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ASHUAN y el Gran Guía de la Montaña

̶ Fernando A. García, marzo de 2017

Cuando las estrellas comenzaron a poblar el firmamento, Ashuan


acomodó sus pocas pertenencias en un lugar de la ladera, para así poder
recuperarse de un día agotador luego del largo ascenso. Allí desde lo alto se
podía divisar el valle con las lucecitas del caserío.
Sin ánimo ya para cocinar, sacó algo para comer de su mochila, y apuró
el bocado con el agua pura de su cantimplora. Con ello dio por concluida su
frugal cena.
Se tendió boca arriba dentro de su bolsa de dormir, la mirada perdida en
un cielo oscuro sin luna, ese espacio insondable que siempre lo acompañaba
desde su niñez. Hacia este dirigía sus cavilaciones, sus pedidos no
verbalizados, y en este leía sus propios estados de ánimo.
No pasó mucho tiempo para que el cansancio le ganara a su búsqueda, y
así Ashuan se sumió en un sueño inquieto, con imágenes preñadas de
significados y emociones, todo aparentemente irracional y arbitrario.
A ese sordo llamado acudió el Gran Guía de la Montaña, esa mítica figura
que recogen las leyendas y tradiciones del lugar. Ashuan no pudo recordar
precisamente lo que el Gran Guía le dio a entender, pero sí recordó lo
extraordinariamente vívido del encuentro, su impacto conmovedor, y los
significados que intentó traducir con las siguientes palabras.
“Al inicio mismo, todo y todas las cosas empezaron a surgir, desarrollarse
y multiplicarse sin límites. Aparecieron el tiempo y el espacio infinitos sin los
cuales nada ni nadie sería posible. Así lo Uno se manifestó paradójicamente
como diversidad sin perder por ello su condición primigenia.
Todo partió de un “punto” y todo avanza hacia un “punto”. Las
diversidades se relacionan entre sí en incontables entrecruzamientos para ir
configurando una síntesis siempre superior.
Todas las diversidades son parte integral de lo Uno y su Plan. Todas son
interdependientes y están interconectadas en modos no siempre obvios ni
predecibles.
En el ser humano, la finalidad del Plan se traduce como sentimiento
religioso, como conciencia lúcida, como Sentido, como amor y compasión
verdaderos. Su libertad y felicidad facilitan el Plan; su opresión y su sufrimiento
lo obstaculizan.
Quien piensa, siente y actúa con violencia, no sólo lo hace en contra de la
humanidad y su destino, sino contra sí mismo. Quien piensa siente y actúa sin
violencia, colabora no sólo consigo mismo, sino con la humanidad y su destino.
Quien mediante su trabajo interno devela su real identidad en lo Uno,
devela también su comunión con todo lo existente y con todos los seres
vivientes. No tendrá así nada que poseer ni perder, y nunca experimentará
soledad ni temor por cosa alguna.
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Así también sabrá que no ha de morir porque, aun existiendo, no puede
morir quien nunca ha nacido.
De este modo, por experiencia y comprensión, colaborará con el Plan sin
sentido de separación, sin temor y sin cálculo.
Ahora, tú haz tu parte, que yo haré la mía.“
Estas fueron las notas que Ashuan tomó a la luz de su linterna, cuando se
despertó repentinamente casi de madrugada.
Se sentía feliz, libre, y lúcido como nunca antes.
Así permaneció un tiempo embelesado, contemplando la salida del sol por
detrás de las montañas. Luego agradeció sentidamente al Gran Guía y
comenzó a calentar una buena bebida para celebrar el nuevo día.

Fernando A. García (fernando120750@gmail.com), marzo de 2017