Está en la página 1de 105

Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?

id=137

Herbert Rut ledge Southworth - Antif alange

José Martínez

Dos libros contradictorios

Maximiano García Venero, Falange en la guerra de España: La Unificación y Hedilla


Herbert R. Southworth, Antifalange : estudio critico de Falange en la guerra de España de
Maximiano García Venero

Muchos lectores han debido sentirse sorprendidos por los dos libros que, en el curso de las últimas semanas, ha
publicado Ruedo ibérico. Más de una razón puede legitimar ese sentimiento. Falange en la guerra de España : la
Unificación y Hedilla, escrito por Maximiano García Venero, y Antifalange : estudio crítico de Falange en la
guerra de España de Maximiano Garcia Venero, obra de Herbert R. Southworth, son dos libros insólitos, por
razones distintas ; insólitos y contradictorios. El libro de García Venero discrepa políticamente de todos y de cada
uno de los libros publicados por Ruedo ibérico. El libro de H.R. Southworth es declaradamente contradictorio del
primero desde su mismo título.

La personalidad -de sobra conocida- de García Venero, la ideología que da su estilo peculiar, incluso en su más
aparente aspecto -el literario-, la intención de su libro -a la vez biografía, exaltación apasionada y proceso de
rehabilitación de Manuel Hedilla Larrey, jerarquía provincial, consejero nacional, presidente de la Junta de Mando
y, por espacio de cortas horas, jefe estatutariamente designado de Falange Española de las JONS- excluían, de
manera natural, el libro de las series de Ruedo ibérico. Nada más elocuente que la declaración liminar que el
autor y el editor se han creído obligados a formular en la página IV del libro y que merece ser reproducida aquí :
Ruedo ibérico publica esta obra historiográfica, formulando toda clase de salvedades y reservas en cuanto al
pensamiento político y social que pueda haberla determinado e inspirado. La edita por sus valores infomativos
y documentales, claramente únicos hasta la fecha. El autor, por su parte, también hace idénticas salvedades y
reservas con relación a las tesis políticas y sociales contenidas en los libros que Ruedo ibérico ha publicado
durante su existir editorial.

Un punto tiene en común el libro de García Venero con la mayor parte de los libros de Ruedo ibérico; tampoco
éste hubiera podido ser publicado en España ni ayer, ni hoy, ni quizá en un mañana próximo.

Al publicar paralelamente en este número de Cuadernos de Ruedo ibérico un fragmento de cada uno de ambos
libros, realizamos -a escala muy reducida, verdad es- la intención primera del editor.

La historia editorial de ambas obras disiparía cualquier mal entendido que pudiera surgir en sus lectores, y
justificaría, además, la estructura interna, tan fuera de lo corriente en un libro, del trabajo de H.R. Southworth.
Aunque sea evidente, conviene afirmar aquí que el trabajo de H.R. Southworth fue concebido como introducción y
como conjunto de notas críticas al texto de García Venero, y este aparato crítico tenía que ser publicado junto
con el texto criticado en un mismo volumen.

Así fue estipulado contractualmente por las tres partes : autor, crítico y editor, para bien o para mal de unos y
otros. Las cosas no han sucedido así.

La crítica exhaustiva e implacable de H.R. Southworth no sólo del libro de García Venero sino de las fuentes
históricas, de los hombres que con Hedilla participaron en la historia del periodo, e incluso de los historiadores
que sobre él se inclinaron hasta nuestros días, quizá atemorizó a posteriori a García Venero. Pero ello es poco
verosímil. Las simpatías ideológicas de H.R. Southworth, la severidad de su crítica, eran hartamente conocidas
por García Venero, al menos después de la publicación de El mito de la cruzada de Franco. (1)

Más de un pseudohistoriador del periodo que abarca el libro de García Venero había sido magistralmente
ejecutado por H.R. Southworth en su primer libro. De él se ha podido afirmar en la propia España, bajo el título "
El primer mito ": " H.R. Southworth es, sin disputa, el gran experto en la bibliografía de nuestra guerra valorada
desde el lado republicano... En el pequeño pero apasionante mundo de los historiadores y bibliógrafos de nuestra
guerra H.R.S. es un mito. Un mito en el buen sentido de la palabra. Sus enemigos le temen con pavor; sus amigos
han depositado en él una fe ciega " (2)

García Venero rechazó, después de lectura, la introducción y las notas de H.R. Southworth. Difícilmente podrá,

1 de 5 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=137

sin embargo, el escritor falangista alegar ignorancia y tentados estamos de buscar en otra parte las razones del
rechazo de lo que a priori había sido aceptado.

Volvamos a los libros, ya definitivamente separados.

Falange en la guerra de España se clasifica de manera natural en la bibliografía de la historia del fascismo
español. Hagamos constar, sin reticencia alguna, que en este terreno constituye una aportación de primer orden.
El que la bibliografía sobre este tema sea escueta añade un interés suplementario al libro. El régimen político que
empieza a nacer el 18 de julio de 1936, para alcanzar forma definitiva el 19 de abril de 1937, con el decreto de
unificación dictado por Franco, y que extenderá su poder sobre la totalidad de España el 1 de abril de 1939, no
ha facilitado el desarrollo de esa bibliografía. Es comprensible. Franco símbolo, Franco mito, Franco tabú,
hubiera sido necesariamente el vértice -o el blanco- de tal literatura. Hubieran quedado al desnudo las polémicas
que los diversos grupos constitutivos del llamado Movimiento Nacional han sostenido durante treinta años, a lo
largo del proceso de sucesión del régimen por sí mismo, en una lucha despiadada, pero sorda, por la conquista
de fracciones de poder y prebendas. De esta lucha pocos ecos iban a alcanzar a la inmensa mayoría de los
españoles. Las polémicas a la luz del día hubieran formalizado la división de los vencedores, polarizado
oposiciones. Pero, sobre todo, hubieran destruido la mitología heroica con que pretendían ellos mismos justificar
la lucha fratricida, minando los fundamentos " morales " de su dominación. Todavía hoy, cuando la bibliografía
española sobre la guerra civil procura ponerse a tono con el tiempo hasta extremos ridículos (3), es " desdeñado
" cuanto roza al hecho, evidentemente fundamental, que constituye el nudo del libro de García Venero : los días
salmantinos de la primavera de 1937. La obra de Maximiano García Venero es un potente reflector que si deja
hechos en la penumbra, y otros en la más completa oscuridad, ilumina muchas zonas del confuso período en que
Franco cimenta las bases de su poder político.

Sólo el problema de la sucesión personal, que plantean con relativa urgencia a los grupos en el poder desde
entonces las leyes biológicas, permite hoy que pase sobre la historiografía oficial española un aire algo más
fresco, que arrastra nubecillas de polvo sin levantar siquiera los aluviones de grava depositados sobre la historia
del régimen.

Subrayemos también que si la bibliografía sobre la historia política del fascismo español -término tan ingrato hoy
para diádocos y epígonos- es escasa, los textos históricos y literarios relativos a la vida social, económica y
cultural de la zona rebelde al gobierno republicano son de una incuria desoladora. En el proceso de mitificación de
sus orígenes y desarrollo, el régimen franquista ha tratado de extirpar cuanto pudiera constituir un día materia
desfavorable para su historia. La bibliografía publicitaria, justificativa, del régimen franquista -que con
pretensiones ahora de amplitud de miras, de ecuanimidad, prolifera bajo el mecenazgo del Ministerio de
Información y Turismo- está consagrada casi exclusivamente a tres temas predilectos : las hazañas de sus
héroes y mártires ; la calumnia contra sus enemigos ; el comentario escolástico hasta la saciedad de los diversos
y aún contradictorios principios ideológicos atribuidos al régimen, en un esfuerzo de entroncarlo con antepasados
más o menos honorables. En la etapa de Fraga se ha añadido a estas líneas maestras ciertas variantes
estilísticas : se cita a autores "rojos" ; se abusa de textos "rojos" empleados parcialmente ; se atribuyen
peyorativamente a los republicanos rasgos que fueron calificados un día de virtudes en los vencedores. ¿ No
compara el propio García Venero, evidentemente abrevado en tal escuela, a los republicanos españoles con los
nazis ? Se van abandonando posiciones secundarias y muy expuestas para mantener intactas las bases
esenciales. Es cierto que la mayor permeabilidad de las fronteras, el éxito y la circulación alcanzados en España
por libros como La guerra civil española de Hugh Thomas o El mito de la cruzada de Franco de H.R.
Southworth, no permiten ya al propio régimen una literatura sobre la guerra civil a la manera de Arrarás, de Aznar,
de Pérez de Urbe1 o de Calvo Serer, desvergonzadamente soez, estúpidamente mendaz, segura de la impunidad
que le procuraba un black out total. Pero la " historiografía " insidiosa que ha remplazado aquella literatura no es
más científica.

La práctica cotidiana de los rebeldes, la actuación que iba a conducirlos a la victoria, sigue siendo escamoteada
para poder continuar grabando en el espíritu de los españoles una visión de la " zona nacional ", extendida al
propio régimen, mitad imagen de Epinal, mitad estampita sulpiciana.

Consecuencia secundaria de este proceso de deformación histórica tenía que ser la minimización de la actuación
de la Falange. No en vano, estamos en vísperas de que el régimen deje de tener antecedentes falangistas sin
dejar por ello de ser joséantoniano. García Venero marca las coordenadas en que ha de moverse el estudio de la
participación de la Falange en la preparación y en el desarrollo de la guerra civil. Ya esto sólo constituiría un
hecho positivo en el momento en que propios y extraños coinciden -por exigencias de política " actualísima "- en
disminuir la importancia de la contribución de la Falange al éxito político y militar de los rebeldes.

Falange en la guerra de España -libro construido en gran parte con testimonios inéditos aportados al autor por
testigos y participantes directos en los acontecimientos narrados en él- perpetúa una cuantiosa información quizá
perdida si este libro no hubiera sido publicado, sobre aquellos dos aspectos : la vida en la zona nacional y la
actuación de la Falange en los años 1933-1937. El libro de García Venero tendrá, sin duda alguna, el efecto de

2 de 5 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=137

una piedra lanzada al estanque de aguas pútridas pero aún en calma.

Otra razón fundamental abunda a favor de esta edición. El poder carismático de Franco, indiscutible aún hoy
incluso para quienes pretenden sucederle, para quienes nos anuncian ya a bombo y platillo políticas
superficialmente diferentes de las practicadas por el dictador (para... después del día de su muerte...), aparece
en sus orígenes como lo que fue realmente : el desenlace de un proceso sangriento de guerra de " gangs " ;
clanes es sustantivo excesivamente cargado de honorabilidad por los antropólogos para poder ser aplicado a los
grupos que en 1937 dirimieron, a su manera, la personalización del poder de los sublevados sobre la totalidad de
los españoles.

La obra de García Venero es eminentemente polémica, rasga muchos de los oropeles con los que el régimen
disfraza sus orígenes, y tendrá resultados polémicos más allá de la réplica ya publicada de H.R. Southworth. Las
reacciones, las críticas, las justificaciones, los esclarecimientos que suscitará en los miembros del amplio sector
que pone en causa el libro, son previsibles. El sigilo, la disciplina por muchos años garantizada por el pacto de
sangre, por la participación en el disfrute del botín que une a los hombres más notorios del Movimiento Nacional,
no resistirá, en la etapa de segregación de grupos por la que se adentra hoy el franquismo, el excitante ácido de
este libro.

La lectura del libro de García Venero exige la de Antifalange : estudio crítico de Falange en la guerra de España.
La recíproca es también válida. Las lagunas, queridas o inevitables dadas la personalidad y las fuentes de García
Venero, sus olvidos, sus errores, son denunciados en el libro de H.R. Southworth y colmados eficazmente. No
quiere decir esto que hay que ver en la obra de nuestro amigo simplemente un complemento del libro de García
Venero. Aunque sobre determinados problemas, el trabajo de H.R. Southworth proporcione contribuciones
definitivas (orígenes ideológicos del fascismo español ; perfil histórico de ciertos personajes, como Ramiro
Ledesma Ramos, Onésimo Redondo, Ernesto Giménez Caballero, o como José Ortega y Gasset, José María Gil
Robles y Salvador de Madariaga ; demolición de ciertos mitos como el de Manuel Hedilla o el del propio José
Antonio Primo de Rivera ; carácter imperialista del falangismo ; desarrollo de la conspiración contra la república;
violencia falangista ; represión política en la zona nacional), el valor fundamental del libro hay que buscarlo en la
crítica de las fuentes a que el autor se entrega a lo largo de las 350 páginas de su trabajo. En la reciente
publicación española ya citada, se ha reprochado a H.R. Southworth que no es un historiador -al mismo tiempo
que se reconocía con falsa generosidad sus dotes de bibliógrafo y de crítico. Historiador es término amplio que
incluso en la lengua de los profesionales cubre cosas diferentes. Los primeros historiadores fueron los
destructores de las mitologías. Para mí no hay duda de H.R. Southworth es un historiador aunque sólo sea
porque es un gran debelador de mitos, y no entraré en polémica hoy ni sobre este punto con Ricardo de la Cierva
que demuestra no ser historiador -¿ su tajante afirmación de serlo prueba algo ?- en cosas de importancia, que
hacen de él el arquetipo del new look franquista sobre la guerra civil, y por cosas insignificantes como aquella de
calificar de " histérica novela " Les grands cimetières sous la lune de Bernanos ; lo que sí prueba que este "
historiador " no sabe lo que es novela o no leyó el ensayo de Bernanos.

La prioridad que Southworth parece dar al establecimiento de los hechos, a la destrucción de fábulas, su
predilección por el trabajo de crítica, de investigación rigurosa de la genealogía literaria de los lugares comunes
sobre la guerra civil española, es seguro que procede, más que de una deformación de especialista, de la
exigencia de la misma materia que trabaja. La historia de la guerra civil española ha merecido una copiosa
bibliografía general y en la última época algunos trabajos de indudable valor (4). Se puede afirmar incluso que hay
a disposición del estudioso una riqueza excesiva de material literario, no criticado debidamente, en el que se
mezclan hechos, fábulas conscientemente fabricadas, contraverdades, que pasan de un libro a otro hasta que se
pierde memoria de su linaje.

Aquella proliferación bibliográfica hace sentir la necesidad de estudios serios no ya sobre la propia guerra civil
sino sobre la manera como su historia ha sido hecha por unos y otros.

Junto a la enfermedad congenital de la materia histórico-literaria de la guerra civil, se adolece de una carencia
total de estudios parciales, hechos a partir de documentación que podemos calificar de más humilde, pero de
manejo más laborioso y más inasequible para el investigador, ya sea español o extranjero, y que habría que ir a
buscar a los archivos privados, locales, a los juzgados, a los archivos militares y del Estado. Más que fácil, es
casi inevitable que el historiador espigue sin mucha discriminación entre las fuentes literarias, los hechos -las
afirmaciones- de que precisa para fundamentar una tesis previa, para satisfacer una simpatía o una aversión.

No es que yo crea que la pasión sea necesariamente nefasta para el trabajo del historiador. Las mejores historias
son libros profundamente apasionados. Y las peores, libros que no son ni chicha ni pescado. Me ha sorprendido
más de una vez tropezar con un libro de circunstancia, modosito, allí donde esperaba un libro apasionado ; con
libros tibios donde el sentimiento ostentosamente manifestado encubría una voluntad de ponerse a bien sino con
todo el mundo con buena parte de él. A expensas del rigor histórico. Quede claro que no me refiero aquí a libros
escritos por franquistas (5).

3 de 5 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=137

La ausencia de trabajos críticos, de estudios que establezcan series significativas de hechos, más valiosas a la
hora de la interpretación que el hecho aislado, aun debidamente comprobado, lleva incluso a los mejores autores
a sacrificar en el altar de cualquier folklore. Bien es verdad que esa circunstancia facilita la clasificación política
de las diversas historias. También ha sido fácil para otros menos buenos autores abandonarse con la buena
conciencia que da la impunidad a la reconstrucción de la guerra civil a partir de exigencias políticas del presente.
Si criticable es inmovilizar la política de España en los esquemas inmediatamente precedentes y contemporáneos
a la guerra civil, lo es también --mucho más- adaptar su estudio a esquemas políticos de hoy, de dudosa eficacia
cuando no de probada indigencia. Las intenciones políticas vergonzantes que traducen los términos en voga de "
enterrar la guerra civil ", " situarse por encima de los bandos ", " reconciliar a los españoles ", o esforzarse en
evitar otra guerra civil -que nadie ve como posible- no hacen sino acusar claramente la influencia política de un
hecho, histórico, es verdad, pero estrechamente vinculado con nuestro presente.

Que el franquismo manipule la historia de la guerra civil con arreglo a sus necesidades del momento, me parece
explicable. Que los " vencidos " intenten borrar de la memoria de los españoles algunas de las causas de su
derrota, y sigan practicando la política del avestruz, nos augura los peores desfallecimientos en el planteamiento
de los problemas políticos actuales y futuros. Sin recurrir a postulados acreditados, y quedándonos en el plano
del sentido común, me parece más razonable analizar el presente político ayudados por la experiencia histórica
que hacer el estudio de ésta a partir de actuales problemáticas políticas -no digamos absurdas.

H.R. Southworth escapa a este vicio tan fácilmente perceptible en dos libros recientes -y significativos- sobre la
guerra civil (6).

Dejamos aquí constancia únicamente de ello, porque volveremos sobre el tema en otra ocasión.

A lo largo de muchos meses de trabajo asiduo con él, nunca he podido descubrir que H.R. Southworth eliminase
un hecho incómodo o contradictorio de sus tesis inductivas. No se ha abandonado a la doctrina que lleva a
silenciar datos, a eliminar hechos, por no ser todavía conveniente el descubrirlos, o por no ser ya conveniente
mencionarlos (7) explicable en los historiadores franquistas que tienen todo (no hay que temer al absoluto en este
punto) que perder con el establecimiento de la verdad, pero insensata en quienes se pretenden portadores de
valores de progreso, cuando no revolucionarios.

No haber sacrificado en el altar de las conveniencias políticas, sociales o literarias, valdrá a H.R. Southworth
muchas críticas y quizá enemigos. Por ello le debemos aun más tributo de agradecimiento los lectores. Para
peritos y profanos, Antifalange será una lección magistral de rigor en la investigación.

In Cuadernos de Ruedo ibérico nº 11, febrero-marzo 1967

1. Ediciones Ruedo ibérico, París, 1963.

2. Ricardo de la Cierva, Cien libros básicos sobre la guerra de España. Madrid, 1966. p. 40.

3. Todo el libro citado de Ricardo de la Cierva es un modelo de a lo que puede llegar la mala intención cuando se
disfraza de comprensión " liberal ". Véase especialmente la crítica de El laberinto español de Gerald Brenan en la
página 77.

4. Véase en este número el trabajo de Roberto Mesa Garrido, p. 103.

5. Véase un ejemplo de ello en la frase que reproducimos a continuación que, aunque procede de un autor con
una conocidísima ejecutoria antifranquista, manifiesta todas las características del new look franquista sobre la
guerra civil : " En verdad, si en aquel verano de 1936 se perpetraron en España crímenes execrables, hay que
decir que los criminales fueron una exígua minoría [...] En ambos bandos hubo muchos más héroes que criminales
[...] Los españoles se mataban entre sí, pero el asesinato fue triste privilegio de minorías ". Manuel Tuñón de
Lara, La España del siglo XX, p. 454. ¿ Con qué rasero ha separado Tuñón de Lara el heroísmo del crimen ? ¿
Qué entiende por minoría ? ¿ Y de qué estadística se ha valido para dividir los cadáveres entre esa minoría ? Por
lo visto no hubo allí ni guerra de clases ni represión política.

6. Enrique Líster, Nuestra guerra, París, 1966; Manuel Tuñón de Lara, La España del siglo XX.

7. Véase Líster, Nuestra guerra, p. 9. " Quiero decir, sin embargo, que no es todo lo que podría decir sobre las
cuestiones y hechos a que me refiero. Franco está aún en el poder y la lucha por poner fin a su dictadura
continúa. Por eso es obligado dejar aún para más tarde el juicio más completo de algunos de los

4 de 5 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=137

acontecimientos, y acerca de personas, a las cuales me refiero aquí, y sobre otras que ni menciono. "

5 de 5 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

Herbert Rut ledge Southworth - Antif alange

FALANGE Y ANTIFALANGE

Una polémica internacional sobre la historia y la vigencia del fascismo español

En la primavera de 1967 se fueron conociendo dos extraños libros editados por la casa «Ruedo Ibérico» de
París, en cuyas cubiertas aparecían dos grandes letras F simétricas -una azul, otra roja-. La forma de los libros
sugería fuertemente la comparación con cierta variante moderna de un conocido material de construcción, aunque
en el tamaño, dispar, no se mantenía la oposición simétrica pretendida en esas enormes letras de color diferente.
Pronto circularon versiones heterogéneas y hasta contradictorias sobre el origen de estos dos libros y las ocultas
intenciones de sus autores y editores. Este es un estudio bibliográfico y no un repertorio de anécdotas acerca de
zonas suburbanas en la política española y por eso renunciamos a catalogar rumores y tesis más o menos
fundadas sobre la génesis de las dos obras.

Para nuestros propósitos informativos baste con esta aclaración preliminar: Falange -el libro más grueso, de la
«F» azul- es un alegato relativamente inconexo montado sobre las Memorias de don Manuel Hedilla Larrey,
dirigente falangista antes de la guerra civil y jefe de Falange Española de las J.O.N.S. en los momentos
dramáticos que precedieron a la unificación de las organizaciones políticas en la España nacional de 1937. El
escritor que figura como autor del libro, don Maximiano García Venero, ha utilizado los recuerdos y testimonios
del señor Hedilla y de otros muchos falangistas y observadores políticos de la España de los treinta. Por algunos
se conoce generalmente este libro como «las Memorias de Hedilla» y no carece totalmente de fundamento esta
denominación. Es evidente que el señor García Venero ha elaborado y reelaborado muchos de los materiales que
tuvo a su disposición; basta para convencerse de ello comparar el estilo de esta obra con las demás debidas a
este prolífico autor. Sin embargo, entre esta actuación del señor Venero y otras, inequívocamente suyas, existen
también diferencias apreciables que, a veces, el crítico no interpreta con facilidad. Alguien ha sugerido el trabajo
de equipo, pero ante las incoherencias y los fallos del libro la valoración de semejante equipo tendría que ser más
bien baja.

La segunda de las obras que estudiamos es también, y esta vez sin dudas, obra de un equipo. Pero un equipo
unipersonal; el señor Herbert Rutledge Southworth, auténtico e indudable autor de la obra que firma -la más
pequeña, la de la «F» roja-. Nos atrevemos a caer en la aparente contradicción de llamar a Southworth «equipo
unipersonal», porque se ha comentado más de una vez que el notable conocimiento bibliográfico de ese autor
parece difícilmente atribuible a una sola persona. Sin embargo, aunque sea difícil, es cierto; este «libro rojo» es
obra de un solo autor y, como explicaremos más despacio, es también un alegato desvalorizado por notables
incoherencias, que en no pequeña parte han de cargarse en la cuenta del libro comentado, del «libro azul»; pero
que en su raíz responden a que Antifalange, como indica su título, digno de una cátedra de controversia del siglo
XVI más que del catálogo de una editorial moderna, es una obra esencialmente polémica que, con el pie forzado
del comentario al libro de García Venero, trata de defender unas tesis propagandísticas, cada vez menos
explicables en estos momentos en que parece haber sonado la hora de la Historia incluso para un periodo tan
dejado hasta ahora de su mano como es el de la guerra española.

Parece demostrado que estos dos libros iban a aparecer juntos; el segundo en forma de notas o comentarios
marginales al primero, sistema algo desacreditado desde el mismo siglo al que acabamos de referirnos, y que
demuestra el claro temor de la editorial patrocinadora al «libre examen» historiográfico. Por una serie de razones
que se han esgrimido, incluso ante sorprendidos tribunales de justicia, hubo unas cuantas marchas y
contramarchas que, al final desembocaron en la edición separada de los dos libros.

Fuera ya de toda veleidad anecdótica, estamos ante dos contribuciones sumamente importantes a la historia
contemporánea española. Cierto que la bibliografía sobre la Falange ofrece unos cuantos títulos entre los que
pueden seleccionarse algunos muy reveladores; cierto también que esa historia cuenta con un intento monográfico
de empeño a pesar de sus garrafales fallos y omisiones, cual es la tesis ampliada de Stanley G. Payne, hoy
profesor en la Universidad de Wisconsin. Pero faltaban muchas cosas por decir, y no pocas por investigar en la
historia de la Falange. Y como anota Southworth, con toda razón, es casi abrumadora la carencia de estudios
serios sobre la retaguardia nacional en la guerra civil española. Por supuesto que estos dos libros no aclaran más
que aspectos muy parciales de este último tema, aún históricamente virgen; pero aportan innumerables datos y
sugerencias para la historia de la Falange, trascendental para la historia de España. La primera reacción del
historiador, pues, en cuanto se libera del confusionismo formal y del confusionismo de fondo de estos dos libros,
es la de gratitud: por mucha ganga en que vengan envueltas, las minas históricas de esta categoría suponen un

1 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

espléndido regalo.

Pero hay todavía más. Como veremos en detalle, en uno de estos libros afloran intenciones propagandísticas que
no se limitan a la discusión -falsa o ficticia- de un aspecto de la guerra española sucedido y liquidado hace treinta
años largos. Al fin y al cabo, la Falange, el espíritu de la Falange y la herencia de la Falange, son elementos
fundamentales no solamente de la historia, sino de la vida política y de la vida nacional de la España de hoy. Y en
estos libros existen, sin duda, intenciones claras acerca de esa España de hoy. Si en estas dos obras se
discutiesen exclusivamente temas históricos con criterio histórico es bien posible que no las hubiese acogido una
editorial a quien tan escasamente le viene interesando la historia en sus programas de publicaciones.

Para el comentario de estos libros hemos preferido adoptar un sistema que permita la valoración histórica
simultánea de los dos. Dividiremos, por tanto, la discusión en dos grandes partes: antes de la guerra de España,
y los sucesos de esa guerra. El planteamiento histórico de estas dos partes es totalmente diferente y ello justifica
nuestra división. En este primer trabajo, que hoy aparece, vamos a referirnos, pues, a los primeros diez capítulos
-140 páginas- del libro de Hedilla-Venero; en cambio el comentario al libro de Southworth comprende casi la mitad
de la obra: las 23 páginas de la introducción y hasta la página 109 (cuestión 46) de la discusión circunstanciada al
libro original. En el comentario a Antifalange se incluye el del ensayo inicial Análisis del falangismo, base
sistemática de esta segunda obra. En un trabajo posterior se estudiará el tratamiento que se da en estos dos
libros a los sucesos posteriores al Alzamiento de julio de 1936. Preferimos este sistema al dar por separado el
estudio de cada una de dos obras que -como los gemelos enemigos de la curiosa tragedia de Madariaga- no
pueden comprenderse más que actual y realmente contrapuestas.

FALANGE EN LA GUERRA DE ESPAÑA: LA UNIFICACIÓN Y HEDILLA

Autor: García Venero, Maximiano.


Lugar y fecha: París, 1967.
Editor: Editorial Ruedo Ibérico.
Páginas: 501, de 23 x 18 cm.

CONTENIDO

García Venero proclama, en la introducción del libro, la helada objetividad de su intento, garantizada por las obras
anteriores debidas a su pluma. Se destaca el papel central de Manuel Hedilla en esta obra, y el relato sobre la
fundación de la Falange se va a situar en Santander, lo que, según el autor, equivale a un enfoque más realista y
concreto del tema. García Venero (en adelante MGV), escribe su libro «con misión docente».

El primer capitulo se refiere a los primeros años de Manuel Hedilla, desde su nacimiento en Ambrosero
(Santander). Difícil infancia y juventud: es un hombre que tuvo que ganarse la vida con su trabajo como
especialista naval. Este capítulo, lo mismo que el segundo -el hombre de empresa-, en que se narran los trabajos
de Hedilla como empresario independiente en modesta escala, son interesantes para la biografía del personaje,
pero escasamente responden al interés general suscitado por el título de la obra; baste, por tanto, con esta
alusión. En capítulo tercero se traza el croquis político de la Montaña. Panorámica de los partidos republicanos y
obreros -con notables omisiones-. Nacen las JONS en Santander por iniciativa de Pancho Cossío. Recuerdos del
origen y nacimiento de Falange Española.

Falange Española de las JONS -reza el título del capítulo cuarto- es «un hecho nuevo». En febrero de 1934 se
realiza la fusión entre los dos elementos originales. José Antonio Primo de Rivera es un hombre de dudas y
contradicciones internas. Hedilla conoce al fundador en uno de los viajes que éste realiza a Santander. Durante la
revolución de octubre, Falange colabora; Hedilla mantiene el orden en Renedo, donde a la sazón trabajaba por
cuenta ajena. Es expulsado de la SAM, empresa vinculada al sindicalismo católico, e ingresa en una filial de la
compañía vidriera francesa Saint-Gobain.

Capítulo quinto: el nuevo rumbo falangista. Reseña del Consejo Nacional de octubre de 1934: importancia, poco
reconocida, de los Estatutos joseantonianos y del punto 27, tan olvidado. Ocurre una crisis en la Falange de
Santander, cuyos elementos más conscientes rompen la vinculación que les unía al sector ultraderechista de la
Agrupación Regional Independiente. José Antonio Primo de Rivera visita Santander y nombra Jefe Provincial a
Hedilla, aunque está a punto de ser asesinado por los falangistas colaboradores de la derecha reaccionaria.

Un jefe Provincial en 1935, es el título y el tema del capítulo sexto. Gran labor Hedilla en la revitalización de

2 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

Falange, cuya primera línea santanderina llega a mil personas a fines de 1935. Hedilla es designado Consejero
Nacional por José Antonio Primo de Rivera: asiste al II Consejo Nacional, celebrado en noviembre de 1935.

Rencor, mezquindad, soberbia es el subtítulo que MGV pondría a los manejos para las elecciones de febrero de
1936, y el título de su séptimo capítulo A semejantes motivaciones obedecía la actitud de las derechas contra la
idea joseantoniana del «Frente nacional» y en general contra Falange, reducida al silencio y al abandono por
parte de la derecha. En marzo de 1936, Hedilla es relevado en el mando falangista de Santander por Martín Ruiz
Arenado; tras el relevo, el Jefe Nacional le encarga la preparación del Movimiento en una tercera parte del
territorio nacional, todo el Norte y Noroeste. Terrible persecución contra la Falange.

En el mismo marzo de 1936 se sitúa la acción del capítulo octavo: Noticias diversas sobre la conspiración, la
Unión Militar Española y algunos de sus hombres, como el teniente coronel Yagüe. Hedilla recorre su territorio, el
que le ha sido asignado por José Antonio, para poner en contacto a los militares con los grupos falangistas.
Distribuye, por encargo del Jefe Nacional, la carta que éste ha escrito, desde la cárcel, a los militares de España.
Varios mandos de Falange se mostraron muy tibios e incluso abandonaron sus puestos en la primavera de 1936.

Los capítulos 9 y 10 -que, con parte del siguiente, constituyen el final de esta primera parte seleccionada para
nuestro estudio- relatan las angustias y las esperanzas falangistas de aquellos «días sin tregua» y las «asperezas
y lances de la conspiración». Dejamos a Manuel Hedilla en el día 12 de julio de 1936, cuando parte de Galicia
-situada en su territorio- con el fin de ultimar allí los preparativos para el Alzamiento inminente, cuya señal más
eficaz no fue la prevenida por los conjurados, sino el asesinato por fuerzas del Gobierno, el 13 de julio de 1936,
del jefe de la oposición derechista, diputado y ex ministro don José Calvo Sotelo.

JUICIO

Ya se ha hecho alusión (en la introducción general a este estudio) a las dificultades que ofrece para el historiador
y el crítico la atribución de la paternidad de este libro. Lo que sin duda es 100 por 100 de Maximiano García
Venero es la introducción en la que se recrea con la repetición de la palabra «historiografía» y sus derivados.
Pero ni su actitud, ni su metodología, ni sus análisis, manejo e incluso conocimiento de las fuentes tienen la menor
semejanza con los que corresponden a un auténtico historiador. En este libro se notan semejanzas de estilo,
método y desorden con las demás obras del autor; pero se advierte también un lenguaje más cuidado y florido
que hace pensar en la colaboración de algún otro amigo común entre Venero y Hedilla. Aquí interesa
exclusivamente el contenido de la obra y no la paternidad rigurosa de cada una de sus páginas. Este último dato
se solucionará algún día, si el interés inicial suscitado por la aparición del libro se mantiene, cosa perfectamente
dudosa, porque este libro, a primera vista sensacional, irá perdiendo mucho de su valor en cuanto la historia
auténtica le despoje de la enorme cantidad de material inútil que contiene. Lo cual no equivale a condenar a priori
una obra que, como ya se ha indicado, no deja de aportar también evidentes datos de interés.

En la misma introducción se deslizan unas alabanzas a Herbert R. Southworth que de poco valieron a MGV a la
hora de la publicación de Antifalange. Para zanjar la enojosa disputa sobre el origen efectivo del libro digamos
solamente que tanto la evidencia interna como la externa apuntan a la conclusión, difícilmente refutable, de que
Manuel Hedilla debe considerarse tan autor de esta obra -por lo menos- como el mismo MGV. Este aporta
bastantes informaciones provinentes de fuentes secundarias y terciarias, difíciles de conocer por Hedilla e incide
con ello en un vicio muy común en la reciente historiografía española: mezclar los testimonios de primera mano
con otros nacidos de la erudición libresca El tratadista de un sector determinado de nuestra historia reciente, en
el que puede aportar numerosos datos inéditos, no se conforma con ello por lo general, sino que trata de darnos,
además, «su» versión completa -y por supuesto, «objetiva»- de los hechos. Pero no culpemos a Venero de
sucumbir a una tentación que ha hecho resbalar a tratadistas mejor dotados que él, como el propio don José
María Gil Robles.

El lector se asombra de que en este libro aparezca una alusión a Cincinato como ganadero y que en la página 30
se nos hable de la «etopeya de Manuel Hedilla». Serían deseables menos alardes de cultura grecorromana y
mayor precisión en la «convivencia unitaria» de los Sindicatos montañeses UGT-CNT. En cambio, siempre que
MGV se atiene a su promesa (tantas veces incumplida) de darnos un enfoque local de la historia falangista,
acumula los aciertos: véanse, por ejemplo, los datos sobre la participación de Falange en el movimiento
contrarrevolucionario de octubre, y otros muchos.

Un dato muy revelador es que cuando este libro se ciñe estrechamente a la figura de Hedilla casi siempre
proporciona datos y enfoques nuevos; pero cuando, en sus páginas se trata de hacer historia general se
experimenta la sensación de insufrible perdida de tiempo. Con excepciones, naturalmente, porque aunque MGV
no sea un historiador ortodoxo no carece de facultades de observación y anota certeramente el apoyo popular al
Movimiento de julio y algunos puntos poco conocidos de la preparación del Alzamiento.

3 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

Hedilla ha pretendido con su contribución -esencial- a este libro luchar por su reivindicación histórica dentro del
Movimiento Nacional. En esta primera parte que comentamos, el tema básico de la obra es la contribución
principalísima de Manuel Hedilla, como hombre de absoluta confianza de Primo de Rivera, a la gestación del
Movimiento en algunas regiones imprescindibles para su éxito. La tesis, no por latente menos importante, es que
la aportación de Falange Española a la coordinación entre los militares organizadores del Alzamiento y las masas
en que ese Alzamiento debería encontrar el respaldo popular es mucho más considerable de cuanto se ha
afirmado hasta ahora. Una y otra aportación son indudablemente de Manuel Hedilla y el historiador encuentra en
este libro nuevos y trascendentales Motivos para considerarlas e incluso, con ciertas salvedades, para
aceptarlas. Es, pues, muy posible que la tesis general de Hedilla, en cuanto a la primera parte del libro que ahora
comentamos, ofrezca suficientes garantías de validez, lo cual, treinta años tras los hechos, no supone pequeño
mérito.

A pesar de este acierto radical, el libro es una antología del desorden. Se Mezclan testimonios de valor muy
desigual y de origen esencialmente diverso; desde la división de temas hasta la misma tipografía escogida, todo
contribuye al cansancio del lector, que podría haber encontrado los mismos aspectos positivos en un número
cinco veces menor de líneas. Como es normal en los libros de Memorias, se atiende con solícito y aridísimo
interés a lo anecdótico por encima de lo trascendente; pero este libro no se presenta como un libro de Memorias.
Las justificaciones que se dan continuamente sobre la actitud de la Falange, sobre todo en el tema de la violencia,
resultan ingenuas, plagadas de sobreentendidos, perfectamente insuficientes, si no inútiles. Late en muchas
páginas una sorda intención acusatoria y denigratoria contra antiguos camaradas; y late todavía más una
preocupación por asuntos actuales, disfrazada de serena contemplación de los pasados. En muchos aspectos
este libro es un verdadero galimatías y cualquier persona que crea encontrar en él la solución definitiva a uno de
los enigmas históricos más atractivos de España sufrirá cruel decepción. No insistimos más en la valoración
general del libro porque reservamos para la segunda parte de este estudio la explicación de la más sorprendente
de las paradojas: este libro consigue probar, en esa segunda parte, y respecto a una de sus más esenciales
tesis, exactamente lo contrario de lo que pretende. Pero, como hemos dicho, no adelantemos acontecimientos.

ANTIFALANGE: Estudio critico de «Falange en la guerra de España», de M. García Venero.

Autor: Rutledge Southworth, Herbert.[sic]


Editor: Editorial Ruedo Ibérico.
Lugar y fecha: París, 1967.
Páginas: 286, de 23 X 18 cm.

CONTENIDO

Concebida la obra como conjunto de notas al libro de MGV, la mayor parte de Antifalange es la colección
correlativa de estas notas. Aunque las citas de Venero se repiten aquí, es imposible una lectura seria de
Antifalange sin tener sobre la mesa, abierto, Falange. Ello obliga a un ejercicio de lectura gimnástica realmente
fatigoso.

Las notas -de las que en esta primera parte de nuestro estudio vamos a repasar brevemente sólo las 45
primeras- van precedidas por una caudalosa introducción: Análisis del falangismo.

Pero antes figura una «nota del traductor», que no es otro que don José Martínez, conocido propagandista a
quien ha salvado de no pocos quebraderos de cabeza la presencia del señor Southworth como inspirador de
posiciones históricas que, sin su suprema habilidad, estarían ya todo lo desvalorizadas que merecen. El señor
Martínez explica algunos detalles acerca de la génesis de este libro; su falta de información en otros temas es
tan alarmante que realmente preocupan los datos citados aquí. Según el señor Martínez, la «censura española»
rechazó la edición de la obra de MGV. Ruedo Ibérico aceptó lanzar el libro, con notas del señor Southworth, lo
que en principio fue aceptado por MGV. Este autor rechazó las notas al leerlas y entonces el señor Southworth
(en adelante HRS) las publica aparte y sin ciertas consideraciones que guardaba en la versión destinada a
publicarse conjuntamente. Comenta el traductor la tesis de la amplia introducción de HRS; cree en la sinceridad
individual de muchos falangistas durante la guerra española. Y alaba la «honestidad intelectual, el rigor crítico»
del autor de Antifalange.

Entre la «nota del traductor» y la introducción general se disponen las numerosas fotografías de la obra, que
constituyen, independientemente de su interpretación, un valioso repertorio gráfico sobre el tema. A la

4 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

introducción general se dedican las primeras 61 páginas del libro: su título es Análisis del falangismo, como se
ha dicho ya.

El libro de MGV -cuyos datos personales se dan- pretende montar la historia de la Falange a través de la figura
de Manuel Hedilla y con el objetivo final de su rehabilitación histórica. Inicia HRS la discusión general sobre el
fascismo español con un breve recorrido por la bibliografía acerca del tema: anota el hecho de que todos los
libros terminan prácticamente en vísperas del 18 de julio. (Para evitar que se incluya en la lista, con carácter
definitivo, a este comentario, conviene asegurar al lector y al propio HRS que nuestra división es puramente
metodológica y que este trabajo tendrá una segunda parte).

En España se ha sentido una evidente repugnancia en permitir que se publique la historia de la zona rebelde,
quizá por las deplorables verdades que tendría que revelar esa historia de una zona de taifismo y de desorden.
(Hemos consultado nuevamente el libro tras escribir estas notas: en efecto, HRS se refiere a la «zona rebelde»
cuando habla de taifismo y de desorden; ¿qué calificativos reservaría para la otra zona, la de los Gobiernos
autónomos y los Consejos soberanos, la de las provincias que querían mandar embajadores al extranjero?; pero
no adelantemos juicios; esta salvedad se hace para confirmar que, sorprendentemente no ha habido errata en
HRS al hablar de «taifismo y desorden»).

Otra de las supuestas razones por las que, según el autor, no se ha permitido difusión de la historia de la «zona
rebelde»: el terror y los crímenes de esa zona. MGV no condena a Franco ni a Hedilla: el libro es un arreglo de
cuentas entre clanes del falangismo.

Faltan en el libro de MGV testimonios esenciales: los hermanos Franco, Serrano Súñer, Barroso, Rodezno.
Venero ignora la correspondencia de Hedilla, desdeña el folleto de «Luis Pagés Guix» y desconoce la obra de von
Haartman.

En la noche del 16 al 17 de abril de 1937, Manuel Hedilla fue borrado de la historia de España. Desde entonces
no se ha permitido a nadie en España la investigación sobre el caso. El tema Hedilla ha sido tabú: la única versión
popularizada es la de Serrano Súñer, según la cual Hedilla fue un instrumento de la representación alemana para
derribar al general Franco. La bibliografía sobre Falange en España prescinde por completo del tema Hedilla.
MGV «reintroduce a Hedilla en la historia de España» y presenta una tesis falsa: la de que Hedilla Manda sus
emisarios a los falangistas disidentes con vistas a una reconciliación. Sucedió al revés: los emisarios fueron
enviados para cumplir una misión violenta. Venero oculta la verdad porque cree en la bondad original de la
Falange: \"El supuesto previo que sirve de columna dorsal al libro de MGV es que la Falange constituía una
empresa heroica, encarnaba una causa buena, tenía ante si unas posibilidades políticas enormes en el área
española, era depositaria de una voluntad sincera de transformar España. Es decir, que la Falange era un
movimiento auténticamente revolucionario. Postulado éste al que de manera natural sigue un corolario: todo aquel
potencial acabó en un estrepitoso fracaso a causa ciertos hechos sobre los que se vuelve siempre
nostálgicamente: desencadenamiento prematuro de la guerra civil, muerte del fundador y jefe, desaparición de
miembros de la jerarquía, traición de otros, liquidación de Hedilla v, finalmente la gran traición al movimiento,
perpetrado por Francisco Franco.» Antifalange, pág. 9)

La tesis contraria es la verdadera: «Tal esquema es falso», afirma HRS. Hedilla era un figurón de pueblo que, al ir
ascendiendo, se volvió intemperante. Era un buen segundo, pero jamás un conductor: todo lo más un «candidato
a la beatificación». Mostró, sin embargo, carácter al no aceptar el puesto que Franco le ofrecía y en su odisea
posterior, lo que no mostró fue inteligencia. Había actuado con gran eficacia en la preparación del Movimiento y
en el apoyo a los militares. No era un genio, pero sin duda era lo mejor que podía ofrecer la Falange en 1937.

Falange y los falangistas -insiste HRS- jamás han tenido nada de heroico. Falange vendió carne de cañón a
Franco y se dedicó a la limpieza de la retaguardia. MGV incurre en intolerable contradicción: quiere defender a
Hedilla sin atacar a Franco.

Para comprender el falangismo de MGV hay que definir primeramente el falangismo. Cita HRS las definiciones de
Ridruejo y Serrano Súñer, que le parecen incompletas. y aventura las suyas:

«El fascismo es una fórmula política europea que se desarrolló rápidamente después de la primera guerra
mundial. Esa fórmula pretendía ofrecer a los Estados europeos de segundo orden (es decir, a los incluidos dentro
de las coordenadas del sistema capitalista pero no disponiendo (sic.) del capital suficiente para su desarrollo, y
que se hallaban amenazados por competidores provistos de abundantes capitales de inversión, y debilitados
también por las exigencias cada vez mayores, de una población descontenta y hambrienta que se dirigía
rápidamente hacia la izquierda), un método mediante el cual las energías de la revolución social podían ser
canalizadas hacia una aventura imperialista en que el precio de las reformas sociales necesarias para el país
serían pagadas por el vencido en la lucha de conquista»...

Las técnicas utilizadas por uno y otro movimiento fascista podían variar y variaron de hecho, de un país a otro;

5 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

podían fluctuar y fluctuaron dentro de un mismo país, de un período a otro. Sin embargo, el objetivo esencial de
cada movimiento fascista permaneció invariable: el imperio».

«El falangismo español es simplemente la versión española del fascismo. El fascismo no fue un movimiento
revolucionario, sino un movimiento contrarrevolucionario. Su finalidad profunda no consistía en hacer progresar la
revolución social, sino en traicionarla» (pág. 15).

Corrobora HRS la tesis imperial sobre el fascismo con un texto de 1938 debido a Ernesto Giménez Caballero.

En 1930, España era una segundona del capitalismo, colonizada por el capital extranjero. El falangismo persiguió
en España tres objetivos sucesivos: organización del movimiento fascista, conquista del Estado, conquista del
Imperio territorial.

HRS insiste una y otra vez en la tesis fundamental de su introducción: «La realización de su objetivo (del
fascismo), de su sola razón de existir, de su destino: la conquista del Imperio» (pág. 19).

Comentario a las desuniones de la España de los treintas. Estudio de los momentos fundacionales de los
principales movimientos fascistas: con motivo de la crisis económica mundial aumenta el influjo de los movimientos
proletarios. La Falange era cosa de burgueses que defendían sus intereses de clase. José Antonio Primo de
Rivera envidiaba a Inglaterra por su Imperio. La derecha española no acogió con entusiasmo al nuevo
movimiento. Y rechazó la colaboración del Jefe y de la Falange, que van a las elecciones de 1936 como parias
políticos. En la primavera de 1936, la derecha quiere reconsiderar las posibilidades contrarrevolucionarias de la
Falange, pero ya era tarde. Los fascistas españoles se oponían a las derechas y a las izquierdas por razones de
porvenir económico-político personal y de grupo. Albiñana, e! general Primo de Rivera y Gil Robles no fueron en
realidad fascistas (pág. 25).

La violencia política -sigue HRS- es un elemento esencial del fascismo español desde sus comienzos. La violencia
queda consagrada como método en el discurso fundacional de la Comedia. La Falange es «un hampa de chulos y
pistoleros». Albiñana no es un fascista porque para ello le falta la condición básica: la idea de Imperio. Es un
conservador antirrevolucionario anticuado El racismo solo no es el fascismo. Giménez Caballero y Jaime (sic.)
Foxá hicieron propaganda prosefardita antes de la República, pero sus verdaderas intenciones eran imperialistas.
Durante la República no continuaron estas tareas. El antisemitismo aparece en Falange Española con Onésimo
Redondo: es de inspiración clerical, antes y durante la guerra civil. Durante la guerra, el antisemitismo es un
elemento de acercamiento a los nazis. Se presenta un tremendo dilema a Falange en la primavera de 1936:
apoyar a un movimiento militar a pesar de la desconfianza de Primo de Rivera por los militares. La conspiración
con el ejército le fue impuesta a la Falange.

La historia de la Falange solamente registra -para HRS- tres hombres de calidad: Giménez Caballero, Ramiro
Ledesma Ramos y José Antonio Primo de Rivera. Franco se apoderó fácilente de la Falange porque, entre todos
los falangistas, solamente Manuel Hedilla tuvo el valor de defenderla. No hay forma de conocer el pensamiento
íntimo de Franco: puede buscarse en algunos textos de Carrero Blanco. Pero Franco tenía una gran superioridad
sobre los jefes falangistas.

l desarrollo de la guerra civil fue alejando la idea del Imperio. Al final de la guerra, Franco mantuvo a la Falange.
La Falange era pronazi y profascista por esencia. Durante la segunda guerra mundial, la Falange pensaba entrar
en el festín imperial del brazo de los agentes del Eje.

Negociaciones del franquismo con el Eje durante la segunda guerra mundial: la victoria de los nacionales dejó al
país arruinado y hambriento. El país seguía dormido tras la guerra civil. Según Castiella, la neutralidad española
fue algo pretendido: he aquí una opinión realmente cínica.

La filosofía española en torno a las relaciones entre la guerra civil y la segunda guerra mundial, ha cambiado.
Cuando ganaba el Eje, Franco, Serrano, Areilza y Aznar declaraban una y otra vez la homogeneidad entre la
guerra civil española y la segunda guerra mundial. Cuando el Eje empezó a perder, se cambió de tesis: Castiella y
García Arias subrayan el carácter interno de la guerra civil española. Las reivindicaciones territoriales que
España exigía a Alemania eran tan desproporcionadas que Hitler perdió la esperanza de contar con España para
la segunda guerra mundial. HRS hace una feroz crítica del libro «imperialista» de Areilza y Castiella y trata de
poner de manifiesto las contradicciones de este último autor entre 1940 y 1960. Las ilusiones españolas se
desvanecen durante la segunda guerra mundial ante las desmesuradas apetencias germánicas.

Franco no envió la División Azul a Rusia para conquistar un Imperio, sino pagar a plazos un imperio en Occidente.
Con el desembarco aliado el 8 de noviembre de 1942, precedido por la caída de Serrano Súñer en el mes de
agosto, se acabaron las ilusiones para el Imperio azul.

Al producirse el desembarco aliado en el Norte de África, los intelectuales de FET y de las JONS abandonaron
intelectualmente al Movimiento. El fascismo español se diferenciaba de los otros en que, por ser más débil,

6 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

solamente podía crear un imperio en simbiosis con los demás fascismos. HRS hace el análisis del imperialismo de
Antonio Tovar y da noticia de su viraje. Efectivamente, Tovar no deja de dar pretexto para un comentario
semejante. En su obra abundan los párrafos exaltados, que HRS cita con complacencia, por ejemplo aquel de El
imperio de España (pág. 73), en que Tovar ve en el futuro de España «algo que la nueva catolicidad está a punto
de cubrir, con el fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán y el nuevo Estado en España y Portugal, el suelo
todo del Imperio de Carlos V, en el cual supo España tomar su puesto. Como sabrá tomarlo ahora de nuevo, en
el mundo de hoy. La Falange Española de las JONS se encarga de ello» (pág. 53). Pero también reproduce éste,
tras algunas entrevistas en que había acompañado como intérprete al ministro Serrano Súñer en Berlín y Roma:
«Del viaje quedan también algunos recuerdos y anécdotas de lo que llaman simpatía, y que permiten una vez más
admirar la amplia y noble humanidad de Mussolini y de Hitler, fundadores de futuro y pilotos de sus pueblos en los
tiempos más difíciles de la Historia» (pág. 55).

Y él mismo informa de que el señor Tovar ahora se encuentra en una Universidad de los Estados Unidos,
«convenientemente disfrazado de refugiado del totalitarismo.»

HRS debía informar al lector de la fecha en que el señor Tovar llegó a la Falange. Al lector entonces le costaría
muy poco advertir, junto a la evidente falta de perspicacia política del señor Tovar, que este señor, tan inestable,
entusiasta y exaltado, en modo alguno puede tomarse como intelectual representativo de la Falange ni del
Movimiento Nacional.

HRS conoce muchos libros sobre la guerra de España. No todos, ni todo en ellos. Así se explican muchos errores
importantes, algunos de los cuales se denuncian en estas mismas páginas. Pero lo que ignora muy seriamente es
la realidad de sus antecedentes. El catedrático señor Montero Díaz -citado a continuación- es, sin duda, una
personalidad brillante que a veces ha llamado la atención con alguna conferencia o algún escrito. Pero si HRS
supiera que primero fue comunista y después ingresó en las JONS y más tarde se alejó de ellas, precisamente
por su fusión con Falange Española, tal vez se lo habría pensado un poco más antes de sucumbir a la tentación
de presentarlo como un exponente válido del pensamiento falangista. No, nunca ha sido eso el señor Montero.
Cuando afirmaba: «El nacionalsindicalismo nació con una generosa y bélica solidaridad, planteada de igual a
igual, de camarada a camarada, con la Gran Alemania y la Italia fascista. A la afinidad -no identidad- ideológica,
se unía la coincidencia de una común hostilidad... un rotundo gesto de repulsa al predominio británico en el
mundo»» (Santiago Montero Díaz, Idea de Imperio, pág. 6). Y, «Pero si el Partido -y sigo moviéndome en el
terreno instrumental e inofensivo de la hipótesis- abandonase ahora su solidaria adhesión de camarada hacia
Alemania e Italia, cómo entenderíamos que pueda responsabilizarse de veinte siglos de historia patria, un partido
que no se responsabilizara ni siquiera de diez años de su propia historia» (Ibid., pág. 23). Santiago Montero Díaz
no renegó de su lealtad a la causa de la Nueva Europa, y el 23 de marzo de 1944 afirmaba en la Universidad de
Madrid: «De su crisis, Italia saldrá victoriosa por el genio del Duce, por el fervor de sus juventudes fascistas y por
la lealtad alemana. Con intuición de europeo, al margen de la profecía o de la ciencia, presiento el triunfo de la
nueva Europa. Me limito a consignar presentimientos, porque acato -disciplinadamente- la consigna nacional de
neutralidad» (Santiago Montero Díaz, Mussolini, 1919-1944, pág. 44). Montero Díaz, profesor de Historia
Antigua, pero no de contemporánea, habla por su propia cuenta. La consigna de neutralidad venía de más arriba,
exactamente del Jefe de la Falange, Francisco Franco. Y, sabido es lo que José Antonio pensó siempre del
fascismo italiano y del nacionalsocialismo alemán. Santiago Montero Díaz ha sido fiel, incluso en la derrota, a
Alemania y a Italia. Es posible, cosa suya en todo caso. Laín Entralgo, tercer convocado por HRS, también
defendió el Orden Nuevo. Pero HRS, una vez más, cae en el error de atribuir autoridad doctrinal en la Falange a
un intelectual que llegó a ella precisamente también durante un periodo tan escasamente propicio para la teoría y
la especulación como el de la guerra y los años inmediatamente posteriores, condicionados por la conflagración
mundial. El señor Laín Entralgo, en efecto, escribió Los valores morales del nacionalsindicalismo, y ahí defendía
al Estado totalitario como «necesidad de este tiempo» sobre la inmensa y fecundante revolución nacional
proletaria del Nacionalsocialismo» o que «Indudablemente, Italia y Alemania han encontrado alguna de las
palabras ordenadoras de nuestro tiempo, y ahí radica su principal ventaja contra Inglaterra».

Pero nada de eso puede considerarse doctrina ni pensamiento realmente falangista. HRS debiera comprender
que difícilmente pueden ser consideradas exponentes doctrinales de la Falange unas personas que no se
interesaron por ella hasta un momento muy determinado de su historia, precisamente aquel en que coincidía la
ausencia de sus principales hombres, José Antonio, Ruiz de Alda, Onésimo, Ramiro, Fernández Cuesta, Sánchez
Mazas, etc. -asesinados, muertos o en zona roja- con la fulgurante presencia de los dos grandes dictadores del
Eje. El hecho de que dos personas como los señores Laín y Tovar, que carecían del mínimo arraigo en la Falange
y desconocían probablemente las enormes reservas con que José Antonio había vuelto de Italia y la malísima
impresión que le produjo el nazismo, según atestigua persona tan escasamente sospechosa como S. Payne, se
encandilasen con los ademanes y los discursos del Führer, en modo alguno puede cargarse a la cuenta de un
movimiento político, cuyas raíces, tronco, ramas y hasta sus últimos y más recientes frutos, muestran
categóricamente que jamás ha alimentado el mínimo rasgo imperialista. Ambos intelectuales han vestido
ocasionalmente la camisa azul con entusiasmo, pero siempre han mostrado una permeabilidad a las voces y
actitudes del exterior que tiene muy poco que ver con el tradicionalismo esencial a la Falange: «No somos

7 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

nacionalistas», había afirmado José Antonio. La Falange no es responsable de que ocasionales portavoces no se
hayan parado a distinguir las voces de los ecos y que, sí lo han hecho, no hayan acertado a escuchar solamente
entre las voces, una: la que procede de la intimidad de España.

Dionisio Ridruejo, cuarto intelectual convocado por HRS, retrotrae los orígenes de su crisis al año 1942. Y
tampoco el señor Ridruejo puede ser tomado como un definidor. Sólo la ausencia de tantos y tantos mandos
durante la guerra, unos asesinados o muertos, otros en zona roja, los demás en el frente, pudo hacer que un
joven poeta, apenas rebasados los veinte años, asumiese una representación política. Que su temperamento se
desbordase a medida que los dictadores europeos se imponían, no pasa de ser una anécdota personal. Ridruejo
sí era falangista viejo. Hoy, ya se sabe donde está políticamente situado. Pero cabe pensar que su despegue de
la Falange comenzó ya el día que su voz y su ademán empezó a configurarse mucho más conforme a los de los
partidos totalitarios extranjeros, que de acuerdo con la entonces joven pero ya definida tradición falangista.

Eliminado el sueño imperial, la misión de la Falange quedó como puramente represiva. He aquí la interpretación
general de HRS sobre las causas de la guerra civil y su desarrollo:

«La derrota electoral obligó a la derecha española a recurrir a la rebelión armada. La debilidad del movimiento
falangista impuso a este la alianza con las fuerzas armadas. La apasionada resistencia del pueblo obligó a los
militares y a sus aliados a una larga lucha. El fracaso del pronunciamiento -y el terror que de ello resultó- pusieron
fin a las esperanzas de unidad entusiástica tan esencial para la Falange. Los militares actuaron con sus matanzas
más eficazmente que la Falange con su ideología para eliminar durante más de una generación la protesta social
en España: can eficazmente, en efecto, que aunque España no se hubiese visto arruinada y despedazada, poca
energía quedaba para realizar una revolución social izquierdista o para llevar a cabo el programa de la Falange
hasta sus últimas consecuencias» (pág. 60).

Concluye la introducción con esta dura acusación contra la Falange:

«El crimen de la Falange, en ese momento histórico, fue elegir la vía de la violencia nacional y de la violencia
internacional, poner tanta energía española en un proyecto condenado de antemano por las grandes corrientes
de la Historia. Los esfuerzos de los españoles para crear de nuevo un imperio español, no fueron Solamente
energías malgastadas en una causa perdida: eso podría haber sido perdonado por los españoles, por los otros y
por la Historia. No. El crimen de los Falangistas (es el crimen de todos los movimientos fascistas), fue el haber
repudiado lo que había de generoso en las ideologías de la izquierda, la cooperación social entre los hombres de
una misma nación y la cooperación social entre las naciones del mundo, es decir, del socialismo o sindicalismo
internacional; su crimen fue luchar por sustituir esta perspectiva con una visión más estrecha de la humanidad,
visión que pretendía eliminar a un área nacional la energía revolucionaria, desnaturalizándola, aniquilándola de ese
modo, no para ponerse al servicio de un impulso cooperativo, sino convirtiéndola en un instrumento competitivo,
agresivo, que finalmente sólo sería aprovechado por las fuerzas retrógradas de la sociedad española» (pág. 61).

Finalizada la introducción general con tan solemne y dogmática parrafada, HRS pasa a comentar una por una las
afirmaciones de MGV, que le parecen especialmente dignas de atención. En la imposibilidad de reflejar aquí
todas v cada una de las notas, optamos por recoger algunas de las más importantes y sintomáticas de la obra.

a) Estudio de Giménez Caballero, hombre clave en la historia del fascismo español, que consiguió «una de las
más claras exposiciones de esta doctrina».

b) Comentarios a Ramiro Ledesma Ramos quien «fue el mayor genio del movimiento», a pesar de que los
escritores falangistas no lo reconocen así.

c) Gran influencia de Ortega, sembrador del fascismo, pero que se quedó a medio camino.

d} Ledesma pide a Ramón Franco su colaboración para el imperio; pero Franco ni le contesta. Avatares de
Ramón Franco.

e) Relaciones de Ledesma con los anarcosindicalistas.

f) Las JONS y el catolicismo; concesiones de Ramiro Ledesma a Onésimo Redondo. Discusión sobre el emblema
de Falange Española.

g) El título de «Fascismo español». Justificación de la revolución de Octubre. Madariaga no tiene en cuenta la


situación del socialismo en Europa para su dictamen condenatorio. Análisis de la desilusión de Eliseda.

h) Datos sobre la escisión de Ramiro Ledesma. El régimen franquista no ha permitido la publicación de las obras
de Ledesma. Análisis del Discurso a las juventudes de España: la conclusión es que Ledesma era un fascista
cíen por cien. Análisis de ¿Fascismo en España?

8 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

h) Comentario a la represión de Octubre, centrado en una solitaria cita de Bruno Alonso.

i) Diversas puntualizaciones sobre los orígenes de la gran conspiración que desembocó en la sublevación de julio.
Según HRS la «verdadera historia» de la conspiración arranca de la victoria izquierdista en las elecciones del 16
de febrero de 1936. Estudio bibliográfico sobre el tema.

j) El mito de Toledo relacionado con la reunión falangista del Parador de Gredos: es «un mito secundario enlazado
con el mito principal».

k) Asesinato de Calvo Sotelo, «afortunadamente eliminado».

l) Notas sobre la violencia en la primavera trágica.

m) La URSS y España en 1936: «no existe ni una sola prueba de que los soviets hayan apoyado la dictadura del
proletariado en España».

JUICIO

La inorgánica disposición de esta obra, escrita para servir de comentario marginal al libro de MGV, hace bastante
difícil el montaje de un estudio sistemático acerca de su contenido. Por eso hay que culpar en definitiva no a HRS
ni a este comentario, sino a los curiosos incidentes editoriales de las dos obras, cuando se advierta y haya que
lamentar la incomodidad del sistema.

Despachemos con una breve alusión la pretenciosa nota del traductor. El señor Martínez, que tiene bien
acreditada su condición de ser una de las personas más parciales y peor informadas acerca de la historia
contemporánea española, debería haberse limitado a traducir, cosa que hace con cierta claridad, aunque con
insufrible y pedantesca incorrección. El detonante gerundio que estalla en la cita de la pág. 15 («los incluidos
dentro de las coordenadas del sistema capitalista pero no disponiendo del capital suficiente para su desarrollo»),
produce la inmediata caída del libro, sea cual sea la postura del lector. Renunciamos a detallar los desenfoques
de la famosa «nota del traductor» que, en adelante, no debería aventurarse en los «pinitos» históricos antes de
aprender, de forma elemental, los rudimentos de su oficio. En cuanto a la opinión del señor Martínez acerca de la
«honestidad intelectual y el rigor crítico» del autor del libro, nos remitimos a las consideraciones siguientes.

Un doloroso deber obliga a iniciar este comentario crítico a Antifalange, poniendo de manifiesto (esta es la forma
correcta de emplear los gerundios en castellano) los errores históricos del autor. No es Herbert Rutledge
Southworth piadoso con los errores -a veces simplemente tipográficos- de sus víctimas. En su diserto libro El
mito de la Cruzada de Franco, ha dedicado todo un capítulo -Spanica zwischen todnu gabriet- a reírse de «la
increíble estupidez de los franquistas» en torno al tema de la guerra civil. En este mismo libro rechaza
desdeñosamente una obra que posee cierto interés -la de Nellesen [sic]- porque «la seriedad de este
investigador puede ser puesta en duda cuando atribuye a Giménez Caballero el título de Unamuno, En torno al
casticismo de España». No puede quejarse, pues, HRS de que analicemos con cierto detalle algun que otro error
de su Antifalange, y pasamos por alto que HRS transcribe incorrectamente el verdadero título del famoso ensayo
de Unamuno. Digamos, de paso, que no se podía haber escogido para este libro un título más pretencioso, más
inadecuado y menos moderno. Pretencioso, porque con un comentario ad litteram de este porte podríamos
admitir un AntiVenero, pero jamás un sonoro Antifalange, por mucha inquina que el autor guarde al movimiento de
Ramiro Ledesma y de Primo de Rivera. Inadecuado, por la misma razón. Y «antimoderno» porque ésta era la
forma de titular en el siglo XIX -algún autor caro a HRS lo recuerdan bien nuestros lectores- y en épocas
anteriores en que «controversia» era un sistema metodológico aceptado universalmente. Pero hablar hoy de
Falange a través del libro de Venero-Hedilla (que ya hemos comentado) y con ese horrible prefijo en el título
equivale a anteponer a un pretendido estudio histórico toda una ingenua confesión de parcialidad, odio y hasta
permanente rabieta historiográfica. Al mismo pésimo gusto histórico y hasta humano obedece la antiportada de la
obra y hasta el significativo color que en ella domina.

Más no perdamos el hilo principal del comentario. Sí en vez de escribir un estudio crítico sobre una obra que
-adelantémoslo- contiene, en medio de sus abismales desenfoques, notables sugerencias de valor histórico,
siguiésemos el anticuado ejemplo del autor y escribiéramos un libro de intención esencialmente polémica y
propagandística, titularíamos esta parte del comentario de la siguiente manera:

«La revelación más sensacional de la historia contemporánea española». Sin mayores detalles, como no sea un
subtítulo sugestivo: «La campaña electoral de un difunto». Porque esa revelación, contenida en la página XX de
este libro, es nada menos la siguiente: el patriarca de la Institución Libre de Enseñanza, el supremo liberal y
candidato único de la Conjunción republicano-socialista a las Cortes Constituyentes, don Manuel B. Cossío, era,

9 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

profesionalmente, pintor, y políticamente, nada menos que uno de los fundadores de la Falange santanderina.
Para que no queden dudas, se fotografía en enero de 1935 (probablemente en una inspección de sus misiones
pedagógicas) en Santander. Y como informa HRS en la página XX, pie de la fotografía 12, «Mitin en el teatro
Pereda. En el centro José Antonio Primo de Rivera. A su izquierda, Manuel Hedilla y el pintor Bartolomé Manuel
de Cossío». El lector piensa que solamente se trata de una errata; para subsanarla acude al índice onomástico
de HRS, que espera encontrar tan cuidado como es habitual en tan exigente crítico. Nueva decepción: Ni el
Bartolomé M. Cossío, ni otro Cossío alguno aparece en ese índice. Acude entonces el lector al denigrado libro de
Venero-Hedilla y su asombro crece cuando en el correspondiente índice encuentra nada menos que tres Cossíos:
Francisco, Manuel Bartolomé y Pancho. Venero, naturalmente, distingue perfectamente a cada uno de ellos: no
creemos pueda encontrarse en el siglo XX español a tres personas que, con el mismo apellido sigan trayectorias
tan diversas. Muchas veces cita MGV a don Manuel B. Cossío, el pedagogo y patriarca de la Institución Libre y a
Pancho Cossío -Francisco Gutiérrez Cossío-, el famoso pintor falangista. ¿Qué ha sucecido? ¿Será posible que
un lector tan voraz y un crítico tan puntilloso como HRS haya omitido la lectura de unas páginas del libro que
comenta con tanta dureza? Porque, para excluir definitivamente la hipótesis de la errata, basta seguir adelante y
leer el comentario a la fotografía siguiente, la número 13: «Mitin en Laredo, enero de 1936. En el centro, Julio
Ruiz de Alda. A su derecha Manuel Hedilla. En el extremo izquierdo, Bartolomé Manuel de Cossío (que resucita,
además, de la tumba, pues había muerto en 1935). No hay pues \'errata\' sino la más lamentable e inexplicable
de las confusiones. Confunde HRS a Cossío el pintor con Cossío el diputado de la Conjunción y no cabe la
absorción de un famoso por un innomidado, porque los dos personajes son importantes y conocidísimos en la
historia contemporánea española. Frente a tal desliz, poco importa que HRS, poco afortunado con el apellido,
confunda el orden de los nombres -se empeña en llamar «.Bartolomé Manuel» a don Manuel Bartolomé- y añada
un eufónico y nobiliario «de» a quien jamás lo usara. ¿Qué calificativos aplicaría HRS al desgraciado autor que
incurriese ante sus ojos en tamaño descalabro? Nosotros en cambio preferimos no emplear ningún calificativo,
recordar el quandoque bonus dormitat Homerus y brindar al implacable crítico este sabroso tema para una
meditación acerca de la humildad historiográfica.

Renunciamos a continuar con más ejemplos en esta línea demoledora; nada nos apenaría más que el señor
Martínez y otros ciegos admiradores de HRS empezasen a concebir sospechas de que el ídolo inicia su
decadencia. Baste por tanto aludir, sin más comentarios, al hasta ahora desconocido «hobby» sefardita del
«Conde Jaime de Foxá» (pág. 34) (HRS debe consultar bien la lista de la ilustre familia) y la sorprendente
afiliación de don José María Gil Robles al grupo de Acción Española (pág. 98), aunque este último lapsus supone
una trágica confusión entre las tres «Acciones» a que perteneció Gil Robles y aquella a la que no perteneció ni
pudo pertenecer. Dejamos la incógnita sin revelar del todo para que HRS haga un poco de gimnasia
historiográfica acerca de la Segunda República Española, a la que por desgracia para su libro, conoce bastante
menos de lo que cabría suponer y exigir.

Con la natural precaución que semejantes deslices nos imponen, entramos en el análisis relativamente sistemático
de esta obra.

Como HRS toma preferentemente sus datos de los libros - ¡qué gran bibliógrafo se está malogrando por
dedicarse a confusas aventuras historiográficas!- y los libros no hablan todavía demasiado de Maximiano García
Venero, a HRS le faltan algunos datos muy interesantes para completar su información acerca del prolífico autor
del libro comentado. Naturalmente que no es ésta la ocasión de detallar esos datos. Los comentarios de HRS
acerca de la retaguardia de la zona nacional sólo pueden nacer de una carencia, de una ignorancia de estudios
-de estudios librescos, se entiende- sobre tema tan inexplicablemente abandonado por la Historia. Si la zona
nacional hubiese sido una zona «de desorden, de anarquía, de rivalidades y de terror a escala desconocida hasta
entonces en España» el lector se pregunta cómo el general Franco pudo ganar la guerra. Y el lector se asombra
de que pueda llegar a tales extremos el cinismo de un autor que conoce sin duda las obras de Manuel Azaña -las
publicadas antes de dar a la imprenta este libro- y que conoce sin duda la verdadera historia de la zona
republicana. Baste esta increíble cita para demostrar que el propósito que guía a HRS en la redacción de este
libro no es un propósito historiográfico -por apasionado que sea- sino una simple y fría intención propagandística,
sólo apta para indocumentados. Autor tan conocedor de España debería tener, en sus obras, un poco más
respeto a los españoles a quienes, con estas acotaciones, juzga evidentemente como retrasados mentales. La
autoridad contemporánea que según HRS corrobora estos datos es el morboso tránsfuga Antonio Bahamonde,
que en un deleznable libro ya suficientemente comentado en España, exhibe, entre otros documentos
sensacionales para probar la maldad de los rebeldes, su cédula personal. Comentarios parecidos cabría hacer al
«taifismo de la zona rebelde», enrocado desde la, por lo visto, suprema unidad de la zona republicana donde
había, como acerbamente nota Manuel Azaña, cuatro Presidentes, tres de ellos con pretensiones soberanas.

Acerca de la obsesión de HRS con «el terror de la zona rebelde» cabe notar que por supuesto nada aduce
acerca del terror en la zona opuesta; que se limita a borbotones verbales, sin aducir ni una sola prueba seria.
Parecida obsesión desenfoca por completo el pensamiento de HRS, cuando se refiere a la violencia falangista;
sobre este tema recordemos que la frase «dialéctica de los puños y de las pistolas» no es invento de José
Antonio Primo de Rivera, sino de Guillén Salaya; y que presentar a José Antonio Primo de Rivera como monstruo

10 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

sanguinario equivale a desconocer de forma poco creíble la actitud de José Antonio desde el asesinato de Matías
Montero hasta la profanación del cadáver de Cuéllar, para no citar más que la época en que el fundador de la
Falange fue no solamente contrario por principio a la violencia -que eso lo fue siempre-, a pesar de la famosa
frase de los puños y las pistolas, que no pueden leerse fuera de contexto, sino incluso el primer apóstol político
de la no-violencía en España, como puede comprobar HRS en cualquier manual de historia contemporánea
española. ¿O es que no ha podido leer la polémica entre el fundador de la Falange y algunos incitantes
consejeros de la derecha, que le tildaban de excesivo pacifismo, y hasta de franciscanismo?

La tesis del libro está contenida -en cuanto a los supuestos históricos de la Falange- en la página 9. Según HRS
el postulado histórico de los falangistas equivale a conceder que la Falange fue una empresa «buena» (sic.) y
revolucionaria muerta a manos de «otra Falange, falsa, acomodaticia y contrarrevolucionaria». Pero
sospechamos que en esta negación del pan y la sal a una Falange que se considera previamente como muerta y
enterrada, ¿no latirá un muy propagandístico miedo a una posible Falange misteriosamente viva aún, y realmente
capaz de alentar otra vez empresas revolucionarias? La condena de la Falange por motivos apriorísticos, con
resabios marxistas y neomarxistas, con pontificios ademanes teóricos, nos hace sospechar que junto a la
condena de la Falange histórica se se esconde la condena a una Falange posible. No insistamos más en análisis
tan sugerente.

Cita HRS la cobardía de la Falange en el frente. ¿Cómo es posible discutir serenamente con un autor que lleva su
cinismo a una afirmación de semejante irresponsabilidad? No podemos escribir aquí toda la historia de la guerra
de España; baste con recordar la lista de los caídos, la lista de las menciones honoríficas, la lista de las
condecoraciones. Recomendamos a HRS la lectura... inútil recomendación. Pero el lector menos apasionado
podría encontrar valiosas sugerencias en recientes libros como La primera bandera de Castilla, de Sisinio
Nevares y Rafael de Yturriaga; y en el apéndice a las Memorias de un roquete, de J. M. Resa. Y en el dolor
conservado aún como sagrado recuerdo en tantos miles y miles de hogares españoles.

Con insufrible suficiencia proclama el autor: «García Venero está incapacitado psicológicamente para comprender
la significación del Alzamiento, de la Falange, del régimen de Franco» (pág. 13). En este mismo comentario se
han subrayado los defectos de la obra de García Venero. Pero ¿para qué temas históricos está capacitado
psicológicamente HRS después de El Mito de la Cruzada de Franco ? HRS está incapacitado psicológicamente,
educacionalmente, personalmente, sobre todo propagandísticamente, para tratar con seriedad de historiador
cualquier punto de la historia de España, al menos de la moderna y la contemporánea. En cuanto se sale de sus
ficheros y sus catálogos, como hace en este libro, parturiunt montes.

Se ha dicho que en HRS pueden encontrarse muchos resabios escolásticos. Uno de ellos es su regusto por las
definiciones recortadas, tan poco aptas en general para la dialéctica historiográfica.

Pasemos por alto que, al analizar una de esas definiciones, la de Ramón Serrano Súñer, dice HRS: «cuando él
(S. S.) era secretario general del Movimiento y Ministro de Asuntos Exteriores de España». Se refiere
evidentemente al periodo de la Segunda Guerra Mundial, en el que Ramón Serrano Súñer no desempeñó jamás
el primero de esos cargos. Y trataremos de concentrar el análisis en la tesis fundamental del libro en cuanto a la
esencia de la Falange: recordemos las citas hechas en la primera sección de este comentario acerca del Imperio
como elemento característico, diferencial, y esencial del fascismo, y por tanto también del fascismo español.

Toda esta discusión obsesiva sobre el Imperio falangista no es más que la transposición de un elemento
secundario y accidental al plano de la esencia falangista. El desarrollo de semejante tesis constituye un
insondable apriorismo del que se derivan, naturalmente, consecuencias tan infundadas como peregrinas.

HRS hace suya la idea de «Gecé», en 1938: «La consigna de Imperio, lanzada en los momentos más
antiimperiales de España, los de la República socialdemócrata del 14 de abril»; HRS y el autor de esta frase
olvidan que la Segunda República dio a España la única expansión imperial del siglo XX: la modesta, pero heroica
aventura del coronel Capaz, en Ifni. Basar la tesis fundamental -imperial- de este libro sobre una serie de textos
cogidos alevosamente por los pelos e interpretados en el más burdo y materialista de los sentidos no dice mucho
en pro de las facultades analíticas del autor. Pero como, por otra parte, estamos totalmente seguros de que esas
facultades analíticas son de primer orden, la triste conclusión es que la famosa «honradez intelectual y rigor
crítico» del autor quedan bastante en entredicho. A los textos podríamos responder con los textos. ¿Puede algún
historiador medianamente dotado pensar de verdad que José Antonio Primo de Rivera, que Onésimo Redondo,
que Julio Ruíz de Alda, que el propio Ramiro Ledesma, habitante de las nubes, pensaban de verdad en mandar
sus escuadras y sus falanges a la reconquista del imperio de los incas? ¿Hay algún historiador serio que atribuya
valor programático, y hasta planificador, a latiguillos retóricos y a las exageraciones unamunescas del autor de La
nueva catolicidad ? La idea del Imperio que tanto perturba a HRS no era más que un «mirar hacia atrás con ira»
a una tradición nacional gloriosa, que se quería revivir intelectual y nacionalmente. El Imperio no era un programa
comercial -aunque en algunos textos de Ramiro Ledesma existen interesantísimas sugerencias, llenas de realismo
en este sentido y mucho menos un ensueño violento. Admitían, sí, los falangistas, una serie de reivindicaciones
españolas en el todavía abierto banquete colonial de África (recuérdese la fecha de Abisinia), porque esos

11 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

falangistas habían nacido en una época en que hasta los abanderados de la libertad de los pueblos tenían bien
recientes sus sangrientas e injustas aventuras imperiales (olvida HRS las de su propio país). Los jefes de la
Falange en 1935, eran tan colonialistas como lo era entonces el general De Gaulle, y por supuesto mucho menos
colonialistas y mucho menos imperialistas que los jefes de la gran potencia colonial e imperial de este siglo, la
eterna Rusia disfrazada de Unión Soviética y de patria del proletariado para la continuación exterior de su
permanente política de expansión continental. ¿Cómo puede llamarse imperialista a José Antonio Primo de Rivera
en el siglo de José Stalin? Otro de los presupuestos erróneos de HRS, que le hace incurrir en notables
incoherencias, es considerar a Falange Española de las J.O.N.S. como un movimiento unívoco, cristalizado,
totalmente institucionalizado. Muy al contrario, la Falange durante la República era un movimiento incipiente,
improvisado, carente en absoluto de una solera y un poso que solamente pueden dar los años. Compárese la
duración y la trayectoria de José Antonio Primo de Rivera -que en 1933 aún no estaba decidido a ser un «caudillo
fascista»- con las de otros líderes europeos de la época.

«En 1930 -dice HRS- pocos eran los españoles que tenían un interés económico en mantener las cosas como
estaban» (pág. 17). ¿Cómo explica entonces HRS la aplastante victoria de las derechas en noviembre de 1933?
¿Es que los votantes de 1933 habían modificado en tres años sus ideas económicas?.

El esquema gráfico de la página 18 recuerda inevitablemente las ajadas figuras de los devocionarios infantiles de
los años 30. HRS trata con este esquema de reducir «el desarrollo del movimiento fascista... en España -y en
cualquier otro lugar del mundo- a una fórmula». Nueva manifestación del prurito escolástico de HRS; reducir las
grandes realidades sociopolíticas a formulas mágicas, al estilo de las clásicas gradaciones tomasianas.

La definición del «fascista español de 1936 típico» merece conocerse: «un Joven, quizá abogado o médico de
provincias, raramente obrero, que vociferaba propaganda ultranacionalista, que estaba dispuesto a recurrir a la
violencia para impedir la revolución social, y que imaginaba que su patria había sido incapaz de cualquier
progreso, a causa de la desunión...». Sin comentarlos.

En la descripción subsiguiente sobre la desunión territorial, HRS llega a extremos ridículos: cita un movimiento
autonomista ¡en. León! Grave confusión entre la historia y la anécdota: existió, aunque HRS no lo cita, un partido
separatista castellano y otro jienense. Muchos autonomismos españoles degeneraron bien pronto en francos
separatismos: recuérdese la famosa sesión de Cortes del 5 de noviembre de 1935, en la que los diputados
vascos se declararon francamente separatistas. Hoy, tras las memorias de don Manuel Azaña, los
historiadodores saben muy bien a que atenerse, respecto a la verdadera trayectoria de los «autonomismos»
españoles.

Lo que antes hemos designado como «tesis oculta» de este libro aflora en los lugares más insospechados como
en la nota segunda a la página 20, donde el impresionante auge turístico español se presenta como «venta de las
costas para las vacaciones de los extranjeros», etc. Nueva pregunta del lector: ¿Qué tienen que hacer estos
problemas de los años 60 en un pretendido tratado histórico acerca de la participación de Falange en los
antecedentes y desarrollo de la civil española? Las interpretaciones de HRS sobre los procedimientos para la
financiación del desarrollo no merecen más atención: entre las múltiples cualidades del crítico americano no
figura, ciertamente, la de un sentido moderno de la economía.

Al tratar HRS del comienzo de los movimientos fascistas en España, incurre en inexactitudes y desenfoques que
no conviene dejar sin nota. Según él la deserción de Ramiro Ledesma ocurre «unas semanas más tarde» de que
José Antonio encabezara el movimiento falangista. El «encabezamiento» se inicia, como saben todos los
historiadores, en agosto-septiembre de 1934, cuando los triunviratos delegan prácticamente toda su autoridad en
Primo de Rivera para que éste, según su iniciativa y criterio, convoque el trascendental Primer Consejo Nacional
de la Falange. La escisión de Ledesma tiene lugar en enero de 1935. Son, por tanto muchas semanas. En las
proximidades de este contexto concede HRS excesiva atención a la importancia de las repercusiones en España
de la crisis económica de los 30: el atraso del país amortiguó en gran parte esas repercusiones. En cambio, para
nada alude HRS a las ofensivas de la finanza internacional contra España -Dictadura, Monarquía, República- que
sí influyeron decisivamente en la crisis económica española, a partir de los ataques de las seven sisters y las
quiebras de la banca alemana. Pero ya hemos indicado que semejantes profundidades económicas no están al
alcance de un gran crítico de libros, aunque no falten libros que traten del tema.

En esta misma línea cabe destacar las desviadas opiniones de HRS acerca de la interpretación personal
-económica- de la actitud de numerosos falangistas. «La Falange se hallaba integrada, en líneas generales, por
jóvenes de espíritu conservador, que consideraban su situación económica excesivamente limitada, y que no veían
un horizonte de mejora si no se producía un cambio profundo en España» (pág. 22) He aquí, según HRS, las
profundas motivaciones de los militantes de la Vieja Guardia falangista: cambiar el país para vivir ellos mejor. Así
pensaba, sin duda, José Antonio, al renunciar a uno de los bufetes mejores de Madrid, rehecho tras un trabajo
ímprobo; y para ganar unas pesetas al mes se jugaban la vida diariamente miles de jóvenes, situados muchos de
ellos en los umbrales de una profesión o de un trabajo seguro y remunerador. No cabe pintura más desmañada y
peor intencionada que este absurdo brochazo de HRS, incapaz de comprender un ideal común y personal que

12 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

llegaba al sacrificio de la propia vida sin la menor exigencia -y menos económica- a cambio. En la misma página
se cita como autoridad histórica al pobre turista retrospectivo, Claude Couffon, cuyo libro A Grenade sur les pas
de García Lorca es un lamentable catálogo de frustracciones.

«Los representantes políticos de la derecha española no acogieron con entusiasmo el nuevo movimiento», dice
HRS, quien, sin dura, no ha leído el fogoso saludo que Acción Española dedicó a la «nueva bandera» alzada en
el teatro de la Comedia. Las opiniones de HRS sobre la «revolución social» son tan estrechas y dogmáticas que
ni siquiera nos atrevemos a calificarlas de marxistas; marxistas hubo en España que contemplaron con simpatía y
hasta con un principio de comprensión los esfuerzos revolucionarios de Primo de Rivera.

Es fácil explicar la predilección de HRS por algunas tesis y textos de Ernesto Giménez Caballero.

Nuevas aberraciones sobre la teoría de la violencia. Dice HRS que «la consacración (¡traductor!) suprema de la
violencia está contenida en uno de los discursos pronunciados en el primer acto público de los falangistas el 29 de
octubre de 1926» (pág. 26). En primer lugar, un análisis histórico minucioso tendría algo que discutir en esa
afirmación de que el acto de la Comedia fue «el primer acto público de los falangistas»; uno de los oradores,
García Valdecasas, la ignoraba por completo antes de empezar su discurso. Pero prescindamos de matices. La
frase citada no «consacra» supremamente a la violencia. La violencia es, en frase citada por el propio HRS, un
método parcial, secundario y condicionado, nada de «supremo». «Miles de hombres, mujeres y niños perdieron
su vida en aplicación de tal doctrina», continúa HRS. Por lo visto, la violencia de la Falange era la única violencia,
y la primera violencia en la España de los años treinta. Pocas líneas más abajo el autor se da cuenta del enorme
disparate que se sigue de su tesis y rectifica: «Hasta aquel momento, la defensa filosófica de la violencia había
sido, en la vida política española, dominio exclusivo de los anarquistas» (pág. 27). ¿Es que las amenazas a
Maura en las Cortes, por Pablo Iglesias, formaban parte de la «filosofía anarquista»? ¿Fueron anarquistas la
revolución de 1917, la quema de conventos de 1931, las revueltas de Castilblanco y Arnedo, en las que
intervinieron los militantes de la F.E.T.T. y de la U.G.T.? Un detalle alarmante en la interpretación ¡racista! de la
Falange: «El fascista utiliza el racismo para rechazar una parte de la población -por razones de color, religión o
cultura- para fortificar el sentimiento de unidad nacional... Hitler recurrió al antisemitismo de ese modo. Los
fascistas españoles recurrieron a la misma táctica frente a los elementos no castellanizados de la Península»
(pág. 30). Ya sabe el lector, por tanto, que la actitud de la Falange hacia el gran tema de la unidad nacional
española era una actitud racista. Y que la Falange rechazaba a una parte de la población española por razones
de color, religión o cultura. ¿De qué color, de qué religión, de qué cultura? En tan sorprendentes afirmaciones
HRS no alcanza siquiera el nivel cultural de los nacionalistas vascos, que, por lo menos, fundaban su absurdo
racismo en cosas más tangibles, como el ángulo facial, lo cual tanto divertía a José Antonio Primo de Rivera.
¿Qué calificación merecerían estas observaciones de H.R.S. sometidas al menos exigente de los tribunales de
bachillerato?

En otro tema vital -el de las relaciones entre Falange y el Alzamiento- comete HRS nuevos errores de facto. Cree
que Primo de Rivera «tenía un gran desprecio por la mentalidad militar» (pág. 36), impresionado, sin duda, por
una interpretación parcial de varios escritos y borradores de Alicante, redactados en un momento de confusa
información y que poco prueban frente a la Carta a los militares de España y otros documentos compuestos en
instantes de mayor serenidad. Pero es que, además, esa afirmación equivale a desconocer por completo la
personalidad de Primo de Rivera, nacido en el seno de una familia militar y dotado de un hondo sentido de la vida
como milicia. Afirma HRS que «la conspiración con el ejército le fue impuesta a la Falange». Muy al contrario, fue
la Falange una de las mayores fuerzas cohesivas para la gran conspiración del ejército. Repase HRS las
estadísticas de los militares sublevados el 18 y 19 de julio y forme una lista con los afiliados a la U.M.E. y otra
-no siempre distinta, pero tampoco idéntica con la anterior- de afiliados militares a la Falange. Aprenderá, en ese
nuevo ejercicio que le sugerimos, detalles muy interesantes.

Obcecado en su tesis del imperialismo falangista -tesis que no tiene la más mínima probabilidad de ser aceptada
por historiadores serios-, HRS olvida que el imperio no es una idea motriz del fascismo... sino del imperialismo.
¿Ha analizado HRS el fenómeno imperial anterior a la segunda guerra mundial y el neoimperialista, simultáneo y
posterior a ella? ¿Ha tratado de aplicar los esquemas de Marx a este doble movimiento tan escasamente
hegeliano, pero tan espantosamente real? No lo ha hecho, sin duda. No se atrevería a citar el caso de Gibraltar
-el caso más hiriente de imperialismo contra España- en una discusión acerca del imperialismo español. No se
atrevería a incurrir, como ha hecho en las páginas 36 y 48 de su libro, en una contradicción flagrante: en efecto,
HRS es hombre dotado de inteligencia, y cuando consigue liberarse un momento de sus insondables prejuicios
apunta certeras conclusiones, como las de esta última página: «La reivindicación de Gibraltar en sí misma puede
ser difícilmente considerada como una reivindicación de carácter imperialista» (pág. 48). Naturalmente.

Un tema importante en el pensamiento polémico de HRS es el de las negociaciones del franquismo -es decir, de
España- con el Eje durante la segunda guerra mundial. La tesis de HRS -fascinado por las excusas españolas
ante las impaciencias del Eje- acepta sin discusión, literalmente, tales excusas y se resume en tres postulados:

a) La debilidad de España no le permitía la entrada inmediata en una nueva guerra,

13 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

b) La guerra civil española se identifica con la segunda guerra mundial, de la que fue la primera batalla.

c) España estaría dispuesta a entrar en la segunda guerra mundial si el botín fuese suficientemente tentador y
garantizado.

No puede recordar HRS que tales excusas eran eso: movimientos dilatorios, tácticos, del General Franco y su
Gobierno para ganar tiempo y servir a los supremos intereses de España que se identificaban con el propósito de
evitar una nueva guerra. La tesis b), repetida ciertamente por la diplomacia española, era un movimiento de
cortesía en el que nadie creía de verdad; demasiado sabíamos todos en España que nuestra guerra había sido,
inicial y principalmente, la culminación de un proceso histórico interno. España exageró frente a sus antiguos
aliados esta tesis, que hacía entonces el efecto de las offas de Cerbero; pero no tiene nada de extraño que HRS
caiga, tantos años después, en la misma trampa en que cayó entonces el propio Adolfo Hitler. Entre la discusión
anterior, incide HRS en el manido tópico habitual en tratadistas de menos categoría que él: «la resistencia del
pueblo español al fascismo durante la guerra civil española.» ¿Qué pueblo español? ¿El de Salamanca, el de
Galicia, el de Aragón, el de la quinta columna? El «fascismo» era, sin duda, el credo de los requetés navarros, y
de las milicias de Renovación y de la JAP, de los infinitos republicanos que lucharon en batallones, tercios y
banderas. Pero no nos apartemos del tema principal: la voluntad de España de apartarse de la contienda mundial
no tiene nada de confesión cínica a posteriori. Es la misma opinión, entre otros destacados observadores, de sir
Winston Churchill.

Insiste HRS una y otra vez en la famosa indentificación [¡tipógrafo!] de la guerra civil española con la segunda
guerra mundial. Ni siquiera el reciente testimonio histórico totalmente contrario de historiadores adversos al
régimen español, como el de Gabriel Jackson, le hace dudar de su pétrea convicción, demasiado reiterada para
parecer auténtica. Cierto que en 1940, y con las victorias del Eje recientes, pueden escogerse ramilletes de
declaraciones comprometedoras por parte de España. Pero en primer lugar, entonces no había perspectiva
histórica, y los triunfos de Alemania fueron tan aplastantes que medio mundo creyó en su victoria final. Insistimos
también nosotros en que, además, se trataba de declaraciones retóricas en gran parte destinadas a aplacar las
impaciencias alemanas. Si España era belicosa o estaba tan segura de la victoria alemana, ¿por qué no irrumpió
en Francia tras el fácil ejemplo de Italia? Y sobre todo, la guerra española fue, sin duda, un prólogo, pero nada
homogéneo, de la segunda guerra mundial. Lucharon en ésta los fascismos contra las democracias aliadas con el
totalitarismo comunista. (¿O prefiere HRS que llamemos a la Unión Soviética «la gran democracia socia-lista»?)
En la guerra española no se enfrentaron el fascismo y las democracias: las democracias fueron neutrales y tal
vez favorecieron de facto más a los nacionales que a sus enemigos. Lucharon españoles (que en su mayoría no
eran fascistas) contra españoles (que en su mayoría no eran comunistas). Uno y otro bando contó con alianzas y
apoyos que en uno eran preferentemente (no sólo) fascistas, y en otro eran preferentemente (no sólo)
comunistas. Ante este esquema evidente, para cuyo desarrollo las motivaciones eran totalmente diversas en uno
y otro conflicto, ¿puede defenderse hoy, históricamente, la tesis de la identidad entre una y otra guerra? Del texto
de Detwiler citado por HRS en su página 44 se deduce claramente la intención táctica y política del General
Franco en el halago circunstancial a la Alemania nazi. Nada más.

Muy relacionado con el anterior está otro tema grato a HRS: el de las reivindicaciones territoriales. Es posible que
parte del Gobierno español estuviese convencido de la victoria alemana; ahora es muy fácil reírse de esa victoria.
Pero ese Gobierno puso un precio muy alto a nuestra intervención, con lo que atendían exclusivamente a los
supremos intereses de España. HRS ataca en los años sesenta a una ideología colonialista. Pero todos los
hechos criticados suceden antes de Bandung. De este modo resulta muy sencillo pontificar y profetizar.
Evidentemente, no ha leído a fondo el libro de Areilza y Castiella, al que tergiversa y saca de su marco real.

Se escandaliza HRS de que algún político español incurra en determinadas contradicciones entre 1940 y 1960.
Feliz el político que mantiene en paz veinte años a su país al precio de algunas contradicciones escolásticas en
temas secundarios. Algo sabe de eso el general Charles de Gaulle. Los políticos intervienen en el curso de la
historia de forma dialéctica, no estática ni menos silogísticamente. Una vez más demuestra HRS una proclividad a
utilizar la desacreditada ultraescolástica decadente en sus juicios sobre la cambiante realidad histórica. Le
convendría leer y meditar a fondo la metodología hegeliano-marxista sobre este importante tema.

Tras enunciar la conclusión -monstruosamente lógica- de su teoría sobre la Falange-Imperio, HRS registra
alborozado el abandono de los intelectuales falangistas tras los primeros síntomas graves de la derrota del Eje.
Pero olvida HRS que la Falange no es un movimiento exclusivamente intelectual. Siguió fundida con el Régimen
español en aquellos años difíciles, insuflándole su breve aunque profunda tradición, su dogma presentido y
vacilante y, cómo no, los defectos de su acelerado desarrollo y de su carga aporética. Nuevas pruebas arroja
HRS sobre la tragedia de los que después han sido llamados «los nuevos liberales». Pero, llevado de su
espejismo libresco, HRS tal vez concede a su defección una importan-cia exclusivista de que no gozó. HRS no
comprende la belleza de la lealtad a ultranza del profesor Montero Díaz -y por supuesto no tiene la menor idea de
la verdadera dimensión de personaje tan interesante como desconocido fuera del círculo fiel de sus alumnos. Muy
brillante el colofón sobre los intelectuales, aunque sobrecargado de sofismas: el desencanto vino tal vez del

14 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

fascismo oportunista solamente. Cree HRS que la deserción de algunos intelectuales -recalquemos lo de
«algunos» (¿o no existen intelectuales en los Consejos Nacionales del Movimiento posteriores a la «deserción»?)-
es «el fin extraño de un Movimiento que se llamó a sí mismo Nacional». ¿Quién ha fechado en aquellos tiempos el
fin de ese Movimiento? Los imponentes referéndums de la posguerra, ¿autorizan a pensar que ha sido el propio
Movimiento quien, gratuitamente, se ha titulado nacional? Interesante el cántico final al internacionalismo, repetido
en otros puntos de esta obra. HRS se declara internacionalista; ¿cuál es su opinión sobre el internacionalismo
soviético y sobre el internacionalismo anarquista? ¿O es que se refiere -y por tanto cree en su existencia real- al
internacionalismo socialista?

Basten estas apreciaciones para comentar, de forma tan poco sistemática como el texto estudiado, la
Introducción-ensayo de HRS. A continuación recorremos brevemente sus notas, en las que aparecen con gran
frecuencia numerosos datos, enfoques y síntesis de gran originalidad e interés, al lado de otros elementos
bastante discutibles.

Interesantes son, en efecto, los enfoques y los datos acerca de Giménez Caballero y de Ramiro Ledesma. El
libro es, además de Antifalange y AntiVenero, un poco AntiPayne. Y un poco AntiOrtega, a quien no comprende,
tras seleccionar algunos textos espléndidos. Pero no es fácil comprender a Ortega, sobre todo si, como hemos
subrayado en este comentario, se aborda a Ortega con una mentalidad que tanto tiene de estática y escolástica.
(¿Cabe mayor escolasticismo que el de las consideraciones sobre el yugo y las flechas de las que hacemos
gracia al lector?)

Incurre en este libro HRS en una aberración que solamente puede acarrearle disgustos y descrédito: la aplicación
de la blasfemia y del insulto como metodología «histórica». Por ejemplo, en la nota tercera de la página 28
afirma: «El autor falangista Rafael Sánchez Mazas escribió antes de la guerra una «oración para los muertos de
la Falange», aparentemente basada en la presunción de que Dios también era un camisa vieja.» Fascinado por
Franco, tiene que recurrir al sofisma barato para «averiguar» su pensamiento: ataca a Franco, pero se le escapa,
como a tantos enemigos, una admiración irrestañable (pág. 37). Las teorías de HRS sobre la revolución de
octubre en España demuestran una vez más su abismal ignorancia acerca de la historia de la República. Todo el
mundo sabe que octubre fue una revolución desencadenada por los extremistas de la Esquerra y por los
socialistas contra un Gobierno republicano que correspondía (y no suficientemente) a un Parlamento elegido
democráticamente, de acuerdo con una ley electoral votada y aprobada por la mayoría republicano-socialista del
bienio Azaña. Pues bien, semejante sublevación es descrita por HRS como «la rebelión de las fuerzas
democráticas» (pág. 78). No es extraño que tras esta exhibición de ignorancia y de cinismo histórico condene
HRS el definitivo dictamen de Salvador de Madariaga acerca del antidemocrático episodio. La presunción de ese
modesto aficionado a la historia de la República que es HRS le lleva a un auténtico ataque de hybris: se atreve a
decir, sencillamente: «La interpretación que Madariaga hace de la sublevación de Asturias se basa en una visión
defectuosa de la Historia». Madariaga, el hombre de Ginebra y de Londres, uno de los españoles más europeos
de todos los tiempos, no conoce bien las implicaciones europeas que enmarcaron la revolución de octubre, según
HRS. Madariaga, según HRS, no conoce la historia de Europa. Pero HRS no conoce, evidentemente, la historia
de España, ni en sus rasgos más elementales. Y por lo visto tampoco conoce las exigencias más elementales de
la democracia. Pero don Salvador de Madariaga ha escrito en su libro España, que «tras la revolución del 34 la
izquierda española perdió hasta la última sombra de razón para condenar el Alzamiento del 36».

Decididamente no estaba HRS en su momento brillante cuando redactó -quizá apresuradamente- estas notas. El
colmo de la inconsecuencia no es, en HRS, fallar en temas históricos, puesto que jamás ha sido considerado
como un historiador. El colmo es equivocarse en una cita bibliográfica y en una comprobación bibliográfica. Pues
bien; incluso a este fallo profesional se expone HRS en este libro. En la página 81 se refiere a una conferencia del
marqués de la Eliseda, cuyo título es, según HRS, El sentimiento fascista del Movimiento Nacional. El auténtico
título es El sentido fascista del Movimiento Nacional: la conferencia fue publicada en Santander en 1939, y
pronunciada el 16 de agosto de ese mismo año. Se imprimió en los talleres Aldus y consta de 52 páginas.

Nueva desorientación sobre octubre: se aduce como texto único para apuntalar la tesis de HRS uno de ¡Bruno
Alonso! Sabemos a qué atenernos acerca del diputado socialista por Santander después de uno de los más
famosos libros de Manuel Domínguez Benavides. ¿No ha encontrado HRS en toda la copiosísima bibliografía
sobre octubre un texto más expresivo?

En el estudio acerca de la conspiración final contra la República alternan los aciertos con las inconsecuencias. De
acuerdo con HRS en poner en duda el «mito secundario del Alcázar», pero el eterno enemigo de la fortaleza
indestructible no pierde la ocasión de lanzar una salva al «mito principal». Esta es una nueva aplicación de la
táctica del maniqueo, algo desacreditada ya en la polémica, no digamos en la historia. En todo el tratamiento de
la conspiración HRS se limita, aunque brillantemente y muchas veces con acierto, a la recopilación de datos
publicados aunque desordenados. De todos modos hace falta en este terreno mucha mayor dosis de
investigación en fuentes primarias que existen y están localizadas, si bien inexploradas. En este mismo
tratamiento se minimiza, según creemos, el papel de la Falange, que posteriores investigaciones han de volver a

15 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=66

su verdadera importancia, ahora que han cesado ya las razones interesadas en la atribución de méritos para la
gran conspiración.

En cuanto a la consistencia de la «amenaza roja» como la ha llamado David T. Cattell, HRS quita importancia a
esa amenaza y viene a decir que las palabras de Francisco Largo Caballero no eran más que tremendismos
verbales para asustar a sus enemigos. Esta actitud es consecuencia natural del absurdo desconocimiento que
HRS demuestra en este libro acerca de la revolución de octubre. No podía ser fingido tremendismo verbal la
actitud de un ala izquierda socialista que había desencadenado muy poco antes la tragedia de octubre, que no
tuvo nada de verbal. En el reciente libro de José María Gil Robles se contiene una excelente antología de textos
acerca de la violencia verbal y la violencia real en la primavera trágica de España. Por supuesto que HRS no hace
aquí tampoco comentario alguno sobre la violencia del Frente Popular. Más aún, cree -opinión asombrosa- que
don José Calvo Sotelo fue «afortunadamente eliminado» (pág. 95). Hemos preferido dejar para el final de nuestro
comentario este increíble despropósito porque, si lo hubiésemos citado al principio, es bien posible que el lector
hubiese prescindido inmediatamente de interesarse por una obra que incurre en semejante desvarío «desde una
perspectiva histórica» (pág. 95).

In Boletín de Orientación Bibliográfica número 81, septiembre de 1969, pp. 37-58

16 de 16 18/04/2012 0:03
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

Herbert Rut ledge Southworth - Antif alange

FALANGE Y ANTIFALANGE

UNA POLÉMICA INTERNACIONAL SOBRE LA HISTORIA Y LA VIGENCIA DEL FASCISMO ESPAÑOL

SEGUNDA PARTE

FALANGE ESPAÑOLA EN LA GUERRA CIVIL: LOS SUCESOS DE SALAMANCA

En la primera parte de este estudio -Boletín de Orientación Bibliográfica número 81- eran analizados los libros de
García Venero y Southworth hasta el momento en que uno v otro se centran en la guerra civil propiamente dicha;
es decir, a través de esos dos libros se estudiaba la trayectoria de la Falange en la época de los antecedentes
de la guerra civil. Se prestaba, no obstante, mayor atención al libro de Southworth, porque, antes de explayarse
en las notas-comentario a García Venero, el investigador americano lanzaba su Introducción de altos vuelos,
sobre la esencia y la finalidad de la Falange en todas sus épocas. En esta segunda parte se va a conceder
mayor espacio al análisis de la obra de García Venero por varias razones. Ante todo, por el número de páginas y
el cúmulo de informaciones que se contienen en este libro, uno y otro muy superiores a su equivalencia en el libro
de Southworth. En segundo lugar, porque el material analizado ya en la primera parte es muy inferior
cuantitativamente en el caso del libro de García Venero, que no entra en materia realmente hasta las páginas con
las que se abre este nuevo análisis. Y, en tercer lugar, porque lo verdaderamente importante para Southworth es
su introducción sistemática, ya estudiada en su integridad. Esto, no quiere decir que no se preste aquí la debida
atención a los múltiples aspectos analizables del difícil libro de Southworth; pero el desequilibrio de páginas se
inclina, en esta ocasión, hacia la obra de García Venero.

Cuando se habla de «García Venero» se hace referencia indiscriminadamente al verdadero autor o al equipo de
autores del libro; en esta segunda parte de nuestro análisis, comentaremos unas páginas que parecen deberse a
una influencia más intensa de Manuel Hedilla, en la inspiración, no en la redacción de la obra. No se olvide que en
todas las páginas pares de la obra aparece la entradilla «TESTIMONIO: MANUEL HEDILLA». García Venero
sigue intercalando en el testimonio-base de Hedilla numerosas inserciones sobre su propia actuación y
personalidad.

En su nota 193, Southworth comenta:

«¿García Venero, demostró por entonces, mayor lealtad hacia Manuel Hedilla que los demás?» El 28 de agosto
de 1957 se publicaba en Valladolid un libro, firmado por el capitán Reparaz y por Tresgallo de Souza. Desde el
cuartel general de Miaja al Santuario de Santa María de la Cabeza, libro que narra acontecimientos que
terminaron el día 30 de abril de 1937 (en realidad terminaron el primero de mayo, aunque Southworth no lo diga).
Al final del libro se lee: «Dios ampare a los nuestros. Mártires de España, la Patria no les olvida, y los que
cayeron y los que quizá vivan son guías de nuestras armas victoriosas. Todos ellos han servido al Imperio que
renace, y a la causa ecuménica que España defiende bajo el mando de su Caudillo, de su Capitán, de su César:
FRANCISCO FRANCO. ¡Arriba España! «Tresgallo de Souza (García Venero) no escribe una sola palabra en
defensa de su jefe Hedilla, encarcelado entonces» (Antifalange, pág. 239).

En adelante, como en la primera parte, nos referiremos a Southworth por sus iniciales HRS y al autor del libro de
Hedilla-Venero, sin polemizar más sobre la discutible paternidad de la obra, como MGV.

SEGUNDA PARTE DEL ANÁLISIS DEL LIBRO DE GARCÍA VENERO

CONTENIDO

Para mayor claridad del lector recogemos el hilo de la primera parte de este análisis al principio del capítulo 8
(pág. 103), que M.G.V. titula La dramática realidad: marzo de 1936. Se abre el capítulo con un enfoque general

1 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

sobre la guerra civil española: «Que la URSS y su instrumento universalista, la Tercera Internacional, desearan e
incitaran con sus recursos y equipos profesionales la dictadura del proletariado en España, es un hecho
incontrovertible, mas no alerta objetivamente que la colisión ocurriera entre españoles. Desde el otro lado de la
barricada se probó que la reacción antimarxista española tenía inspiraciones y contribuciones fascistas y
nacionalsocialistas, procedentes de Italia y del Tercer Reich» (pág. 103).

Resumen histórico sobre la Unión Militar Española (UME). En 1935, su fundador, Bartolomé Barba, estableció
contactos con varios generales. Hasta abril de 1936, la UME fue francamente minoritaria.

El Requeté se socializó durante la República. El Frente Popular mantuvo equipos especiales represivos antes del
18 de julio. Falange v la UME articularon unos equipos contrarrepresivos. Las misiones conspiratorias de Manuel
Hedilla consistieron en articular las masas para la acción subversiva contra el Frente Popular. Acudió a 17
provincias, de las que 15 se incorporaron al alzamiento. Toda esta actividad se desplegó entre los meses de abril
y de julio de 1936. La primera misión fue en Zamora, ciudad que visitó solo. En otras ocasiones le acompañaban
José María Alonso Goya y Manuel Mateo.

Falange preparó un levantamiento con motivo de las proyectadas elecciones municipales del Frente Popular; el
proyecto se retrasó por la elección de Presidente de la República y no llegó a realizarse. El 4 de mavo, José
Antonio Primo de Rivera escribe su famosa «Carta a los militares de España»; Hedilla se encarga de imprimirla y
difundirla. Prosigue su misión subversiva a las órdenes de Mola de acuerdo con Primo de Rivera. Mientras tanto,
M.G.V. trata de reconciliar a los dos bandos falangistas que se enfrentaban en Barcelona, en misión
encomendada por el propio José Antonio. Aprovecha la ocasión para crear «células de oposición
nacionalsindicalista» dentro de la CNT barcelonesa.

Durante la primavera de 1936 desapareció de la vida política el jefe provincial de Jaén, Francisco Rodríguez
Acosta, y renunció el de Cáceres, José Luna Meléndez que reapareció con «ínfulas territoriales» al triunfar el
Alzamiento en su provincia. Sancho Dávila, jefe territorial de Andalucía, se presenta en Madrid tras las elecciones
de febrero, debido a una carta de su madre a José Antonio (eran parientes). Dávila entrega el mando a Joaquín
Miranda, que establece contactos conspiratorios con el capitán Eduardo Alvarez Rementería -enlace de Mola- y
con la Junta divisionaria de la UME, presidida por el comandante carlista Luis Redonde, luego general. El jefe
provincial de Salamanca, Francisco Bravo, se negaba en absoluto a ejercer represalias por los atentados de 1as
milicias del Frente Popular contra los falangistas. La Falange de Salamanca participó en el alzamiento con arrojo,
pero completamente al margen de su jefe.

Los días sin tregua: (capítulo 9). Escarceo histórico de M G V sobre 1868 y otras fechas (!). En 1936, «la
energía revolucionaria partió de las celdas de la cárcel Modelo de Madrid y del Cuartel General del Requeté, en
San Juan de Luz». José Antonio fue, en la cárcel, más jefe que nunca. Envió a Hedilla a Cáceres y a Valladolid.
Onésimo Redondo lucha por dominar su pasión de reciente esposo y participa en la conspiración. Hedilla visita
Cuenca con Miguel Primo de Rivera para tratar de asegurar la elección al Parlamento del jefe encarcelado y
salvarle así de la cárcel.

Se produce una escisión en la Falange de Bilbao; parte de los afiliados cooperan por su cuenta con Renovación
Española para las elecciones de febrero. A fines de abril Mola envía un mensaje a Goded. Era jefe de Falange en
Navarra el médico tudelano, Aniceto Ruiz Castillejo, nombrado por correspondencia el 23 de febrero de 1933 por
el jefe de provincias E. R. Tarduchy, todavía en tiempos del MES antecesor inmediato de Falange Española. Este
une a las JONS de Estella con la Falange de Tudela antes de la fusión pactada por los dos organismos centrales.
El primer Jete provincial, por renuncia del doctor Castillejo, fue Jesús Machiñena que incorpora a Fermín Sanz
Orrio y al sacerdote Fermín Yzurdiaga Lorca El ingeniero Lamberto de los Santos Jalón, destinado en Las
Bárdenas, organiza un núcleo falangista entre obreros y campesinos. Según el testimonio del Delegado Nacional
de Requeté Zamanillo, existió un plan carlista de pronunciamiento muy semejante al elaborado al principio por los
falangistas. En abril v mayo Hedilla hizo muchos viajes conspiratorios a Pamplona y desde ella. La Falange de
San Sebastian era muy progresiva y social; intervino en negociaciones para la compra de armas. Visita Hedilla
Vitoria, Logroño, Burgos... dedicado siembre a la coordinacion de los conspiradores. A fin de mayo, establece el
enlace Burgos-Pamplona.

Asperezas y lances de la conspiración: (capítulo 10). Prosiguen los viajes de Hedilla como enlace superior de
Mola: Soria, Avila, Zaragoza... José Antonio es trasladado de Madrid a Alicante el 6 de junio de 1936; Hedilla ya
no le verá más. Por encargo de Mola, Hedilla sigue los pasos conspiratorios del general Gonzalo Queipo de Llano
para confirmar a las guarniciones sorprendidas por la ejecutoria del general, que éste cuenta con la plena
confianza de Mola. Salazar Alonso, ex ministro lerrouxista, pretende formar un partido republicano-fascista pero
José Antonio se niega a recibirle. Precisiones históricas sobre la Primera Línea de Falange; José Antonio la
disuelve en Madríd después de la defección de Ansaldo y otros militares. A fines de febrero de 1936 la rehace y
nombra jefe nacional de Milicias a Agustín Aznar. Hedilla viaja a Madrid para retrasar la orden de alzamiento.
Establece coordinación con el jefe de los requetés, Zamanillo, en varias ocasiones. A primeros de julio recibe de
José Antonio la orden de organizar el apoyo popular al alzamiento en Galicia. El 12 de julio, Raimundo Fernández

2 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

Cuesta, secretario general de la Falange, ingresa en la cárcel, en Madrid (después del asesinato del teniente
Castillo). Parece que Fernández Cuesta se mostraba pasivo en la cooperación con el alzamiento, lo mismo que un
importante sector de Falange Española, temerosos de que el puro ideal revolucionario falangista se mixtificase al
contacto con otras fuerzas reaccionarias que participaban en 1a gran conspiración.

La incierta y esencial Galicia: (capítulo 11). Tempranos orígenes del fascismo gallego (Fascio y JONS), en los
años 1932 y 1933. El principal jonsista era el profesor Santiago Montero Díaz, que se dio de baja con motivo de
la unificación de FE y las JONS. Los falangistas gallegos reaccionaban contra el autonomismo que se había
puesto de moda con la República. José Antonio nombra jefe territorial a Jesús Suevos, quien «no ha mostrado en
su vida política los rasgos del hombre de acción que son indispensables para el mando de una fuerza
revolucionaria. Tiene gran afición a la oratoria lírica» (pág. 144).

Suevos se fue apartando y ya no era jefe territorial el 18 de julio. Hedilla unifica a los divididos falangistas de
Lugo; por esta ciudad entró en Galicia. Va a La Coruña, cuando Jesús Suevos se encuentra en el monasterio de
Samos pensando en su vocación religiosa. Difícil éxito del Alzamiento en Vigo, al que Hedilla coopera con suma
eficacia, bien coordinado con el comandante militar.

La obra malograda: (capítulo 12). A partir de las elecciones de febrero, había aumentado considerablemente la
recluta falangista. El jefe provincial de Santander, Martín Ruiz Arenado, observa una actitud pasiva y sospechosa;
está totalmente desconectado del mando militar. Actúa con suma decisión a favor del Frente Popular, José
García Bayas, teniente coronel jefe del batallón de Santoña (muerto en Albi hacia 1962). El gobernador Ciges
Aparicio no es capaz de reprimir la violencia desencadenada por frentepopulistas y falangistas. Cae en las luchas
callejeras el director del periódico pro-gubernamental La Región. En Santander había mil falangistas y
cuatrocientos en la provincia. El coronel Argüelles, comandante militar, no se decidió a secundar el Alzamiento. El
jefe de Falange, Martín Ruiz Arenado, paseaba tranquilamente por el Sardinero en pleno dominio rojo. En el mes
de diciembre del 36, Arenado sale de la zona por Bilbao y Francia; aparece en Salamanca con una mujer que no
era su esposa. Hedilla le repone en la jefatura provincial de Sevilla. Varios miembros de la Quinta Columna de
Santander hacen actos de heroísmo, al revés que su jefe. Ruíz Arenado se atribuye en Salamanca la gloria de
estos actos.

España dividida, España fragmentada: (capítulo 13). El cantonalismo se dio en las dos zonas en guerra civil. El
alzamiento de 1874 se identifica con el de 1936 (!). Los monárquicos aconsejaron a Mola que crease una Junta
exclusivamente militar (esos monárquicos eran el conde de Vallellano, Yanguas Messía y Goicoechea). De esta
forma se eliminaba la posible influencia preponderante de falangistas y carlistas. Así, en efecto, se constituye la
Junta de Defensa Nacional en Burgos. Había 25 jefes provinciales de Falange en zona nacional; de ellos, fallan
lamentablemente como un tercio, y el porcentaje de fracasos es mayor en las escalas de mando locales e
inferiores. Fabuloso y rápido crecimiento de FE. Hedilla reorganiza muy bien la Falange de Galicia. Reúne un
convoy de camiones con el que llega a Burgos, y tras un viaje de inspección por todo el norte de la zona nacional,
se instala en Burgos durante la primera quincena de agosto.

La obstrucción a la Falange: (capítulo 14). Mola insiste en que el voluntariado debería reclutarse bajo el signo del
militarismo apolítico. La coordinación de milicias era imposible; Falange era tan numerosa que desequilibraba a
todas las demás. Falange participa en la aventura de los hermanos Miralles, en Somosierra. Falange actuaba
entonces «con sentido federal». Las derechas clásicas desencadenaron contra ella una ofensiva de descrédito;
este proceso estaba en curso, cuando Hedilla se presentaba en Burgos. Falange había instalado su cuartel
general en el Convento de la Merced, antiguo de los jesuitas. Hedilla es considerado como jefe tácito por decisión
de José Andino -jefe provincial de Burgos- y pasando por encima de otros jefes falangistas como José Sáinz,
único miembro de la Junta Política que estaba en la zona nacional, y el jefe de milicias Agustín Aznar; éste, había
sido liberado de la cárcel de Vitoria y viaja por toda la zona nacional en visitas de inspección. Onésimo Redondo
había sido designado por José Antonio jefe territorial de Valladolid; el 25 de junio, junto con 18 falangistas más
entre los que se contaba Luis González Vicén, Onésimo fue encarcelado en Avila por el Frente Popular, y liberado
el 19 de julio. La Primera Línea ordenó una concentración estratégica en Valladolid en la noche del 17 de julio.
José Antonio Girón de Velasco, empleado de la Diputación, desempeñó varios mandos de centuria en el Frente,
pero no ostentaba cargo provincial alguno. En Sevilla el jefe era J. Miranda, banderillero profesional, que
organizaba la Falange según sus capacidades. Era despreciado por los señoritos de Sevilla. Para contrarrestar
sus complejos se rodeó de asesores militares y monárquicos que no eran originalmente falangistas. Bajo su
protección, entra en Falange el joven Pedro Gamero del Castillo, presidente -no falangista- de los Estudiantes
Católicos Joaquín Miranda se entrega al general Queipo en cuerpo y alma. Los refugiados levantinos invaden
Sevilla.

José Luna reaparece, pero se encierra en Cáceres; lo mismo hace el jefe provincial de Badajoz, Arcadio
Carrasco, que, como Luna se aisla del contacto con los demás jefes falangistas y entrega el control de la Falange
de su provincia a los militares.

El jefe provincial de Zaragoza, Jesús Muro Sevilla, hace propaganda entre los ex confederales -a los que confía

3 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

su escolta- sin mucho éxito. Muro actúa de forma discordante con Miguel Merino, nombrado por José Antonio jefe
provincial del Bajo Aragón (Alcañiz).

Hacia la unidad de mando: (capítulo 15). Había sido nombrado jefe provincial de Melilla, por el propio José
Antonio, Ramón Cazañas Palanca, cuarentón y valenciano. Los tenientes coroneles, Yagüe y Gazapo, afiliados a
Falange antes de la guerra, le saludaban como jefe, brazo en alto. Después del 17 de julio se erigió en jefe
territorial. La primera reunión de jefes de Falange tiene lugar en Valladolid, el 1 de agosto de 1936. Asisten Aznar,
Sáinz, Andrés Redondo (hermano y sucesor de Onésimo). Expresan el anhelo de continuidad. Cita MGV varios
documentos, aunque advierte que la mayoría de los anteriores a la unificación se han perdido. El 29 de agosto
llegan a Sevilla, Aznar y A. Redondo, por invitación de J. Miranda. Es la segunda reunión falangista de la guerra
civil, que se celebra en el salón de Carlos V del Ayuntamiento. La estrella de la reunión es Agustín Aznar. Se
acuerda la constitución de un mando único; J. Miranda propone la constitución de un triunvirato con Aznar y
Redondo, pero fracasa la idea. Acuerdan celebrar una reunión más amplia en Valladolid para el 1 de septiembre
de 1936. En efecto, ese día llegan los jefes de Falange a Valladolid, que el día 2 amanece empavesado. Se
celebra la reunión en el salón de claustros de la universidad. Aznar consigue que sea rechazada la tesis del
triunvirato y se imponga la idea de mando único, para el que propone a Hedilla, en calidad de jefe de la Junta de
Mando Provisional, lo que estaba dentro de las directrices de José Antonio. Hedilla no había hecho la mínima
gestión en favor de su elección.

Se reúnen 14 jefes, y se establece la Junta de Mando, que bajo la jefatura de Hedilla queda constituida por:
Sáinz, Aznar, Muro, Redondo y el jefe provincial de Navarra, José Moreno. Como secretario se designa a
Francisco Bravo, jefe provincial de Salamanca. La Junta se instala en Burgos. Aznar se concentra en los trabajos
para la liberación de José Antonio. Hedilla dispone de un humilde despacho y vive en una pensión modesta, en la
que paga de 12 a 15 pesetas diarias. Termina el capítulo con una disquisición histórica sobre las excelencias de
los 27 puntos de la Falange, en comparación con la Constitución canovista. Y termina así la primera parte de la
obra.

Comienza la segunda parte del testimonio de Manuel Hedilla, como repetidas veces se autodesigna este libro; la
numeración de los capítulos vuelve a empezar.

Llegada de un neofalangista a Burgos: (capítulo I). El 8 de septiembre de 1936 Llega a Burgos Rafael Garcerán,
ex pasante de José Antonio, con quien colaboró Desde el año 1927. Garcerán se había dado de baja en la
Agrupación Socialista de Madrid, después del mitin fundacional de la Comedia en 1933. A primeros de junio de
1936 había llevado a Mola una carta de su jefe. Preso en el cuartel de la Montaña, logra evadirse. No tenía
carnet ni era afiliado a la Falange. El 8 de septiembre el jefe falangista barcelonés Ribas Seva y el recién llegado
Garcerán son recibidos por Hedilla. También Ernesto Giménez Caballero fue acogido por Hedilla y readmitido por
él en Falange, el 3 de noviembre de 1936. El ministro republicano Giral, encargado de los canjes, plantea el del
hijo de Largo Caballero por José Antonio; pero el padre no accede. Eugenio Montes habló en París con Ortega,
Felipe Sánchez Román y Santiago Alba; éste era amigo personal de León Blum. Alba brindó un millón de pesetas
para liberar a José Antonio. Según Montes, Prieto exigía 30 rehenes y 6 millones. Franco accedió y, tras la
ceremonia del 1 de octubre en que recibió el mando supremo, encargó a Hedilla que comprobase la opinión de
Mola y Queipo, que se encontraban en Burgos; los dos dijeron que estaban de acuerdo. Pero Prieto se desdijo,
según Montes. A primeros de septiembre Agustín Aznar idea un vasto plan de rescate, con ayuda de Franco y los
demás generales, y la cooperación de la marina alemana. Aznar con otros 11 falangistas (entre ellos Carlos
Rodríguez de Valcárcel) se dispone a rescatar al jefe, preso en Alicante. Visita a Franco y Queipo; éste, de
acuerdo con Franco, le entrega un millón de pesetas (sacados del Banco de España en Sevilla, que en esos
momentos solamente contaba con 6 millones en caja) según balance del 13 de septiembre de 1936.

La expedición embarca en Chipiona en el torpedero alemán Iltis, que el 15 de septiembre fondea en Alicante con
once falangistas a bordo. Desembarca Agustín Aznar con pasaporte falso; encuentra la colaboración de tres
mujeres de la Sección Femenina de Falange. Von Knobloch, nombrado cónsul honorario de Alemanía en Alicante,
viene en la expedición como coordinador. Aznar, tras varias aventuras en tierra, tiene que huir; se intentó el
soborno sin resultados. Aznar llegó a hablar con el jefe del sindicato portuario de la C.N.T. Von Knobloch fue
expulsado por las autoridades republicanas, y a su vuelta a Sevilla urde el plan de sobornar al gobernador civil de
Alicante, Vázquez Limón. Un torpedero alemán le conduce de nuevo a Alicante. Van con él Pedro Gamero del
Castillo v Gabriel Ravello, portadores de millones de pesetas para el rescate. El Deutschland, acorazado alemán,
está fondeado en el puerto; el almirante trata de liberar a José Antonio. Pero el encargado de negocios de
Alemania en Madrid, Voelckers, torpedea el plan de soborno del gobernador. Knobloch es luego instructor de la
academia de milicias de Falange. Aznar forja un nuevo plan para liberar a José Antonio en una acción de
comandos. Franco da nuevamente su apoyo. Se entrenan activamente cincuenta falangistas a las órdenes de
Paulino Uzcudun, boxeador. Tras mes y medio de preparación en Sevilla, el proyecto trasciende y se abandona.
Fal Conde trata de reunir dinero para la liberación de José Antonio cuando ya éste había sido fusilado. R.
Cazañas, jefe de la Falange de Marruecos, pensó también en el canje del jefe nacional por familiares del general
Miaja, que se encontraban en África. M.G.V. trata de montar una campaña de propaganda exterior en pro de la

4 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

vida de José Antonio. No se acepta el proyecto.

El funcionamiento de la Junta de Mando. Capítulo II.

La Junta se reunía muy poco. Hedilla nombra a José Antonio Girón de Velasco para un cargo en las milicias de
Valladolid. En septiembre propone a la Junta de Defensa Nacional un proyecto de decreto para apoyar a los
agricultores, así como la formación de un grupo asesor técnico de ingenieros agrónomos v peritos; obtiene
ambas cosas. Hedilla coordina las organizaciones más o menos espontáneas de la Falange exterior (nombra a
Eduardo Aunós para la de Bélgica), que se consagran a la ayuda a la España nacional. Convence a Mola de que
le permita la formación de sindicatos falangistas. Nombra jefe territorial de León a Garcerán el 6 de octubre de
1936. Hedilla seguía viviendo en Burgos, y allí tiene roces con varios jefes militares (De Benito, Tella).
Gumersindo García y José María Alonso Goya llegan a Burgos desde la zona enemiga a mediados de
septiembre. Días después llega a esa zona Sancho Dávila, que, como todos los recién trasladados de zona, se
pasma ante el enorme crecimiento de la Falange. El 6 de octubre la Junta de Mando repone a Sancho Dávila
como jefe territorial de Andalucía y se reorganizan las jefaturas (p. 214). Se instauran dos academias para la
formación de oficiales de las milicias de Falange en Sevilla y en Pedro Llen.

Hedilla emprende diversas actividades políticas: estructuración de las Centrales Obreras Nacionalsindicalistas
(C.O.N.S.); a la llegada de Pilar Primo de Rivera reestructura la Sección Femenina; poco después se resucita al
S.E.U. y se «empezó a disciplinar a la Prensa y a la propaganda». Se declaran en plena vigencia los estatutos de
Falange Española promulgados por José Antonio en 1934.

El 16 de octubre Hedilla dicta una circular sobre preferencia de la Vieja Guardia y de los Camisas Viejas sobre el
aluvión de los Camisas Nuevas; el 11 de septiembre había criticado duramente los particularismos egoístas.
Mientras tanto, Hedilla seguía ejerciendo el mando con la misma austeridad de siempre. «Hedilla le costaba a la
Falange 25 pesetas diarias.» En la circular del 16 de septiembre Hedilla dispone el encuadramiento de las milicias
con jefes y oficiales adictos a Falange Española. Pronuncia en las Navidades de 1936 un sonado discurso sobre
el envío de equipos de segunda a primera línea, además de insistir en los ideales revolucionarios y sociales de la
Falange. Piensa en la paz futura, interviene en la fijación del frente Norte de las provincias castellanas. Allí se
forman las centurias catalanas y la Columna Sagardía a base de falangistas. Hedilla salta a las coplas de guerra:
el falangista catalán José María Fontana Tarrats traza de él un vigoroso retrato moral.

El jefe de la Junta de Mando exige humanidad y caridad cristiana. Capítulo III.

Los sublevados consideraban a la Prensa con una actitud sumamente recelosa. La Prensa no informó sobre la
oposición enemiga que alentaba en la zona nacional ni sobre la represión. Y hubo mucha represión sin garantías
jurídicas.

Seguía la enorme afluencia -espontánea- de adhesiones a Falange. Galicia contaba Antes del 18 de julio con tres
mil militantes; aparte de los que marcharon a los frentes, los afiliados llegaron pronto a los setenta mil. En
muchos casos la jefatura local la designó la Guardia Civil, asesorada por los derechistas locales. Se registra la
aparición competitiva de las Milicias de Acción Ciudadana. Diversos testimonios sobre la conducta de Falange en
la represión (p. 231); estos testimonios coinciden en que Falange no participó oficialmente en las actividades
represivas. En Burgos funcionaba una Junta represiva formada por tres oficiales y el secretario del Gobierno Civil,
que decretó ejecuciones sin formación de causa. Los albiñanistas intervinieron en las ejecuciones. Hedilla se
opuso a los fusilamientos sin sumario. Salvó del fusilamiento al coronel de la Guardia Civil Villena, y evitó los
«traslados» de presos, que acababan a veces en fusilamientos. Dura represión en Aranda, Salas, Villarcayo,
dirigida por la Guardia Civil. Pero Esta actuación dio lugar a «instrucciones, sumarios y procesos». Testimonios de
Hugh Thomas, el doctor Junod y Antonio Bahamonde. En algunos casos -Badajoz, Navarra- la represión fue
llevada por falangistas, incluso por jefes provinciales. Pero Hedilla destituyó a uno de ellos, el de Navarra,
Moreno.

En su mensaje de Navidad de 1936,. Hedilla se opone a las represiones personales, Pero reivindica la misión de
depuración encomendada a la Falange.

En este mensaje, además de referirse a la represión, Hedilla insiste en difundir consignas populares de justicia
social. En su actuación demostró muchas veces ternura hacia los niños. El 20 de febrero de 1937 dirige una carta
al Secretario de la Sociedad de Naciones en protesta por la salida de niños españoles hacia la URSS. En sus
circulares alude repetidas veces al tema de la represión. Se entrevista con Mola sobre la represión en San
Sebastián. Salva la vida de Manuel Aznar, periodista conocido, detenido en Zaragoza con camisa azul el 29 de
octubre de 1936. Ruiz Vilaplana, secretario judicial de Burgos, testimonia a favor de la Falange. Hedilla interviene

5 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

personalmente para impedir fusilamientos en el Llano de Estepar. Narración de las aventuras del ex ministro
Filiberto Villalobos, a quien trató de ayudar Hedilla. Estudio de la represión en Galicia: el jefe territorial, Mario
González Zaera, encarcelado y a punto de fusilamiento. El embajador italiano Cantalupo se entrevista con Hedilla
en marzo de 1937 v tratan de la represión. El 20 de diciembre de 1936 Hedilla centraliza los servicios de
información de F.E. encargados de la depuración interna.

Salamanca, cuartel general. Capítulo IV.

A fines de octubre de 1936 parece cercano el final de la guerra civil; Falange y la Comunión Tradicionalista
establecen un pacto para la ocupación política de la capital. Hedilla está en buenas relaciones con los militares.
La Junta de Mando se traslada a Salamanca, en un piso modesto de la calle de Toro. El 20 de noviembre de
1936 el Cuartel General y Falange conocen, unas horas después del suceso, el fusilamiento de José Antonio. Su
asesinato coincide con la inauguración del Consejo Nacional de FET y de las JONS, que se abre el día 21 en el
cuartel de milicias. No se publica la muerte de José Antonio. Primero se reúne la Junta de Mando para decidir: a)
La instalación de la Junta y del Consejo en Salamanca, con carácter permanente; b) La celebración de un
Consejo extraordinario en el Madrid liberado. A continuación se reúne el III Consejo Nacional de la Falange, con
16 consejeros además de los miembros de la Junta. Acuerda el Consejo la adhesión -«sagrado deber»- a
Franco; la adhesión a Italia, Alemania y Portugal, por el reconocimiento de estos países al régimen del
Alzamiento; se acentúa la adhesión a Portugal; se insiste en la aplicación de las ideas nacional-sindicalistas; se
organizan los «flechas»; se reorganiza la hacienda de la Falange; se nombra al jefe de Navarra, Moreno,
administrador general (y se le destituye de su jefatura provincial). El Consejo acaba con el grito de ¡Presente!
aplicado a José Antonio.

Hedilla consigue -por influencias puramente personales- sacar a su familia de Santander, donde estaba
perseguida.

El máximo desarrollo de la Prensa y de la propaganda falangista. Capítulo V.

Durante la jefatura de Hedilla la Prensa y la propaganda de la Falange alcanzan un máximo desarrollo, no


superado después por ninguna de las etapas del régimen. Principio básico: no estorbar el desarrollo de la guerra.
Disciplina y gratitud de estos servicios. Hasta el 16 de febrero de 1936 sólo existía un periódico: FE, remplazado
en 1935 por Arriba. Luego salió la hoja clandestina No importa y Solidaridad nacional, aparecido en Barcelona
semanas antes del 18 de julio. José Antonio nombró jefe nacional de Prensa y Propaganda al arquitecto
guipuzcoano J. María Aizpurua y Azqueta. Gran altura cultural y artística debida a su dirección: fue asesinado en
agosto del 36. Prehistoria del periodismo falangista: Italia y Alemania ofrecen maquinaria gratis, José Antonio las
rehúsa. El primer periódico falangista de la guerra es el Arriba España, de Pamplona, que aparece el primero de
agosto compuesto en la imprenta de un diario nacionalista vasco. Hedilla utiliza las instalaciones del periódico de
Pórtela El Pueblo Gallego (Vigo) y lanza Arco en Orense. Reaparece el semanario Libertad, de Valladolid, y el
quincenal Lucha en Teruel. A mediados de agosto, Amanecer en Zaragoza, Nueva España en Huesca; en
septiembre Unidad, de San Sebastián. Hubo diarios en Málaga {Arriba, luego llamado Sur), en las dos provincias
canarias, en todas las provincias andaluzas, excepto Cádiz En otras partes de hecho el órgano de mayor
circulación se convirtió en diario falangista, como en Salamanca, Valladolid y Burgos. Vicente Cadenas había sido
nombrado por José Antonio jefe nacional de Prensa y Propaganda; Hedilla le confirma en el cargo. Cadenas
nombra a Vicente Gaceo secretario del servicio. Manía general por los uniformes brillantes. Cadenas y Gaceo
montan su oficina en San Sebastián. Los alemanes critican duramente la angustiosa escasez de buenos
periodistas en que se debatía la Falange. En vista de ello, Hedilla crea, en noviembre de 1936, una oficina de
Prensa en la Junta de Mando. Se encarga de la redacción Martín Almagro Bosch, con Felipe Ximénez de
Sandoval y Nicolás M. Alonso. La oficina se llama «Agencia de información, control y colaboraciones». Entre su
nutrida lista de colaboradores figuraban Juan J. López Ibor, Bartolomé Mostaza, Alvaro Cunqueiro, Pedro Laín
Entralgo, José A. Jiménez Arnáu, Fermín Yzurdiaga, Rafael García Serrano, Antonio Tovar, Manuel Halcón,
Agustín de Foxá, Ángel María Pascual, Pacrício González de Canales, Narciso García Sánchez, Julián Pemartín,
José Escalera del Real, Luis Moure Marino, Ignacio Agustí, José María Fontana Tarrats, Ignacio Alonso
Villalobos, Dionisio Ridruejo, Javier Martínez de Bedoya, José Villanueva de la Rosa, Pedro Salvador, Manuel
Fernández Cuesta, Jesús Ercilla, Juan Francisco Yela, Manuel Gómez «Romley», Vívente Cadenas, Juan
Beneyto, Luis Rosales, Eduardo Aunós, Adriano del Valle, Felipe Vivanco, Manuel Sánchez del Arco, Xavier de
Salas, Manuel Diez Crespo, Dámaso Santos...» (página 273).

Omite deliberadamente MGV la cita nominal de la riada -efímera- de profesores universitarios que refluyó sobre
Falange. En la Universidad de Salamanca, en febrero de 1937, se celebró un primer y único Congreso Falangista
de Prensa y Propaganda; se presentó una ponencia para crear una gran agencia «España» y otra para crear el
Instituto de Estudios Políticos.

6 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

Entre julio del 36 y julio del 37 se registraron muchos cambios en la Jefatura de Prensa del Gabinete de Burgos
(págs. 273-274). Ciertos órganos territoriales de la Prensa falangista, sobre todo el de Sevilla, cultivaban
intensivamente el culto a la personalidad.

Desde el principio de 1937 el Servicio de Prensa y Propaganda publicaba las revistas Fotos, Vértice, Flechas,
FE. Se subdivide el Servicio Nacional en dos Jefaturas: Prensa (J. A. Giménez Arnáu) y Propaganda (Tito
Menéndez). Mientras tanto, en Salamanca se monta un servicio de propaganda (cinematografía) a cargo de
Antonio Calvache y luego de A. de Obregón. Se ponen los fundamentos de una gran editora nacional. Disquisición
sobre los intelectuales y la Falange; la llegada de Ernesto Giménez Caballero complicó el panorama. Influyó
mucho en el «grupo de Pamplona», de inspiración esteticista, barroquizante, d'orsiana.

La economía de la Falange. Capítulo VI.

Manuel Hedilla sostuvo el principio de gratitud de la función, incluso en la milicia. Un jefe de bandera o de centuria
no disfrutaba de mayor soldada que la de un simple voluntario (pág. 279). Falange creó una fuerte estructura
paralela a la del Estado y tan robusta como la del Estado.

Hedilla trató de evitar la burocratización parásita, como la que atenazaba a la zona enemiga. El 18 de Julio
Falange y el Requeté carecían de hacienda. La Junta de Defensa Nacional, por Decreto de 4 y 27 de agosto de
1936, establece un sueldo de tres pesetas para cada miembro de la milicia. Era una buena paga (en la zona
nacional reinaba la estabilidad de precios hasta fines de 1937). Incluso hubo cierta contracción. Buen control
económico desde el principio. Con 1,75 pesetas se comía admirablemente dos veces al día. Un litro de vino valía
cincuenta céntimos. El tabaco y el vino eran donados a los combatientes; la diferencia entre el sueldo diario y los
costes de alimentación más las «sobras» iba a Falange; en el periodo de mayor recaudación esto suponía un
millón de pese-tas cada mes. El pago de haberes no era uniforme; en Galicia se establecieron exacciones
directas a los ricos. Afluían donativos desde la retaguardia y desde América del Sur. Se arbitraban ingresos por
varios métodos, como festivales, etc. Falange gozaba de ventajas de gratuidad en edificios, cuarteles,
automóviles... Hasta septiembre de 1936 la organización de la economía falangista era cantonal. Hedilla
establece una buena Administración central, con José Moreno y Honorato Martín Cobos. Se llevaban con rigor la
contabilidad y los inventarios; tras la unificación se revisó todo y no pudo formularse cargo alguno. Mercedes
Sanz Bachiller crea el Auxilio de Invierno -cuyo emblema se tomó prestado de la Fichte-Bund. Se instalaron varios
comedores en Salamanca, uno de ellos en el «suburbio rojo». Medios de arbitrar recursos: una postulación
quincenal, la Ficha Azul, los sellos. El 19 de abril de 1937 funcionaban mil comedores en toda España.

Desde julio de 1936 la Sección Femenina organizaba la asistencia a los frentes. La Sección Femenina contaba
antes del 18 de Julio con 3.000 miembros, que al llegar la unificación eran 50.000. Los servicios técnicos de
Falange se encomiendan a J. L. Escario, ingeniero y abogado, que organiza las centurias de trabajo y los
auxiliares especialistas del Ejército; desde mayo de 1937 se consideraban como de primera línea. La primera de
estas unidades se formó en Navarra. Llegan a disponer de doscientos camiones y ellas tendieron los puentes de
la ría de Bilbao destruidos en la retirada enemiga; la iniciativa era de Hedilla.

La Organización Juvenil integró a los antiguos «balillas». En circular de 11 de septiembre de 1936 Hedilla cambia
el nombre por el de «flechas». Absurdo juicio del diplomático alemán Voelckers y dura crítica a la desunión en
zona republicana. No hubo un solo incidente importante entre falangistas y requetés, a pesar de que muchos
historiadores han copiado servilmente esa cita.

Coyuntura dramática: la sucesión. Capítulo VII.

Cultivo del sebastianismo, de mal estilo retórico, tras la desaparición de José Antonio. Sancho Dávila inaugura un
período stalinista en Andalucía, así como José Luna, en Extremadura, A. Moreno, en Navarra, y A. Redondo, en
Valladolid; este período corre de julio a septiembre de 1936 y no se corrige después del todo. Varios falangistas
inician maniobras para el desprestigio de Hedilla; entre ellos Alfonso García Valdecasas y Pedro Gamero del
Castillo. Tratan de inducir a Hedilla a la demagogia, para torpedearle. Dos consejeros de Hedilla, Víctor de la
Serna y Serrallach, le perjudican notablemente.

Valdecasas se endosó la camisa azul el 18 de Julio después de su espantada tras el acto de la Comedia. Los
reyes de taífas de Falange van a suicidarse corporativa-mente. Al morir José Antonio habían caído ya decenas
de millares de falangistas. Se montó una conspiración de silencio contra Ramiro Ledesma Ramos, muerto en
Madrid. Pilar Primo de Rivera, asediada y convertida en arbitro. Los falangistas de Madrid hacen rancho aparte y
se creen superiores a todos los demás. A primeros de diciembre de 1936 Andrés Redondo es destituido.

7 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

Disensiones con J. A. Girón, Jefe Provincial de milicias de Valladolid por nombramiento de Hedilla. Girón acude a
Salamanca para acusar ante Hedilla a Redondo de quererle matar. Hedilla le da asilo, y cuando Redondo irrumpe
en el despacho de Hedilla éste le quita la pistola, le arranca lo cordones y le devuelve a Valladolid como simple
militante. Nunca más se supo de él. Girón es nombrado inspector territorial de Valladolid, pero no se designa jefe
territorial. Dionisio Ridruejo es el nuevo Jefe Provincial de Valladolid, y Luis González Vicén, el Inspector Nacional
de Milicias. En la primera quincena de diciembre de 1936 estalla el «affaire» Fal Conde. Mola estaba de acuerdo
en establecer una Academia carlista de guerra, a imitación de las falangistas. Pero el general Dávila llama a Fal a
Salamanca v le obliga a expatriarse. El destierro de Fal inició una serie de medidas sobre militarización de las
milicias. En el Boletín Oficial de 22 de diciembre de 1936 se decreta la unificación militar y el sometimiento a las
autoridades militares de todas las milicias. El 24 de enero de 1937 el coronel Monasterio fue designado Inspector
General de Milicias.

En diciembre de 1936 Millán Astray pide a Hedilla 15.000 falangistas para las unidades mixtas hispanoitalianas de
«Flechas Azules». Fuerte recluta en Galicia y Zamora; la leva tiene éxito y se superan los 15.000 hombres.
Falange suple así las quintas, aún no llamadas en la zona. Franco proclamará siempre la honestidad de Hedilla;
una vez le dijo: «Hay una gran diferencia entre usted y los que le rodean, a favor de usted». Hedilla enlaza e
intima con el general italiano Gambara. A. Aznar, muy impulsivo, favorecido por la Falange de Madrid. La Falange
de Burgos quiere sustituir a Aznar por Yagüe. Aznar se enemista así con Hedilla. Extensas citas del mensaje de
Navidad de Hedilla en 1936. La Falange interviene en las honras fúnebres de Unamuno, con motivo de cuya
muerte. MGV escribe un artículo importante. Hedilla lo aprueba, y la censura militar, también. Unamuno desciende
a la tumba entre brazos en alto. Desde principios de enero del 57 se da a Hedilla el título de Jefe Nacional del
Movimiento. A principios de enero se aprueban los Estatutos de la Organización Juvenil y de la Sección Femenina.

Hacia la concentración de poderes. Capítulo VIII.

La concentración de poder en manos de Franco empieza en el mismo otoño de 1936 bajo el lema «Una Patria, un
Estado, un Caudillo». En las primeras semanas del mando de Franco surge la idea de un «partido franquista»,
invención de su hermano Nicolás, remedo de la Unión Patriótica primorriverista. Se pensó luego en ofrecer a
Franco la Jefatura Nacional de la Falange. Carlavilla, el policía ideólogo y Felipe Ximénez de Saldoval, trazan un
proyecto de Falange franquista antecedente de la unificación. Acercamiento entre requetés y falangistas: Sancho
Dávila fomenta la unificación bajo Franco desde enero. Farinacci, enviado del Duce, hace una gestión con Hedilla
para la restauración en España de la dinastía saboyana. Falange era antimonárquica; Mola se opone a la
formación de un Gobierno presidido por él.

Rafael Garcerán, gran enemigo de Hedilla, descarta a HediUa por no ser orador ni escritor. Decide reformar la
Falange y lanza la idea del triunvirato. Era un hombre de lamentables cualidades, conspirador, y vivía bien.
Saboteaba a Hedilla en el Cuartel General, ayudado por Antonio Luna. Se decía que pensaba proclamarse Jefe
Nacional de Madrid; acabará convirtiéndose en empresario de cabarets madrileños.

Detallada revisión de «la provocación del 2 de febrero de 1937». Hedilla ordena reproducir y difundir el discurso
de José Antonio en el cine Europa, con motivo del primer aniversario de ese acto. El discurso era muy
revolucionario y se pronunció en la campaña electoral de febrero. El Delegado de Prensa y Propaganda para el
Estado, Vicente Gav, prohíbe la inserción. Es toda una provocación contra Falange: José Andino, Jefe Provincial
de Burgos, manda imprimir 25.000 ejemplares del discurso, y cuando son recogidos por la autoridad militar
difunde su contenido por Radio Castilla. Andino queda arrestado en el Cuartel de Caballería. Los falangistas
gallegos quieren liberarle. Hedilla consigue la liberación con motivo de la toma de Málaga. La derecha, derrotada
en las elecciones de febrero, estaba, pues, ansiosa de provocar a la Falange.

Las relaciones con extranjeros. Capítulo IX.

Hitler dedicó a Hedilla una edición especial de Mein Kampf. Hedilla, sin embargo, estaba libre de toda influencia
exterior. Los italianos le enviaron muchos Emisarios. Hedilla despide violentamente a Kroeger, representante de
Goebbels, intercambio de opiniones entre falangistas y tradicionalistas: cambio de «notas verbales» y acuerdo
táctico. Los contactos fueron más profundos de lo que cree Payne. Fax, exiliado en Lisboa, participa en los
contactos; los neofalangistas Escario y Gamero del Castillo negocian con él. La iniciativa del viaje a Lisboa, para
el que Hedilla concedió permiso el 14 de febrero de 1937, fue de ellos dos. La unión de Falange y los requetés
desembocaría en la instauración monárquica. Gamero había hablado con José María Oriol y con Santiago Arauz
de Robles. Les acompañó Sancho Dávila; las conversaciones de Lisboa se celebraron en el Hotel Avenida, donde
vivía Fal a partir del 16 de febrero. Los tradicionalistas acababan de celebrar una reunión en el palacio de
Alburquerque, en Insúa (Portugal), presidida por don Jaier; la asamblea carlista acordó la instauración provisional
de la Regencia. Los falangistas que habían tratado ya con Arauz y Rodezno, tratan luego con J. María VaLlente,

8 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

suplente de Fal en España, y con el secretario de la Comunión Tradicionalista, Lamamié de Clairac.

El esquema de las negociaciones giraba en torno de la aceptación por los tradicionalistas del ideario de la
Falange, y la aceptación por la Falange de la monarquía tradicionalista. Los dos grupos intercambian bases de
negociación. Chocan porque los enviados falangistas sostenían la legitimidad de la rama alfonsina. No se firma la
unión, pero se llega a un acuerdo privado de tipo negativo y se consagra el mantenimiento del diálogo entre los
dos movimientos. Este documento está fechado en Lisboa el 17 de febrero de 1937. Había una conjura carlista
para derribar a Fal y sustituirle por Rodezno. Nuevas conversaciones en Salamanca, con intervención de Pemán y
Julián Pemartín, falangista jerezano. El principal tradicionalista con quien tratan en Salamanca es Rodezno.
Gamero idea toda una teoría de la unión; en ella figura la tesis del triunvirato, que había surgido ya en las
conversaciones de Lisboa, Las conversaciones de Salamanca terminan el 23 de enero de 1937; el camino sigue
abierto.

El 20 de enero de 1937 Ramón Serrano Súñer entra en zona nacional. Tiene treinta y cinco años, y una biografía
de amistad con José Antonio. Parentesco con Franco (sus mujeres eran hermanas) y política cedista: fue
diputado de la CEDA por Zaragoza en 1933 y 1936. Fue salvado por una gestión del doctor Marañón. Se aloja en
el palacio episcopal de Salamanca. Malas relaciones iniciales con Hedilla. Hedilla trata de canjear a Fernández-
Cuesta por los hermanos del ministro nacionalista vasco Irujo, para entregarle el mando de la Falange. Prieto
trata de influir a Fernández-Cuesta; éste llega a la zona nacional a fines del verano de 1937. La Falange, antes de
la unificación, era decididamente pro-Franco. Discurso muy reveladcr de Hedilla el 16 de marzo de 1937, contra
los malos políticos. Hedilla abre las dos Academias de Mandos de Falange en Sevilla y en Salamanca, de
acuerdo con Faupel, embajador alemán; esto se ve mal en el Cuartel General.

Entre febrero y abril de 1937 se monta una verdadera conspiración contra Hedilla, dentro de la Falange. Sancho
Dávila y Agustín Aznar la atizan; Garcerán se se mueve por el odio; algunos, por la envidia. Hedilla hace esperar
unos minutos a Serrano Súñer y esto aumenta su enemistad; Serrano se marcha antes de que Hedilla salga a
recibirle. Hedilla, mal aconsejado por muchos falangistas; por malos consejos de Víctor de la Serna permite la
inserción de un artículo escrito por éste que se titulaba «Hedilla, 120 por hora». La Junta de Mandos sanciona a
La Serna por el artículo, ejemplo de culto a la personalidad.

Semanas antes de la unificación aparece en Salamanca Lisardo Doval y su equipo represivo, encargado ahora de
la seguridad del Estado franquista. Era Doval «jefe de servicios especiales». Se dedican a fichar políticamente a
todo el mundo; el presbítero catalán Tusquets busca ansiosamente masones.

En torno a la decisión unificadora. Capítulo X.

La verdadera base del poder en la España nacional antes de la unificación -prosigue el autor- no era el Ejército,
como cree Ramón Serrano Súñer, sino los requetés y los falangistas. Los militares se limitaban a dirigir las
operaciones bélicas. En conversaciones con Serrano Súñer, Franco parece aceptar la doctrina de Falange
Española. Azaña había ya señalado el procedimiento de absorber una doctrina para dominar un grupo político.
Según Payne, los falangistas podían dividirse en tres grupos: los hedillistas, los legitimistas -joseantonianos- y el
aluvión neofalangista que esperaba convertir la Falange en un partido conservador. Los intelectuales y jefes
provinciales del Norte eran hedillistas. Testimonio del político bilbaíno Areilza. Los legitimistas eran Aznar, Pilar
Primo de Rivera y luego Sancho Dávila. Su núcleo eran los falangistas de Madrid refugiados en la zona nacional.
«Calentaron» a Aznar para el complot contra Hedilla. José Moreno participó en este complot.

Llegan a Salamanca, semanas antes de la unificación, los «capitanes de Mallorca» Ladislao López Bassa y
Vicente S. Orbaneja, que se introducen inmediatamente en el cuartel general. Hablan con todo el mundo. Bassa
tiene ideas extrañísimas sobre nacionalsindicalismo (procedía de Renovación Española). Son agentes de Juan
March, deseoso de «cancelar la influencia falangista».

Hedilla se entrevista en Villarreal de Álava con Zamanillo y Arauz, dirigentes carlistas. Llegan al acuerdo de que si
se realiza la unificación por decreto no aceptarán en ella cargo alguno; esta entrevista se celebra en los primeros
días de abril.

Los conjurados contra Hedilla -Aznar, Garcerán, Dávila, Moreno- incrementan sus gestiones. Consiguen la
adhesión de Girón y González Vicén. Dionisio Ridruejo, indeciso. En el Norte consiguen la adhesión del jefe de
León, doctor Fernando González Vélez. Los jefes de Extremadura, indecisos; los del Sur, Dávila, Miranda y
Arenado, están en la conjura. Giménez Caballero colabora con los conjurados, pero no claramente. Vicente
Gaceo es tentado con el nombramiento de titular de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda. Hedilla es
informado por diversos conductos, pero no reacciona por el momento.

El 11 de abril, Hedilla decide visitar el frente norte. En San Sebastián se reúne con elementos monárquicos

9 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

(Areilza), quienes a su vez estaban por entonces reuniéndose con don Javier; éste no creía en la unificación en el
mismo momento en que se proclamaba.

El 12 de abril Franco convoca a Rodezno y otros carlistas adictos para anunciarles la unificación. Los convocados
se dirigen a Navarra, donde el 14 de abril se reúne la asamblea regional carlista; Rodezno está de acuerdo con
Franco. Borrascosa entrevista de Hedilla con Cadenas en San Sebastián. Hedilla decide entonces convocar el
Consejo Nacional de Falange. Cadenas llega a Salamanca el 15 de abril. El mismo día llega Hedilla, con la
convocatoria del Consejo Nacional ya redactada; el Consejo se convoca, en efecto, para el 25 de abril en Burgos.
Se trata de elegir el jefe nacional de la Falange hasta la vuelta de José Antonio.

Naturalmente, la convocatoria del Consejo Nacional trasciende. El mismo día 15 de abril los conjurados de
Salamanca avisan a los de fuera, y persisten en la idea del triunvirato; salen los conjurados para Salamanca.
Descripción de los sucesos de la mañana del 16 de abril.

Girón y Vicén, dirigentes de Valladolid, en la conjura. Confluyen en Salamanca, armados y escoltados, los
conspiradores de Sevilla y Valladolid. La Falange de Madrid está con ellos. Los falangistas de la Montaña están
dispuestos a morir por Hedilla. El Cuartel General está al tanto de todos estos movimientos, por continuos
informes de la policía. A las once de la mañana del 16 de abril se reúnen en el edificio de la Administración de
Falange -contiguo a la Junta de Mando- los principales conjurados movidos por Garcerán, cerebro y motor de la
conjura. Designan un triunvirato: Aznar-Garcerán-Moreno. Garcerán se autonombra secretario general. Los
conjurados van al despacho de Hedilla, que estaba con José Sáinz. Le entregan un pliego de cargos con la
destitución. Hedilla escucha y se niega. Jesús Muro se niega a secundar al triunvirato y marcha inmediatamente a
Zaragoza. Hedilla se levanta y sale para informar al teniente coronel Barroso, quien a su vez informa a Franco.
Estos son, en esquema, los sucesos de la mañana del 16 de.abril de 1937.

Antes de las horas nocturnas. Capítulo XI.

Garcerán y Moreno, dueños de las oficinas centrales de Falange, se dedican a amenazar a todo el mundo.
Redactan una nota y la entregan a Cadenas para que la difunda por la Prensa. Los facciosos deciden cursar un
telegrama a los periódicos del Movimiento. MGV interviene y hace gestiones en Telégrafos, Radio Nacional, El
Adelanto y La Gaceta Regional, de Juan Aparicio. Se bloquean así las noticias emanadas del triunvirato. A las
16.30, el triunvirato es recibido por Franco; le había pedido audiencia a mediodía.

A media tarde Hedilla requirió al jefe provincial de Salamanca, Laporta, y le ordenó que con el millar de falangistas
de la ciudad ocupase el edificio de la Junta de Mando. Martín Almagro pide a los falangistas catalanes que
acudan a la academia de Pedro Llen, para solicitar refuerzos de choque. Un grupo catalán de Pedro Llen monta
la guardia en casa de Hedilla. José Sáinz trae a varios toledanos. A primera hora de la noche llegan de Burgos
José María Alonso Goya y otros hedillistas. Sancho Dávila poseía una lista con 47 nombres para eliminar. A las
diez de la noche el jefe de Estado Mayor del Gobierno Militar llama a Laporta y le dice que uno y otro bando
falangista preparan un golpe de fuerza. Hedilla está en contacto permanente con el Cuartel General; entre diez y
once de la noche, Barroso le invita a pasar la noche bajo la protección de la mansión de Franco. Hedilla no
accede. En casa de Hedilla, Goya defiende la conciliación. Goya va a Pedro Llen a pedir refuerzos. Goya y los
cadetes de Pedro Llen, ya de noche, van a casa de Sancho Dávila -los conjurados se habían retirado armados a
dormir- con orden expresa de no actuar violentamente. Llevaban bombas de mano. La casa de Sancho Dávila
estaba en una de las esquinas de la Plaza Mayor. Entran Goya y López Puertas en la habitación donde dormía
Dávila. Un escolta de Dávila tiró una bomba en el pasillo, fuera de la habitación. Goya salió a ver qué pasaba, y
Manuel Peral le mata por la espalda. Dávila pedía clemencia cuando llegó la policía.

El comando prosigue su misión y acude bajo los balcones de Garcerán, que les recibe con ráfagas de metralleta.
Llega la Guardia Civil que había detenido a Dávila, y detiene a Garcerán. Van todos al cuartel de la Guardia Civil
-agresores y agredidos-, donde se les encierra por separado en dos grupos. Seis falangistas catalanes de Pedro
Llen encerrados. Los moros de la escolta del Cuartel General bloquean el Gran Hotel donde estaba Laporta; éste
informó a los capitanes de Mallorca sobre los propósitos de Hedilla, y ellos marcharon al Cuartel General antes
de los sucesos. Cree MGV que es muy probable que Dávila fuera avisado de la llegada de Goya. Serrano Súner
da a Franco inmediata noticia de todo.

Agustín Aznar no se entera de los sucesos hasta las ocho de la mañana del día siguiente, 17 de abril. Francisco
Bravo aparece de pronto esa madrugada en casa de Hedilla; era uno de los conjurados. MGV, tras negarse a
que se realice la autopsia de Goya con la frase «La ley somos nosotros», consigue que el féretro de Goya se
lleve a la Junta de Mando. El Cuartel General ordena que el entierro se haga el 18 muy de mañana. Aznar trata
de asaltar la Junta de Mando con sus falangistas de Madrid, pero al fin propone una tregua hasta la celebración
del Consejo Nacional. Barroso, en nombre del Cuartel General, asiste a! entierro de Goya.

10 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

El último Consejo Nacional de Falange Española. Capítulo XII.

Los rumores sobre una sublevación falangista abortada en abril son falsos. Fuset y Doval montan una represión
tremenda, que desborda al Cuartel General. Doval monta un servicio de vigilancia para controlar la entrada en
Salamanca de consejeros desde el 16 de abril. El Consejo Nacional empieza en la mañana del 18. No asiste
Dávila, que está en la cárcel. Acuerdos del Consejo: admitir a los tres delegados de servicios; «Garcerán no es
compatible con el Consejo». Cadenas ha perdido las actas, tomadas taquigráficamente por Felipe Ximénez de
Sandoval. Discurso de Hedilla, que comenta el pliego de cargos. Los conjurados se justifican con el rumor de que
iba a formarse un Gobierno Mola-Hedilla (Mola lo negó ante testigos.) Confiesa Hedilla que le hacían los
discursos. Según él, «Falange empezaba a ser el único fundamento del nuevo Estado». Dos de los conjurados
«obedecían órdenes de organizaciones secretas internacionales». Hedilla se quiso retirar entonces de la sala,
pero no le dejaron. Vuelve a hablar y revela que el Generalísimo se proponía asumir el mando de la Falange. Se
celebra la votación para elegir al jefe nacional: Hedilla, diez votos, ocho abstenciones y cuatro votos en contra.
Hedilla va a comunicar a Franco lo acordado con Reyes y Ruiz Arenado. Franco les impulsa para salir al balcón
(es la primera hora de la noche del 18). El nombramiento se difundió por prensa y radio. El 19 de abril por la
mañana, Hedilla destituye a Aznar del mando de la Primera Línea, del que encarga a Sáinz. Mientras tanto, un
oficial del Cuartel General envía al frente a los 34 hombres de la centuria de Madrid, so pena de fusilar a Aznar y
Gumersindo García. En la noche del 18 de abril, Hedilla nombra consejeros nacionales a Pilar Primo de Rivera y
a Yagüe. En la segunda sesión del Consejo, celebrada el día 19, se elijen los miembros de la Junta Política: Ruiz,
Sáinz, Merino, Reyes. El 18 de abril habían llegado, en avión, Queipo Miranda para defender a Dávila.

La unificación. Capítulo XIII.

A las ocho de la noche del 19 de abril, Hedilla recibe un sobre del Cuartel General con un discurso y decreto que
iba a promulgar Franco esa noche. Ramón Serrano Súñer redactó el decreto de unificación. Queipo y Mola dieron
su conformidad. El 20, Hedilla pide audiencia, que le es concedida inmediatamente.

Todo el mundo interpreta el decrero como la sumisión de la Falange a los militares y al Generalísimo. Los
falangistas de Andalucía, Aragón y Valladolid estaban por la unificación. Las jefaturas territoriales y provinciales
subsistieron hasta el 30 de abril. El 1 de mayo se suprimen. José Sáinz, jefe territorial de Castilla la Nueva,
previno a los mandos (sin intervención de Hedilla) por un telegrama no cifrado que no se consideró subversivo
hasta que Hedilla se negó a aceptar un cargo en la FET. Hedilla no envió emisarios, aunque Arrese salió por
iniciativa propia para sondear la opinión de los falangistas andaluces. Yagüe se presentó en Salamanca y Franco
le ordenó volver al frente. Yagüe fue siempre pro-Franco.

El nombramiento de Secretariado o Junta Política. Capítulo XIV.

El 22 de abril de 1937 nombra Franco la Junta Política de FET, con Hedilla al Frente. Don Javier se opone a la
unificación. El 21 ó 22 de abril, A. Aznar es detenido por la Guardia Civil. Hedilla se entera de la designación por
la prensa. «Todos los hedillistas nos movimos para conocer el estado de opinión de los camaradas...» Pilar pidió
a Hedilla que no aceptase. Lo mismo el grupo de Pilar que luego aceptó. Pilar aceptó la jefatura de la Sección
Femenina de FET cuando Hedilla estaba ya detenido; Hedilla visita a Aznar, detenido, quien le incita a que se
oponga a Franco, pero Aznar aceptaría inmediatamente el cargo de Asesor de Milicias. Hedilla se entrevista con
Cantalupo y Faupel, que le brindan ir a Roma y Berlín. Hedilla se niega a aceptar. Se le amenaza con la cárcel y
se sigue negando.

El 23 de abril de 1937 Hedilla es detenido con R. Reyes. Auto de procesamiento basado en la legalidad del
triunvirato. El siguiente juez instructor, comandante Jiménez, le pregunta si ha conspirado para asesinar a Franco.
Hedilla cesa el 10 de mayo en el cargo de FET. En Irún y San Sebastián se registran manifestaciones pro-Hedilla.
Fal se niega a la unificación, mientras Zamanillo decide irse al frente. Fal prolonga su destierro hasta el 11 de
agosto de 1937. Franco le ofrece formar Gobierno.

Los eslabones de una cadena procesal. Capítulo XV.

El 29 de mayo de 1937 se acusa a Hedilla de querer derrocar a Franco, del famoso telegrama subversivo, del
envío de emisarios. Lista de detenidos y buscados; Víctor de la Serna huyó a San Sebastián y desde allí se
adhirió a Franco. Se pide la pena de muerte para Hedilla en los sumarísimos. Garcerán pasó meses en la cárcel.
Dávila, liberado bien pronto; el asesinato de Goya se imputó a Hedilla. Muchos falangistas fueron arrestados y

11 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

liberados. El 26 de abril de 1937 se celebra la primera reunión de la Junta Política de FET, presidida por Franco.
El 16 de mayo se incorporan oficialmente los monárquicos a la FET. Alemanes e italia-nos apoyan la medida de
Franco.

El 5 de junio se celebra el primer consejo de guerra -de oficiales generales- contra Hedilla, esposado, en
Salamanca. Hedilla y otros tres falangistas son condenados a muerte; dos a reclusión perpetua, tres a varias
penas graves y Arrese a dos años. El 7 de junio se celebra el segundo consejo por el asesinato de Goya;
también acude esposado, J. Sáinz, espectador, es detenido y luego liberado. Hedilla no recibió notificación, pero
se le dijo que tenía sobre sí dos penas de muerte. Faupel, de acuerdo con su Gobierno, intercede por Hedilla.
Faupel cesa pronto por «indeseable». Condenado a muerte durante cuarenta días; el 19 de julio se les indulta,
pero no se les comunica el indulto. La inclinación del Cuartel General y de los políticos monárquicos era favorable
a las ejecuciones. Los reaccionarios «querían restablecer su dominación política, social y económica secular»
(pág. 424). Serrano Súñer, contrario a las ejecuciones. Pilar Primo de Rivera intercedió con debilidad excepto en
favor de Arrese, su próximo pariente. (Visita a la esposa de Franco, quien le comunica que Serrano Súñer es el
mejor defensor de los acusados). El 25 de septiembre, consejo de guerra contra Gaceo y Arauz, por la
manifestación de San Sebastián. Gaceo, indultado de su condena a muerte tres meses después, moriría en Rusia
en la aventura de la División Azul. Termina así la segunda parte del libro.

Comienza la breve tercera parte del libro con un capítulo dedicado a los dominios del silencio. Fugaz intento de
asamblea privada de falangistas en Salamanca, para pedir la libertad de los detenidos. El 25 de julio, Hedilla es
trasladado al penal de Puerto de Santa María, y luego a Cádiz y a la cárcel de castigo de Las Palmas, donde
pasa cuatro años. Durísima situación de Hedilla en Las Palmas. El 19 de abril de 1938, valiente discurso de
Yagüe en Burgos: pide perdón por los condenados y reafirma el ideario falangista. Hedilla resume su vida en la
cárcel: «Soledad, hambre, vejaciones. Y en un orden superior meditación y oración» (pág. 438). Los masones
vivían bien en la cárcel.

González Vélez y Agustín Aznar fueron condenados en 1937 -unos meses tras la unificación- por traición a
Franco. Franco dijo a la madre de Hedilla que éste era una víctima inocente. El 18 de julio de 1941 es indultado.
Recala en Barcelona, donde ve a su madre. Correa, Gobernador de Barcelona, ofrece a Hedilla el cargo de
Delegado Nacional de Sindicatos, vacante por destitución de Gerardo Salvador Merino. Hedilla se niega y es
confinado en Palma de Mallorca.

Hedilla en Mallorca: vida y trabajos de un confinado. Se reúne con su familia, pero su mujer enloquece. Hedilla
trabaja. Percibe un breve subsidio del Gobierno y luego de FET. Está muy vigilado. Hubo que trasladar a su
esposa a un sanatorio de Madrid. Girón le propone intervenir en política, pero Hedilla se niega. En julio de 1944
Ridruejo propone a Hedilla colaborar con un equipo político formado por Yagüe, Serrano Súñer y Muñoz
Grandes; se niega. En 1945 fallece su esposa. Hedilla escribe a Franco, quien le levanta el confinamiento en abril
de 1946. Sigue pidiendo reparación. Vive en Madrid. Cicognani le ayuda; Pla y Deniel, no. Se forma en España un
movimiento en pro de su rehabilitación. Hay un «elevadísímo» número de fichas con su nombre en la biblioteca
del Congreso de Wáshington.

Hedilla es un superviviente inoportuno. Contrae nupcias con una noble dama valenciana y sigue trabajando.
Rehace su vida. En el libro de Gironella hay varias columnias contra él. Pero no siente odio; solamente exige
REPARACIÓN.

JUICIO

Quien haya recorrido las densas notas de lectura con las que se integra el anterior resúmen puede comprender
perfectamente la importancia de la aportación histórica de la parte de la obra reseñada en este segundo análisis.
Los testimonios personales de acumulan y -aunque muchas veces resultan sumamente discutibles, apologéticas,
tergiversadores- su actuación convergente alcanza una profundidad y una luminosidad histórica que es ya
imprescindible a la hora de reconstruir un periodo de tal importancia para la actualidad de entonces, para la
historia de la guerra civil y, en general para la trayectoria española del siglo XX. Es, pues, este grande y confuso
libro una de las obras indiscutiblemente básicas para entender la España contemporánea.

Entre la maraña, que no siempre es convergencia real, de testimonios y de interpretaciones, surge con mayor
fuerza que en la parte de la obra analizada en el trabajo anterior una vigorosa justificación y reivindicación de
Manuel Hedilla, sumergido en la vorágine de intereses políticos encontrados y derribado como árbol solitario en
medio de tantas corrientes conflictivas. Hedilla se presenta como un permanente colaborador del Movimiento
Nacional; como un partidario de Franco que jamás le ataca, ni siquiera cuando es procesado, condenado y
encarcelado; como el heredero legítimo de José Antonio; como la víctima de los portavoces del reaccionarismo
español que colaboran en el Alzamiento de julio. Todos estos aspectos son aceptables y quedan demostrados en
este libro. Pero la tesis es incompleta. Hedilla fue también víctima del esfuerzo de guerra; el General Franco tuvo

12 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

que cortar por lo sano ante la lucha intestina e insensata de los clanes falangistas y la Falange cayó víctima, de la
visión alicorta de algunas de sus propias jerarquías. ¿Qué otra cosa podía hacer el jefe supremo de un país en
guerra, sino cortar de raíz cualquier posible brote subversivo en el corazón de las milicias populares? El libro es
una justificación personal de Hedilla, pero es también indirectamente una estupenda justificación política de
Franco; el jefe de un pueblo y un Ejército en plena guerra -y en vísperas de lanzarse a la acción decisiva de esa
guerra, la conquista del desequilibrio estratégico y económico mediante la conquista de la subzona republicana
del Norte- no tiene por qué atender a las posibles perspectivas históricas desde valores que entonces no podían
ni siquiera predibujarse. Franco tenía que ganar la guerra, y para ello tenía que urgir la unificación del esfuerzo de
guerra. El enemigo no lo hizo, y en las terribles confesiones del general Vicente Rojo en Alerta los pueblos puede
palparse el resultado,, así como en las amargas meditaciones de Manuel Azaña en la Velada en Benicarló,
acerca de la insolidaridad taifeña de la República.

El libro sigue siendo desordenado desde el punto de vista metodológico; muchas de sus digresiones son inútiles y
reiterativas; se vuelve una y otra vez a periodos ya históricamente sustanciados, y se incide en citas pedantes, en
galicismos inicuos (en vez de mentira se dice mensonge en la página 107; y en la página 407 se cita a Jean
Jaurés sin que venga a cuento en absoluto). A un número de bajas puede llamársele «elevado», pero nunca
«sendo», como en la página 345. El equipo redactor -presidido o formado por el señor García Venero- ha
logrado, a pesar de estos lunares, un estilo claro y conciso, dotado de innegable elegancia, que hace agradable
la lectura de la obra, apasionante a medida que avanzan las páginas. Después de ciertas alusiones del propio
señor Hedilla parece evidente que él se ha limitado a entregar su testimonio, pero no ha intervenido casi nada en
la redacción concreta de la obra.

En casi todas las páginas del libro hay alguna aportación interesante desde el punto de vista histórico. Vamos a
destacar algunas. Los datos para la historia del alzamiento en Santander; los intentos de liberación de José
Antonio Primo de Rivera; las precisiones y detalles sobre la economía de la zona nacional en el capítulo 6, y en
general muchos datos sobre la desconocida zona nacional; el ambiente favorable que predeterminó el éxito
político y militar de la unificación; la acertada selección de fuentes sobre la intervención extranjera en la zona
nacional en sus aspectos políticos; numerosas sugerencias -no coordinadas de forma científica- sobre el difícil
problema de la represión en zona nacional (concretamente la cifra sugerida para la represión en Salas es falsa,
en esa localidad se fusiló a una persona sólo); la creación y actuación de las milicias de la Falange; datos sueltos
de gran interés, como los biográficos de Luis Lucia, Fal Conde, etcétera; el primer estudio -brillante síntesis-
sobre el esfuerzo propagandístico de la Falange en la zona nacional, y de sus interferencias con la propaganda
del Estado; los numerosos datos sobre la trayectoria de los intelectuales falangistas y no falangistas de la zona.
Y, sobre todo, la gran aportación, sumamente discutible en numerosos detalles, pero esencial como trama básica
para el momento cumbre de la obra: los días de abril de 1937 que precedieron, obligaron y siguieron al drama de
la unificación política de la zona nacional.

Si numerosas y grandes son las aportaciones positivas de las partes del libro que ahora analizamos, igualmente
numerosos y grandes nos parecen sus defectos y fallos revelados por el análisis histórico. La relación entre los
generales conspiradores y la UME expuesta en la página 104 es errónea; y totalmente exagerada la importancia
de la UME, que jamás dejó de ser marginal y minoritaria. La «socialización» del carlismo en 1936 es un fenómeno
sugestivo, pero aún muy poco claro. La importancia de la actuación personal de Manuel Hedilla en el Alzamiento
es innegable, pero está sumamente exagerada y exclusivizada en este libro, en el que llega a sugerirse que el
Alzamiento triunfó en casi todas las provincias «preparadas» por Hedilla. Se debe rescatar su figura para un
puesto clave en la preparación de la sublevación, pero no caer en el defecto opuesto de exagerar la importancia
de sus gestiones. También se exagera y se distorsiona la eficacia energética de Falange y la pasividad militar en
el Alzamiento; la figura del Alzamiento fue Mola y la columna vertebral del Alzamiento fueron los militares que
siguieron a Mola. Es falsa la presentación de Queipo de Llano como reaccionario integral; el bizarro general de
Andalucía ejerció su poder semiautónomo con notable sentido progresivo en varios aspectos, como el del
mantenimiento de la legislación agraria republicana en cuanto a arrendamientos. Tampoco es verdad que el
ayudante de Mola, Fernández Cordón, fuese antes ayudante de Solchaga; vino de Barcelona a encontrarse con
su general y amigo. Las consideraciones comparativas entre los años de la guerra y los años de la Restauración
-así como las que se establecen entre varias fechas históricas distintas- son pedantes y distorsionadas, sin
excepción. Cualquier parecido entre 1874 y 1936 es mera coincidencia. No es verdad que Burgos fuese la
primera ciudad peninsular que declaró el estado de guerra; Valladolid se adelantó en unas horas. El relato de la
aventura de Somosierra es incompleto, defectuoso y parcial. «Al estallar en el Llano Amarillo el 17 de julio el
Alzamiento acaudillado por Yagüe», se dice en la página 185, confundiéndolo todo. En el Llano Amarillo no estalló
nada; era un abandonado campo de maniobras el día 17 de julio. El Alzamiento estalló en Melilla, donde no
estaba Yagüe. (Por cierto que en pleno capítulo 15 de esta parte no se acaba todavía de salir del Alzamiento).
La comparación «constitucional» entre los puntos de la Falange y la obra de Cánovas es inadmisible; no se
pueden restar cantidades no homogéneas, ni en aritmética ni en política. La militarización de las milicias estaba
consumada en la práctica y en la legislación de la zona nacional -e incluso en las directrices falangistas- mucho
antes del decreto de diciembre del 36, que no es una innovación, sino una reiteración obvia. Es falso que en la
zona nacional no hubiese llamamientos a quintas antes de las levas para las «Flechas Azules»; hubo varios, por

13 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

ejemplo en Mallorca, ordenados por Franco aún antes de su exaltación a la Jefatura del Estado. El padre
Reigada no era jesuita como se dice en la página 307; la lista de cedistas que se da en la misma página es
incompleta y errónea. «El nuevo Estado copió literalmente a las academias de Falange en las de alféreces
provisionales» (pág. 336). Sucedió exactamente lo contrario, como puede comprobarse en la cronología de la
organiza-ción de reclutamiento y formación de oficiales creada por la propia Junta de Defensa y reformada luego
por el general Orgaz. (Documentación Nacional, Archivo Histórico Militar), «Es sabido que Juan March fue uno de
los puntales económicos del Movimiento Nacional, por la riqueza de sus relaciones en Inglaterra y los Estados
Unidos» (pág. 341). Afirmación interesante, que dice mucho más de lo que está probado histórica y
documentalmente; convendría matizar mucho más la verdadera aportación de don Juan March a la financiación de
la zona nacional, ya que ha sido muy exagerada y tergiversada. La tesis de MGV sobre «el verdadero poder» en
la zona nacional antes del 19 de abril de 1937 es infundada; cree que ese poder no radicaba en el Ejército, sino
en las milicias. «No se puede inscribir en la agenda de esos días (los de la unificación) ninguna perturbación
debida a intervenciones de falangistas en los frentes y en las retaguardias». Sí se puede inscribir; hubo varias
perturbaciones que no degeneraron en peligrosas por la decisión con que fueron cortadas y el patriotismo de los
falangistas, incluido, naturalmente, el propio Hedilla.

La crítica más dura a la interpretación que hace MGV de los sucesos de abril se encuentra en el libro de HRS al
que vamos a referirnos inmediatamente; nos remitimos en numerosos aspectos a esa crítica. Pero insistimos en
que, a pesar del Antifalange, el libro de MGV conserva una parte considerable de su valor histórico a pesar
también de las observaciones que hemos acumulado -y que podríamos incrementar fácilmente-. En una de sus
tesis fundamentales, el libro prueba ante el observador imparcial exactamente lo contrario de lo que pretende; es
decir la unificación fue acelerada por la insensata discordia de los clanes falangistas en lucha por su poder; que el
Cuartel General estuvo plenamente justificado en su duro corte de la gangrena política que por un momento se
cernió sobre una zona tendida hacia la etapa decisiva de la guerra; de lo contrario, los breves «sucesos de abril»,
de Salamanca, de los que casi nadie se enteró en la zona nacional (ni en la propia Salamanca), hubieran
degenerado en unos «sucesos de mayo» desencadenados pocos días después en Barcelona y en toda la zona
enemiga, cuya moral de combate y cuya estructura política quedaron definitivamente desarticuladas para el resto
de la guerra. La historia, que en muchos aspectos puede estar de acuerdo con la demanda de rehabilitación
personal y patriótica de don Manuel Hedilla no puede tal vez concederle una razón política que parece claramente
haber estado alojada, por aquellos días, en el Cuartel General de Salamanca.

ANTIFALANGE: SEGUNDA PARTE DEL ANÁLISIS

CONTENIDO

Iniciamos esta segunda parte de nuestro análisis del libro de H.R. Southworth a partir de la nota 46 al de M.G.V.
Como el libro de H.R.S. a partir de este momento -y desde la nota primera, tras la introducción general- no es
más que una acumulación inconexa de notas independientes, resumimos solamente las que nos parecen más
interesantes desde el punto de vista histórico:

46. En Galicia, «los republicanos no tenían nada con qué resistir, ni dirección ni armas» (pág. 109). El Alzamiento
«no comenzó en ningún otro lugar de Galicia hasta que el estado de guerra fue declarado en La Coruña».

49. La Legión y los moros eran «una fuerza extranjera, un ejército invasor». H.R.S. aprovecha la ocasión para
relatar de nuevo la famosa historia de la Oreja del moro, omitida en una edición posterior del Diario de una
bandera, del comandante Franco.

51. Falange en las elecciones de febrero. Rivalidad entre Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera: «no es un
secreto, aunque raras veces se menciona en la España de Franco». Educación francesa reaccionaria de Calvo
Sotelo; resumen de sus contactos con Mussolini. Calvo se vengó de José Antonio que no quiso admitirle en la
Falange y le cerró los caminos electorales; a Calvo se debe que José Antonio no consiguiese acta en las
elecciones de febrero.

59. Falange -con muchos elementos de aluvión- dirige la represión en Galicia

65-68. Precisiones sobre el Alzamiento en Santander.

69. «La guerra de España fue una guerra de clases». «Las divisiones del lado republicano no eran ideológicas. Al
conglomerado político de la zona republicana le faltó la base unificadora de que dispusieron los rebeldes: la
homogeneidad de intereses económicos, de intereses de clase, superando todo interés de ideología».

70. Las Embajadas de Madrid.

14 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

71. Formulación del mito Ejército-pueblo; la zona nacional era «un puñado de soldados, rodeado de una población
desarmada pero hostil».

72. El manifiesto de Franco en Tenerife no menciona a la República; cree H.R.S. que en los manifiestos de los
jefes nacionales no se mencionaba a la República para nada.

74. La misión de Hedilla en Galicia. Reconoce H.R.S que Hedilla logra organizar con eficacia a la Falange gallega,
así como las primeras columnas.

76. Actividades de José Sáinz, máxima jerarquía en la zona nacional entre los supervivientes de la Falange.

77-78. Queipo y Miranda, el 18 de julio. Falange en Andalucía. La zona nacional estaba formada por feudos.

79. Testimonio de Antonio Bahamonde sobre la represión en Andalucía.

84. Vida y crueldad de José Saínz.

85. Falange, totalitaria y fascista pura.

88-93. Artículo de Jay Allen sobre José Antonio. H.R.S. lo publica por primera vez en español, en versión
fidedigna. Fija definitivamente la fecha de la entrevista de José Antonio con el periodista americano en Alicante,
los días 2 ó 3 de octubre de 1936. Precisiones sobre los intentos para liberar a José Antonio, con insinuaciones
que jamás de atrevieron a hacer Hedilla-Venero porque sabían que son falsos de raíz.

94. Falange exterior: precisiones

95. Franco y la monarquía: testimonio del embajador Du Moulin.

96. Estadística sobre el desarrollo de FE el día 26 de septiembre de 1936.

100. «Toda la estructura política del Estado se había desplomado... (en la zona republicana), no porque el Estado
se hubiera hundido; sino por una traición de gran envergadura, que envolvía a la mayor parte (subrayado nuestro)
de las fuerzas armadas y policíacas del Estado». «Las matanzas en la retaguardia de Franco... no han sido
admitidas ni reconocidas nunca».

104. Manuel Aznar se incauta de la Compañía de Tranvías de Madrid en agosto de 1936.

106. El general Yagüe, falangista y ministro.

107. José Antonio Primo de Rivera «murió valientemente».

109. Precisiones sobre los periódicos de Falange en 1937; eran unos 40.

110. El sacerdote-propagandista Yzurdiaga y sus excesos.

111. A propósito de Ernesto Giménez Caballero; judíos e intelectuales.

113. El nacimiento del Auxilio Social v la represión en Valladolid.

115. La Falange en la muerte de Unamuno. Maximiano García Venero, teórico de la prensa falangista, estimado
en la Alemania nazi.

118. La verdadera conversación entre Cantalupo y Hedilla.

122. Vicente Gay, propagandista de Franco, y sus loas.

124. Las importaciones de la HISMA.

128. La liberación de Serrano Súñer no se debe a Marañón, sino al ministro vasco Irujo.

133. El culto a la personalidad de Manuel Hedilla.

134. Doval en Asturias, 1934, cuando la «invasión de España por moros y legionarios».

137. Los capitanes de Mallorca relacionados con Ramón Serrano Súñer.

15 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

141. El folleto de «Luis Pagés Guix», clave para los sucesos de Salamanca.

142. Las confusiones de Payne y Thomas sobre la cronología de Salamanca; la reunión del 16 de abril en la
Junta de Mando; según Pagés Guix era legal y se desarrolló armónicamente. Hedilla dijo entonces que se quería
enrolar en un bou hasta la terminación de la guerra.

143. La reunión de la Junta de Mando el 16 de abril; eran 4 de los 6 miembros de la Junta, es decir tenían la
mayoría.

144. Modificaciones de M.G.V. al documento acusatorio de los «conjurados» contra Hedilla.

145. Las clases altas españolas sienten desprecio y odio a las inferiores. Testimonio de Concha Espina y
Leopoldo Huidobro.

150. Franco recibe a Hedilla, destituido por la Junta de Mando, según Pagés Guix (Hedilla lo niega), y luego al
triunvirato. Franco les felicita y les recomienda: «Y ahora, nada de violencias».

151. Von Haartman -oficial finlandés instructor de milicias de Falange en Pedro Llen- ve a Hedilla en las primeras
horas del 17.

152. Goya, guardaespaldas de Hedilla

155. M.G.V. dice que Hedilla va a casa de Dávila tras regresar de Pedro Llen con sus hombres a una misión
conciliadora. Nada de eso se deduce del testimonio de Haartman. Hedilla ordena venir a Haartman con sus
cadetes; en efecto vienen, ocupan la Junta de Mando, toman todos los centros de Falange y a las dos de la
madrugada informan a Hedilla de que su orden se ha cumplido.

156. Haartman y sus relaciones de esos momentos con Goya.

158. Haartman detenido por su participación en los sucesos.

169. La publicidad sobre Hedilla -culto a la personalidad- en prensa nacionalista y extranjera; Hedilla fue muy
imprudente.

175. La salida al balcón de Hedilla con Franco; Franco hablaba el 18 sobre la unificación en términos generales;
el Decreto no se publica hasta el 19. El discurso de Franco es el 18, pero el Decreto se publica el 19 de abril.

176. Precisiones sobre el texto del telegrama falangista que luego se dio como subversivo.

177. Arrese inventa que su libro de 1940 estaba escrito en 1936 a las órdenes de José Antonio, quien pensaba
escribir un prólogo.

182. Desenlace de los sucesos en lo que se refiere a Haartman. El silencio de Reyes. La interpretación de
Ridruejo sobre la unificación: «Un movimiento sin caudillo y un caudillo sin movimiento».

182. En la academia de Pedro Llen se preparaban 42 alumnos, no «tres docenas»

183. Consejo de Guerra por los sucesos de abril niega que Haartman consiguiera ocupar los cuarteles de
Falange. Foltz piensa lo mismo; era un corresponsal americano en Salamanca.

185. Los avatares de Falange Española Auténtica (FEA) y la Falange Autónoma, proyectos favorecidos desde la
zona enemiga.

188. «Todo el libro de M.G.V. prueba la debilidad política de la España nacionalista en 1937».

Las notas esenciales del libro están entre la 189 y la 192, sobre todo las que figuran bajo estos dos números.
Comprenden la discusión general sobre los sucesos de abril, a la luz de los testimonios disponibles. Estos
testimonios son contradictorios a veces. Hedilla era un hombre bravucón y violento. Esperaba un ataque de sus
enemigos. Gova -según testimonio de Hedilla en carta a Serrano Súñer- convenció a Hedilla para traerle a Dávila.
Haartman atribuye a Hedilla la orden de detener a los tres conjurados. (El testimonio de Haartman, publicado en
un folleto de 1939, es absolutamente esencial y en parte definitivo). Ha de aceptarse en línes generales la versión
de Haartman, complementada con la tesis de Pagés Guix.

La leyenda de Hedilla; durante la guerra se hizo creer que Hedilla se había opuesto a Franco. Narración de

16 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

Cardozo, plagada de errores. Lista de comentarios sobre la leyenda de Salamanca. Serrano Súñer amplía y
difunde la idea de que Hedilla era un agente (consciente o inconsciente) de los alemanes en España. Merkes,
historiador monográfico alemán, pone en duda el que Faupel manejase a Hedilla, ya que el embajador alemán
alabó la decisión unificadora de Franco y además recelaba de Hedilla. Hugh Thomas hace una amalgama con
todos los datos, incluyendo los errores. Dahms, historiador alemán, no se entera de los hechos. «La investigación
más ambiciosa» se debe a Payne; pero los falangistas han lavado en Madrid el cerebro de Payne.

Termina el libro con la reproducción del folleto de Pagés Guix y de una carta de Hedilla al general Franco.

JUICIO

Como en la segunda parte de este análisis, solamente hay que comentar una serie de notas de H.R.S. al libro de
M.G.V., la valoración de conjunto en lo que se refiere a los textos aquí comentados ha de ser bastante más
positiva; por lo general H.R.S. no incide en las lamentables teorizaciones de su ya analizada Introducción general
y despliega una y otra vez su maestría bibliográfica y su agilidad polémica. Cuando desliza alguna interpretación
«audaz», de tesis, suele caer invariablemente en la inconsecuencia. Por ejemplo, este número 188; no se
comprende cómo una España nacional tan políticamente débil pudo ganar la guerra. O esta tesis de la número 69
sobre la guerra española como guerra de clases, concepto pobre, superado ya en 1936 por portavoces
inteligentes de la izquierda como Ángel Pestaña. H.R.S. no conoce suficientemente la dialéctica marxista; si la
conociese no se atrevería a aplicarla de forma tan elemental e infundada, en un proceso tan complicado como la
guerra civil española. Con razón acusaba Engels a muchos apresurados marxistas de aplicar la dialéctica para
evitarse el estudio de la Historia. Claro que sin superar sus congénitas limitaciones; su apoyo fontal es
exclusivamente libresco, y en cuanto sale del comentario bibliográfico o histórico-bibliográfico directo pierde pie
con suma frecuencia y pone de manifiesto los graves fallos de su parcialísima postura y de su escasa formación
como historiador de la España contemporánea. Repasemos brevemente alguna de las notas que, por parecernos
más interesantes, hemos citado expresamente en las líneas anteriores de este trabajo.

Dice H.R.S. (núm. 46), que en Galicia «los republicanos no tenían nada con que resistir». ¿Nada? Tenían a los
cuatro gobernadores civiles; a la inmensa mayoría de. los alcaldes; al primer y segundo jefe de la División
Orgánica; a la mayoría de los jefes y oficiales (mayoría muy acusada) de las guarniciones; al jefe del Arsenal del
Ferrol, y prácticamente a todos los barcos de la Flota, incluido el acorazado «Jaime I», que en esos días
recalaba por aguas gallegas. Es decir, tenían casi todo; lo que les faltó fue la decisión de que hicieron gala sus
contrarios. Estos contrarios no eran, por lo general, los que cita H.R.S.; su conocimiento del Alzamiento en
Galicia se basa en la Historia de la Cruzada (obra superada hoy, y tan panegírica como los libros pro-Frente
Popular que le sirven de guía complementaria). Están en curso estudios más serios sobre el Alzamiento en
Galicia, que depararán a H.R.S. sorpresas indecibles.

La concepción de la Legión (que, como está establecido documentalmente, contaba con más del 90 por 100 de
efectivos españoles) y de los Regulares, que eran eso, unidades regulares del Ejército español, como un
«ejército invasor» es digna de los propagandistas de tiempos de la guerra civil (uno de los cuales era, por
supuesto, H.R.S.). ¿Qué calificativo reservaría H.R.S. para los soldados de las Brigadas Internacionales? H.R.S.
cede otra vez a su obsesión sobre la historia de «la oreja del moro», a la que quiere convertir en pieza de
acusación histórica.

Los comentarios de H.R.S. sobre las elecciones de febrero (núm. 51), demuestran una vez más que el notable
bibliógrafo americano desconoce la historia de la República española.

En cambio es interesante su resumen bibliográfico sobre la educación francesa -maurrasiana- de Calvo Sotelo
desterrado.

También es interesante alguna de su precisiones sobre la represión en Galicia y sobre el Alzamiento en


Santander, aunque uno y otro tema están tratados bibliográficamente, no históricamente; todo lo que H.R.S. dice
acerca de la represión en zona nacional es en ocasiones aprovechable, aunque se encuentra desfigurado por una
pasión tremenda a la que, un propagandista pronacional fervoroso podría denominar «odio satánico» y un tanto
judaizante; un equipo de historiadores de los años sesenta prefiere designarlo cúmulo de informaciones
bibliográfico-propagan-dísticas deformadas por una actitud permanentemente negativa y permanentemente
parcial.

El mito Ejército-pueblo (nota 71), ya está desmontado en las publicaciones de V. Palacio Atard (discurso inaugural
de la Universidad de Madrid, en octubre de 1969), y de Jesús y Ramón Salas Larrazábal (obras en prensa en
Ediciones Ariel, etc.). Si la zona nacional era un puñado de soldados rodeados por una población hostil, la victoria
en la guerra civil sería un milagro, en los que según parece, H.R.S. no cree. Es mucho más seria la formulación
de Raymond Carr, que describe a la guerra civil como «choque de dos entusiasmos»; es decir, de dos Ejércitos,

17 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

de dos masas de apoyo popular. H.R.S. se muestra sumamente atrasado en sus concepciones históricas.

En los manifiestos de los Generales del Alzamiento se contienen expresas alusiones a la República. Por ejemplo
(nota 72), en el firmado por el general Franco y publicado el 17 y el 18 de julio en Melilla se habla de «mantener
el orden dentro de la República» (cfr. El telegrama del Rif, número de 18 de julio) y en las instrucciones de Mola
se dan vivas a la Dictadura Republicana (cfr. La colección publicada en el libro de R. de la Cierva, Historia de la
guerra civil española, tomo I).

La concepción de H.R.S. sobre el feudalismo (notas 77-78) es, explicablemente, deficiente. Generalmente cuando
un autor, no experto en historia española, habla de «feudalismo», suele querer decir «cantonalismo». Si H. R. S
piensa revalidar sus grados en alguna universidad española, haría bien en tener muy en cuenta esta distinción
elemental.

El testimonio de Antonio Bahamonde sobre la represión en Andalucía (nota 79) está naturalmente extraído del
deleznable librito Un año con Queipo en que, entre otros documentos trascendentales se exhibe la cédula
personal del autor. (los demás no son excesivamente superiores en eficacia).

Muy interesante e importante es la precisión histórica de H.R.S. sobre la visita de Jay Allen a José Antonio y
sobre el artículo, cuya versión castellana definitiva establece; es uno de los momentos más brillantes del libro.

En la nota 100 se incide nuevamente en los mitos Ejército-pueblo; las estadísticas a que nos referimos
anteriormente sacarán de su error a H. R. S en cuanto se decida a comprobarlas.

Es interesante casi todo lo que afirma H.R.S. sobre la prensa y la propaganda falangista en la guerra civil; suele
apoyarse en estudios monográficos y en datos extraídos de fuentes primarias, lo que por desgracia es una
actitud que no es prodiga en otros sectores. Pero H.R.S., además de un gran bibliógrafo, es un experto en
análisis de propaganda y aquí se encuentra en su terreno.

La equiparación entre el nacimiento de Auxilio Social y las consecuencias de la represión en Valladolid es falsa,
infundada y de un gusto pésimo.

Por supuesto que la mayor aportación del libro es la discusión, en muchos aspectos magistral, de los sucesos de
Salamanca. Hace bien H.R.S. en destacar la importancia del testimonio de von Haartman, que en líneas
generales parece bastante fidedigno, aunque corregible; con él destruye algunas líneas importantes de la
apología de Hedilla. En cambio H.R.S. no ha comprendido más que parcialmente la personalidad de Hedilla,
hombre recto, profundamente religioso y profundamente respetable; H.R.S. no lo cree así y se equivoca, porque,
entre otras razones, no conoce personalmente al sucesor de José Antonio (al que tampoco conoce ni de lejos).
En cambio pensamos que atribuye H.R.S. demasiada importancia al testimonio de Pagés Guix, que, según todas
las apariencias, es un hábil amaño de la propaganda republicana en apoyo de la maquiavélica (vía estrecha) idea
pietista sobre la Falange Española Auténtica, bien conocida por sus siglas de FEA.

H.R.S. monta una discusión quijotesca -aunque sin patio donde arrojarlos- entre libros rojos y libros azules; no
quiere historia, sino polémica. Se le deslizan algunos errores con los que podríamos montar nosotros una
segunda parte a los hirientes comentarios que le hemos dedicado en el trabajo anterior, pero no deseamos seguir
las huellas del mordedor crítico que escribió aquel divertido capítulo Spanica zwischen todnu gabriet. No faltaría
tema para continuar a propósito, de las páginas aquí comentadas, nuestras insinuaciones un tanto festivas sobre
los diversos Cossíos de los pies de las fotos de H.R.S. El nombre del comandante militar de Santander está mal
transcrito (pág. 126). H.R.S. debe revisar la provincia española en la que se encuentra, San Vicente de Alcántara,
(página 137), debe también revisar su fichero de altos cargos republicanos para corregir el título «jefe de
seguridad» (cargo desconocido en España) atribuido a un personaje igualmente desconocido; don «Alfonso
Mallol» (se trata de dos apellidos, el primero transcrito incorrectamente; es Alonso Mallol, y el nombre era José,
aunque que hasta los cuidadosos índices de las obras de Azaña, editadas por Marichal lo ignoran). Don Fermín
Yzurdiaga ha conseguido engañar al propio H.R.S. dándose categoría de ministro; no lo fue jamás como no sea
del altar (pág. 168). Y lo más extraño, casi alucinante, tratándose de un bibliógrafo tan puntilloso, es la cita
equivocada y repetida -más grave por tratarse de un apellido anglosajón- del señor David Wingeate Pike,
transcrito por H. R. S una y otra vez, hasta en el índice, como David Wingeste Peake (!!!). ¿Qué hubiera hecho
H.R.S. con un infeliz autor español que se hubiese atrevido a tamaño desafuero? (pág 148).

En fin, modestos discípulos de este maestro de polemistas, no insistimos en dirigir contra él un instrumento que él
ha puesto en nuestras manos. Más grave nos parece que H.R.S. caiga en una contradicción poco defendible
estéticamente; tras criticar a las clases elevadas españolas porque suelen despreciar a las inferiores (nota 145)
H.R.S. llega a insultar a Hedilla precisamente de la misma forma; al comentar que sabía conducir automóviles,
afirma (pág. 183), que «sabía conducir, no como señorito, sino como chófer». En cambio, tiene razón en destacar
las actitudes contradictorias de Maximiano García Venero con respecto a Hedilla y a Giménez Caballero (pág.
186) y su traductor, el señor Martínez, que en esta parte de nuestro análisis se había mantenido aceptablemente

18 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=67

sin caer más que en un disculpable galicismo, provoca nuestro asombro cuando en la página 232 nos habla de Un
otro testimonio, sin atenuantes.

He aquí el análisis de estos dos libros encontrados, nacidos de las mismas prensas de «oposicion total» como
hermanos enemigos, plagados de errores y de desenfoques, cargados de valiosas informaciones y de
espléndidas pistas hacia la historia contemporánea española... La Falange, su historia, su misterio y su nostalgia
se han conmovido en la realidad hereditaria y en los campos de la historia con la aparición de estas dos obras
contradictorias, sugestivas, hirientes, oscuras y luminosas a la vez. El historiador, llegado al término de su dura
disección, agradece a los autores sus aportaciones valiosas, no empañadas por tantas de sus actitudes, que son
recientemente maniqueas y propagandísticas. Probablemente pensará el lector que haya tenido la paciencia de
seguir nuestro trabajo lo mismo que pensamos nosotros al llegar al punto final: que ni siquiera estos dos libros
densos y, en tantas páginas, profundas, han desvelado aún el hondo misterio de la Falange, que duerme tal vez
junto a su fundador en las entrañas de una roca de Castilla, en el corazón de la vida y de la historia
contemporánea española.

In Boletín de Orientación Bibliográfica número 83-84, noviembre-diciembre 1969, pp. 43-67

19 de 19 18/04/2012 0:04
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

Herbert Rut ledge Southworth - Antif alange

Herbert R. Southworth

Análisis del falangismo

Introducción a Antifalange: estudio crítico de Falange en la guerra de España de M. García Venero

Dos objetivos mayores persigue claramente el libro de García Venero : primero, contar la historia de un
movimiento político, Falange Española de las JONS, a través de la biografía de una de sus personalidades
menores, Manuel Hedilla; y segundo, defender la causa de la rehabilitación de un hombre agraviado, el mismo
Manuel Hedilla. Hedilla, mecánico laborioso y modesto, que había recibido una instrucción muy sumaria,
pertenecía antes de la guerra al escalón inferior de la jerarquía del movimiento fascista español, pero ascendió
gracias a la eliminación fortuita de sus superiores, hasta llegar a ser, algo más de 24 horas, el titular del mayor
cargo político de toda la España de Franco. Después, desaparece casi sin dejar rastro, víctima de una de las
operaciones más conseguidas de eliminación política que ha conocido la Europa occidental en lo que va de siglo.

Esta historia política, esta biografía y esta defensa son obra de Maximiano García Venero, historiador, biógrafo y
periodista que, desde 1943, ha publicado una veintena de libros en la España de Franco. Según cuenta él mismo
era ya falangista antes de la guerra, aunque no insista en su rango de « camisa vieja »; dice también que nunca
fue miembro de la nueva Falange creada por Franco el 19 de abril de 1937. Sin embargo, después de la guerra
civil, fue, al menos, director de un importante periódico (Levante de Valencia) perteneciente al Movimiento
unificado creado por Franco, en un momento en que la afiliación a FET y de las JONS era obligatoria para tal
género de empleos.

Este libro encaja en la categoría de obras sobre la historia del fascismo español. Se trata de una bibliografía
poco abundante cuenta habida de la plétora de obras sobre la guerra civil española. De los libros publicados
durante el periodo anterior a la guerra civil, sólo existe sobre el tema un capítulo de la segunda edición de La
nueva catolicidad, de Ernesto Giménez Caballero (1933) y la obra de Ramiro Ledesma Ramos, firmada bajo el
seudónimo de « Roberto Lanzas », titulada ¿Fascismo en España ?. Este tipo de libro fue algo más abundante
durante la guerra civil y después de ella. Entre los títulos más importantes cabe señalar : las dos obras de
Francisco Bravo, José Antonio, el jefe, el camarada (1939), e Historia de Falange Española de las JONS
(1940); la de Sancho Dávila y Julián Pemartín, Hacia la historia de la Falange : primera contribución de Sevilla
(1938); las de Guillén Salaya, Anecdotario de las JONS (1938), Los que nacimos con el siglo (1953) y A la
sombra de nuestras vidas (1963); las de Gumersindo Montes Agudo, Vieja Guardia (1939) y Pepe Sáinz, una
vida en la Falange (1940?); la de Emilio Gutiérrez Palma, Sindicatos y agitadores nacionalsindicalistas (s. d.); la
de Felipe Ximénez de Sandoval, José Antonio, biografía apasionada (1941); la de Enrique Pavón Pereyra, De la
vida de José Antonio (1949); la de David Jato, La rebelión de los estudiantes (1953); la de Fernando Meleiro,
Anecdotario de la Falange de Orense (1958); la del marqués de Zayas, Historia de la Vieja Guardia de Baleares
(1955), y Dolor y memoria de España en el segundo aniversario de José Antonio (1939). A estos libros de
historia pueden añadirse las antologías de La conquista del Estado y de JONS de Juan Aparicio.

La mayoría de estos libros terminan repentinamente su relato con el comienzo de la guerra civil. Los que tratan
de José Antonio Primo de Rivera llegan más allá cronológicamente, dentro del periodo de la guerra, pero no se
refieren a todo el movimiento, sino tan sólo al encarcelamiento de su protagonista. El libro de Dávila y Pemartín
termina con las elecciones de 1936; los de Meleiro y Zayas con el estallido de la guerra. La biografía de Sáinz se
refiere a la época de la guerra civil, pero mantiene un curioso silencio en todo lo que concierne a los
acontecimientos políticos de ese periodo. El caso más extraño es el del libro de Bravo que, pese a ser titulado
Historia de Falange Española de las JONS, termina en julio de 1936, es decir que deja fuera el periodo más
importante de la historia de ese movimiento : desde el 18 de julio de 1936 hasta el 19 de abril de 1937.

Todos estos libros están escritos por actores de mayor o menor importancia en el desarrollo del fascismo en
España. Y todos, sin excepción, han sido sometidos a ciertas concesiones a la censura militar, y por lo tanto
política, que ha existido en la zona de Franco desde el 17 de julio de 1936 y en toda España, sin interrupción,
desde el 1 de abril de 1939. O bien el autor se ha convertido él mismo en su propio censor o bien ha aceptado
las supresiones y modificaciones ordenadas por la censura. En todos los casos el autor ha traicionado su primera
fe política jonsista o falangista al aceptar una historia falsa o fragmentaria de su acción. Cada uno de los libros
mencionados oculta al menos una parte de la verdad. Incluso en las antologías de Juan Aparicio ha pasado la
censura sobre los textos jonsistas aparecidos años antes, durante la república, o al final de la monarquía.

1 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

Ciertas consideraciones pueden explicar la repugnancia del régimen de Franco a dejar que se publique la historia
de la zona rebelde durante la guerra civil y, especialmente, la historia de lo ocurrido desde el punto de vista
político y social antes del 19 de abril de 1937. Este periodo fue en la zona de Franco un periodo de desorden, de
anarquía, de rivalidades y de terror a escala desconocida hasta entonces en España. Sobre esos fundamentos
sangrientos, con la eliminación brutal de sus competidores, alcanzó el poder el general Franco.

García Venero muestra la retaguardia de Franco sin autoridad central ni en el terreno militar ni en el político.
Durante la guerra, el poder de Franco no se ejercía sobre todas las zonas conquistadas en Andalucía y
Extremadura. Queipo de Llano dirigía su región como si se tratase de un principado independiente, aunque su
propio poder no alcanzara diversas zonas de su territorio, como Cáceres y Badajoz. Serrano Suñer, en sus
memorias, se lamenta de esta carencia de gobierno al comentar la situación en el momento del Decreto de
Unificación del 19 de abril de 1937 con estas palabras; « El enemigo disponía de un gobierno ».[Entre Hendaya y
Gibraltar, p. 44]

Manuel Hedilla era nominalmente la cabeza de la Falange cuando ésta se transformaba rápidamente en el grupo
político numéricamente más importante del campo rebelde. Pero, en esa época, Hedilla no controlaba a muchos
de sus lugartenientes provinciales. García Venero nos cuenta como un jefe de la Falange, Francisco Bravo, se fue
a Galicia e hizo allí lo que le dio la gana. En Sevilla, Sancho Dávila concedía cierta atención a Hedilla, pero en
cambio los propios subordinados de aquél no siempre respetaban su autoridad.

Los falangistas emprendieron negociaciones importantes con los carlistas, sin que Hedilla llegase a enterarse
exactamente de ello. (G.V., p. 323-324.) Unos y otros requisaban automóviles, cupones de gasolina, se rodeaban
de esbirros armados y de todos los signos exteriores del poder fascista. Sin embargo, García Venero no se
refiere directamente a lo que fue sin duda alguna una de las causas más importantes de la independencia que
tantos jefes provinciales y territoriales de Falange adquirieron y mantuvieron durante los primeros meses de la
guerra civil: la súbita acumulación de fondos en las tesorerías locales a causa del rápido crecimiento de la
organización y del rácket más o menos disfrazado de contribución de guerra. García Venero está informado
indudablemente sobre este factor económico, como lo demuestran sus repetidas alusiones al extravagante tipo
de vida de algunos sátrapas falangistas tales como Sancho Dávila, y a la frugal existencia de su héroe, Manuel
Hedilla. Esta imagen de indisciplina y desorden en la retaguardia de Franco ha sido revelada algunas veces,
durante la misma guerra civil, por algunos autores como Antonio Bahamonde y Sánchez de Castro, pero con
posterioridad fue silenciada y olvidada rápidamente. El taifismo de la zona rebelde nunca ha sido tratado hasta
ahora con tanto detalle como en el libro de García Venero, pese a no haber formulado la conclusión irónica que
se imponía : los que se rebelaron, según afirmaban, para restaurar « la ley y el orden », crearon la ilegalidad y el
desorden.

Existe aún otra razón que explica el silencio de los nacionalistas sobre la situación que reinaba tras las líneas
rebeldes. Aludimos a la total prohibición de la menor alusión al terror que existió en aquel territorio durante toda la
guerra civil y sobre toda España durante los años que la siguieron. Las carnicerías en masa no han sido
admitidas nunca pública y oficialmente en la España de Franco, pese al tiempo transcurrido. García Venero, más
honrado en este aspecto que muchos otros historiadores falangistas, hace referencia a esas matanzas, aunque
tal reconocimiento tenga como finalidad exaltar las virtudes justicieras de la Falange e inocentar a Hedilla de toda
complicidad en aquellos crímenes.

García Venero al exponer las matanzas de republicanos en la zona de Franco, adopta diversas posiciones
extremadamente discutibles. En primer lugar, al igual que el comité internacional de No Intervención, atribuye el
mismo valor legal a las leyes del gobierno de la república que a los bandos de los generales rebeldes. García
Venero amplía incluso este punto de vista. Dice que durante la guerra civil existía una considerable « quinta
columna » republicana detrás de las líneas rebeldes. Critica la censura militar que prohibía la publicación de
noticias sobre la actividad republicana en la retaguardia rebelde durante la guerra, y a continuación justifica gran
parte de las matanzas llevadas a cabo en la zona de Franco considerándolas como un mero y drástico castigo de
dichos actos paramilitares. Argumento que resulta insuficiente para explicar los innumerables crímenes cometidos
en la zona nacionalista y de los que fueron víctimas numerosísimas personas cuyo único delito había sido
pertenecer antes de la guerra a una logia masónica o haber votado por el Frente Popular.

Este argumento tampoco tiene en cuenta el imperativo de carácter militar de efectuar una limpieza de
retaguardia. En cada pueblo que el ejército de África conquistaba en su camino hacia Madrid, fueron practicadas
matanzas con el sólo objeto de obtener una retaguardia asegurada. Un pequeño ejército invasor avanzaba en
terreno hostil. Como el ejército debía seguir avanzando, encargaba la tarea de realizar la limpieza en su
vulnerable retaguardia a elementos no militares. Generalmente se trataba de escuadras de Falange, que
asesinaban sin medida alguna. Estos crímenes no eran provocados por ninguna actividad « quintacolumnista » de
las víctimas, sino por el hecho de que los oficiales temían la posibilidad de que se llevase a cabo una actividad
posterior de este tipo. El mismo fenómeno se produjo en Galicia, donde Hedilla desempeñó un papel
considerable. Las fuerzas armadas nacionalistas debían marchar hacia el Este, en dirección a Ribadeo y hacia

2 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

Asturias, y al Sur en dirección a Ponferrada y León. Las autoridades civiles, en su mayoría falangistas, se
hicieron cargo de la tarea de proseguir la depuración de la retaguardia, tarea innecesaria si los rebeldes hubiesen
tenido el apoyo popular que pretendían y han pretendido siempre tener.

Pero el argumento mayor de García Venero para eximir a la Falange de toda responsabilidad en este baño de
sangre, es el del súbito crecimiento de la Falange al comienzo de la guerra civil. Los crímenes falangistas, afirma,
fueron obra generalmente de los « camisas nuevas », espíritus impuros, todavía no formados en la significación
del estilo de la Falange. (1) Esto constituye un soberbio sofisma. Toda la literatura producida por la Falange
puede ser reducida a una definición : exaltación de la violencia. (2) La violencia es glorificada desde Ramiro
Ledesma a José Antonio Primo de Rivera. La personalidad de José Antonio Primo de Rivera poseía más de un
rasgo del chulo bajo su elegante barniz. Su frase sobre una « dialéctica de los puños y de las pistolas » es algo
poco noble en la boca de un español de su posición social. El falangista más formado, más adicto, la más « vieja
camisa » era aquel que adoptaba como moral el estilo de vida violento. Una curiosa justificación de la violencia del
nacionalsindicalismo se encuentra en un libro de Pedro Laín Entralgo. En su prefacio leemos : « He escrito cuanto
sigue como falangista y como católico, y con el evidente propósito de servir a la vez una y otra causa.» (3) Y más
lejos : « El nacionalsindicalismo, sin caer en derivaciones seudorreligiosas, sabe bien el valor cristiano de la
violencia justa, y exige una acción violenta al servicio de la justicia social y de la justicia nacional. Y, en más alto
término de la justicia cristiana ». (4) El autor pensaba, como muestra con el texto del libro, en la violencia al
servicio de la causa de la « Nueva Europa ». Ninguna autoridad católica se lo reprochó.

Pero quizá la razón más importante para explicar el prolongado silencio impuesto en España sobre este capítulo
de la historia española sea que su análisis revelaría la forma fría, brutal e inhumana como fueron cimentadas las
bases del poder político de Franco. El destino ayudó a Franco con la eliminación de Sanjurjo y Mola. Pero Franco
ayudó siempre implacablemente a su destino. « Permitió » que su amigo y protector Gil Robles fuese expulsado
al exilio. « Permitió » que el dirigente carlista Fal Conde fuese desterrado, pero solamente después de haber
estudiado concienzudamente la posibilidad de fusilarlo. Hizo condenar a muerte a Hedilla. Y sobre la desaparición
de Hedilla construyó Franco su poder político. Sin embargo, al mismo tiempo que su violencia se ejercía sobre Fal
Conde y Hedilla, Franciso Franco contraía ante la historia una deuda enorme, política y moral, hacia tales
hombres. García Venero descubre algunos elementos de este aspecto del carácter de Franco, despiadado
constructor de su poder absoluto, pero no ha considerado necesario u oportuno terminar el retrato del principal
beneficiario individual de la guerra civil española.

Las relaciones de Manuel Hedilla con el general Franco son una pieza importante de la historia de España.
Manuel Hedilla ocupa un lugar destacado -ignorado hoy- en la historia de España, porque fue el dirigente oficial y
efectivo de FE de las JONS durante su periodo más importante, en el momento en que un crecimiento
extraordinario de sus organizaciones hizo de ella, en pocos meses de guerra civil, el poder político dominante en
el campo de los militares sublevados. La Falange había llegado a ser la cosa cuya apropiación era más codiciada
en el campo rebelde. La lucha para apropiarse de ella constituyó el acontecimiento político interno más
importante de la zona rebelde en el curso de la guerra civil. Lucha entre clanes falangistas dentro del movimiento;
lucha entre estos clanes y el cuartel general militar para asegurarse el control de la Falange. Franco ganó en
estas luchas y sobre tal victoria afianzó políticamente su poder militar creciente.

La importancia histórica de Manuel Hedilla se funda en la circunstancia de estar íntimamente ligados los últimos
días de su carrera política con los comienzos del franquismo. Precisamente porque el libro de García Venero
aborda esta cuestión neurálgica su publicación es imposible actualmente en España. Diferenciándose en esto de
los libros publicados en la España de Franco sobre la historia de la Falange, el libro de García Venero plantea
algunos de los problemas fundamentales de esa época. Habla del desorden, la inmoralidad y la falta de unidad
política de la retaguardia rebelde, y del terror que allí existió. Descubre la pugna de la «corte » de los Franco
para apoderarse del aparato del Estado -en construcción todavía- y de la Falange. Testimonia de la fría crueldad
de Francisco Franco contra sus prisioneros, en el curso de la guerra y después de ella. Sobre estos puntos el
autor ofrece información inédita.

Hay que centrar, sin embargo, en sus límites exactos este carácter del libro. Cuando García Venero se refiere a
la violencia sumaria que se aplicaba en la zona de Franco, no condena a Falange, ni a su héroe, Hedilla. Al
describir el desorden, la ilegalidad imperante y la desorganización de las regiones españolas ocupadas por los
rebeldes, no condena a la Falange como causa de tal situación. Cuando García Venero se refiere a la injusticia
sufrida por Hedilla, tampoco condena a Franco. Se limita a condenar a los subordinados de Hedilla y a los
subordinados de Francisco Franco. Limitando la liquidación de Hedilla a simple asunto de familia, cita los nombres
de falangistas como Sancho Dávila, Rafael Garcerán, Agustín Aznar, José Moreno, Dionisio Ridruejo, Víctor de la
Serna, Raimundo Fernández Cuesta, Ernesto Giménez Caballero, Pilar Primo de Rivera, como responsables, o
beneficiarios de tal liquidación. Todos ellos (?) son « camisas viejas » que, al colaborar con FET y de las JONS,
de Franco, han traicionado la Falange original.

El libro viene a ser por ello un «règlement de comptes» entre clanes falangistas. García Venero acusa también a
varios tradicionalistas y a algunos militares y agentes de policía. Comparsas importantes, muy importantes en

3 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

ciertos casos, no fueron estos personajes los grandes responsables de la caída de Hedilla, fruto de una acción
cuidadosamente preparada por Francisco Franco, por Ramón Serrano Suñer, por Nicolás Franco... García
Venero no hace la guerra a la familia Franco, pese a los pocos miramientos que observa con quien ha ingresado
en ella por matrimonio, como Serrano Suñer. (5)

El libro de García Venero ha sido construido con una amplia serie de testimonios aportados por participantes en
grado diverso en la historia política de FE de las JONS y que todavía viven. Se trata, en general, de testimonios
subjetivos y amistosos, no de testimonios políticos. Pero contienen información que no ha sido publicada hasta
ahora. Podemos afirmar, sin embargo, que faltan testimonios esenciales para esclarecer el problema central del
libro. Falta el de Francisco Franco, el de su hermano Nicolás, el de su cuñado Serrano Suñer, el del hoy teniente
general Barroso, el del líder carlista conde de Rodezno. Testimonios difíciles de conseguir, pero que serían
esenciales para conocer la verdad. Existen otros testimonios, disponibles, que el autor no ha querido utilizar,
porque se oponían a su tesis. Por ejemplo, García Venero ignora descaradamente las cartas que contradicen su
tesis, incluidas en el folleto que ha circulado por España desde 1947, y que publica cartas escritas y recibidas por
Hedilla. Se ignora igualmente un testimonio esencial : el del oficial finlandés von Haartman, que contradice también
la tesis de García Venero. Rechaza desdeñosamente el folleto firmado por « Luis Pagés Guix », que es, sin
embargo un relato cercano a la verdad, y escrito durante la guerra misma, cuando nadie se atrevía a hablar del
incidente que constituye el nudo de la vida de Manuel Hedilla y por tanto del libro de García Venero. La ausencia
de unos testimonios, la ignorancia de otros, así como las lagunas que pone de manifiesto la crítica del conjunto
del libro de García Venero y especialmente la del testimonio del propio Hedilla, prueban que la verdad sobre el
excelente ejemplo de violencia falangista -la noche del 16 al 17 de abril de 1937- que constituye el núcleo esencial
del libro ha sido cuidadosamente ocultada, por una razón o por otra, por todos los interesados, incluidos Manuel
Hedilla y Maximiano García Venero.

Nos hallamos ante un material valioso para la historia, sin duda alguna, pero seguimos lejos de la historia en las
prolijas páginas del libro de García Venero, dictadas no por una voluntad de verdad histórica, sino para contribuir
a una guerrilla de antiguos banderizos en torno a un botín ignorado por los no iniciados. Pero la importancia del
botín -quizá pura y simplemente la verdad histórica- podemos apreciarla al considerar la larga pervivencia de esa
guerrilla.

La noche del 16-17 de abril de 1937 en Salamanca, diversos choques armados entre los seguidores de Hedilla y
los de los falangistas disidentes (Dávila, Aznar, Merino y Garcerán) dieron el pretexto a Francisco Franco y a
Serrano Suñer para intervenir y tomar la dirección de Falange. Manuel Hedilla, que durante poco más de un día
fue el jefe estatutario del grupo político más importante de la España rebelde, era borrado de la Historia. Tales
sucesos fueron desde entonces, y durante veintinueve años, relegados al misterio más impenetrable por el
régimen de Franco y, por cada uno de los protagonistas que se hallaban en condiciones de explicarlos.

En el interior de las fronteras españolas era fácil suprimir toda alusión a estos acontecimientos en nombre de la
seguridad militar. Fuera de España, esta supresión fue posible porque los corresponsales extranjeros que se
hallaban entonces en la zona nacionalista se interesaban más por la lucha en el frente que por una querella interna
de un grupo político escasamente conocido por ellos; pero incluso si ese interés hubiese existido, la censura
militar hubiera bastado para borrar sus efectos. Al cabo de cierto tiempo el valor como noticia de aquellos
sucesos desapareció, para pasar a formar parte de la historia, y el régimen de Franco nunca ha facilitado
tampoco la tarea de investigar la verdad de su historia.

En 1939, se dijo con firmeza a Bardèche y Brasillach, escritores favorables a Franco, que los detalles de esta
historia eran « tabú ». En 1947, el cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer, escribió tales falsedades sobre
estos acontecimientos, en los que tan directamente había participado, que es legitimo dudar seriamente de la
capacidad de su memoria. La parte esencial del relato de Serrano Suñer, aparte de su esfuerzo para
desacreditar a Hedilla con hechos cuya falsedad no podía ignorar, reside en la insinuación de que Hedilla actuaba
por inspiración de la embajada de la Alemania nazi. Esta insinuación, combinada con el velo del silencio oficial
arrojado sobre los acontecimientos del 16-17 de abril de 1937, ha desembocado con el paso del tiempo, y
gracias a la intervención de simpatizantes de Franco como Arnold Lunn, Peter Kemp y James Cleugh, en una
obra maestra de ficción según la cual Franco desempeñó el papel caballeresco de patriota español antinazi, cuyo
cargo, e incluso cuya vida, se veían amenazados por Hedilla y los nazis alemanes. Que Hedilla contaba con la
simpatía de la embajada alemana aparece ahora como cosa segura, pero nunca hasta el punto de suponer que
los alemanes lo apoyaron abiertamente contra Franco. Pero la versión que presenta a Franco como una víctima
potencial de los nazis no ha desagradado nunca al régimen franquista a partir de la derrota nazi. (6)

Los pocos libros aparecidos en España o fuera de España sobre los primeros meses de la guerra en la
retaguardia de Franco, saltan alegremente sobre los acontecimientos de abril de 1937 en Salamanca. Francisco
Bravo Martínez, que escribió en 1940, una Historia de Falange Española de las JONS, termina su relato en los
días inmediatamente anteriores al 18 de julio de 1936, pese a que el movimiento que indica su título prosiguió su
existencia hasta el 19 de abril de 1937. Ángel Alcázar de Velasco publicó en 1941 un libro cuyo tema está
íntimamente relacionado con los últimos días de Falange Española de las JONS, pero en él ofrece, al lado de un

4 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

máximo de opiniones personales, un mínimo de historia real. El tema de los últimos días de FE de las JONS era
un tema prohibido. Luis Moure-Mariño, en el libro Galicia en la guerra, a pesar del papel importantísimo de
Hedilla en Galicia, no dice ni una palabra sobre Hedilla. La interesante actuación de Hedilla al organizar el enlace
entre el ejército y Falange, que García Venero cuenta con detalle, es aludida muy raramente por los historiadores
franquistas. Montes Agudo, en su libro Vieja Guardia, escribe todo un capítulo sobre la Falange en Santander,
antes de la guerra, sin usar la palabra de Hedilla ni una sola vez, aunque Hedilla era el principal falangista de la
Montaña.

Después de la guerra, los historiadores contrarios al régimen de Franco también han tropezado con dificultades al
investigar lo que Manuel Hedilla hizo en Salamanca durante la noche del 16-17 de abril de 1937 y en la semana
siguiente. Arturo Barea contó en 1941 que se había permitido a Hedilla emigrar a Sudamérica, después de una
serie de aventuras rocambolescas en Salamanca. Emmet John Hughes, observador altamente favorecido,
escribió en 1945 que Hedilla había sido condenado a muerte después de un complot armado contra Franco (en el
cual los alemanes estaban más o menos implicados), y que, liberado en 1939, era entonces un « oscuro
descargador en el puerto de Mallorca... al que sus compañeros de trabajo consideraban un poco loco ». En
1948, Charles Foltz, que se hallaba en Salamanca la noche en cuestión, no pudo revelar exactamente lo que
había pasado, pero dijo que en 1948 Hedilla era un trabajador del puerto de Santander.

García Venero reintroduce Hedilla en la historia de España, dando ciertos retoques a su retrato. Es un amigo de
Manuel Hedilla, de la Montaña como él, que estaba en Salamanca en aquellos días decisivos y permaneció con
Hedilla la noche del 16-17 de abril de 1937. García Venero nos cuenta, con el consentimiento evidente de Hedilla,
que esa noche decisiva éste envió emisarios a que visitasen a los falangistas disidentes con la misión de hacer la
paz, misión que -por accidente- terminó con la muerte de dos falangistas. Hedilla es presentado como un
negociador, como un conciliador. Lo cual no corresponde con el carácter de Hedilla descrito por el propio García
Venero en la primera parte de su relato.

La verdad escueta es que en la noche de autos, Hedilla, siguiendo la tradición falangista, envió sus hombres
armados a cumplir una misión violenta que terminó trágicamente. Hedilla cometió un error político al provocar tal
escándalo en la cuasi capital que era Salamanca, error que Franco y Serrano Suñer estaban esperando y que
aprovecharon. García Venero, desgraciadamente, no ha querido contar toda la verdad de lo sucedido.

¿ Por qué oculta parte de la verdad quien como García Venero puede libremente decirla y pretende
reiteradamente haberla dicho por vez primera ? La finalidad de una investigación histórica no puede ser
contemporizar con los sentimientos o con los complejos psicológicos de quienes han cometido un gran crimen
político. A los falangistas les resulta difícil admitir que estaban equivocados, que causaron un gran daño a su
país, que todos los postulados de su movimiento no eran sino espejismos políticos. Sin este reconocimiento
previo le es imposible a un exfalangista escribir un libro honrado sobre la Falange y la guerra civil española.

En otro libro escrito por un antiguo falangista, públicamente arrepentido, Escrito en España de Dionisio Ridruejo,
se hace una condena más severa de la Falange que la que pueda ser hallada en el libro de García Venero. Pero
se trata de una condena general, filosófica, y no históricamente detallada. Ridruejo ha tenido el denuedo de
acusarse a sí mismo, o al menos de condenar algunos aspectos de su pasado político. No lo ha tenido para
acusar a sus compañeros de lucha, a sus amigos de siempre -Serrano Suñer, por ejemplo-, cosa evidentemente
más difícil que la autocondena e incluso prohibida por la moral de grupo. Ridruejo ha roto con la Falange - en
tanto que «ideología » - con elegancia. Pero así es. Se podría esperar una denuncia histórica más detallada y
más eficaz de un falangista verdaderamente arrepentido.

Hay también reticencias en el libro de García Venero. Pero son de otro tipo. García Venero no duda en acusar a
antiguos amigos falangistas, a veces sin piedad. Pero, al contrario de Ridruejo, García Venero no rompe con la
Falange, ni con elegancia, ni con brutalidad.

Estas reticencias nos ponen en presencia de un hecho de consecuencias profundas en la historiografía del
falangismo. La mayor parte de los libros de historia o de interpretación de la Falange están fundados en un
postulado falso. Por eso los libros sobre la Falange -incluso los mejor intencionados- son equívocos. El supuesto
previo que sirve de columna dorsal al libro de García Venero es que la Falange constituía una empresa heroica,
encarnaba una causa buena, tenia ante sí posibilidades políticas enormes en el área española, era depositaria de
una voluntad sincera de transformar España. Es decir que la Falange era un movimiento auténticamente
revolucionario. Postulado éste al que de manera natural sigue un corolario : todo aquel potencial acabó en un
estrepitoso fracaso a causa de ciertos hechos sobre los que se vuelve siempre nostálgicamente :
desencadenamiento prematuro de la guerra civil, muerte del fundador y jefe, desaparición de miembros de la
jerarquía, traición de otros, liquidación de Hedilla, y finalmente la gran traición al movimiento perpetrada por
Francisco Franco.

Analizados detenidamente tales hechos, si bien revisten una importancia cierta, nunca hubieran bastado para
desvirtuar completamente un movimiento tan excelentemente dotado como el que falangistas y exfalangistas

5 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

nostálgicos construyen idealmente y sitúan en un pasado que fue muy real y no se pareció a esa utopía.

Este complejo proceso psicológico podría ser reducido a un esquema simple: una Falange auténtica, plena de
posibilidades revolucionarias, vino a morir a manos de otra Falange, falsa, acomodaticia y contrarrevolucionaria.
Aceptar esto supone dejar vida al mito de una posible y frustrada revolución falangista en España, y por lo tanto
salvar moralmente la actuación concreta de la verdadera Falange y de sus militantes en la guerra civil española.
Los crímenes de los falangistas quedan reducidos a errores, a actos que no pueden ser condenables porque se
les ha despojado de su sentido original, y los victimarios pasan a ser víctimas de la defensa de una fe no sólo
pura sino humanamente valiosa. Pero tal esquema es falso.

No cabe duda que los factores a que se atribuye la decadencia o la desaparición de la Falange reputada
auténticamente revolucionaria tuvieron una influencia considerable sobre el porvenir de la Falange. Mermaron la
influencia relativa que, en el complejo de fuerzas políticas que la guerra civil aupó al poder, hubiera podido tener la
Falange. Sin aquellos hechos desfavorables es muy posible que Falange hubiera gozado de una mayor influencia.
Pero Falange no hubiera llegado a ser lo que no era desde su origen. No hubiera sido un movimiento
revolucionario. En el caso más favorable para ella. Falange hubiera llegado a ser el verdadero protagonista de la
contrarrevolución española, como fue el caso del movimiento fascista en Italia y del nacionalsocialismo en
Alemania. Aquellos hechos, con los que se ha pretendido justificar el fracaso, no tuvieron otra influencia que la de
reducir la Falange al papel de instrumento de la contrarrevolución.

Los hechos narrados, con verdadera fruición a veces, hacen aparecer a Hedilla, en la primera parte del libro de
García Venero, como un matón de pueblo que se sirve de su fuerza física para obligar a sus subordinados y
adversarios a beber purgantes. Sus patronos aprecian la disciplina de Hedilla, no su inteligencia. Es el
colaborador ideal, desde el punto de vista del patrón. No bebe, no fuma, no juega. Participante en un movimiento
que evidentemente consideraba como «revolucionario », aceptó sin protestar su expulsión del SAM, en 1934,
después de haber arriesgado la vida en defensa de los ideales y de los bienes de su propio patrón, en una acción
contrarrevolucionaria. Una aceptación del mismo tipo se deja ver nuevamente en la petición de « rehabilitación »
que dirige reiteradamente a Franco. García Venero asegura que Hedilla no ha tenido nunca una palabra de
reprobación contra Franco.

Tal reacción es casi inhumana. Más aún, cabe preguntar si se trata de la reacción de un ser inteligente. Al
alcanzar una posición más importante, Hedilla se tornará arrogante, estúpidamente arrogante. Será capaz de
decir a un general que él es más importante que los militares. (G. V., p. 212). Hizo esperar a Serrano Suñer en
una antesala, descortesía que debería pagar caro después (G. V., p. 338-339). Expulsó destempladamente de
su despacho a un diplomático alemán (G. V. , p. 323). Cuando López Bassa vino a discutir con él la oferta que
Franco le había hecho, Hedilla lo trató en contra de las reglas más elementales de la cortesía (G. V., p. 404).

Al rehusar el puesto que Franco le ofrecía, Manuel Hedilla demostró cierta firmeza de carácter. Demostró la
misma rectitud, la misma capacidad de resistencia, durante su largo periodo de tribulaciones en la cárcel. Sin
embargo, esa cruel experiencia no parece haber enseñado nada a Hedilla. Su fuerza de carácter y de voluntad no
van acompañadas por una capacidad de raciocinio político equivalente. Sería difícil encontrar otro ejemplo más
acabado de aniquilación política de un individuo que el que constituye Manuel Hedilla. La responsabilidad del
propio Hedilla en este sentido es importante.

La lectura del libro de García Venero produce la impresión de que Manuel Hedilla es capaz de decisión y de
acierto en las situaciones en que obra cumpliendo instrucciones precisas de su jefe, José Antonio Primo de
Rivera. Por ejemplo, en las semanas que precedieron la guerra civil, o en Galicia durante los primeros días de
guerra, a veces, incluso, en Salamanca; pero cuando la evolución de las circunstancias desembocaba en
situaciones no previstas por José Antonio Primo de Rivera, como fue el caso ante el imprevisto desarrollo
falangista o en el curso de la lucha por el control del Movimiento, Hedilla, sin una línea de conducta previamente
definida, no sabía qué hacer. Su reacción ante el golpe de Estado de Franco que constituyó el decreto de
unificación, fue titubeante, o completamente negativa, o pasiva, como lo ha sido su actuación desde abril de 1937
hasta nuestros días.

García Venero no muestra en Hedilla ningún remordimiento en relación con el papel que desempeñó en la
preparación del alzamiento y en la dirección de la guerra. No hay ninguna indicación en el libro de que el autor o el
protagonista piensen que éste haya cometido un solo error en su vida política de falangista. García Venero nos
presenta un retrato de Hedilla en que éste aparece con frecuencia como un candidato a la beatificación bien
colocado. Sin embargo, la piedad de Manuel Hedilla hacia las víctimas de la guerra civil española se halla
concentrada en la lástima que le inspira el tratamiento injusto a que fue sometido. Manuel Hedilla está lleno de
piedad hacia si mismo. Rasgo evidentemente negativo en un líder político.

La convicción de que Franco traicionó a Hedilla al decretar la unificación está implícita en el libro de García
Venero. Lo que García Venero no dice es si la negativa de Hedilla a aceptar el alto puesto que le ofrecía Franco
estaba basada en una profunda convicción política o simplemente en su orgullo herido - o en la inhibición de un

6 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

subalterno sin instrucciones precisas. La unificación de todas las energías -políticas, económicas, sociales y
territoriales- de la zona de Franco era una necesidad impuesta por la guerra. Constituía, incluso, uno de los
mandamientos de la fe falangista. García Venero y Hedilla tienen derecho a pensar que la unificación hubiera
debido ser efectuada según el Punto 27 del programa de la Falange. (7) Pero en este caso deben aceptar
plenamente las consecuencias de ello. Hedilla se hubiera visto alzado con ello al más elevado puesto político de la
zona rebelde.

Si se considerase solamente su fidelidad y su lealtad a la Falange de José Antonio Primo de Rivera, Hedilla
merecía su jefatura. Hedilla era el arquetipo del buen falangista (pese a que en ningún momento se diga nada de
los motivos intelectuales de su falangismo, como tampoco de los de García Venero). Cuando llegaron los
momentos peligrosos de la conspiración, Hedilla -abandonando su familia y su trabajo- se consagró enteramente
a trabajar para el movimiento, con mayor eficacia que cualquiera de los otros miembros del Consejo Nacional que
no estaban en la cárcel. Hedilla quizá fue más responsable que cualquier otro falangista del éxito de la rebelión
militar. Nos referimos a su actuación -en las semanas inmediatamente anteriores a la guerra- para lograr un
esfuerzo unificado de los conspiradores militares y los elementos locales de Falange, actuación que iba a producir
resultados efectivos en los primeros días de la rebelión. Su presencia en Galicia los primeros días de la guerra
tuvo especial influencia en el éxito militar. Más que cualquier otro jefe provincial o territorial mantuvo la cohesión
de Falange durante los primeros meses de la guerra, y proporcionó decenas de miles de combatientes a la causa
de Franco. Todo esto es relatado con admiración por García Venero.

Sin embargo, la lectura del libro de García Venero pone en evidencia que Hedilla no poseía ni la experiencia ni el
talento para ser el líder político de España. Pero si Hedilla no valía mucho, era lo mejor que la Falange podía
ofrecer. Es significativo que Hedilla haya sido elegido jefe de la Falange Española de las JONS el 18 de abril de
1937. No quedaba en la Falange gente con altura (8), y nunca había habido mucha en ella. No es esta la
conclusión a que quiere llegar García Venero, pero es una conclusión que el lector no podrá evitar. Mezquino,
presumido, traicionero, infiel, intrigante, son las calificaciones que García Venero atribuye a los colegas y rivales
de Hedilla. Esta pobreza de talentos políticos entre los españoles interesados en detener la revolución social
mediante la fórmula falangista es significativa. El fascismo no era un programa del gusto de los españoles.

El falangista no fue nunca una figura popular. Hedilla desapareció de la escena política española sin que nadie
protestara por su ausencia. La adoración de José Antonio Primo de Rivera, después de su muerte, fue un
fenómeno artificialmente estimulado y organizado por razones de Estado, sin raíces populares. El falangista, en
tanto que figura histórica, es ajeno al heroísmo. Aunque fabricáramos un falangista sintético, con la hermosa
cabeza de uno, el cerebro de otro, el corazón de un tercero, los brazos del más fuerte, y las piernas del más
veloz de los miembros del Consejo Nacional, aunque injertáramos todos esos atributos en el mismo cuerpo, no
habríamos hecho un héroe, ya que el falangista, a pesar de sus reivindicaciones retóricas cara al futuro, nunca
fue un hijo de este siglo, sino un pálido eco de un pasado muerto.

En el ejercicio de lo que suele ser llamado valor físico, el falangista no desempeñó nunca un papel noble. Antes
de la guerra, salía a la calle a matar obreros. Durante la guerra, en el frente, su papel estuvo muy por debajo del
de los moros, los legionarios, las fuerzas aéreas alemanas o de la infantería italiana. Las banderas falangistas
estaban formadas, en gran parte, de reclutas forzosos, raramente de « camisas viejas », de falangistas
convencidos. La Falange vendió carne de cañón a Franco. García Venero nos dice que en diciembre de 1936 en
general Millán Astray, en nombre de Franco, pidió 15 000 hombres a la Falange, y nos deja con la impresión de
que Hedilla satisfizo la demanda (G.V., p. 295). En general, el falangista era el hombre que llevaba a cabo la
limpieza de la retaguardia, matando al enemigo político sin defensa, y alimentarse de carroña no ha sido nunca
tarea heroica, ni siquiera en la sociedad de los animales. (9)

García Venero no parece darse cuenta de que Hedilla no es un héroe, ni tampoco de que el movimiento de
Falange Española y de las JONS no tuvo nunca un carácter heroico. Al contrario, su tesis tiene como supuesto
básico el carácter transcendentemente heroico de la Falange y del protagonista de su libro.

El problema con el que se enfrenta García Venero -y también Hedilla, que sin duda ha colaborado en este libro-
consiste en defender a Hedilla sin atacar al Alzamiento, pese a la responsabilidad directa del propio Hedilla en el
levantamiento militar contra la república y en la guerra civil. Este problema no tiene solución. Hedilla no puede ser
defendido sin atacar a Franco. Y atacar a Franco significa atacar también a Hedilla, que comparte con Franco la
responsabilidad de la situación de ilegalidad que reinaba en Salamanca en abril de 1937. Hedilla terminó por ser
víctima de tal estado de cosas, pero ¿ cuántas víctimas hubo antes que Hedilla? ¿Y cuántas después? Hedilla fue
uno de los autores de aquel estado de desorden e ilegalidad. Por tanto, ¿ en qué puede basar su demanda de
rehabilitación ? ¿ Qué ley fue violada por Franco al encarcelar a Hedilla ? ¿ Una ley de la república ? Al contribuir
a la victoria de la rebelión militar, Hedilla contribuía a crear una situación en la que no habría más ley que el
arbitrio de Franco.

García Venero está incapacitado psicológicamente para comprender la significación del Alzamiento, de la
Falange, del régimen de Franco. Intenta desesperadamente encontrar algo que sea noble en lo que fue

7 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

esencialmente una empresa criminal si se la considera moralmente, ininteligente si se la considera políticamente.


Se trata de una reacción natural en aquellos españoles de su generación que creyeron realmente en lo que
afirmaba José Antonio Primo de Rivera. Manuel Hedilla creía realmente en el valor de la doctrina falangista, y
García Venero nos asegura que, en lo que respecta a sí mismo, aún sigue creyendo en ella. Nos dice que esta
contribución literaria « está cimentada en la solidaridad con la decisión de José Antonio Primo de Rivera de alzar
la bandera, lanzándose a las falanges nacionalsindicalistas para rescatar a España del comunismo e implantar la
más amplia justicia social. Creemos que Manuel Hedilla prosiguió la obra de José Antonio » (G. V., p. 472).

Podemos, pues, preguntarnos si García Venero ha comprendido el movimiento que defiende con tanta energía.
No ofrece definición alguna de falangismo, aunque pretenda que se puede ser falangista sin ser pronazi o
profascista (G. V., p. 462).

Dionisio Ridruejo ha definido así el movimiento falangista : « Sumaria pero justamente, un historiador tendrá que
definir al falangismo como una de las variantes o réplicas del fenómeno fascista imperante en otros pueblos de
Europa y definible por su triple significación : como reacción defensiva de las clases medias frente al peligro y
sugestión de la Revolución Soviética : como movimiento de reivindicación de ciertos pueblos despojados, vencidos
o llegados tardíamente al reparto del poder ejercido por Europa sobre la mayor parte del mundo, y como
tentativa para producir una síntesis violenta que acomodase la defensa de ciertos valores tradicionales y ciertas
exigencias burguesas de vida al estilo colectivo o proletario de los nuevos tiempos. Directivas a las que habría
que añadir una más bien estética que hundía sus raíces en el vitalismo nietzcheano, tardíamente corriente como
tónico para combatir la depresión de la primera postguerra europea y que desencadenaba entre los jóvenes una
especie de neorromanticismo (10), con la preferencia del vivir habitual y racionalizado, del acto heroico sobre la
ley inteligente y de la compañía de soldados o la parada de masas sobre la asamblea de jurisperitos o el comicio
electoral. El cultivo retórico de esta embriaguez del estilo permitiría luego llamar revolución a una operación de
policía y, lo que es más grave, vivirla espiritualmente como si lo fuera. » [Escrito en España, p. 79].

Aunque Ridruejo demuestre ser intelectualmente honrado al asimilar el movimiento falangista a los restantes
movimientos fascistas europeos, al negar todo heroismo a la actividad falangista, el resto de su definición nos
parece oscuro, o al menos incompleto y confuso. Su pensamiento puede resumirse en la afirmación de que el
falangismo era : 1) una defensa de la clase media contra el comunismo; 2) reclamaciones imperialistas, y 3) uso
de la violencia en defensa de los valores burgueses y tradicionales. Hay algo de verdad en cada una de estas
afirmaciones, pero no abarcan totalmente el fenómeno falangista.

Desde el fin de la segunda guerra mundial, los falangistas no han formulado muchas definiciones del falangismo.
Serrano Suñer se ha esforzado en ello sin éxito, porque no quiso decir toda la verdad en 1947, o porque no
comprendió la doctrina del Movimiento. Para él, el fascismo, en sus manifestaciones nacionales diversas, era
simplemente una fórmula contra el comunismo.

« El parentesco del régimen que un día deseamos instaurar en España con los caídos regímenes alemán e
italiano, como al menos ilustrado puede serle notorio, no era un parentesco doctrinal. Tendría con aquéllos una
cierta semejanza externa y formal. Pero no más... Las diferencias entre aquellos movimientos y el nuestro son
esenciales en el orden doctrinal; la semejanza estuvo sólo en esto : Tanto el fascismo como el nazismo nacieron
históricamente como fórmulas de oposición al comunismo y como remedios, frente a la incapacidad de unas
democracias fracasadas o inermes, ante el asalto comunista. » [Entre Hendaya y Gibraltar, p. 365]

Serrano Suñer negó totalmente la política de violencia, tan básica a la doctrina de la Falange :

« La Falange fue ante todo un movimiento intelectual, obra de intelectuales, bajo la jefatura de un intelectual. Y
como tal fue primero que nada un movimiento crítico. No fue un movimiento de reacción -ni primeramente de
acción- y por lo tanto no se desplazó a ningún extremo contrario a lo existente. Fue un movimiento de reflexión,
analítico y, en el sentido que voy a explicar, conciliador : Empezó por pasar revista a las « grandes herencias
ideológicas », liberalismo, democracia y socialismo; y por haber llegado muy tarde a la palestra incluso pudo
también pasar revista crítica al fascismo, a los nacientes movimientos totalitarios. Sólo cuando la amenaza
comunista fue inminente le arrebató su serenidad y le convirtió -apresuradamente- en movimiento activo y reactivo
y tomó de otros movimientos, luchadores contra el comunismo en circunstancias semejantes, experiencias y
técnica. » [Ibid., p. 366-367]

Serrano Suñer aseguraba en 1947 que no fue « falangista de la primera hora », pero en 1941, sus colaboradores
Antonio Tovar, Dionisio Ridruejo y Ángel Alcázar de Velasco trataron de dar una impresión opuesta al público
español [Véase A. Alcazar de Velasco, Serrano Suñer en la Falange]. Dijo la verdad en 1947 y quizás esta
tardanza en entrar en los rangos del Movimiento explica su poco conocimiento del dogma. De todos modos,
cuando él era secretario general del Movimiento y Ministro de Asuntos Exteriores de España, el ministro en sus
discusiones con sus colegas alemán e italiano, no exigiría ningún territorio comunista, sino dominios de ingleses y
de franceses. (Véase más adelante).

8 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

Vamos a tratar de explicar el fenómeno de otra manera.

El fascismo es una fórmula política europea que se desarrolló rápidamente después del final de la primera guerra
mundial. Esa fórmula pretendía ofrecer a los Estados europeos de segundo orden (es decir, a los incluidos dentro
de las coordenadas del sistema capitalista pero no disponiendo del capital suficiente para su desarrollo, y que se
hallaban amenazados por competidores provistos de abundantes capitales de inversión, y debilitados también por
las exigencias cada vez mayores de una población descontenta y hambrienta que se dirigía rápidamente hacia la
izquierda), un método mediante el cual las energías de la revolución social podían ser canalizadas hacia una
aventura imperialista en que el precio de las reformas sociales necesarias para el país serian pagadas por el
vencido en la lucha de conquista.

Esta fórmula permitiría un progreso social para las masas descontentas, pero no a expensas de las clases
poseedoras del país, sino a expensas de los competidores en la arena capitalista internacional, y de las masas
de esos países. La gran novedad que presentaba el fascismo consistía en la utilización de los modernos métodos
psicológicos y técnicos en el dominio de la movilización de masas y de la organización social. Las técnicas
utilizadas por uno u otro movimiento fascista podían variar, y variaron de hecho, de un país a otro; podían fluctuar,
y fluctuaron, dentro de un mismo país, de un periodo a otro. Sin embargo, el objetivo esencial de cada
movimiento fascista permaneció invariable : el imperio.

El falangismo español es simplemente la versión española del fascismo. El fascismo no fue un movimiento
revolucionario, sino un movimiento contrarrevolucionario. Su finalidad profunda no consistía en hacer progresar la
revolución social, sino en traicionarla. El fenómeno fascista no constituye una ideología, sino una improvisación
circunstancial, perfectamente limitada en el tiempo histórico. Nació tras la primera guerra mundial y comenzó a
morir durante la segunda. Podría haber resucitado después si la estructura del poder en el mundo no hubiese
cambiado radicalmente y si otra idea más fuerte -provocada precisamente por el fascismo- el anticolonialismo, no
hubiera hecho tan rápidos progresos en los últimos decenios. Su última manifestación tuvo lugar en Argelia
cuando ciertos elementos franceses de Argelia trataron de apoderarse del Estado francés para reconquistar el
imperio.

La dificultad experimentada para dar una definición del fenómeno por cuantos han escrito sobre el fascismo hasta
nuestros días está quizás en que los investigadores buscan un sistema de pensamiento universal, una ideología
permanente y de envergadura, allí donde no existía más que un subterfugio político efímero y primitivo, una
táctica fabricada para un segundo de historia y no una gran estrategia capaz de organizar el mundo durante mil
años. (11)

El fascismo no tuvo más programa económico que el saqueo de sus vecinos. El secreto del fascismo era la
organización del ataque : la fórmula que permitió a los jefes del movimiento ganar el apoyo de un lado, de la clase
poseedora con la promesa de liberarla, sin gastos, de la pesadilla de la revolución social; y de otro lado, el apoyo
de las masas con la promesa de una vida mejor. La vida mejor para todos -la clase poseedora, las masas y los
miembros del movimiento fascista que controlaban la patente de la fórmula- se hallaba en la ilusión de las
riquezas de un imperio por conquistar. Ilusión difícil de inculcar a los habitantes de una nación con el imperio ya
conquistado; y por ello las tentativas para fundar movimientos fascistas en Inglaterra, Francia, Holanda y Bélgica
encontraban poco éxito.

Giménez Caballero, que comprendió la verdadera naturaleza del fascismo, y que, por ser esencialmente un
escritor y no un político, sintió la necesidad de confesar públicamente esa comprensión, declaró en 1938 :

« La consigna de « Imperio » lanzada... en los momentos más antiimperiales de España -los de la República
social-demócrata del 14 de abril- pareció entonces una locura o un desvarío de poeta. Pero nosotros los poetas
somos, a fin de cuentas, los hombres más prudentes y sensatos de un pueblo. Ignoraban aquellos social-
demócratas que el « Imperio » era la única fórmula capaz de superarles su lucha de clases. No ahora, con los
llamados regímenes totalitarios, sino desde que el mundo es mundo.

« Nosotros -los imperiales- no ignoramos en cambio que la lucha de clases es una realidad eterna en la Historia.
Porque siempre ha habido débiles y poderosos, feos y guapos, tontos e inteligentes, cobardes y valientes. Y
siempre existirá la lucha y el odio, del miserable, del feo, del tonto y del cobarde contra el pudiente, el apuesto, el
capaz y el hombre bravo.

« Sólo ha existido en el mundo un sistema eficaz para superar ese encono eterno de clases ; y es : trasladar esa
lucha social a un plano distinto. Trasladarla del plano nacional al internacional. El pobre y el rico de una nación
sólo se ponen de acuerdo cuando ambos se deciden a atacar a otros pueblos o tierras donde pueden existir
riquezas o poderíos para todos los atacantes. El sentimiento de igualdad social que origina toda lucha de clases
sólo se supera, llevando esa igualdad en el ataque a otros países que son desiguales a nosotros. Esa expansión
de pobres y ricos de un país, contra otras tierras, es lo que constituye la motivación íntima del Imperio.

9 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

« No hay donde elegir : o se es comunista en el mundo o se es imperial.

« España sólo terminó sus luchas sociales del siglo XV con la expansión imperial hacia África, América y Europa.
(Nuestra unidad nacional fue imposible mientras no encontró horizontes expansivos.)

« La Italia de Mussolini sólo fajó su unidad interna en vista de la intervención imperial en África y ante Inglaterra. Y
así la Alemania de Hitler. Y el Japón actual. Y los propios Estados Unidos. Y el inglés de la Reina Victoria. Y el
francés de Napoleón, tras la Revolución francesa. Por eso es tan imprescindible para un pueblo que acepta la
consigna de « Imperio » mantener una moral militar y escapar de todo peligro obrerista, jurídico, civilista,
pacifista. » [Genio de España, 1938, nota p. 276]

En su excelente análisis del falangismo, Guillermo Díaz afirma: « Trata la Falange de transferir la lucha de clases
del plano social, al internacional, empleando incluso, la terminología marxista : naciones burguesas y
plutocráticas, naciones pobres y proletarias. De un tiro, se aspira a matar dos pájaros : se adormece el espíritu
revolucionario, de lucha, del proletariado, en el interior y, al propio tiempo, se sirve el interés nacionalista,
preparando el terreno para las empresas imperialistas. » [Guillermo Díaz Doin, Como llegó la Falange al poder.
Buenos Aires, 1940, p. 150].

La diferencia entre esta definición de fascismo y falangismo y la de Ridruejo reside principalmente en la negativa
de éste a ver la Falange como una maniobra más para detener la revolución social. (12) Cuando Ridruejo habla
de una «reacción defensiva de las clases medias frente al peligro y sugestión de la Revolución Soviética », está
adoptando la tesis de la « amenaza comunista». No ve que si la revolución rusa no hubiese tenido lugar, los
mismos intereses españoles habrían resistido a los cambios sociales con la misma violencia, como lo habían ya
hecho durante siglo y medio.

Cuando se lucha contra los cambios sociales, es más eficaz decir que se está luchando contra el « comunismo »
que contra los « cambios sociales »; lo fue durante la guerra civil española y, como demuestra lo escrito por
Ridruejo, lo es también hoy. La primera expresión atrae más partidarios.

Podemos todavía encontrar otra diferencia en el hecho de que Ridruejo no da al ímpetu imperialista la importancia
que se le atribuye en la definición de Giménez Caballero; para Ridruejo, es solamente una parte de la « triple
significación ». Justifica además la violencia falangista por ser ejercida en defensa de « ciertos valores
tradicionales y ciertas exigencias burguesas de vida ». Esto es una manera literaria de decir que ciertos sectores
de la sociedad española se negaban a cambiar su « modo de vida », cambio ya retrasado más de un siglo. En el
mundo en que vivimos, este fenómeno surge con frecuencia cada vez mayor. Los blancos del Sur de Estados
Unidos no quieren cambiar su modo de vida; los colonos franceses de Argelia no querían cambiar su modo de
vida. Pero en el mundo no hubo nunca progreso social sin cambios de « modo de vida ». Cuando tal cambio llega
a ser urgente, como lo era en la España de 1936 y cuando es frustrado violentamente, todo el país paga el
retraso impuesto a un cambio históricamente ineluctable. En todos estos casos, como en la España de 1936, los
« valores tradicionales y ciertas exigencias de la vida burguesa », aunque no cotizados en la Bolsa, tienen una
equivalencia en oro y plata.

Existe, por tanto, una enorme diferencia entre las dos definiciones.

En 1930, España se hallaba en la peligrosa frontera que separa el socialismo del capitalismo. España era un
miembro de segundo orden, y recién llegado sobre todo, del mundo capitalista moderno. España disponía de
poco capital de inversión. Y mientras Inglaterra, Estados Unidos de América, Francia, Bélgica y Holanda
disponían de un excedente de capitales para invertirlos en el extranjero -incluso en España-, España carecía de
capitales -y de voluntad en quienes poseían capitales- para promover su propio desarrollo. Los imperios más
ricos colonizaron a España con el excedente de su riqueza. Los teléfonos, los tranvías, las minas, las empresas
hidroeléctricas, pertenecían a capitales extranjeros. La índole colonial de la economía española no permitía que
se formara en España una clase conservadora suficientemente numerosa para defender un statu quo. Pocos eran
los españoles que tenían un interés económico en mantener las cosas como estaban.

El movimiento fascista -el falangismo- persiguió en España tres objetivos sucesivos. El fin inmediato era la
organización del movimiento fascista; el fin cercano, la conquista del Estado; el fin alejado, la conquista del
imperio territorial. Alcanzar cada uno de esos fines no era empresa fácil. Al contrario de lo sucedido en otros
países fascistas, como Italia y Alemania, en España la organización del movimiento sólo tuvo lugar, de manera
eficaz, en el curso de una guerra civil.

En sí misma, la organización del movimiento era poca cosa. Lo importante era apoderarse del Estado. La
conquista del Estado, sin embargo, no representa sino el primer paso en el camino ineluctable que debe recorrer
el movimiento fascista. No obstante, desde el momento en que el Estado cae en sus manos, el movimiento
dispone de la plataforma desde la cual emprender la realización de su objetivo principal, de su sola razón de

10 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

existir, de su destino : la conquista del imperio.

El desarrollo del movimiento fascista puede ser reducido en España -y en cualquier otro lugar del mundo- a una
fórmula. (Véase comentario anterior.)

Para llevar a cabo la campaña que culminaría en la conquista del Estado, los movimientos fascistas españoles
preveían el empleo de tres armas : la violencia y la acción directa, la propaganda nacionalista, y las juventudes.
(13) Dichas armas debían imponer a España una unificación total : El Estado unificado había de ser
territorialmente centralizado, políticamente monolítico y social y económicamente jerárquico y sindicalista.

El fascista español de 1936 típico fue un joven, quizás abogado o médico de provincias, raramente obrero, que
vociferaba propaganda ultranacionalista, que estaba dispuesto a recurrir a la violencia para impedir la revolución
social, y que imaginaba que su patria había sido incapaz de cualquier progreso a causa de la desunión, territorial,
política, socialeconómica, que hacía imposible alcanzar fines nacionales.

España era un país desunido territorialmente, en primer lugar a causa de la guerra sorda entre Castilla, madre
del primer imperio, y las regiones periféricas de la península. Desde hacía varios siglos, Portugal se había
independizado de Castilla para venderse a Inglaterra. Cataluña y Vasconia que en la década de 1830 habían
perdido sus fueros particularistas, en la época que nos ocupa, poseían movimientos vigorosos que luchaban por
sus derechos regionales y que reivindicaban desde la completa autonomía respecto a Castilla hasta la
constitución de una federación de toda la península. Durante los cincos años de república, los movimientos que
abogaban por la autonomía regional se extendieron y, en 1936, en vísperas de la rebelión militar, habían
alcanzado regiones centrales de la península como León. El fascismo luchó contra la descentralización de España
y por un poder rígido en manos de un gobierno central en Madrid.

España era un país desunido políticamente. Los fascistas españoles exigían que se pusiera término a todas las
luchas políticas. Trataron de obtener la abolición del sistema de partidos, de las elecciones y del concepto mismo
de izquierda y derecha en el parlamento. Un solo partido representaría no a una facción sino a un todo; no sería
un partido, sino un movimiento. (13bis) Y por ello, los fascistas españoles se opusieron a todos los partidos que
ocupaban la escena política española durante la república. A los monárquicos que sostenían los derechos de
Alfonso XIII; a los tradicionalistas que sostenían la causa de Alfonso Carlos; a los clericales que integraban la
CEDA; a los radicales que habían dejado de ser radicales; a los republicanos de izquierda, a los socialistas, a los
anarcosindicalistas y a los comunistas. Los fascistas españoles fueron enemigos de todos ellos.

España estaba desunida, también, social y económicamente. Existía lucha de clases. Los fascistas españoles
lucharon contra las ideologías marxistas y de izquierda porque éstas no eran nacionalistas; y lucharon, también,
contra el capitalismo español porque era internacional y no español cien por cien. (14) Los fascistas españoles
trataron, pues, de crear sindicatos de carácter nacional; trataron de convencer al trabajador español de que tenía
más afinidades con el patrón español que con el trabajador extranjero. Los fascistas españoles también
pretendieron eliminar los intereses extranjeros en el capitalismo español. El obrero y el patrón serían
representados por un sindicato nacional y vertical. El fascismo español pretendió eliminar la lucha de clases con
la creación de una disciplina nacional.

En esta concepción de la vida económica del país, los intereses del obrero y del patrono fueron subordinados a
otros : los del Estado totalitario. Pero en compensación de esta subordinación, el Estado totalitario iba a ofrecer
al obrero y al patrono una participación en la explotación del imperio.

Las armas que los fascistas españoles utilizaron, fueron también utilizadas por otros movimientos políticos
españoles; sin embargo, ningún otro recurrió a ellas con miras a canalizar hacia la expansión territorial de España
las energías que exigían la revolución social. Lo que determina el carácter fascista del movimiento no son las
armas utilizadas sino el fin con que tales armas fueron empleadas.

El fascismo español nació -más o menos oficialmente- una noche de febrero de 1931, cuando once jóvenes
españoles firmaron un manifiesto político titulado La conquista del Estado. Las dos firmas más importantes eran
las de Ramiro Ledesma Ramos y de Ernesto Giménez Caballero. Tras el manifiesto, se organizó un grupo político
y se creó una revista que recibieron ambos el título del manifiesto. Este movimiento murió en octubre de 1931.

En junio de 1931, un antiguo discípulo de los jesuitas, todavía joven, Onésimo Redondo, formó en Valladolid un
grupo que, con el nombre de Junta Castellana de Actuación Hispánica, empezó a publicar una hojilla titulada
Libertad. Este grupo tampoco duró mucho, En octubre de 1931, se crearon las Juntas de Ofensiva Nacional-
Sindicalista (JONS) (15), fundadas por Ledesma y a las cuales se incorporó Redondo. Poco tiempo después,
José Antonio Primo de Rivera, hijo del antiguo dictador, empezó a inclinarse hacia el fascismo y, a finales de
1933, organizó un grupo llamado Falange Española (cuya sigla podía significar también Fascismo Español o,
simplemente, FE).

11 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

En febrero de 1934, las JONS y la Falange unieron sus fuerzas y se convirtieron en Falange Española de las
JONS; en aquel mismo año, José Antonio Primo de Rivera encabezó al movimiento falangista que encarnaba el
espíritu fascista en España, y Ledesma Ramos lo abandonó unas semanas más tarde.

La economía española prosperó durante la primera guerra mundial. Pero este progreso había sido
excesivamente superficial para permitirle resistir a la depresión de la paz y a la crisis de 1929, y de los años
siguientes. Aquella época fue especialmente difícil para los países capitalistas de segunda categoría como
España. El mismo Hedilla fue víctima de tal situación.

En 1931 fue proclamada la república y con ello aumentaron las reivindicaciones de los obreros y de los
campesinos para obtener una mayor proporción de la riqueza nacional. En los imperios más prósperos de
Occidente, incluso, no se disponía de los fondos suficientes para apaciguar el descontento de las victimas del
paro. En España, donde no existía nada para tales fines, el descontento se exacerbó.

¿Cuáles eran las soluciones posibles ?

Existían las soluciones tradicionalmente propuestas por la izquierda (anarcosindicalismo, socialismo y


comunismo), cuya influencia aumentó en España con la proclamación de la república y en el contexto de la gran
crisis económica mundial.

Pero las soluciones económicas ofrecidas por la izquierda no parecían ser el único camino que España podía
adoptar para suprimir las injusticias. Muchos jóvenes españoles empezaron a mirar hacia Italia y hacia Alemania,
donde, les decían, se había hallado una nueva fórmula de revolución social. La única explicación que poseemos
sobre la postura política adoptada por Manuel Hedilla es la que revela la entrevista con él que publicó Víctor de la
Serna : « Pues yo me decidí a ingresar en Falange cuando leí los discursos del 29 de octubre. Yo ya venía
pensando en un movimiento nacional social semejante al de Italia y Alemania. » [El pueblo gallego, 19 de enero
de 1937]

Esto no quiere decir que el movimiento español fuera simple imitación de los otros; pero quiere sí decir que
España se enfrentaba con unos problemas semejantes a los de Italia y Alemania; que ciertas clases sociales
españolas pensaban que Mussolini, primero, y entonces Hitler, habían hallado la manera definitiva de contener la
revolución social; y que adaptaron a las peculiaridades de España la fórmula aplicada por aquéllos.

La Falange se hallaba integrada, en líneas generales, por jóvenes de espíritu conservador, que consideraban su
situación económica excesivamente limitada, y que no veían horizonte de mejora si no se producía un cambio
profundo en España. Con frecuencia, eran lo que en el país se llama « señoritos ». (16) Manuel Hedilla no era un
señorito, y no era un falangista típico. (A veces el lector del libro de García Venero concluirá que, quizás, Hedilla
era él único falangista que creía realmente en la fraseología del movimiento.)

García Venero nos ofrece material para estudiar la composición provincial de la Falange en los meses de
preguerra. Su condición burguesa es patente. Díaz Nereo era abogado (G.V., p. 54). Joaquín Miranda dirigía una
fábrica de su familia (G.V., p. 112). Muchos dirigentes eran oficiales retirados. Groizard (G. V., p. 50), Merino,
Muro (G. V., p. 134, 182), Márquez, González Vélez (G. V., p. 177) eran médicos, como lo era Aznar (G. V., p.
133); todos estos médicos practicaron la violencia falangista, y Groizard y Aznar eran matones confesados. «
Laporta pertenecía a la mesocracia mercantil. » (G. V., p. 370.) Según Claude Couffon, los falangistas en
Granada de antes de la guerra civil fueron « reclutados entre los hijos de los comerciantes de la ciudad. » (A
Grenade sur les pas de García Lorca, p. 77.) Entre los dirigentes falangistas Hedilla era el único obrero
verdadero, si consideramos a Mateo y a Gutiérrez Palma como sindicalistas profesionales. García Venero nos
informa que los falangistas de San Sebastián ejercieron « profesiones liberales en su mayoría. » (p. 124).

Estos hombres de la clase media, tan pobres a veces como los trabajadores, nunca se identificaron con los
trabajadores ni asumieron los intereses de los trabajadores. Si no poseían grandes fortunas que defender contra
la revolución social, sí tenían una posición de clase que preservar. Buscaban una fórmula que preservase la clase
media española, mediante la ampliación de la misma.

Otra circunstancia debe ser tenida en cuenta. En la limitada vida social provincial, la Falange representaba la gran
aventura. Uniforme, armas, secretos, autoridad que rompieran la monotonía de su vida. García Venero recuerda
con placer los días en que llevaba a diario su pistola de 9 mm (G. V., p. 367). La conversación del grupo
encabezado por Alonso Goya al salir de la casa de Hedilla en la noche del 16-17 de abril tiene el acento de las
conspiraciones de adolescentes :

« ¿ Adonde vamos ?

« Eso no debe preguntarse. Pero como vas a ser el jefe de éstos... » (G. V., p. 179).

12 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

Aunque los modelos humanos inmediatos para los falangistas de la « Primera Línea » parecían ser los «
squadristi » fascistas y las legiones de camisas pardas, sus modelos subconscientes habría que buscarlos en los
miembros de la clase gobernante de Inglaterra y de Francia, o en el deformado concepto que de ellos se hacían.
Soñaban en una nación española fuerte, con un imperio rico, en un mundo capitalista. No anhelaban la abolición
de las clases sociales, sino una sociedad jerarquizada en un país rico y poderoso, en un imperio en que hubiera
algo para cada uno y, para ellos, los puestos de mando.

En su defensa de José Antonio Primo de Rivera (17), Payne dice que aquél « tenía que reprimir sus sentimientos
anglófilos y era un gran admirador de Kipling» [Falange, París, p. 37}, y que el jefe falangista « admiraba al
mundo anglosajón y particularmente el imperio británico».[Ibid., p. 67] Payne aduce estos hechos para probar los
buenos sentimientos de José Antonio Primo de Rivera, para demostrar que « no era un fanático nacionalista »,
que no era un imperialista. Pero aquellos hechos prueban lo contrario. José Antonio Primo de Rivera envidiaba al
imperialista inglés.

Los falangistas -como todos los fascistas- se equivocaban al creer que los imperios de Inglaterra y Francia no se
enfrentaban con problemas económicos y, por consiguiente, los falangistas abrigaban la esperanza cándida de
que el Imperio falangista acabaría en un cuento de hadas.

En el periodo que va de 1931 a 1936, la derecha y la izquierda españolas se vieron gradualmente obligadas a
adoptar una posición ante la nueva fuerza política que era el fascismo y, de este modo, el escenario político
español vino a ser triangular como ya lo era el escenario político europeo. Los representantes políticos de la
derecha española no acogieron con entusiasmo al nuevo movimiento. Las derechas españolas se hubieran
contentado con mantener a España en la órbita del capitalismo occidental con el rango de potencia capitalista
inferior. Hubieran preferido ser hombres influyentes en una España que ocupase una posición más importante con
respecto al conjunto de las potencias capitalistas; pero tratar de alcanzar tal situación entrañaba el reto a las
naciones más fuertes y, naturalmente, poner en peligro los intereses de la clase poseedora española.

La historia del fascismo español está estrechamente asociada con el problema permanente de hallar recursos
suficientes para mantener el Movimiento en estado de funcionamiento. Juan Aparicio relata una entrevista entre el
financiero catalán Cambó y Ramiro Ledesma, en el Hotel Ritz de Madrid. Cambó consideró al joven fascista «
como un adalid en posesión de una férrea teoría peligrosa ».[La conquista del Estado. Antología, p. XII].

Durante el bienio negro, la derecha española asumió el poder; sin embargo, la Falange no recibió ayuda oficial
alguna, y el diputado José Antonio Primo de Rivera ni siquiera logró suspender la orden de clausura de las
oficinas del Movimiento en Sevilla, que permanecieron cerradas durante 442 días. [S. Dávila y J. Pemartín, Hacia
la historia de la Falange, p. 82] Durante el verano de 1935, los falangistas trataron de hallar dinero para publicar
un pequeño diario; no sólo fracasaron en su propósito; por añadidura, la falta de dinero les obligó a reducir el
número de páginas de su publicación semanal. (18) Durante la campaña electoral de febrero de 1936, la derecha
española rechazó todos los pactos electorales con la Falange, que se vio obligada a luchar y a fracasar sola,
como un paria político. Había fondos disponibles para la lucha electoral; no obstante, los hombres de dinero
consideraron que Gil Robles constituía una mejor inversión política que José Antonio Primo de Rivera.

Pero la situación iba a cambiar en menos de veinticuatro horas. Con la derrota de Gil Robles, la derecha
española se alejó del centro y aumentó su consideración por la Falange, y la Falange, por esta misma razón, fue
más temida por la izquierda.

Un indicio importante de este cambio de clima fue que, al tener que designar candidatos para las elecciones
parciales del 5 de mayo, la derecha nombró candidato por Cuenca a José Antonio Primo de Rivera, el hombre
que nadie aceptaba unas semanas antes. Serrano Suñer, Jiménez Fernández y otros defendieron la propuesta de
los derechistas en las Cortes. Por aquellos días, el líder falangista estaba en la cárcel; pero si hubiera logrado
con el escaño la inmunidad parlamentaria, habría sido liberado y hubiera podido participar directamente en la
conspiración militar contra la república.

En abril de 1936, la derecha española estaba por fin dispuesta, al menos, a examinar la solución que la Falange
ofrecía para frenar la revolución social. Pero la guerra civil iba a estallar antes de que la derecha hubiese
estudiado seriamente la posibilidad de aceptar las tesis falangistas.

La hostilidad violenta de la izquierda española respecto al fascismo español tenía su origen menos en la
consideración de la fuerza numérica del fascismo español por entonces, que en el lenguaje agresivo, apoyado por
actos, en primer lugar; y en segundo término, a causa del historial del fascismo en otros países de Europa, en los
que había sido utilizado para canalizar la energía de la revolución social en una dirección reaccionaria.

Los fascistas españoles lucharon, pues, contra la izquierda y contra la derecha. Aspiraban a una sociedad
nacional en la que poder sentarse en la cumbre, y disponer finalmente de los intereses económicos de una

13 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

España de dimensión imperial. Los fascistas españoles se oponían al statu quo español porque si éste
perduraba, no había puestos confortables para ellos en una España conservadora. Los fascistas españoles se
oponían a la revolución social -o a la evolución social- porque si ésta tenía lugar, tampoco habría sitio para ellos
-y a su gusto- en una España revolucionaria.

Con la fórmula fascista de la conquista del imperio los falangistas intentaban modificar el statu quo, ensanchar la
clase dominante, y desviar la revolución social reemplazándola por un patriotismo demagógico y expansionista.

Hemos afirmado que los movimientos fascistas utilizaron para frenar la revolución social la violencia, el
ultranacionalismo, la juventud. Pero otros movimientos -no fascistas- han podido utilizar esas mismas armas para
frenar o aplastar la revolución social. El general Primo de Rivera utilizó la violencia para acaparar el poder y para
mantenerse en él, aunque no era fascista. El doctor Albiñana vistió camisa de color, predicó una política
ultranacionalista, empleó la violencia callejera, aunque tampoco pueda ser calificado de fascista. Gil Robles
organizó sus jóvenes en formaciones uniformadas y paramilitares, sin merecer por ello ser considerado fascista.

Quien recurre a la violencia política para conquistar el Estado y se detiene en esta fase, por considerar que la
conquista del Estado es suficiente en sí para frenar la revolución social, no es un fascista. Giménez Caballero,
hombre de gran visión política en sus momentos de lucidez, y uno de los escritores realmente importantes del
fascismo español, a pesar de su falta de estabilidad política -o quizás a causa de ella- manifestó en su carta a
Ramón Iglesia, escrita bajo la dictadura de Primo de Rivera, que era «un error decisivo considerar la situación
actual de España como fascista », porque se trataba de « una situación defensiva más que agresiva », de un
Estado de « policía severa más que de irrespetuosos condotieros, de aventureros terribles, de infanzones
arriscados. De generales más que de capitanes. » (19)

Y en el número 2 de La conquista del Estado afirmaba : « El fracaso final de Primo de Rivera... deberá explicarse
por esta ausencia de masas y colaboraciones en su obra. Y, en parte, por no haber sabido alternar con esa
política de reconstrucción interna otra de relaciones exteriores que activase fuertemente la circulación de España
por el mundo. » [p. 35]

Reconociendo los errores de su padre, José Antonio Primo de Rivera quiso poner a España, dotándola de un
movimiento fascista, en una situación « agresiva », darle un Estado de « irrespetuosos condotieros », y una
política de « relaciones exteriores que activase fuertemente la circulación de España por el mundo. »

La violencia política fue uno de los principios fundamentales de la doctrina fascista desde el comienzo de su
implantación en España. He aquí lo que publicaba La conquista del Estado el 21 de marzo de 1931 : «
¡Españoles jóvenes, en pie de guerra! Para salvar el destino y los intereses hispánicos, La conquista del Estado
va a movilizar juventudes. Buscamos equipos militantes, sin hipocresías frente al fusil y a la disciplina de guerra;
milicias civiles que derrumben el armazón burgués y anacrónico de un militarismo pacifista. Queremos al político
con sentido militar, de responsabilidad y de lucha. » [p. 20]

El editorial de la misma publicación del 23 de mayo de 1931, declaraba : « Un país a quien repugna la violencia
es un país de eunocoides, de gente ilustradita, de carne de esclavo, risión del fuerte... » [p. 117]

Ledesma no abogaba, sin embargo, por una violencia gratuita. La justificaba con las siguientes palabras : « He
aquí la legitimación de la violencia, a la que nos referíamos en días pasados. Sólo la fuerza absoluta puede lograr
la unanimidad que se invoca. Las rutas que consigan movilizarla son las verdaderas. » [ibid., p. 156]

La consagración suprema de la violencia está contenida en uno de los discursos pronunciados en el primer acto
público de los falangistas, el 29 de octubre de 1933, cuando uno de los oradores -José Antonio Primo de Rivera-
después de enunciar los anhelos de la Falange en España, declaró : « Y queremos, por último, que si esto ha de
lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿ quién ha dicho -al hablar
de « todo menos la violencia »- que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad ? ¿
Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos
obligados a ser amables ? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más
dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria. »
[Obras completas, 1945, p. 24]

El hombre que pronunció aquellas palabras, José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, marqués de
Estella, grande de España y caballero de Santiago, tenia 30 años de edad. Disfrutaba de todas las ventajas que
su clase podía ofrecer. Había recibido una buena educación y ejercía la profesión de abogado. Su padre había
sido dictador de España, y él hizo el servicio militar en los dragones de Santiago. La mañana de este discurso
amenazador no le agobiaban preocupaciones económicas. Hombre guapo, quizá demasiado, iba bien vestido :
cuello almidonado, corbata de raya negra y traje azul marino. Y antes de tomar la palabra en la reunión política,
había oído misa en un convento y las monjas habían rezado para «que Dios todopoderoso le inspirara a él y a
sus amigos. » (20).

14 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

Miles de hombres, mujeres y niños perdieron su vida en aplicación de tal doctrina. Es verdad que ningún grupo
político español tuvo el monopolio de la violencia; no obstante, ningún otro grupo -y hay que insistir en este punto-
exaltó la violencia hasta ese grado, ningún otro grupo declamó la poesía de la violencia tan líricamente como lo
hicieron los hombres, medio pistoleros, medio trovadores, de la Falange Española, al tratar de justificar sus
crímenes. Hasta aquel discurso de José Antonio Primo de Rivera, ninguna personalidad responsable de la clase
conservadora española había abogado por la violencia en lo que iba de siglo, ni siquiera por una campaña de
terror oficial, no ya por el tipo de gansterismo callejero que José Antonio Primo de Rivera reivindicaba. Hasta
aquel momento, la defensa filosófica de la violencia había sido, en la vida política española, dominio exclusivo de
los anarquistas. Cierto que la clase conservadora no había sentido hasta entonces una necesidad de esta índole.

La literatura de la Falange está plagada de accesos virulentos : fe enfermiza en la violencia que degeneró hasta
llegar a la violencia por la violencia. Ximénez de Sandoval escribió en 1941, cuando ya el falangismo se confundía
con el Estado : «Su gloria [la de la Falange] la iban cantando el plomo y la sangre por la tierra de los vientos de
España. » [ibid., p. 185].

Los jefes falangistas recurrieron a todas las metáforas literarias y oratorias para describir el asesinato como un
acto hermoso y la muerte en las calles como un hecho glorioso, y a presentarlos como tal a los jóvenes de la
Falange. El 27 de marzo de 1934, caía herido en las calles de Madrid, un pistolero de 15 años de edad,
escuadrista de la Falange, Jesús Hernández. Era uno de los jóvenes que se había incorporado a la Falange,
porque « habían oído vender F. E. en la calle con música de pistolas y les atraía el tambor bárbaro de plomo. »
[ibid., p. 188].

Pero ya hemos dicho que no sería exacta la afirmación de que toda la violencia política procedía en aquel tiempo
de la Falange. Los socialistas practicaron en bastantes ocasiones la violencia; mucho menos los comunistas,
numéricamente inferiores, y la violencia era pan de cada día de los anarquistas. En el mes de enero de 1934,
Largo Caballero declaraba en una alocución pública : « Yo declaro que hay que armarse, y que la clase
trabajadora no cumplirá con su deber si no se prepara para ello... Y sería inútil creer que podemos llegar a
realizar nuestras ideas rogándoles que nos respeten. ¿ Quiere decir esto que vayamos a hacer locuras? Lo que
quiere decir es que en la conciencia de la clase trabajadora hay que dejar grabado que, para lograr el triunfo, es
preciso luchar en las calles con la burguesía, sin lo cual no se puede conquistar el poder. » [Historia de la
cruzada española, II, p. 18].

El autor de estas páginas no se cuenta entre las personas que consideran que los males de España pueden ser
atribuidos a la falta de competencia de los gobernantes de la república. Es verdad que en la Europa de la tercera
década del siglo, dominada por hombres de la estatura intelectual y de la visión política de un Daladier, de un
Bonnet, de un Blum, de un Chamberlain, de un Baldwin, de un Mussolini, de un Ciano, de un Hitler, de un Goering,
etc., los líderes de la república española hicieron poca cosa. Pero los que defienden la causa de la república no
tienen razón alguna para denigrar a sus jefes. No estaban a la altura de la tarea, ¿ pero quién en la Europa de
1936, estaba a la altura de sus tareas ? El gran error que cometieron quizás fue no escuchar las palabras de
Largo Caballero y no prepararse para afrontar el conflicto armado. Largo Caballero reflejaba bien la situación en
la cita mencionada más arriba. La crítica del libro de García Venero, pondrá en evidencia que la república perdió
la guerra porque sus jefes no comprendieron en los primeros días que el solo recurso que quedaba al gobierno
era dar armas al pueblo, porque los enemigos estaban decididos a hacer la guerra antes de perder sus
privilegios. No puede, sin embargo, encontrarse en los discursos de Largo Caballero o en los de sus
correligionarios, la satisfacción enfermiza en darle al gatillo que se observa en el crisol falangista de aristocracia,
pistolerismo y chulería. Al crítico tampoco puede escapársele que la violencia falangista brotó en la cumbre de la
sociedad española, en el pensamiento de hombres que eran tradicionalmente los beneficiarios afortunados de lo
mejor que España podía ofrecer en las esferas de la cultura, de la educación, de la enseñanza.

La violencia falangista de las palabras pasó pronto a los actos. Al ampliarse, la Falange reunió alrededor de su
núcleo original de intelectuales violentos, de aristócratas aburridos y de conspiradores idealistas, un hampa de
chulos y de pistoleros. Nadie ha descrito esta simbiosis fraterna de señoritos y de pícaros con más ternura que
Ximénez de Sandoval, jefe que fue del gabinete diplomático del Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno de
Franco, que abandonó su empleo después de cierto escándalo (21), en un libro publicado con un prefacio de
Serrano Suñer : « A la vuelta del cementerio, que recuerdo hice a pie con Cadenas, Gaceo y Ruíz de la Fuente -
nos reunimos, como de costumbre, en nuestro despacho, modestísimo, y con los cristales rotos, de la Jefatura
de Prensa y Propaganda, en el Centro de Santo Domingo. En seguida llamaron con los nudillos. Era un camarada
joven y rubio que hablaba medio vasco medio alemán y se llamaba -o le llamaban- Fóster. Iba siempre de mono y
con boina. Estaba parado, era escuadrista de primera línea y vivía de rifar a diario en el Centro -vendiendo a diez
céntimos sesenta o setenta papeletas- una cajetilla de « Lucky Strike » y un objeto de higiene de frecuente uso
por estudiantes y obreros juveniles. (No obstante hacerle a diario los camaradas el favor de comprarle todas las
papeletas y dejar para él el premio favorecido, nuestros enemigos aseguraban que la Falange pagaba magníficos
jornales a sus pistoleros.)

15 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

« Fóster venía indignado con los cuatro camaradas que, comentando las incidencias de la Falange, habíamos
hecho andandito el largo trayecto entre la Necrópolis y el Centro, bajo la tarde de abril madrileño, ya templada y
aromada de violetas.
« - Ya podíais otra vez tomar el Metro o el tranvía en las Ventas.
« - Bueno, Fóster, ¿ y a ti qué te importa si queremos pasear ?
« - ¿ Qué me importa ?... ¡Mirad!
« Subió el pantalón del mono hasta la rodilla. En la pantorrilla derecha, pegada a la carne, llevaba sujeta con la
liga una « Stard » [sic] del nueve corto. La boca del cañón rozando el tobillo, le había hecho sangre.
« - Como sé que vosotros nunca lleváis armas y había mucho chulo marxista por los alrededores, me he venido
detrás de vosotros por si a alguien se le ocurría gastaros una broma de estas que nos gastan a los falangistas.
¡Y se os ha ocurrido venir a pie, con toda la pachorra!...
« Le compramos todas. Aquel día cayó el premio en la redacción de Arriba. Devolvimos a Fóster el premio y le
agradecimos su vigilancia.
« - ¡ Si me volvéis a dar las gracias, soy yo el que os sacudo un tiro!
« Y acariciaba la culata de su pistola, ya de vuelta al bolsillo.
« Así era la Hermandad de la vieja Falange. » (22).

La Falange preparó cuidadosamente un ritual para las peregrinaciones marciales del movimiento, cuando los
falangistas acompañaban a sus muertos al cementerio.(23). El 8 de marzo del 1934, cuatro días después de una
sangrienta reyerta entre falangistas y izquierdistas en Valladolid, mataron a tiros en las calles de Madrid al joven
falangista Ángel Montesinos : « Nuevo entierro solemne. Nuevos juramentos interiores de lealtad y sumisión, de
gallardía y silencio, de aceptación modesta de la muerte el día que es necesario morir. Otra vez José Antonio, la
testa descubierta y la mirada grave, pasa entre hileras de muchachos con los brazos alzados para pronunciar una
oración fúnebre escueta como un parte de guerra redactado por un poeta : - «La muerte es un acto de servicio.
Cuando muere cualquiera de nosotros, dadle piadosa tierra y decidle : Hermano, para tu alma la Paz; para
nosotros, por España, adelante ». » (24).

El libro de Ximénez de Sandoval es un panegírico de la violencia falangista y sería preciso leerlo y relacionar su
contenido con la denuncia de la « ola de violencia » desencadenada por las izquierdas en la primavera de 1936,
formulada todavía hoy por quienes pretenden justificar el levantamiento de Franco. (25)

Vestir de uniforme a sus partidarios o predicar una filosofía ultranacionalista con objeto de apoderarse del poder
del Estado para frenar la revolución social no basta para ser fascista. Hay que proponerse además la conquista
de un imperio a partir del dominio del Estado, para gastar las energías potencialmente revolucionarias. Hay en la
historia de España un excelente ejemplo para probar nuestra afirmación : José María Albiñana y Sanz - médico,
escritor y polemista. Nació en 1885 y pertenecía, pues, a una generación anterior a la de Ledesma y José
Antonio Primo de Rivera.

En marzo de 1930, Albiñana empezó a participar en la política española, publicando un manifiesto contra
determinadas actividades del Ateneo madrileño durante la dictadura. En abril formó el Partido Nacionalista
Español para defender « la religión, la patria y la monarquía », y exigió la deportación a Guinea de « todos los
elementos antiespañoles » de España. Poco después, se proclamaba la república. Durante los doce primeros
meses de la república, Albiñana habría de pasar siete en la cárcel. A principios de 1932, el gobierno republicano
aprobó, finalmente, los estatutos de su partido; no obstante, Albiñana fue inmediatamente detenido por haber
empleado la bandera real en unos impresos, acto en sí ilegal. No pagó la multa de 5 000 pesetas que le fue
impuesta por tal motivo y el gobierno lo exiló a Nuñomoral, en tierras desoladas de Las Hurdes, en las que tuvo
que vivir diez meses habitando una choza troglodítica entre los miserables del país.

La opinión pública consideraba que el programa y la ideología de Albiñana eran fascistas. Su organización era
rígidamente jerárquica. Exigió a sus partidarios el saludo fascista. Organizó un cuerpo militar llamado Legionarios
de España, cuyos miembros vestían camisa azul o exhibían brazales con la cruz de Santiago. Alentó a sus
hombres a luchar en las calles y, el 7 de octubre de 1930, sus actividades provocaron una grave reyerta en
Valladolid. (26) Había creado sucursales de su partido en América del Sur mucho antes de que lo hiciera cualquier
grupo español verdaderamente fascista. Su antisemitismo fue más virulento que el de la Falange. Y sin embargo,
no era fascista. Era simplemente un conservador indisciplinado y violento. No aspiraba a « revolución » alguna,
fascista o de otra índole. No soñaba en imperios que conquistar sino en salvar el conservadurismo español -la
monarquía, la Iglesia, el ejército- mediante la represión interna. Representaba a los terratenientes de Castilla en
las Cortes. Firmó el manifiesto derechista y monárquico de Renovación Española de noviembre de 1934. El
pensamiento de Albiñana se acercaba más al de Action Française que al de los fascistas. Su libro Confinado en
las Hurdes lo dedicó a León Daudet.

Ledesma calificó a Albiñana de «reaccionario ». En su primer número, la revista JONS, publicada por Ledesma,
manifestaba : « Hay cosas que pueden permitirse a un Albiñana en nombre de la facilidad, pero nunca a los que
están convencidos de que aportan a España un esfuerzo serio, una juventud inteligente, una ilusión generosa y un

16 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

talento.»

Sin embargo, en julio de 1932, Libertad, de Valladolid, publicó dos artículos sobre una visita al « confinado » de
las Hurdes, muy favorables al fanático doctor, (27) hecho que confirma más la influencia de Albiñana entre los
agricultores de Castilla que su fascismo.

José Antonio Primo de Rivera tuvo algunas relaciones con el albiñanismo en la primavera de 1933. Al
desarrollarse la Falange, sin embargo, el doctor Albiñana perdió poco a poco su reputación de « fascista » ante
la opinión pública, que empezó a considerarle como lo que en realidad era : un conservador, a pesar de su
violenta y escandalosa propaganda.

Enemigo de la revolución social, sus ideas para contenerla eran de otra época. Su concepción de un Estado
nacionalista no obedecía a objetivos más vastos; era un fin en sí mismo. Su programa era anticuado, sentimental,
lacrimoso, e incluso parlamentario; no era un programa joven, áspero, agresivo e imperialista.

Quien recurre a la propaganda racial o a la segregación cultural de un grupo para conquistar el Estado, y se
detiene en esta fase, es un racista, pero no es un fascista. El racista con sueños limitados de dominación local no
es un fascista. El fascista utiliza el racismo para rechazar una parte de la población -por razones de color, religión
o cultura- para fortificar el sentimiento de unidad nacional y de superioridad racial o cultural entre los que no son
rechazados, para poder comenzar su marcha hacia el imperio con un país unificado detrás de él. Hitler recurrió al
antisemitismo de este modo. Los fascistas españoles recurrieron a la misma táctica frente a los elementos no
castillanizados de la península.

El temor de que el movimiento de autonomía catalán constituyera un freno en el movimiento de unidad nacional
necesaria para una aventura imperialista, hizo del problema catalán una preocupación constante de los fascistas
españoles. Giménez Caballero expuso francamente en 1931 a los catalanes la posición fascista : « En el fondo,
los que, como yo, miran el problema catalán con todo su ardor, entrañablemente, pero con toda su frialdad y sus
reservas, y que está dispuesto a todo en cualquiera de los sentidos -abrazo o fusil- esperamos de Cataluña, no
una capciosa gratitud para fines particulares, sino una franca y abnegada decisión de superespañolidad, para
reconquistar a la cultura hispánica la tensión heroica y grande que ha perdido.

« Admitiremos el planteamiento de « lo catalán » y sus últimas consecuencias, siempre que ese problema traiga
consigo el planteamiento y la solución de los otros problemas peninsulares : Portugal, Gibraltar, territorios d'0c,
Marruecos, política mediterránea y balcánica, minorías étnicas, como los judíos de patria española, política
hispanoamericana. « Es decir el planteamiento de una «tradición koiné, común, integral ». Es decir la anunciación
de un mito de tal luminosidad en el cielo ibérico, que el soltar prendas o lastre no nos preocupe sino para ganar
altura y ver más de cerca la armonía sideral de todo un imperio perdido. » Trabalenguas sobre España, 1931, p.
102-103]

La conquista del Estado afirmó por entonces : « España, por naturaleza, esencia y potencia es y tiene que ser un
candidato al imperio... En la hora actual, de frente a los proyectos federalistas, hay que acentuar el carácter de
imperio que encierra la hispanidad. Sea ese concepto grandioso del imperio el soplo eficaz que presida la
articulación de las comarcas autónomas. Otorgar y permitir autonomías regionales, sí, pero a cambio del
reconocimiento por todos de que España grande es nutriz de imperio. » [p. 77]

Y, unas semanas más tarde : « Es, pues, sólo admisible y deseable un Estado federal en España, en tanto que
acepte y admita por todos la necesidad de incrementar los propósitos de imperio. » [p. 134-135]

En aquel momento, la actitud de los fascistas españoles respecto de los catalanes era una mezcla de chantaje,
de persuasión, de amenazas. Como la mayoría de los catalanes persistía en sus reivindicaciones autonomistas,
el tono de La conquista del Estado se hizo más amenazador : Ledesma pidió que el líder catalán Macià fuera
fusilado, y amenazó con cerrar el paso a los « separatistas » con fusiles. Las elecciones para las Cortes
Constituyentes hicieron ineluctable la satisfacción de las exigencias catalanas, y La conquista del Estado publicó :
« Nosotros esperamos que las Cortes Constituyentes rechacen el famoso Estatuto que ahora se elabora en
Cataluña. Veremos qué hacen entonces esas turbas reaccionarias de Macià. Si apelan a la violencia, es el
momento de aniquilarlas sin compasión... Aunque el clamor separatista de Cataluña fuese, esto es, que fuera
unánime, sin una sola excepción, la petición de independencia podría y debería contestarla España con un
lenguaje de cañón... Si una mayoría de catalanes se empeñan en perturbar la ruta hispánica, habrá que
plantearse la posibilidad de convertir esa tierra en tierra de colonia y trasladar allí los ejércitos del norte de África.
Todo menos... lo otro... » [p. 214-216]

Falange Española continuó la política jonsista de hostilidad contra la autonomía de Cataluña. Después del intento
revolucionario de octubre de 1934, la Falange pidió «la abolición total del Estatuto Catalán ». Además, la Falange
presentó una interpretación de los acontecimientos que difería de la del gobierno, constituido por ministros
radicales y de la CEDA. Según la Falange, la responsabilidad de Cataluña en los acontecimientos de octubre era

17 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

más grande que la de Asturias y el peligro que amenazaba a España no venía de un cambio social y económico «
por el que la Falange también abogaba », sino de la desmembración territorial y de la desunión.

En los debates parlamentarios del 30 de noviembre y del 11 de diciembre de 1934, José Antonio Primo de Rivera
luchó vigorosamente por la abolición del Estatuto Catalán. José Antonio Primo de Rivera reconocía la singularidad
de Cataluña al insistir en que aquella región poseía su propia lengua, sus costumbres y su historia. Agregó, sin
embargo : « Se ha dicho que la autonomía viene a ser un reconocimiento de la personalidad de una región; que
se gana la autonomía precisamente por las regiones más diferenciadas, por las regiones que han alcanzado la
mayoría de edad, por las regiones que presentan caracteres más típicos... Si se gana la autonomía
distinguiéndose con caracteres muy hondos del resto de las tierras de España, corremos el riesgo de que al
entregar la autonomía invitemos a ahondar esas diferencias con el resto de las tierras de España. Por eso
entiendo que, cuando una región solicita la autonomía, en vez de inquirir si tiene las características propias más o
menos marcadas, lo que tenemos que inquirir es hasta qué punto está arraigada en su espíritu la conciencia de la
unidad de destino; que, si la conciencia de la unidad de destino está bien arraigada en el alma colectiva de una
región, apenas ofrece ningún peligro que demos libertad a esa región para que, de un modo o de otro, organice
su vida interna. » (28)

Pero este no era el caso de Cataluña, dijo José Antonio Primo de Rivera, porque : « Los dos años de experiencia
de Cataluña han sido dos años de deshispanización. » No habría peligro alguno en conceder fueros autonómicos
si España fuese un país realmente unificado. Pero era necesario lograr la unidad antes de conceder dichos
fueros. « ¡ Dar a España una gran empresa, un gran rumbo histórico ! Pero esto, señores, me parece que no es
cosa que podamos hacer en esta tarde ni en esta casa.» [ibid.]

Cuando estalló la guerra civil, Cataluña fue atacada con especial vigor por la Falange e incluso los falangistas
catalanes eran víctimas de cierta segregación en la zona rebelde. Y cuando esta región fue conquistada, en
1939, fueron prohibidas completamente todas las manifestaciones de la cultura catalana. Giménez Caballero,
amigo antaño de la cultura catalana, escribió un ensayo en el que llamaba a la conquista de Franco « la tumba del
catalanismo » (29). Incluso en la actualidad persisten todavía muchas de aquellas medidas restrictivas.

No había bastantes judíos en España para que su persecución interesara a la Falange en la medida en que la
interesaba la persecución de los catalanes, de los vascos y de otras minorías regionales. El estudio de la actitud
de los fascistas españoles ante los judíos, descubre, no obstante, un hecho revelador. Los anhelos imperialistas
de Giménez Caballero traslucían en sus artículos publicados en La gaceta literaria sobre los judíos sefardíes.
Entre las dos guerras mundiales, los sefardíes vivieron en comunidades esparcidas en las orillas del
Mediterráneo, de Constantinopla a Tánger. España los había expulsado en el momento en que alcanzaba el
umbral del imperio; al derrumbarse el imperio, España trató de atraerlos nuevamente hacia ella. Del gran imperio
poco quedaba después de 1898. Ya antes, en 1887, Castelar inició el movimiento moderno prosefardí, al fundar
un comité proinmigración israelita, con objeto de ayudar a los judíos de habla española perseguidos por el
zarismo en Rusia. Los judíos marroquíes estaban protegidos en Melilla, ciudad española (provincia de Málaga) de
Marruecos. En 1913, se creó en la Universidad de Madrid una cátedra de idiomas y literatura rabínicos. Y
cuando, durante la primera guerra mundial, numerosos judíos de habla española huyeron de los Balcanes sin
documentos de identidad, el gobierno español dio órdenes a sus consulados para que consideraran a los exilados
como españoles y les prestaran ayuda. (30)

Giménez Caballero se colocó personalmente a la cabeza de este movimiento prosefardí. En el primer número de
La gaceta literaria, el profesor Américo Castro escribía : « La Gaceta Literaria dirige hoy su voz balbuciente, de
niña recién nacida, a nuestros hermanos de lengua y tradición en Marruecos y Oriente. Nuestro programa es unir
y comprender, y no quisiéramos dejar de abarcar en ese ámbito de amor y de inteligencia a los hebreos
hispanos... Nos falta algo, en verdad, desde que se marcharon los judíos; algo que no hemos sustituido por nada
equivalente. » [1 de enero de 1927]

El 1 de septiembre de 1929, la revista anunció un viaje de Giménez Caballero, con el apoyo del gobierno español,
a los centros de cultura hispano-hebrea : Sarajevo, Sofía, Bucarest, Estambul, Esmirna, Salónica, Corfú, Livorno
y Ferrara. El viajero explicó : « Se trata de levantar en pleno las posibilidades en la expansión cultural española
cerca de nuestros antiguos compatriotas que tras cuatro siglos de apartamiento casi absoluto mantienen
heroicamente nuestro idioma. »

En muchos números de La gaceta literaria se publicaban noticias de escritores sefardíes o artículos escritos por
ellos. (31) Y como resultado de la misión de Giménez Caballero, cinco universidades balcánicas crearon cátedras
de español. En 1931, se celebraron exposiciones de libros españoles en Bucarest y en Salónica.

Giménez Caballero escribió en La gaceta literaria el 1 de mayo de 1931 : « Con un tacto sumo, para no
despertar tristes suspicacias de poderes dictatoriales, en España, La gaceta literaria fue la primera que afrontó
eficazmente el problema sefardí, el problema judeo-nacional de España. Hasta el punto de estar hoy en marcha
ascendiente los primeros e históricos lazos de una reaproximación con esa gran familia espiritual expulsada hace

18 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

cinco siglos. »

¿ Cómo puede relacionarse esta labor prosemítica con la carrera de Giménez Caballero que fue justamente
llamado « el primer fascista de España » ? La respuesta es fácil. Giménez Caballero abogaba por la expansión
imperialista, y ¿qué actividad imperialista no cultural podía ser llevada a cabo durante los años grises de Primo
de Rivera ? A Giménez Caballero poco le importaba el sefardismo : quería aumentar la influencia española. R. Gil
declaró abiertamente en La gaceta literaria que Giménez Caballero « redactó un plan escalonado de expansión
española en el próximo Oriente, tomando como base las comunidades sefarditas. » [1 de enero de 1931]

Prueba del carácter esencialmente imperialista de la labor prosefardí de Giménez Caballero es el que dejara de
proseguirla durante los años de la república, cuando las condiciones eran más favorables. Al percatarse del
carácter antiimperialista de la república, Giménez Caballero y el conde Jaime de Foxá (este último participó
también activamente en las operaciones prosefardíes), adhirieron al movimiento fascista proimperialista y
antirrepublicano que tuvo rasgos de antisemitismo casi desde su origen. Giménez Caballero trató ulteriormente de
fomentar el antisemitismo cuando esta política le pareció favorable para llevar a cabo planes imperialistas.(32)

El antisemitismo no apareció, sin embargo, en el movimiento fascista español con Ledesma Ramos ni con
Giménez Caballero, sino con Onésimo Redondo. Redondo era probablemente el producto intelectual de dos
fuerzas combinadas : nazismo y jesuitismo. El Padre Enrique Herrera Oria, S.J., hermano del cardenal « liberal »
de Málaga escribe como sigue :

« Le [Redondo] traté mucho en Valladolid, antes y después de su viaje a Alemania, facilitado por el Director de los
Luises, Padre Santa Romana. Volvió, si vale la frase, hecho un rebelde. A su alma noble y generosa, le daba en
rostro tanta miseria política en España. Hablaba con el brío de un descontento, dispuesto a luchar contra los
miserables explotadores de su Patria.

« En Madrid, a poco de la quema de conventos, me visitó. Era una tarde calurosa de verano. Estábamos con las
ventanas cerradas, casi a obscuras. « ¿ Qué le parece a usted lo que ocurre en España ? » me dijo. « Sí », le
contesté yo. « Es obra de la masonería. Mira todo lo que hay »; y entonces puse ante sus ojos los datos que
había reunido, tomados de la prensa francesa, portuguesa, española, y las revelaciones que cierto masón me
había hecho. « Nos manejan desde París y aquí, desde la calle del Príncipe ». Escuchaba Onésimo, como un
niño a quien le cuentan una historia misteriosa, abiertos aquellos ojos claros, negros y hermosos en los que se
reflejaban un alma nobilísima. Ojos tranquilos, salvo cuando sentía la esclavitud de su Patria, que entonces
chispeaban como si fueran brasas.

« ¿ Y qué libros me recomienda usted ? » Le di una lista. « Pero sobre todo lee despacio éste de León Poncins :
Las fuerzas secretas de la Revolución. Esta es la mejor obra que conozco. Ahí veras el comunismo, masonería y
judaísmo, entrelazados para destruir la Religión y la Patria. » Cuánto sentí la muerte de Onésimo. España había
perdido un caudillo cristiano y valiente. » (P. Enrique Herrera Oria, S. J., Los cautivos de Vizcaya, p. 12-13.)

En el primer número de su publicación, en el verano de 1931, Redondo censuró a Ledesma porque éste no había
insistido sobre el antisemitismo en su programa, elemento que « el movimiento necesita para ser eficaz y certero.
» [Onésimo Redondo, caudillo de Castilla, p. 9] Redondo vituperó contra el capitalismo calificándolo de maniobra
judía en una sociedad burguesa y anticristiana que había desconocido y desertado la enseñanza de los papas. «
Pero si la revolución social es una necesidad y un grito de justicia, hay que defender ese movimiento sano y juvenil
de las corrupciones traidoras que proceden de la democracia judaizante superburguesa, como de las máximas
internacionales con sello marxista que descaracterizaría la genuina revolución hispánica para hacernos siervos de
Moscú.» (33)

El antisemitismo español tenía una base clerical y no económica. Se puede decir que la mayor parte del
antisemitismo publicado en España durante la guerra civil o era escrito por curas, publicado por clericales o por
gente con sentimientos católicos muy públicamente proclamados.

El antisemitismo que apareció en las publicaciones nacionalistas durante la guerra civil era generalmente de
inspiración clerical. E. Fernández Almuzara, escribiendo en el mensual de los jesuitas, Razón y Fe en el número
de mayo-agosto de 1939, notó que el libro de Henry Ford, El judío internacional, -impreso por los alemanes- «
corre, ahora, por España y se ha puesto muy de moda. » Fernández Almuzara, a quien no le gustó la idea de
Ford de que existía acuerdo entre jesuítas y judíos, decidió : « Hay, sin duda, judíos malos, y hasta si se quiere,
concedamos que sean los más numerosos, pero, un judío converso al catolicismo, no puede ser malo ». La
conclusión del escritor jesuita es bastante favorable : « Con todo, nada de esto destruye el mérito de la obra de
Ford, que cuando no nos enseña nos deleita, y que puede servirnos de excelente ayuda para la mejor
comprensión de uno de los problemas que más apasiona hoy a las gentes. » En esta misma edición de la revista
jesuita, se anunció, como en casi todos los números aparecidos durante la guerra civil, el libro publicado por la
casa editorial jesuita, « Ediciones Rayfe », Los protocolos de los sabios de Sión.

19 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

El fracaso de este tipo de propaganda durante los años de la república fue completo. No despertó reacción
alguna en la opinión pública, mucho más sensible a la cuestión catalana; en verdad, los ejemplos de antisemitismo
en la propaganda falangista anterior a la guerra civil son escasos, si se exceptúa la propaganda procedente de
Valladolid. Esta actitud cambió al estallar la guerra civil, cuando la prensa de la zona nacional recurrió
persistentemente al antisemitismo en su propaganda, que por lo demás no afectó en este plano a la mayoría de
los españoles. La propaganda antisemita no era utilizada por su eficacia sobre la opinión pública, sino con el fin
de congraciarse con los nazis. García Venero y Hedilla participaron en estas campañas. El 19 de junio de 1938,
al celebrar el aniversario de la conquista de Bilbao, Serrano Suñer se valió del antisemitismo para quebrantar la
oposición de los católicos franceses a la cruzada de Franco, y atacó con este argumento racista y falaz a
Jacques Maritain. (34)

La prensa de la zona nacional apoyó el discurso de Serrano Suñer con diatribas antisemitas. El mismo Franco,
con motivo del día de la victoria, el 19 de mayo de 1939, recurrió a utilizar las ideas de Herrera Oria, Redondo,
Goebbels y Hitler : « No nos hagamos ilusiones : el espíritu judaico que permitía la alianza del gran capital con el
marxismo, que sabe tanto de pactos con la revolución española, no se extirpa en un día, y aletea en el fondo de
muchas conciencias. » [Palabras del Caudillo, 3ª edición 1943, p. 102].

Franco pronunció estas palabras cuando estaba convencido de que Hitler iba a convertirse en el amo de Europa.
No hemos encontrado ninguna declaración antisemita de Franco posterior a la caída del Eje. Al contrario. En
cuanto Hitler perdió la guerra, Franco se presentó como defensor de los judíos.[Franco ha dicho, 1949] Y
actualmente, la España de Franco se encuentra de nuevo en la situación de 1930, y aboga por el retorno de los
sefardíes, haciendo concesiones para la apertura de sinagogas. El antisemitismo ocasional del régimen de
Franco era completamente oportunista, para pedir favores abyectamente de los nazis; y nunca constituyó una de
las bases de su doctrina, como la formaron el anticatalanismo, el antivasquismo o el antigalleguismo. (35)

En la primavera y el verano de 1936, la Falange española se halló ante un dilema. Era evidente que el Frente
Popular tenía la intención, en el caso de conservar el poder, de desmantelar completamente el movimiento
fascista español. Además, una reforma social y económica profunda hubiera suprimido la base del
nacionalsindicalismo. La izquierda no había podido hacerlo ni en Italia ni en Alemania, pero en España, con gran
sorpresa de la derecha, la izquierda consiguió una victoria electoral. La Falange fue, por consiguiente, obligada a
ponerse en acción; era una cuestión de vida o de muerte. La Falange había discutido, probablemente con más
romanticismo que realismo, los problemas que presentaba un levantamiento militar. ¿ Debería entrar en la
conspiración junto con los jefes militares ? José Antonio Primo de Rivera desconfiaba de los militares y creía, por
el contrario, en la eficacia de la acción política de una minoría militante y decidida.

Ni en Italia ni en Alemania los movimientos fascistas habían conseguido el poder tras una guerra civil. La intención
falangista no era sumergir la revolución social en un mar de sangre, sino transformar esas energías en un nuevo
movimiento dinámico de conquista territorial española. Un golpe de Estado podría llevar la Falange al poder; una
larga y dispendiosa guerra civil le sería fatal.

Hitler después del « putsch » de la cervecería muniquesa, declaró que aquella experiencia le convenció de « que
ya no podríamos pensar en conseguir el poder por la fuerza ». (36)

José Antonio Primo de Rivera comprendió los riesgos que supondría para la Falange una empresa común con los
militares. Tenía un gran desprecio por la mentalidad militar; este sentimiento salta a la vista en todos los escritos
que dirigió a los militares (37). Pero sentía, después de la victoria del Frente Popular, que el movimiento fascista
español tendría que luchar o rendirse incondicionalmente. La conspiración con el ejército le fue impuesta a la
Falange.

Todos los planes militares preveían una rápida toma de posesión del poder, que no tuvo lugar. Mientras la guerra
civil se prolongaba. Falange Española de las JONS conoció, por primera vez en su existencia, un éxito popular.
Sus efectivos aumentaron a un ritmo vertiginoso. FE de la JONS se convirtió en el único movimiento político serio
en la zona de Franco. Esta aparente ventaja fue, sin embargo, contrariada por el hecho de que el enorme
aumento de potencial del movimiento tenía lugar en un momento en que la situación política estaba dominada por
factores y consideraciones militares. El nuevo y creciente poderío de la Falange no podía ser utilizado
políticamente por la Falange. La mayoría de los nuevos afiliados era enviada al frente antes de haber podido
asimilar un mínimo de doctrina falangista, que, a fin de cuentas, era una doctrina nueva en España. Los
falangistas que permanecieron en la retaguardia con los cuadros del movimiento estaban normalmente ocupados
en limpiar la retaguardia, en mantener el« orden », en una forma baja de violencia que, más que beneficiarlo,
perjudicó al movimiento.

La Falange salvó la rebelión militar al dotarla de aquello de que carecía totalmente, es decir, de una fuerza
política vital. Pero su anacronismo político le impidió atraer a hombres de calidad; hubo tal vez en su historia tres
en total: Giménez Caballero, escritor de importancia que no supo hacer una distinción entre sus actitudes políticas

20 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

y sus ambiciones literarias; Ledesma Ramos, ensayista político de primera plana, un rebelde que no supo
reconocer su verdadera posición en la estratificada sociedad española; y José Antonio Primo de Rivera,
aristócrata que se esforzó demasiado para parecerse a un verdadero intelectual, y que vio solamente
implicaciones poéticas en los asesinatos políticos.

Cuando, en 1937 Franco quiso apoderarse de la Falange, la operación fue relativamente fácil, puesto que, salvo
Hedilla, no quedaba nadie con valentía política para defender la herencia. Y Hedilla nunca reaccionó con coraje y
entendimiento a un tiempo, sino con la testarudez de un siervo fiel encargado de defender unos bienes. Al
reaccionar contra la amenaza que representaba Franco para la Falange, Hedilla nunca razonó.

Después de la eliminación de Hedilla y de sus partidarios, el hombre que se apoderó de la jefatura de la Falange
Española Tradicionalista y de las JONS no creía en los principios fundamentales de la Falange, como tampoco
creía en los del tradicionalismo.

Francisco Franco no era un fascista convencido. ¿ Qué piensa Franco de la política, de la historia ? Es difícil
hacerse una idea clara de ello a partir de sus propios discursos y escritos, que son generalmente fabricados de
acuerdo con las exigencias del momento. Nadie ha colaborado tan estrechamente con Franco durante tanto
tiempo como Luis Carrero Blanco. Este nos ofreció su interpretación de la historia moderna, que no debe ser muy
distinta de la de Franco, en 1941 : «Tres años de una lucha epopéyica, nueva cruzada contra la barbarie
comunista, nos acaban de salvar de nuevo. España, paladín de la Fe de Cristo, está otra vez en pie contra el
verdadero enemigo : el Judaísmo. Se trata de una fase más de la lucha que secularmente sacude al Mundo.
Porque el Mundo, aunque no lo parezca, aunque en apariencia sus contiendas tengan su orígen en causas muy
distintas, vive una constante guerra de tipo esencialmente religioso. Es la lucha del Cristianismo contra el
Judaísmo. Guerra a muerte, como tiene que serlo la lucha del Bien contra el Mal, de la verdad contra la mentira,
de la luz contra la oscuridad. En esta pugna secular, el Judaísmo ha sabido recurrir a medios de todo linaje. La
Reforma, primero; después, las ideas de la Enciclopedia, el liberalismo, el izquierdismo ateo, la masonería, el
marxismo, el comunismo, todo ello han sido minas puestas al reducto inexpugnable del cristianismo católico. Con
habilidad extraordinaria, el judaísmo ha atacado siempre la idea de Patria, esgrimiendo, con simultaneidad en
apariencia paradójica, las armas de los separatismos y de los internacionalismos; en el aspecto económico, ha
fomentado el crecimiento de los imperialismos capitalistas, a la vez que las ideas marxistas; y en el orden
religioso, tanto ha mantenido las creencias heterodoxas para procurar secesiones en el seno de la Iglesia
Católica, como las ideas materialistas del más puro ateísmo. Los medios son lo de menos; su fin es siempre el
mismo : destruir, aniquilar y envilecer todo cuanto representa Civilización Cristiana, para edificar sobre sus ruinas
el utópico Imperio Sionista del Pueblo Elegido. » (Luis Carrero Blanco, España y el mar, p. 9-10).

Francisco Franco no tenía más lealtad hacia la Falange que tuvo hacia la república o, anteriormente hacia la
monarquía. Su única voluntad política ha sido de manera constante alcanzar el poder y permanecer en el poder.
Ello era sólo posible aplastando toda posibilidad de revolución social. Si en un momento dado, Franco adoptó el
programa falangista con ese fin, también es evidente que lo abandonó cuando su utilidad desapareció. Franco
tenía una gran superioridad sobre Ledesma, sobre José Antonio Primo de Rivera o sobre Hedilla : podía ganar
una batalla -la conquista del Estado-, y seguir la guerra, emprender la conquista del imperio solamente cuando
tuviera todas las garantías del éxito o bien abandonar la lucha y renunciar a esta conquista. Ledesma, quizá
Hedilla y tal vez José Antonio Primo de Rivera, nunca se hubieran detenido con la pálida victoria de la conquista
del Estado; habrían proseguido su marcha hacia la conquista del imperio o hacia la derrota. Como hicieron
Mussolini e Hitler.

El programa falangista pretendía unificar a España mediante la propaganda ultranacionalista, la acción de la


juventud y la violencia política. Pero ninguno de los primeros falangistas imaginó conseguir la unificación nacional
con una guerra civil. La guerra civil -factor imprevisto- frustró todos los proyectos de los falangistas. El imperio se
convertía cada día de guerra en un objetivo más lejano; más lejano cada día de ejecuciones. No se disipó
únicamente la riqueza nacional, sino que también, e irremediablemente, quedó destruida la unidad interna. La
guerra civil acentuó los odios regionales, la lucha de clases y las discrepancias políticas, en lugar de
apaciguarlas.

A medida que España entraba en el tercer año de guerra civil, los sueños imperiales debieron parecer a un
hombre tan realista como Franco muy remotos en verdad. ¿ Cómo podía este país, con una economía
destrozada, con un pueblo dividido por un océano de sangre, marchar unido hacia una conquista imperial ?

Pero si la conquista del imperio aparecía como más difícil cada día, también la revolución social aparecía como
más remota cada día, aplazada por la derrota republicana. Si la guerra civil, sangrienta y larga, había destruido la
unidad nacional, al mismo tiempo la había hecho innecesaria. La Falange exigía la unidad nacional para canalizar
las energías de la revolución social hacia la expansión territorial. La guerra civil había malgastado estas energías
en el campo de batalla, contra el paredón y en el exilio. Este hecho diferenció esencialmente al movimiento
español de los movimientos fascistas de Alemania y de Italia.

21 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

Sin embargo, al final de la guerra civil, Franco, sin ser ideológicamente o temperamentalmente fascista, no
renunció terminantemente a la ambición imperial. La palabra imperio fue formulada diariamente ante los
españoles hambrientos, en su mayoría con otros apetitos que el de conquistar territorios extranjeros. Franco
mantuvo el aparato de la Falange, organización intrincada que englobaba a toda la sociedad española en un
estado de excitación, a fin de estar preparado para una intervención armada en el conflicto europeo, en el caso
de que España tuviera la oportunidad de hacerlo sin peligro, como fue el caso en la anexión de Tánger.
Entretanto, la Falange representaba el mejor instrumento posible de control político y de represión interior.

La España de Franco y la Falange sabían, una vez comenzada la segunda guerra mundial, que la conquista
imperial estaba relacionada estrechamente con su participación en la contienda, pero jamás pensaron en una
intervención en la guerra europea, salvo en colaboración con los nazis y los fascistas. La Falange no fue pronazi y
profascista por gratitud hacia Italia y Alemania a causa de la ayuda prestada a la causa de Franco durante la
guerra civil, aunque esta colaboración en la guerra sí afianzó la amistad entre las dos potencias fascistas y el
Estado español. La Falange fue consecuentemente prohitleriana y promussoliniana antes de la guerra, porque la
política exterior del fascismo español, que desde el primer momento tendía al restablecimiento de un imperio
territorial, concebía esta operación de conquista únicamente en colaboración con la Italia de Mussolini y con la
Alemania de Hitler.

Ximénez de Sandoval, falangista de la primera hora y jefe del gabinete diplomático de Serrano Suñer, escribió en
1941 sobre la política internacional de la Falange antes de la guerra : « Nuestra protesta iba dirigida por igual
contra los vergonzosos artículos de la Constitución española de 1931 que declaraba « la renuncia a la guerra
como instrumento de política nacional », otorgando la consideración de las leyes del país a los artículos del Pacto
y a los acuerdos de la Sociedad de Naciones, que contra los prolongados statu quo en Marruecos, en el
Mediterráneo, en Gibraltar y en todos los problemas europeos, sancionados con la pasividad de todos los
gobiernos desde el 98... Muchas veces -rearme de Alemania, conflicto italo-etíope, etc., -se nos tachó de
parciales porque la Razón y la Justicia estaban del lado de aquellos pueblos que habían hecho una revolución
nacional de tipo heroico, como la que hacían nuestros camaradas por las calles y los campos de una España en
trances de desaparición. » [op.cit., p. 304]

La tesis falangista de colaboración con la « nueva Europa » fue expuesta ya en los escritos de La conquista del
Estado, y en los artículos de Onésimo Redondo. Cuando los abisinios fueron atacados por la Italia fascista, la
prensa falangista defendió a los agresores, y José Antonio de Rivera abogó por Italia en la Cámara de
Diputados. [Discurso de 2 de octubre de 1935] Fue en este discurso en el que José Antonio Primo de Rivera
recordó a sus auditores el problema de Gibraltar : «Y ¿ cómo se va a hacer la comparación entre el intento
italiano de incorporación colonial de Etiopía y la violación del territorio español, de uno de los miembros más
antiguos y más considerados... de la Sociedad de Naciones... ?... ¿ Tendré que pasar por vuestro espíritu el
recuerdo de Gibraltar ? » Stanley G. Payne, en su defensa de José Antonio Primo de Rivera, escribió,
refiriéndose al problema de Gibraltar, que « a José Antonio no le preocupaba este tipo de nacionalismo ». (38) En
otro documento de José Antonio Primo de Rivera, fechado en diciembre de 1935, se puede leer : « En el exterior,
debilidad, servilismo, olvido de Gibraltar y de Tánger. En resumen : ruina espiritual y material. ¡Vergüenza! » (39)

La Falange -aun antes de la guerra- tenía la ilusión de que sería posible formar una liga de fascistas italianos,
nazis alemanes y falangistas españoles, que representarían tres naciones europeas desposeídas y que podría
destronar a las naciones poseedoras. Al estallar la segunda guerra mundial, esta posibilidad parecía más
inmediata que nunca. Hay que insistir en que la idea imperial falangista nunca fue concebida como una empresa
española independiente; fue concebida como una acción combinada con los nazis y los fascistas, para cambiar el
mapa de Europa y del mundo. Este pacto previsto no fue nunca un pacto ideológico; era la alianza de tres
ladrones, cada uno de los cuales desconfiaba del otro.

Las largas negociaciones que el Estado franquista sostuvo con las potencias del Eje (40), durante la segunda
guerra mundial, indican la esperanza del régimen franquista en participar en el botín territorial de la victoria del
Eje. La posición franquista en estas negociaciones puede ser resumida de esta manera :

1. España hizo saber a la Alemania nazi y a la Italia fascista que su economía devastada y su falta de unidad,
consecuencias de la guerra civil, la habían debilitado tanto que no podía en modo alguno participar
inmediatamente en la segunda guerra mundial.

2. Al tratar de justificar su debilidad momentánea, el Estado franquista señaló con orgullo a Hitler y a Mussolini los
sacrificios hechos entre 1936 y 1939 por la « causa » común, e identificó la guerra civil con la segunda guerra
mundial.

3. El Estado franquista reiteró a sus amigos del Eje su anhelo de entrar en la guerra, a condición de que se
tuviesen en cuenta sus reivindicaciones expansionistas y de que las potencias del Eje satisficiesen sus
necesidades inmediatas en las esferas económica y militar.

22 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

La posición franquista reflejaba la verdad. La guerra civil sí dejó el país devastado y el pueblo hambriento. La
guerra civil sí fue el preludio a la segunda guerra mundial. La España de Franco sí estaba dispuesta a entrar en
guerra, si la ayuda económica y militar del Eje la ponían en condiciones de hacerlo y si las reclamaciones
territoriales eran reconocidas y garantizadas. Las condiciones de Franco no fueron aceptadas y el plan de
conquista del imperio nunca fue puesto en ejecución. Estudiemos detalladamente aquellos tres puntos.

Con la victoria. Franco heredó un país arruinado y hambriento : situación de la cual él y sus amigos eran los
primeros responsables por haber desencadenado una lucha fratricida. Serrano Suñer afirmaba tristemente al final
de la guerra : « La riqueza compartida iba a ser pronto la pobreza total ».[op.cit., p 86]

Cuando Serrano Suñer, embajador itinerante de Franco, llegó a Italia en junio de 1939, el conde Ciano notó que
España alegaba su pobreza : « España teme una guerra en un futuro próximo porque se halla actualmente al final
de sus recursos. Hay carestía en algunas regiones. Si puede disponer de dos años, o tres de preferencia, podrá
rehacerse y llevar a cabo sus preparativos militares. » [The Ciano Diaries, New York 1946, p. 94]

Y Ciano vuelve a escribir : « Serrano Suñer estuvo muy contento al saber que nosotros y los alemanes también
deseamos aplazar el conflicto durante unos años. » [ibid.]

La satisfacción de Serrano Suñer duró pocos días. En agosto, la declaración de guerra destruyó los sueños
falangistas. Serrano opinó que la guerra era «inoportuna ». Y : « No nos convenía la guerra entonces, en primer
lugar porque España, cansada, arruinada, mal preparada, no apetecía aventuras bélicas. » [op.cit., p. 89]

En su entrevista con Ribbentrop, en septiembre de 1940, Serrano Suñer habló de «nuestras realidades, de
nuestra lamentable situación general económica, especialmente alimenticia, falta de trigo, de gasolina, de
algodón, de nitratos, de transportes, etc., etc... [ibid., p. 180] Serrano no lo dice en su libro, pero según
documentos alemanes, aseguró a Ribbentrop que sin estas dificultades, España ya habría entrado en la guerra.
Antes de la partida de Serrano Suñer para Berlín, el embajador de Alemania, von Stohrer, escribió a su superior
jerárquico : «España es débil económica y militarmente; interiormente está desunida y por eso no puede llevar a
cabo más que unos meses de guerra continua. Además, la opinión pública española, después de tres años de
guerra civil, no desea nuevas complicaciones bélicas. (41)

Cuando Hitler preguntó a Franco en Hendaya si estaba preparado para entrar en la guerra en enero de 1941,
Franco contestó refiriéndose a la falta de trigo en España. Pedía más de 100 000 toneladas. (42) Nuevamente,
en noviembre, Serrano Suñer se entrevistó con Hitler y Ciano en Salzburgo. Ciano escribió que « de todas las
cosas que hacen falta a los españoles, aquella que les causa preocupaciones más graves es el trigo...» [Les
archives secrètes du comte Ciano, p. 418]

El 12 de febrero de 1941, Franco dijo a Mussolini, en la entrevista de Bordighera, que España necesitaba trigo,
que la situación alimenticia en España se había deteriorado desde que hizo la oferta de entrar en la guerra en
junio. El informe italiano cita las siguientes palabras de Franco : « ¿ Cuál es la situación en este momento ? El
hambre. Tan sólo ocho provincias españolas disponen de trigo para tres meses; las otras carecen casi totalmente
de este alimento. » [ibid., p. 434]

En el informe italiano sobre la entrevista de Bordighera puede leerse la frase siguiente : « El Duce mantiene la
fórmula que Serrano ha querido recordar y reconoce que un pueblo que ha sufrido tres años de guerra civil no
puede entrar nuevamente en guerra si no dispone de una buena situación alimenticia y si no se retribuyen sus
sacrificios. » [Les archives secrètes..]

Franco, en carta a Hitler del 26 de febrero de 1941, repitió sus lamentaciones por « las condiciones de nuestra
situación económica », a las que acusó de ser « las solas razones por que no ha sido posible hasta ahora fijar la
fecha de la entrada de España [en la guerra] ». (43)

Al mismo tiempo que arruinó la economía española, la guerra civil frustró los anhelos falangistas de unificar a
España territorial, política, social y económicamente. Una guerra civil no ha sido nunca el medio eficaz para
unificar un país, aunque Serrano afirmase : « Se había combatido sobre todo por la unidad de los españoles
cuarteada en las pugnas endémicas de partidos, clases y regiones, acentuada por la etapa republicana... » [op.
cit., p. 87]

La desunión del país también impidió la entrada de la España de Franco en la segunda guerra mundial. En los
documentos alemanes relativos a la entrevista de Hitler con Serrano Suñer, en presencia de Ribbentrop (17 de
septiembre de 1940), leemos : « ... Suñer manifestó que los españoles temían un desembarco de los ingleses en
la costa del Cantábrico y, a este respecto, mencionó que los elementos comunistoides de la población asturiana
podrían complicar mucho la situación en el caso de que se realizase esa tentativa de desembarco. » [The
Spanish Government, p. 9]

23 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

El 4 de octubre, en una entrevista con Hitler, Mussolini declaró: « ... No hay que olvidar que la situación interna de
España no es buena, que incluso es mala en diversas regiones, puesto que, según los mismos españoles, las
poblaciones siguen siendo rojas. » (44)

En noviembre de 1941, Serrano Suñer subrayaba de nuevo en Berlín la falta de unidad de la nación : « Todas las
dificultades que debe afrontar su gobierno entre las trampas de los monárquicos, de los militares rebeldes y de
los rojos dormidos en apariencia... » [Archives secrètes.., p. 475]

Franco había matado o exilado a muchos de sus enemigos; eran demasiado numerosos, sin embargo, para que
fuera posible eliminarlos a todos. Pero la conquista del Estado había sido tan caramente pagada en vidas
humanas y riquezas que tras su victoria, Franco no disponía de las fuerzas necesarias para lanzarse a la
conquista del imperio. La falta de hombres y riquezas de que adolecía Franco en 1939-1941 había sido motivada
por la resistencia del pueblo español al fascismo durante la guerra civil.

Esta verdad histórica no place al régimen.

El 24 de marzo de 1960, Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores de Franco, afirmó contra toda
evidencia en la universidad jesuita de Georgetown, en Washington, que la actitud « neutral» durante la segunda
guerra mundial, no fue debida a la pobreza causada por los tres años de resistencia republicana ni al temor del
régimen por una población todavía rebelde, sino a la « voluntad » de la España de Franco. « Si España no
hubiera tenido la firme voluntad de ser neutral, hubiera podido, gracias a su posición geográfica, haber asestado
golpes mortales a Francia y a Inglaterra. » (45) Esta cínica declaración del ministro no toma en consideración el
hecho indiscutible de que la posición oficial de España durante la mayor parte de la segunda guerra mundial no
era de « neutralidad » sino de « no beligerancia ».(46)

Con la segunda guerra mundial, era evidente que había llegado el momento soñado por los falangistas de realizar
su ambición de conquista. Entonces o nunca. España ofreció a Hitler su participación en la guerra en junio de
1940, en ciertas condiciones. Al mismo tiempo que el gobierno de Franco insistía en su debilidad presente,
formulaba sus reivindicaciones en nombre de sus servicios pasados y de la promesa de esfuerzos futuros.

La idea de que la guerra civil española era meramente el preludio a la segunda guerra mundial proviene del
mismo Francisco Franco. El 3 de junio de 1940, el general Franco escribió una carta a Hitler, carta que fue llevada
al destinatario, una semana más tarde, por el jefe de Estado Mayor español, general Juan Vigón. Al comentar
esta carta, el erudito alemán, Donald S. Detwiler, escribió : « No es de ningún modo una elegía a la victoria
alemana, por muy impresionado que haya podido estar Franco. Por el contrario, este gallego astuto y callado
emprendió, mediante su adaptación a los acontecimientos ocurridos desde su llamamiento de paz de seis meses
antes, la identificación de la guerra civil española con la segunda guerra mundial de Hitler, en cuyo gran éxito vio «
realizada la esperanza que lucía ya en España, cuando vuestros soldados compartían con nosotros la guerra
contra el mismo, aunque oculto, enemigo ». Adviértase que Franco no dice que « vuestros soldados » apoyaron
los suyos, sino que habían combatido ya con ellos en esa ocasión contra el enemigo de ahora. Que Franco
creyera realmente o no en que la segunda guerra mundial era la continuación de la guerra civil española es algo
que no puede probarse. Sea como sea, abogó por la tesis de que la guerra civil formaba parte de la guerra
mundial. » [op. cit., p. 23]

Detwiler señala también que Franco repitió el mismo pensamiento en septiembre de 1940, al aceptar la Gran
Cruz de oro del Águila alemana : «Cuando hoy siento sobre mi pecho el peso de la condecoración de su nación
[es decir la alemana], me siento orgulloso de haber tenido bajo mis órdenes, en las primeras batallas de este
gran acontecimiento, a la Legión Cóndor, glorioso héroe de sus victorias actuales. » [ibid., p. 148]

Franco insistió sobre el mismo punto en la carta que envió a Mussolini el 15 de agosto de 1940, en que decía : «
... España, además de su contribución al establecimiento del Nuevo Orden, mediante nuestros años de arduas
luchas, ofrece todavía más al prepararse para ocupar su lugar en el combate contra los enemigos comunes. »
[The Spanish Government, p. 7]

Ramón Serrano Suñer llegó a Berlín el 16 de septiembre de 1940 y aquel mismo día, después de una primera
entrevista con el ministro alemán de Negocios Extranjeros, von Ribbentrop, declaró a la prensa alemana : «
Naturalmente, sostenemos la tesis de que nuestra guerra ha sido la primera fase de la guerra actual.
Combatimos a la revolución roja y a lo que podemos llamar antiguo régimen de Europa. El hecho de que nuestra
aportación a la salvación europea se haya adelantado no hace sino darnos razones para seguir hablando a
Europa ». (47)

Esta idea de Franco, Serrano Suñer y otros fue repetida por el historiador Manuel Aznar, en 1941, en una historia
de la segunda guerra mundial, en la que dio el título « La guerra de España o la primera campaña para la nueva
Europa » al capítulo XV. En ella se puede leer : « Las democracias acaban de sufrir otro de sus inolvidables

24 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

fracasos. Igual que en Etiopía, habían apoyado a la Barbarie contra la Civilización, a la Hez contra el Decoro.
Habían traicionado a Europa, y Europa, el sentido de continuidad europea, la Historia de Europa iba a volverles la
espalda. Vencidos en la primera gran batalla, y ciegos ante lo que sucedía, lo perdieron todo al cabo de muy
poco tiempo. » (48)

Franco y Serrano Suñer se entrevistaron en Bordighera con Mussolini y Ciano, en febrero de 1941. Serrano
Suñer escribe sobre este encuentro : « Franco repitió el punto de vista ya conocido en sus anteriores
conversaciones conmigo. España había luchado ya contra el peligro común y no estaba preparada para otra
guerra. » [op. cit., p. 263]

El 26 de febrero de 1941, Franco escribió una carta a Hitler en la que decía : «No creo que las reivindicaciones
españolas puedan calificarse de excesivas, y menos aún cuando se considera el tremendo sacrificio del pueblo
español en una batalla que fue una precursora importante de la de hoy. » [The Spanish Government, p. 34]

Ningún escritor había insistido tanto sobre el hecho de que la guerra civil fue el preludio de la segunda guerra
mundial como José María Areilza, « camisa vieja », consejero nacional entonces de la Falange, y luego
embajador de Franco en Washington y París. Ni como Fernando María Castiella, catedrático entonces de
derecho internacional en la Universidad de Madrid, y hoy ministro de Asuntos Exteriores de Franco. Basta para
convencerse leer el libro que en 1941 publicaron conjuntamente : Reivindicaciones de España. En él se afirma
que si Hitler logró apoderarse de Austria y Checoslovaquia fue gracias al esfuerzo español : « Durante tres años,
la guerra española fue asimismo un punto de atracción estratégico, verdadera encrucijada neurálgica de los
intereses europeos, « guerra invisible », como alguien la calificó, del Eje Roma-Berlin contra las democracias, lo
que facilitó a la fuerte y juvenil política exterior alemana resolver en el interín los problemas de Austria y
Checoslovaquia, preludio indispensable de la gran rectificación histórica de las fronteras de Versalles. ». (49)

Los autores opinan también : « ... este medio millón de españoles que han entregado su vida con inigualada
generosidad durante los tres años de nuestra guerra han muerto también -y muy en primer término- por el orden
nuevo de Europa, que ya se vislumbra en el horizonte. Fue su batalla la más difícil porque se reñía en las horas
inciertas en que todo podía suponerse ganado o perdido. Era igual. » [ibid.]

También declaran : « Al terminar nuestra guerra con la victoria de Franco, las democracias habían sufrido una
triple y formidable derrota estratégica, política y moral. » He aquí la nota de pie de página que apoya esta frase :
« Esta tesis ha sido confirmada de un modo explícito y rotundo por Liddell Hart, crítico militar del Times, autor de
la obra The Defence of Britain. Liddell Hart declaró terminantemente que « la primera batalla de la guerra
europea fue la guerra civil española. » [ibid.]

Pero llegó el tiempo en que los franquistas dejaron de vislumbrar posibilidad alguna de provecho en la aserción de
que la « cruzada » de Franco fue el primer capítulo de la segunda guerra mundial. Este cambio de actitud se
efectuó en el momento en que las potencias del Eje empezaron a perder la segunda guerra mundial. Desde aquel
momento, los franquistas han tratado activamente de presentar su lucha como algo esencialmente diferente de la
que sostuvieron las potencias del Eje.

Diecinueve años después de haber formulado sus reivindicaciones arrogantes para compartir el botín del Eje,
Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores de Franco, pudo declarar en Washington, exactamente
lo contrario de lo que había escrito en 1941 : « Nadie tiene derecho a censurar la forma en que resolvimos un
problema de política interna. Lo tendrían, quizás, si hubiéramos hipotecado nuestra soberanía y si nuestra
decisión hubiera alterado el equilibrio europeo. » [op. cit., p. 25] En 1941, Castiella afirmaba con insistencia
enojosa que la España de Franco había « alterado el equilibrio europeo » en beneficio del Eje.

Este cambio de actitud ha sido desarrollado hasta sus últimas consecuencias lógicas por Luis García Arias,
profesor de derecho internacional de la Universidad de Zaragoza, que ha creído poder afirmar : « Una visión
deformada [de la guerra civil]... ha querido interpretarla como un prólogo de la II Guerra Mundial. La inexactitud
de tal interpretación es patente y clara desde el momento en que, ya en 1938, la España nacional firmemente se
declararía neutral en la contienda que entonces se temía estallara entre las potencias europeas, actitud que sería
sostenida durante toda la II Guerra Mundial. [!!!] En realidad, la Guerra de España fue el preludio de la III Guerra
Mundial... » [La guerra de liberación nacional, p. 414]

La economía arruinada y la falta de unidad del país conquistado no hacían perder de vista los objetivos imperiales
y falangistas a los líderes de la España franquista. En junio de 1939, Serrano Suñer expresaba en Roma su
satisfacción por un aplazamiento de las hostilidades eventuales a la par que anunciaba igualmente el interés del
régimen franquista por las conquistas eventuales de carácter imperial. El diario de Ciano revela : « España
también tiene cuentas pendientes con Francia, esta « Francia sin honradez ni honor », y estas cuentas se llaman
Marruecos, e independencia política y económica. » Y : « El Duce desea que empecemos a definir con España el
programa futuro relativo al Mediterráneo occidental : Marruecos pertenecería completamente a España; Túnez y
Argelia deberían ser nuestros. Un convenio con España debería garantizarnos un paso hacia el Atlántico a través

25 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

de Marruecos. » [The Ciano Diaries]

La arremetida de los ejércitos alemanes a través de Francia colocó a Franco y a sus consejeros en una difícil
posición. El mapa de Europa estaba siendo modificado, y España tenía que adoptar una posición en lo que se
refiere a esa nueva situación. El 3 de junio de 1940, Franco envió una carta a Hitler, puesto que era con los
alemanes, más bien que con los italianos, con quienes tenia ahora que discutir. El día en que Mussolini declaró la
guerra a una Francia prostrada, y dos días antes que Franco decretara su nueva política de « no beligerancia »,
el jefe de Estado Mayor, general Juan Vigón, salió para Alemania con el mensaje. Seis días más tarde, celebró
conversaciones con Hitler y Ribbentrop, con el fin de discutir la oferta de España de entrar en la guerra al lado de
Alemania, en ciertas condiciones. Hitler manifestó su alegría por la ocupación de Tánger por los españoles. Vigón
dijo a Hitler que a España le gustaría unificar todo Marruecos, bajo la protección española. Hitler no puso
objección alguna, pensó que Mussolini estaría de acuerdo, y, de todas formas, dijo que las ambiciones alemanas
en lo que a Marruecos se refería eran solamente económicas. Vigón sugirió que quizás incluso el ejército español
podía ser reforzado con material de guerra capturado por los alemanes en Francia. [Detwiler, p. 22-24]

El 19 de junio de 1940, el embajador español en Berlín, marqués de Magaz, comunicó al secretario de Estado
von Weizsäcker estas demandas españolas : el Oranesado, la unión de todo Marruecos bajo un protectorado
español, el ensanchamiento del Sahara español, el aumento de la región costera española entre el estuario del
Níger y Cabo López. Si Inglaterra continuaba la guerra, España entraría en ella. En ese caso, España necesitaría
material de guerra, artillería pesada, aviones para el ataque contra Gibraltar, y quizás submarinos para la
protección de Canarias. España necesitaría también víveres, municiones, material ferroviario y otros materiales,
que podrían provenir ciertamente del botín tomado a los franceses. (50)

El 25 de junio, von Weizsäcker acusó recepción a las reivindicaciones españolas y manifestó al embajador la
voluntad de Alemania de suministrar material de guerra a España. [ibid.]

En todas las negociaciones entre las autoridades alemanas y las españolas, se entendía que la participación de
España en la guerra debería empezar con un ataque conjunto germano-español contra Gibraltar y con el bloqueo
del Mediterráneo occidental. Durante julio y agosto hubo una febril actividad en torno a este proyecto. Varios
alemanes, entre ellos Canaris y von Richtofen, visitaron España, estudiaron la zona de Gibraltar, tuvieron
conversaciones con Franco, Serrano Suñer y Vigón [The Spanish Government, p. 11] ; entretanto, en Berlín, se
hacían planes, y la idea era considerada seriamente no sólo por Hitler, sino también por los generales Keitel, Jodl,
Warlimont, etc. [Detwiler, p. 30-36]

Cuando los planes para el ataque de Gibraltar estaban ya adelantados, Serrano Suñer fue a Berlín para
discutirlos, y allí reiteró las reivindicaciones territoriales españolas. [ibid., p. 38]

En su entrevista con Franco en Hendaya, a fines de octubre, Hitler consideró que las reivindicaciones españolas
eran exageradas con respecto a lo que España representaba. Hitler temió la influencia del movimiento de De
Gaulle en África, sobre todo si se sabía que España iba a recibir un territorio francés, como Marruecos. [The
Spanish Government, p. 24 y ibid., p. 56]

Según Ciano, Hitler hizo saber a Mussolini (28 de octubre de 1941) : « Los españoles no se dan cuenta de su
posición y se señalan objetivos que no tienen relación alguna con sus fuerzas... y tienen un programa de
reivindicaciones coloniales de tal amplitud... Serrano pide rectificaciones fronterizas en el Pirineo y reivindica la
Cataluña francesa. Pide Orán y todo Marruecos hasta el 20° paralelo. Esta fórmula no ha podido aceptar se; no
obstante, se ha redactado un protocolo tripartita secreto... que contiene una fórmula imprecisa acerca de las
reivindicaciones españolas. » [Les archives secrètes., p. 408-409]

Franco reiteró en 1941, en Bordighera, las mismas exigencias: «Las demandas españolas se referían a todo lo
que corresponde a España en África por razones naturales y que Francia, trozo a trozo, le había arrancado en
momentos de debilidad y de decadencia política : en particular, Marruecos. España no quiere nada gratuitamente.
Quiere luchar, quiere librarse de la dominación inglesa y francesa. España no ha rechazado las demandas
alemanas. » [ibid., p. 432]

Después de la visita de Canaris a Madrid en diciembre de 1940, y sobre todo después de la carta de Franco a
Hitler del 26 de febrero de 1941, los alemanes perdieron toda esperanza en lo que respecta a la entrada de
Franco en la guerra. Consideraron que la ayuda de Franco no tenia el valor que él pretendía. [Detwiler, p. 86, 91]

Un estudio detallado de las reivindicaciones españolas se halla en el libro de José María de Areilza y Femando
María Castiella, Reivindicaciones de España. (51)

Este libro fundamental comenta el conjunto de las reivindicaciones de España. La reivindicación de Gibraltar en sí
misma puede ser difícilmente considerada como una reivindicación de carácter imperialista, pero la reivindicación
de Gibraltar en 1940 o 1941 era claramente una acción pronazi. Las otras demandas entran en la categoría de

26 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

las reivindicaciones imperialistas.

En lo que al Oranesado se refiere, los autores manifiestan : « Con la espada desde Cisneros a Montemar y con
el arado y la azada desde hace un siglo, nuestra raza conquistó en África su puesto al sol, que nadie debe ni
puede arrebatarle.

« He aquí el primer jalón de nuestro Imperio futuro. Este es el peldaño inicial para subir al Atlas y otear desde las
alturas los mares atlánticos, buscando enlace con las costas de Río de Oro, Cabo Bojador y Cabo Guer, espalda
africana de las Islas Afortunadas.

« Orán es nuestro por el espíritu, por la lengua, por la sangre, por la economía y por el trabajo...

« Pero ya nada podrá retener la irresistible fuerza de los acontecimientos. Orán retornará muy pronto, por tercera
vez, al seno de la comunidad española. » [Reivindicaciones de España, p. 212-213]

Con la misma autoridad se refieren los dos autores al África ecuatorial : « Las reivindicaciones mínimas de
España en el golfo de Biafra son las siguientes : en el Norte, la costa de Nigeria desde Calabar Viejo hasta
Cabo Formoso. Y en el Sur, la costa desde el estuario del Muñí hasta Cabo López. Todo ello con el hinterland
que la más elemental equidad señala. » [ibid., p. 264]

En el momento en que el libro era publicado, Tánger había sido ya incorporado al Marruecos español. Pero los
escritores falangistas reclamaban todo Marruecos : «Marruecos tiene derecho a rescatar su unidad. El Imperio
del Sultán debe formar ineludiblemente un conjunto homogéneo en el orden político, jurídico, geográfico y
económico... Marruecos ha de resucitar su vieja unidad bajo la protección y el amparo de España... De aquí que
podamos proclamar muy alto que nuestra Patria no reivindica Marruecos, sino que reivindica, con carácter
exclusivo, una misión - una altísima misión en el Imperio del Sultán. Aquella que con fe generosa y ardiente
podríamos enunciar diciendo : Una España sóla ayudando a un sólo Marruecos. » [ibid., p. 498 y 501]

El África occidental también debía ser una zona de expansión española : « El África occidental ha sido, es y debe
ser un campo natural de expansión española. Por todos conceptos constituye el « espacio vital » de nuestras
islas Canarias. » [ibid, p. 505].

Y aunque el libro tan sólo se refiera al África, sus autores se toman la molestia de precisar que el futuro imperio
español responderá a ambiciones más vastas. « A toda costa necesitamos salir al paso de quienes, torpe o
maliciosamente, supongan a este libro -de acuerdo con la idea ganivetiana- un libro africanista... En esta obra, lo
que se intenta proclamar, ante todo, es la necesidad de una política exterior para la Patria. Y África, si bien es
una de las bases indiscutibles de aquélla, ni es la única ni acaso la más importante : España vive en simbiosis
peninsular con Portugal, carne de su carne y clave radical de su existencia. España se asoma a un tiempo al
Atlántico y al Mediterráneo. La Península, unida, es, en fin, cabeza y médula del mundo hispánico desparramado
por el orbe. » [ibid., p. 605]

Es necesario insistir en el libro de Areilza y Castiella. Su primer capítulo se titula « La voluntad recobrada ».
Voluntad que es simplemente la voluntad de expansión imperialista. « ... la España triunfante era, ante todo, una
nación recobrada a sí misma, con su voluntad de Imperio rescatada plenamente, dispuesta a imponer sus deseos
en la esfera vital que por estricta justicia le correspondía. Porque alentaba en ella una nueva mentalidad política
-la Falange- que estaba llamada a conjugarse de modo singular y armónico con el nacional-socialismo alemán y el
fascismo italiano. » [ibid., p. 46]

La versión más autorizada actualmente en la España de Franco es que la rebelión militar fue una guerra contra el
comunismo : «la primera victoria sobre el comunismo mundial».

No hay sin embargo en « La voluntad recobrada », capítulo de un libro escrito por dos notables intelectuales
entonces falangistas y, a lo largo de veinticinco años fieles servidores del franquismo en los puestos más
elevados, ni una sola palabra contra la Unión Soviética. Hombres belicosos, Areilza y Castiella estaban dispuestos
a luchar. Pero la guerra que preveían no era una guerra contra la URSS sino una guerra contra las democracias
occidentales, poseedoras de imperios, contra Francia e Inglaterra. Figura en su libro, incluso, esta increíble
aserción: « Cuando, a fines de 1936, las democracias occidentales, para impedir el triunfo de Franco, idearon la
fórmula de intervenir hipócritamente a través de las Brigadas Internacionales, Italia y Alemania, que, en frase de
Mussolini, « ya habían tomado postura del otro lado de la barricada », enviaron a España sus primeras tropas
voluntarias. » [ibid., p. 48] Este es, sin duda alguna, el único intento conocido para hacer recaer sobre Inglaterra
y Francia la responsabilidad de las Brigadas Internacionales. La victoria con que soñaban los falangistas de 1940
y 1941 no era una victoria ideológica contra la Unión Soviética, sino una victoria territorial contra Francia e
Inglaterra. Rusia no tenía colonias que suscitasen la envidia de aquellos -entonces agresivos españoles.

Examinemos otra aserción de Areilza y Castiella : « Desde la batalla de Málaga hasta el 1 de abril de 1939, en

27 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

que nos llegó la victoria rotunda, aplastante y sin condiciones, la España nacional mantuvo a un tiempo el
combate por su propia libertad exterior y por el triunfo de un nuevo orden europeo basado en principios de
justicia. El solar hispano era el crisol donde venían a fundirse los heroísmos comunes de tres pueblos, nutridos de
la savia fresca de una moderna concepción del mundo fundada en la exaltación de los valores vitales, frente al
edificio decadente y carcomido de los Imperios francés e inglés, ahitos de riqueza, podridos en su contextura
moral, refractarios al reajuste social indispensable, encerrados en el frenético egoísmo de negarse a revisar las
injusticias producidas por su propia voluntad. » [ibid., p. 48-49]

Areilza y Castiella califican de « guerra ideológica » la segunda guerra mundial, sin mencionar el comunismo : «
Sabíamos, en fin, que si bien el inicio de la guerra europea revestía las formas de una rivalidad material y
hegemónica entre el Imperio británico y el germano, la lucha no tardaría en plantearse en su verdadera
dimensión, esto es, como una revisión implacable de las antiguas fronteras consagradas en Versalles y también
como un choque gigantesco entre los dos principios que informan los sistemas políticos del mundo : el de la
democracia individualista y liberal con el que conjuga la jerarquía y la autoridad poniéndolas en servicio de los
valores espirituales de la Patria. Convirtiéndose en suma, la contienda en una guerra ideológica, de la que ha de
surgir la solución de la unidad de Europa. » [ibid., p. 52]

El Eje perdió la guerra, en contra de las esperanzas de Francisco Franco, de Ramón Serrano Suñer y de José
María de Areilza y Fernando María Castiella. Y en 1960, este último cambió la letra de su canción y ante su
auditorio desprevenido de Washington declaraba que la política española durante la segunda guerra mundial era
de completa neutralidad. Este partidario de una guerra ideológica y territorial contra Inglaterra y Francia en 1940,
habló de la actitud de su gobierno durante aquellos años sin decir una palabra sobre la no beligerancia ni sobre
las largas y serias negociaciones que tuvieron lugar entre el Eje y los representantes de Franco, para que este
último entrase en la guerra, ni de las verdaderas razones que impidieron que España lo hiciese así. (52)

A partir de los primeros meses de 1941, Franco no desarrolló una gran actividad para realizar sus sueños
imperialistas. Cada día de segunda guerra mundial empeoraba su posición interna. Tal como explicó
constantemente durante las negociaciones de 1940-1941, no podía exigir más sacrificios al pueblo español sin
ofrecerle algo en compensación. Al buscar esta compensación, Franco se enfrentó con el hecho básico de la
naturaleza fascista : el fascismo no era una ideología de cooperación, sino de competición. El Estado fascista,
agresivo y ofensivo, no era el miembro de una liga, sino un filibustero, un lobo solitario. Ello queda palpablemente
puesto de manifiesto por las relaciones sostenidas entre la España falangista y las potencias del Eje en los años
de guerra mundial. Ciano dice que, en 1939, Mussolini pensó ceder Marruecos a España, reteniendo Argelia y
Túnez para Italia y sin dejar nada en África del Norte para Alemania. Y en sus conversaciones berlinesas de
septiembre, Serrano Suñer descubrió que también Alemania tenia pretensiones a una parte del imaginario imperio
español.

Un memorándum dirigido a Berlín por el embajador alemán en Madrid, fechado el 6 de septiembre de 1940, y
relacionado con la visita de Serrano Suñer a la capital alemana, pone de manifiesto que Alemania tenía intención
de tomar parte en la explotación de cualquier conquista territorial realizada por España, incluso en Tánger y en
otros lugares de África del Norte. Alemania estaba también preparada para reclamar una parte de todos los
bienes ingleses de que el gobierno español se apoderase en España. [Detwiler, p. 37-38, 153] En una
conversación que tuvo lugar en Berlín, en septiembre de 1940, Serrano Suñer dijo a Ribbentrop que la Guinea
española necesitaba tierras en el interior de África. Mostrándole el mapa colgado en la pared, el alemán,
contestó que su país tendría necesidad de bases navales tanto en Agadir como en Mogador, punto de vista que
escandalizó al viajero al ver al nazi codiciar el presunto territorio español. Pero todavía tenia Serrano Suñer que
oír cosas peores. Ribbentrop afirmó que Alemania quería una base naval en Canarias. -Imposible, gritó el
ministro de Franco; se trata de una parte de España. Serrano Suñer empezaba a comprender las realidades de
cualquier política fascista. (53)

En el encuentro de Hitler con Mussolini, el 4 de octubre de 1940, Hitler no pareció dispuesto a dejar a Franco otra
parte del botín que Gibraltar, y Ciano confió a su diario la ingenuidad de Serrano que no había descubierto « que
los alemanes le habían echado el ojo hacia mucho tiempo a Marruecos. » [p. 229]

Cuando Hitler se entrevistó con Franco en Hendaya, el 23 de octubre descubrió que no existía proporción alguna
entre las exigencias de Franco y la ayuda que podía ofrecer : «... tienen [los españoles] un programa de
reivindicaciones coloniales de tal amplitud que su aceptación por nuestra parte determinaría al Imperio francés a
colocarse en el campo de De Gaulle. Y si el Führer está dispuesto a no firmar la paz antes de que sean
realizadas las aspiraciones italianas, no se siente dispuesto a aceptar el mismo compromiso en lo que respecta a
España. » [Les archives secrètes, p. 408].

El fascismo español, el solo movimiento fascista de importancia que se acercó al poder a consecuencia de una
guerra civil, era a su vez el único movimiento fascista de importancia que no fue derrotado por la fuerza, sino que
fue dejado morir pudriéndose.

28 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

El fascismo español no fue derrotado en la guerra como lo fueron los movimientos fascistas alemán e italiano. El
fascismo español sólo hizo un débil intento de conquista imperial : la ocupación de Tánger. El fascismo español
renunció a su papel natural de movimiento fascista a causa de la resistencia de los republicanos españoles
durante la guerra civil, resistencia que dejó el país arruinado económicamente y dividido políticamente. La España
de Franco nunca pudo contribuir directamente al esfuerzo bélico del Eje en una medida que justificase el
reconocimiento por Alemania e Italia de las reclamaciones territoriales de Franco. Estas reclamaciones
constituían la única justificación de su entrada en guerra que Franco podía dar al pueblo español cansado,
hambriento y antifascista. Pero las ambiciones territoriales falangistas se veían arruinadas aun antes de poder
convertirse en realidad a causa de la rivalidad de las de los otros congéneres fascistas más poderosos.

La tesis falangista de canalizar la revolución social hacia conquistas imperiales dominó el pensamiento del Estado
franquista mientras quedó una posibilidad de conquistar el imperio. ¿ Cuándo se renunció a este proyecto ? En el
momento de la invasión alemana de Rusia, en junio de 1941, esta idea se imponía todavía pero con un vigor
debilitado. Franco no envió a la División Azul al frente oriental para crear un imperio en aquellas regiones; la
División Azul fue un subterfugio de Franco con el que esperaba conquistar -a poco precio y pago a plazos- un
imperio en occidente cuando los alemanes repartiesen los despojos de los aliados (54). Un año después. Franco
empezó a sentirse amenazado por la evolución de la situación mundial, y la caída de Serrano Suñer, en agosto de
1942, fue uno de los signos precursores que anunciaban elocuentemente un cambio fundamental en la política de
la España franquista. Cuando en la mañana del 8 de noviembre de 1942, norteamericanos y británicos
desembarcaban en África del Norte, en Marruecos y el Oranesado que, según la teoría falangista, correspondían
a España como botín de guerra, Franco y su Falange no protestaron, ni podían hacerlo. La Falange se resignó a
que África del Norte, ni fuera alemana, ni italiana, ni española.

El movimiento fascista español permaneció vivo, aunque no muy vigoroso hasta ese momento. En el momento en
que el Estado español aceptó dócilmente el hecho brutal de que África del Norte francesa no iba a formar nunca
parte del Imperio Azul, la Falange perdió su razón de ser. La palabra imperio dejó de vibrar en el aire de Castilla.
Franco y los jefes falangistas ya no pensaron a partir de aquel momento sino mantenerse en el poder dentro de
los límites naturales de España.

Cuando la esperanza de la victoria del Eje empezó a esfumarse y fue siendo evidente que la España
nacionalsindicalista no podría formar parte del Nuevo Orden porque éste no sería establecido jamás, los
intelectuales de FET y de la JONS abandonaron intelectualmente el Movimiento. En algunos casos, la separación
física tardaría todavía años en producirse; pero a partir del desembarco anglonorteamericano en África del Norte
en 1942, esos intelectuales habían perdido la confianza en el triunfo de su causa.

El desembarco no amenazó a España. ¿ Qué fue pues lo que impulsó a los intelectuales falangistas ? El
derrumbamiento de su visión del nuevo imperio, porque el desembarco aliado no sólo amenazaba este futuro
imperio sino que destruía hasta la más tenue posibilidad de que llegase un día a ser realidad.

Durante la guerra civil y después de ella, el espejismo de un nuevo imperio fue propagado por el entusiasmo de
los jóvenes intelectuales del Movimiento, tales como Dionisio Ridruejo, Santiago Montero Díaz, Pedro Laín
Entralgo y Antonio Tovar Llorente. Frenéticos apóstoles, creyeron y predicaron -con intensa fe juvenil- no sólo el
triunfo del falangismo y la reconquista del imperio sino también el Nuevo Orden de Europa, la victoria mundial del
nazismo, del fascismo y del falangismo.

El movimiento fascista español, creado más tarde que el italiano y el alemán, en un país industrialmente menos
desarrollado, tuvo desde el primer día un aspecto fundamental que lo diferenció de los movimientos capitaneados
por Hitler y Mussolini. Se trataba de su dependencia, de su incapacidad para concebir la acción imperial sino era
en concierto con las potencias fascistas más fuertes. Para quien lea los escritos de Ramiro Ledesma Ramos o de
José Antonio Primo de Rivera, es evidente que cuando los falangistas hablaban de imperio suponían su país
asociado con los otros « países jóvenes » de Europa para crear conjuntamente « el Nuevo Orden », y no como
una fuerza capaz de una acción independiente. De la misma manera, los intelectuales falangistas de los años de
la guerra civil y de la segunda guerra mundial, a la vez que clamaban por el « imperio », aplaudían las victorias del
Eje.

Antonio Tovar fue uno de los más feroces apóstoles del nuevo imperio. En octubre de 1936 -siendo Hedilla jefe de
la Junta de Mando- fue publicado anónimamente, con el título de El imperio de España, un folleto suyo, por el
Servicio de Prensa y Propaganda de FE de las JONS. Era una de las primeras publicaciones falangistas de la
época de la guerra civil. Fue reimpreso en Cuba y Méjico, y quizá en otros lugares. Se puede leer en él : «
Porque nuestra idea imperial, esencialmente española y atenta a nuestras fronteras y límites actuales, no puede
olvidarse de las dimensiones de la gran España que -todavía- nunca dejan de estar alumbradas por el sol...
España quiere hacer sentir su unidad al mundo hispánico, hacerle recobrar su conciencia de destino universal, su
alma... Nos sentimos unidos a Portugal por su historia gloriosa... Del imperio del mundo hispánico que tendrá su
alma nuclear en España, pero que alentará, con conciencia de Unidad, en el mundo todo. Y que sabrá hablar al

29 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

mundo por la boca unánime de 200 millones de hombres.» [p. 11-14].

Tovar vio en el futuro destino de España « algo que la nueva catolicidad está a punto de cubrir, con el fascismo
italiano, el nacionalsocialismo alemán y el nuevo Estado en España y Portugal, el suelo todo del Imperio de
Carlos V. En el cual supo España tomar su puesto. Como sabrá tomarlo ahora de nuevo, el el mundo de hoy. La
Falange Española de las JONS se encarga de ello. » [ibid., p. 73]

Este folleto provocó cierto escándalo en 1938 cuando The Times de Londres y La Tribune des Nations de París,
señalaron las ambiciones falangistas sobre Portugal que descubrían los escritos de Tovar (55). El folleto en
cuestión forma parte del un libro que fue publicado con el mismo titulo en 1941. Tovar, felicitándose por el éxito de
su folleto en tiempo de guerra escribía : « Ahora me temo que el libro no tenga la misma fortuna. Quizá haya
pasado ese momento de los hados favorables, que para algunos libros sin duda no son permanentes. Pero quiero
que conste que mi intención sí que es ahora la misma. Y que aún en mis momentos más fríos esta intención me
domina en forma de resolución jurada e irrevocable. » [p. 8]

En septiembre de 1939, Tovar pronunció una conferencias ante la Sección Femenina de la Falange en Barcelona.
También subrayó Tovar en esta ocasión el papel imperial de España. « Los españoles tenemos la fortuna de
pertenecer a un pueblo hecho para mandar... Y nuestro deber es, entonces, potenciar en lo actual toda nuestra
historia, actualizarla, movilizarla agresivamente, con estilo ofensivo y de acción directa. Sólo de esa manera
España llegará a ser una de las cuatro, cinco a seis grandes unidades que -José Antonio presintió esto- están
llamadas a gobernar el mundo en este siglo... » [p. 106-107]

Tovar declaró que España se hallaba en el umbral del nuevo imperio : « Y ahora no hay más que dejarnos llevar
de nuestro genio, disciplinarnos, endurecernos, prepararnos. ¡ Que el mundo está proporcionando muchas
ocasiones para que un pueblo pruebe su temple!

« Estamos como al principio del reinado de los Reyes Católicos y todo ha de ser hecho de nuevo. El mundo está
en un momento difícil. Un cerrado horizonte de unidades nacionales, angustiada cada una con lo suyo, nos rodea.
Y nunca han sido las circunstancias tan favorables y a la vez tan difíciles... La guerra nuestra no terminó el 1° de
abril, y si ahora nos hundiéramos en la paz creyendo que iba a ser perpetua, traicionaríamos a los que cayeron
en la guerra por una España grande y libre. La empresa que comenzó el 18 de julio no debe detenerse nunca. Y
nosotros, los falangistas, tenemos la obligación de mantenerla en heroica tensión.» [p. 176-177]

En 1942, Tovar veía todavía inminente la hora de la decisión española y escribió en su prefacio al libro Gibraltar
ante la historia de España : « Con toda claridad vemos que al final del ciclo iniciado en 1700, del ciclo que nos
sometía a la política extraña, se va a decidir ahora. Gibraltar español, violenta y totalmente español, sería señal
de que efectivamente habíamos entrado en una era política nueva.

« Y como sentimos cercana la hora de esta decisión, la hora de pruebas, la hora de angustia apocalíptica, no
podemos menos de estremecernos y sentir las tremendas inquietudes de la víspera. ¡ Víspera de todo o
resignación a la nada ! España no admite lo mediocre. (56)

Tovar continuó su labor en pro del imperio como intérprete oficial de Serrano Suñer y de Franco, durante sus
negociaciones con los alemanes y los italianos. Acompañó a Serrano Suñer en sus viajes a Roma y a Berlín en
septiembre de 1940, y a Franco en la entrevista de Hendaya. Después del viaje a Berlín, participando de la
euforia falangista que producía la proximidad de la conquista del imperio, Tovar escribió que en Berlín se discutió
« el planteamiento de una política mundial de grandes rasgos » y el intérprete pensó que presenciaba momentos
« en que se hablaba de las cosas del presente con la sencillez con que entre historiadores se podría discutir
sobre una empresa cesariana o napoleónica ». Antonio Tovar se consideraba en el umbral del nuevo imperio, del
Nuevo Orden : «Puesto que se trataba de cosas para siglos, todos los pueblos humillados de antiguo y
dispuestos al mando en el futuro pueden tomarse su propio y conveniente tiempo. » Y expresaba su confianza en
los aliados del Movimiento : « Del viaje quedan también algunos recuerdos y anécdotas de lo que llaman simpatía,
y que permiten una vez más admirar la amplia y noble humanidad de Mussolini y de Hitler, fundadores de futuro y
pilotos de sus pueblos en los tiempos más difíciles de la Historia. »

« Nosotros, los españoles, nos sentíamos orgullosos de sentar públicamente nuestra gloriosa condición de
gentes de la primera hora, de terceros, que llegan adonde Italia y Alemania, después, pero a través de una lucha
con obstáculos más duros e infinitamente más sangrientos. Esta conciencia guiaba al ministro español en todo
momento. » [Vértice, septiembre de 1940, p. 3]

De los intelectuales falangistas quien se ha mostrado más racista, siguiendo el ejemplo nazi, es Antonio Tovar,
ahora profesor en una universidad norteamericana, disfrazado oportunamente de refugiado del totalitarismo. Tovar
escribió en 1941 el prefacio del libro de Alcázar de Velasco, Serrano Suñer en la Falange. Este libro fue
fabricado por los intelectuales que gravitaban alrededor de Serrano Suñer y, sin duda, con su aprobación y
colaboración. Una parte del libro reproduce la entrevista de Serrano Suñer que hizo Ridruejo. Tovar declara que la

30 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

obra « ha sido largamente madurada, medida, pensada, calculada, planeada, sentida ».[p. 13] Para Tovar se
trata de un « apasionante libro » (p. 14). El libro alcanza el nivel intelectual de los discursos antisemitas de
Joseph Goebbels, de los escritos de Julius Streicher.

El comunismo « puesto al servicio del judaísmo amenaza con invadir a Europa (p. 27), declara el autor, « ... el
comunismo es una doctrina al servicio del judaísmo... » (p. 28). Alcázar de Velasco, protegido de Tovar y de
Serrano Suñer, recomienda a sus lectores Los protocolos de los sabios de Sión (p. 28), y cita el libro del barón
de Santa Clara (p. 29-30) (El judaísmo, publicado en Burgos por el Padre Tusquets). Para Alcázar de Velasco, «
El judaísmo, y su aliado la masonería, penetran en todas partes » y « el pueblo judío, como ha hecho observar un
gran novelista de nuestros días [Hugo Wast] tiene la misión... de dominar la tierra » (p. 31). Estas ideas nazis
formuladas por Alcázar de Velasco, hallaron el padrinazgo de Antonio Tovar y de Ramón Serrano Suñer.

En 1952, Tovar, rector entonces de la Universidad de Salamanca y Consejero Nacional de la Falange, releyó lo
que había escrito diez años antes en su prólogo al libro Gibraltar ante la historia de España, de Juan del Álamo.
¿ Publicarlo? ¿Hacer cambios? ¿ Qué hacer? Finalmente, Tovar resolvió el problema reproduciendo la llamada
imperialista de 1942, a la que añadió el siguiente post-scriptum : « He vacilado entre modificar el precedente
prólogo o dejarlo tal cual. Al fin pensando también a ratos que lo mejor sería suprimirlo, me he resuelto a dejarlo
sin más que añadir esta breve nota. Está lejano el tiempo en que fue escrito aquel prólogo. A los tiempos de
locura y esperanza han sucedido días más vulgares en que todo lo vemos posible a condición de luchar y trabajar
cada día.

«El lector podrá preguntarse : ¿Estábamos locos entonces? ¿Es ahora cuando somos unos ilusos?

« Me he permitido, dejando sin responder estas preguntas, pedir a Don Juan del Álamo que publique integro el
precedente prólogo. Al menos, como documento de las esperanzas que nos sacudieron a unos pocos en los días
lejanísimos de hace diez años. Con ello tranquilizo mi conciencia y dejo descubierto y sin disimular el antiguo
juego. » [ibid., p. 14-15]

¡Curioso documento en un arrepentido! Si Tovar quiso servir a la causa antifranquista -y a la de la historia- pudo
haber publicado sus memorias de jefe falangista y de partícipe en conferencias diplomáticas importantes. Este
menester de testimonio ninguno de los arrepentidos quiere realizarlo, salvo García Venero que no pretende estar
arrepentido. En fin de cuentas, Dionisio Ridruejo ha sido más honrado consigo mismo que sus colegas.

Uno de los partidarios más violentos del imperio español en el Nuevo Orden fue Santiago Montero Díaz quien,
discípulo de Ledesma, tuvo algo de la rigidez intelectual de aquél. Abandonó la Falange en 1935, siguiendo a
Ledesma, pero volvió a ella cuando estalló la guerra civil. En julio de 1943, declaraba : «Insisto en que «el imperio
no es solamente actitud misional y una voluntad nacional de difundir nuestra cultura». No hay imperio sin
expansión territorial, «pues no podemos dar este nombre a una melancólica peregrinación de inofensivas misiones
culturales. » (58)

No cabe abrigar duda alguna de que Montero Díaz sabía que la conquista deseada se hallaba ligada al destino
del nazismo y del fascismo. Cuando se percató que Franco iba a abandonar a sus amigos de lucha, Hitler y
Mussolini, declaró : « El nacionalsindicalismo nació con una generosa y bélica solidaridad, planteada de igual a
igual, de camarada a camarada, con la gran Alemania y la Italia fascista. A la afinidad -no identidad- ideológica,
se unía la coincidencia de una común hostilidad... un rotundo gesto de repulsa al predominio británico en el
mundo.»[ibid., p. 23] Y Montero Díaz objuraba a Franco : «Pero si el Partido -y sigo moviéndome en el terreno
instrumental e inofensivo de la hipótesis- abandonase ahora su solidaria adhesión de camarada hacia Alemania e
Italia, cómo entenderíamos que pueda responsabilizarse de veinte siglos de historia patria, un Partido que no se
responsabilizara ni siquiera de diez años de su propia historia.» [ibid., p. 24-25]

Santiago Montero Díaz no renegó de su lealtad a la causa de la Nueva Europa y, el 23 de marzo de 1944,
afirmaba en la Universidad de Madrid : « De su crisis Italia saldrá victoriosa por el genio del Duce, por el fervor de
sus juventudes fascistas y por la lealtad alemana. Con intuición de europeo, al margen de la profecía o de la
ciencia, presiento el triunfo de la nueva Europa. Me limito a consignar presentimientos, porque acato
-disciplinadamente- la consigna nacional de neutralidad. » (59)

Al igual que Montero Díaz y Tovar, Laín Entralgo comprendió la relación estrecha que existía entre las tres formas
de lo que el llamó la « revolución nacional-proletaria » y que identificó con el « fascismo, nacionalsocialismo y
nacionalsindicalismo ». (60) Para él, el Estado totalitario es « necesidad de este tiempo ». [ibid., p. 85]

Su admiración intelectual por los caudillos de Alemania e Italia en 1941 era desmesurada : « No deben olvidar las
gentes que la táctica militar de Wagram y Austerlitz sólo fue posible por una conjunción entre el genio de
Napoleón y la obra histórica de la Revolución Francesa; y mucho menos que la batalla de Flandes o la campaña
de Noruega se deben a la misma conjunción feliz entre la « forma » militar del germano -tan contínua desde
Federico el Grande y Gneisenau- y la inmensa y fecundante revolución nacional-proletaria del Nacionalsocialismo.

31 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

Indudablemente, Italia y Alemania han encontrado alguna de las palabras ordenadoras de nuestro tiempo, y ahí
radica su principal ventaja contra Inglaterra. » (61)

Dos años más tarde, Laín Entralgo vio a la España nacionalsindicalista integrada imperialmente en el Nuevo
Orden : « La mentada expresión « nuevo orden europeo » va tomando carta de naturaleza desde que la Alemania
triunfadora, estrecha dentro de sus supuestos puramente « nacionales », la puso en circulación. Bajo su signo se
han celebrado ya varias reuniones de políticos, poetas, hombres de ciencia, músicos y financieros. Se habla
incluso de una unidad cultural dentro de ese orden nuevo, y esta cultura europea, a la vez vieja y renovada, es
justamente la que se defiende con el ataque frente al materialismo marxista de Oriente y frente al materialismo
capitalista de Occidente. Las victorias europeas, triunfos de la nueva Europa, otra vez rescatada de Agenor,
fecunda e imperante.

« No sería lícito dudar sobre el puesto de España, de nuestra España. La Historia y la sangre nos señalan un
lugar eminente en ese Orden Nuevo. Si durante dos siglos hemos vivido en servidumbre, este mundo ahora
caduco fue quien puso su pie en nuestro cuello. Si de combatir al bifronte materialismo se trata, nuestro puesto
-campeones en el combate por el Espíritu, así, con mayúscula- está necesariamente en la vanguardia. Si de dar
sentido a la sangre de nuestros más recientes muertos, la batalla del Ebro y el apoyo al Bilbao rojo nos gritan
todavía en los oídos. Y si el problema consiste en la defensa de nuestro legítimo y violento señorío, digan su
nombre Gibraltar, África y Riotinto. Nuestro deber de españoles está, sin duda, en los cuadros de ese
proclamado y nonnato Orden Nuevo. Mas también nuestro derecho. Desde Carlos V hasta acá podríamos
espigar sin esfuerzo los muchos y altísimos títulos de nuestra ejecutoria. Pero no necesitamos acudir a la
Historia, ni siquiera al levantado ejemplo de nuestra guerra; nos basta pensar en la proeza pura y sustantiva, casi
inaccesible a la adjetivación, de nuestra División Azul.» (62)

Predicador elocuente del imperio fue también Dionisio Ridruejo. En un discurso titulado « Nación, Unidad e Imperio
», declamaba en enero de 1938, ante las afiliadas a la Sección Femenina de la Falange : « Y esto del Imperio,
que ya ha sido una vez en España, va a ser otra vez; no podemos conformarnos con la idea conservadora, repito,
con la idea específicamente conservadora (primero, porque lo es; y segundo, porque la propugnan los
conservadores) de encerrarnos en nuestra casa; España no se puede conformar con la idea de hacer una buena
política de comunicaciones y obras públicas, de hacer una buena política de administración de las provincias, de
hacer una buena política de mejoramiento de las condiciones del hombre. Esto es una base imprescindible para
echar a andar; pero esto no es lo importante. España, en el momento en que fragüe todas sus potencias, en el
momento en que cosa todos sus desgarrones, en el momento en que agregue todos sus fragmentos, España
tiene que empezar a servir por encima de sí misma a un ideal. España tiene que buscar su destino en lo universal,
y entrar a ser otra vez protagonista de su imperio. » (63)

Un año más tarde, y ante el mismo público, Ridruejo señalaba otra vez la ruta imperial : « Pero no olvidéis jamás
que por encima del hogar, del hombre, de los hijos, de la vida social, está la Patria. El problema de España, de
esta España ganada a costa de tanta sangre y de tantas vidas en la dureza de la guerra, hay que encuadrarlo en
una conciencia nacional creadora, ambiciosa, amplia y dilatada, más allá de la Patria. Hay que enderezarlo hacia
el mundo del Imperio. » [ibid., p. 81]

En febrero de 1941, remachaba el clavo : « Bajo la palabra « orden europeo nuevo » se esconden ideas nobles y
útiles. Pero es que por encima de toda realidad actual y aun egoísta, en esta consigna está el hecho de que el
orden de ayer, el orden liberal y democrático de Europa, el orden de Ginebra y de Versalles no pudo ser peor
para la Patria. Nuestra ira contra Europa se extiende más allá de la Ilustración; más allá del propio « siècle de
Louis XIV » hasta los tiempos de la Reina Isabel y sus piratas. Y por eso recibimos con alegría cualquier
amenaza que venga a destruir una situación que para nosotros ha sido funesta... » (64)

Por entonces rompió Ridruejo abiertamente con el Movimiento. El entusiasmo desenfrenado de los intelectuales
por el falangismo ya no sería ni visto, ni leído, ni oído. ¿ Por qué?

Un semanario madrileño analizaba últimamente las motivaciones que empujaron a uno de estos intelectuales, a
Ridruejo, a distanciarse del Movimiento y llegaba a la conclusión que el cambio de rumbo político de Ridruejo
había sido motivado por : 1) la caída de su protector, Serrano Su&er; 2) su boda con una catalana; y 3) su vida
en Italia en 1948. (65)

Los hechos que insidiosamente recuerda la revista madrileña no bastarán ni al más crédulo lector para explicarse
la evolución política de Ridruejo. Por ser tan personales, menos podrán explicar el proceso de otros intelectuales
transfugas del falangismo. Estos hombres tenían en común su creencia en el nacionalsindicalismo. Como
atestiguan sus escritos, habían asimilado profundamente el programa nacional sindicalista. Y si cambiaron de
rumbo político, quizá no fue tanto porque perdieran aquella fe, sino porque -siendo inteligentes- comprendieron
mejor y antes que otros que su causa estaba irremediablemente perdida. El mismo Ridruejo afirmaría más tarde
que su cambio de actitud cristalizó hacia 1942 -aunque su «crisis de decepción » comenzó antes de aquella
fecha. (66) Esta « crisis de decepción » sólo podía tener por base el descubrimiento, hecho tanto por Ridruejo

32 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

como por otros intelectuales falangistas que habían asimilado correctamente la empresa nacionalsindicalista, que
España no iba a participar, no podía participar en la segunda guerra mundial, que el Eje estaba condenado a
perder la guerra y que sin victoria del Eje la expansión territorial española, el imperio español no era posible. El
momento de enfrentarse cara a cara con la verdad ha variado de una persona a otra. Pero en un momento o en
otro, cada uno se percató de que sus sueños caminaban hacia el desastre y que las promesas de la Falange
jamás podrían ser cumplidas.

Lo de jamás es importante. Los intelectuales falangistas comprendieron que la «revolución » de la Falange, se


realizaría gracias a la victoria de la « Nueva Europa » - con nazis y fascistas - o no se realizaría jamás. El
programa de la Falange quedó bloqueado inexorablemente en una casilla del tiempo. Esta insoslayable disyuntiva
fue intuida por Enrique Sotomayor, joven secretario general del SEU, que en un discurso pronunciado en el Teatro
Calderón en Madrid en noviembre de 1939 proclamaba : « ¡ Hora ya es de marchar!... En seis años de lucha
certera hemos conseguido lo que Dios nos negó durante siglos: una ocasión en la que ganar o perder
definitivamente España... Hoy nos llega la gloriosa pesadumbre de la victoria, y es preciso prepararse para
soportarla... Llevamos siglos sometidos a un círculo vicioso que entre nuestra vida interna y nuestra vida externa
nos mantiene sin realizar plenamente ni una ni otra. No seremos fuertes mientras no estemos organizados,
prósperos y unidos. No lo estaremos nunca, si antes no somos fuertes frente al mundo. O la Revolución o el
Imperio. Izquierdas y derechas a través de la Historia. Hoy vivimos la ocasión de ganar ambas empresas a un
mismo tiempo. ¡ Dios está llamando ahora a nuestras puertas! Ha llegado el momento de alzar paralelas las dos
banderas y de seguir tras ellas. Vuelve a ser cierta aquella consigna que nos lanzó a la guerra. ¡ Ahora o nunca !
»

Cuando los intelectuales falangistas se percataron de que la apuesta (¡ Ahora o nunca!) de Enrique Sotomayor -
ya muerto en Rusia - había sido decidida en favor de « nunca », experimentaron un choque psicológico brutal.
Habían contribuido -y su contribución fue importante- a la construcción de un Estado totalitario que ellos
concebían como simple base de la empresa imperial. España, por fuerza tuvo que renunciar a la conquista del
imperio, pero la estructura de base, edificada con ayuda de esos intelectuales, ha seguido en pie, como
instrumento de represión del pueblo español, durante ya más de veinticinco años. El instrumento represivo,
aceptado o deseado por ellos, lo justificaban en tanto que agente de la solución del problema social de España
mediante la expansión territorial. Al renunciar al imperio, la justificación intelectual del instrumento desaparecía,
sin que por ello decayera el Estado represivo nacionalsindicalista. Desilusionados por la muerte de los sueños
imperiales, los intelectuales que los habían propagado reaccionaron de manera distinta. Montero Díaz
-probablemente más leal nostálgicamente a su causa perdida que los otros, como parece indicar su ya citada
defensa de Mussolini en 1944-, Tovar y Laín Entralgo, a pesar de su congoja, se consolaron durante varios años
con puestos honoríficos y lucrativos en la Universidad.

Pero lo que queríamos subrayar aquí es el hecho de que la derrota del Eje acabo con los gritos en pro del
imperio. No he hallado entre los escritos de estos intelectuales más llamadas imperiales. Fin extraño de un
movimiento que se llamó a sí mismo « nacional ».

La Falange desaparecía ideológicamente con la renuncia de sus sueños imperiales. Pero quedaba otra Falange,
una Falange más visible : la estructura de la represión política mejor organizada que España haya conocido. Este
instrumento fue utilizado por Franco no para explotar el nuevo Imperio, sino para explotar a España misma. Los
jóvenes jefes provinciales de la Falange encontraron su Golconda no en un Imperio lejano sino en el escalafón de
la Falange, en los ministerios, en los bancos, en las sociedades de importación y exportación en el Instituto
Nacional de Industria, en los sindicatos verticales, en las cajas de seguros. No era necesario, como hace 400
anos, arriesgarse en un viaje marítimo. La « revolución » falangista se confinó en los límites de la
contrarrevolución. Y si la «revolución» falangista no había sido realizada, al menos había detenido, estrangulado,
la «revolución » de los otros, la de los hombres de la izquierda.

La situación descrita representaba un éxito para muchos falangistas, considerados individualmente; pero en lo que
respecta al movimiento y a su programa, se trataba de un fracaso en el plano de la historia. Sin embargo, la
Falange estaba inicialmente predestinada al fracaso. La idea de canalizar las energías abocadas a la necesaria
reforma social de España hacia una loca aventura de expansión territorial de moralidad más que dudosa para un
país que se proclamaba cristiano como España (67), fue concebida al mismo tiempo que otra idea surgía en el
mundo : el anticolonialismo. Esta última idea era más poderosa, puesto que seguía la dirección de la historia, y no
iba contra ella. Los movimientos fascistas mediante sus agresiones a escala mundial, facilitaron el desarrollo de
las condiciones necesarias para el triunfo de los movimientos anticolonialistas.

La realización de su programa de expansión territorial era esencial para la Falange. Tal realización era imposible
en el momento histórico del movimiento, y la hacían también imposible otros factores : la repudiación del
falangismo por el pueblo. La destrucción de la economía de España -una economía que al comienzo se hallaba
bastante debilitada para constituir la base de la aventura falangista- paralizó la libertad de acción de la Falange.
La derrota electoral obligó a la derecha española a recurrir a la rebelión armada. La debilidad del movimiento
falangista impuso a éste la alianza con las fuerzas armadas. La apasionada resistencia del pueblo obligó a los

33 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

militares y a sus aliados a una larga lucha. El fracaso del pronunciamiento -y el terror que de ello resultó- pusieron
fin a las esperanzas de unidad entusiástica tan esencial para la Falange. Los militares actuaron con sus matanzas
más eficazmente que la Falange con su ideología para eliminar durante más de una generación la protesta social
en España; tan eficazmente en efecto, que aunque España no se hubiese visto arruinada y despedazada, poca
energía quedaba para realizar una revolución social izquierdista o para llevar a cabo el programa de la Falange
hasta sus últimas consecuencias.

Es difícil descubrir hoy alguna gloria en los postulados de la Falange, del movimiento que García Venero defiende
con tanto ardor. Aunque hubiera puesto en ejecución su programa completo de expansión territorial, las
posibilidades de cualquier éxito pasajero eran muy pocas, y las de un éxito permanente casi nulas. Finalmente, la
carencia de su liderazgo, personificado en Hedilla, contribuyó a que se convirtiera en un simple aliado de Franco,
traicionando sus propios principios fascistas -independientemente de que éstos fuesen malos- en favor de las
mezquinas ambiciones de sus jefes de segundo orden. La Falange, antes y después de Franco, no constituía el
motor de una solución inteligente para los problemas de España.

El crimen de la Falange, en ese momento histórico, fue elegir la vía de la violencia nacional y de la violencia
internacional, poner tanta energía española en un proyecto condenado de antemano por las grandes corrientes
de la Historia. Los esfuerzos de los españoles para crear de nuevo un imperio español no fueron solamente
energías malgastadas en una causa perdida; eso podría haber sido perdonado por los españoles, por los otros y
por la historia. No. El crimen de los falangistas (es el crimen de todos los movimientos fascistas) fue el haber
repudiado lo que había de generoso en las ideologías de la izquierda, la cooperación social entre los hombres de
una misma nación y la cooperación social entre las naciones del mundo, es decir, del socialismo o sindicalismo
internacional; su crimen fue luchar por sustituir esta perspectiva con una visión más estrecha de la humanidad,
visión que pretendía limitar a un área nacional la energía revolucionaria, desnaturalizándola, aniquilándola de ese
modo, no para ponerse al servicio de un impulso cooperativo, sino convirtiéndose en un instrumento competitivo,
agresivo, que finalmente sólo sería aprovechado por las fuerzas retrógradas de la sociedad española.

Herbert Ruthledge Southworth

Introducción a Antifalange. Estudio crítico de Falange en la guerra de España de M. García Venero.

NOTAS

1. Véase G. V., p. 230. « Los neofalangistas de la retaguardia resultaron movilizados, en los lugares donde no
había un mando político idóneo, a las órdenes de la autoridad... el neofalangista... se creyó obligado a obedecer
ciegamente. »

2. Véase G. V., p. 368, cuando el autor relata su amenaza a Juan Aparicio : «Luego, iré a buscarte, donde estés,
y con sentimiento de mi parte, resolveremos el caso según el estilo de la Falange... »

3. Pedro Laín Entralgo, Los valores morales del nacionalsindicalismo, p. 8.

4. Ibid, p. 40-41.

5. El mismo Hedilla es más duro con Franco, en la carta que le dirigió el 9 de enero de 1948, de lo que lo es
García Venero en su libro. Véase el apéndice 3 de este libro.

6. En 1964, la censura permitió que fuera publicada en España una descripción del asunto Hedilla, calificándolo
de « conspiración, instigada por el general alemán Von Faupel, para reemplazar a Franco. » (James Cleugh,
Furia española, p. 135.)

7. « Nos afanaremos por triunfar en la lucha con sólo las fuerzas sujetas a nuestra disciplina. Pactaremos muy
poco. Sólo en el empuje final por la conquista del Estado gestionará el mando las colaboraciones necesarias,
siempre que esté asegurado nuestro predominio. »

8. Véase Payne, Falange, París, p. 102 :«La debilidad del partido había residido en sus mandos secundarios. »
Los «más inmediatos colaboradores de José Antonio Primo de Rivera eran escritores de segunda fila ». Esto, a
pesar de la evidente admiración de Payne por José Antonio Primo de Rivera.

9. « Se limitaban a reclutar hombres para el frente y la retaguardia -los primeros para ser mandados por oficiales
profesionales- y a tolerar que muchos de los segundos se empleasen en faenas de represión harto menos
espontáneas de cuanto se ha solido decir. »(Ridruejo, Escrito en España, p. 83.)

34 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

10. Ridruejo ve pues al falangismo como Robert Brasillach vio al fascismo. Robert Brasillach, Lettre à un soldat
de la classe 60, p. 33-34; Notre avant-guerre, p. 246. Henri Massis, Maurras et notre temps, 1951, p. 118.
Véase también H. R. Southworth, El mito de la cruzada de Franco, p. 137-139, 266-267.

11. Véase el Journal of Contemporary History. Vol. I, Num. 1, 1966, donde once profesores e historiadores
discuten sobre el fenómeno fascista en varios países, sin llegar a un acuerdo sobre la verdadera naturaleza de la
manifestación. El artículo sobre el falangismo -no muy rico en investigación- es de Hugh Thomas.

12. « ¿ Había detrás de estos apuros una disfrazada conciencia de defensa de los privilegios de clase ? Es más
que posible, si bien no teníamos conciencia de ello.» Dionisio Ridruejo, Escrito en España, p. 80.

13. « Podemos definir las JONS como un grupo joven de protesta, que busca el peligro, que ha afirmado la
violencia como su método efectivo de lucha política, la conquista como su tarea y el imperio español como su
objetivo. » Bernd Nellessen, Die verbotene Revolution, p. 64.

13bis. Los falangistas no han comprendido siempre la diferencia entre « partido » y «movimiento ». Laín Entralgo
escribió en 1943:

« Nuestra difícil eficacia está en hacer cultura «hacia», y éste es el sentido de organizarnos en «movimiento » y
no en « partido ». Como un expresivo signo de no andar las cosas por su recto cauce, ahí está el uso casi
exclusivo de « partido » por « movimiento ». « No un Partido, sino un Movimiento: casi podríamos decir un
Antipartido », decía José Antonio de la naciente Falange. » (Pedro Laín Entralgo, Sobre la cultura española, p.
108.)

En la literatura del régimen español actual existe cierta confusión en el empleo de la palabra « Movimiento »; a
veces designa a la sublevación, a veces la estructura política surgida de aquella sublevación.

14. En un esfuerzo desesperado por encontrar una solución al problema de mantener un país como España, sin
capitales propios, dentro de un cuadro capitalista, el gobierno actual de España ha cambiado completamente la
fórmula falangista : está vendiendo al capitalismo internacional los recursos españoles : 1) la venta de las costas
para las vacaciones de los extranjeros; 2) la venta de los recursos naturales e industriales a las inversiones del
capital extranjero; 3) la venta de la mano de obra nacional para su explotación en otros países europeos.

15. No estoy seguro de que la expresión « nacionalsindicalismo » tuviera su origen en Portugal o en España.
Roláo Preto, jefe nacionalista portugués, terminaba un artículo titulado « Nacionalsindicalismo en Portugal » con
estas palabras :

« En efecto, cuando en el curso de la Historia surgen simultáneamente, en España y Portugal, dos movimientos
nacionalistas y revolucionarios de pensamiento tan idéntico e intenciones tan comunes, sin que sus promotores,
de uno y otro lado de la frontera, se conociesen, le dieron el mismo y glorioso nombre que en España hoy ya ha
alcanzado la cumbre del propio Estado : NACIONALSINDICALISMO. » (Fe, Pamplona-San Sebastián,
marzo-abril de 1938, p. 160.)

16. José Antonio Primo de Rivera declaró en el discurso del 29 de octubre de 1933: « Sí, nosotros llevamos
corbata; sí, de nosotros podéis decir que somos señoritos.» (Obras Completas, 1945, p. 24.)

17. « Párrafo aparte, y de gratitud en todo caso, merece la obra de Payne por las numerosas páginas dedicadas
a José Antonio, en las que ha acumulado una larga serie de acertados rasgos que contribuirán, sin duda, a
extender el conocimiento de la excepcional figura del fundador de la Falange en medios y ambientes en que
habitualmente no se le ha tributado el respeto y la objetividad que merece su estatura política, moral y humana. »
Boletín de Orientación Bibliográfica, Madrid, Ministerio de Información, agosto-septiembre de 1966, p. 30. Payne
se «inclina ante la noble figura de José Antonio ». M. Fraga Iribarne, José Antonio (Actualidad de su doctrina), p.
57.

18. Arriba apareció por primera vez el 21 de marzo de 1935, como semanario de 8 páginas. El número del 4 de
julio tuvo 4 páginas y la publicación desapareció hasta el 31 de octubre, fecha en que continuó saliendo hasta su
desaparición definitiva, el 5 de marzo de 1936. Durante la última época tuvo generalmente 4 páginas.

19. Curzio Malaparte, En torno al casticismo de Italia, Madrid, 1929. Prólogo de Giménez Caballero, p. xi. Ese
prólogo, publicado primero en La gaceta literaria, 15 de febrero de 1929, constituye el primer documento del
fascismo español.

20. Felipe Ximénez de Sandoval, José Antonio, biografía apasionada, p. 114.

21. Véase Ramón Garriga, Las relaciones secretas entre Franco y Hitler, p. 323-325.

35 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

22. José Antonio, biografía apasionada, 1941, p. 330.

23. El autor falangista Rafael Sánchez Mazas escribió antes de la guerra una «Oración para los muertos de la
Falange », aparentemente basada sobre la presunción de que Dios también era un « camisa vieja ». (Haz, 12 de
octubre de 1935, p. 16; Bravo, Historia de Falange Española de las JONS, 2a edición, p. 213.)

24. Ximénez de Sandoval, José Antonio, biografía apasionada, 1941, p. 185.

25. Véase sobre todo las páginas 546-548 en las que este autor reclama para su héroe la responsabilidad de la
ola de violencia de la primavera de 1936.

26. Historia de la cruzada española, I, p. 224.

27. Obras completas de Onésimo Redondo, II, p. 173-186.

28. Discurso de José Antonio Primo de Rivera, 30 de noviembre de 1934, Obras completas, 1954, p. 381.

29. Ante la tumba del catalanismo. Notas de un viaje con Franco a Cataluña, por Giménez Caballero.
Suplemento literario de Vértice, febrero-marzo de 1942. Giménez Caballero, Amor a Cataluña, p. 165-185.

30. La gaceta literaria, 1 de enero de 1931, artículo de R. Gil.

31. Un extracto de La gaceta literaria, 1 de diciembre de 1929 : « SEFARDÍES. El teatro judío de Moscú. Gran
empresa de arte... De Rusia pasa a Palestina, con la compañía de arte Habimah, que representando en hebreo -
abarca un radio de acción más amplio, penetrando en el rico universo del judaísmo español... Ahora... la Habimah
emprende por Europa una serie de excursiones artísticas... Con nuevas obras. Entre ellas « La corona de David »
de Calderón de la Barca... Waldo Frank, el hebreo de Norteamérica, está ahora en la Argentina, invitado por las
agrupaciones sefardíes... La Prensa judeoespañola le dedica extensos, elogiosos comentarios. La Asociación
Juventud Cultural Sionista, de Buenos Aires, ha comenzado sus conferencias... Se han leído poemas
castellanos... »

Véase también el artículo de Giménez Caballero, en primera página de La gaceta literaria, el 15 de diciembre de
1929.

32. Véase la contribución de Giménez Caballero al libro del Padre Juan Tusquets, Masones y pacifistas, Burgos,
1939, p. 249-254. El prólogo de este libro antimasónico y antisemita, es de Ramón Serrano Suñer.

33. Véanse también las p. 201-204, 223-226 de Onésimo Redondo, Obras completas, II, para otros textos
antisemitas (y novelescos) del jefe falangista de Valladolid.

34. Véase H. R. Southworth, El mito de la cruzada de Franco, p. 109-111, 139-140. Sin embargo. Serrano Suñer
escribió en sus memorias esforzándose en crear una diferencia fundamental entre el falangismo y el nazismo : «
Para nosotros el racismo era una herejía; pues como católicos sabemos que la unidad moral del género humano
está basada en la Creación y en la Redención; por ello rechazamos cualquier intento de escindir la humanidad en
razas. » (Entre Hendaya y Gibraltar, p. 365.)

35. El antirregionalismo sigue siendo una constante del franquismo. Alberto Míguez, autor de El pensamiento
político de Castelao (Antología), ha sido condenado por ello a seis meses de cárcel en diciembre de 1966.

36. William I. Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich, 1962, p. 132.

37. En su carta dirigida al general Franco, fechada el 24 de septiembre de 1934, José Antonio Primo de Rivera
sugería que era probablemente el mismo Trotsky quien estaba dirigiendo las fuerzas revolucionarias en España, y
que Francia apoyaba probablemente el movimiento « separatista » catalán. (Obras completas, 1952, p. 293.) En
su Carta a los militares de España, José Antonio Primo de Rivera lleva al colmo el empleo de la demagogia. Dice
que Moscú dirige la revolución española, y que una orgía de abortos, divorcios y amor libre va a sumergir el país.
(Ibid., p. 919-923.)

38. Falange, Paris, p. 68. Ricardo de la Cierva observa sobre el libro de Payne : « Los textos de José Antonio no
están suficientemente reflejados ni estudiados en la obra ». Cien libros básicos sobre la guerra de España,
p.181.

39. « A los maestros españoles, » Obras completas, 1952, p. 809.

40. Un estudio reciente sobre las relaciones con la España de Franco con Hitler y Mussolini durante la segunda

36 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

guerra mundial, puede verse en Vicente Girbau, « La conferencia de Hendaya », en Horizonte español, tomo I, p.
159-176.

41. Detwiler, Franco, Hitler und Gibraltar, p. 38.

42. Detwiler, p. 58, citando a Erich Kordt, Wahn und Wirklichkeit.

43. The Spanish Government and the Axis, p. 33. Detwiler, p. 132. El 11 de diciembre de 1940, von Stohrer
informó a su gobierno que la situación alimenticia de España se empeoraba. Faltaban el pan y la harina. Hacía
días, y aún semanas, que en Madrid no se podía encontrar un pedazo de pan. La gente se caía en las calles por
falta de alimentos. Dos días antes, el embajador escribió que la falta de pan quitó al régimen su libertad de
acción. Detwiler, p. 86-87. Véase también Detwiler, op. cit., p. 38.

44. Les archives secretes du comte Ciano, p. 403. El apelativo « rojo », utilizado aún hoy en España para
designar a un partidario del campo republicano, no quiere significar siempre « comunista ». Pero en octubre de
1940, cuando la Unión Soviética no había entrado todavía en guerra, la oposición llamada «roja» por los
partidarios del Eje, era considerada como posible aliada de Inglaterra.

45. Fernando María Castiella, Política exterior de España, (1898-1960), p. 20.

46. Castiella fue voluntario en el ejército de Hitler y vistió uniforme alemán. Según un documento oficial de la
División Azul : « En el campo de maniobras de la División Azul se ha levantado un altar (...) el general Cochen
Hausen, jefe de la zona militar, pide el juramento a los soldados que ha enviado España y lo repite en castellano
el coronel Troncoso : Juráis ante Dios y por vuestro honor de españoles absoluta obediencia al jefe supremo del
ejército alemán, Adolfo Hitler, en la lucha contra el comunismo, y juráis que combatiréis como valientes
soldados, dispuestos a dar vuestra vida en cada instante por cumplir este juramento ? La respuesta sonó
vibrante y unánime, brotando a lo largo y a todo lo ancho del campo: ' Juramos '. Y nuestro general Muñoz
Grandes, todo un prestigio militar ya en Alemania, en su sobria, clara y elevada alocución, lanza una seguridad
absoluta: ' Y lo que jura un español, lo cumple '. » (La División Azul, Cuaderno I.) Muchos actores de la historia
de García Venero formularon este juramento, como Castiella, Agustín Aznar, Ridruejo y Sotomayor.

47. Manuel Reverte, De Danzig a Smolensko, p. 209.

48. Manuel Aznar, Historia de la segunda guerra mundial. Tomo I. Antecedentes políticos y declaraciones de
guerra, p. 228.

49. Reivindicaciones de España, 2º edición, p. 49.

50. Detwiler, p. 25. Las reivindicaciones españolas son también enumeradas en The Spanish Government and
the Axis, p. 3.

51. Detwiler opinaba que quizás este libro fue publicado simplemente para respaldar las «exageradas»
reclamaciones de los españoles, p. 148.

52. Fernando María Castiella, Política exterior de España (1898-1960.)

53. Serrano Suñer, Entre Hendaya y Gibraltar, p. 182; Detwiler, p. 38-39

54. « Muchos se alistaron porque era opinión general que se trataba de un simple paseo militar, y quizá no
llegarían a enfrentarse con el ejército rojo, ya que los alemanes habrían dado cuenta de él... Pero todos
marchaban convencidos que no llegarían a conocer el invierno ruso porque antes se derrumbaría el régimen
creado por Stalin ». Garriga, p. 247.

55. Tovar, El imperio de España, 1941. p. 7. Serrano Suñer atribuye este accidente a « unas propagandas con el
mapa de España ibérica que había producido recelos en el país vecino » lanzadas por la Delegación Nacional de
« Auxilio Social », por Martínez de Bedoya « y otros jóvenes ». (Entre Hendaya y Gibraltar, p. 78.)

56. Juan del Álamo, Gibraltar ante la historia de España, p. 14.

57. Ángel Alcázar de Velasco, Serrano Suñer en la Falange, p. 13.

58. Santiago Montero Díaz, Idea de Imperio, p. 6.

59. Santiago Montero Díaz, Mussolini, 1919-1944, p. 44.

60. Pedro Laín Entralgo, Los valores morales del nacionalsindicalismo, p. 35.

37 de 38 18/04/2012 0:02
Éditions Ruedo ibérico http://www.ruedoiberico.org/libros/print.php?id=214

61. Ibid., p. 105-106. Este libro apareció en 1941; en 1943, el autor lo cita entre sus obras (Sobre la cultura
española. Confesiones de este tiempo. Cuaderno primero). Dos años más tarde, prefirió olvidarlo y ya no lo
menciona entre sus obras (La generación del noventa y ocho).

62. Pedro Laín Entralgo, Sobre la cultura española, p. 149-150.

63. Sección Femenina de FET y de las JONS, Crónica de los Consejos, años 1937,1938 y 1939, p. 44.

64. Los nuevos liberales, p. 22, citando la revista falangista Escorial, de la cual era director Ridruejo y
subdirector Laín Entralgo.

65. SP, Madrid, 17 de abril de 1966, p. 20.

66. Enrique Sotomayor, Frente de Juventudes, p. 37-39.

67. En el libro de Areilza y Castiella, Reivindicaciones de España, se descubre una completa ceguera en lo que
respecta al mundo en que vivían. El libro debe ser leído desde la óptica de nuestro siglo. En sus planes para
repartir entre los conquistadores fascistas estos o aquellos pedazos de imperio, esta región litoral o aquella tierra
del interior, los dos autores falangistas no muestran darse cuenta ni una sola vez de que los pueblos que
habitaban los países colonizados tuvieran el menor derecho a pronunciarse sobre su futuro, como tampoco
habían tenido en cuenta que el pueblo español pudiera tenerlo a opinar sobre los asuntos de España.

38 de 38 18/04/2012 0:02
Antifalange - Nota del traductor (Nota crítica) http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=65

Éditions Ruedo ibérico

ERi > Libros > Antifalange > Textos


Nota del traductor
(Nota crítica)
Crítica del BOB, Nota del traductor
primera parte
Crítica del BOB,
segunda parte
No estoy seguro de que la presentación de una obra histórica pueda ser ecuánime.
Un historien américain
Esta nota no lo será con certeza. Presentar un libro a cuyo proceso de elaboración
révèle comment en todas sus fases se ha asistido de cerca, apasionadamente, incapacita un tanto
Franco évinça le para valorar el resultado en si. Renunciaría a la satisfacción de presentar Antifalange
successeur (Artículo de Herbert Rutledge Southworth si no tuviera conciencia de que el proceso de
elaboración de este libro es signíficativo y que sólo su conocimiento puede explicar al
publicado en prensa)
lector ciertas características de la obra, proceso del que fui testigo como traductor y
Dos libros como consejero editorial de Ruedo ibérico.
contradictorios
(Artículo publicado en Detrás del título Antifalange : estudio crítico de Falange en la guerra de España, de
Maximiano García Venero, el lector va a hallar una larga introducción - Análisis del
Cuadernos de Ruedo
falangismo - y 201 notas aclaratorias, críticas, polémicas, referidas a un libro
ibérico) también publicado hace poco por Ruedo ibérico, el conjunto puede hacer pensar en
Análisis del un medíevalista que se ha inclinado sobre un códice secular recién descubierto. No
falangismo sé de ningún autor que haya recibido tratamiento semejante de un contemporáneo.
En estos casos, incluso la crítica más minuciosa adoptó siempre una forma orgánica,
(Introducción)
global. La razón que explica el carácter formal del libro de H.R. Southworth es que no
fue concebido ni realizado como obra que iba a tener una existencia independiente
del texto criticado. Lo que hoy publica nuestro autor sigue siendo la materialización
Versión para imprimir de una intención primera : introducción y notas de fin de volumen al libro de
Bibliografía completa Maximiano García Venero. Por ello en esta nota las referencias a Falange en la
Indice general guerra de España: la Unificación y Hedilla no podrán ser siempre evitadas.

A fines de 1964, Maximiano García Venero y H.R. Southworth propusieron a Ruedo


ibérico la publicación de un manuscrito del primero, precedido de una introducción y
seguido de notas críticas - y aun contradictorias - del segundo. El manuscrito, que se
presentaba como una biografía de Manuel Hedilla Larrey, había sido sometido «
oficiosamente » a la censura española y, también « oficiosamente », había sido
rechazado por ésta. En principio, todo libro condenado a la no publicación por
motivos políticos, que en este caso eran evidentes, atrae la atención de Ruedo
ibérico. La idea pareció, pues, edítorialmente interesante. De este acuerdo - previo
entre el autor y el futuro comentador y al que adhirió Ruedo ibérico - quedó
expresión formal en el contrato de edición. No existen bases que permitan afirmar
tajantemente las razones que pudieron impulsar a García Venero hacia una insólita
modalidad de publicación de la edición original de su libro. El hecho es que, tras
lectura de las notas de Southworth, no aceptó que éstas fuesen publicadas
juntamente con su texto. Alegar el carácter crítico, contradictorio, de las notas de
Southworth como fundamento de tal negativa puede ser hoy fácil. Pero poco sólido.
La posición crítica de Southworth respecto al trabajo de García Venero era conocida
por éste antes de que comenzara la redacción de las notas. Las tesis de Southworth
sobre la guerra civil española y sobre los hechos históricos cercanos a ella eran
también entonces notoriamente públicas. Que Southworth señalara las lagunas,
denunciara los errores, restableciera transcripciones defectuosas de textos allí
donde los hallara, era natural. Y no menos natural que polemizara con García Venero
cuando los juicios de éste estuvieran en contradicción con sus tesis. Otro tipo de
colaboración entre ambos era inimaginable desde el primer momento y nadie - a no
ser el editor - puede llamarse hoy a engaño. Sentado este hecho, justo es hacer
constar que tras el rechazo de la primera versión de sus notas, cuyo estilo se
adaptaba a una necesidad que podríamos calificar de convivencia con el texto
criticado, Southworth ha acentuado el carácter crítico de su trabajo y lo ha
despojado de toda concesión estilística que ya nada justificaba.

Otros comentarios exige Antifalange. El « vicio de origen » - introducción y notas a

1 de 4 18/04/2012 0:05
Antifalange - Nota del traductor (Nota crítica) http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=65

otro texto, hoy publicado independientemente - imponen a la obra una exposición de


tesis con cierta falta de sistema, o al menos con un sistema que planteará al lector
algunos problemas. Su fácil lectura en tanto que aparato crítico de otra obra no debe
hacer perder de vista que el libro es también - y quizá sobre todo - una interpretación
de la naturaleza de un fenómeno histórico : el fascismo español. El valor mismo de
las tesis de Southworth sobre este asunto merecería una exposición más
sistemática. Ello hubiera exigido - en una vuelta a empezar - la renuncia al trabajo de
muchos meses. La larga introducción a sus 201 notas remedia, sin que me
corresponda afirmar que lo haga totalmente, las consecuencias negativas del método
que su finalidad primera ha impuesto a la obra. Es imposible separar tal introducción
de las notas que la siguen. Tanto más cuanto la introducción aisla - para mejor
definirlo - el falangismo del contexto general español de la época. Quizá seria más
exacto decir que acentúa el estudio de la voluntad profunda que hace posible la
eclosión del fascismo en general y del falangismo en particular (la conquista del
imperio que « liberase » al conjunto de los españoles de su miserable situación a
expensas de otros hombres, de otros pueblos), sacrificando el autor, al menos en
extensión, el estudio de los resultados a que al fascismo ha llegado en la praxis
histórica española (ser la punta de lanza de un capitalismo retrógado en su lucha por
conservar posiciones en peligro y aumentar sus privilegios sobre el resto de las
clases sociales españolas). « Destinado » a conseguir un imperio colonial exterior, el
fascismo español sólo ha logrado hacer posible durante treinta años la explotación
con métodos coloniales del pueblo español por una minoría. En el contexto histórico
global español no podía ser de otra manera. Pruebas suficientes de este hecho, las
hallará el lector siguiendo el hilo profundo que une entre sí el conjunto de las notas,
que el índice de la obra une temáticamente en dieciocho grupos.

El papel de la Falange en la guerra civil fue fundamental. Sin la componente fascista,


la victoria de la coalición que se sublevó contra la república - y de manera más
profunda contra la revolución inminente - era imposible. Es esta una afirmación que
parecerá arbitraria por su carácter absoluto, pero que está sólidamente
fundamentada por los hechos. Reducir, siguiendo la moda de hoy, el papel de la
Falange al de instrumento sangriento de represión, al de portador de un folklore
banalmente poético, al de fuerza política y militar auxiliar, de importancia relativa
escasa respecto a otros agentes de la victoria franquista, elimina del contexto de la
guerra civil la relación dialéctica entre tales agentes. La guerra de clases que fue la
contienda española y la derrota popular quedan reducidas a la categoría de
fenómenos aberrantes, que sólo pueden ser explicados desde el exterior de ellos
mismos. Sin duda por ello la mayor parte de las historias de la guerra civil han
concedido mayor importancia a factores no específicamente políticos para explicar
las causas, el desarrollo y el desenlace de la contienda : potencia inicial de la
fracción sublevada del ejército, influencia de la Iglesia, peso sociológico de la clase
dominante, intervención fascista exterior, abandono del gobierno republicano por las
democracias europeas. Algunos han añadido a esto la división política del campo
republicano. Pero el proceso de unificación política de los rebeldes queda sin
estudiar seriamente.

La ideología de la Falange, que tan superficial aparece hoy a todos y con razón,
constituyó el mejor elemento unificador de un conjunto de individuos, de grupos con
intereses profundos comunes, cierto, pero no por ello menos antagónicamente
opuestos por ambiciones inmediatas. ¿Hubiera podido Franco «resolver» a su favor
la cuestión dinástica que polarizaba, daba aspecto político a las luchas personales
entre los generales rebeldes, sin la casi omnipresencia entonces de la ideología
falangista ? Treinta años después, las ruinas falangistas siguen oponiendo una
resistencia no vencida a un proceso de regularización dinástica que la mayoría de los
grupos franquistas de poder considera necesaria, inevitable, natural.

De manera excesivamente genérica, se ha acusado muchas veces a la Falange de


haber sido el gendarme, la fuerza represiva en retaguardia de las tropas mercenarias
de los militares sublevados. La acusación es harto merecida, bien fundada en sus
líneas generales. Sobre todo es un expediente fácil para encubrir realidades más
significativas y para deshacerse de un enemigo o de un antiguo aliado que ya
molesta, conviertiéndole en bouc émissaire de pecados comunes. También en este
dominio de la guerra civil se echan de menos estudios históricos detallados, que hoy
suplen, al menos parcialmente, Antifalange, de Southworth y Falange en la guerra
de España, de García Venero. Pero es pecar contra la verdad reducir a esto el

2 de 4 18/04/2012 0:05
Antifalange - Nota del traductor (Nota crítica) http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=65

papel de la Falange. Ni siquiera aumentando el terror más allá del grado a que lo
llevó, desconocido hasta entonces en España, hubiera podido el pequeño ejército
rebelde, sometido al desgaste de las operaciones bélicas, sostenerse durante el
primer año de la guerra sobre la mitad del pueblo español, según expresión ahora en
voga, « como pez en el agua ».

Los militares rebeldes necesitaban una organización que asegurase, de manera


automática, espontanea y con cierta coherencia discriminatoria que evitara que el
medio se convirtiera en fin de sí mismo, la policía postvictoria en su retaguardia. Es
decir aplicar una represión y una policía con criterios políticos rentables, y no un
terror suicida. Otros grupos rebeldes cumplieron este papel tan cruelmente como la
Falange, pero ninguno de ellos llegó a su grado de eficacia en esta tarea. Los
generales rebeldes caminaban hacia su pérdida si no lograban reclutar fuerzas
militares auxiliares que permitiesen el empleo intensivo de sus tropas de élite en la
guerra ofensiva. Nadie como la Falange proporcionó fuerzas militares auxiliares,
reclutadas - y el hecho es importante - incluso entre enemigos potenciales, cuando
no declarados, de los rebeldes.

Aunque no tuvieran conciencia de ello, los generales rebeldes necesitaban establecer


vínculos positivos con capas amplias de la población, encuadrar con algo que no
fuese estrictamente coercitivo unas masas que la guerra civil había dejado sin más
control que el ejercido por el terror. La Falange proporcionó cuadros orgánicos,
propaganda, consignas que canalizaran politicamente los sacrificios impuestos por la
guerra. Muchos españoles encontraron en los puntos de la Falange motivación
política, sincera a escala individual, en un grado que permite todavía hoy la
pervivencia del mito de una Falange revolucionaria traicionada por Franco. Incluso
quienes hoy atribuyen al apoyo popular querecibieron los militares rebeldes una
importancia que nunca tuvo, esquivan afrontar lasrazones, denunciar el motor, de las
manifestaciones de más o menos aparente entusiasmo popular que a lo largo de la
guerra « sostuvieron » a los rebeldes. De manera preponderante, la organización que
hizo posibles tales fenómenos fue la Falange. Además de otros aspectos negativos,
el carlismo, fuerza rebelde con una inegable base popular, tenia una implantación
local limitada. ¿No es la herencia la forma típica del reclutamiento del carlismo ? Los
demás grupos políticos que contribuyeron a la sublevación tenían como carácter
orgánico común sus modalidades de reclutamiento estrictamente selectivo,
aristocratizante. No eran, pues, instrumentos aptos para el encuadramiento de
masas. La Falange, grupo más joven, dotado de una demagogia
pseudorrevolucionaria, separado de los otros grupos políticos por un pasado reciente
de querellas violentas, animado de una concepción totalitaria de la sociedad
española, era el único dispositivo válido para encuadrar y guiar, no sólo a los
indiferentes de siempre sino a los enemigos de ayer. Su éxito asimilador fue inegable
durante la guerra civil. Este éxito hizo de la Falange la presa más codiciada por
Franco para lograr a través de ella y en beneficio de él la unificación política de los
grupos, clasistamente homogéneos pero políticamente heterogéneos, de los
sublevados.

La « unificación » constituye el tema central del libro de García Venero. Las notas
que a este asunto dedica Southworth parecerán al lector las más conseguidas. Pero
quizá lo más valioso de Antifalange se halle en notas más humildes, de menor
despliegue historiográfico. La forma de exposición adoptada pone mejor de
manifiesto la profunda enseñanza de Southworth. Cada una de sus notas es un
modelo de método histórico riguroso, tendido a establecer hechos indiscutibles, a
separar el grano de la paja, a ordenar una documentación harto confusa.

Antifalange no pretende ser una historia de la guerra de España; ni siquiera una


historia del fascismo español. Todavía hoy somos muchos los que esperamos una
historia de la guerra civil que nos satisfaga plenamente y somos también muchos los
que tememos que nuestra espera sea larga. Cierto que esa historia tendrá valores -
análisis de fenómenos de masa, síntesis histórica, interpretación política - que es
natural que no hallemos siempre sistemáticamente manifiestos en este libro de
Southworth. Pero esa historia tendrá que ser pensada y escrita con la honestidad
intelectual, con el rigor crítico de que H.R.Southworth hace prueba en cada página de
Antifalange. A cuyos lectores deseo que les aporte tantas enseñanzas como ha
procurado al traductor el largo y cordial contacto con el autor y el espectáculo de
verlo trabajar una materia de textura intrincada.

3 de 4 18/04/2012 0:05
Antifalange - Nota del traductor (Nota crítica) http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=65

JOSÉ MARTÍNEZ

4 de 4 18/04/2012 0:05
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

Éditions Ruedo ibérico

ERi > Libros > Antifalange > Textos


Crítica del BOB,
segunda parte
Nota del traductor FALANGE Y ANTIFALANGE
(Nota crítica)
Crítica del BOB, UNA POLÉMICA INTERNACIONAL SOBRE LA HISTORIA Y LA VIGENCIA DEL
primera parte FASCISMO ESPAÑOL
Un historien américain
révèle comment
Franco évinça le SEGUNDA PARTE
successeur (Artículo
publicado en prensa)
Dos libros FALANGE ESPAÑOLA EN LA GUERRA CIVIL: LOS SUCESOS DE SALAMANCA
contradictorios
(Artículo publicado en
Cuadernos de Ruedo En la primera parte de este estudio -Boletín de Orientación Bibliográfica número 81-
ibérico) eran analizados los libros de García Venero y Southworth hasta el momento en que
uno v otro se centran en la guerra civil propiamente dicha; es decir, a través de esos
Análisis del
dos libros se estudiaba la trayectoria de la Falange en la época de los antecedentes
falangismo de la guerra civil. Se prestaba, no obstante, mayor atención al libro de Southworth,
(Introducción) porque, antes de explayarse en las notas-comentario a García Venero, el
investigador americano lanzaba su Introducción de altos vuelos, sobre la esencia y la
finalidad de la Falange en todas sus épocas. En esta segunda parte se va a
Versión para imprimir conceder mayor espacio al análisis de la obra de García Venero por varias razones.
Ante todo, por el número de páginas y el cúmulo de informaciones que se contienen
Bibliografía completa
en este libro, uno y otro muy superiores a su equivalencia en el libro de Southworth.
Índice del BOB En segundo lugar, porque el material analizado ya en la primera parte es muy inferior
Indice general cuantitativamente en el caso del libro de García Venero, que no entra en materia
realmente hasta las páginas con las que se abre este nuevo análisis. Y, en tercer
lugar, porque lo verdaderamente importante para Southworth es su introducción
sistemática, ya estudiada en su integridad. Esto, no quiere decir que no se preste
aquí la debida atención a los múltiples aspectos analizables del difícil libro de
Southworth; pero el desequilibrio de páginas se inclina, en esta ocasión, hacia la obra
de García Venero.

Cuando se habla de «García Venero» se hace referencia indiscriminadamente al


verdadero autor o al equipo de autores del libro; en esta segunda parte de nuestro
análisis, comentaremos unas páginas que parecen deberse a una influencia más
intensa de Manuel Hedilla, en la inspiración, no en la redacción de la obra. No se
olvide que en todas las páginas pares de la obra aparece la entradilla
«TESTIMONIO: MANUEL HEDILLA». García Venero sigue intercalando en el
testimonio-base de Hedilla numerosas inserciones sobre su propia actuación y
personalidad.

En su nota 193, Southworth comenta:

«¿García Venero, demostró por entonces, mayor lealtad hacia Manuel Hedilla que
los demás?» El 28 de agosto de 1957 se publicaba en Valladolid un libro, firmado por
el capitán Reparaz y por Tresgallo de Souza. Desde el cuartel general de Miaja al
Santuario de Santa María de la Cabeza, libro que narra acontecimientos que
terminaron el día 30 de abril de 1937 (en realidad terminaron el primero de mayo,
aunque Southworth no lo diga). Al final del libro se lee: «Dios ampare a los nuestros.
Mártires de España, la Patria no les olvida, y los que cayeron y los que quizá vivan
son guías de nuestras armas victoriosas. Todos ellos han servido al Imperio que
renace, y a la causa ecuménica que España defiende bajo el mando de su Caudillo,
de su Capitán, de su César: FRANCISCO FRANCO. ¡Arriba España! «Tresgallo de
Souza (García Venero) no escribe una sola palabra en defensa de su jefe Hedilla,
encarcelado entonces» (Antifalange, pág. 239).

1 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

En adelante, como en la primera parte, nos referiremos a Southworth por sus


iniciales HRS y al autor del libro de Hedilla-Venero, sin polemizar más sobre la
discutible paternidad de la obra, como MGV.

SEGUNDA PARTE DEL ANÁLISIS DEL LIBRO DE GARCÍA VENERO

CONTENIDO

Para mayor claridad del lector recogemos el hilo de la primera parte de este análisis
al principio del capítulo 8 (pág. 103), que M.G.V. titula La dramática realidad: marzo
de 1936. Se abre el capítulo con un enfoque general sobre la guerra civil española:
«Que la URSS y su instrumento universalista, la Tercera Internacional, desearan e
incitaran con sus recursos y equipos profesionales la dictadura del proletariado en
España, es un hecho incontrovertible, mas no alerta objetivamente que la colisión
ocurriera entre españoles. Desde el otro lado de la barricada se probó que la
reacción antimarxista española tenía inspiraciones y contribuciones fascistas y
nacionalsocialistas, procedentes de Italia y del Tercer Reich» (pág. 103).

Resumen histórico sobre la Unión Militar Española (UME). En 1935, su fundador,


Bartolomé Barba, estableció contactos con varios generales. Hasta abril de 1936, la
UME fue francamente minoritaria.

El Requeté se socializó durante la República. El Frente Popular mantuvo equipos


especiales represivos antes del 18 de julio. Falange v la UME articularon unos
equipos contrarrepresivos. Las misiones conspiratorias de Manuel Hedilla
consistieron en articular las masas para la acción subversiva contra el Frente
Popular. Acudió a 17 provincias, de las que 15 se incorporaron al alzamiento. Toda
esta actividad se desplegó entre los meses de abril y de julio de 1936. La primera
misión fue en Zamora, ciudad que visitó solo. En otras ocasiones le acompañaban
José María Alonso Goya y Manuel Mateo.

Falange preparó un levantamiento con motivo de las proyectadas elecciones


municipales del Frente Popular; el proyecto se retrasó por la elección de Presidente
de la República y no llegó a realizarse. El 4 de mavo, José Antonio Primo de Rivera
escribe su famosa «Carta a los militares de España»; Hedilla se encarga de
imprimirla y difundirla. Prosigue su misión subversiva a las órdenes de Mola de
acuerdo con Primo de Rivera. Mientras tanto, M.G.V. trata de reconciliar a los dos
bandos falangistas que se enfrentaban en Barcelona, en misión encomendada por el
propio José Antonio. Aprovecha la ocasión para crear «células de oposición
nacionalsindicalista» dentro de la CNT barcelonesa.

Durante la primavera de 1936 desapareció de la vida política el jefe provincial de


Jaén, Francisco Rodríguez Acosta, y renunció el de Cáceres, José Luna Meléndez
que reapareció con «ínfulas territoriales» al triunfar el Alzamiento en su provincia.
Sancho Dávila, jefe territorial de Andalucía, se presenta en Madrid tras las
elecciones de febrero, debido a una carta de su madre a José Antonio (eran
parientes). Dávila entrega el mando a Joaquín Miranda, que establece contactos
conspiratorios con el capitán Eduardo Alvarez Rementería -enlace de Mola- y con la
Junta divisionaria de la UME, presidida por el comandante carlista Luis Redonde,
luego general. El jefe provincial de Salamanca, Francisco Bravo, se negaba en
absoluto a ejercer represalias por los atentados de 1as milicias del Frente Popular
contra los falangistas. La Falange de Salamanca participó en el alzamiento con
arrojo, pero completamente al margen de su jefe.

Los días sin tregua: (capítulo 9). Escarceo histórico de M G V sobre 1868 y otras
fechas (!). En 1936, «la energía revolucionaria partió de las celdas de la cárcel
Modelo de Madrid y del Cuartel General del Requeté, en San Juan de Luz». José
Antonio fue, en la cárcel, más jefe que nunca. Envió a Hedilla a Cáceres y a
Valladolid. Onésimo Redondo lucha por dominar su pasión de reciente esposo y
participa en la conspiración. Hedilla visita Cuenca con Miguel Primo de Rivera para
tratar de asegurar la elección al Parlamento del jefe encarcelado y salvarle así de la

2 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

cárcel.

Se produce una escisión en la Falange de Bilbao; parte de los afiliados cooperan por
su cuenta con Renovación Española para las elecciones de febrero. A fines de abril
Mola envía un mensaje a Goded. Era jefe de Falange en Navarra el médico tudelano,
Aniceto Ruiz Castillejo, nombrado por correspondencia el 23 de febrero de 1933 por
el jefe de provincias E. R. Tarduchy, todavía en tiempos del MES antecesor
inmediato de Falange Española. Este une a las JONS de Estella con la Falange de
Tudela antes de la fusión pactada por los dos organismos centrales. El primer Jete
provincial, por renuncia del doctor Castillejo, fue Jesús Machiñena que incorpora a
Fermín Sanz Orrio y al sacerdote Fermín Yzurdiaga Lorca El ingeniero Lamberto de
los Santos Jalón, destinado en Las Bárdenas, organiza un núcleo falangista entre
obreros y campesinos. Según el testimonio del Delegado Nacional de Requeté
Zamanillo, existió un plan carlista de pronunciamiento muy semejante al elaborado al
principio por los falangistas. En abril v mayo Hedilla hizo muchos viajes conspiratorios
a Pamplona y desde ella. La Falange de San Sebastian era muy progresiva y social;
intervino en negociaciones para la compra de armas. Visita Hedilla Vitoria, Logroño,
Burgos... dedicado siembre a la coordinacion de los conspiradores. A fin de mayo,
establece el enlace Burgos-Pamplona.

Asperezas y lances de la conspiración: (capítulo 10). Prosiguen los viajes de Hedilla


como enlace superior de Mola: Soria, Avila, Zaragoza... José Antonio es trasladado
de Madrid a Alicante el 6 de junio de 1936; Hedilla ya no le verá más. Por encargo de
Mola, Hedilla sigue los pasos conspiratorios del general Gonzalo Queipo de Llano
para confirmar a las guarniciones sorprendidas por la ejecutoria del general, que éste
cuenta con la plena confianza de Mola. Salazar Alonso, ex ministro lerrouxista,
pretende formar un partido republicano-fascista pero José Antonio se niega a
recibirle. Precisiones históricas sobre la Primera Línea de Falange; José Antonio la
disuelve en Madríd después de la defección de Ansaldo y otros militares. A fines de
febrero de 1936 la rehace y nombra jefe nacional de Milicias a Agustín Aznar. Hedilla
viaja a Madrid para retrasar la orden de alzamiento. Establece coordinación con el
jefe de los requetés, Zamanillo, en varias ocasiones. A primeros de julio recibe de
José Antonio la orden de organizar el apoyo popular al alzamiento en Galicia. El 12
de julio, Raimundo Fernández Cuesta, secretario general de la Falange, ingresa en la
cárcel, en Madrid (después del asesinato del teniente Castillo). Parece que
Fernández Cuesta se mostraba pasivo en la cooperación con el alzamiento, lo mismo
que un importante sector de Falange Española, temerosos de que el puro ideal
revolucionario falangista se mixtificase al contacto con otras fuerzas reaccionarias
que participaban en 1a gran conspiración.

La incierta y esencial Galicia: (capítulo 11). Tempranos orígenes del fascismo


gallego (Fascio y JONS), en los años 1932 y 1933. El principal jonsista era el
profesor Santiago Montero Díaz, que se dio de baja con motivo de la unificación de
FE y las JONS. Los falangistas gallegos reaccionaban contra el autonomismo que se
había puesto de moda con la República. José Antonio nombra jefe territorial a Jesús
Suevos, quien «no ha mostrado en su vida política los rasgos del hombre de acción
que son indispensables para el mando de una fuerza revolucionaria. Tiene gran
afición a la oratoria lírica» (pág. 144).

Suevos se fue apartando y ya no era jefe territorial el 18 de julio. Hedilla unifica a los
divididos falangistas de Lugo; por esta ciudad entró en Galicia. Va a La Coruña,
cuando Jesús Suevos se encuentra en el monasterio de Samos pensando en su
vocación religiosa. Difícil éxito del Alzamiento en Vigo, al que Hedilla coopera con
suma eficacia, bien coordinado con el comandante militar.

La obra malograda: (capítulo 12). A partir de las elecciones de febrero, había


aumentado considerablemente la recluta falangista. El jefe provincial de Santander,
Martín Ruiz Arenado, observa una actitud pasiva y sospechosa; está totalmente
desconectado del mando militar. Actúa con suma decisión a favor del Frente Popular,
José García Bayas, teniente coronel jefe del batallón de Santoña (muerto en Albi
hacia 1962). El gobernador Ciges Aparicio no es capaz de reprimir la violencia
desencadenada por frentepopulistas y falangistas. Cae en las luchas callejeras el
director del periódico pro-gubernamental La Región. En Santander había mil
falangistas y cuatrocientos en la provincia. El coronel Argüelles, comandante militar,
no se decidió a secundar el Alzamiento. El jefe de Falange, Martín Ruiz Arenado,

3 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

paseaba tranquilamente por el Sardinero en pleno dominio rojo. En el mes de


diciembre del 36, Arenado sale de la zona por Bilbao y Francia; aparece en
Salamanca con una mujer que no era su esposa. Hedilla le repone en la jefatura
provincial de Sevilla. Varios miembros de la Quinta Columna de Santander hacen
actos de heroísmo, al revés que su jefe. Ruíz Arenado se atribuye en Salamanca la
gloria de estos actos.

España dividida, España fragmentada: (capítulo 13). El cantonalismo se dio en las


dos zonas en guerra civil. El alzamiento de 1874 se identifica con el de 1936 (!). Los
monárquicos aconsejaron a Mola que crease una Junta exclusivamente militar (esos
monárquicos eran el conde de Vallellano, Yanguas Messía y Goicoechea). De esta
forma se eliminaba la posible influencia preponderante de falangistas y carlistas. Así,
en efecto, se constituye la Junta de Defensa Nacional en Burgos. Había 25 jefes
provinciales de Falange en zona nacional; de ellos, fallan lamentablemente como un
tercio, y el porcentaje de fracasos es mayor en las escalas de mando locales e
inferiores. Fabuloso y rápido crecimiento de FE. Hedilla reorganiza muy bien la
Falange de Galicia. Reúne un convoy de camiones con el que llega a Burgos, y tras
un viaje de inspección por todo el norte de la zona nacional, se instala en Burgos
durante la primera quincena de agosto.

La obstrucción a la Falange: (capítulo 14). Mola insiste en que el voluntariado


debería reclutarse bajo el signo del militarismo apolítico. La coordinación de milicias
era imposible; Falange era tan numerosa que desequilibraba a todas las demás.
Falange participa en la aventura de los hermanos Miralles, en Somosierra. Falange
actuaba entonces «con sentido federal». Las derechas clásicas desencadenaron
contra ella una ofensiva de descrédito; este proceso estaba en curso, cuando Hedilla
se presentaba en Burgos. Falange había instalado su cuartel general en el Convento
de la Merced, antiguo de los jesuitas. Hedilla es considerado como jefe tácito por
decisión de José Andino -jefe provincial de Burgos- y pasando por encima de otros
jefes falangistas como José Sáinz, único miembro de la Junta Política que estaba en
la zona nacional, y el jefe de milicias Agustín Aznar; éste, había sido liberado de la
cárcel de Vitoria y viaja por toda la zona nacional en visitas de inspección. Onésimo
Redondo había sido designado por José Antonio jefe territorial de Valladolid; el 25 de
junio, junto con 18 falangistas más entre los que se contaba Luis González Vicén,
Onésimo fue encarcelado en Avila por el Frente Popular, y liberado el 19 de julio. La
Primera Línea ordenó una concentración estratégica en Valladolid en la noche del 17
de julio. José Antonio Girón de Velasco, empleado de la Diputación, desempeñó
varios mandos de centuria en el Frente, pero no ostentaba cargo provincial alguno.
En Sevilla el jefe era J. Miranda, banderillero profesional, que organizaba la Falange
según sus capacidades. Era despreciado por los señoritos de Sevilla. Para
contrarrestar sus complejos se rodeó de asesores militares y monárquicos que no
eran originalmente falangistas. Bajo su protección, entra en Falange el joven Pedro
Gamero del Castillo, presidente -no falangista- de los Estudiantes Católicos Joaquín
Miranda se entrega al general Queipo en cuerpo y alma. Los refugiados levantinos
invaden Sevilla.

José Luna reaparece, pero se encierra en Cáceres; lo mismo hace el jefe provincial
de Badajoz, Arcadio Carrasco, que, como Luna se aisla del contacto con los demás
jefes falangistas y entrega el control de la Falange de su provincia a los militares.

El jefe provincial de Zaragoza, Jesús Muro Sevilla, hace propaganda entre los ex
confederales -a los que confía su escolta- sin mucho éxito. Muro actúa de forma
discordante con Miguel Merino, nombrado por José Antonio jefe provincial del Bajo
Aragón (Alcañiz).

Hacia la unidad de mando: (capítulo 15). Había sido nombrado jefe provincial de
Melilla, por el propio José Antonio, Ramón Cazañas Palanca, cuarentón y valenciano.
Los tenientes coroneles, Yagüe y Gazapo, afiliados a Falange antes de la guerra, le
saludaban como jefe, brazo en alto. Después del 17 de julio se erigió en jefe
territorial. La primera reunión de jefes de Falange tiene lugar en Valladolid, el 1 de
agosto de 1936. Asisten Aznar, Sáinz, Andrés Redondo (hermano y sucesor de
Onésimo). Expresan el anhelo de continuidad. Cita MGV varios documentos, aunque
advierte que la mayoría de los anteriores a la unificación se han perdido. El 29 de
agosto llegan a Sevilla, Aznar y A. Redondo, por invitación de J. Miranda. Es la
segunda reunión falangista de la guerra civil, que se celebra en el salón de Carlos V

4 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

del Ayuntamiento. La estrella de la reunión es Agustín Aznar. Se acuerda la


constitución de un mando único; J. Miranda propone la constitución de un triunvirato
con Aznar y Redondo, pero fracasa la idea. Acuerdan celebrar una reunión más
amplia en Valladolid para el 1 de septiembre de 1936. En efecto, ese día llegan los
jefes de Falange a Valladolid, que el día 2 amanece empavesado. Se celebra la
reunión en el salón de claustros de la universidad. Aznar consigue que sea rechazada
la tesis del triunvirato y se imponga la idea de mando único, para el que propone a
Hedilla, en calidad de jefe de la Junta de Mando Provisional, lo que estaba dentro de
las directrices de José Antonio. Hedilla no había hecho la mínima gestión en favor de
su elección.

Se reúnen 14 jefes, y se establece la Junta de Mando, que bajo la jefatura de Hedilla


queda constituida por: Sáinz, Aznar, Muro, Redondo y el jefe provincial de Navarra,
José Moreno. Como secretario se designa a Francisco Bravo, jefe provincial de
Salamanca. La Junta se instala en Burgos. Aznar se concentra en los trabajos para
la liberación de José Antonio. Hedilla dispone de un humilde despacho y vive en una
pensión modesta, en la que paga de 12 a 15 pesetas diarias. Termina el capítulo con
una disquisición histórica sobre las excelencias de los 27 puntos de la Falange, en
comparación con la Constitución canovista. Y termina así la primera parte de la obra.

Comienza la segunda parte del testimonio de Manuel Hedilla, como repetidas veces
se autodesigna este libro; la numeración de los capítulos vuelve a empezar.

Llegada de un neofalangista a Burgos: (capítulo I). El 8 de septiembre de 1936


Llega a Burgos Rafael Garcerán, ex pasante de José Antonio, con quien colaboró
Desde el año 1927. Garcerán se había dado de baja en la Agrupación Socialista de
Madrid, después del mitin fundacional de la Comedia en 1933. A primeros de junio de
1936 había llevado a Mola una carta de su jefe. Preso en el cuartel de la Montaña,
logra evadirse. No tenía carnet ni era afiliado a la Falange. El 8 de septiembre el jefe
falangista barcelonés Ribas Seva y el recién llegado Garcerán son recibidos por
Hedilla. También Ernesto Giménez Caballero fue acogido por Hedilla y readmitido por
él en Falange, el 3 de noviembre de 1936. El ministro republicano Giral, encargado
de los canjes, plantea el del hijo de Largo Caballero por José Antonio; pero el padre
no accede. Eugenio Montes habló en París con Ortega, Felipe Sánchez Román y
Santiago Alba; éste era amigo personal de León Blum. Alba brindó un millón de
pesetas para liberar a José Antonio. Según Montes, Prieto exigía 30 rehenes y 6
millones. Franco accedió y, tras la ceremonia del 1 de octubre en que recibió el
mando supremo, encargó a Hedilla que comprobase la opinión de Mola y Queipo,
que se encontraban en Burgos; los dos dijeron que estaban de acuerdo. Pero Prieto
se desdijo, según Montes. A primeros de septiembre Agustín Aznar idea un vasto
plan de rescate, con ayuda de Franco y los demás generales, y la cooperación de la
marina alemana. Aznar con otros 11 falangistas (entre ellos Carlos Rodríguez de
Valcárcel) se dispone a rescatar al jefe, preso en Alicante. Visita a Franco y Queipo;
éste, de acuerdo con Franco, le entrega un millón de pesetas (sacados del Banco de
España en Sevilla, que en esos momentos solamente contaba con 6 millones en caja)
según balance del 13 de septiembre de 1936.

La expedición embarca en Chipiona en el torpedero alemán Iltis, que el 15 de


septiembre fondea en Alicante con once falangistas a bordo. Desembarca Agustín
Aznar con pasaporte falso; encuentra la colaboración de tres mujeres de la Sección
Femenina de Falange. Von Knobloch, nombrado cónsul honorario de Alemanía en
Alicante, viene en la expedición como coordinador. Aznar, tras varias aventuras en
tierra, tiene que huir; se intentó el soborno sin resultados. Aznar llegó a hablar con el
jefe del sindicato portuario de la C.N.T. Von Knobloch fue expulsado por las
autoridades republicanas, y a su vuelta a Sevilla urde el plan de sobornar al
gobernador civil de Alicante, Vázquez Limón. Un torpedero alemán le conduce de
nuevo a Alicante. Van con él Pedro Gamero del Castillo v Gabriel Ravello, portadores
de millones de pesetas para el rescate. El Deutschland, acorazado alemán, está
fondeado en el puerto; el almirante trata de liberar a José Antonio. Pero el
encargado de negocios de Alemania en Madrid, Voelckers, torpedea el plan de
soborno del gobernador. Knobloch es luego instructor de la academia de milicias de
Falange. Aznar forja un nuevo plan para liberar a José Antonio en una acción de
comandos. Franco da nuevamente su apoyo. Se entrenan activamente cincuenta
falangistas a las órdenes de Paulino Uzcudun, boxeador. Tras mes y medio de
preparación en Sevilla, el proyecto trasciende y se abandona. Fal Conde trata de

5 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

reunir dinero para la liberación de José Antonio cuando ya éste había sido fusilado.
R. Cazañas, jefe de la Falange de Marruecos, pensó también en el canje del jefe
nacional por familiares del general Miaja, que se encontraban en África. M.G.V. trata
de montar una campaña de propaganda exterior en pro de la vida de José Antonio.
No se acepta el proyecto.

El funcionamiento de la Junta de Mando. Capítulo II.

La Junta se reunía muy poco. Hedilla nombra a José Antonio Girón de Velasco para
un cargo en las milicias de Valladolid. En septiembre propone a la Junta de Defensa
Nacional un proyecto de decreto para apoyar a los agricultores, así como la
formación de un grupo asesor técnico de ingenieros agrónomos v peritos; obtiene
ambas cosas. Hedilla coordina las organizaciones más o menos espontáneas de la
Falange exterior (nombra a Eduardo Aunós para la de Bélgica), que se consagran a
la ayuda a la España nacional. Convence a Mola de que le permita la formación de
sindicatos falangistas. Nombra jefe territorial de León a Garcerán el 6 de octubre de
1936. Hedilla seguía viviendo en Burgos, y allí tiene roces con varios jefes militares
(De Benito, Tella). Gumersindo García y José María Alonso Goya llegan a Burgos
desde la zona enemiga a mediados de septiembre. Días después llega a esa zona
Sancho Dávila, que, como todos los recién trasladados de zona, se pasma ante el
enorme crecimiento de la Falange. El 6 de octubre la Junta de Mando repone a
Sancho Dávila como jefe territorial de Andalucía y se reorganizan las jefaturas (p.
214). Se instauran dos academias para la formación de oficiales de las milicias de
Falange en Sevilla y en Pedro Llen.

Hedilla emprende diversas actividades políticas: estructuración de las Centrales


Obreras Nacionalsindicalistas (C.O.N.S.); a la llegada de Pilar Primo de Rivera
reestructura la Sección Femenina; poco después se resucita al S.E.U. y se «empezó
a disciplinar a la Prensa y a la propaganda». Se declaran en plena vigencia los
estatutos de Falange Española promulgados por José Antonio en 1934.

El 16 de octubre Hedilla dicta una circular sobre preferencia de la Vieja Guardia y de


los Camisas Viejas sobre el aluvión de los Camisas Nuevas; el 11 de septiembre
había criticado duramente los particularismos egoístas. Mientras tanto, Hedilla
seguía ejerciendo el mando con la misma austeridad de siempre. «Hedilla le costaba
a la Falange 25 pesetas diarias.» En la circular del 16 de septiembre Hedilla dispone
el encuadramiento de las milicias con jefes y oficiales adictos a Falange Española.
Pronuncia en las Navidades de 1936 un sonado discurso sobre el envío de equipos
de segunda a primera línea, además de insistir en los ideales revolucionarios y
sociales de la Falange. Piensa en la paz futura, interviene en la fijación del frente
Norte de las provincias castellanas. Allí se forman las centurias catalanas y la
Columna Sagardía a base de falangistas. Hedilla salta a las coplas de guerra: el
falangista catalán José María Fontana Tarrats traza de él un vigoroso retrato moral.

El jefe de la Junta de Mando exige humanidad y caridad cristiana. Capítulo III.

Los sublevados consideraban a la Prensa con una actitud sumamente recelosa. La


Prensa no informó sobre la oposición enemiga que alentaba en la zona nacional ni
sobre la represión. Y hubo mucha represión sin garantías jurídicas.

Seguía la enorme afluencia -espontánea- de adhesiones a Falange. Galicia contaba


Antes del 18 de julio con tres mil militantes; aparte de los que marcharon a los
frentes, los afiliados llegaron pronto a los setenta mil. En muchos casos la jefatura
local la designó la Guardia Civil, asesorada por los derechistas locales. Se registra la
aparición competitiva de las Milicias de Acción Ciudadana. Diversos testimonios
sobre la conducta de Falange en la represión (p. 231); estos testimonios coinciden
en que Falange no participó oficialmente en las actividades represivas. En Burgos
funcionaba una Junta represiva formada por tres oficiales y el secretario del
Gobierno Civil, que decretó ejecuciones sin formación de causa. Los albiñanistas
intervinieron en las ejecuciones. Hedilla se opuso a los fusilamientos sin sumario.
Salvó del fusilamiento al coronel de la Guardia Civil Villena, y evitó los «traslados» de
presos, que acababan a veces en fusilamientos. Dura represión en Aranda, Salas,

6 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

Villarcayo, dirigida por la Guardia Civil. Pero Esta actuación dio lugar a
«instrucciones, sumarios y procesos». Testimonios de Hugh Thomas, el doctor Junod
y Antonio Bahamonde. En algunos casos -Badajoz, Navarra- la represión fue llevada
por falangistas, incluso por jefes provinciales. Pero Hedilla destituyó a uno de ellos, el
de Navarra, Moreno.

En su mensaje de Navidad de 1936,. Hedilla se opone a las represiones personales,


Pero reivindica la misión de depuración encomendada a la Falange.

En este mensaje, además de referirse a la represión, Hedilla insiste en difundir


consignas populares de justicia social. En su actuación demostró muchas veces
ternura hacia los niños. El 20 de febrero de 1937 dirige una carta al Secretario de la
Sociedad de Naciones en protesta por la salida de niños españoles hacia la URSS.
En sus circulares alude repetidas veces al tema de la represión. Se entrevista con
Mola sobre la represión en San Sebastián. Salva la vida de Manuel Aznar, periodista
conocido, detenido en Zaragoza con camisa azul el 29 de octubre de 1936. Ruiz
Vilaplana, secretario judicial de Burgos, testimonia a favor de la Falange. Hedilla
interviene personalmente para impedir fusilamientos en el Llano de Estepar.
Narración de las aventuras del ex ministro Filiberto Villalobos, a quien trató de ayudar
Hedilla. Estudio de la represión en Galicia: el jefe territorial, Mario González Zaera,
encarcelado y a punto de fusilamiento. El embajador italiano Cantalupo se entrevista
con Hedilla en marzo de 1937 v tratan de la represión. El 20 de diciembre de 1936
Hedilla centraliza los servicios de información de F.E. encargados de la depuración
interna.

Salamanca, cuartel general. Capítulo IV.

A fines de octubre de 1936 parece cercano el final de la guerra civil; Falange y la


Comunión Tradicionalista establecen un pacto para la ocupación política de la capital.
Hedilla está en buenas relaciones con los militares. La Junta de Mando se traslada a
Salamanca, en un piso modesto de la calle de Toro. El 20 de noviembre de 1936 el
Cuartel General y Falange conocen, unas horas después del suceso, el fusilamiento
de José Antonio. Su asesinato coincide con la inauguración del Consejo Nacional de
FET y de las JONS, que se abre el día 21 en el cuartel de milicias. No se publica la
muerte de José Antonio. Primero se reúne la Junta de Mando para decidir: a) La
instalación de la Junta y del Consejo en Salamanca, con carácter permanente; b) La
celebración de un Consejo extraordinario en el Madrid liberado. A continuación se
reúne el III Consejo Nacional de la Falange, con 16 consejeros además de los
miembros de la Junta. Acuerda el Consejo la adhesión -«sagrado deber»- a Franco;
la adhesión a Italia, Alemania y Portugal, por el reconocimiento de estos países al
régimen del Alzamiento; se acentúa la adhesión a Portugal; se insiste en la aplicación
de las ideas nacional-sindicalistas; se organizan los «flechas»; se reorganiza la
hacienda de la Falange; se nombra al jefe de Navarra, Moreno, administrador
general (y se le destituye de su jefatura provincial). El Consejo acaba con el grito de
¡Presente! aplicado a José Antonio.

Hedilla consigue -por influencias puramente personales- sacar a su familia de


Santander, donde estaba perseguida.

El máximo desarrollo de la Prensa y de la propaganda falangista. Capítulo V.

Durante la jefatura de Hedilla la Prensa y la propaganda de la Falange alcanzan un


máximo desarrollo, no superado después por ninguna de las etapas del régimen.
Principio básico: no estorbar el desarrollo de la guerra. Disciplina y gratitud de estos
servicios. Hasta el 16 de febrero de 1936 sólo existía un periódico: FE, remplazado
en 1935 por Arriba. Luego salió la hoja clandestina No importa y Solidaridad
nacional, aparecido en Barcelona semanas antes del 18 de julio. José Antonio
nombró jefe nacional de Prensa y Propaganda al arquitecto guipuzcoano J. María
Aizpurua y Azqueta. Gran altura cultural y artística debida a su dirección: fue
asesinado en agosto del 36. Prehistoria del periodismo falangista: Italia y Alemania
ofrecen maquinaria gratis, José Antonio las rehúsa. El primer periódico falangista de

7 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

la guerra es el Arriba España, de Pamplona, que aparece el primero de agosto


compuesto en la imprenta de un diario nacionalista vasco. Hedilla utiliza las
instalaciones del periódico de Pórtela El Pueblo Gallego (Vigo) y lanza Arco en
Orense. Reaparece el semanario Libertad, de Valladolid, y el quincenal Lucha en
Teruel. A mediados de agosto, Amanecer en Zaragoza, Nueva España en Huesca;
en septiembre Unidad, de San Sebastián. Hubo diarios en Málaga {Arriba, luego
llamado Sur), en las dos provincias canarias, en todas las provincias andaluzas,
excepto Cádiz En otras partes de hecho el órgano de mayor circulación se convirtió
en diario falangista, como en Salamanca, Valladolid y Burgos. Vicente Cadenas había
sido nombrado por José Antonio jefe nacional de Prensa y Propaganda; Hedilla le
confirma en el cargo. Cadenas nombra a Vicente Gaceo secretario del servicio.
Manía general por los uniformes brillantes. Cadenas y Gaceo montan su oficina en
San Sebastián. Los alemanes critican duramente la angustiosa escasez de buenos
periodistas en que se debatía la Falange. En vista de ello, Hedilla crea, en noviembre
de 1936, una oficina de Prensa en la Junta de Mando. Se encarga de la redacción
Martín Almagro Bosch, con Felipe Ximénez de Sandoval y Nicolás M. Alonso. La
oficina se llama «Agencia de información, control y colaboraciones». Entre su nutrida
lista de colaboradores figuraban Juan J. López Ibor, Bartolomé Mostaza, Alvaro
Cunqueiro, Pedro Laín Entralgo, José A. Jiménez Arnáu, Fermín Yzurdiaga, Rafael
García Serrano, Antonio Tovar, Manuel Halcón, Agustín de Foxá, Ángel María
Pascual, Pacrício González de Canales, Narciso García Sánchez, Julián Pemartín,
José Escalera del Real, Luis Moure Marino, Ignacio Agustí, José María Fontana
Tarrats, Ignacio Alonso Villalobos, Dionisio Ridruejo, Javier Martínez de Bedoya,
José Villanueva de la Rosa, Pedro Salvador, Manuel Fernández Cuesta, Jesús
Ercilla, Juan Francisco Yela, Manuel Gómez «Romley», Vívente Cadenas, Juan
Beneyto, Luis Rosales, Eduardo Aunós, Adriano del Valle, Felipe Vivanco, Manuel
Sánchez del Arco, Xavier de Salas, Manuel Diez Crespo, Dámaso Santos...» (página
273).

Omite deliberadamente MGV la cita nominal de la riada -efímera- de profesores


universitarios que refluyó sobre Falange. En la Universidad de Salamanca, en febrero
de 1937, se celebró un primer y único Congreso Falangista de Prensa y Propaganda;
se presentó una ponencia para crear una gran agencia «España» y otra para crear el
Instituto de Estudios Políticos.

Entre julio del 36 y julio del 37 se registraron muchos cambios en la Jefatura de


Prensa del Gabinete de Burgos (págs. 273-274). Ciertos órganos territoriales de la
Prensa falangista, sobre todo el de Sevilla, cultivaban intensivamente el culto a la
personalidad.

Desde el principio de 1937 el Servicio de Prensa y Propaganda publicaba las revistas


Fotos, Vértice, Flechas, FE. Se subdivide el Servicio Nacional en dos Jefaturas:
Prensa (J. A. Giménez Arnáu) y Propaganda (Tito Menéndez). Mientras tanto, en
Salamanca se monta un servicio de propaganda (cinematografía) a cargo de Antonio
Calvache y luego de A. de Obregón. Se ponen los fundamentos de una gran editora
nacional. Disquisición sobre los intelectuales y la Falange; la llegada de Ernesto
Giménez Caballero complicó el panorama. Influyó mucho en el «grupo de Pamplona»,
de inspiración esteticista, barroquizante, d'orsiana.

La economía de la Falange. Capítulo VI.

Manuel Hedilla sostuvo el principio de gratitud de la función, incluso en la milicia. Un


jefe de bandera o de centuria no disfrutaba de mayor soldada que la de un simple
voluntario (pág. 279). Falange creó una fuerte estructura paralela a la del Estado y
tan robusta como la del Estado.

Hedilla trató de evitar la burocratización parásita, como la que atenazaba a la zona


enemiga. El 18 de Julio Falange y el Requeté carecían de hacienda. La Junta de
Defensa Nacional, por Decreto de 4 y 27 de agosto de 1936, establece un sueldo de
tres pesetas para cada miembro de la milicia. Era una buena paga (en la zona
nacional reinaba la estabilidad de precios hasta fines de 1937). Incluso hubo cierta
contracción. Buen control económico desde el principio. Con 1,75 pesetas se comía
admirablemente dos veces al día. Un litro de vino valía cincuenta céntimos. El tabaco

8 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

y el vino eran donados a los combatientes; la diferencia entre el sueldo diario y los
costes de alimentación más las «sobras» iba a Falange; en el periodo de mayor
recaudación esto suponía un millón de pese-tas cada mes. El pago de haberes no
era uniforme; en Galicia se establecieron exacciones directas a los ricos. Afluían
donativos desde la retaguardia y desde América del Sur. Se arbitraban ingresos por
varios métodos, como festivales, etc. Falange gozaba de ventajas de gratuidad en
edificios, cuarteles, automóviles... Hasta septiembre de 1936 la organización de la
economía falangista era cantonal. Hedilla establece una buena Administración
central, con José Moreno y Honorato Martín Cobos. Se llevaban con rigor la
contabilidad y los inventarios; tras la unificación se revisó todo y no pudo formularse
cargo alguno. Mercedes Sanz Bachiller crea el Auxilio de Invierno -cuyo emblema se
tomó prestado de la Fichte-Bund. Se instalaron varios comedores en Salamanca,
uno de ellos en el «suburbio rojo». Medios de arbitrar recursos: una postulación
quincenal, la Ficha Azul, los sellos. El 19 de abril de 1937 funcionaban mil comedores
en toda España.

Desde julio de 1936 la Sección Femenina organizaba la asistencia a los frentes. La


Sección Femenina contaba antes del 18 de Julio con 3.000 miembros, que al llegar la
unificación eran 50.000. Los servicios técnicos de Falange se encomiendan a J. L.
Escario, ingeniero y abogado, que organiza las centurias de trabajo y los auxiliares
especialistas del Ejército; desde mayo de 1937 se consideraban como de primera
línea. La primera de estas unidades se formó en Navarra. Llegan a disponer de
doscientos camiones y ellas tendieron los puentes de la ría de Bilbao destruidos en la
retirada enemiga; la iniciativa era de Hedilla.

La Organización Juvenil integró a los antiguos «balillas». En circular de 11 de


septiembre de 1936 Hedilla cambia el nombre por el de «flechas». Absurdo juicio del
diplomático alemán Voelckers y dura crítica a la desunión en zona republicana. No
hubo un solo incidente importante entre falangistas y requetés, a pesar de que
muchos historiadores han copiado servilmente esa cita.

Coyuntura dramática: la sucesión. Capítulo VII.

Cultivo del sebastianismo, de mal estilo retórico, tras la desaparición de José


Antonio. Sancho Dávila inaugura un período stalinista en Andalucía, así como José
Luna, en Extremadura, A. Moreno, en Navarra, y A. Redondo, en Valladolid; este
período corre de julio a septiembre de 1936 y no se corrige después del todo. Varios
falangistas inician maniobras para el desprestigio de Hedilla; entre ellos Alfonso
García Valdecasas y Pedro Gamero del Castillo. Tratan de inducir a Hedilla a la
demagogia, para torpedearle. Dos consejeros de Hedilla, Víctor de la Serna y
Serrallach, le perjudican notablemente.

Valdecasas se endosó la camisa azul el 18 de Julio después de su espantada tras el


acto de la Comedia. Los reyes de taífas de Falange van a suicidarse corporativa-
mente. Al morir José Antonio habían caído ya decenas de millares de falangistas. Se
montó una conspiración de silencio contra Ramiro Ledesma Ramos, muerto en
Madrid. Pilar Primo de Rivera, asediada y convertida en arbitro. Los falangistas de
Madrid hacen rancho aparte y se creen superiores a todos los demás. A primeros de
diciembre de 1936 Andrés Redondo es destituido. Disensiones con J. A. Girón, Jefe
Provincial de milicias de Valladolid por nombramiento de Hedilla. Girón acude a
Salamanca para acusar ante Hedilla a Redondo de quererle matar. Hedilla le da
asilo, y cuando Redondo irrumpe en el despacho de Hedilla éste le quita la pistola, le
arranca lo cordones y le devuelve a Valladolid como simple militante. Nunca más se
supo de él. Girón es nombrado inspector territorial de Valladolid, pero no se designa
jefe territorial. Dionisio Ridruejo es el nuevo Jefe Provincial de Valladolid, y Luis
González Vicén, el Inspector Nacional de Milicias. En la primera quincena de
diciembre de 1936 estalla el «affaire» Fal Conde. Mola estaba de acuerdo en
establecer una Academia carlista de guerra, a imitación de las falangistas. Pero el
general Dávila llama a Fal a Salamanca v le obliga a expatriarse. El destierro de Fal
inició una serie de medidas sobre militarización de las milicias. En el Boletín Oficial
de 22 de diciembre de 1936 se decreta la unificación militar y el sometimiento a las
autoridades militares de todas las milicias. El 24 de enero de 1937 el coronel
Monasterio fue designado Inspector General de Milicias.

9 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

En diciembre de 1936 Millán Astray pide a Hedilla 15.000 falangistas para las
unidades mixtas hispanoitalianas de «Flechas Azules». Fuerte recluta en Galicia y
Zamora; la leva tiene éxito y se superan los 15.000 hombres. Falange suple así las
quintas, aún no llamadas en la zona. Franco proclamará siempre la honestidad de
Hedilla; una vez le dijo: «Hay una gran diferencia entre usted y los que le rodean, a
favor de usted». Hedilla enlaza e intima con el general italiano Gambara. A. Aznar,
muy impulsivo, favorecido por la Falange de Madrid. La Falange de Burgos quiere
sustituir a Aznar por Yagüe. Aznar se enemista así con Hedilla. Extensas citas del
mensaje de Navidad de Hedilla en 1936. La Falange interviene en las honras
fúnebres de Unamuno, con motivo de cuya muerte. MGV escribe un artículo
importante. Hedilla lo aprueba, y la censura militar, también. Unamuno desciende a la
tumba entre brazos en alto. Desde principios de enero del 57 se da a Hedilla el título
de Jefe Nacional del Movimiento. A principios de enero se aprueban los Estatutos de
la Organización Juvenil y de la Sección Femenina.

Hacia la concentración de poderes. Capítulo VIII.

La concentración de poder en manos de Franco empieza en el mismo otoño de 1936


bajo el lema «Una Patria, un Estado, un Caudillo». En las primeras semanas del
mando de Franco surge la idea de un «partido franquista», invención de su hermano
Nicolás, remedo de la Unión Patriótica primorriverista. Se pensó luego en ofrecer a
Franco la Jefatura Nacional de la Falange. Carlavilla, el policía ideólogo y Felipe
Ximénez de Saldoval, trazan un proyecto de Falange franquista antecedente de la
unificación. Acercamiento entre requetés y falangistas: Sancho Dávila fomenta la
unificación bajo Franco desde enero. Farinacci, enviado del Duce, hace una gestión
con Hedilla para la restauración en España de la dinastía saboyana. Falange era
antimonárquica; Mola se opone a la formación de un Gobierno presidido por él.

Rafael Garcerán, gran enemigo de Hedilla, descarta a HediUa por no ser orador ni
escritor. Decide reformar la Falange y lanza la idea del triunvirato. Era un hombre de
lamentables cualidades, conspirador, y vivía bien. Saboteaba a Hedilla en el Cuartel
General, ayudado por Antonio Luna. Se decía que pensaba proclamarse Jefe
Nacional de Madrid; acabará convirtiéndose en empresario de cabarets madrileños.

Detallada revisión de «la provocación del 2 de febrero de 1937». Hedilla ordena


reproducir y difundir el discurso de José Antonio en el cine Europa, con motivo del
primer aniversario de ese acto. El discurso era muy revolucionario y se pronunció en
la campaña electoral de febrero. El Delegado de Prensa y Propaganda para el
Estado, Vicente Gav, prohíbe la inserción. Es toda una provocación contra Falange:
José Andino, Jefe Provincial de Burgos, manda imprimir 25.000 ejemplares del
discurso, y cuando son recogidos por la autoridad militar difunde su contenido por
Radio Castilla. Andino queda arrestado en el Cuartel de Caballería. Los falangistas
gallegos quieren liberarle. Hedilla consigue la liberación con motivo de la toma de
Málaga. La derecha, derrotada en las elecciones de febrero, estaba, pues, ansiosa
de provocar a la Falange.

Las relaciones con extranjeros. Capítulo IX.

Hitler dedicó a Hedilla una edición especial de Mein Kampf. Hedilla, sin embargo,
estaba libre de toda influencia exterior. Los italianos le enviaron muchos Emisarios.
Hedilla despide violentamente a Kroeger, representante de Goebbels, intercambio de
opiniones entre falangistas y tradicionalistas: cambio de «notas verbales» y acuerdo
táctico. Los contactos fueron más profundos de lo que cree Payne. Fax, exiliado en
Lisboa, participa en los contactos; los neofalangistas Escario y Gamero del Castillo
negocian con él. La iniciativa del viaje a Lisboa, para el que Hedilla concedió permiso
el 14 de febrero de 1937, fue de ellos dos. La unión de Falange y los requetés
desembocaría en la instauración monárquica. Gamero había hablado con José María
Oriol y con Santiago Arauz de Robles. Les acompañó Sancho Dávila; las
conversaciones de Lisboa se celebraron en el Hotel Avenida, donde vivía Fal a partir
del 16 de febrero. Los tradicionalistas acababan de celebrar una reunión en el
palacio de Alburquerque, en Insúa (Portugal), presidida por don Jaier; la asamblea

10 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

carlista acordó la instauración provisional de la Regencia. Los falangistas que habían


tratado ya con Arauz y Rodezno, tratan luego con J. María VaLlente, suplente de Fal
en España, y con el secretario de la Comunión Tradicionalista, Lamamié de Clairac.

El esquema de las negociaciones giraba en torno de la aceptación por los


tradicionalistas del ideario de la Falange, y la aceptación por la Falange de la
monarquía tradicionalista. Los dos grupos intercambian bases de negociación.
Chocan porque los enviados falangistas sostenían la legitimidad de la rama alfonsina.
No se firma la unión, pero se llega a un acuerdo privado de tipo negativo y se
consagra el mantenimiento del diálogo entre los dos movimientos. Este documento
está fechado en Lisboa el 17 de febrero de 1937. Había una conjura carlista para
derribar a Fal y sustituirle por Rodezno. Nuevas conversaciones en Salamanca, con
intervención de Pemán y Julián Pemartín, falangista jerezano. El principal
tradicionalista con quien tratan en Salamanca es Rodezno. Gamero idea toda una
teoría de la unión; en ella figura la tesis del triunvirato, que había surgido ya en las
conversaciones de Lisboa, Las conversaciones de Salamanca terminan el 23 de
enero de 1937; el camino sigue abierto.

El 20 de enero de 1937 Ramón Serrano Súñer entra en zona nacional. Tiene treinta y
cinco años, y una biografía de amistad con José Antonio. Parentesco con Franco
(sus mujeres eran hermanas) y política cedista: fue diputado de la CEDA por
Zaragoza en 1933 y 1936. Fue salvado por una gestión del doctor Marañón. Se aloja
en el palacio episcopal de Salamanca. Malas relaciones iniciales con Hedilla. Hedilla
trata de canjear a Fernández-Cuesta por los hermanos del ministro nacionalista
vasco Irujo, para entregarle el mando de la Falange. Prieto trata de influir a
Fernández-Cuesta; éste llega a la zona nacional a fines del verano de 1937. La
Falange, antes de la unificación, era decididamente pro-Franco. Discurso muy
reveladcr de Hedilla el 16 de marzo de 1937, contra los malos políticos. Hedilla abre
las dos Academias de Mandos de Falange en Sevilla y en Salamanca, de acuerdo
con Faupel, embajador alemán; esto se ve mal en el Cuartel General.

Entre febrero y abril de 1937 se monta una verdadera conspiración contra Hedilla,
dentro de la Falange. Sancho Dávila y Agustín Aznar la atizan; Garcerán se se
mueve por el odio; algunos, por la envidia. Hedilla hace esperar unos minutos a
Serrano Súñer y esto aumenta su enemistad; Serrano se marcha antes de que
Hedilla salga a recibirle. Hedilla, mal aconsejado por muchos falangistas; por malos
consejos de Víctor de la Serna permite la inserción de un artículo escrito por éste
que se titulaba «Hedilla, 120 por hora». La Junta de Mandos sanciona a La Serna
por el artículo, ejemplo de culto a la personalidad.

Semanas antes de la unificación aparece en Salamanca Lisardo Doval y su equipo


represivo, encargado ahora de la seguridad del Estado franquista. Era Doval «jefe de
servicios especiales». Se dedican a fichar políticamente a todo el mundo; el
presbítero catalán Tusquets busca ansiosamente masones.

En torno a la decisión unificadora. Capítulo X.

La verdadera base del poder en la España nacional antes de la unificación -prosigue


el autor- no era el Ejército, como cree Ramón Serrano Súñer, sino los requetés y los
falangistas. Los militares se limitaban a dirigir las operaciones bélicas. En
conversaciones con Serrano Súñer, Franco parece aceptar la doctrina de Falange
Española. Azaña había ya señalado el procedimiento de absorber una doctrina para
dominar un grupo político. Según Payne, los falangistas podían dividirse en tres
grupos: los hedillistas, los legitimistas -joseantonianos- y el aluvión neofalangista que
esperaba convertir la Falange en un partido conservador. Los intelectuales y jefes
provinciales del Norte eran hedillistas. Testimonio del político bilbaíno Areilza. Los
legitimistas eran Aznar, Pilar Primo de Rivera y luego Sancho Dávila. Su núcleo eran
los falangistas de Madrid refugiados en la zona nacional. «Calentaron» a Aznar para
el complot contra Hedilla. José Moreno participó en este complot.

Llegan a Salamanca, semanas antes de la unificación, los «capitanes de Mallorca»


Ladislao López Bassa y Vicente S. Orbaneja, que se introducen inmediatamente en
el cuartel general. Hablan con todo el mundo. Bassa tiene ideas extrañísimas sobre
nacionalsindicalismo (procedía de Renovación Española). Son agentes de Juan

11 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

March, deseoso de «cancelar la influencia falangista».

Hedilla se entrevista en Villarreal de Álava con Zamanillo y Arauz, dirigentes carlistas.


Llegan al acuerdo de que si se realiza la unificación por decreto no aceptarán en ella
cargo alguno; esta entrevista se celebra en los primeros días de abril.

Los conjurados contra Hedilla -Aznar, Garcerán, Dávila, Moreno- incrementan sus
gestiones. Consiguen la adhesión de Girón y González Vicén. Dionisio Ridruejo,
indeciso. En el Norte consiguen la adhesión del jefe de León, doctor Fernando
González Vélez. Los jefes de Extremadura, indecisos; los del Sur, Dávila, Miranda y
Arenado, están en la conjura. Giménez Caballero colabora con los conjurados, pero
no claramente. Vicente Gaceo es tentado con el nombramiento de titular de la
Delegación Nacional de Prensa y Propaganda. Hedilla es informado por diversos
conductos, pero no reacciona por el momento.

El 11 de abril, Hedilla decide visitar el frente norte. En San Sebastián se reúne con
elementos monárquicos (Areilza), quienes a su vez estaban por entonces
reuniéndose con don Javier; éste no creía en la unificación en el mismo momento en
que se proclamaba.

El 12 de abril Franco convoca a Rodezno y otros carlistas adictos para anunciarles la


unificación. Los convocados se dirigen a Navarra, donde el 14 de abril se reúne la
asamblea regional carlista; Rodezno está de acuerdo con Franco. Borrascosa
entrevista de Hedilla con Cadenas en San Sebastián. Hedilla decide entonces
convocar el Consejo Nacional de Falange. Cadenas llega a Salamanca el 15 de abril.
El mismo día llega Hedilla, con la convocatoria del Consejo Nacional ya redactada; el
Consejo se convoca, en efecto, para el 25 de abril en Burgos. Se trata de elegir el
jefe nacional de la Falange hasta la vuelta de José Antonio.

Naturalmente, la convocatoria del Consejo Nacional trasciende. El mismo día 15 de


abril los conjurados de Salamanca avisan a los de fuera, y persisten en la idea del
triunvirato; salen los conjurados para Salamanca. Descripción de los sucesos de la
mañana del 16 de abril.

Girón y Vicén, dirigentes de Valladolid, en la conjura. Confluyen en Salamanca,


armados y escoltados, los conspiradores de Sevilla y Valladolid. La Falange de
Madrid está con ellos. Los falangistas de la Montaña están dispuestos a morir por
Hedilla. El Cuartel General está al tanto de todos estos movimientos, por continuos
informes de la policía. A las once de la mañana del 16 de abril se reúnen en el
edificio de la Administración de Falange -contiguo a la Junta de Mando- los
principales conjurados movidos por Garcerán, cerebro y motor de la conjura.
Designan un triunvirato: Aznar-Garcerán-Moreno. Garcerán se autonombra secretario
general. Los conjurados van al despacho de Hedilla, que estaba con José Sáinz. Le
entregan un pliego de cargos con la destitución. Hedilla escucha y se niega. Jesús
Muro se niega a secundar al triunvirato y marcha inmediatamente a Zaragoza. Hedilla
se levanta y sale para informar al teniente coronel Barroso, quien a su vez informa a
Franco. Estos son, en esquema, los sucesos de la mañana del 16 de.abril de 1937.

Antes de las horas nocturnas. Capítulo XI.

Garcerán y Moreno, dueños de las oficinas centrales de Falange, se dedican a


amenazar a todo el mundo. Redactan una nota y la entregan a Cadenas para que la
difunda por la Prensa. Los facciosos deciden cursar un telegrama a los periódicos
del Movimiento. MGV interviene y hace gestiones en Telégrafos, Radio Nacional, El
Adelanto y La Gaceta Regional, de Juan Aparicio. Se bloquean así las noticias
emanadas del triunvirato. A las 16.30, el triunvirato es recibido por Franco; le había
pedido audiencia a mediodía.

A media tarde Hedilla requirió al jefe provincial de Salamanca, Laporta, y le ordenó


que con el millar de falangistas de la ciudad ocupase el edificio de la Junta de
Mando. Martín Almagro pide a los falangistas catalanes que acudan a la academia
de Pedro Llen, para solicitar refuerzos de choque. Un grupo catalán de Pedro Llen
monta la guardia en casa de Hedilla. José Sáinz trae a varios toledanos. A primera
hora de la noche llegan de Burgos José María Alonso Goya y otros hedillistas.

12 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

Sancho Dávila poseía una lista con 47 nombres para eliminar. A las diez de la noche
el jefe de Estado Mayor del Gobierno Militar llama a Laporta y le dice que uno y otro
bando falangista preparan un golpe de fuerza. Hedilla está en contacto permanente
con el Cuartel General; entre diez y once de la noche, Barroso le invita a pasar la
noche bajo la protección de la mansión de Franco. Hedilla no accede. En casa de
Hedilla, Goya defiende la conciliación. Goya va a Pedro Llen a pedir refuerzos. Goya
y los cadetes de Pedro Llen, ya de noche, van a casa de Sancho Dávila -los
conjurados se habían retirado armados a dormir- con orden expresa de no actuar
violentamente. Llevaban bombas de mano. La casa de Sancho Dávila estaba en una
de las esquinas de la Plaza Mayor. Entran Goya y López Puertas en la habitación
donde dormía Dávila. Un escolta de Dávila tiró una bomba en el pasillo, fuera de la
habitación. Goya salió a ver qué pasaba, y Manuel Peral le mata por la espalda.
Dávila pedía clemencia cuando llegó la policía.

El comando prosigue su misión y acude bajo los balcones de Garcerán, que les
recibe con ráfagas de metralleta. Llega la Guardia Civil que había detenido a Dávila,
y detiene a Garcerán. Van todos al cuartel de la Guardia Civil -agresores y
agredidos-, donde se les encierra por separado en dos grupos. Seis falangistas
catalanes de Pedro Llen encerrados. Los moros de la escolta del Cuartel General
bloquean el Gran Hotel donde estaba Laporta; éste informó a los capitanes de
Mallorca sobre los propósitos de Hedilla, y ellos marcharon al Cuartel General antes
de los sucesos. Cree MGV que es muy probable que Dávila fuera avisado de la
llegada de Goya. Serrano Súner da a Franco inmediata noticia de todo.

Agustín Aznar no se entera de los sucesos hasta las ocho de la mañana del día
siguiente, 17 de abril. Francisco Bravo aparece de pronto esa madrugada en casa de
Hedilla; era uno de los conjurados. MGV, tras negarse a que se realice la autopsia
de Goya con la frase «La ley somos nosotros», consigue que el féretro de Goya se
lleve a la Junta de Mando. El Cuartel General ordena que el entierro se haga el 18
muy de mañana. Aznar trata de asaltar la Junta de Mando con sus falangistas de
Madrid, pero al fin propone una tregua hasta la celebración del Consejo Nacional.
Barroso, en nombre del Cuartel General, asiste a! entierro de Goya.

El último Consejo Nacional de Falange Española. Capítulo XII.

Los rumores sobre una sublevación falangista abortada en abril son falsos. Fuset y
Doval montan una represión tremenda, que desborda al Cuartel General. Doval
monta un servicio de vigilancia para controlar la entrada en Salamanca de consejeros
desde el 16 de abril. El Consejo Nacional empieza en la mañana del 18. No asiste
Dávila, que está en la cárcel. Acuerdos del Consejo: admitir a los tres delegados de
servicios; «Garcerán no es compatible con el Consejo». Cadenas ha perdido las
actas, tomadas taquigráficamente por Felipe Ximénez de Sandoval. Discurso de
Hedilla, que comenta el pliego de cargos. Los conjurados se justifican con el rumor
de que iba a formarse un Gobierno Mola-Hedilla (Mola lo negó ante testigos.)
Confiesa Hedilla que le hacían los discursos. Según él, «Falange empezaba a ser el
único fundamento del nuevo Estado». Dos de los conjurados «obedecían órdenes de
organizaciones secretas internacionales». Hedilla se quiso retirar entonces de la sala,
pero no le dejaron. Vuelve a hablar y revela que el Generalísimo se proponía asumir
el mando de la Falange. Se celebra la votación para elegir al jefe nacional: Hedilla,
diez votos, ocho abstenciones y cuatro votos en contra. Hedilla va a comunicar a
Franco lo acordado con Reyes y Ruiz Arenado. Franco les impulsa para salir al
balcón (es la primera hora de la noche del 18). El nombramiento se difundió por
prensa y radio. El 19 de abril por la mañana, Hedilla destituye a Aznar del mando de
la Primera Línea, del que encarga a Sáinz. Mientras tanto, un oficial del Cuartel
General envía al frente a los 34 hombres de la centuria de Madrid, so pena de fusilar
a Aznar y Gumersindo García. En la noche del 18 de abril, Hedilla nombra consejeros
nacionales a Pilar Primo de Rivera y a Yagüe. En la segunda sesión del Consejo,
celebrada el día 19, se elijen los miembros de la Junta Política: Ruiz, Sáinz, Merino,
Reyes. El 18 de abril habían llegado, en avión, Queipo Miranda para defender a
Dávila.

13 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

La unificación. Capítulo XIII.

A las ocho de la noche del 19 de abril, Hedilla recibe un sobre del Cuartel General
con un discurso y decreto que iba a promulgar Franco esa noche. Ramón Serrano
Súñer redactó el decreto de unificación. Queipo y Mola dieron su conformidad. El 20,
Hedilla pide audiencia, que le es concedida inmediatamente.

Todo el mundo interpreta el decrero como la sumisión de la Falange a los militares y


al Generalísimo. Los falangistas de Andalucía, Aragón y Valladolid estaban por la
unificación. Las jefaturas territoriales y provinciales subsistieron hasta el 30 de abril.
El 1 de mayo se suprimen. José Sáinz, jefe territorial de Castilla la Nueva, previno a
los mandos (sin intervención de Hedilla) por un telegrama no cifrado que no se
consideró subversivo hasta que Hedilla se negó a aceptar un cargo en la FET. Hedilla
no envió emisarios, aunque Arrese salió por iniciativa propia para sondear la opinión
de los falangistas andaluces. Yagüe se presentó en Salamanca y Franco le ordenó
volver al frente. Yagüe fue siempre pro-Franco.

El nombramiento de Secretariado o Junta Política. Capítulo XIV.

El 22 de abril de 1937 nombra Franco la Junta Política de FET, con Hedilla al Frente.
Don Javier se opone a la unificación. El 21 ó 22 de abril, A. Aznar es detenido por la
Guardia Civil. Hedilla se entera de la designación por la prensa. «Todos los hedillistas
nos movimos para conocer el estado de opinión de los camaradas...» Pilar pidió a
Hedilla que no aceptase. Lo mismo el grupo de Pilar que luego aceptó. Pilar aceptó
la jefatura de la Sección Femenina de FET cuando Hedilla estaba ya detenido; Hedilla
visita a Aznar, detenido, quien le incita a que se oponga a Franco, pero Aznar
aceptaría inmediatamente el cargo de Asesor de Milicias. Hedilla se entrevista con
Cantalupo y Faupel, que le brindan ir a Roma y Berlín. Hedilla se niega a aceptar. Se
le amenaza con la cárcel y se sigue negando.

El 23 de abril de 1937 Hedilla es detenido con R. Reyes. Auto de procesamiento


basado en la legalidad del triunvirato. El siguiente juez instructor, comandante
Jiménez, le pregunta si ha conspirado para asesinar a Franco. Hedilla cesa el 10 de
mayo en el cargo de FET. En Irún y San Sebastián se registran manifestaciones
pro-Hedilla. Fal se niega a la unificación, mientras Zamanillo decide irse al frente. Fal
prolonga su destierro hasta el 11 de agosto de 1937. Franco le ofrece formar
Gobierno.

Los eslabones de una cadena procesal. Capítulo XV.

El 29 de mayo de 1937 se acusa a Hedilla de querer derrocar a Franco, del famoso


telegrama subversivo, del envío de emisarios. Lista de detenidos y buscados; Víctor
de la Serna huyó a San Sebastián y desde allí se adhirió a Franco. Se pide la pena
de muerte para Hedilla en los sumarísimos. Garcerán pasó meses en la cárcel.
Dávila, liberado bien pronto; el asesinato de Goya se imputó a Hedilla. Muchos
falangistas fueron arrestados y liberados. El 26 de abril de 1937 se celebra la
primera reunión de la Junta Política de FET, presidida por Franco. El 16 de mayo se
incorporan oficialmente los monárquicos a la FET. Alemanes e italia-nos apoyan la
medida de Franco.

El 5 de junio se celebra el primer consejo de guerra -de oficiales generales- contra


Hedilla, esposado, en Salamanca. Hedilla y otros tres falangistas son condenados a
muerte; dos a reclusión perpetua, tres a varias penas graves y Arrese a dos años. El
7 de junio se celebra el segundo consejo por el asesinato de Goya; también acude
esposado, J. Sáinz, espectador, es detenido y luego liberado. Hedilla no recibió
notificación, pero se le dijo que tenía sobre sí dos penas de muerte. Faupel, de
acuerdo con su Gobierno, intercede por Hedilla. Faupel cesa pronto por
«indeseable». Condenado a muerte durante cuarenta días; el 19 de julio se les
indulta, pero no se les comunica el indulto. La inclinación del Cuartel General y de los
políticos monárquicos era favorable a las ejecuciones. Los reaccionarios «querían

14 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

restablecer su dominación política, social y económica secular» (pág. 424). Serrano


Súñer, contrario a las ejecuciones. Pilar Primo de Rivera intercedió con debilidad
excepto en favor de Arrese, su próximo pariente. (Visita a la esposa de Franco,
quien le comunica que Serrano Súñer es el mejor defensor de los acusados). El 25
de septiembre, consejo de guerra contra Gaceo y Arauz, por la manifestación de San
Sebastián. Gaceo, indultado de su condena a muerte tres meses después, moriría
en Rusia en la aventura de la División Azul. Termina así la segunda parte del libro.

Comienza la breve tercera parte del libro con un capítulo dedicado a los dominios del
silencio. Fugaz intento de asamblea privada de falangistas en Salamanca, para pedir
la libertad de los detenidos. El 25 de julio, Hedilla es trasladado al penal de Puerto de
Santa María, y luego a Cádiz y a la cárcel de castigo de Las Palmas, donde pasa
cuatro años. Durísima situación de Hedilla en Las Palmas. El 19 de abril de 1938,
valiente discurso de Yagüe en Burgos: pide perdón por los condenados y reafirma el
ideario falangista. Hedilla resume su vida en la cárcel: «Soledad, hambre, vejaciones.
Y en un orden superior meditación y oración» (pág. 438). Los masones vivían bien en
la cárcel.

González Vélez y Agustín Aznar fueron condenados en 1937 -unos meses tras la
unificación- por traición a Franco. Franco dijo a la madre de Hedilla que éste era una
víctima inocente. El 18 de julio de 1941 es indultado. Recala en Barcelona, donde ve
a su madre. Correa, Gobernador de Barcelona, ofrece a Hedilla el cargo de
Delegado Nacional de Sindicatos, vacante por destitución de Gerardo Salvador
Merino. Hedilla se niega y es confinado en Palma de Mallorca.

Hedilla en Mallorca: vida y trabajos de un confinado. Se reúne con su familia, pero su


mujer enloquece. Hedilla trabaja. Percibe un breve subsidio del Gobierno y luego de
FET. Está muy vigilado. Hubo que trasladar a su esposa a un sanatorio de Madrid.
Girón le propone intervenir en política, pero Hedilla se niega. En julio de 1944
Ridruejo propone a Hedilla colaborar con un equipo político formado por Yagüe,
Serrano Súñer y Muñoz Grandes; se niega. En 1945 fallece su esposa. Hedilla
escribe a Franco, quien le levanta el confinamiento en abril de 1946. Sigue pidiendo
reparación. Vive en Madrid. Cicognani le ayuda; Pla y Deniel, no. Se forma en
España un movimiento en pro de su rehabilitación. Hay un «elevadísímo» número de
fichas con su nombre en la biblioteca del Congreso de Wáshington.

Hedilla es un superviviente inoportuno. Contrae nupcias con una noble dama


valenciana y sigue trabajando. Rehace su vida. En el libro de Gironella hay varias
columnias contra él. Pero no siente odio; solamente exige REPARACIÓN.

JUICIO

Quien haya recorrido las densas notas de lectura con las que se integra el anterior
resúmen puede comprender perfectamente la importancia de la aportación histórica
de la parte de la obra reseñada en este segundo análisis. Los testimonios
personales de acumulan y -aunque muchas veces resultan sumamente discutibles,
apologéticas, tergiversadores- su actuación convergente alcanza una profundidad y
una luminosidad histórica que es ya imprescindible a la hora de reconstruir un periodo
de tal importancia para la actualidad de entonces, para la historia de la guerra civil y,
en general para la trayectoria española del siglo XX. Es, pues, este grande y
confuso libro una de las obras indiscutiblemente básicas para entender la España
contemporánea.

Entre la maraña, que no siempre es convergencia real, de testimonios y de


interpretaciones, surge con mayor fuerza que en la parte de la obra analizada en el
trabajo anterior una vigorosa justificación y reivindicación de Manuel Hedilla,
sumergido en la vorágine de intereses políticos encontrados y derribado como árbol
solitario en medio de tantas corrientes conflictivas. Hedilla se presenta como un
permanente colaborador del Movimiento Nacional; como un partidario de Franco que
jamás le ataca, ni siquiera cuando es procesado, condenado y encarcelado; como el
heredero legítimo de José Antonio; como la víctima de los portavoces del
reaccionarismo español que colaboran en el Alzamiento de julio. Todos estos
aspectos son aceptables y quedan demostrados en este libro. Pero la tesis es

15 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

incompleta. Hedilla fue también víctima del esfuerzo de guerra; el General Franco
tuvo que cortar por lo sano ante la lucha intestina e insensata de los clanes
falangistas y la Falange cayó víctima, de la visión alicorta de algunas de sus propias
jerarquías. ¿Qué otra cosa podía hacer el jefe supremo de un país en guerra, sino
cortar de raíz cualquier posible brote subversivo en el corazón de las milicias
populares? El libro es una justificación personal de Hedilla, pero es también
indirectamente una estupenda justificación política de Franco; el jefe de un pueblo y
un Ejército en plena guerra -y en vísperas de lanzarse a la acción decisiva de esa
guerra, la conquista del desequilibrio estratégico y económico mediante la conquista
de la subzona republicana del Norte- no tiene por qué atender a las posibles
perspectivas históricas desde valores que entonces no podían ni siquiera
predibujarse. Franco tenía que ganar la guerra, y para ello tenía que urgir la
unificación del esfuerzo de guerra. El enemigo no lo hizo, y en las terribles
confesiones del general Vicente Rojo en Alerta los pueblos puede palparse el
resultado,, así como en las amargas meditaciones de Manuel Azaña en la Velada en
Benicarló, acerca de la insolidaridad taifeña de la República.

El libro sigue siendo desordenado desde el punto de vista metodológico; muchas de


sus digresiones son inútiles y reiterativas; se vuelve una y otra vez a periodos ya
históricamente sustanciados, y se incide en citas pedantes, en galicismos inicuos (en
vez de mentira se dice mensonge en la página 107; y en la página 407 se cita a
Jean Jaurés sin que venga a cuento en absoluto). A un número de bajas puede
llamársele «elevado», pero nunca «sendo», como en la página 345. El equipo
redactor -presidido o formado por el señor García Venero- ha logrado, a pesar de
estos lunares, un estilo claro y conciso, dotado de innegable elegancia, que hace
agradable la lectura de la obra, apasionante a medida que avanzan las páginas.
Después de ciertas alusiones del propio señor Hedilla parece evidente que él se ha
limitado a entregar su testimonio, pero no ha intervenido casi nada en la redacción
concreta de la obra.

En casi todas las páginas del libro hay alguna aportación interesante desde el punto
de vista histórico. Vamos a destacar algunas. Los datos para la historia del
alzamiento en Santander; los intentos de liberación de José Antonio Primo de Rivera;
las precisiones y detalles sobre la economía de la zona nacional en el capítulo 6, y
en general muchos datos sobre la desconocida zona nacional; el ambiente favorable
que predeterminó el éxito político y militar de la unificación; la acertada selección de
fuentes sobre la intervención extranjera en la zona nacional en sus aspectos políticos;
numerosas sugerencias -no coordinadas de forma científica- sobre el difícil problema
de la represión en zona nacional (concretamente la cifra sugerida para la represión
en Salas es falsa, en esa localidad se fusiló a una persona sólo); la creación y
actuación de las milicias de la Falange; datos sueltos de gran interés, como los
biográficos de Luis Lucia, Fal Conde, etcétera; el primer estudio -brillante síntesis-
sobre el esfuerzo propagandístico de la Falange en la zona nacional, y de sus
interferencias con la propaganda del Estado; los numerosos datos sobre la
trayectoria de los intelectuales falangistas y no falangistas de la zona. Y, sobre todo,
la gran aportación, sumamente discutible en numerosos detalles, pero esencial como
trama básica para el momento cumbre de la obra: los días de abril de 1937 que
precedieron, obligaron y siguieron al drama de la unificación política de la zona
nacional.

Si numerosas y grandes son las aportaciones positivas de las partes del libro que
ahora analizamos, igualmente numerosos y grandes nos parecen sus defectos y
fallos revelados por el análisis histórico. La relación entre los generales
conspiradores y la UME expuesta en la página 104 es errónea; y totalmente
exagerada la importancia de la UME, que jamás dejó de ser marginal y minoritaria.
La «socialización» del carlismo en 1936 es un fenómeno sugestivo, pero aún muy
poco claro. La importancia de la actuación personal de Manuel Hedilla en el
Alzamiento es innegable, pero está sumamente exagerada y exclusivizada en este
libro, en el que llega a sugerirse que el Alzamiento triunfó en casi todas las provincias
«preparadas» por Hedilla. Se debe rescatar su figura para un puesto clave en la
preparación de la sublevación, pero no caer en el defecto opuesto de exagerar la
importancia de sus gestiones. También se exagera y se distorsiona la eficacia
energética de Falange y la pasividad militar en el Alzamiento; la figura del Alzamiento
fue Mola y la columna vertebral del Alzamiento fueron los militares que siguieron a
Mola. Es falsa la presentación de Queipo de Llano como reaccionario integral; el

16 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

bizarro general de Andalucía ejerció su poder semiautónomo con notable sentido


progresivo en varios aspectos, como el del mantenimiento de la legislación agraria
republicana en cuanto a arrendamientos. Tampoco es verdad que el ayudante de
Mola, Fernández Cordón, fuese antes ayudante de Solchaga; vino de Barcelona a
encontrarse con su general y amigo. Las consideraciones comparativas entre los
años de la guerra y los años de la Restauración -así como las que se establecen
entre varias fechas históricas distintas- son pedantes y distorsionadas, sin excepción.
Cualquier parecido entre 1874 y 1936 es mera coincidencia. No es verdad que
Burgos fuese la primera ciudad peninsular que declaró el estado de guerra; Valladolid
se adelantó en unas horas. El relato de la aventura de Somosierra es incompleto,
defectuoso y parcial. «Al estallar en el Llano Amarillo el 17 de julio el Alzamiento
acaudillado por Yagüe», se dice en la página 185, confundiéndolo todo. En el Llano
Amarillo no estalló nada; era un abandonado campo de maniobras el día 17 de julio.
El Alzamiento estalló en Melilla, donde no estaba Yagüe. (Por cierto que en pleno
capítulo 15 de esta parte no se acaba todavía de salir del Alzamiento). La
comparación «constitucional» entre los puntos de la Falange y la obra de Cánovas es
inadmisible; no se pueden restar cantidades no homogéneas, ni en aritmética ni en
política. La militarización de las milicias estaba consumada en la práctica y en la
legislación de la zona nacional -e incluso en las directrices falangistas- mucho antes
del decreto de diciembre del 36, que no es una innovación, sino una reiteración obvia.
Es falso que en la zona nacional no hubiese llamamientos a quintas antes de las levas
para las «Flechas Azules»; hubo varios, por ejemplo en Mallorca, ordenados por
Franco aún antes de su exaltación a la Jefatura del Estado. El padre Reigada no era
jesuita como se dice en la página 307; la lista de cedistas que se da en la misma
página es incompleta y errónea. «El nuevo Estado copió literalmente a las academias
de Falange en las de alféreces provisionales» (pág. 336). Sucedió exactamente lo
contrario, como puede comprobarse en la cronología de la organiza-ción de
reclutamiento y formación de oficiales creada por la propia Junta de Defensa y
reformada luego por el general Orgaz. (Documentación Nacional, Archivo Histórico
Militar), «Es sabido que Juan March fue uno de los puntales económicos del
Movimiento Nacional, por la riqueza de sus relaciones en Inglaterra y los Estados
Unidos» (pág. 341). Afirmación interesante, que dice mucho más de lo que está
probado histórica y documentalmente; convendría matizar mucho más la verdadera
aportación de don Juan March a la financiación de la zona nacional, ya que ha sido
muy exagerada y tergiversada. La tesis de MGV sobre «el verdadero poder» en la
zona nacional antes del 19 de abril de 1937 es infundada; cree que ese poder no
radicaba en el Ejército, sino en las milicias. «No se puede inscribir en la agenda de
esos días (los de la unificación) ninguna perturbación debida a intervenciones de
falangistas en los frentes y en las retaguardias». Sí se puede inscribir; hubo varias
perturbaciones que no degeneraron en peligrosas por la decisión con que fueron
cortadas y el patriotismo de los falangistas, incluido, naturalmente, el propio Hedilla.

La crítica más dura a la interpretación que hace MGV de los sucesos de abril se
encuentra en el libro de HRS al que vamos a referirnos inmediatamente; nos
remitimos en numerosos aspectos a esa crítica. Pero insistimos en que, a pesar del
Antifalange, el libro de MGV conserva una parte considerable de su valor histórico a
pesar también de las observaciones que hemos acumulado -y que podríamos
incrementar fácilmente-. En una de sus tesis fundamentales, el libro prueba ante el
observador imparcial exactamente lo contrario de lo que pretende; es decir la
unificación fue acelerada por la insensata discordia de los clanes falangistas en lucha
por su poder; que el Cuartel General estuvo plenamente justificado en su duro corte
de la gangrena política que por un momento se cernió sobre una zona tendida hacia
la etapa decisiva de la guerra; de lo contrario, los breves «sucesos de abril», de
Salamanca, de los que casi nadie se enteró en la zona nacional (ni en la propia
Salamanca), hubieran degenerado en unos «sucesos de mayo» desencadenados
pocos días después en Barcelona y en toda la zona enemiga, cuya moral de
combate y cuya estructura política quedaron definitivamente desarticuladas para el
resto de la guerra. La historia, que en muchos aspectos puede estar de acuerdo con
la demanda de rehabilitación personal y patriótica de don Manuel Hedilla no puede tal
vez concederle una razón política que parece claramente haber estado alojada, por
aquellos días, en el Cuartel General de Salamanca.

17 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

ANTIFALANGE: SEGUNDA PARTE DEL ANÁLISIS

CONTENIDO

Iniciamos esta segunda parte de nuestro análisis del libro de H.R. Southworth a partir
de la nota 46 al de M.G.V. Como el libro de H.R.S. a partir de este momento -y
desde la nota primera, tras la introducción general- no es más que una acumulación
inconexa de notas independientes, resumimos solamente las que nos parecen más
interesantes desde el punto de vista histórico:

46. En Galicia, «los republicanos no tenían nada con qué resistir, ni dirección ni
armas» (pág. 109). El Alzamiento «no comenzó en ningún otro lugar de Galicia hasta
que el estado de guerra fue declarado en La Coruña».

49. La Legión y los moros eran «una fuerza extranjera, un ejército invasor». H.R.S.
aprovecha la ocasión para relatar de nuevo la famosa historia de la Oreja del moro,
omitida en una edición posterior del Diario de una bandera, del comandante Franco.

51. Falange en las elecciones de febrero. Rivalidad entre Calvo Sotelo y José
Antonio Primo de Rivera: «no es un secreto, aunque raras veces se menciona en la
España de Franco». Educación francesa reaccionaria de Calvo Sotelo; resumen de
sus contactos con Mussolini. Calvo se vengó de José Antonio que no quiso admitirle
en la Falange y le cerró los caminos electorales; a Calvo se debe que José Antonio
no consiguiese acta en las elecciones de febrero.

59. Falange -con muchos elementos de aluvión- dirige la represión en Galicia

65-68. Precisiones sobre el Alzamiento en Santander.

69. «La guerra de España fue una guerra de clases». «Las divisiones del lado
republicano no eran ideológicas. Al conglomerado político de la zona republicana le
faltó la base unificadora de que dispusieron los rebeldes: la homogeneidad de
intereses económicos, de intereses de clase, superando todo interés de ideología».

70. Las Embajadas de Madrid.

71. Formulación del mito Ejército-pueblo; la zona nacional era «un puñado de
soldados, rodeado de una población desarmada pero hostil».

72. El manifiesto de Franco en Tenerife no menciona a la República; cree H.R.S. que


en los manifiestos de los jefes nacionales no se mencionaba a la República para
nada.

74. La misión de Hedilla en Galicia. Reconoce H.R.S que Hedilla logra organizar con
eficacia a la Falange gallega, así como las primeras columnas.

76. Actividades de José Sáinz, máxima jerarquía en la zona nacional entre los
supervivientes de la Falange.

77-78. Queipo y Miranda, el 18 de julio. Falange en Andalucía. La zona nacional


estaba formada por feudos.

79. Testimonio de Antonio Bahamonde sobre la represión en Andalucía.

84. Vida y crueldad de José Saínz.

85. Falange, totalitaria y fascista pura.

88-93. Artículo de Jay Allen sobre José Antonio. H.R.S. lo publica por primera vez en
español, en versión fidedigna. Fija definitivamente la fecha de la entrevista de José
Antonio con el periodista americano en Alicante, los días 2 ó 3 de octubre de 1936.
Precisiones sobre los intentos para liberar a José Antonio, con insinuaciones que

18 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

jamás de atrevieron a hacer Hedilla-Venero porque sabían que son falsos de raíz.

94. Falange exterior: precisiones

95. Franco y la monarquía: testimonio del embajador Du Moulin.

96. Estadística sobre el desarrollo de FE el día 26 de septiembre de 1936.

100. «Toda la estructura política del Estado se había desplomado... (en la zona
republicana), no porque el Estado se hubiera hundido; sino por una traición de gran
envergadura, que envolvía a la mayor parte (subrayado nuestro) de las fuerzas
armadas y policíacas del Estado». «Las matanzas en la retaguardia de Franco... no
han sido admitidas ni reconocidas nunca».

104. Manuel Aznar se incauta de la Compañía de Tranvías de Madrid en agosto de


1936.

106. El general Yagüe, falangista y ministro.

107. José Antonio Primo de Rivera «murió valientemente».

109. Precisiones sobre los periódicos de Falange en 1937; eran unos 40.

110. El sacerdote-propagandista Yzurdiaga y sus excesos.

111. A propósito de Ernesto Giménez Caballero; judíos e intelectuales.

113. El nacimiento del Auxilio Social v la represión en Valladolid.

115. La Falange en la muerte de Unamuno. Maximiano García Venero, teórico de la


prensa falangista, estimado en la Alemania nazi.

118. La verdadera conversación entre Cantalupo y Hedilla.

122. Vicente Gay, propagandista de Franco, y sus loas.

124. Las importaciones de la HISMA.

128. La liberación de Serrano Súñer no se debe a Marañón, sino al ministro vasco


Irujo.

133. El culto a la personalidad de Manuel Hedilla.

134. Doval en Asturias, 1934, cuando la «invasión de España por moros y


legionarios».

137. Los capitanes de Mallorca relacionados con Ramón Serrano Súñer.

141. El folleto de «Luis Pagés Guix», clave para los sucesos de Salamanca.

142. Las confusiones de Payne y Thomas sobre la cronología de Salamanca; la


reunión del 16 de abril en la Junta de Mando; según Pagés Guix era legal y se
desarrolló armónicamente. Hedilla dijo entonces que se quería enrolar en un bou
hasta la terminación de la guerra.

143. La reunión de la Junta de Mando el 16 de abril; eran 4 de los 6 miembros de la


Junta, es decir tenían la mayoría.

144. Modificaciones de M.G.V. al documento acusatorio de los «conjurados» contra


Hedilla.

145. Las clases altas españolas sienten desprecio y odio a las inferiores. Testimonio
de Concha Espina y Leopoldo Huidobro.

150. Franco recibe a Hedilla, destituido por la Junta de Mando, según Pagés Guix
(Hedilla lo niega), y luego al triunvirato. Franco les felicita y les recomienda: «Y
ahora, nada de violencias».

151. Von Haartman -oficial finlandés instructor de milicias de Falange en Pedro Llen-

19 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

ve a Hedilla en las primeras horas del 17.

152. Goya, guardaespaldas de Hedilla

155. M.G.V. dice que Hedilla va a casa de Dávila tras regresar de Pedro Llen con
sus hombres a una misión conciliadora. Nada de eso se deduce del testimonio de
Haartman. Hedilla ordena venir a Haartman con sus cadetes; en efecto vienen,
ocupan la Junta de Mando, toman todos los centros de Falange y a las dos de la
madrugada informan a Hedilla de que su orden se ha cumplido.

156. Haartman y sus relaciones de esos momentos con Goya.

158. Haartman detenido por su participación en los sucesos.

169. La publicidad sobre Hedilla -culto a la personalidad- en prensa nacionalista y


extranjera; Hedilla fue muy imprudente.

175. La salida al balcón de Hedilla con Franco; Franco hablaba el 18 sobre la


unificación en términos generales; el Decreto no se publica hasta el 19. El discurso
de Franco es el 18, pero el Decreto se publica el 19 de abril.

176. Precisiones sobre el texto del telegrama falangista que luego se dio como
subversivo.

177. Arrese inventa que su libro de 1940 estaba escrito en 1936 a las órdenes de
José Antonio, quien pensaba escribir un prólogo.

182. Desenlace de los sucesos en lo que se refiere a Haartman. El silencio de


Reyes. La interpretación de Ridruejo sobre la unificación: «Un movimiento sin caudillo
y un caudillo sin movimiento».

182. En la academia de Pedro Llen se preparaban 42 alumnos, no «tres docenas»

183. Consejo de Guerra por los sucesos de abril niega que Haartman consiguiera
ocupar los cuarteles de Falange. Foltz piensa lo mismo; era un corresponsal
americano en Salamanca.

185. Los avatares de Falange Española Auténtica (FEA) y la Falange Autónoma,


proyectos favorecidos desde la zona enemiga.

188. «Todo el libro de M.G.V. prueba la debilidad política de la España nacionalista


en 1937».

Las notas esenciales del libro están entre la 189 y la 192, sobre todo las que figuran
bajo estos dos números. Comprenden la discusión general sobre los sucesos de
abril, a la luz de los testimonios disponibles. Estos testimonios son contradictorios a
veces. Hedilla era un hombre bravucón y violento. Esperaba un ataque de sus
enemigos. Gova -según testimonio de Hedilla en carta a Serrano Súñer- convenció a
Hedilla para traerle a Dávila. Haartman atribuye a Hedilla la orden de detener a los
tres conjurados. (El testimonio de Haartman, publicado en un folleto de 1939, es
absolutamente esencial y en parte definitivo). Ha de aceptarse en línes generales la
versión de Haartman, complementada con la tesis de Pagés Guix.

La leyenda de Hedilla; durante la guerra se hizo creer que Hedilla se había opuesto a
Franco. Narración de Cardozo, plagada de errores. Lista de comentarios sobre la
leyenda de Salamanca. Serrano Súñer amplía y difunde la idea de que Hedilla era un
agente (consciente o inconsciente) de los alemanes en España. Merkes, historiador
monográfico alemán, pone en duda el que Faupel manejase a Hedilla, ya que el
embajador alemán alabó la decisión unificadora de Franco y además recelaba de
Hedilla. Hugh Thomas hace una amalgama con todos los datos, incluyendo los
errores. Dahms, historiador alemán, no se entera de los hechos. «La investigación
más ambiciosa» se debe a Payne; pero los falangistas han lavado en Madrid el
cerebro de Payne.

Termina el libro con la reproducción del folleto de Pagés Guix y de una carta de

20 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

Hedilla al general Franco.

JUICIO

Como en la segunda parte de este análisis, solamente hay que comentar una serie
de notas de H.R.S. al libro de M.G.V., la valoración de conjunto en lo que se refiere a
los textos aquí comentados ha de ser bastante más positiva; por lo general H.R.S.
no incide en las lamentables teorizaciones de su ya analizada Introducción general y
despliega una y otra vez su maestría bibliográfica y su agilidad polémica. Cuando
desliza alguna interpretación «audaz», de tesis, suele caer invariablemente en la
inconsecuencia. Por ejemplo, este número 188; no se comprende cómo una España
nacional tan políticamente débil pudo ganar la guerra. O esta tesis de la número 69
sobre la guerra española como guerra de clases, concepto pobre, superado ya en
1936 por portavoces inteligentes de la izquierda como Ángel Pestaña. H.R.S. no
conoce suficientemente la dialéctica marxista; si la conociese no se atrevería a
aplicarla de forma tan elemental e infundada, en un proceso tan complicado como la
guerra civil española. Con razón acusaba Engels a muchos apresurados marxistas de
aplicar la dialéctica para evitarse el estudio de la Historia. Claro que sin superar sus
congénitas limitaciones; su apoyo fontal es exclusivamente libresco, y en cuanto sale
del comentario bibliográfico o histórico-bibliográfico directo pierde pie con suma
frecuencia y pone de manifiesto los graves fallos de su parcialísima postura y de su
escasa formación como historiador de la España contemporánea. Repasemos
brevemente alguna de las notas que, por parecernos más interesantes, hemos citado
expresamente en las líneas anteriores de este trabajo.

Dice H.R.S. (núm. 46), que en Galicia «los republicanos no tenían nada con que
resistir». ¿Nada? Tenían a los cuatro gobernadores civiles; a la inmensa mayoría de.
los alcaldes; al primer y segundo jefe de la División Orgánica; a la mayoría de los
jefes y oficiales (mayoría muy acusada) de las guarniciones; al jefe del Arsenal del
Ferrol, y prácticamente a todos los barcos de la Flota, incluido el acorazado «Jaime
I», que en esos días recalaba por aguas gallegas. Es decir, tenían casi todo; lo que
les faltó fue la decisión de que hicieron gala sus contrarios. Estos contrarios no eran,
por lo general, los que cita H.R.S.; su conocimiento del Alzamiento en Galicia se
basa en la Historia de la Cruzada (obra superada hoy, y tan panegírica como los
libros pro-Frente Popular que le sirven de guía complementaria). Están en curso
estudios más serios sobre el Alzamiento en Galicia, que depararán a H.R.S.
sorpresas indecibles.

La concepción de la Legión (que, como está establecido documentalmente, contaba


con más del 90 por 100 de efectivos españoles) y de los Regulares, que eran eso,
unidades regulares del Ejército español, como un «ejército invasor» es digna de los
propagandistas de tiempos de la guerra civil (uno de los cuales era, por supuesto,
H.R.S.). ¿Qué calificativo reservaría H.R.S. para los soldados de las Brigadas
Internacionales? H.R.S. cede otra vez a su obsesión sobre la historia de «la oreja del
moro», a la que quiere convertir en pieza de acusación histórica.

Los comentarios de H.R.S. sobre las elecciones de febrero (núm. 51), demuestran
una vez más que el notable bibliógrafo americano desconoce la historia de la
República española.

En cambio es interesante su resumen bibliográfico sobre la educación francesa


-maurrasiana- de Calvo Sotelo desterrado.

También es interesante alguna de su precisiones sobre la represión en Galicia y


sobre el Alzamiento en Santander, aunque uno y otro tema están tratados
bibliográficamente, no históricamente; todo lo que H.R.S. dice acerca de la represión
en zona nacional es en ocasiones aprovechable, aunque se encuentra desfigurado
por una pasión tremenda a la que, un propagandista pronacional fervoroso podría
denominar «odio satánico» y un tanto judaizante; un equipo de historiadores de los
años sesenta prefiere designarlo cúmulo de informaciones bibliográfico-propagan-
dísticas deformadas por una actitud permanentemente negativa y permanentemente
parcial.

El mito Ejército-pueblo (nota 71), ya está desmontado en las publicaciones de V.

21 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

Palacio Atard (discurso inaugural de la Universidad de Madrid, en octubre de 1969),


y de Jesús y Ramón Salas Larrazábal (obras en prensa en Ediciones Ariel, etc.). Si
la zona nacional era un puñado de soldados rodeados por una población hostil, la
victoria en la guerra civil sería un milagro, en los que según parece, H.R.S. no cree.
Es mucho más seria la formulación de Raymond Carr, que describe a la guerra civil
como «choque de dos entusiasmos»; es decir, de dos Ejércitos, de dos masas de
apoyo popular. H.R.S. se muestra sumamente atrasado en sus concepciones
históricas.

En los manifiestos de los Generales del Alzamiento se contienen expresas alusiones


a la República. Por ejemplo (nota 72), en el firmado por el general Franco y
publicado el 17 y el 18 de julio en Melilla se habla de «mantener el orden dentro de la
República» (cfr. El telegrama del Rif, número de 18 de julio) y en las instrucciones
de Mola se dan vivas a la Dictadura Republicana (cfr. La colección publicada en el
libro de R. de la Cierva, Historia de la guerra civil española, tomo I).

La concepción de H.R.S. sobre el feudalismo (notas 77-78) es, explicablemente,


deficiente. Generalmente cuando un autor, no experto en historia española, habla de
«feudalismo», suele querer decir «cantonalismo». Si H. R. S piensa revalidar sus
grados en alguna universidad española, haría bien en tener muy en cuenta esta
distinción elemental.

El testimonio de Antonio Bahamonde sobre la represión en Andalucía (nota 79) está


naturalmente extraído del deleznable librito Un año con Queipo en que, entre otros
documentos trascendentales se exhibe la cédula personal del autor. (los demás no
son excesivamente superiores en eficacia).

Muy interesante e importante es la precisión histórica de H.R.S. sobre la visita de


Jay Allen a José Antonio y sobre el artículo, cuya versión castellana definitiva
establece; es uno de los momentos más brillantes del libro.

En la nota 100 se incide nuevamente en los mitos Ejército-pueblo; las estadísticas a


que nos referimos anteriormente sacarán de su error a H. R. S en cuanto se decida a
comprobarlas.

Es interesante casi todo lo que afirma H.R.S. sobre la prensa y la propaganda


falangista en la guerra civil; suele apoyarse en estudios monográficos y en datos
extraídos de fuentes primarias, lo que por desgracia es una actitud que no es
prodiga en otros sectores. Pero H.R.S., además de un gran bibliógrafo, es un
experto en análisis de propaganda y aquí se encuentra en su terreno.

La equiparación entre el nacimiento de Auxilio Social y las consecuencias de la


represión en Valladolid es falsa, infundada y de un gusto pésimo.

Por supuesto que la mayor aportación del libro es la discusión, en muchos aspectos
magistral, de los sucesos de Salamanca. Hace bien H.R.S. en destacar la
importancia del testimonio de von Haartman, que en líneas generales parece
bastante fidedigno, aunque corregible; con él destruye algunas líneas importantes de
la apología de Hedilla. En cambio H.R.S. no ha comprendido más que parcialmente la
personalidad de Hedilla, hombre recto, profundamente religioso y profundamente
respetable; H.R.S. no lo cree así y se equivoca, porque, entre otras razones, no
conoce personalmente al sucesor de José Antonio (al que tampoco conoce ni de
lejos). En cambio pensamos que atribuye H.R.S. demasiada importancia al testimonio
de Pagés Guix, que, según todas las apariencias, es un hábil amaño de la
propaganda republicana en apoyo de la maquiavélica (vía estrecha) idea pietista
sobre la Falange Española Auténtica, bien conocida por sus siglas de FEA.

H.R.S. monta una discusión quijotesca -aunque sin patio donde arrojarlos- entre libros
rojos y libros azules; no quiere historia, sino polémica. Se le deslizan algunos errores
con los que podríamos montar nosotros una segunda parte a los hirientes
comentarios que le hemos dedicado en el trabajo anterior, pero no deseamos seguir
las huellas del mordedor crítico que escribió aquel divertido capítulo Spanica
zwischen todnu gabriet. No faltaría tema para continuar a propósito, de las páginas
aquí comentadas, nuestras insinuaciones un tanto festivas sobre los diversos
Cossíos de los pies de las fotos de H.R.S. El nombre del comandante militar de

22 de 23 18/04/2012 0:01
Antifalange - Crítica del BOB, segunda parte http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=67

Santander está mal transcrito (pág. 126). H.R.S. debe revisar la provincia española
en la que se encuentra, San Vicente de Alcántara, (página 137), debe también
revisar su fichero de altos cargos republicanos para corregir el título «jefe de
seguridad» (cargo desconocido en España) atribuido a un personaje igualmente
desconocido; don «Alfonso Mallol» (se trata de dos apellidos, el primero transcrito
incorrectamente; es Alonso Mallol, y el nombre era José, aunque que hasta los
cuidadosos índices de las obras de Azaña, editadas por Marichal lo ignoran). Don
Fermín Yzurdiaga ha conseguido engañar al propio H.R.S. dándose categoría de
ministro; no lo fue jamás como no sea del altar (pág. 168). Y lo más extraño, casi
alucinante, tratándose de un bibliógrafo tan puntilloso, es la cita equivocada y
repetida -más grave por tratarse de un apellido anglosajón- del señor David
Wingeate Pike, transcrito por H. R. S una y otra vez, hasta en el índice, como David
Wingeste Peake (!!!). ¿Qué hubiera hecho H.R.S. con un infeliz autor español que se
hubiese atrevido a tamaño desafuero? (pág 148).

En fin, modestos discípulos de este maestro de polemistas, no insistimos en dirigir


contra él un instrumento que él ha puesto en nuestras manos. Más grave nos parece
que H.R.S. caiga en una contradicción poco defendible estéticamente; tras criticar a
las clases elevadas españolas porque suelen despreciar a las inferiores (nota 145)
H.R.S. llega a insultar a Hedilla precisamente de la misma forma; al comentar que
sabía conducir automóviles, afirma (pág. 183), que «sabía conducir, no como
señorito, sino como chófer». En cambio, tiene razón en destacar las actitudes
contradictorias de Maximiano García Venero con respecto a Hedilla y a Giménez
Caballero (pág. 186) y su traductor, el señor Martínez, que en esta parte de nuestro
análisis se había mantenido aceptablemente sin caer más que en un disculpable
galicismo, provoca nuestro asombro cuando en la página 232 nos habla de Un otro
testimonio, sin atenuantes.

He aquí el análisis de estos dos libros encontrados, nacidos de las mismas prensas
de «oposicion total» como hermanos enemigos, plagados de errores y de
desenfoques, cargados de valiosas informaciones y de espléndidas pistas hacia la
historia contemporánea española... La Falange, su historia, su misterio y su nostalgia
se han conmovido en la realidad hereditaria y en los campos de la historia con la
aparición de estas dos obras contradictorias, sugestivas, hirientes, oscuras y
luminosas a la vez. El historiador, llegado al término de su dura disección, agradece a
los autores sus aportaciones valiosas, no empañadas por tantas de sus actitudes,
que son recientemente maniqueas y propagandísticas. Probablemente pensará el
lector que haya tenido la paciencia de seguir nuestro trabajo lo mismo que pensamos
nosotros al llegar al punto final: que ni siquiera estos dos libros densos y, en tantas
páginas, profundas, han desvelado aún el hondo misterio de la Falange, que duerme
tal vez junto a su fundador en las entrañas de una roca de Castilla, en el corazón de
la vida y de la historia contemporánea española.

In Boletín de Orientación Bibliográfica número 83-84, noviembre-diciembre 1969,


pp. 43-67

23 de 23 18/04/2012 0:01

También podría gustarte