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LEÓN PP.

XII
para la perpetua constancia del asunto.

Congregamos con agrado a las piadosas Hermandades de Fieles


a Cristo para que realicen obras de piedad, y caridad incluso
para auxilio de los Prójimos, reunidas al unísono, instituidas
canónicamente, con los favores de la indulgencia Apostólica,
según observamos que son útiles en el Señor. Así pues como,
según los Queridos Hijos Oficiales, y Hermanos de la primitiva
Hermandad de Nazarenos de la Santísima Cruz a Jerusalén, y
de la Concepción de la B.M.V. erigida, según se asegura,
canónicamente en la Ciudad Hispalense, recientemente hicieron
exponer a Nos,(que) serviría para espiritual consuelo de los
mismos y para el propio esplendor de la Hermandad e
incremento, si aquella se realzase con el título de Archicofradía,
añadido también otro de Pontificia, y a ésta se le otorgase el
privilegio o concesión de que se le agreguen otras Hermandades
de la misma advocación, y finalidad, igualmente erigidas
canónicamente, y así mismo a las agregadas se les concediese
por Nuestra Autoridad Apostólica las gracias, e Indulgencias de
participar en común. Nos así pues para el esplendor y auge de la
propia Hermandad poniendo atención a los afanes paternos, y
teniendo en gran consideración los oficios, y recomendaciones
de Nuestro Nuncio Apostólico junto al Rey Católico sobre este
asunto a Nos expresadas, y a los propios Oradores que quieren
que se siga de especiales gracias, y favores y a los que
absuelven de cualquier tipo de excomunión, suspensión, e
interdicto, y de otras censuras eclesiásticas, sentencias, y
amplias penas de cualquier modo, y por cualquier causa, si en
algunas incurrieran por casualidad por motivo de este asunto, y
a los que juzgan que sean absueltos, llevados por los ruegos de
tal modo a N os expuestos, a la Hermandad antes citada la
erigimos e instituimos en Archicofradía con todas y cada una de
las prerrogativas, derechos, honores y preeminencias habituales,
y acostumbradas, no obstante sin prejuicio de cualquier tipo,
por la Autoridad Apostólica, por disposición perpetua de los
presentes, y permitimos que aquella en adelante sea llamada

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Archicofradía Primitiva Pontificia. Y a los Oficiales y
Hermanos de la Archicofradía así erigida a los actuales y a los
futuros como a cualesquieras otras Hermandades de la misma
advocación a esta , y finalidad existentes en cualquier lugar, y
erigidas canónicamente, a esta misma (como) Archicofradía,
observada no obstante la forma de la Constitución del fel. Rec.
PP. Clemente VIII Nuestro Predecesor anteriormente editada,
concedemos y otorgamos que se agreguen, y para aquellos
todas y cada una de las Indulgencias , y remisión de pecados, y
relajaciones de penitencias concedidas por la Sede Apostólica
a la propia Hermandad así erigida en Archicofradía por Nos, y
otras comunicables libremente y que puedan comunicarse, y
que tengan validez, por la Autoridad, y por acuerdo perpetuo
(respecto) a lo dicho anteriormente de igual modo.
Considerando que estas cartas presentes siempre son firmes,
válidas y que lo serán, y que alcanzan y obtienen sus plenarios,
e íntegros efectos, y que favorecen por todo plenísimamente a
todos aquellos, a los que les atañe y en el tiempo algún día les
atañerá; y que así en los asuntos presentados por cualesquieras
jueces ordinarios y delegados incluso de causas de Nuestro
palacio apostólico deben ser consideradas y definidas como
auditores, si de otro modo sobre estas aconteciese que se
probase por cualquier otra autoridad sabia, o ignorantemente
que era algo vano, y vacío. No oponiéndose las Constituciones
y las Disposiciones apostólicas, y hasta tanto sea menester, con
el juramento incluso de la propia Archicofradía previamente
citada, con la confirmación apostólica, o con cualquier otra
firmeza corroborados los estatutos y costumbres; otorgados
también privilegios, y las cartas apostólicas anteriores, y
concedidos, aprobados e innovados los caracteres bajo
cualesquieras disposiciones, y formas, y cualesquieras incluso
de las que derogan a las derogatorias, y otras cláusulas más
eficaces, eficacísimas y no acostumbradas, y que anulan, y
otros decretos en el género, o en la especie, y otros de cualquier
modo en contrario de los expuestos previamente; expresadas
todas estas (cartas) , y cada una de las que presentan los
acuerdos de aquellos plena, y suficientemente, e insertas de

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palabra a palabra, derogamos a la vez en tanto que especial y
expresamente las que contengan otras (disposiciones) habiendo
de ser conservadas aquellas para efecto de las cuestiones
expuestas previamente, y (derogamos) cualesquieras restantes
contrarias. Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del
Pescador, en el día 16 de Julio de 1824 en el año primero de
Nuestro Pontificado.
J. Cardenal Albano

Así es
Gildo Brugnola
de las Cartas Breves Apostólicas

En beneficio de la Hermandad Primitiva de los Nazarenos


de la Ciudad Hispalense

Concuerda con el ejemplar primitivo, que se guarda en el


Archivo del tercer Orden de Oficio en los asuntos públicos
De la Iglesia que han de guardarse.
Desde la Sede han de expedirse Cartas Apostólicas
en el día 26 del mes de Mayo en el año 1954
El Prefecto del Archivo
Marino Belardo

(Nota: La traducción se ha realizado literalmente, con una mínima interpretación de alguna frase de
escaso sentido sintáctico, sin perjuicio de que el conocimiento de la legislación eclesiástica del siglo
XIX pudiera facilitar otra versión más específica. No se trata de un texto clásico, por lo que cabe la
orientación del redactor, sometida a los modismos eclesiásticos, legislativos y del italiano. )