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Las protestas urbanas y el autismo estatal

Por: Juan Huaylupo Alcázar - 25 Noviembre, 2019 - En Opinión

Protestas en Costa Rica. Archivo

En Costa Rica se ha impuesto mediáticamente la idea que las protestas sociales no deben lesionar la
circulación vial de las personas, y ello en parte, también ha sido internalizado en algunos sectores sociales
urbanos. ¿No se tiene, no se puede o no se quiere que se ejerza el derecho a protestar? Las demandas en
las calles no son invenciones antojadizas, menos aún, cuando se reclaman derechos que son irrespetados
o son indiferentes para las autoridades estatales que tienen la obligación de respetar y hacer respetar las
leyes y la Constitución de la República.

Las protestas son respuestas públicas, contra el ente que debe solucionar las problemáticas ciudadanas.
¿Acaso se quiere eliminar toda protesta social y dejar incólumes a los agresores de los derechos
ciudadanos? ¿se sugiere demandar jurídicamente al Estado y esperar el sueño de los justos por una
respuesta?, ¿por qué no sancionar de oficio los transgresores de los derechos ciudadanos? ¿se imagina
que los problemas se solucionan solos, sin oposición ni protestas que no molesten y pasen desapercibidas
para todos? ¿existe alguna protesta que no moleste a nadie?

La inmunidad de quienes violentan del Estado de derecho, ha convertido a los delincuentes en jueces y
verdugos contra los que protestan. Esto no puede ser aceptado ni justificado, es un absurdo, aun cuando
ocasione molestias, miedos y violencia del poder e incluso cuando, los protagonistas no sean del agrado
de todos, por ser personas de otro color, indígenas, mujeres, campesinos, profesores, estudiantes,
sindicalistas, desempleados, migrantes o la población LGTBI.

Los abusos, impunidad y la prepotencia del poder político y del liberalismo económico en Chile, ha
ocasionado que, ayer y hoy, la ciudadanía se rebele contra la privatización de la función pública, el
desfalco permanente a los sectores medios y populares y el secuestro, tortura, violación y desaparición
de quienes piensan y protestan. Luego de 44 años, la población ha superado el miedo al poder, a la
violencia, a las leyes que transgreden los derechos colectivos, al fundamentalismo de las religiones y de
los procesos administrativos despojados de racionalidad y humanismo, consumidos por el mecanicismo
formalista. Hace un mes que en Chile se protesta diariamente, en una lucha desigual, que cubre de luto y
dolor a los que se han atrevido a superar los miedos, agregando más repudio a un gobierno que se creía
omnipotente.

Aquí también son muchos años de imposición de poderes liberales que se creen monárquicos. ¿Acaso se
está fomentando la provocación para liquidar toda oposición al poder en Costa Rica? ¿por qué cuando se
protesta y ocasiona la incomunicación vial, los medios hacen escarnio de las demandas
independientemente de su pertinencia? ¿hasta cuándo se puede seguirse culpando a los pobres,
trabajadores y sectores medios de los desmanes de la administración financiera estatal, de los privilegios
a los propietarios del capital y del poder del gobierno, del poder legislativo y el judicial?

Los ticos hemos construido una sociedad más igualitaria y democrática que es reconocida como un rasgo
identitario, aunque los historiadores no lo destaquen suficientemente, nuestra memoria histórica y la
calidad vida conquistada, son los mayores adversarios contra los excesos del poder en el presente.

La ciudadanía ha sido dividida, se hacen denodados esfuerzos para que seamos insolidarios e ignorantes
de lo que sucede a los otros, del sentido y pertinencia de nuestras instituciones, etc., pero ese relativo
aislamiento, no siempre fue así, Costa Rica fue un ejemplo temprano de Estado Social en toda América
Latina, inauguró la política pública, aun cuando no se teorizaba sobre ella, como lo evidencian los logros
el Código de Trabajo -progresista e innovador en su tiempo-, la creación de la CC.SS. del cual depende
la salud pública, o la educación gratuita y universal. Así como, recordamos la solidaridad del pasado e
incluso de las demandas y movilizaciones por vivienda popular que se hacían a inicios del siglo pasado,
que sin existir Ministerio de Vivienda fueron atendidas por CC.SS., o haber eliminado el ejército cuya
acción reviste cada vez más importancia en el presente, a pesar de los años transcurridos. Asimismo, el
haber permitido la presencia de la población afrodescendiente en San José, o el derecho al sufragio de
las mujeres, etc., fueron alcanzadas en momentos previos, durante y posteriores a la Guerra Civil de
1948, y son muestras de que los derechos no han sido regalos, fueron conquistas de las nuestras familias,
del pueblo costarricense, las cuales se lograron con luchas y protestas que también incomodaron a
quienes las adversaban.
No es digno de un pueblo orgulloso de su identidad ni de un gobierno que aspire a representarlo, ignorar
lo que ha garantizado históricamente nuestro estilo de desarrollo y de vida. Las protestas, la oposición y
la crítica son consustanciales de toda democracia. El consenso en la desigualdad e inequidad es una
ficción política del autoritarismo.

(*) Juan Huaylupo Alcázar es catedrático de la Facultad de Ciencias Económicas. Universidad de Costa
Rica.

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