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Gonzalo de Berceo

(Berceo, Logroño, hacia 1195 - Monasterio de San Millán de la Cogolla, hacia 1268)
Escritor medieval que fue primer poeta en lengua castellana con nombre conocido. Fue
clérigo y vivió en el monasterio de San Millán de la Cogolla (Logroño), donde se ordenó
sacerdote, y en el de Santo Domingo de Silos (Burgos). En el monasterio de San Millán
de la Cogolla ofició como clérigo secular, y llegó a ocupar los cargos de diácono (hacia
1120) y presbítero (hacia 1237). Gonzalo de Berceo es el primer representante del
llamado «mester de clerecía», escuela medieval de hombres de letras (una calificación
que en aquella época casi coincidía con la de sacerdote) cuya principal aportación fue la
difusión de la cultura latina. Berceo inauguró la senda de la poesía erudita, en
contraposición con la desarrollada por la poesía épica popular y la de los juglares.

Sus obras, escritas en cuaderna vía (estrofa de cuatro versos alejandrinos monorrimos)
como era habitual en el «mester», son estrictamente religiosas y se suelen clasificar en
tres grupos: vidas de santos, obras marianas y obras de temática religiosa más amplia, de
tipo doctrinal. Los poemas hagiográficos, sobre santos locales (Vida de San Millán, Vida
de Santo Domingo de Silos y Vida de Santa Oria), se basan en fuentes latinas y en
tradiciones del propio monasterio. Las dos primeras siguen una idéntica estructura
tripartita: la primera parte cuenta la vida del santo, la segunda relata los milagros que el
santo realizó en vida y la tercera los realizados tras su muerte a personas que rogaron su
favor. No hay duda de que, además de la finalidad moral del conjunto, las terceras partes
obedecían al propósito de atraer peregrinos a los monasterios de San Millán de la Cogolla
y de Santo Domingo de Silos, donde se hallaban enterrados los santos.
El grupo de obras marianas cuenta con tres títulos fundamentales: Loores de Nuestra
Señora, Milagros de Nuestra Señora y Duelo de la Virgen. Los poemas religiosos de
naturaleza doctrinal son El martirio de San Lorenzo, El sacrificio de la misa y Los signos
que aparecerán antes del Juicio. Destaca entre sus obras los Milagros de Nuestra Señora,
llena de notas folclóricas y detalles cómicos. Inspirada por una colección de milagros en
latín, está compuesta por una introducción alegórica y veinticinco poemas que cuentan
milagros atribuidos a la Virgen María, descrita como un personaje cercano que ampara a
los fieles. Berceo, en su ánimo de acercarse al pueblo, se hizo portavoz de una religiosidad
emotiva y llena de sucesos con la que fácilmente podían identificarse sus oyentes,
alejándose así de la aridez teológica propia de los tratados latinos.
Probablemente difundida de forma oral por los juglares, su obra tiene un claro objetivo
didáctico y moral, y se caracteriza por un tratamiento sencillo y popular del lenguaje. A
menudo Berceo hace referencia a sus propios avatares biográficos y da muestras, con su
expresión realista y auténtica, de su gusto por la recreación de detalles pintorescos y
cotidianos. Su forma de narrar los sucesos religiosos y de intentar acercarlos al pueblo
mediante un estilo y una forma de sentir humilde y sencilla hizo de Berceo un autor de
gran valor simbólico para autores de la Generación del 98 como Azorín o Miguel de
Unamuno. Dentro del mester de clerecía, su obra representa la pureza y simplicidad de la
fe religiosa, frente a la ambigüedad y vitalismo de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita.
Los relatos

En cada uno de los milagros, Berceo recrea una intriga que apenas varía en lo esencial,
aunque les imprime unos rasgos compositivos mucho más homogéneos que los de la
colección latina.
La estructura interna puede diferir de uno a otro, pero en un prototipo teórico podríamos
distinguir:
1. Marco narrativo.
2. Milagro.
El marco narrativo corresponde al prólogo y epílogo en el que un autor ficticio, el
propio Berceo, se dirige a sus lectores-oyentes.
El milagro en sí mismo consta de una parte introductoria correspondiente a la
presentación de las circunstancias narrativas previas.
Se suele indicar el espacio, nombre del lugar cuando lo hay, el tiempo, inconcreto y
pasado excepto el milagro XXIV, el nombre del protagonista en muy contadas
ocasiones, el estereotipo sobre el que se proyecta, ladrón, clérigo, pobre, mercader, etc.,
las cualidades morales y su relación con María.
Posteriormente sobreviene el núcleo generativo, la acción que sirve de resorte al nudo
de la acción.
Suele ser la proximidad de la muerte o la muerte misma, la existencia de un peligro
físico o espiritual, la intervención desacertada de unas terceras personas, una
reciprocidad de dones otorgada por la Virgen, etc.
En su momento climático se produce una intervención milagrosa, generalmente a través
de un cuadro escénico, que posibilita la resolución para llegar al desenlace, una
afirmación admirativa de lo sucedido, una conclusión narrativa final y una enseñanza
didáctica.
De todos sus componentes, el elemento indispensable, singular y característico
corresponde a la intervención milagrosa.
Dos clasificaciones y una perspectiva: el
protagonismo de los seres humanos
Comas (1967) y Rozas (1975) (8) han realizado sendas clasificaciones de los veinticinco
milagros. Estas dos clasificaciones son las más usadas y empleadas por la crítica
literaria hispánica. Una primera característica común de estas dos clasificaciones viene
dada por el hecho de tener como centro o protagonistas a los seres humanos.
El crítico Comas establece tres categorías. En efecto, la primera categoría está integrada
por los milagros cuyo protagonista es un clérigo. De ellos es ejemplo el milagro I. Esta
primera categoría, a su vez, se subdivide en dos grupos:
(A)Milagros cuyo protagonista es un clérigo simple e ignorante; por ejemplo, el milagro
IX
(B)Milagros en los cuales el protagonista es un clérigo malvado y pecador, formada por
los milagros II, III, XII, XX, XXI y XXIV. La segunda categoría está integrada por los
milagros que tienen por protagonista a un seglar, y sus subcategorías son: (c) la de los
seglares piadosos, constituidos por los milagros V, VIII, XV, XIX, XXII y XXIII; (d) la
de los seglares pecadores, conformada por los milagros V, X, XI y XVI. La tercera
categoría se refiere a los milagros que tienen como centro a un judío, formada por los
milagros XVI y XVIII.
Proponemos unas modificaciones, sin alterar su esencia, a la clasificación de Comas.
Puesto que los milagros I, IV y XIII no forman parte de ninguna de las dos
subcategorías de los clérigos y considerando que los protagonistas de esos milagros ni
son unos clérigos simples e ignorantes ni mucho menos unos clérigos pecadores o
malvados, planteamos la conveniencia de cambiar el nombre del primer subgrupo,
milagros cuyo protagonista es un clérigo simple e ignorante, por milagros cuyo
protagonista es un clérigo piadoso. Así, esta subcategoría quedaría formada por los
milagros I, IV, IX y XIII. Asimismo, la categoría de los milagros cuyo protagonista es
un judío, se puede subdividir perfectamente en: (e) milagros en el cual el judío es un
judío devoto, que estaría formada por el milagro XVI, y muy específicamente por el
niño judío; y (f) milagro cuyo protagonista son unos judíos no devotos y malvados,
formado por el milagro XVII y, también, por el padre del niño judío.
Por su lado, la clasificación de Rozas está formada por tres grupos, a saber: (1) los
milagros en que María premia o castiga, o premia a unos y castiga a otros; (2) los
milagros en los cuales maría logra salvar de la condenación a sus devotos, llamados
milagros del perdón; (3) los milagros en los que María ayuda a los devotos a salir de
una crisis de conciencia, denominados milagros de conversión o crisis. El crítico
español señala únicamente a los milagros del tercer grupo, a saber, los milagros IX, XV,
XVII, XX, XXI y XXIV. A nuestro juicio, constituirán el primer grupo los milagros I,
III, IV, V, VI, XIII, XVIII, XIX, XXII y XXIII; mientras que el segundo grupo estaría
integrado por los milagros II, VII, VIII, X, XI y XII.
La Virgen María: la protagonista
de los Milagros
Al igual que Gerli (1991), nosotros partimos del hecho de que María es única protagonista
de la obra los Milagros de Nuestra Señora. Por el contrario, la crítica literaria hispanista
ha asumido la posición Gariano (1965), para quien los Milagros “consisten en una
colección de episodios casi independientes, aunque el marco hispánico que lo encierra y
el alegorismo que los introduce son rasgos estilísticos individuales” (p. 201); y tienen un
valor fragmentario y discontinuo (p. 194).Los Milagros se parecen a un tebeo o una
comiquita en la que entran y salen personajes en la nueva emisión, pero en la que -por lo
menos- un personaje permanece en todas las comiquitas; en este caso, es la Virgen María.
Ella es la protagonista de la obra. El hispanista estadounidense Gerli defiende la unidad
de la obra, a través de María, en estos términos: “Los Milagros […] gozan […] de una
estrecha unidad temática cuya función es la evocar y resolver por medio de María el
problema tanto del Pecado Original como el del pecado en todas sus manifestaciones”,
(p.48). María es el único personaje fundamental a lo largo de los veinticinco episodios.
La intención comunicativa de Berceo fue la de alabar a María con la narración de sus
hazañas y no la de contar los problemas de los devotos. Esta intención comunicativa
queda expuesta en las estrofas 44 y 45 de la Introducción; este objetivo pragmático es
narrar algunos de los milagros de la Virgen: “Quiero en estos arbores un ratiello sobir, /
e de los sos miraclos algunos escrivir; / la Gloriosa me guíe que lo pueda complir, / ca yo
non me trevría en ello a venir.”, (p.45). Hay también un solo acontecimiento central en
esos relatos, a saber: el milagro, entendido como núcleo de la obra. Los Milagros se nos
presentan como todo unitario, un verdadero poema épico, según la intención artística y
piadosa de Berceo. Poema con diversas historias o diferentes acontecimientos unidos por
el personaje María, como protagonista del hecho portentoso, y no, por supuesto, de la
acción narrativa, la cual sin embargo se ve detenida sin su participación. María se nos
presenta como el personaje principal de un acontecimiento: el milagro. Sus hazañas son
doblemente extraordinarias y admirables por el carácter heroico-épico de María y por el
carácter divino de la misma en virtud de ser la Madre de Dios, la Theotokos.
- MILAGRO I : La casulla de San Ildefonso - MILAGRO XIV : La imagen respetada
- MILAGRO II: El sacristán fornicario - MILAGRO XV : La boda y la Virgen
- MILAGRO III : El clérigo y la flor - MILAGRO XVI : El niño judío
- MILAGRO VI : El premio de la Virgen - MILAGRO XVII : La iglesia profanada
- MILAGRO V : El pobre caritativo - MILAGRO XVIII : Los judíos de Toledo
- MILAGRO VI : El ladrón devoto - MILAGRO XIX : Un parto maravilloso
- MILAGRO VII : El monje y san Pedro - MILAGRO XX : Un monje borracho
- MILAGRO VIII : El romero de Santiago - MILAGRO XXI : La abadesa preñada
- MILAGRO IX : El clérigo ignorante - MILAGRO XXII : El náufrago salvado
- MILAGRO X : Los dos hermanos - MILAGRO XXIII : La deuda pagada
- MILAGRO XI : El labrador avaro - MILAGRO XXIV : La iglesia robada
- MILAGRO XII : El prior y el sacristán - MILAGRO XXV : El milagro de Teófilo
Autenticidad
Para narrar un acontecimiento de este carácter, por su excepcionalidad y rareza, el
narrador adopta algunas precauciones con el fin de demostrar la autenticidad de lo
sucedido. Si en la poética medieval la narrativo se dividía en tres diferentes clases, res
gesta o historia, res ficta o fabula o res ficta que tamen fieri potuit en el relato de un
milagro el autor utiliza algunos recursos para insistir en la veracidad. Así se explica la
presencia de un personaje ficticio, el propio Berceo, que aparece en la Introducción y en
los marcos narrativos. F. Rico ha puesto en relación dicho sistema con la profesión del
riojano: «Tratándose de certificar la validez de un privilegio o garantizar la autenticidad
de unos milagros, y siendo un notario quien acometía la empresa, ¿cómo no iba a firmar
y rubricar el documento poético que extendía?». Su presencia sirve de aval, de la misma
manera que los predicadores pueden fingirse testigos de lo que acaban de contar. No
parece casual que su nombre se presente nada más comenzar la Introducción, y al final
de toda la serie, en la última estrofa si se admite la variación en el milagro XXV.

Lógica narrativa
Cada uno de los relatos representa una exaltación de las cualidades y poderes de María
avalados por sus acciones. Y si lo que arrastra a los espíritus medievales no es lo que
puede observarse y probarse por una ley natural, por un mecanismo regularmente
repetido, sino lo extraordinario, lo excepcional, los milagros constituyen una prueba
práctica de las cualidades de su realizadora.

Unidad
La trama narrativa de los milagros tiene una fuerte cohesión. Presentan una economía de
medios notable en los personajes y en el desarrollo de la intriga. Ésta se organiza desde
el resultado final para cuya resolución resulta necesaria una intervención milagrosa. En
consecuencia, hay un predominio de la trama respecto a los personajes, que son, en la
mayoría de los casos, puras funciones dependientes del desarrollo narrativo. Además,
Berceo evita las digresiones o las simplifica, por lo que confiere a su obra una gran
trabazón de todos sus elementos. Los relatos están supeditados a una demostración
extraliteraria, didáctica, pero nunca se pierde de vista el argumento que lo propicia.
Brevedad
Los milagros funcionan como relatos breves, desarrollados muy esquemáticamente, en
la mayoría de los casos, pero con plenitud de sentido e independencia. Desde una de las
tradiciones más arcaicas, la de San Gregorio Magno, la brevedad se convierte en
característica esencial, recogida por distintos continuadores. Como rasgo pertinente del
género, condiciona el desarrollo de la historia. Los elementos descriptivos suelen ser
muy escasos, funcionales, y cada uno de los componentes de su estructura, esquemático,
sin llegar a los extremos de las Cantigas de Alfonso X. A su vez, la brevedad puede
constituir una de las virtudes recomendadas por las retóricas, y a finales del XII se
presenta como una «prestigiosa patente de modernidad». La tradición genérica, la
representada por el manuscrito Thott y la estética moderna del riojano inducían a que
sus relatos fueran breves.
Distribución de los Roles de los Personajes en la
Obra
“Año de la Lucha contra la Corrupción y
la Impunidad”

Universidad Nacional de Piura


Facultad de Educación
Escuela de Lengua y Literatura

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