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Los nuevos síntomas y los callejones sin salida del sujeto

Un síntoma para el psicoanálisis es, entre otras cosas, un enigma a descifrar, un


mensaje que habla de aspectos inconscientes del sujeto, de su historia particular.
Pero hay también en el síntoma un aspecto social, una referencia al momento
histórico que le toca vivir, a ciertos valores y a la relación de ese sujeto con ellos.
Esto es lo que sitúa un conflicto en la naturaleza del síntoma.

Estos aspectos de los cuales se trata acerca del síntoma hablan sobre lo que los
sujetos se guardan para sí mismo debido a las represiones que se forjan desde
la parte de los grupos sociales, esto a su vez diciéndonos que el síntoma es un
producto de esa solución de compromiso entre tendencias opuestas.

También la autora nos habla de que lo que el síntoma reprime es eso a lo que s
puede llamar deseos infantil ya que debido a las exigencias sociales hay que dar
paso a la capacidad adulta para poder llevar la convivencia al éxito.En este paso
a la adultez, implica mucha más responsabilidad, muchas más cosas que acatar
y cumplir, aparecen los tan llamados derechos y deberes que si no se cumplen
en el orden natural en el que están presupuestos crean efectos sociales
problemáticos.

El efecto social problemático en lo individual es el síntoma neurótico, se refiere


a algo en el sujeto ha perdido su equilibrio y no sabe cómo restituirlo, muy
semejante a cuando tienes malestar y comienzas a tratar mal a todo el mundo,
sabes que te pasa algo que no sabe de donde proviene ni cómo comenzó. Los
distintos enfoques terapéuticos aproximan diferentes soluciones , se apunta a la
supresión lo más rápida posible del malestar de ese síntoma que está cargado
de memoria inconsciente que es la que causa el malestar pero no de donde
empieza.

El resultado de estas soluciones sería lograr que desaparezca el síntoma, pero


es muy sabido que los síntomas no desaparecen de la faz de la tierra, ellos
existen de manera clandestina en nuestro aparato psíquico Esta necesidad del
sujeto humana de seguir creando síntomas nos habla a la vez de lo peor, del
sufrimiento que el sujeto es capaz de infligir a sí mismo, pero también de otra
dimensión, del llamado al Otro que este síntoma significa, porque como
decíamos al principio, hay un aspecto del síntoma que hace lazo social y ese
Otro, representado por el terapeuta en el consultorio, va a ser el vehículo para
que el sujeto sepa a quién en realidad quiere dirigirse y no puede.

Aquí es donde entra la preocupación del psicoanálisis que no viene por la rama
de que se crees y aparezcan nuevas formas sintomáticas si no como las
soluciones nuevas que surgen estén cada vez más sordas a ese llamado y más
atentas a las presiones financieras de los servicios de salud. En el sujeto, la otra
cara de ese llamado no es otra casa que el autismo si no el encierro ensimismado
del sujeto con su propio goce neurótico. Aquí es donde se centra la preocupación
del psicoanálisis ya que en este caso es donde algo no encuentra la vía del
síntoma como pregunta dirija al otro, pasando automáticamente al acto,
evadiendo toda norma o acuerdo social.

Lacan, en su "Introducción teórica a las funciones del Psicoanálisis en la


Criminología ", hace referencia a las pulsiones edípicas y su presencia en las
sociedades, así como a la relación entre desintegración social y acto homicida.El
hombre ha perdido su "espesor moral" y señalan que actualmente podría hablar-
se de una barbarización de las costumbres, siendo el bárbaro aquel que
desconoce el marco ético de sus actos y decisiones..."un ser radicalmente
irresponsable, conformado a patrones técnicos que no responden sino de su
propia operatividad o de su mecánica de funcionamiento.

Estos ideales parecen llevar todos en una misma dirección y en un solo


movimiento al lugar donde gustos y particularidades se homologan para
Terminar todos gozando de lo mismo en cualquier parte del mundo. Lo que una
vez fue elección personal se convierte hoy en producto de consumo masivo.
Esto, con el consiguiente borramiento progresivo de las diferencias donde el Otro
simbólico que nos viene habitando por generaciones, es excluido por un otro en
espejo.

el sujeto humano, hijo de otra historia y can memoria -si bien inconsciente- coloca
tímidamente su diferencia en forma de síntoma entre él y el mundo, es decir, deja
de funcionar. Momento de "locura", que es el último reducto de su particularidad
en extinción, pero esto no justifica ninguno de los actos que prodece ni las
razones por las que se producen.Se podría pensar que la segregación del
contexto social impuesto como obligación para otras personas es lo que lo
produce pero eso estaría justificando de una manera extremadamente errónea
el por qué del deseo de cometer distintos actos..El sentido de la vida, y el sujeto
entonces, o bien se encierra en el autismo y se automatiza, o bien pasa
directamente al acto, en cualquiera de sus formas, suicida u homicida.

Existe una salida a este encierro , que sería un tratamiento de tipo psicotrópico,
El problema es que no siempre el mismo tratamiento corresponde al mismo
síntoma. El psicoanálisis y su casuística demuestran que la clínica de la
particularidad subjetiva es una clínica de la experiencia del caso por caso, donde
el saber sobre el síntoma se desprende de la construcción de la historia del
sujeto en análisis, bajo transferencia, y no es tipificable, por tratarse de su
singularidad.

Lo que vemos en cambio es que los diagnósticos hoy no están desligados del
aparato que los acompaña: grupos de apoyo, tratamientos ad-hoc, líneas de
ayuda, página en el Internet, medicalización, hay entonces una oposición
discurso médico-discurso analítico, que muestra en este fenómeno sus efectos,
ya que el síntoma que es escuchado con mayor interés es el epidémico, su status
quo siendo, simplemente, un efecto de discurso.

Para el psicoanálisis, de lo que se trata es de restituir la escucha a un llamado


que el síntoma vehiculiza y que nos trae un saber sobre aquello que en el sujeto
humano es más bien "inadaptable” a la civilización.