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Curso de Vida Espiritual 2012: “La Dirección de San Pedro”

Introducción: La escalera espiritual de San Pedro

1. LA DIRECCIÓN DE SAN PEDRO


¿Qué es la Dirección de San Pedro?
Es «una escala o cadena de virtudes que invitan al creyente a avanzar paso a
paso en un camino de vitalidad espiritual y de vida divina a través de un co-
nocimiento íntimo, pleno del Señor Jesús» (Kenneth Pierce, La escalera es-
piritual de San Pedro, p. 71).
La Dirección de San Pedro se encuentra en los 11 primeros versículos de la
Segunda Carta de San Pedro: 2Pe 1,1-11.
Las virtudes de la escala están específicamente en los versículos 5 al 7.
1. Simeón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo,
a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo les ha cabido
en suerte una fe tan preciosa como la nuestra.
2. A vosotros, gracia y paz abundantes por el conocimiento de nuestro Señor.
3. Pues su divino poder nos ha concedido cuanto se refiere a la vida y a la
piedad
mediante el conocimiento perfecto del que nos ha llamado por su propia
gloria y virtud,
4. por medio de las cuales nos han sido concedidas las preciosas y sublimes
promesas,
para que por ellas os hicierais partícipes de la naturaleza divina,
huyendo de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia.
5. Por esta misma razón, poned el mayor empeño
en añadir a vuestra fe, la virtud;
a la virtud, el conocimiento;
6. al conocimiento, la templanza;
a la templanza, la tenacidad;
a la tenacidad, la piedad;
7. a la piedad, el amor fraterno;
al amor fraterno, la caridad.
8. Pues si tenéis estas cosas y las tenéis en abundancia, no os dejarán inactivos
ni estériles para el conocimiento perfecto de nuestro Señor Jesucristo.
Introducción: La escalera espiritual de San Pedro

9. Quien no las tenga es ciego y corto de vista; ha echado al olvido la purifica-


ción de sus pecados pasados.
10. Por tanto, hermanos, poned el mayor empeño en afianzar vuestra vocación
y vuestra elección. Obrando así, nunca caeréis.
11. Pues así se os dará amplia entrada en el Reino eterno de nuestro Señor y
Salvador Jesucristo.

Un camino centrado en Jesucristo


En la Segunda Carta de San Pedro «se nos señala a Jesucristo como fuente
de nuestro potencial y de todo crecimiento espiritual, y a la escala como un
modo práctico de crecer en una vida de virtud, nutrida de esperanza, hasta
llegar a la caridad, todo esto sobre el fundamento del don de la fe» (La es-
calera, pp. 71-72).
Ser santo no implica una mera recopilación de virtudes, sino una profunda
transformación interior que nos lleva a la conformación con Cristo.

Cooperar con la gracia de Dios


La Dirección de San Pedro no es una receta de virtudes a conseguir con
nuestro mero esfuerzo para ser así santos, sino un conjunto de virtudes en
las que cooperamos con la gracia de Dios para conservar íntegro el don de
la fe y desplegarlo en la caridad, mediante un encuentro cada vez más inten-
so y coherente con el Señor Jesús.
«Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles»
(Sal 126,1).

La escalera de virtudes (2Pe 1,5-7)


¿Qué es una virtud?
La virtud es «una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la
persona no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con
todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el
bien, lo busca y lo elige a través de acciones concretas» (Catecismo de la
Iglesia Católica, 1803).

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Virtud y vicio
Virtud Vicio

Dispone al bien. Dispone al mal.


Se consigue mediante la repetición Se produce debido a la repetición
de actos buenos. de actos malos.
Hacer el bien es progresivamente Hacer el bien es progresivamente
más fácil. más difícil.
Disminuye la libertad.
Hace crecer en libertad.
Esclaviza al mal.
Realiza a la persona humana. Frustra la realización humana.

«Poned el mayor empeño»


«Se requiere toda la diligencia y esfuerzo que el cristiano pueda aunar, de la
mano de la fuerza del Espíritu Santo, para “escapar de la corrupción que
hay en el mundo por la concupiscencia” y llevar junto a la fe un comple-
mento de virtud. El cristiano debe trabajar duro para cultivar las siete cuali-
dades señaladas por Pedro en los versículos 5-7. En la medida que lo hace, el
cristiano se hace más como Cristo, participando de modo más pleno de la
naturaleza divina» (La escalera, pp. 105-106).

«Añadir»
La palabra griega que utiliza San Pedro es epijoreguésate.
Su origen se encuentra en la costumbre el Estado ateniense de mantener un
coro y designar a una persona que proveyese todo lo indispensable para que
éste pudiese ejecutar adecuadamente su papel durante las presentaciones y
espectáculos.
Hace referencia a los deberes de esta persona, que debía procurar con un es-
fuerzo generoso todo lo necesario, y en el orden adecuado, para que la pre-
sentación del coro se llevase a cabo a la perfección.

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Introducción: La escalera espiritual de San Pedro

Las 8 virtudes de la Dirección de San Pedro


Fe (pistis)
Virtud (areté): vida virtuosa, rectitud
Ciencia (gnosis): conocimiento espiritual práctico
Templanza (enkráteia): dominio propio
Tenacidad (hypomoné): constancia llena de esperanza, paciencia
Piedad (eusébeia): religiosidad, temor de Dios
Amor fraterno (filadelfía): afecto fraterno
Caridad (agape): amor universal al prójimo

2. LA DIRECCIÓN DE SAN PEDRO: LA FE


Contexto de la 2Pe
San Pedro escribe su segunda carta a una comunidad de cristianos que están
siendo tentados por personas con falsas creencias que conducen a recaer en
sus pecados pasados.
San Pedro les exhorta a hacer memoria del don de la fe que han recibido en
el conocimiento del Señor Jesús, y a conservar y hacer fructificar esa fe, per-
severando en ella sin recaer en el pecado.
Todo el mensaje de San Pedro gira en torno a la experiencia transformadora
del conocimiento del Señor Jesús y sus consecuencias para nuestra vida.

La fe en la Dirección de San Pedro


Tiene su eje en el conocimiento, esto es, en el encuentro con el Señor Jesús.
Es fuente de gracia y de paz, y de todo cuanto se refiere a la vida y a la pie-
dad.
Nos abre al horizonte de las preciosas y sublimes promesas divinas.
Nos hace partícipes de la naturaleza divina.
Implica de nuestra parte romper con el pecado, con el mundo que vive se-
gún la concupiscencia.

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Epígnosis: conocer al Señor Jesús


«A vosotros, gracia y paz abundantes por el conocimiento de nuestro Se-
ñor» (2Pe 1,2).
«Su divino poder nos ha concedido cuanto se refiere a la vida y a la piedad,
mediante el conocimiento perfecto del que nos ha llamado por su propia
gloria y virtud» (2Pe 1,3).
«Si tenéis estas cosas y las tenéis en abundancia, no os dejarán inactivos ni
estériles para el conocimiento perfecto de nuestro Señor Jesucristo» (2Pe
1,8).
«Porque si, después de haberse alejado de la impureza del mundo por el co-
nocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan nuevamente
en ella y son vencidos, su postrera situación resulta peor que la primera».
(2Pe 2,20)
«Pero lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de
Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conoci-
miento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo
por basura para ganar a Cristo» (Flp 3,7-8)
«Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que, arraigados y
cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la
anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cris-
to, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total
Plenitud de Dios» (Ef 3,17-19).

¿Qué es la fe?
«La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él
nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la
verdad misma» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1814).
«La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo
tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios
ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150).
«Creer en Jesucristo es el camino para poder llegar de modo definitivo a la
salvación» (Porta fidei, 3).

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Fe y encuentro con el Señor Jesús


La fe es el don divino que nos abre al encuentro con Jesús cuando confia-
mos en Él, lo reconocemos como nuestro Señor y nos adherimos a Él y a su
Palabra.
Se cruza la «puerta de la fe» «cuando la Palabra de Dios se anuncia y el co-
razón se deja plasmar por la gracia que transforma» (Porta fidei, 1).

El encuentro con Jesús


Jesús y la Samaritana (Jn 4,1ss)
Jesús es quien primero va al pozo
Acercarse al pozo para escuchar a Jesús
Jesús conoce mi corazón y también las heridas de mi pecado
Jesús me muestra la verdad sobre mí mismo
Jesús me invita a creer en él y a beber el agua viva que mana de su fuen-
te.
La fe nos llena de alegría y entusiasmo
La fe nos mueve al anuncio

¿Dónde nos encontramos con Jesús? (Ecclesia in America, 12)


En la Sagrada Escritura leída a la luz de la Tradición, de los Padres y del
Magisterio, profundizada en la meditación y la oración.
En la Liturgia, en los Sacramentos, y sobre todo en la Sagrada Eucaristía.
«Además, el texto del Evangelio sobre el juicio final (ver Mt 25,31-46), en el
que se afirma que seremos juzgados sobre el amor a los necesitados, en
quienes misteriosamente está presente el Señor Jesús, indica que no se debe
descuidar un tercer lugar de encuentro con Cristo: “Las personas, especial-
mente los pobres, con los que Cristo se identifica”».

¿Cómo se vive la fe?


«Solamente con la luz de la fe y la meditación de su Palabra divina puede
uno
conocer siempre y en todo lugar a Dios, “en quien vivimos, nos move-
mos y existimos” (Hech 17,28),
buscar su voluntad en todos los acontecimientos,
contemplar a Cristo en todos los hombres, sean deudos o extraños,

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y juzgar rectamente sobre el sentido y el valor de las cosas materiales en


sí mismas y en consideración al fin del hombre» (Apostolicam actuosi-
tatem, 4).
«También nosotros vivimos por la fe: por el reconocimiento vivo del Señor
Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia» (Porta fidei, 13).

Ver con los ojos de la fe


Jesús y los discípulos camino de Emaús (Lc 24,13-35)
¿En qué se diferencia la mirada de los discípulos cuando habían perdi-
do la fe y cuando la recuperaron?
¿Qué habían dejado de ver?
¿Qué visión es más realista y verdadera?

El contenido de la fe
«Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos
pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso
e indispensable» (Porta fidei, 11).
«En su misma estructura, el Catecismo de la Iglesia Católica presenta el
desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A
través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teo-
ría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia» (Porta fidei, 11).

Fe integral
Fe en la mente, en el corazón y en la acción.
«El conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si
después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la
gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que
lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios» (Porta fidei, 10).
«En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la
mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman len-
tamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vi-
da. La “fe que actúa por el amor” (Gál 5,6) se convierte en un nuevo criterio
de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre» (Porta fi-
dei, 6).

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Fe y caridad
«¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene
obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan
desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en
paz, abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué
sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pe-
ro alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las
obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”» (Stgo 2,14-18).
«La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento
constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutua-
mente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. (…) Gracias a
la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor
resucitado. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más
pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40): estas palabras suyas son una
advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a devolver ese
amor con el que él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a
Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace
nuestro prójimo en el camino de la vida.» (Porta fidei, 14)

PARA REFLEXIONAR MÁS


Camino hacia Dios
210-211: La Dirección de San Pedro: un camino espiritual
186: Fe en la mente, en el corazón y la acción
132: Eucaristía, misterio de fe
79: La fe y la vida cotidiana
29: La fe
Catecismo de la Iglesia Católica, 26; 142-197; 1814-1816.
S.S. Benedicto XVI, Porta fidei
S.S. Juan Pablo II, Ecclesia in America, 8-12.
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