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La tiranía de las Ideas de Juan Miguel Zunzunegui

REA MORONES Fernando.

La Tiranía de las Ideas es un ameno pasaje por la Historia Universal, especialmente de todos aquellos antecedentes

que conforman las dos naciones que aborda como tema central el autor: México y Estados Unidos.

La historia, además, se nutre de una agradable conversación entre dos ángeles y Dios, en la que la imagen de éste

al principio resulta totalmente en concordancia con la idea occidental de “Dios”: el cielo, los ángeles, esa

personificación de la deidad única y toda poderosa. El concepto y la manera en que se describe a Dios van

evolucionando conforme avanza la obra, logrando así explicar en un plano sencillo las ideas centrales del autor.

Los ángeles bajan a la tierra convertidos en niños, y así pasarán por cuatro paseos de la Historia, cada fragmento

en realidad recoge eventos históricos de diversas épocas, pero la secuencia se puede advertir pues al principio se

habla de todo lo relativo a España, Inglaterra y demás naciones europeas que influyen en el desarrollo étnico,

cultural e histórico de México y Estados Unidos; mientras que ya después se habla incluso de las grandes guerras

y revoluciones por las que han pasado estos dos últimos.

Así, el autor desarrolla una serie de ideas bastante atrevidas, pues desde el inicio denota un rechazo creciente

hacia las estructuras y construcciones sociales que como abogados y, en general como estudiosos de ciencias

sociales, tanto estudiamos y tratamos de comprender. El autor sostiene que palabras como nación, pueblo, Estado,

dioses, libertad; son todas abstracciones y que en realidad eso que tanto se estudia en la educación básica relativo

a la identidad tiene una sola finalidad: la captura y retención del poder por parte de la clase política.

De igual manera el autor expresa que “No hay ideología liberadora, pues en toda ideología hay un sometido”, lo

cual suena bastante convincente cuando explica que “los liberales se convierten en conservadores para usufructuar

el poder”. No cabe duda de que la Historia ha demostrado que esto es cierto: siempre que se derroca una autoridad

se derroca una ideología, y el siguiente paso inmediatamente es imponer una nueva autoridad con una nueva

ideología, que en ocasiones dista de ser distinta a la que se derrocó, pero favoreciendo sectores diferentes o en el

mejor de los casos, balanceando los beneficios.


Zunzunegui explica el paquete de ideas de mexicanos y estadounidenses o “gringos” como son comúnmente

llamados. En el primero cabe mencionar las ideas enraizadas del catolicismo, el medievalismo y el mercantilismo:

pobreza es humildad, existencia de paraíso, infierno y purgatorio; centralización de poder, la riqueza depende del

favor del que ostenta el poder por lo que hay que “agandallar” lo más posible mientras se puede; la riqueza es

únicamente aquello que hay, no hay necesidad de crear. En cambio, las ideas inglesas que heredaron y

perfeccionaron los estadounidenses son todo lo contrario: la riqueza son las ideas, las creaciones, la innovación;

la pobreza del otro es la vergüenza de todos; los Estados son diferentes y sólo se unen por necesidad de protección,

pero mantienen su autonomía; aquello que más se debe garantizar es la libertad y la propiedad.

Dicha polarización de ideas resulta un tanto extremista y generalizadora, pero ayuda a comprender que el grueso

de la población no dista mucho del estereotipo descrito por el autor, y en general con el estereotipo que cada uno

de nosotros tenemos sobre unos y otros.

Cabe destacar una conversación de los ángeles con Dios en la que se habla del agandalle como un fenómeno más

bien humano, que se remonta a los orígenes de las civilizaciones e incluso antes. Sin embargo, se hace especial

énfasis en que el agandalle es frecuente entre los mexicanos, quizás por un complejo de inferioridad heredado de

la tragedia que es la Historia de México; tal vez del afán español por querer hacerse de lo más posible en el menor

tiempo, tal vez por la falsa ideología de que pasar por encima de los demás nos hace mejores o mejor llamados

“chingones”.

El autor menciona brevemente momentos claves en la Historia Mundial como la unificación de los Reinos de

Castilla y Aragón, la separación de Inglaterra con la Iglesia Católica con el pretexto de divorciarse de Catalina de

Aragón y casarse con Ana Bolena; el ascenso al trono del rey y emperador Carlos V (o Carlos I de España); los

viajes de Colón, Cortés, Smith y demás colonos españoles, portugueses, franceses e ingleses; la existencia de la

piratería y su contraposición a los corsarios; y llega finalmente a las diferencias entre la Independencia

estadounidense y la independencia de la Nueva España.

Claramente a lo largo del texto el autor constantemente plasma ideas que mueven todo lo que genéricamente se

conoce acerca de la Historia de nuestro país. Así, pone en duda que la independencia de México haya sido
inspirada en la Ilustración otorgando una muy buena argumentación que cualquiera que conozca las verdades de

la Historia comprenderá: bien es cierto que en nuestro país una gran parte de la población era analfabeta y quienes

no lo eran tenían acceso restringido a los textos ilustrados debido a la inquisición; también es cierto que en un

inicio se clamaba por la independencia de la península debido a que ésta había sido invadida por Napoleón I y se

defendía a Fernando VII en los discursos; y finalmente, también es cierto que la Independencia no se consumó

hasta que intervino el interés de los españoles peninsulares y del clero, con el objetivo de librarse de la

Constitución liberal de Cádiz, la cual fue aceptada a la fuerza por Fernando VII después de una revuelta.

Por lo tanto, es cierto que mientras la nación estadounidense nacía con los ideales de libertad y derecho a la

propiedad, con ideas pragmáticas que permiten que la riqueza sea de quien revoluciona las ideas y el trabajo, con

un pasado en común y el sentimiento de querer permanecer juntos, que de acuerdo a tratadistas como Ernesto

Renán conforman el concepto de nación; la nación mexicana surgía con un afán de mantenerse en la Edad Media,

en el mercantilismo, en la atadura de los estados al poder central, en mantener una estratificación social rígida,

con una ideología arraigada en la religión.

Durante el texto, se menciona el papel que jugó la religión en el desarrollo de las dos distintas sociedades. La

religión católica, por su parte, construyó una sociedad española en la que se alababa la pobreza pues el discurso

ideológico funcionaba para controlar y centralizar el poder; discurso que se heredó a los mexicanos. En cambio,

la religión protestante logró que se desarrollara una sociedad moderna, con una ideología industrial, de desarrollo,

en la que la riqueza son las ideas y no los recursos.

Se sigue una lógica similar a la de Octavio Paz en El laberinto de la soledad, la cual a mi parecer no debe tomarse

como absoluta, pues si bien es cierto que uno de los mayores legados de la conquista es la religión, no es lo único

que conformó la sociedad mexicana tal y como es actualmente.

El texto desarrolla una idea que me parece especialmente acertada: “la migración no es sólo un derecho natural e

inalienable; también es la causa de nuestra evolución como especie, y, además, es buena idea”. Los argumentos

me parecen totalmente válidos, pues es verdad que cuando se intercambian ideas se enriquece el conocimiento y
la forma de realizar las cosas, y siempre se busca un nuevo lugar en dónde vivir para buscar mejores condiciones

de vida.

A esta recomendación de emigración, le añade una condición el autor: para establecerte en un nuevo lugar del

mundo debes “migrar sin el pasado a cuestas”, pues cargándolo jamás se estará satisfecho con una nueva situación,

así sea ésta más favorable. Así es como concibe el autor al norteamericano, siguiendo la fórmula de Jean de

Crevecoeur: “es norteamericano quien, dejando atrás todos sus principios y modales, recibe nuevos de la nueva

manera de vivir que ha abrazado, del nuevo gobierno al que obedece y del nuevo rango que tiene”.

Esta última idea también me parece acertada en una gran parte, exceptuando el hecho de que en lo personal

considero que es preferible tener en mente el pasado como experiencia, pero superándolo, no encerrándose en él,

ni basando nuestras decisiones en él. No necesitas olvidar de dónde vienes para ser un ciudadano del mundo, para

enriquecerte de nuevas ideas y emplear las tuyas con nuevas y diferentes oportunidades. La identidad que tanto

rechaza el autor, a mi parecer no tiene por qué ser un impedimento para desenvolverte en un nuevo panorama; la

memoria colectiva se enriquece de nuestras experiencias personales y viceversa.

El texto alterna los paseos de la Historia con las reflexiones de los querubines hablando con Dios, quien poco a

poco deja de parecerse al ente omnipotente, cuadrado y con forma humana; hasta llegar a un punto en el que Dios

mismo se refiere a él como “la existencia y la unidad”, de la que todos formamos parte. Además, se hace referencia

a la consciencia y a cómo ésta al observar sin realizar juicios de valor, ayudará a comprender la realidad y, por

ende, resolver los conflictos que nos aquejan.

De igual manera destaca entre las reflexiones de los ángeles la de la individualidad y el individualismo, en la que

se explica que México vive en una paradoja en la que nadie tiene individualidad, pero todos son individualistas.

Esto refiere a que como individuos debemos ser entes separados de la colectividad en cuanto a ideologías, forjar

nuestras propias percepciones de la realidad y no dejar que nos carcoman los patrones y condicionamientos.
Esto último representa una crítica muy fuerte a la democracia, pues el autor la ubica como un engranaje en el que

esclavos se sienten libres e independientes. Habla nuevamente de que el individualismo, los mitos y la identidad

pretenden encuadrar a todo el pueblo, dejándolo sin posibilidades de pensar por sí mismo.

Finalmente, en el texto se hace referencia a una última parte de la Historia de México y Estados Unidos, en el que

se habla de la frontera y los territorios perdidos por México en la guerra de intervención estadounidense. Aquí se

hace énfasis en gran parte de los eventos conocidos: la incertidumbre del territorio de Florida con España y

Francia, la colonización de Texas por un gran número de familias norteamericanas, la negativa de gran parte de

mexicanos a volver a México una vez que Texas ya era parte de la unión americana, las ideas que hicieron a miles

de personas quedarse en Estados Unidos, las ideas que hicieron a miles de personas no querer volver a México, o

perecer en él.

Además, se mencionan brevemente cuestiones tales como la Doctrina Monroe de “América para los americanos”,

la guerra de secesión norteamericana impulsada por cuestiones económicas y no por cuestiones humanitarias

como quieren creer, el segundo Imperio mexicano, la manera en que Juárez entendió a los norteamericanos como

aliados y como ese “mal necesario” del cual se pudo aprovechar para instaurar sus ideales. En adición critica a la

Revolución, señalando que en ella se dio un “nacionalismo barato, un discurso lastimero, y una visión ombliguista

de la realidad”.

El cierre del libro es realizado por el autor de una manera muy clara en la que reúne todas sus ideas y logra

conciliar ciertos puntos. Además, menciona a México y a Estados Unidos como un sueño, ambos convertidos

actualmente en pesadillas: el primero por jamás llegar a lograr una verdadera libertad, “el país surgió como el

proyecto de unos cuantos. Y siempre ha sido exactamente eso”; y el segundo por dejar de considerar a la

industrialización como fuente de prosperidad y empezar a verla como fuente de control y poder, olvidando a

George Washington al permitir un ejército muy fuerte, a Thomas Jefferson dejando paso libre a los capitalistas

dominantes, y a Eisenhower desarrollando una gran industria bélica.


El mensaje final resulta ensordecedor, parece proponer de lado toda estructura, toda creación de la mente humana

que nos impida disfrutar del ahora, observando a la realidad de manera consciente y experimentando la existencia

en la unidad, sin más divisiones ni conceptos y dejando paso a la verdadera libertad.