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Entrevista de OnCuba a Juan Triana el 1 y 2 de junio de 2015.

Es uno de los más conocidos economistas cubanos pero no por los motivos
habituales que hacen célebres a los economistas –sus asesorías a políticos en
campaña, sus impugnaciones a bancos, sus innovaciones empresariales, sus
tesis de postdoctorado. A Juan Triana Cordoví lo conoce “todo el mundo” en
Cuba porque “se coló” en El Paquete Semanal; porque “rodó” de USB en USB
en 2013, filmado en un video en el que opinaba con bastante libertad sobre la
situación económica en Cuba, su pasado, su presente y su futuro. Una
conferencia suya dirigida a oficiales del Ministerio del Interior, se filtró -
¿intencionalmente?- y dejó al descubierto algunos puntos de una agenda de
análisis crítico que en Cuba no suele ser muy pública. Entre otras cosas se veía
a Triana convenciendo a los oficiales de la impostergable necesidad de acceso
a Internet, un asunto sin avances sustanciales hasta hoy.

Durante esta conversación para OnCuba, Triana, investigador del Centro de


Estudios de la Economía Cubana, de la Universidad de La Habana, se sumerge
en un recorrido por varios temas que van desde la dañina y persistente
centralización de la economía, la nueva Ley de inversión extranjera y la función
de las agencias empleadoras, hasta las razones por las que Cuba se niega a
copiar el modelo chino o el vietnamita.

En una segunda parte de esta entrevista que OnCuba publicará mañana Triana
reflexiona, entre otros temas, sobre la probable inflación cuando se unifiquen
las tasas de cambio y quede disponible una sola moneda.

El economista cubanoamericano Carmelo Mesa Lago sostiene que el


propósito de Cuba de aumentar las exportaciones, la producción y
avanzar la economía en general se contradice con su centralización.
¿Usted está de acuerdo?

Hay un reconocimiento hoy de que la centralización no es necesariamente


funcional a la necesidad de incrementar las exportaciones de Cuba. No solo la
centralización en sí misma, sino además la manera en que se ha diseñado esa
centralización, ha afectado las exportaciones, sin lugar a dudas. Más que todo
por la necesidad de requerir permisos constantemente. Para exportar hace falta
producir e importar, y ha habido además un proceso muy centralizado para
importar e incluso para producir con asignaciones centrales de capital de
trabajo y dinero para las importaciones. Esa excesiva centralización ha
generado como uno de nuestros padecimientos actuales, nuestra poca
capacidad para exportar. Ello tuvo mucho que ver con nuestra relación con la
Unión Soviética. En aquellos tiempos esa centralización era más funcional por
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la manera en que estaba estructurado el país y sus vínculos con el mundo,
especialmente con el mundo socialista. Lo que pasa es que esa realidad
cambió radicalmente a partir de los años 90, mientras algunas de nuestras
instituciones y regulaciones lamentablemente apenas cambiaron.

¿Usted quiere decir que la centralización en esa etapa fue útil?

Yo quiero decir que fue funcional al modelo que tenía Cuba. No empleo la
palabra útil. Funcionaba para el modelo de economía que teníamos y el modelo
de inserción internacional que teníamos, que era básicamente con el campo
socialista, donde también había un modelo centralizado. Teníamos planes
quinquenales, conciliaciones de planes, y ahí funcionaba correctamente. Pero
esa realidad cambió en los años 90.

Sin embargo, durante esa etapa, específicamente en los años 80, hubo un
proceso llamado de Rectificación de errores y tendencias negativas.

Nosotros nos hemos pasado la vida rectificando. La construcción de una


economía y de un país es una obra de hombres. Quizás en Cuba es más
evidente la rectificación pero todos los países rectifican. Y cada gobierno
rectifica al anterior, rectifica las políticas, las hace nuevas. Y Cuba no es una
excepción. No hay país que no haya tenido que remodelar, rectificar, actualizar
sistemáticamente. En otros países incluso se hace cada vez que un gobierno
entra en el poder. En Cuba tuvimos un gobierno muy largo. Hasta hoy. Con dos
presidentes, sobre una misma concepción filosófica. Pero la realidad ha ido
cambiando y hemos tenido que ir rectificando porque hemos cometido errores.
Pero nuestro diseño era funcional a la economía que teníamos y adonde
estábamos insertados. Lo que producíamos lo exportábamos al campo
socialista, en especial a la Unión Soviética. Y decidimos que lo que íbamos a
exportar era fundamentalmente azúcar, algunos cítricos, varios tableros
electrónicos, y algunas otras cosas como productos del mar.

Hablemos de la Ley de inversión extranjera aprobada el año pasado. ¿Es


una ley completa, o padece de defectos graves? ¿Por qué no es una ley
de inversión para los cubanos?

Voy a comenzar por lo último: es una ley de inversión extranjera. Cuba tendrá
que tener su ley de inversión en algún momento. Para todo el mundo. Pero hoy
es una ley de inversión extranjera y por lo tanto no puede incluir a los cubanos
que residen y viven en Cuba. Estaría negando la propia ley, que es de inversión
extranjera. Que no tengamos otra ley que permita a los cubanos invertir de
manera transparente en negocios es otro tema que habrá que discutir en algún
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momento, y yo espero que en algún momento se discuta. La ley actual mejora
la anterior. Hay un grupo de procesos y procedimientos que los hace más
transparentes. Norma el tiempo de respuesta para un grupo de negocios. Hace
exenciones fiscales que la otra ley no tenía tan bien estructuradas. Si la
comparamos con otras leyes de inversión de América Latina y el Caribe, de los
países que pueden ser nuestros competidores, como República Dominicana,
Costa Rica, Nicaragua, Panamá, nuestra ley carece de algunas prerrogativas
que esas otras leyes le conceden al inversionista extranjero. Es algo que habrá
que ir aprendiendo y mejorando con el tiempo. Ninguna ley es perfecta. La
experiencia nos dirá hasta dónde tenemos que mejorar esta para incentivar
flujos inversión extranjera directa en magnitud suficiente para resolver los
problemas que tenemos hoy. Lo más importante de la ley es su filosofía, que
expresa, y eso sí es un cambio radical, que la inversión extranjera directa es
una necesidad para el desarrollo de Cuba. Que puede ser complemento en
algunos rubros, y en otros será lo fundamental.

Todos los pronunciamientos en Cuba sobre la productividad y los salarios


son invariables: para que los salarios aumenten tiene que crecer primero
la productividad. Lula Da Silva, en una de sus últimas visitas a La Habana,
aseguró que no es una receta inviolable y que durante su gobierno,
subieron los salarios y luego creció la productividad. ¿Qué opina usted?

Lula dijo que en Brasil funcionó así. Cuando él hizo eso tenía suficientes
ingresos fiscales para hacerlo. Brasil estaba gozando del boom de las materias
primas. Su situación actual es drásticamente diferente. Sus ingresos fiscales
han caído debido a que ha caído el precio de las materias primas,
especialmente de los granos que Brasil exportaba. Sin lugar a dudas, hay una
relación entre salarios y productividad. Y es como el cuento del huevo y la
gallina. Si usted no crece en productividad, no puede aumentar salarios. Pero si
no incentiva a los productores, no puede crecer en producción y productividad.
Por tanto, hay que romper de alguna manera ese círculo perverso. Los países
que tienen grandes ingresos fiscales, destinan una parte de ese dinero a
incentivar algunos sectores, como parte de una estrategia de desarrollo. Y es
fantástico. Otros países no pueden. Cuba tiene una restricción fiscal muy
grande y tiene que hacer un ejercicio de microscopio. ¿Qué se deja para
incentivar desde las empresas y qué se deja para incentivar desde el Estado?
Lo que ha ocurrido en Cuba es que aquellas empresas que tienen altos
ingresos no han logrado tener incentivos suficientes para seguir generando más
exportaciones. Hablo de las grandes empresas exportadoras de Cuba, que no
son más de quince. Hablo de la industria azucarera, del níquel, de la empresa
que produce y exporta ron, de la empresa que produce y exporta tabaco, del
sector biotecnológico, del sector de servicios médicos, el turismo. A mi juicio,
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ahí los incentivos han sido insuficientes porque son sectores que generan
muchos ingresos, tantos como para incentivar mucho más a sus trabajadores.
Sin embargo, nuestras regulaciones han impedido a esas empresas incentivar
más a esos trabajadores. Eso ha cambiado últimamente. Y hoy hay un grupo de
empresas que logran incentivar un poco más a sus trabajadores. Incluso en la
empresa de telecomunicaciones ETECSA, donde han elevado sustancialmente
los salarios de sus trabajadores. A veces en el doble, en el triple. No significa
que sean los salarios que les hacen falta a los cubanos. Quiere decir que
hemos multiplicado por tres el salario. Y eso es importante. Pero tenemos
empresas como la que produce la cerveza de Cuba que hasta hace muy poco
pagaba a sus trabajadores alrededor de 400 pesos cubanos mensuales. O
Havana Club, donde el salario medio en pesos cubanos era muy bajo. Como
Biotecnología, donde a ingenieros altamente calificados se les pagaba muy
poco. Hoy las empresas tienen un poquito más de libertad para pagar a sus
trabajadores. De hecho, ha cambiado hasta en el sentido de que a aquellos
trabajadores que están bajo contratos con empresas extranjeras se les ha
implementado una tasa de dos a uno para el salario que pagan las empresas
extranjeras, por lo que quien antes recibía 700 cuc y no los veía, ahora recibe 1
400 pesos cubanos. Está muy distante de la tasa de 24 a 1, por lo que habría
que discutir mucho sobre ese tema, pero, sin lugar a dudas, hay una mejora
puntal, aun cuando está quizás lejos del salario que esos trabajadores merecen
y por los cuales una empresa extranjera está pagando. Te pongo ejemplos
concretos porque abordar la reforma del salario de modo general no es lo más
conveniente. Hay una diferenciación grande entre los distintos sectores del
país. El otro problema es que en aquellos sectores estatales no productivos, el
aumento de salario ni siquiera depende de la productividad, sino de los
recursos e ingresos que el Estado tenga. Y aun tenemos un aparato
administrativo muy grande, diría que exageradamente grande, lo que hace que
a una parte grande de los trabajadores que son decisivos y esenciales para el
proyecto revolucionario, se les pague muy poco. Hablo de los médicos y los
profesores, la columna que sostiene el proyecto de la Revolución cubana. Pero
para pagarles más a los médicos y a los maestros hay que pagarles menos, o
no pagarles, a otros empleados administrativos, muchos de los cuales no son
necesarios en esos empleos. Nuestro gobierno manifestó la necesidad de
mover unos 500 mil trabajadores de ese a otros sectores, como una manera de
racionalizar gastos y poder dedicar esos recursos a otros sectores. Un proceso
que tiene que seguir creciendo. En uno o dos años, más de 13 mil
establecimientos de gastronomía y servicios que recibían salarios estatales se
convertirán en cooperativas, y el Estado dejará de derogar una cantidad de
dinero que podrá ser dedicado a los profesores, por ejemplo. Sobre todo a los
de primaria, esenciales en la formación de nuestra niñez y nuestra juventud.
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¿Qué opina sobre las agencias empleadoras, que son las que pagan a los
trabajadores que contratan las empresas extranjeras?

Yo soy de los que no están de acuerdo con la existencia de agencias


empleadoras en Cuba. Tenemos las instituciones necesarias para que las
agencias empleadoras no tengan por qué existir. En todo caso para que sean
un servicio más que se presta a una agencia o una empresa si lo necesita y lo
contrata. Es una de las diferencias que nos ponen en condiciones desiguales
en relación con las otras leyes de inversión de los países del área.

¿Hay perspectivas de cambiar eso?

No que yo sepa. Tendrías que preguntárselo al Ministro de Comercio Exterior e


Inversión Extranjera.

Usted ha defendido la idea de que Cuba no copie modelos económicos, ni


chino, ni vietnamita, ni de ningún otro país. ¿Esos modelos no le vienen
bien al país?

Yo he dicho que Cuba no tiene que copiar el modelo chino, ni el vietnamita, lo


que no significa que no aprendamos de todos: también del costarricense, del
chileno, del noruego, del sueco, del canadiense, del brasileño. Construir una
economía es un proceso sistemático de aprendizaje, y por lo tanto es
importante conocer y aprender de las experiencias exitosas y no exitosas de
otros países. El problema está en que una cosa es conocer, aprender y aplicar
y otra es intentar reproducir miméticamente el modelo chino o el vietnamita o el
sueco, por la razón de que nos somos ni chinos, ni vietnamitas ni suecos. Cuba
tiene sus características propias, es un país mucho más pequeño que China,
que tiene 1 500 millones de habitantes. Nosotros tenemos 11 millones.
Tenemos una cultura occidental, modelos de comportamiento distintos a los de
los chinos, y este es un país, aunque a veces cueste trabajo decirlo, con
patrones culturales y de comportamiento de clase media bastante
generalizados, atributos, incluso de consumo, de clase media y media baja,
porque ha sido uno de los grandes logros de la Revolución: sacar a la gente de
la pobreza, a mucha gente de la miseria, educar a esas personas, o al menos
proporcionarles un nivel escolar alto, y en la medida en que esas personas
mejoran sus aspiraciones y patrones de consumo y de cultura, cambian. Y si
comparas las aspiraciones y patrones de consumo y de cultura de la población
cubana, se parecen más a las aspiraciones de la clase media de un país
latinoamericano que a los de China o de los sectores de más bajos ingresos de
ese país.

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Ningún cubano aceptaría, bajo ningún concepto, que una parte de su familia
muriera de hambre. Ningún cubano quiere renunciar a lo que ha logrado
después de 50 años. Para nosotros la educación es sagrada, la salud es
sagrada, aunque estén deterioradas materialmente. Y ninguno de nosotros
quiere caminar hacia atrás. Porque es un valor implantado en nuestra manera
de ser. No son los casos de China ni de Vietnam. Ni de Brasil. Ni de México.
Nosotros no tenemos que discutir casos sociales tan complicados como el de
niños de cuatro años vendiendo agua de coco o cocos de agua en una esquina
durante 12 horas. Ni la prostitución infantil ni el trabajo infantil. Tenemos otras
desigualdades, otras inequidades. Tenemos otra manera en la que se expresa
la pobreza. Y es el resultado de la Revolución. Tenemos muchas cosas que
mejorar, rectificar, pero la manera en que hay que hacer el socialismo en Cuba
es diferente a la manera china, a la forma en que se hizo en Vietnam, que
cuando comenzó su transformación tenía un 80 por ciento de la población
viviendo en la miseria. No en la pobreza que nosotros conocemos. En la mi-se-
ria. Hoy es un logro de los vietnamitas tener solo al 16 por ciento de la
población viviendo en la miseria.

Cuba no publica datos oficiales sobre la pobreza.

Pero sabemos que existe. Podemos ir a los barrios más pobres de las
provincias más pobres, por ejemplo, Guantánamo, y veremos una diferencia
sustancial entre esa pobreza y la que los vietnamitas encontraron cuando
fueron a empezar su transformación. La relatividad existe. Mientras que para un
país el hecho de que el 50 por ciento de sus habitantes tengan agua potable
puede ser un éxito, para nosotros es un fracaso. Dos lecturas diferentes del
mismo dato. En un país puede ser un logro que hoy tenga una tasa de
mortalidad infantil de 12 por mil nacidos vivo, para nosotros es un fracaso. Son
realidades diferentes. Uno puede estar en Asia, el otro en el Caribe. Uno está a
miles de kilómetros de Estados Unidos, el otro a 90 millas. Uno vivió una
realidad, otro vivió otra. Es muy difícil mimetizar modelos económicos. Cada
experiencia de desarrollo es única en sí misma, aunque haya leyes generales y
regularidades que hay que cumplir.

(Continuará mañana…)

2da parte

(OnCuba le sugiere la lectura de la primera parte de esta entrevista con el


economista cubano Juan Triana Cordoví)
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Vayamos a la dualidad monetaria en Cuba. Cuando eso ocurra por fin y
exista una sola moneda, ¿significará que quienes recibían CUC y dejen de
recibirlos, serán más pobres?

No necesariamente. El problema principal no es las dos monedas, sino las


múltiples tasas de cambio que tenemos. Y eso es quizás lo que más nos afecta.
De facto, las dos monedas ya están unidas porque puedes comprar en pesos
cubanos en las tiendas de comercio en divisas. Están unidas. Lo que falta es
quitar el CUC. Y a partir de ahí las personas que ganan 50 CUC cobrarían 50
CUC por 24. No serán, en principio, ni más ricas ni más pobres. El CUC, al
final, es un vale para comprar en cualquier lugar solamente de Cuba. Hasta ahí
llega el CUC. No puedes comprar fuera de Cuba, no es una moneda reconocida
internacionalmente. Es, por tanto, un vale de compra que se usa en esta tienda
grande que es Cuba. Fue muy útil, sin lugar a dudas, porque permitió ir
acomodando la economía en los años 90, igual que fue muy útil, en esa
década, introducir la circulación del dólar, sin tener que recurrir a otros
expedientes mucho más dolorosos. Con el tiempo, eso se hizo cada vez más
costoso, su utilidad fue disminuyendo, consolidó distorsiones y ha hecho menos
transparente la gestión económica de las empresas. Cuba necesita unificar la
tasa de cambio, tener una tasa bien fundamentada. Cuando exista una sola
moneda, que debe ser el peso cubano, que es lo que generalmente se ha
dicho, nadie tiene que sentirse perjudicado, a menos que cambie la tasa. El
gobierno ha dicho que se trata de un proceso que va por pasos. Primero se
unen las monedas, se mantiene la tasa y después hay un cambio de tasa. Lo
que está claro es que la unificación de las tasas, que significa devaluar una de
las tasas, puede traer movimientos inflacionarios. La tasa de 1 a 1 hay que
devaluarla. Si eso ocurre y no se toman medidas para reducir el impacto
negativo, el movimiento inflacionario que se produciría, con un crecimiento de
los precios, pudiera traspasarse al precio de los productos de consumo final, y
puede influir negativamente en el salario real de las personas. El gobierno ha
diseñado un programa dirigido a reducir ese impacto. Hasta donde ese
programa sea efectivo lo dirá la vida, porque no puede decidirse en laboratorio.

Con todo derecho, los ciudadanos a veces pretenden que todo se pueda prever
con suficiente anticipación y todo se pueda planear y hay cosas en la economía
que no son totalmente previsibles. Uno puede prever cosas en un 80, 60, 40 por
ciento, pero la economía también tiene sus propias dinámicas y no todo puede
preverse. Ya hay ejemplos de devaluación de tasas. Hay un convertidor para los
trabajadores del Mariel, que es 10 a 1, hay una tasa a través de la cual los
campesinos venden al turismo –de 10 o de 11 a 1- de modo que hay un proceso
que ha ido implementándose, y hasta ahora no ha habido un impacto
demasiado grande en los precios. Obviamente, está muy reducido a un grupo
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de sectores. Cuando se amplíe a todos los sectores hay que ver qué pasará.
Pero es un proceso que va de un posible desplazamiento e incremento de los
costos, a que esos costos se reflejen en los precios, y a que esos precios
impacten en el salario de las personas. Otra forma de solucionar ese problema
es incrementar los ingresos nominales de la gente para compensar el de los
precios y otra manera es que algunos precios regulados y controlados por el
Estado –excesivamente altos en algunos productos, como los artículos de
primera necesidad en las tiendas de comercio en divisas– sean reducidos,
mediante la disminución del impuesto a la venta que a veces es bajo, pero en la
mayoría de los casos no, bajarlo más, para proteger esa canasta de bienes que
el ciudadano cubano tiene que comprar.

¿La economía cubana será en el futuro más de formas no estatales de


producción?

Yo creo que se anunció hace ya tiempo que el socialismo cubano mantendrá en


manos del Estado los medios fundamentales de producción. Eso significa que
aquellos que no sean fundamentales pasaran a otras formas de propiedad,
como la cooperativa, cuyo crecimiento se ha ido fomentando, aunque
paulatinamente, y otra será la privada. Esteban Lazo habló de un porcentaje del
producto interno bruto y de un porcentaje de trabajadores en el sector no
estatal. Yo prefiero no hablar de porcentajes. Prefiero hablar de un sector
estatal cuyo tamaño sea funcional a los propósitos del socialismo que
queremos lograr. Todo lo que es educación, salud, algunos servicios esenciales
todavía, tienen que quedar en manos del Estado. Y algunos segmentos, dentro
de los sectores productivos que por su importancia y las características de
Cuba son decisivos deben quedar en manos del Estado. Al menos aun hoy. Y
quizás hasta dentro de 10, 15 o 20 años. Creo que un horizonte de más de 15
años es demasiado largo plazo en la vida de las personas y hasta en la de los
países, dada la velocidad a la que cambian el mundo, los países. Este país no
es el mismo en el que se aprobaron los Lineamientos… Hoy hay casi medio
millón de trabajadores privados, casi millón y medio en el sector no estatal, que
es el 26 por ciento de la fuerza de trabajo de Cuba. Un país donde hay casi 500
cooperativas aprobadas, más de 300 funcionando y otras tantas por aprobarse;
donde hace tres años no había quizás 300 restaurantes privados y hoy hay más
de 2000; donde hay miles de habitaciones rentando en el sector privado, que se
convierte en una “cadena hotelera” importante por la cantidad de habitaciones,
quizás solo superada solo por la corporación Gaviota, es definitivamente un
país diferente.

Y esos sectores han ido enlazándose, por decisiones del proceso de


Actualización, al sector estatal. Y hoy, muchas instituciones utilizan
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cooperativas para reparar, modernizar, mejorar, incluso hoteles. ¿Cuánto nos
hará falta de aquí a cinco años? Es muy difícil predecirlo. El Estado debe tener
aún la supremacía en algunos servicios básicos, ser por lo menos el accionista
mayoritario aunque no sea el gerente del negocio. Imaginemos un hotel bajo
contrato de administración: el Estado es el accionista mayoritario y la gerencia
es de una compañía extranjera. El Estado recibe sus ingresos por ser
accionista mayoritario, que favorecen luego determinados planes. ¿Por qué no
podemos hacer lo mismo con las tan comentadas tiendas en divisas? ¿Por qué
el Estado tiene que ser gerente del comercio minorista si puede acoplarse en
una sociedad mixta en la que sea accionista principal y contrate a una
cooperativa la gerencia de la tienda? ¿Por qué gastar recursos, prestigio,
capital relacional, incluso político, para hacerse cargo de algo que durante 56
años se ha demostrado que no puede hacer bien? Eso además tiene un costo
en términos de prestigio porque cada día que se descubre un caso de
corrupción, afecta la imagen de nuestro Estado. ¿Por qué una cadena de
tiendas no puede establecer un contrato de administración con una gran
compañía que sabe hacer eso, que le puede garantizar el suministro mayorista,
financiamiento, una estabilidad en la oferta? Es lo que se hace hoy con los
hoteles. Para eso no hay que ir a Vietnam a aprender. Lo hizo Cuba en los años
90 y nos lo enseñó Fidel Castro cuando inauguró el primer hotel en Varadero. Y
esas compañías vienen, hacen la gerencia y traen a sus clientes, ponen el
mercado, garantizan el suministro. ¿Por qué no podemos extender esa
experiencia al sector de comercio, que tanto nos cuesta en términos de dinero,
inventarios, custodios, prestigio? A pesar del esfuerzo que hacen las personas
que trabajan en ese sector no logran hacerlo con eficiencia y generan una gran
insatisfacción en el pueblo. Los beneficios serían mucho mayores que los
costos, tanto para el Estado como para la población.

¿Y por qué si es tan obvio eso no se hace, no se cambian los papeles?

Eso tienes que preguntarlo a otra gente. Hay una cultura establecida, una
inercia, determinados prejuicios, en el sentido de ser juicios preestablecidos, y
por lo tanto se ha mantenido así. Es de las cosas que hay que cambiar; de las
mentes que tenemos que cambiar. No queda más remedio que seguir
cambiando, experimentando. La experiencia con los cubanos que venían a
vender ropa es impactante: en muy poco tiempo establecieron 12 000 puntos
de venta, es decir, 12 000 licencias, emplearon a mucha gente y trajeron la ropa
y los productos que la gente necesitaba y con la calidad que querían. Sin un
aparato estatal para hacerlo. Es una experiencia importante que habría que
ponerla en orden. Pero en lugar de eso, la erradicamos. O pensamos que la
erradicamos y no lo hemos logrado. Con perjuicios para todo el mundo. Incluso

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para el Estado porque ahora esas personas no pagan impuestos, lo hacen de
forma subterránea.

Los economistas en Cuba no son los que guían la economía.

En ningún país del mundo los economistas guían la economía.

Son los gobiernos y las corporaciones, claro. Pero los economistas


debieran tener más peso, se les debiera hacer más caso.

Yo creo que cumplimos nuestro papel, que es el de investigar, producir y


generar ideas, dar opciones. Hasta ahí llega un economista en cualquier lugar
del mundo. Pero, hoy, más que nunca, se les ha dado espacio a los
economistas. Incluso institucionalmente. Para participar en los procesos, para
canalizar sus opiniones. Como nunca antes. Y con un gran respeto hacia sus
criterios. Es parte de ese avance que el país ha experimentado.

Los topes de los precios. Un asunto por el que mucha gente clama. ¿Por
qué no hay topes para los precios de alimentos?

Topar precios, que no es más que controlarlos, tiene, en el mediano y largo


plazos, grandes costos. Pero puede ser un recurso para solucionar
determinados problemas en determinados momentos. Sin embargo, hay otros
recursos. Por ejemplo, subvencionar algunas líneas de producción agrícola
básicas para la alimentación popular. Lo hacen muchos países. Hay una idea
rara de que la agricultura tiene que ser rentable y no puede ser subvencionada.
Y hay muy pocos países donde la agricultura no es subvencionada. Una gran
parte de las discusiones en la Organización Mundial del Comercio se deriva de
la subvención a los productores agrícolas. En Holanda, donde están las vacas
que más leche producen en el mundo, la leche tiene subvención. En Estados
Unidos, con una de las agriculturas más productivas del mundo, los agricultores
tienen subvención, subsidios de miles de millones de dólares. Y eso es porque
los precios de los productos agrícolas constituye un tema político. Por lo tanto
es importante garantizar precios bajos para que el ingreso de las personas
alcance para comprar esos productos y les quede mucho dinero para gastar en
otras cosas. El problema está en dónde se pone el subsidio. Es cuando el
Estado pacta con un campesino un acuerdo de suministro, y le dice: te voy a
subsidiar en tanto para que el producto se venda a tanto. Hay productos que
tienen costos muy altos. Porque todo ha aumentado en el mundo. Me sonrío
cuando veo reportajes en los que se dice que el precio del boniato puede ser de
80 centavos. Si los costos se han multiplicado por tres, por cuatro, es muy difícil
que el precio del boniato sea el de hace 30 años. El problema no es de los
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precios, sino del salario de la gente. Por el medio hay otras cosas:
intermediarios, abusos, situaciones monopólicas, falta de oferta. No de
producción. Son cosas diferentes. Todo eso existe en nuestro mercado
agropecuario, que es un mercado muy protegido porque en Cuba no hay nadie
que venda productos frescos de otros países. No te encuentras una malanga
producida en Jamaica. Ni un plátano de Honduras. Ni una cebolla comprada en
México. Por tanto, el mercado es solo de esos vendedores, que muchas veces
no son los campesinos, sin competencia de otros productores extranjeros que
los obligue a poner precios adecuados. En Cuba no ocurre eso. Hace cuatro
meses pagábamos 60 pesos por una libra de cebollitas. El kilogramo a 120
pesos, un quinto del salario promedio mensual en Cuba, que es de 400 pesos y
tanto mensuales. Cinco CUC por un kilo de cebollas. En un supermercado en
España ese kilo de cebollas te lo encontrabas a un euro y 30 centavos. Y
comprado al por mayor a los productores 80 centavos de euro. Cuba no tenía
suficiente dinero para comprar cuatro barcos de cebollas e inundar el mercado.
Y no hay una cooperativa a la que se le permita hacer eso. Al final había que
comprar la cebolla a los precios que los vendedores quisieran y con eso se
perjudicaba todo el mundo: el Estado y el pueblo. Tenemos un mercado muy
protegido, cerrado a la importación de productos frescos. Hay falta de
competencia. Donde se comienza a trabajar con el mercado hay que utilizar las
instituciones del mercado. Y una de esas instituciones que hacen que el
mercado funcione mejor, que tenga impactos positivos sobre el crecimiento, el
desarrollo y el bienestar de los consumidores es la competencia. Cuba no tiene
una política de competencia adecuada. Nunca hizo falta, pero ahora sí.

Deben estar trabajando para cambiar eso.

Se supone, yo no sé.

¿Cree que la eliminación total del bloqueo estadounidense a Cuba


mejoraría sustancialmente nuestra economía?

El relajamiento de algunos de los aspectos del bloqueo debe tener un impacto


positivo sobre la economía nacional. El hecho de anunciar que Estados Unidos
y Cuba están trabajando para restablecer sus relaciones diplomáticas cambia la
imagen de Cuba, y la demostración es que hoy hay decenas de organizaciones
empresariales y empresarios que visitan Cuba interesados nuevamente en la
Isla como plaza de comercio e inversiones. La prohibición de tener relación
comercial y de inversión con Estados Unidos y la persecución que el bloqueo
ha significado y significa hacía que Cuba saliera del horizonte visual de los
hombres de negocios. Una manera de medir al revés cuánto daño nos ha
hecho el bloqueo es saber cuánta gente interesada en hacer negocios con
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Cuba ha venido desde el 17 de diciembre, y nos vamos a sorprender. Hay
decenas de hombres de negocios mirando a Cuba con otros ojos.

En el corto plazo el mayor impacto del relajamiento del bloqueo estará en el


turismo. Que los estadounidenses no tengan ya que pedir un permiso
específico para viajar a Cuba, aunque lo hagan bajo una licencia general,
puede incrementar la cantidad de personas que vengan aquí. El año pasado
fueron unos 90 mil los que vinieron. La posibilidad de que la emigración cubana
pueda enviar más remesas tiene un impacto grande en la demanda efectiva del
país, en la capacidad de compra del cubano, y por tanto el comercio puede
incentivarse, y la dinámica del comercio es una de las cosas que miden la
dinámica de un país. Una parte de esos ingresos se emplean en inversiones en
el sector privado, restaurantes y habitaciones, que constituyen un complemento
para el turismo, dan variedad y opciones. Hasta el Ministerio de Turismo
reconoce que ese sector privado es un complemento importante que refuerza la
imagen turística de Cuba.

La calidad del servicio al turismo en Cuba es mala en general.

Es mala, pero el turista viene, y viene a los hoteles.

Pero el turismo estadounidense tiene fama de ser muy exigente.

Bueno, ya 92 000 y se quedan en los hoteles. Lo que ocurre es que el producto


que buscan muchos turistas norteamericanos no es el que Cuba vende, que es
sol y playa, fundamentalmente. Muchas de esas personas buscan turismo de
ciudad, turismo cultural. Hay turismo estudiantil, del que apenas se habla. La
Universidad de La Habana tiene convenios de semestres con universitarios
estadounidenses, y los servicios se los dan pequeñas empresas turísticas
privadas cubanas. En un escenario sin bloqueo habría otros muchos impactos,
asociados no solo al comercio y el turismo, sino además a la inversión, los
servicios, la complementariedad entre las dos economías, las posibilidades de
exportar, en lo que ha habido una especie de relajamiento de restricciones para
el sector privado cubano hacia Estados Unidos. La reducción de los costos de
importación de un grupo de productos. Hablamos del mercado más grande del
mundo, de uno de los centros de producción de tecnología más grandes y
dinámicos del mundo, de uno de los países de más altos ingresos per cápita del
mundo. Y eso, obviamente, debe tener un impacto positivo en el país. Hay
muchísimos retos en términos de aspiración de desarrollo, de evitar errores que
hemos cometido, como generar una dependencia de un solo país, también en
la conducción de la política económica, saber equilibrar nuestros socios
comerciales. Pero no es desconocido para nuestro gobierno. Desde hace
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mucho tiempo esto se conoce y se asume como un reto. No hay que temer a
los retos sino aceptarlos como grandes oportunidades y creo que es la
percepción que prima en nuestro gobierno. Esta es una gran oportunidad para
Cuba y tenemos que aprovecharla.

Vayamos al tema Internet, imprescindible para que Cuba se desarrolle,


según usted mismo en un video que circuló hace dos años. ¿Hay algo
bueno sobre eso que se les puede decir a los cubanos en este momento?

Bueno, debías preguntarle eso al Ministro de Comunicaciones. Internet es hoy,


para las economías, lo que fue el ferrocarril para las economías del siglo XIX. O
nos montamos en Internet o estamos suspensos. Así de sencillo. Hoy hay
mucha mayor claridad en entender eso que la que hubo hace 20 años. Cuba
está entre los países más atrasados en la expansión y el uso de Internet, a
pesar del propósito político de que Internet llegue a todos y tenga un uso social
importante, como parte de nuestra concepción acerca de la política del uso de
Internet. Cuba tiene que dar un salto grandísimo asumiendo los riesgos y retos
porque Internet no es una oportunidad sino una necesidad para el desarrollo del
país, de nuestras empresas, de nuestro gobierno, sobre todo de nuestro
pueblo, y es además un derecho. Un derecho ciudadano. Internet es un bien
público, por encima de todo. Y en Cuba tiene que ser un bien muy público y
muy utilizado porque es una de las maneras de fomentar una mayor
participación en las decisiones fundamentales del país. Es un recurso que
genera mayores niveles de eficiencia y que permite elevar tremendamente la
competitividad de la economía nacional. Una de las grandes quejas de los
turistas en Cuba es que no tienen una conexión expedita, y si el turismo se ha
desarrollado tanto en los últimos tiempos es porque el turista está siempre
cerca de su familia. Internet ha permitido que un turista en medio de África,
observando a los leones pueda hablar con sus hijos. Internet además reduce
costos, absolutamente en todo. Y permite un ahorro de tiempo que no lo
permite ningún otro recurso. En los países con un uso amplio de Internet, sus
ciudadanos pagan por ahí sus cuentas, hacen sus reservaciones de aviones,
consultan con su médico, y acceden a muchos otros servicios de trámites. Hay
ahora un esfuerzo grande en Cuba para hacer un portal para que la población
pueda acceder a servicios y trámites. Pero se necesita que el ciudadano tenga
Internet en su casa, en su teléfono, y con una conexión barata, que pueda
pagar con su salario.

No es el mejor de los ejemplos, pero el país mejor conectado del mundo es


Corea del Sur. Un ciudadano allí invierte, para pagar la conexión de Internet del
año, el salario de un día. El cubano que pretenda pagar la conexión de un año,
conectándose dos horas diarias por la tarifa actual de ETECSA, necesitaría 10
13
dólares, es decir, 250 pesos cubanos diarios, que, multiplicados por 365 días,
serian el salario de 10 años. Por lo tanto, es imposible. Nosotros tenemos que
llegar a eso. Y cuanto antes. Nos falta infraestructura, tecnología, tiene que
haber más compañías, para que haya competencia. El mundo de las
comunicaciones es muy competitivo, donde constantemente aparecen nuevos
productos y servicios. Nosotros podemos esperar todo el tiempo, pero el tiempo
no espera por nosotros.

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