Está en la página 1de 3

Para entender la cultura de un pueblo en la actualidad hay que ver cómo es su televisión,

este aparato para bien o para mal nos dice mucho de una nación, del nivel de cultura de
su pueblo y de su ética humana.
Entonces ¿Qué se puede esperar de un país que tiene como programas de más rating
“Laura de Todos”, “La Familia P. Luche” y las sucesivas generaciones de la Academia?
La conocida filosofía de Azcárraga Milmo de hacer televisión para los jodidos y apartarlos
de la realidad no es solo la misión de Televisa si no de la televisión mexicana en general,
ofrecerle al pueblo un mundo de telenovela alejado de la cruda realidad, un mundo de
finales felices y milagros guadalupanos a un pueblo apático e ignorante.
Desconozco como son las telenovelas en otros países y que fin tienen así que solo me
enfocare en el caso de México y en el propósito de sus telenovelas que no es otro que
darle un mundo de fantasía al mexicano.
El mexicano siente una profunda fe por su televisión, no es una exageración, realmente
de entre todos los pueblos es el mexicano quien siente una verdadera devoción por la
televisión ya sea para ver el futbol o la telenovela.
Las familias se sientan a determinada hora a ver la telenovela, el programa de Laura
Bozzo o “La Rosa de Guadalupe”, los domingos se reúnen a ver el futbol y la Familia P.
Luche, los domingos en la mañana ven a Chabelo mientras desayunan.
¿Qué hay de los libros?
En un país donde leer es irrelevante (como dijo la “periodista” Adela Micha) los libros y la
alta cultura no tienen cabida.
Es más fácil sentarse en el sofá a ver la tele, es más fácil estar en la cama todo el día
viendo la programación de un determinado canal—a estas alturas Tv Azteca y Televisa
son lo mismo—el mexicano promedio quiere apagar su cerebro, no quiere pensar, ni
quiere cultura.
Lo que quiere es su futbol, su telenovela y su programa de telerrealidad.
El mexicano es feliz mientras tenga un equipo al cual apoyar, una villana a la cual odiar y
un chisme del cual hablar.
Así es feliz aunque tenga deudas, desempleo, sufra de la inseguridad, tenga que pagar
por la gasolina más cara del mundo, toda su nación este privatizada y su salario
disminuya.
Las telenovelas apartan al mexicano de esta realidad y lo sumen en una anestesia
llamada entretenimiento, una nueva esclavitud que hace que el esclavo ame a su opresor.
La razón del gran triunfo de las telenovelas en México se debe a que las televisoras
saben manipular la mente del mexicano, cumpliendo sus sueños en las pantallas.
La historia clásica de una telenovela es la de una joven pobre que trabaja de criada para
una familia de clase alta.
La muchacha se enamora del galán, estos son separados por las diferencias de clases, la
villana, las ocurrencias del guionista y al final la joven humilde termina siendo una persona
rica y exitosa, casada con el galán y todos los buenos viven felices para siempre.
Dentro de una telenovela todos los problemas sociales se resuelven de una manera fácil,
todos superan sus adversidades de una manera casi mágica.
La telenovela está destinada a un público de clase baja aunque no limitado a este estrato
social.
Se pueden ver todos los clichés como el de los pobres son buenos y los ricos malvados,
los pobres luchan contra las adversidades sociales y salen triunfantes, los personajes
humildes terminan siendo millonarios gracias al trabajo honrado, los villanos—
mayormente de clase alta—terminan en la ruina económica o en la cárcel.
Todos estos clichés moralistas inspirados en la moral católica del pueblo mexicano son
los elementos con los que se manipula al público.
El público que ve telenovelas se siente identificado con la protagonista, quieren ser como
ella, quieren tener a un millonario—o millonaria—como esposo y ser de la alta sociedad,
quiere salir de la pobreza y vivir en las zonas más “nice” de la capital.
Quiere todo eso y lo quiere sin esfuerzo, el público de las telenovelas sueña con ser de
esa elitista clase social, quiere una mansión gigantesca, quiere piscina, quiere lo que sus
personajes de telenovela tienen en la ficción.
Pero más que nada y ante una cruda realidad quiere milagros, no quiere luchar por
cambiar la situación social, no quiere pelear por un mejor gobierno.
Quiere milagros de la Virgen de Guadalupe, quiere que toda la delincuencia, la corrupción
y la inseguridad se resuelvan con una rosa blanca.
Es ahí donde el programa “La Rosa de Guadalupe” cumple su cometido de entretener y
dar una falsa esperanza a su público.
Este programa maneja de forma irresponsable temas como la trata de blancas, el
narcotráfico, el secuestro, el embarazo no deseado y el acoso escolar de una manera
poco realista, absurda y donde todo se resuelve gracias a los milagros de la rosa.
Televisa usa a su favor la fe de los mexicanos para ganar mucho dinero, para tener los
ratings más altos y vender figuritas de la Virgen.
El programa de “La Rosa de Guadalupe” no es una telenovela propiamente dicha pero
tiene los mismos elementos entre los que destacan un sentimentalismo barato, valores
morales y finales felices para un pueblo apático.
La temática de las telenovelas está claramente inspirada en el cine de Ismael Rodríguez y
sus películas sobre “Pepe el Toro”, en ellas Rodríguez sentó las bases del melodrama
mexicano: el mismo sentimentalismo, los valores cristianos y morales como símbolo del
bien, la pobreza asociada al bien, el culto a la figura materna (propio de civilizaciones
decadentes), la sociedad mexicana ha sido educada por el cine de Ismael Rodríguez por
generaciones destruyendo cualquier espíritu de lucha.
El público de las telenovelas es el mismo que veía las películas de Rodríguez y sufría con
Pedro Infante, el mismo público que se identifica con el protagonista pobre y de buen
corazón que al final triunfa contra las adversidades.
Esta identificación de la pobreza con el bien es propia del judeocristianismo que enlaza al
pobre y al humilde sobre los aristócratas y fuertes de espíritu.
México al ser un país con mayoría católica se identifica con los personajes y sus dramas
personales.
Esta historia del pobre que gracias a su esfuerzo y honestidad llega al triunfo económico
se puede ver en las historias de los futbolistas más aplaudidos del país.
Hemos escuchado infinidad de veces en programas deportivos y revistas a los futbolistas
hablar de su origen humilde, de su trabajo constante y de cómo son famosos gracias al
trabajo duro.
Es la historia de Chicharito Hernández y de cientos de futbolistas que acaparan las
revistas deportivas, los segmentos de noticieros y estas historias mueven los sentimientos
de los mexicanos.
Los futbolistas más famosos, guapos, cotizados eran personas como cualquier otro y han
logrado el triunfo, esa es la consigna con la que se captura la atención de las masas.
Historias de telenovela para un país de telenovela.
El amor del pueblo mexicano por las telenovelas y su televisión en general llevo al triunfo
electoral de Enrique Peña Nieto.
Hombre atractivo, endiosado por Televisa, amado por centenares de mujeres histéricas y
con una vida mediocre, casado con una reina de telenovelas como Angélica Rivera.
El triunfo de Peña Nieto habla mucho sobre el nivel de cultura del mexicano y lo mucho
que idolatra su televisión.
Las masas se conmovieron viendo su “boda de telenovela” en el Vaticano, hicieron más
caso a la propaganda de Televisa antes que a los setenta años de corrupción del PRI.
México quiere un mundo de telenovela, que todos sus problemas se resuelvan con
milagros, ser potencia mundial por puro milagro, los mexicanos quieren ser primer mundo
pero su pensamiento es el de un ser mediocre.
Así mientras viven y mueren en la pobreza, en el desempleo, en la inseguridad seguirán
teniendo una televisión que los saques de su triste realidad.
Este primero de Julio, México eligió la baja cultura, la mediocridad y un mundo de
telenovela sobre la cultura.