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El valor de la prudencia.

La prudencia es la virtud de actuar de forma justa, adecuada y


con cautela, respetando los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas,
pero también es la cualidad de comunicarse con un lenguaje claro, cuidadoso y acertado;
con sensatez, con moderación y reflexión.8 may. 2017

CARTAS DE LOS LECTORES |

Actualizado hace 2 años

El valor de la prudencia
La prudencia es la virtud de actuar de forma justa, adecuada y con cautela,
respetando los sentimientos, la vida y las libertades de las demás personas, pero
también es la cualidad de comunicarse con un lenguaje claro, cuidadoso y
acertado; con sensatez, con moderación y reflexión.

La prudencia se encuentra asociada con la sabiduría, como la comprensión de los


eventos adversos de los cuales nadie está exento de padecer en el transcurrir de la
existencia humana y que requiere de la sensibilidad y acompañamiento de sus
congéneres antes que justificar posibles causas que nada resuelven ni ayudan.

La falta de prudencia hace que emitamos informaciones y comentarios no


pedidos, que debían guardarse con suma discreción y que por no seguir normas
de solidario entendimiento le damos rienda suelta a nuestros impulsos sin evaluar
sus consecuencias, donde no solamente se ve afectada la imagen de quien habla
sin precaución ni mesura sino que se hiere el sentimiento de quienes sufren el
rigor de una determinada calamidad.

En ocasiones la falta de prudencia se manifiesta en personas que están


convencidas de que están actuando bien, y es aquí donde la humildad nos invita a
no considerarnos el centro del universo y guardar silencio en el momento
indicado, y pronunciarnos cuando debemos, pero con fundamento y sin
menospreciar el punto de vista de los demás, de tal forma que nuestro comentario
rinda frutos en bien de una relación constructiva.

Para aprender a ser prudentes hay que estar atentos a las razones, pero más que
todo debemos controlar nuestras emociones, que son las que nos impulsan al
error. Porque generalmente somos dados a errar por apresurarnos en nuestros
juicios, afirmando cosas que no son claras al buen sentir, pero que estamos
impulsados a expresarlas como desahogo de nuestras pasiones.
El acto prudente tiene como base las palabras y los hechos acertados que
ennoblecen a la persona, donde se aprecia más la sabiduría que la astucia, porque
no es tanto la facilidad de las palabras sino la calidad y la sutileza para conseguir
fielmente el cometido con tan valioso resultado.

La prudencia, así como es apropiada para no desatar una guerra, también es


importante para emprender la paz y la reconciliación, en especial cuando priman
más los desacuerdos de una sociedad, cada vez más contenciosa, que los mismos
acuerdos a que puedan llegar las partes comprometidas en discordia.

La prudencia facilita tomar decisiones pertinentes en las diversas circunstancias


de la vida. Es el recto conocimiento de lo que se debe obrar. La prudencia tiene
su verdadero valor.

Roque Filomena