estudios, tuvo acceso a la mayor y más
completa biblioteca del mundo: la del Vaticano, que queda ubicada exactamente
bajo la basílica de S. Pedro. Son kilómetros de túneles con millones de libros y
documentos conteniendo informaciones detalladas sobre los acusadores que
trabajaban como espías de la Iglesia Católica, de las indefensas víctimas, de las
torturas y de las ejecuciones. Fue de ahí que recogió informaciones respecto de
los orígenes de la iglesia romana desde los principios de la humanidad.
Según Alberto Rivera, satanás decidió desarrollar un sistema religioso oculto
que controlaría todo el mundo. Un sistema en que las personas podrían creer,
matar y hasta morir por él. Para introducirlo satanás usó dos personas:
Semiramis y Nimrod.
Semiramis no era sólo la madre de Nimrod, ya que más tarde fue su amante.
La primera ciudad construida después del diluvio fue Babilonia. Allá el diablo
hizo su “escritorio central”. Semiramis era la reina de Babilonia y Nimrod “este
fue vigoroso cazador delante del Señor” (Génesis 10:9) y por eso se convirtió en
un héroe entre sus contemporáneos. Pero el orgullo de su corazón lo hizo
rebelarse contra Dios y, a partir de entonces comenzó a desarrollar la astrología,
se volvió un gran brujo y se estableció en las bases de las magias negra y blanca.
Más tarde pasó a llamarse Moloc. Él era nieto de Cam y bisnieto de Noé. Por
causa de sus prácticas vergonzosas su tío abuelo lo mató con la esperanza de
terminar con sus brujerías.
Semiramis, su madre y mujer al mismo tiempo, que reinaba en Babilonia, se
proclamó diosa y exigió que se le sacrificasen niños. También determinó que su
hijo amante fuese idolatrado como Dios, pasándolo a llamar Baal, el dios sol.
Aunque se declarase virgen, dio a luz a un hijo al cual llamó Tamuz, afirmando
que el espíritu de Baal había concebido en ella. Entonces comenzó a proclamar
en todo el reino que Nimrod había reencarnado en el niño.
Ella se decía también símbolo de la Luna y a partir de allí pasó a ser
considerada virgen-madre, apareciendo en todos los lugares en imágenes
cargando al pequeño dios-sol. Decía ella que el pequeño Tamuz era el salvador.
Toda esa trayectoria satánica fue inspirada por el diablo, el cual, conocedor de
que un día el Espíritu de Dios envolvería a una virgen verdadera, que concebiría
al Salvador de la humanidad, preparó una historia similar para así fundar una
Iglesia a través de la cual billones de personas serían engañadas y llevadas al
infierno.
A partir de entonces, las historias de Nimrod, Semiramis y Tamuz circulan
por todo el mundo. Sus fábulas se hicieron populares en la Mitología. Fueron
concebidos varios dioses y diosas, todos basados en esos personajes. Semiramis
llegó a ser conocida como la reina-madre de los cielos. Y para engañar al mundo
con milagros mentirosos, satanás se ha valido de los demonios para reproducir
imágenes de Semiramis en diversos lugares y con varias formas, de modo que
cada país pasó a tener las propias; en Brasil, tenemos a Aparecida, la “patrona
del Brasil”, Concepción, etc. En Portugal, Fátima; en México, Guadalupe y así
sucesivamente. Todas las santas veneradas por la Iglesia Católica, son en
realidad, Semiramis y su hijo Tamuz. El pueblo ha pensado que la imagen de una
joven con el niño en brazos es María y el niño Jesús. ¡Pero no! ¡La verdad es que
ella es Semiramis y Tamuz! ¡Si es así, si hay ese gran engaño para el pueblo
católico, imagine lo que el anticristo ha preparado para el final de los tiempos!
Los textos sagrados no dejan ningún margen de duda con respecto a la
idolatría, ya que afirman:
“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No harás para ti escultura ni
imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en
las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás, porque yo
soy el Señor, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre
los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y que
hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis
mandamientos.” Deuteronomio 5:7-10

Tampoco dejan duda con respecto a los adivinos, hechiceros y espiritistas,


pues dice:

“Cuando entres a la tierra que el Señor, tu Dios, te da, no aprenderás a


hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti
quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique
adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino,
ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para el
Señor cualquiera que hace estas cosas, y por estas cosas abominables el Señor,
tu Dios, expulsa a estas naciones de tu presencia.” Deuteronomio 18:9-12

“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los


fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte
en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” Apocalipsis
21:8

4) Además de lo que ya fue expuesto con respecto a la semejanza que hay


entre el anticristo, o un futuro papa, y el jinete del caballo blanco, los que
creen en esa premisa hacen aún la siguiente observación:

El jinete del caballo blanco sale de uno de los sellos del juicio que solamente
el Señor Jesús puede abrir.
El jinete del caballo blanco no tiene título propio. (Cuando un hombre llega
a ser papa, renuncia a su propio nombre, esto es, pierde su nombre de nacimiento
y le es dado un título de pontífice otorgándole un nuevo nombre).
El jinete del caballo blanco tiene un arco sin flechas, lo que quiere decir que
no tiene armas y son sus seguidores los que luchan por él. La Iglesia Católica no
tiene ejército ni armas.
Hay una imagen en el arco que el papa carga en su mano. El jinete del
caballo blanco tiene un arco en la mano izquierda.
El jinete del caballo blanco recibe una corona; el papa también recibe una
corona que está por encima de los príncipes y reyes de la Tierra, tornándolo la
mayor autoridad en el mundo. Él recibe una corona y un reino que no le
pertenecen.
Todos los católicos, sin excepción, tienen que prepararse para someterse, en
obediencia total, a la voluntad del pontífice romano, como si él fuese un Dios.
La destrucción y el infierno siguen a este jinete, según la apertura de los
demás sellos.
La manifestación del anticristo se dará de acuerdo con la orden expresa del
Señor Jesús: “¡Ven!” o “¡va!” El Señor Jesús profetizó durante su vida en la
Tierra:

“Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en su


propio nombre, a ése recibirías” (Juan 5:43).

Ese “otro” ya está en camino. El mundo recibirá a su cristo sustituto, el


hombre fuerte, el super hombre, al cual siguen los caballos rojo, negro y
amarillo. Su repentina revelación está relacionada con la reivindicación del
Cordero, tomar posesión, esto es apropiarse de la herencia. Pues lo que está
escrito en el libro sellado debe pasar a tener fuerza de ley. Cuando el Cordero
ejerza su victoria en toda su plenitud, después que la Iglesia haya sido arrebatada
con el Espíritu Santo y aquello que detiene al anticristo haya sido apartado, el
opositor de Cristo se revelará aquí en la Tierra. Pues está escrito:

“Ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al


presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces
se manifestará aquel impío, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca
y destruirá con el resplandor de su venida.” 2 Tesalonicenses 2:7-8

Es gloriosa esa visión que el apóstol Juan da a los practicantes de la Palabra


de Dios, pues podemos ver lo que sucede en los cielos: la Iglesia arrebatada,
feliz y gloriosa al lado del Señor Jesucristo, mientras en la Tierra se suceden los
juicios de Dios. De ahí la razón de que esté escrito.
“Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los
moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros
con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.” Apocalipsis 12:12

Todo esto sucederá con la velocidad de un relámpago, en un abrir y cerrar de


ojos. El arrebatamiento será algo tan repentino y tan rápido que toda la
humanidad quedará perpleja y sin entender nada. Es verdad que surgirán
innumerables razones para explicar el hecho. Con certeza, los estudiosos dirán
que seres extraterrestres raptaron a las personas. Además, hay una corriente que
dice que platos voladores se están aproximando a la Tierra, y la mayoría de los
filmes producidos hoy están relacionados a seres espaciales. Es una forma de
convencer a las personas de que existe vida en otros planetas y que estos seres en
cualquier momento pueden entrar en el sistema solar. Pero todo eso no pasa de
un ardid para explicar el arrebatamiento. Inmediatamente al arrebatamiento de
los practicantes de la Palabra de Dios, se manifestará el anticristo; éste es el
primer sello.
¿Qué sucederá con los que queden aquí en la Tierra? Si ésa es su pregunta,
amigo lector, es porque no está seguro de su salvación. ¡Entonces es mejor que
no solamente acepte al Señor Jesús como su Salvador, sino que sobre todo
aplique Su Palabra, a fin de garantizar su arrebatamiento!
“Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos
de los siglos.” Apocalipsis 5:13
Capítulo 2

Parte 2

La apertura del segundo sello

Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: ¡Ven!
Salió otro caballo, de color rojizo. Al que lo montaba le fue dado poder de
quitar de la tierra la paz y hacer que se mataran unos a otros. Y se le dio una
espada muy grande.” Apocalipsis 6:3-4

Cabe destacar que hay una relación entre los cuatro primeros sellos y los
jinetes, vean que son cuatro jinetes sobre cuatro caballos, los cuales siguen una
secuencia de destrucción luego del surgimiento del primer jinete. El anticristo va
conquistando la mente de la humanidad con el engaño religioso, además de las
doctrinas diabólicas que sus subordinados desparraman por las iglesias
evangélicas en forma general. Las universidades católicas han preparado jóvenes
para servir a los propósitos de Roma. Es claro que no todos los jóvenes son
escogidos, sino aquellos que manifiestan una fe mayor en el catolicismo que en
el propio Dios. Ellos son futuros intendentes, gobernadores, presidentes,
ministros, jueces, despachantes, en fin, gente que decide el futuro de las personas
de acuerdo con la voluntad de la Iglesia de Roma.
Yo mismo soy prueba de eso, pues el juez que decretó mi prisión fue un
joven de 32 años que pertenecía a la organización católica Opus Dei. Esa prisión
fue una arbitrariedad, teniendo en cuenta que no había ninguna prueba de que yo
fuera charlatán o curandero. Había apenas cartas anónimas que hacían
acusaciones vacías. Tanto es, que doce días después yo estaba libre y aquel juez
transferido para otro distrito.
¿Por qué es que ellos actuaron así contra mí? Simplemente porque el trabajo
evangélico de la Iglesia Universal del Reino de Dios ha arrancado a millones de
personas de la idolatría católica y eso les preocupa. Así que intentan
constreñirnos, se armaron procesos criminales vacíos, a fin de que nuestro
nombre estuviese siempre en las páginas de los periódicos. Es así que trabajan en
todo el mundo: intentan desmoralizar, mediante la opinión pública, a aquellos
que son de Dios.
La apertura del segundo sello hace surgir al segundo jinete, pero esta vez
montado en un caballo rojo y: “le fue dado poder de quitar de la tierra la paz y
hacer que se mataran unos a otros. Y se le dio una espada muy grande.”

El Señor Jesús profetizó diciendo: “Mirad que nadie os engañe, porque


vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a
muchos” (Marcos 13:5-6).

El Señor se refiere al anticristo, que engañará a muchos usando el pretexto


de la paz; es el jinete del caballo blanco.

Enseguida el Señor dijo: “Pero cuando oigáis de guerras y de rumores de


guerras, no os turbéis, porque es necesario que así suceda; pero aún no es el
fin” (Marcos 13:7).

Éstas son manifestaciones del jinete del caballo rojo: guerras. También los
Evangelios de Mateo y Lucas registran estas mismas profecías refiriéndose al
período de la Gran Tribulación. No debemos perder de vista el hecho de que el
Señor Jesús dirigió sus palabras proféticas a Israel y no a la Iglesia. Nosotros
tuvimos ya muchas guerras que mataron casi cien millones de personas, pero la
manifestación de ese jinete del caballo rojo surtirá un efecto catastrófico jamás
ocurrido hasta entonces.
Pues para eso le fue dada autoridad. El propio Señor Jesús comenta sobre
eso, diciendo: “... porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido
desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no
fueran acortados, nadie sería salvo...” Mateo 24:21-22
La descripción de los sellos es sólo superficial en contraste con los capítulos
subsiguientes; la persona del anticristo y las terribles guerras mundiales, por
ejemplo, son descriptas con mayores detalles. Ese segundo jinete sobre el
caballo rojo se caracteriza por tres cosas:

1) “... le fue dado poder de quitar de la tierra la paz...” – significa que la


Tierra estará en conflictos permanentemente.
2) “... y hacer que se mataran unos a otros.” – significa que la vida en la
Tierra no tiene ningún valor, pues una pequeña razón será suficiente para
matar. Los asesinatos y homicidios serán corrientes en todos los lugares. No
habrá seguridad para nadie.
3) “Y se le dio una espada muy grande...” – esa gran espada se refiere a las
armas nucleares, que una vez detonadas, harán desaparecer a los vencedores
y vencidos. ¡Cuán terrible será el cuadro de la humanidad aquí en la Tierra
después del arrebatamiento!

Resta saber si el amigo lector también será arrebatado o quedará aquí para
pasar por la Gran Tribulación. ¡Su futuro será decidido solamente por usted!
Depende sólo de su elección: Si usted acepta al Señor Jesús como Señor y
Salvador y vive en la práctica de Su Palabra, entonces será arrebatado. De lo
contrario, usted va a presenciar las palabras proféticas del Apocalipsis...

“Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la


gloria y el poder, por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 5:13
Capítulo 2
Parte 3

La apertura del tercer sello


«Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía
contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del
trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en
las manos; y clamaban a gran voz diciendo: La salvación pertenece a nuestro
Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban en
pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se
postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo:
Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra
y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de
ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo
sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han
lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto
están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que
está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no
tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno;
porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a
fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos»
(Apocalipsis 7:9-17).

Los hechos del sexto sello continúan desarrollandose, solo que de esta feita
la visión del apóstol pasa exclusivamente para el cielo, donde él ve la gran
multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas.
Entonces podemos resumir la apertura del sexto sello, en tres visiones:

Primero: Catástrofes cósmicas que llenan a los hombres de perplejidad,


miedo y terror: el sol se queda negro como saco de crina, la luna se queda
como sangre y la tierra es abalada por un enorme terremoto (Apocalipsis
6:5-17).
Segundo: En medio a ese juicio es incluida una pausa por causa de los
ciento cuarenta y cuatro mil de Israel, que aún tienen que ser sellados.
Tercero: La gran tribulación vestida de blanco y con palmas en las manos.

La primera visión se refiere a acontecimientos en nuestro sistema solar,


teniendo la tierra como palco de las mayores catástrofes humanas. La segunda,
aún en la tierra, se refiere al sello de los ciento cuarenta y cuatro mil de los hijos
de Israel, que se convertirán al Señor Jesús durante la Gran Tribulación. Ya la
tercera visión pasa al cielo, donde encontramos la gran multitud que nadie podía
contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Pero incluso así, el
contenido de esa tercera visión forma parte de las dos primeras, pues el gran y
terrible día del Señor no puede ser encarado como de veinticuatro horas. Todos
los sellos y otros acontecimientos en ellos comprimidos, forman parte de ese día,
pero cada uno de eseos acontecimientos puede representar un período de meses o
hasta de años.
Esos mártires que vieran de la gran tribulación no tiene nada que ver con la
Iglesia que fue arrebatada antes de la gran tribulación, pues esta, como ya vimos
está representada por los veinticuatro ancianos, coronados, asentados en el trono
y naturalmente reinando con el Señor Jesús; mientras que esos mártires no están
asentados, pero de pie, llevan palmas y no tienen coronas ni tronos. La Iglesia
también aparece en su lugar celestial antes que se inicien la apertura del primer
sello. Ya los mártires, aparecen delante del trono mientras el juicio en la tierra es
realizado hasta el sexto sello. La Iglesia glorificada ya estaba en el cielo antes de
que soasse la «... hora de la probación» (Apocalipsis 3:10), porque era digna de
«escapar de todas estas cosas» (Lucas 21:36). Pero esa grand multitud, portadora
de palmas, pasan por la Gran Tribulación y alcanzan el cielo solamente a partir
de esa tribulación. La Iglesia del Señor es llamada de reyes y sacerdotes,
conforme a lo escrito: «Para nuestro Dios los hiciste reino y sacerdote, y él
reinarán sobre la tierra» (Apocalipsis 5:10). Pero los mártires de la Gran
Tribulación son llamados siervos: «Por eso están delante del trono de Dios y lo
sirven de día y de noche en Su templo...» (Apocalipsis 7:15).
Parece que esa gran multitud de mártires fue salva del medio de la Gran
Tribulación o del medio de los acontecimientos catastróficos del sexto sello, pero
no. Uno de los ancianos respondió a su propia pregunta diciendo: «Estos son los
que vinieron de la Gran Tribulación, y lavaron sus vestidos y las blanquearon en
la sangre del Cordero». Ella nos es presentada después que pasó la Gran
Tribulación. Esa visión es anticipada. En la verdad, ella es una visión final de
todos los sellos, se tocarán todas las trompetas y derramarán todas las tazas, y
fueron convirtiendose y guardando la fe cristiana.
Esa gran multitud será, por tanto, duramente afligida después de la apertura
del séptimo sello y durante las siete trompetas y siete tazas de cólera: la bestia, el
anticristo, cuya imagen ellos no quieren adorar, levantase. La consecuencia es el
martirio; ellos tienen que morir a causa de su fe. De hecho, por más que ese
intente describir el período de la Gran Tribulación, aún así faltan palabras.
Podemos tener sólo una vaga idea de lo que será, simplemente por lo que los
profetas bíblicos pintan ese cuadro de tribulación, pero no queda duda que será
algo inimaginable. Daniel vio y dijo: «...habrá tiempo de angustia, cual nunca
hubo, desde que hubo nación hasta aquél tiempo» (Deuteronomio 12:1). El
Señor Jesús, hablando sobre este tiempo, dijo: «Pues habrá gran aflicción, como
nunca hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni habrá jamás» (Mateo
24:21). Pero justamente en esa tribulación mayor, más cruel, más terrible y sin
igual, surge un número increíblemente grande que nadie podía contar, de todas
las naciones, tribus, pueblos y lenguas que sobreempujan todas las tribulaciones
y que vencerán para la gloria del Señor Jesucristo.

La gran tribulación
El Señor Jesús confirmó las palabras proféticas de los profetas del pasado
con respecto a la Gran Tribulación, cuando profirió el sermón profético. Mucho
se ha escrito con respecto a eso, y también muchos han interpretado ese tiempo
de agonía profunda de manera diversificada. Entre varias interpretaciones a este
respecto, hay aquella que no solamente responde más con el sentido literal de la
Biblia, pero como también con la progresión y rapidez de los hechos caóticos
que se suceden a cada día en nuestro planeta tierra. Pero, considerando
estrictamente, la Gran Tribulación, propiamente dicha, ella comenzará en la
segunda mitad de los 70 años (septuagésima) semana de años. Los primeros tres
años y medio de la tribulación son el tiempo del engaño mundial a través del
anticristo y especialmente del engaño de Israel, mientras que la Gran Tribulación
sucede en la segunda mitad de los siete años. Por el momento, es decir, hasta el
presente momento en que este libro está siendo hecho, el anticristo aún no se
manifestó.
Los teólogos investigadores creen que el presente papa polonés Juan Pablo,
será sustituido por un papa que fue convertido del judaísmo para el catolicismo.
Esto será hecho con vistas al objetivo número en una Iglesia Católica: Transferir
el Vaticano para Jerusalén. La historia registra que esa ambición católica ha sido
intentada a lo largo de los siglos. Pues, el clero romano no puede admitir que la
religión que se profesa cristiana, tenga su sede mundial justamente en el mismo
lugar donde se inició las mayores atrocidades contra los verdaderos discípulos
del Señor Jesús, y en el mismo suelo donde se derramó la sangre de los
inocentes. Ese ha sido el espino atravesado en la garganta de la Iglesia Católica,
hace muchos siglos. Y ahí también está la razón de por qué el Estado del
Vaticano no tenía relaciones diplomáticas con Israel.. Hace cerca de dos meses el
papa dio un gran paso para llegar a su objetivo final: reconoció públicamente
que la Iglesia Católica colaboró con el partido nazista para eliminar a todos los
judíos de Europa y así impedir que el Estado de Israel pudiese ser nuevamente
erguido. Para que la Iglesia Católica reconozca ser conivente con Hitler en la
matanza de seis millones de judíos, además de otros tantos millones, es porque
ella mantiene bien viva su obsesión antigua. Pero como Dios ya había
determinado la reconstrucción del Estado de Israel, entonces la Iglesia toda se
prepare, pues el fin llegó, porque él será la propia encarnación del anticristo. De
la Escritura Sagrada nosotros podemos concluir que la tribulación comienza con
la asignatura de la alianza entre el Vaticano, representado por el anticristo, e
Israel. Eso está para acontecer, muy probablemente, aún en este siglo veinte. Y
todo se dará muy rápidamente. El templo estará entonces nuevamente en su
lugar original, exactamente está la Mezquita de Omar, y el servicio de sacrificios
judaico estará en vigor. Vea lo que Daniel profetizó a ese respecto:

«Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la


semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la mansedumbre de
las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo
que está determinado se derrame sobre el desolador» (Daniel 9:27).

Después de tres años y medio habrá entonces un período de aflicción


incomparable, y terrible juicio afectando a toda la tierra, como dijo el Señor:
«Visto que guardaste la palabra de mi perseverancia, también yo te guardaré de
la hora de la tribulación que ha de venir sobre todo el mundo, para probar a los
que habitan sobre la tierra» (Apocalipsis 3:10). Se trata de un período de tiempo
muy especial, el tiempo de la angustia de Jacob, conforme se refiere al profeta
Jeremías diciendo: «¡Ah! porque aquel día será tan grande que no hay otro
semejante. Será tiempo de angustia para Jacob, pero será librado de ella»
(Jeremías 30:7).
Sobre los detalles de la Gran Tribulación hablaremos más tarde, sin embargo
queremos dejar algunas palabras-llave sobre la última parte de las setenta
semanas de años:
Es el tiempo del dominio cruel de la bestia que emerge del mar, del
anticristo: «Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que
tenías siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus
cabezas, un nombre blasfemo» (Apocalipsis 13:1). Al principio de los últimos
tres años y medio él romperá su alianza con los judíos, mostrandose en el templo
y exigiendo veneración divina. Es justamente lo que el Señor Jesús dice: «Por
tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el
profeta Daniel(el que lee, entienda)...» (Mateo 24:15), refiriendose a la profecía
de Daniel, que dijo: «Y después de las setenta y dos semanas se quitaron la vida
al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la
ciudad y el santuario, y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra
durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a
la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la
muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la
consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador» (Daniel
9:26-27).

El apóstol Pablo también se refirió a este tiempo, diciendo: «El cual se


opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto;tanto
que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios» (2
Tesalonicenses 2:4)
La interferencia activa de Satanás, que tiene gran cólera y da su autoridad a
la bestia, como dice Juan: «... y adoraron al dragón que había dado autoridad a la
bestia...» (Apocalipsis 13:4), es otra característica catastrófica de esa Gran
Tribulación.
En esa época, los demonios desenvolverán una actividad nunca vista, hasta
entonces.
El tiempo de los terribles juicios, causados por el derramamiento de las tazas
de la cólera de Dios, conforme al capítulo 16 de Apocalipsis.

El Séptimo Sello

«Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media
hora. Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete
trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario
de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los
santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del
ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de
los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo
arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto»
(Apocalipsis 8:1-5).

Si la apertura de los seis sellos anteriores fueron importantes, imagine la


apertura de este séptimo, pues de él vienen las siete trompetas y enseguida las
siete tazas de la ira de Dios. De manera que ese séptimo sello abre un leque de
acontecimientos aunque mucho más importante que los anteriores. Tenemos un
para lelo en el Antiguo Testamento, pues así como los hijos de Israel tuvieron
que dar la vuelta por día en torno a la ciudad de Jericó durante seis días, y en el
séptimo día siete vueltas, para que entonces sus murallas cayesen, así también
aconteció con Job: sus amigos vieron que el sufrimiento era tan inmenso que se
quedaron sentados callados junto a él durante siete días.
La apertura de ese sello nos lleva a meditar en la infinita paciencia de Dios,
cuando procura prolongar Sus juicios para dar a los hombres más tiempo para
pensar, y así volverse a Él, el Creador. Muchas veces hayamos que la justicia
divina demora mucho, pero la verdad es que Dios no tiene placer en la muerte
del impío, y entonces Él guarda pacientemente que las personas se conviertan de
sus malos caminos. Es lo que el Espíritu Santo habla a través del apóstol Pedro,
cuando dice: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por
tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno
perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Pedro 3:9). Es muy
probable que esto esté principalmente relacionado con la primera y principal
consecuencia de la apertura del séptimo sello. Si no, veamos: «Cuando el
Cordero abrió el séptimo sello, oye el silencio en el cielo cerca de media hora».
Quiere decir: no es exactamente media hora, más cerca de media hora. Esa cerca
de media hora puede tener un sentido muy especial por dos motivos:

a) En el cielo, en la Eternidad, no se cuenta con normas de tiempo. Aquí el


tiempo pasó y todo es eterno presente. Aquí está Aquél que era, que es y
que ha de ser.
b) Esa cerca de media hora puede significar el siguiente cálculo: la Gran
Tribulación dura siete años y corresponde a la septuagésima (70a.) semana
de años de Daniel. Una semana de años tiene siete años, pues cada día
representa un año; esa septuagésima (70 a.) semana corresponde a los siete
años de tribulación. Media hora es 48 avos del día, o, en este caso, del año.
Como el año bíblico es contado como año lunar de 360 días, de ahí
llegamos a siete días y medio.

1/2 hora = 24h:48 pero como el año bíblico tiene 360 días y 1 día
corresponde a 1 año, entonces 1/2 hora = 360:48 = 7,5 o siete días y medio.
Creemos entonces que en el séptimo sello Dios da más de siete días de plazo
y además de eso, en Su longanimidad, medio día más. Eso también aconteció en
el tiempo de Noé, pues cuando él tenía construido el arca exactamente de
acuerdo con las instrucciones del Señor, los animales habían entrado además de
él mismo con su familia.
Entonces el Señor Dios le dijo: «Porque pasados aún pasados siete días, yo
haré llover» (Génesis 7:4). Quiere decir: Dios extendió el plazo por siete días
más además del plazo ya establecido. Concluyó entonces que Dios procura dar
más tiempo para que haya conversión. La apertura del séptimo sello tiene
consecuencias terribles, pero antes de eso, hay cerca de media hora de silencio,
como si fuese una especie de espera de la parte de Dios, para que las personas en
la tierra pudiesen reconsiderar sus caminos y entonces volver a Él de todo el
corazón, antes del proseguimiento de los más terribles juicios. Observemos, por
ejemplo, la apertura de los demás sellos:
La apertura del primer sello, nosotros tenemos una voz poderosa que dijo:
Ven y posible traducir como: ¡Ve adelante!
El mismo se da con la apertura del segundo, tercero y cuarto sellos.
En la apertura del quinto sello se oyó el gran clamor de las almas de los
mártires.
La apertura del sexto sello causó un enorme abalo en el cielo y en la tierra, y
terror y espanto tomó cuenta de los hombres. Pero en la apertura del séptimo
sello no se oyó ninguna voz, no se percibe ningún movimiento; por lo contrario,
hace una interrupción que causa reverencia: «... oyó silencio en el cielo cerca de
media hora». Todo el cielo está quieto, silencioso o grandioso loor de todas las
miríades celestiales, dos veinte y cuatro ancianos y los cuatro seres vivientes con
respecto al silencio de Dios y del Cordero...
Entonces vi a los siete ángeles que se hayan en pie delante de Dios, y les
fueron dadas siete trompetas... La Biblia ha hablado con respecto a muchas
trompetas: las trompetas de guerra, como en Jericó, donde los sacerdotes las
tocaran, como señal, para que todo el pueblo gritase con gran gritería en torno de
las murallas, y así ellas viniesen abajo; o las trompetas de Gedeón y de sus
trescientos valientes; trompetas para proclamar las tribus de Israel para la guerra;
trompetas que eran tocadas en fiestas; trompetas que eran tocadas para reunir el
pueblo cuando fue dada la ley en el Sinaí; trompetas cuyos sonidos anunciaban
un nuevo rey y su posesión o la construcción del templo. Y todas esas trompetas
eran tan solo indicaciones proféticas de las trompetas celestiales, cuya plenitud
divina vemos aquí: siete trompetas, que proceden del séptimo sello.
Encontramos aquí en la época del «día del Señor» que abrange un período de
juicios de siete años. en Sofonías él es llamado de «!día de trompeta», pues
como dijo el profeta:

«Cercano está el día grande del Señor, cercano y muy próximo; es amarga
la voz del día del Señor; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de
angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de
oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de
algazara sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres. Y atribularé a
los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra el Señor; y la
sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol. Ni su
plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ora del Señor, pues toda la tierra
será consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción
apresurada hará de todos los habitantes de la tierra» (Sofonías 1:14-18).

Parece haber un paralelo entre las trompetas que Gedeón dio a sus
trescientos hombres y esas trompetas que los siete ángeles recibieron. En aquella
oportunidad Gedeón usó sólo de las trompetas, de los cántaros vacíos y de las
tochas de fuego. Y fue lo suficiente para que, de la parte de Dios, hiciese los
midianitas entrar en desespero y se mataren unos a otros; aquí los siete tocan sus
trompetas para la guerra contra Satanás, y es el propio Señor Jesús quien acaba
con él.

«Vino otro ángel y se quedó de pie junto al altar, con un incensario de oro,
y le fue dado mucho incienso para ofrecerlo con las oraciones de todos los
santos sobre el altar de oro que se haya delante del trono; y da la mano del
ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso, con las oraciones de
los santos. Y el ángel tomó el incienso, llenó de fuego del altar y lo tiró a la
tierra. Y hubo truenos, voces, relámpagos y terremoto. entonces los siete
ángeles que tenían las siete trompetas preparan para tocar»

Acretamos como otros intérpretes, que vienen en ese «otro ángel» la persona
del Señor Jesús. Y eso porque en el relato del apóstol, hay indicios fuertes a ese
respecto, especialmente en cuanto al paralelo con el sumo sacerdote de Israel, si
no, veamos:

1. Él realiza una tarea extraordinariamente elevada, la cual en el Antiguo


Testamento solamente el sumo sacerdote tenía el derecho de hacerlo. Los
demás ángeles no tenían ese derecho.
2. Él también se presenta en dignidad sumo-sacerdotal y se queda de pie
junto al altar. En la tierra ese altar de incienso se encontraba directamente
delante de la cara de Dios, pero aquí él está en el cielo.

¿Qué es lo que hace ese «otro ángel»? «... con un incensario de oro, y le fue
dado mucho incienso para ofrecerlo con las oraciones de todos los santos sobre
el altar de oro que se haya delante del trono». Eso no es más que la tarea del
sacerdote. Y no está escrito con respecto del Señor Jesús que: «... se tornase
semejante a los hermanos, para ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en las
cosas referentes a Dios, y para hacer propiación por los pecados del pueblo»
(Hebreos 2:17). Y que celestial, que realiza la tarea en el altar con un incensario
de oro, con mucho incienso que le fue dado, para ofrecerlo juntamente con las
oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que está delante del trono del
Altísimo. Las oraciones de todos los santos se refieren a las oraciones de todos
los santos de todas las épocas, con dos sentidos:

1. En el sentido de Dios: aroma suave bajo Su presencia cuando aquellos


que aceptaron el sacrificio de Su Hijo, manifiesten su dependencia de Él, a
través de sus oraciones y loores.
2. El efecto sobre la tierra: juicios. Esos juicios tienen que acontecer por el
simple hecho de que aquellos que no quisieran la salvación de gracia, no
tiene disculpa. Si por acaso, ninguna persona aceptase el perdón gratuito de
Dios, entonces podría ser que alguna cosa estuviese errada con todo el
plano de salvación. Pero eso no sucede. Entonces el error es de aquellos que
no quisieron o no quieren. De ahí, la razón de los juicios de Dios.

Pero, porque ese sacrificio de oraciones, esa solemnidad de las oraciones


reunidas de los santos de todos los tiempos, ofrecidas con incienso, es realizada
justamente antes del momento en que serán tocadas las siete trompetas del
juicio? Porque ese acontecimiento glorioso está incluido en el séptimo sello
después de los siete días y medio o casi media hora de silencio? Nosotros ya
vimos que los veinticuatro ancianos, es decir, los representantes coronados de la
Iglesia arrebatada, postranse delante del Cordero con tazas de oro llenas de
incienso. Eso fue en el inicio de los siete sellos. cuando dice: «... y cuando hubo
tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se
postraron delante delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas
de incienso, que son las oraciones de los santos» (Apocalipsis 5:8). Y entonces
ellos cantan un nuevo cántico. Pero aún no se habla de respuestas a las
oraciones. Los propios redimidos glorificados elevan sus oraciones delante del
Señor Jesús, como un hecho de adoración, en la confianza de que esperan por
una respuesta. Pero aquí, en el capítulo ocho, es el propio Señor Jesús en la
figura de otro ángel, que las eleva. Él mismo, el gran Sumo Sacerdote,lleva las
oraciones en el incensario de oro, penetra con el aroma suave de Su propio favor
alcanzado, santificalas con el fuego sagrado y las ofrece sobre el altar de oro
delante del trono del Altísimo. Es como si Él dijese a Su Padre: Atente, el Padre
las oraciones de todos aquellos que yo compré con mi sangre.
Esa solemnidad entonces representa el día del atendimiento a la oración que
el Señor nos enseñó, cuando dijo: «...venga Tu reino, hagase tu voluntad, así en
la tierra como en el cielo». Por eso también, ninguna oración, que tenga como
motivo: «... venga Tu reino y sea hecha Tu voluntad», se quedará perdida o caerá
en el olvido. Por otro lado también, aquí está la explicación de por qué muchas
oraciones no son respondidas, incluso hechas en el nombre del Señor Jesús. Es
que aquellas oraciones que no están dentro del contexto de la venida del Reino
de Dios y según Su santa voluntad, así en la tierra como en el cielo, es decir,
aquellas oraciones que expresan sólo objetivos personales egoístas, no fueron, no
son y jamás serán respondidas. Veamos, por ejemplo, ¿por qué esos seres
poderosos son convocados y derraman sus plagas sobre la tierra?, y, ¿cuáles son
sus consecuencias? Ellos hacen esto para la revelación del poder y de la gloria
del Reino de Dios. Aquellos que fueron resucitados y arrebatados que siempre
los atendidos y glorificados.
Cuando el Señor Jesús nos enseñó a orar pidiendo a Dios que viniese Su
Reino y que Su voluntad fuese hecha en la tierra así como ella es hecha en el
cielo, Él quería y quiere que todos Sus seguidores permaneciesen en ese
objetivo, en esa búsqueda, en esa realización que es suprema voluntad de Dios
para este planeta, desde el pecado de Adán y Eva. Todos nosotros sabemos que
en aquella oportunidad, cuando Dios creó los cielos y la tierra, y colocó al
hombre con autoridad sobre toda Su creación en la tierra, Él tenía el propósito de
tener en Su criatura Su cooperador en el desenvolvimiento de la tierra, y
mantener con él la comunión permanente. Cuando Adán pecó, el simplemente
pasó la autoridad que había recibido de Dios a satanás. Y de ahí, a través de ser
humano, nació este mundo el imperio de las tinieblas o el imperio de satanás. el
Señor jesús entonces vino para rescatar al hombre caído y, a través de él
implantar el reino de Dios. Y cuando nosotros hacemos alguna cosa en función
del desarrollo del reino de Dios, nosotros estamos colaborando con Dios en el
crecimiento de ese reino aquí en la tierra.
Entonces, toda esa solemnidad grandiosa significa el establecimiento del
dominio de Dios aquí en la tierra. Si, por tanto, se realiza justamente en este
momento el sacrificio de las oración de las oraciones de todos los santos,
mientras los siete ángeles ángeles están preparados para tocar las trompetas de la
desgracia, entonces es por que llegó el momento de acordarse las oraciones que
aún precisan ser atendidas. No podemos también olvidarnos que aquellos que
son de Dios y que por eso mismo están permanentemente orando para que venga
Su Reino y se haga Su voluntad, así en la tierra como en el cielo, es el factor que
da inicio a esos juicios.
Cuanto más Reino de Dios se desenvuelve más el reino de las tinieblas es
destruido, y más rápidamente satanás y sus demonios son destruídos de
condiciones para destruir a la humanidad. En ese todos nosotros, obreros,
pastores y obispos podemos testimoniar: desde que la Iglesia Universal del
Reino De Dios, después de una persecución implacable por parte de la Iglesia
Católica, a través de emisoras de radio, televisión, periódicos y revistas,
comenzamos a orar para que Dios viniese a implantar Su Reino en los corazones
de todos los engañados, además de amarrar a los principados, potestades,
dominadores y fuerzas espirituales del mal, entonces los ángeles de Dios
comenzarán también a trabajar con nosotros y la Iglesia comenzó a
desenvolverse más rápidamente en todo el mundo. Eso significa que todos los
que concuerdan con Dios a través de la oración, pasan a ser Sus colaboradores,
conforme afirma el Espíritu Santo, a través de Pablo, cuando dijo: «Porque de
Dios somos cooperadores...» (1 Corintios 3:9). El trabajo de oración
perseverante abrevia la venida de Nuestro Señor Jesucristo.

«El ángel tomó el incensario, llenó de fuego el altar y lo tiró a tierra. Y


hubo truenos, voces, relámpagos y terremotos». El fuego del altar es el fuego
del sacrificio, que consume; él, por tanto, significa juicio. Y es justamente lo
que es lanzado sobre la tierra. Los juicios de la apertura del séptimo sello trae
consecuencias tan terribles e inimaginables, que llega a ser dividida en siete
trompetas. Es como si los juicios de este sello viniesen gradualmente
preparando el resto de la humanidad para el día final. El Señor Jesús dijo, con
respecto a esos días que: «Yo vine para lanzar fuego sobre la tierra y bien
quisiera que ya estuviese ardiendo» (Lucas 12:49).
Capítulo 2
Parte 4

La apertura del cuarto sello

Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía:
¡Ven! Miré, y vi un caballo amarillo. El que lo montaba tenía por nombre
Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de
la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras
de la tierra.” Apocalipsis 6:7-8

La apertura de este cuarto sello explica por sí mismo lo que va suceder. El


hecho de que el caballo tenga color amarillo, hace transparentarse el color
anémico de la muerte, desparramada por toda la Tierra. Una cuarta parte de los
habitantes de la Tierra, esto es, aquellos que sobrevivieron a los juicios del
segundo y tercer sello, morirán. Este es el único jinete identificado por un
nombre: muerte. Él es seguido por el infierno, lo que significa que aquellos que
mueran bajo la acción de ese jinete serán tragados por el infierno.
La muerte y el infierno recibirán autoridad para matar por medio de cuatro
flagelos:
1) Por la espada: Significa guerra mundial.
2) Por el hambre: Aquellos que sobrevivieran a la guerra pasarán por la
desesperación de la falta de comida. La escasez de alimentos llevará a las
personas al sacrificio de sus hijos.
3) Por la mortandad: Con la falta de alimento, las enfermedades aumentarán,
generando la muerte.
4) Por las fieras de la tierra: Aquellos que sobrepasaran la guerra, el hambre
y las pestes mortales, tendrán que enfrentar a las fieras de la Tierra que, dígase
de paso, estarán tan desesperadamente hambrientas como la propia humanidad.
Según los cálculos de estudiosos en el tema, se supone que un mínimo de un
billón de personas perecerá con la apertura de este cuarto sello. “... porque habrá
entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo
hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21).
Capítulo 2
Parte 5

La apertura del quinto sello

Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que
habían muerto por causa de la palabra de Dios y del testimonio que tenían.
Clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo Señor, Santo y verdadero, vas
a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la tierra?
Entonces se les dio vestiduras blancas y se les dijo que descansaran todavía un
poco de tiempo, hasta que se complete el número de sus consiervos y sus
hermanos que también habían de ser muertos con ellos.” Apocalipsis 6:9-11

Con la apertura del quinto sello la visión de Juan cambia totalmente, pues
aquella secuencia de juicios con los eventos de los cuatro jinetes parece ser
interrumpida. Él ve un altar y debajo de él están las almas de aquellos que fueron
sacrificados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que dieron del
Señor Jesucristo. ¿Quiénes son esas almas debajo del altar? Son los mártires,
esto es, “... las almas de los que habían muerto por causa de la palabra de Dios y
del testimonio que tenían” (Apocalipsis 6:9).
Debemos recordar que el primer sello trajo al anticristo y sus terribles
consecuencias: guerras, hambre y muerte. Las almas debajo del altar son el
resultado del dominio del terror del anticristo. Aquellos que, durante el período
de la Gran Tribulación, se convirtieren al Señor Jesús serán perseguidos y
muertos implacablemente por el anticristo. Ellos no forman parte de la iglesia
arrebatada, ya que el arrebatamiento ocurrirá antes del inicio de la Gran
Tribulación y por eso sus almas están debajo del altar. Pero durante el período de
la Gran Tribulación, el anticristo asumirá su dominio mundial para promover la
mayor persecución de todos los tiempos contra los que se rehusen a adorar la
imagen de la bestia, pues:

“Se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la


imagen hablara e hiciera matar a todo el que no la adorara.” Apocalipsis
13:15

En este mismo período no habrá más el estado espiritual que, muchas veces,
encontramos hoy en la iglesia de nuestro Señor Jesús: el estado de tibieza, o sea,
aquellas personas que ni son incrédulas ni convertidas. ¡En el tiempo de la Gran
Tribulación, las personas se convertirán, o no! ¡Pues los que se convirtieren
sabrán con anterioridad que tendrán que pagar con la propia vida el precio de su
conversión y entonces habrá una verdadera calidad de cristianismo! El Señor
Jesús dijo que si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo (Mateo
24:22).
Tal vez alguien pregunte:

“¿Cómo esas almas se convertirán si en aquel tiempo el Espíritu de Dios


no estará más actuando?”. De hecho, el Espíritu Santo no estará más en el
mundo después del arrebatamiento de la iglesia; mientras tanto, la Palabra de
Dios, ya conocida por todos, hablará fuerte en sus corazones, promoviendo,
así, la conversión de ellos. Además de eso, el Señor Jesús ya había enseñado:
“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha” (Juan 6:63).

Así, el espíritu de la Palabra de Dios irá realizando el trabajo del Espíritu


Santo y muchos se convertirán. Es importante notar que en este sello el apóstol
vio sólo el clamor de las almas bajo el altar: De ese clamor no participarán los
poderes celestiales, esto es, no participarán juicios provenientes del cielo tales
como los de los cuatro caballos que vinieron por orden divina. En este sello,
Dios permite que sean martirizados aquellos que llegarán a la fe cristiana
después del arrebatamiento de la Iglesia y después la manifestación del dominio
del anticristo y del cuarto jinete. Eso sucede justamente porque Dios quiere
separar a los salvos de los no salvos. En esta visión, Juan no ve caballos ni
jinetes pero sí las almas, debajo del altar, de los que no fueron muertos por parte
de Dios, porque el juicio divino nunca es contra aquellos que son de Él. ¡No!
Esas almas son de los mártires que fueron muertos en la Tierra por fuerzas
exclusivamente demoníacas, durante los primeros cuatro sellos, por causa de la
fe cristiana que profesaron, opuesta al anticristo.
Hay estudiosos que creen que las almas debajo del altar son los mártires del
pasado. Pero eso no sería posible, teniendo cuenta que aquellos mártires ya están
glorificados con el Señor Jesús y pertenecen a la Iglesia arrebatada. La Iglesia
arrebatada tuvo su cuerpo glorificado, mientras que aquellas almas debajo de
altar aún no fueron glorificadas. Están delante del trono de Dios, pero debajo del
altar. ¡Ya la Iglesia del Señor, que fue arrebatada, está con Él, es vencedora y
está glorificada! A pesar de estar juntos con el Señor, las almas de los mártires de
la Gran Tribulación aún no están gozando de los mismos privilegios de la Iglesia
arrebatada.
Las personas que, probablemente, se convertirán durante el período de la
Gran Tribulación, son los seres queridos de aquellos que ya fueron arrebatados.
Muchos impíos, mundanos y hasta cristianos nominales serán completamente
curados de su incredulidad y dureza de corazón a través de la revelación de los
primeros cuatro sellos, convirtiéndose radicalmente con base en la Palabra de
Dios oída anteriormente. El motivo por el que murieron las almas bajo el altar
las transforma en verdaderos mártires: “habían sido muertos por causa de la
Palabra de Dios y por causa del testimonio que sustentaban”. Fueron muertos
por que tal testimonio es imposible durante el dominio del anticristo. Para tales
personas, entonces, no hay más lugar en la Tierra. De alguna forma, hoy ya
sentimos eso espiritualmente, teniendo en cuenta que quien se afirma en la
Palabra de Dios y en Su testimonio queda más aislado y solitario.

“Clamaban a gran voz, diciendo: Hasta cuándo Señor, Santo y verdadero,


vas a tardar en juzgar y vengar nuestra sangre de los que habitan sobre la
tierra?” Apocalipsis 6:10

¿Quién está clamando? Las almas debajo del altar. ¿A quién ellas claman?
Su clamor es a gran voz, y ¿por qué a gran voz? ¿Será el deseo de venganza?
¡No! Ese clamor de las almas de los mártires tiene razones justificadas:

Primero
Esas almas bajo el altar están viendo el juicio de Dios al mundo
anticristiano; sin embargo, ellas mismas continúan sin justificación a pesar de
haber sido las únicas en la Tierra que, durante la Gran Tribulación, se afirmaron
en la Palabra de Dios y en el testimonio del Señor Jesús.

Segundo

Ellas gritan alto para que la honra y la alabanza del Señor Jesús sean
restablecidas, por el juicio, sobre aquellos que las mataron por causa de la
Palabra de Dios y del testimonio que dieron del Señor. Hay una sublevación por
el escarnio del nombre de Dios, pues a pesar de que la humanidad está viviendo
bajo los juicios, aún así, ellas mantienen su corazón inalterado con respecto a
Dios.

Tercero

Ellas claman porque continúan en una situación intermedia, esto es, ellas
están debajo del altar y no son glorificadas como aquellos que creyeron durante
el período que sucedió el arrebatamiento.
Naturalmente que esa posición las aflige, a pesar de ya tener la certeza de su
salvación y estar delante de la presencia de Dios. Ellas alcanzarán la salvación
por causa de la Palabra de Dios y del testimonio del Señor Jesús, pero eso sólo
sucederá sin el sello del Espíritu Santo. No es como la Iglesia arrebatada, que
recibió el sello del espíritu Santo. Pues como está escrito:

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio


de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu
Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención
de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” Efesios 1:13-14

Aquellas almas tienen que esperar el momento justo para poder juntarse a
los demás. En cuanto a eso:

“Entonces se les dio vestiduras blancas y se les dijo que descansaran


todavía un poco de tiempo, hasta que se complete el número de sus consiervos
y sus hermanos que también habían de ser muertos con ellos” Apocalipsis 6:11
El hecho es que los juicios divinos seguirán sucediendo en la Tierra, en
cuanto aquellas almas estaban debajo del altar. Como no estaba aún completo el
número de aquellos que irían a ser muertos por causa de la Palabra de Dios y del
testimonio del Señor Jesús, entonces tenían que reposar por un tiempo más y así
esperar que se completase el número de aquellos que irían a ser salvos. Aquella
vestidura blanca que ellas recibieron simbolizaba la justificación. Así como la
Iglesia recibió en la Tierra el Espíritu Santo de la promesa como prueba de la
gloria futura, también ellas recibirán una vestidura blanca como adelanto de la
gloria futura, tendiendo en cuenta su fe en la palabra de Dios y del testimonio
que dieron del Señor Jesús en medio de la Gran Tribulación.
En los tiempos remotos, los condenados a muerte eran vestidos de negro
antes de su ejecución. En contraste a eso, las almas bajo el altar reciben la
vestimenta blanca como prueba de su justificación por la sangre del Señor
Jesucristo. Quiere decir: El Señor Jesús cambió la sentencia por haber tenido el
coraje de confesarlo aún delante de la muerte martirizada. Y así una vez más se
cumple la Palabra del Señor cuando dijo:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también


lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32).

El hecho es que esas almas debajo del altar tendrán que esperar aún un poco
de tiempo para recordarnos de los grandes héroes del pasado, llenos de fe, como
Abraham, Isaac, Israel, José, Moisés y otros tantos gigantes en la fe y en la
fidelidad a Dios. Ellos también tuvieron que esperar por el cumplimiento de las
profecías en relación al Señor Jesús y por aquellos que fueron salvos por la fe en
el Señor Jesús para que, juntamente con éstos, pudiesen alcanzar la promesa. ¿Y
no es eso lo que está escrito con respecto a ellos?

“Pero ninguno de ellos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la


fe, recibió lo prometido, porque Dios tenía reservado algo mejor para nosotros,
para que no fueran ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Hebreos 11:39-
40

Así como aquellos héroes de la fe tuvieron que esperar por nosotros, esas
almas debajo del altar también tendrán que esperar por los demás, que serán
sacrificados durante el resto de la Gran Tribulación por causa de la fe cristiana.
Como ya dijimos, es muy probable que entre esas almas debajo del altar,
estén nuestros seres queridos que, debido a su obstinación, orgullo, avaricia,
ambición y sus pensamientos volcados sólo para este mundo, hayan rechazado el
mensaje de la Palabra de Dios, pues prefirieron continuar dentro de sus
religiones y vivir con sus propias filosofías de vida. Pero Dios, en su infinita
misericordia, los hará ver, con sus propios ojos, los juicios cayendo sobre
aquellos que han negado la fe en Su Santo Hijo Jesús, y les dará la chance de
convertirse por nuestra causa. Aún esto va a suceder bajo muchas tribulaciones.
Y los que quieran la salvación tendrán que pagar con sus propias vidas, de lo
contrario, sufrirán como los demás, no solamente los castigos de los juicios
divinos, sino lo que es peor, la segunda muerte.
Por eso tendremos que luchar con más garra a través de las vigilias,
oraciones y ayunos para que ellos se conviertan antes de la Gran Tribulación.
Capítulo 2
Parte 6

La apertura del sexto sello

Miré cuando abrió el sexto sello, y hubo un gran terremoto. El sol se puso
negro como tela de luto, la luna entera se volvió toda como sangre y las
estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos
cuando es sacudida por un fuerte viento. El cielo se replegó como un
pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla fueron removidos de sus
lugares. Los reyes de la tierra, los grandes, los ricos, los capitanes, los
poderosos, todo esclavo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las
peñas de los montes, y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros
y escondednos de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del
Cordero, porque el gran día de su ira ha llegado y ¿quién podrá sostenerse en
pie?” Apocalipsis 6:12-17

La visión del apóstol, en el momento de la apertura de este sello, se vuelve


hacia la Tierra y hacia nuestro sistema solar. La Tierra pasa a ser el palco de las
mayores catástrofes de toda la historia de la humanidad. Los juicios, con la
apertura de este sello, son en forma de fenómenos cósmicos envolviendo al sol,
la luna y las estrellas; en fin todo los cuerpos celestes. Puede ser que las armas
nucleares estén dentro de ese contexto siniestro que vendrá sobre la faz de la
Tierra. Creemos que Juan tuvo dificultad para pasar al papel aquello que sus ojos
realmente vieron. ¡Y si él tuvo gran dificultad para relatar aquello
acontecimientos futuros debido a tantas desgracias, imagine entonces la
dificultad que nosotros tenemos para captar el terror de ese sexto juicio!
El apóstol trata de expresar sus visiones, usando el término comparativo
“como”, a la vista de su falta de palabras para narrar los hechos. Y parece que
cuanto mayor es la dificultad en la descripción de los hechos, más siniestros son.
Los juicios de este sello son una especie de introducción hacia la segunda
etapa de la vuelta del Señor Jesús, que viene para juzgar a los pueblos que
rechazaron Su sacrificio en el Calvario como ofrenda por los pecados, es eso lo
que más caracteriza el terror de aquellos días que precederán a Su venida. Estos
versículos no están describiendo la vuelta de Él, sino los juicios que precederán
Su día. Podemos entender que Su venida será en tres etapas.

Primera

Él vendrá en las nubes, como el novio, para buscar a Su Iglesia, símbolo de


la novia. En ese día, serán primero resucitados aquellos que murieron
practicando la Palabra de Dios. Enseguida, aquellos que estén practicando la
Palabra de Dios serán arrebatados, formando así la totalidad de la Iglesia.

Segunda

Él vendrá juntamente con Su Iglesia con gran poder y gloria, actuando como
Juez para el mundo. ¡Ése es el día del Cordero! Y es justamente por esa razón
que los reyes de la Tierra, los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos,
los esclavos, los libres; en fin, todas las clases de personas dicen para los montes
y las peñas: “Caed sobre nosotros y escondednos del rostro de aquel que está
sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero...” (Apocalipsis 6:16). Esta etapa
de Su venida es iniciada por las grandes catástrofes cósmicas aquí descriptas.

Tercera

Él vendrá como Sumo Sacerdote y Mesías para el pueblo de Israel.


El retrato de la apertura de ese sello fue pintado por el propio Señor Jesús
cuando profetizó:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la


tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las
olas. Los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las
cosas que sobrevendrán en la tierra, porque las potencias de los cielos serán
conmovidas. Entonces verán al hijo del hombre que vendrá en una nube con
poder y gran gloria.” Lucas 21:25-27

También el evangelista Mateo registró esa profecía diciendo:

“Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se


oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo y las
potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo
del hombre en el cielo, y todas las tribus de la tierra harán lamentación
cuando vean al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, con poder y
gran gloria.” Mateo 24:29-30

El profeta Joel refiriéndose a aquellos días, profetizó:

“Delante de él temblará la tierra y se estremecerán los cielos; el sol y la


luna se oscurecerán, y las estrellas perderán su resplandor. (...) El sol se
convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día, grande y
espantoso, del Señor.”Joel 2:10,31

El profeta Isaías también profetizó, diciendo:

“He aquí el día del Señor viene: día terrible, de indignación y ardor de ira,
para convertir la tierra en soledad y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual
las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; el sol se oscurecerá al
nacer y la luna no dará su resplandor. Castigaré al mundo por su maldad y a
los impíos por su iniquidad; haré que cese la arrogancia de los soberbios y
humillaré la altivez de los tiranos. Haré más precioso que el oro fino al varón
y más que el oro de Ofir al ser humano. Porque haré estremecer los cielos y la
tierra se moverá de su lugar por la indignación del Señor de los ejércitos.”
Isaías 13:9-13

Esos versos proféticos no sólo asustan a aquellos que no temen a Dios, será
justamente ése el tipo de gente que va a experimentarlos. Sea como sea la
ocurrencia de esos cataclismos cósmicos y terrenos, lo importante es que los
hombres constatarán una cosa: ¡el Señor no juega, Sus promesas se cumplen
cueste lo que cueste, y ay de aquellos que atentan contra ellas! El Señor Jesús
dijo:

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo


24:35).

El gran terremoto que inaugura los acontecimientos siniestros de este sello


no puede ser comparado a los innumerables terremotos que conocemos. Este
será algo que va a alcanzar proporciones intercontinentales, de lo contrario, Juan
no lo mencionaría. ¿Y por qué la apertura de este sello es con un terremoto?
Porque son justamente los terremotos los que producen más víctimas mortales,
entre todos los demás fenómenos destructores que hay en la faz de la Tierra. Los
números estadísticos del Observatorio en Estrasburgo (Francia) dan una idea de
la progresión de los menores ya ocurridos hasta hoy:
Siglo Nº de Terremotos Consecuencias
XII 84
XIII 115 190.000 muertos
XIV 137
XV 174
XVI 258 860.000 muertos
XVII 378 140.000 muertos
XVIII 640 500.000 muertos
XIX 2119 179.153 muertos

El número de terremotos del siglo XX sobrepasa en muchos a los del siglo


XIX. Según los cálculos generales aproximadamente, 2.125.000 de personas
murieron en terremotos en el período de 1905 a 1993. “El cielo se replegó
como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla fueron removidos
de sus lugares” (Apocalipsis 6:14).

Esa descripción se adapta a la del profeta Isaías, que dijo:


“Todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los cielos como
un libro; y caerá todo su ejército como se cae la hoja de la parra, como se cae
la de la higuera.”Isaías 34:4

Parece que el apóstol Juan estaba viendo a la Tierra volverse cabeza abajo,
de modo que el Norte pasará a ser el Sur y viceversa, pues la remoción de los
montes y de las islas no podrá suceder sólo con pequeños movimientos sísmicos.
Tendrá que suceder algo extremadamente grande en los cielos y en la Tierra,
para que esa metamorfosis física tenga lugar.
Hay estudios científicos que garantizan que los cambios repentinos de polos
han ocurrido varias veces, en pasados milenios. La verdad es que los días que
precederán a la venida del Señor Jesús serán días de ardiente ira, y las
consecuencias de esos terribles acontecimientos harán que toda la sociedad -los
grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, los esclavos y los libres- sea
nivelada. Así no habrá ninguna diferencia más entre sabios e ignorantes, grandes
y pequeños, blancos y negros; entre católicos, musulmanes, budistas y
evangélicos de diferentes denominaciones; en fin, entre personas de todas las
religiones que consideran a su religión o Iglesia más que a la práctica de la
Palabra de Dios. Todos formarán una única clase de personas: los desesperados,
que se esconderán en las cavernas y bajo los peñascos de los montes, para hacer
la misma oración: “Caed sobre nosotros y escondednos...” En esa día, nadie va a
clamar a los santos, a las entidades espiritistas, a Mahoma o a Buda, o a quien
quiera que sea, sino, exclusivamente, a las cavernas y a los peñascos... ¡Porque
habrá llegado el Día de la ira del Cordero!

“... porque el gran día de su ira ha llegado (del Dios-Padre y del Dios-
Hijo) y ¿quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:17).

Muchas personas que no dan la mínima atención a la Palabra de Dios, han


dicho: “¡No puedo creer que Dios, que es amor, permita que alguien se vaya para
el infierno!” ¡La verdad es que se olvidan de que, además de ser amor, Dios
también es justicia! No se engañe, mi amigo, pues el Espíritu de Dios dijo por
los labios de Su siervo:

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre
siembre, eso también segará, porque el que siembra para su carne, de la carne
segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará
vida eterna.” Gálatas 6:7-8

Además de todo esto, el apóstol Juan es muy duro es cuanto se refiere al día
de la ira del Cordero. Para aquellos que no creen en la ira de Dios, basta que
analicen los hechos que precederán a la vuelta del Señor. La apertura de los
sellos muestra la ira de Dios para aquellos que se mantienen rebeldes a Su
Palabra, rebeldes a la Salvación de gracia ofrecida por el Señor Jesús.
En la época de Noé, la humanidad vivía totalmente indiferente al mensaje de
Salvación que él predicaba. La Biblia dice:

“Vio el Señor que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que
todo designio de los pensamientos de su corazón solo era de continuo mal, y se
arrepintió el Señor de haber hecho al hombre en la tierra, y le dolió en su
corazón. Por eso dijo el Señor: Borraré de la faz de la tierra a los hombres que
he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo,
pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de
Dios.” Génesis 6:5-8

Vea que Dios no perdonó a la humanidad en la época de Noé por causa de la


maldad, y tampoco perdonará a los impuros de esta época. ¡En aquellos días que
precederán a la vuelta del Señor, solamente los obedientes a la Palabra de Dios
alcanzarán la misma gracia que Noé alcanzó delante del Señor!
Gracias a Dios que la Novia del Señor Jesús no pasará por la experiencia del
terror de ese día. Y aquellos que, en este exacto momento, no están
absolutamente convencidos de su salvación, deben despertar. Pues todo lo que
hay en este mundo pasa, sus coloridos, sus vanidades, sus egoísmos; en fin, todo
pasa y solamente aquellos que hicieren la voluntad del Señor permanecerán por
toda la eternidad en la presencia de Dios. ¡Los otros permanecerán toda la
eternidad en un lugar donde el Señor Jesús dijo que habrá lloro y crujir de
dientes!
Capítulo 2
Parte 7

LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL


SELLADOS
«Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la
tierra que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento
alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. Vi también a
otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó
a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer
daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a
los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro
Dios. Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de
todas las tribus de los hijos de Israel. De la tribu de Judá, doce mil sellados.
De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.
De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados.
De la tribu de Manasés, doce mil sellados. De la tribu de Simeón, doce mil
sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil
sellados. De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce
mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados» (Apocalipsis 7:1-8).

Muchos estudiosos del Apocalipsis han considerado este capítulo como una
pausa entre el sexto y el séptimo sello. Y eso sucede porque se ve la
transpariencia de la gracia de Dios con una cierta clase especial de personas.
Esas ciento cuarenta y cuatro mil sellados han sido justamente el gran problema
de esos versos. Hay muchas versiones con respecto a ese grupo de personas.
Pero, si nosotros analizamos la historia de la Iglesia del Señor Jesús y ese grupo
de personas, desde el punto de vista literal, vamos a verificar un paralelo, pues
muchos de los que se convirtieron al Señor Jesús fueron sellados, solo que con
un sello diferente de esos hijos de Israel. El sello que los seguidores del Señor
Jesús ha recibido es el bautismo con el Espíritu Santo, de acuerdo con la palabra
que el apóstol Pablo dirigió a los cristianos, diciendo: «En él también vosotros,
habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y
habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que
es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para
alabanza de su gloria» (Efesios 1:13-14). Eso quiere decir que Dios colocó Su
marca, en aquellos que crean en Su Palabra y buscasen Su presencia, para
garantizar la salvación de ellos hasta el día de la redención o hasta la vuelta del
Señor Jesús. En otras palabras: el sello del Espíritu Santo es como una joya
preciosa que es colgada o colocada como garantía hasta el rescate final que es la
salvación eterna. O entonces, podemos entender así: cuando adquirimos una
propiedad, antes de concluir su compra total, hay un contrato de promesa de
compra de y venta. Ese contrato es justamente para garantizar el final de la
compra. El Espíritu Santo entonces es esa promesa que va a garantizar la
salvación eterna. Es justamente eso lo que significa la garantía de nuestra
herencia hasta el rescate de Su propiedad, en loor de Su gloria. Y, existe también
aquellos cristianos que no fueron sellados o bautizados con el Espíritu Santo,
pero serán salvos también. Y esa, parece ser la idea principal con respecto a ese
grupo de ciento cuarenta y cuatro mil personas selladas y el resto del pueblo de
Israel será salvo. Se cree que ese grupo especial de judíos sea sólo un
remanescente en el período de la Gran Tribulación. Pero el resto de Israel, que ha
guardado la vuelta del Mesías, solamente será convertido cuando en la venida
del Señor Jesucristo. También el tipo de sello de ese grupo no será como los
cristianos que fueron bautizados con el Espíritu Santo, pues a esa altura, en la
gran tribulación, el Espíritu de Dios ya no estará en la tierra; el sellaje de ellos
deberá ser una marca especial de Dios en ese test. El profeta Ezequiel también
hizo referencia a un hecho semejante al de ese grupo de sellados, cuando dijo:
«Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: los verdugos de la ciudad han
llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir. Y la gloria de
Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al
umbral de la casa; y llamó el Señor al varón vestido de lino, que tenía a su
cintura el tintero de escribano, y le dijo el Señor: Pasa por en medio de la ciudad,
por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que
gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio
de ella. Y a los otros dijo, oyéndolo yo: pasad por la ciudad en pos de él, y
matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y
vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre
el cual hubiere señal, no os acercaréis...» (Ezequiel 9:1, 3-6). Ese grupo de
ciento cuarenta y cuatro mil será inmune a toda destrucción de la Gran
Tribulación.
Una de las cosas más importantes, a mi parecer, en esta visión de Juan, con
respecto a sellaje de los hijos de Israel es la falta de una de las tribus de Israel.
De entre todos los doce hijos de Israel, que compone las doce tribus de Israel,
sólo la tribu de Da no está relacionada entre los que fueron sellados. ¿Y por qué
los hijos de Israel o los hijos de Jacob fueron éstos?:
De Lía:

Rubén: el primogénito
Simón
Leví
Judá
Issacar y
Zebulón

De Zilpa, sierva de Lía:

Gade y
Aser

De Raquel:

José y Benjamín

De Bila, sierva de Raquel:

Da y
Naftalí

(Génesis 29:32-35; 30:1-24; 35:16-18).


De los que fueron sellados, nosotros tenemos la siguiente disposición:

10: Judá 12.000


20: Rubén 12.000
30: Gade 12.000
40: Aser 12.000
50: Naftalí 12.000
60: Manasés: 12.000
70: Simón 12.000
80: Leví 12.000
90: Issacar 12.000
110: José 12.000
120: Benjamín 12.000
100: Zebulón 12.000

Como nosotros podemos observar, Manases, hijo de José y por tanto, nieto
de Israel, sustituyó a Da. Para que nosotros podamos entender el por qué de la
falta de Da, es preciso comprender su historia. Da era el quinto hijo de Jacob,
con Bila, la sierva de Raquel. Cuando Jacob descendió a Egipto, Da tenía sólo
un hijo llamado Husin (Génesis 46:23). En contrate con eso, Benjamín, el hijo
más joven de Jacob, tenía en aquel tiempo diez hijos. Pero dos siglos más tarde,
Da era la tribu más numerosa después de Juda. Juda tenía 72.700 hombres
capaces de salir a la guerra y Da tenía 62.700 hombres. La tribu de Da tenía una
posición destacada en el orden del campamento, y era ella que llevaba en uno de
los cuatro estandartes principales, además de tener la incumbencia de proteger a
toda retaguardia del ejército con sus hombres (Números 10:25). De ahí, nosotros
vemos que la tribu de Da era muy importante en el contexto general de las
demás tribus. Tal vez esa posición privilegiada delante de loas demás tribus
había hecho nacerle el orgullo en el corazón, porque ella fue una de las que más
se corrompieron con la idolatría, llegando incluso a ser una verdadera maldición
para el pueblo de Israel. El siguiente relato bíblico, retrata el espíritu de la tribu
de Da: «Entonces aquellos cinco hombres que habían ido a reconocer la tierra de
Lais dijeron a sus hermanos: ¿no sabéis que en estas casas hay efod, los terafines
y la imagen de fundición? Mirad, por tanto lo que habéis de hacer. Cuando
llegaron allá, vinieron a la casa del joven levita, en casa de Micaía, y le
preguntaron como estaba. Y los seiscientos hombres, que eran de los hijos de
Dan, estaban armados de sus armas de guerra a la entrada de la puerta. Y
subiendo los cinco hombres que habían ido a recorrer la tierra, entraron allá y
tomaron la imagen de talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición. y el
sacerdote les dijo: ¿Qué hacéis vosotros? Y ellos le respondieron: Calla, pon la
mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y
sacerdote. ¿es mejor que seas tú sacerdote en casa de un solo hombre, que de una
tribu y familia de Israel? Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el
efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo. Y ellos se
volvieron y partieron, y pusieron los niños, el ganado y el bagaje por delante.
Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaía se juntaron y siguieron a los
hijos de Dan. Y dando voces a los de Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron
a Micaía: ¿Qué tienes, que has juntado gente? Él respondió: Tomasteis mis
dioses que yo hice y al sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda? ¿Por qué, me
dices: ¿Qué tienes? Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, no
sea que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida y la vida
de los tuyos. Y prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía, viendo que
eran más fuertes que él, volvió y regresó a su casa. Y ellos, llevando las cosas
que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais,
al pueblo tranquilo y confiado; y los hirieron a filo de espada, y quemaron la
ciudad. Y no hubo quien los defendiese, porque estaban lejos de Sidón, y no
tenían negocios con nadie. Y la ciudad estaba en el valle que hay junto a Bet-
rehob. Luego reedificaron la ciudad, y habitaron en ella. Y llamaron el nombre
de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien
que antes se llamaba la ciudad Lais. Y los hijos de Dan levantaron para sí la
imagen de talla; y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron
sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del cautiverio de la tierra» (Jueces
18:14-30).
En este pasaje histórico de la tribu de Dan apunta a su corrupción espiritual,
pues aquella imagen que levantaron para sí veo servir como lazo para la queda
del reino de las diez tribus de Israel. Pues siglos más tarde, Jerobán dio
continuidad a la idolatría exactamente en aquel mismo lugar. Como está escrito:

«Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al


pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los
cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro
en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de
uno hasta Dan» (1 Reyes 12:28-30).
Así Dan se tornó para sí mismo y para )Israel exactamente lo que su padre
Jacob había profetizado sobre él, cuando dijo: «Será Dan serpiente junto al
camino, víbora junto a la senda, que muerde los talones del caballo, y hace
caer hacia atrás al jinete» (Génesis 49:17).

En ese interín, nosotros debemos hacer una reflexión cuando a la propia


historia del cristianismo y del tipo de cristianismo que cada uno de nosotros
tenemos desarrollado hasta aquí. Por ejemplo, nosotros sabemos que Judas
Iscariote trae el Señor y, por eso mismo fue exclusivo de entre los doce
apostóles, aunque estuviese con el Señor Jesús durante todo Su ministerio
terreno. Por que él mismo teniendo el privilegio de ver las maravillas de Dios
con sus propios ojos, acabó por traicionarlo. Lo que acontece es que su carácter
era malo, además de que él nunca fue realmente convertido al Señor Jesús, sino
sólo convencido de Sus milagros. Entonces, cuando la oportunidad apareció, su
naturaleza maligna le hizo manifestarse como él era realmente, es decir: un
instrumento del diablo. También en el perfil de las siete iglesias de Asia, cuando
el Señor Jesús les descubre la desnudez, nosotros verificamos la indecencia de
carácter en algunas de ellas, pues el Señor se refiere a cada una de ellas de forma
diferente. Para algunas tanto hay elogios como reprensiones, para otras, sólo
reprensiones y finalmente a otras, sólo elogios. Tal vez, esa sustitución de la
tribu de Dan sea una alerta para que la iglesia o para que aquellos que tienen la
fachada cristiana, es decir, aquellos que tienen en u exterior todas las
características cristianas, en su íntimo, en el corazón, no tiene nada que ver con
el Señor Jesús. Son los convencidos a la fe cristiana pero no convertidos a ella.
Tal vez, el hecho de que ellas pertenezcan a una denominación cristiana, dan sus
ofertas y hasta pagan sus diezmos, las hacen convencidas de que sus nombres
están apuntados en el Libro de la Vida. Mientras tanto, sus frutos son totalmente
adversos a los frutos del Espíritu Santo. El Señor Jesús fue categórico cuando
dijo: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos,
sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 7:21).
Nosotros creemos que la falta de la tribu de Dan debe representar la exclusión de
mucha gente que piensa que irá a participar de las bodas del Cordero.
Cuando en el tiempo de la juez Débora, Israel tuvo una brillante victoria
sobre los cananeos. A causa de ello, Débora entonó un cántico de triunfo,
refiriendose al corage y bravura de todas las tribus de Israel que participaran de
aquella batalla, con la excepción de una: la tribu de Dan. Con ella interrumpe su
cántico y pregunta: «... y Dan. ¿por qué se estuvo junto a las naves?» (Jueces
5:17). Quiere decir: la tribu de Dan huyó a la luta, incluso siendo una de las más
fuertes tribus de todo Israel. Dan debe simbolizar el grupo de cristianos falsos, y
por eso mismo , cobardes. el seguidor del Señor Jesucristo tiene dentro de sí Su
carácter, y cuando él muestra cobardía delante de la lucha, es porque no está
absolutamente seguro de su fe cristiana. Entonces él mantiene su fachada
ilusiorio de cristiano hasta el surgimiento de las luchas. Y cuando ellas surgen,
entonces él se acobarda y huye.
Es interesante que, así como Judas Iscariote, que era un judío como los
demás apóstoles, y por tanto, del mismo pueblo del Señor Jesús, y vio a ser Su
traidor, así también deberá ser el perfil del anticristo, un traidor de la nación de
Israel, pues él se convertirá al catolicismo romano y llegará a ser papa, para
entonces manifestarse en él el anticristo, el perseguidor implacable de los
cristianos. Nosotros debemos estar atentos cuando en la elección de un próximo
papa. Si él tuviese orígenes judaicas, entonces es cierto que éste será el propio
anticristo. La sustitución de la tribu de Dan por la tribu de Manases debe tener
ese sentido, pues el anticristo tendrá que ser un judío, y naturalmente
perteneciendo a una tribu de Israel. Y juntamente a la tribu de Dan es que todas
las características para salir el anticristo. No es atoa que Jacob, su padre, el llamó
de «serpiente y víbora».
Capítulo 2
Parte 8

LA VISIÓN DE LOS MÁRTIRES EN LA GLORIA


«Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía
contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del
trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en
las manos; y clamaban a gran voz diciendo: La salvación pertenece a nuestro
Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban en
pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se
postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo:
Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra
y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de
ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo
sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han
lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto
están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que
está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no
tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno;
porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a
fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos»
(Apocalipsis 7:9-17).

Los hechos del sexto sello continúan desarrollandose, solo que de esta feita
la visión del apóstol pasa exclusivamente para el cielo, donde él ve la gran
multitud que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas.
Entonces podemos resumir la apertura del sexto sello, en tres visiones:

Primero: Catástrofes cósmicas que llenan a los hombres de perplejidad,


miedo y terror: el sol se queda negro como saco de crina, la luna se queda
como sangre y la tierra es abalada por un enorme terremoto (Apocalipsis
6:5-17).
Segundo: En medio a ese juicio es incluida una pausa por causa de los
ciento cuarenta y cuatro mil de Israel, que aún tienen que ser sellados.
Tercero: La gran tribulación vestida de blanco y con palmas en las manos.

La primera visión se refiere a acontecimientos en nuestro sistema solar,


teniendo la tierra como palco de las mayores catástrofes humanas. La segunda,
aún en la tierra, se refiere al sello de los ciento cuarenta y cuatro mil de los hijos
de Israel, que se convertirán al Señor Jesús durante la Gran Tribulación. Ya la
tercera visión pasa al cielo, donde encontramos la gran multitud que nadie podía
contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Pero incluso así, el
contenido de esa tercera visión forma parte de las dos primeras, pues el gran y
terrible día del Señor no puede ser encarado como de veinticuatro horas. Todos
los sellos y otros acontecimientos en ellos comprimidos, forman parte de ese día,
pero cada uno de eseos acontecimientos puede representar un período de meses o
hasta de años.
Esos mártires que vieran de la gran tribulación no tiene nada que ver con la
Iglesia que fue arrebatada antes de la gran tribulación, pues esta, como ya vimos
está representada por los veinticuatro ancianos, coronados, asentados en el trono
y naturalmente reinando con el Señor Jesús; mientras que esos mártires no están
asentados, pero de pie, llevan palmas y no tienen coronas ni tronos. La Iglesia
también aparece en su lugar celestial antes que se inicien la apertura del primer
sello. Ya los mártires, aparecen delante del trono mientras el juicio en la tierra es
realizado hasta el sexto sello. La Iglesia glorificada ya estaba en el cielo antes de
que soasse la «... hora de la probación» (Apocalipsis 3:10), porque era digna de
«escapar de todas estas cosas» (Lucas 21:36). Pero esa grand multitud, portadora
de palmas, pasan por la Gran Tribulación y alcanzan el cielo solamente a partir
de esa tribulación. La Iglesia del Señor es llamada de reyes y sacerdotes,
conforme a lo escrito: «Para nuestro Dios los hiciste reino y sacerdote, y él
reinarán sobre la tierra» (Apocalipsis 5:10). Pero los mártires de la Gran
Tribulación son llamados siervos: «Por eso están delante del trono de Dios y lo
sirven de día y de noche en Su templo...» (Apocalipsis 7:15).
Parece que esa gran multitud de mártires fue salva del medio de la Gran
Tribulación o del medio de los acontecimientos catastróficos del sexto sello, pero
no. Uno de los ancianos respondió a su propia pregunta diciendo: «Estos son los
que vinieron de la Gran Tribulación, y lavaron sus vestidos y las blanquearon en
la sangre del Cordero». Ella nos es presentada después que pasó la Gran
Tribulación. Esa visión es anticipada. En la verdad, ella es una visión final de
todos los sellos, se tocarán todas las trompetas y derramarán todas las tazas, y
fueron convirtiendose y guardando la fe cristiana.
Esa gran multitud será, por tanto, duramente afligida después de la apertura
del séptimo sello y durante las siete trompetas y siete tazas de cólera: la bestia, el
anticristo, cuya imagen ellos no quieren adorar, levantase. La consecuencia es el
martirio; ellos tienen que morir a causa de su fe. De hecho, por más que ese
intente describir el período de la Gran Tribulación, aún así faltan palabras.
Podemos tener sólo una vaga idea de lo que será, simplemente por lo que los
profetas bíblicos pintan ese cuadro de tribulación, pero no queda duda que será
algo inimaginable. Daniel vio y dijo: «...habrá tiempo de angustia, cual nunca
hubo, desde que hubo nación hasta aquél tiempo» (Deuteronomio 12:1). El
Señor Jesús, hablando sobre este tiempo, dijo: «Pues habrá gran aflicción, como
nunca hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni habrá jamás» (Mateo
24:21). Pero justamente en esa tribulación mayor, más cruel, más terrible y sin
igual, surge un número increíblemente grande que nadie podía contar, de todas
las naciones, tribus, pueblos y lenguas que sobreempujan todas las tribulaciones
y que vencerán para la gloria del Señor Jesucristo.

La gran tribulación
El Señor Jesús confirmó las palabras proféticas de los profetas del pasado
con respecto a la Gran Tribulación, cuando profirió el sermón profético. Mucho
se ha escrito con respecto a eso, y también muchos han interpretado ese tiempo
de agonía profunda de manera diversificada. Entre varias interpretaciones a este
respecto, hay aquella que no solamente responde más con el sentido literal de la
Biblia, pero como también con la progresión y rapidez de los hechos caóticos
que se suceden a cada día en nuestro planeta tierra. Pero, considerando
estrictamente, la Gran Tribulación, propiamente dicha, ella comenzará en la
segunda mitad de los 70 años (septuagésima) semana de años. Los primeros tres
años y medio de la tribulación son el tiempo del engaño mundial a través del
anticristo y especialmente del engaño de Israel, mientras que la Gran Tribulación
sucede en la segunda mitad de los siete años. Por el momento, es decir, hasta el
presente momento en que este libro está siendo hecho, el anticristo aún no se
manifestó.
Los teólogos investigadores creen que el presente papa polonés Juan Pablo,
será sustituido por un papa que fue convertido del judaísmo para el catolicismo.
Esto será hecho con vistas al objetivo número en una Iglesia Católica: Transferir
el Vaticano para Jerusalén. La historia registra que esa ambición católica ha sido
intentada a lo largo de los siglos. Pues, el clero romano no puede admitir que la
religión que se profesa cristiana, tenga su sede mundial justamente en el mismo
lugar donde se inició las mayores atrocidades contra los verdaderos discípulos
del Señor Jesús, y en el mismo suelo donde se derramó la sangre de los
inocentes. Ese ha sido el espino atravesado en la garganta de la Iglesia Católica,
hace muchos siglos. Y ahí también está la razón de por qué el Estado del
Vaticano no tenía relaciones diplomáticas con Israel.. Hace cerca de dos meses el
papa dio un gran paso para llegar a su objetivo final: reconoció públicamente
que la Iglesia Católica colaboró con el partido nazista para eliminar a todos los
judíos de Europa y así impedir que el Estado de Israel pudiese ser nuevamente
erguido. Para que la Iglesia Católica reconozca ser conivente con Hitler en la
matanza de seis millones de judíos, además de otros tantos millones, es porque
ella mantiene bien viva su obsesión antigua. Pero como Dios ya había
determinado la reconstrucción del Estado de Israel, entonces la Iglesia toda se
prepare, pues el fin llegó, porque él será la propia encarnación del anticristo. De
la Escritura Sagrada nosotros podemos concluir que la tribulación comienza con
la asignatura de la alianza entre el Vaticano, representado por el anticristo, e
Israel. Eso está para acontecer, muy probablemente, aún en este siglo veinte. Y
todo se dará muy rápidamente. El templo estará entonces nuevamente en su
lugar original, exactamente está la Mezquita de Omar, y el servicio de sacrificios
judaico estará en vigor. Vea lo que Daniel profetizó a ese respecto:

«Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la


semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la mansedumbre de
las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo
que está determinado se derrame sobre el desolador» (Daniel 9:27).

Después de tres años y medio habrá entonces un período de aflicción


incomparable, y terrible juicio afectando a toda la tierra, como dijo el Señor:
«Visto que guardaste la palabra de mi perseverancia, también yo te guardaré de
la hora de la tribulación que ha de venir sobre todo el mundo, para probar a los
que habitan sobre la tierra» (Apocalipsis 3:10). Se trata de un período de tiempo
muy especial, el tiempo de la angustia de Jacob, conforme se refiere al profeta
Jeremías diciendo: «¡Ah! porque aquel día será tan grande que no hay otro
semejante. Será tiempo de angustia para Jacob, pero será librado de ella»
(Jeremías 30:7).
Sobre los detalles de la Gran Tribulación hablaremos más tarde, sin embargo
queremos dejar algunas palabras-llave sobre la última parte de las setenta
semanas de años:

Es el tiempo del dominio cruel de la bestia que emerge del mar, del
anticristo: «Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia
que tenías siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y
sobre sus cabezas, un nombre blasfemo» (Apocalipsis 13:1). Al principio de
los últimos tres años y medio él romperá su alianza con los judíos,
mostrandose en el templo y exigiendo veneración divina. Es justamente lo
que el Señor Jesús dice: «Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la
abominación desoladora de que habló el profeta Daniel(el que lee,
entienda)...» (Mateo 24:15), refiriendose a la profecía de Daniel, que dijo:
«Y después de las setenta y dos semanas se quitaron la vida al Mesías, mas
no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el
santuario, y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán
las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la
mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la
muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la
consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador»
(Daniel 9:26-27).

El apóstol Pablo también se refirió a este tiempo, diciendo: «El cual se


opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto;tanto
que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios» (2
Tesalonicenses 2:4)
La interferencia activa de Satanás, que tiene gran cólera y da su autoridad a
la bestia, como dice Juan: «... y adoraron al dragón que había dado
autoridad a la bestia...» (Apocalipsis 13:4), es otra característica catastrófica
de esa Gran Tribulación.
En esa época, los demonios desenvolverán una actividad nunca vista, hasta
entonces.
El tiempo de los terribles juicios, causados por el derramamiento de las
tazas de la cólera de Dios, conforme al capítulo 16 de Apocalipsis.

El Séptimo Sello

«Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media
hora. Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete
trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario
de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los
santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del
ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de
los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo
arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto»
(Apocalipsis 8:1-5).

Si la apertura de los seis sellos anteriores fueron importantes, imagine la


apertura de este séptimo, pues de él vienen las siete trompetas y enseguida las
siete tazas de la ira de Dios. De manera que ese séptimo sello abre un leque de
acontecimientos aunque mucho más importante que los anteriores. Tenemos un
para lelo en el Antiguo Testamento, pues así como los hijos de Israel tuvieron
que dar la vuelta por día en torno a la ciudad de Jericó durante seis días, y en el
séptimo día siete vueltas, para que entonces sus murallas cayesen, así también
aconteció con Job: sus amigos vieron que el sufrimiento era tan inmenso que se
quedaron sentados callados junto a él durante siete días.
La apertura de ese sello nos lleva a meditar en la infinita paciencia de Dios,
cuando procura prolongar Sus juicios para dar a los hombres más tiempo para
pensar, y así volverse a Él, el Creador. Muchas veces hayamos que la justicia
divina demora mucho, pero la verdad es que Dios no tiene placer en la muerte
del impío, y entonces Él guarda pacientemente que las personas se conviertan de
sus malos caminos. Es lo que el Espíritu Santo habla a través del apóstol Pedro,
cuando dice: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por
tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno
perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Pedro 3:9). Es muy
probable que esto esté principalmente relacionado con la primera y principal
consecuencia de la apertura del séptimo sello. Si no, veamos: «Cuando el
Cordero abrió el séptimo sello, oye el silencio en el cielo cerca de media hora».
Quiere decir: no es exactamente media hora, más cerca de media hora. Esa cerca
de media hora puede tener un sentido muy especial por dos motivos:
a) En el cielo, en la Eternidad, no se cuenta con normas de tiempo. Aquí el
tiempo pasó y todo es eterno presente. Aquí está Aquél que era, que es y que ha
de ser.
b) Esa cerca de media hora puede significar el siguiente cálculo: la Gran
Tribulación dura siete años y corresponde a la septuagésima (70a.) semana de
años de Daniel. Una semana de años tiene siete años, pues cada día representa un
año; esa septuagésima (70 a.) semana corresponde a los siete años de tribulación.
Media hora es 48 avos del día, o, en este caso, del año. Como el año bíblico es
contado como año lunar de 360 días, de ahí llegamos a siete días y medio.
1/2 hora = 24h:48 pero como el año bíblico tiene 360 días y 1 día
corresponde a 1 año, entonces 1/2 hora = 360:48 = 7,5 o siete días y medio.
Creemos entonces que en el séptimo sello Dios da más de siete días de plazo
y además de eso, en Su longanimidad, medio día más. Eso también aconteció en
el tiempo de Noé, pues cuando él tenía construido el arca exactamente de
acuerdo con las instrucciones del Señor, los animales habían entrado además de
él mismo con su familia.
Entonces el Señor Dios le dijo: «Porque pasados aún pasados siete días, yo
haré llover» (Génesis 7:4). Quiere decir: Dios extendió el plazo por siete días
más además del plazo ya establecido. Concluyó entonces que Dios procura dar
más tiempo para que haya conversión. La apertura del séptimo sello tiene
consecuencias terribles, pero antes de eso, hay cerca de media hora de silencio,
como si fuese una especie de espera de la parte de Dios, para que las personas en
la tierra pudiesen reconsiderar sus caminos y entonces volver a Él de todo el
corazón, antes del proseguimiento de los más terribles juicios. Observemos, por
ejemplo, la apertura de los demás sellos:
La apertura del primer sello, nosotros tenemos una voz poderosa que dijo:
Ven y posible traducir como: ¡Ve adelante!
El mismo se da con la apertura del segundo, tercero y cuarto sellos.
En la apertura del quinto sello se oyó el gran clamor de las almas de los
mártires.
La apertura del sexto sello causó un enorme abalo en el cielo y en la tierra, y
terror y espanto tomó cuenta de los hombres. Pero en la apertura del séptimo
sello no se oyó ninguna voz, no se percibe ningún movimiento; por lo contrario,
hace una interrupción que causa reverencia: «... oyó silencio en el cielo cerca de
media hora». Todo el cielo está quieto, silencioso o grandioso loor de todas las
miríades celestiales, dos veinte y cuatro ancianos y los cuatro seres vivientes con
respecto al silencio de Dios y del Cordero...
Entonces vi a los siete ángeles que se hayan en pie delante de Dios, y les
fueron dadas siete trompetas... La Biblia ha hablado con respecto a muchas
trompetas: las trompetas de guerra, como en Jericó, donde los sacerdotes las
tocaran, como señal, para que todo el pueblo gritase con gran gritería en torno de
las murallas, y así ellas viniesen abajo; o las trompetas de Gedeón y de sus
trescientos valientes; trompetas para proclamar las tribus de Israel para la guerra;
trompetas que eran tocadas en fiestas; trompetas que eran tocadas para reunir el
pueblo cuando fue dada la ley en el Sinaí; trompetas cuyos sonidos anunciaban
un nuevo rey y su posesión o la construcción del templo. Y todas esas trompetas
eran tan solo indicaciones proféticas de las trompetas celestiales, cuya plenitud
divina vemos aquí: siete trompetas, que proceden del séptimo sello.
Encontramos aquí en la época del «día del Señor» que abrange un período de
juicios de siete años. en Sofonías él es llamado de «!día de trompeta», pues
como dijo el profeta:

«Cercano está el día grande del Señor, cercano y muy próximo; es amarga
la voz del día del Señor; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de
angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de
oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de
algazara sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres. Y atribularé a
los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra el Señor; y la
sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol. Ni su
plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ora del Señor, pues toda la tierra
será consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción
apresurada hará de todos los habitantes de la tierra» (Sofonías 1:14-18).

Parece haber un paralelo entre las trompetas que Gedeón dio a sus
trescientos hombres y esas trompetas que los siete ángeles recibieron. En aquella
oportunidad Gedeón usó sólo de las trompetas, de los cántaros vacíos y de las
tochas de fuego. Y fue lo suficiente para que, de la parte de Dios, hiciese los
midianitas entrar en desespero y se mataren unos a otros; aquí los siete tocan sus
trompetas para la guerra contra Satanás, y es el propio Señor Jesús quien acaba
con él.

«Vino otro ángel y se quedó de pie junto al altar, con un incensario de oro,
y le fue dado mucho incienso para ofrecerlo con las oraciones de todos los
santos sobre el altar de oro que se haya delante del trono; y da la mano del
ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso, con las oraciones de
los santos. Y el ángel tomó el incienso, llenó de fuego del altar y lo tiró a la
tierra. Y hubo truenos, voces, relámpagos y terremoto. entonces los siete
ángeles que tenían las siete trompetas preparan para tocar»

Acretamos como otros intérpretes, que vienen en ese «otro ángel» la persona
del Señor Jesús. Y eso porque en el relato del apóstol, hay indicios fuertes a ese
respecto, especialmente en cuanto al paralelo con el sumo sacerdote de Israel, si
no, veamos:
1. Él realiza una tarea extraordinariamente elevada, la cual en el Antiguo
Testamento solamente el sumo sacerdote tenía el derecho de hacerlo. Los demás
ángeles no tenían ese derecho.
2. Él también se presenta en dignidad sumo-sacerdotal y se queda de pie
junto al altar. En la tierra ese altar de incienso se encontraba directamente
delante de la cara de Dios, pero aquí él está en el cielo.
¿Qué es lo que hace ese «otro ángel»? «... con un incensario de oro, y le fue
dado mucho incienso para ofrecerlo con las oraciones de todos los santos sobre
el altar de oro que se haya delante del trono». Eso no es más que la tarea del
sacerdote. Y no está escrito con respecto del Señor Jesús que: «... se tornase
semejante a los hermanos, para ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en las
cosas referentes a Dios, y para hacer propiación por los pecados del pueblo»
(Hebreos 2:17). Y que celestial, que realiza la tarea en el altar con un incensario
de oro, con mucho incienso que le fue dado, para ofrecerlo juntamente con las
oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que está delante del trono del
Altísimo. Las oraciones de todos los santos se refieren a las oraciones de todos
los santos de todas las épocas, con dos sentidos:

1. En el sentido de Dios: aroma suave bajo Su presencia cuando aquellos


que aceptaron el sacrificio de Su Hijo, manifiesten su dependencia de Él, a
través de sus oraciones y loores.
2. El efecto sobre la tierra: juicios. Esos juicios tienen que acontecer por el
simple hecho de que aquellos que no quisieran la salvación de gracia, no
tiene disculpa. Si por acaso, ninguna persona aceptase el perdón gratuito de
Dios, entonces podría ser que alguna cosa estuviese errada con todo el
plano de salvación. Pero eso no sucede. Entonces el error es de aquellos que
no quisieron o no quieren. De ahí, la razón de los juicios de Dios.

Pero, porque ese sacrificio de oraciones, esa solemnidad de las oraciones


reunidas de los santos de todos los tiempos, ofrecidas con incienso, es realizada
justamente antes del momento en que serán tocadas las siete trompetas del
juicio? Porque ese acontecimiento glorioso está incluido en el séptimo sello
después de los siete días y medio o casi media hora de silencio? Nosotros ya
vimos que los veinticuatro ancianos, es decir, los representantes coronados de la
Iglesia arrebatada, postranse delante del Cordero con tazas de oro llenas de
incienso. Eso fue en el inicio de los siete sellos. cuando dice: «... y cuando hubo
tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se
postraron delante delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas
de incienso, que son las oraciones de los santos» (Apocalipsis 5:8). Y entonces
ellos cantan un nuevo cántico. Pero aún no se habla de respuestas a las
oraciones. Los propios redimidos glorificados elevan sus oraciones delante del
Señor Jesús, como un hecho de adoración, en la confianza de que esperan por
una respuesta. Pero aquí, en el capítulo ocho, es el propio Señor Jesús en la
figura de otro ángel, que las eleva. Él mismo, el gran Sumo Sacerdote,lleva las
oraciones en el incensario de oro, penetra con el aroma suave de Su propio favor
alcanzado, santificalas con el fuego sagrado y las ofrece sobre el altar de oro
delante del trono del Altísimo. Es como si Él dijese a Su Padre: Atente, el Padre
las oraciones de todos aquellos que yo compré con mi sangre.
Esa solemnidad entonces representa el día del atendimiento a la oración que
el Señor nos enseñó, cuando dijo: «...venga Tu reino, hagase tu voluntad, así en
la tierra como en el cielo». Por eso también, ninguna oración, que tenga como
motivo: «... venga Tu reino y sea hecha Tu voluntad», se quedará perdida o caerá
en el olvido. Por otro lado también, aquí está la explicación de por qué muchas
oraciones no son respondidas, incluso hechas en el nombre del Señor Jesús. Es
que aquellas oraciones que no están dentro del contexto de la venida del Reino
de Dios y según Su santa voluntad, así en la tierra como en el cielo, es decir,
aquellas oraciones que expresan sólo objetivos personales egoístas, no fueron, no
son y jamás serán respondidas. Veamos, por ejemplo, ¿por qué esos seres
poderosos son convocados y derraman sus plagas sobre la tierra?, y, ¿cuáles son
sus consecuencias? Ellos hacen esto para la revelación del poder y de la gloria
del Reino de Dios. Aquellos que fueron resucitados y arrebatados que siempre
los atendidos y glorificados.
Cuando el Señor Jesús nos enseñó a orar pidiendo a Dios que viniese Su
Reino y que Su voluntad fuese hecha en la tierra así como ella es hecha en el
cielo, Él quería y quiere que todos Sus seguidores permaneciesen en ese
objetivo, en esa búsqueda, en esa realización que es suprema voluntad de Dios
para este planeta, desde el pecado de Adán y Eva. Todos nosotros sabemos que
en aquella oportunidad, cuando Dios creó los cielos y la tierra, y colocó al
hombre con autoridad sobre toda Su creación en la tierra, Él tenía el propósito de
tener en Su criatura Su cooperador en el desenvolvimiento de la tierra, y
mantener con él la comunión permanente. Cuando Adán pecó, el simplemente
pasó la autoridad que había recibido de Dios a satanás. Y de ahí, a través de ser
humano, nació este mundo el imperio de las tinieblas o el imperio de satanás. el
Señor jesús entonces vino para rescatar al hombre caído y, a través de él
implantar el reino de Dios. Y cuando nosotros hacemos alguna cosa en función
del desarrollo del reino de Dios, nosotros estamos colaborando con Dios en el
crecimiento de ese reino aquí en la tierra.
Entonces, toda esa solemnidad grandiosa significa el establecimiento del
dominio de Dios aquí en la tierra. Si, por tanto, se realiza justamente en este
momento el sacrificio de las oración de las oraciones de todos los santos,
mientras los siete ángeles ángeles están preparados para tocar las trompetas de la
desgracia, entonces es por que llegó el momento de acordarse las oraciones que
aún precisan ser atendidas. No podemos también olvidarnos que aquellos que
son de Dios y que por eso mismo están permanentemente orando para que venga
Su Reino y se haga Su voluntad, así en la tierra como en el cielo, es el factor que
da inicio a esos juicios.
Cuanto más Reino de Dios se desenvuelve más el reino de las tinieblas es
destruido, y más rápidamente satanás y sus demonios son destruídos de
condiciones para destruir a la humanidad. En ese todos nosotros, obreros,
pastores y obispos podemos testimoniar: desde que la Iglesia Universal del
Reino De Dios, después de una persecución implacable por parte de la Iglesia
Católica, a través de emisoras de radio, televisión, periódicos y revistas,
comenzamos a orar para que Dios viniese a implantar Su Reino en los corazones
de todos los engañados, además de amarrar a los principados, potestades,
dominadores y fuerzas espirituales del mal, entonces los ángeles de Dios
comenzarán también a trabajar con nosotros y la Iglesia comenzó a
desenvolverse más rápidamente en todo el mundo. Eso significa que todos los
que concuerdan con Dios a través de la oración, pasan a ser Sus colaboradores,
conforme afirma el Espíritu Santo, a través de Pablo, cuando dijo: «Porque de
Dios somos cooperadores...» (1 Corintios 3:9). El trabajo de oración
perseverante abrevia la venida de Nuestro Señor Jesucristo.

«El ángel tomó el incensario, llenó de fuego el altar y lo tiró a tierra. Y


hubo truenos, voces, relámpagos y terremotos». El fuego del altar es el fuego
del sacrificio, que consume; él, por tanto, significa juicio. Y es justamente lo
que es lanzado sobre la tierra. Los juicios de la apertura del séptimo sello trae
consecuencias tan terribles e inimaginables, que llega a ser dividida en siete
trompetas. Es como si los juicios de este sello viniesen gradualmente
preparando el resto de la humanidad para el día final. El Señor Jesús dijo, con
respecto a esos días que: «Yo vine para lanzar fuego sobre la tierra y bien
quisiera que ya estuviese ardiendo» (Lucas 12:49).
Capítulo 2
Parte 9

LA VISIÓN DEL TRONO DE DIOS


«Después de esto miré y he aquí una puerta abierta en el cielo; la primera
voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá y yo te
mostraré las cosas que sucederán después de éstas.
Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de
cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a
esmeralda.
Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi en los tronos a
veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas con coronas de oro en sus
cabezas.
Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían
siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto
al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y
detrás.
Y el primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a
un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a
un águila volando.
Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por
dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo,
santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir.
Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de
gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los
veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y
adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del
trono, diciendo:

Señor, digno eres e recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú creaste


todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas» (Apocalipsis 4).

Es justamente en este capítulo que comienza la parte profética del


Apocalipsis y en él el apóstol Juan describe el Trono donde Aquel que vive para
siempre está sentado. Quiere decir: hasta el capítulo 3 el Señor dio al apóstol la
visión de la tierra, esto es, la de las siete iglesias de Asia, sin embargo, ahora El
comienza dándole la visión del trono de Dios en el cielo, y a partir de ahí la
visión de las cosas que en breve van a acontecer. El Apóstol usa la palabra «
como «, para establecer un paralelo de las cosas que él estaba viendo en el cielo
con las cosas de aquí, de la tierra, una vez que él no tenía palabras para describir
su visión celestial, una vez que las cosas celestiales son totalmente nuevas para
las personas que viven aquí en la tierra. Imaginemos, por ejemplo, una personas
que vivió durante decenas de años en el campo; todo su conocimiento está
restringido a aquella región, y cuando él es llevada por primera vez a una ciudad,
cuales serían sus palabras para describir, por ejemplo, un avión. Ciertamente ella
lo describiría como un gran pájaro de hierro. Ella no usaría la palabra avión, mas
algo como lo que ella conoce muy bien. Así también el apóstol procura asemejar
las cosas que el vio con las cosas de la tierra. Por eso, él se refiere a la voz del
Señor como sonido de trompeta. De la misma forma con referencia a Aquel que
se encontraba sentado en el trono: Su aspecto semejante a la piedra de jaspe y de
cornalina.
El apóstol inicia su descripción de este capítulo diciendo «después de esto»,
esto es, después de que es Señor Jesús se haya revelado como realmente es y no
como el mundo Lo representa, y haber hecho una radiografía de Su Iglesia,
simbolizada por las siete Iglesias de Asia, Juan, entonces, afirma haber visto una
puerta abierta en el cielo y oído la voz del Señor Jesús, invitándole a subir a fin
de poder mostrarle lo que debe acontecer después de estas cosas. En seguida, en
espíritu y ya en el cielo el apóstol, tiene inmediatamente vuelta para el trono y
sobre él, Alguien sentado. Este hecho importante sugiere que la primera cosa a
saber sobre el Cielo es que es la habitación del Altísimo, y que Dios ejerce
absoluta autoridad sobre todo el universo. Ese es el mensaje que el Señor nos
pasa cuando nos muestra primeramente el trono y que Alguien está sentado, o
sea, el propio dios. El apóstol no describe la Persona de Dios, mas asemeja Su
aspecto al de la piedra del jaspe y cornalina; la piedra del jaspe, según
Apocalipsis 21:11. es descrita como preciosísima y cristalina, mientras que la
cornalina es roja. Es bueno resaltar que fue imposible para el apóstol pintar el
retrato de Aquel que estaba sentado en el trono, así como es para quien quiere
que sea crear una imagen de Dios para el mundo. Además, el propio Dios había
dicho para Moisés: «Dijo más: No podrás ver mi rostro, porque no me verá
hombre y vivirá» (Éxodo 33:20). En la verdad, lo que el Señor Jesús quería dejar
bien claro para Su siervo no era la fisonomía clara de Su Padre, mas la figura de
la Autoridad Suprema de todo el universo, inclusive los cielos. Por eso el
aspecto de Aquel que se encuentra en el trono era algo apenas semejante y no
igual.
Todavía, sobre la visión del trono, existen algunos estudiosos que piensan
que el Señor Jesucristo es Quien está sentado en él y que la piedra de jaspe y de
cornalina son símbolos de Él. Y ellos dan la siguiente explicación: En el libro de
Éxodo 28:15-21, se ve que el pectoral del sumo sacerdote tenía doce piedras
preciosas , distribuidas en cuatro filas, y entre ellas estaban el jaspe y la
cornalina. Cada una representaba una tribu de Israel; la piedra de cornalina, cuyo
color es rojo como la sangre, tenía el nombre de Ruben, el primogénito de Israel.
Eso sugiere el simbolismo del Señor Jesús, primogénito de toda la creación
(Colosenses 1:15) y del derramamiento de Su sangre en el calvario a favor de la
humanidad. La piedra de jaspe, clara y transparente, en el pecho del sumo
sacerdote era la última, y tenía grabado el nombre de Benjamín, la ultima de las
tribus de Israel. Eso también sugiere el simbolismo del Señor Jesús que es el
Alfa y el Omega, el Primero y el Último, añaden además los que piensan así que
así como la cornalina habla de la expiación y de la primera venida del Señor, el
jaspe, piedra clara y cristalina, habla de la victoria, o sea, de la segunda venida
del Señor.
El arco-iris fue la señal de alianza entre el Señor y Noé, después del diluvio.
Mas, ahora, alrededor del trono, es una señal continua alrededor del trono de
Dios, como si para recordarLe la gloriosa y eterna alianza que Él hace con el ser
humano que acepta a Su Hijo Jesús cono Señor y Salvador. Vale la pena hacer un
estudio del libro Alianza con Dios para tener una idea mas profunda de este
asunto.
Cuando los veinticuatro ancianos vestidos de blanco y en cuyas cabezas hay
coronas de oro son considerados por muchos como autoridades celestiales que
asisten delante del trono de Dios ininterrumpidamente. Entretanto, la Biblia
revela que en la adoración y en el culto del templo de Jerusalén había
veinticuatro « turnos « de sacerdotes levitas, que representaban todo el pueblo de
Israel y que se ocupaban alternativamente de sus deberes. Y ahí está la mayor
fuerza de aquellos que interpretan esos ancianos como la verdadera
representación de la Iglesia arrebatada del Señor Jesús. O sea: las doce tribus de
Israel representando la Iglesia del Viejo Testamento más doce apóstoles ,
representando la Iglesia del Nuevo Testamento. Además de esto, los veinticuatro
ancianos no son ángeles, están vestidos de blanco y tiene corona de oro en sus
cabezas. Exactamente como el Propio Señor Jesús prometió, diciendo: «Sé fiel
hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10). Ya el
Apóstol Pablo, dirigido por el Espíritu Santo dijo: «Por lo demás, me está
guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, Juez Justo en aquel día;
y no sólo a mí, sino a los que aman su venida» (2 Timoteo 4:8). Siendo así, es
muy probable que estos ancianos representen los vencedores sobre la antigua
alianza mas los vencedores de la nueva alianza. Los vencedores del Antiguo
Testamento murieron con la fe enfocada en Cristo que vendría para su rescate.
Ahí entonces, podemos comprender porqué el Señor Jesús, después de Su
muerte, descendió al reino de los muertos y predicó el Evangelio: «... a los
espíritus encarcelados, los que en otro tiempo fueron rebeldes...» (1 Pedro 3:19-
20).
Lo más probable al respecto de los cuatro seres vivientes y de los siete
Espíritus de Dios sea revelar la existencia de muchas órdenes de seres
angelicales, las cuales, aunque diversas, sean todas poderosas, sirviendo al
mismo Dios al que servimos. Hasta porque, como nosotros podemos observar,
los cuatro seres vivientes y los siete Espíritus de Dios estaba más próximos del
trono que los veinticuatro ancianos, y esos ancianos parecían recibir órdenes de
parte de los seres vivientes, por cuanto, en hecho específico de adoración, por
parte de los ancianos, no tiene inicio en cuanto ellos no reciben la señal de parte
de los seres vivientes (Apocalipsis 4:9). Creemos que la interpretación del
Apocalipsis por el método de mayor observación del contexto en sí sea más
claro y provechoso de lo que los detalles de los números, formas y
características.
Como los ángeles de Dios hacen parte integrante de todo lo que se relaciona
con Dios y están incluidos continuamente en el Apocalipsis, nosotros abrimos un
párrafo para dar algunas informaciones al su respecto:
El ministerio angelical es «bastísimos», y que desde el Génesis de todas las
cosas hasta l libro del Apocalipsis, los ángeles han tenido una gran participación
en la obra de Dios. Es cierto que los predicadores casi no mencionan su trabajo,
pero no por falta de importancia, mas para no hacer que el pueblo se desvíe de su
fe en el Señor Jesús y la deposite en ellos. Aun así, ellos trabajan ardua y
anónimamente, pues tienen un ministerio tan importante en la obra de Dios
como los demás siervos del Señor Jesús. Los ángeles fueron creados por Dios
para servirLe como mensajeros; ellos son seres sobrenaturales con poder por
encima de los seres humanos. Ellos estuvieron el el Jardín del Edén guardando el
árbol de la Vida; estaban representados simbólicamente en el Arca de la Alianza,
en el Tabernáculo, en el templo construido por Salomón. La Biblia es la única
fuente de información al respecto de ellos, y ella hace referencia a varios tipos
de ángeles, los cuales son limitados en su poder ministerial, como por ejemplo:
ángel, arcángel, querubín, serafín. Nosotros tenemos referencias bíblicas que
citan a Miguel, por ejemplo, como «uno de los primeros príncipes» que vino a
ayudar a otro ángel para obtener la victoria sobre los reyes de Persia, cuando
Daniel estaba orando por el pueblo ( Deuteronomio 10 ). En el mismo libro,
encontramos nuevamente al arcángel Miguel peleando por el pueblo de Dios, en
el final de los tiempos: «En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe
que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca
fue desde que hubo gente hasta entonces; pero, en aquel tiempo será libertado tu
pueblo, todos los que se hallen inscritos en el libro».

«Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados ,


unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua. Los
entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que
enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad»
(Deuteronomio 12:1-3). Ese mismo Miguel tuvo su actuación cuando en la
disputa por el cuerpo de Moisés: «Pero cuando el arcángel Miguel contendía
con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a
proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: que el Señor te reprenda»
(Judas 1:9).

A pesar de que el ministerio de los ángeles sea de extrema importancia en la


obra de Dios, aún así nosotros no podemos, en ningún caso adorarlos, ya que
ellos son nuestros siervos, esto es, tan siervos de Dios como nosotros. El apóstol
Juan escribió, con respecto a este asunto: «Y el ángel me dijo: Escribe:
Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me
dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios».

«Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira: no lo hagas; yo


soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús.
Adora a Dios...» (Apocalipsis 19:9-10).

Y nuevamente el apóstol escribe: «Yo soy Juan, el que oyó y vio estas cosas.
Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel
que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy
consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras
de este libro. Adora a Dios» (Apocalipsis 22:8-9). Como vemos claramente,
nosotros no podemos actuar con los ángeles de la misma forma que con Dios,
pues ellos son tan siervos como nosotros. Además, ¡nosotros nunca podemos
pedir a los ángeles cualquier cosa, pues ellos solamente atienden las órdenes de
Dios! ¡Lo que nosotros podemos y debemos pedir a Dios en el Nombre de Jesús
es que Él envíe a sus ángeles para ayudarnos a realizar Su santa voluntad,
impidiendo que los principados y potestades vengan a bloquearnos en el
desenvolvimiento de la obra de Dios! Los ángeles solamente oyen la voz de
Dios, pues como ya dijimos: ellos son mensajeros y siervos de Dios. Nosotros
debemos respetarlos como mensajeros del Señor ¡ mas nunca adorarlos!
El capítulo cuatro del Apocalipsis muestra que hay una jerarquía entre los
seres celestiales, con todo, él no especifica a quien, entre los ángeles o seres
celestiales, pertenece la mayor autoridad. La única referencia de autoridad mayor
entre ellos es con respecto al arcángel Miguel, cuando la Biblia dice que él es
uno de los primeros príncipes, lo que quiere decir que existen más. Los
veinticuatro ancianos están también asentados en veinticuatro tronos y en sus
cabezas hay coronas de oro; esto quiere decir que ellos también tienen autoridad.
Además de ellos nosotros tenemos también los cuatro seres vivientes, los siete
Espíritus, los ángeles, arcángeles, los querubines, los serafines, todos estos hacen
parte de las miríades celestiales,, cuya autoridad y poder están al servicio del
Altísimo. Los últimos versículos de ese mismo capítulo hablan que los
veinticuatro ancianos se postran delante de Aquel que está sentado en el trono,
Lo adorarán y depositarán sus coronas delante de Él solamente después de
cuando los cuatro seres vivientes Le dieren gloria, honra y acciones de gracias.
Esto nos hace creer que los veinticuatro ancianos están subordinados a los cuatro
seres vivientes.
Es muy importante que no se procure imaginar de forma literal la
descripción de los cuatro seres vivientes tal como, semejante a un león,
semejante a un cordero, el tercero con el rostro semejante a un hombre y el
cuarto semejante a un águila volando, además de tener seis alas y estar llenos de
ojos. Nunca podemos olvidarnos que el apóstol estaba describiendo figuras
totalmente extrañas a su mundo y en los detalles de su descripción hay apenas
simbolismos de seres absolutamente diferentes de la concepción humana.
Existen estudiosos que han considerado a esos cuatro seres como los querubines
descritos en el libro del profeta Ezequiel (Ezequiel 1:1-14, 10:14), una vez que
hay características semejantes en la descripción de ellos, donde, inclusive este
profeta afirma: «... y conocí que eran querubines» (Ezequiel 10:20). De hecho,
analizando ambas descripciones podemos hasta llegar a esta conclusión, entre
tanto, nosotros no podemos jamás garantizar tal hecho, pues cuando se trata de
figuras celestiales nosotros nunca podemos afianzar nada, a no ser que ellos son
reales, conforme afirman las Sagradas Escrituras.
Capítulo 2
Parte 10

La apertura del séptimo sello

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media
hora. Luego vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios, y se les dieron
siete trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un
incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de
todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. El humo del
incienso con las oraciones de los santos subió de la mano del ángel a la
presencia de Dios. Y el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y
lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto. Los
siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.”
Apocalipsis 8:1-6

Si la apertura de los seis sellos anteriores fueron importantes, imagínese la


apertura del séptimo, pues de él vienen las siete trompetas y, enseguida, las siete
copas de la ira de Dios. De forma que ese séptimo sello abre un abanico de
acontecimientos aún mucho más importantes que los anteriores. Tenemos un
paralelo en el Antiguo Testamento, pues así como los hijos de Israel, durante seis
días, tuvieron que dar una vuelta alrededor de la ciudad de Jericó, y en el
séptimo día siete vueltas para que entonces las murallas cayeran, así sucede con
la apertura de este último sello. Hecho semejante también ocurrió con Job: sus
amigos vieron que su sufrimiento era tan inmenso que se quedaron sentados y
callados junto a él durante siete días.
La apertura de este sello nos lleva a meditar en la infinita paciencia de Dios,
cuando busca prolongar Sus juicios a fin de dar a los hombres más tiempo para
que piensen y, así, se vuelvan a Él. Muchas veces creemos que la justicia divina
demora mucho, pero la verdad es que Dios no tiene placer en la muerte del
impío, y aguarda pacientemente que las personas se conviertan de sus malos
caminos. Es lo que el Espíritu Santo habla a través del apóstol Pedro, diciendo:

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza,


sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca,
sino que todos procedan al arrepentimiento.” 2 Pedro 3:9

Es muy probable que eso esté relacionado con la primera y principal


consecuencia de la apertura del séptimo sello: “silencio en el cielo como por
media hora”. Quiere decir, no es media hora exactamente, sino cerca de media
hora o aproximadamente media hora, pues en el cielo, donde está el trono de
Dios, no existe el factor tiempo cronológico, una vez que no existe el sol para
determinar los segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años. El propio
Dios es la luz de los cielos. ¡Por lo tanto, todo allá es un eterno presente, porque
allá está Aquel que era, que es y que ha de ser!
Ese tiempo de cerca de media hora puede significar lo siguiente: la Gran
Tribulación durará siete años y corresponde a la septuagésima semana de los
años de Daniel. Una semana de años tiene siete años pues cada día representa un
año. La septuagésima semana corresponde a los siete años de tribulación. Media
hora son 48 avos del día que, en este caso, son del año. Visto que el año bíblico
es considerado como el año lunar de 360 días, llegamos a siete días y medio.
Esto es, esa media hora corresponde a siete días y medio.
Creemos entonces que, en el séptimo sello, el Señor Dios, en Su infinita
longanimidad, da siete días y medio más de plazo para que las personas puedan
volverse a Él. Eso también sucedió en el tiempo de Noé, pues cuando él había
terminado de construir el arca – exactamente de acuerdo con las instrucciones
del Señor – y cuando él, su familia y los animales ya habían entrado en ella, el
Señor le dijo: “Y pasados aún siete días, yo haré llover” (Génesis 7:4). Dios
podría haber hecho llover inmediatamente después de que todos entraran en el
Arca. ¡Pero no! Él esperó aún siete días más para hacer llover. ¡Quiere decir, que
Él extendió la mano siete días más de lo ya establecido! Podemos concluir que el
Señor siempre busca agotar todo el tiempo necesario para que nadie se pierda.
La apertura del séptimo sello sólo tiene consecuencias terribles, pero antes
de eso, hay aproximadamente media hora de silencio como si fuese una especie
de espera de parte de Dios para que las personas en la Tierra pudiesen
reconsiderar sus caminos y así volverse hacia Él.
Resumiendo los sellos anteriores, nosotros tenemos: en la apertura del
primer sello, hay una voz poderosa que dice “ven”; es posible también traducirla
como “va” o “adelante”, y lo mismo se da con la apertura del segundo, tercero y
cuarto sello. La apertura del quinto sello trae un enorme estremecimiento en el
cielo y en la Tierra; terror y espanto toman cuenta de todos los seres humanos.
En la apertura del séptimo sello, al contrario de los demás, no se oye
ninguna voz y no se percibe ningún movimiento. Por el contrario, hay una
interrupción que causa reverencia: “hubo silencio en el cielo como por media
hora”. Todo el cielo está quieto. ¡Se silenció la grandiosa alabanza de todas las
miríadas celestiales, de los veinticuatro ancianos y de los cuatro seres vivientes
en respeto al silencio de Dios y del Cordero!

“Luego vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios, y se les dieron
siete trompetas” (Apocalipsis 8:2).

La Biblia se refiere a muchas trompetas: unas trompetas eran utilizadas para


convocar el pueblo a la guerra, otras eran usadas en las fiestas, estaban aquellas
que servían para reunir al pueblo, las que anunciaban un nuevo rey y las
utilizadas durante la construcción del templo. Todas ellas eran tan sólo señales
proféticas de las trompetas celestiales, cuya plenitud divina vemos aquí: siete
trompetas que proceden del séptimo sello. Ése es el día del Señor, que abarca un
período de juicios de siete años. Sofonías lo llamó “día de la trompeta”, pues
como dijo el profeta:

“¡Cercano está el día grande del Señor! ¡Cercano, muy próximo! Amargo
será el clamor del día del Señor; hasta el valiente allí gritará. Día de ira aquel
día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de
tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de
trompeta y de alarido sobre las ciudades fortificadas y sobre las altas torres.
Llenaré de tribulación a los hombres, y ellos andarán como ciegos, porque
pecaron contra Dios. Su sangre será derramada como polvo y su carne como
estiércol. Ni su plata ni su oro podrán librarlos en el día de la ira del Señor,
pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo, porque él
exterminará repentinamente a todos los habitantes de la tierra.” Sofonías
1:14-18

Parece haber un paralelo entre las trompetas que Gedeón dio a sus
trescientos hombres y ésas que los siete ángeles recibieron. En aquella
oportunidad, Gedeón usó solo las trompetas, los cántaros vacíos y las antorchas
de fuego, y fue lo suficiente para que, de parte de Dios, los madianitas entraran
en desesperación y se matasen unos a otros. En el caso del séptimo sello, los
siete ángeles tocan sus trompetas para la guerra contra satanás, y es el propio
Señor Jesús quien acaba con él.

“Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de


oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los
santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. El humo del incienso
con las oraciones de los santos subió de la mano del ángel a la presencia de
Dios. Y el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la
tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto.” Apocalipsis 8:3-6

Todo indica que ese otro ángel sea el propio Señor Jesucristo, pues hay
fuertes argumento que comprueba eso, especialmente cuando se hace un paralelo
con el sumo sacerdote de Israel. Veamos: Él realiza una tarea
extraordinariamente elevada, que solamente el sumo sacerdote del Antiguo
Testamento tenía el derecho y el deber de realizar. Ese ángel también se presenta
en dignidad sumo sacerdotal, pues queda de pie junto al altar y, en Israel, el altar
del incienso se encontraba directamente delante del rostro de Dios; en el caso del
Apocalipsis, él está en el cielo.
¿Y qué hace ese otro ángel?

“Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de


oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los
santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono.” Apocalipsis 8:3

¿No es esa tarea la del sumo sacerdote? ¿Y no está escrito al respecto del
Señor Jesús que Él es el sumo sacerdote en las cosas referentes a Dios a fin de
hacer propiciación por los pecados del pueblo? Ver Hebreos 10:17. También en
Hebreos 10:21 leemos: “También tenemos un gran sacerdote sobre la casa de
Dios”.
Ese otro ángel tiene que ser el sumo sacerdote celestial que realiza la tarea
del altar con un incensario de oro, con mucho incienso que le fue dado, para
ofrecerlo justamente con las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro
que está delante del trono del Altísimo. Las oraciones de todos los santos se
refieren a las oraciones de todos los convertidos de todas las épocas, en dos
sentidos.

Primero

En relación a Dios, aroma suave que sube a Su presencia cuando los


verdaderos cristianos le manifiestan Su dependencia a través de sus oraciones.

Segundo

En relación a la Tierra, juicios. Esos juicios tienen que suceder por el simple
hecho de que no tienen disculpa de aquellos que no quisieron la salvación de la
Gracia. Si, por acaso, ninguna persona aceptase el perdón gratuito de Dios,
entonces podría ser que alguna cosa estuviera equivocada con el plan de la
salvación. ¡Pero eso no sucede! Entonces el error es de los que no quisieron o no
quieren recibirla. De allí la razón de los juicios de Dios.
¿Pero por qué ese sacrificio de oraciones de los santos de todos los tiempos,
ofrecido con incienso, es realizado justamente antes del momento en que serán
tocadas las siete trompetas del juicio? ¿Por qué ese acontecimiento glorioso está
incluido en el séptimo sello después de los siete días y medio o cerca de la media
hora de silencio?
Ya vimos que los veinticuatro ancianos, o los representantes coronados de la
Iglesia arrebatada, se postran, con las copas de oro llenas de incienso, delante del
Cordero. Eso sucedió en el inicio de los siete sellos cuando dijo:

“Cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro
ancianos se postraron delante del Cordero. Todos tenían arpas y copas de oro
llenas de incienso, que son las oraciones de los santos: Y cantaban un cántico
nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú
fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y
lengua y pueblo y nación...” Apocalipsis 5:8-9
Cantan un nuevo cántico, pero hasta aquel momento, aún no se hablaba de
respuestas a las oraciones. Los propios redimidos glorificados elevan sus
oraciones delante del Señor Jesús, como un acto de adoración, en la confianza de
que el Señor está dispuesto a responderles completamente. En el capítulo cinco,
ellos esperan una respuesta, pero en el octavo capítulo, es el propio Señor Jesús,
en la figura de otro ángel, quien las eleva. ¡Él mismo, el gran Sumo Sacerdote
lleva las oraciones en el incensario de oro, las introduce con el aroma suave de
Su propio favor, las santifica con el fuego sagrado y las ofrece sobre el altar de
oro, delante del trono del Altísimo! ¡Aleluya! ¡Es como si Él le dijese a Su
Padre: ¡Oh Padre, atiende las oraciones de todos aquellos que Yo compré con mi
sangre!

Esa solemnidad representa el día de la respuesta a la oración que el Señor


nos enseñó cuando dijo: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10).

Por esto ninguna oración, que tenga como motivo el reino y la voluntad de
Dios quedará perdida o caerá en el olvido. Por otro lado, aquí está la explicación
de por qué muchas oraciones no son respondidas, aún cuando son hechas en el
nombre de Jesús. Las oraciones que no están dentro del contexto de la venida del
Reino de Dios y según Su santa voluntad, eso es, oraciones que expresan sólo
objetivos mezquinos, personales y egoístas no son atendidas.
Seres poderosos son convocados para derramar sus plagas sobre la Tierra,
para revelar el poder y la gloria del Reino de Dios. ¡Aquellos que fueren
resucitados y los arrebatados que siempre pidieron para que el Reino de Dios
viniese a ser restablecido son justamente los atendidos y glorificados!
Cuando el Señor Jesús nos enseñó a orar pidiendo a Dios que viniese Su
Reino y que Su voluntad fuese hecha en la Tierra como así es hecha en el Cielo,
Él quería (y quiere) que todos sus seguidores permanezcan en ese objetivo, en
esa búsqueda, en esa realización que es la suprema voluntad de Dios para este
planeta, desde la caída de Adán y Eva.
Todos nosotros sabemos que en aquella oportunidad, cuando Dios creó los
Cielos y la Tierra y colocó al hombre con autoridad sobre toda su creación en
este mundo, Él tenía el propósito de tener en Su criatura un cooperador en el
desarrollo de la Tierra, y mantener con él permanente comunión. Cuando Adán
pecó, simplemente entregó a satanás la autoridad que había recibido de Dios.
Por lo tanto, por intermedio del ser humano, nació en este mundo el imperio
de las tinieblas o el reino de satanás. El Señor Jesús vino para rescatar al hombre
caído y, también por intermedio de él, implantar el Reino de Dios. Estamos
colaborando con Él en el crecimiento de ese Reino aquí en la Tierra.
Así, toda esa solemnidad grandiosa que ocurre en la apertura del séptimo
sello significa el establecimiento del dominio del Reino de Dios en la Tierra. Si,
por lo tanto, se realiza justamente en ese momento el sacrificio de las oraciones
de todos los santos, en cuanto a los siete ángeles están preparados para tocar las
trompetas de los juicios, entonces es porque llegó el momento de recordar las
oraciones que aún precisan ser atendidas.
Tampoco podemos olvidarnos de que los que son de Dios y por eso mismo
están permanentemente orando para que venga Su reino y se haga Su voluntad,
son la razón de esos juicios. Cuanto más el Reino de Dios se desarrolle, más el
imperio de las tinieblas es destruido y más rápidamente satanás y sus demonios
son debilitados en la destrucción de la humanidad. En ese aspecto, todos los
obreros, pastores y obispos pueden testimoniar. Desde que la Iglesia Universal
del Reino de Dios comenzó a orar para que Dios implantase Su reino en los
corazones de los engañados, además de atar a los principados, potestades,
dominadores y fuerzas espirituales del mal, los ángeles de Dios comenzaron
también a trabajar junto con nosotros y la Iglesia comenzó a desarrollarse más
rápidamente en todo el mundo. Eso significa que todos los que concuerdan con
Dios, a través de la oración, pasan a ser Sus cooperadores, confirmando así la
Palabra que dice:

“... porque nosotros somos colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9). El


trabajo de oración perseverante abrevia el tiempo de la venida de nuestro
Señor Jesucristo. “Y el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y
lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto”
(Apocalipsis 8:5).

El fuego del altar es el fuego del sacrificio que consume; por lo tanto,
significa juicio, y es justamente lo que es lanzado sobre la Tierra. Los juicios de
la apertura del séptimo sello traen consecuencias tan terribles e inimaginables
que llegan a ser divididos en trompetas. Es como si los juicios de ese sello
viniesen, gradualmente, preparando al resto de la humanidad para el día final. El
Señor Jesús dijo con relación a esos días: “Fuego vine a echar en la tierra. ¿Y
qué quiero, si ya se ha encendido? (Lucas 12:49).

“¡Ningún justo dejará de recibir la recompensa; ningún impío


quedará impune!”
Obispo Macedo