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El Sacramento

del Orden
Sacerdotal

“La unción de las manos y la entrega del pan y el vino”

-Omar Alexander Araya Serrano


-Luis Esteban Fernández Vargas
-Jairo Pérez Chacón
-Ricardo Cerdas Guntanis

Universidad Católica de Costa Rica


Curso: Teología y Liturgia Sacramental
Prof.: Pbro. Cristian Pérez
El Sacramento del Orden Sacerdotal
Contenido

Introducción ............................................................................................................................ 2
Ritos explicativos en la ordenación presbiteral: ..................................................................... 3
La unción de las manos y la entrega del pan y el vino ........................................................... 3
1. Rúbricas y texto del Pontifical Romano. ..................................................................... 3
2. Rasgos de la teología del sacramento del Orden presentes en estos ritos. .................. 4
A) Unción con el Crisma signo de fecundidad ministerial........................................ 5
B) Ofrenda eucarística y configuración sacerdotal con Cristo. ................................. 7
3. Aporte pastoral ............................................................................................................ 8
Conclusiones..................................................................................................................... 10
Bibliografía ........................................................................................................................... 12

1
Introducción
Es clara la relevancia del sacramento del Orden para la vida de la Iglesia, como un
don sagrado y gratuito que Dios le ha proporcionado a su Iglesia, signo de su bondad, de
amor, su misericordia y de su deseo de que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad (1 Tim 2,4).

Al escoger para el desarrollo de este trabajo, el sacramento del Orden y


particularmente los gestos o ritos explicativos de La unción de las manos y la entrega del
pan y el vino, quisiéramos -sin pretender robarle la centralidad del rito al momento de la
imposición de las manos por parte del obispo, y a la debida oración consecratoria- resaltar el
sentido y la también importancia de estos signos, que sin duda tienen una razón de ser y de
estar colocados dentro del rito de ordenación, como explicitación de lo que en él se da.

Tomando como referencia algunas fuentes y autores, nos disponemos a presentar a


continuación, los ritos explicativos dentro de la ordenación sacerdotal, así como sus
respectivas rúbricas, las oraciones dichas en el momento propio por parte del obispo, los
rasgos de la teología que encierra el sacramento del Orden y que están presentes en estos
ritos, para concluir con un aporte o aplicación pastoral, que sirva a fieles, sacerdotes y
particularmente a nosotros como formandos para el ministerio sacerdotal, a reconocer el gran
valor de tan sublime sacramento, que surge como una llamada directa del corazón de Jesús
el Buen Pastor.

2
Ritos explicativos en la ordenación presbiteral:
La unción de las manos y la entrega del pan y el vino
1. Rúbricas y texto del Pontifical Romano.

160. Concluida la Plegaria de Ordenación, se sientan todos. El Obispo recibe la mitra. El


ordenado se levanta. Los presbíteros presentes tornan a su puesto; pero uno de ellos coloca
al ordenado la estola al estilo presbiteral y le viste la casulla.

161. Seguidamente, el Obispo toma el gremial y, oportunamente informado el pueblo, unge


con el sagrado crisma las palmas de las manos del ordenado, arrodillado ante él, diciendo:

Jesucristo, el Señor,
a quien el Padre ungió
con la fuerza del Espíritu Santo,
te auxilie para santificar al pueblo cristiano
y para ofrecer a Dios el sacrificio.

Después, Obispo y ordenado se lavan las manos.

Mientras el ordenado viste la estola y la casulla y el Obispo le unge las manos, se canta la
antífona siguiente con el salmo 109 (110) (para el canto, véase en el Formulario I, p. 109), u
otro canto apropiado de idénticas características que responda a la antífona, sobre todo
cuando el Salmo 109 (110) se hubiere utilizado como salmo responsorial en la liturgia de la
palabra.

Cristo, el Señor, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec, ofreció pan y vino. (T.P.
Aleluya.)

163. Seguidamente, los fieles llevan el pan sobre la patena y el cáliz, ya con el vino y el agua,
para la celebración de la Misa. El diácono lo recibe y se lo entrega al Obispo, quien a su vez
lo pone en manos del ordenado arrodillado ante él, diciendo:

3
Recibe la ofrenda del pueblo santo
para presentarla a Dios.
Considera lo que realizas
e imita lo que conmemoras,
y conforma tu vida
con el misterio de la cruz del Señor.

164. Finalmente, el Obispo besa al ordenado, diciendo: La paz contigo.

El ordenado responde:
Y con tu espíritu.

Y lo mismo hacen todos o al menos algunos presbíteros presentes.

2. Rasgos de la teología del sacramento del Orden presentes en estos ritos.

La comprensión teológica del sacramento del Orden hunde sus raíces en el bautismo
y en una peculiar vocación gestada y discernida desde la comunidad eclesial, pues el Señor
Jesús, a quien el Padre santificó y envió al mundo (Jn. 10,36), hizo participar a todo su cuerpo
místico de la unción del Espíritu Santo con la que él fue ungido, constituyendo a todos los
bautizados en un real y santo sacerdocio dentro del cual “constituyó a algunos de ellos como
ministros que, gozando en la comunidad de los fieles del poder sagrado del Orden, pudiesen
ofrecer el sacrificio, perdonar pecado y ejercer en el nombre de Cristo y en favor de los
hombres la función sacerdotal.”1

De la unción santificante del bautismo surgen algunos miembros de la Iglesia que,


por la ordenación presbiteral, colaboran estrechamente con el Obispo para prolongar y
cumplir la misión apostólica confiada por Cristo. Por esta razón la Iglesia considera que entre
el sacerdocio bautismal y el sacerdocio ministerial hay una diferencia esencial y no sólo en
grado, pero están ordenados el uno al otro, participando cada uno a su manera del único

1
Decreto Presbyterorum Ordinis 2.

4
sacerdocio de Cristo.2 Por el sacramento del Orden, Cristo no cesa de construir y de conducir
a su Iglesia, escogiendo a hombres entre la comunidad que a través de la presidencia litúrgica
y la caridad pastoral colaboren al desarrollo de la gracia bautismal de toda la comunidad.3

Este preámbulo sobre la teología del sacerdocio colabora en la comprensión de


algunos ritos complementarios dentro de la ordenación presbiteral que contribuyen a
explicitar el carácter de este sacramento al servicio de la comunidad, en la presidencia
litúrgica y la celebración del santo sacrificio de la eucaristía, pues “el sacramento del orden
confiere una configuración sacramental con Cristo, cabeza y esposo de su cuerpo y esposa,
la Iglesia. El ministerio ordenado es una representación real, de naturaleza sacramental, de
la persona de nuestro Señor Jesucristo en su dimensión capital.”4

Una vez realizada la imposición de manos y la oración de ordenación, se colocan las


vestiduras sacerdotales al ordenado y continúan una serie de ritos que “vienen a expresar y
complementar de manera simbólica el misterio que se ha realizado: para el obispo y el
presbítero la unción con el santo crisma, signo de la unción especial del Espíritu Santo que
hace fecundo su ministerio, la entrega al presbítero de la patena y el cáliz, la ofrenda del
pueblo santo que es llamado a presentar a Dios.”5 Veámoslos entonces de manera más
específica:

A) Unción con el Crisma signo de fecundidad ministerial.

Este rito es bastante sugestivo pues se realiza una nueva unción, es decir, además de
la propia del bautismo y la confirmación, se hace dicha unción en las manos del recién
ordenado como una consagración total de las mismas y por lo tanto de su participación con
el Obispo en la función de santificar al pueblo de Dios. Esta unción recuerda el hermoso
relato de la unción de Aarón: “y derramó aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón y lo
ungió, para consagrarlo.” (cf. Lv. 8,12).

2
Cf. Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium 10.
3
Catecismo de la Iglesia Católica, 1547.
4
J. GUTIÉRREZ. Estructura y configuración de los signos sacramentales. En: Phase 306, 635.
5
Idem.

5
Los actos que los presbíteros realizarán durante todo su ministerio al servicio de la
comunidad serán prolongación y actualización de la actividad redentora de Cristo, por lo
tanto, “para el presbítero la unción quiere ser un don para que esas manos simbólicamente
sean salvadoras, curadoras, fuertes y suaves a la vez, manos consagradas que prolonguen
visiblemente las de Cristo Jesús.”6

La imagen de la unción es un elemento fuerte dentro de la liturgia de la Iglesia y de


manera particular al expresar una especial consagración para el Obispo y el presbítero. El
Presbítero Jaume González del Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona lo expone de
manera muy hermosa en el siguiente texto:

Del Pentecostés renovado que es cada misa crismal, cuando el Espíritu Santo
consagra el santo óleo, toda la Iglesia es ungida y todos los miembros participan
del perfume benéfico que Cristo nos ha conseguido con su muerte y resurrección,
siendo figura profética el perfume derramado sobre la cabeza de Aarón y que
por la sobreabundancia del don impregnaba su barba e incluso sus vestidos. Así,
el ordenado recibe también gracia de este óleo de salvación, para que se revele
ante todos su “peculiar participación” de quien es el Ungido por excelencia, el
Señor, y, ungido por el Espíritu pueda exhalar el buen olor de Cristo”
santificando al pueblo cristiano con su ministerio, el cual, ultrapasa con mucho
sus propias aptitudes.7

Esta imagen de la unción del ministro ordenado para anunciar, como Cristo, la buena
noticia a los pobres y la libertad a los cautivos, es muy apreciada por el Papa Francisco desde
que era Arzobispo en Buenos Aires y la ha querido continuar en su ministerio petrino,
recordando a los sacerdotes que “al ungir bien uno experimenta que allí se renueva la propia
unción. Esto quiere decir: no somos repartidores de aceite en botella. Unimos
repartiéndonos a nosotros mismos, repartiendo nuestra vocación y nuestro corazón.”8

6
J. ALDAZÁBAL. Gestos y símbolos, 79.
7
J. GONZÁLEZ. La Ordenación: una novedad de vida. Comentario a la liturgia de la ordenación de
presbítero. 37
8
FRANCISCO. Homilía de la Misa Crismal 2019. En: www.vaticannews.va

6
B) Ofrenda eucarística y configuración sacerdotal con Cristo.

La oración que se realiza para la entrega del pan y el vino, presentado por la
comunidad para este rito explicativo, es de una gran riqueza teológica pues expresa la plena
identificación del sacerdote con el sacrificio eucarístico cuya presidencia trasciende la
celebración de la eucaristía y se trasmite por la propia vida, configurada con Cristo.

Los presbíteros son en sí mismos una ofrenda permanente, eso quiere explicitar este
texto, pues “su verdadera función sagrada la ejercen sobre todo en el culto o en la comunión
eucarística. En ella actuando en persona de Cristo y proclamando su misterio, unen la
ofrenda de los fieles al sacrificio de su Cabeza, actualizan y aplican en el sacrificio de la
misa, hasta la venida del Señor, el único sacrificio de la Nueva Alianza: el de Cristo.”9

El rito resalta la relación esencial entre lo que la comunidad presenta en el altar y lo


que por la mediación del presbítero, se ofrece a Dios en un admirable intercambio: “Lo que
sus manos presentan sobre el santo altar no es su particular oblación sino la de todos sus
fieles a quienes, además, deberá enseñar “a fondo a ofrecer a Dios” la víctima divina en el
sacrificio de la misa y a ser, juntamente con ella, oblación de su propia vida”10

Este sencillo, pero hermoso rito se convierte en un gesto de profunda comunión entre
la comunidad de los fieles que ha discernido la vocación del sacerdote y lo ha considerado
digno para ser ordenado, y el neo presbítero que hará realidad el santo sacrificio eucarístico
que constituye y hace crecer continuamente a la comunidad de los bautizados.

9
Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium 28.
10
J. GONZÁLEZ. Idem.

7
3. Aporte pastoral

A nivel pastoral, estos ritos tienen una importante y necesaria aplicación, en miras al
ministerio del neo presbítero, a su propia santificación, así como también a nivel de la
comunidad cristiana por cuya salvación deben velar quienes que han sido ordenados.

Las manos del sacerdote "juegan” un papel importante dentro del ministerio
sacerdotal, ellas son ungidas para poder tomar el pan y el vino que se convertirán en Cuerpo
y Sangre de Cristo, es decir, para confeccionar el sacramento, para dar la absolución en el
sacramento de la Penitencia, para administrar el sacramento del Bautismo, la Confirmación
–en caso de ser debidamente delegado-, la Unción de enfermos, y presenciar y bendecir la
alianza Matrimonial.

Sus manos han quedado ungidas por el óleo, que es el signo del Espíritu Santo y de
su fuerza. ¿Por qué las manos? La mano del hombre es el instrumento de su acción, es el
símbolo de su capacidad para afrontar el mundo, para «tomarlo en la mano». El Señor nos
ha impuesto las manos y ahora quiere nuestras manos para que, en el mundo, seamos las
suyas.11 Dicho de otra forma, Él quiere que las manos de los sacerdotes, lleven o acerquen a
los fieles, los sacramentos como medios que la Iglesia como madre, ofrece para su
santificación y salvación.

Con la unción de sus manos en el sacramento del Orden, la humanidad del sacerdote,
herida por el pecado, es traspasada por la fuerza del Espíritu Santo, uniéndolo aún más a
Cristo, el Ungido. Es por ello que, Nos llamamos "cristianos", "ungidos", personas que
pertenecen a Cristo y por eso participan en su unción, son tocadas por su Espíritu. No quiero
sólo llamarme cristiano, sino que quiero serlo, decía san Ignacio de Antioquía.12

Rito seguido a la unción de las manos, es la entrega del pan y del vino, los cuales son
llevados por fieles laicos (cf. CCE #1350), expresando que el santo sacrificio es de todo el
pueblo de Dios, es decir, lo que presentan sus manos recién ungidas sobre el altar no es su
particular oblación, sino la de todos los fieles. Pensar en esto con asiduidad alejará al
presbítero de la tentación de apropiarse de la celebración litúrgica, haciendo de ella su

11
BENEDICTO XVI. Homilía Misa Crismal, 13 de abril del 2006.
12
BENEDICTO XVI. Homilía Misa Crismal, 21 de abril del 2011.

8
capricho pastoral en ejercicio de un subjetivismo clerical del todo inapropiado. Se trata pues
de la ofrenda del pueblo santo, que el obispo ha puesto en sus manos para presentarla a
Dios. Así de claro, así de sencillo, así de imponente.13

Sobre la oración “considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma


tu vida con el ministerio del Señor”: se trata de evitar adulterar la liturgia, convirtiéndola
en un paréntesis y de garantizar que es expresión ritual de una liturgia existencial que
implica todo el ser, alma y cuerpo, ideas y sentimientos, mente y corazón. Unión perfecta de
la lex orandi y la lex vivendi, en un solo y completo acto de culto. Así se puede exhortar con
fuerza al ordenado que su ejercicio ministerial esté siempre empapado de una viva
conciencia de la grandeza de lo que hace, evitando el actuar superficial e irreflexivo,
rutinario. Que haga vida propia de lo que conmemora en el altar, es decir que se dé al padre
en bien de todos los hombres cada día de su existencia, y que así en oblación perenne su
vida se vaya “cristificando”. De esta manera le queda claro al ordenado donde y como
hallar la santificación en su ser sacerdote: no en actividades añadidas a su ministerio o en
prácticas tomadas de legítimos carismas eclesiales, sino en contacto con el santo altar del
Señor y su servicio.14

Es necesario resaltar entonces, la unión tan particular y estrecha del sacerdote, pues
es quien preside a la asamblea, quien presenta al padre la ofrenda, los dones, el pan y el vino
fruto de la tierra, de la vid y del trabajo del hombre; dicho de otra forma, fieles y sacerdote
tienen, en la medida que les corresponde, cada uno su función sacerdotal y juntos hacen parte
activa de la celebración eucarística, en la que ambos, ungidos por el bautismo –sacerdocio
bautismal- y el sacerdote –unción presbiteral-, se unen al Ungido para hacerse un solo cuerpo
y un solo espíritu, ofrenda agradable al Padre.

El hacer visible estos ritos en la ordenación de manera adecuada, puede convertirse


en un llamado a todo el pueblo de Dios, para seguir orando por aquellos en quienes Dios, a
través de la Iglesia confía sus sacramentos para que los administre, además de que
específicamente puede ser un fuerte llamado vocacional a quienes puedan sentirse movidos
a servir en este estado de vida.

13
GONZALEZ PADRÓS, JAUME. La ordenación: Una novedad de vida, pag 38
14
GONZALEZ PADRÓS, JAUME. La ordenación: Una novedad de vida, pag 39

9
Conclusiones

Podemos afirmar con toda certeza que el sacramento del orden en todas las
expresiones de su rito, manifiesta el don sagrado que el Señor ha depositado en las manos
del sacerdote, para que administre y extienda su Gracia a todos los fieles, por quienes se
ordena, a quienes apacienta, a quienes sirve y no de quienes se sirve (cf. Mt 20, 28).

Aunque ungidos todos en el Ungido, y con las distinciones propias de sus funciones
y servicio: los fieles quienes aportan los dones para el santo sacrificio de la Misa y el
sacerdote que los ofrece no en nombre propio, sino en nombre de todos; podemos también
expresar la unión tan estrecha entre unos y otros, entre fieles y pastores, pues los fieles sin
los presbíteros no podrían tener acceso a la santa Eucaristía, y los sacerdotes, en cuanto
ministerio ordenado, no tendría razón de ser sino fuera porque el sacramento que le ha sido
conferido, está en función de la salvación de las almas por quienes debe ofrendar su vida.

Los gestos propios de la unción y de la entrega del pan y del vino nos hablan –por
decirlo de alguna manera- de los instrumentos de trabajo del sacerdote, ya que es con sus
manos que confecciona el sacramento eucarístico, y es en sus manos que los fieles confían
no sólo el pan y el vino para el mismo, sino que también sus propias vidas para que él, como
intercesor entre Dios y los hombres, las presente junto a la suya, como ofrenda agradable al
Padre, por medio de Cristo, con Él y en Él (cf. 1 Pe 2, 5; Ef. 5, 2).

El llamado es siempre para los sacerdotes y para quienes nos formamos para ello, a
que nunca olvidemos que el ministerio sacerdotal es un don, no un derecho, un don sagrado
al que se debe corresponder con la debida fidelidad a lo que le ha sido confiado. Así lo nos
lo recuerda el papa Benedicto XVI cuando expresaba: ¿Cómo olvidar que nada hace sufrir
más a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos
que se convierten en “ladrones de ovejas” (cf. Jn 10,1 ss), ya sea porque las desvían con sus
doctrinas privadas, ya sea porque las atan con lazos de pecado y de muerte?15

El llamado también es para todos: sacerdotes y fieles, para que –en palabras también
del papa Benedicto XVI- con humildad elevemos una súplica necesaria e incesante al
Corazón de Jesús, para que preserve a los sacerdotes del terrible peligro de dañar a aquellos

15
Homilía en la inauguración del año sacerdotal, del viernes 19 de junio de 2009

10
a quienes deben salvar. También a valorar tan digno misterio de amor y de salvación como
lo son los sacramentos y, particularmente, la Santa Eucaristía, por la que, y por medio del
Sacramento Orden, nos es posible la actualización del sacrificio redentor de Cristo en la cruz,
porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no
perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16).

11
Bibliografía

 ALDAZABAL, J. Gestos y símbolos. Barcelona, 1989. 79


 BENEDICTO XVI. Homilía Misa Crismal, 13 de abril del 2006.
 BOROBIO, D. Una metodología para la explicación teológica de los sacramentos.
En: Phase 336, Barcelona, 2016.
 FRANCISCO. Homilía de la Misa Crismal 2019. En: www.vaticannews.va
 GONZÁLEZ, J. La Ordenación: una novedad de vida. Comentario a la liturgia de la
ordenación de presbíteros, Barcelona, 1985.
 GUTIÉRREZ, J. Estructura y configuración de los signos sacramentales. En: Phase
306. Barcelona, 2011.
 MULLER, G. La explicación teológica de los sacramentos. En: Phase 336,
Barcelona, 2016.

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