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Arts moriendi:

El momento de la muerte en
Oriente y Occidente
(Siglos XIX y XX)

Lola Carbonell Beviá

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Arts moriendi:
El momento de la muerte en
Oriente y Occidente
(Siglos XIX y XX)

Lola Carbonell Beviá

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Índice

1. La muerte en Occidente: El culto al cuerpo difunto a través de las


Artes Plásticas.

1. 1. La pintura funeraria antecesora de la fotografía.

1.2. La escultura funeraria.

1.3. La fotografía funeraria.

1.4. El entorno de la fotografía funeraria.

1.4.1. Muertos sobre la cama.

1.4.2. Muertos en el ataúd.

1.4.3. Muertos en el suelo.

1.4.4. Muertos sentados sobre butacas, mecedoras, sillas y


sillones.

1.1.4.1. Sillas.

1.1.4.2. Mecedoras.

1.1.4.3. Butacas.

1.1.4.4. Sillones.

1.4.5. Muertos recostados sobre sofás.

1.4.6. Muertos sobre catafalcos.

1.4.7. Muertos erguidos de pie.

1.4.8. Muertos neonatos en carricoche.

1.4.9. Muertos en los brazos de padres y familiares.

1.4.10. Muertos mirando por la ventana.

1.4.11. Muertos sobre divanes.

1.4.12. Muertos en el centro rodeados por familiares.

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1.4.13. Muertos sobre mesas vestidas.

1.5. Tipos de mortaja para la fotografía.

1.5.1. 8iños y niñas muertos ataviados con coronas de


flores.

1.5.2. 8iñas vestidas con traje de comunión.

1.5.3. Adultos ataviados con uniforme: Militar, religioso y,


civil.

1.6. Objetos unidos a los niños para la fotografía post-mortem:


Muñecas.

2. La muerte en Oriente: Actuaciones para que el espíritu traspase la


barrera de la muerte física.

2.1. El momento de la muerte.

2.2. Ayudantes espirituales del alma del difunto que ha


traspasado la muerte.

2.3. El salón de las memorias.

2.4. La realidad de la vida tras la muerte.

2.5. El purgatorio.

2.6. Diferentes dimensiones o planos astrales.

3. Conclusiones.

4. Citas bibliográficas.

5. Anexo documental.

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Arts moriendi:

El momento de la muerte en Oriente y Occidente

(Siglos XIX y XX)

1. La muerte en Occidente: El culto al cuerpo difunto a través de las


Artes Plásticas.

Tanto en pintura, escultura y fotografía funeraria, el motivo de


perpetuar la imagen del difunto consistía en un acto de amor, de afecto (1)
y, de lucha contra el olvido y, el paso del tiempo (2).

1. 1. La pintura funeraria antecesora de la fotografía.

Con anterioridad al siglo XIX ya se practicaba la pintura funeraria,


pero será en el siglo XIX, cuando se generaliza las representaciones de los
difuntos decorando las estancias de las viviendas (3), fundamentalmente de
la realeza y nobleza, que era quienes disponían de mayor poder adquisitivo.

Son conocidas las pinturas encargadas al pintor Federico de Madrazo


por la reina Isabel II de España del retrato mortuorio de un niño nacido el
12 de enero de 1850, hijo de Isabel II. El infante real nació muerto
asfixiado. De él. Madrazo realizó dos retratos.

En 1854, la reina Isabel II y su esposo Francisco de Asís encargaron


al escultor José Piquer, la máscara mortuoria en cera, de una niña, en este
caso la infanta María Cristina, que murió con tres días de vida. La propia
máscara de cera sirvió a Madrazo para realizar dos retratos (4).

La aristocracia y la oligarquía también contribuyeron al encargo de


pinturas de familiares difuntos, como fue el retrato pintado por Mariano
Fortuny en el año 1871 de “La señorita Del Castillo en su lecho de
muerte” (5). “El niño Josep María Brusi en su lecho de muerte”, del pintor
Antonio Caba, realizada en 1882. Del pintor Alexandre de Riquer Inglada
fue la pintura titulada “La señorita Riquer muerta”, realizada en 1887 (6).

1.2. La escultura funeraria.

La máscara de cera de la infanta María Cristina, hija de los reyes de


España, Isabel II y Francisco de Asís, fallecida a los tres días de nacer

5
sirvió al escultor José Piquer para hacer dos esculturas con posterioridad
(7).

Tras la muerte del pintor Mariano Fortuny, el escultor Jerónimo


Suñol elaboró su máscara funeraria (8).

1.3. La fotografía funeraria.

La invención de la fotografía post mortem por medio del


daguerrotipo, tuvo lugar el 19 de agosto del año 1839 en París (9). Pero fue
la reina Victoria I, de Inglaterra la que puso de moda la fotografía funeraria
a partir de 1861, debido a la alta tasa de mortalidad infantil de las
epidemias de tifus y cólera, sarampión, viruela y hambre, que se produjeron
en Gran Bretaña, siendo un recuerdo de amor de los padres y familiares,
hacia los niños y niñas difuntos (10).

Este fue el momento en que el retrato funerario se expandió por todo


el mundo, fundamentalmente entre las clases sociales altas que podían
pagarlo, ya que aunque más caro que el retrato común, resultaba más
económico que la pintura (11) y, más popular (12), pudiendo ser adquirido
por las clases bajas (13).

Conforme fue mejorando la sanidad y la salud de los niños mejoraba,


fundamentalmente, fueron retrocediendo los retratos de niños muertos, por
los de niños vivos (14), traspasando cronológicamente el siglo XIX, XX y
XXI en América del Sur (15) y, permaneciendo hasta el año 2005, por lo
menos, en Estados Unidos, -donde se realizan fotografías de los padres con
el bebé muerto en la sala de maternidad-, así como en Barcelona (16).

1.4. El entorno de la fotografía funeraria.

La fotografía funeraria continuó con la tradición renacentista del


retrato funerario que era denominado “memento mori”, cuya traducción es
“recuerda que eres mortal” (17), o “recuerda que morirás” (18).

En la época victoriana continuó denominándose “memento mori”


(19). Y su función residía en “fotografiar por última vez el cuerpo del
fallecido con la intención de que su alma siguiera viviendo en las fotos”
(20).

En un primer momento, durante el siglo XIX, el cadáver se podía


llevar hasta el estudio fotográfico del fotógrafo, fundamentalmente en el
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caso de niños, pero a partir del siglo XX, la legislación impidió que el
cadáver se moviese de la casa mortuoria, excepto para ir al cementerio
(21).

Una vez que había fallecido la persona, se daba aviso al fotógrafo


-cuya elección era amplia, pues muchos fotógrafos se anunciaban
publicitariamente en la prensa- (22), que se trasladaba con su equipo
fotográfico hasta la vivienda del finado (23).

Previa a la llegada del fotógrafo, los familiares del difunto lo lavaban


y vestían con la ropa con la que tenía que ser fotografiado antes de viajar al
otro mundo (24). Una vez que había llegado el fotógrafo, con sus pesados
equipos, éste se encargaba de buscar el lugar de la fotografía (25), la mejor
luz (26) y, el acompañamiento familiar (27), puesto que las fotografías y
sus copias se entregaban a los familiares directos del cadáver, así como a
los parientes que no habían podido desplazarse al entierro y posterior
funeral (28).

A veces el fotógrafo debía esperar muchas horas, hasta que


desaparecieran del cadáver las contracciones de la agonía (29), e incluso
evitar que de la boca del finado saliesen líquidos de descomposición (30),
hecho que a los fotógrafos les causaba repugnancia (31).

Los cadáveres podían fotografiarse con actitud de vida, o durmiendo.

Si la familia y el fotógrafo acordaban que la actitud del cadáver


estuviera de pie con familiares, o sentado conservando una pose
hiperrealista, éste se maquillaba para retratarlo como si estuviese vivo,
posando (32). El encargado de maquillar al difunto era el fotógrafo (33).

La mirada era sumamente importante para dar expresividad de vida a


la cara del difunto. En ocasiones el fotógrafo se encargaba de abrirle los
ojos al muerto mediante el empleo de una cucharilla (34) y, de pintárselos
para dar realismo a la expresión (35), así como de rizar las pestañas del
difunto (36).

En otros casos, tal vez la mayoría, se pintaban los ojos sobre los
párpados cerrados del difunto (37), dibujando en los mismos unos ojos
abiertos (38), para que pareciera que eran los propios ojos abiertos del
difunto (39).

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Una vez que ya estaba vestido y maquillado el cadáver, se procedía
a buscar una postura “natural” de pie o sentado. Y para ello, el fotógrafo
empleaba un artefacto especial metálico que se escondía por debajo de la
ropa o bien “se camuflaba para parecer muebles o cortinas” (40).

El motivo de utilizar este soporte metálico se debía a la larga


duración de la sesión fotográfica, por ello se buscó una solución para que el
cadáver estuviera posando sin que se moviera (41).

El artilugio inventado para sujetar el cuerpo se componía de una


ancha base que sujetaba la cadera y el cuello; mientras que cables rígidos
actuaban como guías por dentro de la ropa para que la postura de brazos y
manos pareciera natural (42). En otras ocasiones, según la pose que el
difunto tendría en la fotografía, al muerto se le colocaba un tenedor entre la
barbilla y el esternón para sujetarle la cabeza; o se le ataban las manos para
que pareciese que estaba rezando (43). En fin que había todo un conjunto
de mecanismos para que el cadáver se mantuviera de pie (44), para poder
ser fotografiado, aunque a veces eran los propios padres los que sujetaban
el cadáver, si era un niño o niña, mientras ellos permanecían escondidos
detrás de cortinas o sentados en sillas para no ser retratados (45).

La segunda opción que podía ser acordada con la familia del difunto
era fotografiar el cadáver dormido, simulando un sueño profundo (46).

El estudio de la ubicación de los cadáveres que se analiza recae sobre


las fotografías que se muestran en este trabajo, cuya bibliografía aparece a
pie de página y que han sido descargadas de Google.

1.4.1. Muertos sobre la cama.

La tipología de fotografía funeraria más corriente es la de exponer el


muerto sobre la cama, ya fueran adultos o niños, a lo largo del siglo XIX y
principios del XX (47). Es la pose tradicional usada en la pintura y
escultura fúnebre, que pasa con posterioridad a la fotografía funeraria.

Aunque todos los muertos están sobre la cama, se pueden observar:


Neonatos hijos de reyes de España y, de la oligarquía catalana. Víctor
Hugo en 1885, con la cabeza apoyada sobre un gran almohadón. Toda la
familia muerta sobre la cama En la cama, vestido y tapado con una sábana,
con la cabeza apoyada en un cojín y los ojos cerrados. Mujer sobre una
cama cubierta con una sábana a modo de catafalco, con los ojos cerrados y
8
su esposo de pie. Adolescente con los ojos cerrados en la cama, vestida con
hábito y cruz en el pecho. Detrás de la cama hay un pequeño altar con
candelabros y crucifijo. Adolescente con los ojos cerrados y la boca
entreabierta, ataviada en el pelo con un velo de tul, centro de atención de
dos mujeres que la miran de forma impertérrita. Niño pequeño con la
cabeza apoyada sobre un gran cojín. Ojos cerrados y brazos reposando
sobre el cuerpo. Niña apoyada sobre una almohada con los ojos un poquito
entreabiertos y la boca también. Niño con los ojos cerrados, brazos
apoyados sobre el cuerpo y manos entrelazadas. Bebé recostado sobre un
almohadón, con los ojos cerrados y los brazos sobre el cuerpo. Niño
recostado sobre un gran almohadón, con la cabeza ligeramente inclinada
hacia la izquierda. Ojos cerrados y boca ligeramente entreabierta. Su
hermanita por detrás de la cama, rodea la cabeza del niño con su brazo y
mano izquierda. Niña recostada sobre un almohadón grande, con los ojos
abiertos y brazos Bebé neonato con la cabeza ladeada hacia la izquierda,
ojos cerrados y brazos sobre el cuerpo. Bebé neonato con dos cabezas y
solo dos brazos. Ojos, -de ambas cabezas-, cerrados, brazo derecho
apoyado sobre el cuerpo y brazo izquierdo apoyado sobre la cama. Bebé
con ojos cerrados y, manos sobre su regazo.

1.4.2. Muertos en el ataúd.

La moda de fotografiar al muerto en el ataúd, en lugar de la cama,


cambió a principios del siglo XX (48). Junto al ataúd se añadían flores que
aparecen en la fotografía (49).

La temática de las fotografías del muerto en el ataúd pueden ser


variadas: Hombre en ataúd con mortaja de uniforme militar. Mujer en el
ataúd con traje de novia y sus familiares de pie junto al cadáver. Bebé con
corona de flores dentro de un ataúd, siendo observado por su madre. Dos
bebés dentro de pequeños ataúdes blancos, con las manos unidas y los ojos
cerrados. Sus padres y hermanos los rodean sentados junto a las tapas de
los ataúdes. Niño o niña con los ojos cerrados sobre ataúd abierto, con
flores sobre la almohada junto a la cabeza. Bebé neonato dentro de un
ataúd, con los ojos cerrados y los brazos sobre el cuerpo con las manos
unidas. El ataúd se apoya sobre dos sillas y en la parte superior de la silla
que sirve como cabecera hay flores. Así como en una mesita situada a la
derecha del ataúd. Bebé neonato en ataúd abierto, a modo de artesa,
ubicado sobre un pequeño taburete de madera. Tiene los ojos cerrados y los

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labios entreabiertos. Brazo derecho doblado sobre el codo encima del
cuerpo y brazo izquierdo doblado con la mano apoyada sobre el cuerpo.
Fotografía borrosa en la que se ve un bebe dentro de un pequeño ataúd de
color blanco, con la tapa abierta al lado. Mucha gente por detrás del ataúd.
Y todos ellos en la calle, delante de una casa. Bebé neonato en ataúd
abierto, con los ojos cerrados y las manos apoyadas sobre el cuerpo, con los
puños cerrados. Bebé neonato en ataúd abierto, con los ojos cerrados y las
manos apoyadas sobre el cuerpo, con las palmas de las manos abiertas y
boca abajo. Bebé neonato en ataúd blanco abierto, con la tapa apoyada
junto a la pared. El bebé tiene los ojos cerrados, la cabeza ladeada hacia la
derecha, los brazos sobre el cuerpo y flores y estampas sobre su cuerpo
tapado con una sábana. Un corazón de flores y una corona están por detrás
de la caja, así como un candelabro de tres brazos. Bebé neonato en ataúd
abierto, con la tapadera unida ubicada por encima de la parte abierta. El
bebé tiene los ojos cerrados y los brazos sobre el cuerpo. Un ramo de flores
de tallo largo está sobre el ataúd abierto y, una guirnalda de flores decora la
parte de la tapa del ataúd. Bebé neonato en ataúd abierto con la tapa abierta
y superpuesta por encima. El bebé tiene los ojos cerrados y los brazos
colocados a los largo del cuerpo. Una corona de flores está colocada en la
tapa, mientras que otro ramo de flores se encuentra en la base del ataúd
abierto.

1.4.3. Muertos en el suelo.

Son mínimas las fotografías que muestran el cadáver en el suelo,


principalmente de niños: Niña mayor que descansa lateralmente en el suelo,
con la cabeza apoyada sobre un gran almohadón y con su muñeca y un oso
apoyados en su falda. Detrás aparece fotografiada una gran familia. Niño
con los ojos abiertos y los brazos apoyados sobre su cuerpo, sentado en el
suelo, con las piernas cruzadas y, la espalda apoyada sobre un cofre

1.4.4. Muertos sentados sobre butacas, mecedoras, sillas y sillones.

Esta era una opción muy buscada y repetida, como aparece en la


exposición fotográfica que se realizó sobre este tema hace poco tiempo,
entre 2017 y 2018 (50).

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1.1.4.1. Sillas.

Se encuentra una temática muy amplia, desde: Adolescente con los


ojos cerrados sentado en una silla. Adolescente con los ojos abiertos
sentada en una silla, junto a otras dos mujeres jóvenes a sus lados. Niño
recostado sobre una silla con brazos. Ojos pintados sobre los párpados.
Brazo derecho apoyado sobre el brazo de la silla. Brazo izquierdo
descansando sobre el cuerpo y mano sujetando un pequeño ramito de
flores. Niño con los ojos cerrados sentado sobre una silla de patas altas. Los
brazos del niño descansan sobre el cuerpo. Piernas rígidas. Niña apoyada
sobre el respaldo de una silla, cabeza ladeada sobre el hombro derecho,
ojos cerrados, manos apoyadas lateralmente una junto a la otra. Niña con
los ojos abiertos, boca entreabierta, gorrito de tela en la cabeza, brazos
abiertos dejados caer sobre los brazos de la silla y piernas colgantes. Niño
sentado en una silla. Cara de hastío, ojos abiertos, brazos sobre el cuerpo,
con un pequeño ramito de flores en su mano derecha. Piernas colgantes.
Niña sentada en una silla infantil con una corona de flores en la cabeza.
Ojos cerrados. Boca entreabierta. Brazos sobre el cuerpo. Manos apoyadas
una sobre la otra. Piernas rígidas. Bebé recostado sobre una silla, con los
ojos cerrados, brazos sobre el cuerpo y una flor con tallo en la mano
derecha. Lleva un gorrito de tela en la cabeza.

1.1.4.2. Mecedoras.

Solo se ha encontrado un ejemplo: Bebé con los ojos cerrados y cara


de serenidad. Cabeza ligeramente doblada hacia la derecha. Brazos sobre el
cuerpo y piernas rígidas.

1.1.4.3. Butacas.

También los ejemplos son variados: Niña sentada sobre una butaca, a
la que han colocado un cojín detrás de la espalda, que le sujeta la cabeza.
Ojos abiertos y brazos y manos extendidos sobre el cuerpo. Su hermanita
está sentada en otra butaquita junto a ella. Niño de corta edad sentado sobre
una butaca con los brazos extendidos sobre el cuerpo. Niño recostado sobre
una butaca forrada con una tela. Ojos entreabiertos y brazos sobre el
cuerpo. Niña sentada lateralmente en una butaca revestida con una tela.
Ojos abiertos, boca entreabierta. Brazo derecho apoyado en el reposabrazos
y brazo izquierdo caído sobre la butaca.

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1.1.4.4. Sillones.

Fueron motivo fotográfico para adultos y niños: Sentados en un


sillón leyendo el periódico. Sentado sobre una butaca con los ojos abiertos.
Rodeados de una gran familia en la puerta de una casa americana.
Recostado en una butaca con los ojos entreabiertos y sus dos perros encima
de sus rodillas. Recostado en una butaca con sus padres junto al cadáver de
una adolescente, tapada con una mantita. Niña sentada sobre un sillón
tapado con una manta o una cubierta. Ojos abiertos, manos sobre la barriga
y piernas colgando. Bebé neonato recostado sobre un sillón, con los ojos
cerrados y, brazos doblados sobre el cuerpo. Sus tres hermanos lo rodean,
dos de ellos a su izquierda y, uno a su derecha.

1.4.5. Muertos recostados sobre sofás.

Durante el último cuarto del siglo XIX, la representación de niños y


bebés sobre sofás fue predominante (51): Adolescente acostada en un sofá,
con los ojos cerrados y un libro entre las manos. Perfil de adolescente con
los ojos abiertos recostada en un sofá, tapada con una mantita. Adolescente
con los ojos abiertos recostada en un sofá y con un libro entre las manos.
Niña con los ojos cerrados, cabeza ladeada hacia el fotógrafo y, brazos
sobre el cuerpo acostada en un sofá. Niña con los ojos cerrados, brazos
sobre el cuerpo apoyado sobre una manta gruesa y cabeza ladeada en
dirección a la cámara. Niña con los ojos cerrados, brazo derecho extendido
e izquierdo doblado sobre el cuerpo, sobre un sofá cubierto con una tela de
encaje. Niña con los ojos abiertos, brazo izquierdo apoyado sobre su
regazo, con la cabeza apoyada sobre el cuerpo de su hermana, que
mantiene la mirada baja, estando ambas sentadas en un sofá. Niño acostado
con los ojos cerrados, el brazo y mano derecha sobre el sofá-cama y, el
brazo y mano izquierda sobre el cuerpo. Piernas entrecruzadas. Junto a la
mano derecha del niño colocaron un trenecito. Niña recostada sobre un
sofá, con los ojos cerrados y sonrisa en la boca. Los brazos descansan sobre
el cuerpo y las piernas están cruzadas. Niño con los ojos cerrados,
descansando sobre el sofá de forma lateral, con el brazo derecho ladeado,
de forma que apoya la cabeza sobre el mismo, mientras que la mano
izquierda descansa sobre su regazo, como si se hubiera dormido mientras
estaba leyendo un libro que tiene cerca de su mano. Bebé neonato sentado
sobre un sillón, con los ojos abiertos, brazos sobre el cuerpo, pies

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descalzos, gorro de tela en la cabeza y un pequeño ramito de flores sobre su
faldón.

1.4.6. Muertos sobre catafalcos.

Aunque había catafalcos en los que fueron ubicados los adultos en


ataúd, la mayor parte de las fotografían hacen referencia a niños expuestos
en los mismos: Hombre en ataúd sobre catafalcos, rodeado de muchísimas
flores parece que en la iglesia. Niña con los ojos cerrados y coronita de
margaritas en la cabeza, con un gran cojín donde reposa la cabeza. Niño
pequeño con los ojos abiertos, corona de flores de crisantemos en la cabeza
y manos sobre el cuerpo. Niño o niña con pequeño adorno de flores en el
pelo, rodeada de flores en el lecho y rodeadas de familiares de pie,
observándolo. Niño o niña con los ojos abiertos y la boca entreabierta,
corona de flores en la cabeza y rodeada de flores en el lecho, junto a sus
familiares que miran al fotógrafo. Niño con hábito religioso y ojos
cerrados, manos unidas en posición de rezas. Dos candelabros encendidos y
cruz latina apoyados sobre el lecho. Niño con ojos cerrados, boca
entreabierta, manos unidas en posición de rezar, flores sobre el lecho y
hortensias cortadas sobre el almohadón. En la estancia aparece una maceta
con una pequeña palmera. Bebé acostado sobre una especie de colchón de
paja. Sobre el mismo una piel de animal de pelo largo y, sobre la misma el
bebé, con la cabeza ladeada hacia la izquierda, ojos cerrados, brazo derecha
poyado sobre su regazo e izquierdo a lo largo del colchón. Lleva una
corona de flores en la cabeza. Y una guirnalda de flores reposa sobre su
cuerpo.

1.4.7. Muertos erguidos de pie.

Fue la forma más complicada de realizar la fotografía pues


necesitaba de artilugios metálicos que sujetaban el cadáver por la espalda, a
nivel de caderas y cuello para que no se moviese. Los ejemplos son
variados: Hombre senil de pie con los ojos abiertos junto a su esposa,
sentada en una butaca. Hombre vestido con uniforme de bombero, apoyado
sobre una verja de troncos de madera. Adolescente con los ojos abiertos y
de pie. Adolescente de pie y con los ojos abiertos, junto a su hermana
sentada en una silla. Adolescente con los ojos abierto, de pie, rodeada de
familiares también de pie. Niña de pie con los ojos abiertos y junto a ella
una `persona que la sujeta cubierta por una cortina. Niño de pie con los ojos

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cerrados junto a su hermanita a la que le pasa el brazo por encima del
hombro. Niña pequeña con trenzas y los ojos cerrados, de pie, junto al resto
de sus hermanos formando una fila.

1.4.8. Muertos neonatos en carricoche.

Son casos minoritarios, frente a otras ubicaciones: Bebé con los ojos
cerrados y, brazos sobre el cuerpo. Bebé con los ojos cerrados y, brazos
sobre el cuerpo. Junto al mismo, en una butaca independiente, pero de la
misma altura que el carricoche hay otro bebé vivo, con los ojos abiertos y
los brazos sobre el cuerpo. Bebé sentado con los ojos abiertos, brazos
extendidos sobre el borde del carricoche y piernas extendidas.

1.4.9. Muertos en los brazos de padres y familiares.

Normalmente eran fotografías de niños pequeños y neonatos que


yacían muertos en los brazos de sus padres (52): Bebé recostado sobre un
gran almohadón y en brazos de una mujer cabizbaja. Bebé con los ojos
cerrados y boca abierta recostado sobre el regazo de su madre que mira a la
cámara. Madre con los ojos cerrados, con el cuerpo recostado sobre sus dos
hijas, que miran al fotógrafo. Hombre sujetando con la mirada perdida, que
sujeta a un bebé con los ojos cerrados. Niña pequeña con los ojos cerrados
y los brazos sobre el cuerpo, que reposa sobre el regazo de su madre, que
mira a la cámara. Niño con el cuerpo desarmado sentado sobre un cubo, y
que apoya la espalda sobre las rodillas de su abuelo o padre viejo, que a su
vez está rodeados muchos familiares. Bebé con los ojos cerrados y los
brazos sobre el cuerpo en brazos de su madre, sentada junto a su esposo,
que observa a su hija. Niña de pocos años, con los ojos abiertos, sentada
sobre un pequeño taburete, que apoya la cabeza sobre las piernas de su
madre. Las manos de la niña reposan unidas sobre su barriguita. Niña con
los ojos cerrados y sombrerito de tela que tapa su cabeza, en posición rígida
sobre el regazo de su madre, que mira al fotógrafo. Niña con los ojos
cerrados y los brazos sobre el cuerpo, que se apoya sobre el pecho de su
madre, que mira a la cámara. Bebé con los ojos cerrados y los brazos sobre
el cuerpo con la cabeza girada hacia la cámara, que descansa en los brazos
de su joven madre, que mira a la cámara. Niña mayor con los ojos abiertos
y las manos unidas, que lateralmente se apoya sobre el pecho y hombro de
su madre. Bebé vestido con un pequeño hábito de angelito, corona de laurel
u otra hierba en la cabeza y crucifijo de cruz latina apoyado sobre el brazo

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izquierdo y pecho del bebé. El pequeño reposa sobre los brazos de su
madre que mira a la cámara. Mujer de edad sentada en una silla con un
bebé neonato en brazos. Está en el interior de una habitación rodeada de
jarros con flores y macetas con plantas por todos los lados. Mujer joven de
mirada lánguida que recoge en su regazo a un bebé con los ojos cerrados,
cuya cabeza se apoya sobre el brazo derecho de su madre y que tiene los
brazos colocados a lo largo de su cuerpo. Bebé neonato con los ojos
cerrados y los labios entreabiertos cuya cabeza reposa sobre el pecho
derecho de su madre, que mira a la cámara. Bebé neonato que descansa
sobre un almohadón con los ojos abiertos, mientras su madre sujeta su
cuerpo con la mano derecha, mientras mira al fotógrafo.

1.4.10. Muertos mirando por la ventana.

Se trata de una fotografía rara y curiosa: Niño acostado sobre la


cama, con la cabeza ladeada mirando por una ventana abierta y con los ojos
abiertos y, las manos unidas.

1.4.11. Muertos sobre divanes.

Son pocas las fotografías, pero las hay: Niña acostada en un diván,
sobre un gran almohadón debajo de la parte superior del cuerpo y, con una
corona de flores en la cabeza. Junto a ella sus dos hermanos, en posición
erguida mirando de frente. Niña semi-acostada en un diván, con los ojos
cerrados, las manos una apoyada sobre la otra y las piernas rígidas. Bebé
neonato con la cabeza ladeada hacia la derecha, ojos abiertos y brazos a lo
largo delo diván.

1.4.12. Muertos en el centro rodeados por familiares.

Fue una temática empleada en la primera mitad del siglo XIX, donde
el muerto se situaba en el centro de la composición, rodeado por familiares
y amigos (53), ataviados con sus mejores galas (54), o a veces junto a otros
familiares muertos (55).

1.4.13. Muertos sobre mesas vestidas.

Fueron muy corrientes en los lugares donde persistía la tradición del


velatorio del “angelito”, tanto en España, como en América del Sur. En las
mesas vestidas exclusivamente se velaba a los niños, bebés y neonatos:
Niño o niña con los ojos abiertos y cabeza ladeada hacia el fotógrafo,

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corona de flores en la cabeza, manos unidas y flores en la misma. Se
encuentra con el cuerpo sobre almohadones y las piernas colgando, sobre
una mesa redonda vestida. Bebé neonato con los ojos cerrados, manos
unidas, gorrito de tela en la cabeza. Sobre la parte superior de la cabeza hay
un almohadón inclinado con una corona de flores grande. Jarros con flores
sobre la mesa rectangular que hace de catafalco. Candelabro con luces
encendidas a los pies de la mesa. La madre se encuentra apoyada sobre la
mesa a la derecha del bebé y, el padre se apoya con el codo sobre la mesa a
la izquierda del bebé. Bebé con los ojos entreabiertos, brazos apoyados
sobre el cuerpo. Lleva una corona como real en la cabeza. Se encuentra
acostado sobre una mesa cuadrada vestida con una tela. Sobre ella una gran
corona de flores y el bebé ubicado en el centro de la corona. Rodean la
mesa niños de varias edades. Y hay una maceta con calas blancas en la
parte izquierda de la fotografía. La fotografía está realizada en la puerta de
la fachada de una casa rural. En ella aparecen muchas personas, tanto
adultos como niños de varias edades. En el centro sobre una mesa
rectangular vestida con una tela hay un bebé neonato acostado con los ojos
cerrados, corona de flores en la cabeza y muchas margaritas a su alrededor.

1.5. Tipos de mortaja para la fotografía.

Los padres y familiares buscaban las mejores galas para vestir en su


último día a los familiares difuntos. A muchos de los adultos se les vestía
con un traje correspondiente a la profesión que ejercían. Mientras que a los
niños, normalmente si eran mayores de 7 años y habían tomado la
comunión, se les ponía el traje de comunión; a otros la ropa de días de
fiesta; si eran menores de 7 años y estaban bautizados, se les confeccionaba
rápidamente un pequeño hábito o traje de “ángel”, incluidas las sandalias,
de cartón. Y sobre la cabeza se les entretejía una coronita de flores.

1.5.1. 8iños y niñas muertos ataviados con coronas de flores.

La costumbre de amortajar a los niños de “angelito” fue exportada


de España a América, siendo muy arraigada en Méjico, donde creían que
los niños bautizados iban directamente al cielo; mientras que los niños sin
bautizar, se les enterraba con los ojos abiertos para que pudiesen ver la
gloria del Señor (56).

Tanto en España como en América, el ritual del “angelito”, “ángel”,


“angelet” o “mortichuelo”, se preparaba la mesa de la cocina o del
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comedor de cada vivienda, que se vestía con una cubierta, mantel o sábana
limpia y de color blanco, que servía a modo de altar. Sobre la misma se
colocaba el cuerpo del pequeño difunto, bien con sus mejores ropas o con
la túnica de angelito y, la coronita de flores en la cabeza. La cabeza se
apoyaba sobre una almohada. Y se rodeaba con flores sobre la mesa y
alrededor del cadáver (57).

Este ritual fue muy común en España entre el siglo XVIII, XIX y
perdiéndose en el olvido a principios del siglo XX. Lo mismo ocurrió en
Méjico (58).

En Méjico, a la práctica de fotografiar “angelitos” se la denominó


“muerte niña”, y la muerte del niño o niño no era un acto de tristeza, sino
de alegría porque el alma del neonato, bebé, o niño o niña subía
directamente al cielo. Pero en América del Sur, los “angelitos” no fueron
solo fotografiados sobre mesas vestidas como altares, sino sobre el regazo
de sus padres, madres y familiares cercanos (59).

Entre las fotografías recopiladas en este trabajo de investigación se


encuentran: Bebé neonato en la cama, con la cabeza apoyada sobre un
cojín, las manos unidas y rodeados de muchas flores. Bebé con adorno de
tela en la cabeza, acostado sobre una cama, con un gran cojín bajo la
cabeza y, los ojos abiertos, rodeado de flores. Bebé con adorno de tela en la
cabeza, sentado sobre una silla, con los ojos cerrados, las manos unidas y
rodeado de muchas flores. Bebé con coronita real en la cabeza, ojos
cerrados, manos unidas, acostado sobre una cama con un gran cojín donde
reposa la cabeza y rodeado de muchas flores. Niña con los ojos cerrados,
manos unidas y corona de flores en la cabeza, rodeada de muchas flores en
el lecho y macetas con plantas de grande hojas en la estancia. Bebé neonato
con los ojos cerrados, sobre una cama de adulto revestida de tul blanco y
flores por los laterales. Se ve parte del dormitorio que tiene una imagen en
la cabecera de la cama. Bebé con gorrito de tela, con los ojos cerrados,
brazos sobre el cuerpo. Flores de crisantemos sobre la ropa de cama a la
izquierda del muerto y, otras flores sobre la derecha del mismo.

1.5.2. 8iñas vestidas con traje de comunión.

Ya se ha hecho referencia que los niños y niñas vestidos con traje de


comunión solían ser mayores de 7 años. Las niñas podían llevar un traje de
novia adaptado a la infancia, con velo y corona incluida. Mientras que los
17
niños a veces vestían hábito. Ejemplo de ello, existen en las fotografías
recopiladas: Niña con los ojos abiertos, de pie, con el brazo izquierdo
doblado y sujetando en su mano izquierda un rosario blanco, mientras que
el brazo y mano derecha la apoya sobre una mesita, en la que hay una
palmatoria. Niña con los ojos abiertos y corona de flores sobre velo,
acostada sobre un gran almohadón.

1.5.3. Adultos ataviados con uniforme: Militar, religioso y, civil.

La profesión del finado adulto estaba relacionada, en algunos casos,


con el tipo de mortaja que llevaba en la muerte, tanto si era militar,
religioso o civil. Fue el caso de los militares, sacerdotes, monjas y
bomberos (60).

Y más concretamente, las fotografías de militares muertos


comenzaron a publicarse en la prensa a partir de 1866, en que se produjo la
guerra de Paraguay (61).

1.6. Objetos unidos a los niños para la fotografía post-mortem:


Muñecas.

No son muchos los ejemplos de este tipo de objetos en las


fotografías. Normalmente las muñecas y osos van unidas a niñas y, tan solo
aparece en este anexo documental un caso de un niño acostado en una cama
con un trenecito a su lado: Niña con los ojos cerrados y con una muñeca
debajo de su brazo derecho, sobre una cama. Niña con los ojos cerrados
sentada sobre una butaca decorada con dos lazos de gran tamaño en la parte
de la cabecera, rodeada de muñecas, tanto en la propia butaca junto a la
niña muerta, como en otra silla, junto a la izquierda del cadáver.

2. La muerte en Oriente: Actuaciones para que el espíritu traspase la


barrera de la muerte física.

El Oriente, la religión primigenia sobre la que se asienta el budismo


tibetano fue mucho más avanzado en conceptos sobre la vida después de la
muerte que los conocimientos escuetos ligados a la religión cristiana
católica, que se tenían en Occidente. Por ejemplo, “El libro tibetano de los
muertos” se trasmitía por fuentes orales desde el siglo VIII d.C., al siglo
XIV d.C., en que fue recopilado por escrito.

18
En este libro se hace una descripción de lo que ocurre en el difunto
en el momento de la muerte, así como los lugares por donde discurre su
espíritu en el estado intermedio, hasta el momento de su reencarnación.

Para las religiones orientales, basadas en el budismo, el cuerpo no


sirve, de hecho, en el Tíbet, los cadáveres eran pasto de los buitres, no
quedando nada del difunto, puesto que debido al frío extremo, los cuerpos
se congelaban si eran enterrados.

En cambio, para el budismo, lo más importante es el espíritu, donde


se estudian los pasos que debe seguir el alma para desencarnar y elevarse a
planos superiores de existencia.

2.1. El momento de la muerte.

En el Tíbet, cuando una persona va a morir, se avisa a un lama para


que acompañe al moribundo en sus últimos momentos y su alma o
conciencia, sepa dirigirse hacia un plano superior (62). En el momento de
la muerte, la conciencia o alma se vuelve inconsciente y se separa del
cuerpo físico, a veces saliendo por la cabeza y en otras ocasiones por el
plexo solar (63). El lama puede ver como el espíritu se separa del cuerpo
físico y se dirige hacia la “Gran Realidad”, la “Verdadera Vida” (64). Se
trata de un remolino de color azul grisáceo cada vez más oscurecido que se
eleva a unos 60 cm., sobre el cadáver, formándose una réplica del cadáver,
bajo el aspecto de un hombre vivo joven (65). Allí queda suspendida,
mientras el cuerpo físico todavía le quede algo de vida. Durante tres días el
cuerpo espiritual está unido al cuerpo físico mediante un hilo azulado
también llamado “cordón de plata” (66).

Desde ese momento, el espíritu puede comunicarse con los humanos


a través del pensamiento (67).

Si el espíritu tiene miedo ante lo desconocido en su mente se


producirán terrores (68), pero si tiene seguridad en sí mismo podrá
encontrar rápidamente el camino hacia la “Luz” (69).

Durante los tres días en que el espíritu permanece unido a su cuerpo


físico por el cordón de plata, ve y oye a las personas que están junto a él en
el hospital o en la casa donde ha muerto; ve y oye a los trabajadores del
tanatorio donde esté su cuerpo; ve y oye a las personas que lo acompañan

19
en la misa funeral y, ve y oye a los acompañantes que acuden junto a su
cuerpo muerto al cementerio (70).

Al tercer día, el cordón de plata va adelgazando y perdiendo color


hasta que desaparece (71). Ese es el momento en que el alma está
totalmente libre para ascender a un plano superior.

2.2. Ayudantes espirituales del alma del difunto que ha traspasado la


muerte.

A veces ocurre que los ayudantes espirituales, que pueden ser padres,
hermanos, abuelos, tíos, amigos, o conocidos, se muestran días antes de la
muerte. En otras personas, el moribundo los ve en el mismo momento de la
muerte, que llegan para ayudarle a tener seguridad en sí mismo para dejar
el cuerpo físico y, entrar en el nuevo plano astral de existencia (72).

Posteriormente, los ayudantes espirituales comunican al espíritu


desencarnado donde se halla, tratándolo cuidadosamente y lo acompañan
hasta el “Salón de las Memorias” (73).

2.3. El “Salón de las Memorias”.

El espíritu desencarnado ve el “Salón de las Memorias” o “Salón de


los Recuerdos”, que se encuentra en el bajo astral (74), sobre una gran
meseta a la que se accede por unos peldaños de piedra (75), a una gran
estructura terminada en cúpula (76). En su interior existe un cuarto donde
se presencia la historia de su vida y, es tan sólo la propia alma del muerto la
que juzga a sí misma si su propia vida ha sido correcta (77).

Al entrar y contemplar las imágenes se experimenta una sensación de


caída al vacío, observando la Tierra y todo lo que sucede, sin ser visto (78).

Las imágenes que se contemplan en la “Sala de las Memorias” son


los “Anales Akashicos”, para el pasado, presente y futuro (79).

Si el comportamiento del espíritu desencarnado no ha sido correcto,


experimentará sufrimiento y tormento (80).

Conforma el espíritu desencarnado vaya ascendiendo de plano astral


volverá a pasar de nuevo por una “Sala de los Recuerdos” (81).

20
2.4. La realidad de la vida tras la muerte.

El plano astral más bajo donde se dirige el espíritu desencarnado es


el bajo astral (82). En dicho lugar, el espíritu después de haber pasado por
el “Salón de la Memoria”, descansa y decide lo que van a hacer o, sobre
lo que tienen que hacer (83).

El bajo astral es un lugar muy parecido a la Tierra (84), en una


dimensión diferente, pero en la que también hay lagos con botes y espíritus
paseando, pero en la que también se pueden hacer cosas diferentes a las de
la Tierra (85).

Cuando el espíritu desencarnado haya tomado la decisión de a que se


va a dedicar, se dirigirá hacia otro mundo o plano astral, que le servirá de
escuela de formación (86).

2.5. El purgatorio.

El bajo astral sería el “purgatorio” para la religión cristiana católica,


pero con una concepción diferente, ya que no se trataría de un lugar malo,
sino de un lugar de purificación (87) donde el espíritu desencarnado se
encuentra con sus amigos y familiares compatibles, nunca por sus
enemigos (88).

2.6. Diferentes dimensiones o planos astrales.

El espíritu según su grado de pureza va superando niveles diferentes


de vibración o planos astrales, donde vive nuevas vidas (89), dependiendo
de su manera de comportamiento (90).

Cuando más alto se encuentre el espíritu en otros planos astrales, más


rápidamente progresará y más fáciles serán las condiciones (91), ya que no
existe el mal (92).

“En el mundo astral hay muchas tareas para desempeñar. Se puede


ser guía para aquellos que a cada segundo llegan de la Tierra, se puede
cuidar, se puede curar porque muchos de los recién llegados no están al
tanto de la realidad del mundo astral y creen en lo que su religión les ha
enseñado a creer”, también hay otros espíritus que aconsejan a la gente del
mundo astral que tiene que volver a la Tierra (93).

21
El espíritu puede ascender hasta el noveno plano astral, existiendo
una prolongación del super-yo después de dicho plano (94), puesto que allí
“se obtiene la comprensión y se puede entender la naturaleza de las cosas,
se puede comprender el origen de la vida, el origen del alma, cómo
comenzaron las cosas y qué papel desempeña la humanidad en la
evolución del Cosmos. En la novena dimensión, además, el Hombre —
todavía muñeco del Super Yo-- puede conversar frente a frente con su
Super Yo” (95).

3. Conclusiones.

Durante el periodo cronológico que abarca los siglos XIX, XX y


XXI, las creencias religiosas sobre la muerte y, por tanto, la aplicación de
las mismas en Oriente y Occidente, fueron completamente diferentes.

En Occidente se valoraba fundamentalmente el cuerpo y, su


conservación, a través del recuerdo primero pictórico, escultórico y, desde
1839, a través de la fotografía funeraria, mediante el empleo del
daguerrotipo.

La fotografía funeraria conllevó nuevas prácticas tanatológicas


caseras propiciadas por el fotógrafo, en connivencia con la familia del
difunto, en la que el difunto era lavado y vestido con sus mejores galas por
los familiares, para posteriormente pasar a ser maquillado, abiertos los ojos,
o pintados falsos ojos sobre los párpados del difunto, para crear un aspecto
de ser vivo, aún estando muerto. O bien de durmiente, estando muerto.

Después, el fotógrafo analizaba la luz y decidía conjuntamente con la


familia el lugar elegido para plasmar la imagen perpetua del cadáver, -tanto
en adultos, como en niños y neonatos-, que bien podía estar sobre
diferentes tipos de mobiliario como sillones, butacas, sillas, mecedoras,
sillones, sofás, divanes, camas. Muy escasamente sobre carricoches para el
caso de los neonatos y bebés. Y muy raramente sobre el suelo para el caso
de niños. Y más escasamente, orientando la cabeza del difunto hacia la
ventana, como si estuviese mirando por ella.

Los catafalcos también fueron muy comunes para ubicar los cuerpos
inertes de los difuntos.

Por el contrario, la utilización de las mesas vestidas fue muy


importante en los casos de niños y niñas ataviados como “angelitos”, con
22
pequeños hábitos y coronitas de flores en la cabeza, rodeados de multitud
de flores frescas, así como de candelabros. El motivo se basaba en la
creencia de que el niño mejor de 7 años bautizado, subía directamente al
cielo convertido en un ángel.

Cuando los cadáveres de niños y niñas eran mayores de 7 años, se


amortajaban vestidos con el traje de comunión.

Entre los adultos, el oficio podía influir en la mortaja, como ocurría


en el caso de militares, clérigos y monjas y bomberos.

Mayoritariamente y por encima del mobiliario, las fotografías


funerarias de neonatos y bebés se realizaban en brazos de padres y
familiares.

Y en cuanto a dificultad de la fotografía, ésta se hacía con difuntos


erguidos, a los cuales se les colocaba un artefacto metálico en la espalda,
que les sujetaba la cadera y el cuello para que el cadáver se mantuviera sin
moverse durante el largo tiempo que tardaba el hacerse la fotografía.

Por el contrario, en Oriente, fundamentalmente, el budismo, heredero


de la religión más primitiva de la Historia, estaba mucho más avanzado en
conocimientos sobre la vida después de la muerte, que en Occidente.

Mientras el cuerpo muerto no tenía valor y era desechado para


alimento de los buitres, el budismo tenía amplios conocimientos sobre la
evolución del cuerpo espiritual, que desde el siglo VIII d. C., fueron
transmitidos por fuentes orales hasta el siglo XIV d. C., en que fueron
escritos por vez primera en el “Libro tibetano de los muertos”, donde se
explica claramente los pasos que debe seguir el espíritu al desencarnar y,
pasar a otros planos astrales superiores, donde se experimentan vidas
diferentes en el campo espiritual, hasta que el espíritu alcanza un nivel tan
elevado de conciencia que sería el “4irvana”, “Patra”, “Moksha”, el
“País de la Luz Dorada”, o el equivalente al “Cielo” para la religión
cristiana católica, donde se experimenta la felicidad completa. El lugar
donde se encuentran las mejores almas. O los “Campos Celestiales”
conocidos por los egipcios.

El más elevado plano astral sería el “Cielo de los Cielos”, un lugar


de progreso donde exclusivamente solo llegan los espíritus bondadosos,

23
que han realizado sacrificios supremos y, que han ayudado
primordialmente a sus congéneres.

Es el lugar al que se accede cuando se finaliza el ciclo de las


reencarnaciones de las religiones orientales, consistente en repetidas
muertes y renacimientos, hasta conseguir el “Samsara”, es decir el ciclo de
nacimiento, existencia, muerte, suspensión y renacimiento una y otras
veces, en un ciclo interminable.

Allí el tiempo no existe. Un lugar de la cuarta dimensión donde se


encuentran espíritus humanos que son compatibles, lo que se conoce como
“almas gemelas”, así como espíritus de animales amigos que se comunican
mediante el pensamiento. Un lugar donde se respetan primordialmente los
derechos de los demás. Un estado de pureza espiritual en el que para
acceder a él se han tenido que eliminar previamente los malos deseos, el
escándalo, el perjurio, la codicia, la lujuria y todo tipo de defectos, como la
libertad grosera, la estupidez, la ignorancia, la concupiscencia de la carne o
la confusión de ideas.

En Villajoyosa (Alicante).

A 25 de junio, 2019.

24
Citas bibliográficas

(1). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)
Queremos dar a conocer esta práctica con un objetivo prioritario:
conseguir que el lector deje de ver las fotografías de difuntos como el
resultado de un acto morboso y macabro, y las vea como lo que realmente
eran: un acto de amor y de afecto (…)”.

(2). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) En el
siglo XIX, la muerte no era un tema tabú, como lo es ahora, sino una
cuestión bastante más visible y cercana. Tengamos en cuenta que la tasa
de mortalidad infantil era muy alta y la esperanza de vida mucho más
corta. Las personas morían y se velaban en casa, rodeadas de sus
familiares y amigos —los tanatorios no existían, el primer tanatorio en
territorio español se inauguró en 1975 en Irache, Pamplona— y, una vez
enterradas nada permitía recordarlas físicamente. Con el paso del tiempo,
el rostro de la persona amada se olvidaba y, justamente por este motivo,
para no olvidar, nació el retrato post mortem (…)”.

(3). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) Es
cierto que el miedo al olvido y la representación de difuntos no es un hecho
exclusivo del siglo XIX, tenemos representaciones mortuorias en escultura
y pintura a lo largo de la historia, pero será en este siglo cuando se
producirán una serie de transformaciones importantes en torno al
concepto de familia, de la valoración de la infancia y del tratamiento de la
muerte, que propiciarán la proliferación de este tipo de representaciones.
También será en el XIX cuando, a consecuencia del cambio en la forma
de afrontar la muerte y los rituales funerarios, las representaciones de
difuntos ocuparán un lugar privilegiado en las habitaciones de los
particulares y dejarán de mostrarse exclusivamente en el interior de
iglesias y cementerios, como ocurría en épocas anteriores (…)”.

25
(4). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2
diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) La
familia real española contribuyó a la difusión de este tipo de
manifestaciones con el encargo de los retratos mortuorios de sus hijos. El
12 de enero de 1850, Isabel II dio a luz a un niño muerto, asfixiado. Ante
este hecho, la familia real dejó de lado el protocolo y mostró abiertamente
sus sentimientos. Encargó a Federico de Madrazo dos retratos del hijo
fallecido. Cuatro años más tarde, moría la infanta María Cristina con sólo
3 días de vida. La reina y su esposo, Francisco de Asís, encargaron una
máscara mortuoria de cera de la niña al escultor José Piquer que, años
más tarde, le sirvió para realizar dos esculturas de la infanta y a Madrazo
para realizar dos retratos (…)”.

(5). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)El
más conocido es el retrato de La señorita del Castillo en su lecho de
muerte, pintado por Mariano Fortuny hacia 1871. Era la hija del
propietario de la fonda de Los Siete Suelos de Granada, donde Fortuny y
su familia se alojaron durante una parte de su estancia en esa ciudad. El
propietario no tenía ningún retrato de su hija en vida y pidió al artista que
realizara un apunte a lápiz de la difunta. El resultado, sin embargo, fue un
óleo de la joven dentro de su féretro (…)”.

(6). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) El
museo conserva una producción importante de retratos mortuorios, como
por ejemplo El niño Josep Maria Brusi en su lecho de muerte, pintado por
Antonio Caba en 1882, La señorita Riquer muerta, realizado por
Alexandre de Riquer Inglada en 1887(…)”.

(7). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) La
reina y su esposo, Francisco de Asís, encargaron una máscara mortuoria

26
de cera de la niña al escultor José Piquer que, años más tarde, le sirvió
para realizar dos esculturas de la infanta (…)”.

(8). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) y las
máscaras mortuorias que elaboró el escultor Jerónimo Suñol del pintor
Mariano Fortuny, entre otros (…)”.

(9). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem – Wikipedia,


la enciclopedia libre.html “(…) La fotografía de difuntos fue una práctica
que nació poco después que la fotografía (un 19 de agosto de 1839) en
París, Francia, que luego se extiende rápidamente hacia otros países. La
práctica consistía en vestir el cadáver de un difunto con sus ropas
personales y participarlo de un último retrato grupal, con sus compañeros,
familiares, amigos, o retratarlo individualmente. La fotografía mortuoria
no era considerada morbosa, debido a la ideología social de la época del
Romanticismo. En dicho período se tenía una visión nostálgica de los
temas medievales y se concebía la muerte con un aire mucho más
sentimental, llegando algunos a verla como un privilegio (…). FUENTES,
Victoria. “Memento mori: la tenebrosa tradición de fotografiar a los
muertos como si aún estuvieran vivos”.www.memento-mori-la-tenebrosa-
tradicion-de-fotografiar-a-los-muertos-como-si-aun-estuviesen-
vivos.html“(…) Un caluroso día de agosto en 1839, nació en París una
práctica asociada al reciente nacimiento de la fotografía: la fotografía
post mortem. Una manera de honrar y recordar a los fallecidos que se
popularizó para mostrar a los muertos como si en realidad no lo
estuvieran. De pie o tumbado, el cadáver, acompañado de su familia o
solo, parecía estar dormido. Si el fotógrafo se aseguraba de que
mantuviera los ojos abiertos, la persona ni si quiera parecía haber pasado
a la otra vida (…)”.

(10). BELL, Bethan. “El inquietante arte de fotografiar a los muertos”.


Biblioteca estatal de Australia del Sur. 5 junio, 2016. www.El inquietante
arte de fotografiar a los muertos – BBC News Mundo.html “(…) La vida
victoriana estaba envuelta por la muerte. Las epidemias de difteria, tifus y
cólera marcaron al país y, a partir de 1861, la enlutada reina Victoria
puso el duelo de moda (…)”.FUENTES, Victoria. “Memento mori: la
tenebrosa tradición de fotografiar a los muertos como si aún estuvieran
27
vivos”.www.memento-mori-la-tenebrosa-tradicion-de-fotografiar-a-los-
muertos-como-si-aun-estuviesen-vivos.html “(…) La época victoriana de
la historia del Reino Unido marcó la cúspide de su Revolución Industrial y
del Imperio británico. Algunos académicos sitúan este periodo entre 1832
y 1901, casi el reinado completo de Victoria I. Las primeras décadas del
reinado de Victoria, recogidas en el denominado Victorianismo temprano
(1837-1851), fueron testigos de varias epidemias, como el tifus y el cólera,
además de producirse serios problemas en la producción y distribución de
alimentos básicos y los consecuentes colapsos económicos. El promedio de
vida de la época era de unos 40 años, la muerte de los adultos provenía de
la tuberculosis, mientras que la de los niños era el sarampión, la viruela y
el hambre. El 15% de los críos moría al nacer. (…)”.

(11). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) El
retrato de un difunto era más caro que un retrato común y representaba un
sacrificio económico para algunas familias (…)”. GUERRA, Diego
Fernando. “Con la muerte en el álbum. La fotografía de difuntos en Buenos
Aires durante la segunda mitad del siglo XIX”. Nº 58. 2010: Las Ciencias
Sociales y la muerte. www.Con la muerte en el álbum. La fotografía de
difuntos en Buenos Aires durante la segunda mitad del siglo XIX.html
“(…) Entre 1840 y las primeras décadas del siglo XX, el retrato
fotográfico de difuntos constituyó la principal manifestación iconográfica
de los ritos fúnebres de la burguesía argentina. Si bien para mediados del
siglo XIX el retrato ocupaba un lugar preponderante en la plástica
rioplatense, el advenimiento de la fotografía no sólo profundizaría su
difusión social, también absorbería, transformándolas, prácticas muy
arraigadas y relacionadas con sus usos funerarios, como la mascarilla
mortuoria, las cabezas yacentes y los retratos al óleo de personas con
aspecto de vida, pero que toman como modelo el cadáver (…)”. Ibídem.
“(…) En las décadas siguientes, la mayoría de los fotógrafos incorporaron
ese servicio como uno más, que se popularizó a medida que la
asequibilidad5 y modernidad de la fotografía la imponían en el gusto de la
burguesía media y alta. El retrato de muertos fue practicado por
precursores como Christiano Junior y Adolfo Alexander, así como por
importantes estudios que trabajaron entre los siglos XIX y XX, como
Witcomb y Vargas, en Buenos Aires, o Fernando Paillet, en Esperanza,

28
provincia de Santa Fe (Bécquer Casaballe & Cuarterolo 1983; Príamo
1990) (…)”.

(12). BELL, Bethan. “El inquietante arte de fotografiar a los muertos”.


Biblioteca estatal de Australia del Sur. 5 junio, 2016. www.El inquietante
arte de fotografiar a los muertos – BBC News Mundo.html “(…) En la
medida en que fue aumentando el número de fotógrafos, el costo de los
daguerrotipos bajó. En la década de 1850 se introdujeron métodos menos
costosos que incluían el uso de metal delgado, vidrio o papel, en lugar de
plata. Retratar a los muertos se volvió entonces cada vez más popular.
Las guarderías victorianas estaban plagadas de sarampión, difteria, fiebre
escarlata, rubeola, enfermedades todas ellas capaces de llevar a la muerte.
Ese era con frecuencia el momento en el que las familias pensaban por
primera vez en hacerse una fotografía con todos los miembros juntos. Era
la última oportunidad de tener un retrato permanente de un hijo querido
(…)”.

(13). PÉREZ DÍAZ, Julio. “Mortalidad infantil y fotografía post mortem”.


Apuntes de demografía. 10 febrero, 2011. www.Mortalidad infantil y
fotografía post mortem _ Apuntes de demografía.html “(…) Ya
previamente la pintura había sido un medio para el recuerdo de los
fallecidos, pero también para el “memento mori”, el constante
recordatorio de nuestro carácter mortal promovido por el cristianismo.
Pero la pintura no estaba al alcance de las clases bajas. Cuando apareció
la fotografía esta costumbre, lógicamente, se popularizó (…)”.

(14). BELL, Bethan. “El inquietante arte de fotografiar a los muertos”.


Biblioteca estatal de Australia del Sur. 5 junio, 2016. www.El inquietante
arte de fotografiar a los muertos – BBC News Mundo.html “(…) A medida
que los sistemas sanitarios mejoraron la esperanza de vida de los niños, se
redujo la demanda de familias interesadas en fotografiar a sus muertos
(…)”.

(15). PÉREZ DÍAZ, Julio. “Mortalidad infantil y fotografía post mortem”.


Apuntes de demografía. 10 febrero, 2011. www.Mortalidad infantil y
fotografía post mortem _ Apuntes de demografía.html “(…) Con el tiempo
este género casi ha desaparecido en los países más ricos, a la vez que se
desarrollaba cierto rechazo a la visión de la muerte. Hoy estas imágenes
nos parecen macabras, una exhibición impúdica de la muerte;
afortunadamente, el fallecimiento de los hijos se ha convertido en buena
parte del mundo en una rareza cada vez más inesperada e infrecuente,
para la que prácticamente no existen ya ni liturgias ni pautas de

29
comportamiento conocidos o aceptados. Pero en la otra parte del mundo la
elevada mortalidad infantil todavía subsiste, y este género fotográfico ha
pervivido y ha desarrollado características propias (pervivió en América
del Sur hasta muy recientemente). 4o hay nada macabro en él, excepto
nuestra mirada desde otro tiempo y cultura. Para los padres y familiares
de estos niños, la foto era una manera de no perderlos del todo, y tenerles
presentes siempre (…)”.

(16). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) En
los Estados Unidos la O4G 4ow I lay me down to sleep organiza desde
2005, sesiones fotográficas gratuitas en las que los padres posan con sus
bebés difuntos. El servicio que realiza ha sido tan bien acogido por parte
de las familias que la O4G ya está presente en más de cuarenta países del
mundo y trabaja con más de 1.700 fotógrafos voluntarios. En Barcelona, la
fotógrafa y psicóloga 4orma Grau ha creado el proyecto StillBirth
dedicado a las familias que han sufrido la pérdida de un hijo. A través de
sus fotografías, Grau las acompaña en su duelo. El gran consuelo que
reciben los padres con las imágenes se evidencia con la larga lista de
espera que tiene la fotógrafa (…)”.GOSALVEZ, Patricia. “Retratos para
la eternidad”. El País. Domingo 6 septiembre, 2009. www.Retratos para la
eternidad_Edición impresa_EL PAÍS.html “(…) En el siglo XXI estos
retratos se están volviendo a tomar en la más improbable de las
localizaciones: las salas de maternidad. Según los psicólogos ayudan a
superar la muerte perinatal, la más tabú, la de los no natos y recién
nacidos. La O4G estadounidense 4ow I lay me down to sleep (ahora me
echo a dormir) trabaja con 7.000 fotógrafos voluntarios en 25 países.
Desde 2005 realizan sesiones gratuitas en las que los padres posan con sus
bebés muertos. Es la puesta al día de la tradición victoriana: encuadres
poéticos, filtros suaves y la magia del Photoshop consiguen que los niños
parezcan dormidos. "Estos retratos pueden parecer morbosos", explica
Sandy Puck, fundadora de la O4G, "pero es que la gente no puede
imaginar lo que significa olvidar el rostro de alguien de quien no guardas
una sola imagen" (…)”.

(17). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) El hecho de fotografiar

30
muertos tiene antecedentes prefotográficos en el Renacimiento, donde la
técnica era el retrato por medio de la pintura en el llamado memento mori,
frase en latín que significa "recuerda que eres mortal". En la historia del
arte era utilizado para la representación de los difuntos; otra técnica de la
época medieval donde se concebía que el fin era inevitable y había que
estar preparados. La composición de retratos de muertos, especialmente de
religiosos y niños se generalizó en Europa desde el siglo XVI. Los retratos
de religiosos muertos respondían a la idea de que era una vanidad
retratarse en vida, por eso una vez muertos, se obtenía su imagen. En estos
retratos se destacaba la belleza del difunto y se conservaba para la
posteridad (…)”.

(18). “Cómo fotografiar a un muerto de pie”. Cultura Inquieta Plataforma


de la música y las artes. 4 septiembre, 2016. www.Cómo fotografiar a un
muerto de pie – Cultura Inquieta.html “(…) Era una manera de
mantenerlos “vivos” en la memoria de quienes se quedaban de este lado,
una variante del memento mori (en latín “recuerda que morirás”)
(…)”.SANTAELLA ARCO, Carmen. “Tradiciones del siglo XIX: La
fotografía postmortem”. www.TRADICIONES DEL SIGLO XIX_LA
FOTOGRAFÍA POST-MORTEM – COLUMNAZERO.html “(…)
“Memento mori”, proveniente del latín, tiene su traducción literal al
castellano como “recuerda que morirás” o “recuerda que eres mortal”.
Esta expresión antigua designa “un elemento o representación artística
que sirve para recordar la inexorabilidad de la muerte”. A este concepto
se le asocia la victoriana tradición del siglo XIX de fotografiar a los
cadáveres de los familiares instantes después de su muerte (…)”.

(19). “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20 mayo,


2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html “(…) La fotografía post-mortem (también
denominada memento mori) era una costumbre del siglo XIX (época
victoriana) en la que se tomaba una imagen al cadáver de un fallecido con
sus atuendos personales, y que muchas veces era acompañado por sus
familiares o amigos. La finalidad de estas fotografías era rendir tributo al
difunto, y aunque a día de hoy esta práctica pueda resultar algo macabra,
en aquella época resultaba muy romántica y sentimental, siendo de gran
ayuda en el proceso de luto al capturar una última mirada del ser querido
(…)”.

31
(20). SANTAELLA ARCO, Carmen. “Tradiciones del siglo XIX: La
fotografía postmortem”. www.TRADICIONES DEL SIGLO XIX_LA
FOTOGRAFÍA POST-MORTEM – COLUMNAZERO.html “(…) La
fotografía “post-mortem” es una tradición que data del siglo XIX, tan solo
meses más tarde de la invención de la fotografía. Es, por tanto, uno de los
géneros fotográficos pioneros y más antiguos que, actualmente, se
encuentra prácticamente en desuso. Esta práctica consistía en fotografiar
por última vez el cuerpo del fallecido con la intención de que su alma
siguiera viviendo en las fotos (…)”.

(21). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)
Durante un tiempo, el difunto se podía trasladar al estudio del fotógrafo,
sobre todo si el fallecido era un niño, pero lo más frecuente era que fuera
el fotógrafo quien se trasladara al domicilio. Sin embargo, a principios del
siglo XX, se promulgó una ley que, por razones sanitarias, prohibía
trasladar el cadáver al estudio, fuera cual fuera la edad del difunto (…)”.

(22). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) En el siglo XIX, era una
práctica muy común la fotografía post mortem. En un extracto de "El
4acional", un diario argentino de 1861 fundado por Dalmacio Vélez
Sársfield, se publicaba que el fotógrafo Francisco Rave y su socio José
María Aguilar... "Retratan cadáveres a domicilio, a precios
acomodados...". Este tipo de publicaciones era la forma en que
habitualmente promocionaban sus servicios los fotógrafos en el siglo XIX.
En 1848, Tomas Helsby ofrecía este tipo de retratos al igual que Bartola
Luigi con su socio Aldanondo Antonio, que en 1856 instalaron su estudio
especializándose en retratos post mortem. Daviette, de nacionalidad
francesa, en conjunto con el profesor Furnier ofrecían en Perú entre los
años 1844-46, los servicios de fotografías de difuntos en la cual
recalcaban con avisos en el diario local la posibilidad de inmortalizar al
ser querido. En dichos avisos él mismo se anunciaba como "artista
fotogénico" recién llegado de París, el cual se encargaba de "retratar los
difuntos como cuadros al óleo". Otro fotógrafo importante que se destacó
en este género fue el peruano Rafael Castillo, quien comenzó a trabajar en
el estudio del norteamericano Villroy Richardson, uno de los cinco grandes

32
estudios fotográficos de Lima; posteriormente se le cedió la dirección del
estudio a Ignacio Lecca. Aún con el nuevo dueño, Castillo continuó
dirigiéndolo como operador, mientras utilizaba con solvencia el mismo
equipo y los recursos del norteamericano, aunque le cambió el nombre por
el de "Fotografía 4acional". Este estudio demostró ser el segundo en Lima,
después del de Courret, en equipamiento, sofisticación y comodidades.
Castillo desarrolló nuevas tretas comerciales dirigidas a seducir clientes:
gran variedad de servicios y nuevos productos, aparecieron las tarjetas de
gabinete (mucho más grandes que las de visita), las imperiales, aún más
grandes y las enormes ampliaciones de los negativos en las que las
personas aparecían en tamaño natural. Introdujo también las copias al
carbón y la producción de los barniztipos y la fotografía de fantasía, estas
últimas hechas con accesorios y decorados extravagantes. La estética
abordada en sus imágenes post mortem respondió a retratos frontales, de
pie, en un espacio austero. Generalmente posaban ante su cámara
personajes que no pertenecieron a la clase acomodada limeña.3 (…)”.

(23). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…) El
fotógrafo debía trasladarse con todo su equipo al domicilio del difunto y
resolver los problemas de luz y espacio que allí le esperaban (…)”.

(24). GOSALVEZ, Patricia. “Retratos para la eternidad”. El País.


Domingo 6 septiembre, 2009. www.Retratos para la eternidad_Edición
impresa_EL PAÍS.html “(…) Vestidos de gala, con sus seres u objetos
queridos, los recién finados eran retratados con mimo en el siglo XIX. (…)
La familia ya lo habría vestido con sus mejores galas (…)”.

(25). GOSALVEZ, Patricia. “Retratos para la eternidad”. El País.


Domingo 6 septiembre, 2009. www.Retratos para la eternidad_Edición
impresa_EL PAÍS.html “(…) El artista pondría a los parientes alrededor
del féretro o les haría sacar el cadáver de la caja. "¿Cuál era su sillón
favorito?" (…)”.

(26). GUERRA, Diego Fernando. “Con la muerte en el álbum. La


fotografía de difuntos en Buenos Aires durante la segunda mitad del siglo
XIX”. Nº 58. 2010: Las Ciencias Sociales y la muerte. www.Con la muerte
en el álbum. La fotografía de difuntos en Buenos Aires durante la segunda

33
mitad del siglo XIX.html “(…) 23Lo anterior se articula a su vez con otra
cuestión más –digamos– terrenal, que debe ser revisada: la pregunta por
la rentabilidad económica de los retratos de muertos. André Adolphe-
Eugène Disdéri, por ejemplo, refería en 1855 sus experiencias en ese
rubro, que ejercía “no sin repugnancia” –lo que matiza cualquier lectura
simplista de las tesis de Ariès: en todas las épocas hay rechazo de la
muerte por más románticas que sean–; y su relato de una sesión promedio
resulta francamente desalentador. Las molestias que implicaban
habitualmente esos retratos incluyen desde el traslado de pesados equipos
hasta la casa del muerto –sustrayendo una cámara y uno o más operadores
al trabajo diario, cuando no cerrando el negocio por el día– hasta los
problemas técnicos derivados de las condiciones de luz, variables y casi
siempre peores que las del estudio (…)”.

(27). GUERRA, Diego Fernando. “Con la muerte en el álbum. La


fotografía de difuntos en Buenos Aires durante la segunda mitad del siglo
XIX”. Nº 58. 2010: Las Ciencias Sociales y la muerte. www.Con la muerte
en el álbum. La fotografía de difuntos en Buenos Aires durante la segunda
mitad del siglo XIX.html « (…) 15En la mayor parte de las fotografías se
observa una fuerte continuidad con el estilo de composición, escenografías
y convenciones de pose que suele hallarse en los retratos de personas
vivas. Madres agonizantes rodeadas de sus hijos, solemnes paterfamiliae
acostados en su lecho (Fig. 2), amigos visitando al enfermo; niños, en fin,
en brazos de sus madres (Fig. 3) o durmiendo plácidamente en sus sillitas
o cunas (Fig. 4): la función del retrato como recreador de los vínculos
familiares y de la condición socioeconómica de los individuos persiste tras
el último suspiro (…)”.

(28). “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20 mayo,


2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html “(…) El muerto permanecía en casa o en el
velatorio, y el fotógrafo acudía para mostrarle sus respetos y tomar una
última foto. Estas se guardaban como recuerdo o se enviaban a los
parientes que habían podido realizar un largo viaje para estar en el
funeral (…)”.

(29). GUERRA, Diego Fernando. “Con la muerte en el álbum. La


fotografía de difuntos en Buenos Aires durante la segunda mitad del siglo
XIX”. Nº 58. 2010: Las Ciencias Sociales y la muerte. www.Con la muerte

34
en el álbum. La fotografía de difuntos en Buenos Aires durante la segunda
mitad del siglo XIX.html “(…) A lo que se suman enormes pérdidas de
tiempo: “hemos esperado siete u ocho horas”, dice, a que desaparecieran
“las contracciones de la agonía” (in Dubois 1986: 150) (…)”.

(30). GUERRA, Diego Fernando. “Con la muerte en el álbum. La


fotografía de difuntos en Buenos Aires durante la segunda mitad del siglo
XIX”. Nº 58. 2010: Las Ciencias Sociales y la muerte. www.Con la muerte
en el álbum. La fotografía de difuntos en Buenos Aires durante la segunda
mitad del siglo XIX.html “(…) Josiah Southworth aconsejaba en 1873
cómo evitar que “la boca del muerto expulse líquidos” durante la toma (in
Ruby 1995: 54) (…)”.

(31). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)
Existen diversos relatos de época que hablan de ello. J. F. Vázquez nos
menciona dos que son representativos. El escrito de A. A. Eugène Disdéri
en el año 1855: “Hemos realizado una multitud de retratos post mortem;
pero debemos confesar francamente que no lo hacemos sin
repugnancia”. Y el del fotógrafo francés 4adar: “Si hay un penoso deber
en la fotografía profesional, es la obligada sumisión a estos llamamientos
funerarios” (…)”.

(32). “Cómo fotografiar a un muerto de pie”. Cultura Inquieta Plataforma


de la música y las artes. 4 septiembre, 2016. www.Cómo fotografiar a un
muerto de pie – Cultura Inquieta.html “(…) Con esmero, los familiares del
fallecido vestían y maquillaban al cuerpo para retratarlo como se usaba
retratar a los vivos: en escenarios cuidadosamente arreglados con
muebles, flores u otros objetos; en ocasiones puestos en pie, posando para
la fotografía, rodeados del resto de la familia (…)”.

(33). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)
Además, a pesar de que era la familia la que lavaba y vestía al difunto, era
el fotógrafo el encargado de maquillarlo y prepararlo para ser
fotografiado, y ello, en muchos casos, era una tarea compleja y
desagradable, sobre todo cuando el encargo era fotografiar al difunto

35
como si estuviera vivo. Existen diversos relatos de época que hablan de
ello. J. F. Vázquez nos menciona dos que son representativos (…)”.

(34). GOSALVEZ, Patricia. “Retratos para la eternidad”. El País.


Domingo 6 septiembre, 2009. www.Retratos para la eternidad_Edición
impresa_EL PAÍS.html “(…) Si querían que pareciese vivo, le abrirían los
ojos con una cucharilla (…)”.

(35). FUENTES, Victoria. “Memento mori: la tenebrosa tradición de


fotografiar a los muertos como si aún estuvieran vivos”.www.memento-
mori-la-tenebrosa-tradicion-de-fotografiar-a-los-muertos-como-si-aun-
estuviesen-vivos.html “(…) Otras veces se les retrataba de pie, en escenas
naturales junto a otros miembros de la familia, o con los ojos abiertos que
eran pintados para aportar realismo (…)”.

(36). GOSALVEZ, Patricia. “Retratos para la eternidad”. El País.


Domingo 6 septiembre, 2009. www.Retratos para la eternidad_Edición
impresa_EL PAÍS.html “(…) Las pestañas excesivamente rizadas y las
manos crispadas delatan que no está dormida (…)”.

(37). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) Los retratos mortuorios
privados podían encuadrarse en tres posibles categorías según la manera
en que se retrataba al sujeto: Simulando vida: en un intento por simular la
vida del difunto se los fotografiaba con los ojos abiertos y posando como si
se tratara de una fotografía común, por lo general junto con sus familiares.
4o es difícil notar cual es la persona sin vida ya que -entre otras
diferencias-, al no tener movimiento alguno sale muy nítida en la imagen y
no así sus familiares. Las tomas se solían retocar a mano usando coloretes
o pintando los ojos sobre los párpados cerrados (…)”.

(38). GOSALVEZ, Patricia. “Retratos para la eternidad”. El País.


Domingo 6 septiembre, 2009. www.Retratos para la eternidad_Edición
impresa_EL PAÍS.html “(…) Dibujarían los ojos abiertos sobre los
párpados, sonrosarían las mejillas (…)”.

(39). SANTAELLA ARCO, Carmen. “Tradiciones del siglo XIX: La


fotografía postmortem”. www.TRADICIONES DEL SIGLO XIX_LA
FOTOGRAFÍA POST-MORTEM – COLUMNAZERO.html “(…)
Aunque existían diversos métodos para dicha elaboración, los más

36
comunes eran: pintar los párpados del difunto para que apareciera con los
“ojos abiertos” (…)”.

(40). “Cómo fotografiar a un muerto de pie”. Cultura Inquieta Plataforma


de la música y las artes. 4 septiembre, 2016. www.Cómo fotografiar a un
muerto de pie – Cultura Inquieta.html “(…) Solamente una cultura —en
una época específica— podría haber creado un artefacto especial para
sostener de pie a un muerto, hacerlo parecer vivo y fotografiarlo: la
Inglaterra del siglo XIX. (…) Para poder mantener en pie los cadáveres
utilizaban estructuras metálicas que sostenían a los cuerpos; estas
estructuras se escondían bajo la ropa del difunto o bien se camuflaban
para parecer muebles o cortinas. Como la taxidermia, este curioso atril
humano era un intento por conservar algo que irreversiblemente se había
ido, un muy especializado objeto que, por unos segundos, traía la vida de
vuelta al cuerpo inerte y le sacaba de encima la muerte, lo desmortalizaba.
Fue, en pocas palabras, una estructura que permitió a los familiares y al
fotógrafo jugar a Dios por el lapso de exposición de la antigua cámara
(…)”.

(41). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) Algunos retratos póstumos se
caracterizan por los variados artilugios de los que se servían los fotógrafos
para embellecer la imagen y despojarla de la crudeza de la muerte,
intentando algún tipo de arreglo para mejorar la estética del retrato. En
algunos casos se maquillaba al difunto o se coloreaba luego la copia a
mano. Los difuntos, por otra parte, eran sujetos ideales para el retrato
fotográfico, por los largos tiempos de exposición que requerían las
técnicas del siglo XIX. En la toma de daguerrotipo la exposición seguía
siendo tan larga que se construían soportes disimulados para sostener la
cabeza y el resto de los miembros de la persona que posaba evitando así
que ésta se moviera. Las fotografías de difuntos los muestran "cenando" en
la misma mesa con sus familiares vivos, o bebés difuntos en sus carritos
junto a sus padres, en su regazo, o con sus juguetes; abuelos fallecidos con
sus trajes elegantes sostenidos por su bastón. A veces, agregaban
elementos icónicos -como por ejemplo una rosa con el tallo corto dada
vuelta hacia abajo, para señalar la muerte de una persona joven, relojes
de mano que mostraban la hora de la muerte, etc. (…)”.

37
(42). “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20 mayo,
2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html “(…) En esta foto vemos un ejemplo, al ver a la
chica fallecida del medio sosteniéndose gracias a una base, mientras sus
padres vivos posan los lados. La base sostenía la cadera y cuello, mientras
que la ropa iba desabrochada por detrás. La postura de los brazos y
manos se conseguía introduciendo cables rígidos como guías, mientras que
para los ojos se pintaban las pupilas en los párpados (…)”.

(43). GOSALVEZ, Patricia. “Retratos para la eternidad”. El País.


Domingo 6 septiembre, 2009. www.Retratos para la eternidad_Edición
impresa_EL PAÍS.html “(…) le sujetarían la cabeza colocando un tenedor
entre la barbilla y el esternón o le atarían las manos para que pareciese
que rezaba. El marido pasaría un brazo sobre los hombros de su difunta, la
madre acunaría al hijo sin vida. Vivos y muertos posarían juntos hasta que
la imagen quedase grabada en la placa (…)”.

(44). SANTAELLA ARCO, Carmen. “Tradiciones del siglo XIX: La


fotografía postmortem”. www.TRADICIONES DEL SIGLO XIX_LA
FOTOGRAFÍA POST-MORTEM – COLUMNAZERO.html “(…)
realizar mecanismos para mantenerlos de pie (…)”.

(45). FUENTES, Victoria. “Memento mori: la tenebrosa tradición de


fotografiar a los muertos como si aún estuvieran vivos”.www.memento-
mori-la-tenebrosa-tradicion-de-fotografiar-a-los-muertos-como-si-aun-
estuviesen-vivos.html “(…) Como la muerte era algo habitual en esta
época, se documentaba para poder recordarla mediante distintas técnicas.
Una de ellas era que los padres sujetaran los cuerpos de los niños inertes
para aportar naturalidad al retrato y evitar que saliera borrosa, pero ellos
se escondían tras una cortina o una silla para no ser retratados (…)”.

(46). SANTAELLA ARCO, Carmen. “Tradiciones del siglo XIX: La


fotografía postmortem”. www.TRADICIONES DEL SIGLO XIX_LA
FOTOGRAFÍA POST-MORTEM – COLUMNAZERO.html “(…)
También las había en las que ellos solos posaban como si estuviesen
profundamente dormidos (…)”. Ibídem. “(…) simular el sueño (…)”.

(47). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)
38
Muerte en su cama sin disimular el estado del retratado. Esta tipología es
la más frecuente a finales del siglo XIX y principios del XX y, a diferencia
de las dos anteriores, significaría una clara aceptación de la muerte. En
muchos de estos casos, se ponían flores acompañando al difunto, como
podemos ver en este retrato del hijo del fotógrafo Rafael Areñas Tona y
Margarita Quintana, que murió a los pocos días de nacer (…)”.

(48). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)
Hacia finales de siglo, la cama será sustituida, en muchos casos, por el
ataúd como vemos en la fotografía del escritor Víctor Balaguer en 1901,
que se conserva en el archivo del museo (…)”.“Fotografía post mortem”.
www.Fotografía post mortem – Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…)
La fotografía mortuoria que se aplicaba principalmente a los niños, era un
recuerdo muy valioso, que constaba el ascenso al cielo y proporcionaba el
consuelo necesario para seguir en la vida. El valor ya no solo es el que
tuvo para la familia. Para Louis Vincent Thomas, las figuras del primer
tipo como las fotografías conservan el recuerdo del desaparecido, regulan
la pena y se convierten ocasionalmente, en un objeto de culto. Se trataba
del último adiós en imágenes, tomadas por lo general dentro de la casa del
niño muerto o fuera de ella, también las tomaban en el cementerio justo
antes del entierro o, en ocasiones, en un estudio del fotógrafo. También
hubo un tiempo en que se retrató a los difuntos mayores, principalmente en
Michoacán, se retrataba al muerto en el patio de su casa o en el panteón, a
lado de sus familiares, pero a diferencia de las fotografías en que se trata
de simular vida, en este tipo de fotografía el muerto reposaba en su caja
pero parada de tal forma que parecía que el muerto estaba también de pie,
dentro de ella, pero ese tipo de fotografía tuvo una vida muy corta y su uso
no se extendió (…)”.

(49). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) Los retratos mortuorios
privados podían encuadrarse en tres posibles categorías según la manera
en que se retrataba al sujeto: Sin simular nada: se les fotografiaba en su
lecho de muerte, o incluso en el féretro. En este tipo de tomas se
agregaban flores como elemento ornamental, que no existían en el resto

39
de las fotografías post mortem. Ese tipo de fotografías también se les
tomaban a los niños (sobre todo en el caso de México) (…)”.

(50). “Imágenes de muerte. Representaciones fotográficas de la muerte


ritualizada”. Exposición temporal. 20 diciembre, 2017 al 17 junio, 2018.
www.Imágenes de muerte. Representaciones fotográficas de la muerte
ritualizada_MUVAET.html “(…) Inauguración 20/12. 20:00h. En la época
en que nace la fotografía, el 1839, la sociedad occidental mantenía un
diálogo estrechado con todo aquello relacionado con la muerte. Sin
embargo, y cómo se puede ver en esta exposición, la tradición del retrato
de difuntos fue una práctica que se vinculó con el rito funerario de forma
casi natural y espontánea, buscando de conservar la última imagen de un
ser querido. Así pues, esta tradición se prolonga hasta nuestros días. Esta
exposición muestra la evolución tipológica y cronológica de esta práctica
presentando piezas del territorio valenciano, de la costa mediterránea,
junto con algunos ejemplos europeos y americanos que permiten dar, por
un lado, una visión de las particularidades de este tipo de retratos en la
región, pero también las similitudes que encontramos en este género
retratístico sea cual sea su lugar de procedencia. Porque al final la muerte
está en todas partes y la inquietud del ser humano frente a ella ha sido
presente desde el momento en qué este ha sido consciente que toda vida
llega a su fin, estableciendo así según las épocas el culto a la memoria.
Esta exposición con más de 80 fotografías originales y una última imagen
datada el 2017 pretende demostrar la manera en que esta práctica se
inserta en una etapa más del rito funerario que se ha ido adaptando a las
diferentes épocas pero que continúa vigente hasta nuestros días.

La exposición contará con imágenes procedentes de coleccionistas


de fotografía como José Huguet Chanzá, Javier Sánchez Portas, Julio José
García Mena y Virginia de la Cruz Lichet.

Esta exposición cuenta con un catálogo que podéis consultar en la


Biblioteca del Museu Valencià d'Etnologia, con la referencia BET4O
9003. Si queréis comprarlo podéis hacerlo en la tienda del Museu o a
través de la venta en línea. Además, en el Etnobloc encontraréis una
reseña de la publicación. Fechas: 20 de diciembre de 2017 / 17 de junio
de 2018. Sala II (…)”.
(51). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2
diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)
40
Simulando dormir. Esta era la tipología más suave y la más elegida para
fotografiar niños y bebés que normalmente los fotógrafos situaban sobre
un sofá o en brazos de uno de los padres. Fue el tipo de representación
predominante entre los años sesenta y ochenta del siglo XIX y de la que
nos ha llegado más producción (…)”.

(52). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) Los retratos mortuorios
privados podían encuadrarse en tres posibles categorías según la manera
en que se retrataba al sujeto: Simulando estar dormido: por lo general se
realizaba con los niños. Se les toma como si estuvieran descansando, y en
un dulce sueño del cual se supone que despertarían. En algunos casos los
padres los sostenían como acunándolos para aportar naturalidad a la
toma (…)”.

(53). CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2


diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html “(…)
Como si estuviera vivo, con los ojos abiertos y acompañado de sus
familiares. En esta primera tipología, predominante entre la década de los
cuarenta y cincuenta del siglo XIX, el muerto se acostumbraba a situar en
el centro de la composición, rodeado de sus familiares o amigos. Estas
serían las fotografías más complicadas para el fotógrafo que tenía que
mantener el cadáver de pie o sentado, con la ayuda de unos utensilios
específicos, y con los ojos abiertos o que pareciera que así los tenía,
pintándolos sobre los párpados en la fotografía. El retoque a mano de la
copia les ayudaba, en algunos casos, a conseguir la apariencia deseada
(…)”.

(54). SANTAELLA ARCO, Carmen. “Tradiciones del siglo XIX: La


fotografía postmortem”. www.TRADICIONES DEL SIGLO XIX_LA
FOTOGRAFÍA POST-MORTEM – COLUMNAZERO.html “(…) Los
familiares vestían a los difuntos con sus mejores galas y les hacían posar
simulando escenas cotidianas rodeados de familiares (…)”.

(55). FUENTES, Victoria. “Memento mori: la tenebrosa tradición de


fotografiar a los muertos como si aún estuvieran vivos”.www.memento-
mori-la-tenebrosa-tradicion-de-fotografiar-a-los-muertos-como-si-aun-
estuviesen-vivos.html “(…) En otras ocasiones los retratos se efectuaban

41
con el fallecido tumbado y con los ojos cerrados, quizá junto a otros
miembros de su familia también muertos. Como estos, recopilados en su
mayoría por The Thanatos Archive (…)”.

(56). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) En la religión católica de
América los niños que morían sin pecado original por haber sido
bautizados y sin ningún otro pecado en vida, iban directamente al cielo
para convertirse en Angelitos, en cambio, los que no habían sido
bautizados eran enterrados con los ojos abiertos para que pudiesen ver la
gloria del señor, y se dice que iban al Limbo, tal como lo describe Dante
Alighieri en La Divina Comedia. Desde el siglo XVIII, la Iglesia se
preocupó por los desafortunados niños que al morir sus madres
permanecían atrapados en sus vientres, sin posibilidad de recibir el
bautismo y por tanto confinados a vivir atrapados también en el Limbo.
Fray Joseph Manuel Rodríguez5 se preocupó mucho por la situación y
escribió "La caridad del sacerdote para con los niños encerrados en el
vientre de sus madres difuntas". Impulsado por el hecho de que lograr un
nacimiento normal, sin muerte del bebé o de la madre, era en sí mismo un
verdadero triunfo, Fray Joseph encontró en la operación cesárea un medio
para evitar que los pequeños seres no natos, corrieran la suerte de quedar
enterrados vivos junto con sus madres sin la posibilidad de lograr la vida
gloriosa por no haber recibido el sacramento del bautismo. El fotógrafo
mexicano más famoso en este tipo de fotografía fue Juan de Dios Machain
(…)”.

(57). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) El ritual de los niños muertos o
“angelitos” en México, comenzaba con la preparación de la mesa
regularmente de madera o “altar”. El valor del altar es grande ya que se
refiere al lugar central en donde se llevará a cabo el ritual: todo lugar
sagrado, todo lugar que manifestaba una inserción de lo sagrado en el
espacio profano, se consideraba también como un “centro”. Estos
espacios sagrados también podían construirse.6 El altar era cubierto con
una sábana o mantel blanco, ahí se colocaba al pequeño niño con la ropa
con que había muerto o una sabanita, si moría antes o inmediatamente
después de nacer. El altar no siempre era una mesa, podía ser también una
cama, igualmente preparada con sábanas blancas. Después se pasaba al
hermoso cadáver, el pequeño cuerpo era colocado sobre el altar y se le
ponía bajo la cabeza una almohadita o paño blanco, se buscaba a los

42
padrinos de bautismo que eran los encargados de amortajarlo, ya que “el
amortajamiento constituye una parte fundamental del ritual”. El vestido
podía ser muy variado, sino se trataba de su propio ropón (vestuario
blanco con el que comúnmente se bautiza a los niños) se mandaba a hacer
un vestido especial para la ocasión. Si se trataba de una niña podía ser de
Virgen, si era el caso de un niño podía ir de Sagrado Corazón o Santo, uno
de los más utilizados era el vestido de San José. Se les medían los piecitos
para hacer sus huarachitos de cartón, papel y listón dorado o simplemente
de palma, también se adornaban los vestidos con flores o estrellas de
papel. En ocasiones encontramos que sobre la mesa era colocado el
pequeño ataúd blanco para elevar el altar o simplemente era colocado
atrás o a un lado del cuerpo, o bajo el altar pero siempre visible,
predominaba la costumbre de colocar el cuerpo sobre la mesa recostado o
sentado. El de los “angelitos” era el único caso en el que se permitía
decorar el ataúd con tafetán doble de colores. Inmediatamente venía la
colocación de flores y hierbas odoríferas, comúnmente las flores eran
llevadas por los vecinos, familiares y acompañantes, se llevaban ramos en
floreros, macetas y coronas o cruces de variadas flores. La importancia de
las flores, dice Gutierre Aceves, es porque “la muerte florida da acceso al
paraíso.” Un altar lleno de flores evoca el Paraíso o Edén, un lugar
florido donde reinan la paz y el amor y que es el lugar al que aspira el
alma después de la muerte. Una vez enriquecido el altar y cubierto el
“angelito” de flores, se le colocaba entre sus manitas entrelazadas una
palma de azahar o una vara de nardos y azucenas o una rosa, si era
necesario se ataban las manitas. Con ellos se trataba de reflejar su pureza
e inocencia, además de rememorar la asunción de la Virgen, en la que
según la creencia católica ella, la Virgen, pidió ex profeso, fuera llevado
su cuerpo a su tumba y que el apóstol que encabezara el cortejo fúnebre
portara en la mano la palma, como símbolo de su pureza. En el altar no
podían faltar las velas para alumbrar el camino de la pequeña alma y
como significación de luz en el camino. Otro momento de suma
importancia en el ritual era la coronación, los padrinos eran también los
encargados de hacerlo; al “angelito” se le colocaba una corona de
azahares, flores, palma o florecitas o estrellitas de papel, como símbolo de
su virginidad. Si se trataba de una corona de azahares comúnmente era
hecha por la madrina o mandada a hacer de los azahares de su ramo de
novia, el de la mamá del “angelito” o de algún familiar. “Las
significaciones de la palma eran pureza y virginidad, la corona signo de
glorificación de la virgen, las rosas rojas semejan a los mártires y las
azucenas a los ejércitos de ángeles” [cita requerida]. Al momento de la
coronación, se lanzan cohetes que la anunciaban. En algunos casos se
colocaba también un velo, que podía haber pertenecido a una novia. En el
velorio de “angelitos” generalmente los ritos y las ceremonias expresaban

43
alegría por la convicción de que sus almas van directamente al cielo, se
trataba de un día de fiesta en el que la familia había sido elegida para
tener un “angelito” en el cielo, los niños que asistían debían poner
también alegría al momento y se hacían hasta juegos. Durante la velada,
se repartía a los deudos o asistentes, café con canela, solo o con alcohol,
pan y tamales entre otros alimentos, los familiares llevaban veladoras,
azúcar, café o pan para ayudar a la familia, pero son los padrinos quienes
“cumplen una función extra-religiosa importante al asumir otros gastos
derivados del funeral”[cita requerida]. Durante la noche se entonaban cantos
de despedida, en el velorio de “angelitos” no se rezaba ni se requerían
servicios de la Iglesia, ya que su alma no necesitaba ser rescatada ya que
estaban libres de pecado. Así los padres que perdían un hijo
experimentaban de igual manera el dolor normal por la pérdida, tanto
como la alegría de saber que el niño viviría para la eternidad. Al día
siguiente, el “angelito” era llevado al cementerio en su cajita blanca
cubierta de flores, entre un cortejo que adquiría una tonalidad celestial, en
medio de música, cohetes y alegría, la cruz de la procesión no tenía asta:
así se representa la brevedad del paso a la otra vida. “Al llegar el cortejo
al panteón o campo santo se hacía una pausa en la capilla, para de ahí
encaminarse al lugar donde sería sepultado el niño.” Durante el entierro
del “angelito”, el sacerdote usaba vestiduras blancas, a diferencia del
adulto cuando las llevaba negras. A los niños, en lugar de doble, se les
hacía repique de campanas: “por su inocencia, para ellos se decía una
misa llamada de los angelitos antes del oficio de sepultura”, “El réquiem a
eternam era sustituido por el gloria patri. Se cantaba la Antifonía Jueves,
se leía un salmo, se cantaba un Benedícite Dominum, luego el cántico de
los Tres niños y el Oremus [cita requerida].” Eran canciones de despedida y los
rezos eran especiales. En el panteón, los sepulcros de “angelitos” eran
separados de los adultos. La tumba se cubría con las flores y coronas que
habían servido para decorar el altar y una vez enterrado el niño, el cortejo
se regresaba a la casa de los deudos, para compartir una comida en señal
de agradecimiento por haber acompañado al “angelito”, ello sin dejar a
un lado la alegría, “no se abandonó la costumbre de la comida,
especialmente en el campo, dónde se ha mantenido la costumbre de comer
y beber a la vuelta de los entierros; pero con el pretexto de que se deben
conservar las fuerzas[cita requerida]”. Las familias de los “angelitos” tenían el
consuelo de tener un aliado en el cielo y cada año se celebraban los
rituales recordatorios. El día primero de noviembre, día de los angelitos es
uno de ellos. Otro era conservar las imágenes de dicho suceso, se hacía de
diversas formas, como los dibujos, las pinturas a partir del siglo XVIII y la
fotografía una vez que se generalizó a finales del siglo XIX y principios del
XX.7 (…)”.

44
(58). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –
Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) La práctica de retratar
“angelitos” comenzó a desaparecer en distintos momentos de la segunda
mitad del siglo XX. Es muy probable que el desvanecimiento de dicha
práctica se deba a los sacerdotes -cuya influencia en la sociedad era
decisiva: recordemos que se trataba de una práctica realizada por
católicos. Otros “agentes modernizadores” como maestros, médicos y
autoridades sanitarias, tuvieron mucho que ver. Todos ellos, con sus
marcos reglamentarios y normativos, escritos o no.8 (…)”.

(59). BRINGAS CRAMER, Sara. “La muerte niña: El rito de


fotografiar cadáveres infantiles en el siglo XIX”. www.La muerte niña_el
rito de fotografiar cadáveres infantiles en el siglo XIX_Relatos e Historia
en México.html “(…)Con la irrupción de la fotografía en México, en el
mismo año de 1839, la práctica de retratar difuntos también llegó a ser
muy socorrida y se popularizó mediante la llamada “muerte niña”, todo un
fenómeno cultural, un ritual en el que los niños recién fallecidos eran
considerados angelitos y, por lo tanto, eran festejados, no llorados. La
“muerte niña” no era motivo de pesar, sino de celebrar un nacimiento
festivo hacia otra vida.

En dicho tipo de instantáneas se representa a los niños de tres


formas: como angelitos, como si aún estuvieran vivos o aparentando que
llegan al cielo. Esta costumbre se arraigó principalmente entre los sectores
medios y bajos de pequeños pueblos y tenía como fin conservar un
recuerdo de los pequeños y celebrar su partida al cielo como “angelitos”,
libres de culpas y pecados.

De esta forma, los fotógrafos que hacían ese tipo de tomas


adquirieron una importante participación en la vida familiar de quienes
habían perdido un niño. En el siglo XX en México, destacaron en los
retratos post mortem: Juan de Dios Machain, en Ameca, Jalisco,
quien tomaba a los “angelitos” en su casa o en su estudio usando distintos
fondos, y reunió un acervo de más de cien retratos de esta naturaleza; José
Antonio Bustamante Martínez, en Zacatecas y la ciudad de México; Rutilo
Patiño y Romualdo García (uno de sus máximos exponentes), en
Guanajuato; además de A. Martínez y los hermanos Casasola, en el
Distrito Federal.

45
A pesar de su estilizado arte, estos retratos son duras imágenes
cargadas de tristeza que muestran el pesar de los familiares, el cual
contrasta con la representación del pequeño sin vida. Los cadáveres
infantiles yacen en el regazo de su padre, madre o padrino, aunque
también podían ser fotografiados con sus hermanos y abuelos. Por lo
general posan acostados sobre un altar que solía ir cubierto con una
sábana blanca y se les rodeaba de flores como rosas o nubes. Captar de
esta forma a los infantes muertos respondía a una elemental función
social: preservar el recuerdo de un ser querido, en una mezcla de dolor,
placer y nostalgia. Sin duda este tipo de imágenes ayudaban a mitigar la
pena y en muchas ocasiones se convirtieron en motivo de culto.

Ritual que sigue vivo

Del siglo XX, existen imágenes de este tipo que datan de las décadas
de los cincuenta, sesenta y setenta; por ejemplo, en la comunidad de
Colotlán, Jalisco. y hoy, en pleno siglo XXI, según informes del Instituto
4acional de Antropología e Historia, aún se sigue practicando esta
costumbre en algunas comunidades rurales, como en los municipios de
Cosío, en Aguascalientes, y Pinos, en Zacatecas. Además, de que se ha
registrado la toma de este tipo de retratos en las salas de maternidad de
hospitales cuando algún pequeño fallece, ya que, según psicólogos, ello
ayuda a procesar el duelo, e incluso se toman fotografías gratuitas en las
que los padres posan con sus bebés ya muertos (…)”. Ibídem. “(…) Esta
publicación es un fragmento del artículo “Angelitos” de la autora Sara
Bringas Cramer y se publicó íntegramente en Relatos e Historias en
México, núm. 69. Si desea adquirir un ejemplar dé clic en la siguiente
liga: http://raices.com.mx/tienda/revistas-intriga-y-discordia-entre-los
insur... Siglo XIXSiglo XXCultura popularHistoria de la vida
cotidianaFotografíaRHM 69MuertosMuerteDía de
MuertosOfrendasAltaresDía de los Santos InocentesDía de los Santos
Difuntos (…)”.

(60). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) Los militares, los sacerdotes o
las monjas eran, por ejemplo, usualmente retratados con sus uniformes o
vestimentas características. La edad del pariente que acompañaba al
difunto era el hito temporal que permitía ubicarlo en la historia familiar.
Los deudos que posaban junto al muerto lo hacían de manera solemne, sin
demostración de dolor en su rostro (…)”.

(61). “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem –


Wikipedia, la enciclopedia libre.html “(…) La impresión de fotografías en
46
diarios y revistas no fue posible hasta 1890, año en que aparece la técnica
del medio tono. Antes de esa fecha las fotografías eran utilizadas como
base para grabados, litografías y dibujos. 4ingún grabado podía
reproducir un hecho noticioso con la fidelidad y exactitud de una
fotografía, por lo que la comercialización de imágenes documentales en
serie encontró un lugar en el mercado periodístico local. Con este
propósito la compañía Bate toma la foto del Coronel Palleja, héroe de la
Guerra de la Triple Alianza. Con el estallido de la Guerra del Paraguay, el
fotógrafo Thomas Bate envió fotógrafos de su estudio a la zona de conflicto
para vender luego esas imágenes en serie. En agosto de 1866 los
corresponsales de la compañía envían la primera serie de imágenes del
conflicto entre las que se encuentra una que documenta el traslado del
Coronel Palleja, muerto durante la batalla de El Boquerón. Esta fotografía
de Palleja se convertirá en la primera imagen mortuoria con repercusión
periodística en la historia de la fotografía rioplatense. En abril de 1870
muere asesinado el General Justo José de Urquiza, herido de bala en la
boca y acuchillado cinco veces en el pecho. El caso tuvo una amplia
repercusión en los medios locales y pronto la noticia se extendió por las
principales capitales del país. La Justicia intervino y se convocaron a dos
fotógrafos, Augusto Manuel y Guillermo Aráoz Ormaechea, por entonces a
cargo del estudio fotográfico Bernardo Victorica, para que registraran la
imagen del cadáver. En la fotografía, el General aparece con su torso
desnudo y en el pueden verse las cinco cuchilladas que le provocaron la
muerte (…)”.

(62). RAMPA, T. Lobsang. “La décimotercera candela”.


www.La_Decimotercera_Candela.pdf Página 37. Capítulo II.
Acompañamiento de un lama tibetano al moribundo en el momento de
la muerte y después de la misma. “(…) Y ahora estaba allí, jadeando,
con el rostro pálido por la falta de oxígeno. Yacía exhalando sus últimos
suspiros, luchando por conservar un vestigio de lucidez, porque su fe y las
creencias tradicionales decían que su tránsito al otro mundo lo haría
mejor con la guía de algún lama experimentado.

Miró hacia arriba y cierto dejo de satisfacción —cierta expresión


fugaz— cruzó por su pálido semblante al notar que ya el lama estaba allí.
Este se inclinó al lado del moribundo y colocó las manos sobre sus sienes
mientras le decía palabras de consuelo. Detrás de él, el joven acólito
extrajo prestamente los sahumadores y tomó un poco de incienso /

47
(Página 38) de un paquete. Luego, sacando mecha, pedernal y eslabón de
un bolsillo, prendió fuego y sopló hasta producir llama, de modo que
pudiera encender el incienso en el momento oportuno.
Aunque más sencillo, no aceptaba el irreverente sistema de acercar
el incienso a la ya goteante lámpara de sebo, cosa que habría significado
desconsideración hacia el incienso, falta de respeto por el ritual. El
incienso debía encenderlo a la manera tradicional, porque él, ese jovencito
inquieto, tenía la gran ambición de llegar a ser lama.
El lama, sentado en la posición del loto al lado del moribundo que
yacía en el suelo, hizo un movimiento de cabeza al acólito, el cual de
inmediato encendió la primera ramita de incienso de manera que la
llama tocara sólo la punta de esa primera vara, y después, cuando se
puso roja, la sopló y dejó que ahumara.
El lama movió ligeramente las manos para colocarlas en diferente
posición sobre la cabeza de aquel hombre, y dijo:
— ¡Oh, Espíritu que estás por abandonar ésta, tu envoltura corporal:
encendemos la primera vara de incienso para poder llamar tu atención,
para poder guiarte, para que puedas seguir la senda mejor entre los
peligros que tu desprevenida imaginación te coloque delante!
En el rostro del moribundo asomó una extraordinaria paz. Estaba
bañado en sudor, con una tenue capa de humedad; el sudor de la muerte
próxima.
El lama le tomó firmemente la cabeza e hizo una leve indicación a su
acólito. Este volvió a inclinarse y encendió la segunda rama de incienso;
luego sopló hasta extinguir la llama y la dejó que echara humo.
— ¡Oh, Espíritu pronto a partir hacia la Gran Realidad, hacia la
Verdadera Vida posterior a ésta, el momento de tu liberación ha llegado!
¡Prepárate a / (Página 39) mantener tu atención firmemente puesta en mí,
aun en el momento de dejar este tu presente cuerpo, porque es mucho
cuanto debo decirte! ¡Escucha!
El lama volvió a inclinarse y le puso sus dedos entrecruzados sobre
la coronilla. La respiración estertorosa del moribundo resonó más fuerte y
bronca. Su pecho se dilató y volvió a contraerse, y de pronto exhaló un
suspiro corto, profundo, casi como si tosiera, y su cuerpo se arqueó hacia
arriba hasta apoyarse solamente en la nuca y los talones. Durante un
momento que pareció interminable permaneció así, hecho un arco rígido
de carne y hueso. Luego, repentinamente, el cuerpo se sacudió, se sacudió
hacia arriba hasta quedar a una pulgada, o quizás a dos, del suelo.
Después se desplomó, se aflojó como un saco de trigo semivacío que
alguien hubiese arrojado a un lado sin miramientos. El último hálito
desesperado brotó de sus pulmones y luego el cuerpo se crispó y quedó
rígido, pero desde su interior llegó el gorgoteo de los líquidos, el rumor de
los órganos y el del aflojamiento de las articulaciones.

48
El lama hizo un nuevo movimiento de cabeza al acólito, y éste prendió
inmediatamente fuego a la tercera rama de incienso y la hizo humear sin
llama en el tercer incensario (…)”.RAMPA, T. Lobsang. “Una luz en la
oscuridad”. www.Una_Luz_en_la_Oscuridad.pdf Página 186. Capítulo X.
“(…) Otro anciano estaba muriendo. Yacía en su cama en la habitación
oscurecida y observaba con una vista que disminuía rápidamente el fulgor
de la luz allá arriba donde las cortinas no oscurecían por completo la luz
del sol. Un rayo de luz atravesó la habitación y originó una mancha sobre
la sucia pintura.
El anciano se movía impaciente, casi irreflexivamente. 4o
experimentaba dolores. Pero una sensación de frío se deslizaba hacia
arriba desde sus pies a sus rodillas, y más arriba.
Tristemente se preguntaba cuándo los ángeles se reunirían en torno
de él. Había creído fervorosamente en su religión durante toda su vida.
Creía en los ángeles, creía que a su muerte iría a las Puertas de Perlas,
creía...
La luz se debilitó como si una nube hubiera pasado frente al sol,
pero simultáneamente apareció una luz mayor. El anciano sentía ahora el
frío, un frío helado, que avanzaba hasta sus caderas, hasta su cintura.
Lenta-mente, lentamente, llegó a su corazón.
Como el estallido de un sol, la luz envolvió a la habitación. El miró a
su alrededor con ojos que se enceguecían rápidamente. En torno de él
había sombras de figuras, figuras con alas. Hubo un murmullo de voces,
no comprensibles para él todavía, porque parecía estar mirando a través
de un brumoso velo de gasa.
El frío trepó hacia él y golpeó su corazón. Con una última ojeada
convulsiva el anciano comenzó finalmente a morir mientras su corazón se
detenía y sus pulmones / (Página 187) cesaban de pulsar. El proceso se
aceleraba cada vez más por-que después del cese de la respiración faltaba
que se agotara el oxígeno del cerebro. El cuerpo físico se estremeció con
las últimas reacciones nerviosas, se estremeció sin que el anciano
percibiera estos estremecimientos y sin que sintiera ningún dolor. Se
encontraba ahora más allá del dolor, más allá de sentir su cuerpo.
Los ojos ciegos, ahora ojos muertos, no tuvieron ya movimiento. Dentro de
su cuerpo sólo quedaba el susurro de los líquidos semejantes al rumor del
viento. Hubo aún un crepitar al aflojarse las articulaciones, al relajarse
los músculos del tenso apretón de la vida.
Lentamente una masa blancoazulada emergió del cuerpo muerto
hasta coalescer en una forma intangible por encima de la cabeza.
Comenzó a hacerse más visible, más firme, adquiriendo la forma de un ser
desnudo, de un hombre viejo, viejísimo, destruido por el sufrimiento. Pero
al coalescer y afirmarse, la forma se hizo más grácil, más joven, más
serena.

49
Gradualmente el cordón que lo unía —el Cordón de Plata— se
afinó, se puso tenso y por fin se partió. La nueva forma astral conformada
vaciló por un momento y luego, poco a poco, con una leve sacudida se
puso en movimiento dirigiéndose con rapidez cada vez mayor hacia un
plano desconocido (…)”.

(63). LÁZARO, Cristina. “La conciencia en el umbral del tránsito:


Experiencias cercanas a la muerte”. Tesis Doctoral dirigida por Luís
Álvarez Munárriz. Facultad de Filosofía. Universidad de Murcia. 2016.
www.Tesis Crisitna Lázaro 2016.pdf “(…) 5. ¿Cuándo se produce la
separación del cuerpo y la Conciencia y cuándo la unión entre ambas?

Según las enseñanzas del cuerpo, cuando creamos este cuerpo sin
elementos, incluimos en él también dichos elementos y cuando morimos
estos elementos se disuelven los unos a los otros. Por tanto, la esencia se
apaga y la muerte de la conciencia se vuelve inconsciente. Luego, ésta se
va del cuerpo. Esto depende mucho de cada individuo. Mucha gente
aguanta mucho tiempo, otra bastante menos Mientras la conciencia se
mantenga en el cuerpo éste no va a cambiar. Se mantiene inconsciente,
pero está vivo, porque la conciencia sigue en él. Por ello, no va a cambiar
de color, no se va a pudrir. Sin embargo, en el momento en el que la
conciencia se vaya, entonces el cuerpo empezará a deteriorarse (…)”.
(64). RAMPA, T. Lobsang. “La décimotercera candela”.
www.La_Decimotercera_Candela.pdf Página 38. Capítulo II.
Acompañamiento de un lama tibetano al moribundo en el momento de
la muerte y después de la misma. “(…) — ¡Oh, Espíritu pronto a partir
hacia la Gran Realidad, hacia la Verdadera Vida posterior a ésta, el
momento de tu liberación ha llegado! ¡Prepárate a / (Página 39)
mantener tu atención firmemente puesta en mí, aun en el momento de dejar
este tu presente cuerpo, porque es mucho cuanto debo decirte! ¡Escucha!
(…)”.
(65). RAMPA, T. Lobsang. “La décimotercera candela”.
www.La_Decimotercera_Candela.pdf Página 40. Capítulo II.
Acompañamiento de un lama tibetano al moribundo en el momento de
la muerte y después de la misma. “(…) En lugar de los colores del arco
iris y aun muchos más, sólo había un remolino azul grisáceo que se
oscurecía cada vez más. Empero, al fluir del cuerpo, el azul grisáceo se
elevaba aproximadamente sesenta centímetros sobre el cadáver. Había
allí una gran actividad, un intenso bullir, y parecía como si una multitud
de luciérnagas se lanzasen en derredor, luciérnagas que hubiesen sido
adiestradas como soldados y que estuvieran tratando de ocupar
posiciones prefijadas. Las diminutas partículas luminosas se movían, se

50
arremolinaban y se entrecruzaban, hasta que al cabo, ante los ojos del
lama, ante su tercer ojo, apareció una réplica del cadáver, pero bajo el
aspecto de un hombre vivo, de un joven. Todavía era sutil y flotaba
desnuda a más o menos sesenta centímetros sobre el cuerpo. Luego, subió
y bajó levemente, quizá dos o tres pulgadas en cada movimiento. Volvió a
subir y bajar, retomó su posición y bajó y subió otra vez, y paulatinamente
los detalles se fueron tornando más claros, el tenue cuerpo fue
formándose y adquiriendo mayor sustancia.
El lama se sentó y aguardó a que la luz azul grisácea del cuerpo
yacente se tornara más oscura, pero / (Página 41) entretanto la luz
multicolor del cuerpo situado más arriba volvióse más fuerte, más
sustancial, más vívida. Al fin, tras una súbita ondulación y una sacudida,
el cuerpo "fantasma" se enderezó con la cabeza hacia arriba y los pies
hacia abajo. Desapareció la ligera unión entre la carne yacente y el
espíritu vivo, y éste quedó ya formado y libre de su ex envoltura corporal.
Inmediatamente, el cuartucho se llenó del olor de la muerte, el olor
extraño, penetrante, del cuerpo que comienza a descomponerse, un olor
desagradable que penetraba por la nariz y la colmaba hasta la altura de
los ojos (…)”.
(66). RAMPA, T. Lobsang. “La décimotercera candela”.
www.La_Decimotercera_Candela.pdf Página 42. Capítulo II.
Acompañamiento de un lama tibetano al moribundo en el momento de
la muerte y después de la misma. “(…) El cuerpo yacía inerte en el
suelo. En ese momento, de él llegó el gorgoteo de los humores que /
(Página 42) dejaban de fluir y que ya encontraban sus niveles. También
se percibieron el rumor y los quejidos de los órganos que iban dejando de
vivir, porque el cuerpo no muere inmediatamente, sino por etapas,
órgano por órgano. Primero sobreviene la muerte de los centros
superiores del cerebro, y después, en ordenada sucesión, la de los demás
órganos, que, privados del control cerebral, dejan de funcionar, dejan de
elaborar las secreciones o de producir las sustancias necesarias para la
supervivencia de ese complejo mecanismo al cual denominamos cuerpo.
A medida que la energía vital se retira, va dejando los confines del
cuerpo y reuniéndose en el exterior, formando una masa amorfa
exactamente sobre él. Allí se queda suspendida por la atracción
magnética en tanto queda aún un resto de vida, mientras todavía hay
algún fluir de partículas vitales que van dejando su anterior envoltura.
Paulatinamente, a medida que los órganos se van desprendiendo unos
tras otros de la energía vital, la forma sutil que flota sobre la envoltura
carnal va adquiriendo cada vez un mayor parecido a ésta. Al cabo,
cuando ya el parecido es total, la atracción magnética cesa, y el "cuerpo
espiritual" flota en libertad, listo para su próxima travesía.

51
Ahora, el espíritu estaba completo y unido tan sólo por un hilo
sumamente débil al cuerpo inerte. Flotaba, confundido y asustado. 4acer
a la vida en la tierra es una experiencia traumática. Significa morir para
otra forma de existencia. Morir en la tierra significa que el cuerpo
espiritual nace de nuevo en otro mundo, en el mundo espiritual, o en uno
de ellos. En esos instantes, la forma dudaba, flotaba más arriba y
descendía; flotaba y aguardaba las instrucciones telepáticas del lama,
cuya vida estaba dedicada por entero a auxiliar a los que dejaban la tierra
(…)”.

(67). RAMPA, T. Lobsang. “La décimotercera candela”.


www.La_Decimotercera_Candela.pdf Página 45. Capítulo II.
Acompañamiento de un lama tibetano al moribundo en el momento de
la muerte y después de la misma. “(…) El espíritu se inclinó y onduló,
luego, el lama continuó:
—Habla con tu pensamiento. Yo captaré esos pensamientos si te
recuperas del estupor del choque. Piensa que puedes hablarme (…)”.

(68). RAMPA, T. Lobsang. “La décimotercera candela”.


www.La_Decimotercera_Candela.pdf Página 46. Capítulo II.
Acompañamiento de un lama tibetano al moribundo en el momento de
la muerte y después de la misma. “(…) Tú, Espíritu, temes que los
demonios te cerquen. Sin embargo, los demonios no existen, salvo
aquellos que ha creado tu fantasía y que se desvanecerán como una
bocanada de humo al viento cuando comprendas la verdad. En torno a ti
hay sombras insustanciales y carentes de sentido que sólo reflejan tus
aterrorizados pensamientos como una tranquila fuente podría reflejar tus
facciones si te asomaras a ella.
Son sombras engañosas, apenas criaturas de un momento, como son
las reflexiones del hombre alcoholizado. 4o temas; nada hay que pueda
dañarte.
El espíritu gimió de terror y dijo, telepáticamente:
Sin embargo, veo demonios; veo monstruos que parlotean, que
alargan sus garras hacia mí. Quieren devorarme. Veo los rasgos de
aquellos a quienes en vida he agraviado y que ahora vienen a pagarme con
la misma moneda.
El lama elevó sus manos para bendecir.
— ¡Escúchame, oh Espíritu! —dijo—. Mira atentamente al peor de tus
supuestos agresores. Míralo severamente y haz un esfuerzo mental para
que se aleje. Imagínalo esfumándose en una nubecilla de humo y así se

52
desvanecerá, porque sólo existe en tu afiebrada imaginación. Piénsalo ya.
¡Te lo ordeno! (…)”.

(69). RAMPA, T. Lobsang. “La décimotercera candela”.


www.La_Decimotercera_Candela.pdf Página 47. Capítulo II.
Acompañamiento de un lama tibetano al moribundo en el momento de
la muerte y después de la misma. “(…) 4ada hay de temer, salvo el
temor —dijo el lama—. Si nada temes, nada puede vulnerarte. Ahora te
hablaré de lo que viene a continuación; luego deberás emprender la
prolongada etapa de tu travesía hacia la Luz.
El espíritu resplandecía ahora con nuevos colores; veíase que
había tomado confianza y que el temor había desaparecido. Así, pues,
aguardaba enterarse de lo que aún debía afrontar (…)”.

(70). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página 46.


Capítulo III. Después del tiempo. La experiencia de la muerte. “(…) De
repente se produjo el terremoto más violento, o así lo pensó Molygruber, y
halló que todo se movía en su derredor. El mundo le pareció compuesto de
puntos, como un polvo enceguecedor, al igual que un ciclón que da vueltas
y vueltas en remolino. Luego sintió como si alguien lo hubiera puesto en
una exprimidora o en una máquina de hacer embutidos. La sensación era
demasiado terrible como para emitir palabra.

Todo se puso oscuro. -Las paredes de la habitación o "algo" pareció


cerrarse, rodeándolo y dándole la impresión de que se hallaba
enclaustrado en un conducto de goma pegajoso y viscoso mientras trataba
de arrastrarse por él para hallar su camino y liberarse.
Todo se volvió más oscuro, más negro. Le pareció como si estuviera
en un tubo largo, largo, dentro de una oscuridad total. Pero entonces, a la
distancia, en lo que indudablemente era el extremo del tubo vio una luz,
¿era una luz? Era algo rojo, algo que se tornaba anaranjado brillante,
como la vestimenta protectora fluorescente que él usaba para limpiar la
calle. De modo frenético, luchando por avanzar cada pulgada de camino
se esforzó por alcanzar la terminación del conducto. Se detuvo un
momento para respirar y se encontró con que no lo hacía.
Aguzó el oído y trató de escuchar y escuchar, y aunque no pudo oír
los latidos de su corazón, percibió un ruido extraño que se producía
afuera, algo así como el soplo raudo de un viento poderoso. Entonces,
mientras permanecía sin movimientos que respondieran a su propia
voluntad, creyó ser empujado hacia arriba en el tubo para llegar
gradualmente a la parte superior. Durante algún tiempo estuvo allí
detenido, sostenido en el extremo del tubo, hasta que se produjo un

53
violento "chasquido" y fue expulsado como un guisante desde una
cerbatana.
Permaneció dando vueltas hacia los lados de un extremo a otro y no
halló nada, ni luz roja ni tampoco anaranjada. 4i siquiera había
oscuridad. Todo era: ¡4ADA!
Totalmente amedrentado y sintiéndose en un estado / (Página 47)
muy particular, extendió los brazos, pero nada se movió.
Era como si no tuviera brazos. Otra vez lo apresó el pánico e intentó
dar puntapiés moviendo violentamente las piernas, tratando de tocar algo.
Pero nuevamente no había nada, absolutamente nada. 4o podía sentir las
piernas.
Hizo un supremo esfuerzo para hacer que sus manos tocaran alguna
parte de su cuerpo, pero ya a esta altura de los acontecimientos podía
decir que no tenía manos, que no tenía brazos y no podía sentir su cuerpo.
Solamente "era", y eso era todo. Un fragmento de algo que había oído
hacía mucho volvió a su conciencia. Fue algo referente a un espíritu
incorpóreo, a un fantasma sin forma, sin volumen, sin ser, pero que existía
de algún modo en alguna parte. Le pareció ejecutar movimientos violentos,
aunque al mismo tiempo parecía no moverse de manera alguna.
Experimentó extrañas presiones; luego, de pronto se sintió
sumergido en alquitrán, alquitrán caliente.
Hacía mucho tiempo, casi más allá. (…) / (Página 48) Estaba solo
en la nada. 4ada había para ver, nada para oír, nada para oler, nada para
tocar, y aunque hubiera habido algo para tocar no hubiera podido hacerlo
porque él no tenía nada con qué tocar (…)”. Página 56. Capítulo III.
Después del tiempo. La experiencia de estar muerto y ver lo que está
sucediendo. “(…) Molygruber se desplazó y, moviéndose por el aire,
observó la ciudad que conocía tan bien. Parecía uno de esos globos que a
veces vuelan sobre Calgary llevando en sí la propaganda de una firma de
automóviles. Flotaba sin saber aparentemente hacia dónde se dirigía.
Primero le pareció emerger del techo de la funeraria. Miró hacia abajo y
observó qué grises y desprovistas de atractivos eran las calles y las casas;
cómo necesitaban un remozamiento de pintura, "una buena mano" de
pintura, como él decía. Siguió recorriendo ciudad abajo y experimentó un
dolor muy fuerte cuando vio en los lugares familiares para él a un extraño,
un extraño que usaba su casco plástico, empujaba su carretilla y,
probablemente lucía lo que había sido su saco de seguridad rojo
fluorescente.
Miró cómo el hombre empujaba la escoba lánguidamente sobre las
alcantarillas y cómo de cuando en cuando alcanzaba los dos tablones que
debía sostener en sus manos para levantar la basura y depositarla en la
carretilla.

54
Esta, parecía también bastante deslucida; no estaba esmeradamente
cuidada como él lo hacía, pensó. Siguió su vuelo siempre mirando hacia
abajo con ojo crítico, condenatorio, juzgando el desorden y la suciedad de
la vía pública. Miró el sitio para un nuevo edificio y pudo ver el suelo que
estaba siendo excavado, y el polvo levantado y trasportado a través de la
ciudad por las fuertes brisas que soplaban (…)”. Página 60. Capítulo IV.
La experiencia de estar muerto y ver lo que está sucediendo. “(…) Por
encima de todo, Molygruber se desplazaba en su forma astral, no visto, no
oído, pero viendo y oyendo todo. Estaba consternado al ver la manera
cómo era tratado su cuerpo, pero algún extraño poder lo mantenía allí y
no podía moverse ni desviarse del lugar (…)”. Página 63. Capítulo IV. La
experiencia de estar muerto y ver lo que está sucediendo. “(…) El pobre
Molygruber parecía conectado con su cuerpo / (Página 64) por cordones
invisibles. Cuando la caja era empujada hacia afuera, Molygruber en su
forma astral era arrastrado al mismo tiempo y no podía decir nada. En
cambio, se mantenía alrededor de diez pies sobre su cuerpo; así se halló
atravesando invisiblemente paredes, pisos y Cielorrasos. Al final, fue
empujado dentro del coche fúnebre y éste desplazado hacia afuera
(…Página 65. Capítulo IV. La experiencia de estar muerto y ver lo que
está sucediendo. “(…) Molygruber flotaba por encima de todo,
impotente, impotente para moverse, mirando hacia abajo y pensando:
"De modo que esto es el fin de la vida ¿eh? Y ahora ¿qué? ¿A dónde voy
desde aquí? Siempre he creído que nada había después de la muerte, pero
estoy muerto y allí está mi cuerpo y aquí estoy yo. Pero ¿qué soy yo y
dónde estoy? ". Entonces pareció que se producía un sonoro ruido como
el de una música de instrumentos de cuerda, como el sonido que hace el
viento cuando atraviesa las tensas líneas telefónicas sobre colinas
elevadas, y Molygruber se halló desplazándose a toda velocidad en la
nada. 4ada había delante de él; nada, detrás; nada a sus lados; ni al
frente; ni a la espalda; corría arrastrado por la nada.
¡Silencio! Sólo silencio, ningún sonido. Se esmeró en escuchar algo
muy cuidadosamente, pero no había sonido de un latido de corazón.
Contuvo su respiración —o pensó que lo estaba haciendo— y tuvo que
admitir que su corazón no latía y que sus pulmones no trabajaban.
Por la fuerza de la costumbre extendió las manos para sentir su pecho; y
tuvo la definida impresión que había / (Página 66) extendido sus manos,
una impresión muy cabal de que nada funcionaba, que no había nada...
nada.
El silencio se volvía opresivo. Se desplazaba incómodamente. ¿En
realidad se movía? Ya no estaba seguro de nada. Trató de mover una
pierna. Intentó hacer girar un dedo del pie, pero no... nada. 4o
experimentaba sentimiento, movimiento, no había sensación alguna. Se
puso de espaldas —o pensó que lo había hecho— y trató de apaciguarse y

55
de ordenar sus pensamientos. ¿Cómo se puede pensar en medio de la nada,
cuando se tiene la impresión de que no se es nada y de que ni siquiera se
existe? Pero se ha de existir, es lo que él pensó, porque si no estuviera
existiendo... bueno... no podría pensar.
Pensó en la caja que fue bajada a la tierra dura, dura, la tierra seca
por la gran sequía de esos días, sin lluvia, sin una nube en el cielo.
Pensaba, seguía pensando.
Y mientras pensaba tuvo una repentina sensación de movimiento.
Miró, diría, "hacia un costado" y con asombro halló que estaba sobre su
tumba, pero ¿cómo podía ser eso cuando hacía un segundo —¿un
segundo? ¿qué era el tiempo y cómo podía medirse allí...? Por costumbre
miró su muñeca, pero no había reloj. Tampoco había brazo, no había
nada. Cuando miró hacia abajo, sólo vio la tumba. Percibió con
considerable sorpresa, y temor que sobre ella había crecido un pasto alto.
¿Cuánto tarda el pasto en crecer? Era evidente que había sido enterrado
hacía un mes. La hierba no podía haber crecido tan rápidamente, no podía
haberse desarrollado en menos de un mes o seis semanas. Entonces halló
que su visión se deslizaba por debajo de la hierba, por debajo de la tierra,
y vio gusanos que proliferaban y se movían y, vio pequeños insectos que se
amontonaban alrededor. Su vista penetró aún más, llegó hasta la madera
de la caja y vio el deterioro y la putrefacción de lo que contenía. De modo
instantáneo retrocedió y dio un salto con un grito de terror silencioso, o
ésa fue la sensación que experimentó.
Se encontró temblando, sacudido en cada miembro, pero luego
recordó que no tenía extremidades y que no tenía cuerpo que pudiera decir
que sentía. Miró a su / (Página 67) derredor y nada pudo ver; no había
luz ni oscuridad sólo un vacío, el vacío de una vacuidad tan completa que
ni la luz podía existir. La sensación era terrible, chocante.
Pero ¿cómo podía tener una sensación si no tenía cuerpo? Yacía
allí, o existiría allí, tratando de resolver qué era (…)”. Página 70.
Capítulo IV. La experiencia de estar muerto y ver lo que está
sucediendo. “(…) Molygruber simplemente ERA. Co había sensación de
tiempo y escasamente sensación de existencia. Simplemente ERA. Su
mente se hacía sentir mediante pensamientos inconexos que penetraban
cruzando la pantalla de su visión mental (…)”. Página 73. Capítulo IV. La
experiencia de estar muerto y ver lo que está sucediendo. “(…) Sacó la
conclusión de que así debía ser porque él había visto su cuerpo muerto, y
lleno de estremecimiento y dolor —si cabía— había visto su cuerpo en
proceso de deterioro, con los huesos mostrándose por entre la carne en
descomposición (…)”. Página 73. Capítulo IV. La experiencia de estar
muerto y ver lo que está sucediendo. La experiencia de la luz al aceptar
que hay una vida tras la muerte. “(…) Sí, se dijo, sin voz, ha de haber
algo en la vida después de la muerte; él había estado equivocado durante

56
todos esos años. Podía ser que la amargura generada durante los primeros
años de su vida por las privaciones e injusticias vividas hubiera
distorsionado sus valores. Sí, tendría que haber algún tipo de vida porque
él aún estaba vivo, o suponía que lo estaba y, si no lo estaba ¿cómo podía
pensar esas cosas? Sí, ha de haber una suerte de vida.
A medida que lo pensaba sintió que ocurría algo sumamente
particular. Le pareció que lo estaban pinchando, pinchando lo que podría
haber sido el contorno de un cuerpo. Sintió que tenía brazos y manos,
piernas y pies y, al doblarse un poquito, pudo sentirlos. Y entonces —
¡bendito sea Dios! — la luz se intensificó. En la nada, en la más completa
vacuidad en la cual había estado existiendo, la luz empezaba a penetrar;
era de un tinte rosado, muy desvaído al principio, pero cada vez más
fuerte. Y entonces, repentinamente, y tanto que casi se marea, se inclinó y
le pareció que estaba cayendo, cayendo sobre sus pies. Después de un rato
se asentó sobre algo viscoso, algo pegajoso, y sobre él pudo ver una negra
niebla entremezclada con rayos de luz rosada. Trató de moverse y halló
que, aunque el movimiento no estaba totalmente impedido, le resultaba
difícil, difícil.
Parecía hallarse dentro de algún material aglutinante que lo
retardaba, que demoraba su movimiento, y allí estuvo torpemente tratando
de levantar primero un pie y luego el otro. Pensó para sí que era como
aquellos monstruos / (Página 74) horripilantes que a veces ilustran las
portadas de los llamativos libros de ciencia ficción.
Gritó lo más fuerte que pudo: " ¡Oh, Dios, si es que hay un Dios,
ayúdame!". Co bien estas palabras fueron pronunciadas se produjo un
cambio de circunstancias. El elemento pegajoso desapareció, el material
que lo rodeaba se fue disipando, y pudo débilmente discernir figuras que se
movían. Era una sensación sumamente extraña.
Parecía como si estuviera en una bolsa de plástico de un tinte
ahumado. Estaba allí, tratando de descubrir algo a través del plástico
brumoso, sin llegar a ningún lado.
Se mantuvo con las manos sobre los ojos haciendo de pantalla,
intentando divisar cualquier cosa que hubiera para ver. Tuvo la impresión,
más que la visión, de gente que extendía los brazos tratando de
alcanzarlo, pero sin poder hacerlo. Parecía existir alguna barrera, alguna
pared invisible.
¡Oh, Señor, pensó, si sólo pudiera hacer desaparecer este color que
no sé cuál es, si sólo pudiera echar abajo esta pared, o papel, o plástico o
lo que sea! 4o puedo ver a esas personas, quizás estén tratando de
ayudarme, o quizás estén tratando de matarme, pero ¿cómo podrían hacer
eso si ya estoy muerto? ¿O no estoy muerto? Se estremeció nuevamente
cuando un pensamiento repentino cruzó por su mente: "¿Estoy en el
hospital? —se dijo— ¿Tengo pesadillas después de haber visto a ese

57
sacerdote? Puede ser que esté vivo, en la Tierra y todo esto sea una
espantosa pesadilla. ¡Me gustaría saberlo!".
Como si llegara desde una gran distancia, débilmente, muy
débilmente, oyó una voz tan poco clara que tuvo que esforzarse mucho
para escuchar lo que decía: "Crea, crea. Crea en la vida del más allá.
Crea, solamente crea y nosotros podremos liberarlo. Rece a Dios. Aquí
hay un Dios. 4o importa cómo usted lo llame, no importa qué religión
tiene; cada religión tiene un Dios. Crea. Pida ayuda a su propio Dios.
Estamos esperando, esperando". Molygruber se mantuvo quieto. Sus pies
cesaron su incesante pataleo tratando de romper el velo que lo rodeaba. Se
mantuvo quieto. (…) / (Página 75)
Volvió a sus días de infancia, pensó en la Biblia y luego pidió a Dios
que lo iluminara: " ¡Oh, Dios Todopoderoso, cualquiera sea la forma que
tengas, ayúdame, estoy detenido, estoy perdido, tengo mi ser, pero no
tengo existencia! ¡Ayúdame y permite que otros me ayuden! ". Con eso y
con un corazón creyente experimentó un violento choque y, como si
hubiera tocado dos cables pelados en un poste de luz eléctrica, se
tambaleó durante un momento mientras se deshacía el velo que lo
atrapaba (…)”. Página 77. Capítulo V. La creencia en Dios da paso a la
luz. “(…) El velo se desgarró; los negros alrededores en que se hallaba
sumido Molygruber se separaron en dos en una división desigual,
mellada, frente a él, deslumbrándolo.
Con desesperación levantó las manos poniéndolas sobre los ojos,
agradeciendo que nuevamente tuviera manos. La luz era vivísima; jamás
había visto antes un resplandor semejante, pensó, pero ¿era así? (…)
Molygruber apretó los párpados manteniéndolos cerrados, presionó
sus manos sobre los ojos y todavía imaginó que podía ver esa luz que, a
pesar de todo, se filtraba. Poco a poco recobró el control y muy cuidadosa
y levemente descubrió sus ojos. Había una intensa claridad; de eso no
cabía duda, puesto que la luz penetraba a través de sus párpados cerrados.
¡Oh, sí! Era todo brillante. Empezó a abrir los ojos y los dejó apenas
entornados para espiar.
¡Dios mío, qué escena maravillosa vio! Toda la oscuridad se había
disipado, se había ido para siempre según él esperaba, y se encontró de
pie, cerca de árboles. Cuando miró hacia abajo contempló una hierba
verde, fresca y lozana como jamás había visto antes. Sobre ella observó
pequeñas cosas blancas con centros amarillos. (…) / (Página 78)
Pero allí había otras cosas además de margaritas. Levantó los ojos y
dirigió la mirada hacia los costados. Dos personas, una de cada lado, le
sonreían o estaban riéndose de su aspecto, porque Molygruber era un
hombre muy pequeño, uno de seres insignificantes, encogidos, arrugados,
con manos de dedos nudosos esos, torcidos, y con todas las características
de haber sufrido el peso del tiempo. Miró a estas dos personas para él

58
desconocidas que le sonreían de un modo muy bondadoso. (…)¡Cáspita!
—se dijo— y aquí estoy parado frente a esta gente sin nada para cubrir mi
desnudez". (…)
Los dos hombres que lo flanqueaban irrumpieron en una
estruendosa carcajada. Uno dijo: "Molygruber, Molygruber, ¿qué te pasa,
muchacho? ¿Tú has nacido vestido? ¿Sí? Si así fuera, serías la única
persona que jamás haya existido. Si deseas ropas, piénsalas". / (Página
79) (…)
El pobre Molygruber no sabía que en ese particular plano de
existencia todos eran telepáticos.
"Presta atención, Molygruber —dijo la mujer—, te sacaremos de
aquí y te daremos instrucciones sobre dónde estás y todo lo demás. Tú has
sido una prueba dolorosa para nosotros; no salías de tu nube negra a
pesar de lo que te decíamos". Molygruber murmuró algo para sí, pero fue
de tal manera que hasta se volvió un susurro trasmitido por telepatía. 4o
obstante, miró a su derredor.
Se hallaba en una especie de parque como jamás podría haber
imaginado en su vida que pudiera existir.
La hierba era de un color tan intensamente verde como nunca la
había visto antes; las flores —había flores en gran abundancia— tenían los
tonos más vivos que nada de lo que pudo haber visto hasta entonces; el sol
brillaba agradablemente cálido y se oía el zumbido de insectos y el gorjeo
de pájaros. Molygruber alzó la vista. El firmamento era azul,
profundamente azul, con nubes blancas como pequeños vellones de lana.
El asombro casi lo hace desmayar; sintió como si sus piernas se aflojaran.
"¡Cáspita! —dijo— ¿Dónde está el sol? ".
Uno de los hombres contestó sonriendo: "Co estás en la tierra,
Molygruber, no estás en parte alguna cercana a la tierra; te encuentras
lejos, a gran distancia, en un tiempo diferente, en un plano de existencia
totalmente distinto. ¡Tienes mucho que aprender, amigo!" (…) / (Página
82)
En el momento en que lo llevaron a una habitación muy
cómodamente amueblada, Molygruber sudaba profusamente, tan mojado
se sentía como si acabara de salir de una pileta de natación y no porque
alguna vez hubiera estado allí. Se dejó caer en una silla con un suspiro de
alivio y empezó a enjugarse la cara con un pañuelo que halló en su
bolsillo. ¡Puf! ¡Puf! —decía—, sáquenme de esto, quiero volver a la tierra;
no puedo soportar un lugar como éste. Maisie reía junto a él, replicando:
"Pero tú tienes que permanecer aquí, Molygruber, ¿recuerdas? Tú eres
ateo, tú no crees en Dios; no tienes religión; no crees en una vida después
de la muerte. Bien, tú estás todavía aquí; entonces ha de haber alguna vida
después de la muerte, ¿verdad?". (…) / (Página 85)

59
Todo lo que tienes que hacer una vez que hayas terminado es
pensar que todo eso está volviendo al depósito de reserva de la
Caturaleza. Es muy simple, te acostumbrarás a ello. Pero no necesitas
comer, ya te lo dije, toda la nutrición que necesitas la obtienes de la
atmósfera" (…)”. Página 88. Capítulo V. La creencia en la nada hace
que tras morir el espíritu se encuentre en la nada. “(…)"Usted no creyó
en la muerte o, mejor dicho, no creyó en la vida después de la muerte. Dejó
su cuerpo y quedó flotando. Pareció que no podía entrar en su terca
cabeza que había dejado un cuerpo en descomposición y, sin embargo,
estaba todavía vivo, y se estaba concentrando en la nada durante todo el
tiempo. De modo que si no podía imaginar algún lado, le era imposible
llegar a alguna parte, ¿no? Si se empecina en que sólo existe la nada,
entonces, para usted hay nada. Usted sólo tiene lo que espera; sólo
obtiene aquello en lo cual cree, lo que usted puede darse cuenta, lo que
puede entender, de modo que tratamos de chocarlo y por eso es que lo
hicimos retroceder hacia la funeraria para que viera unos cuantos
cadáveres arreglados y finamente ataviados, listos para ser exhibidos.
Tratamos de permitirle que se diera cuenta de que usted era sólo un pobre
cuerpo inmóvil que a nadie importaba nada. Y fue por eso que usted fue
enterrado sobre una cubierta de aserrín. Pero todavía aquello no era
suficiente: teníamos que mostrarle su propia tumba, su propio ataúd y
hasta su cuerpo que se estaba descomponiendo. A nosotros no nos gustaba
eso, pero todavía nos llevó mucho más que esto para que usted llegara a
convencerse de que no estaba muerto".
Molygruber permanecía sentado allí como en éxtasis. Estaba
entendiendo y tratando duramente de entender más. El médico continuó:
"La materia no puede ser destruida, sólo puede cambiar de forma; dentro
del cuerpo humano existe un alma viva inmortal, un alma que dura
eternamente. Se ubica en más de un cuerpo porque necesita pasar toda
clase de experiencias. Si tiene que asimilar la experiencia de la lucha,
tomará el cuerpo de un guerrero, y así siempre. Pero cuando el cuerpo
muere, no queda más que un montón de ropas gastadas que se tiran a la
basura. El alma, el cuerpo astral —llámesele como sea— se libera, se
aparta de los despojos, se aleja de esa basura y queda lista para empezar
de nuevo. Pero si / (Página 89) esa alma ha perdido comprensión o nunca
la ha tenido, entonces tenemos que ponernos a la tarea de enseñarle".
(…)
El doctor continuó: "Si una persona no cree en el cielo, o en una
vida posterior, entonces cuando llega al otro lado de la muerte empieza a
vagar; no existe lugar alguno al cual pueda llegar; no existe nadie que lo
reciba porque durante todo el tiempo está totalmente convencido de que no
hay nada y se coloca en la posición del hombre ciego que se dice a sí
mismo que, como no puede ver, las cosas no existen". Miró

60
intencionadamente a su interlocutor para ver si lo seguía, y cuando
comprobó que sí, continuó: "Usted probablemente se pregunte dónde está.
Bien, usted no está en el infierno; acaba de llegar de él. El único infierno
es ese lugar que llaman tierra. Co hay otro infierno; no existen las llamas
del infierno ni la condenación; no hay torturas eternas; no hay diablos con
hierros candentes que vienen y lo punzan y queman en diversas partes
delicadas. Usted va a la tierra a aprender, a hacer experiencia de las
cosas, a ampliar sus experiencias poco desarrolladas, y cuando ya ha
aprendido que bajó a la tierra para aprender, entonces su cuerpo se
separa de usted y usted se eleva a los reinos del astral.
Existen muchos planos diferentes de existencia. Este es el inferior,
el más cercano a la tierra, y usted está aquí, en el más bajo, porque no
tiene conocimiento para ir más arriba, no tiene capacidad para creer. Si
usted fuera ahora a un reino superior, se enceguecería en el lugar a causa
de la intensa radiación de su vibración más elevada".
Pareció un poco malhumorado, ya que notó que Molygruber estaba
irremediablemente perdido. Lo pensó un rato y luego dijo: "Bien, sería
mejor que descansara un momento. 4o quiero exigir tanto a su mente, por
lo / (Página 90) cual haría mejor en descansar y luego seguiré
conversando con usted". Se puso de pie y abrió la puerta diciendo: "Vaya
allí, repose. Lo veré más tarde".
Molygruber ingresó en la habitación, también muy confortable, pero
a medida que atravesaba lo que podría considerarse una marca en el piso
a mitad de camino, todo dejó de ser y Molygruber, aunque él no lo sabía,
quedó profundamente dormido cargando sus "baterías astrales" que
habían sido gravemente agotadas por todas las extrañas experiencias que
habían soportado al prestar atención a cosas que estaban más allá de su
comprensión (…)”. Página 91. Capítulo VI. En la vida después de la
muerte la comida es una ilusión. “(…) Miró en su derredor
maravillándose del hermoso moblaje y del paisaje que podía divisar a
través de la amplia ventana. Entonces lentamente todo volvió a su
conciencia. Se sentía renovado, jamás había experimentado una
sensación de mayor bienestar en su vida. ¿En su vida? Bueno, ¿dónde
estaba ahora? El no creía en la vida después de la muerte pero había
muerto, no cabía duda sobre esto, de modo que debía de haber estado
equivocado y había una vida después de la muerte. (…) / (Página 93)
Por supuesto que ya sabe que no necesita comer en ninguno de estos
mundos, en ninguno de estos planos de existencia; eso es sólo un atavismo,
un hábito inútil traído desde la tierra donde el alimento era necesario.
Aquí tenemos todo nuestro alimento, toda nuestra nutrición, toda nuestra
energía proveniente de los alrededores. Usted pronto descubrirá que está
haciendo lo mismo porque toda esa comida que ha saboreado es
únicamente ilusión. Usted está asimilando energía que se forma

61
simplemente de un modo diferente (…)”. Página 93. Capítulo VI.
Explicación del sentido de la vida tras la muerte. “(…) Molygruber,
reclinado sobre la cama, se dispuso a escuchar lo que el médico tenía que
decirle: "La humanidad es un experimento limitado a un universo
particular, universo del cual la tierra era un componente pequeño, sin
importancia. La humanidad fue simplemente el aspecto temporal de almas
inmortales que tenían que adquirir experiencia en quebrantos y disciplina
por medio de la existencia corpórea, porque tales quebrantos y penas no
existen en lo que se llaman los mundos de los espíritus.
Existen entidades siempre a la espera para nacer en un cuerpo
terreno, pero las cosas tienen que ser cuidadosamente proyectadas. En
primer término, lo que la entidad necesita aprender; luego, qué clase de
condiciones deben prevalecer a lo largo de la vida, de modo que la
entidad / (Página 94) pueda obtener la mayor ventaja de su paso por la
tierra".
El médico miró a Molygruber y preguntó: "Usted no sabe mucho de
esto ¿verdad?". Molygruber devolvió la mirada contestando: "4o, doctor.
Sé que la gente nace y que ése es un proceso desagradable, que se
vive una cantidad de años entre penas y sufrimientos, y después se muere y
que uno es metido en un agujero en la tierra y... eso es todo en cuanto a
esto... bueno, eso es lo que he creído hasta ahora", acotó reflexivamente.
El médico advirtió: "Bien, es muy difícil si usted no tiene ni la menor
idea de lo que sucede, porque me parece que usted piensa que una persona
llega de alguna parte, o que nace un bebé, y vive y muere y eso es todo.
Pero de manera alguna es así; yo le informaré". Y esto es lo que el médico
dijo a Molygruber: "La tierra es sólo un pequeño lugar insignificante
dentro de este Universo y este Universo es un pequeño lugar
insignificante comparado con otros universos, los universos dotados de
vida, llenos de vida de muy diferentes clases, que sirven a muchos
diferentes propósitos. Pero la única cosa que actualmente importa a los
humanos es lo que le sucede a los humanos. Todo es algo así como una
escuela. 4ace un niño, entonces, durante algún tiempo asimila y aprende
de sus padres, recoge los rudimentos de un lenguaje, capta —antes que los
`hippies' y la liberación de las mujeres llegaran a la tierra— alguna
semblanza de maneras y de cultura. Luego, cuando el niño tiene la edad
adecuada empieza a concurrir a un jardín de infantes donde es mantenido
durante las horas escolares mientras la pobre desgraciada maestra trata
desesperadamente de que se porte bien, pacífico y tranquilo, hasta que
finaliza el día de clase. El primer período en la escuela no importa mucho,
al igual que la primera vida en la tierra tampoco tiene mucha importancia.
(…) / (Página 95) no tiene importancia lo que hayan sido los padres de
una persona, la única cosa que importa en la otra vida es LO QUE LA
PERSO4A HA LLEGADO A SER. Usted puede tener un caballero educado

62
con la mejor calidad de sentimientos que en la tierra es nada más que el
hijo de un plomero. Y de otro modo, hay otra persona que podría haber
sido un encargado de museo, que podría haber gozado de todas las
ventajas que otorga una clase social elevada y puede ser peor que un cerdo
en cuanto a sus maneras o a la falta de ellas. Los valores en la tierra están
equivocados, totalmente equivocados, sólo son válidos los valores de
después de la vida.(…)
El doctor continuó:
"Después que uno ha decidido en el mundo astral lo que es
necesario, las circunstancias son investigadas y se seleccionan
apropiados presuntos padres. Entonces, cuando el marido y su mujer han
dispuesto tener un hijo, se prepara la entidad en el astral y "muere" para
el mundo astral y es lanzado al mundo terrenal como bebé. En casi todos
los casos el trauma de nacer es tan grave que olvida todo de su vida
pasada y es por ello que oímos a gente que dice: ' ¡Oh, yo no pedí nacer,
no me culpen por lo que he hecho! '.
Cuando una persona muere en la tierra habrá logrado llegar a
cierta comprensión, puede haber aprendido algo de metafísica, o algún
conocimiento que la ayudará en el otro mundo. En un caso como el suyo,
Molygruber, usted parece estar singularmente huérfano de todo
conocimiento de la vida después de la muerte, por lo menos, así parece.
Si una persona ha vivido sólo unas pocas vidas en el plano terrestre —el
plano tridimensional—, entonces, cuando deja la tierra, o 'muere' como
erróneamente se dice, el cuerpo astral o el alma, o como usted quiera
llamarlo, es recibido en un mundo astral de grado inferior, apropiado
para el conocimiento de la persona que / (Página 97) acaba de llegar.
Usted puede referirse a un muchacho u hombre humano que no sabe que
tiene que concurrir a la escuela nocturna porque no puede elevarse en la
comunidad hasta que haya aprendido lo suficiente como para tomar su
lugar en una alta sociedad. Ocurre exactamente lo mismo en los planos
astrales; hay muchos, muchos mundos astrales, cada uno de ellos
adaptado a un tipo particular de persona. Aquí, en este mundo que se
halla en el astral bajo, de una cuarta dimensión, usted tendrá que aprender
metafísica, tendrá que aprender a pensar de modo que pueda obtener ropa,
alimento y cualquier cosa que necesite. Usted debe ir todavía al Salón de
las Memorias donde podrá observar todo lo que ha hecho en su vida
pasada para que lo juzguen por sí mismo. Y puedo decirle que nadie lo
juzga a uno más severamente que su superyó. El superyó puede ser
comparado al alma.
Brevemente, hay alrededor de nueve 'dimensiones' disponibles en
esta particular esfera de actividad. Cuando una ha llegado finalmente a
encarnarse en el noveno cuerpo o superyó, entonces se está preparado
para elevarse a reinos superiores y aprender cosas más avanzadas. La

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gente, las entidades, están siempre esforzándose para acceder a lo más
alto, como las plantas que se esfuerzan por alcanzar la luz.
Este es un mundo astral inferior en donde usted tendrá mucho que
aprender, tendrá que ir a la escuela y conocer muchos hechos de la vida
sobre la tierra, muchos hechos de la vida en el astral. Una vez
consumado esto, usted decidirá qué tipo de lecciones tiene que aprender.
Cuando todo eso haya sido decidido estará en condiciones de volver
a la tierra, con padres apropiados, y se espera que esta vez tendrá más
oportunidades de elevarse y obtener una mejor posición terrenal, una
mejor condición anímica, es decir, no sólo su clase sobre la tierra. Es de
esperar que en la vida siguiente aprenderá usted mucho de modo que,
cuando abandone su cuerpo terrenal, nuevamente no llegue a nosotros en
esta etapa inferior, sino que se mueva hacia arriba, quizá dos o tres
'planos' sobre éste./ (Página 98)
Cuanto más se eleve en los planos astrales, más interesantes serán
sus experiencias y menor sufrimiento tendrá que soportar, pero usted
deberá aproximarse a cosas como ésas cuidadosa, suave y lentamente.
Por ejemplo, si se lo pusiera repentinamente en un mundo astral dos o tres
etapas superiores a éste, usted sería cegado por la intensidad de las
emanaciones de los Guardianes de ese mundo de modo que, cuanto más
pronto aprenda lo que tiene que saber, con mayor prontitud volverá a la
tierra y se preparará para una etapa superior.
Digamos que un hombre ciertamente muy bueno abandona la tierra,
“la tierra tridimensional de la cual usted acaba de llegar. Si el hombre es
realmente espiritual, podría elevarse dos o tres etapas y entonces no
hallaría un tratamiento tan rudo como el que usted soporta en este plano,
no tendría que imaginar alimento para comer.
Su esencia corporal absorbería de sus alrededores toda la energía
que necesitara. Usted también podría hacerlo, pero no está educado para
esas cosas; no puede entender mucho sobre espiritualidad, como consta
por el hecho de que hasta ahora no creía en la vida después de la muerte.
En este plano, este plano en el cual ahora usted reside, hay mucha,
mucha gente que no creía en la vida después de la muerte, y están aquí
para aprender que es así.
En encarnaciones posteriores usted se esforzará por elevarse cada
vez más, de modo que en cada ocasión en la cual muera en el mundo
terreno y renazca en un mundo astral, usted escalará un plano superior y
pasará cada vez más tiempo entre encarnaciones. Por ejemplo; en su
propio caso, suponga que fuera despedido de su empleo en la tierra.
Bueno, en su trabajo particular existen por lo general abundancia de
vacantes y podría obtener un puesto similar al día siguiente, pero si usted
fuera profesor o algo parecido, por citarle una profesión, tendría que
insistir duramente y esperar mucho para obtener un empleo adecuado. De

64
modo similar, en este plano en el cual se halla ahora alojado, usted podría
ser devuelto a la tierra en un mes o dos, pero cuando se / (Página 99)
asciende a planos superiores hay que esperar más con objeto de
recuperarse de los choques psíquicos sufridos en la tierra" (…)”. Página
99. Capítulo VI. Comunicación con la Tierra una vez muerto. “(…)
Pero, ¿puede uno hablar a la gente de la tierra desde aquí? ". El médico lo
miró durante algunos momentos y contestó: "Si el asunto es considerado
lo suficientemente urgente, sí; bajo ciertas condiciones y circunstancias
una persona de este plano puede tomar contacto con alguien de la tierra.
Página 101. Capítulo VI. El cuerpo de los seres astrales. “(…) Ahora, si
estoy muerto ¿por qué parezco corpóreo? Yo pensaba que tendría que ser
un fantasma. ¿Por qué usted parecer tener cuerpo? Si usted fuera un
fantasma tendría que ser como una espiral de humo".
Esto hizo reír al doctor que dijo: " ¡Oh, en todas las memorias del
tiempo nadie jamás me ha preguntado tal cosa! La respuesta es sumamente
simple: cuando se está en la tierra se es del mismo tipo de material que
todos los demás que nos rodean, por eso usted ve a todos corpóreos, pero
si una persona —yo, por ejemplo— sale del mundo astral y llega a la
tierra sería tan tenue para la gente corpórea de la tierra que ni siquiera
la verían, o verían a través de ella. Pero aquí, usted y yo somos del mismo
material, de la misma densidad de material, de modo que ambos somos
corpóreos, todas las cosas que lo rodean son sólidas. Y tenga bien en
cuenta esto; cuando usted asciende a planos superiores de existencia, sus
vibraciones han de ser cada vez más altas de modo que si una persona de,
digamos, el quinto nivel llegara hasta nosotros, no la veríamos, resultaría
invisible por ser de material más fino" (…)”. Página 101. Capítulo VI.
Santidad. “(…) ¿hay alguna verdad en aquello de que la gente que
realmente es santa tiene un lugar privilegiado en el cielo? ".
El médico rio estruendosamente y contestó: "Querido... querido
¡tanta gente tiene esa alocada idea! 4o, eso es absolutamente falso. La
gente no es juzgada en cuanto a la religión que profesa, sino dentro de la
concepción íntima de su mente. ¿Se hace bien para tratar de hacer el bien,
o lo hacen como una especie de seguro para cuando mueran en la tierra?
Bueno, ésa es una pregunta que uno tendría que ser capaz de contestar.
Cuando la persona fallece, al principio ve y experimenta lo que espera ver
y lo que espera experimentar. Por ejemplo, si un católico ferviente ha sido
educado dentro de un concierto de ángeles, música celestial y de santos
que tocan arpas, entonces eso es lo que verá cuando muera. Pero cuando
se da cuenta de que todo es falso — alucinación— verá la realidad y lo
antes que ello suceda mejor para él" (…)”.RAMPA, T. Lobsang.
“Avivando la llama”. Traducción: Rosa Albert. Buenos Aires (Argentina).
Ediciones Troquel. 1971 (4ª edición: julio). www.avivando_llama.pdf

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Página 70. Capítulo cuarto. “(…) Una dama quiere saber: "La nube que
se mantiene suspendida sobre un cuerpo muerto durante tres días, ¿es el
alma o el cuerpo astral? El alma que abandona el cuerpo, ¿no pasa de
inmediato al Otro Lado?".

Sí, por supuesto. El alma deja el cuerpo con la ruptura del Cordón
de Plata, de la misma manera que un niño se independiza enteramente del
cuerpo de su madre tan pronto como se corta su cordón umbilical. Hasta
que ello sucede, el pequeño se halla en coexistencia física con su madre.
Del mismo modo, hasta que el Cordón de Plata no se rompe, el
cuerpo astral se halla en coexistencia con el cuerpo físico.
La nube que queda suspendida sobre un cuerpo muerto durante
tres días más, o menos no es más que la energía acumulada que se está
disipando. Consideradlo desde otro punto de vista: supongamos que
tenemos una taza de té, recién servido, y, antes de empezar a tomarlo,
debemos hacer otra cosa. El té queda caliente, pero comienza a enfriarse
cada vez más; de la misma manera, en el asunto que nos preocupa, hasta
que el cuerpo haya perdido toda la energía acumulada durante el lapso de
vida, una nube queda suspendida como un manto sobre el cuerpo, y se
dispersa aproximadamente en tres días. Para ilustrarlo de otra manera,
supongamos que tenemos una moneda en el pequeño hueco cálido de
nuestra mano y de improviso la tiramos. La energía impartida en forma de
calor desde la mano no desaparece repentinamente; es necesario algún
tiempo para que la moneda pierda ese calor y recobre la temperatura
normal que la rodea. De la misma manera que el cuerpo astral puede
desprenderse del cuerpo físico, por el principio de la atracción magnética
todavía puede sentir la carga alrededor del cuerpo físico y así, hasta que
toda / (Página 71) ella se haya disipado, se dice que el cuerpo físico y el
astral están conectados (…)”.
(71). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página
169. Capítulo X. “(…) Y así el hermano Arnaldo abandonó su cuerpo.
Tuvo la sensación de que era sostenido, elevándose. Al mirar hacia abajo
con cierta trepidación, halló un cordón azul / (Página 170) plateado que
se extendía desde su actual cuerpo hasta el cadáver pálido que yacía
abajo, en la cama. Cerca de él podía distinguir caras. Con seguridad ésa
era su madre; y allí estaba su padre. Habían llegado desde más allá de las
sombras para ayudarlo, para guiarlo en su viaje.

El camino hacia adelante estaba oscuro. Parecía ser un largo e


interminable túnel, un túnel o quizás un tubo. Se asemejaba al tubo que
los monjes llevan en las procesiones a lo largo de la villa en ciertas
ocasiones, sostenido por una vara larga y que llega hasta las ventanas de

66
modo que la gente pueda dar sus contribuciones echándolas por la boca en
el extremo para que se deslicen hasta la bolsa recolectora abajo.
El hermano Arnaldo se sentía movido lentamente hacia arriba por
ese tubo. Experimentaba sensaciones peculiares. Al dirigir su vista hacia
abajo vio que el cordón de plata se estaba adelgazando y hasta que se
desprendía y ya no estaba, al igual que una cinta elástica que, cortada, se
retrae en sus dos extremos bajo su propia elasticidad.
Por encima de él, según iba atisbando hacia arriba, parecía haber
una luz brillante. Le recordó cuando una vez tuvo que bajar al pozo del
monasterio para ayudar a limpiar los filtros de agua. Al elevar la vista
podía ver el círculo brillante de luz que iluminaba la parte superior del
pozo. Experimentaba una sensación similar a medida que era llevado
hacia arriba, hacia la luz, y se preguntaba ¿y ahora qué?
De pronto, como un personaje de escena que apareciera mediante
un ardid, Arnaldo llegó — ¿dónde? — al otro mundo o a otro plano de
existencia. El no sabía qué era por el momento. La luz se proyectaba tan
intensa que tenía que cubrirse los ojos y sólo después de un rato separó
las manos con precaución, profiriendo un débil: " ¡Dios mío! " ante la
vista que tenía delante. A su lado se oyeron risitas divertidas y, al volverse,
pudo ver al que acostumbraba a ser su padre.- "Bien, Arnaldo —dijo—
ciertamente pareces asombrado. Debería de haber pensado que hubieras
recordado todo, aunque debo decir que esto me llevó bastante tiempo". /
(Página 171)
Arnaldo miró en derredor. "Bueno, ciertamente ESTOY asombrado
—dijo---. Este lugar se parece mucho a la tierra, una versión mucho
mejor, lo admito, pero aparenta ser un mundo de tipo terrestre. Yo pensé
que estaría llegando a no sé exactamente dónde, pero a un tipo de mundo
más abstracto, no éste". Hizo un gesto refiriéndose a los edificios y a los
parques". ¡Esto parece una aterradora posversión de la tierra! " (…)”.
(72). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página
103. Capítulo VII. Ayudantes espirituales = Familiares. “(…) según me
han dicho, cuando uno muere hay ayudantes en el Otro Lado, cualquiera
éste sea, que se acercan y auxilian a la persona que entra el cielo o a otro
lado. Bueno, yo creo haber muerto y estoy seguro de que no vi ayudantes y
tuve que manejármelas solo, exactamente como un bebé que nace
inesperadamente. Entonces, ¿qué es todo eso de ayudantes? ".

El doctor miró a Molygruber y explicó: "Así es, por supuesto que


hay ayudantes para auxiliar a aquéllos que' quieren ser ayudados, pero si
una persona —usted, por ejemplo— no cree en nada, entonces tampoco
cree en ayudantes y ellos no pueden acercarse para cumplir su cometido.
En cambio, usted está encerrado en la niebla densa y oscura de su propia

67
ignorancia, de su propia falta de creencia, y de su carencia de
comprensión. ¡Oh, sí!
Definitivamente hay ayudantes que auxilian si se les permite
hacerlo. Del mismo modo, por lo general los padres o los parientes de
uno que ha muerto se acercan a recibir al recién llegado a los planos
astrales de existencia (…)”.RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”.
www.Tres_Vidas.pdf Página 137. Capítulo VIII. “(…) ¡Madre, madre! —
llamó—, despierta, madre, creo que Hogy está / (Página 138) muriendo,
tenemos que ir al hospital. ¿Estás despierta madre? ". La puerta se abrió y
la anciana madre de Hogy! se asomó diciendo: "Sí, sí, me vestiré
inmediatamente. Haz tú lo mismo".

Hogy levantó la vista sobresaltado. Su madre y su esposa estaban


sentadas al lado de su cama. ¿Eran su madre y su esposa? 4o podía
asegurarlo. ¿Y quiénes eran toda esa otra gente? Algunos estaban
flotando en el aíre sonriéndole benévolamente. Los ojos de Hogy se
abrieron sorprendidos: había visto un ángel volando exactamente por el
lado externo de la ventana. Lucía todo de blanco con largas vestiduras,
mientras sus alas se agitaban al igual que un juguete mecánico, pensó
Hogy. El ángel lo miró, sonriéndole, llamándolo mediante señas. Hogy
experimentó un fuerte, fuerte impulso y quiso seguirlo.
Fue una sensación verdaderamente peculiar. La habitación estaba
cada vez más oscura. Las sombras eran purpúreas, de un púrpura de
terciopelo y pudo ver lo que, bueno... supuso que eran como lunares de
luz y motas de polvo que bailaban en la claridad del sol. Miró a su
derredor. A la derecha estaba su esposa, y su madre a la izquierda; y
¿qué hacía ese hombre vestido de negro?
Parecía que murmuraba algo. ¡Oh, sí! Hogy ahora recordaba.
Estaba recibiendo la extremaunción del sacerdote. Se sintió chocado más
allá de lo que podía creerse porque halló, para su gran consternación,
que podía leer los pensamientos del sacerdote, y que estaba pensando que,
si hacía una buena representación, la señora Mac-Ogwascher haría una
donación importante para la Iglesia.
Son gente rica, seguía diciéndose mentalmente, y sería bueno que
dieran una cantidad sustancial. Así, tan pronto como había impartido la
extremaunción se volvió hacia la señora Mac Ogwascher y pronunció una
bendición, sin dejar de pensar: "Eso va a ser bueno para, por lo menos,
otra centena de dólares".
Hogy comenzó a temblar, se sintió lo más inseguro. La cama parecía
ser de un material fofo incapaz de sostenerlo. Sus dedos se aferraban a la
ropa de cama con desesperación y trataba de permanecer en la cama

68
porque / (Página 139) todos sus instintos lo empujaban hacia arriba,
siempre hacia arriba, hacia la luz.
"Se está yendo, se está yendo, se está desprendiendo", dijo una voz
que Hogy oyó, y luego un extraño crujido. Trató de gritar aterrado, pero se
halló sin voz. Tuvo la sensación de ser un barrilete. Miró hacia abajo y vio
que tenía una especie de cordón plateado reluciente que se estiraba desde
él hacia abajo, hasta un cuerpo de aspecto desmañado que yacía sobre la
cama. Con un principio de lucidez se dio cuenta de que estaba
observando su cuerpo muerto o moribundo. Podía ver la cabeza de su
esposa, la cabeza del sacerdote, la cabeza de su madre. Y luego, al doctor
que llegó apurado haciendo una escena. Desabrochó el saco pijama de
Hogy y, de todo punto innecesariamente, aplicó el estetoscopio para
menear gravemente la cabeza. Con este gesto teatral estiró la sábana hasta
cubrir el rostro de Hogy. Hizo la señal de la cruz; el sacerdote hizo la
señal de la cruz y las dos mujeres hicieron otro tanto.
"Ven con nosotros, ven con nosotros —susurraban las voces a
Hogy—. Libérate, nosotros te cuidaremos. Todo está bien, estás en
camino del cielo".
"Sí, al cielo, al cielo", exclamaron a coro otras voces. Hogy sintió
un ligero sacudón e instintivamente miró hacia abajo. Vio que el cordón
plateado se perdía, deshaciéndose y cayendo. Observó con bastante
vértigo que volaba sobre el hospital, muy por encima de la ciudad, cada
vez más alto y con mayor velocidad. Miró a su derredor y con gran
sorpresa halló que era sostenido en el aire por cuatro ángeles gire
sacudían sus alas mientras lo contemplaban absortos con gran atención.
Juntos ascendían a gran velocidad por entre el oscuro firmamento al
canto de "Estamos yendo al cielo, estamos yendo al cielo"(…)”.
(73). RAMPA, T. Lobsang. “Más allá del décimo”. Buenos Aires
(Argentina). Troquel. 1969 (6ª edición: diciembre).
www.Mas_alla_del_Dedimo.pdf Página 22. Capítulo I. “(…) Vosotros
podréis pensar que estáis solos y es muy posible que no haya persona
alguna cerca de vuestra encarnación terrestre, pero en el mundo astral
hay muchos ayudantes que esperan al lado del lecho mortuorio de
manera que apenas la forma astral se levanta separándose del cuerpo
físico agonizante, ellos le brindan la asistencia necesaria, así como en un
nacimiento hay gente esperando para recibir al recién nacido. La Muerte
en la Tierra es el nacimiento dentro del mundo astral y los ayudantes
experimentados están allí para dispensar sus servicios especializados, así
que no hay que temer, jamás debe existir el temor. Recordad que, cuando
llega el momento de alejarse de este mundo de penas —y llega para
todos—, habrá gente en el Otro Lado que está esperando por nosotros
para ayudarnos y socorrernos exactamente de la misma manera que hay
gente en la Tierra esperando el nacimiento de un nuevo niño.

69
Cuando los ayudantes tienen este cuerpo astral que acaba de
separarse del cuerpo físico muerto, lo tratan cuidadosamente y lo ayudan
haciéndole saber dónde se halla. Mucha gente que no ha sido advertida
supone que está en el Cielo o en el Infierno. Los ayudantes les informan
con exactitud dónde se encuentran, los ayudan a adaptarse, los llevan al
Salón de las Memorias y cuidan del / (Página 23) recién llegado así como
ellos en su oportunidad fueron cuidados (…)”.

(74). RAMPA, T. Lobsang. “Más allá del décimo”. Buenos Aires


(Argentina). Troquel. 1969 (6ª edición: diciembre).
www.Mas_alla_del_Dedimo.pdf Página 21. Capítulo I. “(…) Luego,
después de unos pocos días, de acuerdo con el tiempo que lleve el ajuste de
cuentas con la Tierra, uno ve todo su pasado en el Salón de las Memorias,
ve todo lo que uno ha logrado y dejado de lograr y, determinando los
éxitos y los fracasos uno puede decidir lo que / (Página 22) tiene que
aprender en el futuro, es decir, si se reencarnará de inmediato o pasará o
permanecerá quizá seiscientos años en el mundo astral. Depende de lo que
una persona tenga que aprender y de la intención que tenga en la escala de
evolución. Pero ya he explicado todo esto en libros anteriores.
Permítaseme mencionar otro tema por un momento antes de, decir lo que
la gente hace en el mundo astral (…)”.

(75). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página


157. Capítulo IX. “(…) Hogy se puso de pie y hasta con este movimiento
de levantarse halló que había sido atraído más hacia el Salón de las
Memorias. En cierta confusión se volvió para enfrentar la entrada y se
halló con que casi estaba corriendo y se desplazaba mucho más
rápidamente de lo que quería. Los grandes escalones de piedra
aparecieron frente a él. Más de cerca, se asombró del tamaño del Salón, y
las dimensiones de la gran entrada lo atemorizaron en sumo grado.
Posiblemente se sintió como podría sentirse una hormiga trasponiendo la
entrada de algún palacio en la tierra. Ascendió los peldaños, cada uno de
los cuales parecía ser más alto que el anterior. ¿Era así?

Posiblemente él se estaba achicando a cada paso que daba. Con


seguridad, empequeñeciéndose en su propia estimación. Apeló a todo su
coraje y fue ascendiendo.
Pronto llegó a lo que parecía ser una gran superficie plana; le
pareció estar sobre una meseta, una meseta sin característica especial

70
alguna, salvo que frente a él se levantaba una gran puerta que parecía
llegar al cielo. Hogy siguió adelante; a medida que se acercaba, la gran
puerta se abrió y entró en el Salón de las Memorias. La puerta se cerró
tras él (…)”.
(76). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página
172. Capítulo X. “(…) Avanzaba junto al otro, cada uno preocupado por
sus propios pensamientos. En breve tiempo llegaron al final de la pequeña
senda; frente a ellos se abría un hermosísimo parque con espléndidas
plantas y flores de un tipo que Arnaldo jamás había visto. En el centro se
elevaba / (Página 173) una gran estructura' terminada en cúpula que la
gente denominaba el Salón de las Memorias. Permanecieron de pie allí
admirando el paisaje, el espacio verde, los vívidos colores de las flores y
los muy brillantes azules del firmamento, reflejados límpidamente sobre la
superficie de un plácido lago cercano al edificio.

Como obedeciendo al mismo impulso, Arnaldo y su nuevo amigo se


encaminaron hacia el sendero que llevaba al Salón de las Memorias.
Caminaron preguntándose quizá sobre las otras personas que estaban
sentadas sobre bancos o tiradas en el césped. Con frecuencia se veía a
algún individuo que subía los peldaños del edificio y a otro que salía por
una puerta secreta. Algunos parecían alborozados y 'otros dolidos más allá
de toda expresión.
Arnaldo observaba, experimentando un estremecimiento y
anticipándose a lo extraño de todo esto. ¿Qué sucedía en el Salón de las
Memorias? ¿Qué le sucedería a él? ¿Pasaría la prueba y ascendería a
una vibración superior, a una forma de vida más abstracta? ¿O sería
enviado nuevamente a la tierra para comenzar una nueva vida? "¡Mire,
mire! —murmuró el nuevo amigo de Arnaldo, tocándolo levemente con
el codo, mientras le decía en un susurro— son entidades que vienen
desde un plano muy superior de existencia. Llegaron para observar a la
gente. ¡Mírelos!".
Arnaldo dirigió su vista hacia el lugar y vio dos esferas brillantes
doradas que parecían hechas de luz, tan brillantes que Arnaldo ni siquiera
podía adivinar su verdadera forma. Las esferas doradas eran llevadas
como burbujas de oro en una leve brisa. Flotando llegaron hasta las
paredes del Salón de las Memorias, tocándolas y atravesándolas sin dejar
marca alguna en su estructura.
"Debo dejarlo —dijo el amigo de Arnaldo—. Pero manténgase
animoso, no hay nada para USTED que pueda preocuparlo. Seguro. Adiós.
Alguien habrá aquí para buscarlo cuando salga. ¡Alégrese, no se muestre
tan triste!". Y con esto se volvió repentinamente, desandando sus pasos.
Arnaldo, con una aprensión cada vez mayor —aunque, / (Página 174) no,

71
con un miedo terrible, se trasladó trabajosamente hasta el final del
sendero donde comenzaba la entrada del Salón de las Memorias. Al pie de
los grandes peldaños de piedra se detuvo y trató de mirar en derredor para
ver qué sucedía, pero en realidad no se detuvo porque una fuerza lo estaba
impulsando, atrayéndolo. Apuró los escalones y se detuvo un momento
ante la gran puerta de entrada. De pronto, silenciosamente, ésta se abrió y
Arnaldo fue empujado dentro, empujado o arrastrado, no importa cómo,
pero quedó dentro, cerrándose la puerta detrás de él (…)”.
(77). RAMPA, T. Lobsang. “Avivando la llama”. Traducción: Rosa Albert.
Buenos Aires (Argentina). Ediciones Troquel. 1971 (4ª edición: julio).
www.avivando_llama.pdf Página 143. Capítulo octavo. “(…) Cuando el
recién llegado pueda darse cuenta de la naturaleza del mundo en el cual
está, entonces podrá seguir adelante. Se dirigirá al Salón de las Memorias
y allí, solo, ingresará en un cuarto y presenciará la historia de su vida:
todo lo que ha hecho, todo lo que ha tratado de hacer y todo lo que ha
querido hacer. Además, cada cosa que le ha sucedido, lo que ha pensado
durante su permanencia en la Tierra y él, nadie más que él, podrá juzgar
si su vida ha sido un éxito o un fracaso. (…) / (Página 144)

La mayoría de los que pasan esta prueba salen del Salón de las
Memorias considerablemente conmovidos y notablemente contentos de la
ayuda y simpatía brindada por los asistentes que esperan fuera.
Sobreviene después un período de ajuste, durante el cual el nuevo
visitante puede reflexionar sobre todo lo que ha visto, sobre los errores
cometidos y decidir qué es lo que piensa hacer. Esto no es cuestión de
resolverlo en unos pocos minutos; han de considerarse todos los aspectos
del asunto. ¿Vale la pena volver y empezar todo de nuevo? ¿Sería quizá
mejor permanecer allí unos pocos siglos esperando que se dieran
condiciones mejores para volver?
Pero también piensa que no sabe cuáles serán las condiciones
mejores o qué probabilidad tiene de volver. A esta altura de su meditación
es invitado por los asistentes que estudian cada punto con él y lo
aconsejan sin ejercer presión alguna. En todo momento mantendrá su
total libertad de elección y de decisión y nadie influirá sobre su ánimo al
respecto. Si desea volver y atizar un poco el infierno de la Tierra, será su
gusto y nada más que su gusto (…)”.
(78). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página
104. Capítulo VII. Salón de las memorias = Lugar donde uno repasa su
propia vida. “(…) El médico se puso de pie y le indicó hacer otro tanto.
"Tiene que ir ahora al Salón de las Memorias —dijo-- donde podrá ver
cada uno de los acontecimientos de su vida en la tierra, y observándolos

72
juzgará aquello en lo cual ha tenido éxito, aquello en lo cual ha fracasado
y entonces tendrá que formarse una idea en cuanto a lo que debe hacer
para ser mejor en su próxima vida terrestre. Venga". Ambos atravesaron la
pared que, al acercarse, se abrió, y recorrieron nuevamente el gran
vestíbulo. El doctor se acercó a un hombre que estaba sentado a un
escritorio y mantuvo con él una breve conversación. Después, se volvió
hacia Molygruber diciendo:

"Por aquí, doblemos aquí". Juntos caminaron a lo largo de un


extenso corredor y afuera sobre un césped al aire libre en el lejano
extremo del cual se levantaba un peculiar edificio que parecía hecho de
cristal, reflejando los colores del arco iris y muchos otros colores que
Molygruber simplemente no podía nombrar.
Se detuvieron a la puerta y el doctor dijo: "Allí, ése es el Salón de
las Memorias. Existe uno en cada plano de existencia después que se
atraviesa el plano terrestre. Usted va allí y ve un simulacro de la tierra
flotando en el espacio. A medida que se acerque, tendrá la sensación de
que está cayendo, siempre cayendo, y le parecerá como si estuviera sobre
la tierra observando todo lo que sucede, viendo todo aunque sin ser visto.
Usted tendrá ante sí todo lo que ha hecho, podrá pesar todas sus acciones
y el modo en el cual han afectado a otras personas. Esto es el Salón de
las Memorias que algunos llaman el Salón del Juicio; pero, por supuesto,
no hay un gran juez sentado solemnemente, mirándolo de arriba a abajo
y pesando luego su alma en la balanza para ver si está en falta y tiene
que arrojarlo al fuego eterno. 4o, no hay nada de eso. En el Salón de las
Memorias cada persona se ve a sí misma y juzga si ha sabido
desempeñarse con / (Página 105) éxito. Si no es así, si no lo ha logrado,
cuál ha sido la causa y qué puede hacerse. Ahora —tomó del brazo a
Molygruber empujándolo suavemente hacia adelante—, lo dejo a usted
aquí. Vaya al Salón de las Memorias, tómese el tiempo necesario y, cuando
salga, otra persona lo estará esperando. Adiós". Y con ello se dio vuelta,
alejándose.
Molygruber quedó allí con un extraño sentimiento de temor. 4o
sabía qué iba a ver, no sabía qué iba a hacer cuando viera algo y no hizo
intento alguno de moverse. Quedó allí como una estatua, una estatua de un
recolector de basura sin su carretilla, al fin, una fuerza extraña lo dio
vuelta suavemente y lo empujó en dirección al portal del Salón de las
Memorias. Entró.
Y ocurrió que Leonides Manuel Molygruber ingresó en el Salón de
las Memorias y allí pasó ante él la historia de sí mismo y de sus allegados
desde el principio de su vida como entidad.

73
Aprendió mucho, supo de los errores del pasado, conoció las cosas
en las cuales tenía que prepararse para el futuro y, por medios
desconocidos en la tierra, amplió sus conocimientos, purificó su carácter, y
Leonides Manuel Molygruber abandonó el Salón de las Memorias en un
momento no determinado —podría haber sido días después, semanas
después o meses después—, poniéndose luego a planear con un grupo de
consejeros su regreso a la tierra de modo que, una vez terminada su
próxima vida, pudiera retornar a un plano mucho mejor dentro de la vida
astral (…)”.
(79). RAMPA, T. Lobsang. “La sabiduría de los antepasados”. A Corgi
Book. www.rampa-lobsang-sabiduria-de-los-antepasados.pdf Página 127.
“(…) PERCEPCIÓC: 4o es preciso «percibir» antes de que podamos
alcanzar algún conocimiento. Por ejemplo, el estudiante al principio
atiende a lo que se le explica. En segundo lugar, considera lo que se le ha
explicado, y de la información entonces a su disposición forma su propio
juicio, llega a sus propi as conclusiones y tiene unas pocas ideas que le son
propias.

En tercer lugar, la persona que ha pasado por los dos grados


previos y por esto ya no es un estudiante, ha llegado a un grado en el que
puede percibir cosas por sí mismo, sin que le sean explicadas o necesite la
ayude de los demás.
Probablemente, entonces ha realizado los suficientes progresos
para poder sal ir de su cuerpo físico y visitar astralmente la «Sala de las
Memorias» y consultar los Anales Akashicos para el pasado, el presente y
las probabilidades del futuro. Cuando una persona ha llegado a ese
grado, alcanza la Edad de la Percepción (…)”.
(80). RAMPA, T. Lobsang. “Avivando la llama”. Traducción: Rosa Albert.
Buenos Aires (Argentina). Ediciones Troquel. 1971 (4ª edición: julio).
www.avivando_llama.pdf Página 184. Capítulo décimo. “(…) El único
sufrimiento y tormento que se experimenta cuando se abandona esta
tierra es cuando se entra en el Salón de las Memorias y se presencia las
tonterías que se han hecho y eso se supera fácilmente. Si durante la
permanencia sobre la Tierra se hace lo humanamente posible por el bien,
es seguro que la visita al Salón de las Memorias no será tan desagradable
después de todo. Por supuesto que el rubor sube al rostro, ¿adivinamos
por qué? Bien, hay que pensar en todo lo que se ha hecho y en todo lo que
no se ha hecho (…)”.

(81). LOBSANG RAMPA, T. “Tú, para siempre”.


www.tu_para_siempre.pdf Página 76. Lección vigésima quinta. “(…)
74
Antes de la segunda muerte, el individuo tiene que ir a la Sala de las
Memorias y ver cuánto le ocurrió en su vida. 4adie es juzgado por nadie
más que su propia persona. 4o hay mayor juez, ni más severo, que uno
mismo para consigo. Cuando el individuo se ha despojado de sus pequeñas
vanidades, de todos los falsos valores que le eran caros sobre la Tierra,
encontrará que, pese a todo el dinero que ha dejado atrás y a todos los
valores que le fueron queridos sobre la Tierra, es, bien mirado, muy poca
cosa. En muchísimos casos el más humilde y pobre de dinero es quien
obtiene el más satisfactorio y alto de los conceptos de sí mismo (…)”.

(82). RAMPA, T. Lobsang. “Más allá del décimo”. Buenos Aires


(Argentina). Troquel. 1969 (6ª edición: diciembre).
www.Mas_alla_del_Dedimo.pdf Página 21. Capítulo I. “(…) Pero
vosotros queréis saber qué ocurre cuando uno muere. Bueno, en realidad
ya he escrito mucho sobre eso en mis libros anteriores. Se abandona el
cuerpo, y su forma astral flota y se remonta al mundo astral de más abajo,
donde se recupera de los ataques y daños provoca-dos por las condiciones
de vida o muerte que imperan en la, Tierra (…)”.

(83). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página


152. Capítulo IX. “(…) "¡Oh! —exclamó Hogy—. Entonces hay muchos
planos de existencia, ¿verdad? ".

"Sí, tantos como sean necesarios —respondió el padre—. La gente


va a la etapa más apropiada para ella. Los individuos vienen aquí para
gozar de un pequeño descanso y decidir sobre lo que van a hacer, sobre lo
que pueden hacer. Muchos pueden volver pronto a la tierra para ocupar
allí un nuevo cuerpo; otros son enviados más arriba, a un plano superior
de existencia. En realidad, no importa dónde uno esté. En cualquier parte
que sea todavía tiene lecciones que aprender y conclusiones que sacar.
Pero la tarde está avanzando y debemos apurarnos (…)”.
(84). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página
171. Capítulo X. “(…) Arnaldo miró en derredor. "Bueno, ciertamente
ESTOY asombrado —dijo---. Este lugar se parece mucho a la tierra, una
versión mucho mejor, lo admito, pero aparenta ser un mundo de tipo
terrestre. Yo pensé que estaría llegando a no sé exactamente dónde, pero a
un tipo de mundo más abstracto, no éste". Hizo un gesto refiriéndose a los
edificios y a los parques". ¡Esto parece una aterradora posversión de la
tierra!".

75
"Arnaldo, tienes mucho que aprender o volver a aprender —dijo su
anterior padre—. Tus propios estudios, tu propia prolongada experiencia
deberían de haberte llevado a la convicción de que si una entidad, un alma
humana, fuera directamente de la tierra hasta las elevadas esferas
celestiales, entonces sería destruir totalmente el sentido común de esa
entidad; tan grande sería el cambio".
Miró fijamente a Arnaldo y continuó: "Piensa en un vidrio, en una
común copa de vidrio si lo prefieres; no puedes colocar una copa de vidrio
fría directamente en agua muy caliente porque se rompería, y existen
muchas cosas de naturaleza parecida que deben recibir un tratamiento
gradualmente delicado. Del mismo modo, una persona que ha estado
enferma durante un lapso prolongado, recluida en cama, no puede
esperarse que abandone su lecho un día y camine y corra como si fuera un
atleta bien entrenado. Aquí ocurre lo mismo.
Has estado en un mundo muy cruel: la tierra. Has dado un salto
hacia arriba y aquí te hallas en una etapa intermedia, digamos, un alto
en el camino donde se puede hacer una pausa para orientarse".
Arnaldo miraba todo lo que lo rodeaba, maravillado ante la belleza
de los edificios y del verde sin mancha de las plantas y de los árboles.
Pudo observar animales y pájaros que en manera alguna temían a los
humanos. Parecía un mundo donde reinaba la armonía.
"Pronto, sin duda, te trasladarás hacia arriba, a planos superiores,
pero antes que esto esté decidido tienes que ir al Salón de las Memorias y
allí podrás recuperar tu memoria debilitada, recordando la visita que has
hecho aquí anteriormente". / (Página 172)
"Me divierte enormemente la manera como dices 'arriba' o 'planos
superiores' —comentó Arnaldo—. Yo creía que las esferas celestes y las
terrestres o planos de existencia —llamémolas como se quiera— estaban
interrelacionadas, y quizás hasta ocuparan el mismo espacio. Entonces,
¿por qué se dice 'arriba'?".
Otro hombre irrumpió en la conversación. Había estado escuchando
sin decir nada, e intervino para hacer notar suavemente: "Que es 'arriba'
no hay la menor duda. Ascendemos a una vibración superior. Si
estuviéramos yendo hacia una vibración inferior deberíamos descender y,
en realidad, existen tales lugares de vibración inferior, y la gente de aquí,
cuando tiene que descender por alguna razón —quizás ayudar a algún
alma fatigada—, dirá que va a abajo para elevar a fulano. Pero ésta es
una etapa intermedia, ascendemos a ella desde la tierra. Queremos
liberarnos de la tierra y, si descendiéramos, entonces podríamos decir que
estamos acercándonos al núcleo terrestre, y eso es lo que no queremos
hacer. . . De modo que es arriba, hasta una vibración superior, hasta
liberarnos del centro de la tierra y pronto usted, Arnaldo, estará
ascendiendo nuevamente. De ello no tengo la menor duda, pues ésta es

76
exactamente una etapa intermedia; de aquí la gente asciende a un plano
superior o desciende a la tierra nuevamente para aprender más lecciones.
Pero ya es tiempo de que vaya al Salón de las Memorias; todos
tienen que ir allí primero. Venga por aquí". Juntos emprendieron el
camino de lo que parecía ser una calle muy bien cuidada. 4o había coches
ni tipo alguno de vehículo impulsado mecánicamente. La gente caminaba y
los animales hacían lo mismo, a menudo al lado de los humanos. Pronto
Arnaldo y su nuevo amigo se desviaron de las calles y entraron en una
pequeña senda al final de la cual Arnaldo pudo ver mucho verde.
Avanzaba junto al otro, cada uno preocupado por sus propios
pensamientos. En breve tiempo llegaron al final de la pequeña senda;
frente a ellos se abría un hermosísimo parque con espléndidas plantas y
flores de un tipo que Arnaldo jamás había visto. En el centro se elevaba
(…)”.
(85). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página
150. Capítulo IX. “(…) Aquí aparecemos a los otros del mismo modo
como lo hacemos en la tierra".

Hogy había estado contemplando el parque, atónito ante la vista que


se presentaba a sus ojos: allí había un hermoso lago y en él botes con
gente remando. Se sentó en un banco del parque mirando fijamente los
botes.
MacOgwascher padre se volvió hacia él diciendo: "Bueno, ¿por qué
no podrían ellos divertirse, Hogy? 4o están en el infierno. Están haciendo
lo que les gusta hacer y eso es algo muy bueno. Aquí pueden pensar en un
bote, pueden salir al río y gozar algunas de las sensaciones —
sumamente ampliadas aquí— que gozaban en la tierra".
Durante algún tiempo Hogy no pudo responder. Estaba asombrado,
demasiado confundido, de pronto se exaltó: "Yo pensé que aquí habría
espíritus, ánimas flotando por todas partes. Pensé que lo pasaríamos
cantando himnos y recitando oraciones, esto no se parece en nada a lo que
yo esperaba que sería el cielo".
"Hogy, Hogy, tú no estás en el cielo. Te encuentras en una
dimensión diferente en la cual puedes hacer cosas que no podías hacer
en la tierra. Estás aquí como en una especie de estación a mitad de
camino. Algunas personas experimentan un trauma considerable al morir
del mismo modo que los bebés, al nacer en la tierra, sufren una gran
conmoción. Muchos de ellos son ayudados a nacer con instrumentos que
les producen daños. Sucede igual con la muerte. Algunos individuos,
particularmente si han llevado una vida desgraciada, lo pasan muy mal al
tratar de superarse y liberarse de las cadenas que los atan a la tierra. Un
simple ejemplo es la manera cómo has estado deseando la comida y las
ropas" (…)”.

77
(86). RAMPA, T. Lobsang. “Tú para siempre”. www.tu_para_siempre.pdf
Página 76. Lección vigésima quinta. “(…) Después de haberse visto a sí
mismo en la Sala de las Memorias, entonces el individuo se encamina
hacia la parte del Otro Mundo que le parece más adecuada. 4o irá al
Infierno; el Infierno — lo hemos ya dicho — se halla sobre esta Tierra,
nuestra escuela de formación (…)”.

(87). RAMPA, T. Lobsang. “Tres vidas”. www.Tres_Vidas.pdf Página


103. Capítulo VII. Purgatorio = Primer plano astral. “(…) Pero este
plano en particular es el más bajo, por lo cual es el más próximo a la
tierra, y usted se encuentra aquí porque no creyó en nada. Por eso, porque
usted era tan ignorante, halla aun más difícil creer en planos superiores a
éste y permanece aquí en lo que algunos consideran que es el purgatorio.
Purgatorio significa purgar, un lugar de purga, y hasta que usted no
haya purgado su falta de creencia no podrá progresar hacia arriba. Y
porque usted está en este plano, no puede encontrarse / (Página 104) con
aquéllos que han sido sus amigos en la otra vida, puesto que ya están
mucho más alto" (…)”.

(88). RAMPA, T. Lobsang. “La décimotercera candela”.


www.La_Decimotercera_Candela.pdf Página 154. Capítulo VIII. “(…)
1. Cuando me muera encontraré a mucha gente que he conocido. La veré
como la he visto en la tierra. Pero ¿cuál será mi aspecto verdadero si no es
el que tengo en la tierra? ¿Cómo podrán reconocerme las personas que me
conocieron antes?

Bien; para responder a esto digamos que, cuando alguien muere, lo


primero que hace es abandonar esta tierra para ir a lo que muchas
religiones denominan 'Purgatorio'. Este 'Purgatorio' es el sitio donde se
purgan ciertas cosas. Supongamos que ha estado usted trabajando en el
jardín y se ha salpicado un poco de barro la cara y el cabello (¡siempre
que tenga usted cabello...! ). Después entra para comer y para escuchar la
radio. ¿Qué es lo primero que hace? Lo primero que hace es ir al
'Purgatorio'; en otras palabras, va al lugar donde le es posible lavarse las
manos, lavarse la cara y quitarse el polvo y todo cuanto no debe tener
usted encima. / (Página 155)

Muchas religiones representan al 'Purgatorio' como algo terrible.


Por mi parte, yo prefiero considerarlo como un baño celestial donde uno
lava su astral, por decirlo así, para poder presentarse ante sus conocidos
78
perfectamente intacto. Tenga en cuenta que cuando esté en el astral se verá
su aura, y que si en su aura hay muchas 'manchas sucias' todos las verán.
El Purgatorio, además, es un lugar del astral donde uno es recibido por
sus amigos y nunca por sus enemigos, porque cuando se pasa al Otro
Lado sólo es posible reunirse con quienes se es compatible. Es decir que
cuando se abandona este mundo se piensa en sí mismo, en el aspecto que
uno tiene, lo mismo que si se estuviese en la tierra, y esa es la forma en
que uno se manifiesta en el astral, precisamente como se ha sido en la
tierra. Porque la gente que se encuentra allí desea que se la reconozca, de
manera que también se nos aparece exactamente como se la ha conocido
en la tierra.
Muchas veces se experimenta esa misma sensación en este mundo.
Sucede, a veces, que vemos a una persona que sabemos que tiene un lunar
en la mejilla izquierda y alguien nos dice: '4o; se lo ha eliminado hace
aproximadamente un año'. Dicho de otra manera, sólo vemos lo que
queremos ver, lo que esperamos ver; de modo que cuando vamos al Otro
Lado vemos a las personas que queremos ver y con la forma y color que
estamos acostumbrados a percibir en ellas. Veamos un ejemplo:
supongamos que tiene usted un amigo negro, es decir que esa persona era
negra en la tierra cuando usted la conoció. Si en el Otro Lado es blanca,
cuando se le acerque no podrá reconocerla, ¿no es cierto? Pues bien,
entonces se le presentará como negra.
A medida que usted se va perfeccionando su apariencia cambia. Es
lo mismo que podría ocurrir con un salvaje lleno, de pelo y de dientes
sucios, etc. Si hacemos que tal salvaje se lave, se afeite, se corte el cabello
y se ponga un traje moderno tendrá un aspecto distinto, ¿no es verdad? De
manera similar, pues, al llegar al Otro Lado y perfeccionarnos, se ve que
nuestro aspecto se trasforma... para mejor.
Veamos ahora la segunda parte de la pregunta. Por supuesto, la
dama que usted dice lo verá cuando esté en el Otro Lado tal cual usted se
imagina que es. Lo verá como era en la tierra y usted, a su vez, la verá a
ella en la misma forma. Si no fuera así (y valga la reiteración) no la
reconocería (…)”.

(89). RAMPA, T. Lobsang. “La sabiduría de los antepasados”. A Corgi


Book. www. rampa-lobsang-sabiduria-de-los-antepasados.pdf Página 11.
“(…) ASTRAL: Término que generalmente se usa para indicar el plano o
condición que el hombre alcanza cuando está fuera del cuerpo. Es un lugar
donde podemos reunirnos con nuestros amigos que han pasado de esta
vida, abandonando la parte corporal — lo que llamamos muerte — y que
aguardan su momento de reencarnación.

79
El mundo astral debe considerarse como vagamente los cristianos
consideran su Paraíso; un lugar que es intermedio, un punto de reunión;
pero no el Cielo Superior (…)”.
(90). RAMPA, T, Lobsang. “Crepúsculo”. Buenos Aires (Argentina).
Editorial troquel. 1975 (1ª edición: Agosto). www.Crepesculo.pdf Página
91. Capítulo V. “(…) 4o es posible decir cuántas vidas le quedan por vivir
a una persona, porque el número de vidas depende totalmente de su
manera de comportarse (…)”.

(91). RAMPA, T. Lobsang. “Una luz en la oscuridad”.


www.Una_Luz_en_la_Oscuridad.pdf Página 60. Capítulo III. “(…) La
misma persona pregunta: “¿La rutina es similar a la de la Tierra en el
plano siguiente de la existencia? ¿Es necesario pasar por sufrimientos,
dolores y penurias hasta haber aprendido más lecciones a fin de regresar
al plano siguiente de la existencia?”.

En realidad, he contestado a esto varias veces, pero volveré a


hacerlo. La respuesta es básicamente negativa. A medida que se asciende
cada vez más, se debe soportar cada vez menos. Pueden tomarse como
ejemplo las condiciones de esta Tierra en que el trabajador debe soportar
el trabajo difícil, los golpes, las agresiones verbales, etc., mientras el
presidente o gerente general de la compañía parecen sacar el mayor
provecho posible. Al menos, la situación era ésta antes de que el
movimiento obrero se pusiera en marcha e invirtiera de algún modo las
cosas para detrimento del mundo. De todos modos, el asunto es que,
cuanto más alto se encuentre, más rápidamente progresará y más fáciles
serán las condiciones (…).

(92). RAMPA, T. Lobsang. “Tú para siempre”. www.tu_para_siempre.pdf


Página 58. Lección décimonovena. “(…) El mal no puede existir en los
planos superiores; por esto los humanos vienen a la Tierra para conocer el
camino áspero (…)”.

(93). RAMPA, T. Lobsang. “Más allá del décimo”. Buenos Aires


(Argentina). Troquel. 1969 (6ª edición: diciembre).
www.Mas_alla_del_Dedimo.pdf Página 25. Capítulo I. “(…) Pero los
mundos astrales son lugares sumamente hermosos, con un escenario
maravilloso con colores jamás soñados sobre la Tierra; hay música,
música que nunca fue escuchada en la Tierra; hay casas, pero cada uno
puede edificar su propia casa con el pensamiento. Vosotros lo pensáis y,
80
si lo pensáis con suficiente convicción, ES. Del mismo modo, cuando se
llega al mundo astral por primera vez, se está desnudo exactamente como
cuando se llega a la Tierra y entonces se piensa en la clase de ropa que se
desea usar. 4o es indispensable usar ropa, pero la mayoría de la gente lo
hace por alguna extraña razón y así se puede ver la colección más notable
de prendas de vestir, porque cada persona hace sus propios vestidos de
acuerdo con el estilo que está ideando. De la misma manera edifican sus
casas. Co hay coches, por supuesto, ni ómnibus ni trenes, no son
necesarios. ¿Para qué complicarse con un coche si uno puede moverse
tan ligero como desea a voluntad? Así, mediante el solo poder del
pensamiento, vosotros podéis visitar cualquier parte del mundo astral.

En el mundo astral hay muchas tareas para desempeñar. Se puede


ser guía para aquellos que a cada segundo llegan de la Tierra, se puede
cuidar, se puede curar porque muchos de los recién llegados no están al
tanto de la realidad del mundo astral y creen en lo que su religión les ha
enseñado a creer. O, si fueran ateos, no tienen creencia alguna y se
hallan envueltos en una niebla negra que es pegajosa y confusa y hasta
que no adquieren alguna clase de conocimiento del que se hallan
privados por su propia locura, no pueden ser ayudados, por lo cual los
asistentes no los abandonan y tratan de disipar esa niebla. Luego están
los otros que aconsejan a la gente del mundo astral que tiene que volver a
la Tierra. Dónde quieren ir, qué tipo de padres desean, qué condiciones de
familia: rica o pobre. Qué situación los capacitará mejor para desempeñar
las tareas que se han propuesto. Todo esto parece tan fácil, cuando se está
en el mundo astral, pero no siempre es tan fácil cuando se está en la
Tierra, vosotros lo sabéis, / (Página 26) En el mundo astral más bajo las
personas a menudo comen, también pueden fumar si lo desean.
Cualquier cosa que ellas tengan voluntad de comer es en realidad
extraído de la atmósfera con el pensamiento, lo cual no resulta tan
asombroso si se cree en el prana que existe implícitamente sobre la Tierra.
De manera que se puede comer y beber lo que se desee; pero, en realidad,
todo esto es solamente tontería porque uno recibe toda la energía y el
sustento de las irradiaciones atmosféricas y el comer y el beber es nada
más que un hábito. Uno pronto se libera de esas costumbres y es mejor.
Vosotros podéis deducir de lo expuesto que uno se maneja en el mundo
astral más bajo al igual que en la Tierra.
Sí, señora Fulana, también hay vida sexual en el mundo astral,
pero en un grado muy superior a lo que pueda haberse experimentado
alguna vez sobre la Tierra porque el grado de sensaciones se halla
aumentado. De esa manera el que no haya tenido una vida sexual

81
suficientemente equilibrada en la Tierra recuerde que en el mundo astral
la tendrá porque ello es necesario para lograr una persona equilibrada.
Por supuesto que cuanto más alto uno se eleve en los mundos
astrales mayor será el aumento de vibraciones personales individuales y
consecuentemente, cuanto mejor sean las experiencias, más gratas serán y
más satisfactoria se volverá toda la existencia.
Muchas personas constituyen un grupo sobre la Tierra. Se puede
tener, por ejemplo (y solamente por ejemplo) diez individuos que juntos
completan realmente una entidad astral. En la Tierra tenemos estos diez
individuos y quizá mueren tres, cuatro, cinco o seis; bien, la persona que
se halla en el mundo astral no se integra realmente hasta que todo el grupo
se halle unido. Resulta muy difícil explicar esto porque comprende
diferentes dimensiones que aún no son conocidas sobre esta Tierra, pero
vosotros quizás habéis sentido una notable afinidad con cierta persona,
por supuesto completamente separada de vosotros, y habéis pensado cuán
compatibles erais con ella y habéis experimentado una sensación de
pérdida cuando / (Página 27) esa persona partió. Bueno, muy
posiblemente ese ser era miembro de vuestro grupo y, al morir vosotros
para esta Tierra, os hallaréis unidos como una entidad. Esta gente, aquí en
la Tierra, son como tentáculos que se alargan para lograr diferentes
sensaciones, diferentes experiencias durante esa breve llamarada de
conciencia que constituye el curso de la vida terrenal. Cuando todos los
componentes de ese grupo —cuando todos los tentáculos— son atraídos, se
tiene en realidad la experiencia de quizá diez vidas en una. Se viene a la
Tierra para aprender el duro materialismo porque no existe una práctica
semejante en el mundo astral.
4o todos son integrantes de un grupo, vosotros lo sabéis, pero
probablemente sí conoceréis grupos enteros de gente que jamás pueden
manejarse el uno sin el otro. Pueden ser miembros de una gran familia que
siempre están entremezclados para interiorizarse de cómo les va a los
otros, y hasta cuando se casan abandonan por momentos a su cónyuge
para retornar de pronto a su antiguo hogar como si fueran un montón de
pollos bajo el ala de la vieja gallina. Muchos son individualistas, no
componen un grupo sobre la Tierra, hacen las cosas por sí mismos y se
levantan o caen impulsados sólo por su propio esfuerzo. Las pobres almas
frecuentemente lo pasan muy mal sobre la Tierra y esto no significa
necesariamente que tengan que sufrir por inmensidad de deudas kármicas;
significa simplemente que están haciendo un trabajo especial para merecer
un buen Karma para unas pocas vidas próximas (…)”.

82
(94). RAMPA, T, Lobsang. “Crepúsculo”. Buenos Aires (Argentina).
Editorial troquel. 1975 (1ª edición: Agosto). www.Crepesculo.pdf Página
146. Capítulo VIII. “(…)"¿Es muy importante, para los habitantes de este
plano, conocer más acerca de los demás planos de existencia que están
más allá del astral? En tal caso, ¿podría usted hablar de ellos y darnos, al
menos, una idea somera de cómo son? ¿Qué sucede, por otra parte,
cuando un espíritu evoluciona hacia el plano que está 'por debajo' del
superior, o sea del de Dios? ¿Puede el espíritu evolucionar,
verdaderamente, hacia el plano más alto, o esto es tan absurdo que ni
siquiera se puede hablar de ello?".

Sólo es posible hablar del plano alto, el astral, que es muy parecido
a éste, si bien tiene otra dimensión. El tiempo, por ejemplo, no es en nada
igual al de este mundo. También es distinta la manera de trasladarse,
puesto que cuando usted desea ir a alguna parte, sólo debe pensar que
está allí. Puede ocurrir que se halle usted sentado contemplando el paisaje
y sienta deseos de ver a un amigo que está a cierta distancia, en cuyo caso,
con sólo pensar en él y en el sitio en que se encuentra, verá que, casi
inadvertidamente, ha llegado ya a su lado.
En el mundo astral no hallará usted ni pudibundez ni pornografía. Al
principio advertirá —con gran asombro- / (Página 147) que se halla tan
desnudo como una banana pelada y que debe "inventarse", literalmente,
cualquier forma de vestimenta que le venga bien. Sin embargo, al cabo de
un tiempo se dará cuenta de que esas cosas no interesan y que son las del
espíritu las que más cuentan. Y esto no es un juego de palabras.
En el plano astral no es posible encontrarse con las personas con
quienes uno se lleva mal: y, por supuesto, cuanto más alto se asciende,
más compatible se es con quienes lo rodean.
Ahora bien; por lo general es posible ascender aproximadamente
hasta el noveno plano de existencia, y entonces ya no se ve que el
Superyó envíe marionetas. Sólo existe, en cambio, una prolongación del
Superyó, después del noveno plano.
Claro que hay gran cantidad de planos de existencia y que puede
usted seguir y seguir, pasando cada vez más dimensiones; pero no tiene
objeto alguno hablar de esas otras dimensiones si usted no ha estado en
ellas, puesto que no hay puntos de referencia. ¿Cómo haría usted, por
ejemplo, para explicarle la teoría atómica a una hormiga, más interesada
como está en dedicarse a la tarea ordinaria que exige el diario vivir?
¿Cómo haría para hablarle de la electricidad termonuclear a una abeja,
interesada como está en salir a recoger polen —o lo que fuere— para que
no se interrumpa el proceso de fabricación de la miel? 4o; mientras no
haya usted experimentado las otras dimensiones no será capaz de hablar

83
de ellas, tal como si un niño de un año pretendiera enseñar neurocirugía a
uno de nuestros principales médicos.
4o obstante, puede usted ascender sin limitación alguna. Recuerde
el viejo dicho de que siempre hay espacio de sobra en lo alto de la
escalera. Por lo demás, Dios no es un anciano de barbas y cayado que
anda por ahí recogiendo todas las ovejas descarriadas: es algo totalmente
distinto, algo que no puede usted entender aquí abajo. Aquí, la / (Página
148) noción más aproximada que puede tenerse de Dios es la de un manú,
es decir algo así como la de un gerente de sucursal que tiene a su cargo las
existencias de esta sección especial que denominamos Tierra, y a cuyas
órdenes una serie de directores adjuntos se ocupan de los continentes, los
países y las ciudades (…)”.

(95). RAMPA, T. Lobsang. “El camino de la vida”. Buenos Aires


(Argentina). Troquel. 1970 (9ª edición: junio). www.
El_Camino_de_la_Vida.pdf Página 39. Capítulo II. Muchas moradas.
“(…) 4o sólo hay una cuarta dimensión, sino que, además, más allá del
mundo de la cuarta dimensión, existen los de la quinta, la sexta, la séptima,
la octava y la novena. En la novena, por ejemplo, se obtiene la
comprensión y se puede entender la naturaleza de las cosas, se puede
comprender el origen de la vida, el origen del alma, cómo comenzaron
las cosas y qué papel desempeña la humanidad en la evolución del
Cosmos. En la novena dimensión, además, el Hombre —todavía muñeco
del Super Yo-- puede conversar frente a frente con su Super Yo (…)”.

84
Anexo documental

85
El arte de la pintura funeraria

86
Adultos

87
Marià Fortuny, “La señorita Del Castillo en su lecho de muerte”, Granada,
hacia 1871. (Fuente: CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el
siglo XIX”. 2 diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de
Catalunya >>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo
XIX.html).

88
Neonatos

89
Federico de Madrazo, “Retrato yacente del príncipe de Asturias”.
Palacio Real de Madrid. (Fuente: CORNET, Alicia. “Los retratos
post mortem en el siglo XIX”. 2 diciembre, 2017. www.Blog del
Museu Nacional d´n Art de Catalunya >>Los retratos
fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html).

90
Antoni Caba, “El niño Josep Maria Brusi en su lecho de muerte”,
1882. (Fuente: CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el
siglo XIX”. 2 diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional
d´n Art de Catalunya >>Los retratos fotográficos “post mortem”
en el siglo XIX.html).

91
El arte de la escultura funeraria

92
Josep Piquer, “Infante muerto”, 1855. Museo del Romanticismo de
Madrid. (Fuente: CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo
XIX”. 2 diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de
Catalunya >>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo
XIX.html).

93
El arte de la fotografía funeraria

94
Adultos

95
Retrato de Domingo Faustino Sarmiento (1888) (Foto
derecha). (Fuente de las dos fotografías superiores:
“Fotografía post mortem”. www.Fotografía post mortem
– Wikipedia, la enciclopedia libre.html). Víctor Hugo
muerto en 1885 (foto inferior) FUENTES, Victoria.
“Memento mori: la tenebrosa tradición de fotografiar a
los muertos como si aún estuvieran
vivos”.www.memento-mori-la-tenebrosa-tradicion-de-
fotografiar-a-los-muertos-como-si-aun-estuviesen-
vivos.html).

96
(Fuente: BELL, Bethan. “El inquietante
arte de fotografiar a los muertos”.
Biblioteca estatal de Australia del Sur. 5
junio, 2016. www.El inquietante arte de
fotografiar a los muertos – BBC News
Mundo.html).

97
(Fuente: CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2
diciembre, 2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya
>>Los retratos fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html).

98
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

99
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad,
terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de
juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

100
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

101
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

102
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

103
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

104
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

105
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

106
Estudio Witcomb. Señor Álvarez. Fotografía sobre papel, 1900.
(Fuente:
http://journals.openedition.org/trace/docannexe/image/1566/img-
2.jpg).

107
(Fuente: SANTAELLA ARCO, Carmen. “Tradiciones del siglo XIX:
La fotografía postmortem”. www.TRADICIONES DEL SIGLO
XIX_LA FOTOGRAFÍA POST-MORTEM –
COLUMNAZERO.html).

108
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

109
(Foto: Google).

110
Adolescentes

111
(Fuente: BELL, Bethan. “El inquietante arte de fotografiar a
los muertos”. Biblioteca estatal de Australia del Sur. 5 junio,
2016. www.El inquietante arte de fotografiar a los muertos –
BBC News Mundo.html).

112
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

113
(Foto superior e inferior). (Fuente: “Fotografías post-mortem.
Arte, sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog
de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

114
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

115
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

116
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

117
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

118
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

119
(Foto superior e inferior). (Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de
juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

120
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

121
Niños y niñas

122
Niños y niñas de pie

123
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

124
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”.
20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

125
(Foto: Google).

126
Niños y niñas ataviados con
coronitas de flores

127
(Fotos superior izquierda y derecha e inferior izquierda:
Google). Retrato de niña. (Foto inferior derecha).
(Fuente: “Fotografía post mortem”. www.Fotografía post
mortem – Wikipedia, la enciclopedia libre.html).

128
Retrato de una niña muerta con corona de flores (foto superior). Retrato de
niña rodeada de flores (foto inferior). (Fuente: “Fotografía post mortem”.
www.Fotografía post mortem – Wikipedia, la enciclopedia libre.html

129
(Foto superior). (Fuente: “Fotografías post-mortem.
mortem. Arte, sociedad,
terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea:
Blog ea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).
post (Foto inferior:
Google).

130
Romualdo García, ca. 1910, negativo de plata en gelatina/vidrio, inv. 7519
(foto superior). (Fuente: Fototeca Romualdo García, Sinafo, Conaculta-
INAH-MEX; reproducción autorizada por el Instituto Nacional de
Antropología e Historia). (Foto inferior: Google).
131
(Foto superior: Google). (Foto inferior). (Fuente: “Fotografías post-
mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog
de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

132
Niños
con hábito religioso

133
(Foto superior). (Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad,
terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html). (Foto
inferior: Google).

134
Niñas con muñecas

135
(Foto superior). (Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de
juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

136
Niñas de comunión

137
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

138
(Foto: Google).

139
Niños y niñas en el ataúd

140
(Foto superior: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea:
Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html). (Foto inferior : Google).

141
Niños en brazos de padres
y en el regazo de familiares

142
(Foto: Google).

143
Cantó y Cía. Barcelona, “Retrato familiar” (foto
superior). (Fuente: CORNET, Alicia. “Los retratos post
mortem en el siglo XIX”. 2 diciembre, 2017. www.Blog
del Museu Nacional d´n Art de Catalunya >>Los retratos
fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html).

144
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

145
Romualdo García, ca. 1910, negativo de plata en gelatina/vidrio, inv. 7507.
(Fuente: Fototeca Romualdo García, Sinafo, Conaculta-INAH-MEX;
reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e
Historia).

146
(Fuente: PÉREZ DÍAZ, Julio.
“Mortalidad infantil y fotografía post
mortem”. Apuntes de demografía. 10
febrero, 2011. www.Mortalidad infantil y
fotografía post mortem _ Apuntes de
demografía.html).

147
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

148
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012.
Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

149
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

150
Niños y niñas en el suelo

151
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

152
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

153
Niños mirando por la ventana

154
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

155
Niños y niñas
recostados en sofás

156
(Foto superior: GOSALVEZ, Patricia. “Retratos
para la eternidad”. El País. Domingo 6
septiembre, 2009. www.Retratos para la
eternidad_Edición impresa_EL PAÍS.html). (Foto
inferior. Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-
disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

157
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012.
Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

158
Cantó (Barcelona), “Retrato de niña difunta”. Colección
particular. (Fuente: CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem
en el siglo XIX”. 2 diciembre, 2017. www.Blog del Museu
Nacional d´n Art de Catalunya >>Los retratos fotográficos “post
mortem” en el siglo XIX.html).

159
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad,
terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de
juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

160
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

161
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

162
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad,
terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog
de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

163
Niños y niñas
sentados en butacas, sillas,
sillones y mecedoras

164
(Fuente: “Fotografí
Fotografías post-mortem.
mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea:
Blog disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).
post isea.html).

165
(Foto superior: Google). (Foto
inferior). (Fuente: “Fotografías post-
mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea:
Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

166
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-
disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

167
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

168
(Fuente: “Imágenes de muerte. Representaciones
fotográficas de la muerte ritualizada”. Exposición
temporal. 20 diciembre, 2017 al 17 junio, 2018.
www.Imágenes de muerte. Representaciones fotográficas
de la muerte ritualizada_MUVAET.html).

169
“Retrato de bebé difunto”, Estudio Moliné i Albareda, uno
de los estudios con más prestigio. Colección particular.
(Fuente: CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el
siglo XIX”. 2 diciembre, 2017. www.Blog del Museu
Nacional d´n Art de Catalunya >>Los retratos fotográficos
“post mortem” en el siglo XIX.html).
170
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

171
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

172
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

173
Niños y niñas sobre la cama

174
Niño simulando estar dormido. (Fuente: “Fotografía post
mortem”. www.Fotografía post mortem – Wikipedia, la
enciclopedia libre.html).

175
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

176
Antoni Esplugas, Retrato de bebé difunto,
hacia 1890. Colección particular. (Fuente:
CORNET, Alicia. “Los retratos post mortem en el
siglo XIX”. 2 diciembre, 2017. www.Blog del
Museu Nacional d´n Art de Catalunya >>Los
retratos fotográficos “post mortem” en el siglo
XIX.html).

177
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad,
terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog
de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

178
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012.
Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

179
Neonatos

180
Neonatos en carricoche

181
Bebé en su carrito. 1880. (Fuente: FUENTES, Victoria.
“Memento mori: la tenebrosa tradición de fotografiar
a los muertos como si aún estuvieran
vivos”.www.memento-mori-la-tenebrosa-tradicion-de-
fotografiar-a-los-muertos-como-si-aun-estuviesen-
vivos.html).

182
(Fuente: FUENTES, Victoria. “Memento mori: la tenebrosa tradición de
fotografiar a los muertos como si aún estuvieran vivos”.www.memento-
mori-la-tenebrosa-tradicion-de-fotografiar-a-los-muertos-como-si-aun-
estuviesen-vivos.html).

183
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad,
terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog
de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

184
Neonatos sobre la cama

185
“Retrato
Retrato post mortem de Rafael Areñas Quintana”,
Quintana Arxiu
Nacional de Catalunya (foto superior). (Fuente: CORNET,
Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2
diciembre, 2017.
2017. www.Blog del Museu Nacional d´n Art de
Catalunya >>Los retratos fotográficos “post mortem” en el
siglo XIX.html).
). (Foto inferior). (Fuente: “Fotografías
as post-
post
mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012.
Blog-disea:
disea: Blog de juegos, ocio y cultura. cultu
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).
post

186
(Foto superior). (Fuente: “Fotografías post-
mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio
y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

187
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

188
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012.
Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

189
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad,
terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog
de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías post-
mortem_Blogdisea.html).

190
Neonatos en sillas

191
Bebé difunto. Albúmina sobre papel, ca. 1885. (Fuente:
http://journals.openedition.org/trace/docannexe/image/1566/img-
4.jpg).

192
Neonatos en al ataúd

193
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

194
(Foto superior). (Fuente: “Fotografías post-mortem.
Arte, sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-
disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

195
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-
disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

196
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y
miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y
cultura. www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

197
Neonatos
en brazos de los padres

198
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte,
sociedad, terror y miedo”. 20 mayo, 2012. Blog-
disea: Blog de juegos, ocio y cultura.
www.Fotografías post-mortem_Blogdisea.html).

199
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

200
Christiano Junior. Madre con bebé difunto. Fotografía sobre
papel, ca. 1875. (Fuente:
http://journals.openedition.org/trace/docannexe/image/1566/img
-3.jpg).

201
(Fuente: Google).

202
Neonatos ataviados con
coronitas de flores

203
(Fuente: Google).

204
Retrato de “angelito” con sus hermanos. Fresnillo, Zacatecas. (Fuente: José
Antonio Bustamante Martínez, CA. 1940-1945. Plata sobre gelatina. Inv.
449644, SINAFO, Secretaría de Cultura-INAH-MEX; reproducción
autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia).

205
(Fuente: Google).

206
(Fuente: Google).

207
Neonatos en butacas

208
(Fuente: “Fotografías post-mortem. Arte, sociedad, terror y miedo”. 20
mayo, 2012. Blog-disea: Blog de juegos, ocio y cultura. www.Fotografías
post-mortem_Blogdisea.html).

209
Joan Martí, “Retrato de recién nacido”, hacia 1860. (Fuente: CORNET,
Alicia. “Los retratos post mortem en el siglo XIX”. 2 diciembre, 2017.
www.Blog del Museu Nacional d´n Art de Catalunya >>Los retratos
fotográficos “post mortem” en el siglo XIX.html).

210
Lola Carbonell Beviá, alicantina
de nacimiento, es historiadora,
especializada en Humanidades
Contemporáneas.
En este trabajo de investigación,
se ha centrado en demostrar cuáles
eran los conceptos que interesaban
–en el siglo XIX y primer cuarto del
XX- en el momento de la muerte,
tanto en Oriente como en
Occidente: Espíritu y cuerpo.

211

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