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Ecosocialismo versus Colapsismo

Una conversación con Michael Lowy, Miguel Fuentes y Antonio Turiel

Marxismo y Colapso
Publicaciones Colapsistas
Índice

Parte I
Algunos elementos de la crítica del Colapsismo Marxista al Ecosocialismo

Parte II
Crisis ecológica catastrófica, colapso civilizatorio y extinción humana

Parte III
La crisis ecológica y la recomposición socialista del equilibrio metabólico hombre-
naturaleza

Parte IV
Discutiendo las capacidades de la tecnología y el socialismo para “frenar” un cambio
climático catastrófico (En edición final)

Parte V
La crisis ecológica y el peligro de colapso como problema estratégico central de la izquierda
(En edición final)

Parte VI
Colapso civilizatorio y transición socialista (En edición final)

Parte VII
Ecosocialismo y Colapsismo: Palabras finales (En edición final)

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Parte I
Algunos elementos de la crítica del Colapsismo Marxista al Ecosocialismo



Resumen

Presentamos a continuación un material de discusión en torno a la relación entre la crisis


ecológica-energética contemporánea, la posible perspectiva de un colapso civilizatorio cercano
y la reciente polémica que ha estallado entre las posturas ecosocialistas y las nuevas posiciones
teórico-ideológicas del llamado “Marxismo Colapsista”. Se ofrece aquí una contextualización
de algunos aspectos de la crítica marxista-colapsista al Ecosocialismo, reproduciéndose en la
segunda parte de este material una conversación entre el intelectual Michael Lowy, Miguel
Fuentes (referente de las posiciones del Colapsismo Marxista) y Antonio Turiel (exponente de
la Teoría del Decrecimiento).

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Parte I
Algunos elementos de la crítica del Colapsismo Marxista al Ecosocialismo

Desde hace algunos meses diversas organizaciones ecosocialistas de Chile, Argentina y otros
países de América Latina vienen siendo objeto de una potente campaña de ataque ideológico
en redes sociales por parte de un nuevo referente comunicacional que actúa bajo el nombre de
“Marxismo y Colapso”. Uno de los objetivos centrales de este referente ha sido polemizar con
algunas de las figuras y posturas centrales del Ecosocialismo, por ejemplo aquellas
representadas por el intelectual marxista Michael Lowy. Una de las posiciones centrales de este
grupo ha sido negar reiteradamente varios de los preceptos centrales de los programas
marxistas tradicionales y de la estrategia ecosocialista; esto es, por ejemplo, la idea de que un
cambio revolucionario en las relaciones sociales de producción y el establecimiento de un
nuevo régimen productivo orientado a la satisfacción de las necesidades sociales sería capaz
tanto de “frenar” (o “revertir”) los efectos de la actual crisis ecológica-energética, así como
también de “evitar” un fenómeno de colapso civilizatorio cercano.

Por el contrario, “Marxismo y Colapso” defendería la necesidad de un nuevo marco teórico y


estratégico al interior de la izquierda mundial para dar cuenta del fenómeno de colapso
civilizatorio y extinción humana que, como producto de la combinación entre los efectos
destructivos de la crisis ecológica-energética actual y las contradicciones tradicionales del
sistema capitalista decadente, sería ya imposible de detener. Según este planteamiento, lo
anterior pondría al conjunto de las fuerzas socialistas ante un escenario inédito en la historia
revolucionaria moderna que se caracterizaría, entre otras cosas, por la “irrupción práctica” (a
diferencia de los siglos pasados) del “horizonte de barbarie” anticipado teóricamente por una
serie de pensadores marxistas tales como Rosa Luxemburgo o Walter Benjamin. De acuerdo
con Miguel Fuentes, uno de los ideólogos principales de estas posiciones, un escenario como

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el anterior implicaría no sólo una diferencia fundamental con el siglo pasado en el cual dicho
horizonte se habría mantenido en un terreno aún “hipotético”, sino que obligaría además a las
organizaciones de izquierda anti-capitalista a pensar la situación histórica actual en el marco
de una “dinámica de cierre” (o clausura) del horizonte socialista moderno. La razón de lo
anterior sería que estaríamos (o estaríamos muy cerca de estarlo) ante las puertas de un tipo de
“resolución negativa” de la lucha de clases moderna como aquella anticipada teóricamente por
Marx en el Manifiesto Comunista, esto al referirse a la posibilidad de una “autodestrucción”
de las dos clases fundamentales del sistema capitalista.

Michael Lowy (Ecosocialismo) – Miguel Fuentes (Marxismo Colapsista)

Uno de los ejemplos de este “escenario inédito” al cual estaríamos a punto de enfrentarnos
sería la perspectiva de un derrumbe generalizado (inminente) de las fuerzas productivas a nivel
planetario, aquello como efecto de un avance imparable del calentamiento global y la crisis
ecológica. Según las concepciones de “Marxismo y Colapso”, una situación de derrumbe
económico de este tipo poseería, potencialmente, una gravedad mayor a cualquiera de las crisis
económicas experimentadas durante la historia del capitalismo, asociándose desde aquí a un
escenario mucho más destructivo al que tuvieron algunas de las peores catástrofes históricas
de los últimos siglos: por ejemplo, las guerras mundiales. La explicación de esto sería que, a
pesar de los niveles de destrucción masiva que experimentó Europa durante estos conflictos
bélicos, las bases de la economía capitalista habrían podido mantenerse sólidas en el resto del
planeta (por ejemplo en Estados Unidos), constituyendo lo anterior, en consecuencia, una
situación radicalmente diferente al escenario potencial de derrumbe global “sincronizado” que
estaría pronto a producir la crisis ecológica-energética en ciernes. Igualmente, a diferencia del
costo en vidas que tuvieron las guerras mundiales, el cual ascendió en su conjunto a una cifra
alrededor de los cien millones de personas, la crisis ecológica actual, ligada a una pronta crisis
de subsistencia planetaria generalizada, podría cobrarse durante este siglo un número de
víctimas que llegue a los billones (esto sin descartarse la posibilidad de una extinción completa
de nuestra especie).

Otro planteamiento colapsista que puede destacarse aquí sería la supuesta existencia de un
“déficit tecnológico” estructural que, debido a la extrema gravedad que tendría la crisis
ecológica-energética actual y el nivel de descomposición de las bases eco-sociales del

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desarrollo histórico contemporáneo, incapacitaría hoy no sólo al capitalismo, sino que también
a un hipotético proyecto socialista, para “contener”, “frenar” o bien “revertir” los efectos
catastróficos de la crisis mundial que se aproxima. Esto último, por lo menos, en el poco tiempo
que nos quedaría antes de que esta crisis se descontrole de manera absoluta, precipitando con
ello un derrumbe ecosistémico planetario total que se asociaría, de manera inevitable, no a una
pretendida “superación revolucionaria” del sistema capitalista, sino que a su colapso.

La posibilidad de un colapso civilizatorio inminente

Un argumento adicional en esta línea sería que la crisis ecológica y energética en ciernes
plantearía hoy, acorde con el posible derrumbe inminente del desarrollo de las fuerzas
productivas que se asociaría a aquella, un horizonte de escasez crónica de recursos que
terminaría por “bloquear” y volver pronto en inviable una gran parte del programa marxista
revolucionario de los siglos pasados. La razón de lo anterior se encontraría en el hecho de que,
a diferencia del contexto característico de abundancia de recursos de los siglos XIX y XX, un
escenario de escasez global implicaría una perdida de efectividad (y posterior caducidad) de
una serie de consignas revolucionarias clásicas que habrían sido entendidas hasta hoy como las
vías principales para la aseguración íntegra y efectiva de las necesidades materiales y
espirituales de la población mundial. Algunas de estas medidas serían, entre otras, la
expropiación y el control obrero de los medios de producción y la redistribución socialista de
las riquezas sociales.

En pocas palabras, la situación de escasez crónica de recursos que se avecinaría en el futuro


cercano implicaría, liza y llanamente, que un sector importante de la población mundial se
encontraría ya, literalmente, perdida (muerta), esto incluso en un contexto futuro cercano de
reorganización socialista del sistema económico. Para los referentes de “Marxismo y Colapso”,
aquello tendría una serie de repercusiones (todavía no estudiadas) sobre las futuras dinámicas
de la lucha de clases internacional, esto por ejemplo al nivel de las “fracturas inevitables” que
el avance progresivo de un marco de escasez de recursos podría producir, inexorablemente, al
interior de las filas de los explotados. Lo anterior constituiría así un escenario radicalmente
distinto a los vistos durante los siglos XIX y XX en los cuales el desarrollo de las fuerzas

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productivas (y la abundancia mundial de recursos) representó la base objetiva de una potencial
alianza revolucionaria internacional del conjunto de los oprimidos por el capitalismo. Un
ejemplo de estas posibles “fracturas internas” futuras al nivel del campo de los explotados,
gatilladas por un derrumbe global de las fuerzas productivas y un contexto de escasez aguda,
podría encontrarse en una potencial división entre los sectores de la sociedad aptos para
asegurar su sobrevivencia por sus propios medios y aquellos sectores (remanentes) que sólo
podrían hacerlo obteniéndolos (de forma pacífica o violenta) de los primeros.

El derrumbe de las fuerzas productivas en un contexto de colapso

La perspectiva ecosocialista y la ecología marxista se caracterizarían por presentar, por lo tanto,


una serie de “puntos ciegos” que afectarían su capacidad para una evaluación realista de la
verdadera gravedad de la crisis ecológica-energética en curso y de sus potenciales proyecciones
durante las próximas décadas. Una muestra de lo anterior serían tanto la escasa reflexión dada
por estas corrientes en torno a la ya referida posibilidad (objetiva) de un fenómeno de colapso
civilizatorio como resultado del avance de los procesos ya activados (e irreversibles) de
destrucción ecosistémica, así como también la incomprensión de aquellas de las “limitaciones
estructurales” que, tal como se indicó más arriba, tendría una potencial revolución mundial
para hacer frente (tanto en el ámbito tecnológico como social) a este escenario de ruptura
ecológica planetaria.

Un ejemplo supuestamente evidente de esto último se hallaría en la consigna ecosocialista de


una posible “regeneración” del “equilibrio metabólico” entre el hombre y la naturaleza, aquello
nada menos que en un contexto en el cual los niveles de alteración antrópica del medio-
ambiente ya habrían destruido no sólo los últimos restos de dicho equilibrio (ya pulverizado
por el avance del capitalismo), sino que, asimismo, hecho “saltar por los aires” los delicados y
complejos pilares climáticos del periodo holocénico establecidos en la Tierra a lo largo de
decenas de miles de años. De acuerdo con la perspectiva colapsista, estos equilibrios serían así
ya no sólo imposibles de “recomponer” durante un largo periodo de tiempo en escala geológica,
sino que, además, tal como en el caso del resto de “equilibrios medioambientales” rotos en el
pasado terrestre con motivo de otras graves alteraciones paleo-climáticas (entre otras las cinco
extinciones masivas que enfrentó la vida sobre nuestro planeta previamente al origen de la

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humanidad), aquellos habrían sido destruidos, muy probablemente, para siempre. Sería
justamente en consignas como éstas en torno a una posible “restauración” del equilibrio
metabólico hombre-naturaleza, compartida incluso por sectores “ecológicos” del
industrialismo marxista (por ejemplo los representados por la sección medioambiental de la
revista democrático-ciudadana “La Izquierda Diario”), en donde una parte importante del
programa eco-socialista se presentaría, según la postura colapsista, como una verdadera “utopía
verde”.

Regeneración del equilibrio metabólico hombre-naturaleza: ¿fantasía o posibilidad?

Debe considerarse aquí, asimismo, la incapacidad del desarrollo tecnológico actual para
siquiera detener (y menos “revertir”) la trayectoria destructiva de lo que ha sido denominado
ya por la ciencia como el inicio de la VI extinción masiva de la vida terrestre, la cual se
encontraría hoy, aquello sin siquiera haberse alcanzado la barrera catastrófica de los 1.5 grados
centígrados de aumento del calentamiento global fijada por la ONU, en pleno desarrollo. Lejos
de cualquier posible “restauración” de ningún “equilibrio metabólico” entre el hombre y la
naturaleza, no existiría hoy, por lo tanto, esto si se consideran por ejemplo los actuales niveles
de gases de efecto invernadero en la atmósfera que asegurarían un aumento cercano
probablemente incontrolable de las temperaturas globales, otro escenario más que el de una
“ruptura geológica” imparable que, con o sin la aplicación de un “programa ecológico
socialista”, no hará más que empeorar durante este siglo. Una de las críticas esgrimidas al
Ecosocialismo y al pensamiento ecológico marxista en este punto es que, tal como se dijo
anteriormente, dichos referentes defenderían una perspectiva simplista (y en gran medida
utópica) respecto a las capacidades que tendría el proyecto revolucionario socialista moderno
para enfrentar esta crisis planetaria.

De acuerdo con las posiciones colapsistas, las tareas de la izquierda y la revolución hoy serían
así, asumiendo la perspectiva cercana de un cambio climático y una crisis energética súper-
catastrófica imparable, dar pasos en la discusión de un programa político coherente con este
escenario de derrumbe global inminente. Una de las razones de lo anterior sería que solamente
discutiendo esta perspectiva, de una manera realista, sería posible en el futuro la mantención
de un proyecto comunista que, debiendo ser esta vez asegurado “en la barbarie misma”, pueda
constituir una alternativa de sobrevivencia y civilización para aquel sector de la humanidad

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que estaría capacitado para superar (de la manera que sea) los desafíos de la gran crisis
geológica-civilizatoria que se abalanza sobre nosotros.

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Parte II
Crisis ecológica catastrófica, colapso civilizatorio y extinción humana

Resumen

Presentamos a continuación una conversación con el intelectual marxista Michael Lowy en


donde aquel responde a una serie de críticas realizadas desde el ámbito del llamado marxismo
colapsista hacia el Ecosocialismo. Se integran a esta conversación las replicas de Miguel
Fuentes (exponente del pensamiento colapsista), esto con el objetivo de dejar sentadas las
diferencias y similitudes que existen entre ambas tendencias. Un tercer participante de esta
conversación es Antonio Turiel, referente de la teoría del decrecimiento y quien se posiciona
en este debate desarrollando algunas de sus ideas provenientes del terreno de los estudios sobre
la crisis energética. La primera sección de esta discusión gira alrededor del carácter (y posible
inevitabilidad) de la crisis ecológica actual y su relación con un posible fenómeno cercano de
colapso civilizatorio y extinción humana. Se invita a los lectores a revisar el artículo de
contextualización de las posturas del colapsismo marxista ofrecido en la primera parte de esta
serie. Artículos adicionales en los cuales pueden leerse algunas de las posiciones centrales del
Ecosocialismo y la teoría del decrecimiento se entregan al final de este debate.

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Serie de preguntas 1

1. ¿Qué opina respecto a la posibilidad de una crisis ecológica súper catastrófica


durante este siglo?

-Michael Lowy:
¡Se trata de una posibilidad muy real! Si se sigue con la trayectoria actual de
“business as usual” por algunas décadas más, entonces la catástrofe será inevitable.
Es un peligro sin precedentes en la historia humana.

-Miguel Fuentes:
La ciencia es clara al respecto y las perspectivas de un calentamiento global que
sobrepasen los 2 o 3 grados centígrados implicaría que una gran parte de la Tierra
pueda transformarse en inhabitable.

-Antonio Turiel:
La crisis ecológica (en sus diversas vertientes) ya está aquí. Es el problema ambiental
(del que ahora lo que más se destaca es el cambio climático), el de los recursos, el de
la biodiversidad, el del agua potable… ¿Se resolverán todas estas crisis de manera
catastrófica? Si no se hace nada, evidentemente. E incluso haciendo lo mejor posible
será un momento bastante traumático.

2. ¿Qué piensa respecto a la posibilidad de un fenómeno de colapso civilizatorio


cercano? ¿Puede el capitalismo autodestruirse durante las próximas décadas?

-Michael Lowy:
Como lo decía, la perspectiva de un colapso civilizatorio en las próximas décadas es
una amenaza muy concreta. No lo definiría, en todo caso, como una “autodestrucción
del capitalismo”. Podríamos quizás imaginar un escenario distópico en el cual
comiencen a producirse los primeros efectos de la catástrofe, pero esto último sin que
deje de existir el capitalismo. Como decía Walter Benjamin: “el capitalismo nunca va
a morir de muerte natural”.

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-Miguel Fuentes:
¿Qué tiene de especial el capitalismo en comparación con otras sociedades complejas
tales como el Imperio Romano, la Sociedad Maya Clásica, la Dinastía Han, el Imperio
Gupta y muchas otras a lo largo de la historia como para ser totalmente “inmune” a
un fenómeno de colapso? ¿Quizás su avance tecnológico? ¿Se olvida acaso Lowy que,
más allá de los fenomenales avances técnicos del capitalismo en una serie de esferas,
aquel sigue poseyendo prácticamente la misma base productiva-energética que aquella
que tenía hace dos siglos? ¡La misma vieja locomotora de hace dos siglos que, a pesar
de poseer en sus compartimientos superiores laboratorios de nanotecnología, satélites
y tecnología de GPS, sigue necesitando de los mismos “productos de plantas” de hace
doscientos años (entre otros el carbón, el gas y el petróleo) para moverse! Y pueden
mencionarse aquí, asimismo, los resultados de un reciente estudio financiado
parcialmente por la NASA y liderado por el matemático Safa Motesharrei en el cual,
realizándose una proyección del curso de la sociedad industrial actual a partir de la
aplicación de un modelo predictivo HANDY, se muestra como esta última se estaría
dirigiendo, aceleradamente, al colapso. La razón de esto se encontraría en la
combinación de algunos factores tales como la sobreexplotación de recursos, el
cambio climático, la existencia de una elite demasiado rígida y la desigualdad extrema.
Es prácticamente imposible que la sociedad capitalista actual, tecnológica y
económicamente atrasada para enfrentar los peligros de envergadura geológica-
planetaria que se nos avecinan, siga subsistiendo ante un escenario de crisis
ecosistémica generalizada como aquella que estaría a punto de producirse. Debemos
tener en cuenta aquí, asimismo, que una vez que las defensas que tiene el sistema
capitalista para sostenerse ante una crisis comiencen a fallar, será la propia
complejidad de este sistema la cual podría volverlo mucho más vulnerable ante un
potencial fenómeno de colapso. El caso de la caída del Imperio Romano es un ejemplo
de lo anterior.

-Antonio Turiel:
Todas las civilizaciones atraviesan crisis históricas a lo largo de su existencia, y el
colapso completo no es sólo una posibilidad, sino que algo muy repetido a lo largo de
la historia. Sabemos de 26 civilizaciones antes de la nuestra que colapsaron
completamente. ¿Por qué la nuestra habría de ser la excepción? Las civilizaciones
colapsan como fruto de presiones internas y externas suficientemente intensas, y los
retos a los que deberemos hacer frente (fundamentalmente, cambio ambiental y
escasez de recursos) han acabado ya con otras civilizaciones en el pasado. En
realidad, muy a menudo nos creemos más especiales de lo que somos, pero nuestro
dilema es muy parecido al que otras sociedades sufrieron con anterioridad. Somos de
hecho a veces tan arrogantes que no leemos las lecciones de la historia y no
aprendemos de ella. Una cuestión importante a saber aquí con respecto al colapso es
que aquel siempre es un daño auto-infligido: las sociedades colapsan porque, en su
fuero interno, han decidido colapsar, esto porque ya sea por razones políticas,
religiosas, filosóficas o directamente por terquedad, han querido colapsar. El colapso
siempre es algo evitable, pero uno tiene que trabajar activamente para evitarlo, y
cuando sucede es porque, simplemente, no se quiere evitar, y porque se rechaza
neciamente la idea o la posibilidad misma del colapso. En este sentido, el capitalismo
global del siglo XXI tiene todos los ingredientes para colapsar: ha desencadenado las
crisis que ponen su existencia en entredicho y se niega, además, a aceptar la necesidad
de cambiar de paradigma. Así pues, nos lleva inexorablemente al colapso. Yo no
puedo predecir sí, cuando empiece al colapso, existirá algún tipo de reacción por

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parte de este sistema y si aquel logrará adaptarse, pero lo más lógico sería esperar
un colapso completo del capitalismo y probablemente de nuestra civilización. Cabe
destacar, asimismo, que el colapso no es algo necesariamente malo; al final, es una
especie de jubileo de todas esas deudas que tenemos aplazadas con la naturaleza.
Colapsar te da la oportunidad de empezar desde cero.

3. ¿Existe un peligro real de extinción humana durante el siglo XXI, esto tal como
plantea la perspectiva colapsista y algunos movimientos tales como Extincion
Rebellion en Europa?

Michael Lowy:
Es difícil contestar a esta pregunta. ¿A partir de que nivel de calentamiento global la
existencia humana estaría amenazada? Pero no se puede excluir esta hipótesis.

Miguel Fuentes:
No se trata de discutir aquí cual es el nivel de calentamiento global que los humanos
pueden soportar en tanto individuos. Es más simple que eso, se trata de saber a partir
de que rangos del calentamiento global que se espera durante este siglo la agricultura
se vuelve imposible en condiciones naturales y los recursos planetarios comienzan a
venirse abajo. Sabemos, por ejemplo, que todo calentamiento global igual o superior
a los 2 o 3 grados centígrados por encima de la línea de base del siglo XIX (un nivel
alcanzable durante las próximas décadas) significaría que, producto de su impacto
sobre la producción mundial de recursos, una parte significativa de la humanidad
morirá de manera inevitable. Pero no deberemos esperar mucho tiempo para
presenciar el comienzo de esta mortandad en masa, aquello si tenemos en cuenta que
el límite catastrófico del calentamiento global (el cual rebasaremos durante la próxima
década) es de tan sólo 1.5 grados centígrados. La cuestión aquí es empezar a pensar
no en como “detenemos” este fenómeno de extinción humana (ya imparable), sino que,
en realidad, en como podemos evitar la desaparición total de nuestra especie, esto
incluso si aquello sólo sea posible en el 50%, 10% o 1% de la población humana actual
capacitada para sobrevivir. Y es justamente aquí, en esta lucha por la sobrevivencia y
por la preservación de nuestra evolución genética y los mejores logros del desarrollo
civilizatorio de eras pasadas, en donde la perspectiva comunista adquiere una
importancia redoblada para el futuro.

-Antonio Turiel:
En las respuestas anteriores veo una visión de la Tierra como un sistema demasiado
lineal, lo cual es congruente con los modelos climáticos que manejamos (que hacen
predicciones de acuerdo con un horizonte muy limitado de factores). La Tierra tiene
muchos mecanismos de homeostasis, muchos de los cuales no conocemos, y lo más
probable es que la situación del planeta no degenere tanto tal como las peores
previsiones científicas indican. Lo que acabo de decir no debería tomarse, sin
embargo, como una invitación a relajarse o ser interpretado como un consuelo: la
continuidad de la humanidad sigue estando en un peligro crítico, esto porque el hecho
de que el planeta no degenere hasta convertirse en el infierno que muestran los
modelos climáticos no quiere decir que continúe siendo habitable para nuestra
especie, y en todo caso lo más probable es que la capacidad de carga de humanos
disminuya drásticamente. Pareciera que si no está en peligro el planeta entero no
comprendemos que estamos en peligro nosotros mismos. “Salvemos el planeta”, dicen
ciertos eslóganes de algunos grupos ecologistas; pues no, el planeta no está, ni ha

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estado nunca, en peligro, ni siquiera está en peligro la biosfera. Lo que realmente está
en peligro es la humanidad; no pretendamos, por lo tanto, salvar el planeta, lo que
debemos hacer es preservar el hábitat que hace posible nuestra existencia y que, éste
sí, es lo que precisamente se encuentra en peligro. Es además un error pensar que el
cambio climático es el único factor que compromete la vida humana en el planeta. La
escasez de recursos es otro factor tremendamente terminante, aquello porque la vida
de miles de millones de personas depende de que se mantenga el actual sistema de
agricultura industrial y las redes de distribución internacionales. Cuando comience a
escasear el petróleo, ¿quién moverá los tractores y los camiones, y de dónde saldrán
los pesticidas? Cuando escasee el gas natural, ¿cómo sintetizaremos los abonos
nitrogenados? Cuando escaseen los fosfatos, ¿cómo abonaremos nuestros campos?
La propia estabilidad de la red eléctrica está en compromiso, y sin fluido eléctrico
hay muchos sistemas de control que dejarían de ser operativos. Además, faltando
combustible la gente se lanzará a cortar árboles (lo hemos visto en muchos países),
disminuyendo esto aún más la capacidad de carga del territorio. Lo cierto es que sin
una adecuada gestión de las próximas décadas la especie humana podría acabar
extinguiéndose en un plazo de un par de siglos. E incluso con una gestión correcta lo
esperable es que su población disminuya drásticamente.

4. ¿Qué opina respecto de la crítica colapsista a una supuesta “superficialidad” del


análisis ecosocialista en su evaluación de los peligros de la crisis ecológica y la
posibilidad de un colapso civilizatorio cercano?

Michael Lowy:
No todos los ecosocialistas tienen el mismo juicio, pero en mi caso, y creo que también
en el de la mayoría de los ecosocialistas, nosotros no subestimamos de ninguna manera
la gravedad de la crisis ecológica y la posibilidad de un colapso civilizatorio. Al revés,
esta posibilidad es uno de nuestros principales argumentos para destacar la urgencia
y la necesidad de movilizar fuerzas sociales en contra del sistema responsable de la
crisis: el capitalismo.

Miguel Fuentes:
Michael Lowy y otros exponentes del Ecosocialismo y de la ecología marxista tales
como Bellamy Foster o Ian Agnus fueron algunos de los primeros que integraron el
peligro de un colapso civilizatorio y un ecocidio en su análisis de la actual crisis
ecológica capitalista. Esto cobra más fuerza cuando partimos del hecho de que a
muchos de nosotros nos tomó más de una década de militancia en las filas de la
izquierda comenzar a integrar estas problemáticas. Pero la crisis ecológica y el peligro
de un colapso civilizatorio, que Lowy y los ecosocialistas anticiparon de manera
visionaria y que antes de aquellos intuyeron otros referentes de izquierda tales como
Nahuel Moreno (Argentina), Luis Vitale (Chile) o incluso Fidel Castro, ha avanzado
mucho más rápido de lo que nadie pensó. Lo que a fines de los 90’s y los 2000’s era
nada más que una “sombra amenazante” (la posibilidad de un ecocidio), ha adquirido
en el presente una fisonomía histórica mucho más clara. Es quizás la rapidez con que
se ha desenvuelto este peligro una de las causas principales de que la teoría
ecosocialista haya quedado hoy definitivamente rezagada en su evaluación respecto al
avance de estas amenazas, haciéndose necesario, por lo tanto, la elaboración de un
nuevo marco teórico-político marxista de contenido propiamente colapsista; en otras
palabras, uno que tome el proceso de crisis ecológica súper-catastrófica y el avance
de un fenómeno de colapso planetario inicial ya en marcha en tanto “desafíos

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prácticos” (inminentes) y no, tal como se acostumbra frecuentemente al interior de la
izquierda, al modo de meras intuiciones teóricas o discusiones filosóficas. Este punto
se encuentra mejormente desarrollado en la contextualización de las posiciones
colapsistas entregada en la primera parte de esta serie.

-Antonio Turiel:
Yo no soy un estudioso de las teorías políticas, aunque sí veo repetidamente el mismo
problema en el pensamiento político contemporáneo. Este problema consiste en que
la mayoría de los pensadores no vienen del ámbito de las ciencias naturales y tienden
a simplificar y linearizar demasiado el comportamiento de los sistemas naturales, los
cuales son mucho más complejos y con muchas más ramificaciones de lo que
generalmente se quiere aceptar. Por este motivo, los planteamientos políticos suelen
pecar de maximalistas y reduccionistas. Desde mi punto de vista, dada la complejidad
de los sistemas naturales y el conocimiento limitado que tenemos de sus mecanismos
de funcionamiento, creo que la mejor estrategia sería aquí seguir una metodología de
pruebas sucesivas acompañadas de una auditoría constante y honesta de los cambios
y de sus efectos. Creo además que esto último debiera comenzar a realizarse desde
ahora porque se necesitará de mucho tiempo antes de poder articular una respuesta
eficaz a los retos planteados. Entiendo que para el Ecosocialismo o cualquier
movimiento político actual es quizás imposible hacer totalmente públicos sus
planteamientos en torno a lo que realmente se necesita para enfrentar la crisis, esto
ya que dichos planteamientos tienen que enfrentarse y debatir en contra del
pensamiento político dominante, el cual obviamente va a ridiculizar la “obsesión” por
problemas que, a su entender, son inexistentes – y que tiene especial interés por
ningunear. Por este motivo, yo creo que la acción política debe centrarse en un ámbito
mucho más local y menos institucional, rescatando a aquellos que van quedando
excluidos del sistema, y esto no sólo en nuestros propios países. Es un cambio total
con respecto a la praxis política de las últimas décadas, la cual siempre ha intentado
abordar los cambios desde las instituciones. Para mí, por el contrario, dado que las
instituciones están al servicio de una cierta manera de hacer ya que fueron diseñadas
para eso, sería por lo tanto contraproducente intentar controlarlas porque, al final,
aquellas te controlan a ti. La vida institucional te acaba cambiando la agenda y
fijando una serie de prioridades que realmente no son las tuyas; peor aún, acabas
creyendo que las únicas respuestas posibles a los problemas son aquellas que el marco
institucional te posibilita o te deja ver.

5. Una serie de referentes del colapsismo, activistas medio-ambientales y militantes de


izquierda tales como Miguel Fuentes (Chile), Lucho Fierro (Argentina), Demián
Morassi (Argentina), Manuel Casal Lodeiro (España), Matías Herrera (Argentina),
Alek Zvop (Chile), Miguel Sankara (Chile), Carlos Petroni (Argentina), Albino Rivas
(Argentina), Charly Pincharrata (Argentina), Yain Llanos (Argentina) y Lucas Miranda
(Chile), reconocen que el Ecosocialismo y las elaboraciones de la ecología marxista
constituyeron un aporte clave para una problematización anti-capitalista inicial de la
crisis climática. Paralelamente, algunos de estos referentes plantean que la debilidad de
los postulados ecosocialistas consistiría hoy no sólo en una evaluación a veces
“superficial” de la gravedad y dinámica (ya imparable) de dicha crisis, sino que,
asimismo, en su negativa de integrar la perspectiva de un colapso civilizatorio cercano
en su análisis de la dinámica revolucionaria durante el presente siglo. Se dice aquí que
las concepciones ecosocialistas “fallarían” al momento de integrar las implicancias
“prácticas” de un escenario de ecocidio ya en marcha, reemplazándose con ello la

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discusión en torno a las proyecciones catastróficas reales del mismo por una replicación
(acrítica) del proyecto socialista tradicional de los siglos pasados, aunque esta vez
“adornado” (aggiornado) con “fraseología ecológica” y “medidas verdes”. ¿Qué
piensa respecto de estas críticas?

Michael Lowy:
Éstas criticas me parecen sencillamente fuera de la realidad. No veo como se puede
decretar, como un dogma religioso, que el colapso civilizatorio sea ya “inevitable” o
“imparable”. El consenso científico (GIEC) es que, si no se toman medidas enérgicas
para reducir dramáticamente las emisiones de gases de efecto invernadero en las
próximas décadas, entonces ya no será posible evitar que la temperatura del planeta
suba de 1.5° a 2° centígrados, lo que representaría un salto irreversible. Un discurso
“colapsista” que pone en duda este consenso científico es puro oscurantismo.
Declarar, de forma dogmática, intolerante y sectaria que la única verdad es la
“inevitabilidad” del colapso sólo tiene un resultado político: desmovilizar o sabotear
la necesaria lucha por evitar el colapso.

¿Será posible crear una relación de fuerzas anticapitalistas que pueda acabar con las
energías fósiles en las próximas décadas? ¡No es para nada seguro! Pero como lo
decía Bertolt Brecht, quien lucha puede perder, quien no lucha, ya perdió… El combate
para evitar el colapso es la gran tarea de nuestra época, un imperativo moral y político
categórico. El Ecosocialismo no es una replica acrítica del socialismo del siglo pasado
(¿cuál? ¿el socialdemócrata? ¿el estalinista?) con “fraseología verde”. Es una nueva
concepción del socialismo, en la cual la relación con la naturaleza y el respeto a los
equilibrios ecológicos es un tema central. En varios puntos (por ejemplo, en el de la
concepción marxista tradicional de un “desarrollo sin límites de las fuerzas
productivas”), el Ecosocialismo incluso se disocia de algunos escritos “clásicos” de
Marx y Engels.

Miguel Fuentes:
Michael Lowy afirma que un calentamiento global catastrófico superior a los 1.5
grados centígrados sería todavía evitable, esto último apelando al llamado “consenso
científico”. Lowy cierra este debate, sin embargo, demasiado rápido, aquello cuando
lo que aquel debería hacer es precisamente abrirlo. Este intelectual parece olvidar
aquí que los “consensos científicos” no han existido nunca (desde el origen de la
concepción moderna de ciencia) al modo de cuerpos homogéneos y totalmente
coherentes, escondiéndose con frecuencia en los mismos no sólo la ideología de las
clases dominantes, sino que además las propias visiones particulares de mundo y los
prejuicios de una comunidad científica determinada. Un ejemplo de lo anterior puede
encontrarse en el caso de Copérnico y sus profundas creencias religiosas. Se hace así
necesario, por lo tanto, una evaluación mínimamente crítica del consenso científico al
cual Lowy hace referencia, esto para reconocer que aspectos de aquel vamos
efectivamente a tomar como válidos y cuales deberíamos dejar, en el marco de una
evaluación verdaderamente científica del asunto, de lado.

Una primera limitante que puede identificarse en el tipo de consenso científico


existente hoy en torno a los estudios sobre cambio climático se encuentra, entre otras
cosas, en las concepciones políticas hegemónicas de la comunidad científica que le
sirve de sustento. Resalta aquí el hecho de que prácticamente la totalidad de los
estudios sobre los que se basa este consenso no hayan ido más allá, en sus respectivas

16
propuestas de solución ante la “problemática ambiental”, de una serie de tímidas
“reformas ecológicas” de la sociedad capitalista. Un ejemplo evidente de lo anterior
se encontraría en James Hansen, el llamado “padre del calentamiento global” y cuya
“solución” ante la crisis ecológica no pasaría de un mero “impuesto verde” al uso de
los combustibles fósiles. ¿Habrá considerado Lowy el hecho de que el consenso
científico al cual apela, caracterizado por una confianza casi ciega en las posibles
“soluciones tecnológicas” que supuestamente podría brindar el capitalismo para
“detener” el avance de la crisis climática, se encontraría así, al menos en este punto,
en directa contradicción con sus propios postulados anticapitalistas?

Al no preguntarse en que medida la idea de una supuesta “reversibilidad” de la actual


dinámica catastrófica de calentamiento global no responde, en realidad, a un reflejo
de la perspectiva tecno-optimista vulgar característica de la ideología capitalista,
Lowy parece olvidar esos “otros” consensos científicos (esta vez en el ámbito de la
investigación científica propiamente tal) que nos mostrarían una imagen mucho más
sombría de aquella que suele acompañar a las promesas tecnológicas del “capitalismo
verde”. ¿Qué acaso Lowy no toma en cuenta el consenso científico que nos muestra el
carácter inédito que tendrían los actuales 415 ppm de CO2 atmosférico, un nivel no
visto en los últimos 14 millones de años? ¿Integra Lowy en su evaluación de la
gravedad del cambio climático el hecho de que, si consideramos el aumento anual (en
aceleración) de alrededor de 2 ppm de CO2 atmosférico, estaríamos a menos de una
década de alcanzar los 425 ppm necesarios para asegurar la ruptura de la barrera
catastrófica de los 1.5 grados centígrados de calentamiento global fijada por la ONU?
¿Tendrá en mente Lowy que, de acuerdo con este escenario, no quedarían asimismo
más de 15 años para alcanzar los niveles de CO2 atmosféricos suficientes para
asegurar el quiebre de la todavía más catastrófica barrera de los 2 grados? ¿Tendrá
presente Lowy el creciente consenso científico en torno a una posiblemente mucha
mayor sensitividad climática a los niveles actuales de CO2 atmosférico, esto si se
toman en cuenta, por ejemplo, las condiciones medioambientales imperantes durante
el Plioceno, una época geológica caracterizada por niveles de CO2 semejantes a los
de hoy y cuyas temperaturas habrían sido entre 2 a 3 grados centígrados superiores a
las del siglo pasado?

Más todavía… ¿tendrá en consideración Lowy en su postura “anti- catastrófica” los


estudios que indican que, de detenerse incluso de manera inmediata las emisiones
contaminantes a nivel mundial en el corto plazo, la temperatura terrestre podría
dispararse, de manera fulminante, entre 0.5 a 1 grados centígrados adicionales,
poniéndonos así ante las puertas de los 2 grados de calentamiento global de manera
casi inmediata, esto como producto de la remoción del efecto “enfriante” que ejerce
sobre el clima global la presencia de los aerosoles industriales? ¿Integra Lowy en su
análisis el creciente papel que están comenzando a tener una serie de “feedbacks” (o
retroalimentadores) en el avance del calentamiento global: por ejemplo, la progresiva
reducción del efecto albedo o la cada vez mayor descomposición del permafrost ártico
y el consecuente aumento de las emisiones naturales de metano (un potente gas de
efecto invernadero), existiendo en los hechos una alta posibilidad de que estos
fenómenos se descontrolen rápidamente y se transformen en imparables (esto incluso
en el caso de una disminución sustancial de las emisiones humanas en el corto plazo)?
¿Olvidará acaso Lowy que hoy, cuando todavía quedarían algunos años para la
superación de la barrera de los 1.5 grados de calentamiento global, la situación
medioambiental ya ha devenido en catastrófica, aquello tal como indica el creciente

17
consenso científico en torno al inicio de la VI extinción masiva de la vida terrestre, la
cual se caracterizaría actualmente por presentar tasas de desaparición de especies
entre un 100% a un 1000% superiores a los rangos naturales?

Sería justamente integrando estos ámbitos del consenso científico en torno al cambio
climático desde donde podemos afirmar que, lejos de los lugares comunes a los cuales
nos tiene acostumbrado el “optimismo verde” ecosocialista, sería ya la propia
“química terrestre” la que daría por asegurada, de manera inevitable, el comienzo de
una pronta fase catastrófica de la crisis ecológica. Sería además precisamente desde
aquí, si integramos asimismo a este escenario tanto el escaso periodo de tiempo que
nos quedaría antes del inicio de dicha fase catastrófica, así como también la
inexistencia de tecnologías en la escala y niveles necesarios para hacer frente a esta
crisis durante las próximas décadas y los prontos golpes de la crisis energética mundial
en ciernes, desde donde la perspectiva de un colapso civilizatorio se presentaría, por
lo tanto, como la alternativa histórica más viable en el corto y mediano plazo. Deben
considerarse aquí, igualmente, las propias características decadentes (putrefactas) del
sistema capitalista y los modelos democráticos actuales, las cuales deberían producir
un empeoramiento aún mayor, esto al menos durante la próxima década, de la ya
gravísima situación ecológica-energética planetaria. Todo lo anterior en momentos en
los cuales los próximos veinte a treinta años constituirían, de acuerdo con una serie de
estudios, el límite definitivo para el inicio de un colapso social a escala global y de un
posible fenómeno de extinción de nuestra especie. Un ejemplo de lo anterior puede
encontrarse en un reciente informe del Breakthrough Centre de Australia que indicó la
década de 2050 como una de las fechas límites para la preservación de la civilización
contemporánea en el caso de un empeoramiento agudo de la crisis ecológica.

¿Pero quiere decir que asumir la inevitabilidad de la catástrofe ecológica y de un


posible colapso civilizatorio sea lo mismo, en palabras de Lowy, a “abandonar la
lucha”? ¡Para nada! Reconocer el carácter inevitable de la catástrofe, esto tal como
en muchas otras ocasiones en la historia de la lucha de clases, aunque esta vez teniendo
dicha catástrofe una escala histórico-social y “geológica” muchísimo mayor a
cualquier otra a la cual nos hemos enfrentado, es en realidad la única manera de
preparar la resistencia futura ante la misma. ¡Es necesario un análisis realista de
nuestra situación… y no una perspectiva eco-dulzona (agradable para los oídos
socialistas) que, negando la catástrofe inevitable, lo que hace es condenarnos, por la
vía de la estupidez, a una derrota doble: una por la magnitud de la amenaza y la otra
por ceguera! ¡No! Reconocer la catástrofe universal que se aproxima es el verdadero
imperativo político, moral y ético de nuestro tiempo, esto porque sólo reconociendo
dicha catástrofe inminente (y mirándola fijamente a los ojos) es que podremos aspirar
a comprender de mejor manera los peligros que nos amenazan, esos peligros mortales
(de escala titánica) que deberemos derrotar, tal como todo indica… en el infierno
mismo. ¡Esa es nuestra tarea! ¡Mirar a los ojos a la catástrofe… aquello para
lanzarnos al centro de la misma y, siendo devorados por ésta, abrirle luego el estómago
de un tajo desde su interior para hacerla caer rendida y abrir con ello, bañados en su
sangre, a cualquier precio, las puertas del futuro comunista!

-Antonio Turiel:
La respuesta crítica de Miguel Fuentes a Michel Lowy es completamente acertada.
Michel Lowy parece confundir el consenso científico con el consenso político del
IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático). En

18
general, los estudios científicos suelen proyectar una imagen bastante más sombría
del futuro que lo que reflejan los acuerdos de “mínimos” con los que siempre se
cierran los informes del IPCC. Y en ocasiones el IPCC introduce incluso criterios sin
base técnica real. Miguel Fuentes ya ha hecho una glosa bastante detallada, así que
yo solo añadiré unos pocos más. Por ejemplo, cuando se fija la barrera de los 2ºC de
calentamiento global, lo que se está diciendo es que, de acuerdo con la predicción por
conjuntos de modelos climáticos (“ensemble forecast”) existe un 50% de
probabilidades de que la temperatura del planeta no supere ese umbral. Eso quiere
decir, por lo tanto, que existe un 50% de probabilidades de que SÍ supere ese umbral,
lo cual es poco tranquilizador: ¿alguien se jugaría la vida de sus hijos en un cara o
cruz? Está por supuesto la cuestión de que, a medida que se mejoran los modelos
climáticos, las tendencias siempre empeoran (lo cual es lógico debido a cuestiones
bastante técnicas sobre teoría de la turbulencia), con lo cual la probabilidad real de
no superar los 2ºC seguramente está muy por debajo del 50%. Además, existen muchos
aspectos oscuros en los modelos de la IPCC, introducidos en realidad para evitar dar
un mensaje demasiado alarmante (eufemismo para decir que el mensaje debe ser
aceptable por el actual -establishment- político). Un detalle: todos los modelos del
IPCC asumen una gran disminución de las emisiones netas de CO2 gracias a la
implantación masiva de sistemas de captura y secuestro de carbono. En los modelos
del IPCC con menor uso de dichos sistemas se supone, de hecho, que aquellos serán
capaces de absorber hasta el 40% de las emisiones. Pero los sistemas de captura y
secuestro de carbono son termodinámicamente absurdos y geológicamente dudosos,
por lo que es seguro que no se van a implementar nunca a dichas escalas.

Es curioso que en la argumentación de mis contertulios la cuestión de la escasez de


recursos, y particularmente la del petróleo, pasa completamente desapercibida.
Llevamos años de desinversión en el sector del petróleo a escala mundial, excepto en
Estados Unidos por razones que sólo Trump comprende, aquello porque –como se
reconoce públicamente- no quedan yacimientos rentables. La Agencia Internacional
de la Energía, en su informe del año 2018, avisaba que ya hemos superado el “peak
oil” y que de aquí a 2025 podría faltarnos hasta el 34% de todo el petróleo que
esperan que se demande dicho año, esperándose además que lo anterior produzca
recurrentes picos (subidas) de precio desde hoy hasta ese entonces… y sin embargo
no lo comentan. Hace diez años, con el pico de precios de petróleo, mucha gente habló
del “peak oil” y seguramente también mis contertulios, pero aquella crisis pareció
superada para el observador superficial, considerándose ahora posiblemente demodé
hablar de ello. Pues no. La raíz del problema con el suministro de petróleo no se
solucionó, esto a pesar del balón de oxígeno del fracking que, en los hechos, se ha
convertido en una verdadera ruina económica (todas las empresas que se dedican al
fracking pierden dinero desde el año 2011, manteniéndose solamente gracias a una
enorme burbuja de crédito). El fracking está ya llegando a su cenit, mientras que en
el resto del mundo la situación se agrava. ¿Creen ustedes que los problemas en
Venezuela o México son casuales? ¿O que la tensión en el Golfo Pérsico responde
realmente a los pérfidos designios de Irán? Tenemos una grave crisis energética
literalmente planeando sobre nuestras cabezas y, aún así, es justamente en este
momento cuando más ignoramos el dilema que nos plantea.

El hecho de ignorar la crisis de los recursos hace que los análisis de mis contertulios
pequen un poco de simplistas y que no tengan toda la perspectiva para ver la
profundidad del problema. Tenemos que luchar contra el cambio climático porque, sí,

19
es muy grave y de hecho es tan grave que a pesar del obligado descenso de emisiones
que imponen el “peak oil”, el “peak coal” y el “peak natural gas”, aún así las
previsiones son catastróficas. Pero tendremos que luchar en contra de aquel en un
mundo en el que dispondremos de menos energía para hacer frente a dicho reto.
Asimismo, tendremos que hacer frente a ambos retos (la crisis ecológica y la crisis
energética) apoyándonos en unas energías renovables que, contrariamente a lo que
se quiere hacer creer desde los postulados del capitalismo verde, no tienen un
potencial tan grande como se plantea, pudiendo de hecho cubrir en el futuro sólo una
parte de nuestro actual consumo energético… y eso con suerte.

Por tanto, es cierto, yo me adhiero a las críticas que se mencionan en el enunciado de


la pregunta: es completamente acertado que el discurso ecosocialista más oficialista
lo que hace es adornar con elementos “verdes” o “ecologistas” un discurso de
izquierda más tradicional. Es justamente lo contrario de lo que debería hacerse: la
sostenibilidad – mucho mejor que hablar simplemente de ecologismo – debería ser el
puntal central ideológico, y todo nuestro discurso tendría que construirse alrededor
de este aspecto, el cual pasaría a ser no sólo un “elemento más”, sino que, en realidad,
la verdadera razón de ser de todo lo demás. No puede haber justicia social sin justicia
ecológica, no puede discutirse un modelo de repartición de la riqueza sin primero
cambiar el sistema productivo para que aquel sea sostenible, máxime cuando nuestro
principal problema actualmente es la falta de sostenibilidad y el riesgo de colapso.

20
Parte III
La crisis ecológica y la recomposición socialista del equilibrio metabólico hombre-
naturaleza

Resumen

Continuamos en esta sección de la serie “Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista” con la


conversación entre Michael Lowy, Miguel Fuentes y Antonio Turiel, representantes del
Ecosocialismo, el Colapsismo Marxista y la Teoría del decrecimiento. La discusión en esta
sección se centra alrededor de la naturaleza de los peligros asociados a la crisis ecológica y el
problema de la viabilidad o imposibilidad de un restablecimiento socialista del llamado
equilibrio metabólico del hombre y la naturaleza. Se invita a los lectores a revisar las secciones
anteriores de este debate.

21
Serie de preguntas 2


6. ¿Podría una revolución socialista “detener” el curso de la crisis ecológica
planetaria actual? ¿En que condiciones podría un proyecto socialista
“revertir” esta última?

-Michael Lowy:
Partiendo del consenso científico de que sería todavía posible detener el cambio
climático si se toman en las próximas décadas medidas enérgicas y radicales, nosotros
planteamos que dichas medidas urgentes y necesarias serían incompatibles con el
propio capitalismo. Sólo en un proceso de transición ecosocialista se podrían
implementar los profundos cambios que son requeridos para lograr este cometido; por
ejemplo, entre otros, la supresión de las energías fósiles, del agronegocio destructor
de los bosques, de la producción de mercancías inútiles, etc.

-Miguel Fuentes:
Nada puede detener ya el desarrollo de una crisis ecológica planetaria catastrófica.
Ni el capitalismo y su desarrollo tecnológico, pero tampoco la revolución socialista y
la serie de reformas de reorganización de la producción y la sociedad supuestamente
asociadas a esta última. Los prontos golpes de la catástrofe climática, agravados por
el avance de la inminente crisis energética, la escasez de recursos y la sobrepoblación,
son totalmente inevitables.

En el caso de las posibilidades que tendría todavía, teóricamente, el sistema


capitalista para evitar este escenario, no hace basta agregar más argumentos a los
defendidos en cualquier publicación ecosocialista (o marxista tradicional) de
polémica con el “capitalismo verde”. Tal como se plantea en aquellas, serían la
propia existencia del mercado y la competencia capitalista, así como también la
mantención en el escenario histórico de una clase social (la burguesía) cuyo interés
fundamental es la generación de ganancia, algunos de los obstáculos (insalvables)
más importantes que impedirían que el capitalismo pueda ofrecer una solución real

22
ante el problema climático. Un ejemplo de esto puede encontrarse en el rotundo
fracaso de prácticamente la totalidad de las conferencias climáticas organizadas por
la ONU en las últimas décadas, constituyendo el retiro de Estados Unidos del llamado
acuerdo de París y las políticas anti-ecológicas que está aplicando hoy Bolsonaro en
Brasil una muestra evidente de aquello. Igualmente, ya me referí en una respuesta
anterior a los impedimentos que tendrían los avances tecnológicos en el marco de la
actual sociedad capitalista para lograr una efectiva solución al tipo de crisis
ecológica-energética que está comenzando a dar sus primeros pasos a nivel
internacional. Sobre este último punto, que desarrollaré más ampliamente en una de
mis siguientes respuestas (ver pregunta 8), es posible consultar, asimismo, los debates
de polémica de diversos referentes ecosocialistas en contra del marcado “optimismo
tecnológico” que caracterizaría no sólo a una gran parte de las corrientes ecologistas
y medioambientalistas alrededor del mundo, sino que, a la vez, a una porción
significativa de la propia comunidad científica internacional. Es importante destacar
aquí que son justamente estos debates, críticos de la confianza ciega que depositan
ciertos sectores sociales, políticos, ambientalistas y del ámbito científico e intelectual
en el desarrollo científico y tecnológico como una vía de solución efectiva y
supuestamente infalible de la crisis ecológica planetaria, uno de los aportes teóricos
y políticos más significativos del Ecosocialismo y la ecología marxista.

Ahora bien, si tenemos en cuenta la escala y gravedad que ha alcanzado la crisis


ecológica en la actualidad, puede afirmarse que ni siquiera una gran transformación
social como la que podría representar, por ejemplo, el triunfo de una hipotética
revolución socialista mundial estaría hoy capacitada para “detener” o “evitar” el
avance (cercano) de una crisis ecológica y energética global de naturaleza
catastrófica. Esto último, de hecho, incluso en el caso de asumirse la viabilidad de
una ciertamente poco creíble “implantación exprés” (es decir, en nada más que una
década o dos) de una serie de importantes medidas globales de reorganización
socialista de la sociedad tales como, entre otras, la expropiación de los medios de
producción, la planificación de la economía a manos de los trabajadores o una
redistribución mundial de las riquezas. Quizás hace veinte o treinta años, de haberse
comenzado en ese entonces un agresivo plan de reorganización socialista
internacional de la producción y la sociedad caracterizado por un drástico enfoque
de protección medioambiental (aunque improbable dado el escaso papel que ha tenido
históricamente la problemática ecológica en el seno de las organizaciones marxistas
tradicionales), quizás en ese contexto la implementación de medidas tales como una
hipotética expropiación socialista de los medios de producción a nivel mundial,
efectivamente, podrían haber constituido palancas esenciales para conseguir un
eventual “freno” o “detención” de una dinámica de crisis ecológica global
catastrófica. Quizás entonces, como digo, si dichas medidas hubieran comenzado a
ser aplicadas hacia comienzos de las décadas de 1970 o 1980, esto en el marco del
desarrollo de un (poco creíble) programa de transición socialista de aplicación
“súper rápida” no sólo al nivel de uno que otro hipotético estado socialista
“ecológico” (algo así como una versión verde de la ex URSS o Cuba), sino que de
forma casi inmediata (instantánea) en todo el globo y con un contenido, asimismo,
“amigable” con el medioambiente, quizás en dicho escenario, sí, podría haber sido
concebible que aquellas medidas de reorganización socialista nos hubieran permitido
evitar la catástrofe… pero no hoy cuando ya estamos por empezar la tercera década
del siglo XXI. Lo anterior queda claro si tomamos en cuenta, por ejemplo, tal como
planteé en una respuesta anterior, el hecho de que nos encontraríamos a menos de

23
una década (¡menos de una década!) de alcanzar los niveles de CO2 atmosféricos
suficientes para asegurar, sin ninguna duda posible, la ruptura del límite catastrófico
de los 1.5 grados centígrados de calentamiento global. Y el asunto se vuelve todavía
peor si recordamos que no faltarían ni siquiera veinte años para que dichos niveles
alcancen niveles que darían ya por asegurado, no importa lo que hagamos en el
futuro, el rebasamiento de la mucho más catastrófica barrera de los 2 grados
centígrados.

Concentraciones actuales de CO2

¿Cómo piensan Lowy y otros ecosocialistas tales como Daniel Tanuro que rechazan
la idea de un colapso ecosocial inevitable (idea que aquellos descartan bajo el término
de “colapsología”), entonces, que la revolución socialista sería capaz de “frenar” el
desarrollo de una crisis ecológica catastrófica en, repitámoslo, nada más que una
década? ¿Como concebiría, por lo tanto, el Ecosocialismo de Lowy, Tanuro y
compañía la resolución de este problema? ¿Acaso nada más que impulsando
pintorescas marchas ambientalistas caracterizadas esencialmente por su pacifismo,
sus demostraciones “alternativas” de lucha ciudadana y sus muchas pancartas
multicolores en pro de un “socialismo ecológico” o una todavía más abstracta
“justicia climática”? ¿Quizás de la mano de propuestas eco-liberales encubiertas
tales como las de Ocasio-Cortez o Naomi Klein? ¿Quizás gracias a la difusión de
aquellas discusiones marxistas de tono “sensible” con los problemas ambientales en
las cuales abundan las imágenes de ese “Marx ecológico” que, al modo de un “Santa
Claus de los bosques”, gustan representar frecuentemente los círculos de amigos del
Ecosocialismo… ese Marx “amigo de la naturaleza” que destacaría en sus ingeniosas
representaciones, entre otras cosas, por una profusa y ciertamente bonachona barba
verde que asemejaría el follaje de los árboles y en donde hasta los pájaros podrían
construir sus nidos? ¿Sí? ¿Pero se habrán acaso olvidado nuestros ecosocialistas (o
algunos de sus repetidores vulgares en el ámbito del marxismo industrialista
tradicional: por ejemplo, los clubs de amigos de los permacultivos que impulsan las
secciones de “noticias verdes” de La Izquierda Diario en Argentina o Chile) que los
actuales casi 415 ppm de CO2 ya se encontrarían en gran medida “fijados” en la
atmósfera terrestre no sólo por varias generaciones en el futuro, sino que, además,
por un largo periodo de tiempo en escala geológica? ¿Recordarán estos exponentes
de la “ecosocialismología”, otra vez, que durante ese largo periodo de tiempo en el
cual las concentraciones de CO2 terrestre no caerán por debajo de los 400 ppm (esto
incluso en el caso de que las emisiones de gases de efecto invernadero bajaran
sustancialmente de forma inmediata), las temperaturas globales seguirán subiendo
inexorablemente (esto último, por ejemplo, en el caso de los océanos), siendo
asimismo imposible disminuir en el corto y mediano plazo estas concentraciones,

24
aquello simplemente porque no contamos con la tecnología (hoy y en muchas décadas
en el futuro) para lograr dicho cometido?

Representación ecosocialista de un Marx amigo de la naturaleza

Más aún, incluso poniéndonos en el caso de que sea posible hoy una revolución
socialista que, imponiéndose a nivel mundial mediante la violencia de las masas
explotadas, sea capaz de acabar de raíz con las clases capitalistas ecocidas y dar
paso, en un plazo no mayor a los 15 o 20 años, a la implementación de una “transición
ecosocialista global” tal como la planteada por Lowy y otros referentes del
Ecosocialismo, ¡aún así!... dicha forma de transición socialista (“súper rápida”) en
pos de la construcción de un nuevo tipo de “socialismo verde” a escala planetaria no
podría hacer nada, tampoco, para evitar el desarrollo de una crisis ecológica y
energética global catastrófica. Esto último, entre otras cosas, como ya dijimos, por la
sencilla razón de que dicha sociedad socialista “ideal” (ecológica) tampoco contaría
durante las próximas décadas (es decir, el límite de tiempo que nos quedaría antes del
inicio de una dinámica -absolutamente catastrófica- de la crisis climática) con las
tecnologías necesarias para hacer frente a los impactos que producirá sobre el clima
terrestre y los sistemas de producción de recursos los niveles de calentamiento global
ya asegurados (activados) por las actuales concentraciones de gases de efecto
invernadero en la atmósfera.

De hecho, como profundizaré en una respuesta siguiente (ver pregunta 8), uno de los
únicos campos del desarrollo tecnológico contemporáneo que podría llegar a tener
alguna injerencia real en el avance de la crisis ecológica en el corto plazo sería el de
la llamada geoingeniería, requiriendo sin embargo aquella todavía de muchas
décadas de desarrollo, tal como señalan una serie de científicos a nivel internacional,
para que pueda transformarse en una herramienta efectiva en el combate del cambio
climático. En otras palabras, un periodo de tiempo mucho mayor a los diez o veinte
años que, como hemos repetido, nos quedarían (¡si es que todavía nos queda alguno!)

25
antes del inicio de una fase catastrófica “abierta” de la crisis ecológica mundial. Y
todo esto sin siquiera integrarse, además, el pequeño “detalle” de la imposibilidad de
dar pie a un proyecto de transición ecosocialista global en tan sólo un par de décadas,
aquello si consideramos el hecho de que la burguesía internacional no saldrá de la
escena histórica sin antes intentar aferrarse con todas sus fuerzas (probablemente por
varias décadas y utilizando todos los medios a su disposición) al poder global. Todo
esto… sin siquiera considerarse, igualmente, el propio desafío (quizás imposible de
resolver sin seguir reproduciendo algunos de los actuales indicadores de destrucción
medioambiental globales asociados al sistema industrial) que tendría una hipotética
sociedad socialista “ecológica” para asegurar los alimentos, el agua, la ropa, la
vivienda, la salud, la educación, los derechos sociales, las opciones de género, las
preferencias identitarias, los gustos individuales… para una población mundial que
ya ronda los ocho mil millones y que podría dispararse durante las próximas décadas
a los nueve, diez, once, ¡doce mil millones de habitantes!

Todo esto, asimismo, en el contexto de una incipiente crisis energética internacional


como resultado de un fenómeno inicial de agotamiento de los combustibles fósiles que,
habiendo comenzado ya a manifestarse con fuerza en diversos países, haría necesaria
un tipo de transición energética global tan sólo alcanzable, de acuerdo con una serie
de estudios técnicos y asumiéndose un nivel de cooperación económica y política
internacional no alcanzado jamás durante la historia moderna, en un periodo no
menor, con suerte, a las tres o cuatro décadas. Esto último en un escenario
condicionado, además, por la creciente incapacidad, tal como señaló Antonio Turiel
anteriormente, de las llamadas energías renovables para satisfacer en el futuro
próximo las actuales necesidades energéticas mundiales. Todo esto, para empeorar
las cosas, en el marco de una inminente crisis planetaria de recursos como producto
no sólo del cercano rebasamiento de los 1.5 y 2 grados centígrados de calentamiento
global, sino que, asimismo, de un aumento potencial de la temperatura global que
podría llegar durante este siglo, tal como hemos dicho, hasta los tres, cuatro, cinco o
incluso seis grados centígrados. Y sumemos a todo lo anterior, finalmente, el
desarrollo del inminente y explosivo problema súper migratorio que se asociará,
necesariamente, no sólo a la aguda crisis alimentaria internacional que acompañará
el avance (ya irrefrenable) del calentamiento global y la crisis climática, sino que,
además, a un contexto internacional en el cual cualquier medida que pueda tomarse
para lidiar con estos problemas se enfrentará a un escenario cada vez más
desesperado y caótico.

Tal como señaló Turiel previamente, Lowy en realidad confundiría en sus


planteamientos el creciente consenso científico en torno a la magnitud del cambio
climático actual y sus posibles proyecciones durante este siglo, las cuales darían en
gran medida por asegurado el desarrollo de un tipo de calentamiento global
catastrófico en el corto plazo y, por otro lado, la serie de “consensos políticos”
(configurados de acuerdo a criterios eminentemente institucionales) del IPCC en sus
respectivos diagnósticos (conservadores) de la gravedad de la crisis climática global,
estos últimos basados a menudo en un tipo de discurso de tono interesadamente
consensuado, artificialmente moderado y digerible para las elites capitalistas y los
gobiernos alrededor del mundo. Una de las características de este discurso sería,
precisamente, hacer hincapié en un conveniente relato con respecto a la oportunidad
que tendrían todavía, supuestamente, las burocracias gubernamentales capitalistas
para “detener”, mediante la aplicación de los llamados “acuerdos climáticos

26
internacionales”, el curso catastrófico de la actual crisis ecológica. Serían de hecho
justamente estos “consensos institucionales”, sostenidos sobre la base tanto de una
serie de fantasiosas proyecciones en torno a la factibilidad de unas ultra drásticas
disminuciones de las emisiones industriales durante la próxima década, así como
también de las fabulosas capacidades, igualmente imaginativas, que debería adquirir
la geoingeniería durante este siglo para el impulso de un vasto programa de
“emisiones negativas” (esto en el caso, por ejemplo, de una también fantasiosa
implementación en gran escala de una serie de tecnologías de extracción de carbono
atmosférico), lo que sería erróneamente entendido por Lowy al modo de, tal como
aquel afirma, un importante “consenso científico” con respecto a la posibilidad que
la humanidad aún tendría para “evitar” la catástrofe. Esto último, claro, con la
condición -sine qua non- de que la solución para “detener” esta catástrofe no se quede
solamente ni en la esfera exclusiva de las reformas tecnológicas del sistema
productivo, así como tampoco en el terreno de los meros planes gubernamentales de
reducción de las emisiones de invernadero, sino que de paso, además, a una completa
“refundación ecosocialista” de nuestra civilización.

Una refundación socialista (color verde bosque) de la civilización industrial basada,


tal como se le olvida señalar a Lowy y sus amigos, en los cuentos de hadas de los ya
referidos “consensos institucionales” (¡no científicos!) del IPCC, esos mismos
cuentos de hadas alrededor de los cuales la gran diplomacia mundial se dedica a
charlar cada año, por ejemplo en el marco de las inservibles conferencias climáticas,
en torno a las posibilidades que tendría aún, supuestamente, nuestra monstruosa
sociedad industrial (y sus pronto 8 mil millones de habitantes) para “frenar” la
catástrofe que se avecina. Cuentos de hadas que luego se encargan de repetir, como
loros, aunque esta vez de manera mucha más burda que en los casos de Lowy, Tanuro
o Foster, los repetidores vulgares del Ecosocialismo en el ámbito del marxismo
industrial-contaminante tradicional; por ejemplo, entre otros, los ya mencionados
círculos de militantes “verdes” (de sensibilidad vegana y grandes admiradores de
Greta Thunberg) que impulsan las “secciones medioambientales” de La Izquierda
Diario o la Red Ecosocialista del MST argentino en algunos países tales como
Argentina, Chile, México o España.

Los referentes eco-verdes de La Izquierda Diario repiten los lugares comunes del
Ecosocialismo

27
Una supuesta refundación “eco-amigable” de nuestra civilización basada, entre otras
estupideces, en las mismas “golosinas ideológicas” elaboradas por la ONU en torno
a las capacidades, como ya dijimos fantasiosas, que tendría nuestra absolutamente
destructiva sociedad de masas para torcer “a cero”, mágicamente, en un par de
décadas, las millones de toneladas de gases de invernadero necesarias para alimentar
al “monstruo industrialista”… esas “golosinas” o “chupetes” ideológicos que se
encargan igualmente de masticar, esta vez de manera incluso todavía más patética
que en los casos ya mencionados de La Izquierda Diario o el MST argentino, los
estafadores ideológicos de la LIT-CI trotskista en las incipientes reflexiones
“ecológicas”, casi inexistentes, que vienen llevando adelante algunos militantes
aislados al interior de sus secciones nacionales. Esos mismos “chupetes” ideológicos,
en definitiva, que succionan cada tanto, repitiendo al modo de una canción de cuna la
frase de Gramsci en torno al “pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad”,
todo aquel arco de “intelectuales eco-marxistas” que (desde Michael Lowy hasta los
embaucadores eco-verdes “amigos” de Greta Thunberg de Roberto Andrés, Diego
Lotito, Valeria Foglia o Domingo Lara de La Izquierda Diario) se empeñan en discutir
ocasionalmente, lamiendo una y otra vez dichas golosinas medioambientalistas, su
serie de muy esperanzadoras “soluciones” socialistas y asimismo “verdes” (algo así
como una pegotina media mal hecha entre la consigna socialista tradicional de
control obrero de la producción y la exigencia Greenpeace de “Salvemos a Willy”) al
problema de un pronto colapso medioambiental planetario. Esto último, claro, en el
caso de que las organizaciones marxistas tradicionales tengan, al menos, uno que otro
“eco-activista” que se digne siquiera a impulsar algún espacio (siempre marginal) en
las publicaciones, usualmente los domingos, de su partido “obrero”, publicaciones
en las cuales dicho militante pretenderá que su respectiva organización “obrera” sí
tiene, en realidad, algo que decir, aunque sea de vez en cuando, ante el “problema
climático”.


La LIT-CI representa lo peor de la tradición trotskysta en su tratamiento del problema
ambiental

¡No! ¡Es necesario ser claros y explícitos! ¡La posibilidad de un horizonte de


salvación comunista durante este siglo requiere de ello! ¡La construcción de un

28
proyecto de redención socialista, en la muerte misma si es necesario, lo necesita!
Debemos decir, claramente, en contra de la perspectiva “verde-optimista” simplona
del Ecosocialismo y sus secuaces ideológicos, perspectiva que se ha transformado en
un obstáculo, mortal, para una real comprensión de la amenaza a la que nos
enfrentamos… ¡que el avance de una crisis ecológica catastrófica es ya imparable!
Es precisamente sobre esta situación de “emergencia climática global” (y pronta
catástrofe mundial de envergadura geológica) a partir de donde la revolución
socialista debe comenzar a discutir, tal como hiciera Lenin y sus hermanos
bolcheviques a principios del siglo pasado, aunque ahora de cara al apocalipsis…
¿qué hacer?

-Antonio Turiel:
Mi posición sobre este tema es un tanto intermedia, aunque mucho más cercana a la
de Fuentes que a la de Lowy. Primero que nada, no es verdad que no podamos mitigar
significativamente el proceso que está en marcha, e incluso es aún posible evitar las
peores consecuencias. Pero en ese “podemos” estamos considerando la cuestión
meramente técnica, física si quieren. Si consideramos el factor social, la inercia social
es tan grande que hace albergar pocas esperanzas de que se vayan a hacer los
cambios necesarios en el escaso tiempo disponible, entre otras cosas porque aún se
está jugando sobre todo a la ceremonia de la confusión. ¿Cuánta gente cree que la
cosa es cuestión de reciclar los envases, no utilizar bolsas de plástico, producir más
energía renovable, aumentar la eficiencia y el ahorro, y pasarse al coche eléctrico?
Son esas cuestiones las que ocupan prácticamente todo el espacio de debate no sólo
político, sino también público, cuando todo eso no son más que, en realidad, falsas
soluciones. Falsas soluciones que en el mejor de los casos tan sólo tratan los síntomas
y nunca las causas profundas, esto cuando no directamente las confunden.

Hay que ir, en realidad, mucho más lejos que una revolución socialista: hay que hacer
un cambio tremendamente profundo. Hay que abolir el interés compuesto, hay que
cambiar por completo el sistema productivo, las relaciones laborales, las relaciones
sociales, la relación con la Tierra. Los cambios necesarios, imprescindibles en
realidad, son tan grandes que su mera enumeración causa hoy un rechazo absoluto,
esto en un contexto en donde el capitalismo tiene la hegemonía total del discurso,
aquello al punto de que dicha hegemonía no sólo limita el pensamiento de las personas
sobre qué futuros podemos imaginar, sino que también sobre cómo puede ser su
colapso. Aparentemente, un colapso al estilo de -Mad Max- o -Apocalipsis Zombie-
serían las únicas opciones, esto aún cuando a lo largo de la historia los colapsos no
se han dado nunca de esa manera. Tal es el triunfo del discurso del capitalismo que
la mayoría de la población no entiende que se pueda hacer un discurso por fuera de
él. En estas condiciones, si no se produce una revolución global y radical,
efectivamente no podemos esperar nada bueno. El clima se acabará de desestabilizar
y para cuando se intente reaccionar haciendo algo en la dirección correcta faltarán
los recursos.

7. Considerando la actual ruptura de los equilibrios ecológicos del periodo


holocénico que han primado desde hace aproximadamente diez mil años en
nuestro planeta (un ejemplo de lo anterior serían los más de 410 ppm de CO2
presentes hoy en la atmósfera, un cifra no vista en la Tierra en varios millones de
años): ¿es realista plantear que el socialismo podría “restablecer” el llamado
“equilibrio metabólico hombre-naturaleza”, esto tal como plantea el

29
Ecosocialismo y los principales referentes de la ecología marxista? ¿Es esta
consigna una fantasía o una potencial realidad?

-Michael Lowy:
Francamente, no sé sí sea posible algo así como “restablecer” el equilibrio ecológico
tal como existió en el holoceno. Pero por lo menos deberíamos (y podemos hacerlo)
tomar medidas enérgicas que nos permitan superar la ruptura metabólica que
representa el capitalismo. Lo anterior serviría así para crear condiciones para un
nuevo equilibrio entre el hombre y la naturaleza, uno que pueda evitar la catástrofe.

A partir de aquí, la recomposición de este equilibrio no sería una fantasía, pero


tampoco (todavía) una realidad. Ahora bien, es la única propuesta racional para
superar el callejón sin salida capitalista. Sólo una reorganización ecosocialista de la
vida económica, social y política podría restablecer, por lo meno en parte, el equilibrio
metabólico entre las sociedades humanas y la naturaleza. No hay ninguna garantía,
sin embargo, que se logre imponer una alternativa ecosocialista al colapso
civilizatorio. ¡Esto dependerá de todos nosotros!

-Miguel Fuentes:
Michael Lowy plantea, literalmente, que no sabe si podamos ser capaces de
reestablecer el equilibrio ecológico que primó en la Tierra durante el periodo
holocénico. Reglón seguido, aquel afirma que, sin embargo, sería todavía posible
tomar una serie de medidas para superar la actual ruptura metabólica entre el hombre
y la naturaleza, asegurando con ello las condiciones para la creación de un “nuevo
equilibrio ecológico” que nos permita, entre otras cosas, “evitar” la catástrofe.
¡Bien! ¡Crear un nuevo “equilibrio ecológico” que reemplace al del holoceno…
¿cómo no se nos ocurrió antes? Y es que sólo bastaría con que integremos al
programa de la revolución socialista la consigna de la creación de este “nuevo
equilibrio”, esto por ejemplo gracias a una reorganización racional del sistema
económico internacional y la redistribución de las riquezas mundiales, para que dicha
revolución pueda estar capacitada para generar, nada menos, que un nuevo equilibrio
ecológico sobre nuestro planeta. Un nuevo equilibrio ecológico configurado no a lo
largo de decenas o cientos de millones de años tal como ocurriera en el caso de
algunos de los anteriores equilibrios geológicos que primaron en la Tierra en eras
pasadas, sino que, esta vez, tan sólo en décadas. Y no sólo esto, sino que además un
tipo de equilibrio medioambiental con la capacidad de, no importa cuanto hayan
avanzado hasta ahora las condiciones de degeneración medioambiental inducidas por
el capitalismo, permitir a los siete mil millones de habitantes que constituyen la actual
población mundial no sólo seguir satisfaciendo sus necesidades materiales de
subsistencia, sino que, de la mano de la imposición del socialismo mundial, comenzar
a disfrutar de unas condiciones de vida “realmente dignas”.

¡Maravilloso! La idea ecosocialista en torno a la creación de un nuevo “equilibrio


metabólico” (un término que nuestros ecosocialistas usan a menudo para dar prueba
de la gran profundidad teórica-práctica de sus propuestas) suena bastante bien. Por
un lado, aquella integraría tanto los beneficios propios de los programas
revolucionarios industrialistas de los siglos pasados (esto en lo que respecta, por
ejemplo, a la aseguración íntegra y efectiva de las necesidades materiales del conjunto
de la población mundial), así como también, por otro lado, las ventajas inherentes a
la creación de un nuevo marco armónico de relación entre la sociedad y el

30
medioambiente. En otras palabras, algo así como los sueños de Lenin y Greenpeace
unificados. ¿Se podría entonces, realmente, pedir más? Si hasta pareciera que la
fenomenal crisis ecológica y de recursos que se aproxima fuera una especie de
oportunidad (-in extremis-) para una “refundación verde” de nuestra civilización y
no lo que realmente es; es decir, no soló uno de los productos más nefastos de las
derrotas de la revolución socialista en los últimos dos siglos, sino que, además, una
amenaza existencial inminente de la cual, probablemente, no salgamos vivos.

Hagamos por lo tanto un alto y discutamos porqué la sin duda atractiva idea
ecosocialista de una restauración del llamado equilibrio metabólico ha pasado a ser,
en nuestras condiciones históricas, o bien una utopía, o bien una estafa ideológica.
Partamos aquí por preguntarnos si es realmente factible defender la creación, tal
como sugiere Lowy, de un “nuevo” equilibrio ecológico distinto al que imperara
durante el periodo holocénico y que, ante la imposibilidad de una restauración
completa de las condiciones de este último, nos permitiría “evitar” el desarrollo de
un cambio climático catastrófico. ¿Es consciente Lowy en esta afirmación de que
literalmente todo lo que hemos conocido no sólo como civilización, sino que, además,
las propias bases del desarrollo de la primeras sociedades agrícolas-ganaderas y la
vida sedentaria fue en gran medida viable, justamente, por la existencia de los rangos
de variabilidad climática que caracterizaron al hoy agonizante periodo holocénico?
¿Tiene presente este intelectual ecosocialista el hecho de que los pilares climáticos de
dicho periodo geológico fueron los que hicieron posible, en gran medida, el desarrollo
de todas las sociedades estatales desde las polis griegas hasta los grandes imperios
coloniales de los siglos XIX y XX? ¿Considera aquel que el mismo desarrollo del
capitalismo, basado en una lógica de crecimiento infinito, fue también posible,
precisamente, por las condiciones medioambientales generales del periodo
holocénico que, en combinación con los adelantos tecnológicos y productivos de la
economía capitalista, confirieron a esta última la abundancia de recursos agrícolas y
naturales necesaria para su funcionamiento y expansión? ¿Tiene en cuenta Lowy, en
su al parecer total subvaluación de la importancia fundamental que tendría el marco
medioambiental holocénico para la sobrevivencia de nuestra propia sociedad, que ni
siquiera sabemos si sería dable preservar aquello que hemos denominado hasta ahora
como civilización en un contexto geológico “distinto” al del Holoceno… esto último
ya que, por lo menos hasta hoy, la civilización misma ha sido, en los hechos, un
fenómeno eminentemente holocénico?

Más aún… ¿tendrá presente Lowy que cualquier otro tipo de equilibrio ecológico que
no esté basado en la preservación de las condiciones holocénicas sería muy
probablemente incompatible con la sobrevivencia de una gran parte de la actual
población mundial, esto si se consideran, por ejemplo, las condiciones climáticas
imperantes durante el Plioceno, un periodo geológico que, caracterizándose por una
temperatura global ligeramente superior a la de los últimos milenios, era demasiado
caliente para la preservación de los sistemas agrícolas actuales? ¿De que estamos
hablando, por lo tanto, cuando se afirma, ligeramente, que sería posible crear las
condiciones para la configuración de un “nuevo” equilibrio ecológico que, distinto al
holocénico, nos permitiría “evitar” la catástrofe? ¿Son conscientes los exponentes
ecosocialistas al realizar estas afirmaciones de que la mayor parte de los periodos
geológicos que han existido sobre la Tierra, salvo el Holoceno, se han caracterizado
por condiciones mucho más hostiles para la sobrevivencia de nuestra especie?
¿Tienen en cuenta los ecosocialistas, otra vez, que la diferencia de tan soló unos

31
grados en la temperatura global media durante este siglo nos pondría ante un contexto
climático demasiado caliente o demasiado frío para la preservación de la humanidad
sobre una gran parte del planeta, siendo un ejemplo de lo anterior el difícil escenario
paleoclimático que las sociedad humanas debieron enfrentar durante el Pleistoceno
(o edad glacial); es decir, un periodo geológico que con sólo unos cuantos grados
centígrados de temperatura por debajo de la línea de base del siglo XIX era tan frío
que una porción significativa de la Tierra era totalmente inhabitable?

Holoceno y civilización en los últimos diez mil años (variabilidad holocénica en azul)

¡No! Contrariamente a lo que plantea Lowy, no existiría ningún tipo de equilibrio


ecológico “alternativo” con el cual simplemente “reemplazar” las condiciones
medioambientales (inusualmente estables) existentes durante el Holoceno. Esas
condiciones climáticas que imperaron durante los últimos diez mil años en la Tierra
y cuyo marco geológico base ya habría sido volado en pedazos por el avance de la
destrucción capitalista, esto tal como muestra, por ejemplo, el reciente rebasamiento
del límite de los 400 ppm de CO2 atmosférico, un nivel no visto sobre nuestro planeta
en varios millones de años. Esa destrucción ambiental capitalista responsable,
asimismo, de los actuales ritmos de acidificación marina (sin precedente en los
últimos 300 millones de años) y las inéditas tasas de desaparición de las especies, las
cuales han alcanzado ya niveles entre un 100% y un 1000% superiores a las tasas
naturales. ¡No! El equilibrio medioambiental holocénico; es decir, el único equilibrio
geológico que la civilización ha conocido hasta hoy, ya ha sido pulverizado… ¡esto
incluso antes de haberse rebasado la barrera catastrófica de los 1.5 grados
centígrados de calentamiento global fijada por la ONU!

32

Niveles actuales de CO2 en escala geológica

Y resulta que este equilibrio medioambiental, deshecho ya por el frenesí destructivo


de la sociedad industrial, no puede ser ni “reparado”, esto tal como tampoco puede
ser reparada (¡aún con todo nuestro desarrollo tecnológico!) una botella de vidrio al
estrellarse a toda velocidad en contra de un muro, así como tampoco, tal como
dijimos, “reemplazado”. Esto último, precisamente, porque los equilibrios geológicos
no son simplemente botellas que puedan ser intercambiadas luego de que alguna de
aquellas se haya “roto” (o “fracturado”), sino que, por el contrario, el resultado de
una compleja interacción de ecosistemas y factores climáticos a lo largo de miles de
años de la cual, en muchos casos… no conoceríamos prácticamente nada.

Un ejemplo de lo anterior puede encontrarse en el caso del estado del conocimiento


científico sobre los océanos, los cuales a pesar de la importancia vital que poseen
para la reproducción de las cadenas tróficas del planeta, serían hasta hoy incluso más
desconocidos para la humanidad que el espacio exterior (hasta el año 2016, por
ejemplo, sólo el 5% del suelo marino había sido incluido en registros topográficos).
Otra muestra de lo mismo se hallaría en nuestra comprensión (incomprensión, mejor
dicho) del funcionamiento y carácter de otro de los componentes esenciales de la vida
natural: los sistemas arbóreos. Dando cuenta de las importantes lagunas del
pensamiento científico moderno en torno al funcionamiento de los ecosistemas
terrestres, recientes investigaciones han dejado en evidencia el casi completo
desconocimiento que caracterizaba a las ciencias naturales, hasta hace sólo algunos
años, en torno a la existencia de una vasta red de comunicación entre una gran parte
de las comunidades arbóreas del planeta. La complejidad de esta red sería de tal
envergadura que aquella destacaría, de hecho, por la presencia de importantes
fenómenos de cooperación y competencia social entre árboles, teniendo estos últimos
incluso la capacidad no sólo de comunicarse entre sí potenciales peligros, sino que
además de conformar extensas “comunidades” en las cuales una determinada
“familia” podría llegar en ciertos casos, sorprendentemente, a transferir nutrientes a
sus miembros más necesitados.

Lo anterior son solamente dos ejemplos ilustrativos, en dos sectores neurálgicos de


los ecosistemas terrestres, de las tremendas limitaciones (insalvables de acuerdo con
varios pensadores) que tendría el desarrollo científico actual (y probablemente el de
muchas décadas en el futuro) para pensar en asumir, seriamente, cualquier tipo de

33
“reparación” o “reemplazo” (ecosocialista) de los ya definitivamente “fracturados”
(o mejor dicho deshechos) equilibrios holocénicos. Agreguemos a esto que ni siquiera
hemos mencionado todavía, tal como desarrollaré en una de mis siguientes respuestas
(ver pregunta 8), las enormes limitaciones que tendrían los avances tecnológicos
contemporáneos (y tal vez los de las próximas centurias) para llegar incluso a
imaginar una restauración no traumática (es decir, que no se cobre la vida de cientos
o miles de millones de personas) de tan sólo una parte de dichos equilibrios, esto
último, claro, si es que algo así como la restauración de una “parte” de un todo tan
complejo como el ciclo de la vida terrestre pueda ser posible.

Red arbórea de intercambio de nutrientes1

Lo que nos estaría mostrando la evidencia científica como perspectiva más probable
sería así, con cada vez más fuerza, la apertura de un nuevo periodo geológico
marcado por un progresivo desequilibrio estructural y degradación terminal del
conjunto de los ecosistemas terrestres. Sería justamente a esto a lo que apuntaría un
creciente número de investigadores al defender la idea del comienzo de un nuevo
periodo geológico caracterizado por el inicio de la VI extinción masiva de la vida
terrestre. Otro término para este nuevo periodo geológico sería el de Antropoceno.
Lo importante que se debe tener aquí en cuenta es que ambos conceptos aludirían al
desarrollo de un marco medioambiental definido no sólo por un empeoramiento
progresivo (e irreversible) de las condiciones de habitabilidad humana sobre el
planeta, sino que, además, por plantear la posibilidad de un salto todavía más
catastrófico de la crisis climática, esta vez con la capacidad de amenazar durante este
siglo o los siguientes el conjunto de la vida compleja existente en la Tierra. Una de
las perspectivas más temidas por algunos científicos que mostraría dicha posibilidad
sería la del inicio de una dinámica de súper-aceleración del calentamiento global
(perspectiva definida bajo el concepto de Runaway Global Warming), esto por
ejemplo en el caso de producirse la liberación (potencialmente cercana) de las
masivas reservas naturales de metano almacenadas en el permafrost o los lechos
marinos en las zonas árticas. Dicho de otro modo, un escenario medioambiental en
gran medida impredecible, asociado a un contexto planetario no necesariamente

1
How Trees Secretly Talk to Each Other in the Forest (https://www.youtube.com/watch?v=7kHZ0a_6TxY).

34
moldeado por la acción de aquellos mecanismos de homeostasis terrestre a los que
hiciera alusión Turiel previamente, sino que, por el contrario, a uno que sea testigo
de una re-edición (o de algo tal vez peor) de algunos de los fenómenos más
destructivos de la historia geológica: por ejemplo, de alcanzarse un calentamiento
global entre 5 y 6 grados centígrados durante este siglo, la extinción pérmica.

Todo apuntaría así, como dijimos, a un escenario objetivo incompatible con la


restauración de ningún “equilibrio metabólico”, esto por lo menos durante este siglo
y, probablemente, los venideros. El escenario más coherente con la evidencia
científica disponible parecería ser, por el contrario, uno en el cual la humanidad no
contaría ya con la posibilidad ni de detener la dinámica de degradación terminal de
las condiciones geológicas del expirante periodo holocénico, así como tampoco de
reeditar otras condiciones naturales “alternativas” (similares) a aquellas.
Habiéndose ya perdido irremediablemente durante el siglo pasado la posibilidad de
una superación revolucionaria del capitalismo que nos hubiera permitido enfrentar
probablemente en mejor pie la situación (abismal) de quiebre ecosistémico en que nos
encontramos hoy, lo que nos quedaría ahora sería un escenario (inevitablemente
traumático) en el cual mientras un segmento importante de la humanidad estaría ya
condenado, literalmente, a la desaparición (es decir, a la muerte), el otro estaría por
hacer frente a un empeoramiento progresivo, irreversible y sistemático de sus
condiciones de vida. Esto último, tal como ya dijimos, con o sin socialismo mundial…
y sin poder descartarse el avance de un potencial fenómeno de extinción humana total
en el mediano o largo plazo, aquello en el caso de que la sociedad capitalista
declinante o sus posibles derivaciones post-colapsistas, que serán seguramente
monstruosas, tampoco logren ser “superadas” a tiempo. De hecho, sería sólo esta
forma “sui generis” de superación (senil) del capitalismo; esto es, un tipo de
“superación” del mismo que estaría ya incapacitada para detener o frenar el
fenómeno ya activado de colapso civilizatorio, la única “superación” posible de este
sistema o de las potenciales sociedades post-capitalistas que podrían sucederle en el
escenario histórico durante este siglo o en los próximos.

¡Este es el precio nuestros fracasos! ¡Este es el resultado de nuestra incompetencia


para cumplir con la tarea de eliminar, de raíz, al capitalismo! ¡Esta es nuestra
recompensa! ¡No la posibilidad de una reedición “verde” (ecosocialista) de nuestros
proyectos revolucionarios ya fracasados, sino que, por el contrario, la exterminación
segura, inevitable, de una gran parte de nuestra especie! A todas luces, el proceso
histórico futuro no se nos presenta al modo de esa amable consejera a la cual
parecería apelar el discurso ecosocialista en sus arengas medioambientales, esa
“consejera ecosocialista” que, oscilando siempre entre las apelaciones a la
revolución social y el reformismo académico más grotesco (la propia organización de
Lowy, la LCR, es un ejemplo perfecto de esto último), pareciera invitarnos a cada
momento a que intentemos avanzar, por enésima vez, aunque ahora en un plazo de tan
sólo unas cuantas décadas, por el camino de esa misma transición socialista que
hemos sido incapaces de atravesar en más de dos siglos, sino que, en realidad… como
una hiena de ojos de sangre que, sabiéndonos acorralados, se dispone a destriparnos.
Este es el precio de las derrotas de la revolución: ¡la muerte!

35
La derrota del socialismo moderno constituye una condena inevitable para la humanidad

¿Pero quiere decir esto que ya no pueda hacerse nada para enfrentar la crisis que se
avecina y que debemos, entonces, simplemente sentarnos a esperar nuestra extinción?
No necesariamente. Lo que quiere decir lo anterior, en realidad, es que, precisamente
para que podamos hacer algo ante esta crisis, una de las primeras cuestiones que
debemos hacer es reajustar nuestras expectativas con respecto a lo que, de acuerdo a
un criterio realista, podremos llegar (o no) a hacer durante este siglo para enfrentar
el derrumbe. Esto último para intentar resistir, de la mejor manera posible, aquello
que, si tenemos en cuenta la verdadera gravedad y magnitud de los fenómenos de
destrucción ecosistémica que hemos desencadenado, se presenta ya como uno de los
desafíos evolutivos más importantes a los que se ha enfrentado (y enfrentará) la
especie humana.

¿Pero cómo es posible que Lowy y una gran parte de los referentes del Ecosocialismo
pasen por alto (o, al menos, no integren plenamente) el cúmulo de evidencias
científicas disponibles con respecto al carácter y las proyecciones catastróficas -
reales- de la actual crisis ecológica y energética? Dado el protagonismo que han
tenido estos referentes durante las últimas décadas en el avance de la discusión
anticapitalista en torno al problema medioambiental, es imposible explicar lo anterior
como el producto de un mero desconocimiento de dichas evidencias. La razón del
quiebre, cada vez más agudo, entre las concepciones ecosocialistas, por un lado, y las
proyecciones crecientemente catastróficas de la crisis climática-energética, por otro,
hunde sus raíces, a mi juicio, en el ámbito de la propia matriz teórica con la cual el
Ecosocialismo ha tendido a comprender no sólo el concepto de “fractura
metabólica”, sino que, además, las propias capacidades que tendría, supuestamente,
un proyecto anticapitalista para revertirla.

36
En el caso de Bellamy Foster, por ejemplo, uno de los teóricos marxistas más
importantes del concepto de “fractura metabólica” en Marx y cuyas elaboraciones
constituyen una especie de piedra angular del pensamiento ecológico marxista
contemporáneo, lo que existiría es, a mi parecer, un doble problema cuyo origen
podría rastrearse en el propio Marx. El primero de estos problemas sería, tal como
he mencionado al pasar anteriormente, una marcada subvaluación en las
concepciones de este autor tanto del verdadero carácter catastrófico que tendría hoy
la crisis ecológica, así como también de sus potenciales efectos disruptivos al nivel
del desarrollo histórico y la lucha de clases. Esta subvaluación se expresaría, entre
otras cosas, en una escasa integración en la reflexión ecosocialista de las implicancias
teórico-programáticas y prácticas de los peligros (cercanos) de un derrumbe
ecosistémico global y un fenómeno inminente de colapso civilizatorio y extinción
humana. En el ámbito de las organizaciones marxistas influenciadas en mayor o
menor grado por las ideas de Foster y la ecología marxista, lo anterior tomaría la
forma de una mantención, en gran medida incólume, de los mismos marcos
programáticos marxistas tradicionales del siglo pasado, aunque ahora adornados (-
aggiornados-) con una serie de discusiones filosófica-políticas de tono ecológico y
una gama variopinta de consignas medioambientales cuya finalidad sería actuar, no
como el catalizador de una profunda reformulación estratégica revolucionaria capaz
de integrar el horizonte de un colapso ecológico planetario, sino que, por el contrario,
al modo de un tipo de “complemento verde” (ecológico) de los viejos programas
marxistas industriales.

Con todo, lejos de constituir esto último, al decir de Bellamy Foster, el producto de
una supuesta “escasa comprensión” por parte de las organizaciones marxistas
tradicionales de los postulados ecológicos presentes en la obra de Marx y Engels, la
raíz de este problema podría detectarse, como ya mencioné, en las reflexiones del
propio Marx quien, a pesar de haber sido uno de los primeros pensadores socialistas
en describir la dinámica disruptiva que ejerce el capitalismo sobre los ciclos naturales
(de ahí su definición en “El capital” de “fractura metabólica”), no llegó nunca a
concebir, posiblemente por los propios condicionantes históricos y culturales del
conocimiento científico de su tiempo, ni los ritmos ni la magnitud (geológicamente
inéditos) que podría alcanzar esta “dinámica de fractura”. En otras palabras, la
definición que hiciera Marx en “El capital” en torno a la “fractura metabólica” (una
designación, como dijimos, para representar el impacto ecológico disruptivo asociado
al modo de producción capitalista) constituye la “intuición teórica” de un fenómeno
que debía, todavía, materializarse históricamente. Habría sido recién durante la
segunda mitad del siglo pasado cuando este fenómeno habría terminado, de hecho, no
sólo de desplegar toda su potencia destructiva, sino que, además, de manera
imprevista para el propio marco teórico marxista tradicional, de constituirse en uno
de los factores potenciales de colapso más importantes del sistema capitalista.

La evaluación que hacen Foster, Lowy y otros referentes del Ecosocialismo con
respecto al peligro que representaría hoy el empeoramiento (a niveles nunca vistos)
de la “fractura metabólica”, se quedaría así, por lo tanto, a medio camino (atrapada)
entre la definición “intuitiva” (eminentemente teórica-hipotética) de la misma que
hiciera Marx durante el siglo XIX, por un lado, y el estado de la discusión científica
actual en torno al problema de la crisis ecológica, por otro. Sería justamente este
“aprisionamiento teórico” entre la insuficiente (y en algunos aspectos caduca)
reflexión de Marx con respecto a la definición de “fractura metabólica” y el estado

37
actual de la discusión científica en torno a la crisis climática lo que impediría al
Ecosocialismo, entre otras cosas, avanzar hacia un verdadera reflexión teórico-
programática (actualizada) del peligro de un ecocidio planetario. Es justo mencionar
aquí, sin embargo, que fue ya el propio Marx quien sugiriera en distintos pasajes de
su obra, tal como ha desarrollado extensamente el mismo Bellamy Foster y otros
ecólogos marxistas, el peligro de un potencial fenómeno de extinción de nuestra
especie como resultado de, por un lado, una intensificación del fenómeno de
alienación del capital respecto al medio natural y, por otro lado, de una exacerbación
de los desbarajustes medioambientales de los que aquel era testigo.

John Bellamy Foster

El segundo problema asociado a la lectura ecosocialista del concepto de “ruptura


metabólica” se relacionaría, tal como es posible advertir en los trabajos de Foster y
en algunas de las respuestas anteriores de Lowy, a la existencia de un marcado
sobreoptimismo con respecto a las capacidades que, supuestamente, tendría el
socialismo para implementar las respuestas sociales y tecnológicas requeridas para
superar la actual crisis ecológica (como hemos dicho, de una magnitud que ni siquiera
el propio Marx llegó a concebir). Este tipo de exacerbado “optimismo sociológico”
(o “socio-tecnológico”) se expresaría, asimismo, en una tácita sobrevaloración en el
marco interpretativo ecosocialista de las capacidades atribuidas al capitalismo para
evitar, o al menos para aplazar indefinidamente, un fenómeno de colapso social
(autoinducido) como resultado del agravamiento de la crisis ecológica y su
combinación con los efectos de un potencial derrumbe energético y de recursos a nivel
planetario. Debe destacarse aquí, con todo, que esta sobreestimación de las
capacidades del sistema capitalista para evitar su propio colapso no se daría en el
ámbito ecosocialista de manera explícita, sino que, por el contrario, de un modo
vergonzante. Esto quiere decir que mientras la mayoría de los referentes

38
ecosocialistas aceptarían (teóricamente) la posibilidad de un colapso capitalista (esto
último apelando, por ejemplo, a los planteamientos de ciertos pensadores marxistas
tales como Rosa Luxemburgo o Walter Benjamin), aquellos terminarían siempre por
aplazar esta posibilidad para un futuro indefinido y abstracto; esto es, sin realizar
una integración real de la misma en el análisis histórico. Una muestra de este tipo de
posiciones vergonzantes puede verse, otra vez, tanto en algunas de las respuestas
anteriores de Lowy, así como también en varias de las posturas defendidas por otros
referentes ecosocialistas tales como Daniel Tanuro o Ian Agnus. Muestras adicionales
de lo mismo pueden encontrarse en el ámbito de los ya mencionados repetidores
vulgares del Ecosocialismo en el terreno del marxismo industrialista latinoamericano:
por ejemplo, en el caso de los ya referidos “círculos verdes” de ciertas organizaciones
filo-socialdemócratas y trotkystas tales como como el PTS, el PTR o la Red
Ecosocialista del MST en Argentina y Chile. Otra muestra de lo anterior puede
hallarse, esta vez a un nivel que rayaría en lo grotesco, en algunas de las escasas (y
pobrísimas) reflexiones de la LIT-CI sobre la problemática ambiental.

La existencia de esta forma de sobreoptimismo sociológico, el cual constituiría uno


de los sellos teóricos de la ecología marxista clásica y el pensamiento ecosocialista,
tendría también sus raíces en otras de las posiciones, de tono industrial-
productivistas, defendidas por Marx y Engels a lo largo de sus vidas. Una de aquellas
puede encontrarse en los argumentos de Marx en su acalorada (y posiblemente
exacerbada) refutación de las ideas de Malthus en torno a un posible derrumbe
poblacional como efecto de la tendencia al agotamiento de los suelos agrícolas.
Contrariamente a la perspectiva catastrofista de Malthus, Marx defendió en ese
entonces el postulado de que el avance del desarrollo tecnológico característico del
sistema industrial sería, de hecho, lo suficientemente dinámico como para evitar, de
manera permanente, un escenario de colapso demográfico como el planteado por la
hipótesis malthusiana, determinada por la combinación entre una población humana
en continuo crecimiento, por un lado, y una situación de escasez alimentaria creciente,
por otro. Si bien las posiciones de Marx constituyeron en su momento una correcta
refutación de las ideas malthusianas, aquellas tuvieron el límite de no reconocer la
posible validez futura de algunas de las previsiones elaboradas por Malthus, esto por
ejemplo en el caso de producirse un salto (imprevisto) de las condiciones de
degradación ecológica planetaria. La importancia de esto último queda de manifiesto
si se consideran los desafíos estructurales que estaría comenzando a enfrentar hoy la
producción agrícola mundial como efecto tanto del agotamiento de la pasada
“revolución verde” (la que habría terminado por generar graves desbarajustes al
nivel de las bases de la producción agrícola), así como también de los impactos
iniciales del cambio climático sobre aquella.

Ahora bien, aunque no es posible achacar a Marx la responsabilidad de no haber


predicho el cambio que tendrían las condiciones objetivas del desarrollo histórico
tomadas en cuenta por aquel en la elaboración de su respuesta a la hipótesis de la
catástrofe malthusiana, sí es posible detectar en sus posturas, al menos, una confianza
posiblemente excesiva, explicable sin duda por el apogeo en dichos momentos de la
mayor transformación tecno-científica que haya experimentado la humanidad hasta
ese entonces: la revolución industrial, en las capacidades de un desarrollo tecnológico
supuestamente continuo, unilineal y, posiblemente en las concepciones de Marx,
“perpetuo”. Sería precisamente la existencia de dicha impronta desarrollista
industrial existente en varios de los postulados fundacionales no sólo de la obra de

39
Marx y Engels, sino que, además, en la de algunos de los principales exponentes del
Marxismo clásico (por ejemplo, Lenin, Trotsky, Luxemburgo o Gramsci), lo que se
encontraría en la base del ya referido desmesurado “optimismo sociológico” que
impregnaría mucha de las posiciones del Ecosocialismo.

Otros aspectos del exacerbado optimismo socio-tecnológico que caracterizaría los


planteamientos ecosocialistas se alimentarían, asimismo, de las posturas
tradicionales del marxismo tradicional en torno a las pretendidas capacidades que
tendría la clase obrera para liderar una transición socialista supuestamente apta,
incluso ante la perspectiva del desarrollo de una crisis ecológica súper catastrófica,
para satisfacer íntegra y efectivamente las necesidades sociales de la humanidad. Se
presupone aquí que, gracias a la ubicación objetiva de esta clase en el sistema
productivo (perspectiva sociológica), aquella se vería facultada automáticamente (al
menos en el plano objetivo) para asegurar, por ejemplo, mediante la instauración de
un sistema de economía planificada, una transición al socialismo plenamente
“armónica” con la naturaleza. Una de las características de estas posiciones, las
cuales dan muchas veces por sentada, de manera acrítica, dicha supuesta facultad que
tendría el proletariado para lograr una “reorganización socio-ecológica” efectiva de
las relaciones productivas, sería en muchas ocasiones rehuir, tal como hemos
mencionado en diversos lugares anteriormente, no sólo de una verdadera
problematización científica, teórica, política y programática de la crisis ambiental
contemporánea, sino que, además, de cualquier consideración de las posibles
“distorsiones estructurales” que un fenómeno de crisis ecológica y colapso
civilizatorio inicial podrían comenzar a generar en la dinámica de la lucha de clases
contemporánea, esto incluso antes de una fase abierta (o plena) de crisis ecosocial
catastrófica mundial. Una muestra extrema (“maestra”) del exacerbado optimismo
socio-tecnológico presente en la tradición marxista industrialista con respecto a las
capacidades que tendría el proletariado, pretendidamente, para la generación de un
nuevo marco “socio-natural” de desarrollo civilizatorio puede encontrarse, aunque
elaboradas en otro contexto histórico, en algunas de las ideas de Trotsky defendidas
en “Literatura y Revolución” en torno a la supuesta posibilidad de un dominio casi
total de la naturaleza por parte del “nuevo hombre socialista”. Esta discusión será
retomada en algunas de mis siguientes respuestas en este debate. Por el momento
puedo recomendar a los lectores con respecto a este tema el muy interesante artículo
de Daniel Tanuro “La pesada herencia de León Trotsky”.

-Antonio Turiel:
Tiene razón Fuentes cuando tan detalladamente explica que volver al equilibrio del
Holoceno, ese paraíso perdido, es a estas alturas imposible; en primer lugar, porque
el propio Holoceno representa una anomalía geológica, una que hizo posible la
proliferación de la vida humana y que, probablemente, tendríamos que haber hecho
lo imposible por preservar – tarea que ya era difícil de por sí. Sabemos que incluso la
propia agricultura tradicional, por ejemplo, tiende a deteriorar la capa fértil del suelo
con el arado repetido de la tierra. Igualmente, al eliminarse los bosques para ganar
terreno para cultivar se eliminan los cortavientos naturales, produciendo esto último
un tipo de desequilibrio de estos terrenos que termina causando fenómenos como el -
Dust Bowl- de los años 30 en los EE.UU. Seguramente algo parecido, combinado con
un cambio climático a escala regional (posiblemente agravado por los cambios en la
cobertura vegetal que modificó la evaporatranspiración de dicha zona) convirtió el
Creciente Fértil en la zona desértica que es ahora mismo.

40
Lo cierto es que nuestro conocimiento científico actual es muy limitado y por eso la
pretensión de que somos capaces de “restablecer ecosistemas” es bastante ilusoria.
Estamos lejísimos de poder hacer tal cosa, entre otras cosas porque los ecosistemas
experimentan procesos de histéresis y una vez que los alejas mucho de su punto de
equilibrio, aquellos simplemente no pueden volver al estado anterior, acabando así
forzosamente en un nuevo estado, el cual puede ser para nuestros intereses poco
conveniente. En general, los nuevos ecosistemas, que son muy estables, son de baja
biodiversidad y bastante áridos. Desde aquí es que, esencialmente, convertimos lo que
alteramos en desiertos, los cuales son muy estables y difíciles de revertir. Y a la
Naturaleza le lleva decenas de miles de años convertir un desierto en un terreno fértil,
y nosotros, en nuestra prepotencia, creemos poder hacerlo en cuestión de décadas.
¡Qué va!

Dado que no entendemos todos los engranajes del equilibro ecosistémico, deberíamos
seguir un principio de elemental precaución y simplemente intentar disminuir nuestra
huella, alterando tan poco como sea posible estos ecosistemas. No intentemos
remediar nada: simplemente, intentemos no fastidiarla más.

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Léalo en las siguientes entregas de este debate (adelanto)

-Michael Lowy:
Este argumento ilustra el estilo arrogante, intolerante, sectario y estéril de ciertos
grupúsculos “colapsistas”.

-Miguel Fuentes:
El derrumbe electoral del trotskismo y el anticapitalismo francés y argentino ante la derecha
y el peronismo, así como también la total adaptación del Ecosocialismo a la consigna
reaccionaria de “petróleo barato” de los chalecos amarillos, demuestra la bancarrota de
una izquierda que no está discutiendo las implicancias de un próximo fenómeno de colapso.

Próxima sección

-Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista (IV)


Discutiendo las capacidades de la tecnología y el socialismo para “frenar” un cambio
climático catastrófico

-Las secciones anteriores de este debate pueden leerse en el siguiente enlace:


https://www.scribd.com/document/441112422/Michael-Lowy-Ecosocialismo-versus-
Colapsismo

Materiales de lanzamiento reciente

-El Horizonte de un colapso civilizatorio inminente.


Entrevista de Paul Walder a Miguel Fuentes (I)

Enlace:
http://www.politika.cl/2019/12/14/parte-i-el-horizonte-de-un-colapso-civilizatorio-inminente-
conversacion-entre-paul-walder-y-miguel-fuentes/

-La inevitabilidad de la catastrofe.


Entrevista de Paul Walder a Miguel Fuentes (II)

Enlace:
http://www.politika.cl/2019/12/22/conversacion-con-miguel-fuentes-parte-ii-la-
inevitabilidad-de-la-catastrofe-eco-social-planetaria/

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Materiales adicionales (online)

1. Ecosocialismo

-Manifiesto Ecosocialista
https://www.rebelion.org/hemeroteca/sociales/lowy090602.htm

-Ecosocialismo y Crisis Civilizatoria


https://razonyrevolucion.org/crisis-ecologica-crisis-capitalista-crisis-civilizatoria-la-
alternativa-ecosocialista/

-Michael Lowy, la Crisis Ecológica y el Colapso


https://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2017/05/28/michael-lowy-advierte-sobre-la-
crisis-ecologica-es-un-tren-suicida-que-avanza-con-una-rapidez-creciente-hacia-un-abismo/

2. Marxismo Colapsista

-Presentación de “Marxismo y Colapso”:


https://www.eldesconcierto.cl/2019/03/09/marxismo-y-colapso-la-ultima-frontera-teorica-y-
politica-de-la-revolucion/

-Marxismo y Colapso Web:


https://www.marxismoycolapso.com

-Marxismo y Colapso Facebook Fanpage:


https://www.facebook.com/Marxismo-y-Colapso-Redes-104267944397619/

3. Teoría del Decrecimiento

-El agotamiento del petróleo (Antonio Turiel)


https://www.comillas.edu/images/catedraBP/Presentacion%20Antonio%20Turiel.pdf

-Antonio Turiel (Entrevista)


https://ultimallamadamanifiesto.wordpress.com/2018/12/11/turiel-la-transicion-a-las-
energias-renovables-implica-el-fin-del-crecimiento-y-por-tanto-el-fin-del-capitalismo/

-The Oil Crash Blog:


http://crashoil.blogspot.com/

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Otros materiales - Miguel Fuentes (Recientes)

1. ¿Asamblea Constituyente o Asamblea Popular de Emergencia? Chile ante la doble


perspectiva de la revolución y el colapso

Enlace:
https://www.scribd.com/document/433366154/Chile-Asamblea-Constituyente-o-Asamblea-
Popular-de-Emergencia

2. Octubre Rebelde: Chile ante la perspectiva doble de la Revolución y el Colapso

Enlace:
https://www.scribd.com/document/431298471/Octubre-Rebelde-Chile-ante-la-perspectiva-
doble-de-la-Revolucion-y-el-Colapso

3. Declaración de Miguel Fuentes ante la Rebelión de Octubre en Chile

Enlace:
https://www.scribd.com/document/435588320/Miguel-Fuentes-Declaracion

4. ¡La Revolución Socialista ante el abismo!


¡Por una Segunda Conferencia de Zimmerwald para enfrentar el desastre planetario!

Enlace:
https://www.scribd.com/document/421224707/La-Revolucion-Socialista-ante-el-abismo-
Ante-la-Huelga-General-Internacional-contra-el-Cambio-Climatico

Otros materiales – Miguel Fuentes (Temáticas - Selección)

Notas

-Harvey, Irma y el Futuro. O el ultimo peligro de la crisis ecológica: la desoxigenación, en


El Mostrador (Chile)
http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2017/09/10/harvey-irma-y-el-futuro-o-el-ultimo-
peligro-de-la-crisis-ecologica-la-desoxigenacion/

-La Verdadera Gravedad del Cambio Climático, en El Mostrador (Chile)


http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/08/14/la-verdadera-gravedad-del-
calentamiento-global-y-la-crisis-ecologica/

-Crisis ecológica, colapso civilizatorio e historia: Entre la modernidad industrial y el horizonte


post-holocénico, en El Desconcierto (Chile)
http://www.eldesconcierto.cl/2018/01/30/crisis-ecologica-colapso-civilizatorio-e-historia-
entre-la-modernidad-industrial-y-el-horizonte-post-holocenico/

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-6 grados que cambiarán al mundo: La derecha neoliberal y la izquierda marxista ante el
colapso del capitalismo, en El Desconcierto (Chile)
http://www.eldesconcierto.cl/2017/12/13/6-grados-que-cambiaran-al-mundo-la-derecha-
neoliberal-y-la-izquierda-marxista-ante-el-colapso-del-capitalismo/

-La magnitud de la crisis ecológica (y lo que nos dicen de aquella la derecha neoliberal y la
izquierda marxista en Chile), en El Desconcierto (Chile)
http://www.eldesconcierto.cl/2017/12/01/la-magnitud-de-la-crisis-ecologica-y-lo-que-nos-
dicen-de-aquella-la-derecha-neoliberal-y-la-izquierda-marxista-en-chile/

-La crisis del capitalismo y el socialismo moderno desde el punto de vista del colapso
ecológico inminente, en El Desconcierto (Chile)
http://www.eldesconcierto.cl/2017/11/23/la-crisis-del-capitalismo-y-el-socialismo-moderno-
desde-el-punto-de-vista-del-colapso-ecologico-inminente/

-La crisis del oxígeno: La nueva amenaza del calentamiento global, en El Desconcierto (Chile)
http://www.eldesconcierto.cl/2016/05/28/la-crisis-del-oxigeno-la-nueva-amenaza-del-
calentamiento-global/

-¿Cuál es la gravedad de la crisis climática?, en El Desconcierto (Chile)


http://www.eldesconcierto.cl/2016/05/22/cual-es-la-gravedad-de-la-crisis-climatica/

-El desafío estratégico de la crisis ecológica y su silenciamiento en la política chilena


¿Superación del Capitalismo o Colapso de la Civilización?, en Viento Sur (Europa)
http://www.eldesconcierto.cl/2016/05/22/cual-es-la-gravedad-de-la-crisis-climatica/

Entrevistas

-Entrevista Michael Lowy (El Peligro de un Eco-suidicio Planetario), en Viento Sur (Europa)
http://vientosur.info/spip.php?article12555

-Entrevista Michael Lowy (El Peligro de un Eco-suidicio Planetario), en El Mostrador


(Chile)
http://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2017/05/28/michael-lowy-advierte-sobre-la-crisis-
ecologica-es-un-tren-suicida-que-avanza-con-una-rapidez-creciente-hacia-un-abismo/

-Entrevista a Peter Wadhams (El peligro ártico y la extinción humana), en El Mostrador


(Chile)
http://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2017/06/25/el-peligro-artico-y-la-extincion-
humana/

-Entrevista a Manuel Casal Lodeiro (La Izquierda ante el Colapso de la Civilización


Industrial), en El Desconcierto (Chile)
http://www.eldesconcierto.cl/2017/03/15/manuel-casal-lodeiro-y-su-libro-sobre-la-izquierda-
ante-el-colapso

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Scribd

-Presentación “Cambio Climático, Colapso y Marxismo”


https://www.scribd.com/document/326715914/Cambio-Climatico-Colapso-y-Marxismo-
Presentacion

Columnas

El Mostrador (Chile)
http://www.elmostrador.cl/autor/miguelfuentes/

El Desconcierto (Chile)
http://www.eldesconcierto.cl/author/miguel-fuentes/

Viento Sur (Europa)


http://vientosur.info/

Politika.cl (Chile)
http://www.politika.cl

YouTube

-Intervención sobre Cambio Climático y Colapso, en El Mostrador (Chile):


https://www.youtube.com/watch?v=lPf46rhKinE

-Presentación de Peter Wadhams sobre cambio climático (Inglaterra)


https://www.youtube.com/watch?v=O854kS0-AYw

-Entrevista a Peter Wadhams sobre cambio climático (Inglaterra)


https://www.youtube.com/watch?v=NO1mdHYSEV8

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