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EL 17 DE OCTUBRE DE 1945

Y SU PROYECCIÓN A LA ARGENTINA DE NUESTROS DÍAS

La historia tiene un valor importante en la vida de los pueblos. Su valor


trascendente es el de vivificar permanentemente en la conciencia y en el espíritu de las
nuevas generaciones las raíces que cimentan su pertenencia social y su identidad
nacional. Un pueblo sin historia, es un ente sin espíritu crítico, un objeto de la sociedad
de consumo, en suma, un número a merced de los vaivenes especulativos de los
mercaderes del voto y de los políticos de ocasión, cada vez más divorciados de las
ideologías, de los principios, de los programas de gobierno y del protagonismo popular.
También es cierto que, no existe una sola historia y que, así como existe una historia
oficial ligada a los patrones ideológicos del conservadorismo liberal, existe otra historia,
la historia real, construida por el protagonismo colectivo y por aquellos que se
identificaron e identifican con su causa. La contradicción dialéctica entre el pueblo y la
oligarquía tiene raíces históricas y diferencias no resueltas, y ello es así porque,
mientras impere el sistema liberal-capitalista y la férrea oposición de los amanuenses
de la oligarquía y de la dependencia, subsistirá la injusticia social para los desposeídos
que son los más y estarán latentes las rebeldías que más tarde o más temprano,
seguramente, tendrá por colofón un nuevo 17 de Octubre.-

El 17 de Octubre, el PERONISMO y los sectores del campo nacional y popular,


celebramos el sexagésimo quinto aniversario de uno de los hitos más trascendente de
la vida política nacional. Ese día, no sólo se produjo la irrupción política del naciente
proletariado industrial sino también, se suscribió el acta fundacional del quizás más
importante movimiento de masas de América Latina, inspirado en el objetivo
estratégico de la liberación nacional, de la justicia social, y de la integración continental
de la Patria grande soñada por San Martín y Bolívar.-

Para comprender el significado histórico del 17 de Octubre de 1945 y su


proyección política a la Argentina de nuestros días, se impone recordar que, la
movilización popular del 17 de Octubre, fue el corolario de un largo proceso político
signado por el fraude y el contubernio, por la entrega del patrimonio nacional al capital
extranjero y por la consolidación de un modelo de país al servicio de los espurios
intereses de una oligarquía reaccionaria y contraria a los intereses de la Nación.-

El 16 de setiembre de 1930, con olor a petróleo (se debatía en el senado


conservador la nacionalización de las riquezas petroleras), el ejército, de la mano de
José Félix Uriburu derrocó al gobierno democrático y popular de Hipólito Irigoyen.-

El otrora glorioso partido de Alem y de Irigoyen, ganado por el Alvearismo (ala


conservadora del partido Radical), se convirtió a partir de 1930 en un instrumento más
al servicio de los intereses de la oligarquía y el imperialismo dominante. La Ley de
Coordinación de Transportes, las leoninas concesiones a la CADE (llámese SOFINA
INTERNACIONAL) y a la CIAE para la explotación del servicio eléctrico del Gran Buenos
Aires, el Pacto Roca – Runciman, y la creación del Banco Central según el modelo del
inglés Sir Otto Niemeyer, constituyen el testimonio de una época en que, radicales,
conservadores, socialistas independientes y demócratas progresistas (llámese
partidocracia liberal), hacían causa común en favor de los intereses de la oligarquía
terrateniente, de los grupos ligados al control oligopólico de la comercialización
externa, de los frigoríficos ingleses, y de los grupos extranjeros que, en condiciones
monopólicas, explotaban el petróleo y los servicios de electricidad, seguro y reaseguro,
transporte y gas. El convidado de piedra en el festín de la democracia liberal -viciada
por el fraude y la corrupción- era el pueblo, sometido a condiciones de inhumana
explotación social en los cañaverales tucumanos, en los yerbales misioneros, en los
obrajes chaqueños, en los frigoríficos y en las plantas fabriles de la incipiente industria
radicada en el Gran Buenos Aires.-

Agustín P. Justo, Marcelo T. De Alvear, Roberto M. Ortiz y Ramón S. Castillo, son las
figuras emblemáticas de esta triste etapa de la historia nacional a la cual el historiador
José Luis Torres denominó acertadamente “DECADA INFAME”, magistralmente descripta
por Raúl Scalabrini Ortiz, en los siguientes términos: “hemos asistido a un verdadero
cataclismo de la nacionalidad. Ha ocurrido ante nuestros ojos un hecho histórico más
importante que cualquiera de las invasiones inglesas. Hemos presenciado la
transformación de nuestra Patria, que tenía una economía maltrecha llena de
infiltraciones extranjeras, pero que conservaba a pesar de todo un tono y una
independencia, EN UNA FACTORIA ABSOLUTAMENTE DOBLEGADA A LA VOLUNTAD DE
GRAN BRETAÑA”.-
Próximo a concluir la década del 40 y en el marco de un proceso signado por
espurios acuerdos de cúpulas, el contubernio partidocrático – liberal, se aprestaba a
consagrar la candidatura presidencial del conservador Robustiano Patrón Costa, símbolo
del continuismo del “régimen falaz y descreído” y garante de la proyección en el
tiempo de una de las etapa más oprobiosas de la historia política nacional. Sobre el
particular dice José María Rosas: “Castillo se preparaba a repetir el fraude que en 1937
instaló al Dr. Ortiz y a él en la Casa Rosada. Patrocinaba la candidatura de Robustiano
Patrón Costa, gran terrateniente y dueño de ingenios azucareros, vinculado al capital
financiero británico”.-

La neutralidad argentina durante la Primera Guerra Mundial y durante casi todo el


tiempo que duró la 2da. Conflagración Mundial, coadyuvó para que se modificara la
estructura económica y social de la de Buenos Aires y de otros centros importantes del
país. La Argentina agro–importadora, basada en la apropiación latifundista de las
mejores tierras de la Pampa húmeda, vio nacer y crecer cientos de pequeños
establecimientos fabriles y a su influjo, se produjo la masiva migración de los habitantes
del interior provinciano. El hombre del interior se convirtió en asalariado, en parte del
naciente proletariado industrial de un país en el cual, ni la partidocracia liberal
conservadora (radicales, conservadores, socialistas independientes, demócratas
progresistas, etc.) ni el débil y fracturado sindicalismo (anarquistas, socialistas y luego
comunistas, ajenos a la cuestión nacional) le ofrecían espacios y respuestas a sus
legítimas aspiraciones sociales. Este fenómeno económico y social, será fundamental al
momento de producirse los hechos políticos que tendrán su colofón el 17 de Octubre de
1945. Sobre este aspecto es importante traer a la memoria la versión clarividente de
ese gran escritor nacional llamado Juan José Hernandez Arregui: “Perón logró
rápidamente el sostén de un sector social hasta entonces excluido, la clase obrera de
origen provinciano sin ligazón con el débil, anárquico y extranjerizante movimiento
sindical de la ciudad – puerto. El desarrollo industrial explica el gran movimiento de
masas que desembocó en Perón. En 1941, el número de obreros industriales ascendía a
927.000. En 1945 a 1.238.000. En 1943, la CGT contaba con solo 200.000 afiliados. La
gran mayoría de los trabajadores de mantenía indiferentes o marginales a la
organización sindical, que habría de llegar durante el régimen de Perón a los 6.000.000
de afiliados”.-

En este contexto histórico (político, económico social y cultural), sectores del


ejército, contrarios al continuismo de la democracia fraudulenta, de la dependencia
económica neocolonial y del ultraje social al cual eran sometidos millones de
trabajadores, protagonizó el golpe de Estado del 4 de junio de 1943. En su seno, tal
como ocurría en el resto de la sociedad, convivían ideas políticas disímiles, profundas
contradicciones que con el tiempo harían crisis. El liderazgo de la asonada militar del 4
de junio de 1943, lo tuvo el Grupo de Oficiales Unidos o Grupo Obra Unificación (GOU),
una logia militar identificada con la democracia popular (sin los vicios del fraude y de la
corrupción) y con la neutralidad frente a la 2da. Conflagración Mundial. El liderazgo
ideológico del GOU sin duda lo detentó Perón, que no tuvo reparos en definir sin
ambages, su ideario revolucionario, en la Conferencia del 7 de agosto de 1945 en el
Colegio Militar de la Nación: “... la revolución rusa es un hecho consumado en el
mundo. Hay que aceptar esa evolución. Si la revolución francesa terminó con el
gobierno de las aristocracias, la revolución rusa terminó con el gobierno de las
burguesías. Empieza el gobierno de las masas populares... Si hemos guerreado durante
veinte años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que
nuestros antepasados y debemos pelear otros veinte años, si fuera necesario, para
obtener la independencia económica... sin ella seremos siempre un país semicolonial”.-

Tras el golpe de Estado de 1943, asumió la presidencia de la Nación el Gral. Arturo


Rawson, a quien luego sucedieron los generales Pedro Pablo Ramirez y Edelmiro J.
Farrell. La indiscutida gravitación política del Coronel Perón, lo llevó a acumular
simultáneamente (durante la Presidencia de Farrell) la Vicepresidencia de la Nación, el
Ministerio de Guerra y lo más importante, la Secretaría de Trabajo y Previsión. Desde
esta Secretaría de Estado, el Coronel Perón desarrolló su política social de acercamiento
de la revolución de junio a la clase obrera. No fueron palabras sino hechos los que
provocaron la simbiosis histórica de Perón con los trabajadores: El Estatuto del Peón, el
aguinaldo, la extensión de las jubilaciones a la casi totalidad de los trabajadores (un
privilegio reservado a una minoría), la creación del fuero laboral (tribunales del trabajo),
la creación del Instituto de las Remuneraciones, y la primera Ley de Asociaciones
Sindicales, y con ella el andamiaje jurídico que convertiría en el futuro a los
trabajadores en "factores de poder” de la vida política nacional, son hechos que,
sumados a una comunicación directa con el pueblo, forjaron el liderazgo revolucionario
de Perón; un liderazgo no digerido por la inveterada alianza de la oligarquía nativa con

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el imperialismo anglo – norteamericano. Sobre el particular es importante el siguiente
razonamiento del historiador y ex Rector de la U.B.A, Rodolfo Puiggrós: “Ni el gobierno
ni la oposición imaginarían que, al asumir al Secretaría de Trabajo y Previsión, el
Coronel Perón recibió las llaves del futuro político del país...”, y recuerda: “los políticos
se burlaban del advenedizo, cuya demagogia –vaticinaban- se estrellaría frente al
espíritu democrático de nuestro pueblo”.-

La ascendencia política de Perón sobre la clase obrera, su creciente prestigio y


fundamentalmente su ideario revolucionario, concitaron con la misma fuerza la
adhesión de las masas y el airado encono de los epígonos de la oligarquía dominante y
del imperialismo anglo-norteamericano. La contrarevolución oligárquica metió su cuña
en las FF.AA. y durante los primeros días del mes de octubre de 1945, desde la
guarnición de Campo de Mayo, se impuso al Presidente Farrell la destitución de Perón
de todos los cargos que detentaba en el gobierno, incluyendo naturalmente la
Secretaría de Trabajo y Previsión. Para evitar a Farrell el costo político de su destitución,
Perón presentó su renuncia a todos los cargos públicos y solicitó su baja del ejército. No
fue suficiente –había que aislarlo de sus pares leales del GOU y del movimiento obrero-
y el 10 de octubre, los sectores oligárquicos de las FF.AA. exigieron y lograron de
Farrell ordenara su detención en la Isla Martín García. Tal insólita y extrema
determinación, constituyó el detonante de la más extraordinaria movilización de masas
que haya registrado la historia política de nuestro país, no sólo por lo cuantitativo sino
también por su espontaneidad y por su potencialidad revolucionaria. El 17 de Octubre
de 1945, el pueblo cerró el ciclo de la democracia fraudulenta, del coloniaje económico
y de la injusticia social, e inauguró una nueva etapa signada por la soberanía política, la
independencia económica, la justicia social, y por la integración con los pueblos de
América Latina, en el marco de una política exterior de no alineamiento con las
potencias dominantes de post guerra (EE.UU y la URSS).-

La destitución de Perón y su detención en la Isla Martín García, no fue obra de la


casualidad ni el resultado de una interna castrense sino, el corolario de la presión
política ejercida sobre los mandos militares por la oligarquía y el imperialismo. En
setiembre de 1945, inspirado y alentado por el embajador de EE.UU. Spruille Braden (un
sedicioso al servicio del Grupo Rockefeller y de la Standard Oil) los referentes
emblemáticos de la oligarquía: Nicolás Repetto, Antonio Santamarina, Ernesto
Sanmartino, Alfredo Palacios, Federico Pinedo, Americo y Rodolfo Ghioldi, entre otros,
encabezaron la “Marcha de la Constitución y de la Libertad”. Más de 250.000 personas,
convocados por Radicales, Socialistas, Demócratas Progresistas, Conservadores y
Comunistas (llámese Unión Democrática) reclamaron la destitución y la cárcel para el
nazifascista Perón. En aquellos días, nuestra Patria se polarizaba en dos bandos: los
defensores de la democracia fraudulenta y de la Argentina factoría de Gran Bretaña, y
los defensores del pueblo y de la clase trabajadora, liderado por un hombre que -capaz
de comprender la realidad política y social de su época y de concitar la adhesión de las
masas excluidas por el viejo sistema- asumía el liderazgo indiscutido de una nueva
etapa de la vida política, económica y social de la Nación.-

La “Marcha de la Constitución y de la Libertad”, la presión para que el gobierno


fuera transferido a la Corte Suprema y por fin, la renuncia de Perón y su detención en
Martín García, despertó la conciencia colectiva del pueblo trabajador, de los millones de
compatriotas para quienes el General significaba la esperanza de un futuro mejor. Se
instalaba en la Patria una contradicción dialéctica que, se prolongaría a lo largo de tres
décadas (aún no resuelta), y que dejó para las futuras generaciones la gran lección de
que los argentinos somos capaces de construir: una PATRIA, SOCIALMENTE JUSTA,
ECONÓMICAMENTE LIBRE Y POLÍTICAMENTE SOBERANA, sin tutorías foráneas.-

¿QUÉ OCURRIÓ EL 17 DE OCTUBRE DE 1945? Miles de trabajadores, a lo largo y a


lo ancho de la Patria y muy particularmente en la Capital Federal y en el Gran Bs.As. –
desbordando las previsiones racionales de los profesionales de la política, el análisis
serio de la prensa servil a los designios de la oligarquía (La Nación de los Mitre y La
Prensa de los Gainza Paz), y las frías elucubraciones de la intelligentzia forjada en la
universidad autónoma-, ganaron las calles al grito de : ¡“PERON, PERON....”! y ¡“PATRIA
SÍ, COLONIA NO”! . Son las masas sudorosas que provienen de lo más recóndito del
suelo patrio, son los “cabecitas negras” del interior provinciano devenidos en
proletarios de la naciente industria nacional, son los asalariados explotados en los
frigoríficos y en los ferrocarriles ingleses, son los esclavos de los cañaverales
tucumanos (futuros forjadores de la FOTIA) y de los obrajes chaqueños, los “mensu” de
la lejana Misiones. Para comprender y palpitar qué fue aquél memorable 17 de Octubre,
se impone recuperar del olvido el relato de un patriota incorruptible, de un intelectual
comprometido e ignorado por la dirigencia política de nuestros tiempos y por los

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grandes medios de comunicación social (en particular los oficiales), a quien Gral. Perón
alguna vez reconoció había ejercido “la primera magistratura moral de la República”,
don Raúl Scalabrini Ortiz: “... El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo cuando las
primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina,
porque acudían directamente desde sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre
un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábitos de
burgués barato. Frente a mis ojos desdilaban rostros atezados, brazos membrudos,
torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de
restos de brea, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la
impetración de un solo nombre: PERON... Un pujante palpitar sacudía la entraña de la
ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes
continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de
Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las
fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los
pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora... Era el subsuelo
de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera
vez en su tosca desnudez original, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la
conmoción del terremoto...”. “..Aquél día yo ví el rostro de la historia en toda su
esplendorosa plenitud. Yo era uno cualquiera que sabía que era uno cualquiera y sin
embargo, como un tremendo vendaval, me sacudía el orgullo de estar abriendo el
cause de los tiempos venideros”. Para Scalabrini Ortiz, el pueblo del 17 de Octubre fue
“el subsuelo de la Patria sublevado”, como contrapartida, para el conservador Ernesto
Sanmartino: “el aluvión zoológico” y para la Unión Democrática de Braden: “hordas de
desclasados que hacían de vanguardia del presunto orden peronista”. Así fue
caracterizado el pueblo de aquél 17 de Octubre por un intelectual del campo nacional, y
por aquellos que representaban a la decadente partidocracia liberal de la época.-

Una página especial en el relato de lo que fue el 17 de Octubre de 1945 lo merece


EVA PERON. Con su férrea e inclaudicable voluntad, con su notable clarividencia
política, con su adhesión casi mística a la causa a la cual se aferró hasta el momento
que exhaló su último hálito de vida, EVITA salió a la calle buscando lo que precisamente
ocurrió el 17 de Octubre: la presencia multitudinaria de las masas, clamando por la
libertad de PERON, paso previo al poder y a la revolución. El relato de su experiencia
personal, aventa toda duda sobre su protagonismo militante y desvirtúa la insidiosa
calumnia de sus detractores: “Me largué a la calle buscando a los amigos que podían
hacer todavía alguna cosa por él... Anduve por todos los barrios de la ciudad . Desde
entonces conozco todo el muestrario de corazones que laten bajo el cielo de mi Patria.
A medida que iba descendiendo desde los barrios orgullosos y ricos a los pobres y
humildes las puertas se iban abriendo generosamente, con más cordialidad. Arriba
conocí únicamente corazones fríos, calculadores, prudentes, corazones de hombres
comunes, incapaces de pensar o de hacer algo extraordinario, corazones cuyo contacto
me dio náuseas, asco y vergüenza... desde aquél día pienso que no debe ser muy difícil
morir por una causa que se ama... o simplemente morir por amor”.-

Aquel 17 de Octubre, produjo entre otros fenómenos, no sólo el despertar de la


conciencia nacional, social y revolucionaria de los argentinos sino también, la
incorporación al naciente movimiento de figuras emblemáticas de la cultura nacional
tales como Arturo E. Sampay, Arturo Jauretche, Homero Manzioni, Leopoldo Marechall,
Rodolfo Puigros, Juan José Hernandez Arregui y el propio Scalabrini Ortiz, intelectuales,
cuya literatura militante hizo posible la proyección en el tiempo de la Revolución
Peronista y cuya memoria debe tener nuestro eterno reconocimiento.-

Ahora bien, el 17 de Octubre de 1945, no hubiera tenido la trascendencia histórica


que tiene hoy, sin los libérrimos comicios del 24 de febrero de 1946 y sin la reforma
constitucional de 1949. En efecto, las banderas del 17 de Octubre, no hubiesen tenido
concreción revolucionaria sin el Gral. PERON en el poder, sin el control de los órganos
de gobierno creados por la Constitución Nacional. Para concretar la revolución de
Octubre, había que llegar a la Presidencia de la Nación y al control del Parlamento,
sortear los límites de la Constitución liberal-burguesa de 1853, y la oposición de los
sectores oligárquicos-conservadores liderados por el Radicalismo unionista.-

Sin estructura política, sin cuadros avezados en la práctica electoral, sin otra
fuerza que el sentimiento, la gravitación del número y la voluntad política de triunfar, el
naciente Peronismo se lanzó a la lucha por el poder. Utilizando dos estructuras políticas
creadas de apuro: UCR Junta Renovadora (Quijano, Busto Fierro y Saadi, entre otros) y
el Partido Laborista (Luis Gay, Luis Monsalvo y Cipriano Reyes, entre otros), el
Peronismo emprendió la lucha electoral a lo largo y a lo ancho de la Patria.-

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Debía derrotar nada más y nada menos que, a la entente oligárquica que había
promovido la destitución política de Perón, liderada por Spruille Braden, embajador de
EE.UU. y luego Secretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos. El 9 de febrero de
1945, la denominada Unión Democrática consagró la fórmula Tamborini-Mosca (ambos
de extracción radical), y el 14 de febrero del mismo año el naciente Peronismo consagró
la fórmula PERON – QUIJANO. Quedaba así instalada la opción BRADEN O PERON-
PUEBLO U OLIGARQUÍA.-

Echando por tierra la euforia de los epígonos de la oligarquía y las predicciones


optimistas de la prensa servil, el PERONISMO triunfó en todo el territorio nacional, salvo
en nuestra provincia, donde se alzó con el triunfo una coalición conservadora
(autonomista - liberal - radical), catapultado al gobierno provincial a la fórmula Blas
Benjamin de la Vega – Justo Villar. El Peronismo había logrado en los comicios
nacionales 304 electores sobre un total de 372, suficiente para consagrar el triunfo de
la fórmula JUAN DOMINGO PERON – HORTENCIO QUIJANO.-

REFLEXIONES FINALES: Como sostenía el historiador, escritor y periodista


J.J.Hernandez Arregui, la jornada memorable del 17 de Octubre de 1945 no se puede
agotar en la evocación histórica. El 17 de octubre, Perón y el Peronismo, deben ser
evocados y revivificados como fuente de inspiración de una Argentina posible, capaz de
despertar las esperanzas de millones de compatriotas, hoy excluidos por un sistema
que se resiste a los cambios, con la complicidad de los que traicionaron por las cuatro
monedas de Judas las banderas históricas del Justicialismo.-

No tendría sentido la evocación del 17 de octubre, si nos limitáramos a la remisión


histórica, soslayando su proyección a la Argentina de nuestros días. Luego de largos
años de resignación ideológica y de claudicación política, en el curso de los últimos
años y muy particularmente a partir del 25 de mayo de 2003, las banderas del
Peronismo han vuelto a instalarse en la sociedad argentina. Atrás quedaron las
promesas incumplidas del salariazo, de la revolución productiva, de la moratoria
unilateral de la ilegítima deuda externa y de la integración latinoamericana; el fraude
de la “economía popular de mercado”; el ultraje social de la desactivación del derecho
laboral y de la seguridad social (otrora exhibida como la magna obra del Justicialismo);
la explotación de los trabajadores marítimos a través de los leoninos “contratos de
ajuste” impuestos por banderas de conveniencia; la liquidación de la totalidad de las
empresas del Estado mediante el espurio sistema de la “capitalización de la deuda
externa”; la entrega de las reservas petroleras cubicadas y de la emblemática YPF al
capital extranjero; la desindustrialización oxigenada por la apertura suicida del mercado
interno a la libre importación de manufacturas foráneas, y el desaliento a las
exportaciones tradicionales y no tradicionales, como consecuencia del congelamiento
de la paridad cambiaria impuesto por el cepo de la convertibilidad y por fin, la
humillante política internacional de “relaciones carnales” con el imperialismo, una
brutal bofetada a la memoria del Gral. Perón y a su prédica revolucionaria de la Tercera
Posición en materia de política exterior. Tal la resultante del modelo neoliberal –de la
economía de mercado- que, sin anestesia, fue instalado a “sangre y fuego” primero por
la dictadura militar de la mano de Martinez de Hoz, luego continuado por la dupla
Menem-Cavallo y finalmente profundizado –con las graves consecuencias sociales del
2001 y 2002- por Fernando de La Rua y la cúpula del Radicalismo.-

El giro político, económico y social que se ha operado en el país a partir del 25 de


Mayo de 2003 (gobierno de Nestor Kirchner) y que se ha profundizado a partir del 10 de
diciembre de 2007 con el gobierno de Fernandez de Kirchner, constituye sin duda un
retorno a lo mejor del Peronismo, un homenaje a la memoria del Gral. Perón y una
reivindicación de las banderas revolucionarias del 17 de octubre de 1945. En la línea
política e ideológica de la Tercera Posición Justicialista, el gobierno nacional rechazó el
ALCA impuesto por el Consenso de Washington y privilegió la integración
latinoamericana del MERCOSUR y los acuerdos con los países miembros del ALBA; se
canceló la deuda con el FMI y se puso fin, a los condicionamientos externos impuestos
por el capital financiero internacional; se abandonó la convertibilidad y el Estado
Nacional recuperó su poder de decisión en materia económica, monetaria y cambiaria;
se derogó la ley 25.250 denominada “ley banelco” (monumento de la
corrupción en función de la flexibilización laboral) y se dieron pasos firmes en pos del
restablecimiento del derecho laboral protectorio derogado a partir de 1976; el país se
reindustrializó; recuperaron su vigencia los convenios colectivos de trabajo, cayeron las
tasas de desempleo y de trabajo “en negro” y las organizaciones sindicales (en
particular las del sector industrial, comercio y servicios) recuperaron su afiliación y su
vigor político y gremial; se eliminó el “sistema privado de capitalización individual”
(importado del Chile de Pinochet, con el exclusivo objeto de oxigenar el mercado

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financiero) y se restableció el sistema jubilatorio estatal o público basado en los
principios de solidaridad y de universalidad; se amplió la cobertura del beneficio
jubilatorio para las amas de casa y se restableció la movilidad jubilatoria; el Poder
Ejecutivo intervino en forma activa en función de la “redistribución del ingreso
nacional” y de impedir la economía primaria monoproductora, a través de las
retenciones a las exportaciones tradicionales (origen del conflicto con los sectores
oligárquicos nucleados en la Mesa de Enlace), y lo más importante, la voluntad política
de profundizar un modelo autónomo, de desarrollo integrado (industrial-agro-ganadero)
con justicia social, con medidas estructurales profundas y de singular importancia
desde el punto de vista económico-social, tales como la proyectada modificación de la
Carta Orgánica del Banco Central y de la Ley de Entidades Financieras (heredada de los
tiempos de Martinez de Hoz), y la proyectada ley de participación de los trabajadores en
las ganancias de las empresas (con control de la producción y colaboración en la
dirección), contemplada en el Art. 14 bis de nuestra Constitución Nacional. Todas estas
medidas y las proyectadas, han tenido y seguramente tendrán –como ocurrió en el
pasado con el Peronismo real en el poder- la resistencia de los sectores del privilegio y
la dependencia pero, es importante tener presente al momento de las grandes
definiciones políticas que, como aconteció el 17 de octubre de 1945, el futuro de la
Patria estará exclusivamente en manos del pueblo y en partiular de la clase trabajadora
argentina.-

El objetivo de la hora es unir el campo nacional y popular detrás de un proyecto


claro de liberación nacional y de justicia social. El PERONISMO y en particular el Partido
JUSTICIALISTA, deben recuperar su identidad política e ideológica (volver a las fuentes),
democratizar sus estructuras y promover el trasvasamiento generacional en su
horizonte directivo, desplazando a todos aquellos que directa o indirectamente fueron
cómplices de las políticas neoliberales de los 90, co-responsables de la entrega del
patrimonio nacional y del drama social que hasta escaso tiempo se abatía sobre
millones de argentinos. El pueblo reclama y exige del PERONISMO una profunda
autocrítica y una plataforma que plasme en su contenido la democracia social
pontificada por el Gral. PERON y el programa económico de la Constitución Justicialista
de 1949. Ello supone y conlleva la nacionalización de las riquezas del subsuelo y de los
servicios públicos esenciales; el control estatal del comercio exterior, reeditando la
experiencia histórica del I.A.P.I.; una profunda reforma agraria haciendo efectivo el
principio de la función social de la propiedad rural; la nacionalización del Banco Central
y de los depósitos bancarios en función de orientar el ahorro nacional hacia el desarrollo
industrial sustitutivo de importaciones; la planificación de la economía y la recuperación
de YPF para el patrimonio nacional; retomar los avances logrados en materia de energía
atómica a través de la CNEA y del INSTITUTO BALSEIRO; impulsar y desarrollar la
industria siderúrgica y petroquímica con fuerte participación estatal; el lanzamiento de
un agresivo plan de obras públicas, cuyo efecto multiplicador contribuirá a sustituir los
planes sociales por trabajos genuinos; el reestablecimiento pleno del derecho laboral
protectorio y del sistema solidario de la seguridad social, desactivado a partir de marzo
de 1976, y una política exterior soberana y de integración Latinoamericana, que respete
a rajatabla el pluralismo ideológico de los Estados y los principios de no intervención y
de autodeterminación de los pueblos.-

CORRIENTES, octubre de 2010.-

Norberto S. Soto
Abogado Laboralista-