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ISEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política


N.º 50, enero-junio, 2014, 337-351, ISSN: 1130-2097
doi: 10.3989/isegoria.2014.050.19

Crisis económica y crisis social.


El problema del sujeto de la trasformación*
Economic crisis and social crisis.
The problem of the subject of transformation
ALBERTO BURGIO
Università di Bologna

RESUMEN. La actual crisis económica que sacu- ABSTRACT. The current economic crisis that is af-
de al Occidente capitalista (y en particular a los fecting the capitalist West (and in particular the
países mediterráneos de la Unión Europea) es el Mediterranean countries of the European Union)
resultado de una historia que comenzó en los años is the result of a history that began in the 1970's,
setenta, con la respuesta neoliberal (Reagan y with the neoliberal response (Reagan and That-
Thatcher) a la caída de la tasa de ganancia pro- cher) to the fall of the rate of profit produced as
ducida como resultado de la lucha de clases y los a consequence of class struggle and geopolitical
trastornos geopolíticos durante las tres décadas disturbances during the three decades following
posteriores a la segunda guerra mundial. Volver the Second World War. It is indispensable to re-
a leer esta historia con Marx es indispensable para read this history with Marx in order to understand
comprender las dinámicas y los desarrollos po- the possible dynamics and developments of the
sibles de la crisis. Pero esto implica evitar toda crisis. But this implies both avoiding any deter-
simplificación determinista y tener en cuenta el minist simplification and taking into account the
papel a menudo decisivo desempeñado, en los pro- often decisive role played in material processes
cesos materiales, por los factores subjetivos. by subjective factors.

Palabras clave: Marx, crisis, hegemonía, sub- Key words: : Marx, crisis, hegemony, subjectivity,
jetividad, determinismo determinism

Notas sobre la crisis euro. Una crisis (económica, social, política


y moral) de la cual es preciso hablar en dos
Una reflexión sobre la actual vuelta de Marx sentidos: por un lado, con relación a qué es
(si bien no todavía a Marx) no puede no par- y a cuáles causas la han determinado y la ali-
tir de sintéticas consideraciones sobre la cri- mentan; por el otro, con respecto a cómo es
sis que desde hace cinco años atenaza al oc- representada por los medios de información.
cidente capitalista y en particular a la Euro- El control del discurso público es crucial des-
pa unida bajo el paraguas – aunque quizás de- de que existe la opinión pública, esto es, des-
beríamos decir, más bien, bajo la capa – del de cuando tiene sentido hablar de moderni-
c
*
Traducción de Miguel Candioti.

[Recibido: septiembre 2013 / Aceptado: febrero 2014) 337


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dad y de sociedad de masas. Pero ese control sí mismo y para su familia se le hace el odio-
constituye un aspecto verdaderamente deci- so reproche de «haber vivido por encima de
sivo del gobierno de los cuerpos sociales du- sus posibilidades». Con el doble efecto de im-
rante las fases de crisis. Lo fue sin duda a ini- pedirle identificar las raíces de la violencia
cios del siglo XX, en la fase preparatoria de que está padeciendo y de allanar el camino
las guerras mundiales y en la construcción y hacia nuevas violencias. En este sentido, la
gestión de regímenes autoritarios de masa. No «captura cognitiva» de la opinión pública
es casual que Gramsci sitúe la cuestión de la cumple hoy, con el fin de conservar las es-
«hegemonía» en el centro del análisis del fas- tructuras de poder dadas, una función no me-
cismo y, más en general, de la «crisis orgá- nos importante que la desempeñada por los
nica». Él intuye que sin el control del senti- «aparatos ideológicos del Estado» en los tiem-
do común sería imposible modificar las es- pos del fascismo. Y por esta misma razón
tructuras del poder político y de la actividad nuestra reflexión no puede no partir de un rá-
reproductiva en la profundidad exigida por pido resumen de las raíces económicas y so-
la crisis. Por eso considera la hegemonía (la ciales del presente estado de cosas2.
«dirección intelectual y moral») como la mis- No sería posible dar plena cuenta de la
ma razón de ser de uno de los dos «planos situación en la que se encuentran actual-
superestructurales» (la «sociedad civil») en mente las clases trabajadoras de los países
los que se articula la acción «organizativa y capitalistas (en particular, por lo que respecta
conectiva» desplegada por las clases domi- a la eurozona, los países mediterráneos y
nantes1. De manera análoga, la presión ide- orientales) sin reconducir a sus causas es-
ológica sobre la opinión pública es hoy tructurales de breve y largo período la cri-
fuerte en una medida que no parece encon- sis que explotó en 2007, en los Estados Uni-
trar parangón en la historia de la segunda pos- dos, y de allí se propagó por todo el plane-
guerra. Lo cual sugiere que la que estamos ta, como resultado de la insolvencia de los
viviendo es una verdadera fase de transfor- titulares de hipotecas supbrime y de la quie-
mación epocal. Cada día, desde al menos un bra de la Lehman Brothers. Es preciso re-
lustro, toda la poderosa columna de medios montarse a la revolución neoliberal ligada
de (in)formación se ocupa frenéticamente de a los nombres de Ronald Reagan y Marga-
producir una representación de la crisis que ret Thatcher, con la cual el capital respon-
sea funcional a prevenir la formación de una de, a partir de finales de los años setenta, a
conciencia crítica de masas. Las causas es- la crisis de rentabilidad de las inversiones
tructurales de la crisis son sistemáticamen- en el sector industrial, a su vez provocada
te ocultadas, con la finalidad de distraer la (además de por el constante aumento de la
atención y la cólera de los cuerpos sociales composición orgánica del capital producti-
empobrecidos y arrojados al miedo. Des- vo) por la evolución del conflicto social fa-
vergonzadamente se atribuye la crisis a los vorable al trabajo que se había verificado en
excesos de bienestar y de democracia que ha- los treinta años que siguieron al final del con-
brían caracterizado el pasado reciente. A quien flicto mundial. Como se sabe, en toda la eco-
no tiene trabajo o dispone de ingresos insu- nomía-mundo capitalista, entre el final de la
ficientes para garantizar una vida digna para segunda guerra mundial y la mitad de los

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años setenta, la lucha de clase y el conflic- debe ser drásticamente reducida, si no anu-
to geopolítico entre capitalismo y «socia- lada, la capacidad de negociación de las or-
lismo real» proporcionan al movimiento ganizaciones sindicales. En una palabra, el
obrero conquistas importantes en el plano trabajo asalariado debe volver a ser una mer-
salarial y social. Las políticas de pleno em- cancía pura y simple, aquella variable to-
pleo, las condiciones materiales de la pro- talmente dependiente de las exigencias del
ducción y la misma competición político- capital que había sido en todas las fases de
ideológica con los países socialistas impo- «acumulación originaria». Y la sociedad
nen a las clases dominantes una política de debe volverse un gran mercado, en el cual
altos salarios y la ampliación de la esfera de todo – bienes, servicios, derechos y perso-
los derechos sociales y civiles. Si bien nas – se transforma en mercancía y queda
desde el punto de vista del trabajo y de la de- sujeto a la ley capitalista del valor. Se tra-
mocracia los treinta años entre 1945 y ta, evidentemente, de una declaración de
1975 pueden ser considerados, como es- guerra en toda regla, que se explicita en el
cribió Eric Hobsbawm, una «edad de oro», enfrentamiento con los controladores de trá-
desde la óptica del capital constituyeron en fico aéreo en los Estados Unidos (agosto de
cambio una pesadilla, caracterizada por 1981) y con el despido masivo de mineros
recurrentes brotes inflacionarios y por una británicos en huelga (primavera de 1984).
dinámica redistributiva tan imponente como Durante las últimas cuatro décadas la gue-
alarmante. En los países desarrollados la ri- rra ha sido hecha – y en muchos aspectos ga-
queza social aumentaba (el PIB creció en un nada – con el poderoso arsenal político y mi-
promedio del 4% al año en los USA, del 5% litar que articula la revolución neoliberal
en los países de la Comunidad Económica (además de, como se decía, con la movili-
Europea, del 11% en Japón), pero al mismo zación de un despliegue masivo de recursos
tiempo la tasa media de ganancia del capi- en el terreno ideológico): liberalización de
tal invertido en las actividades directa- los movimientos de capital (y desregulación
mente productivas disminuía. Habiendo general de las inversiones financieras); pri-
alcanzado (en 1950) el 22%, comenzó a re- vatización de los sistemas de welfare (así
ducirse, ubicándose entre el 7,5% (en 1970) como de sectores estratégicos del aparato in-
y el 10% (en 1975)3. La situación – que ha- dustrial) con la consecuente subordinación
cía pensar en el escenario del colapso ca- del Estado a las finanzas en la función de or-
pitalista evocado por Marx y por sus here- ganización política de la sociedad (atribui-
deros – parecía insostenible. Cuando, en da normalmente a la esfera pública e insti-
1975 (el año de la derrota norteamericana tucional), mediante la aglutinación de vas-
en Vietnam), las élites económicas, inte- tos sectores sociales en torno a los intereses
lectuales y políticas del mundo capitalista del capital financiero; control geopolítico de
se dan cita para una convención emblemá- las materias primas y de los recursos ener-
ticamente dedicada a los «excesos de de- géticos; deslocalización de las actividades
mocracia», los términos del problema apa- productivas (aprovechando los enormes
recen ya bien definidos. La dinámica re- progresos de las tecnologías informáticas y
distributiva debe ser bloqueada, y con ella logísticas); creación de un imponente ejér-

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cito industrial de reserva (premisa de la pre- sostiene – expresión de la incoercible potencia


carización del trabajo y de la deflación es- del capital, sino esencialmente una respues-
tructural de los salarios). ta a la caída de la rentabilidad del capital pro-
El éxito de esta reacción es atestiguado ductivo y a la crisis de sobreproducción agra-
por el comportamiento de la tasa de renta- vada por el neoliberalismo. Pero también es
bilidad del capital industrial, que – a pesar de un factor de sobreexposición del sistema, des-
que la relación renta-capital disminuya – vuel- tinado tarde o temprano a explotar con efec-
ve a subir desde mediados de los años tos devastadores. El capital financiero retri-
ochenta, después de haber tocado (en 1986) buye las inversiones hasta que la burbuja es-
la medida mínima del 3%. Pero se trata de un peculativa estalla. Por otra parte, la destina-
éxito relativo y frágil, no de la solución es- ción de masas crecientes de capital a inver-
tructural del problema. El aumento de la tasa siones especulativas es un proceso que se au-
de ganancia – efecto de una consistente re- toalimenta a ritmos acelerados, mientras
ducción de la cuota de los salarios sobre la que la renta del capital extraíble de la actividad
renta, obtenida mediante el fuerte incremento productiva es insuficiente para compensar el
de la tasa de explotación del trabajo vivo – gran volumen de los activos financieros
no compensa las pérdidas acumuladas durante existentes en las condiciones exigidas por las
los treinta años posteriores a la segunda gue- finanzas. El continuo crecimiento de la masa
rra mundial. El balance de la tasa media de de capital financiero permite el aumento del
ganancia se mantiene negativo si se considera valor nominal, en virtud de lo cual las in-
todo el período que nos separa del final de versiones especulativas redistribuyen valor
aquella guerra. Además de eso, la deslocali- en beneficio de los inversores, hasta que los
zación de gran parte de las actividades ma- shocks sistémicos antes o después son (cí-
nufactureras determina, en los países capi- clicamente) inevitables. En este sentido la vic-
talistas, la caída del consumo y la contracción toria obtenida por el capital con la revolución
estructural de la demanda agregada. Llega- neoliberal lleva en sí misma el gusano de la
mos así rápidamente a la segunda fase de esta derrota, de una crisis estructural que Grams-
historia, la cual nos lleva directamente a la cri- ci no dudaría en definir como «orgánica». Es
sis que comenzó hace cinco años. Para ha- esencialmente una cuestión de tiempo, y ad-
cer frente a los graves efectos perversos ge- quiere particular relevancia, desde este pun-
nerados por la revolución neoliberal, el ca- to de vista, el hecho de que la crisis iniciada
pital privado, alentado por la desregulación en 2007 haya vuelto a estallar en 2010-11. En
de los movimientos de capital y de los mer- el corto plazo las cuentas cierran, en virtud
cados financieros promovida en primer lugar del control de la moneda (en Estados Unidos,
por la administración Clinton, traslada cada que imprime dinero y financia una política
vez más recursos a las actividades especu- expansiva despreocupada del crecimiento de
lativas, generadoras de mayores ganancias. la deuda federal), gracias al empleo de fon-
La financiarización de las actividades eco- dos públicos para subsanar la quiebra finan-
nómicas, en la cual reconocemos el rasgo ca- ciera de bancos y empresas privadas (en la
racterístico de la actual fase del «desarrollo» línea clásica de la socialización de las pér-
capitalista, no es por tanto – como a veces se didas) o mediante las así llamadas políticas

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de «rigor» (en la Europa del euro, Grecia, Es- vidades productivas y obligados a confiar, más
paña e Italia in primis, con la parcial excep- o menos conscientemente, cantidades cre-
ción de Alemania, beneficiada por la ten- cientes de sus ingresos a la ruleta de la es-
dencia favorable de la balanza comercial y peculación financiera. Mientras el aumento
por la afluencia masiva de capitales extran- de la pobreza, la angustia y el resentimien-
jeros) que no hacen más que descargar sobre to – y la expansión del consenso en torno a
la clase trabajadora los costes de la crisis ata- formaciones de extrema derecha en muchos
cando los derechos laborales, reduciendo la países de la Unión Europea – hacen recordar
base de población empleada y utilizando la las más trágicas experiencias del siglo XX,
palanca fiscal de manera regresiva. Pero ¿y cuando precisamente el recurso a políticas
en el mediano-largo plazo? No han pasado de deflación contra las consecuencias infla-
ni cinco años de la crisis de las subprime y cionarias de la crisis provocó la «rebelión de
gran parte de Europa se encuentra en plena las masas» y el surgimiento de regímenes au-
recesión, a un paso de la depresión. Natu- toritarios y criminales.
ralmente habría que articular esta síntesis: los
promedios no reflejan – por definición – las Cuestiones de método
condiciones reales de toda la población, y las
políticas del así llamado «saneamiento» Ante esta sucinta descripción de la dinámi-
confieren ventajas a las oligarquías, como lo ca de la crisis surgen, como siempre, pre-
demuestra una marcada tendencia a la pola- guntas que acompañan toda reconstrucción
rización de la sociedad (a la concentración de histórica. ¿Hasta qué punto podemos con-
la riqueza – y del poder – en sectores cada vez siderar «objetivos» estos procesos? ¿En
más estrechos). Sólo un dato: en los Estados qué medida, en cambio, inciden en ellos fac-
Unidos, a finales de los setenta, los ingresos tores «subjetivos»? ¿A la base de qué co-
del 10% más rico de la población no llega- nexiones es posible encontrar la acción de ló-
ban al 30% de la renta nacional; después de gicas puramente «materiales», y qué se-
1980 esta cuota ha alcanzado el 50% (y en cuencias deben reconducirse, en cambio, a
2008, el 1% más rico se asignaba a sí mis- decisiones conscientes, a factores «inten-
mo el 23% de la renta total)4. Pero la tendencia cionales»? En una palabra: ¿qué hay, en esta
a la proletarización de cantidades cada vez rápida narracion, de «naturaleza » y qué de
mayores de población no sólo refleja una ge- «historia»? Alrededor de interrogantes de este
neral inestabilidad macroeconómica, sino que tipo se ha desarrollado, como es sabido, un
revela la insostenibilidad del sistema tanto en debate que ha acompañado toda la historia
el terreno inmediatamente económico como del marxismo teórico a partir de la segunda
en el plano social y político. La tendencia a mitad del siglo XIX. El mismo Marx se vió
excluir del circuito de la reproducción (a mar- involucrado directamente en él hacia el fi-
ginar o a relegar a roles serviles) sectores cada nal de su vida, como muestra el importante
vez más vastos de las clases subalternas com- intercambio epistolar que mantuvo con los
porta la decadencia simétrica de sectores so- «marxistas» rusos acerca de la sucesión por
ciales medios y altos, imposibilitados para ob- estadios de las formaciones sociales5. La se-
tener ingresos del curso normal de las acti- cuencia que el Prólogo de 1859 esquema-

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tiza («a grandes rasgos, los modos de pro- en su esencia misma, determinada históri-
ducción asiático, antiguo, feudal y burgués camente. Pero esta toma de posición semi-
moderno pueden ser designados como épo- privada del padre de la concepción mate-
cas que marcan el progreso de la formación rialista de la historia ciertamente no bastó para
económica de la sociedad»6) ¿debe enten- alejar del marxismo la sombra del determi-
derse como un vínculo inexorable? ¿Se si- nismo. Por el contrario. Debido a la con-
gue de ella que el comunismo presupone la vergencia de diversas causas (entre las cua-
instauración, el desarrollo y la crisis del modo les no fue la última la ratio polémica inma-
de producción capitalista? ¿O bien no se tra- nente a la disputa ideológica), ha prevaleci-
ta de otra cosa, al menos en la intención de do sistemáticamente la lectura mecanicista
Marx, que de una síntesis retrospectiva de la de la «filosofía de Marx», tal como la defi-
«historia universal» desde el punto de vista nió, a caballo entre los siglos XIX y XX, uno
de la crítica de la economía política, caren- de sus más lúcidos adversarios italianos. Se-
te, en cuanto tal, de toda pretensión pre- gún Giovanni Gentile, lo que mueve a
scriptiva en relación con la historia futura? Marx, pensador de «fuerte espíritu especu-
Por lo menos en una ocasión Marx respon- lativo», es la «intuición del curso general y
dió con gran claridad a esta pregunta, to- necesario de la historia», el propósito de iden-
mando distancia de cualquier interpretación tificar la «dialéctica inmanente» que mueve
de El Capital en clave filosófico-histórica. la historia «por necesidad de su naturaleza»,
El objetivo de la obra (especialmente en sus y que por tanto «trasciende las relaciones de
partes reconstructivas, como el capítulo tiempo»9. De esto se sigue que el materia-
XXIV del primer libro sobre «la llamada acu- lismo histórico dispone sus objetos en un
mulación originaria») es – según escribió a espacio que se sustrae al fluir del tiempo («su-
la redacción de una revista en la cual se di- prahistórico», precisamente): que es – o pre-
scutía sobre las presuntas connotaciones de- sume ser –ciencia en la medida en que «tie-
terministas de El Capital – «indicar la vía por ne por objeto toda la historia», considera-
la cual, en Europa occidental, el orden eco- da desde un punto de observación que per-
nómico capitalista ha surgido del seno del or- mite contemplar su curso «viendo todo lo que
den económico feudal»: reconstruir, por hay en ella de inmanente y de necesario»10.
tanto, un acontecimiento histórico específi- Ha transcurrido más de un siglo desde que
co, no ya proponer la «teoría filosófico-hi- Gentile escribiera estas líneas, pero no se pue-
stórica de un proceso evolutivo general fa- de decir que la disputa sobre el determini-
talmente prescrito a todos los pueblos inde- smo de Marx sea agua pasada. Ya sea que se
pendientemente de las circunstancias histó- trate de defectos de la teoría o de ambigüe-
ricas en las que se encuentran»7. El punto – dades de su exposición (después de todo El
concluye Marx – es que sería imposible Capital habla reiteradamente de «leyes»: del
orientarse en la realidad «con la clave uni- valor, de la acumulación capitalista, de la caí-
versal de una filosofía de la historia, cuyo ma- da tendencial de la tasa de ganancia), o bien
yor mérito reside en el hecho de ser una teo- de incomprensiones más o menos interesa-
ría suprahistórica»8, y esto es así por la sen- das por parte de seguidores o de críticos, el
cilla razón de que la realidad está siempre, hecho es que esta interpretación forzada (o

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esta acusación) se repite en el tiempo. Está mismo ámbito de lo «económico» – que


en el centro de la disputa entre Bernstein y precisamente gracias a aquellas distincio-
Kautsky y subyace a las críticas de Weber y nes teóricas la «revolución teórica» de
de Croce, de Löwith y de Popper, antes de Marx tiene el mérito de demarcar correc-
alimentar las pequeñas polémicas filosófico- tamente, en el plano conceptual, y de in-
periodísticas de nuestros días. Vale la pena, dagar en su específica complejidad14 – re-
entonces, aclarar un aspecto clave de la cue- sultaría totalmente impensable, puesto que
stión, antes afrontar, por último, el tema – hoy en su constitución intervienen elementos
crucial para nosotros – del rol de la subjeti- (empezando por el concepto de la relación
vidad en Marx. dialéctica entre fuerzas productivas y rela-
Tomemos como punto de partida el ata- ciones de producción) que remiten nece-
que más explícito y duro a las interpreta- sariamente, en última instancia, al mundo
ciones «humanistas» de Marx, el que lan- histórico. El cual, de hecho, hace su apari-
zó Althusser. En Pour Marx y luego en Lire ción (después de la «ruptura epistemoló-
le Capital la «ruptura con toda antropolo- gica» con la filosofía precedente, centrada
gía y con todo humanismo filosóficos» es en el «empirismo del sujeto») en el «ma-
considerada como el «descubrimiento cien- terialismo dialéctico-histórico de la praxis»,
tífico de Marx», quien, una vez «rechaza- nuevo espacio filosófico que Marx abre des-
da la esencia del hombre como fundamen- pués de haber rechazado los viejos postu-
to teórico», «expulsa las categorías filosó- lados del subjetivismo y que Althusser de-
ficas de sujeto, empirismo, esencia ideal, fine como «una teoría de los distintos niveles
etc., de todos los ámbitos en los que ante- específicos de la práctica humana»15. En
riormente dominaban»11. Con mucha cla- otros términos, la cuestión althusseriana del
ridad y buenos motivos Althusser inisiste antihumanismo (y del antihistoricismo)
en la necesidad de mantener la distinción de Marx alude a la ontología de los obje-
entre el campo de la teoría (del análisis cien- tos de la teoría, a su esencia conceptual, y
tífico) y el de la «historia real» (de la ex- no implica en absoluto –en el plano de las
periencia concreta y de la actividad «prác- referencias empíricas– la extravagante hi-
tico-sensible»), el terreno de la filosofía mar- pótesis de un universo maquinal en el cual
xista (el materialismo dialéctico) y el de la no hubiera rastro alguno de subjetividad. Lo
ciencia de la historia (el materialismo his- que está en discusión es la necesidad de to-
tórico)12. Pero ¿significa esto tal vez que mar conciencia de la especificidad propia
para Marx (el Marx de Althusser) la teoría del espacio discursivo de la teoría, de su ló-
no se refiera de todos modos a la acción hu- gica interna y –en este caso– de su auto-
mana? ¿O que el modo de producción y el suficiencia (Marx «define lo económico me-
proceso de valorización no impliquen diante su concepto»16), no ya una concep-
igualmente acciones, voluntades, decisio- ción naturalista de los fenómenos econó-
nes, necesidades e ideas aportadas por se- micos, destinada a recaer en la que el mis-
res humanos? Si sacáramos tales conclu- mo Althusser llama «vulgaridad mecanicista
siones y asumiéramos en términos literales de la II Internacional»17. Se trata, en defi-
(o pedestres) el tema «a-humanista»13, el nitiva, de evitar la recurrente confusión en-

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tre realidad y teoría, entre plano empírico una creciente complejidad. El hecho de
y modelos teóricos18, y no ciertamente de que el momento sucesivo de la relación de
atribuir a estos la intención de ocuparse de fuerza tome en consideración las fuerzas po-
mundos irreales. líticas y el grado de su «autoconciencia» –y,
La operación althusseriana consiste en por tanto, el elemento de la subjetividad– no
denunciar el malentendido que se deriva de contradice estas premisas. Por el contrario,
la falta de problematización de la específi- muestra cómo también Gramsci es muy cons-
ca autonomía del discurso marxiano, de su ciente de la distancia que separa necesaria-
constituirse sobre la base de un radical dis- mente el discurso del propio objeto (la teo-
tanciamiento de la realidad empírica del pro- ría de la realidad que ella analiza), y cómo
pio objeto, y de la consecuente necesidad de esa conciencia no se ve en ningún caso em-
operar un «pasaje» para recuperar el terre- pañada por la referencia a las figuras con-
no de la «historia real»19. La ciencia de El Ca- cretas del conflicto social y al proceso de des-
pital se instaura a partir de una epokhé – de arrollo de la «conciencia política colectiva»,
la generación de un mundo «como sí» – fun- desde el grado «más elemental» («econó-
cional a dejar emerger constantes, regulari- mico-corporativo») hasta el más complejo
dades y conexioines representables en las for- («la fase más estríctamente política»), pa-
mas del análisis científico. Lo cual, sin em- sando por el momento intermedio de una
bargo, no impone para nada la exclusión del conciencia de clase todavía limitada al
factor subjetivo (humano, histórico) ni im- «campo meramente económico»22. Como en
pide su conceptualización. Implícitamente, Althusser, encontramos en Gramsci (en el
este mismo supuesto subyace a la reformu- Marx de Gramsci) al mismo tiempo objeti-
lación de la perspectiva marxiana que se en- vidad y subjetividad: formalización del
cuentra en una de las páginas más impor- campo de investigación según los modelos
tantes de los Cuadernos de la cárcel de epistémicos propios del análisis objetivo
Gramsci, un autor al cual Althusser atribu- (científico), y atención al factor humano (his-
ye una perspectiva humanista (e historicis- toria, conciencia, voluntad) y al rol que éste
ta), aunque connotada en sentido «auténti- desempeña en la realidad empírica tanto en
camente revolucionario»20. Cuando Grams- el terreno económico como en el cuadro del
ci define la relación entre las fuerzas socia- conflicto social y político.
les como «estrechamente ligada a la estruc- El discurso no cambia si en este punto
tura, objetiva, independiente de la voluntad nos dirigimos a una de las principales fuen-
de los hombres» y, en cuanto tal, suscepti- tes del «comunismo crítico» gramsciano, ese
ble de ser «medida con los sistemas de las Antonio Labriola del que todavía está pen-
ciencias exactas o físicas»21 evidentemente diente un retrato interpretativo adecuado23.
no pretende referirse a la real dinámica so- Limitémonos a un solo ejemplo. En varias
cial: aísla un «momento» de ella (Althusser ocasiones, el segundo Ensayo insiste sobre
diría: un «nivel»), sugiriendo la necesidad de el gesto de «naturalización» llevado a cabo
ese procedimiento para construir el objeto del por Marx en la determinación del campo de
análisis teórico. El cual se desarrolla, a tra- la teoría y en la definición de sus objetos. Si
vés de adiciones sucesivas, bajo el signo de la cualidad científica superior del materia-

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lismo histórico reside en la capacidad de –según la clásica fórmula marxiana– deter-


«contraponer, y luego sustituir» al «espeji- minan a la conciencia más de cuanto ésta
smo de ideaciones no críticas» los «sujetos pueda retroactuar sobre ellos, o en cualquier
reales», las «fuerzas positivamente operan- caso antes de que lo haga, modificándolos
tes», «los hombres en las varias y específi- según sus propios fines. Que, por el contra-
cas situaciones sociales que les son propias», rio, tampoco para Labriola estas caracterí-
la teoría llega a este resultado, según Labriola, sticas de la teoría, estas cruciales cláusulas
en la medida que «objetiviza y casi diría na- metodológicas suyas, implican una recaída
turaliza la explicación de los procesos hi- en el determinismo se vuelve evidente si se
stóricos»24. ¿En qué sentido? ¿Tal vez en el tienen en cuenta la importante reflexión la-
de que Labriola, el crítico intransigente de brioliana sobre la naturaleza «morfológica»
la «epidemia» evolucionista y de la corrup- y no «cronológica» de las previsiones posi-
ción positivista del marxismo, no se perca- bles en el ámbito político-histórico (un
tara de estar siendo él mismo el primero en tema que Gramsci retomará a su vez, insi-
promover su regresión al plantear una lec- stiendo en el nexo previsión-praxis) y lo que
tura en clave cientificista? Sería paradójico, Labriola siente inmediatamente necesidad de
y de hecho las cosas son completamente di- agregar en esta misma página de la Diluci-
stintas. «Nuestra doctrina objetiviza, y en cier- dación preliminar. El hecho de que «este tér-
to sentido naturaliza la historia», escribe La- mino naturalizar» induzca a muchos «a ex-
briola, no porque ignore sus características tender a la historia las leyes y las formas de
(la diferencia específica respecto de la na- pensar que parecían ya apropiadas y con-
turaleza stricto sensu, del mundo extra-hu- venientes para el estudio y la expliación del
mano «sin historia»), sino en el sentido de mundo natural» no es más que el resultado
que, al tematizarla, reconstruye correctamente de una especie de primitivismo teórico (La-
los contextos condicionantes y determi- briola tiene aquí en mente la mezcolanza en-
nantes de la voluntad subjetiva, invirtiendo tre ciencias sociales y naturales que subya-
la perspectiva idealista tradicional centrada ce al evolucionismo positivista) y denota, en
en la hipóstasis de la subjetividad. No es ne- cualquier caso, para él, la «confusión» en-
cesario hacer hincapié en que se trata de la tre diferentes «órdenes de problemas»26: esa
misma línea de razonamiento que lleva a confusión, podemos concluir, que mueve la
Gramsci a invocar las «ciencias exactas o fí- acusación de determinismo repetidamente di-
sicas» (esto es, una idea metodológica de «na- rigida al Marx crítico de la economía polí-
turaleza» como ámbito eurísiticamente ade- tica, culpable, a juicio de sus críticos, no ya
cuado para la objetivación del análisis) a pro- de haber buscado un modelo teórico útil para
pósito de las relaciones de fuerza sociales. el análisis objetivo del proceso económico
El materialismo histórico invierte «la ex- y de la relación social (reconocerle este pro-
plicación desde los datos a simple vista evi- pósito permitiría a lo sumo negarle el méri-
dentes de las voluntades que operan según to de haber conseguido el resultado espera-
un plan, y de las ideaciones auxiliares a la do y el honor de haber fundado una nueva
obra, a las causas y los móviles del querer ciencia), sino de haber construido una jau-
y del obrar»25, causas y móviles externos que la filosófica donde encerrar la dinámica hi-

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stórica. Y esto, por supuesto, con el fin de ne- dual y colectiva. Esto es cierto – por nom-
gar de raíz la consistencia de la libertad de brar sólo dos ejemplos – tanto en el caso de
los actores sociales, para así esclavizarlos a El Capital (y más aún en el de los Grun-
sus propias ambiciones «totalitarias» y las de drisse), como en el del Prólogo de 1859 a
sus seguidores. la Contribución a la crítica de la economía
política, en el cual – como hemos visto – se
Crisis, conflictos, hegemonía cree detectar serios indicios de una pro-
pensión al determinismo filosófico-históri-
Lo que afirman Labriola, Gramsci y Al- co. Con demasiada frecuencia se omite ob-
thusser emerge de una lectura de los escri- servar que el esquema dialéctico allí pro-
tos marxianos no afectada por intenciones puesto en relación con el proceso de incu-
polémicas. Más arriba se ha hecho referencia bación de las crisis revolucionarias gira en
a la carta que el «viejo» Marx escribe a la torno al papel antisistémico de la subjeti-
redacción de los «Otetschestwennyje Sa- vidad (de la clase subordinada), que preserva
piski» para aclarar su oposición a la filoso- el modelo de cualquier vicio determinista.
fía de la historia. Pero toda su obra es tes- Lo que da inicio a «una época de revolución
timonio de una perspectiva antidogmática, social» es la transformación de las «rela-
abierta a la indeterminación y a la aporeti- ciones de producción existentes» en «ca-
cidad de la experiencia. Marx no sólo es el denas» que frenan las fuerzas productivas27:
estudioso del modo de producción capita- una degeneración que es consecuencia del
lista, científicamente analizado mediante un desarrollo de estas fuerzas, antes permitido
modelo fuertemente estilizado. Es también precisamente por las relaciones de produc-
(ya desde el Manifiesto del partido comu- ción. El proceso se apoya, por tanto, en las
nista) el historiador de la modernización y fuerzas productivas, concepto que también
(en particular en las así llamadas «obras his- abarca factores subjetivos (en el caso de la
tóricas») un atento observador de la lucha transición al capitalismo, la concreta capa-
política contemporánea. En las páginas de cidad de conflicto del Tercer Estado: por lo
Las luchas de clases en Francia y de El 18 tanto, indirectamente, su conciencia de cla-
brumario abundan las referencias implíci- se y el grado de maduración política de la
tas a las categorías de la crítica de la eco- subjetividad burguesa). En cuanto a El ca-
nomía política, pero al mismo tiempo pres- pital, bastará con observar que la muy dis-
ta la máxima atención a la acción «libre» de cutida «ley» relativa a la caída de la tasa de
la subjetividad en el terreno político y en el ganancia no evoca una necesidad, sino una
cuadro del conflicto social. Las mismas obras tendencia. Que Marx cree destinada, a lar-
dedicadas al análisis de la dinámica eco- go plazo, a prevalecer, pero que también con-
nómica describen sólo aparentemente pro- sidera expuesta por definición a la interfe-
cesos necesarios. En realidad, ellas (el mo- rencia de eficaces «causas antagonistas». En-
delo analítico del proceso de valorización) tre estas Marx incluye la lucha de clases, des-
tienen muy en cuenta la incidencia del fac- plegada tanto por las clases dominantes
tor subjetivo y la carga de innovación e im- como por las subalternas, siempre según su
previsibilidad inherente a la praxis indivi- respectivo grado de conciencia y madurez

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política. A sus ojos, por tanto, la capacidad conflicto. En la sociedad contemporánea la


de resistencia de la formación social capi- lucha entre capital y trabajo puede dar lu-
talista (o, viceversa, la profundidad de los gar a la victoria de uno o del otro.
procesos de crisis y la intensidad de su des- Preguntémonos por tanto cómo han in-
arrollo) depende en amplia medida de la evo- cidido, en el período histórico que aquí nos
lución del conflicto social y político, un ele- ocupa, la iniciativa obrera y, más en gene-
mento que resultaría inconcebible si no se ral, el conflicto protagonizado por las clases
contemplaran factores subjetivos capaces de subalternas. En lo que concierne a las tres dé-
decidir acerca de variables cruciales, em- cadas “gloriosas” (1945-1975), las luchas por
pezando precisamente por la tasa de ex- el salario, la plena ocupación y los derechos
plotación del trabajo vivo, a la que nos he- sociales han transformado las sociedades oc-
mos referido recordando cómo su fuerte in- cidentales civilizando, por así decir, (en la me-
cremento permitió, desde mediados de los dida de lo posible) el capitalismo. Como ha
ochenta en adelante, contrarrestar eficaz- sostenido el obrerismo italiano – con buenos
mente la tendencia a la caída de la tasa de argumentos y algún exceso ideológico – en
ganancia del capital productivo. Volvamos aquel período histórico la iniciativa obrera
así a la crisis actual para reflexionar, acer- se tradujo en una acción de control sobre
cándonos ya a la conclusión, sobre el tema aspectos destacados del proceso reproduc-
fundamental del conflicto de clase. tivo, y el alcance subversivo de esa acción
En las notas iniciales sobre las causas condujo a la dura reacción capitalista que cul-
estructurales de la crisis actual la apelación minó con el triunfo neoliberal. En los últi-
a Marx era transparente puesto que identi- mos cuarenta años el capital ha prevalecido
ficamos en la caída de la tasa de ganancia de manera estable en todo el mundo occi-
que se produjo en las décadas posteriores dental, imponiendo al trabajo y a las clases
a la segunda guerra mundial la raíz última subalternas condiciones muy duras (a me-
de la «revolución» neoliberal. Todo lo que nudo en los límites de la servidumbre) y la
hemos observado después en relación con renuncia a importantes conquistas en el
los aspectos metodológicos del análisis mar- plano salarial y en el terreno del accionar de-
xiano ha servido para poner en evidencia la mocrático. Basta recordar que en los Esta-
acción de los factores subjetivos inmanen- dos Unidos los salarios reales están estan-
tes a los procesos estructurales: así como no cados desde inicios de los setenta, que los ita-
ver el trabajo obrero al mirar la mercancía lianos lo están desde hace quince años y que,
denotaría un vicio fetichista, del mismo en los quince países más ricos de la OCDE,
modo no ver el conflicto de clase en el fon- entre 1976 y 2006 la incidencia de las ren-
do de la crisis de rentabilidad del capital re- tas del trabajo sobre el PIB se ha reducido
velaría una deformación economicista. En en una media de diez puntos (del 68 al
suma, la lucha de clases acompaña como 58%)28. Esto ciertamente no significa que el
una sombra la reproducción del capital de- trabajo haya soportado pasivamente el po-
bido a la estructura antagonista de la rela- der capitalista ni que los cuerpos sociales se
ción de producción. Pero decir «lucha de hayan vuelto inertes y pacíficos. Un segui-
clases» no basta para definir el resultado del miento sistemático de las luchas demuestra

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lo contrario29. Es innegable, sin embargo, que a la ideología de la clase dominante ha con-


la resistencia al poder capitalista ha sido ina- stituido un paso decisivo para la estabiliza-
decuada y perdedora, y que hoy el dato ca- ción de un acuerdo entre economía y socie-
racterístico es la soberanía de un capital ene- dad ventajoso para el capital y funcional al
migo de la misma democracia burguesa proceso neoliberal de «modernización».
(como lo demuestra la dura pulseada entre El hecho es que, por el momento, nada
algunos Estados de la Unión Europea y las parece ser capaz de frenar el excesivo poder
instituciones comunitarias, ligadas a los capitalista, aunque se haga cada vez más evi-
poderes financieros), un capitalismo que ha dente, para un sector cada vez más amplio
retrocedido, en el terreno de la civilidad, a de la población, la destructividad de un sis-
la nostalgia por formas arcaicas (neofeuda- tema que se reproduce exasperando la des-
les) de dominio30. No nos es posible dete- igualdad y la injusticia social. Si las cosas es-
nernos aquí a considerar las múltiples cau- tán así, parecería, a primera vista, que – aun-
sas de una derrota que ha involucrado a to- que siga siendo un referente ineludible en el
das las organizaciones del movimiento plano del análisis crítico – Marx tiene poco
obrero, determinando la consolidación de una que decirnos hoy como dirigente político,
relación de fuerza tan desequilibrada en fa- como guía en la lucha por la defensa de los
vor del capital. La única causa que no se pue- derechos y de las condiciones de vida de las
de dejar de recordar es el abandono de la cul- clases trabajadoras. Y, sin embargo, sacar es-
tura crítica (anticapitalista) por parte de los tas conclusiones sería algo profundamente
más importantes sujetos organizados de la iz- equivocado. No porque la derrota sufrida por
quierda europea. Un caso emblemático de la las fuerzas del trabajo sea de poca monta, ni
renuncia de la mayor parte de la izquierda porque vaya a ser fácil recuperar el terreno
europea a la propia función crítica ha sido el perdido en estos cuarenta años e invertir una
«suicidio» del Partido Comunista Italia- tendencia que parece todavía indudablemente
no31, que se apartó de su propia tradición cul- favorable al capital – excepto por lo que ob-
tural y política, y se transformó, en los últi- servamos anteriormente sobre la radical in-
mos veinte años, en una fuerza «moderni- estabilidad del sistema capitalista mundial y
zadora» en conformidad con el neoliberali- sobre los riesgos de una evolución dramáti-
smo. No se debe subestimar este terreno de ca de la crisis en el plano social y político en
la lucha cultural y la organización ideológica. muchos países europeos. Abandonar a Marx
La construcción y la consolidación de una en lo que respecta a la praxis, perder de vis-
forma de gobierno de la economía y de la so- ta su ejemplo con relación a los problemas
ciedad no podrían realizarse sin la estructu- de la construcción del sujeto revolucionario
ración de lo que Gramsci llama «aparato he- y a la organización del conflicto sería un error
gemónico»: un «sistema» cultural (institu- en la medida en que nada de la difícil situa-
cional y discursivo) capaz de producir in- ción actual podría ser atribuido a sus ense-
terpretaciones plausibles de lo que es una so- ñanzas, que hoy aparecen, por el contrario,
ciedad y de cómo funciona y debe transfor- como más vigentes y decisivas que nunca.
marse. En este contexto, el alineamiento de Resulta oportuno, para concluir, llamar la
las organizaciones de las clases subalternas atención sobre dos de ellas en particular. Por

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un lado, la exigencia primordial de disponer REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


de un adecuado cuadro de lectura del proceso
histórico, dentro del cual situar con precisión Althusser, Louis, Lire le Capital (1965-68),
la fase política. Marx logró dar respuesta a escrito en colaboración con Étienne Ba-
esta exigencia en el Manifiesto del partido libar, Roger Establet, Pierre Macherey,
comunista, que fue por esa razón un instru- Jacques Rancière. PUF, Paris, 1996.
mento formidable de movilización y de lu- Althusser, Louis, Pour Marx (1965). Mas-
cha. Por el otro lado, la necesidad taxativa de pero, Paris, 1980.
unir las fuerzas del trabajo más allá de los lí- Bellofiore, Riccardo, La crisi capitalistica,
mites nacionales y continentales, identifi- la barbarie che avanza. Asterios, Tries-
cando formas de cooperación intelectual y de te, 2012.
organización política análogas, mutatis mu- Bellofiore, Riccardo, La crisi globale,
tandis, a las construidas por Marx y otros di- l’Europa, l’euro, la Sinistra. Asterios,
rigentes revolucionarios en la época de la Pri- Trieste, 2012.
mera Internacional. Como se ha observado Burgio, Alberto, Gramsci storico. Una let-
recientemente, la clase dominante se ha tura dei “Quaderni del carcere”. Laterza,
transformado ya completamente en una Roma-Bari, 2003.
«clase capitalista transnacional», en una Burgio, Alberto, Senza democrazia. Un’analisi
clase «para sí a todos los efectos», dotada de della crisi. DeriveApprodi, Roma, 2009.
conciencia en cuanto a su propia composi- Burgio, Alberto, Strutture e catastrofi. Kant
ción y a su propio proyecto de poder32. La ca- Hegel Marx. Editori Riuniti, Roma,
pacidad de conducir eficazmente una lucha 2000.
de clases «regresiva», imponiendo a la ma- Burgio, Alberto, “Antonio Labriola”, en
yoría sus propios intereses particulares como Michele Ciliberto (ed.), Il contributo ita-
intereses generales, es en gran medida fru- liano alla storia del pensiero. Filosofia
to del alto grado de autocomprensión de la (Encicliopedia Italiana, Apéndice VIII).
clase dominante. Pero si esto es cierto, tan- Istituto dell’Enciclopedia Italiana, Roma,
to más actual resulta entonces la lección po- 2012, pp. 527-537.
lítica de Marx. Frente al sistema de poder ca- Carchedi, Guglielmo, Behind the Crisis.
pitalista plenamente globalizado, el impe- Marx’s Dialectics of Value and Knowl-
rativo de la unidad de la clase trabajadora, edge. Brill, Leiden, 2011.
puesto por Marx en el centro de su propia mi- Carchedi, Guglielmo, Dalla crisi di plus-
litancia política, es, en efecto, más urgente valore alla crisi dell’euro, en http:/
que nunca. En el reconocimiento de su ca- /www.sinistrainrete.info/crisi-mondi-
rácter imperioso se juega hoy la partida del ale/1830-guglielmo-carchedi-dalla-crisi-
renacimiento de la clase obrera. Del pasaje di-plusvalore-alla-crisi-delleuro.html.
del trabajo de potencia revolucionaria en sí Crouch, Colin, Post-democracy. Polity
a subjetividad consciente de sus propios fi- Press, Cambridge, 2004.
nes. Del salto de calidad desde la actualidad Gallino, Luciano, Finanzcapitalismo. La ci-
(objetiva) de Marx a la vuelta (subjetiva) a viltà del denaro in crisi. Einaudi, To-
Marx y a su lección. rino, 2011.

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Gallino, Luciano, La lotta di classe dopo la Magri, Lucio, Il sarto di Ulm. Una possibi-
lotta di clase. Laterza, Roma-Bari, 2012. le storia del Pci. Il Saggiatore, Milano,
Gentile, Giovanni, La filosofia di Marx. Stu- 2009.
di critici (1899), 5ª ed. a cargo de V.A. Marx, Karl, [Brief an die Redaktion der
Bellezza. Sansoni, Firenze, 1974. «Otetschestwennyje Sapiski»] (1877), en
Giacché, Vladimiro, Titanic Europa. La MEW, vol. 19. Dietz, Berlin, 1987, pp.
crisi che non ci hanno raccontato. Ali- 107-12.
berti, Roma, 2012. Marx, Karl, Zur Kritik der politischen
Gramsci, Antonio, Quaderni del carcere, ed. Ökonomie (1859), «Vorrede», en MEW,
crítica del Istituto Gramsci a cargo de Va- vol. 13. Dietz, Berlin, 1961, pp. 7-11.
lentino Gerratana. Einaudi, Torino, 1975. Perri, Stefano, “Back to the Future? The Ten-
Labriola, Antonio, Scritti filosofici e politi- dency of the (Maximum) Rate of Prof-
ci, editado por Franco Sbarberi. Einau- it to Fall. Empirical Evidence and The-
di, Torino, 1973. ory”, en Emiliano Brancaccio y Giuseppe
Magri, Lucio, Alla ricerca di un altro co- Fontana (eds.), The Global Economic
munismo. Saggi sulla sinistra italiana, Crisis. New Perspectives on the Critique
editado por Luciana Castellina, Famia- of Economic Theory and Policy. Rout-
no Crucianelli y Aldo Garzia. Il Sag- ledge, 2011, pp. 164-183.
giatore, Milano, 2012.

NOTAS
1
Antonio Gramsci, Quaderni del carcere, ed. crítica Estados Unidos, Japón, Francia, Reino Unido, Alemania
del Istituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana, Ei- e Italia.
naudi, Torino 1975, pp. 1518-9. 4
Luciano Gallino, La lotta di classe dopo la lotta di
2
Sobre este tema véanse los siguientes estudios pu- classe, Laterza, Roma-Bari 2012, p. 108; del mismo Ga-
blicados recientemente: Vladimiro Giacché, Titanic Eu- llino véase también Finanzcapitalismo. La civiltà del de-
ropa. La crisi che non ci hanno raccontato, Aliberti, Roma naro in crisi, Einaudi, Torino 2011.
2012; Riccardo Bellofiore, La crisi capitalistica, la bar- 5
Cf. Alberto Burgio, Strutture e catastrofi. Kant
barie che avanza, Asterios, Trieste 2012; Id., La crisi glo- Hegel Marx, Editori Riuniti, Roma 2000, pp. 205 ss.
bale, l’Europa, l’euro, la Sinistra, Asterios, Trieste 2012; 6
Karl Marx, Zur Kritik der politischen Ökonomie
para una síntesis histórica de largo período me permito re- (1859), «Vorrede», in MEW, vol. 13, p. 9.
mitir a mi Senza democrazia. Un’analisi della crisi, De- 7
Karl Marx, [Brief an die Redaktion der «Otets-
riveApprodi, Roma 2009. chestwennyje Sapiski»] (1877), in MEW, vol. 19, pp.
3
Cf. Guglielmo Carchedi, Behind the Crisis. Mar- 111-2.
x's Dialectics of Value and Knowledge, Brill, Leiden 8
Ibidem.
2011, pp. 85 ss.; Id., Dalla crisi di plusvalore alla crisi 9
Giovanni Gentile, La filosofia di Marx. Studi cri-
dell’euro, en http://www.sinistrainrete.info/crisi-mon- tici (1899), Sansoni, Firenze 19745, editado por V.A.
diale/1830-guglielmo-carchedi-dalla-crisi-di-plusva- Bellezza, pp. 114, 35, 45, 42-3.
lore-alla-crisi-delleuro.html. En relación con las cinco 10
Ibid., p. 51.
últimas décadas, Stefano Perri (Back to the Future? The 11
Pour Marx (1965), Maspero, Paris 1980, pp. 234-5.
Tendency of the (Maximum) Rate of Profit to Fall. Em- 12
Lire le Capital (1965-68), escrito en colabora-
pirical Evidence and Theory, en Emiliano Brancaccio e ción con Étienne Balibar, Roger Establet, Pierre Ma-
Giuseppe Fontana (eds.), The Global Economic Crisis. cherey, Jacques Rancière, PUF, Paris 1996, pp. 334-8.
New Perspectives on the Critique of Economic Theory 13
Ibid., p. 310.
and Policy, Routledge, 2011, pp. 164-183) proporciona 14
Ibid., p. 396.
datos esencialmente concordantes sobre la tendencia ne- 15
Pour Marx, cit., p. 235.
gativa de la tasa de ganancia bruta en la economía de 16
Lire le Capital, cit., p. 396.

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Crsis económica y crisis social. El problema del sujeto de la trasformación

17
Ibid., p. 311. 25
Ibid., p. 545.
18
Burgio, Strutture e catastrofi..., cit., pp. 165 ss. 26
Ibidem.
19
Lire le Capital, cit., pp. 323-4. 27
Zur Kritik der politischen Ökonomie (1859),
20
Ibid., pp. 311, 320 ss. «Vorrede», cit., p. 9.
21
Quaderni del carcere, cit., p. 1583; sobre el aná- 28
Gallino, La lotta di classe..., cit., pp. 49, 104.
lisis gramsciano de la «relación de fuerza» cf. Alberto 29
Cf. Burgio, Senza democrazia..., cit., pp. 257-8.
Burgio, Gramsci storico. Una lettura dei “Quaderni del 30
Véase a este respecto el importante análisis rea-
carcere”, Laterza, Roma-Bari 2003, pp. 110 ss. lizado por Colin Crouch en su Post-democracy, Polity
22
Quaderni del carcere, cit, pp. 1583-4. Press, Cambridge 2004.
23
Para un primer acercamiento sintético, me per- 31
Así lo califica Lucio Magri en Alla ricerca di un
mito enviar a mi Antonio Labriola, en Michele Ciliberto altro comunismo. Saggi sulla sinistra italiana, editado
(ed.), Il contributo italiano alla storia del pensiero. Fi- por Luciana Castellina, Famiano Crucianelli y Aldo
losofia (Encicliopedia Italiana, Apéndice VIII), Istituto Garzia, il Saggiatore, Milano 2012, p. 124; del mismo
dell’Enciclopedia Italiana, Roma 2012, pp. 527 ss. Magri veasé también, a este respecto, Il sarto di Ulm.
24
Del materialismo storico. Dilucidazione preli- Una possibile storia del Pci, il Saggiatore, Milano
minare (1899), en Antonio Labriola, Scritti filosofici e 2009.
politici, editado por Franco Sbarberi, Einaudi, Torino 32
Gallino, La lotta di classe..., pp. 15-6.
1973, p. 537.

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