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OCTOBER 13, 20 15

Siete formas
para mejorar
tu equipo

Article by David Mathis


Executive Editor, desiringGod.org

Jesús no tiene intención de que sus


seguidores trabajen solos.

Él es el único y singular líder en su iglesia.


No tiene iguales. El resto de nosotros
seguimos su ejemplo juntos, haciendo
nuestra labor en plural. Solamente Él es
“el gran pastor de las ovejas” (Hebreos
13:20), el Príncipe de los Pastores (1 Pedro
5:4), el Pastor y Guardián de nuestras
almas (1 Pedro 2:25). Su intención es que
sus pastores subordinados trabajen juntos.
Él fue solo al Calvario. Nosotros pasamos
por el fuego como un equipo.

Durante su ministerio, Jesús envió a sus


discípulos de dos en dos (Lucas 10:1). Y a
través del Nuevo Testamento, el liderazgo
en la iglesia local es siempre plural:
primero los apóstoles, después los
ancianos/pastores/obispos (Hechos 14:23;
20:17, 28; Efesios 4:11; Filipenses 1:1; 1
Timoteo 4:14; 5;17; Tito 1:5; Santiago 5:14;
1 Pedro 5:1, 5). Vivir, dirigir, y trabajar en
equipo es de vital importancia, tanto en la
teoría como en la práctica de la vida de la
iglesia.

He aquí siete formas, entre otras, en que


los equipos ministeriales (y especialmente
los líderes de los equipos) pueden buscar
la salud y la aptitud correcta en la
dinámica de equipo.

1. Cultivar y proteger la
confianza activamente.
Los equipos efectivos dependen de la
confianza, y esta tiene un alto precio. La
confianza se gana lentamente y se pierde
rápido. Vale la pena invertir tiempo y
energía significativos en edificar la
confianza, y en cuidarse de no perderla.

La confianza se edifica tratando a aquellos


más cercanos a nosotros (nuestros
compañeros) con sumo cuidado. Al igual
que con nuestras familias, podemos tener
la tentación de dar por descontadas las
relaciones a nuestro alrededor y dedicar
nuestra mejor energía y atención a
aquellos de afuera. Si no se controla tal
instinto, pronto encontraremos que la
confianza con aquellos que más importan
se habrá erosionado.

En el entorno de una iglesia local, la


confianza entre los líderes es
paradigmática para toda la congregación.
Lo que es verdad de los líderes pronto será
verdad de las personas. La disensión entre
los pastores lleva a posiciones enfrentadas
en el rebaño. Para que la iglesia viva a
largo plazo la visión unificada de
Filipenses 1:27-28 – “estáis firmes en un
mismo espíritu, luchando unánimes por la
fe del evangelio; de ninguna manera
amedrentados por vuestros adversarios”
– habrá necesidad de una confianza
evidente entre los líderes.

2. Monitorear
cuidadosamente el tamaño
del equipo (y la
comunicación).
Los seres humanos son finitos. Dios nos
hizo así. Él santificó la finitud en la
creación, y doblemente la santificó cuando
Jesús se unió a nosotros en carne humana.
La finitud no es un defecto, sino algo que
ha de reconocerse y no descuidarse.

A pesar de lo positivo que podría ser


incluir en el equipo tantas personas como
sea posible, mientras más grande se hace
el grupo, más difícil será mantenerlos a
todos en la misma página. Las “líneas de
comunicación”, tal como Larry Osborne
observa, aumentan exponencialmente con
cada nuevo miembro. Muchos equipos
tienen tendencia a enfermarse
simplemente porque son demasiado
grandes.

Con cada nueva adición al consejo de


ancianos, equipo pastoral, u otro equipo
ministerial, es preciso evaluar las
dinámicas y sondear a los miembros del
equipo. Tengamos en mente que añadir
miembros no siempre significa añadir
efectividad.

3. Invertir tiempo
generosamente en el
equipo.
Los equipos saludables requieren tiempo.
En un mundo caído, no se crean
espontáneamente, ni siquiera entre
cristianos. No se puede escatimar tiempo
juntos (calidad o cantidad) y pensar que
todo irá bien a largo plazo. Las relaciones
dentro del equipo merecen invertir
tiempo. Enfocarse “hacia adentro” de esta
forma, no restará necesariamente a la
misión conjunta, siempre y cuando se
tenga cuidado de no convertirse en un
cultivo de interior, sino que se aprenda a
disfrutar de la vida en misión juntos.

Puede parecer que pasar tiempo de calidad


con nuestro equipo de liderazgo es ir más
despacio, pero es una buena ralentización
que evita saltarse las líneas de
abastecimiento. Tal como Osborne señala,
“Siempre que un grupo de personas
incrementa el tiempo que pasan juntos,
hay un incremento correspondiente en su
consideración y aprecio los unos por los
otros” (40). Suena a sentido común, pero
desafortunadamente no es una práctica
común.

4. Perseguir con humildad la


unidad en todas las áreas.
Cuando un equipo ministerial está
profundamente unido por una visión clara
y compartida de quién es Dios, y cómo Él
se ha revelado a sí mismo en Jesús y en las
Escrituras, de lo que Él está haciendo en el
mundo, y cómo nuestra misión está
relacionada con la suya, es sorprendente
la clase de camaradería y salud que
pueden emerger en el equipo. Vale la pena
trabajar durante años para lograr un
equipo que teológicamente comparta la
misma postura. Es algo hermoso, rico, e
inestimable estar profundamente unidos
acerca de las verdades más importantes
del universo.

Es también importante buscar la unidad


más allá de la doctrina. En el entorno de
equipo, es vital estar unidos en filosofía, y
también en amistad. Los equipos no son
solamente cognitivos; tienen que ser
prácticos. Toman iniciativas y actúan
juntos en el mundo. Lo cual significa que
necesitan tomar decisiones acerca de
metodología y de cómo ir desarrollando su
visión de Dios en la vida cotidiana y en el
ministerio.

Por lo tanto, el respeto y la amistad son


vitales. Es bueno que los que lideran
juntos sean amigos, y no simples
colaboradores. Los equipos ministeriales
no deben ser camarillas, pero es un
beneficio para todos cuando los miembros
son amigos de verdad y disfrutan estar
juntos.

5. Mantener las cuentas


cortas con valentía.
Tengamos con energía las conversaciones
que no deseamos tener. Por la salud a
largo plazo del equipo, estemos siempre
dispuestos a hablar hoy acerca de lo que
es desagradable y potencialmente
problemático. Normalmente los asuntos
más importantes a tratar son los que más
tememos. Revelan tensiones que a todos
nos gustaría que desaparecieran.

Los temas que descuidamos no


desaparecerán con el descuido. Si
sospechamos que alguien se está
frustrando o sintiéndose marginado, o que
está actuando de forma arrogante,
abordémoslo con valor de forma
inmediata. Hablemos la verdad en amor
tan pronto como sea posible. No lo
dejemos pasar.

A menos que alguien tome la iniciativa


para tener esa conversación incómoda,
asumir la tensión será cada vez peor, no
mejor. Y cuando baje a nivel subterráneo,
solo crecerá y se infectará, regresando a la
superficie peor de lo que estaba antes. La
negligencia con las tensiones entre
miembros del equipo señala la destrucción
del equipo. Es solamente cuestión de
tiempo.

6. Guardar la puerta
amorosamente.
Vale la pena el cuidado y tiempo adicional
de examinar minuciosamente a alguien
antes de añadirlo al equipo. A largo plazo,
es mucho más fácil y mejor no introducir
a alguien, que necesitar sacarlo más
adelante. Hagmos todas las preguntas
teológicas y filosóficas difíciles en las que
podamos pensar. Hagamos las preguntas
duras acerca de los puntos incómodos en
sus pasados. ¿Qué le llevó a dejar su
iglesia o equipo anterior? ¿Qué luchas ha
tenido con los miembros del equipo en el
pasado? ¿Qué pasos se han dado, si es que
se han dado, para abordar su participación
en ello?

Pensemos en nuestro equipo ministerial


como algo en el cual cada miembro
siempre juega. El equipo se ve lastrado por
el jugador más débil. No seamos
transigentes en la puerta de entrada.

7. Descansar gozosamente
en la sabiduría del equipo.
Aprendamos a disfrutar de no salirnos
siempre con la nuestra. Dios nos pone en
equipos y hace que ministremos juntos
porque así va mejor para nosotros y para
aquellos a quienes servimos. Puede ser
fácil reconocer esto en teoría, pero difícil
de aceptar cuando la sabiduría colectiva
del equipo va contra nuestra preferencia
con respecto a algún tema. Pidamos a Dios
que nos ayude en esos momentos para
creer en la sabiduría del equipo por
encima de la nuestra. Qué horrible si todo
en el ministerio fuera siempre como
queremos nosotros – con todas nuestras
debilidades y ángulos muertos.

Puede parecer un extraño gozo a cultivar,


pero es un gran indicador de madurez
cristiana. Aún cuando nuestra opinión
personal en alguna decisión ministerial
sea diferente, tenemos la oportunidad de
dar un paso atrás, y tratar de ver la
sabiduría en la forma en que Dios está
guiando a los demás en nuestro equipo, y
darle gracias a Él por ellos – y por no
dejarnos solos- para tomar estas
decisiones.

David Mathis (@davidcmathis) is executive


editor for desiringGod.org and pastor at
Cities Church in Minneapolis/St. Paul. He is
a husband, father of four, and author of
Habits of Grace: Enjoying Jesus through the
Spiritual Disciplines.

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