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Quienes no buscan convertirse en una potencia

más entre todas las potencias de este mundo, quienes


aspiran a destruir todas esas potencias, podrían
resumir su programa así: «Abajo el proletariado».

Evidentemente, no en el sentido de una oposición a los


proletarios en cuanto seres humanos; sino precisamente
porque solo rechazando ser un proletario es que se puede
pensar en ser un ser humano. Los revolucionarios no
proponen la mejora de la condición proletaria. Proponen
su supresión. La revolución será proletaria por quienes
la realicen y antiproletaria por su contenido.

ABAJO EL
PROLETARIADO
La adhesión a la servidumbre determinado? ¡Para nada! A falta de poder siquiera alcanzar a
los que prosperan pasándole por encima, el proletario descarga
El proletario encuentra en sí mismo el todo su resentimiento en aquellos a los que puede encontrar en
mayor obstáculo para su emancipa- cualquier esquina: jefes de poca monta, lúmpenes, desclasados
ción. Para el obrero, el verdadero y extranjeros. Se queja de que es él quien los mantiene, eso es lo
desastre es su complacencia ante que siente. Por esas mismas razones, se embronca con su pareja
la realidad de su miseria, su e hijos si no le dan las satisfacciones que espera y también si
forma de ir acomodándose no logran compensar, a través de un hogar impecable o por
encontrando consuelos para resultados escolares apropiados, su sentimiento de inferioridad
su impotencia. No obstante, social. El empleado se distanciará y diferenciará con orgullo
la experiencia le ha ense- del obrero, porque éste se ensucia las manos. Pero, en compen-
ñado que no existe ningún sación, él mismo será despreciado y puesto en la categoría de
recurso frente al sistema que parásito chupasangre. Aquel que está en el sindicato se sentirá
lo oprime y que no sabría superior al que no lo está todavía pero que conviene concien-
cómo poder quitárselo de tizar. En compensación, proporcionará al mundo un tema de
encima si no fuera por medio burla bastante fácil.
de la lucha. Pero no, prefiere Incluso cuando no está amargado, incapaz de reconocer lo
desahogarse en el vacío, travis- que hay de bueno en la vida, así como su propia cuota de suerte,
tiendo su pasividad en bronca el proletario, de todas formas, sigue siendo prisionero de su
mal dirigida. modo de vida limitado. Acepta su servidumbre hasta el punto
El fatalismo y la resignación reinan de reconocer, a determinada edad, que las cosas se mejoran
entre los trabajadores. Por eso se progresivamente, que la juventud descontenta debería saber
dice: «siempre habrá patrones». De reconocer los “logros obtenidos”.
hecho, siempre los ha habido; no hay Hay un sentimiento, aceptado en general, por los proletarios
mucha esperanza si se tuvo la mala suer- de todos los países. No es el internacionalismo, todo lo contrario,
te de haber nacido en el lado equivocado es el sentimiento de que se estaría peor en otra parte… «Más
de la sociedad. Es cierto que el proletario se vale aferrarse a lo que uno tiene, a su lugar, ya que “al lado”, y
enoja y que, de buenas a primeras, no acepta por el mismo trabajo…» El trabajador encuentra consuelo en
más una situación que él juzga insoportable ¿Pero la idea de haber encontrado, en medio de la infelicidad general,
lo hace con el objetivo de preparar un plan de acción su madriguera, su abrigo.
El trabajador lee poco y prefiere dejar que los demás lean en su lugar.
Llega al punto, incluso, de darse el lujo de despreciar a los intelectuales.
Les tiene recelo porque deben saber mucho —por lo que obtienen una
suerte de superioridad— o porque no tienen los pies puestos sobre
la tierra. Pero es raro que se considere a los intelectuales por lo que,
con frecuencia, son: cretinos diplomados y defensores del sistema. El
trabajador se da por satisfecho consumiendo por las mañanas, mientras
va a su trabajo, o por las noches frente a la pantalla, las mierdas
periodísticas hechas para él. Exige que se pongan a su nivel.
Aceptar el sentido común realista y práctico, es remitirnos a las
condiciones limitadas de existencia que producen ese sentido común y
no comprender qué es lo que produce y disuelve esas mismas condicio-
nes de existencia limitada. La teoría revolucionaria no tiene que alinearse
en la experiencia de los trabajadores, sino ser su superación. Más que
una manifestación de impaciencia es una fuerza de anticipación.

El trabajo sigue siendo la mejor policía. Mantiene a todo el de todas las actividades, la división del tiempo y el aislamien-
mundo a raya, embrutece e impide el desarrollo de la razón, de to de los seres humanos. Por un lado, la actividad productiva
los deseos, del gusto por la independencia. Esto es así porque el frecuentemente frenética, fraccionada —las necesidades de la
trabajo consume una extraordinaria cantidad de fuerza nerviosa, producción de capital— que hace del ser humano la carcasa
fuerza que es extraída de la actividad reflexiva, de los anhelos, del tiempo, un instrumento más entre todos los instrumentos
del amor. El trabajo presenta constantemente ante los ojos del disponibles. Por otro lado, el tiempo libre, adonde se supone
trabajador un objetivo mezquino, asegurando satisfacciones que el ser humano debe encontrar un sentido de pertenencia a
mediocres pero regulares. En consecuencia, en una sociedad sí mismo pero donde en realidad, domesticado por la educación
donde siempre se trabaja duro se tendrá mayor seguridad: hoy y embrutecido por el trabajo, se ve amputado de todo disfrute
en día se adora a la seguridad como divinidad suprema. por la obligación de pagar.
Existen todavía imbéciles que hoy día hacen la apología re- El consumo, y sobretodo los sueños, que sí pueden permitirse
pugnante del yugo laboral y que ni siquiera les sale de las tripas quedan fijados como el último de los consuelos. La obrera, la
rechazarlo. Aquel que se va moliendo la salud día tras día estará vendedora o la secretaria, fuera del tiempo consagrado a lamer
orgulloso de sus bíceps y se regocijará por no tener la necesidad vidrieras y a la lectura de fotonovelas, sacrifica toda su vitalidad
de practicar deporte para conservar la forma. En algunos talleres en elevar su rango social por medio de visibles esfuerzos de
reina una verdadera mentalidad olímpica. El salario a destajo tocador ¡La “feminidad” puede lograrse con plenitud y gozo
y los bonos de motivación no son siquiera necesarios para que gracias a los milagros de todas las mercancías accesibles! El
cada uno corra atrás de su pequeño récord. Abierto desprecio o deseo de ser tomada en consideración y la sumisa adhesión a
paternalismo para aquél que no es capaz o que simplemente le las representaciones serviles que se hacen de la mujer se entre-
importa una mierda. Sin embargo, es cada vez más difícil creer mezclan para engañarla mejor sobre la realidad de su destino.
que lo que se hace sirve para algo, y la indiferencia, incluso el El “hogar” obrero acaricia la idea de la morada en un barrio
asco por el trabajo, van ganando terreno. residencial que algún día le pertenecerá y donde se encontrará,
Pero aquel que deja de trabajar, con frecuencia, se las tiene por fin, “su techo”. Pero antes que nada está el automóvil. Sueña
que ver con su sentimiento de culpa. Enfermos o desocupados, con comprarlo, y después con cambiarlo. Es una medida de la
muchos tienen miedo de no estar a la altura, vergüenza de de- riqueza y del saber vivir, además provee un inagotable tema de
jarse estar. Aquel que se mide a sí mismo con la vara del trabajo conversación. Incluso si el obrero prefiere hablar con el mozo
cree tener que probar al mundo que no es un miserable y que acerca de los sinsabores que experimenta con su esposa mien-
tiene una utilidad social. En esto se pone el dedo en el carácter tras le muestra las fotos de sus hijos, es el mecánico, quien, en
fundamentalmente miserable de la vida humana: sin el trabajo última instancia, va a ocupar el rol de su verdadero confidente.
la vida ya no tiene consistencia, ya no tiene sentido ni realidad.
No es el interés por el trabajo lo que lleva al ser humano a
vender su fuerza de trabajo resignándose a no hacer nada más «Se trata de no conceder a los proletarios ni un solo
de su tiempo, sino la necesidad de un salario. El peso de la vida instante de ilusión o de resignación. Hay que hacer
cotidiana puede hacer creer que el acceso a las horas de espar- que la vergüenza se vuelva aún más vergonzosa ,
cimiento después del trabajo, e incluso la desocupación, son al exponiéndola. Debemos poner a bailar juntas estas
relaciones petrificadas bajo los dictados de su propia
fin y al cabo una liberación. Basta con volverse desocupado
melodía. Hay que enseñarle al proletario a tener miedo
o jubilado para constatar todo lo contrario. La jubilación o la
de sí mismo con el fin de darle coraje.»
desocupación son el trabajo humano a nivel cero.
La miseria moderna no se expresa por la falta de ocio o por la (Marx, Manuscritos de 1844)
penuria en bienes de consumo, sino por la separación forzada
El obrero desconfía de la política con frecuencia, pero muy
rara vez decide elevarse a la crítica de la política y de los políticos.
Inflado en su orgullo por la importancia momentánea que la
política le confiere y excitado por el cariz deportivo que toma
el asunto, no rechaza hacer la cola y depositar su voto. Basta
con que el viento de “la unión nacional” comience a soplar para
que todas sus ilusiones, aparentemente extinguidas, se reaviven.
Poco importa que la izquierda haya regularmente traicionado
las esperanzas que las masas depositaban en ella, que los social-
demócratas las hayan enviado a la guerra, que haya participado
de las peores maquinaciones burguesas, o apoyado la represión Los obreros ocupaban las fábricas «pero la fábrica
colonial. En cuanto a los pretendidos comunistas, desde el ocupaba a los obreros, quienes, de este modo, no
momento que llegan al poder, no hacen más que desatender y eran arrojados a la calle para terminar arropados
abandonar la defensa de los intereses obreros: apelan a arreman- por esos cortejos que derivaban, a veces, en
garse y no dudan en reprimir físicamente al proletariado, como incidentes violentos y sangrientos.» (L. Blum)
en Kronstadt, Barcelona, Budapest… ¿Pero qué sabe el obrero
sobre la historia de las luchas proletarias? Sobre la Comuna de
París, sobre la revolución rusa, sobre las huelgas bajo el régimen El diseño de la servidumbre
del Frente Popular apenas conoce las caricaturas y los cuentos Protestar y reivindicar también son parte del rol del obrero y de
de hadas que el aparato político y los maestros de izquierda su impotencia. Impotencia, desconexión de la realidad y falta de
tramaron y compusieron para su propio uso. perspectiva a los que su trabajo lo condiciona. Pasivo y aislado,
Si adhiere a un partido estalinista, el “trabajador” denunciará acepta entregarse a los aparatos burocráticos con la esperanza
la ganancia desmedida de los monopolios y las especulaciones de encontrar la conexión de la que carece.
descaradas de los promotores inmobiliarios. Pero nunca entiende El trabajador, cuando reivindica algo en el seno de esas “or-
el verdadero papel social del patrón y la ganancia del capital. ganizaciones responsables”, está reafirmando el fundamento de
No verá más que robos, parasitismo, abusos de las “doscientas su propia miseria ¿Qué reclama? ¿Pan? ¿Espacio? ¿Máquinas
familias”, pero para nada, las funciones económicas que se deben que hagan el trabajo? ¿Los medios necesarios para gozar de
liquidar socavando sus bases: el capital y el trabajo asalariado. su vida, encontrarse con amigos, actuar y producir para ellos
Desde el momento en que exista un país modelo y socialista, y con ellos? No. Lo que reclama tozudamente es la garantía de
Suecia o Cuba dependiendo de los gustos, las fastuosidades, las poder trabajar, de dejarse explotar en los trabajos forzados del
oficinas suntuosas, las dachas al servicio del pueblo enseguida le sistema asalariado y, en compensación, una disminución de la
parecerán más honestas. No importa cuál burócrata grasiento edad jubilatoria, para que los jóvenes puedan también hacer
sea un “dirigente obrero”, ese modo de vida se convertirá en una uso de su derecho al trabajo mientras los viejos pueden ir pre-
cuestión de dignidad obrera. En los países donde el proletariado parando tranquilos su entierro. Reclama que el obrero llegue a
ejerce su dictadura ¿cuál no será la satisfacción del obrero, por tener que venderse para obtener con lo que subsistir, obligado
la mañana en la fábrica cuando levanta su gorra delante del y constreñido por el entorno económico; o sea, que una vez en
capataz, sabiendo que de hecho es propietario de su empresa, el trabajo, tenga que hacer todo lo que está a su alcance para no
y, en última instancia, el superior de sus superiores? dejarse arruinar la salud, que tenga que pelear constantemente
El enemigo del proletariado no es tanto el poder de los ca- persiguiendo actividades que le sean más provechosas y para
pitalistas o de los burócratas como la propia dictadura de las reducir el tiempo durante el cual es explotado, evidentemente.
leyes de la economía sobre las necesidades, las actividades y la Estas actitudes, que de hecho tienen que tener en cuenta el medio
vida de los seres humanos. La contrarrevolución moderna se capitalista, no tienen nada que ver con el derecho al trabajo y
centra en la defensa de la condición proletaria y no tanto en el derecho a la jubilación.
el mantenimiento de los privilegios burgueses. Con la ayuda Las reformas no son conquistas del proletariado sino mejo-
de sus representantes políticos y sindicales, y en nombre del ras, un rediseño ¿reajuste? que el sistema se ve en la necesidad
proletariado, se intenta salvar a la sociedad capitalista. de ejecutar para asegurar su supervivencia y progresión en el
tiempo. Generalmente, lo que hace —a veces
«Pero para los proletarios que sometido a la presión de las masas— no es
se dejan entretener con ridículos más que liquidar sus anacronismos. El refor-
paseos por las calles, con planta- mismo obrero solo cubre las necesidades de
ciones de árboles de la libertad, con desarrollo del capital, en particular aquella
resonantes frases de abogados, ha- de tener que tratar relativamente bien a la
brá, de primero agua bendita, luego fuerza de trabajo para poder explotarla con
mayor saña.
injurias, y finalmente metralletas, la
La crisis, con los conflictos que trae apare-
miseria siempre.» (A. Blanqui)
jados, constituye un momento de esperanza
para arribistas y burócratas, que intentan, en-
tonces, hacerse de los mejores puestos que la
acción del proletariado deja libres. Esto podemos constatarlo trabajadores a “su” empresa. Concretamente, esto se traduce en
en la revolución rusa donde el partido bolchevique hizo recular, la acción de comités examinando las cuentas, dentro de cada
algunas veces militarmente, a las fuerzas vivas de la revolución empresa, controlando al patrón o a la dirección, vigilando la
hasta restaurar el orden capitalista y la disciplina en las fábricas; producción y las actividades comerciales todo a la vez. Con esto
así como en las revoluciones alemana (1918/1923), española se da por supuesta una suerte de economía eterna cuyas leyes
(1936/1937)… serían más o menos idénticas tanto en el capitalismo como en
Aquellos que encuentran en la impotencia y la atomización el comunismo: los trabajadores tendrían entonces que aprender
de los proletarios los cimientos de su poder de negociadores las reglas de la administración y del comercio. La lógica de la
de la fuerza de trabajo son los mejores defensores de la socie- mercancía se impone, lo determina todo: qué se fabricará, cómo,
dad de explotación. Su programa es la gestión de la condición etc… Pero para el proletariado el problema no es reivindicar la
proletaria. Bien pueden gritar a los cuatro vientos “¡Viva el “concepción” de lo que hoy solamente se encargaría de “fabricar”.
proletariado!” ya que, precisamente ¡viven del proletariado! Y En el mejor de los casos la solución sería sinónimo de autoges-
si estos herederos del fracaso de las insurrecciones proletarias tión del capital. El ejemplo de Lip es elocuente: hasta las tareas
pueden darse a publicidad sin vergüenza es porque han pros- del patrón se convirtieron en tareas de los obreros. Además del
perado gracias a haber sepultado a aquellas. proceso material, se encargaron de la comercialización. Justa-
mente los problemas que puede traer la “gestión”, en una sociedad
Una gran ilusión, la autogestión no mercantil, no tienen nada en común con ello. Pretender que
El capital ha mercantilizado todas las relaciones sociales. Pero los trabajadores puedan aprender algo gracias al control obrero
este mismo movimiento ha tornado frágiles los mecanismos es un absurdo: el mismo solo puede enseñarle gestión capitalista,
de regulación del sistema e inestables los equilibrios sobre los sean las que sean las intenciones de quienes lo hacen.
que descansa la acumulación, sean éstos monetarios, sociales, Promocionada por los ideólogos de la nueva ola, la autogestión
demográficos o ecológicos. La crisis de 1929 llegó luego del aplas- se engalana con el atractivo de la utopía. Pero que triste utopía
tamiento del proletariado (fracaso del período revolucionario es que la confusión de un capitalismo sin capitalista se sume al
de la década del 20), sin embargo, la que hoy vivimos llega en ridículo de trabajadores entusiasmándose mañana por lo que
una época en la cual el proletariado redescubre su fuerza. Un hoy les es indiferente: el trabajo asalariado… De cara a futuros
enfrentamiento decisivo se prepara. desbordes, la izquierda democrática ve en la autogestión un
El sistema capitalista vive del proletariado como ninguna otra discurso que la fortifica, que le permite aparecer más acabada
sociedad de clase lo hizo con sus esclavos. La clase fundamental para reabsorber un movimiento que se anuncia amenazante.
del capitalismo es el proletariado y no la burguesía. En tanto haya
proletariado, habrá capitalismo y, de hecho, el carácter revolu-
cionario del capitalismo es extender el proletariado, es decir la
expansión de la clase que es la disolución de todas las clases, la
clase que solo puede reconquistar su humanidad y apropiarse
de su mundo, disolviendo su propia esencia y destruyendo el
capital. El proletariado es empujado a la acción especialmente
porque, con la crisis, el movimiento obrero se vuelve incapaz
de seguir reformando el trabajo asalariado. En relación con sus
ancestros y con quienes viven en la miseria en el tercer mundo,
los explotados de los países desarrollados son relativamente
mimados. Sin embargo, la transformación revolucionaria que
vendrá dependerá de ellos, porque la distancia entre lo que es
y lo que podría ser posible es mayor que nunca. Esta distancia,
tengan o no los proletarios alguna consciencia de ella, es de todas
formas una contradicción que los incita y los incitará cada vez
más a actuar para salir de tal situación.
A falta de poder ofrecer a los desposeídos una ideología bur-
guesa, propietaria, moral o religiosa, se les presenta una ideología
proletaria: el socialismo, la autogestión. La generalización del
trabajo asalariado ha destruido los viejos valores de la propiedad
y obliga al capital a priorizar el acceso a responsabilidades, el Les amis du potlach
enriquecimiento de tareas, la democratización del poder en la Francia, 1979
empresa, la participación. Sobretodo cuando las dificultades
económicas hacen más dolorosas las compensaciones a los Traducido por
trabajadores en dinero constante y sonante.
El problema de la gestión solo puede ser central en un universo Proletarios Internacionalistas
parcializado, fraccionado y atomizado, donde los seres humanos 1° de mayo de 2019
se ven impotentes frente a la necesidad económica. Los autoges-
tionistas y otros apóstoles del control obrero buscan atar a los proletariosinternacionalistas.org