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Enfoque Holístico de la Salud y Enfermedad. Dra. Adriana Schnake Silva

Decir holístico es decir gestáltico y, aunque para una gran mayoría de los que están aquí, hablar de lo que se
entiende por Gestalt puede ser una redundancia, no podría dar una visión medianamente aproximada de lo
que es este Enfoque si no lo hago.

Es interesante entender que la palabra Gestalt, de uso corriente en alemán, es un sustantivo que designa
una forma que por sí sola es un todo. Brentano la usa para denotar totalidades intuitivas vivenciadas por los
sujetos, no como consecuencia, sino como fundamentos de sus actos de voluntad. Freud, que fue discípulo de
Brentano, las llamó pulsiones.

“Husserl vio en la noción de Gestalt el origen subjetivo (es decir vivido) de todas nuestras
representaciones objetivas” (pag.38 “Fenomenología y Gestalt”)

Es así que la palabra Gestalt llegó a mí desde el ámbito de la filosofía y a través de los creadores de la
fenomenología, el maravilloso método con el cual Heidegger había escrito Ser y Tiempo en 1927 y logrado
mostrar la indisoluble unión del ser y su entorno.

El uso de la palabra Gestalt, con la connotación dada por los creadores de la fenomenología más el
aporte de la Escuela de la Psicología de la Gestalt, concitó el interés de todos los científicos e investigadores de
la época. Se suscitaron enormes controversias y finalmente se aceptó que al hablar de Gestalt no era posible
separar lo psíquico de lo físico.

Goldstein, atendiendo soldados con lesiones cerebrales a los que seguía en su evolución individual, se
conectó con lo que llamó organísmico, y que de algún modo alude a lo mismo.

“Cuando en 1933, durante la Primera Guerra Mundial, Goldstein atendía pacientes con lesiones
cerebrales y funciones físicas e intelectualmente comprometidas, lograba reordenar sus cuadros
sensomotores y de expresión comunicativa, arreglo que no podía atribuirse sino a una capacidad primitiva de
autorregulación. A su vez tal capacidad no se relacionaba solamente con las actividades de cada paciente.
Incluía la calidad del medio al cual era sometido cada paciente” (pag.36 “Fenomenología y Terapia Gestalt”).
Estas circunstancias son las que llevan a Goldstein a hablar de autoestructuración organísmica y a incluir el
entorno, el campo, saliendo definitivamente de la discusión de físico o psíquico y hablando de Gestalt. Dice
Perls:
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”La noción de que todo está vinculado con todo permite comprender en qué sentido una orientación o
función organísmica adquirida en el pasado, se expresa frente a un contenido material presente” (p.40
“Fenomenología y TG).

Es en este sentido que la Gestalt fue ampliamente aceptada por Goldstein y es así como llega a Perls
cuando aún se considera psicoanalista. Y, con esa visión nueva surgida también de su experiencia en la
terrible Guerra del 14 pretende hacer un aporte al psicoanálisis. Sin embargo, como ocurre generalmente en
estos casos, aunque los aportes clínicos estén avalados por una rica casuística, no tienen la validez de los
“descubrimientos” experimentales. El aporte de Perls no fue aceptado por el psicoanálisis porque empezaba
por proponer otra teoría para hacer comprensible los hechos encontrados en el trabajo clínico (pag. 75,
“Sonia, te envío los cuadernos café“).

Relación entre Teoría y Método

No siempre es necesario aceptar la Teoría en la que se basa un método. El Psicoanálisis fue aceptado y
practicado con éxito por personas que no suscribían la Teoría de la Líbido que Freud formuló para poder
desarrollar un método coherente y susceptible de ser repetido y controlado. El Método y la Teoría del Método
podían ser discutidos y rechazados, no así los resultados obtenidos y éstos tienen más que ver con la
verdadera base y creencia en que se afirma el creador del método.

Ya en 1895 Freud escribió su “Proyecto para una psicología científica”, uno de los primeros modelos
neurocientíficos exhaustivos, que integraban cerebro y mente y que todavía despierta admiración. Freud
habla de “sinapsis” refiriéndose a la relación de las células nerviosas y adelantándose varios años a Sir. Charles
Sherrigton, a quien se atribuye este mérito. “En su “Proyecto” Freud llega incluso a describir cómo las
conexiones sinápticas, a las que llama “barreras de contacto”, pueden cambiar con lo que aprendemos,
anticipando así las teorías de Kandel, de quien hablaré más adelante.

También propone ideas neuroplásticas, entre ellas la ley que sostiene que neuronas que emiten a un tiempo
tienden a asociarse, por lo general conocida como la Ley de Hebb, aunque Freud la formuló 60 años antes.
Freud afirmaba que cuando dos neuronas emiten simultáneamente se favorece su asociación. También
subrayó que lo que une a las neuronas es su emisión sincronizada y llamó a este fenómeno la ley de asociación
por simultaneidad “(p.226 “El Cerebro se cambia sí mismo”, Norman Doidge)
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Freud no pudo seguir trabajando como investigador y neurólogo. Necesitaba tener más ingresos para
mantener a su familia y se dedicó a la clínica, a la psicoterapia. Por el camino que él siguió, hizo
descubrimientos y observaciones geniales que cambiaron ideas, actitudes y conceptos en el mundo entero.
Agregó una dimensión indispensable al estudio y conocimiento del hombre en el ámbito médico: la psiquis y la
vida emocional, el inconsciente.

Es obvio que Freud creyó en la plasticidad cerebral y afortunadamente no se dedicó a probar


experimentalmente sus teorías sobre el comportamiento de las neuronas o sus hallazgos en este plano, y
elaboró una teoría que le permitió, en la práctica, tratar de cambiar directamente el modo de pensar o las
creencias erróneas de sus pacientes.

Se han demorado casi un siglo en demostrar que muchas de sus creencias y de sus incursiones por la
neurociencia eran válidas. Si las teorías que usó para demostrar que podía cambiar el curso del pensamiento y
el recuerdo individual son o no son válidas, es lo menos importante. Las teorías cambian y nacen de las más
profundas vivencias de quienes las formulan.

Afortunadamente, los grandes y exhaustivos esfuerzos de investigadores en todo el mundo han ido
mostrando sistemáticamente la coherencia y correlación entre los nuevos y extraordinarios aportes de la
ciencia y la clínica

Cuando Eric Kandel, que estudió medicina para ser psicoanalista, fue inducido por sus amigos a que se
dedicara a la neurociencia para poder demostrar la validez del psicoanálisis, estaba seguramente consciente
de que lo único válido para la medicina era lo experimental, lo posible de ser repetido y demostrado
experimentalmente. Y aunque para él no había nada más verdadero y genial que el descubrimiento de Freud,
entendió que era preciso encontrar la conexión que explicara científicamente lo que se lograba con el
psicoanálisis. Y lo logró!: en el año 2000 le dieron el Premio Nobel por demostrar que conforme aprendemos,
nuestras neuronas individuales alteran su estructura y fortalecen sus conexiones sinápticas.

Esto es notable, es posible que toda orientación o terapia que da verdadera sabiduría a la persona sea
eficiente. Y es absurdo querer tener la certeza de qué es lo que cura.

Por mucho que se critique lo exagerado y definitivo de los juicios de la medicina, tenemos que admitir
que siempre estuvo abierta a reconocer sus errores y, ante una evidencia, cambiar definitivamente sus
parámetros.
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Mucho tiempo pasó sin saber por ejemplo, cuál era la diferencia entre la sangre arterial y la venosa. Se
suponía que una tenía más espíritus que la otra y no sabían que la sangre circulaba, es decir pasaba varias
veces por la misma parte. Cuando William Harvey, en 1625, demostró (sin poderlo mostrar
experimentalmente en humanos ya que las autopsias estaban prohibidas) la verdadera diferencia en el
funcionamiento de arterias y venas, y pese que aún no se conocía la verdadera función de los pulmones
describió casi como si lo hubiera estado viendo la circulación mayor, toda la medicina cambió su mirada.

Aunque la teoría anterior era absolutamente falsa, algunos procedimientos para impedir una
hemorragia, por ejemplo, eran válidos.

Todos los descubrimientos se han hecho porque alguien cuestiona la hipótesis en que se ha basado para
explicarse lo que va encontrando. Cualquier detalle hace dudar y es preciso explorar. La exploración es
siempre fenomenológica, no incluye una hipótesis previa, nos abrimos hacia lo que va apareciendo.

Imagino que cuando Harvey se iba a los mataderos y presenciaba cómo carneaban a los cerdos, observaba
todo y seguramente empezaba por darse cuenta de la cantidad de sangre que fluía a un ritmo regular. Ahora
yo podría describir todo lo que él observó y sus conclusiones me parecen obvias y geniales…

Muchos fueron los clínicos que en una época y en un momento dado se abocaron a querer entender y
explicar la relación entre lo psíquico y lo orgánico con diferentes teorías.

Desde la neurología, Freud pudo darse cuenta que no se podía separar el cerebro de lo que llamaban
mente, del pensamiento. Que la estructura era coherente con la función y se influenciaban mutuamente,
Eligió el camino más difícil para probar que esta relación existía y logró convencer a una docta concurrencia de
neurólogos de que algo como el inconsciente existía y era dinámico, es decir capaz de hacernos actuar sin que
reconociéramos de dónde provenía la orden. Las geniales demostraciones de ordenes posthipnóticas dadas a
una persona en una reunión y la perplejidad de la persona que frente a todos había realizado aquello que se le
dijo que hiciera cuando estaba hipnotizada, eran una demostración de que realmente existía aquello que
Freud llamó inconsciente, que nos era desconocido y que él tenía una hipótesis acerca de cómo funcionaba.

Groddeck,(Pag.31-24 A.Schnake “Los Diálogos del Cuerpo), considerado el padre de la Medicina


Psicosomática, médico general, que era dueño de una Clínica en Baden Baden y que se definía a sí mismo
como “terapeuta físico y especialmente masajista”, tenía otra teoría y desde el comienzo de su carrera se
negó a aceptar que existía una separación entre dolencias físicas y psicológicas. Incluso no aceptaba separar
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las enfermedades entre aquellas que tenían una causa orgánica y las que no la tenían. Su base era casi mística:
el Ello, al que él se refiere como el Alma, estaría en la base de toda manifestación corporal. Freud usó este
término en otro contexto.

Fuera cual fuera su teoría, Groddeck tenía gran éxito en sus tratamientos y aunque inicialmente ni siquiera
conocía el trabajo de Freud ni lo suscribía, éste lo aceptó como psicoanalista.

Esto puede parecer sorprendente, ya que estamos habituados a pensar que es el conocimiento previo lo que
guía nuestros pasos y nos olvidamos que muchas veces se trata de hipótesis. Grandes descubrimientos y
aciertos se hicieron cuando aún no se tenían informaciones básicas sobre el funcionamiento de nuestro
cuerpo.

Es básico para la comprensión del Enfoque Holístico de la Salud y la Enfermedad aceptar lo que se ha
llamado autoestructuración organísmica y que en la actualidad ha sido probado o demostrado
experimentalmente.

“El organismo es un todo entero. Del mismo modo que se pueden sustraer funciones bioquímicas,
conductuales, vivenciales, etc., y hacer de una de ellas nuestra preocupación específica, también se puede
abordar al organismo total desde aspectos diferentes siempre que estemos conscientes de que un cambio en
cualquiera de estos aspectos produce un cambio en cada uno de los demás aspectos correspondientes”
(Pag´.148 “Dentro y Fuera del Tarro de la Basura”)

Con estas dos profundas convicciones, más un método que me facilitaba el contacto, me lancé de lleno
a la Gestalt.

Desde una mirada fenomenológica -como exigía la Gestalt- era imposible dejar fuera los síntomas y las
enfermedades que aquejaban a los que concurrían a nuestros Laboratorios, inicialmente en Bs.As. y después
en Lima, Córdova, Valencia, Madrid, Canarias, Barcelona, Murcia y Santiago.

Nosotros éramos terapeutas gestálticos, y el hecho de que además fuéramos médicos es algo que ni
siquiera se mencionaba, ya que apenas se conocían nuestros nombres.

Y lo obvio se hizo manifiesto: “trabajando” el diálogo gestáltico al estilo propuesto por Perls, nos dimos
cuenta de la enajenación del cuerpo de las personas. Hablaban de sus órganos como si pertenecieran a otra
persona, generalmente con enojo y rechazo y lo más increíble era la imagen casi delirante que tenían de su
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forma y función. Afortunadamente, nosotros habíamos desarrollado una forma muy especial de reforzar el
diálogo para facilitar en las personas el darse cuenta, el awareness que era lo esencial en esta Terapia: una vez
establecido el diálogo, uno de nosotros ocupaba la silla que quedaba vacía, luego de que el diálogo se hubiera
hecho claro y estaban definidos los personajes. Para nosotros era indispensable que, al facilitar este diálogo,
el que hacía de yo auxiliar se atuviera a lo dicho por la persona, o sea que repitiera sus ideas y conceptos con
la emoción correspondiente.

Esta tarea, que realizábamos sin ninguna dificultad cuando el que había hablado era un personaje de
cualquier tipo, no nos era posible cuando teníamos que representar un órgano. La ignorancia, el rechazo y el
tono en que las personas hablaban cuando se les pedía que representaran el órgano que se quejaba, era
increíblemente descalificador y lleno de informaciones distorsionadas. Ni los médicos, representando un
órgano, se conectaban vivencialmente, sólo repetían conocimientos como leyendo un apunte sin mayor
compromiso. Era sorprendente cómo habitualmente se olvidaban de algo esencial que en general tenía que
ver con algo que rechazaban de ese órgano. Para mí, el compromiso con el cuerpo y el conocimiento de la
forma y función de la mayoría de nuestros órganos había sido de las pocas cosas que aprendí sin cuestionar y
con respeto. Ya lo he dicho en muchas partes: ese conocimiento me dio la certeza de lo iguales que somos los
seres humanos. Y la relación de rechazo y los profundos errores de las personas cuando hablaban de sus
órganos o se quejaban de ellos, eran tan impactantes que me producían asombro y rechazo y no me parecía
bien permitir que las personas siguieran manteniendo esos errores. Consciente además de la profunda
relación de nuestra mente con nuestro cuerpo, y del posible daño que podía significar la repetición de errores
tan grandes para el órgano que estaba dando síntomas, que muy rápidamente ocupaba el sitio del órgano que
había hablado y le decía a la persona si de verdad quería conocerme, no sin antes quejarme de que no había
tenido interés en saber cómo era.

Tenía que calmarme y acordarme que era parte de ese cuerpo que tenía al frente, darme cuenta de
que si estaba vivo como órgano era porque todavía me llegaba sangre mandada por ese corazón que tenía el
que estaba frente a mí… Lentamente me conectaba con mi existencia, mis límites y mis posibilidades, y
empezaba a contarle al que estaba al frente (al que sentía como mi dueño, como el que me contenía) quién
era yo. Es posible que mi amor por las estructuras y la increíble relación que siempre sentí entre esas formas y
la función, me hicieran muy cercana y verdadera, porque en general las personas me escuchaban y me
entendían muy fácilmente:
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Cuando después ocupaban el lugar en que yo les había hablado como el órgano que se quejaba, podían
conectarse de otro modo y la mayor parte de las veces ya habían corregido los errores. O por lo menos tenían
otra actitud.

No pensé en el inicio que como ocurría en el psicoanálisis, modificando vivencialmente las experiencias,
corrigiendo experiencias patológicas reales o imaginarias, podían mejorarse síntomas, corrigiendo y
aceptando las características verdaderas de un órgano podrían mejorar síntomas o enfermedades que aún no
habían agredido la estructura esencial o fundamental de ese órgano y no formaban parte de características
inamovibles de la estructura caracterológica de la persona.

Si es efectivo -como dice Damasio y muchos expertos en neurociencia- que en nuestro cerebro hay
representaciones, mapas correspondientes a funciones que se coordinan y si es cierto que existe la plasticidad
cerebral, por lo menos en estos encuentros reparamos la imagen distorsionada que teníamos.

Es obvio que para poder hacer estos diálogos y que la información sea válida, el terapeuta tiene que
tener un buen manejo de la anatomía y fisiología vivenciada. Digo vivenciada, porque ésta no es una lección
de anatomía o fisiología de ésas que las personas parecen muy reacias a recibir. Lo que procuramos es crear
una verdadera necesidad de conectarse con el órgano que se queja, y desde esa necesidad, facilitarle a la
persona la escucha y con ello, el diálogo.

Cuando un órgano se ha enfermado y nos cuenta cómo es y nos recalca un aspecto de sí mismo que
nosotros no aceptamos o rechazamos, y nos hace ver lo indispensable que es para él esa característica y la
sorpresa que expresa ante nuestro rechazo, quizás es la primera vez que aceptamos tener algo de aquello. Le
escuchamos a nuestros órganos lo que no aceptamos escuchar a nadie.

Desde este darse cuenta surgió obviamente este Enfoque que es lo mismo mirado ahora desde el
inicio.

Muchos son los autores que en los últimos años se han dedicado a mostrar los increíbles avances de la
neurociencia y la casi certeza de la recíproca influencia que existe entre el pensamiento, la memoria, el
comportamiento, y las más variadas funciones orgánicas. En mis tres últimos libros he citado extensamente a
varios de ellos. Desgraciadamente, esta información ha sido profusamente usada por la publicidad para
insertar ideas en nuestro organismo, asustarnos y hacernos confiar más en determinados fármacos o
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alimentos que en nuestra propia capacidad de darnos cuenta y aprender a escuchar el mensaje de nuestros
órganos.

El Enfoque Holístico de la Salud y Enfermedad es un modo de acercarnos al ser humano que no es ni


médico ni psicológico y sin embargo puede contribuir a hacer más humanas estas disciplinas. Esto quiere decir
que psicólogos y médicos, con una visión holística, tienen más posibilidades personales de empezar a sentir
que son parte de un todo que apenas nos ha ido entregando algunos secretos y que no se deja manipular
como una máquina de la que se conocen todas sus piezas.

Al tener que aclarar – con mis alumnos diferentes aspectos del “trabajo con órganos” me doy cuenta
de la increíble riqueza y la profundidad de los diálogos y los conceptos que se pueden desarrollar con este
método tan simple.

La exigencia básica: Ser absolutamente fenomenológicos en la exploración, por lo tanto no introducir


nada ajeno al cuerpo, ni una teoría, ni una interpretación, ni una hipótesis, mucho menos una información
errónea o equivocada Es un simple modo de explorar la relación de la persona con aquella parte de su cuerpo,
que supuestamente se está quejando

Reconocemos que tenemos que introducir un conocimiento elemental del órgano señalado para
corregir, en primer término los graves errores y distorsiones que aparecen. Nos atenemos a un conocimiento
básico e indiscutible de la forma y función. El encuentro y el Diálogo que se produce es absolutamente libre y
personal y orienta nuestra conducta posterior

Mucho tardamos en darnos cuenta de algo esencial: la terrible dificultad que tenemos los humanos
para aceptar como propias características o rasgos de carácter que son opuestos a nuestro Yo idealizado.

Poder admitir en primera persona y defendiendo, como propias cualidades, aspectos que rechazamos
profundamente es un logro increíble y el inicio que esa persona pueda cuestionar la certeza de sus propias
convicciones.

FIN

Bibliografía de Notas citada

1.- Müller Granzotto Marcos y Rosana L “Fenomenología y Terapia Gestalt” Ed. Cuatro Vientos Stgo. Chile
2009

2.- Stevens John, “Esto es Gestalt” Ed, 4 Vientos. Stgo. de Chile

5. Doige, Norman “El Cerebro se cambia a sí mismo” Ed. Aguilar 2008

6.-Perls, Fritz “Dentro y fuera del Tarro de la Basura” Ed. 4 Vientos, Stgo.de Chile 1975

7.- Harvey, Guillermo “Estudio Anatómico del Movimiento del Corazón y la Sangre en los animales” Emecé
Editores Bs As 1944

8.-.-Schnake, Adriana

a) “Sonia te envío mis cuadernos café, Ed. Cuatro Vientos. Stgo. de Chile 2003 Primera Edición en Bs.As Ed
Estaciones 1987

b) “Los Diálogos del Cuerpo” Ed. Cuatro Vientos. Stgo. de Chile 1995

c) “La voz del Síntoma” Ed. Cuatro Vientos. Stgo. de Chile 2001

d) “Enfermedad, Síntomas y carácter” Ed. Cuatro Vientos y Nuevo Extremo, Bs As 2007

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