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FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES

UNIVERSIDAD MICHOACANA DE SAN NICOLÁS


DE HIDALGO

DERECHO ECONÓMICO
PROFR. RICARDO OLIVEROS HERRERA

“El Derecho Económico y la intervención del


Estado en la economía.”

OMAR FERNANDO TAPIA ROMERO


Matrícula: 1341768B
Sección 03
Tercer año
INTRODUCCIÓN

El objeto de estudio principal del presente trabajo es analizar y abstraer los


conceptos principales que explican la naturaleza del Derecho Económico y su
justificación como normatividad necesaria para regular la economía de las naciones,
a partir de su significado mismo y los principales dilemas a los que busca dar
respuesta.
Con el primer apartado se busca explicar los límites y campo de estudio
concreto de esta disciplina jurídica, en función de los actos económicos en los que
interviene el Estado con su facultad de ente soberano, y la inevitable correlación
que se forma entre tales actos y los fines propios del contrato social: la seguridad,
la justicia y el bienestar.
Ahora bien, puesto que para la persecución de estos fines consagrados en las
constituciones de los países, el Derecho Económico se enfrenta a tres dilemas
fundamentales, en el segundo apartado se aborda aquél con el que se da comienzo
y definición a una eterna polémica económica y política: el dilema de la intervención
del Estado en la economía y las preguntas ¿en qué intervenir?, ¿cómo hacerlo?,
¿con qué intensidad?
En el tercer apartado, derivado naturalmente del dilema de la intervención del
Estado en la economía, se resume y explica el dilema de la distribución de la
riqueza: ¿qué papel juega el Estado en la distribución de la riqueza?, ¿cuánto?, ¿de
qué mecanismos se vale?

Finalmente, se busca concluir el trabajo con una reflexión personal respecto de


cómo considero debería ser el papel del aparato estatal en la vida económica
nacional e internacional, tomando en cuenta lo argüido por los escritores de doctrina
económica y por la propia experiencia histórica, acerca de estos grandes dilemas.

2
I. EL DERECHO ECONÓMICO COMO EJE RECTOR DE LA
ECONOMÍA MEXICANA.

“Donde está el hombre, está el derecho” (ubi homo, bis ius) es la premisa con
la que comienza Rafael Muñoz Fraga su estudio y análisis de la teoría general del
Derecho Económico, haciendo alusión a la realidad expresada por los pensadores
de la antigüedad, consistente en que cuando un grupo de seres humanos se agrupa,
se hace indispensable la creación de normas de conducta a las que el propio grupo
debe sujetarse; por lo que es correcto decir que el Derecho existe desde que existen
las sociedades humanas. Lo anterior obedeció a la necesidad de garantizarse su
seguridad física, en un principio, y jurídica, posteriormente.

De igual manera, posterior a garantizar su seguridad, fue necesario que los


grupos humanos aseguraran la subsistencia material de cada uno de sus
integrantes, pasando de proveer su autoconsumo a producir e intercambiar
mercancías, generándose así excedentes que más tarde constituirían las primeras
utilidades o ganancias. Y gracias a la evolución en la complejidad de las
organizaciones humanas y sus intercambios, se fueron desarrollando los sucesivos
sistemas económicos de la historia: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo,
y capitalismo1. Sin embargo, como bien apunta Muñoz Fraga y se desprende de lo
que demuestra la historia, cada uno de estos sistemas de subsistencia contaba con
su propio conjunto de normas jurídicas (aún antes de que se formasen los Estados
modernos) que eran impuestas, so penas o sanciones, para legitimar la concepción
de propiedad y de justicia que tenía el grupo o ideología dominante. Por ello es que,
atinadamente, apunta que toda realidad económica tiene su respectiva expresión
jurídica2.

Originalmente, mediante la fuerza y la arbitrariedad se establecía con precisión


quién detentaba la propiedad de algo y a quiénes les correspondía la riqueza, pero
con el transcurso de los siglos estos aspectos (al igual que muchos otros) se fueron

1
Marx
2
Muñoz Fraga p. 6

3
racionalizando e incorporando al derecho positivo de los Estados modernos. De esta
manera surge el Derecho Económico, como lo conocemos hoy en día.

No obstante, dicha evolución también significó la evolución de la ciencia jurídica,


por lo que no debe confundirse el Derecho Económico con otras áreas del derecho
que también regulan actos económicos como el Derecho Mercantil o el Civil: para
que un acto económico sea materia del Derecho Económico, requiere que en él
participe el Estado; pero no en un plano de igualdad con otro particular, sino con su
imperio jurídico y su calidad de ente soberano1. En palabras de Muñoz Fraga:

“El Derecho Económico es la disciplina jurídica que estudia el orden normativo


que se crea y aplica para regular la relación del Estado frente a otros agentes
económicos.”2

En pocas palabras, regula la participación del Estado en la economía de una


nación, a partir de tres cuestiones fundamentales a las que busca dar respuesta:

 El grado y forma de intervención que debe tener el Estado en el desarrollo de


la economía de la sociedad.
 El dilema de la propiedad.
 Cómo debe hacerse la distribución de la riqueza, y el papel del Estado en la
misma.

Estos tres factores se han consagrado y positivizado efectivamente en la


Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que en su “Capítulo
Económico” (artículos 25 al 28) indica el papel y directrices del Estado Mexicano
respecto de la economía nacional, conformando un Derecho Económico propio. Es
de esta forma que tales regulaciones son el eje rector de la economía mexicana.

Y a manera de esquema-resumen general, éste es el régimen jurídico-


económico que adoptó el Constituyente de 1917, y que prevalece casi en su esencia
hasta nuestros días:

1
La soberanía como un componente fáctico del Estado: COVIÁN ANDRADE, Miguel, Teoría constitucional,
México, CEDIPC, 2005, p. 131.
2
Muñoz Fraga p. 10.

4
 El Estado Mexicano asume la rectoría de la economía1 y se convierte en el
responsable de garantizar el desarrollo de cualquier actividad económica del
país, adoptando el modelo del Estado Benefactor (artículo 25, primer párrafo).
 Se adoptó una economía mixta: acepta tanto a empresas privadas como a
estatales, permitiendo cierto grado de libre mercado pero procurando regular
sus excesos, reservándole al Estado ciertos sectores estratégicos (artículo 25,
tercer párrafo).
 El Estado se reserva, a su cargo y de manera exclusiva, las áreas
consideradas estratégicas (artículo 28, cuarto párrafo).
 Estableció una planificación sexenal obligatoria para coordinar el desarrollo
nacional (artículo 26).
 La propiedad de todas las tierras y aguas nacionales es originaria de la
Nación, pero ésta conviene en transmitir el dominio de ellas a los particulares
–salvo ciertas excepciones–, constituyendo así la propiedad privada (artículo
27).
 Se busca defender la libre competencia, combatiendo prácticas monopólicas
y defendiendo los derechos del consumidor (artículo 28).

1
Las formas de intervención estatal en la economía se abordarán en el siguiente apartado.

5
II. LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO EN LA ECONOMÍA.

Como se dijo en el apartado anterior, originalmente los Estados se crearon y


legitimaron para garantizar la seguridad y la justicia entre su población, idea que
tuvo su auge con el advenimiento del Estado liberal clásico entre los siglos XVIII y
XIX. Sin embargo, y a pesar de que se consagraron el respeto y defensa de las
libertades individuales, las revoluciones sociales de principios del siglo XX hicieron
evidente que no bastaba con que el Estado permitiera el libre desarrollo del
mercado, sino que se ocupara activamente también de asegurar el bienestar de
todos los ciudadanos, lo cual el mercado por sí sólo no podía conseguir. Por lo tanto,
era necesario corregir los excesos del libre mercado (según lo entendían Keynes y
los economistas afines a él) y se formó así la idea del Estado Benefactor o “Estado
de Bienestar”1.

De acuerdo a la obra de Muñoz Fraga, las principales formas de intervención


estatal en la economía son:

 Planeación de la economía: es la más común en todos los países y consiste en


la técnica administrativa que permite racionalizar las actividades del sector público
de manera que se pueda prever, anticipadamente, la realización de determinadas
actividades y la inversión de una serie de recursos en la consecución de ciertas
metas, en un lapso determinado.2 En este campo, el Estado puede imponer su
planificación tanto al sector público como al privado (imperativa), o solamente
indicar indirectamente a los particulares cómo coordinarse con las actividades del
sector público para conseguir determinado objetivo.
 Promoción y fomento económico: es una forma indirecta e indicativa –la
mayoría de las veces– de incentivar el consumo o desarrollo de ciertos sectores
que más convengan a los intereses de la población en general y a su vez del propio
gobierno, ya sea mediante políticas fiscales, inversión de participación estatal,
colocación de su propio capital en los mercados financieros (como con la venta de

1
Comenzó a ponerse en práctica con las políticas del New Deal, durante la presidencia de Franklin Roosevelt
en Estados Unidos, como forma de hacer frente a la Gran Depresión.
2
Allan R., BREWER CARIAS, “La planificación del desarrollo económico y social en Venezuela”, México,
UNAM, p.8.

6
CETES1), campañas de promoción turística, etcétera. Lo que caracteriza a esta
forma de intervención es que no representa una injerencia directa de los agentes
económicos, razón por la cual es considerada la más adecuada por parte de la
mayoría de los liberales.
 Orientación económica: tomando en cuenta las ventajas comparativas que tiene
el país respecto a otros –o que al menos así se cree–, el gobierno puede orientar
al aparato productivo para encaminarlo en esa área mediante un conjunto de
decisiones que pueden ir desde el gasto público hasta la política monetaria,
propiamente dicha: el manejo de la tasa de interés, desde el Banco Central, para
aumentar o disminuir los niveles de inversión o de ahorro. Es la macroeconomía
en todo su esplendor.
 Regulación económica: es a partir de aquí que el Estado toma papeles más
activos en la actividad productiva. Para ello se vale de normas jurídicas que,
precisamente por serlo, conllevan una sanción para el que no las observa, y en
realidad el derecho mercantil, corporativo y laboral son parte de esta regulación:
limitaciones e indicaciones generales para el funcionamiento de las empresas
privadas, reglas sanitarias, regulación a las tasas de interés, legislación laboral,
derecho ambiental. Pero sin duda las medidas más empleadas y más polémicas
son: el control de precios a los productos básicos, los impuestos al comercio
exterior, y el asistencialismo para combatir la pobreza. Las tendencias liberales
abogan por mantener la intervención a no más de este nivel.
 Rectoría del Estado: aquí se pasa de la intervención inductiva a la indicativa, el
Estado se asume como el responsable de garantizar el desarrollo de cualquier
actividad económica que se realice en el país, desapareciendo la frontera entre las
actividades propias del sector privado y las del público pues, aunque sigue
existiendo la propiedad privada y la economía del mercado, el gobierno goza de
amplias facultades jurídicas para encauzar los procesos económicos hacia los
objetivos que ya ha previamente sistematizado y definido. Es el sistema preferido

1
Certificados de la Tesorería de la Federación: títulos de crédito al portador que se encuentran bajo
responsabilidad del Gobierno Federal, y son vendidos por éste para financiar sus proyectos, ofreciendo
rendimientos acompañados de una mayor certidumbre (en teoría), para los inversionistas, de que su dinero
será recuperado.

7
por los regímenes socialdemócratas y keynesianos, pues le da una gran prioridad
a los derechos sociales y colectivos frente a los derechos individuales, pero sin
llegar a los extremos totalitarios del socialismo. Puede ser muy eficaz para
conseguir objetivos generales a corto y mediano plazo, o en situaciones de guerra
(que se torna inevitable), pero tiende a verse superado por la realidad cuando se
desea implementarlo a largo plazo.
 Control total: es la economía centralmente planificada en todo su esplendor. El
Estado es el medio y el fin máximo, jurídicamente propietario de todos los medios
de producción y controlador del suministro de bienes y servicios. Tiene su origen
en diversas ideologías colectivistas y constructivistas que conciben al Estado como
la organización humana idónea para encaminar a la humanidad hacia el máximo
bienestar, aunque es ahí donde se ramifican cada uno de los sistemas estatistas:
el socialismo, el comunismo y el fascismo son sus principales exponentes. El gran
problema con este sistema, evidentemente, es que el gobierno aspira a predecir y
controlar todas las variables económicas, y no podrá tener éxito hasta que no
consiga la autarquía económica y el mayor control posible sobre la población.

El Estado Mexicano, a partir de la Constitución de 1917, asumió la penúltima


forma de intervención al asumirse como Rector de la economía nacional en su
artículo 25, coexistiendo paralelamente con los demás sistemas, pero sin llegar al
control total. De hecho, el capítulo económico de la Carta Magna ha generado
desde sus inicios grandes polémicas por el alto grado de participación que le
confiere sobre las actividades productivas del país, como la facultad de establecer
precios de garantía a los productos básicos, reservando a las empresas estatales
y paraestatales el desarrollo de los sectores estratégicos (hidrocarburos, energía
eléctrica, ferrocarriles, comunicación satelital, entre otros). No obstante que a partir
de que se implementó el sistema neoliberal –en 1982– no se han ejercido muchas
de esas facultades, la nueva administración 2018-2024 las ha retomado tanto en
su discurso como en sus planes oficiales, y parece ser que aumentará su nivel de
intervención en los años venideros. Lo anterior me parece preocupante por los
motivos que expondré en el apartado correspondiente.

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III. LA JUSTA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA.

Como se mencionó en el primer tema, uno de los dilemas más controvertidos


y vigentes del Derecho Económico (y de la filosofía política también) es el cómo
debe distribuirse la riqueza generada por la sociedad sin afectar derechos
fundamentales ni detener el propio crecimiento económico del país en cuestión.
Este problema surgió a partir de que las comunidades humanas, que antes se
limitaban únicamente a producir los bienes suficientes para su autoconsumo,
comenzaron a generar excedentes que con el paso del tiempo se convirtieron en
mercancías y objeto de intercambio entre pueblos, a la par que se crearon así el
dinero y el comercio. Según Adam Smith, esto fue posible gracias a la división del
trabajo y la especialización profesional1, pues permitió incrementar
exponencialmente la producción y, además, descubrir que se podían obtener más
y mejores satisfactores con los recursos y formas de subsistencia de otras
comunidades; aunque por otra parte, como también lo apuntaron Thomas Malthus2
y gran diversidad de tratadistas de la filosofía y la psicología, al descubrir más
posibilidades de satisfacer sus necesidades, éstas han ido aumentando
irremediablemente junto con el deseo de obtener más y más. Pero el debate se
agudiza cuando se discute el papel que, además de la propia iniciativa privada,
debería tener el Estado en la distribución de estos excedentes.
Tradicionalmente la doctrina económica ha vinculado el tema con los
conceptos de salario, lucro, renta e interés, que son las cuatro categorías en que
casi siempre se constituye la distribución del ingreso3. Las primeras dos
corresponden generalmente a la distribución entre los factores de producción
(empresas y propietarios de los medios), mientras que la renta y el interés son
comunes a todos los individuos y familias. El liberalismo económico parte de la
premisa de que existe evidentemente una gran diferencia entre cada individuo
respecto de sus capacidades, necesidades, intereses y limitaciones, por lo que

1
La riqueza de las naciones (citar).
2
Citar a Malthus.
3
Muñoz Fraga p. 64.

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naturalmente será muy diferente la utilidad (renta) generada por cada uno de ellos,
además de que es imposible encaminarlos a todos en un mismo sentido –además
de que, para los liberales, es algo indeseable–; por ello han defendido que el
Estado se enfoque en propiciar las condiciones suficientes para que todos puedan
desarrollar la actividad más acorde a sus capacidades e intereses sin que se vea
comprometida su subsistencia por la naturaleza de los trabajos de aquellos que
tienen más; sin perjuicio de que se les permita acceder a medios de producción
diversos cuando tengan las capacidades para ello. En virtud de ello, han
subrayado la innegable circunstancia de que no todos tienen la motivación de
dirigir los medios de generación de riqueza (además de que no están obligados a
tenerla, pues de lo contrario no existiría una división del trabajo). De esta manera
los Estados modernos han sido interpelados para generar estas condiciones por
medio de los mecanismos que se enuncian a continuación:
 Protección a la seguridad del trabajador: sólo con la seguridad jurídica
que una adecuada legislación laboral y mercantil puede proporcionar, los
trabajadores contarán con la certidumbre personal y psicológica de que
percibirán los frutos de su trabajo en forma proporcional al mismo, pues el
Estado garantizará que no se vean consumidos por ambiciones egoístas de
los propios particulares (monopolios) ni de grupos criminales.
 Política fiscal: captando una parte proporcional y equitativa de la renta
generada por cada uno de los agentes económicos, el Estado podrá dedicarla
a prestar eficazmente los servicios públicos que le corresponden, y con
dichos ingresos propiciar condiciones para que los menos favorecidos
puedan acceder a más y mejores maneras de superarse económicamente.
Al respecto, el artículo 31 en su fracción IV de nuestra Constitución impone
los principios fundamentales del sistema tributario mexicano, a saber:
o Legalidad: que las contribuciones fiscales estén debidamente
contempladas y reguladas por una Ley material, evitando
arbitrariedades de la autoridad administrativa.

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o Proporcionalidad: que el monto de la contribución esté cuantificado a
razón de la capacidad económica del sujeto obligado –tratándose de
impuestos- o en proporción al servicio disfrutado.
o Equidad: que las cuotas de sus cobros sean iguales para todos los que
se encuentren la misma situación prevista por la norma, o en casos
análogos.
o Que las contribuciones se destinen al gasto público: lo cual
constituye el espíritu de la función recaudadora del Estado.
 Política monetaria: es otra forma indirecta de regular las condiciones
económicas. A través de un Banco Central autónomo que gestione la
emisión de moneda y las tasas de interés, se puede evitar la inflación que
un crecimiento o disminución desmedidas de la demanda puede provocar,
sin intervenir directamente en los procesos productivos.
 Asistencialismo y seguridad social: de entrada, es forzoso señalar que
no son conceptos iguales. La seguridad social, que se mantiene con
aportaciones reales de los tres sectores de la economía, ha demostrado ser
indiscutiblemente necesaria. Pero la entrega de apoyos económicos en
especie a los sectores vulnerables (asistencialismo) ha sido a la vez muy
demandada y criticada, por el mal uso que se le puede dar desde la élite en
el poder (una forma muy común de generar una base de seguidores
clientelar y manipulada a favor del gobierno en turno), además de que sólo
conforma un remedio paliativo para los problemas de esta población, sin
generarles condiciones reales y permanentes para superarse.

Los mecanismos citados son los que actualmente han sido más aceptados para
hacer frente al problema de la distribución de la riqueza, tanto en los regímenes
neoliberales como en los que se rigen bajo el esquema del Estado Benefactor. Sin
embargo, en su momento la propuesta socialista consideró que no era posible una
justicia social y distributiva real mientras los trabajadores no recuperaran la
propiedad absoluta de los medios de producción, eliminando así el obstáculo que a
juicio de Marx representaban los intermediarios que retenían parte de la utilidad
generada por el trabajador para reinvertirlo en la generación de más capital. El

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problema con este sistema fue, bajo el criterio de la mayoría de los defensores de
la propiedad privada y que yo mismo comparto, implementar un sistema así sólo
sería posible si el Estado y los obreros –en un primer momento– tuvieran la
capacidad de prever y controlar cada una de las variables económicas y políticas
del país, además de mantener un nivel de competitividad adecuado a pesar de
haberse visto privados del estímulo a la innovación que la generación de utilidades
representa.

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IV. CONCLUSIÓN PERSONAL

“La primera y principal víctima del peso del Estado es la propia persona de aquél que lo
representa.”

Sin duda alguna se pueden escribir bastantes tratados sobre los dilemas de la
intervención estatal en la economía y la justa distribución de la riqueza, pues de las
diferentes respuestas a éstos parte la gran diversidad de ideologías políticas que se
encuentran vigentes. Tras la lectura durante el último par de años sobre el surtido
extenso de propuestas de distintas corrientes, compulsadas con las experiencias
particulares de los países más sobresalientes a lo largo de la historia,

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