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PRIMER NIVEL: PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA

CONTENIDO.
PRIMER NIVEL: PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN BÍBLICA.
Introducción
Historia de los principios hermenéuticos entre los judíos, Historia de los principios
hermenéuticos en la Iglesia cristiana, El objeto de la Hermenéutica Sacra es proporcionar un
concepto adecuado de la Biblia, La interpretación gramatical, La interpretación histórica, La
interpretación teológica
SEGUNDO NIVEL: EXÉGESIS Y EXPOSICIÓN
Introducción
Resumen Histórico, Uso del AT en el NT, Hermenéutica, Advertencia contra las Falacias, Guías y
Consejos Homiléticos, Exégesis: Definición, Exégesis: Sintaxis, Exégesis: Diagramas, Exégesis:
Léxica, Exégesis: Bosquejos, Exégesis: Cruce a la Homilética, Exposición: Homilética, Exposición:
Primacía de la Predicación, Exposición: Tipos de Sermones, Exposición: Preparación para
Predicar, Exposición: El Acto de Predicar.
PREFACIO
Gran parte de la confusión que existe en la actualidad en el ámbito religioso en cuanto al uso de
principios bíblicos, nace de interpretaciones retorcidas y equivocadas de la Palabra de Dios. Esto
sucede incluso en círculos que creen firmemente en la infalibilidad de la Santa Escritura.
Creemos firmemente que si se llega a adoptar y usar sólidos principios de interpretación al
estudiar la Biblia, se verán resultados sorprendentes. Creemos que éste es uno de los medios que
«el Espíritu de verdad» se complace en utilizar para dirigir a su pueblo «a toda la verdad». Con
esto en mente, deseamos ofrecer esta obra para que sirva de guía al estudio personal de la
Escritura, y en particular, para que sea utilizada en seminarios e institutos bíblicos. Cuanto más
pronto en el aprendizaje inicial del estudiante de la Biblia se le enseñe a usar procedimientos
válidos para la interpretación bíblica, más se podrán producir fieles obreros del reino que
entreguen sus vidas para el servicio y expansión del reino de Dios.
LECCIÓN 1
INTRODUCCIÓN
La palabra hermenéutica, proviene del griego-hermēneutike , que a su vez se deriva del verbo
hermēneuō. Platón fue el primero en emplear la palabra hermenéutica como término técnico.
Propiamente hablando, la hermenéutica es el arte de interpretar (tohermēneuein), pero hoy se
usa el término para referirse a la teoría de este arte. Definición: la hermenéutica es la ciencia que
nos enseña los principios, métodos y reglas de interpretación.
Debemos distinguir entre la hermenéutica general y la especial. La primera se refiere a la
interpretación de toda clase de escritos; la última a cierta clase definida de producciones
literarias, como leyes, historia, profecía o poesía. La Hermenéutica Sacra posee un carácter muy
especial, porque tiene que ver con el libro sin igual en el mundo de la literatura, a saber, con la
Biblia, la palabra inspirada de Dios. Solamente cuando estemos de acuerdo con el principio de la
inspiración divina de la Biblia, podremos mantener el carácter teológico de la Hermenéutica
Sacra.
Por lo general, se estudia la hermenéutica con el fin de interpretar las producciones literarias
del pasado. Su tarea especial consiste en señalarnos la manera en que podemos superar la
distancia que hay entre un autor y sus lectores. Nos enseña que esto sólo se logra adecuadamente
si alcanzamos remontarnos al tiempo y al espíritu del autor. En el estudio de la Biblia no es
suficiente que comprendamos a los autores secundarios (Moisés, Isaías, Pablo, Juan, etc.), sino
que también debemos aprender a conocer la mente del Espíritu.
La necesidad de estudiar hermenéutica se desprende de varias consideraciones:
(1) El pecado ha oscurecido el entendimiento del ser humano y ejerce una perniciosa
influencia en su vida mental. Por lo tanto, es necesario hacer esfuerzos especiales para
preservarle del error.
(2) Los seres humanos se diferencian uno de otro en muchas cosas, lo cual causa divergencias
mentales. Por ejemplo, difieren en:
(A) Capacidad intelectual, gusto estético y cualidades morales, dando como resultado una falta
de afinidad espiritual;
(B) Sus logros intelectuales, ya que algunos han recibido mejor educación que otros;
(C) Cuestiones de nacionalidad, lo cual produce la diferencia correspondiente de idioma, forma
de pensar, costumbres y principios morales;
Por consiguiente, es muy importante que los futuros ministros del Evangelio estudien
hermenéutica por las siguientes razones:
(1) Sólo el estudio inteligente de la Biblia les proveerá del material que necesitan para
construir su teología.
(2) Cada sermón que se predica debe apoyarse sobre un sólido fundamento exegético. En estos
tiempos, esto es lo que más debe desearse.
(3) En ocasiones donde se instruye a los jóvenes de la Iglesia y cuando se realizan visitas a los
hogares de las familias, a menudo se requiere que el pastor explique improvisadamente
pasajes de la Escritura. En tales ocasiones, les será de gran ayuda tener un conocimiento
razonable de las reglas de interpretación bíblica.
(4) Será parte de su deber el defender la verdad contra los ataques de la alta crítica, pero para
hacerlo de modo efectivo, deben saber manejarla.
Según la clasificación que se le adscribe al conjunto de todas las ciencias teológicas (la
enciclopedia teológica), la hermenéutica pertenece al grupo bibliológico, es decir, a los estudios
que se enfocan en la Biblia. En forma lógica, sigue después de la Filología Sacra y precede a la
Exégesis. La hermenéutica y la exégesis están relacionadas una con otra, como teoría y práctica.
La una es ciencia, la otra arte.
En el presente estudio de la hermenéutica, creemos necesario incluir los siguientes puntos en
el orden en que los damos:
(1) Un breve bosquejo de la historia de los principios hermenéuticos. El pasado puede
enseñarnos muchas cosas, tanto en sentido negativo como positivo.
(2) Una descripción de aquellas características de la Biblia que determinan en cierto modo los
principios que deberán ser aplicados en su interpretación.
(3) Algunas sugerencias sobre las cualidades que debe tener y los requisitos que debe cumplir
un intérprete de la Biblia.
(4) Una exposición de los tres aspectos que posee la interpretación de la Biblia, a saber:
(A) El aspecto gramatical, que incluye la interpretación lógica;
(B) El aspecto histórico, que incluye la interpretación psicológica; y
(C) El aspecto teológico de la interpretación.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Cuál es la diferencia entre hermenéutica y exégesis?
2. ¿Se excluyen mutuamente la hermenéutica general y la especial, o en cierto sentido una
incluye a la otra?
3. ¿En qué sentido perturbó el pecado la vida mental del ser humano?
4. ¿Por qué debemos tener en cuenta los tres aspectos de la interpretación al estudiar la Biblia?
LECCIÓN: 2
HISTORIA DE LOS PRINCIPIOS HERMENÉUTICOS ENTRE LOS JUDÍOS
A. DEFINICIÓN DE LA HISTORIA DE LA HERMENÉUTICA.
Debemos distinguir entre la historia de la hermenéutica como ciencia y la historia de los
principios hermenéuticos. La primera nos lleva al año 1567 d.C. cuando Flacio Ilírico intentó por
primera vez darle un tratamiento científico a la hermenéutica; mientras que la segunda empieza
en el mismo inicio de la Era Cristiana.
La historia de los principios hermenéuticos responde a tres preguntas:
(1) ¿Cuál era el punto de vista predominante en cuanto a las Escrituras?
(2) ¿Cuál era el concepto predominante en aquellos tiempos sobre el método de
interpretación?
(3) ¿Qué cualidades se consideraban esenciales para un intérprete de la Biblia?
Las primeras dos preguntas son de carácter más perenne que la última y requieren mayor
atención.
B. PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN ENTRE LOS JUDÍOS.
A fin de presentar algo completo, incluiremos un breve resumen de los principios que los
judíos aplicaban a la interpretación de la Biblia. Debemos distinguir las siguientes clases:
1. LOS JUDÍOS DE PALESTINA.
Estos tenían un profundo respeto a la Biblia como la Palabra infalible de Dios. Aun hasta sus
letras las consideraban como sagradas y sus copistas tenían la costumbre de contarlas, no sea
que olvidaran alguna en la trascripción. Al mismo tiempo, tenían a la ley en mayor estima que los
Profetas y la Hagiógrafa. De ahí que la interpretación de la Ley fuera su gran objetivo. Distinguían
cuidadosamente entre el sentido meramente literal de la Biblia (técnicamente llamado peshat ) y
su exposición exegética (llamada midrash ). «El motivo y rasgo dominante del midrash era
investigar y dilucidar, por todos los medios exegéticos, todo posible significado oculto y
aplicación práctica de la Escritura».1 En sentido general, la literatura midráshica puede ser
dividida en dos clases:
(A) Interpretaciones de carácter legal, referentes a asuntos en que la Ley obligaba en un
sentido estrictamente legalista ( Halakhah );
(B) Interpretaciones de una tendencia más libre y edificante que se extendían a las partes no
legales de la Escritura ( Haggadah ). Esta última era homilética e ilustrativa más bien que
exegética.
Uno de los grandes defectos de la interpretación de los Escribas es que exaltaba la ley oral (la
cual era, en última instancia, idéntica a las interpretaciones de los rabinos) como sostén
indispensable de la ley escrita, la cual finalmente terminó por hacer a un lado la ley escrita. Esto
dio lugar a toda clase de interpretaciones arbitrarias. Véase el veredicto de Cristo sobre el
particular en Marcos 7:13. Hillel, uno de los más grandes intérpretes entre los judíos, nos dejó
siete reglas de interpretación por las cuales, por lo menos en apariencia, la tradición oral podía
deducirse del texto de la Escritura.
Según su forma más breve, estas reglas son las siguientes:
(A) Ligero Y Pesado (Esto Es A Minore Ad Majus, Y Viceversa);
(B) Equivalencia;
(C) Deducción De Lo Especial A Lo General;
(D) Inferencia Deducida De Varios Pasajes;
(E) Inferencias Deducidas De Lo General A Lo Especial;
(F) Analogía De Un Pasaje Con Otro; Y:
(G) Inferencia Sacada Del Contexto.
2. LOS JUDÍOS DE ALEJANDRÍA.
La filosofía de Alejandría determinaba en cierto grado su interpretación. Adoptaron el
principio fundamental de Platón de que no debe creerse nada que sea indigno de Dios. Por tanto,
cada vez que encontraban en el Antiguo Testamento cosas que no concordaban con su filosofía, o
que ofendían el sentido del decoro, recurrían a interpretaciones alegóricas. Filón fue el más
grande maestro de este método de interpretación entre los judíos. No desechó del todo el sentido
literal de la Escritura, sino que lo miraba como una concesión para los débiles. Para él sólo era
símbolo de cosas más profundas: El sentido oculto de la Escritura era lo más importante.
También él nos dejó algunos principios de interpretación. «Por el lado negativo, afirma que
debe rechazarse el sentido literal cuando la Escritura afirme cualquier cosa indigna de Dios,
cualquier afirmación que implique una contradicción, y cuando la Escritura misma alegorice. Por
el lado positivo, señala que debemos alegorizar el texto bíblico cuando hay expresiones dobles,
cuando ocurren palabras superfluas, cuando hay una repetición de hechos ya conocidos; cuando
se emplea una expresión diferente, o un sinónimo; cuando se hace posible un juego de palabras
en cualquiera de sus variedades, cuando las palabras admiten una ligera alteración; cuando la
expresión es inusual; cuando hay algo anormal en número o tiempo verbal».2 Estas reglas,
naturalmente, daban lugar a toda clase de malas interpretaciones.
3. LOS CARAÍTAS.
Esta secta, designada por Farrar como «los protestantes del judaísmo», fue fundada por Anan
ben David, cerca del año 800 d.C. Respecto a su característica fundamental, pueden ser
considerados como los descendientes espirituales de los saduceos. Representaban una protesta
contra el rabinismo que estaba en parte influenciado por el mahometismo. La forma hebrea de la
palabra «caraíta» es Beni Mikra, o sea, «hijos de la lectura». Eran así llamados porque su principio
fundamental era considerar la Escritura como única autoridad en asuntos de la fe.
Esto significa, por un lado, que desdeñaban la tradición oral y las interpretaciones rabínicas, y,
por el otro, que procedían a un nuevo y cuidadoso estudio del texto de la Escritura. A fin de
refutarles, los rabinos emprendieron un estudio similar y el resultado de este conflicto literario
fue el texto Masorético. Su exégesis fue, en general, mucho más sólida que la de los judíos de
Palestina o de Alejandría.
4. LOS CABALISTAS.
Este movimiento del siglo XII fue bastante diferente. Representa la reductio ad absurdum del
método de interpretación empleado por los judíos de Palestina, aunque también empleaban el
método alegórico de los judíos alejandrinos. Procedían bajo el supuesto de que toda la Masorah ,
hasta los versículos, palabras, letras, vocales, puntos y acentos, fueron dados a Moisés en el
Monte Sinaí, y que el número de letras, cada una de las letras, su transposición o substitución,
tenía un poder especial y sobrenatural.
En su afán de descifrar los misterios divinos, recurrieron a los siguientes métodos:
(A) La gematria , según la cual podían sustituir una palabra bíblica por otra que tuviera el
mismo valor numérico;
(B) El notarikon , que consistía en formar palabras por la combinación de letras que
empezaban y terminaban algunas palabras, o considerando cada letra de una palabra como letra
inicial de otras palabras;
(C) La Temoorah , cuyo método consistía en sacar nuevos significados del texto,
intercambiando letras.
5. LOS JUDÍOS DE ESPAÑA.
Desde el siglo XII al XV se desarrolló un método más sano de interpretación entre los judíos de
España. Cuando la exégesis de la Iglesia cristiana estaba en su más bajo nivel y el conocimiento
del hebreo se había casi perdido, unos pocos judíos cultos de la península ibérica restablecieron
la luz en el candelero. Algunas de sus interpretaciones son citadas hasta hoy día.
Los principales exégetas entre ellos fueron Abraham Ben-Ezra, Salomón Izaak Jarchi, David
Kimchi, Isaak Aberbanel, y Elías Levita. Nicolás de Lira y Reuchlin recibieron gran ayuda de parte
de estos eruditos judíos.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Qué concepto tenía el judaísmo rabínico de la inspiración de la Biblia?
2. ¿Por qué los judíos atribuían un significado único a la Ley?
3. ¿Qué enseñaban acerca del origen de la ley oral?
4. ¿Cómo se originó realmente la ley oral y en qué consistía?
5. ¿Qué es la Mishnah, la Gemara, el Talmud?
6. En qué se parece el uso judío de la tradición con el de los católico-romanos?
7. ¿Cuál es la diferencia entre una alegoría y una interpretación alegórica?
8. ¿Qué es la Masorah?
9. ¿Cómo se puede explicar el surgimiento del movimiento cabalístico?
10. ¿Tuvieron los intérpretes judíos del siglo XV alguna influencia en la Reforma?
LECCIÓN: 3
HISTORIA DE LOS PRINCIPIOS HERMENÉUTICOS EN LA IGLESIA CRISTIANA
PRIMERO: EL PERÍODO PATRÍSTICO.
En el período patrístico, el desarrollo de los principios hermenéuticos está relacionado con los
tres grandes centros de la Iglesia.
1. LA ESCUELA DEALEJANDRÍA.
Al principio del tercer siglo de la era cristiana, la escuela catequística de Alejandría influyó
fuertemente la interpretación bíblica. Esta ciudad era un gran centro cultural, donde la religión
judía y la filosofía griega convergieron y se influyeron mutuamente. La filosofía platónica todavía
era popular en las formas de neoplatonismo y gnosticismo, y no es extraño que la famosa escuela
catequística de esta ciudad fuera influenciada por la filosofía popular, acomodando su
interpretación de la Biblia a dicha filosofía. El método natural para armonizar la religión y la
filosofía fue la interpretación alegórica, debido a las siguientes razones:
(A) Los filósofos paganos (estoicos) ya habían estado aplicando por mucho tiempo este
método en la interpretación de Homero, por lo cual fueron ellos los que indicaron el camino
a seguir.
(B) Filón, que también era oriundo de Alejandría, cedió a este método el peso de su autoridad,
reduciéndolo a sistema, y lo aplicó aún a las narraciones más sencillas.
Los principales representantes de esta escuela fueron: Clemente de Alejandría y su discípulo
Orígenes. Ambos consideraron la Biblia como la Palabra inspirada de Dios en el sentido más
estricto, y compartieron la opinión de aquel tiempo, de que tenían que aplicarse reglas especiales
en la interpretación de las comunicaciones divinas. Por esto, aun cuando reconocían el sentido
literal de la Biblia, tenían la opinión de que sólo la interpretación alegórica podía entregarnos
conocimiento genuino.
Clemente de Alejandría fue el primero en aplicar el método alegórico a la interpretación del
Nuevo Testamento, así como del Antiguo. Propuso el principio de que toda la Escritura debe ser
entendida alegóricamente. Esto parecía un paso adelante en relación con otros intérpretes
cristianos y constituía la principal característica de Clemente. Según él, el sentido literal sólo
puede proporcionar una fe elemental, mientras que el alegórico conduce al verdadero
conocimiento.
Su discípulo, Orígenes, lo superó en cultura e influencia. Fue, sin duda, el más grande teólogo
de su época, pero su mérito más permanente radica en su trabajo de crítica textual, más que en el
de interpretación bíblica. «Como intérprete, ilustró el tipo alejandrino de exégesis del modo más
extenso y sistemático» (Gilbert). En una de sus obras nos entrega una detallada teoría de
interpretación. El principio fundamental de esta obra es que el significado del Espíritu Santo es
siempre claro, simple y digno de Dios.
Todo lo que parece oscuro, inmoral o intrascendente en la Biblia, sirve simplemente como
incentivo para trascender o ir más allá del sentido literal. Orígenes consideraba que la Biblia
tenía un sentido triple, a saber, el significado literal, el moral y el místico o alegórico. En su
práctica exegética, más bien menospreció el sentido literal de la Escritura, se refirió pocas veces
al sentido moral, y constantemente empleó el método alegórico, puesto que en dicho método
creía encontrar el verdadero conocimiento.
2. LA ESCUELA DEANTIOQUÍA.
Fue fundada probablemente por Doroteo y Lucio hacia fines del siglo III, aunque Farrar
considera a Diodoro, primer presbítero de Antioquía, y después del año 378, Obispo de Tarsis,
como el verdadero fundador de esta escuela. Este último escribió un tratado sobre principios de
interpretación. Pero su más grande monumento consiste en sus dos ilustres discípulos: Teodoro
de Mopsuestia y Juan Crisóstomo.
Estos dos hombres se diferenciaron mucho en todos los aspectos. Teodoro mantenía puntos de
vista más bien liberales respecto a la Biblia, mientras que Juan la consideraba en todas sus partes
como infalible Palabra de Dios. La exégesis del primero fue intelectual y dogmática; pero la del
segundo más espiritual y práctica. El primero fue famoso como crítico e intérprete; el segundo,
aunque exégeta de no mediana habilidad, eclipsó a todos sus contemporáneos como orador de
púlpito.
De ahí que Teodoro fue llamado el exégeta, mientras que a Juan se le dio el título de
Crisóstomo (boca de oro) por el esplendor de su elocuencia. Ambos avanzaron bastante en el
desarrollo de una verdadera exégesis científica, reconociendo la necesidad de determinar el
sentido original de la Biblia, a fin de sacar provecho de ella. No sólo atribuyeron gran valor al
sentido literal de la Biblia, sino que conscientemente repudiaron el método alegórico de
interpretación.
En el trabajo de exégesis, Teodoro sobrepasa a Crisóstomo, pues tenía un ojo muy perspicaz
para descubrir el factor humano en la Biblia; pero sentimos tener que decir que negó la
inspiración divina de algunos de los libros sagrados. En vez de la interpretación alegórica,
defendió la gramático-histórica, lo cual lo hizo estar muy adelantado para su época. Aun cuando
reconoció el elemento típico en la Biblia, y halló pasajes mesiánicos en algunos de los salmos,
explicó la mayoría de ellos zeitgeschichtlich.1 Los tres capadocios pertenecen a esta escuela.
3. LA EXÉGESIS DE TIPOOCCIDENTAL
Una exégesis de tipo intermedio hizo su aparición en occidente. Tomó algunos elementos de la
escuela alegórica de Alejandría, pero también aceptó algunos de los principios de la escuela de
Siria. Su rasgo más característico, sin embargo, se encuentra en el hecho de que presentó otro
elemento que hasta entonces era desconocido: la autoridad de la tradición y de la Iglesia en la
interpretación de la Biblia. A la enseñanza de la Iglesia se le atribuyó valor normativo en la esfera
de la exégesis. Este tipo de exégesis fue representado por Hilario y Ambrosio; pero
particularmente por Jerónimo y Agustín.
La fama de Jerónimo se fundamenta en su traducción de la Vulgata, más que en sus
interpretaciones de la Biblia. Estaba familiarizado con el hebreo y el griego, pero su obra en el
campo
Como un evento histórico, es decir, que ocurrió durante dicho período de tiempo. exegético
consiste principalmente en un gran número de notas lingüísticas, históricas y arqueológicas.
Agustín se distinguió de Jerónimo en que su conocimiento de las lenguas originales era
bastante deficiente. Esto equivale a decir que no era principalmente un exégeta. Tenía una gran
habilidad en sistematizar las verdades de la Biblia, pero no en la interpretación de la Escritura.
Sus principios hermenéuticos, tal como los desarrolla en su obra De Doctrina Cristiana, eran
mejores que su exégesis. Demanda que el intérprete esté equipado filológica, crítica e
históricamente para su tarea, pero que por sobre todo ame a su autor. Subrayó la necesidad de
respetar el sentido literal del texto, siendo este sentido la base del significado alegórico; pero al
mismo tiempo se dejó llevar libremente por interpretaciones alegóricas.
Por otra parte, en casos en que el sentido de la Escritura fuera dudoso, defendió decisivamente
la regula fidei, es decir, la regla de fe de la Iglesia. Es lamentable tener que decir que Agustín
adoptó también una forma cuádruple de interpretación bíblica, a saber, histórica, etiológica,
analógica y alegórica. Es en este respecto particularmente, que influenció la interpretación de la
Edad Media.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Cómo eran las primeras escuelas catequistas?
2. ¿Qué hizo surgir el método alegórico de interpretación?
3. ¿Cómo puede probar usted que este método es erróneo?
4. ¿Cómo distinguía la escuela de Alejandría entre pistis y gnosis?
5. ¿Reconocieron los alejandrinos el elemento humano en la Escritura?
6. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre la escuela de Alejandría y la de Antioquía?
7. ¿Qué significaba la regula fidei en la iglesia primitiva?
8. ¿Por qué es erróneo hacer de la enseñanza de la Iglesia la norma de la exégesis?
LECCIÓN: 4
SEGUDO: EL PERÍODO DE LA EDAD MEDIA.
Durante la Edad Media, muchos cristianos, aun entre la clerecía, vivieron en la más profunda
ignorancia de la Biblia. Y en la medida en que la conocían, era posible sólo mediante la traducción
de la Vulgata y los escritos de los Padres. En general, se la consideraba un libro lleno de misterios
y que sólo se la podía entender de un modo místico. En este período, el sentido cuádruple de la
Sagrada Escritura (literal, tropológico, alegórico y analógico) fue comúnmente aceptado.
Y se convirtió en un principio establecido, que la interpretación de la Biblia debiera
conformarse a la tradición y a la doctrina de la Iglesia. Se tenía como el colmo de la sabiduría
poder reproducir las enseñanzas de los Padres y comprobar las enseñanzas de la Iglesia en la
Biblia. Los monasterios adoptaron con sabiduría la regla de San Benito, y se decretó que las
Escrituras debían ser leídas y, junto con ellas, la interpretación de los Padres, como explicación
definitiva del texto. Incluso Hugo de San Víctor dijo: «Aprende primero lo que debes creer y
después ve a la Biblia para corroborarlo».
En aquellos casos en que las interpretaciones de los padres diferían entre sí, como ocurre con
frecuencia, el intérprete tenía el deber de escoger, quod ubique, quod semper, quod ab omnibus
creditum est.2 Durante ese período no se desarrolló ningún nuevo principio hermenéutico, y la
exégesis estaba atada de pies y manos por la erudición tradicional y la autoridad de la Iglesia.
Este estado de cosas está claramente reflejado en las obras escritas durante este período; las
siguientes son algunas de las más típicas. «Lo que se ha creído en todo lugar, siempre y por
todos».
1. LA GLOSA ORDINARIA: de Walafrido Estrabón, y la glosa interlinearis, de Anselmo de Laón,
que fueron recopilaciones de fragmentos literales, morales y místicos, entremezclados con
notas gramaticales de carácter muy elemental. Las interpretaciones dadas son a menudo
contradictorias, excluyéndose unas a otras. En muchos casos se deja al lector escoger entre
ellas con un aliter o potest etiam intelligi. Se concedía gran autoridad a las glosas de
Walafrido Estrabón.
2. LAS CATENAE: entre las cuales fueron las más famosas las de Procopio de Gaza en el Oriente
y las de Tomás de Aquino en el Occidente. Hallamos en ellas una colección de
interpretaciones patrísticas, unidas como eslabones de una cadena. Su valor depende
naturalmente de las fuentes de donde se sacaron.
3. EL LIBER SENTENTIARUM: de Pedro Lombardo. Esta obra es principalmente una
recopilación de exposiciones sacadas de los escritos de Hilario, Ambrosio y Agustín. Pero
difiere de las obras mencionadas arriba en que es más que una recopilación. Aunque Pedro
de Lombardía tuvo cuidado en no violar las normas de la autoridad establecida, sin embargo,
dentro de los límites prescritos en aquella época, planteó interrogantes, hizo distinciones y
aun añadió comentarios propios.
En los siglos que siguieron, su obra fue estudiada más diligentemente que la misma Biblia.
Aunque el sentido cuádruple de la Escritura era aceptado generalmente en este tiempo,
algunos empezaron a ver la incongruencia de semejante punto de vista. Aun Tomás de Aquino
parece haberlo comprendido ligeramente. Es verdad que él alegoriza constantemente, pero
también, por lo menos en teoría, consideró el sentido literal como el fundamento necesario de
toda exposición de la Escritura.
Sin embargo, fue especialmente Nicolás de Lira quien rompió los grilletes de su época.
Aparentemente no abandonó la opinión corriente de un sentido cuádruple en la Escritura, pero
en realidad sólo aceptó dos sentidos, el literal y el místico, e incluso basó exclusivamente el
último en el primero. Insistió en la necesidad de atenerse al texto original; se quejó de que «se
permitiera que el sentido místico asfixiara al literal», y requirió que este último fuera el único que
se usara para probar doctrina. Su obra influenció profundamente a Lutero, y afectó, por tanto, a
la Reforma.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Qué quería decir la Iglesia medieval cuando hablaba de tradición?
2. ¿Qué autoridad se le atribuía a esta tradición?
3. ¿Cuál era la relación entre la dogmática y la exégesis en este período?
4. ¿Qué objeciones existen en cuanto a esta posición?
5. ¿En qué basaba la Iglesia su prerrogativa para determinar el sentido de la Escritura?
6. ¿Cómo se originó la teoría del sentido cuádruple?
LECCIÓN: 5
TERCERO: EL PERÍODO DE LA REFORMA.
El Renacimiento fue de gran importancia para el desarrollo de sanos principios hermenéuticos.
En los siglos XIV y XV, prevaleció la más densa ignorancia sobre el contenido de la Biblia. Había
doctores en teología que nunca la habían leído completamente, y la única forma de conocer algo
de la Biblia era por medio de la traducción de Jerónimo.
El Renacimiento hizo énfasis en la necesidad de acudir al texto original. Reuchlin y Erasmo
llamados los dos ojos de Europa—fueron cautivados por el Renacimiento, e insistieron en que los
intérpretes de la Biblia tenían el deber de estudiarla en las lenguas originales en que había sido
escrita. Además, facilitaron grandemente tal estudio. Reuchlin publicó una Gramática hebrea y un
Lexicón hebreo; Erasmo editó la primera edición crítica del Nuevo Testamento griego. La idea del
sentido cuádruple de la Escritura fue gradualmente abandonada y se estableció el principio de
que la Biblia tiene sólo un sentido.
Los reformadores creían firmemente que la Biblia era la Palabra inspirada de Dios. Pero, por
más estricto que fuera su concepto de inspiración, la concibieron más bien en un sentido
orgánico que mecánico. Y hasta mostraron en ciertos casos una notable libertad en el manejo de
la Escritura. Pero al mismo tiempo consideraron la Biblia como la más alta autoridad y como la
corte suprema de apelación en todas las disputas teológicas. En contra de la infalibilidad de la
Iglesia, pusieron la infalibilidad de la Palabra.
Su posición se hace evidente por la afirmación de que la Iglesia no determina lo que la
Escritura enseña, sino que la Escritura determina lo que la Iglesia debe enseñar. El carácter
esencial de su exégesis surgió de dos principios fundamentales:
(1) Scriptura Scripturae interpres, es decir, la Escritura interpreta a la Escritura misma; y:
(2) Omnis intellectus ac expositio Scripturae sit analogía fidei, es decir, que toda exposición y
comprensión de la Escritura esté de acuerdo con la analogía de la fe.
Para los reformadores, la analogía fidei era igual a analogía Scripturae, esto es, la enseñanza
uniforme de la Escritura.
1. LUTERO.
Rindió un gran servicio a la nación alemana traduciendo la Biblia al alemán, su lengua
vernácula. También hizo alguna obra expositiva, aunque en forma limitada. Sus reglas
hermenéuticas fueron mucho mejores que su exégesis. Aunque no quería reconocer sino el
sentido literal, y habló burlonamente de las interpretaciones alegóricas como affenspiel,4 no
estuvo enteramente libre del método que despreciaba. Defendió el derecho al juicio privado; hizo
énfasis en la necesidad de tomar en cuenta el contexto y las circunstancias históricas; exigió que
el intérprete tuviera fe y visión espiritual; y trató de hallar a Cristo por todas las partes de la
Escritura.
2. MELANCHTON.
Fue la mano derecha de Lutero y lo superaba en conocimientos. Sus grandes talentos y
extensos conocimientos, tanto en griego como en hebreo, hicieron de él un admirable intérprete.
En su obra exegética, procedió sobre los sólidos principios de que:
(A) las Escrituras deben ser entendidas gramaticalmente antes que teológicamente; y:
(B) las Escrituras tienen un solo significado, sencillo y cierto.
3. CALVINO.
Según el consenso general, se le considera el más grande exégeta de la Reforma. Sus
exposiciones abarcan casi todos los libros de la Biblia. Compartió los mismos principios
fundamentales de Lutero y Melanchton, pero los superó en cuanto a poner su práctica de acuerdo
con la teoría. En cuanto al método alegórico, creía que éste era un ardid de Satán para oscurecer
el sentido de la Escritura. Creía firmemente en el significado tipológico de muchos pasajes del
Antiguo Testamento, pero no compartió la opinión de Lutero, de que se debía encontrar a Cristo
en cualquier parte de la Escritura.
Además, redujo el número de salmos que pueden ser clasificados como mesiánicos. Insistió en
que se debe interpretar a los profetas a la luz de las circunstancias históricas. Según su opinión, el
mayor mérito de un expositor consiste en la brevedad lúcida. Además, consideró «el principal
deber de un intérprete permitir al autor que comenta, decir lo que realmente dice, en vez de
atribuirle lo que nosotros pensamos que debió decir».
4. LOS CATÓLICOS ROMANOS.
Los expositores de este círculo no hicieron ningún avance durante el período de la Reforma. No
admitieron el derecho al juicio privado y defendieron, en contra de los protestantes, la idea de
que la Biblia debía ser interpretada en armonía con la tradición. El
Concilio de Trento declaró:
(A) que debe mantenerse la autoridad de la tradición eclesiástica;
(B) que, en cuanto al texto, debe darse la más alta autoridad a la Vulgata, y:
(C) que es necesario conformar toda interpretación a la autoridad de la Iglesia y al unánime
consentimiento de los Padres.
Doquiera que prevalezcan estos principios, el desarrollo exegético se estanca completamente.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Qué era el Renacimiento?
2. ¿Era un movimiento teísta o humanista?
3. ¿De qué manera ejerció influencia en la Reforma?
4. ¿Qué evidencia tenemos de que los reformadores tenían un concepto orgánico de la
inspiración?
5. ¿Cómo podemos explicarnos el que por lo menos los primeros reformadores no evitaron
totalmente el peligro de alegorizar?
6. ¿En qué consiste el derecho al juicio privado?
7. ¿Cómo trataron Melanchton y Calvino de alcanzar la unanimidad en el caso de
interpretaciones en disputa?
8. ¿Cuál es la única constante y completa contribución de Lutero a la exégesis del Nuevo
Testamento?
9. ¿Cuál es el carácter de las exposiciones de Calvino?
10. ¿En qué sentido su obra exegética marca un avance?
11. ¿Se adhieren estrictamente los expositores católicos romanos actuales a los cánones de
Trento?
LECCIÓN: 6
CUARTO. EL PERÍODO CONFESIONALISTA.
Durante el período que siguió a la Reforma se hizo evidente que los protestantes no se
despojaron enteramente de la vieja levadura. En teoría mantenían el sólido principio de Scriptura
Scripturae interpres. Pero mientras que por un lado rehusaron someter su exégesis al dominio de
la tradición y a la doctrina de la Iglesia, tal como la formulaban los papas y concilios, por el otro
estuvieron en peligro de caer bajo la esclavitud de las normas confesionales de cada
denominación.
Fue primordialmente la era de las confesiones. «Hubo un tiempo en que casi cada ciudad o
principado importante tenía su credo favorito» (Farrar). Además fue un período de controversia.
El Protestantismo se dividió lamentablemente en varias facciones. El espíritu militante de la
época se canalizó por medio de centenares de escritos polémicos. Cada cual trató de defender su
propia opinión apelando a la Escritura.
La exégesis se convirtió en sirvienta de la dogmática, y se degeneró en una simple búsqueda de
versículos que apoyaran ciertas doctrinas. Se estudiaban las Escrituras con el fin de encontrar en
ellas las verdades contenidas en las confesiones. Esto es particularmente cierto con respecto a los
teólogos luteranos, pero en cierta medida también entre los reformados. Fue durante este
período también que algunos se inclinaron por un concepto mecánico de la inspiración de la
Biblia. (Véase la Formula consensus helvética.) Los Buxtorf sostuvieron que incluso las vocales
del texto hebreo eran inspiradas.
La tendencia que prevaleció en este período no contribuyó nada de importancia a la historia de
los principios hermenéuticos, como lo hicieron las reacciones a que dio lugar. Hay especialmente
tres que merecen atención.
1. LOS SOCINIANOS.
Estos no aportaron ni un solo principio hermenéutico, pero en todas sus exposiciones
procedieron sobre el supuesto de que la Biblia debe ser interpretada de un modo racional, o
mejor dicho, en armonía con la razón. Como Palabra de Dios, no puede contener nada contrario a
la razón, esto es, según ellos, nada que no pueda ser comprendido por la razón humana. Así,
doctrinas tales como la Trinidad, la Providencia de Dios y las dos naturalezas de Cristo, fueron
descartadas.
Construyeron un sistema teológico que consistía en una mezcla de racionalismo y
sobrenaturalismo. Aunque se loaban de su libertad de todo yugo confesional, su exégesis era,
después de todo, dominada por su propio sistema dogmático.
2. COCCEJUS.
A este teólogo holandés no le satisfacía el método de interpretación más común de su época.
Consideraba que aquellos que trataban a la Biblia como una colección de textos que apoyan
ciertas doctrinas, no hacían justicia a la Escritura como un todo orgánico, cuyas partes se hallan
típicamente relacionadas unas a otras. Insistía en que el intérprete debía estudiar cada pasaje a la
luz de su contexto, del pensamiento principal del libro y del propósito del autor.
Su principio fundamental fue: que las palabras de la Escritura señalan todo lo que se las hace
señalar en el discurso entero; o como lo expresa en una de sus obras: «El sentido de las palabras
de la Biblia abarca tanto, que contiene más que un pensamiento, de hecho, a veces contiene una
multitud de pensamientos, los cuales el intérprete experimentado de la Escritura podrá extraer
del texto». De este modo, como dice Farrar, «introdujo una falsa pluralidad de significados, por
haber confundido fatalmente el significado real de un texto con todas sus posibles aplicaciones».
Esto fue agravado por su excesiva tipología, que le inducía no sólo a encontrar a Cristo por
todas partes de la Biblia; sino que a hallar también las vicisitudes de la Iglesia del Nuevo
Testamento en los tipos del Antiguo Testamento, y aun en las mismas palabras y hechos de
Cristo. Aunque deficiente en su exégesis, rindió, sin embargo, un buen servicio llamando la
atención al carácter orgánico de la revelación de Dios.
J. A. TURRETIN. Se opuso al proceder arbitrario de Coccejus y sus seguidores. Enemigo de los
sentidos imaginarios que esta escuela iba descubriendo, insistió en que la Biblia debe ser
interpretada sin ningún prejuicio dogmático, con la ayuda del análisis y la lógica. En esto, ejerció
una profunda y benéfica influencia.
3. LOS PIETISTAS.
Cansados del espíritu de contienda que existía entre los protestantes, se entregaron a
promover una vida de genuina piedad. En general representaron una reacción saludable contra
las interpretaciones dogmáticas de su tiempo. Insistían en el deber de estudiar la Biblia en las
lenguas originales y bajo la iluminadora influencia del Espíritu Santo. Pero el hecho de que en sus
exposiciones buscaron principalmente la edificación, los llevó gradualmente a menospreciar el
conocimiento científico.
En su opinión, el estudio gramatical, histórico y analítico de la Palabra de Dios proporcionaba
simplemente un conocimiento de la cáscara externa de los pensamientos divinos, mientras que el
estudio porismático (consistente en sacar enseñanzas de advertencia o reprensión, etc.) y
práctico (realizado con oración y suspiros) penetra hasta el meollo de la verdad. Rambach y
Francke fueron los dos representantes más eminentes de esta escuela.
Ellos fueron los primeros en insistir en la necesidad de la interpretación psicológica, en el
sentido de que los sentimientos del intérprete debieran estar en armonía con los del escritor a
quien deseaba entender. Las tendencias místicas de estos intérpretes causaron que encontraran
énfasis especiales donde no existían. Bengel fue el mejor intérprete de esta escuela.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Cuáles fueron las confesiones más importantes que se originaron en este período?
2. ¿Cuál es la objeción fundamental a que una confesión domine el campo de la exégesis?
3. ¿Cuál es la actitud correcta que un intérprete bíblico debe tener con respecto a la confesión
de su iglesia?
4. ¿Cómo se relaciona la exégesis con la dogmática?
5. ¿En qué aspectos estuvo equivocado el teólogo Coccejus y por qué?
6. ¿Qué se quiere decir por interpretación psicológica?
7. ¿Es necesaria la piedad para un intérprete de la Biblia?
LECCIÓN: 7
CUARTO: EL PERÍODO HISTÓRICO-CRÍTICO.
Si el período precedente vio ya alguna oposición a la interpretación dogmática de la Biblia, en
el período que vamos a considerar, el espíritu reaccionario ganó un control casi absoluto en el
campo de la exégesis y la hermenéutica. Con frecuencia esta tendencia produjo posiciones muy
extremas que naturalmente encontraron tenaz resistencia. Este período también se caracterizó
por la acción y la reacción.
Aunque se expresaron puntos de vista muy divergentes respecto a la inspiración de la Biblia,
todos concordaban en negar la inspiración verbal y la infalibilidad de las Escrituras. Se dio un
énfasis mucho mayor que antes al elemento humano de la Biblia y éste recibió reconocimiento
general, y los que también creían en el factor divino trataron de señalar la debida relación mutua
entre lo humano y lo divino en la Sagrada Escritura.
Se intentó sistematizar la doctrina de la inspiración. Algunos siguieron a Le Clerk, adhiriéndose
a la teoría de una inspiración que variaba en grado, según las diversas partes de la Biblia; y allí
donde el grado de inspiración era mínimo, se admitían errores e imperfecciones. Otros aceptaron
la teoría de una inspiración parcial, limitándola a aquellas porciones que se refieren a la fe y a la
moral, y admitiendo errores en las de carácter histórico y geográfico.
Schleiermacher y sus seguidores negaron el carácter sobrenatural de la inspiración,
identificándolo con la iluminación espiritual de los cristianos; Wegscheider y Parker la redujeron
al poder que todo hombre posee en virtud de la luz natural. A principios del siglo veinte y en
adelante, se suele hablar de la inspiración como dinámica, refiriéndola a los autores más bien que
a sus escritos. Según Ladd: «debe concebirse como un flujo de energía interior y sobrenatural,
que se manifiesta en un grado superior y en un nuevo orden de la propia energía espiritual del
hombre». Al producto de esto se le llama «revelación».
Se puso como condición sine qua non que el exégeta debiera ser voraussetzungslos, esto es, sin
predisposición de ninguna clase, y, por tanto, enteramente libre del dominio de la dogmática y de
los principios confesionales de la Iglesia. Además, se dio como principio establecido que la Biblia
debiera ser interpretada como cualquier otro libro. El elemento divino de la Biblia fue
generalmente menospreciado, limitándose el intérprete, por lo general, a la discusión de
cuestiones críticas e históricas.
El fruto permanente de este período fue una clara conciencia de la necesidad de una
interpretación gramático-histórica de la Biblia; sin embargo, hay también evidencias de una
creciente convicción de que este doble principio de interpretación debe ser suplementado por
algún otro principio, a fin de hacer justicia a la Biblia como revelación divina.
El principio de este período fue señalado por la aparición de dos escuelas opuestas, la
gramatical y la histórica.
1. LA ESCUELA GRAMATICAL.
Esta escuela fue fundada por Ernesti, quien escribió una importante obra sobre la
interpretación del Nuevo Testamento, en la cual propuso estos cuatro principios:
A) El sentido múltiple de la Escritura debe ser rechazado, aceptando sólo el sentido literal.
B) Las interpretaciones tipológicas y alegóricas deben rechazarse, excepto en aquellos casos
en que el autor indica su propósito de expresar otro sentido más que el literal.
C) Puesto que la Biblia tiene en común con el resto de la literatura el sentido gramatical, éste
debe determinarse de modo similar en ambos casos.
D) El sentido literal no puede ser determinado por un supuesto sentido dogmático.
La escuela gramatical fue en esencia sobrenaturalista, restringiéndose a sí misma a «las
palabras mismas del texto como la fuente legítima de auténtica interpretación y de verdad
religiosa» (Elliott).
Pero este método fue parcial en el hecho de que proporcionó sólo una simple y pura
interpretación del texto, lo que no es siempre suficiente en la interpretación de la Biblia.
2. LA ESCUELA HISTÓRICA.
Ésta fue originada por Semler. Hijo de padres pietistas, vino a ser, más o menos sin quererlo, el
padre del Racionalismo. En su obra sobre el Canon dirigió la atención a la verdad olvidada de la
composición y origen histórico-humano de la Biblia. En una segunda obra sobre la interpretación
del Nuevo Testamento, estableció ciertos principios de interpretación.
Semler puso énfasis en el hecho de que los distintos libros de la Biblia, y el Canon como un
todo, tuvieron un origen histórico y, por lo tanto, están condicionados por la historia. De este
hecho de que varios libros fueron escritos para diferentes clases de personas sacó la conclusión
de que contienen mucho que es simplemente local y transitorio, sin haberse pretendido que
tuvieren un valor normativo para todos los hombres y en todos los tiempos. Aún más, vio en ellos
una mezcla de error y de verdad, puesto que Jesús y los apóstoles se acomodaron en algunos
asuntos al pueblo a quien se dirigían.
De ahí insistió en la necesidad de tener en cuenta estas cosas al interpretar el Nuevo
Testamento. Y en respuesta a la pregunta de precisamente cuál es en la Biblia el elemento de
verdad que obligue y comprometa al hombre, respondió: «lo que sirve para perfeccionar el
carácter moral del hombre». Su enseñanza promovió la idea de que las Escrituras son falible
producción humana, y en esencia hizo a la razón humana árbitro de la fe. Semler no dio origen a
estas ideas, sino que simplemente se hizo vocero del pensamiento que prevalecía en sus días.
3. TENDENCIAS RESULTANTES.
Aunque este período empezó con dos escuelas opuestas, pronto se revelaron tres tendencias
distintas en el campo de la hermenéutica y de la exégesis. Un gran número de intérpretes
desarrollaron los principios racionalistas de Semler de una forma tal que causaron que él mismo
los rechazase. Otros despreciaron las posiciones extremas del Racionalismo sea por adoptar un
punto de vista intermedio, o bien por volver a los principios de la Reforma. Otros hicieron énfasis
en el hecho de que el método gramático-histórico de interpretación debe ser suplementado por
algún principio que capacite al expositor a penetrar en el espíritu de la Escritura.
A. RACIONALISMO EXTREMO.
La semilla sembrada por Semler produjo un racionalismo extremo en el campo de la
exposición histórica. Puede verse en los siguientes ejemplos:
(1) Paulus de Heidelberg asumió una posición puramente naturalista. Otorgó «fidelidad
práctica a la razón» y la consideró como la fuente de la verdadera religión cristiana. Lo más
notorio fue su interpretación de los milagros y planteó dos interrogantes: (a) si ocurrieron
o no; y
(2) si ocurrieron, cómo pudieron tener lugar. Y aunque respondió afirmativamente a la
primera, a la segunda respondió suprimiendo todo elemento sobrenatural.
(2) Strauss se burló hasta el desprecio de la teoría de Paulus, proponiendo en su lugar la
interpretación mítica del Nuevo Testamento. Bajo la influencia de Hegel, enseñó que la idea
mesiánica de los judíos, con su tendencia a lo milagroso, se desarrolló gradualmente en la
historia de la humanidad. En el tiempo de Jesús, la expectación mesiánica estaba en el aire.
La obra y enseñanzas del Maestro de Galilea dejó tal impresión en sus discípulos, que
después de su partida le atribuyeron toda clase de palabras y hechos maravillosos,
incluyendo la resurrección, que esperaban había de tener lugar en el Mesías.
(3) Este punto de vista fue a su vez ridiculizado por F. C. Baur, fundador de la escuela de
Tubinga, quien enseño que el Nuevo Testamento se originó según el principio hegeliano de
tesis, antítesis y síntesis. Sostuvo que la hostilidad entre los partidarios de Pedro y de Pablo
condujo a la producción de literatura rival, y finalmente a la composición de libros que
procuraban la reconciliación de los dos partidos opuestos. Como resultado se observan,
según él, tres tendencias en la literatura del Nuevo Testamento. Esta teoría también estuvo
de moda.
(4) En el siglo veinte, los asaltos de la crítica se concentran más en el Antiguo Testamento que
el Nuevo. La escuela de Graf-Kuenen-Wellhausen trata de explicar el Antiguo Testamento
por medio de lo que ha sido denominado el proceso «objetivo-histórico», esto es, en
concordancia con una filosofía evolucionista. Su labor se caracteriza por una minuciosidad
que despierta admiración, y por una gran ingenuidad; pero también hay señales de que
tiene un carácter pasajero.
B. DOBLE REACCIÓN CONTRA EL RACIONALISMO:
El Racionalismo no siguió su camino sin encontrar oposición. Al cabo de un tiempo se produjo
una clara reacción doble.
(1) LA ESCUELA INTERMEDIARIA.
Aunque difícilmente se podría afirmar que Schleiermacher fundó esta escuela, fue ciertamente
su fuente de origen. Su obra póstuma sobre hermenéutica no respondió a la expectación general
con la que se esperó. Él descartó la doctrina de la inspiración, negó la validez permanente del
Antiguo Testamento y trató a la Biblia como cualquier otro libro.
Aun cuando no dudó de la integridad substancial de la Sagrada Escritura, hizo una distinción
entre lo esencial y lo no esencial, y expresó la confianza de que la ciencia crítica sería capaz de
trazar la línea entre ambas. Pese a toda su insistencia sobre la verdadera piedad del corazón, su
labor exegética siguió principalmente los caminos del Racionalismo.
Algunos de sus seguidores, como De Wette, Bleek, Gesenius y Ewald, se inclinaron
decididamente hacia el Racionalismo. Pero otros fueron más evangélicos y siguieron un camino
intermedio, entre éstos están Tholuck, Riehm, Weiss, Luecke, Neander y otros. Rechazaron
enteramente la teoría de la inspiración verbal, pero confesaron una profunda reverencia por la
autoridad divina de la Santa Escritura. Dice Lichtenberg: «Sin admitir la infalibilidad del Canon, ni
la inspiración plenaria del texto, y reservándose el derecho de someter ambas cosas a la prueba
de la crítica histórica, la Escuela de la Conciliación, proclama con no menos énfasis la autoridad
de la Biblia en materias de religión».
(2) LA ESCUELA DE HENGSTENBERG.
Naturalmente, el carácter intermediario de la escuela anterior fue también su flaqueza. No
sirvió para poner coto al avance del Racionalismo. Una reacción más efectiva apareció en la
escuela de Hengstenberg, que volvió a los principios de la Reforma. Este hombre creía en la
inspiración plenaria de la Biblia, defendiendo en consecuencia su absoluta infalibilidad. Se situó
firmemente en los principios confesionales de la Iglesia Luterana.
Es cierto que fue algo violento en sus polémicas, dogmático en sus aserciones y ocasionalmente
mostró una tendencia a alegorizar con bastante libertad. Pero, en conjunto, su obra exegética da
evidencia de profunda erudición filológica e histórica, y de una crédula comprensión de la verdad
de la revelación divina. Entre sus discípulos y seguidores encontramos a K. F. Keil, H㵥rnick y
Kurtz.
C. INTENTOS POR IR MÁS ALLÁ DEL SENTIDO HISTÓRICO-GRAMATICAL.
El resultado más permanente de este período fue el establecimiento del método histórico-
gramatical de interpretación, el cual se encuentra representado en manuales de hermenéutica
como los de C. A. G. Keil, Davidson, P. Fairbairn, A. Immer y M. S. Terry. Pero gradualmente
apareció una tendencia que no se da por totalmente satisfecha con la interpretación histórico-
gramatical y procura por tanto suplementarla.
(1) Kant sostuvo que sólo la interpretación moral de la Biblia tiene significado religioso. Según
él, el mejoramiento ético del hombre debe ser el principio controlador en la exposición de
la Palabra de Dios. Cualquier cosa que no responda a este propósito debe rechazarse.
(2) Olshausen defendió el «sentido más profundo de la Escritura». Según él, éste no consiste en
algo aparte del sentido literal, sino íntimamente conectado con el primero e incluso basado
sobre él. La manera de encontrar este sentido más profundo es reconocer «la revelación
divina en la Escritura y su punto central, Cristo, en su viviente unidad con Dios, así como
con la humanidad» (Immer). Este sentido más profundo es la esencia de la revelación
divina. Y aún cuando lo promovía, Olshausen advirtió contra la antigua interpretación
alegórica. Hasta cierto punto, R. Stier siguió esta tendencia.
(3) Germar adoptó lo que él denominó como la interpretación pan-armónica de la Escritura.
En su teoría «exige una total armonía del significado que se descubre en la Escritura, hasta
donde ésta pueda considerarse como revelación de Dios, con las palabras de Cristo, y con
todo aquello que es verdadero y cierto» (Reuss). Obviamente, este principio es verdadero
hasta cierto punto, pero deja lugar a especulaciones subjetivas respecto a lo que tiene que
ser reconocido o no como revelación de Dios, y entre las cosas verdaderas y las que no lo
son.
(4) T. Beck propuso la supuesta interpretación pneumática o espiritual. Exigió que el
intérprete tuviese un espíritu de fe. Según él, este espíritu producirá la convicción de que
las diversas partes de la Escritura forman un todo orgánico. Y que las partes separadas de la
Biblia deben ser interpretadas a la luz de esta fisonomía, que se revela en aquellas partes de
la Escritura de significado no dudoso. Esto prácticamente equivale a decir que la Escritura
debe ser interpretada según la analogía de la fe.
La búsqueda de algún principio de interpretación que sirva para complementar el sentido
histórico gramatical es también característica de las obras de Lutz, Hofmann, Klausen, Landerer y
otros. Confiadamente esperamos que el futuro traiga mayor unanimidad sobre este particular
entre aquellos que aceptan la Biblia como palabra inspirada de Dios.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Cuál es la diferencia entre inspiración plenaria y verbal?
2. ¿En qué formas distintas se presenta la teoría de la inspiración parcial?
3. ¿Es posible para un intérprete estar libre de presuposiciones?
4. ¿Es reconocido en la Biblia el principio de acomodación? En tal caso, ¿cómo?
5. ¿Qué objeción seria existe contra la teoría de acomodación de Semler?
6. ¿Cuál es la principal característica del Racionalismo?
7. ¿Por qué se les llama «teólogos intermediarios» a ciertos eruditos alemanes?
8. ¿Por qué es insuficiente la interpretación histórico-gramatical?
LECCIÓN: 8
EL OBJETO DE LA HERMENÉUTICA SACRA ES PROPORCIONAR UN CONCEPTO ADECUADO DE LA BIBLIA
El tratamiento lógico de la Hermenéutica Sacra requiere ante todo una descripción de su
objeto: la Biblia. La razón de esto se debe a que la hermenéutica especial debe siempre adaptarse
a la clase de literatura a la cual se aplica. El carácter único de la Biblia, determinará también, en
cierta medida, los principios que deben gobernar su interpretación. Esto no significa, sin
embargo, que deben describirse todas las cualidades de la Biblia, sino sólo aquellas que afectan
de un modo u otro su interpretación.
PRIMERO. LA INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA.
Cuando se discute el carácter de la Biblia es del todo natural asignar el primer lugar a aquel
gran principio de nuestra Confesión, que dice: «Confesamos que esta Palabra de Dios no fue
enviada ni entregada por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios, siendo guiados
por el Espíritu Santo, la hablaron, como dice el apóstol Pedro. Después, Dios, por un cuidado
especial que Él lleva de nosotros y de nuestra salvación, mandó a sus siervos los profetas y
apóstoles, consignar por escrito Su Palabra revelada; y Él mismo escribió con Su dedo las dos
tablas de la Ley. Por esta razón, a tales escritos los denominamos: santas y divinas Escrituras»
(Art. III de la Confesión Belga).
La Biblia fue inspirada divinamente éste es el gran principio que controla la Hermenéutica
Sacra y no puede ser ignorado con impunidad. Cualquier teoría de interpretación que lo descuide
será esencialmente deficiente y no producirá un entendimiento de la Biblia como Palabra de Dios.
Pero no seremos lo suficientemente precisos si tan solo decimos que la Biblia es inspirada. El
significado de la palabra «inspiración» es indefinido y requiere mayor precisión. Entendemos por
inspiración aquella influencia sobrenatural que el Espíritu Santo ejerce sobre los escritores, y por
la que sus escritos reciben veracidad divina y constituyen una regla suficiente e infalible de fe y
práctica.
Significa, tal como lo expresara el Dr. Warfield, que los escritores no obraron por iniciativa
propia, sino «movidos por iniciativa divina, y llevados por el poder irresistible del Espíritu de
Dios por sendas que él determinó, con el fin de cumplir su propósito». Cuando se dice que los
escritores fueron guiados por el Espíritu Santo al escribir los libros de la Biblia, la palabra
«escribir» debe entenderse en su significado total. Incluye la investigación de documentos, la
recolección de hechos, el arreglo del material, la selección misma de las palabras; de hecho todos
los procesos que involucran la composición de un libro.
La inspiración se distingue de la revelación en el sentido restringido de comunicación
inmediata de las palabras de Dios. Lo primero asegura infalibilidad en la enseñanza, mientras que
lo último aumenta la acumulación de conocimiento; pero ambos deben ser vistos como modos de
revelación de Dios en el sentido más amplio, esto es, modos por los cuales Dios da a conocer al
hombre su voluntad, sus operaciones y sus propósitos.
1. PRUEBA ESCRITURAL DE LA INSPIRACIÓN DIVINA.
Muchos intérpretes se oponen decididamente a tal concepto de inspiración divina, la declaran
una teoría inventada por teólogos conservadores para poner a la Biblia de acuerdo con sus
nociones preconcebidas acerca de lo que debiera ser el carácter de la Palabra de Dios. Pero es un
gran error considerar la idea de inspiración divina antes definida, como una teoría filosófica
impuesta sobre la Biblia. El hecho notable es que aún sigue siendo una doctrina escritural, tanto
como las demás doctrinas: de Dios y su Providencia, de Cristo y la expiación, etc.
La Biblia nos ofrece amplio material para formular una doctrina sobre la Escritura. En los
próximos párrafos indicaremos brevemente las pruebas más importantes que nos da la Biblia
acerca de su inspiración.
A. LA BIBLIA NOS ENSEÑA CLARAMENTE QUE LOS ÓRGANOS DE REVELACIÓN FUERON INSPIRADOS,
CUANDO COMUNICARON ORALMENTE AL PUEBLO LAS REVELACIONES QUE HABÍAN RECIBIDO.
Esto queda probado por lo siguiente:
(1) Las expresiones que la Biblia emplea para describir el estado y función de los profetas son
de tal naturaleza que implican una inspiración directa. Esto no puede ser inferido de la
palabra hebrea nabí, porque su derivación es incierta. Pero el pasaje clásico de Éxodo 7:1
enseña claramente que el profeta es una persona que habla por Dios al hombre; o más
específicamente, alguien que trae las palabras de Dios al hombre. Véase también
Deuteronomio 18:18; Jeremías 1:9 y 2 Pedro 1:21. Además, se nos dice que el Espíritu de
Dios vino, o cayó, sobre los profetas; que la mano de Jehová fue fuerte sobre ellos; que
recibieron la Palabra de Dios y que fueron constreñidos a expresarla (Is. 8:11; Jer. 15:17;
Ez. 1:3; 3:22 y 37:1).
(2) Las expresiones usadas por los profetas muestran claramente que ellos mismos eran
conscientes de que se dirigían al pueblo con la Palabra de Dios en sus labios. Al descargar
sus corazones ante las gentes a quienes eran dirigidos, se daban cuenta del hecho de que
Dios mismo había llenado sus mentes con un mensaje que no se había originado en su
propia conciencia. De ahí las expresiones: «Así dice el Señor», «Oíd la palabra del Señor»,
«El Señor Dios me mostró», «La palabra del Señor vino a».
(3) Hay otro notable detalle en los escritos proféticos que confirma este hecho. Sucede que en
muchos de los discursos en los que el profeta habla en tercera persona de lo que Jehová
dice, de improviso cambia abruptamente de la tercera a la primera persona, sin siquiera
añadir la fórmula de transición «Así dice el Señor». En otras palabras, el profeta sorprende
al lector empezando a hablar como si fuese Dios. Véase Isaías 3:4; 5:3ss; 10:5ss; 27:3;
Jeremías 5:7; 16:21; Oseas 6:4ss; Joel 2:25; Amós 5:21; Zacarías 9:7; etc. Esto sería un
atrevimiento muy grande de parte de tales profetas, si no hubiesen estado absolutamente
seguros de que Dios estaba poniendo su propia palabra en sus bocas.
(4) Si nos volvemos al Nuevo Testamento, hallamos que Cristo prometió a sus discípulos el
Espíritu Santo para enseñarles todas las cosas y recordarles todo lo que Él les había
enseñado (Jn. 14:26). Esta promesa fue cumplida en día de Pentecostés, y desde entonces
los discípulos hablaron como maestros infalibles. Sabían que sus palabras eran las palabras
de Dios (1 Ts. 2:13), y se sentían seguros de que su testimonio era el testimonio de Dios (1
Jn. 5:9–12).
B. LA BIBLIA NOS ENSEÑA LA INSPIRACIÓN DE LA PALABRA ESCRITA.
Lo dicho anteriormente crea una presunción en favor de la inspiración de los órganos de la
revelación al escribir los libros de la Biblia. Si Dios juzgó necesario que ellos trajeran su mensaje
oral al pueblo bajo la dirección del Espíritu Santo, difícilmente podía dejar de considerar como
menos esencial, que sus escritos fueran preservados de la misma manera. Pero no podemos
darnos por satisfechos con esta evidencia presuntiva. La Biblia enseña realmente la inspiración
de la Palabra escrita. Es verdad que no se puede citar un solo pasaje que afirme explícitamente la
inspiración de la Biblia entera, pero la evidencia es cumulativa, y no deja dudas al respecto.
(1) En el tiempo del Nuevo Testamento, los judíos poseían ya una colección de escritos
técnicamente designados como hegrafē (la Escritura) ohaigrafai (las Escrituras) (Ro. 9:17;
Lc. 24:27). El Nuevo Testamento cita repetidamente estahegrafē como teniendo autoridad
divina. Para Cristo y sus discípulos una cita de la hegrafē era el fin de toda controversia. Su
«escrito está» era equivalente a «Dios dice».
Además, tales escritos son designados algunas veces de una forma que indica su carácter
sagrado. Por ejemplo: se les llama grafaishagiais (Ro. 1:2), y tahieragrámmata (2 Ti. 3:15).
Además de esto, hasta se puede encontrar una descripción que apunta directamente a su carácter
divino. Son llamados «los oráculos de Dios» (Ro. 3:2). Es perfectamente claro que el pasaje clásico
de 2 Timoteo 3:16 habla de toda la Escritura como la revelación directa de Dios.
(2) El Nuevo Testamento contiene un número de citas del Antiguo en las que se identifica a
Dios y la Escritura como autores de lo dicho. Un ejemplo notable se halla en Hebreos 1:5–
13, donde se citan siete palabras del Antiguo Testamento, declarando que fueron dichas por
Dios. Véase también Salmo 2:7; 2 Samuel 7:14; Deuteronomio 32:43 (LXX) o Salmo 97:7;
104:4; 45:6, 7; 102:24–27; 110:1.
Mirando todos estos pasajes, observamos que en algunos de ellos Dios es el que habla y en
otros no; pero en todos los casos lo que dice la Escritura es llanamente atribuido a Dios. Además,
en Romanos 9:17 y Gálatas 3:8 se citan las palabras del Antiguo Testamento con la fórmula: «La
Escritura dice» mientras que en los pasajes citados (Éx. 9:16 y Gn. 22:18) es Dios quien habla. Tal
identificación sólo es posible sobre la base de un punto de vista estricto de inspiración.
(3) El locus classicus1 respecto a la inspiración de la Biblia se halla en 2 Timoteo 3:16. Para
una interpretación detallada de este versículo recomendamos los comentarios exegéticos.
Unas pocas observaciones serán aquí suficientes. En el contexto inmediato que precede, el
apóstol habla de la ventaja que tiene Timoteo de haber recibido una estricta educación
religiosa y que desde la niñez había sabido las Sagradas Escrituras, esto es, el Antiguo
Testamento. Y ahora en el versículo 16, el apóstol enfatiza la gran importancia de tales
Escrituras.
De ahí se desprende que hegrafē se refiere aquí también al Antiguo Testamento en su
totalidad. La palabra zeopneustos significa inspirado-por-Dios, es decir, el producto del aliento
creativo de Dios. La palabra griega pasa se puede traducir como «todo» o «cada uno», que
produce una diferencia insignificante, pues la primera enfatiza la idea de totalidad y la segunda
indica cada parte de ella. También algunos traducen: «Toda Escritura es dada por inspiración de
Dios y es provechosa »; y otros: «Toda Escritura dada por inspiración de Dios es provechosa».
Pero tampoco entre estas dos traducciones hay gran diferencia, pues en ambas se afirma o
implica la inspiración del Antiguo Testamento.
(4) Otro pasaje importante es 2 Pedro 1:19–21, donde el apóstol asegura a sus lectores que lo
que les había sido dado a conocer acerca del poder y la venida del Señor Jesucristo, no eran
fábulas inventadas, sino la palabra de testigos oculares. Y entonces añade que ellos tienen
todavía un mejor testimonio en la palabra profética (lo que el Dr. Warfield entiende como
todo el Antiguo Testamento). Se la llama «más segura» porque no es de interpretación
privada, o sea, el resultado de investigación humana, ni producto del propio pensamiento
del autor. Vino, no por voluntad humana, sino como un don de Dios.
(5) Otro pasaje de considerable importancia es 1 Corintios 2:7–13. Pablo se refiere al hecho de
que la sabiduría de Dios, oculta desde la eternidad y que sólo el Espíritu de Dios puede
conocer, le había sido revelada a él, y continúa diciendo: «Lo cual también hablamos, no con
palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu». Puesto que
usa el tiempo presente, esta expresión se aplica también a las cosas que estaba escribiendo
a los corintios.
C. LA BIBLIA ENSEÑA QUE LA INSPIRACIÓN SE EXTIENDE TAMBIÉN A LAS PALABRAS EMPLEADAS POR LOS
ESCRITORES.
Es un hecho bien conocido que muchos que profesan creer en la inspiración de la Biblia, niegan
enfáticamente su inspiración verbal. Aceptan complacidos una inspiración parcial; por ejemplo,
que los pensamientos, y no las palabras son inspirados; o que lo son únicamente los asuntos que
pertenecen a la fe y a la vida. Otros limitan la inspiración solamente a las palabras de Jesús.
Algunos objetan al término «inspiración verbal» que se presta a una teoría mecánica de la
inspiración, y prefieren emplear el término «inspiración plenaria».
No hay problema con esta última expresión, si se entiende por ella que tal guía sobrenatural
del Espíritu Santo se extiende a la elección misma de las palabras de los escritos sagrados, pues
ciertamente la Biblia enseña esto, tanto por afirmaciones expresas como por hechos
sobreentendidos. Nótese especialmente lo siguiente:
(1) En el pasaje antes citado (b. 5), Pablo declara enseñar cosas reveladas por el Espíritu de
Dios, y añade: «no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña
el Espíritu». Aquí, el apóstol se refiere claramente a palabras individuales como palabras
que el Espíritu Santo enseña, y la repetición de palabras hace que su afirmación posea
mayor fuerza.
(2) Cuando el Señor llama a Jeremías para su difícil tarea, le dice: «He aquí yo he puesto mis
palabras en tu boca». Si Dios tuvo tan especial cuidado en cuanto a las palabras con que
Jeremías debía dar su revelación a Israel, es natural presuponer que el mismo cuidado
pondría en las palabras por las cuales el profeta se dirigiría de una forma permanente a
generaciones futuras.
(3) Según Juan 10:33, los judíos estaban escandalizados porque Jesús había declarado ser Dios.
En su respuesta Jesús apela a una palabra de la Sagrada Escritura (Sal. 82:6), donde los
jueces del pueblo son llamados dioses, y hace notar al mismo tiempo que la Escritura no
puede ser abolida, sino que tiene una autoridad irrefutable. Puesto que él basa su
argumento en una sola palabra, es evidente que con ello concede a cada palabra de la
Escritura autoridad divina.
(4) En Gálatas 3:16, Pablo funda todo su argumento en el uso de un singular en vez de un
plural. Este argumento del apóstol ha sido atacado sobre la base de que la palabra hebrea a
la cual se refiere no puede ser usada en el plural para referirse a la posteridad (véase Gn.
13:15). Pero esto no destruye la validez de su argumento, pues el escritor del Génesis pudo
haber usado otra palabra o expresión plural que la que tenemos en nuestros códices. Y
aunque así fuera, el pasaje aún probaría que Pablo creía en la inspiración de las palabras
individuales de la Sagrada Escritura.
2. CÓMO SE RELACIONA LO DIVINO CON LO HUMANO EN LA AUTORÍA DE LA ESCRITURA.
De lo anterior, resulta claro que en la producción de la Biblia operó un factor doble, el divino y
el humano. De manera que, surge el problema de cómo se relacionan los dos mutuamente en la
composición de los libros de la Biblia. Para expresarlo en forma más concreta: ¿Fueron los
escritores humanos, simplemente como una pluma en la mano de Dios; simples amanuenses que
escribieron lo que Dios dictaba? ¿Fue suprimida la personalidad de ellos cuando les sobrevino el
Espíritu de Dios y los condujo a escribir según su deseo? ¿Estuvieron la memoria o imaginación,
entendimiento, juicio, deseos y voluntad de ellos totalmente inactivos cuando el Espíritu Santo
los condujo a escribir? A todas estas preguntas solamente puede darse una respuesta, en vista de
los hechos que tenemos en la Sagrada Escritura.
A. Los autores humanos de la Biblia no fueron simples máquinas o amanuenses. El Espíritu
Santo no redujo su libertad, ni anuló su individualidad. Las siguientes pruebas son decisivas
en este punto:
(1) En muchos casos los autores investigaron de antemano los asuntos acerca de los cuales se
proponían escribir. Lucas nos lo declara en el prefacio de su Evangelio; y los autores de los
libros de los Reyes y Crónicas se refieren repetidamente a las fuentes de donde obtuvieron
su información.
(2) Los escritores expresaron a menudo sus propias experiencias. Así lo hizo Moisés en los
primeros y últimos capítulos de Deuteronomio, y Lucas en la segunda mitad de los Hechos
de los Apóstoles. Los salmistas cantaron acerca de pecados personales y de la gracia
perdonadora que recibieron, de los peligros que les rodearon y de las maravillosas
liberaciones del Señor.
(3) Muchos de los libros de la Biblia tuvieron un carácter ocasional. Su composición fue
motivada por circunstancias externas y su carácter determinado por la condición moral y
religiosa de aquellos a quienes se dirigían. En el Nuevo Testamento esto se aplica
particularmente a las epístolas de Pablo, Pedro y Judas; pero también, aunque en menor
grado, a los otros escritos.
(4) Los diversos libros se caracterizan por una notable diferencia de estilo. Junto a la exaltada
poesía de los salmos y los profetas, tenemos la prosa común de los historiadores. Junto al
hebreo puro de Isaías hallamos el lenguaje arameico de Daniel; el estilo dialéctico de Pablo
es bastante diferente de la llana dicción de Juan.
B. Es perfectamente evidente, por tanto, que el Espíritu Santo haya usado a los escritores de la
Biblia tal como eran, y tal como Dios mismo los había preparado para su tarea: con su
idiosincrasia personal, su carácter y temperamento, sus talentos y educación, sus gustos y
preferencias; es decir, sin suprimir la personalidad de ellos. Sin embargo, existe una
importante limitación, y es que el Espíritu Santo no podía permitir que la naturaleza
pecadora de ellos se expresara a sí misma.
De todo lo dicho, se concluye que la Biblia tiene un aspecto divino y otro humano. Esto no
equivale a decir que junto al elemento divino tiene un elemento humano. No tenemos el derecho
a dividir la Biblia, asignando unas porciones a Dios y otras al hombre, respectivamente. La Biblia
es en todas sus partes, tanto en forma como en sustancia y hasta la última tilde, un libro que
viene de Dios. Al mismo tiempo hay que reconocer que fue compuesta de principio a fin por
instrumentos humanos, siendo portadora de todas las marcas de sus autores humanos que son
compatibles con su infalibilidad. No podemos explicar el proceso de la inspiración, aunque ciertas
analogías pueden ayudarnos a comprender su posibilidad. Es un misterio que no puede ser
explicado, y tiene que aceptarse por fe.
3. OBJECIONES CONTRA LA DOCTRINA DE LA INSPIRACIÓN VERBAL.
Muchas objeciones han sido formuladas contra la doctrina de la inspiración verbal o plenaria. Y
no debemos subestimarlas, sino darles la debida consideración. Algunas parecen muy plausibles,
como las que se basan en los supuestos fenómenos de la Escritura, tales como errores textuales,
aparentes discrepancias, supuestas citas incorrectas o mal aplicadas, así como dobletes.
Estas objeciones sacan su fuerza del supuesto de que una teoría de la inspiración que se digne
de ser realmente científica debería estar basada en un estudio inductivo de todos estos
fenómenos. Esto significa que el hombre, en vez de aceptar con sencillez la enseñanza de la Biblia
respecto a su inspiración, quiere determinar por sí mismo hasta dónde las Escrituras son
inspiradas, y esto constituye en esencia una actitud racionalista.
Debemos aceptar la enseñanza de la Biblia como concluyente en este punto y así mismo en
otros, y luego ajustar estos fenómenos de la Escritura a la doctrina bíblica de la inspiración. Y si la
solución pareciera imposible al momento, debemos demostrar nuestra fe esperando con
paciencia alguna aclaración posterior. Recordemos siempre las palabras del Dr. Warfield, que
decía: «Es un principio lógico establecido de que en tanto la debida evidencia por la cual se
establece una proposición permanezca irrefutable, todas las supuestas objeciones contra ella,
deben pasar de la categoría de objeciones contra la verdad de dicha proposición, a la de
dificultades que deben ajustarse a dicha verdad».
A. HAY, SIN EMBARGO, UN PUNTO QUE MERECE BREVE CONSIDERACIÓN.
La afirmación de que las Escrituras son, en cada detalle, infaliblemente inspiradas, sólo se
refiere a sus autógrafos, y no en el mismo sentido a los manuscritos que ahora poseemos, a las
presentes ediciones de la Biblia y a traducciones de ella. El texto original (autógrafos) fue escrito
bajo la guía divina y era, por tanto, absolutamente infalible, pero no se pretende afirmar que un
milagro perpetuo haya venido preservando el sagrado texto de los errores de los copistas. Una
comparación entre los diversos manuscritos existentes revela claramente la presencia de tales
errores.
De ahí que algunos pretenden sacar la conclusión de que, después de todo, la inspiración de la
Biblia tiene muy poca importancia y no nos garantiza la infalibilidad de su contenido tal como lo
poseemos actualmente. Pero recordemos que la única conclusión que precede a los hechos recién
mencionados es que, en la medida en que haya errores de trascripción en la Biblia actual,
permanecemos sin la Palabra de Dios.
Sin embargo, permanece el hecho de que y esto es muy importante, aparte de unos pocos y
relativamente insignificantes errores, estamos en posesión de la Palabra verbalmente inspirada
de Dios.
Entenderemos lo que esto significa citando las palabras de Moisés Stuart y Garbett (citadas por
Patton), quienes hicieron un estudio especial del texto de la Sagrada Escritura. Stuart afirma que
«de las ochocientas mil variantes de la Biblia que han sido clasificadas, cerca de setecientas
noventa y cinco mil poseen variantes de significado en hebreo y griego tan intrascendente como
cuando comparamos en español el dilema ortográfico de tener que escribir México o Méjico.
De las demás variantes, algunas cambian el significado de ciertos pasajes o expresiones e
incluso omiten palabras y frases; pero ni una sola doctrina sufre alteración por ello; no es
necesario remover ningún precepto ni ningún hecho importante sufre alteración debido a todas
las variantes juntas». Y Garbett añade que «aún cuando pusiéramos de lado toda palabra afectada
por estas variantes, bastará con que se admita la inspiración verbal de todo el resto; pues
aquellas palabras inspiradas en las cuales ninguna variante ha puesto una sombra de duda,
contienen la verdad de Dios de un modo tan completo y expresivo que negar la inspiración
resultaría una negación caprichosa y hasta incluso ridícula». Y de acuerdo al Dr. Patton:
«Según nuestra opinión, el texto autógrafo infalible ha sido perpetuado por el trabajo de los
transcriptores y sólo ha sufrido cambio en algunos detalles insignificantes a causa de los errores
de los copistas».
B. FINALMENTE, HAY MUCHOS HERMENEUTAS Y EXÉGETAS QUE EN SUS TRABAJOS EXEGÉTICOS SE
OPONEN DECIDIDAMENTE AL A PRIORI DE LA INSPIRACIÓN DIVINA.
Inmer, fomenta el principio de que «toda presuposición que en cualquier forma anticipe el
resultado exegético es inadmisible». Y advierte que «la creencia incondicional en la autoridad e
inspiración de las Escrituras» es presuponer demasiado. Sin embargo:
(1) El mismo tiene que confesar seguidamente que ningún intérprete puede deshacerse de
todas las presuposiciones. Para ello tendría que salir de sí mismo, cosa que es imposible. No
puede substraerse a sus convicciones más profundas, ni asumir una actitud indiferente
respecto al autor a quien trata de entender. Y por cierto un teólogo reformado no podrá
apartarse de la firme convicción, la que no es simplemente un asunto de la mente, sino del
corazón, de que la Biblia es la Palabra Infalible de Dios.
(2) La presuposición de que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios y que tiene, por tanto,
autoridad divina, aunque nos da la seguridad de que es verdadera en cada una de sus partes
y no puede contradecirse a sí misma, no determina por lo general nuestra exégesis de
cualquier pasaje particular en un sentido u otro. Nos permite una gran libertad de
movimiento y de decisión.
(3) Es un hecho notable que aquellos que tienen tales escrúpulos de conciencia contra la
presuposición de la inspiración divina en sus labores exegéticas, se ven a menudo sujetos a
otras presuposiciones en un grado mucho mayor de lo que lo haría la doctrina de la
inspiración. Una de las presuposiciones de nuestros días, que ha producido mucho daño
subvirtiendo el más claro significado de muchos pasajes de la Escritura, es la teoría del
desarrollo evolutivo de la religión de Israel.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Fueron los instrumentos de la revelación inspirados solamente cuando escribieron los
libros de la Biblia, o también lo fueron en su enseñanza oral?
2. ¿En qué se diferencia la inspiración de los profetas de la de los apóstoles?
3. ¿Qué elementos se incluyen en la inspiración gráfica (Kuyper) o transcriptiva (Cave)?
4. ¿En qué se diferencia la inspiración de los escritores de la de sus escritos?
5. ¿Cuál es la diferencia entre la inspiración, digamos de Miguel de Cervantes o Rubén Darío y
la de David?
6. ¿Es esencial que la inspiración se extienda a las mismas palabras empleadas?
7. ¿Qué objeciones surgen contra esta doctrina de la inspiración?
LECCIÓN: 9
SEGUNDO. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN LA BIBLIA.
1. LOS DIVERSOS LIBROS DE LA BIBLIA CONSTITUYEN UNA UNIDAD ORGÁNICA.
Debemos hacer énfasis aquí en la palabra «orgánica». Esto significa que tal unidad no es
simplemente mecánica, como si consistiera en diversas partes preparadas con vistas a su mutua
relación (como las partes de un reloj), las cuales fueron en última instancia recolectadas en un
volumen. No debemos comparar la Biblia a una catedral construida según los planos específicos
de un arquitecto, sino a un árbol corpulento, producto de un crecimiento progresivo.
La Biblia no fue hecha, sino que creció; y la composición de sus diversos libros marca los
peldaños de su desarrollo progresivo. Es, en última instancia, el producto de una sola mente, la
expresión de un solo principio fructífero, ramificándose en diversas direcciones. Sus diferentes
partes son mutuamente dependientes y juntas, sirviendo al organismo como un todo. La misma
Escritura testifica de su unidad en más de una forma. Observemos particularmente lo siguiente:
A. Los pasajes que hemos citado para probar la inspiración de la Biblia, y muchos otros que
pudieran añadirse, destacan el hecho de que la Escritura tiene un autor primordial. Es en
todas sus partes producto del Espíritu Santo.
B. El contenido de la Biblia, a pesar de su variedad, revela una unidad maravillosa. Todos sus
libros tienen a Jesucristo como centro de su unidad, todos ellos se refieren de alguna manera
a la obra redentora y al establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra. Además, todos
concuerdan en su enseñanza doctrinal y en su valor práctico para la vida. Ha sido una de las
maravillas de los siglos el que 66 libros, que surgieron gradualmente en el transcurso de
1,600 años, revelen tan notable unanimidad.
C. El carácter progresivo de la revelación divina es también una prueba firme de su unidad. El
estudio de la teología bíblica o historia revelationis, demuestra este hecho de un modo
creciente. Las Escrituras revelan el desarrollo de un solo pensamiento divino con varias
subdivisiones, a saber, el plan de la gracia de Dios en Jesucristo para la redención de los
pecadores. Nos muestran el capullo de la promesa divina abriéndose gradualmente hasta
convertirse en una hermosa flor. Cristo proyecta la sombra de su venida y finalmente
aparece en persona.
D. Las citas colectivas de la Escritura destacan también su unidad. Los escritores del Nuevo
Testamento a menudo ilustran o prueban alguna verdad particular citando varios libros del
Antiguo Testamento; con esto revelan la convicción de que los distintos libros poseen la
misma autoridad divina. Hallamos ejemplos de esto en Romanos 3:10–18, donde Pablo cita
Eclesiastés 7:20; Salmo 14:2–3; 5:10; 140:4; 10:7; Isaías 59:7, 8 y Salmo 36:2.
Para otros ejemplos véase Hebreos 1:5–13; 2:6–8, 12, 13. En relación con el texto en
Romanos, Turpie dice: «Esta referencia, formada con diversos pasajes del Antiguo
Testamento, nos da un ejemplo de cita combinada, y puesto que le precede un «como está
escrito» nos hace saber que los diversos escritos de donde fue tomada—esto es, Salmos,
Eclesiastés e Isaías— son igualmente Sagrada Escritura y se hallan situados en el mismo
plano. Si estas afirmaciones fueran de diferente valor, ¿cómo podía el apóstol ponerlos todos
juntos?»7
E. De un modo indirecto, la unidad de la Escritura queda demostrada por el hecho significativo
de que los autores del Nuevo Testamento, al citar del Antiguo Testamento, ocasionalmente
alteran los pasajes citados o los aplican en un sentido que no aparece en el Antiguo
Testamento. Este proceder difícilmente puede ser defendido, excepto si presuponemos que
el Espíritu Santo sea el autor de toda la Biblia, lo cual le da naturalmente el derecho de citar
y aplicar sus propias palabras como lo ve oportuno.
2. JUNTO CON ESTA UNIDAD, SIN EMBARGO, LA BIBLIA REVELA TAMBIÉN LA MAYOR DIVERSIDAD.
Hay varias distinciones que deben tenerse en cuenta al interpretar las Sagradas Escrituras.
A. LAS DIFERENCIAS ENTRE EL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO.
Éstos difieren en los siguientes aspectos:
(1) Respecto al contenido. El Antiguo Testamento contiene la promesa; el Nuevo Testamento
el cumplimiento. El primero señala a la venida de Cristo y nos conduce a él; el segundo
parte de él, señalando su completo sacrificio como la expiación por el pecado del mundo. El
Antiguo Testamento es el capullo; el Nuevo Testamento, la flor; o como lo expresara San
Agustín: «El Nuevo Testamento está oculto en el Antiguo y el Antiguo nos es abierto en el
Nuevo».
(2) En cuanto a la forma. El Antiguo Testamento es profético, mientras que el Nuevo es
apostólico. El elemento simbólico, muy prominente en el primero, es reducido al mínimo en
el segundo. Además, el factor divino es más prominente en el Antiguo Testamento que en el
Nuevo. No se sabe quiénes fueron los autores humanos de muchos libros del Antiguo
Testamento y en los libros proféticos a menudo parecen sumergidos en su autor divino.
Además, el Espíritu Santo obra sobre ellos desde fuera. En el Nuevo Testamento en cambio,
el Espíritu Santo reside en la Iglesia y opera en los apóstoles desde dentro. Por esto el factor
divino se pierde de vista.
(3) En su lenguaje. El Antiguo Testamento está escrito en lengua hebrea, con excepción de
algunas partes de Daniel y unos pocos versículos de Jeremías y Esdras; mientras que el
Nuevo Testamento está escrito en griego helenístico.
B. DISTINCIÓN ENTRE LOS VARIOS LIBROS DE LA BIBLIA.
El hecho de que el Espíritu Santo empleara a profetas y apóstoles con sus idiosincrasias
personales, sus talentos naturales y su conocimiento adquirido, da naturalmente lugar a una
diversidad considerable. Cada autor puso en su libro un sello definido. Cada uno desarrolló sus
propios pensamientos de forma distinta, los presentó según la ocasión requería y los expresó en
su estilo característico. Hay una gran diferencia, por ejemplo, entre Isaías y Jeremías, entre Pablo
y Juan. No todos tienen el mismo vocabulario ni escriben en el mismo estilo. Sus escritos no
tienen el mismo contexto histórico y no presentan la verdad desde el mismo punto de vista. Cada
libro de la Biblia tiene un carácter individual.
C. LA DIFERENCIA ENTRE LAS FORMAS FUNDAMENTALES DE LA REVELACIÓN DIVINA.
(1) Dios expresó parte de su revelación en forma de narración histórica. Es muy importante
recordar que los hechos históricos narrados en la Biblia forman también parte esencial de
la revelación divina y deben ser interpretados como tales.
(2) Dios nos hizo conocer parte de su voluntad por medio de discursos o escritos didácticos.
En el Antiguo Testamento, la hallamos especialmente en la Ley y en la literatura sapiencial;
mientras que en el Nuevo Testamento se encuentra en las parábolas y discursos del Señor,
así como en las epístolas apostólicas.
(3) También Dios nos da una visión de los misterios de su consejo por medio de la profecía.
Ésta interpreta los caminos de Dios en el pasado, revela su voluntad para el presente y
abre brillantes visiones del futuro para consolación del pueblo de Dios.
(4) Finalmente, él se revela también en la poesía, por la cual oímos las vibrantes notas de una
poderosa orquesta. El doctor Stuart Robinson dice poéticamente: «Notas del conmovido
corazón de Dios llevan el canto; y las cuerdas de corazones humanos, tocadas por su
gracia, son el coro que responde».
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Es la Biblia un libro planeado? En tal caso, ¿en qué sentido?
2. ¿Por qué constituye una unidad orgánica más bien que mecánica?
3. ¿Qué lazos de unión hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?
4. ¿Por qué razón se enfatiza en nuestros días más bien la diversidad que la unidad de la
Biblia?
5. ¿Por qué deberían los intérpretes de la Biblia proceder sobre la base de la unidad de la
Biblia?
6. ¿Por qué deben tomar también en consideración su diversidad?
LECCIÓN: 10
TERCERO. LA UNIDAD DEL SIGNIFICADO DE LAS ESCRITURAS
Es muy importante entender desde el principio que la Escritura tiene solamente un significado
y es, por tanto, susceptible a la investigación lógica y científica. Este principio fundamental debe
colocarse en primer plano, en oposición a la tendencia (que la historia nos muestra y que persiste
en algunas esferas aun en nuestro tiempo) de aceptar diversos significados; tendencia que hace
imposible la ciencia hermenéutica y abre la puerta a toda clase de interpretaciones arbitrarias.
La ilusión del significado múltiple viene principalmente del hecho de que se ha malentendido
algunos rasgos importantes de la Sagrada Escritura: tales como su lenguaje figurado, sus
aspectos misteriosos e incomprensibles, sus hechos, acciones y ritos simbólicos, sus profecías
con un doble o triple cumplimiento, y sus tipos de realidades venideras.
1. BASES PARA ESTE PRINCIPIO.
Debemos sostener que la Escritura tiene tan sólo un significado propio, cualesquiera sean los
diversos significados que puedan tener las palabras por separado. Esto se desprende,
necesariamente, de las siguientes consideraciones:
A. LA VERACIDAD DE DIOS.
Es un principio estable entre los hombres que un hombre veraz se exprese normalmente en
lenguaje inequívoco. La conciencia humana nunca ha aprobado el método equívoco de los
jesuitas. Y si un hombre veraz no haría uso, concienzudamente, de un doble lenguaje, Dios, que es
la verdad absoluta, no puede habernos dado una revelación con la idea de engañarnos.
B. EL PROPÓSITO DE LA REVELACIÓN DE DIOS.
Dios revela su voluntad y el camino de salvación a los hombres, a fin de ser glorificado en la
redención de los pecadores. Él tenía en mente un fin glorioso y misericordioso. En vista de esto,
es totalmente inconcebible que hubiese provisto para los hombres una revelación dudosa, ya que
esto destruiría el mismo propósito que procuró realizar.
C. LA NECESARIA CONGRUENCIA ENTRE LA REVELACIÓN DEL LOGOS EN LA MENTE DEL HOMBRE, Y SU
REVELACIÓN EN LA NATURALEZA Y EN LA ESCRITURA.
Es precisamente la adaptación de la una a la otra lo que hace posible todo conocimiento. La
Revelación, para poder ser comprendida, debe ser racional. Sería el colmo de la inconsistencia
pensar que Dios se ha revelado a sí mismo de una forma razonable en la Naturaleza, pero no en la
Escritura, que constituye, según creemos, su más perfecta revelación. Significaría que la verdad
de la Biblia no podría ser investigada por métodos lógicos, ni comprendida intelectualmente.
D. EL CARÁCTER DEL LENGUAJE HUMANO EN EL CUAL LA BIBLIA FUE ESCRITA.
La lógica de la mente humana se refleja naturalmente en el lenguaje que el hombre usa. Y es
absolutamente extraño al carácter de este lenguaje que una palabra tenga dos, tres o más
significados en conexión con una proposición particular. De ser así, toda comunicación entre los
hombres sería enteramente imposible.
2. SALVAGUARDAS CONTRA LA MALA INTERPRETACIÓN DE ESTE PRINCIPIO.
Pero aun cuando debemos constantemente tener en cuenta el gran principio de que la
Escritura tiene solamente un significado propio, debemos guardarnos contra algunas malas
interpretaciones.
A. Es necesario distinguir entre el significado real de un pasaje de la Escritura y el significado
que le atribuyen diversos intérpretes. Las muchas interpretaciones dadas a menudo a un
solo pasaje no destruyen la unidad de significado de la Escritura.
B. Debería distinguirse también entre el significado propio de un pasaje y las diferentes formas
en que puede ser aplicado. El mismo significado puede ser usado prácticamente según las
circunstancias, ya sea para advertir, exhortar, consolar o reprender.
C. Es también de gran importancia saber distinguir entre el significado literal y el místico, y
comprender que ambos no constituyen un significado doble, sino simple. Varios pasajes de
la Sagrada Escritura tienen, junto a su significado literal, un significado simbólico o típico.
Las cosas que se mencionan en la narración son símbolos o tipos de otras cosas. En todos
estos casos, el significado místico está basado sobre el literal, y constituye el significado
propio de la Palabra de Dios.
D. Finalmente, debe hacerse una cuidadosa distinción entre un doble significado y el doble
cumplimiento de cualquier profecía. Algunas profecías se cumplen por medio de varios
hechos o eventos sucesivos.
En tales casos, el primer cumplimiento es parcial y típico de aquellos que aún no se han
cumplido. Y es sólo en el cumplimiento final que el significado de tales profecías quedará
agotado. Sin embargo, esto no nos da derecho para hablar de un significado doble en la profecía.
Si se nos preguntara si es permisible hablar de un significado más profundo de la Escritura
(huponoia), daríamos una respuesta afirmativa; pero es necesario guardarnos contra una mala
interpretación. Propiamente entendido, el significado más profundo de la Biblia no constituye un
segundo significado. En todos los casos este significado más profundo está basado sobre el literal,
y es el propio y verdadero significado de la Escritura.
El significado real de la Escritura no siempre se halla en su superficie. No es cierta la aserción
de que la intención de los autores humanos (determinada por el método histórico-gramatical)
agota siempre el significado de la Escritura, y que representa en toda su plenitud, el significado
del Espíritu Santo.
Muchos de los tipos del Antiguo Testamento señalaban en última instancia realidades del
Nuevo. Muchas profecías alcanzaron su cumplimiento final en Jesucristo, aun cuando hubiesen
tenido cumplimiento parcial en el pasado, y muchos de los salmos dan expresión al gozo o
tristeza, no meramente de los poetas, sino del pueblo de Dios como un todo, y en algunos casos a
los sufrimientos y triunfos del Mesías. Estas consideraciones nos conducen a lo que podríamos
denominar como el significado más profundo de la Sagrada Escritura.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Cómo ha podido originarse la teoría del significado doble o triple de la Biblia en relación
con su lenguaje figurado, y en relación con tipos y símbolos o en conexión con sus profecías?
2. ¿Cómo fomentan algunos intérpretes la idea de un doble significado?
3. ¿De qué se trata el supuesto «significado más profundo» del cual debemos cuidarnos?
LECCIÓN: 11
CUARTO: EL ESTILO DE LAS ESCRITURAS: CARACTERÍSTICAS GENERALES
El estilo de la Escritura se discute aquí tan sólo de un modo muy general, y desde el punto de
vista exegético más bien que literario. Solamente indicamos aquellas peculiaridades que tienen
algo que ver con la interpretación de la Biblia, y que son más o menos únicas.
1. SIMPLICIDAD DEL ESTILO DE LA ESCRITURA.
Tanto los eruditos creyentes como incrédulos, han comentado a menudo sobre la simplicidad
de la Biblia. Los más elevados asuntos son tratados allí de una forma tan profunda como simple,
siendo el resultado inmediato una perfecta visión de la verdad. La simplicidad de estilo es
característica de la lengua hebrea y en cierta medida también de la griega del Nuevo Testamento.
Observemos lo siguiente:
A. En la lengua hebrea, casi todas las raíces consisten en tres radicales. Hay sólo dos tiempos
en los verbos: el perfecto y el imperfecto; y sólo dos géneros: masculino y femenino,
desconociéndose el neutro. Los verbos y nombres compuestos son muy pocos y casi todas
las oraciones son coordinadas.
B. La relación entre las distintas oraciones está indicada en muchos casos por una simple
cópulavav (y) en lugares donde la conexión lógica requeriría una conjunción más específica.
Puede ser explicativa («por tanto»), Amos 3:11; 4:10; adversativa («mas» o «aunque»), Jue.
16:15, Sal. 28:3; inferente («entonces», «así que», «por lo tanto»), Ez. 8:18; causal («porque»
o «debido a»), Sal. 5:12; y final («a fin de que»), principalmente en oraciones cohortativas y
yusivas. En el Nuevo Testamentokai se usa a menudo en todos estos sentidos.
C. El frecuente uso de las hendíadis, en las cuales dos palabras conectadas por una conjunción
expresan la misma idea, como si se tratara de una sola palabra acompañada de algún
calificativo, p. ej., «y sirvan de señales para las estaciones, para días y años» (Gn. 1:14); «una
ciudad que es madre en Israel» (2 S. 20:19); «de la esperanza y de la resurrección de los
muertos se me juzga» (Hch. 23:6).
D. Hallamos a menudo un discurso directo donde debería esperarse el indirecto. Véanse
ejemplos en los siguientes lugares: 2 S. 13:32; Is. 3:6; Jer. 3:16; Sal. 2:3; Mat. 1:20, 23; 2:3, 5.
(Como indicación de la simplicidad del griego del Nuevo Testamento, véase más abajo, punto
5.)
2. EL ESTILO VÍVIDO DE LA ESCRITURA.
La cultura del Cercano Oriente se expresa por lo general de manera muy vívida. Los autores de
la Biblia no escapan de esta realidad cultural. Matizan en distintas formas la revelación divina
que llega por medio de ellos.
A. Revelan una tendencia resuelta a representar verdades abstractas en formas concretas.
Cualidades espirituales son a menudo descritas bajo la figura de aquellas partes del cuerpo
que pueden simbolizarlas. Por consiguiente, se representan el poder y la ira de Dios por
medio de la imagen de su brazo y nariz, respectivamente; y se relaciona la expresión de su
benevolencia o desaprobación con la figura de hacer resplandecer o bien ocultar su rostro.
(Véase Sal. 89:13; 18:8; 4:6; 44:24.) Es probable que a veces la representación del pecado se
personifique en el pecador.
B. Perciben la naturaleza que les rodea como dotada de vida, y en consecuencia la personifican
repetidamente. Las cosas inanimadas son representadas como masculinas o femeninas, y el
género depende generalmente de las cualidades que revela. Se le atribuye a toda la creación
inteligencia y voluntad, emociones y deseos. Ejemplos de tales descripciones animadas de la
naturaleza inerte se pueden encontrar en Sal. 19:2–3; 96:12; 98:8; Is. 55:12; y Ro. 8:19–22.
C. Los historiadores bíblicos no narran simplemente, sino que pintan la historia. Hacen pasar
los hechos ante los ojos del lector como en una vista panorámica. Por ello, usan con
frecuencia la palabra: «He aquí». Es muy probable que esto explique el uso del imperfecto
hebreo con un vay conversivo, en narraciones continuadas que empezaron con un perfecto.
La cultura del Cercano Oriente prefería representar las acciones, no como completas en el
pasado, sino como en proceso de cumplimiento, como realizándose en el presente. En el
Nuevo Testamento se encuentran varios ejemplos de esto en el uso extensivo del presente.
D. Algunas expresiones redundantes contribuyen al estilo vívido de la Escritura. Por ejemplo:
«Abrió su boca y habló»; «alzó sus ojos y vio»; «alzó su voz y lloró»; «inclina tu oído y oye».
3. EL AMPLIO USO DEL LENGUAJE FIGURADO.
Esto se debe en parte a la incapacidad de describir cosas espirituales o celestiales en lenguaje
literal, y en parte por la preferencia oriental por las representaciones pictóricas y plásticas; y
también en parte por el deseo de variedad y belleza literaria.
Puesto que tendremos que tratar más adelante del lenguaje figurado de la Biblia, dejaremos
este tema de momento.
4. EL DISTINTIVO PARALELISMO DE ORACIONES, QUE CARACTERIZA GRAN PARTE DE LA POESÍA Y PARTE
DE LA PROSA BÍBLICA.
El obispo Lowth fuel el primero en usar la expresión parallelismus membrorum para describir
esta peculiar característica del lenguaje bíblico, de que «en dos líneas o miembros del mismo
período, por lo general cosas corresponden a cosas y palabras a palabras». Esta forma poética se
encuentra particularmente en los salmos, pero también en otros escritos poéticos y de prosa. El
obispo Lowth distingue tres clases de paralelismo, y el doctor Jebb añadió una cuarta. Las
ofrecemos a continuación:
A. Paralelismo sinónimo, cuando la misma idea se repite en diferentes palabras. Estas pueden
ser similares (Sal. 24:2; Job 6:5) o idénticas (Pr. 6:2; Sal. 93:3).
B. Paralelismo antitético, cuando el segundo miembro de una línea o versículo expresa el lado
opuesto del mismo pensamiento. Esta forma se encuentra especialmente en el libro de los
Proverbios. Puede ser simple (Pr. 14:34; Sal. 30:6) o bien compuesto (Is. 1:3, 19 y 20).
C. Paralelismo sintético, al que se da también el nombre de constructivo y epitético. La segunda
frase añade algo nuevo a la primera, o la explica. El paralelismo puede ser correspondiente,
cuando la primera línea corresponde con la tercera, y la segunda con la cuarta (Sal. 27:1;
35:26 y 27), o cumulativo, cuando existe una acumulación de ideas sucesivas que conducen
algunas veces a un clímax. (Sal. 1:1–2; Is. 55:6 y 7; Heb. 3:17).
D. Paralelismo invertido o quiástico, el cual se define como un paralelismo construido en orden
inverso, cuyos hemistiquios se ubican en forma de quiasmo. (Véase Pr. 23:15–16; 10:4 y 5;
13:24).
5. ASPECTOS CARACTERÍSTICOS DEL LENGUAJE DEL NUEVO TESTAMENTO.
Por último, el lenguaje del Nuevo Testamento tiene ciertas características. No es el griego puro
del período clásico, sino el griego helénico, a menudo llamado koinē o lenguaje común. Por
mucho tiempo se sostuvo la idea de que el lenguaje del Nuevo Testamento había sido
fuertemente influenciado por el griego de la Septuaginta, y por medio de ésta, por el hebreo y
arameo. El predominio de esta postura fue desafiado por eruditos como Deismann, Moulton y
Milligan, Robertson y Goodspeed.
Bajo su influencia prevaleció por un tiempo la opinión de que el griego del Nuevo Testamento
contiene apenas algún verdadero hebraísmo. Hoy, sin embargo, el péndulo se inclina hacia otra
dirección. Debido a las investigaciones de C. C. Torrey y su escuela, prevalece de nuevo el primer
punto de vista que reconocía una fuerte influencia del arameo en el griego koinē del Nuevo
Testamento. La cuestión todavía no está resuelta definitivamente y, por tanto, no puede hablarse
con seguridad de los varios factores que moldearon el lenguaje del Nuevo Testamento.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿En qué difiere el estilo de los libros históricos del de los proféticos y poéticos?
2. ¿Qué diferencias características hay entre el estilo de Marcos y el de Lucas?
3. ¿Por qué se llama hebraísta al estilo de Juan?
4. ¿Qué contrastes característicos hay en los escritos de Juan?
5. ¿Qué contrastes se encuentran en las epístolas de Pablo?
LECCIÓN: 12
QUINTO: LA POSICIÓN EXEGÉTICA DEL INTÉRPRETE LA RELACIÓN DEL INTÉRPRETE CON EL OBJETO DE
SU ESTUDIO.
A diferencia de la Iglesia de Roma, las iglesias de la Reforma, aceptaron el importante principio
de que cada individuo tiene el derecho de investigar e interpretar por sí mismo la Palabra de
Dios. Es verdad que también mantuvieron que a la iglesia, en virtud de su protestas doctrinal, le
ha sido confiada la importante tarea de preservar, interpretar y defender la Palabra de Dios, para
cuya suprema tarea ha sido capacitada por el Espíritu Santo; pero repudiaron la idea de que toda
interpretación eclesiástica es, por sí misma, infalible y obligatoria para las conciencias.
Las interpretaciones de la Iglesia tienen autoridad divina tan sólo hasta donde armonizan con
las enseñanzas de la Biblia como un todo, y cada individuo debe juzgar por sí mismo esta
realidad. Los protestantes niegan que Dios haya constituido la Iglesia, por medio de sus partes
designadas, como intérprete especial de la Divina
Palabra, y mantienen que cada cristiano tiene el privilegio de estudiar e interpretar por sí
mismo la Sagrada Escritura. Esta posición se basa en:
(1) pasajes tales como Deuteronomio 13:1–3; Juan 5:39 (si el verbo es indicativo); y Gálatas
1:8 y 9;
(2) en el hecho de que Dios declara a cada hombre responsable por su propia fe y conducta; y
(3) en el hecho adicional de que la Sagrada Escritura no se dirige exclusivamente, ni aun
principalmente, a los oficiales de la Iglesia, sino al pueblo que constituye la Iglesia de Dios.
Este principio también da a entender que la actitud del intérprete con respecto al objeto de su
estudio, debe gozar de perfecta libertad.
La Iglesia de Roma restringió sucesivamente esta libertad:
(1) por una traducción de la Biblia aprobada por la Iglesia;
(2) por la tradición, especialmente por el consensus omnium patrum;
(3) por las decisiones de los Concilios; y:
(4) por los fallos infalibles del Papa.
Los protestantes nunca aceptaron, al menos en principio, semejante teoría; aunque en la
práctica han revelado, ocasionalmente, cierta tendencia a permitir que la dogmática o principios
confesionales señoreen sobre la interpretación de la Biblia. Es innecesario decir que cada
intérprete debe tener en cuenta las labores exegéticas de edades pretéritas, que se cristalizaron
en los credos, y que no debe apartarse con ligereza de aquellos puntos de doctrina que han
venido a ser communis opinio. Pero jamás deberá permitir que el fruto de dicha exégesis se
convierta en su norma. No puede legítima ni consistentemente permitir que la Iglesia domine la
conciencia en materias de interpretación.
Pero, aunque es cierto que el intérprete debe ser perfectamente libre en sus labores, no debe
confundir su libertad con libertinaje literario. Es libre, ciertamente, de toda restricción y
autoridad externa, pero no es libre de las leyes inherentes al objeto de su interpretación. La
Palabra escrita lo restringe en todas sus exposiciones, y no tiene el derecho de atribuir sus
pensamientos a los autores del texto sagrado. Este principio es generalmente reconocido hoy día.
Es muy distinto, sin embargo, cuando se sostiene que la libertad del intérprete está limitada por
el hecho de que la Biblia es inspirada, y, por tanto, palabra de Dios plenamente consistente. No
obstante, este principio debe ser reconocido por todos los intérpretes reformados.
PREGUNTAS DE REPASO
1. ¿Quién fue el primero en defender el derecho al juicio privado?
2. ¿Cómo propusieron los reformadores arreglar las diferencias de interpretación?
3. ¿Tiene el intérprete que se adhiere a cierto credo el derecho de apartarse de él en sus
exposiciones?
4. ¿A qué medidas debe recurrir en caso de conflicto entre su interpretación de la Biblia y su
credo?
LECCIÓN: 13
LA INTERPRETACIÓN GRAMATICAL
PRIMERO. EL SIGNIFICADO DE CADA PALABRA
La Biblia fue escrita en lenguaje humano y, por tanto, debe ante todo ser interpretada
gramaticalmente. En el estudio del texto el intérprete puede proceder de dos maneras. Puede
empezar por la oración gramatical como un todo, por la expresión del pensamiento del escritor
como una unidad, y entonces descender a los detalles, a la interpretación de conceptos y palabras
separadas. O bien puede empezar con estas últimas, y gradualmente ascender a la consideración
del argumento o pensamiento como un todo.
Desde un punto de vista puramente lógico y psicológico es preferible el primer método. Pero,
por razones prácticas es aconsejable empezar la interpretación de literatura extranjera con un
estudio de las palabras por separado, así que seguiremos este orden en nuestra exposición. Tres
cosas son dignas de ser consideradas aquí:
1. LA ETIMOLOGÍA DE LAS PALABRAS.
El significado etimológico de las palabras merece primera atención; no por ser lo más
importante para el exégeta, sino porque procede, lógicamente, a todos los otros significados.
Como regla, no es aconsejable que el intérprete se extienda mucho en investigaciones
etimológicas. Este trabajo es muy difícil y puede ser dejado a los especialistas.
Además, el significado etimológico de una palabra no siempre da luz sobre su significado en el
presente. Al mismo tiempo, es aconsejable que el expositor de la Sagrada Escritura tenga en
cuenta la etimología establecida de una palabra, ya que ello puede, en algunos casos, ayudar a
determinar su significado real, o iluminarlo de modo sorprendente. Pensemos, por ejemplo, en
las palabras hebreas kofer, kippurim , ykapporet , las que traducidas significan respectivamente:
«rescate», «redenciones» y «expiaciones» o «propiciatorio».
Todas ellas se derivan de la raíz kafar, que significa «cubrir», y contienen la idea de redención
o expiación cubriendo la falta cometida. La sangre redentora de Cristo cubre al pecado o al
pecador, lo cual era tipificado por la sangre de los sacrificios del Antiguo Testamento. O tomemos,
del Nuevo Testamento, la palabra ekklesia , derivada deek- ykalein . La palabra designa a la
iglesia, tanto en la Septuaginta como en el Nuevo Testamento, y señala al hecho de que ella
consiste en un pueblo que ha sido «convocado de entre», es decir, de entre el mundo para que le
rinda una devoción especial a Dios.
En la edición inglesa, después de este párrafo, el autor ofrece un ejercicio de investigación
etimológica. Hemos incluido una adaptación de dicho ejercicio para propósitos de referencia.
Ejercicio: Búsquese el significado original de las siguientes palabras:
2. EL USO CORRIENTE DE LAS PALABRAS.
El significado corriente de una palabra es mucho más importante para el intérprete que su
significado etimológico. A fin de interpretar la Biblia correctamente, se debe estar familiarizado
con los significados que las palabras adquieren en el curso del tiempo, y con el significado en el
cual las usan los autores bíblicos. Es muy importante entender este punto.
Podría pensarse que se puede lograr fácilmente esto consultando algún buen diccionario
lexicográfico, el cual ofrecería, por lo general, tanto el significado original como los significados
derivados de las palabras, y generalmente señalaría el significado de su uso en cada pasaje
determinado. Para la mayoría de casos, consultar un diccionario lexicográfico nos ofrecería
información perfectamente verídica. Al mismo tiempo, se debe tener presente que no podemos
confiar con absoluta certeza en dichos diccionarios, especialmente cuando tratan con detalles
particulares.
Estos diccionarios ofrecen simplemente los resultados de las labores exegéticas de varios
intérpretes con opiniones dispares que el lexicógrafo tuvo que evaluar y decidir al respecto. Es
muy posible, y en algunos casos perfectamente evidente, que la elección de significado haya sido
determinada por los prejuicios dogmáticos del autor. Tregelles nos advierte acerca de este
peligro en el preámbulo de la segunda edición de su Gesenius: «De aquí se desprende la peculiar
importancia mencionada anteriormente, de prestar la debida atención a la filología hebrea.
Un conocimiento real del lenguaje, o por lo menos la habilidad de usar de un modo propio las
obras de escritores competentes, mostrará a menudo que la aserción dogmática de que el
significado de una palabra u oración en hebreo debe ser algo muy especial, no es más que un
petitio principii4 inventado en favor de ciertas conclusiones a las que se quiere llegar. Pero
cualquier erudito competente podrá ver, no sólo que tal significado extraño no es necesario, sino
que a veces es inadmisible, a menos que se nos permita recurrir a conjeturas muy arbitrarias.
La manera en que algunos han introducido dificultades en la cátedra de filología hebrea, ha
sido asignando nuevos y extraños significados a palabras hebreas, afirmando que tales
significados deben ser los correctos en determinados pasajes (y en ningún otro lugar); limitando
el significado de una raíz o palabra, para así dar a entender que existe algún error por parte de
los autores sagrados».
Si el intérprete tiene alguna razón para dudar del significado de una palabra, tal como aparece
en el diccionario lexicográfico, tendrá que investigar por sí mismo. Tales trabajos son sin duda
muy fructuosos, pero en extremo difíciles, por causa de que:
(A) Algunas palabras tienen varios significados, algunos literales y otros figurados;
(B) El estudio de palabras análogas en otras lenguas requiere cuidadosa distinción, y no
siempre nos ayuda a fijar el significado exacto de una palabra, ya que las palabras
correspondientes en otras lenguas no siempre tienen exactamente el mismo significado
original y derivado;
(C) En el estudio de las palabras del Nuevo Testamento es imperativo tener en cuenta, no
solamente el koinē escrito, sino también elkoinē hablado;
(D) No siempre es seguro determinar qué significado tiene una palabra en el Nuevo
Testamento, deduciendo su significado del a Del hebreo: (pecar); (estar dispuesto);
(persona justa o piadosa); (asamblea, congregación); (congregación, asamblea).
Del griego: κληρονομία; μακροθυμία; εὐτραπελία; ςπερμολόγοσ.
Griego clásico, ya que el cristianismo ha impuesto, en muchos casos, un nuevo significado a
tales palabras. Además, es precario asumir que una palabra tiene siempre el mismo significado
en la Sagrada Escritura. Dios se ha revelado a nosotros y nos ha «hablado muchas veces y de
muchas maneras».
Su revelación fue progresiva, y puede haber enriquecido el significado de las palabras en el
curso de su desarrollo.
Pero no importa cuán difícil pueda ser esta tarea, no debe disuadir al intérprete. De ser
necesario, debe realizar por sí mismo un estudio completo de la palabra, y la única manera para
hacerlo es por el método inductivo. Será de su incumbencia;
(A) Buscar con la ayuda de una concordancia hebrea o griega los lugares en que se menciona
tal palabra;
(B) Determinar el significado de la palabra en relación con cada uno de los pasajes en que
ocurre, y:
(C) Hacer esto por medio de ayuda interna más bien que externa.
Los diversos significados de una palabra irán apareciendo poco a poco, a medida que
avanzamos en nuestro estudio. El intérprete debe precaverse, sin embargo, de formular
conclusiones precipitadas, y nunca debería basar su inducción en una sola parte del material que
existe al respecto.
Tal estudio inductivo puede capacitarle para:
(A) Determinar si el significado dado por un determinado diccionario lexicográfico es correcto
o incorrecto;
(B) Tener certeza respecto a algún significado que el diccionario señala como dudoso; y:
(C) Descubrir un significado que no se había atribuido antes a tal palabra.
Las denominadas hapaxlegomena constituye una dificultad especial. Puede ser de dos clases:
(A) Absoluta, cuando una palabra se encuentra sólo una vez en toda la literatura conocida; y:
(B) Relativa, cuando se encuentra una sola vez en la Biblia.
La primera es particularmente difícil para el intérprete. El origen de tales palabras se pierde a
menudo en la oscuridad y su significado sólo puede ser determinado de un modo aproximado por
el contexto en que ocurre y por la analogía de palabras semejantes en la misma u otras lenguas.
Véase, por ejemplo, la palabra epiousios en Mateo 6:11 y Lucas 11:3, y pistikos en Marcos 14:3 y
Juan 12:3.
3. EL USO DE PALABRAS SINÓNIMAS.
Todo lenguaje contiene sinónimos y antónimos. Las palabras sinónimas son las que tienen el
mismo significado o bien concuerdan en uno o más de sus significados, aunque difieran en otros.
A menudo concuerdan en su significado fundamental, pero dan expresión a diferentes aspectos
del mismo. El uso de los sinónimos sirve para embellecer el lenguaje, ya que permite al autor
variar sus expresiones. Además, enriquece el lenguaje permitiendo expresar de un modo más
minucioso los diversos matices y aspectos de cualquier idea.
Las lenguas en que fue escrita la Biblia son ricas en sinónimos y en expresiones sinónimas. Es
lamentable que en las traducciones, éstas no hayan podido ser retenidas. En algunos casos era
totalmente imposible, pero en otros podía hacerse. Pero aun cuando algunas de las diferencias
más sutiles se pierdan en la traducción, el intérprete jamás debe perderlas de vista. Debe más
bien estar atento a todas las ideas relacionadas que la Biblia contiene, y ser ágil para advertir lo
que tienen en común y aquello en que difieren. Éste es el sine qua non de un conocimiento eficaz
y entendido de la revelación bíblica.
Para ello se deben aprovechar las obras de referencia disponibles en español. Pero estas obras
no son exhaustivas, y existe la posibilidad de que sus distinciones no convenzan al intérprete. En
tales casos tendrá que hacer un estudio inductivo por sí mismo, lo cual es extremadamente difícil.
En el prefacio a la octava edición de su obra, Trench nos da algunas valiosas indicaciones sobre el
modo de proceder en tal investigación.
Algunos ejemplos nos ilustran la importancia de distinguir cuidadosamente el significado
exacto de las palabras sinónimas. En Isaías 53:2 se usan tres palabras para expresar la ausencia
de gloria externa en la vida del siervo del Señor. Allí leemos: «no hay parecer en él, ni hermosura;
le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos» (RV60). La primera palabra (to’ar) significa
«forma», con la idea adicional de belleza; y, por lo tanto, se refiere a la belleza corporal.
Compárese 1 Samuel 16:18. La segunda (hadar) se refiere a un adorno, y aplicada a Dios nos
describe su majestad. Más que a una forma física, la palabra señala la manera en que el Señor
aparecería entre los hombres, esto es, en un estado de humillación. Y la tercera (mar’eh , dera’ah ,
«ver»), se refiere algunas veces a una apariencia externa que es la expresión de (y, por tanto, se
halla en armonía con) un ser interior esencial. El significado de esta profecía parece ser que el
aspecto externo del Señor no sería tal como los judíos esperaban del Mesías.
El Nuevo Testamento nos provee de un buen ejemplo en Juan 21:15–17. Cuando el Señor
resucitado le preguntó al desanimado Pedro sobre su amor hacía él, empleó dos palabras: agapaō
y fileō. Trench nos da la distinción entre ambas con las siguientes palabras: «La primera expresa
un apego más razonable en cuanto a lo que se elige y selecciona, significando que el objeto
elegido es digno de dicha consideración; o también, en el significado de que la persona es digna
de tal aprecio, pues es un benefactor, o algo parecido.
Mientras que la segunda, sin que con ello se le considere necesariamente como un apego
irrazonable, da menos razón de sí misma, es más bien un afecto instintivo de los sentimientos o
afectos naturales, e implica mayor pasión». La primera, basada sobre la admiración y el respeto,
es un amor controlado por la voluntad y de carácter duradero; mientras que la última, basada en
el afecto, es un amor impulsivo y susceptible a enfriarse fácilmente.
Pues bien, cuando el Señor pregunta a Pedro: «¿Me amas?», usa la primera palabra agapaō.
Pero Pedro no se atrevió a responder afirmativamente a la pregunta de que si amaba al Señor con
un amor permanente, capaz de los mayores triunfos en los momentos de tentación. Así que al
responder, empleó la palabra fileō. El Señor repite la pregunta y Pedro responde de la misma
manera. Entonces el Salvador desciende al nivel de Pedro y en la tercera pregunta usa la segunda
palabra, como si dudara aún del filein de Pedro. No es extraño que éste se entristeciera y apelara
al conocimiento omnisciente del Señor.
Estos ejemplos bastan para probar la gran importancia del estudio de los sinónimos. Aquí se
abre un interesante campo de estudio al intérprete. Pero precisamente porque este estudio es tan
fascinante, puede ser también peligroso. Las palabras sinónimas tienen un significado especial, a
la vez que general, y el expositor no debería proceder sobre el principio de que, en todas partes
donde se empleen tales palabras, se puede hacer énfasis sobre su significado distintivo; pues, si
así lo hace, puede encontrarse enfrascado en toda clase de interpretaciones caprichosas e
imaginarias.
El contexto en que se halla la palabra, los predicados que se le atribuyen y los modificativos
que se añaden, todo esto debe determinar si una palabra ha de ser entendida en su significado
general o especial. Solamente en el caso de que dos o tres expresiones sinónimas se encuentren
en el mismo pasaje, es razonable suponer que hay algún significado especial entre ellas que
requiere atención.
En la edición inglesa, después de este párrafo, el autor ofrece un ejercicio de investigación
etimológica. Hemos incluido una adaptación de dicho ejercicio para propósitos de referencia.
SEGUNDO: SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS EN SU CONEXIÓN—USUS LOQUENDI.
En el estudio de las palabras por separado, la cuestión más importante no es la de su
significado etimológico, ni siquiera la de los diversos significados adquiridos gradualmente. El
punto esencial es su significado particular en relación con el pasaje en que ocurren.
El intérprete debe determinar si las palabras son usadas allí en su significado general o
particular, y si son empleadas en forma literal o figurada. El estudio del uso figurado de las
palabras queda para otro párrafo. En el estudio de las palabras en conexión con el pasaje en que
ocurren, el intérprete debe proceder bajo los siguientes principios:
1. «EL LENGUAJE DE LA ESCRITURA DEBE SER INTERPRETADO SEGÚN SU SIGNIFICADO GRAMATICAL, Y EL
SIGNIFICADO DE CUALQUIER EXPRESIÓN, PROPOSICIÓN O DECLARACIÓN, HA DE SER DETERMINADO POR
LAS PALABRAS QUE EN ELLA SE EMPLEAN».
En última instancia, el sólido fundamento de nuestra teología se basa solamente en el
significado gramatical de la Sagrada Escritura. El conocimiento teológico será falso en proporción
con su desviación del significado sencillo de la Biblia. Aunque esta regla es perfectamente
evidente, es, sin embargo, violada constantemente por aquellos que permiten que sus ideas
preconcebidas dominen la interpretación de la Biblia.
Por medio de forzada exégesis procuran poner el significado de la Escritura de acuerdo con sus
teorías u opiniones favoritas. Los racionalistas se oponen abiertamente a ello cuando afirman que
la historia de la caída es un mito; y los milenarios hacen lo mismo cuando pretenden encontrar
en 1 Tesalonicenses 4:16, la prueba de una doble resurrección. El intérprete debe guardarse
cuidadosamente contra este error y mantenerse concienzudamente sobre el terreno del
significado sencillo de las palabras.
2. UNA PALABRA SOLAMENTE PUEDE TENER UN SIGNIFICADO FIJO EN CONEXIÓN CON EL PASAJE EN QUE
OCURRE.
Esto puede parecer tan evidente que no necesitamos ni mencionarlo; pero la experiencia nos
enseña que vale la pena llamar la atención a este asunto. El deseo de pretender ser original y
profundo, y de sorprender a la gente sencilla con exposiciones fantásticas, nunca oídas, sirve de
tentación a los intérpretes para perder de vista esta simple regla de interpretación. Sucede con
frecuencia que no importa en qué pasaje pudiera aparecer una palabra, igual se le atribuye todos
los significados que pudiese tener en lo abstracto. Tal modo de proceder debe ser juzgado como
puramente arbitrario. Su peligro e insensatez puede ilustrarse en unos pocos ejemplos.
Ejercicio: Investíguese el uso de los siguientes sinónimos:
A Antiguo Testamento: y , Levítico 4:13; , y , Salmo 32:5; y , Proverbios
; 14:31 y , Jeremías 17:5.
B Nuevo Testamento: δέηςισ, προςευχήy εὐχαριςτία, 1 Timoteo 2:1; χάρισy ἔλεοσ, 2 Timoteo
1:2; ςοφίαy φρόνηςισ, Efesios 1:8; μορφήy ςχῆμα, Filipenses 2:7; μόχθοσy κόποσ, 1
Tesalonicenses 2:9.
La palabra griega sarks puede significar:
(A) La parte sólida del cuerpo, excepto los huesos (1 Co. 15:39; Lc. 24:39);
(B) Toda la sustancia del cuerpo, cuando es sinónima de soma (Hch. 2:26; Ef. 2:15; 5:29);
(C) La naturaleza animal o sensual del hombre (Jn. 1:13; 1 Co. 10:18); y:
(D) La naturaleza humana dominada por el pecado, aquella que es sede y medio de los deseos
pecaminosos (Ro. 7:25; 8:4–9; Gá. 5:16, 17).
Si un intérprete atribuyera todos estos significados a la palabra sarks que se encuentra en
Juan 6:53, atribuiría, en un significado ético, pecado a Cristo, a quien la Biblia nos lo presenta
carente de pecado.
La palabra hebrea nakar significa:
(A) no saber, ser ignorante;
(B) mirar alguna cosa como extraña o poco conocida; y:
(C) saber, o estar familiarizado con alguna cosa.
Los significados primero y tercero son opuestos. De ahí resulta perfectamente claro que si un
expositor tratara de combinar estos diversos significados en la interpretación de un mismo
pasaje, como Génesis 42:8, se perdería el contraste que dicho texto contiene, y el resultado de
tal interpretación sería el más absoluto absurdo.
Este método de interpretación fue adoptado por Coccejus, quien defendió el principio de que
todos los significados posibles de una palabra de la Biblia tienen que unirse y ser tenidos en
cuenta en la interpretación de cualquier pasaje. Pero el intérprete debe guardarse de tan
arbitrario proceder.
3. CASOS EN LOS QUE VARIOS SIGNIFICADOS DE UNA PALABRA SE UNEN Y PRODUCEN UN SIGNIFICADO
MÁS PLENO, SIN CONTRADECIR LA REGLA PRECEDENTE.
A. Algunas veces una palabra se usa en su significado más amplio, de tal modo que incluye sus
significados especiales, aunque estos no se enfaticen. Cuando en Juan 20:21, Jesús les dijo a
sus discípulos: «Paz a vosotros», quiso decir paz en el significado más amplio de la palabra,
es decir, paz con Dios, paz con la conciencia, paz los unos con los otros, etc. Y cuando en el
capítulo 53:4, Isaías dijo: «Ciertamente llevó él nuestras enfermedades», sin duda alguna se
quiso referir a las enfermedades espirituales de las que el Siervo del Señor libra a su pueblo.
Pero en Mateo 8:17 se nos dice que esta palabra fue cumplida en el ministerio de sanidad de
Cristo. La frase de Isaías significa, por tanto, no sólo que el Siervo del Señor libró a su pueblo
de los males espirituales, sino también de sus consecuencias físicas.
B. Hay también casos en que el significado especial de una palabra incluye otro, sin hallarse en
conflicto con el propósito y relación del pasaje en el cual se encuentra. Bajo tales
circunstancias, es perfectamente legítimo unir los dos significados. Cuando Juan el Bautista
dice: «He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», emplea una palabra (airo)
que significa:
(1) tomar, recoger, y:
(2) quitar.
En este pasaje predomina claramente este último significado; pero naturalmente incluye
también el otro. Jesús no hubiera podido quitar nuestro pecado, sin haberlo él mismo recogido.
C. Ocasionalmente, un autor emplea una palabra atestada de significado, tratando de indicar
mucho más de lo que realmente expresa.
Esto ocurre especialmente en la sinécdoque, cuando la parte es puesta por el todo. Así, cuando
el Salvador les enseña a sus discípulos a orar, diciendo: «El pan nuestro de cada día, dánoslo
hoy», la palabra pan, sin duda, significa todas las necesidades de la vida en general. Y cuando la
Ley dice: «No matarás», prohíbe, según la interpretación de Jesús, no simplemente el asesinato,
sino el odio y el rencor.
El intérprete debe tener cuidado, sin embargo, en no combinar varios significados de una
palabra de un modo arbitrario. Puede haber casos en que dos o más significados de una palabra
aparentemente encajan bien en un pasaje, viéndose tentado a tomar el camino fácil de
combinarlos. Pero esto no sería buena exégesis. Muenscher sostiene que, en tales casos, se debe
preferir el significado más amplio y variado. Es mejor, sin embargo, no llegar a ninguna
conclusión hasta que un estudio más completo garantice la mejor elección.
4. SI UNA PALABRA SE USA EN EL MISMO PASAJE MÁS DE UNA VEZ, ES NATURAL SUPONER QUE TENGA EL
MISMO SIGNIFICADO EN TODO EL PASAJE.
Normalmente, el autor no usará una palabra con dos o tres significados distintos dentro de un
mismo pasaje. Esto generaría confusión. Sin embargo, hay unas pocas excepciones a esta regla.
En unos pocos pasajes, ciertas palabras se repiten con un cambio de significado; pero dichos
casos son tan poco comunes que apenas existe el peligro de interpretarlos mal. El carácter del
contexto hace suficientemente claro que la palabra no tiene el mismo significado en ambos casos.
Los siguientes ejemplos bastarán para ilustrar esta regla: Mateo 8:22: «Deja que los muertos
entierren a sus muertos»; Romanos 9:6: «Pues no todos los de Israel son Israel» (traducción
literal); 2 Corintios 5:21: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que
nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».
TERCERO. AYUDAS INTERNAS PARA LA EXPLICACIÓN DE LAS PALABRAS.
Aquí surge la cuestión ¿cómo un intérprete puede descubrir mejor el significado de una
palabra en un pasaje dado? Puede pensarse que el modo más efectivo es consultando un
diccionario o un buen comentario, y en muchos casos esto puede ser suficiente; pero en otros
puede ser necesario que el expositor juzgue por sí mismo. Cuando esto ocurra, tendrá que apelar
al uso de ayudas internas. Las siguientes son dignas de consideración:
1. LAS DEFINICIONES O EXPLICACIONES QUE LOS AUTORES MISMOS DAN A SUS PALABRAS, CONSTITUYEN
LA AYUDA MÁS EFICAZ.
Nadie conoce mejor el significado de una palabra que su propio autor. Los siguientes ejemplos
nos aclaran esto: Génesis 24:2: «Y dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa», a lo
cual añade el escritor a modo de explicación: «que era el que gobernaba todo lo que tenía». 2
Timoteo 3:17: «A fin de que el hombre de Dios sea perfecto», y se explica con: «enteramente
preparado para toda buena obra». Hebreos 5:14: «Pero el alimento sólido es para los que han
alcanzado madurez» (o los perfectos), lo cual se explica con la siguiente frase: «para los que por
el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal».
2. EL SUJETO Y EL PREDICADO DE UNA PROPOSICIÓN SE EXPLICAN MUTUAMENTE.
En Mateo 5:13 leemos: «Si la sal se desvaneciere»; el significado del verbo moranzei, que
también significa hacerse necio (Véase Ro. 1:22), es determinado por el sujetos al . En Romanos
8:19–23, los distintos predicados limitan el significado del sujeto creación. El versículo 20
excluye a los ángeles buenos; los versículos 19–21 excluyen a los malos; los mismos versículos
hacen imposible incluir a los hombres malos, mientras que el versículo 23 excluye también a los
hijos de Dios. La idea se halla, por tanto, limitada a la creación irracional e inanimada.
3. EL PARALELISMO PUEDE SERVIR PARA DETERMINAR EL SIGNIFICADO DE UNA PALABRA.
Esto se aplica especialmente al paralelismo sinónimo y al antitético. En el Salmo 7:13 leemos:
«Asimismo ha preparado armas de muerte», que es aclarado por: «Y ha labrado saetas
ardientes». En Isaías 46:11, el Señor dice que llama «desde oriente al ave» y luego lo explica en el
paralelismo: «y de tierra lejana al varón de mi consejo». Asimismo en 2 Timoteo 2:13 Pablo
afirma que Dios «permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo».
La primera expresión explica la segunda, lo cual en Lucas 9:23 significa sacrificar los placeres y
los intereses personales. En Proverbios 8:35 se lee: «El que me halle, hallará la vida», pero en la
oración antitética paralela, en el versículo siguiente se añade: «Mas el que peca contra mí,
defrauda su alma». La primera explica la segunda y muestra claramente que el verbo jata’ (pecar)
en este pasaje se usa de acuerdo a su significado original, es decir, «no dar en el blanco». Por
tanto, una traducción alterna podría ser «más el que no da conmigo».
4. LOS PASAJES PARALELOS CONSTITUYEN TAMBIÉN UNA AYUDA IMPORTANTE.
Se dividen éstos en dos clases: paralelo verbal y real. «Cuando la misma palabra ocurre en una
conexión similar, o con referencia al mismo asunto general, el paralelo se denomina verbal.
Paralelos reales son aquellos pasajes similares en los cuales el parecido o identidad consiste, no
en palabras o frases, sino en hechos, asuntos, sentimientos o doctrina».
Los paralelos verbales establecen puntos de uso lingüístico común, mientras que los paralelos
reales sirven para explicar puntos de interés histórico, ético o dogmático. De momento, sólo nos
referiremos a los paralelos verbales, que pueden servir para explicar una palabra oscura o
desconocida. Es posible que ni la etimología de una palabra, ni la conexión en que se halla, sean
suficientes para determinar su significado exacto. En tales casos, es de gran importancia estudiar
los pasajes paralelos, en los cuales la misma palabra se halla en una conexión semejante, o con
referencia al mismo asunto general. Cada pasaje consultado debe, por supuesto, ser estudiado en
su propio contexto.
Al emplear la ayuda de pasajes paralelos, el intérprete debe estar seguro de que son realmente
paralelos. Según lo que afirma Davidson: «No basta que se encuentre en ambos el mismo término
o frase; debe haber similitud de sentimientos». Por ejemplo, entre Jonás 4:10 y 1 Tesalonicenses
5:5 no hay paralelo, aunque en ambos se halla la expresión «hijo de la noche» (en el texto hebreo
y griego respectivamente); ni lo hay tampoco entre Proverbios 22:2 y 29:13, aunque a menudo
son considerados como tales.
Además, es necesario que la frase o expresión que necesita ser explicada sea más clara en un
pasaje que en el otro, pues es imposible explicar un pasaje oscuro por medio de otro igualmente
oscuro. Es caso innecesario hacer notar aquí que el intérprete debería guardarse cuidadosamente
contra el error de tratar de ilustrar un pasaje perfectamente claro por medio de uno que lo es
menos. Este proceder lo siguen a menudo aquellos que están interesados en escapar de las
afirmaciones de la Biblia.
Además, aun cuando pueden aportarse pasajes paralelos de cualquier lugar de la Escritura, es
aconsejable observar cierto orden. El intérprete debería buscar paralelos, antes que todo, en los
escritos del mismo autor, ya que, como señala Davidson: «las mismas peculiaridades de concepto
y de expresión suelen repetirse en distintas obras procedentes de la misma persona». Además,
las obras de los escritores contemporáneos deberían ser consultadas antes que los escritos de
otros tiempos.
Por último, el significado común nos dice que los escritos de la misma clase tienen prioridad
sobre aquellos que pertenecen a clases diferentes.
Para ilustrar el uso de pasajes paralelos, distinguiremos entre los que son llamados así
propiamente, y los que lo son impropiamente.
A. Paralelos de palabras, denominados así con propiedad. En Colosenses 1:16 leemos: «Porque
en él (Cristo) fueron creadas todas las cosas». En vista de que la obra creativa se le atribuye
aquí a Cristo, algunos se han aventurado en la opinión de que la expresión «todas las cosas»
(panta ) se refiere a toda la nueva creación, pese a que el contexto favorece más bien la idea
de que se trata del universo. Ahora bien, se plantea el problema de si hay algún otro pasaje
en la Biblia en el cual se le atribuya a Cristo la obra de la creación, en cuyo caso la posibilidad
de que se refiera a la nueva creación queda excluida.
Tal pasaje se encuentra en 1 Corintios 8:6, donde la frase tapanta se aplica a todas las cosas
creadas, y se atribuye equitativamente la obra creadora al Padre y al Hijo. En Isaías 9:6 el profeta
dice: «Porque un niño nos es nacido … y se llamará su nombre.… Dios fuerte ( el-gibbor )».
Gesenius no encuentra aquí referencia alguna a Dios, y traduce la frase como «héroe poderoso».
Pero en Isaías 10:21 se emplea la misma frase en un contexto que sólo puede referirse a la
Deidad. Juan 9:39 contiene la afirmación: «Para juicio he venido yo a este mundo; para que los
que no ven, vean, y los que ven, sean cegados».
La palabra krima (juicio), por lo general, indica juicio de condenación; pero en este caso la
cláusula final exige un significado más amplio, y surge la pregunta en cuanto a si alguna vez se
usó esta palabra con tal significado. Romanos 11:33 nos ofrece la respuesta, pues la misma
palabra tiene allí sin duda un significado general.
B. Paralelos de palabras o frases impropiamente denominados de este modo. Pueden ser
considerados como paralelos impropios los que no tienen expresiones o palabras iguales,
sino sinónimas. Aquellos casos en que una expresión es más completa en un pasaje que en
otro, pueden también catalogarse dentro de esta clasificación. Ejemplos: En 2 Samuel 8:18
leemos: «y los hijos de David eran los cojanim » (que se traduce generalmente como
sacerdotes). Gesenius afirma que esta palabra significa siempre sacerdotes, pero Fuerst
replica que puede significar príncipes o prefectos, en el significado político. Esta última
opinión encuentra apoyo en el pasaje paralelo de 1 Crónicas 18:17, donde en una
enumeración similar a la de 2 Samuel 8, leemos: y los hijos de David eran los príncipes
(ri’shonim ).
En el evangelio de Mateo 8:24 leemos: «y he aquí que se levantó un granseismos ». En griego,
esta palabra significa «terremoto», pero el contexto parece indicar algo diferente, y esto lo
confirman los pasajes paralelos de Marcos 4:37 y Lucas 8:25, donde se usa la palabra lailaps , que
significa «gran tempestad de viento». Asimismo, en Hebreos 1:3 leemos: «habiendo efectuado la
purificación de henauuestotruos pecados por medio de sí mismo»d (i’heautou ). Esta expresión
cargada de significado d, i’, la explica el pasaje paralelo de Hebreos 9:26, que dice: «… por el
sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado».
En la edición inglesa, después de este párrafo, el autor ofrece un ejercicio de investigación
etimológica. Hemos incluido una adaptación de dicho ejercicio para propósitos de referencia.
Ejercicio: Determine el significado de las siguientes palabras según la relación en que se
encuentran y con la ayuda de los recursos internos que fueron mencionados: οἰκία(casa) 2
Corintios 5:1; πίςτισ(fe) Hebreos 11:1;καταπέταςμα(velo) Hebreos 10:20;
ἐπελεύςεταιἐπὶςὲ(vendrá sobre ti) Lucas 1:35; (los cimientos del mundo) Salmo 18:15;
Ἰουδαῖοσ(judío) Romanos 2:28–29; ἐγένετο (fueron hechas) Juan 1:3, compárese con Colosenses
1:16; (ponen … en llamas) Proverbios 29:8; ςτοιχεῖα τοῦκόςμου(los rudimentos del mundo)
Gálatas 4:3, compárese con el v. 9; τὰκρυπτὰ τοῦςκότουσ(lo oculto de las tinieblas) 1 Corintios
4:5; ςὰρξ καὶαἷμα(carne y sangre) 1 Corintios 15:50; compárese Mateo 16:17 con Gálatas 1:16.
CUARTO. EL USO DE PALABRAS FIGURADAS.
1. TROPOS PRINCIPALES USADOS EN LA SAGRADA ESCRITURA.
En la presente sección no nos referimos a figuras de sintaxis o de pensamiento, sino a aquellas
figuras de expresión que comúnmente se denominan «tropos», en las que una palabra o
expresión es usada con un sentido distinto del que le corresponde. Se basan en el parecido que
tengan o en alguna relación específica. Los principales «tropos» son: la metáfora, la metonimia y
la sinécdoque.
A. La metáfora. Se podría decir que es una comparación tácita. Es una figura de dicción en la
cual se compara un objeto con otro afirmando que es ese otro o describiéndolo como si fuera
el otro. Se diferencia del símil en que no menciona la palabra que indica la semejanza. Las
metáforas son muy comunes en la Biblia. En el Salmo 18:2 hallamos 6 metáforas en un solo
versículo. Jesús emplea esta figura de dicción cuando dice a los fariseos: «Id, y decid a
aquella zorra», Lucas 13:32. Hay dos clases de metáforas en la Biblia que se refieren a la
divinidad, las cuales merecen especial atención:
(1) El antropopatismo, y:
(2) el antropomorfismo.
En el primer caso, se atribuyen a Dios emociones, pasiones y deseos humanos. (Véase Gn. 6:6;
Dt. 13:17; Ef. 4:30). En el segundo caso se le asignan extremidades humanas y actividades físicas.
(Véase Éx. 15:16; Sal. 34:16; Lm. 3:56; Zac. 14:4; Stg. 5:4). Sin duda hay mucho de metafórico en
la descripción del cielo como una ciudad, con calles de oro y puertas de perlas, en la cual el árbol
de la vida produce fruto mes tras mes; y en la representación de los tormentos eternos como «el
gusano que no muere», «fuego que nunca se apaga» y «humo del tormento que sube por los siglos
de los siglos».
B. Las metonimias también son numerosas en la Biblia. Esta figura, así como la sinécdoque, se
basa en una relación, más que en una semejanza. En el caso de la metonimia, esta relación es
más bien mental que física, se usa para relaciones de causa y efecto, progenitor y posteridad,
sujeto y atributo, signo y cosa significada. Pablo dice en 1 Tesalonicenses 5:19: «No apaguéis
al Espíritu», queriendo referirse a las manifestaciones especiales del Espíritu (la causa por el
efecto). Cuando en la parábola del rico y Lázaro, Abraham dice: «A Moisés y a los profetas
tienen», Lucas 16:29, naturalmente se refiere a sus escritos (la causa por el efecto). En Isaías
22:22, «la llave de la casa de David» indica la idea de control sobre la casa real. La
circuncisión recibe el nombre de pacto en Hechos 7:8, porque era la señal del pacto (el
objeto de la señal por la señal misma).
C. La sinécdoque se parece en algo a la metonimia, pero su figura se funda más bien en una
relación física que mental. En esta figura hay cierta identidad entre lo que se expresa y lo
que se quiere dar a entender.
La parte sustituye al todo o el todo por la parte; el género por la especie o la especie por el
género; el individuo por la clase o la clase por el individuo; un plural por su singular, o un
singular por su plural. Por ejemplo, se dice que Jefté fue enterrado «en las ciudades de Galaad»
(Jue. 12:7), queriendo dar a entender, por supuesto, una sola ciudad de aquella región.13 Cuando
el profeta dice en Daniel 12:2: «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán
despertados», ciertamente no tenía la intención de afirmar la idea de una resurrección parcial.
Cuando Lucas nos informa en Hechos 27:37 que había en el barco «doscientas setenta y seis
almas», no quiere decir que había espíritus desencarnados a bordo del barco.
2. RECURSOS INTERNOS PARA DETERMINAR SI LA INTENCIÓN ES OFRECER UN SIGNIFICADO LITERAL O
FIGURADO.
Es de vital importancia que el intérprete sepa cuándo una palabra se usa según su significado
figurado o literal. En el relato de los Evangelios, notamos que los judíos e incluso los discípulos de
Jesús, a menudo erraban desastrosamente al interpretar de un modo literal lo que el Señor decía
en forma figurada. Véase Juan 4:11, 32; 6:52; Mt. 16:6–12. Incluso, no haber podido entender el
lenguaje figurado que el Señor usó cuando dijo: «Esto es mi cuerpo», se convirtió en una profusa
fuente de división entre las iglesias de la Reforma. Por tanto, es importantísimo que el intérprete
llegue a tener certeza en este punto. Las siguientes consideraciones pueden ayudarle a decidir la
cuestión.
A. Hay ciertos escritos en los que el uso del lenguaje figurado es imposible a priori. Entre tales
escritos se encuentran las leyes y toda clase de medios legales, escritos históricos, obras
estrictamente filosóficas y científicas, y confesiones de fe. Tales escritos tienen el propósito
principal de ofrecer la mayor precisión y claridad posible, y en ellos la belleza de lenguaje es
una consideración secundaria. Sin embargo, es necesario tener presente que la prosa de los
orientales es mucho más figurativa que la de los pueblos occidentales.15
B. Hay una antigua y repetida regla hermenéutica que afirma que se debe entender toda
palabra según su significado literal, a menos que tal interpretación literal implique una
manifiesta contradicción o absurdo. Debe observarse, sin embargo, que en la práctica esta
regla no va más allá que apelar al criterio racional de cada individuo. Lo que parece absurdo
e improbable a uno, puede ser considerado como perfectamente simple y razonable para
otro.
C. Los medios más importantes para determinar si una palabra se usa en forma literal o
figurada, son los recursos internos antes referidos. El intérprete debe sujetarse
estrictamente al contexto inmediato, teniendo en cuenta los modificativos que acompañan a
una palabra, el carácter del sujeto de la oración y los predicados que se le atribuyen, el
paralelismo (si lo hay) y los pasajes paralelos.
3. PRINCIPIOS ÚTILES PARA INTERPRETAR EL LENGUAJE FIGURADO DE LA BIBLIA.
Aquí surge la cuestión acerca de la interpretación del lenguaje figurado de la Biblia. Aun
cuando el intérprete debe emplear los recursos internos normales ya mencionados, hay ciertos
puntos especiales que no debemos pasar por alto.
A. Es importantísimo que el intérprete tenga un claro concepto de las cosas en las cuales se
basan tales figuras, o de donde son sacadas, ya que el uso de los tropos se basa en ciertas
relaciones y semejanzas. El lenguaje figurado de la Biblia se deriva especialmente de:
(1) las características geográficas de la Tierra Santa;
(2) las instituciones religiosas de Israel;
(3) la historia del antiguo pueblo de Dios, y:
(4) la vida diaria y costumbres de los distintos pueblos que aparecen en la Biblia.
Por ende, debemos entender estos elementos, para poder interpretar correctamente las
figuras que de ellos se derivan. En el Salmo 92:12 leemos: «El justo florecerá como la palmera;
Crecerá como cedro en el Líbano». El expositor no podrá interpretar bien este pasaje si no está
familiarizado con las características de la palmera y el cedro. Si quiere explicar el Salmo 51:7:
«Purifícame con hisopo, y seré limpio», debe tener algún conocimiento del método de
purificación ceremonial de Israel.
El autor ofrece una generalización muy extrema de las culturas del Cercano Oriente y del
Occidente.
B. El intérprete debe esforzarse por descubrir la idea principal, el tertium comparationis,16 sin
dar demasiada importancia a los detalles. Cuando los autores bíblicos emplean figuras como
las metáforas, por lo general están pensando en uno o más puntos específicos de
coincidencia o semejanza. Y aun cuando el intérprete pueda hallar más puntos de contacto,
debe limitarse a aquellos que el autor tenía en mente. Por ejemplo, en Romanos 8:17, a
modo de consolación Pablo afirma: «Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y
coherederos con Cristo».
Es perfectamente evidente que se refiere a las bendiciones que los creyentes reciben junto a
Cristo de parte del Padre común de ambos. Sería ir demasiado lejos hacer que la metáfora
contenida en la palabra «heredero» implique la muerte del Padre como testador. El grave peligro
de aplicar a una figura todas sus circunstancias particulares, se percibe claramente del pasaje en
Apocalipsis 16:15, donde leemos: «He aquí, yo vengo como ladrón». El contexto ayudará a
determinar en cada caso hasta dónde debe aplicarse la figura.
C. En relación con el lenguaje figurado que se refiere a Dios y a las cosas eternas, el intérprete
debe tener en cuenta que todas las figuras ofrecen una expresión muy inadecuada de la
realidad perfecta. Se dice que Dios es Luz, Roca, Fortaleza, Torre Alta, Sol y Escudo. Todas
estas figuras aportan alguna idea de lo que Dios es para su pueblo; pero ninguna de ellas, ni
todas ellas en conjunto, dan una idea completa de lo que es Dios. Y cuando la Biblia
representa a los redimidos vestidos con el ropaje de salvación o de justicia, coronados con la
corona de la vida, llevando palmas de victoria, las figuras dan alguna idea de la gloria futura
de ellos, aunque sea muy imperfecta.
D. Uno puede en cierta medida comprobar si entiende las figuras de la Biblia, tratando de
expresar en lenguaje literal los pensamientos que comunican. Pero es necesario tener en
mente que una gran parte del lenguaje figurado de la Biblia no puede ser expresado de un
modo literal. Esto se aplica particularmente a lo que se refiere a Dios y a las cosas eternas.
Un diligente y cuidadoso estudio de la Biblia nos servirá mejor que cualquier otra cosa a
entender dicho lenguaje figurado.
QUINTO. LA INTERPRETACIÓN DEL PENSAMIENTO.
De la interpretación de palabras separadas vamos ahora a las palabras en su relación mutua o
de pensamiento. De momento, sin embargo, sólo nos referiremos a la expresión formal del
pensamiento, no a su contenido material. La exposición de este último lo reservaremos para la
interpretación teológica e histórica. La explicación del pensamiento se denomina algunas veces
«interpretación lógica». Procede sobre el supuesto de que el lenguaje de la Biblia, como todo
lenguaje, es producto del espíritu humano, que se desarrolló bajo la guía providencial. Siendo así,
es perfectamente evidente que la Biblia debe ser interpretada según los mismos principios
lógicos que se aplican a la interpretación de otros escritos.
Ejercicio: ¿Qué figuras han usado los escritores en los siguientes pasajes y cómo deben ser
interpretadas? Génesis 49:14; Números 24:21; Deuteronomio 32:40; Job 34:6; Salmo 26:6; Salmo
46:9; Salmo 108:9; Eclesiastés 12:3, Jeremías 2:13; Jeremías 8:7; Ezequiel 7:27; Ezequiel 23:29;
Zacarías 7:11; Mateo 3:5; Mateo 5:13; Mateo 12:40; Romanos 6:4; 1 Corintios 5:7–8.
Los puntos que merecen consideración aquí son:
(1) los modismos y figuras de pensamiento;
(2) el orden de las palabras de una oración;
(3) el significado especial de los diversos casos y preposiciones;
(4) la conexión lógica de las distintas cláusulas y oraciones, y:
(5) el desarrollo del pensamiento a lo largo de todo el pasaje.
1. LOS MODISMOS Y FIGURAS ESPECIALES DE PENSAMIENTO.
Cada lengua tiene ciertas expresiones características que se llaman modismos. La hebrea no es
una excepción a la regla, y algunos de sus modismos se trasfieren al Nuevo Testamento. Se hace
uso frecuente de la hendíadis.
Es así como el texto hebreo de 1 Samuel 2:3, literalmente dice: «No multipliquéis, no habléis».
Evidentemente, esto significa: «No multipliquéis palabras». Otro ejemplo de hendíadis es la que
Pablo dice en su defensa ante el Sanedrín; el texto griego literalmente dice: «… acerca de la
esperanza y de la resurrección de los muertos yo estoy siendo juzgado». Evidentemente quiere
decir: «de la esperanza de la resurrección» (Hechos 23:6). Entonces, también es un semitismo el
que un sustantivo en caso genitivo tome el lugar de un adjetivo.
Por ejemplo, Moisés objeta contra Dios de que no es «hombre de palabras», esto es, no era
«hombre elocuente» (Éx. 4:10). Pablo, escribiendo a los tesalonicenses, habla de «la paciencia de
la esperanza» (1 Ts. 1:3), cuando lo que quiere significar es: paciencia en la esperanza, o
esperanza que se caracteriza por tener paciencia.
Además, cuando en el Antiguo Testamento ocurren juntas las palabras lo’kol deben traducirse
no todo(s); pero cuando son separadas por palabras intermedias, deben traducirse, ninguno,
nada. Sería un gran error traducir el Salmo 143:2: «No todo ser viviente será justificado en tu
presencia», aunque sea ésta la traducción literal. El significado claro es: «ningún ser viviente será
justificado en tu presencia». Véase también Salmo 103:2.
Casos similares se encuentran en el Nuevo Testamento. Véase Mateo 24:22; Marcos 13:20;
Lucas 1:37; Juan 3:15–16; 6:39, 12:46; Romanos 3:20; 1 Corintios 1:29; Gálatas 2:16; 1 Juan 2:21;
Apocalipsis 18:22.
Hay también varias figuras de pensamiento que merecen especial atención:
A. Algunas figuras promueven una viva representación de la verdad que se trata de expresar.
(1) El símil. Cuán vívido es el cuadro de completa destrucción que se nos da en el Salmo 2:9:
«Como vasija de alfarero los desmenuzarás». En Isaías 1:8 se nos describe un cuadro de
absoluta soledad: «Y queda la hija de Sión como enramada en viña». Véase también Salmo
102:6 y Cantares 2:9.
(2) La alegoría es simplemente una metáfora ampliada, y debe ser interpretada por los mismos
principios. Hallamos ejemplos en el Salmo 80:8–15; Juan 10:1–18. Terry hace la siguiente
distinción entre alegoría y parábola: «La alegoría consiste en el uso y aplicación figurada de
algún hecho o historia que podría ocurrir, mientras que la parábola usa las palabras en su
significado literal y su relato nunca traspasa los limites de lo que podría ser un hecho real.
La alegoría en cambio usa continuamente palabras en significado metafórico, y su relato es
claramente ficticio, no importa cuán posible pudiera ser».
B. Otras figuras procuran brevedad de expresión. Son el resultado de la rapidez y energía de la
mente del autor, que se esfuerza por omitir todas las palabras superfluas.
(1) La elipsis. Consiste en la omisión de una palabra o palabras que completan la construcción
sintáctica de una oración, pero como éstas pueden suplirse o sobreentenderse fácilmente
por el contexto, no son indispensables para entender el significado de la oración. Moisés
ora diciendo: «Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo?» (¿nos abandonarás?). La expresión
breve y abrupta revela la emoción del poeta. Para otros ejemplos, véase 1 Corintios 6:13; 2
Corintios 5:13; Éxodo 32:32; Génesis 3:22.
(2) La braquilogía es otra forma concisa o abreviada de expresión, la cual consiste,
especialmente en omitir o no repetir una palabra, cuando tal repetición sería necesaria
para completar la construcción gramatical, pero no para entender su significado. En esta
figura la omisión no es tan notoria como en la elipsis. Por ejemplo, el apóstol dice en
Romanos 11:18: «No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la
raíz, sino la raíz (te sustenta) a ti». En 1 Juan 5:9 leemos: «Si recibimos el testimonio de los
hombres, mayor es el testimonio de Dios (que el de los hombres)».
(3) La constructio praegnans, en la cual una preposición se une a un verbo manifiesto, cuando
en realidad pertenece a otro verbo no manifiesto, pero que se puede considerar
lógicamente como consecuencia del otro. Por ejemplo, el texto hebreo del Salmo 74:7 dice
literalmente: «Han echado fuego a tu santuario, han profanado el tabernáculo de tu nombre
a tierra». Pero la idea debe completarse con verbos como asolándolo o echándolo a tierra.
Pablo dice en 2 Timoteo 4:18: «(el Señor) me preservará (llevándome) hacia su reino
celestial».
(4) El zeugma consiste en dos sustantivos a los cuales se aplica un solo verbo, pese a que
solamente uno de ellos (por lo general el primero) concuerda con el verbo. Por ejemplo,
Pablo dice literalmente en 1 Corintios 3:2: «Os di a beber leche, y no alimento sólido». Y en
Lucas 1:64 se dice literalmente de Zacarías: «Inmediatamente fue abierta su boca y su
lengua». Al suplir el traductor o el intérprete las palabras que faltan, debe tener mucho
cuidado en que éstas no modifiquen el significado de la frase.
C. Otras figuras tienen por objeto suavizar una expresión. La razón de ellas suele ser la
delicadeza del autor o un sentimiento de modestia.
(1) El eufemismo. En lugar de usar las palabras claras y precisas que corresponden, el
eufemismo prefiere sustituirlas por otras más suaves o menos ofensivas. Por ejemplo: «Y
habiendo dicho esto, durmió» (Hch. 7:60).
(2) La litotes. Afirma una cosa por medio de negar lo opuesto a ella. Así leemos que el salmista
exclama: «Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Sal. 51:17). Isaías
dice: «No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare (Is. 42:3).
(3) La meiosis está estrechamente relacionada con la litotes. Algunos eruditos creen que las
dos son idénticas; otros consideran la litotes como una especie de meiosis. Es una figura de
dicción, en la cual se dice menos que lo que se quería decir. Véase 1 Tesalonicenses 2:15; 2
Tesalonicenses 3:2 y Hebreos 13:17.
D. Finalmente, hay figuras que dan más agudeza a una expresión o la fortalecen. Éstas suelen
ser el resultado de una justa indignación o de una imaginación muy viva.
(1) La ironía censura o ridiculiza, bajo la apariencia de ofrecer un cumplido o halago. Véase Job
12:2; 1 Reyes 22:15; 1 Corintios 4:6. Hay casos en la Biblia en que la ironía llega al
sarcasmo. Véase 1 Samuel 26:15; 1 Reyes 18:27 y 1 Corintios 4:8.
(2) La epizeuxis refuerza la expresión por la simple repetición de una palabra (Gn. 22:11; 2 S.
16:7; Is. 40:1).
(3) La hipérbole ocurre frecuentemente en la Biblia, y consiste en una exageración retórica
(Gn. 22:17; Dt. 1:28; 2 Cr. 28:4). Salmo 90:13.
2. EL ORDEN DE LAS PALABRAS EN UNA ORACIÓN.
«El orden de las distintas palabras de una oración», dice Winer, «es determinado generalmente
por el orden en el cual se han formado los conceptos, y por la más íntima relación que algunas
partes de la oración tienen entre sí». Ocurre con frecuencia, sin embargo, que los escritores
bíblicos, por una razón u otra, se apartan del orden.
En algunos casos lo hacen para lograr efectos retóricos; en otros, para poner ciertos conceptos
en más estrecha relación con otros. En algunos casos el deseo de dar énfasis a una palabra les
induce a tal transposición. Tales casos son de particular importancia para el intérprete. El
contexto revelará, generalmente, la razón del por qué se ha producido dicho cambio.
En la lengua hebrea, el orden de una oración verbal es: predicado, sujeto y objeto. Si en una
oración como ésta, el complemento u objeto va primero, o el sujeto es puesto al principio o al fin,
es altamente probable que dicho complemento directo o sujeto sea enfático. El primer lugar es
siempre el más importante en la oración, pero la palabra enfática puede también ocupar el último
lugar. Harper nos ofrece las siguientes variaciones del orden sintáctico normal:
(A) Objeto, predicado y sujeto. Este orden da énfasis al objeto o complemento directo (1 R.
14:11).
(B) Objeto, sujeto y predicado, orden que también da énfasis al objeto (Gn. 37:16).
(C) Sujeto, objeto y predicado, lo cual coloca el énfasis sobre el sujeto (Gn. 17:9).
(D) Predicado, objeto y sujeto, que también da énfasis al sujeto (1 S. 15:33).
En las oraciones nominales, que describen una condición más bien que una acción, el orden
normal es: sujeto y predicado, toda vez que el predicado sea un nombre. El orden regular se
encuentra, por ejemplo, en Deuteronomio 4:35: «Jehová (él) es Dios». Pero en Génesis 12:13, el
autor se aparta del orden normal: «Di, te ruego, mi hermana eres». Aquí el predicado se hace
enfático.
Pero la lengua hebrea tiene todavía medios más efectivos para indicar un énfasis. En cuanto a
esto, el uso del infinitivo absoluto es bastante conocido que no necesita ilustración. Si el hebreo
quiere enfatizar a un sustantivo, lo coloca como absoluto al principio de la oración, para
representarlo después, en su propio lugar, mediante un pronombre. Por ejemplo, Génesis 47:21
literalmente dice: «al pueblo, pasar hízolo». Lo mismo sucede en el Salmo 18:30, que dice
literalmente: «Dios, perfecto es el camino de él». Algunas veces una idea se expresa
primeramente por medio de un pronombre y luego un sustantivo la resume, como en Josué 1:2:
«a la tierra que yo les doy, a los hijos de Israel».
Principios similares se aplican en la interpretación del Nuevo Testamento. En el lenguaje
griego el sujeto con sus modificadores ocupa comúnmente el primer lugar, y es seguido por el
predicado y sus anexos. El complemento directo generalmente sigue el verbo; el adjetivo al
sustantivo al cual pertenece; y el genitivo al nombre que los gobierna. Si se cambia el orden,
significa con toda probabilidad que quiere darse énfasis a alguna palabra.
Un caso claro de esto ocurre cuando el predicado es puesto primero, como en Romanos 8:18:
«no son comparables las aflicciones del tiempo presente». Véase también Mateo 5:3–11; 2
Timoteo 2:11. Con el mismo propósito, a veces se coloca en primer plano el complemento directo,
como en Lucas 16:11: «las verdaderas (riquezas), ¿quién os las confiará?» Véase también Juan
9:21 y Romanos 14:1.
El mismo fin se consigue poniendo un genitivo antes del nombre que lo gobierna, o un adjetivo
calificativo antes del sustantivo al que pertenece. Por ejemplo, en el original griego, literalmente
dice en Romanos 11:13: «Yo soy de los gentiles un apóstol». Véase también Romanos 12:19 y
Hebreos 6:16. Así también, en el texto griego de Mateo 7:13 el adjetivo va primero: «entrad por la
estrecha puerta».
3. EL SIGNIFICADO ESPECIAL DE LOS CASOS Y LAS PREPOSICIONES.
El expositor debe observar particularmente ciertas combinaciones de palabras, tales como
frases preposicionales, y frases en las que ocurre un genitivo o dativo. Debe cuestionarse
preguntas como éstas: El genitivo de Ezequiel 12:19: «La violencia de todos los que habitan en
ella», ¿es un genitivo objetivo o subjetivo? ¿Y qué diremos de Abdías 10, «a violencia de tu
hermano Jacob» y de Génesis 18:20: «el clamor de Sodoma y Gomorra»? ¿Qué clase de genitivo
tenemos en Isaías 37:22: «la virgen de la hija de Sión»? ¿Son los siguientes genitivos, subjetivos u
objetivos? Juan 5:42: «El amor de Dios»; Filipenses 4:7: «La paz de Dios», y Romanos 4:13: «La
justicia de la fe». ¿Cómo deben interpretarse, en Romanos 8:23: «las primicias del Espíritu» y en
Apocalipsis 2:10: «La corona de la vida»?
El dativo presenta también algunas interrogantes. Bastarán unos pocos ejemplos. ¿Es el dativo
de Romanos 8:24: «Porque (o en) esperanza somos salvos» modal o instrumental? El dativo que
encontramos en Filipenses 1:27: «combatiendo unánimes por (o por medio de) la fe del
evangelio», ¿debe ser considerado un dativo commodi20 o instrumentalis?
Las frases preposicionales pueden también suscitar importantes preguntas. El significado
especial de algunas preposiciones depende del caso con el cual son usadas. Además, hay algunas
preposiciones que tienen un significado similar, y sin embargo revelan diferencias propias. El
intérprete no puede despreciar estas sutiles distinciones.
Puesto que la preposición ocupa un lugar mucho más importante en el griego que en el hebreo,
vamos a limitarnos a ejemplos del Nuevo Testamento. En 1 Corintios 15:15: «Y somos hallados
falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de ( kata ) Dios que él resucitó a Cristo». ¿Es
correcta la traducción «de» o debería ser «contra» (según Meyer) o «por», como en Mateo 26:63?
¿Cuál es el significado de la misma preposición en Romanos 8:27, katazeon ; y en Hebreos
11:13: «Todos éstos murieron en ( kata ) fe»? ¿Se debería traducir este último pasaje como: «en»,
«conforme a» o bien «con esa fe», como proponen algunos comentaristas? ¿Qué significa la
preposición apo en Hebreos 5:7: «fue oídoapo temor? ¿Cuál debiera ser la traducción?: apo = de,
desde, «fue oído y librado de su temor» (constructio praegnans); apo = por, «fue oído por lo que
temía»;apo = a causa de, «fue oído a causa de su temor reverente». ¿Cómo se debe interpretar la
preposición griega en que aparece en la frase «en Cristo» de Romanos 8:2 y Gálatas 1:22 y 2:17?
¿Y la preposición eis en la expresión «en el nombre» de Mateo 28:19? ¿Se usan indistintamente
las preposición eseis yen en el griego o siempre poseen éstas un significado distinto? ¿Cuál es el
significado deeis cuando la siguen verbos estáticos, y deen después de verbos de movimiento?
¿Cuál es la diferencia entre diatesjaritos (Ro. 12:3) y diatenjarin (Ro. 15:15)? ¿Cuál es el
significado de día en Juan 6:57: «él también vivirá di’emé? En Romanos 3:30, San Pablo dice que
Dios justificará a los de la circuncisión por (ek) la fe, y a los de la incircuncisión por (día) la fe».
¿Cuál es la diferencia entre ambos? ¿Cómo difieren las preposiciones: anti ,huper yperi , cuando
se usan en relación a la obra de Cristo, en conexión con el pecado, o en favor de los pecadores?
Compárese Mateo 20:28; 1 Corintios 15:3; Romanos 5:6; Gálatas 1:4. ¿En qué se diferencian
huper yperi cuando se usan en relación a la oración por otras personas? Véase Mateo 5:44 y 1
Tesalonicenses 5:25.
4. LA CONEXIÓN LÓGICA ENTRE LAS DISTINTAS CLÁUSULAS Y ORACIONES.
Es absolutamente necesario que el intérprete tenga un claro concepto de la relación lógica que
tienen entre sí las diversas cláusulas y oraciones. Para este fin tendrá que estudiar el uso de los
participios y las conjunciones.
A. LA RELACIÓN QUE EL PARTICIPIO INDICA. ESTA PUEDE SER:
(1) Modal. Mateo 19:22: «… se fue, estando triste»; y en Hechos 2:13: «… otros, burlándose,
decían».
(2) Causal: Hechos 4:21: «… les soltaron, no hallando nada» (porque no hallaron motivo
alguno).
(3) Condicional: Romanos 2:27: «Y la incircuncisión cumpliendo la Ley (si cumple la Ley), ¿no
te juzgará a ti?»
(4) Concesiva: Romanos 1:32: «Los cuales conociendo el juicio de Dios (pese a que lo conocen),
no sólo hacen tales cosas ».
(5) Temporal: En este caso el participio expresa una acción antecedente, simultánea o
consecuente a la del verbo principal.
Se pueden suscitar importantes cuestiones exegéticas en relación a esto. En Juan 3:13, el Señor
le dice a Nicodemo: «… nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del
Hombre, que está (participio presente) en el cielo».22 ¿Es correcto traducir este participio por
está, o debería ser estaba? En 2 Corintios 8:9, el apóstol dice: «porque ya conocéis la gracia de
nuestro Señor Jesucristo que, siendo (participio presente) rico, por amor de vosotros se hizo
pobre». ¿Es correcta esta traducción o debería ser «pese a que era rico»?
La respuesta a este tipo de preguntas depende del contexto. El participio, en sí mismo, no
expresa tiempo. La única interrogante que surge es la de su tiempo relativo en referencia al verbo
finito principal. Las siguientes reglas, tomadas de la obra de Burton, serán muy útiles:
(A) «Si la acción del participio antecede a la del verbo, el participio por lo general precede al
verbo, pero no de un modo invariable. Tal participio comúnmente se hallará en el tiempo
griego aoristo, aunque ocasionalmente en el tiempo presente».
(B) «Si la acción del participio es simultánea con la del verbo, puede preceder o seguir al verbo
(más frecuentemente lo último). El participio estará por supuesto en tiempo presente».
(Esta afirmación de Burton necesita ser corregida, ya que hay muchos casos en el Nuevo
Testamento en que el participio aoristo denota una acción simultánea o coetánea con la del
verbo principal. Compárese Mt. 22:1 y Hch. 10:33).24
(C) «Si la acción del participio es posterior a la del verbo principal, casi siempre se rige por la
acción del verbo; el tiempo del participio es entonces determinado por la idea de la acción
en lo que se refiere a su progreso». (Pero realmente no hay pruebas para hablar de un
aoristo de acción posterior).
B. LA RELACIÓN QUE LAS CONJUNCIONES INDICAN.
Los medios principales para conectar cláusulas y oraciones, son las conjunciones. Éstas nos
indican con claridad y estrictez la relación lógica que los pensamientos guardan entre sí. Su valor
como herramientas interpretativas crece en la medida que logren ser más precisas.
Pero mientras más significados tengan, más difícil será poder determinar la relación precisa
que indican. La conjunción hebrea vav , que sirve como conjuntio generalis, es de poca ayuda.
Otra dificultad proviene del hecho de que en ciertos casos, aparentemente se usa una conjunción
en lugar de otra.
La conjunción joti , sirve para introducir tanto una oración causal como una objetiva, y esto
suscita la interrogante de si debe traducirse «porque» o «pues». Generalmente el contexto
resuelve la interrogante. La diferencia es mínima si se traduce de uno u otro modo en Juan 7:23,
pero es diferente el caso en Romanos 8:21. El apóstol dice: «Porque la creación fue sujetada a
vanidad; no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; pues (o
porque) la creación misma será libertada».
Aquí todo depende del concepto que se dé a la conjunción joti , para determinar si las últimas
palabras describen el contenido de la esperanza o dan razón de la misma. Algunos gramáticos
pretenden que jina es siempre final en el Nuevo Testamento y, por tanto, introduce una cláusula
de propósito. Pero aunque este es, sin duda, su significado usual, no se puede mantener que sea
así en todos los casos.
Los hay, en los cuales es prácticamente equivalente ajoti . Véase Mateo 10:25, Lucas 1:43, Juan
4:34. Además, se usa también según el sentido ecbático,26 para expresar un resultado esperado.
Éste es el caso de Gálatas 5:17, «… para que no hagáis lo que quisiereis»; y en 1 Tesalonicenses
5:4, «Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que (jina) aquel día os sorprenda como
ladrón».
Aunque es verdad que los autores bíblicos se apartan, a veces, del uso ordinario de una
Conjunción y debemos estar listos a admitirlo— el intérprete nunca debe apresurarse en atribuir
a una conjunción un significado que no está garantizado lingüísticamente. Es un proceder
arbitrario traducir ki en Isaías 5:10, «porque», ya que no se sabe que esta conjunción tenga un
significado explicativo y el significado usual es perfectamente apropiado.
En la interpretación de Lucas 7:47, «Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son
perdonados porque ( joti ) amó mucho», algunos expositores han expresado su punto de vista
dogmático atribuyendo a la conjunción un significado equivalente a la conjunción griega«dio»
(por cuanto), pese a que jamás ocurre según este significado.
Debemos tener en cuenta que la pretensión de algunos exegetas antiguos de que los escritores
del Nuevo Testamento confundieron a menudo las conjunciones y usaron, por ejemplo, de en
lugar de gar y viceversa, es totalmente injustificada. Un estudio más cuidadoso mostrará por lo
general que las escogieron con un criterio selectivo. Consúltense a tal respecto varias gramáticas
del Nuevo Testamento.
Además, es necesario evitar el error de que una conjunción siempre conecta un pensamiento
con el que le precede inmediatamente. En Mateo 10:31 leemos: «Así que no temáis; más valéis
vosotros que muchos pajarillos». E inmediatamente sigue: «Cualquiera pues que me confesare
delante de los hombres». Esto último no es una inferencia que provenga del versículo 31, sino
que se deriva de todo lo que se vino diciendo desde el versículo 16. Igualmente, en Efesios 2:11–
13, el «por tanto» con que empieza el pasaje no conecta el versículo 11 con el 10, sino con los
versículos 1–7.
Finalmente, hay pasajes que no se conectan por medio de conjunciones. En algunos casos, no
se relacionan de manera lógica y carecen de conjunción como vemos en Lucas 16:15–18.
Compárese el versículo 16 con Mateo 11:12, 13; el versículo 17 con Mateo 5:18; y el versículo 18
con Mateo 5:32.
Sin embargo, en otros casos se hallan claramente conectados, como puede verse en Mateo 5:2–
11; y Juan 1:8–10. En tales casos es necesario descubrir la conexión por medio de un estudio
concienzudo del desarrollo del pensamiento y de la ubicación de las palabras en la oración.
5. EL DESARROLLO DEL PENSAMIENTO DE UNA SECCIÓN ENTERA.
No es suficiente que el intérprete fije su atención en las cláusulas y oraciones por separado;
debe familiarizarse con el pensamiento general del escritor u orador. Algunas veces esto pondrá
a prueba su habilidad para seguir el razonamiento de los autores bíblicos. No nos referimos a las
dificultades peculiares de la interpretación de los libros proféticos. Otras partes de la Escritura
presentan también sus cruces interpretum.
Los pensamientos separados pueden parecer desconectados cuando, de hecho, están
íntimamente relacionados entre sí. En algunos casos parece que el curso del pensamiento no
concuerda con las leyes de la lógica. A veces el discurso en conjunto parece contradictorio. Un
solo ejemplo nos servirá para ilustrar esta dificultad. En Juan 3 vemos que Nicodemo se acerca a
Jesús diciéndole: «Rabí, sabemos que has venido de Dios como Maestro; pues ningún hombre
puede hacer las señales que tú haces si no está Dios con él». ¿Cómo se relaciona la respuesta de
Jesús en el versículo 3 con estas palabras?
En el versículo 4, Nicodemo declara que no entiende a Jesús. ¿Responde el Señor su pregunta
en los versículos 5 al 8? El fariseo repite la pregunta en el versículo 9 y Jesús expresa asombro
por la ignorancia de aquél en el versículo 10. ¿Por qué resalta Jesús el hecho de que él sabe lo que
habla, esto es, acerca de la incredulidad de los judíos, incluyendo a Nicodemo, y de su venida del
cielo y a su futura exaltación en la cruz, para la salvación de los creyentes? ¿Contienen también
los versículos 16–21 palabras de Jesús? Véase también Juan 8:31–37 y Gálatas 2:11–21.
Denota un método simbólico de hablar, por el cual se ilustra una verdad moral o espiritual por
medio de una analogía sacada de la experiencia común. Pero mientras la parábola es
esencialmente una comparación, un símil; no todos los símiles son parábolas. La parábola se
limita a lo real, y en sus imágenes no se excede de los límites de lo probable, es decir, de un hecho
que podría suceder.
Mantiene los dos elementos de comparación distintos, uno «exterior» y otro «interior», y no
atribuye las cualidades y relaciones del uno al otro. A este respecto difiere de la alegoría que es,
de hecho, una metáfora ampliada y contiene su interpretación en sí misma. El Señor tuvo un
doble propósito al usar las parábolas: revelar las verdades del Reino de Dios a sus discípulos, y
ocultarlas de aquellos que no tenían visión apta para las realidades del mundo espiritual.
En la interpretación de las parábolas hay tres elementos que deben tenerse en cuenta:
A. EL ÁMBITO QUE ABARCA LA PARÁBOLA, O EL ASUNTO QUE ES OBJETO DE LA ILUSTRACIÓN.
Es de importancia primordial que el intérprete tenga bien en claro cuál es el propósito de la
parábola. En su esfuerzo por descubrirlo, no debe perder de vista la importante ayuda que la
Biblia misma puede ofrecerle:
(1) La ocasión en que fue pronunciada la parábola puede ilustrar su objeto y significado. Por
ejemplo: uno puede explicar Mateo 20:1ss. por lo que dice Mateo 19:27; así Mateo 25:13
explica Mateo 25:14ss.; y Lucas 16:14 explica Lucas 16:19–31. Asimismo Lucas 10:29;
15:1–2; y 19:11, explican las parábolas que introducen.
(2) El objeto de la parábola se puede expresar claramente en la introducción, como en Lucas
18:1.
(3) Ciertas expresiones al final de la parábola pueden también indicar su significado. Véase
Mateo 13:49; Lucas 11:9 y 12:21.
(4) Una parábola similar puede indicar el asunto que ha de ser ilustrado en el caso de otra.
Compárese Lucas 15:3ss. con Mateo 18:12ss. El versículo 14 de Mateo 18 contiene una
indicación valiosa.
(5) En muchos casos, sin embargo, el intérprete tendrá que descubrir el propósito de la
parábola estudiando cuidadosamente el contexto.
B. LA REPRESENTACIÓN FIGURADA DE LA PARÁBOLA.
Una vez determinado el objetivo de la parábola, la representación figurativa requiere un
estrecho escrutinio. La narración formal que busca a la vez.
C. EL TERTIUM COMPARATIONIS.
Finalmente se debe descubrir el tertium comparationis, o sea, el punto exacto de comparación.
Hay en cada parábola algún aspecto del Reino de Dios, algún deber particular o algún peligro a
evitar, que la parábola trata de mostrar por medio de todas sus imágenes.
Mientras el intérprete no haya descubierto este punto, no puede esperar entender la parábola,
y no debería tratar de explicar ninguno de sus rasgos particulares, pues éstos solamente pueden
ser vistos en su verdadera luz cuando son contemplados en relación con la idea central. Además,
debe tenerse gran cuidado de no atribuir un significado espiritual independiente a todos los
detalles de la parábola.
Es imposible afirmar de un modo preciso hasta dónde debe llegar un expositor en cuanto a
esto. La pregunta sobre qué precisamente pertenece al contenido ético o doctrinal de la parábola
y qué es simple adorno, es una interrogante que no admite una respuesta tajante. Mucho debe
dejarse al significado común. El intérprete debe esforzarse en hacer esta distinción de un modo
cuidadoso. La falta de ello ha llevado a interpretaciones fantásticas y arbitrarias.
De un modo general la regla dada por Immer puede ser de utilidad: «Aquello que sirve a la
intención o pensamiento central de la parábola, podemos decir que pertenece a su contenido
doctrinal, pero lo que no tiene que ver con ello de un modo directo, es simple delineación o
adorno». En cuanto a esto, es ilustrativo estudiar las explicaciones que el Señor mismo dio de la
parábola del Sembrador y de la del trigo y la cizaña.
SEXTO: AYUDAS INTERNAS PARA LA INTERPRETACIÓN DEL PENSAMIENTO.
La Biblia misma contiene algunas ayudas para la interpretación lógica de su contenido, y el
intérprete no debería desaprovechar su uso.
En la edición inglesa, después de este párrafo, el autor ofrece un ejercicio de investigación
hermenéutica.
Hemos incluido una adaptación de dicho ejercicio para propósitos de referencia.
Ejercicio: ¿Qué expresiones idiomáticas se encuentran en los siguientes pasajes: Gn. 1:14, 19:9,
31:15; Jer. 7:13; Gá. 2:16; Jn. 3:29; Ap. 2:17 y 18:22? Identifique e interprete las figuras de
pensamiento que se encuentran en los siguientes pasajes: Job 12:2; Sal. 32:9, 102:7; Pr. 14:34; Is.
42:3, 55:12; Mt. 7:24–27; Hch. 4:28; Jn. 21:25; Ro. 9:29; 1 Co. 4:8; 11:22, y 2 Co. 6:8–10.
¿Qué cambio importante en el orden de las palabras se encuentra en los pasajes siguientes: Sal.
3:5 (en el texto hebreo); 18:31 (en el texto hebreo); 74:17; Jer. 10:6; Mt. 13:28; Jn. 17:4; 1 Co. 2:7;
2 Ti. 2:11; Heb. 6:16; 7:4?
Observe los siguientes ejemplos de anacolutos en Gn. 3:22; Sal. 18:48–49; Zac. 2:11; Ro. 8:3;
Gá. 2:6; 2 P. 2:4– 9.
Explique los genitivos y dativos que se encuentran en los siguientes pasajes: Gn. 47:43; 1 R.
10:9; Pr. 20:2; Ro. 1:17; 10:4; Col. 2:18; Ro. 8:24.
¿Cuál es el significado de las siguientes preposiciones griegas: día, en Ro. 3:25; 1 Co. 1:9; Heb.
3:16; Ap. 4:11;
en, en Mt. 11:11; Hch. 7:29; Ap. 5:9; anti, en Mt. 2:22; 20:28; huper en Gá. 1:4; 2 Co. 5:21; Heb.
5:1; peri , en 1 Co. 16:12; 3 Jn. 2; eis , en Mr. 1:39; Hch. 19:22; 20:29, y Jn. 8:30?
¿Cómo se relacionan el participio y el verbo finito en 1 Co. 9:19; 11:29; Mt. 1:19; 27:49; Lc.
22:65 y Hch. 1:24?
¿Cuál es el significado de las siguientes conjunciones griegas: kai , en Mt. 5:25; Jn. 1:16; 1 Co.
3:5; allá , en 1 Co. 15:35; 2 Co. 11:1; joti , en Mt. 5:45; Jn. 2:18; gar , en Mt. 2:2; Jn. 9:30;de , en 1 Co.
15:13; 4:7;jina en Jn. 4:36; 5:20; Ro. 11:31; 1 Ts. 5:4.
1. EL ÁMBITO ESPECIAL DEL AUTOR.
Con esto nos estamos refiriendo al fin que perseguía el autor al escribir la porción particular de
su obra que estudiamos. Los autores bíblicos tenían, por supuesto, un propósito definido cuando
compusieron las diversas partes de sus escritos, procurando con ello desarrollar alguna idea
especial. Por tanto, es natural suponer que escogían aquellas palabras y expresiones que mejor se
adaptasen para expresar el sentir que se proponían, en apoyo de su argumento general.
Es por esto que un conocimiento concienzudo del objetivo especial del autor arrojará luz sobre
los detalles más pequeños, como son el uso de participios, conjunciones, preposiciones y frases
adverbiales. Es casi innecesario recalcar que así como las palabras y expresiones de un pasaje
particular deben estudiarse a la luz del objetivo especial del autor, así también este objetivo debe
a su vez estudiarse teniendo como trasfondo el propósito general de todo el libro. Más adelante,
cuando lleguemos al capítulo de la interpretación histórica, trataremos el tema del propósito
general de un libro.
La cuestión aquí es cuál sería el mejor método para descubrir el objetivo especial de cada
pasaje.
Esto no es siempre fácil. Algunas veces el autor lo expresa claramente. El propósito particular
del cántico de Moisés, contenido en Deuteronomio 32, está claramente indicado en el capítulo
31:19–21.
En Romanos 11:14, Pablo les dice a sus lectores por qué se dirige a los gentiles en aquella
porción particular de su escrito, y prosigue a explicarles que Dios los ha adoptado. Pero en la
mayoría de los casos el objetivo especial no se señala y el intérprete encontrará necesario leer y
releer toda una sección, juntamente con el contexto que precede y que le sigue, a fin de descubrir
tal propósito que tenía en mente.
Muchas veces la conclusión a la cual llega el autor en la conexión, mostrará el propósito que
tenía en mente. Esto es particularmente cierto en los escritos de Pablo, en los cuales predomina
el razonamiento lógico. Véase Romanos 2:1; 3:20, 28; 5:18; 8:1; 10:17; Gálatas 3:9; 4:7, 31.
Además, será muy beneficioso que el intérprete note cuidadosamente qué fue lo que ocasionó
la argumentación de cierta sección. Recordemos que la ocasión que motivó un pasaje va de la
mano con su propósito. Por ejemplo, entenderemos mucho mejor qué propósito tenía Pablo
cuando escribió el pasaje clásico respecto a la humillación y exaltación de Cristo en Filipenses
2:6–11, cuando lo estudiemos a la luz de lo que precede en los versículos 3 y 4. Allí el apóstol
amonesta a los filipenses: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad,
estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo
propio, sino cada cual también por lo de los otros».
Luego prosigue: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús», con lo
cual hace evidente que desea presentar a Cristo a los filipenses como aquel que se humilló a sí
mismo para servir a los demás; que no procuró exclusivamente su propio bien, sino el de los
otros; y que por medio de su más profunda humillación ascendió a la excelsa gloria.
2. LA CONEXIÓN.
Ningún énfasis será suficiente para hacer ver lo importante que es tener en cuenta lo
precedente y lo que sigue, la conexión cercana y remota de un pasaje. Es la conditio sine que non
de toda sana exégesis. Y, sin, embargo, esto se olvida con mucha frecuencia, especialmente por
aquellos que usan la Biblia como una colección de textos de prueba. La división del contenido de
la Escritura en capítulos y versículos es siempre perjudicial a este concepto.
En consecuencia, muchos pasajes de la Biblia han sido mal interpretados a lo largo del tiempo
y estos vicios han pasado de generación a generación. Los siguientes pasajes pueden servir de
ejemplo: Proverbios 28:14; 31:6; Jeremías 3:14b.; Zacarías 4:6b.; Mateo 4:4b.; 10:19; 2 Corintios
3:6b. Ninguna interpretación que descuide la conexión que un pasaje tiene con su contexto
merece el nombre de «exégesis».
La conexión no es siempre de la misma clase. Debemos considerar cuatro tipos de conexión:
(A) Puramente histórico. Cuando un relato histórico sigue a otro con el cual está relacionado
genética e ideológicamente (Mt. 3:13–17; 4:1–11).
(B) Histórico-dogmático. Esto ocurre cuando se conecta un discurso o enseñanza dogmática
con un hecho histórico (Jn. 6:1–14 y 26–65).
(C) Lógico. Cuando los pensamientos o argumentos son presentados en un orden
estrictamente lógico (Ro. 5:1ss.; 1 Co. 15:12–19).
(D) Psicológico. Cuando la conexión depende de la asociación de ideas.
Esto a menudo produce un aparente rompimiento del hilo del pensamiento (Heb. 5:11ss.).
A. Cuando se estudie la conexión, debe ponerse una esmerada atención a las conjunciones. Si
se descuida esto, el intérprete puede perder de vista cosas muy importantes. Nos
abstenemos de dar ejemplos aquí, pero consúltese lo que ya dijimos acerca del uso de las
conjunciones. En algunos casos la conjunción misma puede producir incertidumbre, en cuyo
caso el expositor tendrá que depender del contexto general. Por ejemplo: la conjunción
griega de puede ser continuativa o adversativa, por lo cual no podemos estar seguros de si
Juan 3:1 introduce a Nicodemo como una ilustración o como una excepción.
B. Por regla general debe buscarse la conexión en el contexto más cercano posible. Pero en el
caso de que un pasaje no ofrezca buen significado cuando se le conecta con lo que precede
inmediatamente, debe entonces consultarse el contexto más remoto. Algunos comentaristas
conectan Romanos 2:16 con el versículo 15. Pero esta construcción es muy dudosa, por lo
que es preferible retroceder hasta el versículo 12 ó 13, y considerar las frases intermedias
como un paréntesis. Por otra parte, algunos exegetas unen innecesariamente Romanos 8:22
con el versículo 19, pese a que ofrece perfectamente un buen significado si se le conecta con
el versículo 21.
C. Cuando la conexión no es clara a primera vista, el intérprete no debe concluir
precipitadamente que se ha producido algún cambio en el curso del pensamiento, debe más
bien detenerse a reflexionar. Una consideración atenta puede hacer evidente que el cambio
es sólo aparente cuando, en verdad, el pasaje continúa con el mismo tema. En 1 Corintios 8,
Pablo habla del uso de la libertad cristiana como adiáfora.29 Ahora bien, en 9:1 parecería
que Pablo se aparta de dicho tema para comenzar una defensa de su apostolado con las
palabras: «¿No soy apóstol, no soy libre?». Pero aquí no hay tal cambio, pues su argumento
es que él, como apóstol de Jesucristo, tiene muchos derechos y libertades, pero los usa con
prudencia a fin de hacer su obra más fructífera.
D. El intérprete debe estar atento para descubrir los paréntesis, digresiones y anacolutos.
Todos éstos interrumpen de alguna forma la conexión sintáctica de las palabras. Con el
paréntesis se introducen detalles de tiempo, lugar o breves circunstancias secundarias,
después de lo cual la oración continúa como si no hubiese habido interrupción. Así leemos
en Génesis 23:2: «Y murió Sara en Quiriat-arba (que es Hebrón, en la tierra de Canaán) y
vino Abraham a hacer duelo por Sara y a llorarla». Véase también Isaías 52:14–15; Daniel
8:2; Hechos 1:15.
La digresión difiere del paréntesis en que es más larga y consiste en desviarse de la línea
principal de argumentación, para introducirse en alguna ramificación de ideas colaterales o bien
para proseguir con un tema poco relacionado con el argumento principal que venía
desarrollándose. Hay un ejemplo notable de esto en Efesios 3:2–13, que algunos lo extenderían
incluso hasta 4:1. Véase también 2 Corintios 3:14–17 y Hebreos 5:10–7:1.
El anacoluto consiste en un traslado brusco desde una construcción sintáctica a otra, dejando
inconclusa la primera. Con frecuencia el anacoluto es el resultado de un razonamiento muy
vigoroso o de emociones fuertes. Véase Zacarías 2:11; Salmo 18:47, 48; Lucas 5:14; 1 Timoteo
1:3. Sólo de vez en cuando un anacoluto ocurrirá junto a un paréntesis o digresión, pero en este
caso el problema será doble. En Romanos 5:12, el apóstol dice: «Por tanto, como el pecado entró
en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres
por cuanto todos pecaron».
Ahora bien, todos esperaríamos que hubiese continuado con algo como: «del mismo modo por
un hombre, Jesucristo, entró la justicia, y por la justicia la vida». Pero el apóstol deja inconclusa la
idea del versículo 12, y cuando vuelve a ella en el versículo 18, empieza una construcción nueva.
E. En aquellos casos en que la conexión no es evidente, surge la cuestión de si el pasaje que ha
de ser interpretado contiene una reflexión sobre o una respuesta a los pensamientos (como
algo distinto a las palabras) de las personas a quienes se habla; o si no es posible que haya
allí una conexión psicológica.
Un cuidadoso estudio de los discursos y conversaciones del Salvador pone de manifiesto que él
a menudo respondió a los pensamientos, más que a las palabras de sus oyentes. Véase Lucas
14:1–5; Juan 3:2; 5:17, 19, 41; 6:26. Muchos comentaristas creen que los versículos 12 y 13 de
Miqueas 2, son una interpolación debido a su aparente falta de conexión con el contexto. Pero es
posible hallar aquí una conexión psicológica. El profeta amonesta al pueblo contra los profetas
que les prometen abundantes cosechas de vino y cidra, lo que era muy deseado por muchos. Así
que, la idea de este bien material da ocasión al profeta para hablar de las verdaderas bendiciones
que el Señor quiere derramar sobre su pueblo.
F. El intérprete debe aceptar con satisfacción las explicaciones que los mismos autores ofrecen
de sus propias palabras o de las palabras de los interlocutores, a quienes introducen en el
contexto. No es necesario que afirmemos que son ellos los mejor calificados para hablar con
autoridad a este respecto. Ejemplos de tales interpretaciones se encuentran en Juan 2:21;
7:29 y 12:33; Romanos 7:18; Hebreos 7:21.
3. EL PARALELISMO PUEDE AYUDAR TAMBIÉN EN LA INTERPRETACIÓN DEL PENSAMIENTO.
Al usar este método, el expositor debe precaverse contra dos errores. Por un lado, el de cree
que cada una de las cláusulas paralelas tiene un significado totalmente distinto una de la otra.
Éste es el extremo al que llegaron algunos de los antiguos intérpretes, ya que consideraban con
impropio de la sabiduría del Espíritu Santo que repitiera los mismos sentimientos pensamientos.
Por el otro lado, debe evitar la suposición de que tal paralelismo es mera tautología, conteniendo
los miembros paralelos exactamente la misma idea.
Es erróneo pensar que hay completa identidad de significado entre los miembros de un
paralelismo sinónimo, o un contraste perfecto entre los miembros de un paralelismo antitético.
Con respecto al primero, Davidson hace notar con razón: «Algunas veces un miembro expresa de
un modo general, lo que el otro declara de una manera particular, o viceversa.
En uno puede aparecer el género, y en el otro la especie; el uno expresa una cosa
afirmativamente, el otro negativamente; el uno figuradamente, el otro literalmente; el uno hace
una comparación, el otro contiene su aplicación; el uno expresa un hecho, el otro la manera en
que ocurrió».
Es por tanto, plenamente evidente que la función exegética del paralelismo, consiste «en dar
una idea general del significado de una cláusula, más bien que una especificación precisa o
minuciosa». Al emplearla, el intérprete debe estar seguro de la relativa lucidez de los miembros
paralelos, no sea que cometa el error de tratar de iluminar lo menos oscuro por medio de lo más
oscuro y difícil de entender.
Si un miembro es figurado y el otro literal, debemos usar el último para explicar el primero.
Unos pocos ejemplos pueden servirnos para ilustrar el uso del paralelismo. En el Salmo 22:27
leemos: «Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y todas las familias
de las naciones adorarán delante de ti». El paralelismo hace aquí perfectamente evidente que
«los confines de la tierra» equivalgan a las naciones distantes o gentiles.
El Salmo 104:6 contiene la siguiente expresión enigmática: «Con el abismo, como con vestido,
la cubriste», pero esta expresión se aclara con las palabras que siguen: «Sobre los montes estaban
las aguas». En Juan 6:35 Jesús dice: «Yo soy el pan de vida; el que a mí viene nunca tendrá
hambre». Aquí surge la pregunta respecto a qué tipo de «venir» se refiere el Señor. Pero el
siguiente miembro del paralelismo la responde: «El que en mí cree , no tendrá sed jamás».
En 2 Corintios 5:21 hallamos un paralelismo antitético: «Al que no conoció pecado, por
nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él». ¿Quiere decir
el apóstol que Cristo fue hecho pecado por nosotros en un sentido ético o en sentido legal? La
antítesis: «Para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él», contiene la respuesta, ya
que ésta sólo puede entenderse en un sentido legal.
SEPTIMO: AYUDAS EXTERNAS PARA LA INTERPRETACIÓN GRAMATICAL.
1. LIBROS.
Tales recursos consisten en libros que pueden ayudar de un modo valioso al intérprete en su
estudio de la Sagrada Escritura. Entre ellos debemos distinguir: las gramáticas de los idiomas
originales, los diccionarios lexicográficos, las concordancias, los comentarios exegéticos y
explicativos, etc. Véase el apéndice de esta obra.
2. EL USO CORRECTO DE COMENTARIOS.
Unas cuantas acotaciones al respecto pueden ser útiles acerca del uso adecuado de
comentarios.
A. Cuando trate de explicar un pasaje, el intérprete no debe recurrir inmediatamente al uso de
comentarios, ya que esto anularía totalmente su originalidad y a veces podría confundirle
más bien que ayudarle. Debe tratar primero de interpretar el pasaje independientemente,
recurriendo a las ayudas internas que hemos mencionado, y a las externas como gramáticas,
concordancias y diccionarios lexicográficos.
B. Si después de haber hecho un buen estudio original del pasaje siente la necesidad de
consultar uno o más comentarios, debe evitar los llamados comentarios prácticos, por muy
buenos que sean, ya que éstos tienen por objeto la edificación, más bien que la
interpretación científica.
C. Facilitará grandemente su tarea sí al recurrir a los comentarios, lo hace siempre con
preguntas definidas. Esto es posible solamente después de una cierta cantidad de estudio
original preliminar, pero obviará la necesidad de leer todo lo que los comentaristas hayan
dicho sobre el pasaje que trata de interpretar. Además, cuando se acude a los comentarios
con cierta idea en la mente, se está mejor preparado para escoger entre las opiniones, a
veces contradictorias, que uno encuentre.
D. Si el estudiante consiguiera dar una explicación aparentemente satisfactoria sin la ayuda de
comentarios, es aconsejable comparar su interpretación con la dada por otros; y si descubre
que su interpretación va en contra de la opinión general en algún punto particular, será
prudente, por su parte, volver a estudiar el pasaje para ver si al formular su opinión tuvo en
cuenta todos los datos disponibles, y si sus conclusiones son, por tanto, correctas en cada
detalle. Puede descubrir algún error, que le obligue a revisar su propia opinión. Pero si
encuentra que cada paso que dio estuvo bien fundado, debe mantener su interpretación, a
pesar de todo lo que otros comentaristas puedan decir.
LECCIÓN: 14
LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA
PRIMERO: DEFINICIÓN Y EXPLICACIÓN.
Este estudio nos lleva a una nueva división de la Hermenéutica. Es verdad, dice Davidson: «Que
la interpretación gramatical y la histórica, rectamente comprendidas, son sinónimas. Las leyes
especiales de la gramática, en conformidad con las cuales los escritores sagrados usaron el
lenguaje, fueron resultado de sus propias circunstancias particulares, y tan solo la disciplina
histórica podrá hacernos retroceder hasta aquellas circunstancias». Pero aunque es sin duda un
hecho que ambas se hallan estrechamente entretejidas y no pueden ser del todo separadas, es
necesario mantenerlas separadas y distintas en nuestra discusión.
No debemos confundir la interpretación histórica que aquí expondremos con las teorías
acomodaticias de J. S. Semler, ni con la interpretación histórico-crítica de nuestros días, que se
basa en la filosofía de la evolución aplicada a la historia. El término es usado aquí para referirnos
al estudio de las Escrituras a la luz de las circunstancias históricas que ponen su sello en los
diferentes libros de la Biblia. Immer la denomina «la verdadera explicación». Distinguiéndose de
la interpretación gramatical y lógica que se aplica al aspecto formal de la Escritura, o sea, el
lenguaje en que fue moldeada la interpretación histórica se refiere al contenido material de la
Biblia. Procede, pues, sobre los siguientes supuestos.
1. PRESUPOSICIONES BÁSICAS PARA LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA.
A. La Palabra de Dios se originó de un modo histórico y, por tanto, sólo podrá entenderse a la
luz de la historia. Esto no significa que todo lo que contiene puede ser explicado
históricamente. Como revelación sobrenatural de Dios contiene, naturalmente, elementos
que trascienden los límites de la historia; pero sí significa que el contenido de la Biblia ha
sido determinado, en gran parte, históricamente; y para esta parte debe buscarse su
explicación en la historia.
B. Jamás podrá entenderse plenamente una palabra, hasta que se la comprenda como una
palabra viva, esto es, tal como se originó en el alma del autor. Esto incluye lo que se
denomina la interpretación psicológica, que es de hecho una subdivisión de la interpretación
histórica.
C. Es imposible entender un autor e interpretar sus palabras correctamente, a menos que se le
considere a la luz de su fondo histórico. Es verdad que el ser humano, en cierto sentido,
controla las circunstancias de su vida y determina su carácter; pero también es verdad que
de un modo considerable es producto de sus circunstancias históricas. Por ejemplo, todo ser
humano pertenece a algún pueblo y tierra y pertenece a alguna época.
D. El lugar, tiempo, circunstancias y la forma de concebir el mundo y la vida que se tenía
entonces, influenciarán los escritos producidos bajo tales condiciones de tiempo, lugar y
circunstancias. Esto se aplica igualmente a los libros de la Biblia, particularmente a los
históricos o de carácter ocasional. En todo el ámbito de la literatura no hay libro que iguale a
la Biblia en lo que se refiere a tocar la vida humana en todos sus aspectos.
2. REQUERIMIENTOS RESPECTO AL EXEGETA.
En vista de estas presuposiciones, la interpretación histórica requiere lo siguiente del
intérprete.
A. El intérprete debe tratar de conocer al autor cuya obra trata de explicar: su parentela, su
carácter y temperamento, sus características intelectuales, morales y religiosas, así como las
circunstancias externas de su vida. Debería de igual modo tratar de conocer a los personajes
presentados en los libros de la Biblia y los lectores originales.
B. Le corresponde reconstruir, tanto como sea posible, por medio de los antecedentes
históricos que tiene a mano, y con la ayuda de las hipótesis históricas el medio ambiente
dentro del cual se originaron los escritos particulares que estudia. En otras palabras, debe
reconstruir el mundo del autor. Para esto tendrá que informarse respecto a los accidentes
físicos del país donde los libros fueron escritos, y sobre el carácter, historia, costumbres,
moral y religión del pueblo entre quienes o para quienes fueron escritos.
C. Hallará que es importantísimo considerar las diversas influencias que determinaron más
directamente el carácter de los escritos que estudia, tales como: los lectores originales, el
propósito que el autor tenía en mente, la edad del autor, su formación intelectual y las
circunstancias especiales en que el libro fue compuesto.
D. Además, tendrá que trasladarse mentalmente al siglo que vio nacer el escrito y a sus
condiciones orientales. Tiene que ponerse él mismo en el lugar del autor y tratar de penetrar
en su misma alma, como si él estuviera viviendo su vida y pensando sus pensamientos. Esto
significa que tendrá que evitar cuidadosamente el error, bastante común, de trasladar al
autor al tiempo presente y hacerle hablar el lenguaje del siglo XX. Si no evita esto, correrá el
peligro, como lo expresara Mc Pheeters, de que «la voz que oiga sea meramente el eco de sus
propias ideas». Su regla deberá ser siempre non ex subjecto, sed ex objecto sensum quaerit.
SEGUNDO: CARACTERÍSTICAS PERSONALES DEL AUTOR O INTERLOCUTOR.
1. ¿QUIÉN ES EL AUTOR?
En la interpretación histórica de un libro, esta pregunta es siempre la primera. Algunos de los
libros de la Biblia mencionan sus autores, otros no. De ahí la pregunta: ¿quién es el autor? Aun si
sólo se le tiene como un mero asunto de un nombre, no es siempre fácil hallar la respuesta. Pero
en relación a la interpretación histórica, la pregunta es mucho más significativa, porque el mero
conocimiento de un nombre no proporciona al exégeta ninguna ayuda sustancial. Tiene más bien
que procurar familiarizarse con el autor mismo, esto es, su carácter, su temperamento, su
disposición y modo habitual de pensar.
Debe tratar de penetrar en los secretos de su vida interna a fin de entender tanto como sea
posible los motivos que controlaron su vida, y así adquirir una visión de sus pensamientos,
decisiones y acciones. Debe conocer algo acerca de la profesión del autor, la cual pudo haber
ejercido una fuerte influencia en él, en sus costumbres y su lenguaje. Las palabras de Elliot son
aquí muy oportunas: «Basta con decir marinero, soldado, mercader, operario, clérigo o abogado,
para traer a la mente diversos tipos de hombres, cada uno de los cuales tiene su modo de ser, sus
expresiones familiares, sus representaciones peculiares, su forma favorita de ver cada cosa; en
resumidas palabras, cada uno de ellos tiene un carácter especial como hombre».
El mejor medio para conocer a las personas es asociarse con ellas. Del mismo modo, la manera
más efectiva para conocer a un autor es estudiar sus escritos diligentemente, y poner particular
atención a sus toques personales y observaciones incidentales que tengan que ver con su vida y
carácter. Quien quiera conocer a Moisés, debe estudiar el Pentateuco, particularmente sus
últimos cuatro libros y poner especial atención en pasajes como Éxodo 2–4; 16:15–19; 33:11;
34:5–7; Números 12:7, 8; Deuteronomio 34:7–11; Hechos 7:20–35; y también Hebreos 11:23–29.
Estos pasajes bíblicos aclaran la identidad del mediador del Antiguo Pacto, su liberación
providencial, sus ventajas educacionales y su ardiente amor por su pueblo en desgracia. Además
lo retratan claramente como el hombre que, aunque impulsivo y asertivo en su juventud,
aprendió a ser humilde y paciente durante un largo período de espera; un hombre que titubeaba
en encargarse de una empresa muy grande, y sin embargo, bien calificado para ser líder; de
grandes alcances intelectuales, pero de carácter humilde; un hombre a quien su pueblo calumnió
y de quien abusó considerablemente, pero que amó a los suyos con un amor ardiente y
desinteresado, soportando sus reproches con gran paciencia. En resumidas palabras, un héroe de
la fe.
Para conocer a Pablo será necesario leer su historia según la relata Lucas, y también sus
epístolas.
Debe ponerse especial atención a pasajes como Hechos 7:58; 8:1–4; 9:1, 2, 22, 26; 26:9; 13:46–
48; Romanos 9:1–3; 1 Corintios 15:9; 2 Corintios 11; 12:1–11; Gálatas 1:13–15; 2:11–16;
Filipenses 1:7, 8, 12–18; 3:5–14; 1 Timoteo 1:13–16. En estos pasajes la figura de Pablo aparece
como producto, en parte de la diáspora, en parte de la escuela rabínica de Gamaliel. Hombre
totalmente versado en la literatura judía, que tenía el coraje de sus convicciones; escrupuloso
perseguidor de la Iglesia, pero también verdadero penitente convertido, dispuesto a confesar el
error de su camino; un leal siervo de Jesucristo, ansioso de emplear su vida en el servicio de su
Señor; ardiendo de celo por la salvación de sus parientes carnales, pero también lleno del mismo
infatigable celo y oración para la salvación de los gentiles; un hombre dispuesto a negarse a sí
mismo para que Dios pudiera recibir toda la gloria por medio de Jesucristo.
El conocimiento íntimo del autor del libro facilitará la comprensión de sus palabras, habilitará
al intérprete a entender, y quizá a establecer de un modo conclusivo, cómo las palabras y
expresiones nacieron en el alma del autor. Iluminará ciertas frases y oraciones de un modo
inesperado y las hará parecer más reales con la fuerza viva de sus circunstancias. Jeremías
aparece delante de nosotros, en la Biblia, como un hombre de carácter sensitivo e impulsivo, que
trata de apartarse del cumplimiento de su deber.
Este conocimiento nos ayudará a interpretar y entender la belleza tierna y patética que
caracteriza ciertas partes de sus escritos y también para apreciar su ira apasionada al reprender
a los enemigos (11:20; 12:3; 15:10ss.; 17:15–18), su queja de que el Señor no revela el poder de
su brazo y su maldición del día de su nacimiento (20:7–18). Al apóstol Juan, de carácter
evidentemente tempestuoso y vehemente, le vemos desviado alguna vez por la ambición egoísta,
y tan celoso en su obra para el Señor que se muestra severo con aquellos a quienes consideraba
competidores y enemigos de Jesús.
Pero los defectos naturales de su carácter fueron reformados por la gracia. Su amor fue
santificado, su celo llevado por conductos propios. Fue un hombre que bebió profundamente en
la fuente del agua de la Vida, y reflexionó más que los otros en los maravillosos misterios de la
vida del Salvador. Esto explica, en gran parte, la diferencia entre su Evangelio y los Sinópticos, y
también sus exhortaciones a la necesidad de permanecer en Cristo y amar a Cristo y a los
hermanos. Al leer la profecía de Amós será de gran ayuda tener presente el simple hecho de que
era un pastor de Tecoa; ello ayudará a comprender mucho de sus expresiones figurativas.
Ezequiel no habría escrito como lo hizo en los capítulos 40–48 de su profecía, si no hubiese sido
uno de los sacerdotes en destierro, profundamente conocedor del ritual del Templo, y
preocupado por el hecho de que la pasada gloria de Sión había desaparecido.
2. ¿QUIÉN ES EL INTERLOCUTOR?
Otra cuestión oportuna es: ¿quién es el interlocutor que aparece en el libro? Los autores
bíblicos introducen a menudo interlocutores en sus escritos, y es de vital importancia que el
expositor distinga escrupulosamente entre las palabras del autor y las de aquellas personas que
intervienen en la narración. En los libros históricos la línea de demarcación es generalmente tan
clara que no puede haber confusión en cuanto a esto; sin embargo, hay algunas excepciones. Por
ejemplo: Es bastante difícil determinar si las palabras que hallamos en Juan 3:16–21 fueron
dichas por Jesús a Nicodemo, o si son una adición explicativa de Juan. En los profetas, por lo
general las repentinas transiciones desde lo humano a lo divino son fácilmente reconocidas por
el cambio de la tercera a la primera persona. Véase: Oseas 9:9, 10; Zacarías 12:8–10; 14:1–3.
Algunas veces aparece un diálogo en el cual el escritor discute con un oponente imaginario
(diatriba). Tales casos deben ser tratados cuidadosamente, pues si no se distingue correctamente
la persona que habla, serios errores pueden generarse. Véase: Malaquías 3:13–16; Romanos 3:1–
9. La regla siguiente será aquí valiosa: El escritor del libro debe ser considerado el locutor, hasta
que alguna clara evidencia muestre lo contrario. Y cuando el intérprete detecte claramente quién
es el locutor en contraste con el autor, deberá tratar de averiguar la mayor información posible y
por todos los medios posibles.
Personajes como Abraham, Isaac, Jacob, José, Samuel, Job y sus amigos, y grupos de personas
como los fariseos, los saduceos y los escribas, deben ser objeto de especial estudio. Cuanto más se
conozca de estos personajes, más se podrá entender lo que dicen.3
TERCERO: CIRCUNSTANCIAS SOCIALES DEL AUTOR.
Las circunstancias sociales abarcan todas aquellas cosas que no son peculiares al autor mismo,
sino que él comparte con sus contemporáneos. Estas cosas son de un carácter más bien general.
1. CIRCUNSTANCIAS GEOGRÁFICAS.
Las condiciones climáticas y geográficas influyen a menudo en el pensamiento, el lenguaje y las
figuras que usa un escritor, dejando una huella en sus producciones literarias. De ahí que el
intérprete de la Biblia debe estar especialmente familiarizado con la geografía del Oriente
Próximo, de donde provienen los autores bíblicos. Es muy importante que él entienda el carácter
de las estaciones, los vientos, las épocas de lluvia, así como la diferencia de temperatura entre los
valles y las cumbres de las montañas.
Debe tener también algún conocimiento de los productos de la tierra: sus árboles, clases de
flores y de plantas, granos, vegetales y frutos; los animales más comunes, tanto salvajes como
domésticos, sus insectos y aves nativas. Las montañas, valles, lagos, ríos, ciudades y aldeas,
caminos y llanuras. El intérprete debe estar familiarizado con estas cosas y su ubicación.
Para el estudio de los rasgos permanentes de la Tierra Santa, vale la pena aprovechar los
diccionarios y atlas bíblicos más recientes (véase el apéndice). Pero para la información sobre
detalles.
En la edición inglesa, después de este párrafo, el autor ofrece un ejercicio de investigación
histórica. Hemos incluido una adaptación de dicho ejercicio para propósitos de referencia.
Ejercicio: Léanse los salmos siguientes a la luz del carácter y experiencias de David: Salmo 23,
24, 32, 51, 72, 132. ¿En qué forma determinan el carácter y la historia personal de Oseas, el
carácter de su profecía? ¿En qué forma el carácter individual de Pablo, Pedro y Santiago aparecen
en sus respectivos escritos?
¿Quién es el personaje que habla en Isaías 53, Oseas 5 y 6; Habacuc 2; Salmo 2, 22 y 40? más
variables como son los frutos, productos del suelo, el lugar donde se ubicaban sus ciudades y
pueblos, libros clásicos como los de Josefo y Eusebio (Onomasticon) tienen más valor. Este
estudio es esencial, especialmente en vista de que los orientales vivían generalmente muy
apegados a la naturaleza, viéndola como animada con vida y estando muy predispuestos al uso
del simbolismo.
Los discursos y parábolas de Jesús están llenos de figuras simbólicas de la naturaleza, que
ilustran verdades espirituales. Jesús compara el Reino de Dios al grano de mostaza (Mt. 13:31–
32), a Israel con una higuera (Lc. 13:6–9). Habla de sí mismo como de «la vid verdadera» y de su
Padre como «el labrador» (Jn. 15:1).
Es totalmente evidente, y no necesita ninguna prueba, el hecho de que el expositor debe estar
familiarizado con los aspectos físicos de Palestina; su clima, su topografía, su producción, etc.
¿Cómo puede de otro modo explicar declaraciones tales como el «rocío de Hermón que desciende
sobre los montes de Sión» (Sal. 133:3), si no está familiarizado con el efecto que la nieve de la
cumbre del Hermón causa sobre la niebla que constantemente se levanta de las cañadas que
están a sus pies?
¿Cómo interpretará expresiones tales como: «La gloria del Líbano» y «la excelencia del
Carmelo y de Sarón», si no tiene ningún conocimiento de su exuberante vegetación e insuperable
belleza? ¿Cómo puede explicar el uso de carros en el Reino del Norte (1 R. 18:44ss.; 22:29ss.; 2 R.
5:9ss.; 9:16; 10:12, 15), y su ausencia del Reino del Sur? ¿Cómo puede dar cuenta del éxito de
David en eludir la persecución de Saúl, a pesar de hallarse en ciertos momentos a una distancia
que permitía hablarse el uno al otro, si no conoce la topografía del país? Solamente la
familiaridad con las estaciones le capacitará para interpretar pasajes como Cantares 2:11: «He
aquí el invierno ha pasado, la lluvia se fue», y Mateo 24:20: «Orad para que vuestra huida no sea
en invierno».
2. CIRCUNSTANCIAS POLÍTICAS.
Las condiciones políticas de un pueblo dejan también una profunda impresión en su literatura
nacional. La Biblia contiene amplias evidencias de esto también, y por lo tanto es muy necesario
que el expositor se informe acerca de la organización política de las naciones que juegan un papel
importante en ella. Su historia nacional, sus relaciones con otras naciones y sus instituciones
políticas, deben ser objeto de un estudio cuidadoso. Una atención particular debe ser dedicada a
los cambios políticos en la vida nacional de Israel.
Únicamente la historia podrá arrojar luz sobre el por qué no le fue permitido a Israel afligir a
los moabitas y amonitas (Dt. 2:9, 19). La posición dependiente de Edom en los días de Salomón y
Josafat, explica cómo es que estos reyes podían construir navíos en Ezión-geber, en la tierra de
Edom (1 R. 9:26; 22:47–48; 1 Cr. 18:13; 2 Cr. 8:17, 18). Pasajes como 2 Reyes 15:19; 16:7; Isaías
20:1, encuentran su explicación en el creciente poder de los asirios y en la expansión gradual de
este imperio, como se ha revelado especialmente por las inscripciones de sus reyes.
Las palabras de Rabsaces en 2 Reyes 18:21 e Isaías 36:6, aclaran el panorama, dado el hecho de
que había un partido egipcio influyente en Judea durante el reinado de Ezequías (Is. 30:1–7).
Para poder interpretar correctamente los escritos post-exílicos deberá tenerse en cuenta el
cambio radical que sufrieron la posición y la constitución política de Israel. Pasajes como Esdras
4:4–6; Nehemías 5:14, 15; Zacarías 7:3–5; 8:19; Malaquías 1:8, sólo pueden ser explicados a la luz
de la historia contemporánea.
Al pasar del Antiguo Testamento al Nuevo, el intérprete encara una situación para la cual no
estaría preparado, a no ser que haya estudiado el período intertestamentario. Encontramos en el
Nuevo Testamento a los romanos como el poder dominante, y que los idumeos gobiernan la
heredad de Jacob. Partidos de los cuales no se oye nada en el Antiguo Testamento ocupan ahora
el lugar central.
Hay un Sanedrín judío que decide sobre asuntos de suma importancia y una clase de escribas
que prácticamente han suplantado a los sacerdotes, como maestros del pueblo. Así que, se
levantan interrogantes de todo tipo. ¿Cómo estaba constituido en aquel tiempo el Estado Judío?
¿Por qué ironía de la historia eran los idumeos los gobernantes del pueblo judío? ¿Qué
limitaciones impuso la soberanía del gobierno de Roma al gobierno judío? ¿Tenían los partidos
existentes algún significado político? y si así era ¿qué es lo que buscaban? Un estudio de la
historia pasada de Israel dará respuesta a estas preguntas. Pasajes como Mateo 2:22–23; 17:24–
27; 22:16–21; 27:2, y Juan 4:9, sólo pueden ser explicados a la luz de la historia.
3. CIRCUNSTANCIAS RELIGIOSAS.
La vida religiosa de Israel no siempre se movió en el mismo plano, no siempre se caracterizó
por una verdadera espiritualidad. Había épocas de elevación espiritual, pero éstas eran pronto
seguidas por períodos de degradación moral y religiosa. Así, las generaciones que sirvieron a
Dios con espíritu humilde y reverente eran sucedidas con frecuencia por adoradores de ídolos, o
por gentes que buscaban satisfacción en un servicio hipócrita de labios.
La historia de la religión de Israel, considerada en su totalidad, revela deterioro más que
progreso; retroceso en vez de evolución.
El período de los jueces fue uno de sincretismo religioso, producto de la unión del servicio a
Jehová con la adoración de los baales cananitas. En los días de Samuel la orden de los profetas
empezó a hacerse sentir y a ejercer una influencia benéfica en la vida espiritual de la nación. El
período de los Reyes se caracterizó en Judá por repetidas épocas de decadencia y
despertamientos.
La adoración en los lugares altos y a veces una flagrante idolatría, era el pecado dominante del
pueblo. Durante el mismo período el pecado típico del Reino del Norte fue la adoración del
becerro de oro, acrecentado en los días de Acab por la adoración de Melqart, el Baal fenicio.
Después del destierro, la idolatría fue rara en Israel; pero su religión degeneró en un frío
formalismo y una ortodoxia muerta.
Estas cosas deben tenerse en cuenta cuando se interprete pasajes que se refieren a la vida
religiosa del pueblo. Además el intérprete debe estar familiarizado con las instituciones
religiosas y con las prácticas de Israel, según las reglas de la Ley Mosaica. Tales pasajes como
Jueces 8:28, 33; 10:6; 17:6, solo podrán entenderse a la luz de la historia contemporánea. En 1
Samuel 2:13–17 el escritor mismo ofrece una explicación histórica de la manera cómo los hijos
de Elí burlaban la ley Mosaica. La pregunta de por qué Jeroboam erigió becerros en Dan y Betel,
sólo podrá responderse históricamente.
Es la historia la que puede contestar la pregunta de por qué los reyes piadosos y los profetas
de Judá estaban constantemente combatiendo la adoración en los lugares altos, mientras que los
profetas de Israel rara vez condenaron esta práctica. Sin el necesario conocimiento histórico, el
expositor encontrará imposible entender la palabra del ángel a Manoa: «El niño será nazareo a
Dios» (Jue. 13:7).
Sólo la historia ayuda a comprender la referencia de Jeremías al valle de Hinom, como «Valle
de la Matanza» (Jer. 19:6; compárese con 7:31–33); la mención de Miqueas de los «Estatutos de
Omri» (Miq. 6:16); la recomendación de Jesús al leproso: «Ve y muéstrate al sacerdote» (Mat.
8:4); su referencia a «los tañedores de flautas y la gente haciendo bullicio» (Mt. 9:23); y el
incidente con los que «vendían bueyes, ovejas y palomas y los cambistas de moneda en el
templo» (Jn. 2:14).
También la historia le facilitará explicar expresiones como: «Somos sepultados juntamente con
él para muerte con el bautismo» (Ro. 6:4); y «nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por
nosotros» (1 Co. 5:7). La gran importancia del conocimiento histórico se revela en pasajes como 1
Corintios 15:29, ya que se refiere a una costumbre de la cual no tenemos ningún conocimiento
cierto.
CUARTO: CIRCUNSTANCIAS PECULIARES A LOS ESCRITOS.
Además de las circunstancias generales de la vida del autor, hay algunas de carácter más
especial que influyeron en sus escritos de un modo directo. La interpretación sólida requiere, por
supuesto, que éstas sean tomadas especialmente en consideración.
1. LOS OYENTES Y LECTORES ORIGINALES.
Para la comprensión correcta de un escrito o discurso es de vital importancia saber a quién fue
escrito o dirigido. Esto se aplica particularmente a aquellos libros de la Biblia que son de carácter
ocasional, tales como los libros proféticos, y las epístolas del Nuevo Testamento. Es del todo
natural que estos escritos se adaptasen a las circunstancias especiales y a las necesidades
particulares del lector o lectores originales.
El escritor por necesidad tuvo que tomar en cuenta el lugar geográfico de los destinatarios, así
como su posición histórica y social, sus relaciones industriales y comerciales, sus ventajas
educacionales y sociales, su carácter moral y religioso, sus idiosincrasias propias, sus prejuicios y
modo de pensar peculiar. El autor dejará ver en su escrito el conocimiento que tiene de estas
cosas. Esto explica en gran parte las típicas diferencias que encontramos entre los evangelios
sinópticos.
La deserción de los gálatas explica la severidad de la epístola que Pablo les escribió. La
abnegada devoción que los filipenses tenían para con el gran apóstol de los gentiles, y la fidelidad
a su doctrina, explica la nota fundamental de gratitud y gozo que caracteriza la carta que
recibieron de parte de Pablo, el prisionero.
La condición de los lectores originales no solamente determina el carácter general del escrito,
sino que explica también muchos de sus detalles particulares. Las divisiones en Corinto dieron
evidentemente ocasión para que Pablo les dijese: «Todo es vuestro, sea Pablo, sea Apolos, sea
Cefas, todo es vuestro; y vosotros de Cristo y Cristo de Dios» (1 Co. 3:20–23). Y donde el apóstol
dice en 1 Corintios 15:32, «Si como hombre batallé contra las fieras», probablemente muestra
que la forma de lucha que esta expresión sugiere era común en Corinto.
La condición especial de la Iglesia de Galacia explica el por qué Pablo, que circuncidó al mismo
Timoteo, les escribe: «He aquí yo Pablo os digo que si os circuncidáis, Cristo no os aprovecha para
nada» (Gá. 5:2). Así como también el por qué escribió a los colosenses, más bien que a otras
iglesias: «En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad» (Col. 2:9). Un conocimiento
íntimo de los lectores originales iluminará a menudo las páginas de un escrito que habla a ellos
de una manera fuerte e inesperada. El mismo principio se aplica a los oyentes de un discurso
incluido en los relatos bíblicos; así que ellos también deben ser objeto de un estudio especial.
2. EL PROPÓSITO DEL AUTOR.
Los escritores de los Libros Sagrados tenían, naturalmente, algún propósito en mente al dar a
luz su producción; y el intérprete debe esforzarse por retener este propósito firmemente en su
memoria en todo tiempo, ya que es natural pensar que la mente del escritor estuvo fija
constantemente en dicho fin, el cual también le guió en la selección de su material y en la
expresión de sus pensamientos.
Por tanto, saber qué se proponía el autor con lo que escribió, no solamente ayudará a
comprender el libro en su totalidad, sino que aclarará los detalles del mismo. Elliott señala con
razón: «El descubrimiento de este objetivo completará las frases abreviadas, arrojará luz sobre
las oscuridades y ayudará a descubrir el verdadero significado cuando existan varias
interpretaciones posibles. Este conocimiento ayudará también a distinguir lo literal de lo
figurado, lo relativo de lo absoluto y los pensamientos principales de los secundarios».
No es siempre fácil determinar el propósito que tiene un escrito. En algunos casos, el
intérprete tendrá que depender de alguna tradición eclesiástica que no siempre es digna de
confianza, por lo que deberá aceptarla con ciertas reservas. En otros casos, el autor mismo
expresa el propósito de su libro, como Salomón en Proverbios 1:2–4; Lucas en 1:1–4; Juan en su
evangelio 20:31 y Apocalipsis 1:1; Pedro en 1 Pedro 5:12.
En otros casos el conocimiento de los lectores originales y las circunstancias en que vivieron,
así como la ocasión que dio lugar a la composición del libro, ayudará a descubrir su propósito,
como es el caso de 1 Corintios, 2 Tesalonicenses y Hebreos. Pero hay también casos en que
solamente la lectura repetida de un libro ayudará a descubrir su objetivo. Ciertas expresiones y
todas las observaciones que se repiten lo pondrán a veces de manifiesto.
La diez veces repetida fraseeleh («estas son las generaciones») de Génesis 2:4, 5:1, 6:9, 10:1,
11:10, 11:27, 25:19, 36:1, 37:2, caracteriza a este libro como el del nacimiento o principio de las
cosas. Las repetidas referencias del Evangelio de Juan al modo como los discípulos fueron
llevados a creer en Cristo, y la incredulidad de otros, señala el objetivo de este Evangelio. (Véase
2:11; 6:64, 68; 7:38; 12:16; 14:1; 16:31; 17:8; 20:29).
El juicio que se anuncia contra los reyes de Israel y Judá al mencionar la muerte de ellos, señala
el hecho de que los libros de los Reyes fueron escritos para hacer patente cuán poco se elevaron
los líderes políticos, y por eso también el pueblo mismo, para alcanzar la altura de la norma
divina.
3. LA EDAD DE SU VIDA, LAS CIRCUNSTANCIAS ESPECIALES, EL ÁNIMO Y FORMA DE PENSAR, QUE TENÍA
EL AUTOR CUANDO ESCRIBIÓ SU OBRA,
Son todas cosas importantes que debemos tener presentes. Mientras que, por un lado,
debemos guardarnos contra los extremos de algunos racionalistas irreverentes, como los que
pretenden que evidentemente Juan escribió su primera epístola cuando era demasiado viejo para
pensar clara y lógicamente, por el otro debemos tener siempre presente que el Espíritu de Dios
empleó a los escritores sagrados de un modo orgánico, y no hizo a un joven escribir como un
viejo, ni a un viejo como a uno que está en los albores de la vida.
Es tan sólo natural que las producciones literarias de aquellos que no habían cruzado todavía
el meridiano de la vida se caracterizaran por su originalidad y virilidad, y que los escritos de
aquellos que ya habían pasado a sus años de declive se caractericen por una visión seria de la
vida, y por su sabiduría experimental. Compárese Gálatas con 2 Timoteo, y compárese los
discursos de Pedro en los Hechos de los Apóstoles con su segunda epístola. Estúdiese también el
discurso de despedida de Moisés (Dt. 31, 32) y las últimas palabras de David (2 S. 23:1–7).
Las circunstancias históricas del autor y su estado de ánimo influencian también a sus escritos.
Esto se aplica, no sólo a los libros de la Biblia, sino a los discursos y alocuciones que ésta registra.
Es imposible interpretar la conmovedora elegía de David con ocasión de la muerte de Saúl y
Jonatán si no es a la luz de una profunda reverencia por el ungido del Señor y su gran amor a
Jonatán (2 S. 1:19–27).
¿Cómo podrá alguien dar una explicación adecuada de las lamentaciones de Jeremías sin estar
familiarizado con la grave situación de la ciudad santa y la aflicción y angustia del desconsolado
profeta? El sentimiento verdadero y la belleza incomparable del Salmo 137 sólo pueden ser
comprendidos por aquel que se da cuenta de la gran devoción que los desterrados piadosos
tenían por la ciudad de Jerusalén (véase también Jn. 14:16; Fil. 1:12–30; 2 Ti. 4:6–18).
Pero al mismo tiempo que el intérprete debe aplicar con todo gusto cualquier conocimiento
histórico que tenga a mano, en su interpretación de la Biblia, debe evitar dejarse llevar en forma
desenfrenada por su imaginación en la exposición de la Escritura. Lo que es puramente fruto de
la imaginación nunca debe ser presentado como verdad histórica.
QUINTO: AYUDAS PARA LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA.
1. INTERNA.
Los principales recursos para la interpretación histórica de la Sagrada Escritura, se hallan en la
Biblia misma. Distintamente de otros escritos, ella contiene la verdad absoluta y, por lo tanto,
merece que prefiramos su información a todo lo que pueda ser recogido de otras fuentes. Esta
observación no es superflua, en vista del hecho de que muchos se inclinan a dar más crédito a las
voces de la vetusta antigüedad, que se han hecho audibles por los recientes descubrimientos
arqueológicos, que a la infalible Palabra de Dios. Pero el expositor de la Biblia, esmerado y
creyente, debe preguntarse ante todo, ¿qué dice la Sagrada Escritura?
En 2 Crónicas 30:1, el rey Ezequías manda a todo Israel y a Judá guardar la Pascua, y si el
intérprete desea más claridad en cuanto a esta fiesta, no debe acudir a Josefo en primer lugar,
sino a pasajes de la Escritura como Éxodo 12:1–21; Levítico 23:4–14; Números 28:16ss.;
Deuteronomio 16:1–8. Según la profecía del ángel a Manoa, Sansón estaba destinado a ser
nazareo.
¿Pero qué era un nazareo? La respuesta a esta pregunta se halla en Números 6. Sofonías
pronuncia su juicio contra «los que juran por Moloc»; 1 Reyes 11:5, 7, 33 hablan de éste como
dios de los amonitas, y Levítico 18:21 y 20:2–5 señalan el hecho de que era adorado con
sacrificios humanos. En el Nuevo Testamento encontramos el partido de los saduceos y esto
suscita la pregunta: ¿qué caracterizaba a tales personas?
Los siguientes pasajes darán, por lo menos, una respuesta parcial a tal pregunta: Mateo 22:23;
Marcos 12:18; Lucas 20:27; Hechos 23:8. Los samaritanos son mencionados repetidamente, y nos
preguntamos otra vez: ¿quiénes eran? El estudio de pasajes como 2 Reyes 17:24–41; Esdras 4, y
Nehemías 4, nos ilustran en cuanto a ello.
2. EXTERNA.
Si el expositor ha agotado los recursos de la Escritura y todavía necesita mayor información,
debe entonces volverse a las fuentes seculares que tiene a su alcance.
A. Las inscripciones o los epígrafes. Éstas son, sin duda, muy importantes. Dan a conocer al
mundo la historia de períodos relativamente desconocidos, y sirven a menudo para
corregir detalles históricos erróneos. De aquí que sería imprudente para el intérprete
desestimar la información que éstas nos proporcionan.
(1) Para el Antiguo Testamento. Las inscripciones cuneiformes poseen la mayor importancia:
los relatos de la creación y el diluvio, las tabletas de Tel-el-Amarna, el Código de
Hammurabi y las inscripciones de los grandes reyes asirios y babilónicos. Sin embargo, no
deben considerarse como absolutamente dignos de confianza desde un punto de vista
histórico. Por ejemplo, existe el consenso general de que los relatos de aquellos reyes son
exagerados, ya que fueron redactados con el propósito de engrandecer y glorificar a tales
monarcas, más bien que dar cuenta de la verdad histórica (véase la bibliografía que aparece
en el apéndice).
(2) Para el Nuevo Testamento. En este caso, las inscripciones en papiros egipcios y en las
ostraca, y en aquellas halladas en el Asia Menor, son de gran significado. Las primeras, sin
embargo, son más bien de valor lingüístico, aunque no están del todo desprovistas de valor
histórico, mientras que las segundas contribuyen, más que al lenguaje, a reconstruir las
condiciones históricas que se refieren al Nuevo Testamento (véase la bibliografía que
aparece en el apéndice).
B. Otros escritos históricos. Entre éstos se hallan las obras de Josefo; sus Antigüedades de los
judíos y Las guerras de los judíos, merecen un lugar de honor. Los primeros diez libros de
Antigüedades tienen muy poco que no se halle asimismo en el Antiguo Testamento. El valor
real de esta gran obra empieza en el libro decimoprimero. Desde este libro en adelante el
autor se refiere a muchas fuentes que no nos son accesibles ahora, tales como Beroso,
Nicolás de Damasco, Alejandro Polyhistor, Menandro y otros.
Es obvio que el valor de esta parte de su obra dependerá de las fuentes que empleó. Es
evidente que las usó más o menos críticamente, pero no es absolutamente cierto que su
evaluación de ellas sea correcta. Josefo ha sido acusado con frecuencia de subjetividad y de
inexactitud histórica. Sin embargo, parece que en su conjunto, su obra es digna de confianza,
aunque se debe admitir que en la parte apologética de la misma adula algo de los judíos.
Su obra, Guerras de los judíos, es considerada digna de confianza y de gran valor. La única
objeción a ella es que sus cifras son, a menudo, exageradas, y exalta con exceso los hechos
heroicos y la magnanimidad de los romanos.
La historia de Heródoto es valiosa para el estudio del período persa, pero según el testimonio
de sus más moderados críticos no es siempre digna de confianza y debe ser usada con
precaución.
Además, el Talmud y los escritos de los rabinos sirven para dilucidar algunas partes históricas
de la Biblia. Lightfoot recogió una importante colección de dichos judíos con referencia a la
Sagrada Escritura en su Horae Hebraicae et Talmudicae.
Es posible que el expositor, al estudiar estas fuentes, descubra ocasionalmente que están en
conflicto con la Biblia, y en tales casos no debe concluir precipitadamente que la Escritura está
equivocada, sino recordar siempre que aunque pueda haber algún error de trascripción, la Biblia
es la infalible Palabra de Dios. Puede ser que nuestras fuentes extrabíblicas no sean dignas de
confianza en aquel punto, o que el conflicto ocurra sencillamente con alguna interpretación
errónea de algún pasaje de la Escritura.
Por consiguiente, doquiera encuentre este aparente conflicto tendrá que investigar la
veracidad de aquellas fuentes seculares; y si encuentra que éstas están fuera de duda, debe
revisar sus puntos de vista exegéticos. Puede encontrarse, sin embargo, con una dificultad
indescifrable: que una fuente aparentemente digna de toda confianza esté en conflicto, no con su
interpretación de la Biblia, sino con la Biblia misma.
En tales casos sólo hay un camino legítimo, atenerse fielmente a la declaración de la Biblia y
esperar con paciencia una mayor aclaración. No es del todo imposible como lo demuestran los
casos de Sargón y Belsasar que una fuente secular que se consideraba digna de toda confianza,
resulte equivocada debido a otros descubrimientos.
LECCIÓN: 15
LA INTERPRETACIÓN TEOLÓGICA
PRIMERO: NOMBRE.
Muchos autores sobre Hermenéutica están convencidos de que la interpretación gramatical e
histórica son suficientes para la debida interpretación de la Biblia. No se percatan del carácter
teológico especial de esta disciplina. Otros, sin embargo, son conscientes de la necesidad de
reconocer un tercer.
Ejercicio: Explíquense históricamente los siguientes pasajes a la luz de las circunstancias
geográficas, políticas y religiosas, o desde el punto de vista del objetivo del libro, su mundo o la
edad y mentalidad de su autor:
Génesis 23:3–16; Deuteronomio 32:11; 1 Samuel 15:2, 3; 2 Samuel 21:1–6; 2 Reyes 17:4;
Esdras 7:21; Nehemías 2:10, 19; Ester 3:8; Salmo 2:6; 9:14; 11:1; 22:16; 29:3–9; 63:1; 99:1;
125:1, 2; Proverbios 29:23; Cantares 4:16; Isaías 3:16; 20:1; Oseas 7:11; 10:5; Joel 1:9; 2:20, 23;
Miqueas 3:5–8; Mateo 1:19; 5:20; 23:37, 38; Lucas 2:1–3; 13:1; Juan 1:21; 1 Corintios 10:21;
Gálatas 3:3; Colosenses 2:16–18; 2 Timoteo 4:6–8. elemento en la interpretación de la Escritura.
Kuyper1 subraya la necesidad de reconocer el factor místico en su interpretación y Bavinck2
insiste en que la Biblia sea leída teológicamente. Klausen y Landerer hablan de la lectura
teológica, y Cellerier y Sikkel se refieren a la interpretación escritural.
Todos ellos concuerdan en el deseo de tratar con justicia el elemento teológico especial de la
Biblia y rehúsan ponerla al nivel de otros libros.
La Escritura contiene mucho que no halla explicación en la historia, ni en los autores
secundarios, sino solamente en Dios como el Auctor Primarius. Las consideraciones puramente
históricas y psicológicas no son suficientes para dar razón de los siguientes hechos:
(1) que la Biblia es la Palabra de Dios;
(2) que constituye un todo orgánico, del cual cada libro es parte integral;
(3) que el Antiguo y el Nuevo Testamento se relacionan el uno al otro como tipo y antitipo,
como profecía y cumplimiento, como semilla y planta desarrollada;
(4) que no sólo las declaraciones explícitas de la Biblia, sino todo lo que pueda ser deducido de
ellas como consecuencia justa y necesaria, constituyen la Palabra de Dios.
Todo esto nos induce a creer que no solamente es perfectamente lícito, sino absolutamente
necesario, complementar la común interpretación gramatical e histórica con un tercer elemento.
El término «interpretación teológica» merece preferencia, porque expresa de una sola vez que
su necesidad se deriva de la autoría de la Biblia, así como la no menos importante consideración
de que en resumidas cuentas, Dios es el más apropiado intérprete de su Palabra. Los siguientes
asuntos merecen consideración:
(1) La interpretación de la Biblia como una unidad;
(2) El sentido místico de la Escritura;
(3) La trascendencia de la Biblia, y:
(4) Ayudas para la interpretación teológica.
SEGUNDO: LA BIBLIA COMO UNA UNIDAD.
1. LA RELACIÓN ENTRE EL ANTIGUO EL NUEVO TESTAMENTO.
En vista de la tendencia actual de poner especial énfasis en la diversidad de los contenidos que
hay en la Biblia, no es superfluo llamar la atención al hecho de que debe ser interpretada como
una unidad. Y la primera cuestión con que tropieza el intérprete es la de la relación del Antiguo
con el Nuevo Testamento. La historia pasada nos revela dos puntos de vista opuestos que se han
manifestado repetidamente en diversas formas.
Por un lado, está el error antinómico de atribuir al judaísmo demasiados elementos carnales; y
por otro lado está la falacia nomista de imponer al cristianismo demasiados elementos judíos. El
primero eleva el cristianismo a expensas de la religión judía, a la cual se le atribuye un carácter
puramente nacional, externo y temporal; y al hacerlo así, se fomenta la idea de que el Antiguo
Testamento no tiene validez permanente. El segundo punto de vista no es menos peligroso, ya
que conceptúa el Nuevo Testamento como una novalex , es decir, algo semejante al Antiguo
Testamento en un nuevo orden. Con el transcurso del tiempo, este concepto produjo la
institución de un sacerdocio aparte, la construcción de altares en los que nuevamente se
instituyeron sacrificios, y la consagración de fechas y lugares.
En oposición a estos puntos de vista exagerados, es necesario hacer énfasis en la unidad de la
Biblia. Ambos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, forman partes esenciales de la revelación
especial de Dios. Dios es el autor de ambos, y en ambos tiene el mismo propósito esencial. Ambos
contienen la misma doctrina de la redención, predican al mismo Cristo e imponen a los hombres
los mismos deberes morales y religiosos. Al mismo tiempo hay que tener en cuenta que la
revelación que contienen es progresiva y gradualmente aumenta en detalle, claridad y
entendimiento espiritual. Así como el Nuevo
Testamento se halla implícito en el Antiguo, el Antiguo se halla explícito en el Nuevo. Por tanto,
diremos que:
A. EL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO CONSTITUYEN UNA UNIDAD.
(1) La doctrina de la redención fue esencialmente la misma para los que vivieron bajo el
antiguo Pacto como para la iglesia del Nuevo Testamento.
Algunas veces esto lo olvidan aquellos que, aunque reconocen el elemento típico del Antiguo
Testamento, pierden de vista el carácter simbólico de muchas de sus instituciones y ceremonias.
Éstos ven en las instituciones, ritos y ordenanzas ceremoniales del Antiguo Testamento, tan sólo
formas externas, sin ningún significado espiritual; es decir, actos rituales de una religión
atrasada, de poco o ningún provecho; cuando de hecho, tales ceremonias eran símbolos de
verdades espirituales.
Los sacrificios que se ofrecían en el Antiguo Testamento hablaban del perdón de los pecados
sobre la base de la sangre redentora de Cristo, y los repetidos lavamientos simbolizaban la
influencia purificadora del Espíritu Santo. El Tabernáculo, en su conjunto, fue una revelación del
modo de acercarse a Dios, y la misma tierra de Canaán constituye un símbolo del reposo que
queda para el pueblo de Dios. Los siguientes pasajes demuestran que los israelitas tenían ya
algún concepto del significado espiritual de sus ritos y ceremonias: Levítico 26:41; 20:25 y 26;
Salmo 26:6; 51:7, 16, 17; Isaías 1:16.
(2) Los verdaderos israelitas del Antiguo Testamento, así como los del Nuevo, no son los
descendientes naturales de Abraham, sino solo los que comparten la fe de éste. En la
elección de Israel, Dios no tuvo como último propósito el de separar a Israel como nación,
sino la formación de un pueblo espiritual formado principalmente por la raza escogida,
pero también en parte por las naciones circundantes.
Desde los primeros tiempos, ya se incorporaban prosélitos al pueblo israelita. Salomón,
en su oración dedicatoria, no olvidó a los extranjeros que pudieran venir a adorar en el
templo (1 R. 8:41ss.) y los profetas miraban con gozosa expectación a los tiempos cuando
los gentiles traerían también consigo sus tesoros al templo del Señor.
(3) Las diferencias entre los privilegios y deberes del pueblo de Dios en el Antiguo y Nuevo
Testamento eran tan solo relativas y no absolutas. Es verdad que ocasionalmente la Biblia
contrasta ambos Testamentos. Esto es posible por el hecho de que el uno enfatiza la Ley y el
otro la gracia. Sin embargo, no hay una antítesis absoluta entre ambos. Aun en el Antiguo
Testamento, la Ley se sometía al pacto de la gracia; no era una regla puramente externa; el
israelita piadoso la tenía escrita en las tablas de su corazón (Sal. 37:31; 40:8).
Los antiguos no se salvaron de ninguna otra forma que no sea la de los creyentes del
Nuevo Testamento. Necesitaron el mismo Mediador y el mismo Espíritu Santo, y recibieron
las mismas bendiciones del pacto de gracia; aunque no tan abundantemente, ni
exactamente de la misma manera. El Antiguo y el Nuevo Testamento están relacionados el
uno al otro, no meramente como tipo y antitipo, sino también como el capullo y la flor; es
decir, como una revelación más incipiente y la misma revelación desarrollada y completa.
(4) Las ordenanzas del Antiguo y el Nuevo Pacto se distinguen tan sólo por diferencias
relativas, como corresponde, naturalmente, al cambio de la economía divina, a la condición
espiritual de sus seguidores. En el Antiguo Testamento, la circuncisión, la pascua, los
sacrificios y purificaciones, no eran instituciones simplemente carnales, ni tan solo sombras
de una realidad futura; sino que obraban también en la conciencia y para ser aceptables se
requería fe por parte del que adoraba. Es muy cierto que, como dice la epístola a los
Hebreos: «No podían realizar un servicio perfecto en lo que a la conciencia se refiere» (Heb.
9:9); pero esto no implica que fueran simples purificaciones de la carne.
Tales purificaciones no habrían podido significar nada para una persona culpable de fraude,
opresión, engaño o falso juramento. Sin embargo, se podía obtener perdón por tales pecados por
medio de los sacrificios asignados. Por tanto, aquellos ritos tenían significado espiritual, como lo
tiene para nosotros hoy día el bautismo y la Cena del Señor en la nueva dispensación, pero por
supuesto sólo en relación con el perfecto sacrificio de Jesucristo que había de venir.
B. PARA INTERPRETAR EL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO EN SU MUTUA RELACIÓN, EL INTÉRPRETE
DEBE SER GUIADO POR FACTORES CLAROS.
(1) El Antiguo Testamento ofrece la clave para interpretar correctamente el Nuevo. El
contenido del Nuevo Testamento es ya el fruto de un largo desarrollo previo. El Antiguo
Testamento contiene, por ejemplo, el relato de la Creación y de la caída del hombre, del
establecimiento del pacto de gracia y ciertos vislumbres del Redentor que había de venir.
Todo esto se da por sentado en el Nuevo Testamento, y el conocimiento de ello es
prerrequisito para poder comprenderlo adecuadamente. Además, el Antiguo Testamento
contiene mucho que sirve para ilustrar los pasajes del Nuevo. (Véase Jn. 3:14, 15; Ro. 4:9–
13; Heb. 13:10–13.)
(2) El Nuevo Testamento es un comentario del Antiguo. Mientras que el Antiguo Testamento
contiene una representación oscura de las realidades espirituales, el Nuevo las presenta en
la luz perfecta del cumplimiento del tiempo. El primero contiene el tipo, el segundo el
antitipo; el uno la profecía, el otro su cumplimiento. La más perfecta revelación del Nuevo
Testamento ilumina las páginas del Antiguo.
Algunas veces los escritores del Nuevo Testamento nos proveen explícitas y
sorprendentes explicaciones de pasajes del Antiguo Testamento, revelando profundidades
que fácilmente habrían escapado al intérprete actual. (Véase Hch. 2:29–31; Mt. 11:10;
21:42; Gá. 4:22–31; y toda la Epístola a los Hebreos.)
(3) Por un lado, el intérprete debe abstenerse de minimizar el valor del Antiguo Testamento.
Éste fue el error de los que tuvieron un concepto demasiado carnal de Israel y sus
instituciones religiosas y de los privilegios y deberes del pueblo de Dios en el Antiguo
Testamento. Al presente, es el error de muchos que tratan al Antiguo Testamento
simplemente como fruto de un desarrollo histórico natural; y en algunos casos, declaran
osadamente que ya ha cumplido su momento en la historia ahora que estamos en posesión
del Nuevo Testamento.
(4) Por el otro lado, debe evitar el error de encontrar demasiado en el Antiguo Testamento.
Esto ocurre, por ejemplo, cuando se trata de descubrir en las páginas del Antiguo
Testamento los detalles que el Nuevo nos revela acerca de la obra de redención. Muchos
intérpretes, por ejemplo, hallan en Génesis 3:15 la promesa de un Redentor personal. La
gran interrogante para el exégeta es saber cuánto reveló Dios efectivamente en cualquier
pasaje particular del Antiguo Testamento. Esto se puede determinar solamente por medio
de un concienzudo estudio del pasaje en cuestión, en su propio contexto, y en relación con
la etapa exacta de la revelación progresiva de Dios a la cual dicho pasaje pertenece.
2. LA IMPORTANCIA DE LOS DISTINCTOS LIBROS DE LA BIBLIA DENTRO DEL CONTEXTO ORGÁNICO DE LA
ESCRITURA.
A. CONSIDERACIONES GENERALES.
La Palabra de Dios es un producto orgánico, y por consiguiente los distintos libros que la
constituyen se relacionan orgánicamente el uno al otro. El Espíritu Santo dirigía a los autores
humanos de tal manera que, cuando escribieron los libros de la Biblia, sus producciones se
complementaban mutuamente. Mantienen una unidad en el relato de la obra que Dios, según su
plan divino, llevó a cabo en Cristo para redimir un pueblo que le glorificara por la eternidad.
El Antiguo Testamento revela esta obra, ante todo históricamente, en la formación y dirección
de Israel como nación. Los libros poéticos y la literatura sapiencial manifiestan el fruto de esta
obra en la experiencia espiritual y práctica de la vida del pueblo de Dios. Los profetas la
consideran a la luz del eterno propósito divino, haciendo énfasis en el fracaso del pueblo
escogido para vivir según los requerimientos divinos, y dirigen la esperanza de los píos hacia el
futuro. Una línea similar de desarrollo se observa a través del Nuevo Testamento.
Los Evangelios y los Hechos contienen la historia de la obra redentora de Cristo. Las epístolas
revelan el efecto logrado en la vida y experiencia de las iglesias. Y el Apocalipsis descubre su
apoteosis final con rayos de celeste luz.
B. EJEMPLOS ESPECÍFICOS.
Estas observaciones generales nos conducen a la pregunta: ¿cómo se relaciona cada libro con
la Biblia como un todo? La respuesta a esta pregunta sólo puede ser hallada por medio de un
estudio cuidadoso de los libros en relación con las ideas principales de la Escritura. El intérprete
debe procurar descubrir, no solamente el mensaje que contiene cada libro para sus
contemporáneos, sino también su valor permanente, o sea, qué mensaje de Dios trae para las
generaciones siguientes.
Como vía de ilustración sugeriremos algunas ideas principales de algunos libros de la Biblia. El
Génesis habla a todas las épocas, hasta el fin de los tiempos, de la creación del hombre a la
imagen de Dios; de la entrada del pecado en el mundo; y de la revelación inicial de Dios acerca de
su gracia redentora. El Éxodo da a conocer a las generaciones futuras la doctrina de la liberación
por la sangre redentora; asimismo el Levítico nos enseña cómo el hombre pecador puede
acercarse a Dios y permanecer en su santa presencia.
El libro de Números describe la peregrinación del pueblo de Dios sobre la tierra y el
Deuteronomio nos señala las bendiciones que acompañan a una vida de obediencia a Dios, así
como la maldición que caerá sobre el impío. El libro de Job nos ofrece solución al problema del
sufrimiento en la vida del pueblo de Dios, y los Salmos proveen una visión de las experiencias
espirituales del mismo pueblo que teme al Señor; sus luchas y triunfos, gozos y tristezas.
Mientras que Isaías describe el amor de Dios para su pueblo, Jeremías nos ofrece una revelación
de su justicia.
Ezequiel enfatiza la santidad del Señor, que santifica su nombre entre las naciones; Daniel
revela la gloria de Dios como el Soberano Supremo sobre todos los reyes de la tierra. En la
epístola a los Gálatas, Pablo defiende la libertad del pueblo de Dios con respecto al
ceremonialismo del Antiguo Testamento. Mientras que en su carta a los Efesios llama la atención
a la unidad de la Iglesia, en la de Colosenses magnifica a Cristo como cabeza de la misma.
Si el intérprete estudia los libros de la Biblia con tales ideas en su mente, le ayudará en gran
manera a ver, por ejemplo, que Pablo y Santiago no enseñan doctrinas contradictorias, sino
puntos de vista diferentes de la misma verdad, y, por tanto, se complementan mutuamente.
TERCERO: EL SENTIDO MÍSTICO DE LA ESCRITURA.
El estudio del sentido místico de la Escritura no ha sido tratado siempre con la necesaria
precaución. Algunos expositores han defendido la posición insostenible de que cada parte de la
Biblia tiene, además de su sentido literal, también un sentido místico. Otros han ido al extremo
opuesto, negando la existencia de cualquier sentido místico.
Los eruditos más cuidadosos han preferido, sin embargo, tomar el término medio de que,
ciertas partes de la Escritura tienen un sentido místico, el cual en estos casos constituye, no un
segundo, sino el sentido real de la Palabra de Dios. La necesidad de reconocer el sentido místico
se vuelve totalmente evidente cuando uno se percata de cómo el Nuevo Testamento interpreta
con frecuencia al Antiguo.
1. REGLAS PARA DESCUBRIR EL SENTIDO MÍSTICO.
El Dr. Kuyper dice que el intérprete, en su esfuerzo por descubrir el sentido místico, debe tener
en cuenta lo siguiente:
A. La Escritura misma contiene indicaciones de un sentido místico. Por ejemplo, es bien
conocido que el Nuevo Testamento interpreta varios pasajes del Antiguo Testamento en un
sentido mesiánico, y al hacerlo así, no solamente sugiere el sentido místico en aquellos
pasajes particulares, sino que nos induce a interpretar del mismo modo los pasajes
relacionados con aquéllos.
B. Existe una relación simbólica entre las diversas esferas de la vida en virtud del hecho de que
toda la vida se relaciona orgánicamente. El mundo natural se relaciona simbólicamente con
el mundo espiritual: la vida presente si relaciona con las glorias encubiertas que han de
venir. Por ello, Pablo en Efesios 5 señala el matrimonio como un misterio que se refiere a la
relación mutua entre Cristo y la Iglesia.
C. La Historia se caracteriza por una unidad como si fuera un diorama, en virtud de la cual
sucesos análogos se repiten y reaparecen, aunque con modificaciones, y estas repeticiones
se relacionan más o menos típicamente. Israel era un pueblo típico y la historia de este
antiguo pueblo abunda en elementos típicos. Esto se prueba claramente por muchos pasajes
del Antiguo Testamento citados en el Nuevo, por ejemplo, Gálatas 4:22–31, y por toda la
epístola a los Hebreos.
D. En la poesía lírica se revela una estrecha conexión entre la vida individual y la comunitaria.
En los Salmos, los poetas sagrados no cantan como individuos, sino como miembros de la
comunidad. Comparten las penas y alegrías del pueblo de Dios, las que en última instancia
son las penas y alegrías de Aquel en quien la Iglesia halla su lazo de unión. Esto es evidente
en los Salmos, en los cuales oímos, alternativamente, al poeta, a la comunidad y al Mesías.
2. EXTENSIÓN DEL SENTIDO MÍSTICO.
El sentido místico de la Biblia no se limita a ningún libro, ni a ninguna de las formas
fundamentales de la revelación de Dios, como, por ejemplo, la profecía. Se halla en diversos
escritos bíblicos; en los históricos y poéticos, así como en los proféticos.
Su carácter se puede resaltar mejor por medio de una breve exposición de los siguientes
puntos:
(1) La interpretación simbólica y típica de la Escritura;
(2) La interpretación de la profecía;
(3) La interpretación de los Salmos.
CUARTO: LA INTERPRETACIÓN SIMBÓLICA Y TÍPICA DE LA ESCRITURA.
Dios se reveló a sí mismo, no solamente por palabras, sino también por hechos. Ambas cosas
van juntas y se complementan mutuamente. Las palabras explican los hechos, y los hechos
proveen una corporeidad concreta a las palabras. La síntesis perfecta de las dos cosas se
encuentra en Cristo, pues él es la Palabra hecha carne. Todos los hechos de la historia de la
redención que nos relata la Biblia se centran en este hecho supremo.
Las diversas líneas de la revelación del Antiguo Testamento convergen hacia él y las del Nuevo
irradian de él. Los relatos de la Escritura encuentran su explicación solamente en su centro
unificador, esto es, Jesucristo. El intérprete las entenderá debidamente tan sólo en la medida que
discierna la conexión de éstas con el gran hecho central de la historia sagrada.
De lo anterior se deduce que el intérprete no debe sentirse satisfecho de llegar sencillamente a
conocer las narrativas de la Escritura como tal, sino que debe descubrir el significado subyacente
de hechos tales como: el llamamiento de Abraham; la lucha de Jacob; la liberación de Israel de
Egipto; la profunda humillación de David antes de ascender al trono. Debe hacerse plena justicia
al carácter simbólico y típico de la historia de Israel.
En la interpretación de los milagros bíblicos, no debe olvidarse que están íntimamente
relacionados con la obra de redención. En algunos casos simbolizan la obra redentora de Cristo;
en otros figuran las bendiciones de la edad futura. En resumidas palabras, el intérprete debe
determinar el significado de los hechos de la historia como una parte de la revelación del plan
redentor de Dios.
1. LOS HECHOS PUEDEN TENER UN SIGNIFICADO SIMBÓLICO.
Los hechos o acontecimientos históricos pueden servir como símbolo de verdades espirituales.
Un símbolo no es una imagen, sino una señal de otra cosa. Y, en muchos casos, esto es lo que son
las narraciones de la Escritura. Un par de ejemplos pueden ilustrar esta afirmación. Veamos la
lucha de Jacob explicada en Génesis 32:24–32 y su referencia en Oseas 12:2–4. ¿Cuál es el
significado de este incidente?
No puede comprenderse hasta ser considerado como un símbolo del hecho que Jacob, aunque
heredero de las promesas de Dios, había estado luchando contra Dios y buscando obtener éxitos
con su propia fuerza y artificios. Hasta entonces no había aprendido que sus artimañas en la
carrera de la vida y su resistencia a cumplir la voluntad de Dios, eran fútiles, y que tenía que
recurrir al uso de armas espirituales, particularmente la oración, a fin de obtener la bendición de
Jehová. Su propia fuerza tenía que ser quebrantada para que el poder de Dios pudiera
manifestarse en él.
O bien, pensemos en uno de los milagros del Salvador. Según Juan 6:1–13, Jesús alimentó
milagrosamente a una multitud de más de 5.000 personas. Considerar este milagro, simplemente,
como una demostración de la omnipotencia del Señor es perder de vista su significado, como
hicieron muchos de los judíos de su tiempo. Ellos perdieron de vista el hecho de que era un
símbolo que les revelaba la suficiencia de Jesús como pan del cielo para satisfacer las almas
hambrientas de los hombres. En el discurso de Capernaum al día siguiente, Cristo mismo les
muestra claramente el significado de este milagro.
Los milagros de la Escritura son también a menudo, símbolos de verdades espirituales. La
misma palabra griega semeia señala esto, y algunos de los pasajes del Evangelio lo indican
claramente. Véase Juan 9:1–7; especialmente el versículo 5; y 11:17–44, en especial los versículos
25, 26.
2. LOS HECHOS PUEDEN TENER UN SIGNIFICADO TÍPICO.
Abraham realizó un hecho típico cuando ofreció a su único hijo en el monte Moriah; y David, el
calidad de rey teocrático, fue claramente un tipo de su gran Hijo. La serpiente levantada en el
desierto señalaba el futuro levantamiento de Cristo sobre la cruz; y el sumo sacerdote que
entraba en el lugar santísimo del santuario para hacer expiación, una vez al año, por los pecados
del pueblo, prefiguraba a Aquel que en la plenitud de los tiempos entró en el Santuario Celestial
con su propia sangre, para ofrecer eterna redención.
En relación con los tipos, los cuales ocupan un lugar importante en la Biblia, surgen las
siguientes preguntas:
(A) ¿Qué es un tipo?, y:
(B) ¿Qué reglas se aplican para su interpretación?
A. Características de los tipos. ¿Qué es un tipo? La respuesta correcta a esta pregunta nos
evitará cometer el doble error de limitar demasiado el elemento típico, y del otro lado, de
ampliarlo excesivamente. La palabra tipo (del griego tupos, y ésta del verbo tupto) indica:
(1) La marca que deja un golpe;
(2) La impresión hecha con un sello, esto es, una figura o imagen; y:
(3) un ejemplo o patrón, que es el significado más común en la Biblia.
Ambos, tipos y símbolos, apuntan fuera de sí mismos, a otra cosa. Pero difieren en puntos
importantes. Un símbolo es una señal, mientras que un tipo es un patrón o imagen de alguna otra
cosa. Un símbolo puede referirse a algo en el pasado, el presente o el futuro; un tipo siempre
prefigura alguna realidad futura. Como dice Davidson: «Un símbolo es un hecho que enseña
alguna verdad moral; un tipo enseña y predice la realización de una verdad moral».
Los tipos escriturales no son todos de una sola clase. Hay personas típicas, lugares típicos,
cosas típicas, ritos típicos y hechos típicos. Según Terry, la idea fundamental es la de: «una
relación predestinada y representativa que ciertas personas, sucesos o instituciones del Antiguo
Testamento, tienen con personas, sucesos e instituciones del Nuevo».
Generalmente los escritores sobre tipología dan tres características:
(1) Debe haber algún punto notable y real de parecido entre el tipo y su antitipo. Cualesquiera
que sean las diferencias existentes entre ambos, el primero debe ser un retrato verdadero
del segundo en algún punto particular.
(2) El tipo deberá haber sido elegido por orden divino para poseer el parecido con el antitipo.
Semejanzas accidentales entre personas del Antiguo y del Nuevo Testamento, no
constituyen, precisamente, un tipo la una de la otra. Debe haber alguna evidencia escritural
de que tal fue el propósito designado por Dios. Esto no equivale a la postura de Marsh, que
insistió en que nada debe ser considerado como tipo si el Nuevo Testamento no lo declara
explícitamente. Si esta afirmación fuese correcta, ¿por qué no aplicarla también a las
profecías del Antiguo Testamento?
(3) Un tipo siempre debe prefigurar algo futuro. Moorehead dice correctamente: «Un tipo
escritural y una profecía de predicción son en esencia lo mismo, difiriendo solamente en la
forma».5 Esto lo distingue de un símbolo. Es útil tener en mente, sin embargo, que los tipos
del Antiguo Testamento fueron al mismo tiempo símbolos que trajeron verdades
espirituales a sus contemporáneos. Por esto, su significado simbólico debe ser
comprendido antes que pueda determinarse su significado típico.
B. Interpretación de los tipos. En la interpretación de los símbolos y tipos, se aplican las
mismas reglas generales que gobiernan la interpretación de las parábolas. De ahí que
podamos referirnos a éstas. Pero hay ciertas consideraciones especiales que deben ser
tenidas en cuenta aquí.
(1) El intérprete debe precaverse contra el error de considerar una cosa que en sí misma es
mala como tipo de otra que es buena y pura. Debe haber congruidad entre ambas, Ofende
nuestro sentido moral, por ejemplo, aplicar a los vestidos de Jacob, con los que Esaú se
revistió para engañar a su padre y recibir su bendición, el tipo representativo de la justicia
de Cristo con la cual los creyentes somos revestidos para recibir las bendiciones del
Evangelio. Por supuesto que hay tipos in malam partem de antitipos similares. Véase
Gálatas 4:22–31.
(2) Los tipos del Antiguo Testamento, fueron al mismo tiempo símbolos y tipos, por ser, ante
todo, símbolos expresivos de verdades espirituales. La verdad representada en estos
símbolos para los contemporáneos fue la misma que la que prefiguraban con respecto a sus
tipos, aunque en su realización futura esta verdad fue elevada a un más alto nivel. De ahí
que el medio propio para entender un tipo, consiste en el estudio del símbolo.
La primera cuestión que debe determinarse es cuál es la verdad espiritual o moral que los
tipos del Antiguo Testamento comunicaban a los israelitas. Sólo después de haber respondido
satisfactoriamente a esta pregunta, deberá el expositor buscar su más alto significado en el plano
superior del Nuevo Testamento. De este modo, los límites propios de la interpretación de un tipo
quedarán fijados desde el principio. Invertir el proceso, comenzando por su realización en el
Nuevo Testamento, conduce a toda clase de interpretaciones arbitrarias y caprichosas.
Por ejemplo, algunos intérpretes han encontrado en el hecho de que la serpiente levantada en
el desierto fuera hecha de metal inferior y no de oro, una figura de la humillación y pobre
apariencia de Cristo; en su solidez, un símbolo de poder divino; y en el apagado lustre del bronce,
una figura del velo de su naturaleza humana.
(3) Pero habiendo determinado, por el estudio de su significado simbólico, los límites
apropiados de los tipos y la verdad exacta que estos comunicaban al pueblo de Dios en el
Antiguo Testamento, el intérprete deberá volverse al Nuevo Testamento para ilustrarse
sobre la verdad así tipificada. Es evidente que los tipos representan la verdad en forma
encubierta, y las realidades del Nuevo Testamento disipan estas sombras y presentan la
misma verdad en su máximo fulgor. Del mismo modo que las profecías no pueden ser
plenamente entendidas, sino a la luz de su cumplimiento, así ocurre también con los tipos.
Obsérvese cuánta luz la epístola de los Hebreos arroja sobre las verdades espirituales que
encierran el Tabernáculo y su mobiliario.
(4) Hay un principio fundamental que afirma que aquellos tipos que no sean de una naturaleza
compleja, solamente tienen un significado esencial. De aquí que el intérprete no está en
libertad de multiplicar el significado, y de considerar, por ejemplo, el paso del Mar Rojo
como un tipo del bautismo (1 Co. 10), un tipo también de
(A) la sangre redentora de Cristo, que nos ofrece un camino a la Canaán Celestial, y
(B) las tribulaciones a través de las cuales Cristo conduce a su pueblo a su eterno reposo.
Al mismo tiempo debemos tener en cuenta que algunos tipos pueden tener más de un
cumplimiento en las realidades del Nuevo Testamento. Por ejemplo, uno en Cristo y otro en el
pueblo conectado orgánicamente con él. El Tabernáculo de Dios entre los israelitas era tipo de su
morada entre los hombres en Cristo y de su habitación en la congregación de sus santos. Las dos
ideas son fundamentalmente una, y, por lo tanto, se hallan alineadas la una con la otra.
(5) Finalmente, Es Necesario Poner La Debida Atención A La Diferencia Entre Tipo Y Antitipo.
El Primero Representa La Verdad A Un Nivel Más Bajo; El Segundo La Misma Verdad A Un
Nivel Más Alto. Pasar Del Tipo Al Antitipo, Es Ascender, De Aquello En Lo Cual Prepondera
El Elemento Carnal, A Lo Que Es Puramente Espiritual, Es Decir, De Lo Externo A Lo
Interno, De Lo Presente A Lo Futuro, De Lo Terreno A Lo Celestial.
Roma pierde de vista este principio cuando afirma que los sacrificios veterotestamentarios
eran tipo de la misa, que el sacerdocio del Antiguo Testamento era tipo de la sucesión apostólica
de sacerdotes y obispos, y que el sumo sacerdote era tipo del Papa.6
QUINTO: LA INTERPRETACIÓN DE LA PROFECÍA.
Cuando se estudia profecía, el expositor encontrará algunos de los más difíciles problemas de
interpretación. Estos proceden, en parte, del carácter de la profecía como tal, y en parte, de la
forma en que ésta es a menudo moldeada. Hay dos puntos de vista opuestos en cuanto a la
profecía, que se deben evitar con mucho cuidado. Uno de ellos es el que Butler promueve y el que
muchas sectas de nuestros días siguen, a saber, que «la profecía no es sino la historia de sucesos
antes que éstos ocurran».
Según este punto de vista, la profecía debe ser estudiada como Historia Sagrada y tiene que
esperarse confiadamente un cumplimiento literal de la misma. El otro punto de vista es el de
muchos racionalistas, los cuales afirman que la profecía no es más que el fruto de una intuición o
adivinación que a menudo caracteriza a los grandes hombres de Estado. Los liberales extremistas
llegan hasta a negar la existencia de tal profecía y consideran los casos más evidentes como
vaticinia post eventum (predicciones hechas después de ocurridos los eventos). La profecía
puede ser definida simplemente.
En la edición inglesa, después de este párrafo, el autor ofrece un ejercicio de investigación
teológica. Hemos incluido una adaptación de dicho ejercicio para propósitos de referencia.
Ejercicio: Determine el significado simbólico de las siguientes cosas: La columna de nube y fuego
(Éx. 13:21).
La historia de la incredulidad y rechazo de Israel en Cades-Barnea (Nm. 14). El paso del Jordán
(Jos. 3). La resurrección de los huesos secos (Ez. 37:1–14). El matrimonio de Oseas (Os. 1). Josué
vestido con vestimentas viles (Zac. 3). La limpieza del Templo (Jn. 2:13–25). La curación del ciego
de nacimiento (Jn. 9). La resurrección de Lázaro (Jn. 11). El don de lenguas (Hch. 2).
Determine el significado típico de lo siguiente: La Pascua; el Tabernáculo; el altar de los
sacrificios; el candelero de oro; el Sumo sacerdocio; el sábado; la ceremonia especial del día de la
Expiación; Moisés; Josué; David; Salomón como la proclamación de aquello que Dios ha revelado.
El profeta recibió una revelación especial de Dios, y a su vez la transfirió al pueblo. Estas
revelaciones sirvieron para explicar el pasado, dilucidar el presente y descubrir el futuro. Su
interés está siempre centrado en el reino de Dios o la obra redentora de Cristo.
Los profetas recibieron discernimiento de los secretos divinos por medio de sueños, visiones,
sugestiones internas o comunicaciones orales; y transmitieron su mensaje al pueblo por simples
declaraciones o descripciones de sus sueños o visiones, o por actos simbólicos. Dos puntos
merecen especial consideración:
(1) Las características especiales de la profecía, y:
(2) Reglas para la interpretación de la profecía.
1. CARACTERÍSTICAS ESPECIALES DE LA PROFECÍA.
Las peculiaridades más importantes que el intérprete debe tener en mente, son:
A. La profecía, como un todo, posee un carácter orgánico. Es tan absurdo negar el elemento de
predicción en la profecía como considerarlo llanamente una colección de predicciones
aforísticas. Los profetas no siempre predijeron hechos particulares, sino que a menudo
promulgaron ideas generales que se realizaron gradualmente. Algunas de las profecías más
importantes fueron expresadas primero en términos generales, pero en el curso de la
revelación progresiva de Dios, aumentó su precisión y particularidad, como notamos en el
caso de las profecías mesiánicas. Más todas ellas son una sola cosa, formando como un
capullo que se abre gradualmente hasta convertirse en bella flor.
B. La profecía está íntimamente relacionada con la historia. A fin de entender la profecía, ésta
debe ser vista a la luz de su contexto histórico. Los profetas tuvieron, ante todo, un mensaje
para sus contemporáneos; fueron los vigías para guiar los destinos de su patria y guardarla
contra los peligros de la apostasía. Es un error, en el que se ha incurrido con frecuencia en el
pasado, mirar a los profetas como personalidades abstractas, que no tenían un contacto vivo
con la gente que les rodeaba; pero al presente el péndulo parece haberse ido al otro
extremo, y es necesario advertir a los intérpretes contra la idea de que la historia de su
época lo explica todo en cuanto a las profecías. El antiguo vidente a menudo expresó
verdades históricas que trascienden los límites de la historia conocida.
C. La profecía tiene su propia perspectiva peculiar. El elemento del tiempo es una cosa que
apenas cuenta en los profetas. Aunque no faltan algunas designaciones de tiempo en las
profecías, su número es excepcionalmente pequeño. Los profetas comprimieron grandes
sucesos en un breve espacio de tiempo. Unieron movimientos trascendentales en un sentido
temporal y los colocaron en una sola perspectiva. A esto se llama «perspectiva profética», o
como lo denomina Delitzsch: «la visión abreviada del horizonte del profeta». Esto significa
que ellos vieron el futuro como el viajero que mira una cadena de montañas, creyendo que la
cima de una montaña se yergue inmediatamente detrás de otra, cuando en realidad están
separadas por muchos kilómetros. Véase, por ejemplo, las profecías sobre el Día del Señor y
las dos venidas de Cristo.
D. Las profecías son a menudo condicionales, es decir, su cumplimiento en muchos casos
depende de las acciones de los hombres. Algunos eruditos creen que todas las profecías
tienen este carácter condicional, y usan esto para explicar porqué no se han cumplido
muchas profecías; pero esto es una opinión equivocada. Este carácter condicional sólo puede
ser atribuido a aquellas profecías que se refieren al futuro próximo, por lo que podían estar
condicionadas a las acciones libres de los contemporáneos del profeta. Pero es propio de la
naturaleza del caso que las profecías que se refieren a un futuro distante no estén
condicionadas de ese modo. También debe tenerse en cuenta que una profecía puede ser
condicional aunque tal condición no se exprese. (Véase Jer. 26:17–19; 1 R. 21:17– 29; Jon.
3:4, 10.)
E. Aunque los profetas a menudo se expresan simbólicamente, es erróneo considerar siempre
su lenguaje como simbólico. Ellos no compusieron una especie de alfabeto simbólico para
recurrir constantemente a él en la expresión de sus pensamientos, como algunos expositores
proféticos parecen hoy día atribuirles. Hasta el mismo P. Fairbairn yerra al decir que: «en las
profecías del Antiguo Testamento y en el libro del Apocalipsis, es común que las naciones
representen reinos del mundo; y las estrellas representen gobernantes; el mar embravecido,
naciones en tumulto; los árboles simbolicen los más altos sectores de la sociedad y la hierba
los más bajos; las corrientes de agua simbolicen vida y refrigerio, etc.».
Es más prudente seguir la postura de Davidson, que dice: «Cuando Joel habla de langostas, se
refiere a estas criaturas; cuando habla del sol, la luna o las estrellas, se refiere a tales cuerpos
celestiales; cuando dice: «las bestias del campo bramarán también», se refiere a tales bestias, y no
como piensa Hengstenberg, que son naciones paganas fuera del pacto».8 Cuando los profetas se
expresan simbólicamente, por lo general, el contexto lo indica. Algunas veces esto se expresa con
claridad, como en el caso de Daniel 8 y Apocalipsis 17. Pero por regla general, el lenguaje de los
profetas debe entenderse literalmente. Las excepciones a esta regla deben poseer el apoyo de la
propia Escritura.
f. Los profetas recubrieron sus pensamientos con formas derivadas de la época a la cual
pertenecían, esto es, de la vida, constitución e historia de su propio pueblo. En vista de este
hecho, surge naturalmente la pregunta de si dicha forma era esencial, de tal manera que la
profecía estuviese destinada a cumplirse exactamente tal como fue predicha. Aun cuando es
natural que las profecías que se referían a un futuro inmediato se cumplieran con todos sus
detalles, no es de ninguna manera evidente que así debiera ocurrir con las profecías cuyo
cumplimiento debía tener lugar en una dispensación futura.
Es necesario suponer que, habiendo las formas de vida experimentado cambios radicales, ya
no podremos esperar otro cumplimiento que no sea el de la idea central. De hecho, el Nuevo
Testamento prueba claramente que no debemos esperar siempre y en todo caso un
cumplimiento literal, y que en algunas profecías importantes debemos descartar la forma de la
antigua dispensación con que vienen revestidas. De ahí que es peligroso presuponer que una
profecía aun no se ha cumplido hasta que todos sus detalles externos no se hayan efectuado.
Véase Isaías 11:10–16; Joel 3:18–21; Miqueas 5:5–8; Zacarías 12:11– 14; Amós 9:11, 12; Hechos
15:15–17.
g. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, los profetas ocasionalmente trascendieron los límites
históricos y dispensacionales y hablaron en formas que señalaba una dispensación más espiritual
en el futuro. En tales casos, el horizonte profético fue ampliado, intuyeron algo del carácter
pasajero de las formas antiguas, y ofrecieron descripciones ideales de la Iglesia del Nuevo
Testamento. Este detalle es más común en los últimos profetas que en los primeros. Véase
Jeremías 31:31–34 y Malaquías 1:11.
h. Algunas veces los profetas revelaron la palabra del Señor por medio de hechos proféticos.
Isaías anduvo descalzo por las calles de Jerusalén; Jeremías fue al Éufrates para ocultar su
cinturón. Ezequiel durmió 390 días sobre su lado izquierdo, y 40 días sobre su lado derecho,
llevando simbólicamente la iniquidad del pueblo; y Oseas se casó con una ramera. Algunos
intérpretes pretenden que estos hechos no fueron reales, sino que tuvieron lugar en una visión.
2. INTERPRETACIÓN DE LA PROFECÍA.
A las observaciones anteriores en cuanto al carácter de la profecía, añadiremos algunas reglas
acerca de su interpretación.
A. Las palabras de los profetas deberían considerarse normalmente en su sentido literal, a
menos que el contexto o la manera en que se cumplen, indique claramente que tienen un
sentido simbólico. Hengstenberg y Henderson desecharon esta regla presuponiendo que Joel
se refería a cierto pueblo pagano cuando hablaba de langostas.
B. Cuando se estudie las descripciones figurativas que se encuentran en los profetas, el
intérprete debe procurar descubrir la idea fundamental. Cuando Isaías declara que los
animales salvajes y pacíficos vivirán juntos en paz y un niño los pastoreará, ofrece una
descripción poética de la paz que prevalecerá sobre la tierra en el futuro.
C. Cuando se interprete las acciones simbólicas de los profetas, el intérprete debe proceder
bajo el supuesto de la realidad de ellos, esto es, de los eventos de la vida del profeta, a menos
que la conexión demuestre lo contrario. Algunos comentaristas han deducido con demasiada
prisa, a partir de una imposibilidad moral o física, que éstas simplemente ocurrieron en una
visión. Este proceder atenta contra el sentido normal de la Biblia.
D. El cumplimiento de algunas de las profecías más importantes tiene un carácter germinativo,
es decir, se cumplen por etapas, cada una de las cuales es una promesa de lo que va a ocurrir.
De ahí que aun cuando es un error hablar de un significado doble o triple en la profecía, es
perfectamente correcto hablar de dos o tres cumplimientos escalonados. Es plenamente
evidente, por ejemplo, que la profecía de Joel 2:28–32 no se cumplió plenamente en el día de
Pentecostés. Véanse también las predicciones respecto a la venida del Hijo del Hombre en
Mateo 24.
E. Las profecías deben leerse a la luz de su cumplimiento, pues éste revela a menudo
profundidades que, de no haber hecho así habrían escapado a nuestra atención. El intérprete
debe tener en mente, sin embargo, que muchas de ellas no se refieren a sucesos históricos
específicos, sino que anuncian principios generales que se podrán cumplir de diversas
formas.
Sería ingenuo preguntar en tales casos a qué suceso se refiere el profeta, pues esto estrecharía
el alcance de la predicción de un modo no permitido. Además, no debe procederse bajo el
supuesto de que las profecías siempre se cumplen exactamente en la forma en que fueron
expresadas. Por el contrario, se presupone que si deben cumplirse en una dispensación futura, la
forma de la anterior dispensación será descartada en el cumplimiento.
SEXTO: LA INTERPRETACIÓN DE LOS SALMOS.
Los salmos, cantos sagrados de Israel, forman también parte de la Palabra de Dios y
comprenden: poesía lírica y didáctica. En los salmos didácticos, Dios nos instruye por medio del
poeta y se dirige a nuestro entendimiento; en los salmos líricos, se revela a través de las
emociones y experiencias espirituales de los poetas sagrados y se dirige a nuestro corazón. La
presente exposición se refiere principalmente a la interpretación de los salmos líricos, que
forman la mayor parte de nuestra colección sagrada.
1. NATURALEZA DE LOS SALMOS.
En estos salmos, el poeta expresa sus más profundas experiencias y emociones de gozo y de
tristeza, de esperanza y de temor, de expectación jubilosa y amarga desilusión, de confianza
inocente y reconocimiento agradecido. Expresa sus más íntimos sentimientos y eleva su alma a
Dios. Se ha dicho a menudo que, mientras en otras partes de la Escritura, Dios habla al hombre,
en los salmos es el hombre quien habla a Dios.
Pero aun cuando hay un elemento de verdad en esta afirmación, y los salmos son mucho más
subjetivos que cualquier otra parte de la Biblia, esto no implica que no sean una parte esencial de
la Palabra de Dios. A fin de entender cómo Dios se revela a sí mismo en estos cantos sagrados,
será necesario tener algún conocimiento de la poesía lírica y de la inspiración lírica.
La poesía lírica contiene, en primer lugar, un elemento individual. Los poetas cantan acerca de
sus propias circunstancias históricas y sus experiencias personales. Esto queda plenamente
demostrado por los títulos de algunos salmos. Véase en los salmos 3, 6, 7, 18, 30, etc. Esto se hace
evidente en el mismo contenido de muchos salmos. Pero estas experiencias, aunque personales,
tienen, sin embargo, un carácter representativo.
En lo más recóndito de su alma, el poeta está consciente de su solidaridad con la humanidad
como un todo, y siente el latido de la vida comunitaria del ser humano. Y el cántico que nace de
esta conciencia es un cántico que, en sus crescendos y disminuendos, interpreta el gozo y la
tristeza, no sólo del poeta, sino del hombre en general. En vista del hecho de que esta vida
comunitaria tiene su fuente y origen en Dios, la poesía lírica desciende a sus íntimas
profundidades, o se eleva a sus cumbres, hasta descansar en Dios, en quien se origina la vida de la
humanidad, y quien controla sus alegrías y tristezas. Surgiendo de estas profundidades su canto
es, aunque humano, como nacido de Dios.
Este principio general debe tenerse en cuenta en la interpretación de los salmos. Hay que tener
en cuenta que en un sentido son universales, trascendiendo lo personal e histórico. Los cantores
sagrados son miembros vivos de la iglesia de Dios, y están tan conscientes de su unidad con la
Iglesia como un todo, que sus cánticos expresan las alabanzas y lamentaciones de la Iglesia.
Además, en calidad de miembros de la Iglesia, sienten que están unidos con Aquel que es su
gloriosa Cabeza, el cual sufre por y con ella, y es autor de su gozo. Esto explica el hecho de que
Cristo es quien habla algunas veces en los salmos, ora con un canto de dolor o en un himno de
victoria. Además, la vida del poeta que vive en unión con Cristo, tiene también su fuente en Dios.
De ahí que su cántico, que es el cántico de la Iglesia, procede de Dios mismo. El resultado de
todo ello es que en algunos de los salmos, las experiencias del poeta son más prominentes;
mientras que en otros, halla expresión la vida comunitaria Israel y de la Iglesia; y en otros, puede
oírse a Cristo humillado y exaltado.
En todos los salmos el intérprete debe abstenerse de considerar superficialmente este fondo
panorámico al que venimos refiriéndonos. Nunca debe quedar satisfecho hasta que halle en ellos
la voz de su Dios. Y el hecho de que a la vista de Dios, la antítesis entre el pecado y la santidad es
absoluta, que él ama a su Iglesia mas odia todo lo que se opone a su reino, explicará las fuertes
expresiones de odio y de amor que hallamos en los salmos.
2. REGLAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE LOS SALMOS.
En relación con lo anterior, pueden aplicarse las siguientes reglas en la interpretación de los
salmos:
A. Si hubo una ocasión histórica para la composición de un salmo, tal suceso debe ser
estudiado cuidadosamente. Véase cómo los hechos históricos iluminan los siguientes
salmos: 3, 32, 51 y 63.
B. Ya que los salmos son mucho más subjetivos que ninguna otra parte de la Biblia, el elemento
psicológico es muy importante para su correcta interpretación. El intérprete debería
estudiar el carácter del poeta y su estado de ánimo cuando escribió el cántico. Cuanto más se
conozca de David, mejor se entenderán sus salmos.
C. En vista del hecho de que los salmos no son puramente individuales, sino comunitarios en su
mayor parte, deben considerarse como expresiones del corazón regenerado, de la vida
nacida de Dios; y el intérprete no debe quedar satisfecho hasta ver cómo ellos revelan
también la voluntad divina.
D. En la interpretación de los salmos mesiánicos debe hacerse una cuidadosa distinción entre
los salmos, o parte de los salmos, que son directamente mesiánicos y los que lo son de un
modo indirecto. Mientras que los Salmos 2, 22, 45, 110 son directamente mesiánicos, otros,
como el 72 y el 89, se aplican primero al poeta o algún creyente del Antiguo Testamento, y
sólo a través de él, como tipo intermedio, puede verse a Cristo en segundo lugar.
Hay algunos, también, que no pueden ser clasificados en una clase ni en la otra, los cuales el Dr.
Binnie prefiere denominar «salmos Mesiánicos místicos», en vista del hecho de que la verdadera
clave para su interpretación no se encuentra en la doctrina de los tipos, sino que en la unión
mística de Cristo con la Iglesia. Véase el salmo 16 y el 40. Puesto que los salmos mesiánicos son
proféticos, debe prestarse especial atención a las citas de ellos que encontramos en el Nuevo
Testamento, y al cumplimiento de sus predicciones en el Nuevo Testamento.
E. En conexión con los denominados «salmos imprecatorios», o quizá mejor, las imprecaciones
que se dan en los Salmos, deben tenerse en consideración ciertos hechos:
(1) La cultura del Cercano Oriente prefiere ideas concretas; por tanto, algunas veces
representan concretamente el pecado en la persona del pecador.
(2) Estas imprecaciones expresan el vivo deseo de los creyentes del Antiguo Testamento en lo
que respecta a la vindicación de la justicia y santidad de Dios.
(3) No son manifestaciones de venganza personal, sino del aborrecimiento que la Iglesia
muestra contra el pecado, representado por el pecador.
(4) Son, al mismo tiempo, una revelación de la actitud de Dios contra los que son hostiles a él y
a su reino.
SEPTIMO: EL SENTIDO IMPLÍCITO DE LA ESCRITURA.
La Biblia como Palabra de Dios, contiene una insondable riqueza de pensamiento. Esto es
evidente, no sólo en sus tipos, símbolos y profecías, sino también por lo que contiene
implícitamente tanto o más que por declaraciones explícitas. Aun en el caso de composiciones
humanas, distinguimos lo que se expresa claramente y lo que es implícito.
En los escritos de orden superior, a menudo encontramos que el lenguaje sugiere y envuelve
verdades importantes, que no se expresan con palabras. Las grandes mentes contienen una gran
riqueza de conocimientos, y todo lo que comunican está relacionado y es sugerido por este vasto
contenido. Por tal motivo, resulta posible leer entre líneas, y si esto es verdad de las producciones
literarias de los hombres, se aplica mucho más a la infalible Palabra de Dios.
Hay, sin embargo, una importante distinción: los hombres sólo conocen en parte, y no siempre
son conscientes de lo que conocen. Además, a menudo, son incapaces de ver las implicaciones de
lo que dicen o escriben. Es muy posible que sus palabras contengan implicaciones que ellos jamás
anticiparon cuando las escribieron y que tampoco aprobarían. Puede ser también, que lo que se
deduce de sus afirmaciones explícitas por medio de inferencias lógicas o comparaciones, esté
totalmente fuera de su línea de pensamiento, y sea por tanto opuesto a lo que tratan de expresar.
Para ello es la regla, tan a menudo olvidada en la práctica, pero esencial en toda controversia
noble, que «no es lícito responsabilizar a un autor de las consecuencias de sus afirmaciones,
cuando éste no las ha admitido o reconocido claramente, aun cuando estas consecuencias puedan
necesariamente hallarse implícitas en sus afirmaciones». Puede ser que él no se haya dado cuenta
de tales consecuencias, ni las haya previsto y, por lo tanto, no es responsable de ellas, sino sólo de
haber empleado un lenguaje que implica tales consecuencias inintencionadamente.
Por la misma razón, no está permitido deducir qué opina un escritor sobre algún asunto en
particular partiendo de expresiones fortuitas que haya usado, cuando tal asunto no sea objeto de
su consideración. Como regla, es un proceder injusto atribuir a un autor pensamientos o
sentimientos que no haya afirmado explícitamente en conexión con el asunto a que se refiere. El
que no siga esa regla será culpable de consequensmacherei.
Pero en el caso de la Palabra de Dios, tales restricciones no tienen aplicación. El conocimiento
de Dios lo comprende todo. Cuando Dios entregó su palabra al hombre, no solamente estaba
perfectamente consciente de lo que había dicho, sino también de todo lo que esto implicaba. Él
conocía las inferencias que se deducirían de su Palabra escrita. Dice Bannerman: «Las
consecuencias que se deducen de la Escritura por inferencia inevitable, y mayormente las
consecuencias que se deducen de la comparación de varias afirmaciones de la Escritura, fueron
previstas por la Sabiduría Infinita en el acto sobrenatural de inspirar el sagrado escrito.
El Revelador Divino, no solamente sabía lo que los hombres deducirían, sino que tuvo el
propósito de que así lo hiciesen». Por lo tanto, no sólo las afirmaciones explícitas de la Escritura,
sino también sus implicaciones, cuando son claras y evidentes, deben ser consideradas como
Palabra de Dios.
Jesús mismo garantiza esta postura. Cuando los saduceos se acercaron a él para hacerle la
pregunta, la cual según la opinión de ellos demostraba claramente lo insostenible de la doctrina
de la resurrección, les recordó que Dios se había identificado a sí mismo en la zarza, diciendo:
«Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob», y usando una muy buena y necesaria inferencia,
dedujo de esto la doctrina que ellos negaban.
Además, él los reprendió por no ser capaces de ver lo que estaba implícito en dicha
declaración, diciéndoles: «Erráis, ignorando las Escrituras» (Mt. 22:29–32; Mr. 12:24–27; Lc.
20:37, 38). Véase otros ejemplos en Romanos 4:5–12; 1 Corintios 9:8–10; 1 Timoteo 5:17, 18;
Hebreos 4:5–9.
Por tanto, nos sentimos confiados de establecer la siguiente regla: Las deducciones de doctrina
generadas de la comparación de declaraciones bíblicas y que hayan sido deducidas
correctamente, son tan parte del significado de la Palabra de Dios en su revelación al estar
virtualmente contenidas en ésta como las mismas declaraciones explícitas. 11 Casi no es
necesario decir que debe ponerse gran cuidado en formular tales inferencias de la Palabra
escrita.
Las deducciones deben ser buenas, verdaderamente contenidas en las afirmaciones inspiradas
de las cuales aparentemente se derivan, y también deben ser inferencias necesarias o tales que se
impongan a la mente del que desea comprender honestamente el significado de la Sagrada
Escritura. Véase el Catecismo de Westminster, Art. VI.
SEPTIMO: AYUDAS PARA LA INTERPRETACIÓN TEOLÓGICA.
Las ayudas que puede encontrar el expositor en la interpretación teológica son de dos clases:
(1) Paralelos reales o paralelos de ideas,
(2) La analogía de la fe o de la Escritura.
Ambas proceden de la suposición que la Palabra de Dios es una unidad orgánica, en la cual
todas sus partes se hallan mutuamente relacionadas y sirven conjuntamente a la revelación total
de Dios, y que en última instancia la Biblia es su propio intérprete.
1. PARALELOS REALES O PARALELOS DE IDEAS.
Según Terry, «los paralelos reales son aquellos pasajes similares, en los cuales la semejanza e
identidad consiste no en palabras o frases, sino en hechos, sentimientos o doctrinas». En el uso
que se les da a estos pasajes, el intérprete debe determinar ante todo si los pasajes involucrados
son realmente paralelos, no que sean simplemente similares, sino esencialmente idénticos.
Por ejemplo: Proverbios 22:2 y 29:13, aunque revelan cierta semejanza, y son a menudo
considerados como paralelos, no lo son verdaderamente. Los paralelos de ideas pueden ser
divididos en dos clases: paralelos históricos y didácticos. A esto pueden añadirse las citas del
Antiguo Testamento que encontramos en el Nuevo, los cuales son en cierto sentido también
pasajes paralelos.
A. PARALELOS HISTÓRICOS. PUEDEN SER DE DIFERENTES CLASES:
(1) Hay algunos, en los cuales se narra una historia con las mismas palabras y bajo las mismas
circunstancias, aunque quizá difieran en materia de detalle. Tales pasajes son valiosos por
su mutua confirmación. Compárese 1 Reyes 22:29–35 con 2 Crónicas 18:28–34; y Lucas
22:19 y 20 con 1 Corintios 11:24–25.
(2) Además, hay pasajes en los cuales las mismas narrativas se expresan por medio de
distintas palabras, y las circunstancias aparecen con mayor detalle en una que en la otra. En
tales casos, lo más natural es esperar que la relación más circunstancial ilumine la otra.
Compárese Mateo 9:1–8 con Marcos 2:1–12.
(3) Hay también narrativas indudablemente idénticas, que ocurren en conexiones totalmente
distintas. De éstas hay gran número en los Evangelios. En estos casos, la que probablemente
nos ofrece el verdadero marco histórico arroja luz sobre la otra. Compárese Mateo 8:2–4
con Marcos 1:40–45 y Lucas 5:12–16; y Mateo 11:6–19 con Lucas 7:31–35.
(4) Finalmente, hay pasajes que no duplican sino que añaden una circunstancia adicional y,
por lo tanto, son complementarios. Compárese Génesis 32:24–32 con Oseas 12:4 y 5.
B. PARALELOS DIDÁCTICOS. AQUÍ NOS ENCONTRAMOS OTRA VEZ CON DIFERENTES CLASES:
(1) Hay casos en los cuales se trata el mismo asunto, pero no bajo los mismos términos.
Compárese Mateo 10:37 con Lucas 14:26. Muchos intérpretes atenúan el significado de la
palabra «aborrecer», que Lucas emplea, por medio del pasaje que hallamos en Mateo; y
recurren a Mateo 6:24 para demostrar que el verbo «aborrecer» significa simplemente
«tener en menos estima». Sin embargo, dudo mucho que esta interpretación sea la correcta.
Los «sacrificios espirituales» de los que habla Pedro en 1 Pedro 2:5, encuentran una
explicación parcial en la exhortación de Romanos 12:1, pasaje que es, a su vez, explicado
por Romanos 6:19.
(2) Hay pasajes paralelos que corresponden en pensamiento y expresiones; pero en los cuales
uno de ellos no tiene tanta conexión con el contexto precedente o siguiente. Por ello, en
Mateo 7:13–14 las palabras «entrad por la puerta estrecha» se presentan sin ningún marco
histórico. Éste se suple sin embargo, en Lucas 13:23–24. Compárese también Mateo 7:7–11
con Lucas 11:5–13.
(3) Finalmente, hay también paralelos que ocurren en condiciones enteramente diferentes,
aunque quizá igualmente adecuadas. Es todavía posible que la ocasión para la declaración
no sea la misma en ambos lugares. Y puede ser que la misma declaración haya sido repetida
o expresada en diversas ocasiones. Compárese Mateo 7:21–23, con Lucas 13:25–28; y
Mateo 13:16 y 17 con Lucas 10:23 y 24.
C. CITAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO EN EL NUEVO.
Éstas son también paralelos en cierto sentido y merecen especial atención, porque muchos
críticos hoy día no titubean en decir que los escritores del Nuevo Testamento citaron el Antiguo
arbitrariamente. Dice Immer: «Mucho más numerosas son aquellas citas que tratan el Antiguo
Testamento arbitrariamente, y en las cuales no hay relación, o bien solo hay una muy remota
entre el pensamiento del escritor del Nuevo Testamento y el pasaje original.
Encontramos citas en las cuales la relación es totalmente aparente y se apoya meramente en el
lenguaje, citas en las que la relación se obtiene sólo por forzar una sola palabra contraria al
sentido general; y, finalmente, citas en las cuales el pasaje del Antiguo Testamento puede
relacionarse tan sólo con el pensamiento del escritor del Nuevo, aplicándole un método extremo
de alegoría o tipología».
Estas afirmaciones están basadas en un punto de vista totalmente erróneo de la Biblia, de la
relación profético-típica del Antiguo Testamento con el Nuevo y del sentido implícito de la
Escritura. Por nuestra parte, diremos que no todas las citas del Nuevo Testamento sirven al
mismo propósito:
(1) Algunas citas tienen por objeto mostrarnos que las predicciones del Antiguo Testamento
fueron cumplidas, directa o indirectamente, en el Nuevo. Esto es verdad en cuanto a todos los
pasajes proféticos que empiezan con la fórmula: «para que se cumpliese lo que fue dicho» u otras
similares. Véase Mateo 2:17, 23, 4:14, 15; Juan 15:25; 19:36; Hebreos 1:13.
(2) Otras son citadas para establecer una doctrina. En Romanos 3:9–19, Pablo cita varios
pasajes de los salmos para demostrar la depravación universal del hombre. Y otra vez en el
capítulo 4:3ss. cita el ejemplo de Abraham y varias declaraciones de David, para demostrar que el
hombre es justificado por la fe, más bien que por las obras de la Ley. Véase también Gálatas 3:6 y
Hebreos 4:7.
(3) Otras son citadas para refutar y reprender a los enemigos. Jesús cita la Escritura en Juan
5:39–40 para exponer la inconsistencia de los judíos cuando pretendían tener gran reverencia
frente a las Escrituras y, sin embargo, no creían en él, de quien las Escrituras testifican. Véase
también cómo empleó la Escritura contra sus opositores en Mateo 22:29–32, 41–46 y Juan
10:34–36.
(4) Finalmente, hay pasajes que se citan con propósitos retóricos, o con el propósito de ilustrar
alguna verdad. En éstos se pone poca atención a la conexión en que ocurren en el Antiguo
Testamento y a menudo pareciera como que se usan arbitrariamente. Aquí tienen lugar
especialmente los ataques racionalistas; pero tales ataques son enteramente injustificados, en
vista del propósito para el cual se citan. En Romanos 10:6–8, el apóstol adapta el lenguaje de
Moisés (Dt. 30:12–14) para su propósito.
En Romanos 8:36, aplica a los sufrimientos de los cristianos en general, palabras que el
salmista escribió con referencia a otros en tiempos pasados. (Sal. 44:22). Y en 1 Timoteo 5:18,
cita la regulación referente a los bueyes que trillaban el grano simplemente como un paralelo
instructivo, y deja que sus lectores deduzcan por una inferencia a minori ad majus la lección de
que el obrero humano es todavía mucho más digno de recibir su salario.
2. LA ANALOGÍA DE LA FE O DE LA ESCRITURA.
El término «analogía de la fe» proviene de Romanos 12:6, donde leemos: «De manera que,
teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la
medida de la fe (katatenanalogiantes pisteos) ».
Algunos comentaristas interpretan aquí erróneamente el término «fe» de un modo objetivo, en
el sentido de doctrina y toman la palabra griega analogian como si apuntara a una norma externa.
Pero la interpretación correcta de toda la expresión, significa sencillamente: según la medida de
vuestra fe subjetiva. De ahí que el término que proviene de este pasaje, se basa en un mal
entendido.
Cuando los Padres de la Iglesia Primitiva hablaban de la analogía de la fe (analogía o regula
fidei), se referían a los principios generales de la fe, de los cuales nos ofrecieron varios
resúmenes. Con el transcurso del tiempo, el nombre fue aplicado a los credos aceptados por la
Iglesia, como, por ejemplo, el Credo de Nicea. La Iglesia Católica Romana hasta llegó a honrar a la
tradición como regla de fe.
Pero esto constituye un uso erróneo del término. Es totalmente ridículo otorgarles a las
confesiones de la Iglesia la dignidad de regulae veritatis, pues esto equivale a colocar como
criterio o comprobación de la verdad de la Escritura a algo derivado de ella. La analogía de la fe,
correctamente entendida, se halla en la misma Biblia. Cellerier, en su Hermeneutics habla de dos
grados superiores y dos inferiores de esta analogía; pero al mismo tiempo afirma que los grados
inferiores no son realmente dignos de este nombre.
A. HAY DOS GRADOS DE LA ANALOGÍA DE LA FE QUE EL INTÉRPRETE DE LA BIBLIA DEBE CONSIDERAR.
(1) La analogía positiva. El primero y más importante de éstos, es la analogía positiva, que se
encuentra de modo inmediato en los pasajes de la Escritura. Consiste en aquellas
enseñanzas de la Biblia que son afirmadas de un modo tan claro y positivo, y por tantos
pasajes, que no hay duda acerca de su significado y valor. Tales verdades, como la de la
existencia de un Dios de infinita perfección, santidad y justicia, pero también
misericordioso y compasivo; la del gobierno providencial de Dios y sus propósitos
benéficos en la existencia y atrocidad del pecado; el de la gracia redentora de Jesucristo, y
el de la vida y retribución futura.
(2) La analogía general. El segundo grado se denomina analogía general de la fe. Éste no se
apoya en declaraciones explícitas de la Biblia, sino en el alcance y significado obvio de su
enseñanza como un todo, y en las impresiones religiosas que dejan en la humanidad. Por
ello, es evidente que el espíritu de la Ley Mosaica, así como todo el Nuevo Testamento son
enemigos de la esclavitud del hombre. Es también perfectamente claro que la Biblia es
hostil a una religión puramente formalista, y en cambio promueve la adoración espiritual.
Estos dos grados de la analogía de la fe constituyen una norma de interpretación. Del mismo
modo que un experto juzga una obra maestra de pintura fijando su atención, ante todo, en el
objeto de interés central, y luego en la consideración de los detalles en relación con aquel, así
mismo el intérprete debe estudiar las enseñanzas particulares de la Biblia a la luz de sus
verdades fundamentales.
B. LA ANALOGÍA DE LA FE NO TENDRÁ SIEMPRE EL MISMO GRADO DE VALOR Y AUTORIDAD PROBATORIA.
Esto dependerá de cuatro factores:
(1) El número de pasajes que contienen la misma doctrina. Es más fuerte la analogía que se
basa en doce, que la que se basa en seis pasajes de la Biblia.
(2) La unanimidad o correspondencia de los diversos pasajes. El valor de la analogía estará en
proporción al acuerdo que haya entre los pasajes en que se basa.
(3) La claridad del pasaje. Naturalmente, la analogía que se apoya, totalmente o en gran parte,
en pasajes oscuros, es de un valor muy dudoso.
(4) La distribución de los pasajes. Si la analogía está fundada en pasajes derivados de un libro,
o de unos pocos escritos, no será de tanto valor como si se basa en pasajes tanto del
Antiguo como del Nuevo Testamento, de fechas diversas y de diversos autores.
C. CUANDO SE EMPLEA LA ANALOGÍA DE LA FE EN LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA, EL INTÉRPRETE
DEBE TENER EN CUENTA LAS SIGUIENTES REGLAS:
(1) Una doctrina claramente sostenida por la analogía de la fe no puede ser contradicha por
un pasaje contrario y oscuro. Piénsese, por ejemplo, en 1 Juan 3:6 contra la enseñanza
general de la Biblia de que los creyentes también pecan.
(2) Un pasaje que no es ni apoyado ni contradicho por la analogía de la fe, puede servir como
fundamento positivo de doctrina, con tal que sea clara su enseñanza. Sin embargo, la
doctrina establecida de este modo, no tendrá la misma fuerza que aquella que está
fundada sobre la analogía de la fe.
(3) Cuando una doctrina es sostenida solamente por un pasaje oscuro de la Escritura y no
tiene apoyo en la analogía de la fe, sólo puede ser aceptada con gran reserva.
Posiblemente, por no decir probablemente, el pasaje requiere una interpretación diferente
que la que se le da. Véase Apocalipsis 20:1–4.
(4) En aquellos casos cuando la analogía de la Escritura conduce al establecimiento de dos
doctrinas que parecen aparentemente contradictorias, ambas deben ser aceptadas como
escriturales, sobre la confianza de que estarán de acuerdo en una unidad superior.
Piénsese, por ejemplo, en las doctrinas de la predestinación y del libre albedrío; de la
depravación total y la responsabilidad humana.
SEGUNDO NIVEL: EXÉGESIS Y EXPOSICIÓN
LECCIÓN: 1 INTRODUCCIÓN.
En esta Segundo nivel repasaremos algunos puntos del primero y daremos una introducción
general a los principios básicos de interpretación bíblica y preparación de sermones. Por lo tanto
incluye un breve resumen histórico de la interpretación bíblica, una consideración del uso del AT
en el NT, advertencias contra las falacias más comunes que aquejan la hermenéutica, y
finalmente, guías y consejos homiléticos para la preparación y predicación de sermones. Por lo
tanto tenemos ante nosotros cuatro áreas de estudio, cada una relacionada entre sí y edificada
sobre la otra.
Deseando que este curso sea lo más práctico posible, vamos a dividirlo en dos partes: Dieciséis
Unidades divididas en dos Partes. En la Primera Parte (cinco unidades) cubriremos rápidamente
esta Introducción, un Resumen Histórico, el Uso del AT por el NT, Hermenéutica y la Advertencia
contra las Falacias. En la Segunda Parte (once unidades) bajo el tema general de Guías y Consejos
Homiléticos veremos propiamente Exégesis y Exposición.
Esta segunda parte en sí misma dividida en dos: En Exégesis veremos Definición, Sintaxis,
Diagramas, Léxica, Bosquejos, y el Cruce a Homilética. En Exposición veremos Homilética,
Primacía de la Predicación, Tipos de Sermones, Preparación para Predicar y el Acto de Predicar.
A manera de conclusión tocaremos un tema de suprema importancia: el Espíritu Santo y la Obra
del Ministerio de la Palabra, Preparación Personal para Predicar, así como algunos puntos
diversos incluyendo preparación ministerial y consejos prácticos sobre una biblioteca
ministerial.
Algunos términos requieren definición, y daremos la mayoría de las definiciones en el
transcurso de las lecturas mismas, pero conviene por lo menos definir tres términos que hemos
estado usando y usaremos aún más:
Exégesis es una palabra griega que significa narración o explicación. La forma sustantiva no
aparece en el NT, pero la forma verbal sí (evxhge,omai): Luc. 24:35; Jn. 1:18; Hch 10:8; 15:12, 14
y 21:19 – esos ejemplos bíblicos nos muestran que exégesis es propiamente una explicación.
Teológicamente, exégesis establece el significado de un enunciado o pasaje. En exégesis
buscamos determinar que dice y significa el texto.
Como veremos después, el principio Protestante y Reformado de exégesis afirma el sentido
único del texto de la Escritura, de manera que la tarea del exegeta es descubrir lo que el autor
(humano y divino) dijo cuando escribió el pasaje. En exégesis buscamos entonces obtener del
texto en lugar de meter al texto algún significado que no está allí (eso es eiségesis). Exégesis se
basa sobretodo en la estructura de la sintaxis del pasaje y en la semántica del mismo (es decir,
gramática y léxica).
Homilética es otra palabra griega que significa simplemente conversación. Tanto el sustantivo
como el verbo aparece en el NT: la forma verbal (o`mile,w) en Luc. 24:14, 15; Hch 20:11 y 24:26;
la forma sustantiva (o`mili,a) en 1 Cor 15:33. Esos son ejemplos del significado básico de la
palabra griega, sin embargo, pronto en la historia de la iglesia, el término vino a significar
instrucción verbal. Predicaciones, lecturas, conferencias y discursos serían buenos ejemplos de
este término. Teológicamente usamos el término Homilética para describir la ciencia y arte de
escribir y predicar sermones. Es una ciencia porque tiene principios, y es un arte porque requiere
de habilidades.
Hermenéutica aún otra palabra griega, que ocurre varias veces en el NT: el verbo ermhneuw
(Jn. 1:38, 42; 9:7; Heb. 7:2), el sustantivo e`rmhnei,a (1 Co 12:10; 14:26), el verbo diermhneu,w
(Luc. 24:27; Hch 9:36; 1 Co. 12:30; 14:5, 13, 27); y el sustantivo diermhneuth,j (1 Cor 14:28). El
vocablo griego tiene el significado de traducir, interpretar, explicar y significar. Teológicamente,
hermenéutica es la ciencia y arte de la interpretación bíblica (ciencia por tener principios, y arte
por requerir de habilidad).
Hay una relación íntima entre exégesis y hermenéutica, y de estas dos con la Homilética – así
como en exégesis establecemos el significado de un texto, en hermenéutica encontramos los
principios y esquemas para su interpretación. Si asemejamos la hermenéutica a la teoría,
exégesis es la práctica. Explicamos lenguaje, gramática y sintaxis (exégesis) aplicando las reglas
bíblicas de interpretación (hermenéutica) y esto forma la sustancia que ha de ser proclamada y
predicada (Homilética).
Antes de entrar de lleno a la primera sección real de la primera parte, debemos proponernos
una meta. Les sugiero que la única meta digna es, en breve, darle gloria a Dios: Rom 11:36 Porque
de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.
1 Tim 1:17 Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y
gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Heb 13:21c Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Más específicamente, nuestra meta debe ser darle gloria a Dios como ministros del Nuevo
Pacto: 2 Tim 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene
de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.
2 Cor 2:14-17 Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por
medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos
grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de
muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?
Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con
sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.
Heb 13:20, 21 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran
pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que
hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al
cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
La meta no es meramente acrecentar nuestra teología, tampoco es meramente incrementar
nuestro conocimiento - ¡Ay de nosotros si tenemos sólo conocimiento! ¡Ay de nosotros si somos
teólogos solo de mente! Nuestra meta es ser verdaderos teólogos y hacer de nuestra gente
verdaderos teólogos – ¡personas que conocen a su Dios!
LECCIÓN: 2
RESUMEN HISTÓRICO
Dividamos este resumen histórico en siete períodos generales:
1. El Período Pre-Cristiano.
2. El Período Cristiano primitivo.
3. El Período Medieval.
4. El Período de la Reforma.
5. El Período Confesional.
6. El Período Histórico-Crítico.
7. El Período Contemporáneo.
PRIMERO: EL PERÍODO PRE-CRISTIANO:
Desde que Dios se reveló a Sí mismo en una forma especial (de redención), y desde que por el
Espíritu Santo Él guío a hombres a escribir Su Palabra, ha existido exégesis y exposición de la
Escritura. Bíblicamente hablando, podemos poner a Esdras como el principio formal de la
Exposición bíblica (estaré usando la palabra exposición para significar el complejo tripartito de
exégesis, hermenéutica y Homilética). Hay por lo menos dos factores que nos sugieren esto:
(1) PRIMER FACTOR: LAS CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS.
Las circunstancias históricas en el tiempo de Esdras crearon la primera ocasión en que
surgieron barreras lingüistas y culturales entre el pueblo de Dios y la Palabra de Dios. Esto
requirió una interpretación correcta para que esas barreras fueran sobrepasadas. Debido a la
cautividad Asiria y Babilonia, los judíos habían sido llevados de su tierra y transportados a
Mesopotamia. Para el tiempo de Esdras (458 a.C.), este tiempo era para Israel: 722 – 458 = 264
años y para Judá: 606 – 458 = 148 años (586 – 458 = 128).
En esa situación nueva, los judíos habían adquirido nuevos hábitos lingüísticos y culturales y
habían olvidado los antiguos: El Arameo reemplazó al Hebreo (parte de Daniel fue escrito en
Arameo, así como parte de Esdras mismo.) El culto del templo, sacrificios y fiestas solemnes eran
cosas que sólo las escuchaban de sus abuelos. Ahora, en el tiempo de Esdras, han vuelto a su
tierra, pero es una tierra extraña, la Palabra de Dios está en un lenguaje extraño para la gente
común. Añadido a esta circunstancia histórica, existió el deseo del pueblo de escuchar y entender
la Palabra de Dios (Nehemías 8:1).
(2) SEGUNDO FACTOR: EL PRIMER REGISTRO DE HERMENÉUTICA:
Este segundo factor sugiere que Esdras marca el comienzo de la hermenéutica bíblica formal
porque es el primer registro de algo que se puede describir propiamente como hermenéutica
bíblica. Esdras era un sacerdote (7:1-6a, 11) y escriba diligente en la ley de Moisés (7:6b). Lit.
“proclamador experto en la ley de Moisés.” - La palabra traducida “escriba” proviene de un verbo
que significa “escribir,” “decir,” “hablar” – el énfasis probablemente radica en “proclamar” comp.
vs. 10, 11. La palabra traducida “diligente” significa “rápido,” “listo,” “hábil,” el énfasis está en su
habilidad, por lo tanto “experto.”
Esdras tenía el llamamiento de Dios para esta tarea, y Dios en Su providencia abrió las puertas
para el ejercicio de sus dones: 7:6c “y le concedió el rey todo lo que pidió, porque la mano de
Jehová su Dios estaba sobre Esdras.” Esdras no sólo tenía los dones pero también se esforzaba en
su llamamiento: 7:10.
“Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y
para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.”
Podemos observar la actividad de Esdras (Neh. 8:1-8):
1) Contexto general – Neh. 8:1-4a
La asamblea del pueblo de Dios (v.1) Una asamblea para adorar a Dios (v.6). El pueblo deseaba
escuchar la Palabra de Dios (v.1). Los niños que podían entender estaban presentes (vs. 2, 3).
Esdras usó una especie de púlpito alto (v. 4) y el servicio duró algunas horas (la gente
probablemente de pie, v.3).
2) Esdras tenía ayudantes (Neh. 8:4b, 7a)
3) Las actividades específicas (Neh. 8:7b, 8)
Enseñanza del pueblo: Neh. 8:7 “hacían entender al pueblo la ley.” - Lit. “causaron que la gente
entendiera.” Esto se llevó a cabo de la siguiente manera (v. 8) “Y leían en el libro de la ley de Dios
claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.” - La palabra traducida
“claramente” también ocurre en Lev. 24:12; Núm. 15:34 - “declarado” y Esdras 4:18 “claramente.”
La implicación es que la ley de Dios se leía en voz alta y se traducía para que la gente entendiera.
Véanse las frases “ponían el sentido” y “de modo que entendiesen la lectura.”
En resumen, Esdras y sus ayudantes causaron que la gente entendiera la Palabra de Dios. Ellos
lograron esto leyendo en voz alta la Palabra, traduciéndola al lenguaje de la gente y dando el
sentido (interpretando) de las palabras.
Los judíos fechan el principio de la llamada Gran Sinagoga a ese período del retorno de la
cautividad. Durante ese tiempo se dio gran importancia a la exposición de la Escritura y por lo
tanto se concretó propiamente el Canon del AT y se promovió un estudio sistemático de la Ley
para proteger al pueblo de Dios de aquello que les llevó a la cautividad.
Podemos obtener ciertos principios de los “comienzos” de la exposición bíblica:
A. La necesidad de la exposición bíblica: barreras lingüísticas y culturales entre el pueblo de
Dios y la Palabra de Dios demandaron que más atención se diera a la Hermenéutica formal.
B. La presuposición de la Hermenéutica bíblica: un canon oficial de literatura sagrada causó un
interés mayor por la Palabra de Dios.
C. El carácter legítimo de la Hermenéutica bíblica: El llamado de Dios a Esdras para practicar
Hermenéutica bíblica implica que su labor es legítima.
D. Los agentes humanos de la exposición bíblica: Esdras el escriba y los maestros Levitas
(Esdras 7:11; 8:16; Neh. 8:9).
(1) Este hecho sugiere el carácter legítimo de una clase distinta de hombres doctos dentro del
pueblo de Dios que estén encargados de la interpretación bíblica formal.
(2) Esdras es un ejemplo de tales hombres (Esdras 7:10, ver sus motivos y propósitos).
E. La meta de la exposición bíblica: Entender la Palabra de Dios para,
(1) Obedecerla (Esdras 7:10).
(2) Enseñarla (Esdras 7:10).
(3) Adorar a Dios mejor (Neh. 8:5, 6).
F. El método de la exposición bíblica:
(1) Lectura.
(2) Traducción.
(3) Interpretación (dar el sentido).
A pesar de la llamada Gran Sinagoga, podemos ver un deterioro en la exposición bíblica pre-
Cristiana. Esto se debió principalmente a la influencia rabínica primitiva con sus diversas clases
de exposiciones que se desviaron de la sencilla lectura, traducción e interpretación literal. Entre
la exposición rabínica encontramos:
A. Midrash un comentario superficial del AT.
B. Mishna material bíblico interpretado por temas.
C. Halakah parte del Midrash o Mishna que discute el material legal o jurídico del AT
(mayormente del Pentateuco pero también sus propias reglas y regulaciones).
D. Haggadah parte del Midrash o Mishna que discute el material no legal del AT.
Esta situación perseveró hasta el tiempo del NT, y allí encontramos ciertos pasajes que aluden
a esos documentos judíos: Mar 7:1-13; Col. 2:8; 1 Tim 1:3, 4; 6:20, 21; Tito 1:9-14; 3:9.
En algún punto del período inter-testamentario nos encontramos una reacción socio-político-
religiosa en la comunidad del Qumran (Esenos). Tal comunidad promovía una vida ascética,
quizá no del todo voluntaria pues las fuerzas políticas y sociales hostiles a su herencia religiosa
judía les llevo al aislamiento y aún los líderes religiosos judíos y sus tradiciones contradecían lo
que Qumran entendía que las Escrituras demandaban acerca de la adoración.
Tal comunidad creó su propia exposición de las Escrituras: Un énfasis en el aspecto
escatológico del AT, descuido del contexto y aplicación directa a la propia comunidad y su
contexto histórico contemporáneo.
Existe un paralelo directo entre Qumran y mucha de la exposición moderna: Pasajes del AT o
NT son interpretados y aplicados de la misma manera y no se considera el contexto del pasaje
interpretado.
Durante ese mismo período, ya entrando en el tiempo propiamente neo-testamentario, nos
encontramos con la llamada helenización que se caracterizó por su interpretación alegórica. Al
adoptar las costumbres, literatura y arte griegos, los judíos helenizados empezaron a usar más y
más la alegoría como exposición de sus propias Escrituras.
La alegoría es “ficción consistente en representar una cosa por medio de otra. Representación
simbólica de ideas abstractas. Metáfora continuada.” “En el método alegórico el texto es
interpretado aparte de su sentido gramático e histórico. Lo que el autor original está tratando de
decir es ignorado. Lo que el intérprete quiere que el texto diga viene a ser el único factor
importante.”- Mickelsen, Interpretando la Biblia, Eerdmans, p. 28.
Encontramos el origen de la interpretación alegórica en la filosofía griega. Esta sirvió como
fuente para este tipo de interpretación. La interpretación alegórica implicó una ambivalencia
fundamental contra la literatura en la cual estaba siendo usada: Los filósofos griegos eran
repulsados por algunos de los hechos inmorales de sus dioses mientras que al mismo tiempo
eran atraídos por sus valores. La solución fue interpretar alegóricamente esos hechos inmorales.
Esa interpretación alegórica los hizo aceptables moralmente.
Los judíos helenizados dieron una interpretación alegórica del AT: Algunas partes del AT les
repulsaban. Sin embargo eran atraídos por el monoteísmo del AT y seguían leales a la tradición
judía. La solución fue interpretar alegóricamente esos pasajes que les repulsaban para que esos
no entraran en conflicto con su recién adoptada filosofía griega. Al interpretar el AT de una forma
alegórica ellos podían reconciliar su fe hebrea con su filosofía griega.
El mayor centro de interpretación alegórica del AT fue Alejandría (Egipto). Un judío llamado
Filón popularizó este método. Filón tenía una opinión fuertemente ortodoxa de la inspiración.
Pero él también mantenía una alta opinión de su propio razonamiento humano. Consideren
algunas reglas de interpretación según Filón, tomadas de Mickelsen, p.29:
(A) El sentido literal es excluido por razones Estoicas: es excluido cuando lo dicho es indigno
de Dios, cuando existe una contradicción, cuando la alegoría es obvia…
(B) Las reglas Rabínicas comprueban que el sentido alegórico existe simultáneamente con el
sentido literal…
(C) Las palabras pueden ser explicadas aparte de su puntuación… (Esta regla tiene que ver con
la puntuación o vocalización de las palabras en Hebreo (el texto solo muestra las letras
consonantes).
(D) Si sinónimos son usados, el propósito es algo alegórico…
(E) Doble sentido de las palabras es permitido para deducir un significado más profundo…
(F) Partículas de gramática, adverbios y preposiciones pueden servir como alegorías.
“Filón aparenta, a veces, asumir o permitir el sentido literal de un pasaje, pero su gran meta es
exhibir las profundidades místicas de ese significado que están ocultas bajo las palabras
sagradas… se aprovecha de expresiones usuales o analogías incidentales como si fueran cosas de
gran momento y produce nociones increíbles que son completamente extrañas al significado
claro del texto.”- Terry, Hermenéutica, p. 611 de la versión en inglés.
Un ejemplo de la aplicación de principios hermenéuticos de Filón, tomado de Terry,
Hermenéutica, p. 612 de la versión en inglés. Comentando sobre el Paraíso, Filón dice, “esos
enunciados me parecen son dictados por una filosofía que es más bien simbólica que
estrictamente correcta. Porque ningún árbol de la vida o del conocimiento ha aparecido jamás
previamente sobre la tierra, ni es probable que aparezcan después.
Pero más bien creo que Moisés está hablando en un espíritu alegórico, su intención al hablar
del Paraíso es intimar el carácter dominante del alma, que está llena de innumerables opiniones,
así como este Paraíso figurado lo estaba de árboles. Y por el árbol de la vida él significa la más
grande de las virtudes, es decir, piedad hacia los dioses, por medio de la cual el alma es hecha
inmortal – y por el árbol del conocimiento del bien y el mal él intima que la sabiduría y
moderación son los medios por los cuales las cosas contrarias en su naturaleza pueden ser
distinguidas.”
LECCIÓN: 3
SEGUNDO: EL PERÍODO CRISTIANO PRIMITIVO.
Vamos a considerar el tiempo Neo-Testamentario hasta el tiempo de los que se conocen como
los Padres Apostólicos (Del NT hasta Gregorio el Grande quien llegó a ser Papa en el año 590
d.C.).
Habiendo ya entrado a este período al considerar la comunidad Qumran y los Esenos, así como
los judíos helenizados, debemos recordar que durante este período tenemos el mayor ejemplo de
la exposición rabínica. Para el judío existían (y existen) dos Torahs: la Escritura y la Oral. La
Escrita es obviamente las Escrituras del AT, la Oral es el Talmud y otros escritos judíos que en un
momento consideraremos. Durante este período nos encontramos tres sistemas de exposición:
Hillel (30 a.C. – 9 d.C.) con sus famosas Siete reglas de exposición.
Rabí Ismael (60 – 121) con sus Trece reglas.
Rabí Eliezer (S. II), su sistema se encuentra en las homilías populares del texto Haggada.
Rabí Ismael y su sistema es encontrado en el método midrashico de exponer el texto Halaka
(leyes religiosas y civiles).
Por la providencia divina el método preferido fue el de Hillel quien promovió un sistema
sobrio, sencillo y simple por medio de sus Siete Reglas:
1. Qol wehomer – Ligero y Pesado – es usado al interpretar Escritura por la Escritura por
medio del argumento a fortiori donde lo menos estricto o menos importante interpreta lo
más estricto o más importante, como en Jer. 12:5.
2. Gezerah shawah – Equivalencia (analogía) de Expresiones – dos textos separados unidos por
analogía de una frase o palabra, o aún la raíz de la palabra es usada para interpretación. Por
ejemplo, Jueces 13:5 es usado para interpretar 1 Sam 1:11 y concluir que Samuel era
también nazirita.
3. Binyan ab mikathub ehad – Edificar del Padre (o familia) de un Texto – donde un texto
explícito sirve como fundamento o punto de partida para constituir una regla para todos los
demás pasajes similares. Esto es casi la regla de la llamada “primera mención”. Por ejemplo,
puesto que en Exo 3:4 Dios llamó a Moisés usando su nombre dos veces (Moisés, Moisés) se
establece que cada vez que Dios habló a Moisés lo hizo así de la misma manera.
4. Binyan ab mishene kethubim – Edificar del Padre (o familia) de Dos Textos – esta es una
extensión de la regla anterior. Dos textos sirven como fundamento para una conclusión
general. Por ejemplo, aunque Exo 21:26-27 habla sólo de dos partes del cuerpo (ojo y
diente), cada otra parte del cuerpo está en mente. Cuando cualquier parte del cuerpo de un
esclavo era mutilada, su libertad debía ser concedida.
5. Kelal upherat – Lo General y lo Particular – un enunciado general es hecho y seguido por una
consideración singular que particulariza el principio general. Por ejemplo, en Gen 1:27
tenemos la creación del hombre en términos generales, mientras que en 2:7, 21 lo tenemos
en particular.
6. Kayose bo mimeqom ahar Analogía hecha de Otro Pasaje – un tercer pasaje puede ser usado
para explicar otros dos. Por ejemplo, la aparente contradicción entre Lev 1:1 y Exo 25:22
con respecto a desde dónde habló Dios con Moisés es resuelta por Núm. 7:89 donde se
explica más detalladamente.
7. Dabar hilmad me animo – Explicación Obtenida del Contexto – el contexto total y no el texto
o enunciado aislado debe ser considerado para una explicación correcta. Por ejemplo, Exo
16:29 no debe ser entendido absolutamente sino que restringidamente en el sentido de
“salir para recolectar mana en el desierto en el Sabbat.”
Como pueden observar, el sistema rabínico fue una bendición, en cierto sentido, para la iglesia,
pues muchas de sus reglas procuraban el sentido literal y único del texto. Sin embargo,
lamentablemente no fue suficiente para parar el embate del sistema alegórico que al final ganó la
batalla.
Durante este período el Canon del NT siguió la ruta del Canon del AT, pues ya para el Siglo V no
había debates mayores sobre que libros constituían el NT.
Debemos lamentarnos sin embargo, que el método alegórico tomó preeminencia entre los
expositores post-apostólicos.
Antes de pasar a ellos, recordemos que después de este breve resumen veremos el uso que el
NT hace del AT. No perdamos paciencia entonces, pues aunque deberíamos verlo en este período
Neo-Testamentario, lo veremos aparte en su propio lugar.
En el Siglo II tenemos los siguientes ejemplos:
1. Clemente de Roma: usualmente no interpretaba la Escritura de una manera fantasiosa.
2. Ignacio: usualmente evitaba la interpretación alegórica y forzada.
3. Epístola de Bernabé: alegorización extensiva, ejemplo:
“Ahora, ¿por qué Moisés dice “no comerás puerco, ni águila, ni halcón, ni cuervo, ni ningún pez
que no tenga escamas”? Él está hablando de las doctrinas de la mente. Además, cuando el Señor
dice en Deuteronomio, “y estableceré mis ordenanzas entre este pueblo” ¿acaso no significa que
existe una ordenanza para que no se coman esas cosas? Si la hay, pero Moisés habla con respecto
a las cosas espirituales. Porque la razón por la cual menciona al puerco, es como decir, “no te
unirás a ningún hombre que parezca puerco.” – Epístola de Bernabé, cap. 10.
4. Marción: desechó todo el AT (hereje gnóstico que pensaba que el Dios del AT no era el
mismo Dios del NT).
5. Justino el Mártir: se preocupaba tanto por descubrir la enseñanza del AT sobre Cristo que
rara vez tomaba en cuenta lo que los Profetas estaban diciendo a sus contemporáneos,
ejemplo:
“Jacob sirvió a Labán por las ovejas rayadas y manchadas, y Cristo sirvió, aun la esclavitud de la
Cruz, por las muchas y variadas razas de la humanidad, comprándolas por la sangre y misterio de
la Cruz. Lea tenia ojos delicados, porque los ojos de tu alma son excesivamente débiles.” – Dialogo
con Trifo, cap. 134.
6. Ireneo: su enseñanza era el estándar común en las iglesias (comienzo del concepto que la
Iglesia es el intérprete autorizado de la Escritura), ejemplo:
“Puesto que sin embargo, seria muy tedioso en un volumen como este, el catalogar todas las
sucesiones de todas las Iglesias, confundimos a todos aquellos que, en cualquier forma, ya sea
mala y para complacerse a si mismos, o por vanagloria, o por ceguera y opinión perversa, se
reúnen en sus asambleas no autorizadas, les indicamos aquella tradición derivada de los
Apóstoles, de la más grande, más antigua y universalmente reconocida Iglesia, fundada y
organizada en Roma por los dos Apóstoles más gloriosos, Pedro y Pablo, y también les
mostramos la fe predicada a los hombres, que llega hasta nuestro tiempo por medio de la
sucesión de los obispos. Porque es un asunto de necesidad que cada Iglesia este de acuerdo con
esta Iglesia, puesto que ella tiene la autoridad preeminente.” – Contra las Herejías, cap. 3.
Resumen: nos encontramos que desde el Siglo II existe una interpretación literal (Clemente de
Roma, Ignacio), una interpretación alegórica (Bernabé), una interpretación tradicional (Ireneo) y
un rechazo completo del AT (Marción).
Entre los siglos III al V podemos considerar:
1. ALEJANDRÍA.
En Alejandría, Egipto, durante el S. III, el clima intelectual era tal que las Escrituras fueron
atacadas como inmorales, triviales y absurdas. Intentando hacer significativa la Fe Cristiana a los
intelectuales de Alejandría, algunos eruditos recurrieron a la alegoría (Clemente de Alejandría,
Origen). Por ejemplo, Origen interpretó el caso de Rebeca sacando agua del pozo para el siervo de
Abraham y para sus ganados como significando que nosotros debemos ir a la fuente de la
Escritura para obtener a Cristo. En la historia de la entrada triunfal, el asno significa el AT
mientras que el pollino el NT. (Citado por Mickelsen, p. 32).
2. ANTIOQUÍA.
Fue una reacción entre los Siglos IV y V contra la Alegoría, pero cuya influencia se perdió
debido a controversias teológicas (la iglesia se dividió entre los segmentos oriental y occidental,
de manera que la Alegoría de Alejandría se hizo más influyente).
3. IGLESIA OCCIDENTAL.
Entre los Siglos IV y V su hermenéutica se caracterizó por dos cosas: Interpretación alegórica y
la Autoridad de la tradición. Aunque algunos reconocieron los peligros de la alegoría y
establecieron buenos principios teóricos en sus escritos, en sus propias exégesis la mayoría de
ellos se apoyaban más en el método alegórico de interpretación. Ejemplos: Ambrosio de Milán,
Jerónimo y Agustín de Hipo.
LECCIÓN: 4
TERCERO: EL PERÍODO MEDIEVAL:
Durante este período, así como entre los judíos la tradición de los ancianos tomó prioridad, de
la misma manera la llamada Tradición Eclesiástica vino a ser suprema. Tanto las Escrituras como
los escritos de los llamados Padres de la Iglesia eran ofrecidos como sostén para esas tradiciones.
La fuente principal de la teología medieval fueron las tradiciones de la iglesia durante los pasados
1000 años.
El tipo de exposición que predominó en ese tiempo fue la llamada cuatripartita donde los
intérpretes durante la Edad Media vieron sentidos o significados múltiples en las Escrituras.
Según ellos:
(1) El significado literal nos muestra lo que Dios y nuestros padres hicieron.
(2) El significado alegórico nos muestra donde nuestra fe está escondida.
(3) El significado moral nos da reglas para la vida diaria.
(4) El significado analógico (místico o espiritual) nos muestra el fin de nuestra lucha.
Esta interpretación cuatripartita podía ser usada de la siguiente manera: La interpretación
podía ser literal, alegórica, moral o analógica. Por ejemplo, “Jerusalén” para los intérpretes
medievales podía ser la ciudad literal en Palestina, o alegóricamente la iglesia, o moralmente el
alma humana, o análogamente la ciudad celestial. Vemos que la interpretación literal es el
significado sencillo y evidente. La interpretación alegórica provee lo que se ha de creer. La
interpretación moral dice qué debemos hacer. La interpretación analógica se centra en lo que
debemos esperar.
Sin embargo, la Edad Media de la Iglesia también es conocida como la Edad Oscura cuando
muchos clérigos – sin mencionar los laicos – ignoraban el contenido mismo de la Escritura. El
espíritu hermenéutico de esa época puede ser descrito por la frase de Hugo de San Víctor (1096?-
1141) quien declaró: “Primero aprende lo que debes creer y luego ve a la Biblia para encontrarlo
allí.”
Las figuras claves en ese período fueron los Victorinos (monasterio de San Víctor en París)
quienes bajo el liderazgo de un discípulo de Hugo, Andrés de San Víctor pusieron un énfasis en el
significado literal, pero usando la Vulgata para encontrar el significado cristiano y el texto hebreo
para la explicación judía.
Aún otro teólogo importante fue Esteban Langdon (1150-1228) arzobispo de Canterbury. Él
fue quien dividió la Biblia en capítulos. Él buscó interpretar la Biblia en conformidad con las
doctrinas de la Iglesia, prefiriendo el significado espiritual al literal, puesto que según él éste era
mejor para predicar y hacer crecer a la iglesia.
El teólogo más prominente durante este tiempo fue Tomás de Aquino (1225-74). Aunque
Aquino enfatizó la importancia primaria de la interpretación literal, y representa una tendencia
en la dirección correcta, él estaba profundamente involucrado en la práctica del sentido múltiple
de su época.
La última persona que debemos mencionar – alguien que sembró la semilla de la Reforma – fue
Nicolás de Lira (1270-1340), un convertido judío con amplio conocimiento del hebreo. Su
importancia se debe a que él revivió el énfasis de la escuela de Antioquia dando preferencia al
sentido literal de la Escritura. Él urgió constantemente que los lenguajes originales fueran
consultados, quejándose de que el sentido místico estaba “ahogando al literal.” Sólo el sentido
literal, él insistió, debe ser usado para comprobar cualquier doctrina. Su obra tuvo influencia
sobre Lutero y afectó profundamente la Reforma. Un proverbio decía “Si Lira no hubiera tocado,
Lutero no hubiera danzado.”
El estándar entonces era la enseñanza tradicional y las Escrituras, así como los escritos de los
Padres eran usados para sostener esa enseñanza. La interpretación cuatripartita era el método
preferido aunque la alegoría continuaba predominando.
LECCIÓN: 5
CUARTO: EL PERÍODO DE LA REFORMA (SIGLO XVI)
Raíces de la Hermenéutica de la Reforma.
Nominalismo Escolástico
La esencia de los grandes sistemas escolásticos del Período Medieval fue la síntesis de la
Filosofía y la Revelación: la unión de la Razón y la Escritura. Guillermo de Occam atacó el uso de
la Razón en la Teología, aún enseñando que la Razón sin la Revelación puede alcanzar
conclusiones contradictorias a la Revelación. El énfasis de Guillermo de Occam logró dos cosas
para preparar el camino de la Reforma: creó una desconfianza profunda en las construcciones y
sistemas del Escolasticismo Medieval y limitó la Teología a la Revelación sola para obtener
conocimiento. El resultado fue un sistema de interpretación más confiable que las especulaciones
alegóricas de los Padres (Martín Lutero tuvo una educación filosófica según Guillermo de Occam).
Humanismo Renacentista
Un gran avivamiento por el estudio en el S. XV puso el fundamento para la Hermenéutica de la
Reforma. Dos factores involucrados fueron: El flujo de refugiados griegos provenientes del caído
imperio Bizantino amplió la influencia del lenguaje griego y de su herencia Clásica; también la
invención de la impresora de tipo movible creó una verdadera explosión de conocimiento y
estudios bíblicos.
Dos Figuras Claves
El terreno para la Reforma fue además preparado – en la providencia divina – por dos
hombres: Juan Reuchlin y Desiderio Erasmo. Reuchlin (tío de Felipe Melanchton) fue el llamado
padre del conocimiento hebreo para la iglesia cristiana pues él publicó una gramática hebrea y un
léxico hebreo, además de publicaciones sobre los acentos y ortografía hebrea y una
interpretación gramática de los siete Salmos de penitencia. A Reuchlin se le llamó “Jerónimo
renacido.” Erasmo (1467-1536) publicó la primera edición crítica del NT en griego (1516),
además de las Anotaciones y su Parafrases de los Evangelios que fueron ejemplos de
interpretación con énfasis histórico y filológico. Lutero usó mucho el NT de Erasmo.
Sin embargo, debemos apuntar a Lutero mismo como la lámpara de la hermenéutica en la
Reforma.
HERMENÉUTICA DE LA REFORMA
Al traducir la Biblia al alemán, Lutero hizo un gran servicio a la nación alemana, pero también
fortaleció el ímpetu de tener las Escrituras en el lenguaje común de la gente. Y aunque debemos
reconocer que los principios hermenéuticos de Lutero fueron mejor que su práctica, es a él a
quien debemos el mayor énfasis sobre el significado literal como la única base apropiada para la
exégesis. Lutero completamente despreciaba la interpretación alegórica de la Escritura
llamándola “puro polvo”, “especulaciones vanas” y “escoria.” Podemos resumir su hermenéutica
con una frase suya: “El Espíritu Santo es el escritor más sencillo que hay en los cielos o en la
tierra, por lo tanto Sus palabras no pueden mas que tener el sentido más sencillo, que es lo que
llamamos el sentido escritural o literal.”
Después de Lutero, la antorcha pasa a Calvino, quien en sus comentarios sobre Gálatas 4:21-26
se quejó de la práctica de obtener varios significados de una misma Escritura como “un invento
de Satanás.” En su introducción a Romanos sus palabras fueron: “Es audacia, casi sacrilegio, usar
la Escritura a nuestro placer y jugar con ella como con una pelota, como muchos lo han hecho…
es el primer trabajo del intérprete dejar que el autor diga lo que dice, en lugar de atribuirle lo que
nosotros pensamos que debió haber dicho.”
Aunque los principios Sola Fidei y Sola Gratia constituyen el principio material de la Reforma,
el principio formal de la misma es Sola Scriptura pues su esencia es el rechazo de la tradición
eclesiástica en la Reforma se dio reversa completamente al énfasis hermenéutico que había
proliferado en la iglesia occidental desde los días de los Padres Post-Apostólicos.
No debemos olvidarnos de Melanchton, Zwingli, Bucer, Beza y otros, pero por falta de tiempo
sólo recordemos las palabras de Tyndale (traductor del NT al inglés):
“Debes entender entonces que la Escritura tiene un solo sentido, que es el sentido literal. Y que
ese sentido literal es la raíz y fundamento de todo, y el ancla que nunca falla, a ella debes
afianzarte, y así nunca errarás ni te saldrás del camino. Pero si dejas el sentido literal, sólo podrás
perderte. Sin embargo, la Escritura sí usa proverbios, similitudes, acertijos, alegorías, como las
otras formas de hablar lo hacen, pero lo que esos proverbios, similitudes, acertijos y alegorías
significan es siempre el sentido literal, y ese debes siempre buscar diligentemente.”
FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DE LA HERMENÉUTICA DE LA REFORMA (LOS 6 PRINCIPIOS
HERMENÉUTICOS DE LUTERO):
EL PRINCIPIO PSICOLÓGICO:
La fe y la iluminación son los requisitos personales y espirituales para el intérprete. El
intérprete debe buscar la dirección del Espíritu y depender en esa dirección.
EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD:
La Biblia es la autoridad suprema y final en todo asunto teológico y por lo tanto está sobre toda
autoridad eclesiástica.
EL PRINCIPIO LITERAL:
Lutero mantuvo la primacía de la interpretación literal de la Escritura. Esta primacía refutó la
interpretación cuatripartita de los Escolásticos. Lutero especialmente rechazó los métodos
alegóricos usados por Roma, pero Lutero mismo algunas veces usó alguna forma de alegoría. Un
aspecto de este principio es que Lutero aceptó la primacía de los idiomas originales de la
Escritura.
EL PRINCIPIO DE LA SUFICIENCIA:
El Cristiano piadoso y competente puede entender el verdadero significado de la Biblia y por lo
tanto no necesita las guías oficiales ofrecidas por Roma. La claridad de la Biblia junto con el
sacerdocio de todos los creyentes hace que la Biblia sea la propiedad de todos los cristianos. La
claridad de la Palabra significa que fue escrita en un lenguaje ordinario con su sentido ordinario.
Su verdadero significado no era alegórico ni de ninguna manera oscuro, y por lo tanto no
requiere de alguna autoridad eclesiástica para definir su verdadero significado. En lugar de un
guía oficial de Roma, Lutero enseñó que el verdadero intérprete de la Escritura es la Escritura
misma. Los pasajes oscuros deben ser interpretados por los pasajes claros, y no por la tradición
de Roma. Ningún pasaje debe ser interpretado de tal manera que contradiga la enseñanza entera
de la Biblia.
EL PRINCIPIO CRISTOLÓGICO:
La función de toda interpretación es encontrar a Cristo. Este fue el método de Lutero para
hacer de toda la Biblia un libro Cristiano (pero no de la manera alegórica de los Padres
primitivos).
EL PRINCIPIO DE LA LEY Y EL EVANGELIO:
La Ley de Dios fue dada para postrarnos a causa de la culpa del pecado. La salvación viene por
la gracia de Dios por medio de la fe en Cristo.
El rechazo de la Hermenéutica de la Reforma
Roma rechazó la hermenéutica de la Reforma puesto que está unida a la doctrina Reformada.
El asunto principal es la interpretación eclesiástica no la interpretación alegórica.
LECCIÓN: 6
QUINTO: EL PERÍODO CONFESIONAL
Este período fue marcado por las siguientes características: Una explosión continuada de los
estudios bíblicos y un progreso continuado en perfeccionar la aplicación de la Hermenéutica de la
Reforma.
Sin embargo, el S. XVII también vio los movimientos del pietismo y racionalismo. Pietismo fue
un movimiento contra el dogmatismo doctrinal y el institucionalismo que carecía de una fe
personal y una vida práctica cristiana piadosa. De los tres principales promotores de este
movimiento: Felipe Jacob Spener, Augusto Hermann Francke y Juan Alberto Bengel, éste último
fue el más importante, particularmente por sus estudios textuales y su comentario del NT. El
racionalismo fue promovido por hombres como Descartes, Hobbes, Spinoza y Locke, así como
von Wolf, Reimarus y Lessing en el área teológica este movimiento efectivamente trató de
naturalizar la revelación especial y sirvió como semilla de la cristiandad liberal y el destructivo
criticismo alto de los siguientes tres (y cuatro) siglos.
LECCIÓN 7
SEXTO: EL PERÍODO HISTÓRICO CRÍTICO
Aunque en el S. XVIII tenemos a hombres como Wesley y Whitefield, fue el movimiento
Metodista que promovió el estudio personal y de grupo de la Biblia, pero fue insuficiente para
detener la tormenta del liberalismo y el llamado criticismo alto de la Biblia, cuando Kant y
Schleiermacher eficazmente removieron los fundamentos de la hermenéutica bíblica de la iglesia.
Kant quitó todo excepto los mandamientos explícitos y Schleiermacher enfatizó los sentimientos
humanos de la divinidad quitando las definiciones ortodoxas y la fuente autoritativa de la Biblia.
A estos dos siguieron Ritschl y von Harnack quienes enfatizaron la moralidad de la Biblia e
idearon un Jesús que no era el de la Biblia (errando en afirmar que el Jesús de la Biblia no era el
Jesús de la historia).
Las características dominantes de la Hermenéutica del liberalismo moderno son: El rechazo de
la inspiración verbal de la Biblia y la opinión que la Biblia es un producto humano falible.
LECCIÓN: 6
SEPTIMO: EL PERÍODO CONTEMPORÁNEO
El S. XX (y ahora el S. XXI) ha visto grandes cambios en el campo de Hermenéutica, sobretodo
por la influencia de Karl Barth y Rudolf Bultmann, así como de otros campos como criticismo
literario, filosofía y aún ciencia. Lo ocurrido en el siglo pasado fue en reacción al método crítico
histórico del S. XIX donde el significado histórico fue enfatizado hasta que la Escritura perdiera
relevancia para nuestro tiempo.
El S. XX vio el nacimiento del llamado Nuevo Criticismo que enfatiza el supuesto significado
que el texto tiene en sí mismo, es decir, aparte del propósito o intención original de su autor.
Cuando intérpretes aplican este principio a la Biblia la historia de la Biblia es minimizada y lo que
el lector considere que es el significado toma precedencia – la interpretación se vuelve subjetiva.
En el presente, la mayoría de las interpretaciones se pueden catalogar en tres clases: aquellas
que ven al texto como autónomo, aquellas que elevan el rol del lector (o intérprete) y aquellas
que consideran suprema la intención del autor.
Debemos reconocer, sin embargo (en la buena providencia de Dios) que en nuestras iglesias la
Hermenéutica ha vuelto a su debida importancia. Los pastores y predicadores están buscando
prepararse mejor, libros están siendo publicados, escuelas establecidas y la Hermenéutica bíblica
(cuyo nacimiento hemos trazado a Esdras, a través de la enseñanza de nuestro Señor y Sus
apóstoles, en los predicadores fieles a su llamado aún en la edad post-apostólica y en la oscura
edad media, hasta llegar al nuevo amanecer de la Reforma, y en los escritos y confesiones
Puritanas, y a pesar de los ataques de los neo-ortodoxos, llegamos a nuestros días) esa
Hermenéutica bíblica está de nuevo siendo enseñada y practicada.
¿Cuál es esa Hermenéutica bíblica? Nada mejor que ver ejemplos bíblicos de ella, y así pasamos
a la tercera unidad: El Uso del AT por el NT.
LECCIÓN: 7
EXÉGESIS Y EXPOSICIÓN
USO DEL AT EN EL NT
INTRODUCCIÓN
En la unidad anterior – el resumen histórico – dijimos que la parte neo-testamentaria la
trataríamos aparte, y en esta tercera unidad veremos la hermenéutica del NT – tanto la usada por
el NT como la enseñada por el NT, pues la doctrina debe ser seguida y acompañada por la
práctica, de otra manera es una doctrina estéril e inútil. Para lograr esto consideraremos el uso
del AT en el NT.
LA BIBLIA DE JESUCRISTO Y SUS APÓSTOLES
La Biblia de nuestro Señor y Sus apóstoles fue nuestro AT: La Ley, Los Profetas y los Salmos – o
como fue también llamada ese tiempo: La Ley (Pentateuco), los Profetas (Jos., Jue, Sam, Rey, Isa,
Jer., Eze y los Doce profetas menores) y los Escritos (Sal, Job, Pro, Cant, Rut, Lam, Ecl, Est, Dan,
Esd Neh y Cro).
No debe sorprendernos entonces que tanto nuestro Señor como Sus apóstoles citaran el AT
para confirmación de enseñanza, ilustración y respuesta. Además, aparte de citas directas
tenemos que el mismo carácter del NT en formas de pensamiento y concepto sigue al AT. Esto no
sólo porque ellos eran judíos, pero sobretodo por estar inmersos en el contenido y teología del
AT – es imposible que se expresaran en alguna otra forma.
Si vamos a través del NT nos encontramos centenas de citas directas al AT, pero como a veces
no es posible discernir donde exactamente termina la cita, o si la cita es a múltiples lugares en el
AT, resulta que no podemos determinar un número exacto.
Una lista sobria de citas cuenta 295 referencias: 224 directas (con palabras de introducción); 7
adicionales donde la conjunción “y” indica que continua la cita; 19 parafrasees obvias (también
con palabras de introducción, p.ej. Mat 2:23) y 45 más donde lo largo de la cita (1 Ped 3:10-12) o
la referencia explícita (Mat 27:46) implican claramente que se refieren al AT. Estas 295 citas
ocupan 352 vs. del NT, y representan 278 diferentes vs. del AT: 94 de la Ley, 99 de los Profetas y
85 de los Escritos.
Si añadimos las alusiones al AT la cuenta se multiplica: Toy lista 613, Shires 1,604, Dittmar
1,640 ¡y Huehn 4,105!
CONSIDERACIÓN SISTEMÁTICA
Para considerar sistemáticamente este uso del AT en el NT podemos dividirlo de la siguiente
manera:
1. EL AT ES RELEVANTE PARA EL TIEMPO DEL NT
El NT ve el AT como completamente significativo y relevante para su propio tiempo. Pablo
afirma esto en Rom 15:4,
“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que
por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” (comp. Rom 4:23, 24; 1
Cor 9:10; 10:11).
Cuando él escribe “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir,
para corregir, para instruir en justicia…” él se está refiriendo principalmente al AT.
Además, al leer en el NT las citas del AT tales referencias se personalizan al presente por medio
de los pronombres personales tú, ustedes, nosotros como en Mat 22:31,
“Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios,
cuando dijo…”
Este v. proviene de Exo 3:6 donde Dios habla a Moisés.
O, Isaías 29:13 “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus
labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un
mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;” en Mat 15:7 y Mar 7:6 la referencia
contemporánea del profeta se hace contemporánea a los oyentes (comp. Hch 4:1; Heb 12:15).
Así como Heb 10:15 “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber
dicho…” un v. de Jeremías es citado (comp. Hch 13:47).
Que la aplicación es contemporánea es evidente por el uso del tiempo presente por los autores
del NT – implica que no sólo los principios enunciados por el AT sino los enunciados mismos se
aplican no únicamente a incidentes del pasado sino al contexto específico del NT.
2. EL AT PROFETIZA DE JESUCRISTO Y DE LA IGLESIA
Este es un axioma absoluto para el NT, la vida y eventos del Señor y de la Iglesia misma fueron
profetizados a gran detalle por el AT. Noten la siguiente lista que incluye solo las profecías más
notables cumplidas en el NT:
Cristo como Hijo de Dios Hch 13:33; Heb 1:5; 5:5
La encarnación Heb 10:5-9
El linaje davídico de Cristo Mat 22:43, 44; Mar 12:36; Luc 20:42, 43; Juan 7:42
El nacimiento virgíneo de Cristo Mat 1:21-23
El nacimiento de Cristo en Belén Mat 2:6; Juan 7:42
La huída a Egipto Mat 2:15
La masacre de los inocentes Mat 2:17, 18
El regreso a Nazaret Mat 2:23
El ministerio de Juan el Bautista Mat 3:3; Mar 1:3; Luc 3:4-6; Juan 1:23
Juan el Bautista como precursor Mar 1:2; Luc 1:76; 7:27
Juan el Bautista como Elías Mat 11:14; 17:12; Mar 9:12, 13; Luc 1:17
La limpieza del templo Juan 2:17
El ministerio en Capernaúm Mat 4:15, 16
El ministerio profético de Cristo Hch 3:22, 23; 7:37
La compasión de Cristo Luc 4:18-21; Mat 12:17-21
El ministerio de sanidad de Cristo Mat 8:17
El sacerdocio eterno de Cristo Heb 5:6; 7:17, 20
El uso de parábolas por Cristo Mat 13:35
El endurecimiento de muchos Mat 13:14, 15; Mar 4:12; Luc 8:10; Juan 12:37-41
La entrada triunfal de Cristo Mat 21:5; Juan 12:14, 15
El rechazo de los judíos de Cristo Mat 21:42; Mar 12:10, 11; Luc 20:17; Hch 4:11; 1 Ped 2:7, 8
El odio de los judíos Juan 15:25
Los sufrimientos de Cristo Mat 26:24; Mar 9:12; 14:21; Luk 18:32; 24:26, 46
La cobardía de los discípulos Mat 26:31; Mar 14:27
La traición por Judas Juan 13:18; 17:12
Unidad 3 – Uso del AT en el NT 16
El fin de Judas Mat 27:9, 10
El arresto de Cristo Mat 26:54, 56; Mar 14:49
Cristo contado como trasgresor Luc 22:37
El juicio de Cristo ante gentiles Luc 18:32
El complot contra Cristo Hch 4:25-27
La suerte echada sobre la ropa Juan 19:24
La sed de Cristo en la cruz Juan 19:28
El costado traspasado de Cristo Juan 19:36
La muerte de Cristo Luc 18:32; Hch 8:32-35; 1 Cor 15:3; Gal 3:13
La resurrección de Cristo Luc 18:33; 24:46; Juan 2:22; Hch 2:25-28, 31; 1 Cor 15:4
La ascensión de Cristo Hch 2:34, 35; 13:33-35; Efe 4:8
La exaltación de Cristo Mat 22:43, 44; Mar 12:36; Luc 20:42, 43; Hch 2:34, 35; Heb 1:13; Apo
2:27
El reemplazo de Judas Hch 1:20
La venida del Espíritu Hch 2:17-21
La expansión universal Luc 24:47; Hch 13:47; 15:14-18; Rom 9:25, 26; 15:9-12; Gal 3:8; 4:27
El endurecimiento de los judíos Hch 28:26, 27; Rom 9:27, 33; 11:8-10
La persecución de los Cristianos Rom 8:36
Las bendiciones del Nuevo Pacto 2 Cor 6:16-18; Heb 8:8-12; 10:16, 17
Los creyentes hermanos de Cristo Heb 2:12, 13
Si añadiéramos pasajes que mencionan mandamientos, promesas o principios generales, está
lista se alargaría mucho – pero esas referencias deben ser suficientes para mostrar que el NT vio
el AT como profecía cierta y detallada sobre la persona y obra de Cristo. Esas profecías así mismo
pueden ser catalogadas de la siguiente manera:
(1) Profecía o mandamiento cumplido: Mat 1:22; 2:15, 17, 23; 4:14; 5:17; 8:17; 12:17; 13:14,
35; 21:4; 26:54, 56; 27:9; Mar 14:49; 15:28; Luc 4:21; 24:44; Juan 12:38; 13:18; 15:25;
17:12; 19:24, 36; Hch 1:16; 3:18; 13:27; Rom 13:8; Gal 5:14; Stg. 2:23.
(2) Sombra: Col 2:17; Heb 8:5; 10:1. En el AT vemos la sombra proyectada por la sustancia del
NT. Aquí vemos la preeminencia del NT y lo apropiado del AT.
(3) Tipo: Rom 5:14; 1 Cor 10:6 y Ante-tipo (figura o representación): Heb 9:24; 1 Ped 3:21.
Esos términos tienen que ver con el patrón de verdad cuyo prototipo y diseño está en la
mente de Dios y es revelado históricamente en el NT.
(4) Verdad o verdadero – no en contraste con mentira o falso sino en términos de lo completo
y lo incompleto, de lo total y lo parcial - el NT es la flor mientras que el AT es el botón: Juan
1:9, 17; 6:32; 15:1; 1 Juan 2:28; Heb 8:2; 9:24; 1 Ped 5:12.
3. EL AT ES LA PALABRA DE DIOS
La base de la fe del NT sobre la verdad profética del AT fue la convicción de que el AT es la
Palabra de Dios. El v. clave de 2 Tim 3:16 dice claramente “Toda la Escritura es inspirada por
Dios”, de igual manera la frase “Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra
tradición” (Mat 15:6; Mar 7:13) y las palabras de Pablo en Rom 3:2 “les ha sido confiada la
palabra de Dios” indican que Jesucristo y Sus apóstoles vieron el AT como la Palabra de Dios.
Muchas de las citas del AT son introducidas por los autores del NT como proviniendo de Dios
mismo, inclusive cuando lo dicho en el AT es una porción dicha a Dios y no dicha por Dios, o parte
de una narración (Mat 19:4, 5; Hch 4:25; 13:35; Heb 1:5-8, 13; 3:7; 4:4).
Lo inverso también es verdad en el NT: sus autores citan dichos divinos personificando a las
Escrituras: Rom 9:17; Gal 3:8.
Las veces que los autores del NT hacen esto, lo hacen, no negando que haya un autor humano
que fue inspirado a escribir el AT, sino para indicar su firme creencia que lo que el AT dice lo dice
Dios.
Entre las citas del AT en el NT ocurre algo también interesante, cuando el autor se refiere tanto
a Dios como al autor humano: Mat 1:22; Mar 12:36 (Mat 22:43); Hch 1:16 (4:25); 28:25; Rom
9:25. Esta manera de hablar indica que el NT ve al AT como divino y al mismo tiempo humano.
El uso frecuente, tanto por nuestro Señor como por los apóstoles de la frase “Escrito está” no
sólo enfatiza el carácter de escritura pero también es un apelo a la autoridad final de la Escritura
misma – no hay argumento contra ella. De igual importancia es la referencia al AT como la “Ley”
aún cuando el pasaje en vista sea de los Profetas o de los Escritos (Juan 10:34; 15:25; Rom 3:19; 1
Cor 14:21). Esos no son casos de error de cita sino testimonios al carácter legal y autoridad de la
Escritura así como cuando el salmista habla de la ley, los estatutos, los mandamientos y las
ordenanzas en el Salmo 119 cuya vista es más amplia que el mero Pentateuco. Igual es el uso de
la palabra “profeta” para introducir una cita de los Salmos (Mat 13:35) para el NT el AT es el
Canon, la palabra profética de Dios mismo.
Como corolario a esto podemos ver que los autores del NT no dudaron en edificar sus
argumentos en las palabras del AT, inclusive en una sola palabra del AT. Este método implica la
suprema confianza de que el AT tiene completa autoridad divina, aún en su más diminuto detalle.
Este método no debe ser confundido con un rígido literalismo en la hermenéutica de los
autores del NT sino que debe ser visto como un principio práctico del AT como Palabra de Dios:
Mat 2:15; 4:10; 13:35; 22:44; Mar 12:36; Luc 4:8: 20:42, 43; Juan 8:17; 10:34; 19:37; Hch 23:5;
Rom 4:3, 9, 23; 15:9-12; 1 Cor 6:16; Gal 3:8, 10, 13; Heb 1:7; 2:12; 3:13; 4:7; 12:26.
En Gal 3:16 el argumento se centra en el uso del singular y no del plural en el AT – esto no
sugiere que el AT pueda ser usado como una especie de código por descifrar sino que el
significado y autoridad divina está en las palabras mismas del texto y tal significado ya implícito
en el AT es revelado por el NT bajo inspiración del Espíritu de Dios.
Por medio de este entendimiento podemos ver el uso que Jesucristo hizo del Sal 82:6 en Juan
10:34, 35 y del Sal 110 en Mat 22:43-45 (comp. Mar 12:35-37; Luc 20:41-44).
4. EL AT TIENE UN SIGNIFICADO DADO POR DIOS EN EL NT
Puesto que el NT ve al AT como la Palabra de Dios, los autores del NT interpretaron sus
referencias al AT no sólo en términos de lo que sus autores humanos pudieran haber visto sino
en términos de lo que Dios mismo significó y reveló a ellos.
Tenemos por ejemplo el argumento de Pablo en Gal 3:16 que se centra en el hecho que la
palabra “simiente” es singular y no plural. Aquí la frase de Dios dada originalmente a Abraham (y
escrita por Moisés) es interpretada como refiriéndose a Cristo – tal interpretación más
probablemente no estaba en la mente de Abraham al oír la profecía (el término singular
“simiente” es un término colectivo), quizás Moisés tampoco tenía en vista tal interpretación sin
embargo, Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, nos dice claramente que lo que Dios dijo, lo que
Abraham oyó, y lo que Moisés escribió tiene que ver con la única Persona que es Cristo. Tal fue
la intención divina en Gen 26:4.
Esto no niega el significado único y sencillo de la Escritura, sino que más bien implica que
ciertos pasajes del AT tienen una referencia más allá de lo que el oyente o autor original entendió
no debemos olvidar que a través de toda la Escritura tenemos una teología bíblica que nos
muestra un plan divino único, cuyo fin y final se halla en Cristo y en Su obra.
En los profetas este fenómeno se conoce como la vista uno-dimensional donde el profeta o
autor solo puede ver una sola dimensión, mientras que vemos en el NT que había aún otra
dimensión detrás de la primera, oculta al profeta o autor en el AT pero revelada al autor del NT.
Esto no es alegorizar el AT, ni espiritualizarlo, sino que es ver su significado más profundo
dado por Dios mismo en el NT. No debemos limitar al AT al nivel horizontal cuando Dios mismo
nos ha dado el nivel vertical.
Una palabra de precaución, éste es territorio del NT y sólo de él, no es nuestro y no tenemos
libertad de interpretar según nuestro gusto al AT (ni al NT) como si nosotros fuésemos
inspirados para hallar tales “más profundos significados” en las Escrituras.
5. EL NT DERRAMA LUZ SOBRE EL AT
Este es un corolario del punto anterior, puesto que en muchos casos, los autores del NT,
guiados por el Espíritu Santo, perciben con mayor claridad que los mismos profetas del AT las
profecías dichas por estos últimos.
Hab 2:4 “el justo por su fe vivirá” es citado tres veces en el NT (Rom 1:17; Gal 3:11 y Heb
10:38). En el NT tal cita es relacionada a la justificación por la fe y a la perseverancia de los
creyentes. Estos temas están presentes en Habacuc mismo en la relación a la fe del pueblo de
Dios en medio de gran calamidad, el énfasis en la profecía es la confianza en Dios por los
redimidos – esto es tomado por Pablo y aplicado bajo el Evangelio de Cristo – esta luz es mayor
en el NT que en el AT.
Mat 1:22, 23 es una cita de Isa 7:14 donde es evidente que Mateo tuvo mayor luz que Isaías
mismo.
Hay otras muchas referencias al AT en el NT donde el NT derrama mayor luz sobre el AT –
comparando las referencias podemos:
(1) Entender mejor el AT mismo:
(2) Ver su correcta aplicación por el NT, y:
(3) Entender la hermenéutica bíblica de los autores inspirados en el NT.
6. EL NT TIENE UNA COMPRENSIÓN MAYOR QUE EL AT EN EL PROPÓSITO DE REDENCIÓN
Este es otro corolario del punto cuatro e implica que los autores del NT, por la mayor
comprensión del método de redención divino pudieron discernir las sombras, tipos y paralelos
del AT en el tiempo del Mesías.
Mat 2:15 es una cita de Os 11:1 “de Egipto llamé a mi hijo” y la referencia en Oseas es obvia a la
nación de Israel saliendo de Egipto en el Éxodo mientras que Oseas ve hacía atrás, Mateo toma la
cita y ve hacía adelante (del tiempo de Oseas) la cita no es una mala aplicación apostólica sino
una comprensión del plan divino de redención, donde la liberación de Israel de Egipto es un
paralelo a la intervención divina demostrada en el regreso del niño Jesús a Nazaret. Oseas muy
probablemente no tenía tal comprensión, pero Mateo, con una mayor comprensión de los
propósitos divinos en la redención y en la teología bíblica de la Escritura, usa esta referencia
aplicándola a Jesucristo.
7. DIVERSAS CITAS EN EL AT TIENEN UNA UNIDAD TEMÁTICA EN EL NT
Por medio de unir varias citas de diversos lugares del AT, los autores del NT demuestran la
unidad temática del AT.
Podemos ver esto en Rom 3:10-18 donde referencias de Sal 14:1-3; 5:9; 140:3; 10:7; Isa 59:7, 8
y Sal 36:1 son encadenadas temáticamente. Otro ejemplo es Rom 15:9-12 donde Pablo une
cuatro citas (2 Sam 22:50; Deu 32:43; Sal 117:1 e Isa 11:10) para mostrar la promesa del AT con
referencia a la esperanza de los gentiles.
Esta es la resolución de las aparentes discrepancias en las citas de Mar 1:2, 3 donde referencias
a Mal 3:1 e Isa 40:3 en algunos manuscritos son introducidas con una referencia al profeta Isaías
(en el T. Maj. la referencia es a “los profetas” mientras que en la RV1960 es a “el profeta”). Así
como en Mat 27:9, 10 donde citas de Zac. 11:12, 13 y Jer. 32:6-9 son introducidas por la frase “lo
dicho por el profeta Jeremías (comp. Jer. 18:2 y 19:2).
Posiblemente el texto de Mat 2:23 que ha causado tanto debate se resuelva de esta manera,
pues no hay un solo lugar en el AT donde tal profecía se halle, pero si tomamos toda la profecía
del AT en relación al carácter del Mesías, podemos ver porque Mateo dice “y vino y habitó en la
ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría
de ser llamado nazareno.” Algunos tratan de resolver esto por una cita a Isa 11:1 y 60:21 donde
el hebreo de la palabra “vástago” es cran (comp. “renuevo” en Jer. 23:5 y 33:15 donde una
palabra hebrea diferente es usada xm;c).
RESUMEN
El uso del AT en el NT nos muestra cómo los autores del NT interpretaron el AT. A pesar de
estar en el mismo contexto histórico que la hermenéutica judía (rabínica), y aunque varias de las
reglas de Hillel pueden ser discernidas en el NT, estas son aquellas que podemos describir como
correctas y bíblicas, no porque Hillel las haya enunciado sino porque en su esencia son reglas
correctas de interpretación.
Aunque algunos han levantado acusaciones contra nuestro Señor y contra los apóstoles
(especialmente Pablo) de seguir la hermenéutica midrashica o pesher, los ejemplos que tenemos
en el NT nos muestran claramente otro tipo de interpretación.
La frase en el Sermón del Monte “Oísteis que fue dicho a los antiguos… pero Yo os digo…” no es
exégesis pesher (Qumran) sino que es la interpretación correcta del AT en contraste con la
interpretación incorrecta de los fariseos y sus antepasados.
Las parábolas de nuestro Señor tampoco pueden ser descritas como alegorías pues la figura
literaria de la parábola está basada en el símil: comparaciones son analogías directas, algo muy
diferente del carácter indirecto de las alegorías.
Tenemos excelentes ejemplos de la interpretación usada por Jesucristo mismo,
particularmente en el Sermón del Monte, pero también en cada una de las referencias que Él hace
al AT (por eje., Mar 2:25-28 y Juan 7:23; 10:34-36).
Algunos usan el ejemplo de Pablo en Gal 4:24-31 para acusarlo de usar alegoría en su
interpretación (y por lo tanto legitimar el uso de tal interpretación), pero el punto clave en
entender al apóstol es el v. 24 donde la frase original a[tina, evstin avllhgorou,mena es mejor
traducida “todo lo cual puede ser puesto en alegoría” – si el apóstol deseó en ese instante, para
mejor ilustrar su argumento, usar un método en el cual sus oyentes pudieran entenderlo mejor,
ciertamente él tenía absoluta libertad de hacerlo – esto no significa que él estuviera diciendo que
el evento en Génesis y esas dos mujeres tuvieran un sentido más profundo y por lo tanto se
requería alegorizar el pasaje.
En otro pasaje Paulino, 1 Cor 10:1-6, los críticos acusan al apóstol de seguir una leyenda
rabínica de un pozo en forma de roca que rodaba siguiendo al pueblo a través del desierto, sus
aguas no sólo para la sed, pero también para sanidad ¡y aún para desodorante! Pero Pablo afirma
que tal roca era “espiritual” no en el sentido de su naturaleza (espiritualizando el evento) sino en
términos de su origen – la roca era supernatural en su origen pues Exo 17:6 nos enseña que el
Señor mismo estaba sobre la roca, en este sentido el Señor acompañó con Su presencia real a los
israelitas en el desierto, así como Isa 6 (comp. Juan 6:41) nos muestra que fue Cristo a quien el
profeta vio.
Igualmente, el uso de Pablo en Gal 3:16 no es un ejemplo de midrash halakiko sino que es la
teología bíblica del singular en representación del plural – todos los que creen son incorporados
en el único – la simiente es Cristo.
De manera que podemos afirmar sin duda alguna que nuestro Señor y Sus apóstoles revivieron
la exposición Esdrasica donde el sencillo pero correcto proceso de lectura, traducción y
explicación es seguido fielmente, sin desviarse del sentido original en su contexto, tanto
gramático como histórico, por supuesto añadiendo la mayor luz del Nuevo Pacto y la
consumación de la revelación especial a través de Cristo.
LECCIÓN: 8
CITAS DEL AT EN EL NT
Gen 1:27 Mat 19:4; Mar 5: 24 Heb 11:5 15: 5 Rom 4:18
10:6 12: 1 Hch 7:3 15: 6 Rom 4:3, 9, 22; Gal
2: 2 Heb 4:4 12: 3 Gal 3:8 3:6; Stg 2:23
2: 7 1 Cor 15:45 12: 7 Hch 7:5; Gal 3:16 15: 13-14 Hch 7:6-7
2: 24 Mat 19:5; Mar 10:7-8; 13: 15 Hch 7:5; Gal 3:16 17: 5 Rom 4:17-18
1 Cor 6:16; Efe 5:31 14: 17-20 Heb 7:1-2 17: 7 Gal 3:16
5: 2 Mat 19:4; Mar 10:6
17: 8 Hch 7:5 Lev 12: 8 Luc 2:24 25: 5 Mat 22:24; Mar 12:19;
18: 10 Rom 9:9 18: 5 Rom 10:5; Gal 3:12 Luc 20:28
18: 14 Rom 9:9 19: 2 1 Ped 1:16 27: 26 Gal 3:10
18: 18 Gal 3:8 19: 12 Mat 5:33 29: 4 Rom 11:8
21: 10 Gal 4:30 19: 18 Mat 5:43; 19:19; 30: 12-14 Rom 10:6-8
21: 12 Rom 9:7; Heb 11:18 22:39; Mar 12:31; 12:33; 31: 6, 8 Heb 13:5
22: 16-17 Heb 6:13-14 Luc 10:27; Rom 13:9; 32:21 Rom 10:19
22: 18 Hch 3:25 Gal 5: 14; Stg 2:8 32: 35 Rom 12:19
24: 7 Gal 3:16 23: 29 Hch 3:23 32: 35-36 Heb 10:30
25: 23 Rom 9:12 24: 20 Mat 5:38 32: 43 Rom 15:10
26: 4 Hch 3:25 26: 12 2 Cor 6:16 32: 43 LXX Heb 1:6
47: 31 LXX Heb 11:21 Núm. 9:12 Juan 19:36 I Sam 13:14 Hch 13:22
48: 4 Hch 7:5 16: 5 2 Tim 2:19 II Sam 7:8 2 Cor 6:18
Éxo 1: 8 Hch 7:18 30: 2 Mat 5:33 7: 14 2 Cor 6:18; Heb 1:5
2:14 Hch 7:27-28; 35 Deut 4:35 Mar 12:32 22:50 Rom 15:9
3:2 Hch 7:30 5: 16 Mat 15:4; Mar 7:10; I Rey 19:10, 14 Rom 11:3
3:5-10 Hch 7:33-34 Luc 18:20 19 : 18 Rom 11:4
3:6 Mat 22:32; Mar 12:26; 5: 16-20 Mat 19:18-19; Mar Job 5: 13 1 Cor 3:19
Luc 20:37; Hch 3:13; 7:32 10:19; Luc 18:20 41: 11 Rom 11:35
3:12 Hch 7:7 5: 17 Mat 5:21; Stg 2:11 Sal 2: 1-2 Hch 4:25-26
3:15 Mat 22:32; Mar 12:26; 5: 17-21 Rom 13:9 2: 7 Hch 13:33; Heb 1:5; 5:5
Hch 3:13 5: 18 Mat 5:27 4: 4 Efe 4:26
9: 16 Rom 9:17 5: 21 Rom 7:7 5:9 Rom 3:13
12: 46 Juan 19:36 6: 4 Mar 12:32 8: 3 LXX Mat 21:16
13: 2 Luc 2:23 6: 4-5 Mar 12:29-30 8: 4-6 LXX Heb 2:6-8
13: 12 Luc 2:23 6: 5 Mat 22:37; Mar 12:33; 8: 6 1 Cor 15:27
13: 15 Luc 2:23 Luc 10:27
10: 7 Rom 3:14
16: 18 2 Cor 8:15 6: 13 Mat 4:10; Luc 4:8
14: 1-3 Rom 3:10-12
19: 6 1 Ped 2:9 6: 16 Mat 4:7; Luc 4:12
16: 8-11 Hch 2:25-28
19: 12-13 Heb 12:20 8: 3 Mat 4:4; Luc 4:4
16: 10 Hch 2:31
20: 12 Mat 15:4; Mar 7:10; 9: 4 Rom 10:6
16: 10 LXX Hch 13:35
Efe 6:2-3 9: 19 Heb 12:21
18: 49 Rom 15:9
20: 12-16 Mat 19:18-19; 17: 7 1 Cor 5:13
19: 4 LXX Rom 10:18
Mar 10:19; Luc 18:20 18: 15 Hch 7:37
22: 1 Mat 27:46; Mar 15:34
20: 13 Mat 5:21; Stg 2:11 18: 15-16 Hch 3:22
22: 18 Jn 19:24
20: 13-17 Rom 13:9 18: 19 Hch 3:23
22: 22 Heb 2:12
20: 14 Mat 5:27; Stg 2:11 19: 15 Mat 18:16; 2 Cor
24: 11 Cor 10:26
20: 17 Rom 7:7 13:1
31: 5 Luc 23:46
21: 17 Mat 15:4; Mar 7:10 19: 19 1 Cor 5:13
32: 1-2 Rom 4:7-8
21: 24 Mat 5:38 19: 21 Mat 5:38
34: 12-16 1 Ped 3:10-12
22: 28 Hch 23:5 21: 23 Gal 3:13
35:19 Jn 15:25
24: 8 Heb 9:20 22: 21 1 Cor 5:13
36:1 Rom 3:18
25: 40 Heb 8:5 22: 24 1 Cor 5:13
40:6-8 Heb 10:5-7
32: 1 Hch 7:40 24: 1 Mat 5:31; 19:7
41:9 Jn 13:18
32: 6 1 Cor 10:7 24: 1, 3 Mar 10:4
44:22 Rom 8:36
32: 23 Hch 7:40 24: 7 1 Cor 5:13
45:6-7 Heb 1:8-9
33: 19 Rom 9:15 25: 4 1 Cor 9:9; 1 Tim 5:18
51:4 LXX Rom 3:4
53:1-3 Rom 3:10-12 6:9-10 LXX Mat 13:14-15; 53:9 1 Ped 2:22
68:18 Efe 4:8 Mar 4:12 53:12 Luc 22:37
69:4 Jn 15:25 6:9-10 Hch 28:26-27 54:1 Gal 4:27
69:9 Jn 2:17; Rom 15:3 6:10 LXX Jn 12:40 54:13 Jn 6:45
69:22-23 LXX Rom 11:9-10 7:14 LXX Mat 1:23 55:3 LXX Hch 13:34
69:25 Hch 1:20 8:8, 10 LXX Mat 1:23 56:7 Mat 21:13; Mar 11:17;
78:2 Mat 13:35 8:14 Rom 9:33; 1 Ped 2:8 Luc 19:46
78:24 Jn 6:31 8:17 LXX Heb 2:13 59:7-8 Rom 3:15-17
82:6 Jn 10:34 8:18 Heb 2:13 59:20-21 LXX Rom 11:26-
89:20 Hch 13:22 9:1-2 Mat 4:15-16 27
Unidad 3 – Uso del AT en el 10:22-23 LXX Rom 9:27-28 61:1-2 LXX Luc 4:18-19
NT 24 11:10 LXX Rom 15:12 62:11 Mat 21:5
91:11-12 Mat 4:6; Luc 4:10- 22:13 1 Cor 15:32 64:4 1 Cor 2:9
11 25:8 1 Cor 15:54 65:1 LXX Rom 10:20
94:11 1 Cor 3:20 27:9 LXX Rom 11:27b 65:2 LXX Rom 10:21
95:7-8 LXX Heb 3:15; 4:7 28:11-12 1 Cor 14:21 66:1-2 Hch 7:49-50
95:7-11 Heb 3:7-11 28:16 LXX Rom 9:33; 10:11; Jer 9:24 1 Cor 1:31; 2 Cor
95:11 1 Cor 3:20 1 Ped 2:6 10:17
102:25-27 LXX Heb 1:10-12 29:10 Rom 11:8 31:15 Mat 2:18
104:4 LXX Heb 1:7 Unidad 3 – Uso del AT en el 31:31-34 Heb 8:8-12
109:8 Hch 1:20 NT 25 31:33-34 Heb 10:16-17
110:1 Mat 22:24; 26:64; 29:13 LXX Mat 15:8-9; Mar Eze 20:34, 41 2 Cor 6:17
Mar 12:36; 14:62; Luc 7:6-7 37:27 2 Cor 6:16
20:42-43; 22:69; 29:14 LXX Mat 1 Cor 1:19 Daniel 7:13 Mat 24:30;
Hch 2:34-35; Heb 1:13 40:3-5 LXX Luc 3:4-6 26:64; Mar 13:26; 14:62;
110:4 Heb 5:6; 7:17, 21 40:3 LXX Mat 3:3; Mar 1:3; Luc 21:27
112:9 2 Cor 9:9 Jn 1:23 Oseas 1:10 Rom 9:26
116:10 LXX 2 Cor 4:13 40:6-8 1 Ped 1:24-25 2:23 Rom 9:25
117:1 Rom 15:11 40:13 LXX Rom 11:34; 1 Cor 6:6 Mat 9:13; 12:7
118:22 Luc 20:17; Hch 4:11; 2:16 10:8 Luc 23:30
1 Ped 2:7 42:1-3 Mat 12:18-20 11:1 Mat 2:15
118:22-23 Mat 21:42; Mar 42:4 LXX Mat 12:21 13:14 LXX 1 Cor 15:55
12:10-11 43:20 LXX 1 Ped 2:9 Joel 2:28-32 LXX Hch 2:17-
118:25-26 Mat 21:9; Mar 43:21 LXX 1 Ped 2:9 21
11:9-10; Jn 12:13 45:21 Mar 12:32 2:32 Rom 10:13
118:26 Mat 23:39; Luc 45:23 LXX Rom 14:11 Amos 5:25-27 LXX Hch
13:35; 19:38 49:6 Hch 13:47 7:42-43
132:11 Hch 2:30 49:8 2 Cor 6:2 9:11-12 Hch 15:16-17
140:3 LXX Rom 3:13 49:18 Rom 14:11 Jonás 1:17 Mat 12:40
Prov 3:11-12 LXX Heb 12:5- 52:5 LXX Rom 2:24 Miq 5:2 Mat 2:6
6 52:7 Rom 10:15 7:6 Mat 10:35-36
3:34 LXX Stg 4:6; 1 Ped 5:5 52:11 2 Cor 6:17 Hab 1:5 LXX Hch 13:41
11:31 LXX 1 Ped 4:18 52:15 LXX Rom 15:21 2:3-4 LXX Heb 10:37-38
25:21-22 LXX Rom 12:20 53:1 LXX Jn 12:38; Rom 2:4 Rom 1:17; Gal 3:11
26:11 2 Ped 2:22 10:16 Hag 2:6 LXX Heb 12:26
Isa 1:9 LXX Rom 9:29 53:4 Mat 8:17 Zac 8:16 Efe 4:25
6:9 LXX Luc 8:10 53:7-8 LXX Hch 8:32-33 9:9 Mat 21:5; Jn 12:15
11:12-13 Mat 27:9-10 13:7 Mat 26:31; Mar 14:27 3:1 Mat 11:10; Mar 1:2; Luc
12:10 Jn 19:37 Mal 1:2-3 Rom 9:13 7:27
*Estas son citas que pueden catalogarse como directas, pues si añadiéramos alusiones o
paralelos verbales, se incrementarían con cientos de veces.
TIPOS DE CITA O REFERENCIA
El NT cita al AT en varias formas o tipos. Algunas citas son directas, otras son alusiones, en su
mayoría parecen ser de memoria, aunque algunas son palabra por palabra ya sea del Hebreo o
del Griego (LXX), y aún otras parecen ser de algún tipo de texto desconocido a nosotros.
Un tipo de cita interesante es cuando una misma cita es tomada de dos o más distintas
referencias como Mat 21:13 “y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas
vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” (Mar 11:17; Luc 19:46) donde la primera parte
proviene de Isaías 56:7 y la segunda de Jeremías 7:11. Romanos 11:8-10 es una cita de Isaías
29:10; Deut 29:4 y Salmo 68:23s – hay varios ejemplos de esta forma de cita, llamada
encadenamiento por unir referencias de dos o más partes. Rom 3:10-18 es la cadena más larga,
con la fórmula singular de introducción “Como está escrito” el apóstol encadena citas del Salmo
14:1-3; 5:9; 140:3; 10:7; Isa 59:7-8 y Salmo 36:1.
Algunas citas, como ya mencionamos, son más bien de sustancia, donde no hay una referencia
aparente en todo el AT sino que es la enseñanza o implicación completa del AT. Cuatro ejemplos
claros existen en el NT: Mat 2:23; Juan 7:38; Efe 5:14 y Stg. 4:5. Aunque algunas palabras pueden
ser encontradas en el AT, a manera de alusión, es mejor considerar esas citas como dando la
sustancia del AT en lugar de una cita directa o indirecta de una referencia en el AT.
En la academia es común decir que las citas del AT por el NT son citas de carácter pesher
donde el autor simplemente incorpora a la cita su propia interpretación o aplicación
contemporánea. Esta apreciación de las citas del AT por el NT tiene el efecto de negar que los
autores del NT citaran e interpretaran el AT en su sentido histórico y gramático – y que las citas
fueran más bien ad hoc (hecho por el propósito particular presente). Tal conclusión va contra el
uso mismo que el NT hace del AT como hemos visto anteriormente. Los autores del NT
ciertamente no se consideraban libres de usar el AT como mera prueba sin fundamento en el
contexto original.
CARÁCTER DE LAS CITAS
En 1885 Frederic Gardiner concluyó:
“En todas las citas que son usadas argumentativamente, o para establecer cualquier hecho o
doctrina, es obviamente necesario que el pasaje citado sea citado de acuerdo a su sentido y
significado original, para que el argumento basado en él sea válido. Ha habido mucho criticismo
duro contra algunos de esos pasajes, y se ha afirmado sin pensarlo bien que los apóstoles,
especialmente Pablo, criados en las escuelas rabínicas de pensamiento, citaron las Escrituras en
el modo rabínico e inconsecuente. Un examen paciente y cuidadoso de los pasajes mismos
quitará tal falsa consideración.” (Citado por Kaiser, The Use of the OT in the New, pp. 9, 10).
CLASES DE CITAS
Se pueden discernir cinco clases de citas del AT en el NT: apologética, profética, tipológica,
teológica y práctica. Veamos brevemente cada una de estas clases por medio de un ejemplo claro
de ellas.
SALMO 16 EN HECHOS 2:29-33: PRUEBA DE LA RESURRECCIÓN
El uso apologético del AT en el NT es su uso a manera de argumento para sostener una
doctrina o práctica. Por medio de considerar el uso que Pedro hace del Salmo 16 buscamos
demostrar que el apóstol (y Lucas el escritor) no usó arbitrariamente el AT para sustentar su
enseñanza sino que creía que el AT habló en una manera tan definida y reconocida que anticipó
la venida, obra salvífica y ministerio de Cristo: “Pero Dios ha cumplido así lo que había antes
anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.” (Hch 3:18).
El Salmo 16 es citado tanto por Pedro como por Pablo (16:8-11 en Hch 2:25-28; 16:10 en Hch
2:31 y 16:10 LXX en Hch 13:35), ambos están hablando a oyentes que conocen ese Salmo y
ambos asumen que su interpretación será irrefutable y por lo tanto aceptada por sus oyentes.
Esta presuposición indica un principio hermenéutico que es el sentido único de la Escritura,
pues si admitimos que porciones de Escritura tengan un sentido oculto o doble, introducimos un
elemento de incertidumbre que, de hecho, derrumba toda interpretación. Los judíos y prosélitos
que escucharon a Pedro y Pablo bien podían contradecirles si la interpretación fuera contra el
sentido único de la Escritura.
Esto no significa que Dios mismo por medio de Su inspiración de los autores de la Escritura no
pueda mostrar lo que Berkhof llama interpretación teológica, donde Dios, como el Autor
Primario, nos muestra:
(1) Que la Biblia es la Palabra de Dios:
(2) Que ésta constituye un conjunto orgánico donde cada libro individual es una parte integral,
(3) Que el AT y NT se relacionan entre sí como tipo y antitipo, profecía y cumplimiento, semilla
y flor, y:
(4) Que no sólo los enunciados explícitos de la Biblia sino también aquellos deducidos de ella
por buena y necesaria consecuencia constituyen la Palabra de Dios.
Algunos autores llaman a éste el sentido místico de la Biblia.
En el caso ante nosotros, Pedro afirma que su argumento procede de las palabras de David
mismo: “Porque David dice de él [Jesús]” (Hch 2:25).
Aquí aprendemos otro principio hermenéutico que es el sentido epangélico (de promesa) o
Cristo céntrico de las Escrituras. Si entendemos que la unidad orgánica de las Escrituras no niega
la progresión redentiva de las mismas, y que esa redención tiene que ver con Cristo Jesús,
entonces tomaremos en cuenta no sólo el contexto histórico del texto, y su forma gramática, sino
que también consideraremos su contexto teológico y el punto Cristo céntrico en él.
CONSIDEREMOS BREVEMENTE EL SALMO 16:
(1) Su autor es David – “Mictam de David” dice el título (¡lo que sea que Mictam signifique!) y
además tenemos la confirmación explícita de Pedro en Hch 2:25.
(2) El contexto histórico es desconocido, aparte de que por ser de David necesariamente
sucedió en su tiempo.
(3) El contenido es uno de confianza en Dios, confianza en el carácter divino, aborrecimiento
de los idólatras, contentamiento en la providencia divina, y firme esperanza en la fidelidad
divina.
(4) Esta confianza en Dios es establecida por la relación entre el salmista y Dios mismo:
“Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado” – el sentido literal es dado mejor por LBA
“pues en ti me refugio”. El original %b' ytiysix'-yK implica un contexto religioso donde el
salmista confía en Dios quien guarda Su pacto.
(5) Esta confianza es expresada al llamar a Jehová mismo “la porción de mi herencia y de mi
copa” (v. 5).
(6) Él por lo tanto concluye: “Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne
también reposará confiadamente; Porque no dejarás mi alma en el Sheol, Ni permitirás
que tu santo vea corrupción.” (vs. 9, 10).
(7) El asunto ante nosotros es quién es “Tu Santo” [^d>ysix] del v. 10. Si reconocemos que
Hasid es un término mesiánico no perderemos el camino y la enseñanza misma de David
mismo en este Salmo – David está ciertamente hablando de sí mismo pero no como él
personalmente sino como él tipológicamente – ya para el v. 10 David ve más allá que su
propia persona al Hasid de Jehová.
Ahora consideremos brevemente el uso de Pedro (y de Pablo) de este Salmo. Nuestra
explicación del Salmo es confirmada por Pablo (Hch 13:35) porque él conecta al Salmo 16 con
Isaías 55:3 (Hch 13:34) – las promesas fieles a David son las promesas pactuales de Jehová al
Descendiente de David – esta exégesis es igualmente clara en el contexto histórico, gramático y
teológico de Isaías 55.
(1) Pedro afirma que David proféticamente previó la resurrección del Mesías: Hch 2:25-31.
Pedro afirma que tal fue el sentido mismo de las palabras de David: David no estaba
hablando de sí mismo sino del Mesías.
(2) Pedro (y Pablo) citan correctamente el Salmo (tanto directamente del Hebreo como del
Griego de LXX.)
(3) Pedro (y Pablo) dan el sentido correcto del Salmo siguiendo ya la profecía mesiánica dada
por David.
(4) La cita preservada en Griego por Lucas es gramáticamente correcta al Hebreo del Salmo
16, contra la crítica de algunos comentaristas liberales.
(5) No hay una doble interpretación, oscura y escondida, mucho menos múltiple o contraria.
(6) Tanto Pedro como Pablo aplican a sus oyentes contemporáneos la enseñanza e implicación
del Salmo 16 en su cumplimiento mesiánico.
(7) Tanto Pedro como Pablo nos muestran aquí el uso apologético de la Escritura: ellos
fundamentan su enseñanza por medio de un argumento irrefutable de la Escritura.
MALAQUÍAS 4:4-5: ¿FUE JUAN EL BAUTISTA EL ELÍAS POR VENIR?
El uso profético del AT en el NT es su uso para demostrar que la promesa dada en el AT ha sido
cumplida en el NT.
Es importante entender que el carácter de promesa implica muchas veces que los resultados
prometidos en el AT sucedieron no todos a una sino en diversos tiempos y maneras. Esto es
diferente de explicar las profecías por medio de múltiples cumplimientos. Si entendemos que la
promesa incluye predicción de varios eventos que el profeta mismo desconocía con respecto al
tiempo y manera de su cumplimiento, no tendremos problema en entender el uso profético del
AT en el NT.
Aquí aprendemos otro principio hermenéutico que es conectar la profecía del AT a la única
Promesa de Dios revelada progresivamente en el AT y demostrada concluyentemente en el NT en
Cristo y la Iglesia.
Un aspecto de la profecía bíblica que debe tomarse en cuenta en la vista mono-dimensional
que el profeta tuvo en su visión: desde la perspectiva del profeta, ciertos eventos aparecen
simultáneos cuando en su cumplimiento vemos que estaban separados por tiempo – el profeta no
tuvo ni dio indicación que esto fuera así.
El error de muchos intérpretes es llamar al cumplimiento doble-cumplimiento cuando en
realidad el profeta previó los múltiples cumplimientos excepto carecía de la visión bi-
dimensional que incluyera el tiempo que transcurriría para que esos cumplimientos llegaran.
Otro error en que algunos caen es en llamar esto espiritualización de la profecía – pues no hay
ni sentido figurado, espiritual, místico u oscuro en esas profecías, sólo que debemos reconocer
que el profeta vio todos los eventos simultáneamente.
Si mantenemos el principio ya establecido que no Escritura tiene dos sentidos, entonces nos
evitaremos caer en esos errores de interpretación. O la Escritura es verdaderamente revelación o
tenemos ante nosotros un libro de enigmas, acertijos y códigos escondidos que están lejos de ser
revelación misma. O la Biblia habla según el usus loquendi (uso común y corriente) o estamos
ante un verdadero laberinto.
De una vez por todas debemos abandonar cualquier huponoia (sentido oculto) en la Escritura
o cualquier esfuerzo por hermenéutica está destinado a fallar. Unidad 3 – Uso del AT en el NT 30
En términos del uso profético, ciertamente no usaríamos el doble sentido para sustentar
alguna doctrina o práctica, entonces ¿Por qué usarlo para entender e interpretar profecía?
¿Cuál es la brújula para poder evitar perdernos al interpretar profecía? Los teólogos la llaman
la analogía teológica de la Escritura o la teología bíblica de la Escritura y es ese único plan de
redención que encontramos en la Biblia, a través de los libros del Canon podemos discernir que
ciertos términos toman un sentido especial (simiente, siervo, descanso, reino, santo, etc.);
podemos igualmente ver cuando un autor cita a otro autor previo a él (David cita al Pentateuco,
los Profetas a David y a Moisés); podemos discernir si existen alusiones a previa revelación;
podemos discernir referencias a eventos pasados (el Éxodo, la entrada a Canaán, etc.); y
especialmente podemos discernir referencias al pacto de Dios y Sus promesas.
Aquí aprendemos aun otro principio hermenéutico y es que las Escrituras se interpretan a sí
mismas (Scriptura scripturam interpretatur). Escrituras relativamente oscuras deben ser
interpretadas por otras más claras.
Esto nos lleva a otro principio hermenéutico que se llama la analogía de la Fe (la frase bíblica
se encuentra en Rom 12:6 th.n avnalogi,an th/j pi,stewj que nuestra versión traduce “la medida
de la fe”), donde la Escritura no debe ser interpretada de manera que contradiga el cuerpo de
Doctrina enseñada por ella – particularmente el único plan de redención – y en términos
prácticos, tanto doctrina como práctica no debe ser derivada ni de pasajes que no hablen de esa
doctrina o práctica o en manera que contradiga otra clara doctrina o práctica bíblica.
PERO VAYAMOS A MALAQUÍAS 4:4-5 Y SU USO PROFÉTICO POR EL NT:
“Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para
todo Israel. He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y
terrible.”
Obviamente debemos tomar en cuenta dos pasajes previos:
Mal 3:1 He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá
súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis
vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.
Isa 40:3 Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la
soledad a nuestro Dios.
Tomando esos tres pasajes juntos tenemos que discernir:
(1) La identidad del Elías por venir;
(2) El tiempo de su venida y
(3) La obra asignada a él.
La identidad podemos derivarla de las tres referencias: él es, en alguna forma, el profeta Elías,
él es “mi mensajero” [ykia'l.m, noten el juego de palabras con el nombre de Malaquías ykia'l.m].
Aunque el sustantivo malak (%a;l.m;) también quiere decir ángel, el “mensajero” de Jehová no es
un ser angélico o celestial, es un hombre pues en Isaías la voz que clama en el desierto es parte de
la nación de Israel misma, Mal 3:1 es el contexto de Mal 4:5 y este “mensajero” es contrastado con
el Señor.
El “Señor” de Mal 3:1 es idéntico con “el ángel (o mensajero %a;l.m; del pacto) quien no es sino
el Ángel de Jehová – Jehová mismo, el Cristo pre-encarnado de las numerosas Teofanías o
Cristofanías del AT.
En mensajero anunciado por venir antes que el Señor mismo viniera habría de “preparar el
camino delante de” Él. El paralelo entre Mal 3:1 e Isa 40:3 es imposible de no ver (yn"p'l. %r,d,-
hN"piW en Mal y en hw"hy> %r,D, WNP; Isa). El futuro mensajero habría de limpiar los
obstáculos, la basura e impedimentos ante Él.
¿Cómo debemos interpretar la venida del profeta Elías? ¿Debemos esperar un Elías re-
encarnado? Ciertamente el patrón bíblico no es ese pues la frase en Mal 4:5, 6 indica que aún en
la percepción de Malaquías quien vendría sería uno con el espíritu de Elías – “He aquí, yo os envío
el profeta Elías [aybiN"h; hY"lia], antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. Él hará
volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea
que yo venga y hiera la tierra con maldición.”
Que ésta es una manera de indicar la venida de un profeta en el espíritu de Elías es evidente
porque aún ya en 2 Cro 21:12 se menciona una carta de Elías cuando este ya tenías varios años
muerto; además tenemos el ejemplo de Eliseo a quien se le dio una doble porción del espíritu de
Elías (2 Reyes 2:15).
Así como no esperamos el retorno de David (Jer 30:9; Ose 3:5; Eze 34:23, 24; 37:24) sino que
reconocemos al Hijo de David profetizado bajo el símbolo de David, de la misma manera no
debemos esperar a Elías mismo, sino a aquél que vino en el espíritu de Elías.
Este que habría de venir, habría de venir “antes que venga el día de Jehová, grande y terrible”
(Joel 2:11, 31; Sof 1:14) – este “Día de Jehová” es otra de las marcas distintivas de la profecía del
AT: (1) Pues aunque varios profetas lo previeron cerca, sus profecías cubren un período de
cuatro siglos (Abd 15; Joel 1:15; 2:21; Isa 3:6; Sof 1:7, 14; Eze 30:3); (2) esos mismos profetas
vieron cosas incluidas en el día del Señor que sucedieron en el tiempo de ellos mismos; y (3) sin
embargo, ese mismo día incluía cosas en el lejano futuro (Isa 13:5; Zac 14:1, 8-9).
La única manera correcta de interpretar ese enigma es volver al principio hermenéutico de la
vista mono-dimensional de los profetas.
Elías habría de venir antes de ese día – pero, ¿se refiere a la primera o a la segunda venida? Los
profetas del AT no distinguían entre ellas, nosotros podemos distinguirlas porque vivimos
después de la primera venida. Sin embargo, tenemos la interpretación infalible del NT, pues el día
del Señor incluye tanto la primera venida como la segunda venida – en el caso de la profecía de
Mal 4:5, Elías vino antes de ese día.
¿Fue Juan el Bautista el cumplimiento de esta profecía? Tres interpretaciones han sido dadas
desde tiempos de los padres post-apostólicos:
(1) Juan el Bautista fue el cumplimiento de la profecía y no esperamos la venida de Elías
Tisbita. (Calvino, Hengstenberg, Allis).
(2) Juan el Bautista no fue el cumplimiento de la profecía y Elías Tisbita volverá antes del final
de los tiempos. (John Paul Tan, Tertuliano).
(3) Juan el Bautista cumplió con la profecía pero vino en el espíritu de Elías, otros también
vendrán antes del final de los tiempos. (Justino Mártir, Agustín, Perowne, Marshall,
Pentecost).
¿QUÉ DICE EL NT?
Mat 11:10 Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu
faz, El cual preparará tu camino delante de ti.
Mat 11:14 Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.
Pero, ¿Qué hacemos con Juan 1:21, 23?
1:21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió:
No.
Juan estaba negando que él era Elías re-encarnado o redivivus – una idea judía contemporánea.
Pero tenemos sus palabras explícitas en el v. 23, “Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el
desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.” Y Lucas nos dice “E irá
delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a
los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien
dispuesto.” (El ángel Gabriel a Zacarías, 1:17).
Los mismos discípulos, inmersos en la teología contemporánea de ellos, esperaban al literal
Elías, pero el Señor les muestra que Juan el Bautista cumplió con la profecía:
“Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga
primero? Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las
cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada? Pero
os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él” (Mar 9:11-
13; Mat 17:10-13).
A manera de conclusión podemos enunciar de nuevo los principios hermenéuticos que
aprendemos del uso profético del AT por el NT:
Debemos conectar la profecía del AT a la única Promesa de Dios revelada progresivamente en
el AT y demostrada concluyentemente en el NT en Cristo y la Iglesia – la teología bíblica de las
Escrituras.
Debemos constantemente mantener la analogía de las Escrituras y de la Fe.
Debemos consistentemente aplicar el principio que las Escrituras se interpretan a sí mismas.
Debemos recordar el hecho de la vista mono-dimensional de los profetas.
1 CORINTIOS 10:6 – “TIPOS DE NOSOTROS”
El uso tipológico del AT en el NT es uno de los más debatidos en la historia de la hermenéutica,
de hecho, algunos abogan porque tipología no sea considerada parte de la exégesis bíblica. Esto
se debe particularmente a los excesos en la práctica actual de la tipología por algunos intérpretes.
Por eso se han delineado tres posiciones diversas básicas sobre la tipología:
(1) No hay tipología en la exégesis bíblica – tipología es eisegésis.
(2) La Escritura nos da una tipología bíblica por medio de describir ciertas instituciones,
eventos o personas como tipos de algo futuro, por lo tanto el intérprete debe buscar esos
tipos y antitipos en las Escrituras.
(3) La Escritura nos da una tipología bíblica por medio de describir explícitamente ciertas
instituciones, eventos o personas como tipos de algo futuro – en el AT dándonos el tipo y en
el NT dándonos el antitipo.
Por lo tanto el intérprete debe reconocer solamente esos tipos y antitipos en las Escrituras que
sean descritos como tales explícita o implícitamente por su lugar en la historia de la redención.
Es esta última perspectiva la abogada por la mayoría de los intérpretes Reformados,
comenzando con Johannes Cocceius (1603-69), a través de Herbert Marsh (1757-1839) pero
grandemente mejorada en la gran obra de Patrick Fairbarn (1805-74) Tipología de la Escritura.
La presuposición es que Dios ha ordenado y supervisado personas, eventos e instituciones
específicas y ha comisionado su registro en la Escritura de manera que anticipa una realización
más grande y significativa de eventos (personas e instituciones) futuros conectados con la
primera o segunda venida de Cristo.
Aquí aprendemos un principio hermenéutico fundamental para tipología: Dios mismo ordenó,
supervisó y comisionó esas personas, eventos o instituciones que encuentran después su antitipo
en el NT. Esto implica que debemos reconocer como tipos y antitipos solamente aquellas
realidades históricas explícitamente instituidas por Dios y que muestran las mismas verdades,
principios y relaciones en ambos Testamentos.
Este principio mismo implica otro, el de prefiguración pues la relación tipo-ante-tipo implica
que esos eventos (personas o instituciones) realmente prefiguran alguna verdad en la
Cristiandad – hay una cierta perspectiva profética en el tipo que es cumplida en el antitipo.
Este segundo principio implica a la vez un tercero, que es que hay cierta correspondencia
histórica entre el tipo y el antitipo. Es decir, debe existir más que mera semejanza – esta debe
estar fundamentada y acompañada del designio divino del tipo y antitipo de tal forma que el tipo
apunte hacia el antitipo y el antitipo cumpla con todo lo esperado por el tipo.
Esto nos lleva a un cuarto principio hermenéutico de tipología y es que el antitipo está
relacionado al tipo en una relación escalonada, es decir, de avance. Debe existir un progreso del
tipo al antitipo y no un retroceso.
Hay cinco pasajes claves para la tipología bíblica en el NT:
Romanos 5:12-21 (noten v. 14 “No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en
los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir
[o[j evstin tu,poj tou/ me,llontoj].”)
1 Corintios 10:1-13 (noten v. 6 “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros
[tipos de nosotros tu,poi h`mw/n], para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.”
También v. 11)
Hebreos 8:5 “los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le
advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas
conforme al modelo [kata. to.n tu,pon] que se te ha mostrado en el monte.”
Hebreos 9:24 “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero
[avnti,tupa tw/n avlhqinw/n], sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante
Dios.”
1 Pedro 3:18-21 (noten v. 21 “El bautismo que corresponde [o] avnti,tupon] a esto ahora nos
salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia
hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,”).
Notemos que los pasajes en Hebreos exhiben una relación vertical (terrenal-celestial) entre el
tipo y el antitipo, mientras que los otros tres pasajes exhiben una relación horizontal (terrenal-
terrenal).
Para examinar de una manera práctica la tipología del NT – en su uso del AT, consideremos el
pasaje de 1 Corintios 10:1-13.
EL CONTEXTO DE ESTE PASAJE ES LA EXHORTACIÓN DE 9:24-27,
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el
premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos,
a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de
esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino
que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros,
yo mismo venga a ser eliminado.”
Esta exhortación, reforzada con el ejemplo personal de Pablo, es seguida por el uso tipológico
del AT por el apóstol Pablo en el párrafo 10:1-13, pues noten la primera frase: “Porque no quiero,
hermanos, que ignoréis… [Ouv qe,lw de. u`ma/j avgnoei/n avdelfoi, o[ti – de. conectivo traducido
“Porque”].”
Versículos 1-4 indican que la participación de Israel en un bautismo y con la comida espiritual
no son pruebas infalibles de salvación personal. Al parecer algunos en la iglesia de Corinto
esperaban que su bautismo y su participación en la Cena del Señor fuera garantía de su salvación,
pero Pablo les muestra que Israel con su bautismo y con su participación de comida celestial no
garantizó la salvación ni siquiera de la mayoría de ellos – y la prueba apostólica es que tales
eventos fueron tipos que hayan su cumplimiento en la era Cristiana.
La conexión se da primero en las palabras “nuestros padres” del v.1, dirigiéndose a una
congregación gentil en su mayoría Pablo habla de la generación que salió de Egipto como
“nuestros padres.”
Pero además tenemos la palabra “bautismo” (evbapti,santo) y la frase “en Moisés” (eivj to.n
Mwu?sh/n) que en los escritos de Pablo sólo tiene paralelo con “en Cristo” (noten
evbapti,sqhmen eivj Cristo. n VIhsou/n en Rom 6:4).
La liberación de Israel de Egipto y su vida bajo Moisés como líder fue tipo de lo que la iglesia
neotestamentaria habría de experimentar con la liberación del pecado y su vida bajo Cristo
simbolizada en el bautismo y su comunión con Él simbolizada en la Cena.
Habiendo establecido la correspondencia histórica entre los eventos del Éxodo y la vida de la
iglesia neotestamentaria, Pablo continúa usando varios episodios en la vida de Israel como
advertencias para la iglesia (vs. 5-10). Así como la mayoría que salieron de Egipto y fueron
bautizados en Moisés, y estuvieron bajo la nube y pasaron el mar, y comieron del alimento
espiritual y bebieron de la bebida espiritual perecieron en el desierto, de la misma manera (pues
esos eventos fueron tipos de nosotros) nosotros participamos de bautismo en Cristo y salimos de
nuestro Egipto, participamos de la Cena y confesamos unión con Él.
Aquí el v. 6 nos va a ayudar en gran manera a entender la tipología bíblica:
“Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros [tau/ta de. tu,poi h`mw/n
evgenh,qhsan], para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.”
La forma plural “estas cosas” [tau/ta] se refiere al bautismo, comida y bebida del contexto
inmediato anterior, pero también abarca los juicios mencionados en vs. 6-9 – estamos frente a
más que una sencilla exhortación.
El verbo “sucedieron” [evgenh,qhsan] es paralelo al del v. 11 “acontecieron” [sune,bainon] y se
refiere a eventos históricos pasados que realmente sucedieron.
Pero aún más importante es el “para nosotros” [h`mw/n] pues aunque nuestra traducción ha
optado por el genitivo objetivo puede ser traducido como genitivo subjetivo “de nosotros” que
tendría un paralelo en la construcción de Rom 5:14 “Adán, el cual es figura del que había de
venir.” [VAda,m o[j evstin tu,poj tou/ me,llontoj] y si estamos correctos en traducirlo como
genitivo objetivo, Pablo se está refiriendo a eventos que sucedieron como tipos de nosotros.
Los eventos mencionados en vs. 6-9 son:
(1) La idolatría cuando Aarón hizo el becerro de oro [Exo 32:4, 6];
(2) La inmoralidad sexual propiciada por Balaán [Núm. 25:1-9];
(3) La prueba a la que sometieron a Dios cuando las serpientes mordieron al pueblo [Núm.
21:1-9] y:
(4) La murmuración del pueblo cuando Dios juzgó la rebelión contra Su instituido liderazgo
[Núm. 16:41].
El v. 11 repite lo enunciado:
“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a
quienes han alcanzado los fines de los siglos.”
La palabra traducida “ejemplo” [tu,poi] ¿tiene sentido exhortatorio o hermenéutico? El sentido
exhortatorio es seguido por nuestra versión pero parecería ser redundante con la frase que le
sigue “y están escritas para amonestarnos a nosotros.” El sentido hermenéutico “tipos”
describiría la naturaleza de esos eventos: fueron tipos de nosotros, mientras que las segundas
frases de vs. 6 y 11 describen el propósito de esos eventos: “para que no codiciemos cosas malas
como ellos codiciaron [eivj to. mh. ei=nai h`ma/j evpiqumhta.j kakw/n kaqw.j kavkei/noi
evpequ,mhsan] (v.6) y “y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado
los fines de los siglos [evgra,fh de. pro.j nouqesi,an h`mw/n eivj ou]j ta. te,lh tw/n aivw,nwn
kath,nthsen].”
Y es esa última frase la que denota aún más la naturaleza de los tipos bíblicos – son de y para
aquellos “quienes han alcanzado los fines de los siglos.” La tipología bíblica tiene carácter
escatológico.
A manera de conclusión podemos enunciar algunas deducciones de estas cosas: si los tipos son
de nosotros y no simplemente para nosotros, entonces la tipología bíblica provee la unión
escatológica entre el AT y el NT – podemos usarla como una clave hermenéutica y descubrir esos
eventos, personas e instituciones que son tipos de nosotros. Mera interpretación gramática e
histórica que ignora la teología de la Escritura no es suficiente para descubrir y aplicar esos tipos
y antetipos.
Tipología bíblica subraya el propósito divino en la historia de redención que se va
desarrollando progresivamente a través de los Testamentos. Tales tipos sólo lo son si son
divinamente diseñados, y el exegeta bíblico debe buscarlos y encontrarlos sin introducirlos
donde no están: directivas para su localización son las varias cosas “nuevas” del NT (nuevo
Moisés, nuevo pacto, nuevo David, nuevo templo, nuevo Éxodo, nueva copa y pan, nuevos cielos y
nueva tierra, etc.); además de esos términos propiamente técnicos, como simiente, Hijo,
primogénito, descanso, bendición, Santo, casa de David, etc.; y la evidente recurrencia de eventos
históricos como los peregrinajes en el desierto, exilios, éxodos, libertadores constituidos por
Dios, etc.
Finalmente, tipología lo es porque es de nosotros – de la Iglesia, no son escritos meramente
para nuestra exhortación y ejemplo, sino que son escritos de nosotros, para nosotros y por lo
tanto predictivos y proféticos en carácter.
AMOS 9:9-15: LA INCLUSIÓN DE LOS GENTILES EN EL PLAN DE DIOS
El uso teológico del AT en el NT va contra mucho de la hermenéutica contemporánea. Por un
lado, tenemos aquellos que prácticamente excluyen al AT de su enseñanza y predicación,
relegándolo a un mero prólogo al NT, sin mucho que decir, nada que enseñar y ciertamente sin
autoridad sobre el cristiano. Por otro lado, tenemos a aquellos que cristianizan al AT por medio
de alegorizarlo o espiritualizarlo, defendiendo sus interpretaciones apelando al Espíritu del NT.
Luego, y aquí está la gran mayoría, confesando el canon del AT pero evitándolo, excepto para
lectura de un salmo o proverbio, o quizás para predicaciones de personajes claves (como Adán,
Abel, Abraham, et al). El AT ha sido abandonado teológicamente y esto ha resultado en
hermenéuticas aberrantes (dispensacionalismo y la llamada teología del nuevo pacto)
Nuestra hermenéutica debe satisfactoriamente interpretar el AT gramática, histórica y
teológicamente. No podemos torcer su sentido ni abandonarlo, mucho menos practicar gimnasia
teológica para encontrar un sentido cómodo imponiendo anacrónicamente aspectos cristianos
(leyendo al NT dentro del AT), más bien debemos interpretar el AT en su significado cristiano.
¿Cuál es la relación del AT al NT? ¿Qué método exegético utiliza el NT en sus citas del AT? ¿Cuál
es la discontinuidad y la continuidad del AT con el NT? ¿Quién es el pueblo de Dios y qué es el
reino de Dios? ¿Vieron los profetas del AT la iglesia? ¿Vieron la salvación de los Unidad 3 – Uso
del AT en el NT 36
gentiles? ¿Hay un plan divino maestro y un único programa que incluya la realización
escatológica de ambos Testamentos?
Amos 9:11,12 son citados por Jacobo para poner fin al debate registrado en Hch 15,
“Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. Simón ha
contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su
nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después De Esto
Volveré Y Reedificaré El Tabernáculo De David, Que Está Caído; Y Repararé Sus Ruinas, Y Lo
Volveré A Levantar, Para Que El Resto De Los Hombres Busque Al Señor, Y Todos Los Gentiles,
Sobre Los Cuales Es Invocado Mi Nombre, Dice El Señor, Que Hace Conocer Todo Esto Desde
Tiempos Antiguos. Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios,
sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de
ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo
predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.” (vs. 13-21).
¿Fue la Iglesia lo que Amos vio? ¿Vio Amos la inclusión de los gentiles? ¿Se cumplió la profecía
de Amos en el tiempo de los Apóstoles?
Existen tres áreas de tensión en la hermenéutica que se notan al tratar de entender el uso de
este pasaje del AT por el NT:
(1) El tiempo del reino – si fue en Pentecostés o si espera la Parusía.
(2) La forma de este reino – si es interno y espiritual o si es externo y visible.
(3) La extensión de este reino – si es un cuerpo espiritual, la Iglesia, o si es un cuerpo político
(Israel nacional).
Aunque no esperamos resolver el debate dispensacional/pactual en esta lectura, sí existen
puntos teológicos importantes que debemos reconocer. Debemos recordar la teología bíblica
para poder interpretar correctamente y entender el uso teológico del AT por el NT.
En primer lugar, la inclusión de los gentiles a la bendición divina no puede ser pasada por alto,
pues desde el principio mismo tenemos estas palabras: “y serán benditas en ti todas las familias
de la tierra.” Gen 12:3 – tenemos aquí el original del mandato misionero. El plan redentor de Dios
desde el principio es universal en su extensión.
En segundo lugar, el objeto y contenido de la fe de los patriarcas es el mismo, ya sea antes de
Abraham o después de él – es la simiente de la mujer (Gen 3:15; 9:27; 12:1-3). Pablo
explícitamente dice que tal era el evangelio:
Gal 3:8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de
antemano la buena nueva [proeuhggeli,sato] a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las
naciones.
Rom 10:6-8 “Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al
cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer
subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu
corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos.” [citando Deut 30:10-14]
O, podemos comparar Rom 1:1-6 “el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus
profetas en las santas Escrituras,” o Heb 3:17 – 4:2 “Porque también a nosotros se nos ha
anunciado la buena nueva [euvhggelisme,noi] como a ellos”.
Con respecto a la extensión del reino, desde el principio incluía a los gentiles – el AT abunda
con ejemplos del cumplimiento escatológico: Melquisedec, Jetro, Séfora, Rahab, Rut, et al, y las
muchas profecías dirigidas a las naciones (Abdías, Jonás, Nahúm, y porciones de Isaías, Jeremías,
Ezequiel y Amos.)
Tanto el contenido como la extensión, por lo tanto, incluía a los gentiles. Pero, ¿Qué con
respecto a su tiempo y forma? ¿Era el plan desde el principio que Cristo establecería Su reino que
incluiría a los gentiles o fue un Plan B que se requirió cuando los judíos rechazaron al Mesías?
¿Era desde siempre un reino espiritual o se espera un reino nacional? ¿Podemos hablar de un
nuevo Israel de Dios que es la Iglesia o es esto espiritualizar al AT?
Aquí el uso que Jacobo dio del AT en el NT nos servirá para entender la hermenéutica del NT
en su aspecto teológico.
PRIMERO, OBSERVEMOS ALGUNAS CLAVES EXEGÉTICAS EN AMOS 9:11-12,
(1) “el tabernáculo caído de David” se refiere a lo que el AT usualmente llama “la casa de
David”, su dinastía, una dinastía que había recibido gloriosas promesas pero que se haya
por el pecado de Israel en un estado caído. Dios promete levantarla de tal estado: “En
aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David.”
(2) Tres enunciados describen como Dios levantará el tK;su caído de David: “repararé sus
brechas, levantaré sus ruinas, y la reedificaré como en tiempo pasado,” [LBA]. Estos
enunciados son importantes por los sufijos usados en el original hebreo: sus brechas es
femenino plural, sus ruinas es masculino singular y la reedificaré es femenino singular -
¿Por qué los cambios en sufijos? El primero (femenino plural) se debe a que Israel está
divido en dos reinos. El segundo (masculino singular) debe referirse a David mismo, o más
bien, al nuevo David: Jesucristo. Y, finalmente el tercero (femenino singular) se refiere al
tabernáculo o sucat que es un sustantivo femenino.
(3) La frase “como en el tiempo pasado” habla de la promesa de 2 Sam 7:16 donde Dios
prometió una dinastía perpetua a David.
(4) El v. 12 implica a un pueblo pues dice “para que [ellos] tomen posesión” [LBA]. Amos ha
estado hablando acerca de un remanente que Dios preservaría y a quienes cumpliría Sus
promesas (comp. V. 8).
(5) El v. 12 también implica que el remanente incluiría a gentiles: “para que tomen posesión
[Wvr>yyI] del remanente de Edom y de todas las naciones donde se invoca mi nombre --
declara el SEÑOR, que hace esto.” [LBA] Edom es escogido particularmente por su feroz
oposición a Israel, pero no es sólo Edom quien vendrá a ser posesión del remanente, pero
“todas las naciones”.
Aquí debemos recordar la profecía de Balaán en Núm. 24:17-18 que preveía el tiempo de
esta posesión: “Lo veré, mas no ahora; Lo miraré, mas no de cerca; Saldrá ESTRELLA de
Jacob, Y se levantará cetro de Israel, Y herirá las sienes de Moab, Y destruirá a todos los
hijos de Set. Será tomada [hv'rey>] Edom, Será también tomada Seir por sus enemigos, E
Israel se portará varonilmente.”
(6) La frase “donde se invoca Mi nombre” fue la que trajo a memoria esta cita de Amos, pues
en Hch 15:14 leemos:
“Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo
para su nombre.”
Esta frase siempre es usada en el AT para denotar que Dios posee lo que es llamado por Su
nombre.
SEGUNDO, OBSERVEMOS ALGUNAS CLAVES EXEGÉTICAS EN HECHOS 15:15-16,
(1) El contexto de la cita de Jacobo es el tiempo preciso de ellos, la predicación introductoria a
los gentiles: “Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar
de ellos pueblo para su nombre.” (v. 14).
(2) Jacobo lee Amos 9:11 “En aquel día” [aWhh; ~AYB, evn th/| h`me,ra| evkei,nh| LXX] como
“Después de esto” [literalmente, Después de estas cosas - Meta. tau/ta] – las “cosas” a las
cuales se refiere Jacobo son las cosas de la profecía de Amos, que comenzado en cap. 7
profetizó en cinco visiones el castigo que Dios traería sobre Israel terminando con la
destrucción del templo mismo (9:1s), y la gran mayoría de la nación perecería, excepto un
remanente preservado por Dios mismo. Jacobo mantiene el contexto histórico de Amos y
afirma que después de esas cosas (la destrucción del templo, la dispersión de Israel y el fin
de Samaria) Dios volvería. Lo que Dios prometió que haría, Jacobo dice, lo está haciendo
con la predicación del Evangelio a los gentiles y su inclusión en la Iglesia.
(3) Aún la frase introductoria: “cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de
ellos pueblo para su nombre” tiene grandes implicaciones exegéticas pues aquellos que
eran “gentiles” [evqnw/n] ahora son “pueblo” [lao.n].
(4) Jacobo afirma que la profecía de Amos concuerda con ese hecho o evento que Pedro ha
relatado: “Y con esto concuerdan [kai. tou,tw| sumfwnou/sin] las palabras de los profetas,
como está escrito…” El “esto” se refiere a la conversión de los gentiles.
(5) Aunque Jacobo solo cita Amos, sus palabras son que “Y con esto concuerdan las palabras
de los profetas, como está escrito.” Los profetas del AT habían previsto la inclusión de los
gentiles, Amos es un ejemplo de ello.
(6) Jacobo usa Amos para dar un argumento teológico que es irrefutable, pero no es sólo
Amos quien profetiza la inclusión de los gentiles – son las palabras escritas de los profetas
(plural) las que concuerdan con la salvación de los gentiles.
(7) Tanto Amos como Jacobo hablan de la salvación de judíos y gentiles como la promesa
divina (profetizada en Amos y cumplida en tiempo de Jacobo) de la reconstrucción del
tabernáculo caído de David. En el plan divino de la Promesa hecha a nuestros primero
padres (la simiente de la mujer, a los Patriarcas, a David, y renovada en el Nuevo Pacto: Yo
seré su Dios y ustedes serán Mi pueblo), los gentiles están incluidos desde el principio. La
Iglesia no es un Plan B, la Iglesia siempre ha estado en el plan divino de la restauración del
tabernáculo caído de David.
En conclusión, Jacobo nos muestra el uso teológico del AT por el NT – una interpretación
histórica y gramática del AT en su contexto y en su teología bíblica, informada por toda la
Escritura e iluminada por la obra del Espíritu Santo en la inspiración divina de la palabra
apostólica.
La hermenéutica teológica toma en consideración toda la Escritura, no sólo un estrecho
contexto gramatical, tampoco sucumbe a las presuposiciones de un sistema teológico sino que
permite que la interpretación gramático-histórica sea iluminada por la teología bíblica que
incluye escatología en todo paso de exégesis. No es mera analogía, mucho menos es espiritualizar
el AT, pero es ver la Promesa perenne a través de la Escritura.
PABLO Y SANTIAGO – APLICANDO LA LEY MOSAICA
El uso práctico del AT en el NT nos presenta algo que en el presente es de suprema
importancia y gran interés especialmente para intérpretes de la Biblia. Los autores del NT una y
otra vez citan algún proverbio o alguna porción de la Ley para reforzar su enseñanza sobre la
vida práctica y ética de los creyentes.
Algunas veces, las citas son tan cortas que parece que los autores estaban sacando fuera de
contexto esas referencias, pero nada puede estar más lejos de la verdad. Eso también, en
ocasiones, ha sido causa de debate sobre el contexto cultural de las referencias usadas, como si
esas porciones citadas estuvieran atadas de tal forma al pueblo, cultura y tiempo de Israel, que no
tuvieran aplicación a creyentes en el resto del mundo, de diversas culturas y épocas.
La Ley ha sido divida convenientemente en tres: moral, ceremonial y civil. Aunque en el
presente hay un debate sobre la Ley Moral, ha sido el consenso de la Iglesia que el Decálogo nos
da un resumen de esa Ley Moral y no está de tal manera incrustado a la Ley Civil de Israel que
haya perdido su uso y aplicación. Con respecto a la Ley Ceremonial también ha sido el consenso
que Jesucristo en Su persona y obra ha cumplido tal Ley y ésta no tiene ya más autoridad sobre el
creyente. Con respecto a la Ley Civil también ha habido consenso que esta está limitada a la
nación de Israel y no tiene mayor alcance a otras naciones.
Pero, ¿Qué diremos a Pablo cuando afirma “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna
manera, sino que confirmamos la ley.” (Rom 3:31)?
Es ahora que el uso práctico del AT por el NT nos ayuda a ver la hermenéutica bíblica en su
exégesis y aplicación tanto de porciones civiles como ceremoniales de la Ley de Dios.
En 1 Cor 9:8-10 Pablo usa un argumento que a primera vista parece irrelevante para sostener
su enseñanza sobre el sustento de los misioneros (ministros del evangelio):
“¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está
escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice
enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que
ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.”
Una de las primeras cuestiones por resolver es ¿Cómo ha Pablo brincado de Deut 25:4 con su
contexto histórico al tiempo de los Corintios y dicho “pues por nosotros se escribió?
No vamos a detenernos a responder a aquellos que enseñan que Pablo estaba usando formas
aberrantes de interpretación como alegoría, o interpretación rabínica (qal wahomer – minori ad
majas – de lo menor a lo mayor) o exégesis helenista judaica. Afirmamos que Pablo está dando el
sentido gramático-histórico-teológico del texto – él no está espiritualizando el texto, él nos está
dando el sentido literal del texto.
En primer lugar, Pablo está en el contexto entero de su texto: Deut 24-25 enseñan las
obligaciones morales que Dios manda. La enseñanza de esos capítulos de Deuteronomio son las
leyes humanas de equidad y por aplicación a fortiori (corolario – si esto es así, esto con más
razón lo es).
EL COMENTARIO DE CALVINO ES APROPIADO AQUÍ:
“No debemos cometer el error de pensar que Pablo está interpretando ese mandamiento
alegóricamente; porque algunas criaturas cabezas huecas hacen de esto una excusa para hacer de
todo alegoría, de manera que cambian perros a hombres, árboles en ángeles, y convierten la
Escritura entera a un juego divertido.
Pero lo que Pablo está actualmente diciendo es bastante sencillo: pues aunque el Señor manda
consideración para con el buey, Él lo hace, no por causa del buey, sino en consideración de los
hombres, para cuyo beneficio aun los bueyes fueron creados. Por lo tanto ese trato humano para
con los bueyes debe ser un incentivo, movernos a tratarnos el uno al otro con consideración y
equidad.”
La conclusión de Pablo es: “Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el
que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.” Él no está dando un sentido oculto del
mandamiento, ni alegorizando el mandamiento sino que nos está dando el intento mismo de lo
que Moisés escribió – un principio permanente de equidad.
La carta de Santiago nos presenta la naturaleza de la verdadera fe como una fe que tiene obras
y por lo tanto está viva. Recientemente se notó que Santiago sigue muy de cerca Levítico 19:12-
18 en sus exhortaciones.
“Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová. No
oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la
mañana. No maldecirás al sordo, y delante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor
de tu Dios. Yo Jehová. No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al
grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás
contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová. No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás
con tu prójimo, para que no participes de su pecado. No te vengarás, ni guardarás rencor a los
hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.”
Santiago (2:8) cita Levítico 19:18b “amarás a tu prójimo como a ti mismo” y lo llama “la ley
real”. Además Santiago mantiene el contexto de Levítico, esto lo vemos si comparamos 2:9 con
Lev 19:15, “pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley
como transgresores.” (Stg.)
“No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con
justicia juzgarás a tu prójimo.” (Lev)
Si comparamos la sustancia parenética de Santiago con la ley ceremonial contenida en Levítico
18-20 podemos ver que Santiago usó tal ley como fundamento de sus exhortaciones prácticas,
éticas y morales para con los creyentes:
SANTIAGO: LEVÍTICO 19:12-18
2:1 “sin acepción de personas”
19:15 “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con
justicia juzgarás a tu prójimo”
2:9 “pero si hacéis acepción de personas”
19:15 “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con
justicia juzgarás a tu prójimo”
2:8 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
19:18 “sino amarás a tu prójimo como a ti mismo”
4:11 “no murmuréis los unos de los otros”
19:16 “No andarás chismeando entre tu pueblo”
5:4 “He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por
engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado
en los oídos del Señor de los ejércitos”
19:13 “No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana.”
5:9 “Hermanos, no os quejéis unos contra otros”
19:18 “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo”
5:12 “no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí
sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.”
19:12 “Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios”
5:20 “sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un
alma, y cubrirá multitud de pecados.”
19:17 “razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.”
Aparte de los obvios paralelos entre Santiago y Levítico debemos notar la frase en Stg. 2:8
“conforme a la Escritura” [kata. th.n grafh,n] de acuerdo a él, el cumplimiento de la ley real debe
ser conforme a la Escritura, y esas Escrituras que él cita son AT. No hay tal contraste entre la “ley
real” y la ley Mosaica. Santiago usa mandamientos que exponen el Decálogo y que se hallan en
medio de lo que llamaríamos la ley ceremonial para sostener sus exhortaciones. La ley de amor
que Santiago exhorta a sus lectores es nada menos que la encontrada en Levítico.
¿Cómo usa el AT el NT en su interpretación práctica? Por medio de mostrar que:
Rom 7:14 la ley es espiritual
1 Tim 1:8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente
El amor cristiano mandado al cristiano no es un amor desconectado de la Ley divina, debe ser
“conforme a la Escritura” – son las porciones éticas y legales de la Escritura las que nos enseñan
como debemos vivir, no para salvación pero por haber sido salvos.
“Toda la Escritura [en contexto el AT grafh] es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para
redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,
enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:16)
LECCIÓN: 9
HERMENÉUTICA
INTRODUCCIÓN
Hermenéutica es una palabra griega, cuya familia ocurre varias veces en el NT: el verbo
ermhneuw (Jn. 1:38, 42; 9:7; Heb. 7:2), el sustantivo e`rmhnei,a (1 Co 12:10; 14:26), el verbo
diermhneu,w (Luc. 24:27; Hch 9:36; 1 Co. 12:30; 14:5, 13, 27); el sustantivo diermhneuth,j (1 Cor
14:28) y el verbo meqermhneu,w (Mat. 1:23, Mar. 5:41; 15:22, 34, Jn. 1:41, Hch 4:36; 13:8). Este
vocablo griego tiene el significado de traducir, interpretar, explicar o significar.
El uso más común de esta familia de palabras en el NT denota la traducción de un lenguaje a
otro, quizás con la connotación añadida de explicación interpretativa. Teológicamente,
hermenéutica es la ciencia y arte de la interpretación bíblica (ciencia por tener principios, y arte
por requerir de habilidad).
En la unidad anterior (El Uso del AT por el NT) buscamos por un examen de las prácticas
exegéticas de los autores del NT, derivar una hermenéutica bíblica. En esta presente unidad
daremos una exposición sistemática de esa hermenéutica.
Para poner nuestro contexto teológico permítanme citar de nuestra Confesión de Fe:
“La Santa Escritura es la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y
obediencia salvadores. Aunque la luz de la naturaleza y las obras de la creación y de la
providencia manifiestan de tal manera la bondad, sabiduría y poder de Dios que dejan a los
hombres sin excusa, no son, sin embargo, suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su
voluntad que es necesario para la salvación. Por tanto, agradó al Señor, en distintas épocas y de
diversas maneras, revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia; y posteriormente,
para conservar y propagar mejor la verdad y para un establecimiento y consuelo más seguros de
la Iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó poner
por escrito esa revelación en su totalidad, lo cual hace a las Santas Escrituras muy necesarias,
habiendo cesado ya aquellas maneras anteriores por las cuales Dios reveló su voluntad a su
pueblo.” (1689.1.1)
“No todas las cosas entendidas en las Escrituras son igualmente claras en sí mismas ni son
igualmente claras para todos; sin embargo, las cosas que necesariamente han de saberse, creerse
y guardarse para salvación, se proponen y exponen tan claramente en uno u otro lugar de la
Escritura que no sólo los eruditos, sino los que no lo son, pueden adquirir un entendimiento
suficiente de tales cosas por el uso adecuado de los medios ordinarios.” (1689.1.7)
“La regla infalible de interpretación de la Escritura es la propia Escritura; y, por consiguiente,
cuando surge una duda respecto al verdadero y pleno sentido de cualquier Escritura (que no es
múltiple, sino único), éste se debe buscar por medio de otros pasajes que hablen con más
claridad.” (1689.1.9)
“El juez supremo, por el que deben decidirse todas las controversias religiosas, y por el que
deben examinarse todos los decretos de concilios, las opiniones de autores antiguos, las
doctrinas de hombres y espíritus particulares, y cuya sentencia debemos acatar, no puede ser
otro sino la Santa Escritura entregada por el Espíritu. A dicha Escritura así entregada, se reduce
nuestra fe en última instancia.” (1689.1.10)
PRIMERO: IMPORTANCIA DE LA HERMENÉUTICA
Primeramente, el lugar de la Biblia en la estructura de autoridad Cristiana hace importante la
Hermenéutica. Pues entendemos que la Biblia proclama que Dios ha hablado y la Biblia proclama
de si misma que es la Palabra de Dios escrita.
Para el Protestante evangélico (especialmente para los Reformados), la Biblia es la única
fuente de autoridad en fe y práctica – el único estándar de la fe.
La Confesión Bautista de Fe de 1689 dice, par. 1.1 – “La Santa Escritura es la única regla
suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores.”
Por lo tanto, nuestra doctrina está en contraste con la posición Católica Romana y de toda otra
religión o secta que vea la Biblia como una autoridad entre otras. En un sistema donde la Biblia
sea una de las autoridades; la Hermenéutica no es una disciplina muy importante. Pero, puesto
que nuestra única autoridad es la Biblia, su interpretación correcta es vital. Una Hermenéutica
cuidadosa es crítica para la vida del Protestante evangélico (especialmente el Reformado.) Cada
una de nuestras doctrinas depende de una correcta interpretación de la Biblia. En cada lugar
donde erré nuestra interpretación, hemos sustituido la Palabra de Dios por la palabra del hombre
como nuestra autoridad. De manera que la Hermenéutica es importante debido al lugar de la
Biblia en la estructura Cristiana de autoridad.
En segundo lugar, puesto que afirmamos la responsabilidad de cada Cristiano de leer e
interpretar la Biblia por si mismo, esto hace importante la Hermenéutica. Aunque tenemos
pastores dotados para guiarnos y varias ayudas en la literatura, no tenemos (como clama Roma)
un interprete oficial e infalible de las Escrituras. Nosotros somos responsables de mostrar un
espíritu Bereano (Hch 17:11) para asegurarnos que las doctrinas que se nos enseñan son
verdaderas. Principios sanos de Hermenéutica nos dan el marco donde podemos interpretar
correctamente la Escritura.
En tercer lugar, la naturaleza del corazón humano hace importante la Hermenéutica. Como
pecadores no venimos a la Escritura con una actitud objetiva (Jer. 17:9). Necesitamos guías que
nos guarden de interpretaciones que nos convienen y nos justifican a nosotros mismos.
En cuarto lugar, la abundancia extrema de herejías que supuestamente tienen textos de
prueba, hace importante la Hermenéutica. Todo culto y secta argumenta de la Escritura para
comprobar sus herejías. Casi todo se puede comprobar de un versículo aislado en la Biblia. Esta
es una de las tácticas favoritas de Satanás (Mat. 4:6.)
En quinto lugar, todo pastor y predicador (expositor de la Palabra) tiene cierta
responsabilidad delante de Dios que hace importante la Hermenéutica (Stg. 3:1; Heb. 13:17 y 2
Tim. 2:15).
En sexto lugar, la separación entre nuestro contexto y el de los escritores bíblicos hacen
importante la Hermenéutica (Cultura, lenguaje, geografía, historia). Un acercamiento en esa
separación entre esas áreas es importante para obtener una interpretación correcta de la Biblia –
de manera que la Hermenéutica, que incluye consciencia de esa separación, es importante.
SEGUNDO: PRESUPOSICIONES GENERALES DE ESTA UNIDAD:
A. La Inspiración de la Escritura
B. El Canon de la Escritura
C. Las Palabras de la Escritura
D. El Trasfondo de la Escritura
TERCERO: LOS AGENTES DE LA HERMENÉUTICA.
A. EL AGENTE DIVINO
Dependencia en el Autor de la Escritura es crucial para su interpretación apropiada. Sin
embargo, hay peligros en una sobre dependencia en el Espíritu. Podemos hacer de Él nuestra
excusa de ser flojos o ignorantes en la preparación para el ministerio de la Palabra. Existe el
peligro de tomar una posición dogmática de poseer toda la verdad “porque el Espíritu Santo me
la dio.”
B. EL AGENTE HUMANO
Este debe ser una persona regenerada (1 Cor. 2:14; Rom. 8:7). Este debe depender en el
Espíritu Santo para guiarle en su entendimiento (Prov. 2:6). Este debe tener una pasión para
conocer la Palabra de Dios (2 Tim. 2:15; Prov. 2:4, 5). Este debe tener los requisitos
educacionales apropiados. Este debe tener la habilidad intelectual para la tarea.
CUARTO: LAS HERRAMIENTAS DE LA HERMENÉUTICA
1. La Biblia (varias versiones).
2. Ayudas Lingüísticas (Gramáticas, Léxicos, Estudios de Palabras).
3. Comentarios (los mejores).
4. Concordancias (que indiquen la palabra en el idioma original).
5. Diccionarios Bíblicos.
6. Enciclopedias Bíblicas.
7. Libros de Historia, Geografía, Arqueología.
8. Introducciones Bíblicas (Ortodoxas).
QUINTO: LAS PRESUPOSICIONES DE LA HERMENÉUTICA SACRA
A. UNA OPINIÓN APROPIADA DE LA BIBLIA
1. LA INSPIRACIÓN DIVINA DE LA BIBLIA:
De acuerdo a Berkhof, el principio único que controla la Hermenéutica sacra es el hecho de la
inspiración divina de la Escritura (p. 40, 41). Ramm dice “la inspiración divina de la Biblia es la
fundación histórica de la Hermenéutica y Exégesis Protestante.” (p. 93). En este sentido tenemos
diferencias con otros Clasicistas (aquellos que estudian documentos antiguos) en que ellos
admiran y valoran el objeto de su estudio, pero no los consideran ni inspirados ni normativos en
el sentido que nosotros consideramos así la Biblia.
Entendemos que la Biblia misma enseña esto de 2 Timoteo 3:15-17 donde tenemos la frase
original “toda Escritura es espirada por Dios.” (2 Pedro 1:19-21 y 1 Corintios 2:6-13).
Implicaciones de esta doctrina: En el aspecto espiritual, la Biblia es un libro espiritual y
demanda que su intérprete tenga un mínimo de cualidades espirituales que no son necesarias
para el Clasicista. En el aspecto sobrenatural, el intérprete debe tomar en serio los aspectos
sobrenaturales de la Escritura mientras que el Clasicista los puede ignorar porque los escritos
Clásicos son meros libros humanos. En el aspecto revelador, aunque el lenguaje de la Escritura
era el lenguaje común de la gente, el uso divino de ese lenguaje en la Escritura muchas veces
añade nuevo significado a palabras antiguas.
2. LA CLARIDAD DE LA BIBLIA:
Contrario a la opinión de Roma, que afirma que sólo la religión Católica Romana tiene las llaves
para entender la Biblia, los Protestantes (teología Reformada) proclaman la claridad de la Biblia.
Lutero habló de la claridad externa e interna de la Biblia. Externamente, cualquiera que aplique
las reglas de gramática y lenguaje puede conocer el mensaje general de la Biblia. Internamente,
sólo aquellos bajo el poder de iluminación del Espíritu son capaces de entender y recibir de
corazón lo que Dios ha revelado en la Biblia.
Igualmente entendemos que la Biblia misma enseña esta doctrina: 1 Corintios 2:14, 15 –
“discernir espiritualmente” es examinar, juzgar, discernir. Según el v.14 el hombre natural (caído,
no regenerado) no tiene la habilidad de conocer las cosas que son del Espíritu de Dios (“y no las
puede entender” literalmente, “no tiene el poder de entender”). Noten el contraste del v.15 “en
cambio” – en contraste al hombre natural, el hombre espiritual (todo verdadero Cristiano) tiene
el poder de discernir todas las cosas. Romanos 8:4b-8 – noten la palabra que indica habilidad en
v.7 (“ni tampoco pueden”).
La misma palabra de 1 Corintios 2:14. La mente de la carne es la mente no regenerada, ésta no
tiene el poder de sujetarse a la Ley de Dios. En contraste, los que son del Espíritu son aquellos
que si se someten a la Ley de Dios. 1 Pedro 2:9 – noten “una nación santa,” es decir, una nación
separada. Separada de las tinieblas, separada a la luz. Esto habla de la conversión del Pueblo de
Dios: Dios los separa de aquellos para quienes la Biblia es un libro cerrado. Ahora para ellos la
Biblia es un libro abierto.
3. LA REVELACIÓN COMO CONDESCENDENCIA Y CORRESPONDENCIA:
Al decir condescendencia afirmamos que Dios habló en los lenguajes del hombre en términos
comprendidos por los receptores originales dentro de su específico contexto histórico, social y
cultural. “La Sagrada Escritura es la verdad de Dios acomodada a la mente humana para que la
mente humana pueda asimilarla.” (Ramm, p. 99). Por ejemplo, en la Biblia Dios es descrito
antropomórficamente – en términos humanos.
Al decir correspondencia queremos decir que Dios habla de ciertas realidades en términos que
comunican verdades en palabras que el hombre puede entender, por ejemplo las parábolas.
Este método de revelación es hecho por consideración del poder limitado de comprensión del
hombre. Si somos conscientes de esto, evitaremos formas grotescas de exégesis supuestamente
literal.
4. LA REVELACIÓN COMO PROGRESIVA:
Dios no reveló todo al mismo tiempo. Existe una progresión de Génesis al Apocalipsis.
5. LA ANALOGÍA DE LA FE:
La presuposición fundamental es que sólo hay un sistema de verdad o una teología en la
Escritura, y por lo tanto cada doctrina debe ser consistente con cada otra doctrina. La
interpretación de un pasaje específico no debe contradecir la enseñanza general de la Escritura
sobre ese tema. De manera que los pasajes difíciles deben ser interpretados por pasajes más
fáciles de entender (que traten con el mismo punto de teología). Esto simplemente significa que
la Escritura se interpreta a si misma. No necesitamos una autoridad externa para interpretar los
pasajes difíciles (como Roma). La Escritura es nuestra única fuente de autoridad. (Núm. 23:19;
Sal 119:89; Mal 3:6; Marcos 13:31 y Santiago 1:17). Puesto que las Escrituras son “espiradas por
Dios” [qeo,pneustoj] (y Dios no puede mentir ni cambiar) ninguna porción de la Escritura puede
contradecir cualquier otra porción de la misma.
B. UNA OPINIÓN APROPIADA DE LA TAREA DEL PASTOR Y MAESTRO (VER TEOLOGÍA PASTORAL).
SEXTO: INTERPRETACIÓN GRAMÁTICA
Un punto fundamental a la Hermenéutica Protestante es el propósito de recuperar el
significado y sentido original del texto. Deducir del texto y no inducir al texto es nuestra meta
(obtener el significado de la Escritura, no darle el significado a la Escritura). La mejor
herramienta a disposición del intérprete es la interpretación gramática. Mientras que el principio
más fundamental del método gramático de interpretación es que la explicación más confiable es
hecha basándose en los lenguajes originales.
INTERPRETACIÓN: GRAMÁTICAL
La interpretación gramática asume que el lenguaje debe ser interpretado de acuerdo a su
sentido literal (normal). El diccionario define “literal” como “conforme a la letra del texto o al
sentido exacto y propio de las palabras.” Es decir, lo opuesto a alegoría o metáfora.
El método literal de interpretación es la práctica usual en la interpretación de literatura. Sin
importar que clase de literatura estamos leyendo, asumimos el sentido literal del documento a
menos que la naturaleza de la literatura nos lleve a pensar de otra manera. El mismo
procedimiento debe aplicarse también a la Biblia.
Todos los significados secundarios de un documento dependen del nivel literal del lenguaje.
Todo enunciado no literal se basa en la característica original, literal, del lenguaje. Por ejemplo, la
parábola del sembrador sólo se puede entender en el contexto del lenguaje literal de la
agricultura. El símbolo de un león se basa en lo que se afirma de los leones en lenguaje literal.
Cuando el pueblo de Dios es llamado “sal” y “luz” son las funciones literales de la sal y la luz las
que son la base de esas metáforas.
De manera que aún la misma base de la interpretación del lenguaje figurativo es lo literal.
Además, sólo en la prioridad de la interpretación literal se halla el control del abuso en
interpretación de la Escritura. Los abusos en interpretación de la Escritura son todas aquellas
interpretaciones que fuerzan sentidos no bíblicos sobre las Escrituras por medio de alguna forma
de significado alegórico o místico.
EL MÉTODO GRAMÁTICO
(1) LAS PALABRAS PUEDEN SER ESTUDIADAS ETIMOLÓGICAMENTE.
La etimología es “el origen y desarrollo de una palabra.”
Por ejemplo, la palabra “supervisor” en el original griego proviene de un término que es la
combinación de dos raíces: evpi,skopoj (evpi, + skopoj), evpi, significa “sobre” mientras que
skopoj proviene de “mirar,” la combinación da “mirar sobre” o supervisar. Un evpi,skopoj es
aquel que supervisa.
Otro ejemplo es la palabra “iglesia” que proviene del original griego evkklhsi,a. Evkklhsi,a es la
combinación de ek (fuera) y kale,w (llamar). Originalmente la asamblea de ciudadanos de una
comunidad griega eran llamados a reunirse por un heraldo. Esa asamblea se reunía para realizar
algún negocio de interés público. La preposición ek indicaba que tal asamblea no era una
asamblea ordinaria sino la de un grupo seleccionado “fuera de” los demás. El término kale,w
sugiere que la asamblea fue “llamada” legalmente. Así como la asamblea griega, la evkklhsi,a, era
“llamada fuera” de los demás por un heraldo público, de la misma manera la iglesia es la
asamblea de aquellos “llamados fuera” del resto para ser santos.
La frase de 2 Timoteo 3:16 traducida “inspirada por Dios” realmente es una sola palabra en el
original: qeo,pneustoj que es la combinación de qeo,j (Dios) y pneu/ma (aliento). Que las
Escrituras son inspiradas por Dios significa que son el aliento de Dios, espiradas por Dios.
Así que el estudiar las palabras etimológicamente significa buscar entender la palabra por la
manera que ha sido formada. Este tipo de estudio es muchas veces de ayuda al buscar interpretar
un pasaje, pero hay límites a su utilidad. En muchas ocasiones la etimología de una palabra es
desconocida. En muchos otros casos el sentido de la palabra ha cambiado a través de años de uso
que la etimología no es de ayuda alguna.
(2) LAS PALABRAS PUEDEN SER ESTUDIAS DESDE LA PERSPECTIVA DE SU USO NORMAL U OBVIO EN EL
MARCO DE TIEMPO DE SU USO MISMO.
El uso actual de la palabra es de mucha mayor importancia para el intérprete que la etimología
de la palabra. Para interpretar la Biblia correctamente uno debe conocer el significado que las
palabras adquirieron en el curso del tiempo, y el sentido en que el autor bíblico las usa. Lo que se
busca es el uso actual establecido de las palabras en el tiempo del autor de ellas. Esto se debe a
que a través de los años las palabras pueden abandonar su significado etimológico.
En particular la interpretación de palabras en el Antiguo Testamento propone un problema
especial. Durante el período en que el Antiguo Testamento fue escrito, su lenguaje (hebreo) se
desarrolló históricamente. Mientras que el período del Nuevo Testamento es corto (unos 50
años), el período de la escritura del Antiguo Testamento se extiende por más de 1000 años. El
significado de las palabras cambia mucho en tanto tiempo. Así que la determinación del “uso
común y actual” de las palabras del Antiguo Testamento es particularmente importante.
M. Terry sugiere 5 maneras para determinar el uso común y actual de las palabras:
(A) La definición dada por el autor mismo. Por ejemplo en 2 Timoteo 3:17 “perfecto” es
definido por “enteramente preparado para toda buena obra.” (Nota: el término traducido
“perfecto” [a;rtioj – completamente cualificado ] ocurre sólo aquí en 2 Timoteo 3:17).
(B) El contexto inmediato de la palabra. Por ejemplo en Juan 3:8 el mismo término (pneu/ma)
es traducido primero “viento” y después “Espíritu.”
(C) La naturaleza del tema. Por ejemplo en 2 Corintios 5:1-4 la referencia a nuestro cuerpo por
medio de los términos “morada” (oivki,a – casa), “tabernáculo” (skh/noj), “edificio”
(oivkodomh) y “habitación” (oivkhth,rion). No hay duda alguna que “nuestra morada
terrestre, este tabernáculo,” se refiere a nuestro cuerpo presente mientras que “un edificio,
una casa no hecha por manos, eterna en los cielos” y “aquella nuestra habitación celestial”
se refiere al cuerpo de la resurrección.
(D) Por medio de contraste u oposición. Por ejemplo en Romanos 8:5-8 donde el apóstol ya ha
introducido la oposición “conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” del v.4, procede a
definir ese contraste.
(E) En la poesía hebrea por los paralelismos. Por ejemplo en el Salmo 18:6-15 donde palabras
y frases paralelas se explican mutuamente. Este tema será visto después con mayor detalle.
(3) LAS PALABRAS PUEDEN SER ESTUDIADAS COMPARATIVAMENTE.
Usando una concordancia de los idiomas originales (o una que indique el término original
siendo traducido) se pueden descubrir todas las referencias de una misma palabra en la
Escritura. Uno puede ver cuántas veces un término hebreo o griego es usado por el autor, los
contextos donde es usado, y así comenzar a obtener una idea del uso común y normal de la
palabra.
Por otro lado, tal investigación puede revelar que la palabra tiene varios sentidos y así el
intérprete evita el error de entender la palabra en una forma prematura. Esto además demuestra
que la supuesta “ley” o “principio” de primera mención no es valido. Este principio dice que la
primera mención de la palabra determina como es usada en el resto de la Biblia. Pero ese
supuesto principio no toma en cuenta el desarrollo de la palabra, las formas diferentes de uso por
diferentes autores y las diferencias de contextos aun en un mismo autor.
Por ejemplo el término lo,goj aparece 331 veces en el Nuevo Testamento. Su uso más común es
“palabra” como en Mateo 8:16, Lucas 8:11 y Mateo 15:12. Pero también tiene el sentido de
“cuenta” en Romanos 14:12 y Hebreos 4:13. Juan aún la usa como título de Cristo en Juan 1:1 y 1
Juan 1:1 (traducida “verbo” en nuestra versión).
Otro ejemplo es el término dikaio,w que aparece 39 veces en el Nuevo Testamento. Este
significa “justificar” en el sentido de “hacer justo” como en Lucas 18:13, 14; Hechos 13:39 y
Romanos 4:3-5. Pero también puede significar “declarar justo” como en Lucas 7:29; 33-35; y
10:29. Así como también “demostrar justo” como en Mateo 12:36,37 y Santiago 2:21.
Estudios de palabras son el proceso por el cual uno descubre el uso común y actual de las
mismas. Este proceso será explicado después.
(4) Las palabras pueden ser estudiadas comparándolas con sus sinónimos.
Mientras que una sola palabra puede tener varios sentidos, también diferentes palabras
pueden tener el mismo sentido. Al notar qué palabras los autores bíblicos consideran sinónimas
podemos entender como el autor usa la primera palabra. Este estudio ayuda a entender una
expresión o palabra que sea oscura o difícil, donde su contexto es claramente explicado por otra
expresión o palabra más fácil de entender.
Por ejemplo, en Mateo 20:21 “tu reino” es lo mismo que “tu gloria” de Marcos 10:37. “Tu reino”
y “tu gloria” están describiendo lo mismo.
En Mateo 13:11 “reino de los cielos” es “reino de Dios” en Marcos 4:11. Ambos términos hablan
de lo mismo.
En Mateo 18:9 “entrar en la vida” es “entrar en el reino de Dios” de Marcos 9:47. “Vida” y “reino
de Dios” son dos maneras de expresar lo mismo. Lo opuesto es “infierno de fuego” e “infierno.”
A veces un término difícil en las Escrituras es explicado en otro pasaje donde el mismo
concepto es expresado por un sinónimo que se puede entender más fácilmente. Particularmente
en la poesía hebrea (que es un tercio de todo el Antiguo Testamento) y los paralelos en los
Evangelios. Existen varias herramientas literarias que listan los sinónimos en ambos
Testamentos.
(5) LAS PALABRAS PUEDEN SER ESTUDIADAS CULTURALMENTE.
Las palabras deben ser examinadas en su contexto histórico y cultural. Muchas veces detrás de
una palabra en la Biblia está una práctica de la cultura de la Biblia y para poder conocer el
significado pleno de la palabra uno debe conocer la práctica cultural del tiempo de esa palabra.
Por ejemplo, en la controversia sobre bautismo, los paedobautistas argumentan que “casas”
enteras fueron bautizadas (por ejemplo en Hechos 16:15 donde nuestra versión traduce “familia”
el término oi=koj). El argumento es que oi=koj incluye a los hijos de la cabeza de familia, pero en
la cultura tanto hebrea como griega oi=koj incluye todo lo que el padre de familia posee o tiene,
incluye esclavos también. Además el término no indica si había o no niños en la familia, sólo
indica todo aquello sobre lo que la cabeza de familia está.
Cuando Jesús dice que si Su discípulo es obligado a llevar una carga por una milla (mi,lion), que
vaya con él dos, El se refiere a una costumbre de Su tiempo donde un mensajero del imperio tenía
la autoridad de obligar a súbditos del imperio a llevar una carga pero sólo por una milla. (Mateo
5:41).
(6) LAS PALABRAS PUEDEN SER ESTUDIADAS COMPARÁNDOLAS CON LENGUAJES AFINES.
Un lenguaje afín es uno que pertenece a la misma familia. Aquí se incluye palabras afines (que
tienen la misma raíz). Este estudio requiere un conocimiento de los lenguajes originales (hebreo
y griego). Pero, estos estudios ya han sido hechos por eruditos en diccionarios, léxicos y
comentarios gramáticos (cuidado con la teología de esos eruditos).
Una forma de hacer este estudio es comparar el original hebreo con su traducción griega (la
Septuaginta LXX), o tanto el original hebreo y griego con la Vulgata (latín).
Si estamos limitados al español, estudios de palabras pueden ser realizados con la ayuda de
diccionarios, léxicos y comentarios gramáticos, así como por medio de comparar las distintas
ediciones de nuestra versión (Reina Valera) y otras versiones (La Biblia de las Américas. La
Nueva Versión Internacional no es recomendada).
En particular, uno debe poseer alguna concordancia que indique el término original traducido
al español (ya sea en palabra o por medio de un número). Uno debe hacer el esfuerzo de
investigar, en contexto, cada una de esas referencias encontradas. Diccionarios y léxicos son el
siguiente paso. Una vez que uno ha determinada el uso común y actual, los comentarios
gramáticos nos pueden ayudar a verificar nuestra investigación.
GRAMÁTICA
Una vez que superamos el nivel de las palabras, entonces la gramática cobra importancia. Al
estudiar la gramática debemos entender que diferentes lenguajes tienen diferentes gramáticas.
En un lenguaje analítico como el hebreo, el orden de las palabras es una clave mayor para
entender gramáticamente el sentido de un enunciado. En un lenguaje sintético como el griego el
significado es comprendido parcialmente por el orden de las palabras y en mayor grado por la
conjugación de las mismas. En ambos lenguajes debemos:
(1) identificar cualquier inflexión como prefijos y sufijos.
(2) Identificar la declinación de los sustantivos y adjetivos.
(3) Identificar la conjugación de los verbos.
Una vez que las palabras individuales han sido identificadas plenamente, la sintaxis (el estudio
de la estructura del enunciado) debe ser considerada.
Obviamente la gramática bíblica asume un conocimiento de los lenguajes originales, sin
embargo el estudio gramático de la Escritura puede ser realizado (en una manera limitada) por
medio de léxicos analíticos, libros de gramática bíblica y textos originales impresos ya analizados
gramáticamente.
Uno debe tener cuidado de no forzar un punto de gramática española al texto de la Escritura
(aunque esta sea una buena traducción).
CONTEXTO
En la interpretación gramática un punto importante es el contexto donde el texto se encuentra.
Uno de los factores mayores en la mala interpretación es ignorar el contexto del pasaje. El asunto
que siempre debemos considerar es determinar la intención del autor del pasaje para con los
receptores originales de su escrito en el contexto del mismo. Si nuestra interpretación de una
porción mínima del texto no encaja en el contexto mayor del texto, nuestra interpretación es
equivocada.
La Biblia no es una colección de textos de sermones de donde podemos escoger alguno para
sustentar algún punto que queramos establecer. La Biblia es una colección de documentos
históricos escritos a personas reales en un lugar, tiempo e historia definidos. Ignorar esta
realidad nos llevará a mal interpretar la Palabra de Dios y leer en el pasaje algo que no está allí.
Existen cuatro contextos que deben ser considerados en toda interpretación bíblica:
(1) El contexto de cualquier pasaje es toda la Palabra de Dios.
(2) El contexto de cualquier pasaje es su posición en la revelación progresiva (es decir, Antiguo
o Nuevo Testamento, libros de Moisés, Profetas, etc.). Cada período bíblico tiene sus
características propias, y debemos considerar la progresión de la revelación en nuestra
interpretación de cualquier pasaje.
(3) El contexto de cualquier pasaje es el libro o carta donde éste se encuentre.
(4) El contexto de cualquier pasaje es el párrafo mayor inmediato a este – el contexto
inmediato.
PASAJES PARALELOS Y REFERENCIAS ALTERNAS
La interpretación gramática también considera los pasajes paralelos y las referencias alternas.
Este aspecto se debe al principio de que un pasaje relativamente oscuro puede ser iluminado por
otro pasaje en la Escritura.
En la mayoría de la literatura no hay pasajes paralelos, pero una de las características de la
Escritura es que hay muchas lugares donde la Escritura se repite a si misma. Los tipos de
paralelos y referencias alternas son tres:
(1) Referencias verbales: Las palabras, o sentidos de las palabras, son similares en otro
contexto. Por ejemplo Efesios 6:5-8 con Colosenses 3:22-24.
(2) Referencias conceptuales: los conceptos de los pasajes son idénticos aunque las palabras
no lo son. Por ejemplo, Jesús como profeta: Juan 1:1s y Hebreos 1:1, 2.
(3) Referencias paralelas: dos o más libros describen esencialmente los mismos eventos. Por
ejemplo los Evangelios sinópticos, Isaías 36-39 y 2 Reyes 18:13s (la invasión asiría de
Jerusalén en los días de Ezequías).
GÉNERO LITERARIO
La interpretación gramática también incluye el modelo, estilo, categoría, forma o género
literario del pasaje y su contexto. Este aspecto de interpretación gramática envuelve las maneras
especiales de expresión que no pueden ser comprendidas por un examen gramático ordinario. Si
fallamos en entender las formas en las cuales las ideas son presentadas, no podremos reconocer
correctamente esas ideas. En la Biblia hay tres categorías de formas literarias:
(1) Figuras o tropos: una frase donde el autor se expresa en una manera especial que es
diferente a los métodos ordinarios de comunicación. Por ejemplo, el símil, la metáfora, la
hipérbole (estas figuras serán consideradas después).
(2) Expresiones: parábolas, alegorías, etc.
(3) Géneros literarios amplios: Historia (Hechos), Apocalíptica (Apocalipsis), Poesía (Salmos),
Sabiduría (Proverbios), Épica dramática (Job).
Una comprensión de tales formas de comunicación es esencial para interpretar correctamente
las Escrituras.
SEPTIMO: INTERPRETACIÓN HISTÓRICA
La interpretación de cualquier escrito debe tomar en cuenta el contexto histórico de ese
escrito. No es suficiente estudiar las palabras y la gramática de los enunciados, uno debe también
estudiar la cultura y la historia del período de esos enunciados.
Las contribuciones de la arqueología a nuestro entendimiento de la Escritura son obvias, aún
cuando las palabras y la gramática de los enunciados sean claras, el pasaje puede ser
relativamente oscuro a menos que conozcamos su contexto histórico.
El estudio del período entre los dos Testamentos así como la literatura judía y los materiales
rabínicos son indispensables para una comprensión correcta del contexto histórico y cultural.
Al hablar del contexto histórico tenemos en mente la cultura, las maneras, los métodos, las
herramientas, las costumbres, los edificios, las instituciones, y todas las demás cosas que
implican la existencia de un pueblo o nación. Todo lo escrito por los hombres tiene un marco
cultural. La cultura de esos autores modifica, determina, guía e influye la manera en que esos
autores se expresan. Aún cuando el autor reacciona contra la cultura, intenta deliberadamente
oponerse a ella, o la critica, es esa cultura misma la que provee el marco donde podemos
entender al autor. El estudio de la cultura de los tiempos bíblicos es indispensable para la
interpretación bíblica.
La Interpretación Histórica es entonces el estudio de la Escritura a la luz de esas circunstancias
históricas y culturales que inevitablemente influyeron a los autores de los libros bíblicos.
A. PRESUPOSICIONES DE LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA
1. La Palabra de Dios escrita tuvo su origen en un contexto histórico y por lo tanto puede ser
mejor entendida a la luz de ese contexto histórico. Esto no quiere decir que en la
interpretación de cada porción de la Palabra de Dios el contexto histórico sea de igual
importancia. Puesto que la Biblia es la revelación sobrenatural de Dios entonces
naturalmente contiene elementos que trascienden los límites del contexto histórico. Pero el
contenido de la Biblia, en gran grado, tiene raíces en un contexto histórico específico, y a ese
grado es mejor entendida a la luz de ese contexto histórico.
2. Una palabra es mejor comprendida cuando es considerada como original en el autor. Es
decir, no es sólo un término constituido de letras, sino que es la comunicación de la mente
del autor en un tiempo específico y unas circunstancias específicas.
3. Es difícil entender correctamente las palabras de un autor a menos que sean consideradas
en su contexto histórico apropiado. Los autores bíblicos, aún siendo inspirados por Dios a
escribir lo que escribieron, no fueron individuos aislados. Ellos fueron criaturas de su propio
pueblo, tierra y edad.
4. El lugar, tiempo, circunstancias y opinión prevaleciente naturalmente influyen los escritos
que son producidos en esas circunstancias específicas. La Biblia tiene contacto con todo
aspecto de la vida y esos factores de la vida tienen impacto sobre la narrativa bíblica,
especialmente en las secciones históricas.
B. LAS METAS DE LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA
1. Conocer el autor de la porción bíblica que se está interpretando. Al conocer el contexto del
instrumento humano, el intérprete podrá entender mejor lo que se está comunicando. Esto
implica conocer las circunstancias del autor en su tiempo.
2. Reconstruir el ambiente en el cual el escrito tuvo su origen. Esto requiere conocer la
situación histórica, no sólo en el tiempo de escritura y recepción del material, pero también
el pasado histórico que influyo al autor y a sus lectores. Así como las costumbres locales y
regionales, el clima moral y religioso, el ambiente político y la situación geográfica.
3. Determinar las influencias específicas que influyeron el escrito mismo. Las circunstancias de
los lectores originales, el propósito del autor y cualquier circunstancia especial del autor
mismo.
4. Transferirnos mentalmente al tiempo del autor y sus lectores. Esto en lugar de la práctica
común de transferir al autor y sus lectores a nuestro tiempo. Esto implica tratar de pensar
los pensamientos del autor y sus lectores, ponernos en su lugar.
C. HERRAMIENTAS PARA LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA:
1. La mayor ayuda es la Biblia misma, su absoluta certidumbre en información es preferida a
cualquier otra fuente.
2. Elementos de Historia: Libros que detallen inscripciones de tiempos bíblicos, literatura
contemporánea (Josefo, Herodoto, el Talmud), literatura arqueológica del contexto bíblico,
libros de Introducción a las Escrituras (AT y NT).
OCTAVO: INTERPRETACIÓN TEOLÓGICA
La Escritura contiene muchos datos que no pueden ser completamente explicados
simplemente en su gramática o historia. Esas mismas consideraciones – gramáticas e históricas –
que son necesarias para la interpretación de cualquier documento, son insuficientes con respecto
a muchas cosas de la Escritura.
Consideraciones meramente gramáticas e históricas no pueden explicar completamente que la
Biblia es la Palabra de Dios. Mientras que cualquier literatura secular puede ser explicada a la luz
de su gramática e historia, la Escritura presenta un aspecto sobrenatural. Tampoco pueden
explicar que la Biblia es un solo libro orgánicamente considerado; mientras que cada libro
individual de la Biblia es parte integral de la misma. El Antiguo y Nuevo Testamentos están
mutuamente relacionados, como tipo y antitipo, como profecía y cumplimiento, como comienzo y
final.
Puesto que este es el caso, es absolutamente necesario complementar la interpretación
gramática e histórica de la Escritura con la interpretación teológica. Aunque la interpretación
gramática e histórica es importante, en última instancia Dios es el intérprete final de Su Palabra.
A. FACTORES DE LA INTERPRETACIÓN TEOLÓGICA
1. LA BIBLIA COMO UNIDAD: LA RELACIÓN DEL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO
El Antiguo y el Nuevo Testamento constituyen una unidad. La doctrina de la redención fue
esencialmente la misma tanto, para aquellos que vivieron bajo el Antiguo Pacto así como para la
Iglesia en el Nuevo Pacto. Aunque esta doctrina es más claramente explicada en el Nuevo
Testamento, la misma es encontrada en el Antiguo Testamento.
En el Nuevo Testamento, la doctrina de la redención es explicada verbalmente mientras que en
el Antiguo Testamento fue presentada simbólicamente. Muchas de las instituciones y ritos
ceremoniales tenían un significado más profundo y espiritual. A los israelitas se les dio cierto
entendimiento del significado espiritual de sus ritos y ceremonias: Levítico 20:25, 26; 26:40,41;
Salmo 51:7, 16, 17; Isaías 1:16.
El verdadero israelita del Antiguo Testamento así como el del Nuevo Testamento, no son los
descendientes naturales de Abraham sino aquellos de la fe de Abraham: “En la elección de Israel,
Dios no intentó, en un análisis final, la separación de Israel como una nación sino la formación de
un pueblo espiritual, principalmente de entre la raza escogida pero también de entre las demás
naciones. Desde los primeros tiempos, prosélitos eran incorporados a Israel. Salomón, en su
oración de dedicación, no se olvidó del extranjero que habría de venir a adorar al templo (1
Reyes 8:41s), y los profetas vieron hacía adelante con una expectación gozosa el tiempo en que
los Gentiles también traerían sus tesoros al templo del Señor.” {Berkhof}. Reconocer esta verdad
nos evitará caer en errores bastante comunes en la interpretación del Antiguo Testamento,
especialmente en algunas de las profecías.
La diferencia entre los privilegios y responsabilidades del pueblo de Dios en el Antiguo
Testamento y los privilegios y responsabilidades del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento es
sólo relativa no absoluta. Ambos se salvan por el mismo Mediador, ambos participan de los
mismos beneficios del Pacto con Abraham y ambos tienen la Ley de Dios escrita en sus
corazones: Salmo 37:31; 40:8; Jeremías 31:33. No comprender bien la naturaleza progresiva de la
Revelación creó una diferencia aparente que no es real.
Por lo tanto, en la interpretación del Antiguo y el Nuevo Testamento el intérprete debe ser
guiado por las siguientes consideraciones:
(1) El Antiguo Testamento ofrece la clave para la correcta interpretación del Nuevo
Testamento. El contenido del Nuevo Testamento es el fruto de un largo y previo desarrollo
en el Antiguo Testamento {Berkhof}. El Antiguo Testamento contiene el registro de la
creación y caída del hombre así como la promesa de un futuro redentor. Todas esas cosas
son asumidas en el Nuevo Testamento, de manera que un entendimiento correcto del
Antiguo Testamento es un requisito para entender correctamente el Nuevo Testamento. El
trasfondo del Antiguo Testamento se asume en los escritos del Nuevo Testamento: Juan
3:14, 15; Romanos 3:9-13; Hebreos 13:10-13.
(2) El Nuevo Testamento es un comentario sobre el Antiguo Testamento. Mientras que el
Antiguo Testamento contiene una representación en sombras de las realidades espirituales,
el Nuevo Testamento las presenta en la perfecta luz de la plenitud del tiempo {Berkhof}. El
Antiguo Testamento contiene tipos y el Nuevo Testamento los antetipos. El Antiguo
Testamento contiene profecía y el Nuevo Testamento contiene su cumplimiento. La
Revelación más desarrollada del Nuevo Testamento nos ayuda a entender mejor las
palabras del Antiguo Testamento. Muchas veces el Nuevo Testamento provee explicaciones
de pasajes en el Antiguo Testamento que de otra manera nunca veríamos: Salmo 16:10 y
Hechos 2:29-32; Salmo 118:22, 23 y Hechos 4:11; Isaías 54:1 y Gálatas 4:22-31; Malaquías
3:1 y Mateo 11:10. Mucho del Antiguo Testamento es explicado en el libro de Hebreos.
(3) El intérprete debe cuidarse de no minimizar el Antiguo Testamento así como de no leer en
el Antiguo Testamento lo que no está allí en primer lugar.
2. LA IMPORTANCIA DE LOS DIFERENTES LIBROS DE LA BIBLIA EN LA ESCRITURA ORGÁNICAMENTE CONSIDERADA.
El Espíritu Santo dirigió de tal manera a los autores humanos al escribir los libros de la Biblia
que los productos finales se complementan mutuamente. En última instancia hay un solo Autor
de la Biblia y puesto que El no puede mentir, no pueden existir contradicciones en la Biblia.
Esos diferentes libros revelan la historia de la redención en una manera progresiva: En al
Antiguo Testamento, en el Pentateuco y los libros Históricos se revela la formación y dirección de
Israel como nación, en los libros Poéticos se revelan las experiencias espirituales y la vida
práctica del pueblo de Dios, y en los libros Proféticos se revela la caída de Israel y la esperanza
para el futuro. En el Nuevo Testamento, en los Evangelios se continúa el tema de los libros
Proféticos (la caída de Israel y la esperanza futura), en Hechos se revela la historia de la obra
redentora de Cristo, en las Epístolas se revela el efecto de la obra redentora de Cristo, y en el
Apocalipsis se revelan los resultados finales de la obra de redención.
“Esas consideraciones generales nos llevan a la cuestión ¿cómo se relaciona cada libro con la
Biblia entera? La respuesta a esta pregunta sólo puede ser encontrada por medio de un estudio
cuidadoso de los libros en relación a las ideas principales de la Escritura. El intérprete debe
buscar descubrir no sólo el mensaje de cada libro para los contemporáneos del autor, pero
también su valor permanente – lo que la Palabra de Dios da a las generaciones posteriores. Para
ilustrar, veamos algunas ideas principales de algunos libros de la Biblia. Génesis habla a todas las
edades hasta el fin del tiempo de la creación del hombre a la imagen de Dios, de la entrada del
pecado al mundo, de la revelación inicial de la gracia redentora de Dios.
Éxodo revela a las generaciones sucesivas de los hombres la doctrina de la liberación por
derramamiento de sangre, mientras que Levítico enseña como el hombre pecador puede
acercarse a Dios y estar ante Su santa presencia. Números cuenta la peregrinación del pueblo de
Dios, y Deuteronomio apunta a las bendiciones que acompañan una vida de obediencia a Dios y
las maldiciones que les esperan a los infieles. El libro de Job ofrece la solución al problema de
sufrimiento en la vida del pueblo de Dios, los Salmos proveen una vista de las experiencias
espirituales del pueblo de Dios – sus luchas y triunfos, su gozo y sufrimiento.
Si Isaías describe el amor de Dios por Su pueblo, Jeremías ofrece una revelación de Su justicia.
Mientras que Ezequiel enfatiza la santidad de Dios, Daniel revela la gloria del Señor exaltado
sobre todos los reyes de la tierra. En la Epístola a los Gálatas Pablo defiende la libertad del pueblo
de Dios de las ceremonias del Antiguo Testamento. Y mientras que en su carta a los Efesios él
llama la atención a la unidad de la Iglesia, en la de los Colosenses él magnifica a Cristo como
Cabeza de la Iglesia. Si el intérprete estudia los libros de la Biblia con tales ideas principales en
mente, esto le ayudará mucho a ver, por ejemplo, que Pablo y Santiago no enseñan doctrinas en
conflicto sino que están viendo la misma verdad desde diferentes aspectos y que por lo tanto sus
enseñanzas son mutuamente complementarias” {Berkhof}.
Las siguientes categorías pertenecen a la Interpretación Teológica pero serán consideradas
por separado: lenguaje simbólico, figuras o tropos, parábolas, poesía, tipos y profecía.
B. AYUDAS PARA LA INTERPRETACIÓN TEOLÓGICA
1. PARALELOS REALES O PARALELOS DE IDEAS.
“‘Paralelos reales,’ dice Terry, “son aquellos pasajes similares en los cuales la igualdad o
identidad consiste no en palabras o frases sino en hechos, temas, sentimientos o doctrinas.” En su
uso el intérprete debe determinar primero si los pasajes son realmente paralelos, si son no sólo
similares en alguna forma pero esencialmente idénticos. Por ejemplo, Proverbios 22:2 y 29:13
aunque revelan cierta similitud y muchas veces son considerados paralelos, no son verdaderos
paralelos. Paralelos de ideas pueden ser divididos en dos clases, paralelos históricos y didácticos.
A estos se pueden añadir las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo que también son, en cierto
sentido, pasajes paralelos.” {Berkhof}.
Los paralelos históricos son esos pasajes en que una historia es narrada en las mismas
palabras y con las mismas circunstancias acompañantes aunque quizás difiriendo poco en
detalles: 1 Reyes 22:29-35 y 2 Crónicas 18:28-34; Lucas 22:19, 20 y 1 Corintios 11:24, 25. Hay
otros pasajes en que la misma narrativa es dada en diferentes palabras o las circunstancias son
explicadas con más detalle en uno de esos pasajes: Mateo 9:1-8 y Marcos 2:1-12. Hay también
narrativas que son idénticas pero que ocurren en contextos totalmente diferentes: Mateo 8:2-4 y
Marcos 1:40-45 y Lucas 5:12-16; Mateo 11:6-19 y Lucas 7:31-35. También hay esos pasajes que
no duplican sino añaden alguna circunstancia adicional y por lo tanto son complementarios:
Génesis 32:24-32 y Oseas 12:4, 5.
Los paralelos didácticos son aquellos donde el mismo tema es tratado pero no en los mismo
términos: Mateo 10:37 y Lucas 14:26; 1 Pedro 2:5 y Romanos 12:1 y 6:19. También pasajes
paralelos que tienen correspondencia en pensamiento y expresión pero que en uno de ellos no
hay una conexión directa con el contexto previo o posterior: Mateo 7:13, 14 y Lucas 13:23, 24;
Mateo 7:7-11 y Lucas 11:5-13. Hay paralelos que ocurren en contextos totalmente diferentes, de
manera que es posible que la ocasión del enunciado no es la misma en ambos lugares: Mateo
7:21-23 y Lucas 13:25-28; Mateo 13:16, 17 y Lucas 10:23, 24.
Algunas citas del Antiguo en el Nuevo Testamento sirven el propósito de mostrar que las
predicciones del Antiguo son directa o indirectamente cumplidas en el Nuevo: Mateo 2:17, 23;
4:14, 15; Juan 15:25; 19:36; Hebreos 1:13. Otros pasajes del Antiguo son citados para establecer
alguna doctrina: Romanos 3:9-19; 4:3s; Gálatas 3:6; Hebreos 4:7. Otros pasajes del Antiguo son
citados para refutar y reprender al enemigo: Éxodo 3:6 en Mateo 22:29-32; Salmo 90:1 en Mateo
22:41-46. Algunos pasajes del Antiguo son citados por propósitos retóricos o de ilustración de
alguna verdad: Deuteronomio 30:12-14 en Romanos 10:6-8; Salmo 44:22 en Romanos 8:36.
2. LA ANALOGÍA DE LA FE O DE LA ESCRITURA.
Hay dos grados de analogía de la Fe que el intérprete de la Escritura debe considerar:
La analogía positiva es aquella fundamentada inmediatamente en un pasaje de la Escritura.
Son esas enseñanzas que son tan claramente establecidas y sostenidas por tantos pasajes que no
puede haber duda de su significado, ningún otro pasaje contradiciendo tal enseñanza. Tales
enseñanzas claras son una ayuda en interpretar pasajes que no sean tan claros.
La analogía general no descansa en enunciados explícitos de la Biblia pero en la enseñanza
amplia de la misma.
La analogía de la Fe no tendrá siempre el mismo grado de autoridad, su autoridad depende de
cuatro factores:
(1) El número de pasajes que contienen tal doctrina:
(2) La unanimidad de correspondencia entre los diferentes pasajes:
(3) La claridad de los pasajes y:
(4) La distribución de los mismos.
Al emplear la analogía de la Fe en la interpretación de la Biblia, el intérprete debe tener en
mente las siguientes reglas:
(1) Una doctrina que es claramente sostenida por la analogía de la Fe no puede ser contradicha
por un pasaje opuesto u oscuro.
(2) La interpretación de un pasaje que no tenga el sostén de la analogía de la Fe pero que
tampoco es contradicha por ella puede servir como fundamento de una doctrina si tal
pasaje es claro en su enseñanza. Pero esa doctrina así establecida no tendrá la misma
fuerza que una doctrina sostenida por la analogía de la Fe.
(3) Cuando una doctrina es sostenida sólo por un pasaje oscuro de la Escritura y no tiene
sostén de la analogía de la Fe, sólo puede ser recibida con gran reserva.
(4) En casos donde la analogía de la Escritura lleva a establecer dos doctrinas aparentemente
contradictorias, ambas doctrinas deben ser recibidas como bíblicas en la confianza que el
conflicto se resuelve en la unidad de la Escritura.
NOVENO: LENGUAJE SIMBÓLICO
Ya se han considerado los principios generales de la Hermenéutica: principios de
interpretación gramática, histórica y teológica. Ahora se considerarán puntos específicos
(usualmente tratados bajo la interpretación teológica).
A. DEFINICIÓN DE SÍMBOLOS BÍBLICOS:
Un símbolo es un signo o señal que sugiere significado en lugar de enunciarlo en palabras. La
diferencia entre un símbolo y un tipo es que el tipo usualmente habla de una realidad futura
mientras que un símbolo usualmente habla de una realidad presente.
B. PELIGROS EN LA INTERPRETACIÓN DE SÍMBOLOS BÍBLICOS:
Cuando los símbolos no son explicados o son explicados sólo brevemente, puede existir
ambigüedad, y por lo tanto puede ser imposible interpretar el lenguaje simbólico evitando un
grado de subjetividad en la interpretación. Sin un conocimiento del uso bíblico del lenguaje
simbólico en general y sin un conocimiento del contexto de un símbolo en particular bajo
consideración, el peligro de mal interpretar el símbolo es muy grande (un símbolo puede tener
un significado en un contexto y otro significado en diferente contexto).
C. CARACTERÍSTICAS DE LOS SÍMBOLOS BÍBLICOS:
El símbolo mismo es un objeto literal. El símbolo es usado para dar cierta lección o verdad. La
relación entre el objeto literal y la lección enseñada se hace más clara cuando aprendemos lo que
el que usó el símbolo significó por medio de el.
“La relación entre el objeto literal y la lección que este enseña se vuelve más clara cuando
aprendemos lo que el que usó el símbolo significó por medio de él. Los símbolos tiene una
credibilidad que se autentifica a si misma cuando su significado es conocido. Mientras que el que
dio el símbolo lo explique, el intérprete no se enfrenta a ninguna dificultad. Pero donde no hay
explicación, o donde ésta sea sólo parcial, el intérprete debe buscar lo que el símbolo
originalmente significó. Muchas veces el autor original probablemente consideró que el contexto
era suficiente, sin necesidad de suplir algún enunciado explícito. Esto no causaba dificultad
alguna para los que recibieron el símbolo en el tiempo mismo del autor.
Lectores posteriores, sin embargo, sí tienen dificultad. El comparar símbolos muchas veces no
ayuda porque la misma acción o una similar puede tener significados diversos. Por ejemplo, se le
mandó a Moisés que golpeara la roca (Éxodo 17:1-7) en cierta ocasión y que le hablara a la roca
(Números 20:8, 10-13) en otra ocasión. El propósito inmediato de ambas acciones era obtener
agua para el pueblo de Israel que en ambas ocasiones estaba a punto de rebelarse por la falta de
agua. ¿Eran las direcciones de Dios simplemente una prueba de la obediencia y control de si
mismo de Moisés en medio de una situación difícil? ¿O era la roca un símbolo de alguna otra
cosa? ¿Es el significado el mismo en ambas ocasiones? ¿Hay cierta progresión de la acción
externa a la petición verbal? La desobediencia de Moisés es declarada explícitamente como la
falta de confianza en Jehová y en fallar en tratarle con santidad.
Pero no hay nada explícito acerca de la roca en el Antiguo Testamento, y comparar los dos
incidentes no es suficiente para determinar que la roca tenía un significado simbólico. Pablo, en 1
Corintios 10:3, 4, habla de “un alimento espiritual,” “una bebida espiritual,” y “una roca
espiritual” pero cómo se relaciona lo espiritual con lo físico no lo explica. El sugiere que Cristo
era a Israel lo que la roca era. Pero ¿significa esto que Cristo también era el alimento y bebida
espiritual? Si es así, tal participación no detuvo el juicio divino (1 Corintios 10:5-12).”
{Mickelsen}.
D. CLASIFICACIÓN DE SÍMBOLOS BÍBLICOS:
1. SÍMBOLOS VISIONARIOS:
Símbolos visionarios son cosas que fueron vistas por un profeta en una visión. Esas cosas eran
cosas comunes pero que en la visión fueron usadas para representar alguna otra realidad. Por
ejemplo, Amos 8:1-3; Jeremías 1:13-16 y Ezequiel 37:1-14.
2. NÚMEROS, NOMBRES, COLORES Y METALES
Algunos sobre-enfatizan los números en las Escrituras, pero su naturaleza simbólica es algo de
mucha especulación. Aún si ciertos números tienen el propósito de simbolizar alguna realidad, lo
que esas realidades son es imposible de saber con cierto grado de dogmatismo, es mejor errar en
pasar por alto algún posible significado de algunos números que interpretar cada número como
un símbolo de alguna realidad espiritual más profunda.
Algunos nombres son usados para simbolizar el carácter de algo en particular. En Isaías 1:10
Jerusalén es llamada “Sodoma y Gomorra” (comp. Apocalipsis 11:8). En 1 Pedro 5:13 es más
probable que Roma esté siendo llamada “Babilonia” (comp. Apocalipsis 17:1-5).
Colores también son usados para simbolizar alguna otra realidad: Daniel 7:9; Apocalipsis 3:5;
6:1-8 y 19:11.
Metales pueden también ser usados como símbolos: Daniel 2:31-45.
En resumen, no todo número, nombre, color o metal es usado como símbolo de alguna otra
realidad y el intérprete no debe leer un significado simbólico en algo que no sea claramente
usado como un símbolo. Aún cuando exista un “obvio” significado simbólico, uno debe cuidarse
contra el dogmatismo en esta área tan subjetiva de interpretación.
3. ACCIONES EMBLEMÁTICAS
En esta categoría lo que el profeta hace se vuelve un símbolo. Por ejemplo Ezequiel 2:8 – 3:3
(comp. Apocalipsis 10:2, 8-11) donde tanto Ezequiel como Juan son mandados a tomar el rollo
del libro y comerlo. Esta acción fue simbólica del hecho que el mensaje del profeta había de venir
a ser parte de él. En Ezequiel 4:1-3 el profeta edifica una maqueta de Jerusalén y pretende
atacarla, este es un símbolo del futuro ataque de los Babilonios. En Jeremías 18:1-6 Dios guía al
profeta a apuntar la labor del alfarero para ilustrar que Dios puede hacer lo que quiera con Judá.
Este tema es tomado de nuevo por Pablo en Romanos 9:19ss.
4. ORDENANZAS EMBLEMÁTICAS
Una ceremonia física que simboliza una realidad espiritual. Por ejemplo, la circuncisión, la
Pascua, el día de la expiación, bautismo, la Cena del Señor.
E. PRINCIPIOS PARA LA INTERPRETACIÓN DE SÍMBOLOS:
1. Notar las características del objeto literal que está siendo usado como símbolo.
2. Buscar en el contexto la razón para usar el símbolo.
3. Buscar alguna explicación verbal que pueda dar la relación entre el símbolo y la verdad que
este enseña.
4. Determinar lo que los primeros lectores sabrían acerca del símbolo y que pueda ser
desconocido para lectores modernos.
5. No ser dogmático en la interpretación de símbolos a menos que el autor claramente explique
lo que este significa.
DECIMO: LENGUAJE FIGURADO
Ahora el área de estudio son las figuras o tropos. Esta categoría también se considera parte de
la interpretación teológica, bajo el tema de Hermenéutica Especial. Este estudio sigue el bosquejo
de Mickelsen: figuras literarias breves, opacas, y extensas.
A. FIGURAS LITERARIAS BREVES
“Al estudiar el lenguaje figurado nos enfrentamos con muchas cuestiones semánticas y
filosóficas, por ejemplo, si todo lenguaje es figurado o si ciertas “figuras” son más figurativas que
aquello socialmente reconocido como “literal.” No es nuestro interés contestar las preguntas
sobre el asunto de la naturaleza del lenguaje, esas cuestiones requieren una cuidadosa distinción
entre “símbolo” y “figura,” y una consideración cuidadosa de los diferentes significados de lo que
es “símbolo” y de lo que es “simbólico.” Nuestro estudio sobre el lenguaje figurado tratará más
bien con los varios tipos de figuras literarias.
Cuando decimos “el significado literal” nos referimos al sentido usual o común de las palabras
o expresiones. Esto no debe ser confundido con la idea misma del lenguaje, como si el lenguaje
fuera una tabla de multiplicar que está conformada de unidades que siempre tienen el mismo
valor. Esto está muy alejado de la verdad. Al decir “el significado figurado” tenemos en mente la
representación de un concepto en términos de otro porque la naturaleza de las dos cosas
comparadas permite que tal analogía sea usada. Cuando Jesús dice “yo soy el pan de vida” (Juan
6:35), El usa una metáfora porque El es al hombre espiritualmente lo que el pan es (al hombre)
físicamente – la fuente y sustento de vida.” {Mickelsen}
1. SÍMIL: Un símil es una comparación explícitamente hecha usando la palabra “cómo.” Por
ejemplo: Isaías 1:8; Jeremías 23:29; Mateo 23:37; 24:27; Lucas 10:3. Símiles dan un mayor
entendimiento pero no garantizan una comprensión completa.
2. METÁFORA: una metáfora es una comparación por medio de una afirmación directa en la cual
el autor describe una cosa en términos de otra, igualando una cosa al darle el nombre de
otra, sin usar la palabra “como.” Por ejemplo: Jeremías 2:13; Lucas 12:32.
El antropomorfismo es una forma de metáfora (del griego a;nqrwpoj – hombre y morfh,–
forma, figura, apariencia), esta figura es el adscribir a Dios miembros corporales y movimientos
físicos. Por ejemplo: Isaías 53:1; 59:1. El antropomorfismo se cataloga como metáfora porque
iguala algo con otra cosa dándole el nombre de esa otra cosa. Las características de Dios son
explicadas comparándolas a las características similares en el hombre, pero esa comparación no
es hecha a través de un símil (no dice “como un brazo”) sino que es hecha por medio de darle a la
característica de Dios el nombre de una característica comparable o similar en el hombre.
El antropopatismo es otra forma de metáfora (del griego a;nqrwpoj – hombre y pa,qoj –
pasiones o emociones) donde describe el adscribir a Dios las emociones, sentimientos o
reacciones humanas. Por ejemplo: Génesis 6:6; Salmo 95:10; Apocalipsis 14:10. El
antropopatismo es clasificado como metáfora porque iguala algo con otra al darle el nombre de
esa otra cosa. La emoción de Dios (arrepentimiento) al ver el pecado del hombre se le da el
nombre de una emoción similar en el hombre – no es exactamente la misma emoción porque la
del hombre está afectada por el pecado mientras que la de Dios no lo está, pero para ayudar al
hombre a entender algo de la emoción de Dios, la palabra que describe la emoción del hombre es
usada metafóricamente de Dios.
“Pena, enojo, ira, etc., son todas respuestas genuinas de Dios. El elemento metafórico se debe al
hecho que la pena, enojo, ira, etc., humanos es un complejo múltiple de elementos. La pena puede
incluir compasión de uno mismo, el enojo puede ser llenado con una obsesión irracional de
venganza, la ira puede estar cubierta con una pasión de pagar con la misma moneda. Pero esos
elementos deben ser excluidos de una vista correcta de la pena, enojo e ira de Dios. La respuesta
de Dios es genuina, pero la imagen humana es la que está manchada por elementos corrompidos.
De ahí que cuando el intérprete se encuentre con esos antropopatismos él puede hacer un
esfuerzo de remover todo énfasis humano de tales emociones, al hacer esto él obtiene una mejor
vista de las emociones de Dios.
Quizás seamos incapaces de excluir todo elemento ajeno del lenguaje metafórico acerca del ser
de Dios. Sin embargo, tal lenguaje es indispensable. El hecho que Dios siente pena, enojo e ira
muestra que el Santo de la Biblia no es una idea abstracta ni un grupo abstracto de atributos. La
metáfora, por lo tanto, es un vehículo importante de la verdad y no debe ser desechada.”
{Mickelsen}.
3. METONIMIA: la metonimia es usar el nombre de una cosa por otra porque ambas son
frecuentemente asociadas o porque una sugiere la otra. Por ejemplo: Génesis 42:38; Lucas
16:29; Romanos 3:30.
4. SINÉCDOQUE: la sinécdoque es un tropo o figura literaria en la cual una parte es usada por el
todo o el todo por la parte. Por ejemplo: Jueces 12:7; 1 Reyes 13:32; Isaías 2:4; 7:2.
5. PERSONIFICACIÓN: la personificación es cuando una cosa, una cualidad o una idea son
representadas como personas. Por ejemplo: Salmo 114:3-7; Proverbios 7:4, 5; Isaías 35:1, 2;
Lamentaciones 1:1; Mateo 6:34.
6. APÓSTROFE: el apóstrofe es cuando palabras son dirigidas en un tono de discurso o
exclamación a una cosa como si fuera una persona, o a una persona actual. Por ejemplo:
Jueces 5:3; 2 Samuel 18:33; Salmo 114:5.
7. ELIPSIS: la elipsis se refiere a una idea que no es expresada completa gramáticamente de
manera que el intérprete debe suplir palabras o expandir y alterar la construcción gramática
para hacer la idea completa. Hay elipsis repetitivas donde lo que debe ser suplido es
expresado en el contexto inmediato o claramente referido en el contexto, por ejemplo:
Gálatas 3:5; Romanos 11:22. También hay elipsis no repetitivas donde lo que debe ser
suplido no es claro en el contexto, por ejemplo: Lucas 19:41, 42.
8. ZEUGMA: el zeugma es una forma de elipsis donde alguna forma del verbo debe ser suplida
para clarificar el significado, por ejemplo: 1 Timoteo 4:3 (LBA).
9. APOSIOPESIS: la aposiopesis es cuando parte del enunciado es suprimida conscientemente ya
sea porque el autor está muy emocionado o porque desea lograr un efecto retórico, por
ejemplo: Éxodo 32:30-32.
10. EUFEMISMO: el eufemismo es cuando el autor escribe una palabra o frase menos directa
cuando una forma directa sería desagradable, ofensiva o innecesariamente fuerte. Por
ejemplo: Hechos 1:24, 25; Levítico 18:6; I Samuel 24:3.
11. LITOTES: un litote es cuando se afirma un hecho negando lo opuesto, por ejemplo, Hechos
1:5; Gálatas 4:17; 2 Reyes 7:9.
12. MEIOSIS: la meiosis es cuando se hace una exposición inadecuada o exageradamente
modesta para enfatizar algo, por ejemplo: Gálatas 5:23.
13. HIPÉRBOLE: la hipérbole es una consciente exageración que hace el autor para lograr un
efecto, por ejemplo: Juan 21:25; Deuteronomio 1:28; Salmo 6:6.
14. IRONÍA: la ironía es cuando el autor usa palabras que indican exactamente lo opuesto de lo
que el lenguaje declara, por ejemplo: 1 Reyes 18:27; Amos 4:4, 5.
B. FIGURAS LITERARIAS OPACAS
“Muchas partes oscuras de la Biblia pueden ser comprendidas una vez que veamos su contexto,
lenguaje y marco histórico y cultural, pero hay otros pasajes que realmente son oscuros y que no
pueden ser interpretados tan fácilmente aun viendo su contexto, etc. Algunas veces el autor
quizás no intento desconcertar a sus lectores, pero de cualquier manera lo hizo. Algunas veces la
oscuridad del lenguaje es obviamente a propósito. En cualquier caso no debemos simplemente
evitar ese material, sino que debemos verlo como un reto al intérprete.” {Mickelsen}.
1. ACERTIJOS: un acertijo es un dicho conciso formulado intencionalmente para que la
ingenuidad del lector sea ejercitada al tratar de explicarlo. Los acertijos se dividen en seculares
(que no contienen alguna verdad sagrada) y sagrados (que si contienen una verdad sagrada). Por
ejemplo: Jueces 14:14; Apocalipsis 13:18.
2. FÁBULAS: la fábula es una historia ficticia cuyo propósito es enseñar alguna lección moral.
“Los personajes muchas veces son animales o plantas cuyas acciones, contrarias a su naturaleza,
muestran la extravagancia, emociones o fallas de los humanos” {Mickelsen}. Por ejemplo: Jueces
9:1-21; 1 Reyes 14:9.
Para interpretar las fábulas se sigue un método:
(1) Comprender la situación contemporánea por la cual el autor usó la fábula.
(2) Notar si la fábula es sencilla o compleja, es decir, si una sola enseñanza es su intención o si
varios puntos son el propósito.
(3) Observar la influencia de la fábula sobre los oyentes y su respuesta inmediata o comentario
del que dijo la fábula palabras, actitudes, acciones, tanto del autor como de los oyentes.
(4) Establecer porqué la lección enseñada por la fábula es pertinente al hombre moderno y en
que otras maneras la misma lección puede ser enseñada al hombre moderno.
C. FIGURAS LITERARIAS EXTENSAS
1. SIMILITUD: un símil extenso. Mientras que el símil tiene un verbo principal, la similitud tiene
varios verbos principales en el tiempo presente y un sólo punto principal de comparación. Por
ejemplo: Isaías 53:7; Lucas 15:4-7.
2. PARÁBOLAS: la parábola es una similitud extensa, muy parecida a ella excepto que los varios
verbos están en tiempo pasado. Por ejemplo: Mateo 13:31, 33, 44.
3. ALEGORÍA: la alegoría es una metáfora extensa: “Ficción consistente en representar una cosa
por medio de otra. Una metáfora continuada.” “Una alegoría es una metáfora continuada donde
una serie de acciones son simbólicas de otras acciones.” Por ejemplo: Juan 10:1-16; Juan 15:1-10
(comp. Salmo 80:8-16; Isaías 5:3-7); 1 Corintios 3:10-15.
ONCE: POESÍA HEBREA
Otra área de la Hermenéutica Especial es la poesía hebrea. Para ayudarnos a entender que tan
importante es el estudio de la poesía hebrea basta notar que cerca de la mitad del Antiguo
Testamento es poesía. Hay libros llamados “poéticos” como Job, Salmos, Proverbios, Cantar de los
Cantares, pero también es poesía parte de Eclesiastés, la mayor parte de Isaías, Jeremías (excepto
las secciones históricas), Lamentaciones (capítulos 1-4 son acrósticos), partes de Ezequiel, de
Daniel, los Profetas Menores (excepto Hageo y Malaquías), la oración de Jonás, partes de Zacarías,
y considerables partes de los Libros Históricos. De manera que el estudio de la poesía hebrea es
necesario si es que vamos a interpretar correctamente una gran parte del Antiguo Testamento.
A. EL PARALELISMO HEBREO:
La característica más importante de la poesía hebrea es el paralelismo hebreo. El primer
hombre en investigar el paralelismo hebreo fue el obispo Robert Lowth, su definición del
paralelismo hebreo es la siguiente “La correspondencia de un verso o línea con otra, se llama
paralelismo. Cuando una proposición es dada, y una segunda es añadida, bajo ella o equivalente a
ella, o contrastada a ella en sentido, o similar en la forma de construcción gramática, esas son
líneas paralelas, y las palabras o frases, correspondiendo entre sí en esas líneas, son los términos
paralelos.”
La poesía hebrea, entonces, no es como la poesía de los lenguajes indoeuropeos. Su metro no es
en sílabas, no consiste en un balance de sonidos ni en un ritmo fonético, no es como la poesía a la
cual estamos acostumbrados. En la poesía hebrea existe un balance de pensamiento o conceptos,
tiene un ritmo lógico (en lugar de fonético), el autor continúa una línea con otra línea de
pensamiento paralelo a la primera.
B. UNIDADES EN LA POESÍA HEBREA:
A una sola línea se le llama estico. Versos (grupo en estrofa) se les divide en dístico (dos líneas
el más común), trístico (3 líneas), tetrástico (4 líneas), pentástico (cinco líneas).
C. TIPOS DE PARALELISMO HEBREO:
1. Paralelismo semántico: Es el paralelismo de significado o pensamiento, ésta es la principal
característica de la poesía hebrea, enfatizando el contenido de la poesía. Tipos de paralelismo
semántico:
(1) EL PARALELISMO SINÓNIMO:
Es “el paralelismo en el cual diferentes líneas (sin importar cuantas sean) presentan el mismo
pensamiento en una forma ligeramente alterada de expresión” – Terry. “La segunda línea expresa
un pensamiento idéntico o similar al de la primera línea” – Mickelsen. Hay varias categorías de
paralelismo sinónimo:
El paralelismo sinónimo idéntico donde las diferentes líneas contienen las mismas o casi las
mismas palabras, por ejemplo Proverbios 6:2 y Salmo 93:3.
El paralelismo sinónimo similar donde el significado es sustancialmente el mismo pero con
lenguaje o figuras diferentes, por ejemplo Salmo 24:2 y Job 6:5.
El paralelismo sinónimo invertido donde hay una inversión o transposición de palabras o
enunciados para cambiar el orden del pensamiento, por ejemplo Salmo 78:10 e Isaías 35:3.
Salmo 32:1, 2 es un ejemplo de paralelismo sinónimo con tres líneas, e Isaías 53:5 con 4 líneas.
(2) EL PARALELISMO ANTITÉTICO:
Donde la segunda línea expresa un pensamiento en contraste agudo o en negación del
pensamiento de la primera línea. Así el pensamiento es hecho más claro por medio de una
oposición de ideas en las líneas paralelas, en la mayoría de los casos las palabras “pero” o “mas”
son usadas para hacer el contraste. Hay varias categorías de paralelismo antitético:
El paralelismo antitético sencillo donde el contraste es presentado en dos líneas de enunciados
sencillos, por ejemplo Proverbios 10:1; 14:34; 15:1, 2 y Salmo 30:5.
El paralelismo antitético complejo donde hay más de dos enunciados en cada miembro de la
antítesis, por ejemplo Isaías 1:3 y 1:19, 20.
(3) EL PARALELISMO SINTÉTICO:
También se le conoce como paralelismo constructivo o epitetico. En este paralelismo la idea de
la segunda línea añade algo nuevo o explica la idea de la primera línea, por ejemplo en Salmo
32:1, 2 y 112:1 la segunda línea añade algo nuevo; en Proverbios 4:23 y 26:4 hay un paralelismo
racional; en Proverbios 15:17 hay un paralelismo comparativo. En Salmo 89:27; 89:28 y
Proverbios 3:5 la segunda línea explica la idea de la primera línea.
4. PARALELISMO RETÓRICO:
Este paralelismo tiene características cuyo propósito es producir cierto efecto literario. Tipos
de paralelismo retórico:
(1) Paralelismo retórico emblemático o comparativo: En este paralelismo una línea contiene
un enunciado figurativo mientras que la otra línea contiene el mismo enunciado pero en
lenguaje literal, por ejemplo Salmo 23:1; 42:1; Proverbios 11:22; 25:25 e Isaías 53:7.
(2) Paralelismo retórico de escalera: En este paralelismo parte de la primera línea es repetida
en las siguientes líneas añadiéndole nuevos elementos hasta llegar a un punto climático. En
este tipo hay varias categorías: Paralelismo palilógico, donde una o más palabras de la
primera línea son repetidas como en un eco, por ejemplo Jueces 5:3; Salmo 72:17; 124:1, 2;
126:2, 3. Paralelismo climático o comprensivo, donde la segunda línea completa la primera
línea (con ciertas palabras repetidas), por ejemplo Éxodo 15:6; Salmo 92:9; 96:1, 2.
(3) Paralelismo quíastico o introvertido: Este paralelismo muestra una inversión de términos
paralelos en líneas sucesivas o en un arreglo de 4 líneas donde las líneas 1 y 4
corresponden entre sí y las líneas 2 y 3 corresponden entre sí. Hay varios tipos de
paralelismo quíastico: Paralelismo quíastico sencillo, por ejemplo Salmo 51:3; Proverbios
10:4; 13:24. Paralelismo quíastico de línea, por ejemplo Proverbios 23:15, 16; Salmo 51:1
D. IMPORTANCIA DEL PARALELISMO HEBREO:
Entender el paralelismo hebreo ayuda a determinar el significado de algunas palabras que de
otra manera serían oscuras. Por ejemplo en Salmo 16:9 “Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó
mi alma [lit. gloria, RV 1910]” el término “corazón” es paralelo a “gloria”, comparando con
Génesis 49:6 “En su consejo no entre mi alma, Ni mi espíritu [lit. gloria, “honra” en RV 1910] se
junte en su compañía.” El paralelo es entre “alma” y “gloria” así que “corazón,” “alma” y “gloria”
son paralelos. Otro ejemplo es Salmo 51:6 “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo
secreto me has hecho comprender sabiduría.” Donde “lo íntimo” y “lo secreto” son paralelos,
comparando con Job 38:36 “¿Quién puso la sabiduría en el corazón [lit. “íntimo,” RV 1910 lee
“interior”]? ¿O quién dio al espíritu [lit. “mente,” RV 1910 lee “entendimiento”] inteligencia? Lo
“intimo” es paralelo a “secreto” y a “mente.”
Entender el paralelismo hebreo ayuda a interpretar una palabra por medio de su paralelo, por
ejemplo Salmo 22:20 “Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida [lit. “única” RV
1910]” “única” es “alma.”
Entender el paralelismo hebreo ayuda aun a restaurar el original hebreo, por ejemplo en
Jueces 5:28 “La madre de Sísara se asoma a la ventana, Y por entre las celosías a voces dice: ¿Por
qué tarda su carro en venir? ¿Por qué las ruedas de sus carros se detienen?” En el texto original la
frase traducida “las celosías a voces” es una interpretación de un vocablo desconocido, pero
puesto que debe ser paralelo a “se asoma a la ventana” y tenemos la frase “y por entre” entonces
podemos determinar algún sentido apropiado de ese término desconocido.
En Proverbios 7:6 el mismo término (traducido “celosía” es paralelo a “ventana”) así que
podemos tener cierta seguridad que ese vocablo hebreo desconocido es algo similar o idéntico a
“ventana.” Una celosía es un tipo de enrejado de listones, las ventanas con vidrios no siendo
usadas por los hebreos, y aún en estos días no son comunes en Palestina.
DOCE: TIPOLOGÍA
No hay área de interpretación bíblica que necesite una más cuidadosa definición que la
tipología. Algunas personas asocian la tipología con significados bizarros e imaginarios, para ellos
la tipología y la alegoría pertenecen a la misma clase – vanos procedimientos para tratar de
encontrar significado en documentos escritos. Esto está lejos de la verdad: La alegoría y la
tipología sólo tienen una cosa en común, ambas son métodos figurativos de interpretación, pero
hasta allí llega el parecido, estas tienen diferentes marcos, diferentes actitudes hacía la historia, y
diferentes maneras de manejar el significado (Mickelsen).
En la tipología el intérprete encuentra una correspondencia en uno o varios aspectos entre una
persona, evento o cosa en el Antiguo Testamento y una persona, evento o cosa cercana o
contemporánea al autor en el Nuevo Testamento. En una verdadera tipología esta
correspondencia ocurre porque Dios controla la historia y Él es quien causó que los individuos,
grupos, experiencias, instituciones, etc. en el Antiguo Testamento, tuvieran ciertas características
que Él después causaría a reaparecer en el Nuevo Testamento.
La palabra “tipo” proviene del griego tu,poj y esta denota:
(A) la marca de un golpe:
(B) una impresión, como de una estampa, y de ahí una figura o imagen, y:
(C) un ejemplo o patrón – este último es el sentido más común en el Nuevo Testamento.
La palabra tu,poj es usada 16 veces en el Nuevo Testamento, traducida de las siguientes
maneras:
Juan 20:25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en
sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano
en su costado, no creeré.
Hechos 7:43 Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, Y la estrella de vuestro dios Renfán,
Figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia.
Hechos 7:44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como
había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto.
Hechos 23:25 Y escribió una carta en estos términos:
Romanos 5:14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no
pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.
Romanos 6:17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de
corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;
1 Corintios 10:6 Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no
codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.
1 Corintios 10:11 Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para
amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.
Filipenses 3:17 Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el
ejemplo que tenéis en nosotros.
1 Tesalonicenses 1:7 de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de
Acaya que han creído.
2 Tesalonicenses 3:9 no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un
ejemplo para que nos imitaseis.
1 Timoteo 4:12 Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en
palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.
Tito 2:7 presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando
integridad, seriedad,
Hebreos 8:5 los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le
advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas
conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.
1 Pedro 5:3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo
ejemplos de la grey.
Por otro lado el término antitipo [avnti,tupoj] aparece en:
Hebreos 9:24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino
en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;
1 Pedro 3:21 El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias
de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de
Jesucristo,
Para poder discernir si la palabra tu,poj está siendo usada en el sentido de la tipología
debemos ver cada contexto y considerar si existe una correspondencia entre lo llamado tu,poj del
AT y lo presente (en el NT).
Entre el tipo y su antitipo siempre existe por lo menos un punto real y notable de
correspondencia. El tipo lo es porque ha sido diseñado por constitución divina con cierto
parecido al antitipo. El tipo siempre prefigura algo futuro.
Hay varios grupos de intérpretes bíblicos que ven demasiada tipología en las Escrituras, pero
sus motivos no son siempre los mismos. Entre ellos están los Padres Apostólicos y los primeros
Apologistas quienes pensaron que su enseñanza del origen divino de la Cristiandad se vería
grandemente ayudada por medio de establecer una antigüedad a la Cristiandad misma. Esa
antigüedad se trató de demostrar por medio de encontrar enseñanzas Cristianas en las Escrituras
del Antiguo Testamento, y para algunos la herramienta de la tipología les ayudo a probar que “el
Nuevo Testamento no es realmente nuevo pues sus enseñanzas son encontradas en el Antiguo
Testamento.”
Con ese propósito en mente encontraron muchos tipos por todos lados del Antiguo
Testamento. Otros Padres Eclesiásticos (por ejemplo Origen en la Iglesia Occidental) fueron
motivados por un deseo de ver la filosofía griega popular y contemporánea enseñada por el
Antiguo Testamento. Puesto que tal filosofía griega no podía ser encontrada con una
interpretación literal del Antiguo Testamento, las interpretaciones alegóricas y tipológicas fueron
empleadas para tal fin.
Otros tenían dificultad en aceptar una interpretación literal de ciertos pasajes del Antiguo
Testamento, así que usaron la tipología y la alegoría para encontrar un “significado profundo y
espiritual.” También, a través de los siglos, algunos han buscado apoyo para sus convicciones
doctrinales por medio de la interpretación tipológica del Antiguo Testamento (Católicos
Romanos, algunos Dispensacionalistas, y aquellos que insisten en encontrar a Cristo en cada y
todo pasaje.)
Hay otros intérpretes que ven toda tipología como una forma forzada de interpretación, pero
su razón es que no aceptan el origen divino de la Escritura, y cualquier base para la tipología por
lo tanto no existe. Si la Biblia es sólo otro libro puramente humano, si las palabras del Antiguo
Testamento son meras palabras de hombres, si la Biblia entera no es el producto de Alguien que
está en control de todas las cosas, Alguien que ordenó todas las cosas del Antiguo Testamento y
ordenó tipos del futuro Nuevo Testamento en esas Escrituras, si todo eso no es así, entonces es
imposible que existan tipos en el Antiguo Testamento y antetipos en el Nuevo Testamento.
El Obispo Marsh promovió por sus Lecturas sobre el Criticismo e Interpretación de la Biblia la
idea que “un tipo sólo es tipo si el Nuevo Testamento específicamente lo llama así.” Este principio
de interpretación fue una reacción contra los abusos de la interpretación tipológica.
Por otro lado, Salamon Glassius, entre 1623 y 1636 publicó su Philogia Sacra donde enseñó
que los tipos son de dos clases: tipos innatos, que son aquellos declarados específicamente por el
Nuevo Testamento (comp. Marsh); y tipos inferidos, que son aquellos no declarados
específicamente por el Nuevo Testamento pero justificados por la naturaleza de los materiales
tipológicos del Nuevo Testamento.
Entre los discípulos de Glassius tenemos a Benjamin Keach, Patrick Fairbairn, Milton Terry,
Bernard Ramm, y otros.
En conclusión, podemos discernir que un entendimiento correcto de la interpretación
tipológica radica entre la posición de Marsh y la de Glassius. Hay más seguridad en la posición de
Marsh porque cierta subjetividad se necesita en la posición de Glassius para los tipos inferidos. Si
hay entonces que usar algo de la imaginación, ¿la imaginación de quién será el estándar?
Necesitamos ser cuidadosos al sugerir que algo es un tipo cuando la Escritura no lo designa así
explícitamente.
SUGERIMOS ALGUNAS GUÍAS PARA LA INTERPRETACIÓN DE TIPOS:
1. Debe existir claramente una correspondencia entre el tipo y el antetipo, las analogías
imaginarias y forzadas deben ser evitadas cuidadosamente. El contexto del pasaje del
antetipo en el Nuevo Testamento será de gran ayuda al intérprete, por ejemplo en Juan 3:14-
16 leemos:
“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea
levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree,
no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Entre el tipo en el Antiguo Testamento (Números 21:4-9) y el antetipo del Nuevo Testamento
existen claros puntos de correspondencia: (1) la serpiente de bronce fue levantada, así el Hijo del
Hombre será levantado (una referencia probablemente a la crucifixión). (2) Aquellos que veían
con fe la serpiente de bronce eran librados del castigo y tenían vida, aquellos que ven con los ojos
de fe al Cristo son librados del pecado y tienen vida eterna (v.15). (3) La liberación por medio de
la serpiente de bronce fue provista por Dios, así la liberación en Cristo es provista por Dios
(v.16). Otros puntos de correspondencia deben también ser reales y claros.
2. Los puntos de diferencia y contraste entre el tipo y el antetipo deben también ser notados
por el intérprete.
Por la naturaleza de la tipología, el tipo será inferior al antetipo. Los tipos del Antiguo
Testamento sólo pueden ser completamente interpretados a la luz de las realidades en el Nuevo
Testamento. En la mayoría de los casos los autores en el Antiguo Testamento no sabían que
estaban describiendo un tipo, así que para conocer con seguridad que algo en el Antiguo
Testamento es un tipo e interpretarlo como tal debemos depender en el antetipo del Nuevo
Testamento y su contexto en el cual el tipo del Antiguo Testamento es identificado.
EJEMPLOS DE TIPOS EN LA BIBLIA:
1. La serpiente de bronce y Cristo (Juan 3:14-16).
2. Adán y Cristo (Romanos 5:12-15).
3. El tabernáculo (Hebreos 9:24 – la palabra avnti,tupa ocurre en el texto traducida “figura”).
4. Melquisedec y Cristo (Hebreos 7:1-10).
5. Canaán y el Cielo (Hebreos 4:1-11).
6. Sacrificios y Cristo (Juan 1:29).
7. Pascua y Cristo (1 Corintios 5:7).
8. Aarón y Cristo (Hebreos 5:4, 5).
9. Jonás y Cristo (Mateo 12:40).
10. El Maná y Cristo (Juan 6:32, 35).
11. Elías y Juan el Bautista (Mateo 17:10-12).
12. El incienso en el tabernáculo y las oraciones de los Cristianos (Apocalipsis 8:4).
13. El Séptimo día de la Creación y el descanso de los santos en el Cielo (Hebreos 4:4, 5).
En conclusión, algo de iluminación acerca del antetipo puede ser obtenida por medio del tipo,
pero por la mayor parte, el antetipo ilumina el tipo.
Hay peligros en usar la tipología en algún extremo: No todo detalle del tipo puede ser forzado
sobre el antetipo. Tratar de probar algún punto de doctrina por medio del uso de un tipo que
Dios no ha indicado es un mal uso de la tipología – la doctrina bíblica no se sostiene por medio de
la tipología, y si algo no es declarado explícitamente por la Biblia lo más probable es que tampoco
sea declarado por medio de algún tipo. El mal uso de la tipología ha dado credibilidad a muchas
falsas doctrinas.
Es mejor errar en no ver algunos tipos y limitar nuestro entendimiento a lo que es declarado
explícitamente que errar en ver demasiados tipos, quizás no diseñados así por Dios, y desviar en
la enseñanza a otros.
LECCIÓN: 10
ADVERTENCIA CONTRA LAS FALACIAS
INTRODUCCIÓN
Nuestra confesada alianza a la infalibilidad e inerrancia de la Biblia, así como a su autoridad
suprema y absoluta como única fuente de doctrina y práctica, requiere que seamos exegetas
capaces y expositores correctos.
Una razón práctica por la cual debemos conocer y aprender a reconocer en nosotros tales
falacias exegéticas es la presencia misma de ellas en nuestras exposiciones.
Nuestra exposición debe ser razonable: su exégesis debe ser la correcta. Por lo tanto, debemos
esforzarnos por tener una justificación de nuestra interpretación de la Escritura, tanto en lo
léxico, gramático, cultural, teológico, histórico, geográfico y cualquier otra área de estudio que
esté implicada en nuestra exégesis, hermenéutica y homilética.
Debemos cuidarnos de no excusarnos bajo un falso manto de piedad y supuesta guía del
Espíritu – debemos tener piedad verdadera y dependencia absoluta en el Espíritu, pero al mismo
tiempo debemos usar las mejores herramientas, mejorar nuestras habilidades y dar nuestro
mayor y mejor esfuerzo al interpretar la Escritura.
Si no tenemos una base razonada para dar cierta opinión o exposición sobre algún pasaje o
doctrina o práctica, debemos reconocer tal deficiencia y no poner sobre la conciencia de nuestros
oyentes nuestra mera especulación.
Aunque hay peligros inherentes en estudios de este tipo, las ganancias son mayores, y
debemos lograr mortificar nuestro orgullo carnal, reforzar la virtud de humildad y perseverar en
nuestro llamamiento para ser mejores exegetas de la Biblia.
Las falacias más comunes que afligen nuestra exposición se pueden catalogar en cinco clases:
(1) Falacias en el Estudio de Palabras
(2) Falacias en el Estudio de la Gramática
(3) Falacias en Nuestra Aplicación de Lógica
(4) Falacias en Nuestras Presuposiciones
(5) Falacias en Nuestra Comprensión de la Historia
No vamos a considerar todo tipo o clase de falacia posible, pues esto requeriría mucho mayor
tiempo del que disponemos (además que algunas falacias ocurren sólo en la exégesis de los
lenguajes originales), pero veremos aquellas falacias que más comúnmente se presentan en
exposiciones bíblicas.
FALACIAS EN EL ESTUDIO DE PALABRAS O SEMÁNTICA
1. MAL USO DE ETIMOLOGÍA
Esta falacia ocurre cuando el expositor piensa que cada palabra actualmente tiene un
significado implícito con su forma o componentes; es una falacia que usa mal la etimología – la
raíz o raíces de las palabras.
Un ejemplo sería la palabra “apóstol” que en el original avpo,stoloj está relacionado con el
verbo “enviar” avposte,llw y que muchas veces se usa mal al decir que un apóstol es alguien que
es enviado, cuando el significado en el NT es más bien mensajero – cierto, un mensajero
usualmente es enviado, pero el énfasis en el NT es sobre el mensaje no sobre la acción de enviar,
un apóstol es un representante especial no simplemente alguien enviado. Unidad 5 – Advertencia
contra las Falacias 68
Otra palabra usualmente mal interpretada es la palabra traducida “unigénito” que en el
original monogenh.j es supuesto ser la unión de mono + gennao y se interpreta usualmente “el
único nacido” o “único hijo”, cuando la palabra monogenh.j también puede ser el resultado de
mono + genoj que significa “único en su clase” o simplemente único en términos de ser especial.
Esta interpretación parece acordar mejor con los ejemplos del NT (y AT) de la palabra: comp.
Heb 11:17.
La etimología de la palabra o de sus componentes, puede que suceda que verifique el
significado de esa palabra en algún determinado contexto, pero apelar a la etimología no es más
que una sugerencia educada (algunas veces dicha con aires de gran conocimiento). El significado
de la palabra no está atado a su etimología y debe ser descubierto inductivamente por todo el
rango semántico y por el contexto donde la palabra es usada.
2. ANACRONISMO EN SEMÁNTICA
Esta falacia ocurre cuando le damos un significado de un tiempo (usualmente el
contemporáneo) a una palabra de otro tiempo – esto es un gran error al hacerlo en nuestro
propio idioma, pero ocurre también en los idiomas originales de la Escritura, usualmente al hacer
mal uso de léxicos y diccionarios donde vemos un significado pero pasamos por alto la
información que nos dice que tal significado está limitado a un rango de tiempo fuera de la
ocasión bíblica.
Por ejemplo, muchos expositores hacen gran énfasis que la palabra traducida “poder” es
du,namij y que nuestra palabra “dinamita” proviene de tal término – pero nuestra palabra
“dinamita” es un termino moderno que no tiene que ver con el uso de la palabra “poder” en la
Escritura.
Otro ejemplo es el rango de significados y aplicaciones que la palabra “sangre” tiene en
nuestros tiempos, mientras que en la Biblia, particularmente en el NT, “sangre” tiene que ver con
la muerte, la muerte violenta y de sacrificio de Cristo. Sería una pésima interpretación aplicar
nuestro conocimiento médico contemporáneo al término “sangre” en el NT cuando esa palabra
tiene el significado (en contexto) de la muerte de Cristo en la cruz.
Una clase de este tipo de falacia es cuando un significado pasado de la palabra es asignado a tal
palabra en el tiempo bíblico. Algunos expositores usan léxicos obsoletos de las lenguas originales,
o asignan un significado clásico a una palabra bíblica (en el NT) cuando el griego del NT es koiné
y no clásico. Siempre debemos usar los mejores y más actualizados léxicos y diccionarios –
nuevos descubrimientos dan mayor luz a nuestro entendimiento de palabras bíblicas.
Por ejemplo, feministas abogan por el significado “fuente” del término traducido “cabeza”
kefalh,, pero tal significado, aunque presente en el griego clásico, es obsoleto para el período del
NT.
3. APELAR A SIGNIFICADOS DESCONOCIDOS O POCO PROBABLES
Esta falacia ocurre cuando el intérprete realmente va en búsqueda de un significado que avale
su preconcebida interpretación, y si busca lo suficiente es muy posible que encuentre tal
significado – y en algunos casos simplemente lo inventa e interpreta lugares o referencias
oscuras para verificar tal significado.
Por ejemplo, aunque la palabra “ley” en Pablo tiene su rango muy limitado de significados
reconocidos, algunos intérpretes dicen que en 1 Cor 14:34-35 “ley” nomoj debe significar
“interpretación rabínica” y que Pablo está meramente citando pero no concordando tal
interpretación:
“Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones;
porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si
quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer
hable en la congregación.” (el v. 34 comienza más bien allí)
Esos intérpretes nos dicen que Pablo meramente cita a algún rabino machista y que luego lo
refuta en vs. 36-40, y entonces leeríamos todo el pasaje así:
“[Algunos dicen:] ‘Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido
hablar, sino que estén sujetas, como también la ley [tradición rabínica] lo dice. Y si quieren
aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la
congregación.’”[Pero yo les digo:]¿Acaso ha salido de vosotros [hombres, el pronombre es
masculino] la palabra de Dios, o sólo a vosotros [hombres, el pronombre es masculino] ha
llegado? Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son
mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore. Así que, hermanos, procurad profetizar, y no
impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden.”
Aparte de requerir muchas especulaciones, el uso de “ley” por Pablo es ampliamente atestado
en todas sus cartas.
4. APELAR DESCUIDADAMENTE A TRASFONDOS
Muy de cerca de la falacia anterior, en este caso, intérpretes apelan descuidadamente a ciertos
trasfondos que convenientemente sostienen su interpretación favorecida.
Por ejemplo, en Juan 3, la frase “naciere de agua y del Espíritu” ha sido interpretada como
refiriéndose al nacimiento natural (de agua = ya sea el liquido amniótico o el semen del padre) y
al nacimiento espiritual (del Espíritu), sin embargo, el hecho que la frase comparte una sola
presuposición gramatical (evx u[datoj kai. pneu,matoj) sostiene mejor la interpretación que se
está refiriendo a un solo nacimiento, vs. 3, 5, 6b y 7 siendo paralelos y la frase “de agua y del
Espíritu” significando la obra del Espíritu Santo, similar a Eze 36:25-27,
“Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de
todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de
vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y
pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis
preceptos, y los pongáis por obra.”
Pero la interpretación de que el agua se refiere al nacimiento natural tiene muchos adeptos,
porque se supone que “agua” tiene ese simbolismo en ciertos trasfondos culturales que incluyen
el judío.
5. ASUMIR FALSAMENTE SIGNIFICADOS TÉCNICOS
En esta falacia el intérprete asume falsamente que una palabra siempre (o casi siempre) tiene
cierto significado técnico – un significado que usualmente se deriva de evidencia parcial o de la
teología sistemática del intérprete.
Por ejemplo, aunque “santificación” se refiere al proceso por el cual el creyente es
progresivamente purificado, sería incorrecto deducir tal significado técnico de la palabra cuando
otras referencias nos muestran que “santificación” también puede referirse a la separación inicial
que Dios hace de las personas para Sí mismo, como en 1 Cor 1:2.
Esta falacia es particularmente peligrosa cuando se basa toda una doctrina o práctica en un
supuesto significado técnico de una palabra o frase.
Hasta hace relativamente poco, yo estaba seguro que la frase “el partimiento del pan” era una
frase técnica que se refería a la Santa Cena, pero después de estudiarla más a fondo deduje que la
frase se refiere simplemente a comer, excepto cuando el contexto obviamente se refiere a la
Santa Cena (las referencias a esta frase son: Mat 14:19; 15:36; 26:26, Mar. 8:6; 8:19; 14:22, Luc
22:19; 24:30, 35; Hch 2:42, 46; 20:7, 11; 27:35; 1 Co. 10:16; 11:24).
6. ANÁLISIS PROBLEMÁTICOS DE SINÓNIMOS Y COMPONENTES
La falacia aquí radica en que pensamos de sinónimos como palabras “equivalentes” cuando en
lingüística no es así. Sinónimos no son palabras idénticas entre sí, pues dejarían de ser sinónimos
y vendrían a ser meras equivalencias verbales. Mientras la evidencia lo permita, podemos ver
cierta equivalencia en significado. Lo que nos va a ayudar a determinar que tan sinónimo un
término es, es el contexto.
Por ejemplo, el texto de Fil 4:6,
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda
oración y ruego, con acción de gracias.”
Las palabras “peticiones” “oración” y “ruego” pudieran considerarse sinónimos en ciertos
contextos, pero aquí es evidente que se refieren a conceptos diferentes.
Sin embargo, sí existen términos sinónimos, y su uso intercambiable en la Biblia demuestra
que lo son.
Mucho debate existe entre la conversación de Jesús y Pedro en Juan 21:15-17 y si hay matices
diferentes entre el uso de avgapa,w y file,w,
“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas
(avgapa/|j) más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo (filw/). Él le dijo:
Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas
(avgapa/|j)? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo (filw). Le dijo: Pastorea mis
ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas (filei/j)? Pedro se entristeció de que
le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo
(filw). Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.”
No vamos a resolver este debate aquí mismo y ahora, pero solo sugerimos que quizás este sea
un caso de sinónimos usados por variación y no por diferencia de conceptos. El hecho es que
avgapa,w no tiene el significado técnico de amor cristiano o amor divino como a muchos
intérpretes les gusta decir. ¿Cómo pensaríamos entonces de ocurrencias de avgapa,w donde
“amor cristiano” o “amor divino” no concuerda? Por ejemplo en Mat 6:24; Luc 11:43; Juan 3:19 y
muchos más – inclusive en LXX, ¡noten por ejemplo 2 Sam 13:15!
Aún en el contexto de Juan 21:15-17 es interesante que pocos parecen notar las frases
obviamente sinónimas: “Apacienta mis corderos”, “Pastorea mis ovejas.” y “Apacienta mis
ovejas.”
El peligro de caer en esta falacia radica en insistir en diferencias semánticas sin mayor razón
que (aunque sinónimos) nos parece que debe haber variación, sin tomar en cuenta todo el rango
donde ambas palabras comparten significados (o el estilo editorial del autor humano).
7. USO SELECTIVO Y PREJUICIOSO DE EVIDENCIA
En esta falacia, el intérprete convenientemente pasa por alto evidencia que contradeciría su
interpretación ya sea en el léxico o en la concordancia.
Por ejemplo, limitando tanto el léxico como la concordancia, intérpretes afirman que “conocer
a Dios” significa sólo el tener la experiencia, el obedecerlo y el amarlo que no significa un
conocimiento intelectual de Dios y las verdades de Dios pero ésta es una falsa dicotomía, pues la
creencia o fe cristiana no ocurre aparte del conocimiento intelectual cristiano.
Casi cualquier término bíblico que implique doctrina o práctica puede ser mal usado de esa
manera.
8. DISYUNCIONES O RESTRICCIONES SEMÁNTICAS ILEGÍTIMAS
En estudios de palabras, algunos autores, y no pocos intérpretes, forjan la decisión entre esto o
aquello cuando un sentido complementario pudiera ser aceptable.
Debemos cuidarnos de no limitar el rango semántico de las palabras y crear subdivisiones
inexistentes y así prevenir una interpretación complementaria por medio de afirmar que tal o tal
término deban tener este significado en oposición a aquél.
Por ejemplo, entre feministas es común que autoridad sea interpretada como control o
demanda de obediencia y que por lo tanto kefalh es interpretada como careciendo tal significado
abogado por intérpretes conservadores, puesto que Cristo como nuestra Cabeza nos consuela y
conforta, nos nutre y cuida, y (supuestamente) tales conceptos excluyen el concepto de
autoridad.
Debe ser obvio que tales significados no son disyuntivos el uno del otro.
9. RESTRICCIÓN ILEGÍTIMA DEL RANGO SEMÁNTICO
Similar a la anterior y al mal uso de “significados técnicos”, en esta falacia el intérprete falla en
apreciar el rango total de una palabra, y al venir a la exégesis de un pasaje, no considera
adecuadamente todas las opciones potenciales de los conceptos y excluye (consciente o
inconscientemente) posibilidades que pudieran ser la correcta.
Por ejemplo, el verbo ser o estar (eivmi,) en la frase “esto es mi cuerpo” (Mat 26:26 y
paralelos) ha sido el foco de debate desde los días de la Reforma. Tal verbo puede implicar
identidad (“¿La ley es pecado?” Rom 7:7); atributo (“Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios” Mar
10:18); causa (“el ocuparse de la carne es muerte” Rom 8:6); resemblanza (“la lengua es un
fuego” Stg 4:6); cumplimiento (“Mas esto es lo dicho por el profeta Joel” Hch 2:16) – pero, si ese
es el rango semántico de opciones, ¿Cuál de todas es Mat 26:26?
Algunos pasajes caerán fácilmente en una o más de esas opciones, pero la falacia consiste en
restringir ilegítimamente el rango semántico de la palabra o frase, y en asumir que siendo esas
las únicas opciones, podamos descubrir la interpretación correcta de cualquier pasaje – cuando
en realidad, nuestra propia restricción nos evita llegar a esa interpretación correcta.
10. EXPANSIÓN ILEGÍTIMA DEL RANGO SEMÁNTICO
La falacia en este caso es suponer que el significado de una palabra (o frase) en un contexto
específico es mucho más amplio que lo que el contexto permite y que uno puede traer todo el
rango semántico de la palabra a ese contexto.
Por ejemplo, en Hch 7:38 el texto contiene el original evkklhsi,a pero sería invalido cargar la
palabra en este contexto – con el significado total en que el NT usa este término:
“Éste es aquel Moisés que estuvo en la congregación [evkklhsi,a|] en el desierto con el ángel
que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que
darnos.”
Algunas veces es fácil caer en este error al estar predicando y comentar que tal o tal palabra
“significa esto” y dar el rango semántico de la palabra, cuando el significado en el contexto es
único y específico, en lugar de iluminar su significado entonces se oscurece.
11. OLVIDO ILEGÍTIMO DE PECULIARIDADES DISTINTIVAS DE LITERATURA
La falacia aquí radica en asumir falsamente que el uso predominante de una palabra (o
concepto) de un autor en un libro (o su literatura) sea básicamente el mismo en los otros autores
bíblicos tal no es muchas veces el caso.
Por ejemplo, cómo Pablo usa la palabra “justicia” (y su familia de palabras) no es
necesariamente como el resto de los autores usa tal familia de palabras. Tal uso debe ser
encontrado en la literatura de cada autor.
12. UNIÓN ILEGÍTIMA DE SENTIDO Y REFERENCIA
No todas las palabras tienen una referencia única (nombres de personas y lugares son
excepciones). En diversos contextos palabras pueden tener referencia parcial, como en los
atributos divinos, pero otras palabras (notablemente los adjetivos) encuentran su referencia en
el contexto donde son usadas.
Al explicar una palabra se puede dar el sentido de la palabra pero la falacia se haya en
presuponer que una palabra tenga una referencia específica o un “significado básico”.
El significado de las palabras debe encontrarse en la construcción gramática de las mismas y
no en un referente teórico de ellas.
Esta es la falacia más común en estudios de palabras, pues cuando léxicos y diccionarios son
consultados, muchas veces el intérprete asocia un referente a determinada palabra y asume que
tal es su “significado básico”; cuando el significado será dado por el contexto que se este
estudiando.
El peligro de todas estas falacias radica en el mal uso de las herramientas, en la falta de
comprensión de los lenguajes originales y particularmente en no tomar en cuenta el contexto de
las palabras que estemos estudiando – la solución obvia es, por orden de importancia: aprender
mejor los lenguajes originales para poder tener un sentido de lo que se está diciendo en el
contexto que estemos estudiando, y usar mejor y correctamente las herramientas a nuestra
disposición.
Semántica es más que el significado de las palabras, implica frases, enunciados, discurso,
géneros literarios, estilo y demanda que tengamos mayor facilidad en estudiar la relación entre
palabras mismas (sintaxis) y consideremos por qué esta palabra fue usada en lugar de otra, y qué
significado y sentido particular tiene en este contexto.
FALACIAS EN NUESTRA APLICACIÓN DE LÓGICA
Estaremos usando el término lógica en su sentido más sencillo y directo. Nos referimos a ese
conjunto de relaciones axiomáticas – al análisis y evaluación de las maneras de usar evidencia
para derivar conclusiones correctas.
Todo conocimiento coherente y toda comunicación racional se basan en lógica en este sentido.
Hay reglas fundamentales de lógica que son necesarias si hemos de ser razonables en nuestra
exégesis y exposición.
No estaremos considerando todas las posibles falacias en el uso de lógica en nuestro estudio,
sólo aquellas que nos parecen abundan más entre nosotros.
1. FALSAS DISYUNCIONES
Esta falacia ocurre cuando en nuestra exégesis o exposición proponemos un requisito por el
cual decidimos entre dos posibilidades (o más) al ofrecer sólo dos opciones: esto o aquello,
cuando es posible que las opciones sean complementarias y no disyuntivas.
Por un ejemplo, cierto expositor dice esto:
“es un error de interpretación de primera magnitud el confundir los términos de discipulado
con la oferta de la vida eterna como un don gratuito. “y el que quiera, tome del agua de la vida
gratuitamente” (Apo 22:17), es claramente un beneficio incondicional. “Si alguno viene a mí, y
no… no puede ser mi discípulo” claramente expresa una relación que es completamente
condicional. No reconocer esta sencilla distinción es invitar confusión y error al nivel más
fundamental.”
Aquí el autor asume una disyunción, no la declara explícitamente sino que la asume y además
asume que sus lectores aceptan tal disyunción. La disyunción es entre gracia y demanda – nunca
considera la posibilidad (y realidad) que en asuntos espirituales gracia y demanda no son
necesariamente incompatibles mutuamente: todo depende en la relación, propósitos, y funciones
entre ellas. Al asumir una disyunción que no existe, el autor presenta una tesis falsa: que la Biblia
enseña que una persona puede ser salva aunque no haya evidencia alguna de gracia salvadora en
su vida.
2. NO RECONOCER DISTINCIONES
Esta falacia ocurre cuando fallamos en reconocer que aunque a y b sean iguales en algunos
respectos, no significa que sean iguales en todos respectos y no haya distinciones entre ellas.
Por ejemplo, un versículo favorito de los feministas es Gal 3:8 que dice “Ya no hay judío ni
griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo
Jesús.” Y los feministas enfatizan “no hay varón ni mujer” pero eso no significa que no haya
distinciones entre ellos, además la Escritura también dice:
“Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones;
porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si
quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer
hable en la congregación.” (1 Cor 14:33b-35)
“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni
ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.” (1 Tim 2:11.12)
3. APELAR A EVIDENCIA SELECTIVA
Algunos apelan a 1 Cor 14:33b-35 y abogan por un silencio absoluto de las mujeres, pero ¿qué
haremos con las otras Escrituras que mandan a la congregación cantar y decir el “amen”
congregacionalmente?
Es una falacia el presentar sólo aquella evidencia que sirve a nuestra causa, debemos ver toda
la evidencia y modificar nuestra conclusión aunque vaya contra nuestra causa (prejuicio).
4. SILOGISMOS IMPROPIOS
Esta falacia radica en pensar que nuestros argumentos son buenos cuando mayor luz los
descubre como vanos.
Por ejemplo, aunque no todos están de acuerdo, la mayoría creemos que Hch 6:1-6 nos da el
nacimiento del oficio de diáconos en la iglesia. Es evidente que por lo menos uno de ellos predicó
y bautizó, pero, ¿significa eso que los diáconos predican y bautizan?
El silogismo es este:
I. Los siete hombres de Hch 6:1-6 fueron constituidos diáconos
II. Algunos de esos hombres mencionados en Hch 6:1-6 predicaron y bautizaron
III. Por lo tanto todos los diáconos (incluyendo a mujeres en algunas congregaciones) pueden
predicar y bautizar.
Pero el silogismo es falso pues la segunda (II) premisa asume que esos varones predicaron y
bautizaron porque eran diáconos cuando el NT no asume ni enseña tal cosa.
5. INFERENCIAS NEGATIVAS
Lamentablemente muchas veces en nuestras predicaciones cometemos esta falacia. Esta falacia
es cuando tomamos un enunciado que es positivo y verdadero y asumimos que su inverso
(negativo) es verdadero cuando puede no serlo.
El gran Reformador y exegeta francés Juan Calvino comete esta falacia en sus comentarios
sobre 2 Corintios 13:5 donde Pablo escribe:
“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis
a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”
Calvino comenta:
“Pero ¿Qué dice Pablo aquí? Él declara que todos son reprobados quienes dudan si profesan a
Cristo y son parte de Su Cuerpo. Reconozcamos, por lo tanto, que solo esa fe es correcta, que nos
lleva a reposar en seguridad en el favor de Dios, sin opiniones dudosas, pero con una seguridad
firme y fuerte.”
Calvino comenta así porque en su teología la seguridad de salvación es parte esencial de la fe
que salva. Pero ¿es esto así? ¿es esta la enseñanza de Pablo aquí?
6. CONFUSIÓN DE TRASFONDO
Esta falacia ocurre cuando el intérprete en lugar de ir al contexto histórico del texto, trae al
texto a su propio contexto histórico.
Por ejemplo, ¿Cuántas veces no hemos oído interpretar la “cruz de Cristo” que Él nos llama a
cargar como nuestras enfermedades, dificultades financieras, situaciones difíciles y demás?
La cruz que Cristo nos llama a cargar debe ser interpretada de acuerdo al contexto histórico de
Cristo y no al nuestro.
7. PREGUNTAS CARGADAS
Pablo dice en 1 Tes 4:13-18,
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os
entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y
resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto
en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del
Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz
de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán
primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados
juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el
Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”
¿Cuántos intérpretes llegan a este pasaje y proponen la pregunta si Pablo está enseñando un
rapto antes de la tribulación o después de la tribulación? ¿Es ese el interés de Pablo en este
pasaje?
8. APELAR MERAMENTE A LAS EMOCIONES
Lamentablemente esta falacia ocurre demasiado en nuestras predicaciones – nos falta
sustancia y aprovechamos el poder de la emoción para apelar a nuestros oyentes hacia cierta
doctrina o práctica, o en algunos tristes casos, para convencerles de que nuestro argumento es
válido cuando no lo es.
Quizás no haya mayor emoción que la perdida de un bebé, pero ¿debemos usar esa emoción al
presentar nuestro argumento acerca de la enseñanza (que considero fuera de lugar en la
Confesión) sobre la salvación de los que mueren en infancia?
9. ILEGÍTIMAS GENERALIZACIONES Y SIMPLIFICACIONES
Esta falacia es cuando pensamos que un particular puede ser extendido a una generalización
simplemente porque conviene a lo que queremos que el texto diga, o en pensar que el texto dice
más de lo que actualmente dice.
Un caso común es cuando predicamos de un pasaje un mensaje temático, y proponemos a ese
pasaje como el plan maestro o método bíblico para lo que sea que nuestro tema sea, cuando de
seguro el mismo tema es tocado por otro número de pasajes y quizás no concuerden con nuestra
preconcebida idea.
Por ejemplo, el evangelismo personal es ciertamente la privilegiada obligación de los
cristianos, pero, ¿Cuál pasaje será nuestro método? ¿Marcos 10:17-27? ¿Juan 3? ¿Juan 4? Si el
mismo Señor trató diferente con diferentes personas, ¿existe un sólo método bíblico? La cuestión
no es negar que hay un método bíblico así como un mensaje bíblico pero es una ilegítima
generalización y simplificación pensar que un pasaje sirve como fundamento para ese método
bíblico.
10. ILEGÍTIMAS ASOCIACIONES MENTALES
Esta falacia ocurre cuando al estudiar un texto alguna palabra o frase comienza una reacción
en cadena en nuestro pensamiento que nos recuerda otro pasaje o texto, o experiencia o
concepto, que no tiene relación actual con el texto que se supone estamos interpretando.
Muchas veces la frase de Fil 4:13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” es sacada e
interpretada fuera de su contexto para enseñar muchas incoherencias.
Esta falacia es especialmente peligrosa cuando estamos limitados al español en nuestro
estudio de palabras – porque muchas veces una palabra en español en nuestras Biblias nos va a
recordar algún otro pasaje – y resulta que ese otro pasaje dice algo que realmente queremos
decir, pero, he aquí esa palabra es diferente en el original y no tiene nada que ver con el primer
pasaje.
11. ENUNCIADOS FALSOS
No porque está escrito significa que sea verdadero. Confiamos demasiado en comentarios,
diccionarios y enciclopedias y ahora en la edad del Internet, demasiado en lo que leemos en el
Internet.
Recientemente escuche a un predicador de NY repetir una historia que ha sido refutada como
engaño desde hace muchos años pero que personas (¡predicadores!) siguen utilizando como
verdad. La historia es de unos supuestos científicos utilizando un barreno de gran profundidad
para alcanzar a perforar la superficie de la tierra hasta varios kilómetros de profundidad y
supuestamente tal barreno lleva un micrófono y se supone que los científicos oyeron gritos y
lamentos claro, ¡el infierno!
Esa es una historia falsa, y el púlpito debe estar inmunizado contra la falsedad.
Esta falacia ocurre en todos los niveles – ya sea en el estudio de palabras, o en ilustraciones, o
en enunciados autoritativos – pero si vamos a decir algo desde el púlpito como embajadores de
Dios, más vale que sea verdad.
12. NON SEQUITUR
Esta falacia se refiere a conclusiones que no siguen de la evidencia o argumentos presentados.
Algunas veces esta falacia ocurre en situaciones prácticas, como al reconocer pastores o
diáconos por que tal y tal varón tiene capacidad de enseñar por lo tanto es llamado a ser
predicador – pero esto no sigue, quizá sea llamado a ser algún tipo de maestro en algún tipo de
contexto, pero para ser predicador y pastor se requiere más que la capacidad de enseñar.
13. RECHAZO ARROGANTE
Cuando tenemos ya en nuestra mente cierta convicción acerca de una doctrina o práctica es
muy fácil rechazar una posición contraria arrogantemente sin estudiar el asunto ni dar el peso
adecuado a la otra posición.
Por ejemplo, no pocos que se enfrentan a la posición de cantar sólo Salmos en los cultos del
Señor rechazan arrogantemente esa posición sin leer ni estudiar los argumentos diciendo que tal
posición interpreta a Pablo (en Efe 5:19 y Col 3:16) como diciendo “salmos, salmos y salmos”.
Como ministros del Evangelio debemos ser tanto polemistas como apologistas pero debemos
serlo cuidadosamente no arrogantemente.
14. ABUSO DE PALABRAS COMO “OBVIAMENTE”
Es perfectamente apropiado decir “obviamente” cuando hemos presentado una argumentación
irrefutable, pero esta falacia ocurre bastante cuando no hemos presentado ni nuestra posición ni
la contraria de una forma clara ni precisa y mucho menos hemos presentado argumentos válidos
o fuertes y queremos que nuestros oyentes acepten nuestra conclusión cargándola de palabras
como “obviamente” o “nada puede estar más claro.”
15. APELAR MERAMENTE A AUTORIDADES
Tenemos cientos de testigos, doctores de divinidad, reverenciados pastores, autores
confiables, la mayoría de nuestro lado – pero citarlos simplemente para reforzar nuestra posición
sin una exégesis cuidadosa del texto no es nada mas que un apelo irrelevante a autoridad.
FALACIAS EN NUESTRAS PRESUPOSICIONES
Nadie viene al texto sin presuposiciones. No existe intérprete libre de presuposiciones. Es
mejor saber y reconocer que todos tenemos presuposiciones y ser honestos.
Lo ideal es que nuestras presuposiciones sean bíblicas, pero también es que podamos
honestamente poner nuestras presuposiciones bajo la luz de la Escritura y rechazarlas cuando no
sean bíblicas.
Ser Reformado significa estar dispuesto a reformar nuestra doctrina y práctica para
corresponder más cercanamente cada vez a la Escritura.
1. FALTA DE DISTANCIAMIENTO
Esta falacia ocurre cuando el intérprete inserta su propia teología al texto en lugar de permitir
que el texto le enseñe teología.
Una de las defensas contra esta falacia es la Teología Histórica así como Confesiones de Fe,
donde la Fe confesada por la Iglesia a través de siglos puede protegernos de encontrar doctrinas
y prácticas novedosas (falsas).
Un aspecto importante donde es fácil cometer esta falacia es olvidar nuestro contexto del
Nuevo Pacto y ver ciertas instrucciones o acciones de los santos en el Antiguo Pacto y buscar
insertarlas a nuestra vida contemporánea. Por ejemplo, leemos en el Salmo 150,
Aleluya.
Alabad a Dios en su santuario; Alabadle en la magnificencia de su firmamento.
Alabadle por sus proezas; Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
Alabadle a son de bocina; Alabadle con salterio y arpa.
Alabadle con pandero y danza; Alabadle con cuerdas y flautas.
Alabadle con címbalos resonantes; Alabadle con címbalos de júbilo.
Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.
¿Está el salmista instruyéndonos sobre los instrumentos musicales aprobados por Dios? ¿Está
mandándonos a danzar en nuestros servicios?
Interpretar en el afirmativo sería negar nuestro contexto en el Nuevo Pacto, así como mal
interpretar las palabras del salmista en su contexto del Antiguo Pacto. El llamado ciertamente es
a alabar a Dios, pero la descripción de esa alabanza bajo el Antiguo Pacto no puede ser
transportada a nuestra realidad bajo el Nuevo Pacto.
2. INTERPRETACIONES QUE IGNORAN LA TEOLOGÍA BÍBLICA
Mi estimado Martín Lutero erró en catalogar la carta de Santiago como una “carta de paja”
porque inmerso en la doctrina paulina de justificación no vio toda la teología bíblica de
justificación.
Nunca debemos interpretar una Escritura de manera que contradiga a otra. Tampoco debemos
interpretar algún texto de manera que contradiga la teología bíblica de la Escritura entera.
De nuevo, no hay mejor antídoto que la Confesión de Fe, pues nos presenta en una manera
sencilla, directa y breve esas doctrinas claves que han sido probadas y comprobadas a través de
los siglos.
3. FALSOS DOGMAS (FUNDAMENTALISMO, SEPARATISMO)
Es muy fácil, estando dentro de algún círculo teológico ver nuestras interpretaciones como
correctas, pero nunca debemos pensar que nosotros y sólo nosotros tenemos la verdad es
igualmente fácil (aun en el contexto de recomendarles la Confesión de Fe) leer nuestros dogmas e
interpretar las Escrituras para que concuerden con esos dogmas.
FALACIAS DIVERSAS
Hemos cambiado el nombre a “problemas” porque los casos, aunque infectados por falacias,
son más bien de carácter “problemático” – es decir, presentan oportunidades para que caigamos
en falacias.
1. PROBLEMAS AL IGNORAR EL GÉNERO LITERARIO
Los libros de la Biblia pueden ser divididos en diversos géneros literarios, y aun dentro de los
libros mismos existen diversos géneros literarios, como proverbios, poesía, apocalíptico, historia,
didáctica, legal, profecía, epistolario, etc.
Por ejemplo, los proverbios muchas veces son interpretados como promesas o como casos
jurídicos, pero no son ni lo uno ni lo otro. Los proverbios son medios literarios en los cuales
somos llamados a meditar, reconociendo la sabiduría divina provista en ellos para vivir en el
temor de Dios.
Parábolas muchas veces son “interpretadas” hasta el punto en que cada mínimo detalle carga
con tremendo peso exegético cuando en realidad fueron dadas para dar una sencilla enseñanza.
No fueron dadas como historias alegóricas que esperan que descubramos sus secretos
escondidos detrás de cada palabra.
Literatura profética debe ser interpretada según la visión mono-dimensional del profeta, sus
símbolos deben ser reconocidos, las frases claves deben ser explicadas – pero debemos evitar el
deseo de “escribir” historia ya cumplida como si los profetas la hubieran visto así.
Literatura apocalíptica abunda con simbolismo y sería un grave error interpretar
“literalmente” las figuras, visiones y diversas acciones simbólicas que encontramos allí.
Igualmente sería un gran error usar hermenéutica profética en los libros históricos o
interpretar las cartas apostólicas como si fueran parábolas.
2. PROBLEMAS AL MAL INTERPRETAR EL USO DEL AT EN EL NT
Hemos tratado de dar una presentación sistemática del uso del AT en el NT, pero debemos
recordar especialmente un aspecto de las citas del AT en el NT. Muchas veces, aunque no se
puede decir que todas, esas citas son usadas como flechas que apuntan hacía el contexto del
pasaje en el AT, el autor espera que vayamos a ese contexto – las citas son como especies de
abreviadas notas – tenemos que ir al lugar del AT y obtener el mensaje allá, volver a donde fue
citada en el NT y continuar nuestra lectura habiendo obtenido el mensaje completo.
3. ARGUMENTOS DE SILENCIO
Algunas veces criticamos alguna interpretación porque no tomó en consideración el silencio de
Jesucristo o de algún apóstol sobre ese tema – pero el silencio no es argumento alguno.
Entre bautistas somos expertos en mencionar a los paedobautistas el silencio del NT acerca del
bautismo de bebés, pero debemos reconocer que argumentos basados en silencio son
increíblemente débiles debemos más bien ir a la teología bíblica de los sacramentos, a los pasajes
explícitos, y a la práctica actual apostólica para derivar nuestros argumentos bautistas.
Decir “la Biblia no dice nada sobre…” no es un argumento muy fuerte – debemos ser positivos
en nuestra presentación y afirmar – con base exegética “la Biblia dice esto sobre”
Aunque es cierto que en un contexto donde se esperaría mayor información, el silencio del
autor puede ser importante; también es cierto que debemos reconocer la debilidad inherente en
este tipo de argumentos.
4. PROBLEMAS AL UNIR TEXTOS
La interpretación y aplicación de textos sobre el mismo tema pero separados literaria o
cronológicamente es particularmente problemática pues demanda de nosotros que la unión sea
más que temática, que los paralelos sean verdaderos y que presentemos un argumento exegético
legítimo y no sólo que citemos varios versículos asumiendo de antemano que sostienen nuestra
interpretación.
Por ejemplo, 1 Cor 14:33b-35 parece demandar el absoluto silencio de las mujeres en las
congregaciones, pero el cap. 11 (que está antes) parece indicar que mujeres profetizaban en las
congregaciones. Algunos han logrado zafarse de este problema afirmando que la primera parte
del cap. 11 no tiene que ver con la iglesia congregada, pero tal opción va contra el contexto de la
carta misma. Otros apelan a 1 Tim 2:11-15, pero éste fue escrito mucho tiempo después de 1
Corintios. ¿Cuál es la solución? Una exposición exegética legítima de cada pasaje en sus contextos
(y comparándoles sin hacer que se contradigan) derivando principios contemporáneos bíblicos y
no una simple pontificación sobre lo que pensamos el apóstol enseñó.
5. MAL USO DE ESTADÍSTICA
¿Cuántas veces hemos afirmado que esta o tal palabra es sumamente importante porque
aparece tantas veces en las Escrituras? El número de referencias de una palabra no tiene nada
que ver con su importancia. Su importancia se deriva primero de ser la Palabra de Dios, después
de su significado, después de su contexto, después de su uso actual en el lugar mismo – no de las
veces que pueda aparecer en la Escritura. ¡Si fuera mera estadística, entonces la preposición “a”
es la más importante apareciendo 20,161 veces en nuestra Biblia!
6. PROBLEMAS EN DISTINGUIR LO FIGURATIVO DE LO LITERAL
Malas interpretaciones sobre términos figurativos abundan simplemente por ignorar las
muchas figuras literarias que la Biblia usa e interpretarlas literalmente, o interpretarlas
simbólicamente pero ignorar que en distintos contextos el símbolo bien puede variar. Por
ejemplo, aunque usualmente la levadura tiene un simbolismo negativo en Mat 13:33 es
absolutamente positivo, y en un número de pasajes no tiene simbolismo alguno, pues es usada
literalmente de la sustancia misma.
Otras veces, términos que deben ser interpretados literalmente son interpretados
simbólicamente y se deriva una mala interpretación. El fuego es usado simbólicamente en las
Escrituras, pero muchas veces no – Gen 11:3 habla de fuego literal no de la ira divina o del juicio
por venir.
7. PROBLEMAS EN DISTINGUIR LO DESCRIPTIVO DE LO PRESCRIPTIVO
Es particularmente difícil abandonar una interpretación favorita o conveniente a nuestra
posición, cuando nos damos cuenta que el pasaje no esta prescribiendo lo que se debe hacer sino
que simplemente nos está describiendo lo que sucedió.
Hay suficientes imperativos en la Biblia para sostener todo lo que Dios requiere de nosotros
sin que haya necesidad de que mal usemos las secciones donde Dios sólo nos ha contado lo que
pasó.
LECCIÓN: 11
EXÉGESIS: DEFINICIÓN
INTRODUCCIÓN
Al principio de estas lecturas dimos una breve definición de exégesis:
Exégesis es una palabra griega que significa narración o explicación. La forma sustantiva no
aparece en el NT, pero la forma verbal sí (evxhge,omai): Luc. 24:35; Jn. 1:18; Hch 10:8; 15:12, 14
y 21:19 – esos ejemplos bíblicos nos muestran que exégesis es propiamente una explicación.
Teológicamente, exégesis establece el significado de un enunciado o pasaje. En exégesis
buscamos determinar qué dice y significa el texto.
Como veremos después, el principio Protestante y Reformado de exégesis afirma el sentido
único del texto de la Escritura, de manera que la tarea del exegeta es descubrir lo que el autor
(humano y divino) dijo cuando escribió el pasaje. En exégesis buscamos entonces obtener del
texto en lugar de meter al texto algún significado que no está allí (eso es eiségesis). Exégesis se
basa sobretodo en la estructura de la sintaxis del pasaje y en la semántica del mismo, es decir,
gramática y léxica.
PRIMER PASO
En la predicación, exégesis es el primer paso pues es a través de la exégesis que derivamos el
significado del texto. No podemos ignorar exégesis y no cosechar las consecuencias de haberlo
hecho. Quizá tengamos mucho conocimiento y buena memoria para repetirlo, pero
inevitablemente se acabará el agua de esa fuente y nos volveremos meras grabadoras que sólo
repiten una y otra vez lo mismo. Otra enfermedad común entre predicadores es repetir lo que
otros predicadores han dicho, dando un comentario breve a través del texto, pronunciar algunas
verdades (usualmente de carácter moral) y terminar con algunas aplicaciones semi-prácticas o
con la clásica invitación evangélica.
Lamentablemente esto no es más que tomar de otros (ya sean sermones, comentarios o libros
afines) y repetirlo sin haberlo digerido. Uno puede pasarse la vida así gracias (¡!) a la multitud de
fuentes disponibles en nuestros tiempos, pero uno nunca habrá ido más allá de la mera superficie
de la Escritura y nuestros oyentes serán condenados a una vida espiritual anémica – y he aquí
cosecharemos esto también.
Exégesis asume ya un paso anterior que es el conocimiento del contexto, ya sea del tema, texto
o pasaje que hemos de abrir. Tenemos que estudiar todo el libro donde se halle nuestro texto y
los asuntos preliminares tales como:
Autor
Recipientes (lectores originales)
Fecha
Estilo o género literario
Bosquejo lógico del libro
Lugar en el canon y teología bíblica
Pasajes paralelos
Criticismo Textual
Todo esto se obtiene de libros de introducción especializados (del AT o NT) y de nuestra
propia lectura de la Biblia.
HERMENÉUTICA EN PRÁCTICA
Exégesis es la práctica de la hermenéutica – por eso en la primera parte de este curso dimos los
varios principios hermenéuticos que derivamos de la Biblia misma. En exégesis buscamos usar
esos principios o reglas y encontrar el significado actual de las palabras, frases, enunciados,
párrafos y libros enteros que estamos abriendo en la predicación. Exégesis entonces es la praxis
del método de interpretación.
EL TEXTO
Hemos estado asumiendo que nuestra predicación será expositiva, es decir, buscará abrir un
pasaje de la Escritura misma – en contraste con la miríada de clases de sub-predicaciones que
existen hoy en día que no pasan de ser meras charlas, platicas (usualmente autobiográficas y
humorosas) o lecturas sobre temas contemporáneos.
Si buscamos predicar entonces tendremos que seleccionar un texto. Texto aquí no es
necesariamente un solo versículo, a veces son varios. El texto es ese pasaje de la Escritura que
hemos seleccionado para proclamarlo. La selección puede ser vista desde tres distintas
perspectivas:
(1) Si estamos en una serie expositiva consecutiva de un libro de la Biblia entonces el texto ya
se nos ha provisto porque es ese texto que sigue en el libro mismo. El trabajo más bien
radica en seleccionarlo por medio de encontrar donde comienza y termina el pasaje mismo.
Por ejemplo, una exposición consecutiva a través de Romanos tendrá por lo mínimo – como
su primer texto Rom 1:1-7 (porque es el primer párrafo) y muchas veces serán varios
mensajes de ese primer texto.
(2) Si estamos en una serie temática entonces tenemos mayor trabajo: seleccionar de toda la
Biblia esos textos que son los testigos principales sobre el tema que hemos seleccionado
para predicar. Por ejemplo, si hemos seleccionado el tema del amor cristiano entonces nos
dimos a la tarea de encontrar las diversas palabras (originales) que han sido traducidas por
amor (en sus formas verbales y sustantivas) y sus sinónimos. Una buena concordancia así
como el beneficioso tomo Nave Índice Temático de la Biblia nos ayudarán a encontrar todos
los textos. Pero he aquí no hay tiempo suficiente para predicar todos esos textos y algunos
de ellos son irrelevantes, otros son testigos débiles. Debemos escoger testigos fuertes al
tema usualmente su fortaleza se distingue por su claridad y relevancia al tema.
(3) Si estamos en una serie textual donde un sermón no le sigue al otro ni por tema ni por
estar en el mismo libro sino porque hemos escogido predicar sobre un texto aislado – ya sea
por ser un texto clave, o porque se necesita predicar sobre lo que ese texto dice – el trabajo
se vuelve aún mayor: hay miles de textos en la Biblia y muchas veces la ansiedad de no
poder escoger uno nos debilita, paraliza y mata exposicionalmente. Hay listas de textos
claves. Tenemos en nuestras Biblias textos ya subrayados, tenemos textos en nuestras
memorias o algo sumamente importante para la congregación demanda que escojamos un
texto. Por ejemplo, si en la vida de la iglesia se han de reconocer diáconos para servir en ella,
tenemos ya de inmediato dos textos ante nosotros: Hechos 6:1-6 y 1 Tim 3:8-10, 12, 13.
Pero la exégesis del texto demanda que tengamos el texto y aquí se requieren tres cosas:
(A) Idealmente se requiere conocimiento suficiente de los lenguajes originales por el cual
podamos traducir el texto desde el original, ya sea para verificar la versión que estamos
usando o para corregirla. Por ejemplo, no pequeña parte de no entender el texto se debe a
una traducción no exacta del mismo.
1 Tim 2:15 es uno de los versículos que preferimos a veces no tocar – “Pero se salvará
engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia.”
Mucha de la dificultad de entender el texto se debe a que la RV60 no ha traducido bien el
original [swqh,setai de. día. th/j teknogoni,aj eva.n mei,nwsin evn pi,stei kai. avga,ph| kai.
a`giasmw/| meta. swfrosu,nhj\] y aún LBA no ha dado una mejor traducción (Pero se salvará
engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia.)
“Se salvará” es un verbo futuro pasivo tercera persona singular y en contexto se refiere a Eva
(vs. 13, 14), y “engendrando hijos” es un sustantivo genitivo femenino singular que ocurre sólo
aquí [hapax legomenon] y literalmente significa “alumbramiento, parto” y en el contexto se
refiere no a la capacidad o vocación maternal sino a la promesa dada a Eva en Gen 3.
“Si permaneciere” es un verbo subjuntivo aoristo tercera persona plural y ya no se refiere a
Eva pues es plural. Se refiere a las mujeres del contexto (las hermanas en la congregación),
además comienza con la conjunción que usualmente nos da la idea de condicionalidad “si…” y
debe traducirse “si permanecieren…”.
Lo que tenemos es un característico paréntesis paulino donde el apóstol ha hablado de las
mujeres en la congregación vs. 9-11, luego su argumento lo lleva a Eva (se abre paréntesis en v.
12 y se cierra después de “hijos” en v. 15).
La conjunción traducida como condicional [eva.n…] bien puede ser tomada pragmáticamente
como un mandamiento: las mujeres, a las cuales el apóstol se refiere desde el v. 9, son mandadas
a permanecer en fe, amor y santificación, con modestia. (Comp. como la misma frase es traducida
en 1 Cor 7:8 a manera de consejo: “Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera
quedarse [eva.n mei,nwsin] como yo”).
(B) Necesariamente por falta de conocimiento de los idiomas originales hemos de obtener
todas las traducciones y versiones posibles que podamos leer (ya sea en español o en otro
idioma que conozcamos) y comparar las distintas versiones y traducciones para tener un
mejor conocimiento del texto. Puesto que lo que se busca es fidelidad al texto desde un
punto de vista de equivalencia directa, se recomiendan esas traducciones y versiones que
tengan esa equivalencia directa como filosofía de traducción (Reina-Valera, LBA).
(C) Recomendadamente por estar limitados al español, obtengamos entonces los mejores
comentarios posibles, preferiblemente aquellos que tengan como base el idioma original.
Quizá no podamos leer hebreo o griego, pero esos autores sí podían (o pueden) y nos van a
ayudar a obtener el texto. A falta de comentarios se deben usar concordancias y
diccionarios (Strong, Vine) que nos den las definiciones del original.
TU TEXTO
Habiendo dado estos primeros pasos, conviene escribir el texto seleccionado. Pero
consideremos lo siguiente:
(1) Algunas ediciones de la Biblia nos proveen de variantes textuales – en general, RV60 es
extremadamente confiable (excursus sobre Criticismo Textual). Debemos notar esas
variantes y venir a una conclusión propia – sin arrogantemente cambiar palabras aquí o
allá.
(2) El diccionario de Vine así como el tomo de Bromiley y los Interlineares (dar advertencia)
deben ser consultados para entender las palabras bíblicas.
(3) Un buen diccionario de español debe ser consultado para entender nuestro propio idioma
(recomendar Gramática Castellana adaptada para el estudio bíblico de Dr. Jorge Cotos,
CLIE).
Ahora sí, escribe el texto que has de predicar.
LECCIÓN: 12
EXÉGESIS: SINTAXIS
INTRODUCCIÓN
Habiendo escogido y establecido el texto, el segundo punto de la exégesis es el estudio de la
sintaxis del texto, donde por medio de reconocer la construcción gramática del mismo,
determinamos sus enunciados (principal y subordinados, o coordinados). En este paso
buscaremos hacer una detallada descripción de las palabras mismas que constituyen esos
enunciados y de las conexiones que indican el argumento lógico del texto.
IDEALMENTE
De nuevo, idealmente, la sintaxis será del texto en el idioma original, pero debido a nuestras
limitaciones seguiremos el patrón delineado en la unidad 6 donde obtenemos el mejor texto
posible en español.
NECESARIAMENTE
Por lo tanto, necesariamente, estaremos trabajando desde una versión en español. He escogido
(por su uso) la RV60 como base, teniendo LBA como versión para comparar.
¿QUÉ ES SINTAXIS?
Antes de continuar debemos despejar dudas acerca de lo que concierne nuestro estudio.
Sintaxis es esa parte de la gramática que estudia las palabras en conjunto formando oraciones
gramaticales. La sintaxis comprende: el estudio de las oraciones, la concordancia y la
construcción.
Las oraciones son el conjunto de palabras que expresan un pensamiento completo. Por
ejemplo, aunque tenemos que suplir el verbo “escribe” la oración o enunciado principal de
nuestro texto es:
Pablo [escribe] a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre y
del Señor Jesucristo
Las oraciones tienen como partes principales el sujeto y el predicado. Hay elementos
complementarios como complementos del sujeto y complementos del predicado.
El sujeto en la oración es “Pablo” mientras el resto es su predicado, aunque incluye oraciones
subordinadas.
Concordancia es la armonía o conformidad que existe entre las palabras y sus respectivos
complementos:
Entre sustantivo y adjetivo
Entre sujeto y verbo
Entre relativo y antecedente
Por regla general el sustantivo y adjetivo concuerdan en género y número.
Por regla general el sujeto y verbo concuerdan en número y persona.
Los pronombres relativos:
Quien es invariable para el género y número, admite antecedente de persona y cosa.
Quien es invariable en género pero varía en número y se convierte en quienes. Admite
antecedentes sólo de personas.
Cual varía en número y se convierte en cuales, para indicar el género usa los artículos
masculinos (el, los) y los femeninos (la, las). Admite antecedentes de persona, animal o cosa.
Cuyo varía para el género y número y se convierte en cuya, cuyos, cuyas. Concuerda con el
consecuente (sustantivo que le sigue).
Construcción es la parte de la sintaxis que trata sobre la correcta colocación o ubicación de las
categorías gramaticales y de los elementos de la oración.
Construcción de las categorías gramaticales:
El artículo se construye siempre antes del sustantivo.
El sustantivo se construye después del artículo; como sujeto de la oración antes del verbo y
como complemento después del verbo.
El adjetivo se construye siempre al lado del sustantivo, los calificativos generalmente van
después y los determinativos antes.
El pronombre se construye en el mismo sitio del sustantivo al cual reemplaza: como sujeto
antes del verbo y después del verbo como complementos.
El verbo se construye entre el sujeto y los complementos.
El adverbio se construye al lado de las palabras a las cuales modifica: verbo, adjetivo o
adverbio.
La preposición se coloca entre las palabras que enlaza, es decir, entre el antecedente y el
consecuente.
La conjunción se coloca entre las palabras individuales o las oraciones que une.
La interjección se construye al comienzo, al medio o al fin de las oraciones.
Construcción de los elementos de la oración:
El sujeto se construye siempre antes del verbo.
El verbo o predicado en las oraciones afirmativas se construye después del sujeto, pero en las
oraciones interrogativas debe ir al comienzo de la oración.
Los complementos: El complemento del sujeto acompaña siempre al sustantivo, pero los
complementos del verbo deben colocarse en este orden: primero el directo, luego el indirecto y
finalmente el circunstancial.
DOS CLASES DE SINTAXIS
En nuestra literatura, así como en nuestro hablar, e igualmente en la Biblia nos encontramos
con sintaxis regular y figurada.
La sintaxis regular es la expresión lógica, natural y ordenada con el objeto de lograr mayor
claridad y comprensión. El orden en la sintaxis regular es primero sujeto, luego verbo, después
los complementos directo, indirecto y circunstancial.
Una tercera parte del AT (en el original; en español dos terceras partes) está escrita con
sintaxis regular. La mayor parte del NT (tanto en el original como en español) está escrita en
sintaxis regular. Esto lo reconocemos como el lenguaje prosa.
La sintaxis figurada utiliza la libertad de expresión para cambiar o alterar la ubicación de los
elementos de la oración con el anhelo de lograr belleza, atención, complacencia, atracción, etc.
Dos terceras partes del AT (en el original, una tercera parte en español) está escrita con
sintaxis figurada. Una menor parte del NT (en frases o párrafos selectos) está escrita con sintaxis
figurada. Esto lo reconocemos como el lenguaje poético.
EL LÍMITE
Nuestro estudio se ha limitado al español pero debemos ser honestos y decir que el análisis
sintáctico desde el español sólo nos servirá para darnos una idea del orden lógico del argumento
o del relato.
No es posible poner peso sobre un análisis hecho de una traducción simplemente porque es
una traducción se preguntarán ¿cuál es entonces el beneficio? Que aun este análisis limitado nos
da (si es una buena traducción) el enunciado principal así como los puntos principales del
párrafo. Nos ayuda a ver el flujo lógico a través de él y nos permite ver como se conecta el párrafo
dentro de la sección y dentro del contexto mayor.
Por ejemplo, al realizar el diagrama de nuestro texto (siguiente unidad) veremos que el
enunciado principal es:
Pablo a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre y del
Señor Jesucristo
Podemos ver los sustantivos, verbos y complementos. Podemos ver cuales son los sujetos en
las oraciones, y cuales los predicados. Esto nos da el fundamento para nuestra meditación,
preparación y predicación. Predicar Rom 1:1-7 sin predicar (exponer) ese enunciado principal no
es predicar expositivamente.
Ese enunciado principal nos da la introducción a una serie consecutiva, donde abriríamos la
Biblia considerando quién fue Pablo, qué de la iglesia en Roma, qué bendiciones procuraba
principalmente Pablo por la iglesia, y de dónde procedían esas bendiciones, y qué implicaba que
procedieran tanto de Dios el Padre como de Jesucristo – todos esos son temas importantes y
derivados de ese enunciado principal.
Como veremos, el análisis sintáctico y el diagrama nos proveen el bosquejo y nos dan además
las palabras y frases que consideraremos con la lupa de la léxica.
Cabe notar que si nos damos a esta práctica consistentemente llegaremos a hacerla de una
manera instintiva y podremos analizar el pasaje mientras lo leemos y así reconocer el bosquejo y
las palabras o frases claves que debemos escudriñar.
LECCIÓN: 13
EXÉGESIS: DIAGRAMAS
INTRODUCCIÓN
Habiendo visto los dos primeros pasos de la exégesis, continuamos con el tercer punto:
diagramas.
Un diagrama es una visualización analítica y sintáctica de nuestro texto. Aquí debemos por lo
tanto dar dos definiciones:
Analítica significa en nuestro enunciado ordenada. Hacemos un análisis ordenado del texto y
determinamos todas sus partes componentes (basada en la sintaxis).
Sintáctica implica que el diagrama seguirá la sintaxis del texto, es decir, usando las reglas de
gramática se determinarán los enunciados (principal y subordinados, o coordinados); se
describirán las palabras mismas que constituyen esos enunciados y se discernirán las conexiones
que indican el argumento lógico del texto.
IDEALMENTE
De nuevo, idealmente, nuestro diagrama será del texto y sintaxis en el idioma original, pero
debido a nuestras limitaciones seguiremos el patrón delineado en la unidad seis donde
obtenemos el mejor texto posible en español.
NECESARIAMENTE
Por lo tanto, necesariamente, estaremos trabajando desde una versión en español. He escogido
(por su uso) la RV60 como base, teniendo LBA como versión para comparar.
PRIMER CONTEXTO
El diagrama será de nuestro texto pero sin olvidar su contexto. El primer contexto que
debemos determinar es el seccional, es decir, en qué sección del libro está nuestro texto. Para
lograr esto vamos a edificar sobre los pasos preliminares que delineamos anteriormente donde
encontramos (o producimos) un bosquejo del libro que forma el contexto mayor o total de
nuestro texto. Es importante obtener este bosquejo aunque no vayamos a predicar
consecutivamente a través del libro; ese bosquejo quedará como ayuda para otras predicaciones.
El libro mismo tiene un argumento central, las secciones son los diversos pasos que el autor tomó
para exponer su argumento. Si no logramos discernir las distintas secciones, un diagrama no nos
va a ayudar a entender el mensaje de nuestro texto.
Tomemos el pasaje que ya hemos usado como ejemplo (Rom 1:1-7) y busquemos dar un breve
resumen de los pasos preliminares.
• Autor – Pablo
• Fecha – aprox. 58 d.C. (antes de su visita a Jerusalén, comp. Hch 19:21; 20:3, 16 y Rom 15:25,
26), al final del tercer viaje misionero.
• Lugar – Corinto/Cencrea (16:1, 2)
• Destinatarios – la iglesia en Roma, constituida tanto de gentiles como de judíos
• Propósito – presentación sistemática de doctrina apostólica, particularmente soteriología.
• Género – epístola
Bosquejo
Soteriología – Justificación por Fe
Texto Clave – 1:16, 17
Cap. 1-11 Exposición de la Doctrina
Cap. 1-3 su necesidad [Introducción – 1:1-17]
Cap. 4 su base bíblica
Cap. 5-8 su eficacia
Cap. 9-11 su historia
Cap. 12-16 Aplicación de la Doctrina
Cap. 12 el creyente ante Dios y entre los hermanos
Cap. 13 el creyente en la sociedad humana (autoridad civil)
Cap. 14-16 la vida congregacional: débiles y fuertes en la fe [Saludos – 16]
Nuestro texto entonces se halla en la primera parte, propiamente en la introducción de la
carta:
Introducción al tema sobre Justificación 1:1-17
Saludos 1:1-7 – tema introducido “el evangelio de Dios… acerca de Su Hijo”
Gratitud en oración y petición por planeada visita 1:8-15
Tema declarado 1:16, 17 el evangelio de la justicia de Dios
Una vista rápida a los textos originales sólo indican variantes de poca importancia. El códice
Vaticano (4° S.) invierte el orden del nombre “Jesús Cristo” en v. 1 (P10 lo hace también, 4° S.).
Además algunos testigos de menor importancia omiten las palabras “en Roma” del v. 7 y otros
cambian “amados de Dios” por “en el amor de Dios” o lo omiten (v. 7), pero esos testigos son
pocos y de poca importancia. No hay variantes de importancia en este párrafo.
Una comparación entre RV60 y LBA nos da lo siguiente:
RV60, LBA
1:1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,
2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras,
3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne,
4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección
de entre los muertos,
5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las
naciones por amor de su nombre;
6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo;
7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,
2 que Él ya había prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras,
3 acerca de su Hijo, que nació de la descendencia de David según la carne,
4 y que fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por la
resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo,
5 por medio de quien hemos recibido la gracia y el apostolado para promover la obediencia a
la fe entre todos los gentiles, por amor a su nombre;
6 entre los cuales estáis también vosotros, llamados de Jesucristo;
7 a todos los amados de Dios que están en Roma, llamados a ser santos: Gracia a vosotros y paz
de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
No hay diferencia excepto la transposición que hace nuestra versión de la frase “nuestro Señor
Jesucristo” que debe ir en v. 4 como lo tiene LBA; LBA prefiere la variante de B y P10, y la
traducción “gentiles” en lugar de “naciones” del original e;qnesin.
Manteniendo el texto tal como lo encontramos en RV60 podemos hacer un diagrama de la
siguiente forma:
Pablo [escribe] a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos:
Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Siervo de Jesucristo llamado a ser apóstol apartado para el evangelio de Dios, que él había
prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras acerca de su Hijo = nuestro Señor
Jesucristo que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder,
según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la
gracia y el apostolado para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;
entre las cuales estáis también vosotros llamados a ser de Jesucristo;
Este diagrama nos muestra lo siguiente:
(1) El enunciado principal es: Pablo [escribe] a todos los que estáis en Roma
(2) Lo que él escribe es esta carta y comienza con una bendición apostólica: Gracia y paz a
vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo
(3) Él describe a los destinatarios como amados de Dios y llamados a ser santos
(4) Él se describe a sí mismo por medio de tres enunciados:
A) siervo de Jesucristo
B) llamado a ser apóstol
C) apartado para el evangelio de Dios
(5) Él describe ese “evangelio de Dios” por medio de dos frases:
A) que Él había prometido antes por Sus profetas en las Santas Escrituras
B) acerca de Su Hijo = Nuestro Señor Jesucristo
(6) Él describe al “Hijo” por medio de dos frases:
A) que era del linaje de David según la carne
B) que fue declarado Hijo de Dios con poder
(7) Él describe esa “declaración” por medio de dos frases:
A) según el Espíritu de santidad
B) por la resurrección de entre los muertos
(8) Él añade acerca del “Hijo” (punto 6 arriba): y por quien recibimos la gracia y el apostolado
(9) Esa “ gracia y apostolado” fue recibida por un propósito y un motivo:
A) Propósito: para la obediencia a la fe en todas las naciones
B) Motivo: por amor de Su nombre
(10) Habiendo dicho “naciones” él afirma: entre las cuales estáis también vosotros y les
describe como llamados a ser de Jesucristo – esto conecta al punto 3 arriba.
Cada uno de estos puntos está conectado al enunciado principal ya sea directa o
indirectamente (a través de otro punto). Este diagrama nos indica que tenemos por lo menos
cinco ideas importantes que pueden ser desarrolladas a sermones o combinadas para formar
sermones:
I. La introducción misma: Pablo a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios
nuestro Padre y del Señor Jesucristo
II. La descripción de la Iglesia en Roma: amados de Dios, llamados a ser santos, llamados a ser
de Jesucristo
III. La descripción de Pablo mismo: siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el
evangelio de Dios
IV. La descripción de ese “evangelio” que incluye una descripción del “Hijo”: que Él había
prometido antes por Sus santos profetas en la Santas Escrituras, acerca de Su Hijo Nuestro
Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios
con poder, según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos y por
quien recibimos la gracia y el apostolado
V. El propósito del “apostolado”: para la obediencia a la fe en todas las naciones; y su motivo:
por amor de Su nombre.
LECCIÓN: 14
EXÉGESIS: LÉXICA
INTRODUCCIÓN
El cuarto punto de la exégesis es léxica. Realmente es un subpunto del segundo paso (sintaxis)
porque la sintaxis misma nos provee las palabras y frases claves.
IDEALMENTE
De nuevo, idealmente, tanto el diagrama como la sintaxis (donde concentramos nuestra
atención para estudios léxicos) serán del texto en el idioma original, pero debido a nuestras
limitaciones seguiremos el patrón delineado en la unidad 6 donde obtenemos el mejor texto
posible en español.
NECESARIAMENTE
Por lo tanto, necesariamente, estaremos trabajando desde una versión en español. He escogido
(por su uso) la RV60 como base, teniendo LBA como versión para comparar.
FRUTO DE LA SINTAXIS
De nuestro esfuerzo por procurar el mejor texto confirmamos que RV60 es el mejor texto
disponible para la mayoría de nuestros oyentes. Ya hemos meditado sobre los diversos
componentes gramáticos del texto y estamos listos para embarcarnos en el proceso léxico de la
exégesis.
Nuestro texto lee:
1:1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, 2 que
él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, 4 que fue declarado Hijo de Dios con
poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, 5 y por quien
recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su
nombre; 6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; 7 a todos los que
estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro
Padre y del Señor Jesucristo.
¿ES ESCRITURA?
Lamentablemente la mayoría de las ediciones de la RV60 no proveen la manera de descubrir si
alguna palabra o palabras fueron suplidas por los traductores/editores para darle sentido al
español. Esas palabras – en las ediciones que sí lo demuestran – están usualmente en letra
cursiva.
Comparando versiones descubrimos lo siguiente:
(1) la frase “a ser” del v. 1 fue suplida
(2) la frase “a ser” del v. 7 también fue suplida
Es importante saber que palabra(s) fueron suplidas por los editores no sea que nos
encontremos haciendo énfasis en alguna palabra que ni siquiera está en las Escrituras.
LO QUE ESCOGIMOS
Según nuestro bosquejo inicial, no vamos a predicar todos los siete versículos sino que hemos
optado por dividir el material y nuestro texto ha venido a ser:
I. La bendición de la Fe - Pablo a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios
nuestro Padre y del Señor Jesucristo
II. La congregación de la Fe - amados de Dios, llamados a ser santos, llamados a ser de
Jesucristo
III. El apóstol de la Fe - siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio
de Dios
Tenemos entonces palabras de los siete versículos, pero no en su orden canónico. Es
importante reconocer esto, porque nuestros oyentes pueden perderse en nuestros puntos a
menos que sepan que estamos dividiendo el material a propósito para una mejor exposición. Esto
nos da otro principio: por razones homiléticas podemos dividir el material, inclusive modificar su
presentación (siempre y cuando no modifiquemos su diagrama actual según lo escrito en la
Biblia).
Cabe aquí notar algo que muchos de nuestros oyentes olvidan, que la división en capítulos y
versículos es artificial y proviene de los hombres, no de Dios. Gracias a Él, la mayoría de las veces
esas divisiones de ayuda son correctas según los pensamientos expresados en el texto, pero
algunas veces no lo son. Es mejor tener una edición de la Biblia que muestre las divisiones de
secciones o párrafos recordando que aun esas divisiones son falibles, pero son de mayor utilidad
que la de capítulos y versículos.
CONTEXTO, CONTEXTO, CONTEXTO
Las palabras son la unidad más básica de significado pero es a través de la agrupación de
palabras que el autor expresa el pensamiento. Esto nos provee otro principio: no es el mero
pensamiento que debemos exponer sino las palabras mismas, pues estas son las inspiradas – este
es el punto donde fallan las traducciones dinámicas o las paráfrasis, porque fallan en darle
suficiente importancia a las palabras mismas.
Usualmente las palabras tienen un significado claramente expresado según la construcción
gramática donde se encuentren (sintaxis). Por ejemplo la palabra poder puede ser usada como
sustantivo con el significado de fuerza, vigor, capacidad, como en la frase “con poder.” Pero
también puede ser usada como verbo (transitivo e intransitivo) con el significado de tener
facilidad, tiempo o lugar de hacer una cosa. En español, la mayoría de las veces los significados
están cercanamente relacionados.
Pero también, a veces el significado por su mera construcción gramática puede no ser
completamente claro, mas por el mismo enunciado o párrafo donde se encuentra (contexto), ese
significado se vuelve claro. Un ejemplo clásico es la frase “amor de Cristo” que ocurre en nuestra
versión cinco veces (Rom. 8:35, 1 Co. 4:10, 2 Co. 5:14, Efe. 3:19, Fil. 3:7) y donde tenemos que ver
por el contexto si se refiere al amor que Cristo tiene para con nosotros o al amor que tenemos
para Cristo.
El contexto inmediato (enunciado, sintaxis) y el contexto mayor (párrafo, sección) es de
suprema importancia para entender el significado de las palabras.
Esto nos recuerda el principio de la interpretación gramática que es el uso de la palabra lo que
determina cuál de los posibles significados léxicos de la palabra es el que se está implicando.
La más certera asignación de significado a palabras es cuando el mismo autor lo hace en el
contexto inmediato. Por ejemplo, Heb 5:14 dice, “pero el alimento sólido es para los que han
alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento
del bien y del mal.” El término “madurez” (LBA “adultos” telei,wn) significa “los que por el uso
tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”
Algunas veces el contexto inmediato provee una frase que unida a la palabra bajo estudio nos
la define: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,”
(Efe 2:1) - “muertos” se define “en vuestros delitos y pecados”
Las palabras, como ya observamos, se nos explican según su construcción en el enunciado – si
está siendo usada como sujeto, o como predicado. Por ejemplo, en Mat 5:13, “Vosotros sois la sal
de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino
para ser echada fuera y hollada por los hombres.” La palabra traducida “se desvaneciere”
[mwrai,nw] cuando se refiere a personas significa “necios” (Rom 1:22) pero aquí es usada como
verbo pasivo del sujeto “sal” y la traducción correcta es “se ha vuelto insípida” (LBA).
El significado de palabras y frases puede también ser discernido dependiendo del contexto
inmediato con la ayuda de contrastes – por ejemplo en Rom 8:5-8 se tiene un contraste entre
“conforme a la carne” y “conforme al Espíritu”.
USUS LOQUENDI
Este es el principio por el cual podemos conocer con mayor grado de certeza lo que el autor
quiso decir. El significado de las palabras se determina primeramente por la costumbre y uso
general de la palabra en el tiempo en que el autor las escribió – es el uso prevalente en ese
tiempo en particular el que debemos descubrir y afirmar.
Esto nos indica que nuestras principales herramientas de trabajo serán las concordancias y los
léxicos (diccionarios especializados) que muestren ese usus loquendi.
En español tenemos a nuestra disposición cada vez más herramientas, algunas que
ciertamente serán reconocidas son la concordancia Strong, el diccionario Vine, el Compendio del
Diccionario Teológico del NT por Bromiley (pequeño Kittel) y el Diccionario Teológico del
Antiguo Testamento, (Botterwck, J. y H. Ringgren. Madrid: Ediciones Cristiandad.)
TÉRMINOS TÉCNICOS Y TEOLÓGICAMENTE CLAVES
Algunas palabras por su uso bíblico han venido a ser comprendidas como términos técnicos
donde el autor claramente usa tal palabra en un sentido cristiano – palabras y frases como:
gracia, fe, justificación, redención, propiciación, etc.
Esos términos técnicos lo son porque son usados con un peso teológico clave que no puede ser
pasado por alto.
Por ejemplo, en nuestro pasaje de Rom 1:1-7 podemos seleccionar las siguientes palabras y
frases:
1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,
2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras,
3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne,
4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección
de entre los muertos,
5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las
naciones por amor de su nombre;
6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo;
7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Son esos términos que describimos como importantes los que llamarán nuestra atención en
nuestra lectura de la Escritura, nos recordarán otros pasajes (paralelos) y nos concentraremos en
ellos en nuestros estudios léxicos.
Aquí cabe recomendar obtener diccionarios de términos teológicos – estas son herramientas
que por la gracia de Dios nos pueden iluminar en nuestra labor.
ESTUDIO DE PALABRAS
El estudio de palabras es precisamente el considerar el término que deseamos comprender
mejor por medio de escudriñar su significado léxico, bíblico y contextual.
Nuestra primera parada será entonces en el diccionario bíblico (Vine), la segunda parada será
en la Concordancia (Strong) y la tercera parada será en el diccionario teológico (AT: Botterwck, J.
y H. Ringgren. Diccionario Teológico del Antiguo Testamento, Madrid: Ediciones Cristiandad; NT:
Bromiley, Kittel y Friedrich, Compendio del Diccionario Teológico del Nuevo Testamento).
Después de consultar esas herramientas, debemos discernir cuál es el significado del término
en nuestro contexto textual – y no pensar ni que tiene todos los posibles significados ni que tiene
alguno que no sea el adecuado a ese contexto en particular.
Por ejemplo, en Hch 7:38 Esteban dice “Éste es aquel Moisés que estuvo en la congregación en
el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió
palabras de vida que darnos” y la palabra traducida “congregación” es la palabra evkklhsi,a, pero
sería un grave error leer Vine, investigar la concordancia y estudiar el diccionario teológico y
concluir que Esteban estaba hablando de la iglesia – nuestra versión correctamente traduce
“congregación” y muy probablemente Esteban tiene en mente Éxodo donde se usa
“congregación” (hd'[e) varias veces del pueblo de Israel (interesantemente LXX no usa evkklhsi,a
sino sunagwgh,). Lo mismo se puede decir de Hch 19:32, 39 y 41 donde también aparece la
palabra evkklhsi,a pero es traducida “concurrencia” (v. 32) y “asamblea” (vs. 39 y 41).
A manera de consejo práctico, al usar la concordancia debemos tener no sólo cuidado de estar
investigando el mismo término en el original (por medio de notar el número de Strong) pero
también tenemos que tomar en cuenta que debemos estudiar cómo el autor de nuestro texto usa
esa palabra (primero en el libro que estamos estudiando luego en su literatura), después cómo la
usa el Testamento donde se encuentra nuestro texto y finalmente cómo la usa la Biblia entera – el
significado actual será el del autor.
CONSEJO
Una de las mejores cosas que uno puede hacer para este estudio (aparte de comprar las
herramientas literarias y aprender los idiomas originales) es tomar y guardar notas de cada
sintaxis, palabra y frase que hallamos estudiado: tener una enciclopedia personal de nuestros
estudios para usarla una y otra vez al volver en las Escrituras con esa luz que el Espíritu ya nos
dio anteriormente.
LECCIÓN: 15
EXÉGESIS: BOSQUEJOS
INTRODUCCIÓN
El quinto punto de la exégesis es reconocer el bosquejo. Digo reconocer porque el diagrama
mismo nos provee el bosquejo
IDEALMENTE
De nuevo, idealmente, tanto el diagrama (de donde proviene el bosquejo) como la sintaxis
serán del texto en el idioma original, pero debido a nuestras limitaciones seguiremos el patrón
delineado en la unidad 6 donde obtenemos el mejor texto posible en español.
NECESARIAMENTE
Por lo tanto, necesariamente, estaremos trabajando desde una versión en español. He escogido
(por su uso) la RV60 como base, teniendo LBA como versión para comparar.
FRUTO DEL DIAGRAMA
Del diagrama mismo obtuvimos cinco puntos principales, son esos puntos de donde
derivaremos nuestro bosquejo:
I. La introducción misma: Pablo a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios
nuestro Padre y del Señor Jesucristo
II. La descripción de la Iglesia en Roma: amados de Dios, llamados a ser santos, llamados a ser
de Jesucristo
III. La descripción de Pablo mismo: siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el
evangelio de Dios
IV. La descripción de ese “evangelio” que incluye una descripción del “Hijo”: que Él había
prometido antes por Sus santos profetas en la Santas Escrituras, acerca de Su Hijo Nuestro
Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios
con poder, según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos y por
quien recibimos la gracia y el apostolado
V. El propósito del “apostolado”: para la obediencia a la fe en todas las naciones; y su motivo:
por amor de Su nombre
EL PRINCIPIO DE EXCLUSIÓN
Cuando hablamos del principio de exclusión estamos hablando del ejercicio de conocer
nuestras limitaciones en razón de tiempo de preparación y de predicación actual, así como el
contexto congregacional donde predicaremos.
Si no tenemos toda la semana para estudiar el texto, o si tenemos 30 minutos para predicarlo,
o si nuestra congregación está a un nivel de 45 minutos de atención a una predicación de
naturaleza profunda, entonces debemos darnos cuenta que no podemos cubrir estos siete
versículos de una manera profunda y por lo tanto decidir si:
A) dividiremos el material
B) cubriremos superficialmente el material
C) seleccionaremos del material.
CASO
Supongamos que estamos en una serie expositiva consecutiva de la carta a los Romanos, y ya
en preparación para esta serie no sólo hemos hecho el estudio de trasfondo pero hemos
enseñado brevemente el material de contexto histórico sobre la carta a los Romanos.
Supongamos de igual manera que estamos convencidos que debemos predicar una serie
realmente expositiva y por lo tanto escudriñaremos bastante en las Escrituras – no será una
exposición superficial del texto, no será una especie de comentario sobre las palabras, sino que
realmente buscaremos dar la sustancia de esta carta a nuestra congregación.
Por lo tanto estamos comprometidos a una exégesis y exposición de esta carta. Tomando los
textos de nuestro ejemplo, hemos optado entonces por dividir el material y además seleccionar
del material. Dentro de nuestra exposición tocaremos algunos temas importantes que se
presentan naturalmente del texto, temas tales como:
• Biografía – Pablo (incluye instrucción sobre el apostolado)
• Eclesiología – la iglesia en Roma
• Cristiandad – el llamado de los Cristianos
• Evangelio – su esencia (doctrina de justificación)
• El Hijo – Atributos y oficio (persona y obra)
Esos cinco temas se sugieren a sí mismos de estos siete versículos y de seguro otros temas
pudieran ser obtenidos de este pasaje.
Por lo tanto tenemos mucho material que cubrir, pero al mismo tiempo no queremos pasar
años en la carta a los Romanos, así que optamos por dividir estos siete versículos en dos
sermones, el primero cubriendo puntos I-III y el segundo puntos IV y V.
El primer sermón entonces cubrirá:
I. La introducción misma: Pablo a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios
nuestro Padre y del Señor Jesucristo
II. La descripción de la Iglesia en Roma: amados de Dios, llamados a ser santos, llamados a ser
de Jesucristo
III. La descripción de Pablo mismo: siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el
evangelio de Dios
Como esos puntos mismos fueron derivados del diagrama podemos tener la seguridad que
nuestro bosquejo es tanto bíblico como natural, pero quizá para facilitar su exposición podemos
modificarlo.
Puesto que un concepto central de Romanos es la fe, podemos empezar a grabar esto en la
mente de nuestros oyentes por medio de modificar el bosquejo a:
I. La Bendición de la Fe - Pablo a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios
nuestro Padre y del Señor Jesucristo
II. La Congregación de la Fe - Amados de Dios, llamados a ser santos, llamados a ser de
Jesucristo
III. El Apóstol de la Fe - Siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio
de Dios.
Obviamente a través de nuestro estudio ese bosquejo puede ser modificado según la luz que
vayamos recibiendo, según el material que vayamos juntando y según la dirección espiritual que
vayamos obteniendo.
LECCIÓN: 16
EXÉGESIS: CRUCE A LA HOMILÉTICA
INTRODUCCIÓN
Una de las cosas más difíciles es haber hecho todos los estudios gramaticales en nuestro texto,
haber hecho los estudios de trasfondo, haber seleccionado las palabras claves y aún no tener idea
de que trata el pasaje y que vamos a decir de él.
Si fuéramos a dar una lectura teológica eso no sería mucho problema, pero se supone que
vamos a predicar la Palabra, entonces el cruce a la homilética se vuelve indispensable.
Por naturaleza este será el sexto paso de la exégesis de nuestro texto.
PRIMERA DONCELLA
Por la buena providencia de Dios, a principios del S. XXI nos hallamos con una riqueza
insondable de material de ayuda para lograr comprender el mensaje del texto.
No somos los primeros en venir al texto, y su mensaje ha sido oído y proclamado innumerables
veces por dones de Cristo a Su Iglesia.
Una de esas herramientas – en sí misma una teología – es la Teología Bíblica donde se nos
muestra la progresión de revelación de la redención de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis,
particularmente por medio de los pactos divinos que forman ese único método de salvación que
los teólogos llaman el pacto de gracia.
Un conocimiento de la teología bíblica permite al intérprete traer la luz de la Escritura a
iluminar ese texto en particular que esté estudiando.
Ahora bien, no todo pasaje es igualmente claro, tampoco todo pasaje tiene que ver igualmente
con la teología bíblica y por lo tanto no debemos esperar que esta doncella haga el trabajo por
nosotros.
El uso de la teología bíblica en la exégesis es por medio de la analogía de la fe o Escritura – este
uso es simplemente un corolario del principio Scriptura Scripturam interpretatur.
No debemos confundir la aplicación de este principio con el apelar a la tradición cristiana pues
de hecho los Reformadores proclamaron este principio en contra de la práctica Católica de
interpretar la Escritura por medio y por debajo de la supuesta tradición apostólica.
Lo que se busca es que el resto de la Escritura, particularmente el NT, nos informe sobre las
palabras claves y los temas que nuestro texto toque.
Para hacer esto, volvemos a esas palabras que hemos identificado en nuestro texto:
1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,
2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras,
3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne,
4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección
de entre los muertos,
5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las
naciones por amor de su nombre;
6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo;
7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Por medio de una concordancia (con indicación de la palabra original que haya sido usada)
veremos por orden:
(1) Cómo ese término fue usado en el mismo libro de nuestro pasaje.
(2) Cómo ese término fue usado por el mismo autor de nuestro pasaje.
(3) Cómo ese término fue usado en el mismo Testamento de nuestro pasaje.
(4) Cómo ese término fue usado en la Biblia.
Además, por medio de ese estudio de palabras vamos a notar alguna referencia directa o
alguna alusión en otro pasaje (especialmente si es del AT en el NT) y ver si esos términos, por ser
términos técnicos o teológicos, traen consigo mayor información que la que una lectura inicial
(prima facie) podría dar. Hay que tener sumo cuidado de no perder dirección por solo dar una
lectura inicial de los versículos referenciados.
Ojala pudiéramos tener la riqueza de libros de palabras teológicos que otros idiomas tienen –
pero, sin desfallecer debemos hacer la obra nosotros mismos.
Por ejemplo, la primera palabra marcada es “siervo” que en el original [dou/loj] significa
esclavo lo que ya tiene mucho que decir de la auto-consideración de Pablo mismo.
Una búsqueda en la concordancia (del término en griego) nos da lo siguiente:
127 ocasiones en el NT - ¡demasiadas para hacer un estudio de palabra a través del NT si tan
sólo tenemos unos 3 días para preparar el sermón!
Pero limitándonos a las cartas de Pablo, 32 veces (no aparece en Hebreos):
Rom. 1:1; 6:16, 17, 19, 20, 1 Co. 7:21, 22, 23; 12:13, 2 Co. 4:5, Gal. 1:10; 3:28; 4:1, 7, Efe. 6:5, 6,
8, Fil. 1:1; 2:7, Col. 3:11, 22; 4:1, 12, 1 Tim. 6:1, 2 Tim. 2:24, Tit. 1:1; 2:9, Film. 1:16.
Esas 32 veces sí se pueden leer y considerar, y tener después una mejor idea de lo que Pablo
dijo cuando dijo “siervo”.
Pero no debemos pensar que la analogía de la Escritura es simplemente un estudio de palabras
– para nada; la analogía de la Escritura demanda que conozcamos ese único método de salvación
y que podamos trazar su revelación progresiva a través de la Escritura, y reconocer la completa
revelación en Cristo y en el NT.
SEGUNDA DONCELLA
Aunque muchos intérpretes evitan reconocer sus presuposiciones y prejuicios, nosotros no
debemos tener vergüenza de confesar que creemos en las grandes doctrinas enseñadas en la
Biblia, defendidas por los fieles Padres Apostólicos, recuperadas por los Reformadores y vividas
por los Puritanos. Encontrando su sistematización en las grandes Confesiones de Fe, una y otra
vez defendidas y proclamadas por teólogos fieles y que hoy en nuestro día están acrecentándose
en nuestro mundo hispano.
Todo esto significa que no despreciaremos el uso de la teología sistemática en nuestros
estudios. No somos los únicos ni los primeros en venir al texto. Así que no tiene caso perder el
tiempo y tratar de re-inventar la rueda, cuando innumerables veces nuestro texto ha sido citado,
ya sea en alguna Confesión o expuesto en una Teología Sistemática. Debemos hacer uso de esa
herramienta y aceptar su ayuda.
¿De qué sirven los tomos en nuestra biblioteca si sólo acumulan polvo o son meros adornos
que supuestamente proclaman nuestra grandeza?
La primera herramienta que les recomiendo es la Confesión de Fe, luego los Institutos de
Calvino, después las Teologías Sistemáticas de Berkhof y Hodge, y todos los escritos Puritanos en
nuestro lenguaje.
Por ejemplo, de nuestro texto sólo Rom 1:7 es citado en la Confesión, en artículos 2 y 6 del
capítulo 26, pero sólo escuchen y vean que tanta mayor luz tenemos por medio de esta
herramienta:
“Todas las personas en todo el mundo que profesan la fe del evangelio y obediencia a Dios por
Cristo conforme al mismo, que no destruyan su propia profesión mediante errores
fundamentales o conductas impías, son y pueden ser llamados santos visibles; y de tales personas
todas las congregaciones locales deben estar compuestas”
“Los miembros de estas iglesias son santos por su llamamiento, y en una forma visible
manifiestan y evidencian (por su profesión de fe y su conducta) su obediencia al llamamiento de
Cristo; y voluntariamente acuerdan andar juntos, conforme al designio de Cristo, dándose a sí
mismos al Señor y mutuamente, por la voluntad de Dios, profesando sujeción a los preceptos del
evangelio.”
Ahora bien, en algunas ocasiones los términos que hallamos determinado como claves no
serán tratados ni en la Confesión ni en alguna Sistemática pero esas veces son realmente pocas;
la mayoría de las veces nuestro texto será referenciado una y otra vez en alguna de esas
herramientas y tendremos que aplicar el principio de exclusión simplemente porque no tenemos
tiempo de leer todo ni de estudiar todo. Pero por lo menos conozcamos la Confesión de Fe y sus
pasajes bíblicos claves para usar esta doncella que el Señor ha puesto a nuestra disposición.
OTRO CONSEJO
De nuevo, lo mejor es:
(1) tener notas personales archivadas que nos ahorren tiempo en esta labor, y:
(2) tener libros marcados con esos lugares particularmente provechosos ya sea en el margen o
de alguna manera indicándonos que esos amigos y hermanos han pasado por nuestro texto
y tienen mucho que decirnos.
SÉPTIMO PASO
El séptimo y último paso de la exégesis es la recopilación y ordenamiento de nuestras notas. Ya
sea que trabajemos con papel y lápiz, o con computadora, la abundancia de material sobre
nuestro escritorio no se va a ordenar sola como por arte de magia, y no hemos de asumir que el
Espíritu Santo hará nuestro trabajo y nos presentará el material debidamente ordenado y listo
para ser presentado.
Aquí conviene recordar el principio de exclusión que en una serie expositiva significa que
dejaremos material (que no podremos correctamente cubrir) para otro sermón.
La mayoría de los predicadores hacemos uso de nuestra memoria para tratar de recordar todo
lo que hemos investigado y descubierto, pero también muchos de nosotros tenemos multitud de
notas jeroglíficas que después batallamos en descifrar. Por lo tanto es necesario que cultivemos
orden en nuestras notas. Bien pudiera ser (o mal) que tengamos mucho que decir y enseñar pero
por falta de orden no podemos ni digerirlo nosotros mismos ni mucho menos presentarlo a
nuestros oyentes.
Ya sea que escojamos escribir al mismo tiempo que encontramos material, y después volver
sobre él para editarlo a la forma de sermón, o que tengamos notas manuscritas de ese material,
cada quien debe encontrar el método personal que sea mejor para sus habilidades y tiempo.
Por ejemplo, después de leer todo el libro donde esta el texto que he de predicar, leo ese texto
en el original, hago el trabajo de sintaxis y diagrama, el estudio de palabras y el bosquejo,
comparo con la versión en español (nosotros usamos la RV60) y hago las notas necesarias si es
Unidad 11 – Exégesis: Cruce a la Homilética 100
que he de cambiar cierto énfasis y comienzo a escribir mi sermón, dejo ese primer borrador
para continuar meditando y orando sobre el texto. Después voy a mi banco de memoria (o de
archivo) para recordar que puntos teológicos y sistemáticos se encuentran en mi texto. Después
visito la Biblia de estudio donde he hecho notas en mi propia lectura (algunas veces iluminación
ocurre cuando estoy leyendo para mi estudio personal).
Vuelvo a mi borrador y lo reviso. Después visito a mis amigos los comentarios y comparo notas
(usualmente encuentro que debo corregir las mías o añadir a ellas), vuelvo a el borrador y lo
reviso una vez más. Esto es seguido de más meditación y oración antes de hacer una penúltima
revisión. El escrito actual del sermón debe esperar a la consideración de homilética pues esa es el
área especializada sobre la escritura y presentación de sermones.
CONSEJO
No hay una ley de los medos y persas sobre el método a seguir en este paso, cada quien debe
encontrarlo por sí mismo, para mayor uso de sus habilidades, herramientas y tiempo.
LECCIÓN: 17
EXPOSICIÓN: HOMILÉTICA
INTRODUCCIÓN
En la unidad anterior buscamos preparar el camino a la homilética – el área de teología
especializada en la preparación y predicación de sermones. Aun ahora es bueno recordar esa
definición que dimos:
Homilética es una palabra griega que significa simplemente conversación. Tanto el sustantivo
como el verbo aparece en el NT: la forma verbal (o`mile,w) en Luc. 24:14, 15; Hch 20:11 y 24:26;
la forma sustantiva (o`mili,a) en 1 Cor 15:33. Esos son ejemplos del significado básico de la
palabra griega, sin embargo, pronto en la historia de la iglesia, el término vino a significar
instrucción verbal. Predicaciones, lecturas, conferencias y discursos serían buenos ejemplos de
este término. Teológicamente usamos el término homilética para describir la ciencia y arte de
escribir y predicar sermones. Es una ciencia porque tiene principios, y es un arte porque requiere
de habilidades.
En esta unidad buscaremos delinear los primeros pasos dentro de la homilética habiendo
juntado el material de construcción de nuestro sermón por medio de la exégesis.
FRUTO DE LA EXÉGESIS
No estamos buscando aprender ni practicar exégesis por el mero deleite de hacerlo sino que
buscamos aprender y practicar exégesis con el propósito de predicar la Palabra de Dios, por lo
tanto, no debemos contentarnos sino hasta que hallamos hecho nuestra labor exegética y
hallamos traído a termino su fruto: homilética.
En la homilética buscamos traer el texto a nuestro tiempo para nuestra instrucción y bien
espiritual. En breve, proclamarlo de manera que nosotros y nuestros oyentes sintamos su peso y
seamos enseñados, redargüidos, corregidos, instruidos – en otras palabras, que la Palabra tenga
fruto en nosotros.
No servirá tratar de quitarnos la responsabilidad arguyendo que esa es obra del Espíritu Santo
(veremos sobre esto después), pues una lectura de las cartas pastorales (así como del registro del
ministerio apostólico en Hechos y una consideración de las cartas del NT y sobretodo de la obra
de nuestro Señor en los Evangelios) nos muestra claramente que la labor del predicador no acaba
al hacer la exégesis ni con pasar información al oyente. Los principios bíblicos deben ser
claramente proclamados de manera que habiendo sido internalizados en el proclamador lo sean
en los oyentes.
TEMA PRINCIPAL
Por medio de los varios pasos de la exégesis se busca encontrar el significado del texto de
manera que se pueda también resumir en un enunciado esa enseñanza.
La aplicación de diagramas a nuestro texto nos ayudará a ver esos puntos principales, así como
el estudio de trasfondo nos permitirá ver el tema de esa sección en particular.
El punto es enunciar las proposiciones, argumentos, narrativas o ilustraciones de nuestro texto
de manera que viajen a través del tiempo a nosotros y lleguen con todo su peso a nuestro
corazón.
El primer paso por lo tanto (en la homilética) es determinar el tema de nuestro texto. El
mensaje que predicaremos. Para encontrar este tema volvemos nuestra vista al tema del libro
donde nuestro texto está. Tenemos que considerar su género y sustancia. Luego el libro mismo
debe ser bosquejado de manera que conozcamos el argumento. De esta manera podemos
encontrar dónde en el argumento se halla nuestro texto. Habiendo hecho esto, podemos volver al
texto mismo y determinar el enunciado principal (que se supone obtuvimos en el diagrama),
luego determinar las palabras y frases claves. Así lograremos determinar qué lugar específico
tiene nuestro texto en el argumento del libro entero.
En pasajes didácticos esto es relativamente fácil, es más difícil en porciones históricas, y
mucho más difícil en porciones poéticas y proféticas. Tomando de vuelta el ejemplo que hemos
estado usando (Rom 1:1-7) recordemos que encontramos por lo menos cinco cosas:
I. La introducción misma: Pablo a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios
nuestro Padre y del Señor Jesucristo
II. La descripción de la Iglesia en Roma: amados de Dios, llamados a ser santos, llamados a ser
de Jesucristo
III. La descripción de Pablo mismo: siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el
evangelio de Dios
IV. La descripción de ese “evangelio” que incluye una descripción del “Hijo”: que Él había
prometido antes por Sus santos profetas en la Santas Escrituras, acerca de Su Hijo Nuestro
Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios
con poder, según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos y por
quien recibimos la gracia y el apostolado
V. El propósito del “apostolado”: para la obediencia a la fe en todas las naciones; y su motivo:
por amor de Su nombre
Sugerimos que por tiempo y material se dividiera el texto en dos, la primera parte cubriendo
puntos I-III y la segunda IV-V; si continuamos con este procedimiento, podemos aplicar el análisis
homilético a nuestro texto, limitándonos a esos versículos en particular. Quizá alguno desee
cubrir los siete versículos en un solo sermón para avanzar más rápido en la exposición de la
Carta. Esa será decisión de cada quien.
Es del texto mismo de donde debemos obtener el tema. Debemos resistir la tentación de forzar
sobre el texto nuestro tema.
Debe ser evidente que en Romanos Pablo se dirige al tema del evangelio de Dios. No sólo
tenemos amplia exposición sobre esto en la carta que trata sobre la justificación por medio de la
fe, pero tenemos el texto clave de 1:16, 17. En la introducción misma tenemos la frase “el
evangelio de Dios.” El apóstol introduce su tema en la misma introducción de su carta.
Ahora, puesto que esta es una carta, ¿Cómo llamamos a la primera parte de una carta?
Empezamos por saludar a quien escribimos, y ésta también era la práctica en el tiempo del
apóstol, por eso él comienza con un saludo. Pero por ser una carta apostólica allí deja de
parecerse a nuestras cartas. Él también introduce su tema y propósito al escribir (1:1-17).
Pero sí es un saludo lo que tenemos en nuestro texto (1:1-7) y por lo tanto podemos describir
nuestro pasaje como Saludos – el Evangelio de Dios, y predicaremos sobre esto cuando
prediquemos de nuestro texto, sean los sermones que sean.
Como hemos encontrado en la labor exegética, nuestro texto nos provee la introducción y por
lo tanto predicaremos sobre Pablo, sobre la iglesia (en Roma) y sobre el Evangelio. Pero todo eso
lo haremos bajo un tema principal.
ÉNFASIS DEL TEXTO
Si volvemos nuestra atención al texto, podremos descubrir su énfasis:
1 Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,
2 que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras,
3 acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne,
4 que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la
resurrección de entre los muertos,
5 y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las
naciones por amor de su nombre;
6 entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo;
7 a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
De las 124 palabras (en español) 66 son usadas para hablar del evangelio de Dios. El énfasis
debe ser obvio.
SUS PUNTOS PRINCIPALES
Perdonen la repetición, pero es absolutamente importante que los puntos principales sean
derivados del texto mismo. De otra manera haremos que el texto diga lo que nosotros queramos
y eso no es exposición.
El diagrama nos ha dado el flujo del argumento que fue escrito, nos ha dado los puntos
principales también:
I. La introducción misma: Pablo a todos los que estáis en Roma: Gracia y paz a vosotros de Dios
nuestro Padre y del Señor Jesucristo
II. La descripción de la Iglesia en Roma: amados de Dios, llamados a ser santos, llamados a ser
de Jesucristo
III. La descripción de Pablo mismo: siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el
evangelio de Dios
IV. La descripción de ese “evangelio” que incluye una descripción del “Hijo”: que Él había
prometido antes por Sus santos profetas en la Santas Escrituras, acerca de Su Hijo Nuestro
Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios
con poder, según el Espíritu de Santidad, por la resurrección de entre los muertos y por
quien recibimos la gracia y el apostolado
V. El propósito del “apostolado”: para la obediencia a la fe en todas las naciones; y su motivo:
por amor de Su nombre
Aquí la labor consiste en traducir esos puntos principales exegéticos a homiléticos. Es decir, a
una manera que puedan ser predicados (entendidos, memorizados, aplicados). Muchas veces el
texto mismo nos lo da (como en este caso) pero otras veces se requiere mucha labor sobre
nuestras rodillas (en meditación y oración) para encontrar de qué manera podemos enunciar
nuestro material y:
(1) Ser fieles al texto.
(2) Nuestros oyentes lo vean y entiendan.
(3) La Palabra sea enseñada y aplicada.
Por ejemplo, se podría predicar el primer sermón de este pasaje con los puntos principales:
A. Una bendición apostólica
B. Una iglesia apostólica
C. Un evangelio apostólico
Estos puntos preservan el énfasis del texto mismo, son fácilmente memorizados y proveen el
lugar donde los diversos subpuntos del texto pueden ser predicados (bendición, iglesia,
evangelio).
SUBPUNTOS
Igual que con el tema principal y los puntos principales, los subpuntos son provistos por el
diagrama sintáctico, si es que queremos exponer la Palabra. Algunas veces creamos subpuntos
dependiendo de lo que queremos decir o de lo que pensamos la iglesia necesita. No hay nada
malo en predicar mensajes que sean necesarios para la vida de la iglesia, pero si anunciamos
nuestro texto y predicamos nuestras ideas o cargas, eso no es dar una exposición de la Palabra.
Si volvemos al diagrama podemos ver los subpuntos mismos:
Pablo [escribe] a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos:
Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había
prometido antes por sus profetas en las, santas Escrituras, acerca de su Hijo = nuestro Señor
Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder,
según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la
gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre;
entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo;
Los subpuntos son las palabras, frases o enunciados que están debajo de los puntos principales
si prestamos atención al diagrama sintáctico entonces veremos la intención original del autor – y
eso es lo que debemos proclamar y aplicar a nuestros oyentes.
Cabe notar aquí que es mejor mantener sólo subpuntos – aquí partimos caminos con nuestros
héroes puritanos que al parecer eran campeones en subdividir los temas ad infinitum. Lo que
debemos buscar es sencillez y claridad en nuestra estructura para que nuestros oyentes nos
puedan seguir a través de la exposición.
Sin nuestros puntos principales son:
A. Una bendición apostólica
B. Una iglesia apostólica
C. Un evangelio apostólico
Los subpuntos serán:
Bajo A.
(1) De Pablo (siervo, llamado y apartado)
(2) Gracia de Dios y Jesucristo
(3) Paz de Dios y Jesucristo
Bajo B.
(1) Amados de Dios
(2) Llamados a ser santos
(3) Llamados a ser de Jesucristo
Bajo C.
(1) De Dios
(2) Prometido en las Escrituras
(3) Acerca de Su Hijo
Conviene aconsejar que aparte de anunciar el bosquejo (brevemente), debemos anunciar
nuestros puntos y lugar en la Escritura en cada transición para facilitar la comprensión de
nuestro mensaje.
Una de las claves para facilitar el descubrimiento de los subpuntos es prestar atención a los
conectores sintácticos (preposiciones, conjunciones, disyunciones, etc.).
EXPOSICIÓN DE LA ESCRITURA
Si no ha sido claro, ahora lo decimos claramente: el propósito es predicar expositivamente la
Palabra – que la Escritura provea la forma lógica y desarrollo de nuestro mensaje. Si nuestros
oyentes no recuerdan el bosquejo, sí deben recordar la sustancia de la Palabra – su significado y
aplicación - ¡ay de nosotros si sólo recuerdan las anécdotas o chistes!
Una de las maneras de lograr que la congregación capte el mensaje es predicar teológicamente
la teología del pasaje (y no la que nosotros queremos que diga). Aquí los estudios de palabras
claves (términos técnicos o teológicos) nos darán el material para exponer en el sermón.
AÚN EN EL ESCRITORIO
No debemos pensar que si llegamos hasta aquí sólo necesitamos ajustar los detalles
(introducción, ilustraciones y conclusión con sus aplicaciones). De ninguna manera, aún estamos
a la mitad del camino. Todo esto se lleva a cabo aún en nuestro estudio, y la tarea de digerir
(meditar) el material a predicar apenas va a comenzar.
Todo lo que hemos hecho es proveer el esqueleto donde pondremos los músculos y carne del
cuerpo final. O, para cambiar de ilustración, hemos apenas comprado la carne, sacado el asador,
pero falta prender el carbón, asar la carne, y servirla.
LECCIÓN: 18
EXPOSICIÓN: PRIMACÍA DE LA PREDICACIÓN
INTRODUCCIÓN
Si vamos a través del libro de los Hechos, veremos – con respecto al ministerio de la Palabra –
que los apóstoles y misioneros hicieron lo siguiente principalmente:
(1) Testificaron - 26:22 Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy,
dando testimonio [LBA testificando marturo,menoj] a pequeños y a grandes, no diciendo
nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder:
(2) Exhortaron - 2:40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba [pareka,lei],
diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
(3) Enseñaron - 4:2 resentidos de que enseñasen [dida,skein] al pueblo, y anunciasen en Jesús
la resurrección de entre los muertos.
(4) Hablaron - 4:1 Hablando [Lalou,ntwn] ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes
con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos,
(5) Declararon - 26:25 Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo
[avpofqe,ggomai] palabras de verdad y de cordura.
(6) Hablaron con denuedo - 4:13 Entonces viendo el denuedo [parrhsi,an] de Pedro y de Juan,
y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que
habían estado con Jesús.
(7) Dijeron - 2:38 Pedro les dijo [e;fh]: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el
nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
(8) Respondieron - 3:12 Viendo esto Pedro, respondió [avpekri,nato] al pueblo: Varones
israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si
por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?
(9) Anunciaron - 4:2 resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen [katagge,llein] en
Jesús la resurrección de entre los muertos.
(10) Evangelizaron - 8:35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta
escritura, le anunció el evangelio [euvhggeli,sato] de Jesús.
(11) Ministraron - 20:24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí
mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio [diakoni,an] que recibí del
Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
(12) Disputaron - 9:29 y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba
[sunezh,tei] con los griegos; pero éstos procuraban matarle.
(13) Predicaron - 8:5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba
[evkh,russen] a Cristo.
(14) Persuadieron - 13:43 Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los
prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían
[proslalou/ntej] a que perseverasen en la gracia de Dios.
(15) Discutieron - 17:2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo
discutió [diele,xato] con ellos,
(16) Confundieron - 9:22 Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía [sune,cunen] a los
judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.
(17) Demostraron - 9:22 Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que
moraban en Damasco, demostrando [sumbiba,zwn] que Jesús era el Cristo.
(18) Explicaron - 17:3 declarando [dianoi,gwn] y exponiendo por medio de las Escrituras, que
era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo
os anuncio, decía él, es el Cristo.
(19) Expusieron - 17:3 declarando y exponiendo [paratiqe,menoj] por medio de las Escrituras,
que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien
yo os anuncio, decía él, es el Cristo.
(20) Refutaron - 18:28 porque con gran vehemencia refutaba [diakathle,gceto] públicamente a
los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.
(21) Demostraron - 18:28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos,
demostrando [evpideiknu.j] por las Escrituras que Jesús era el Cristo.
(22) Amonestaron - 20:31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día,
no he cesado de amonestar [nouqetw/n] con lágrimas a cada uno.
(23) Explicaron - 28:23 Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los
cuales les declaraba [LBA explicaba evxeti,qeto] y les testificaba el reino de Dios desde la
mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como
por los profetas.
Si escucharon esas referencias, y asumo conocen los contextos inmediatos de cada una de ellas,
los ministros del Evangelio testificaron, exhortaron, enseñaron, hablaron, declararon, hablaron
con denuedo, dijeron, respondieron, anunciaron, evangelizaron, ministraron, disputaron,
predicaron, persuadieron, discutieron, confundieron, demostraron, explicaron, expusieron,
refutaron, demostraron, amonestaron de la Palabra de Dios, y por medio la Palabra de Dios
(las Escrituras).
PREDICAR
Hay un término que en teología pastoral, en el área de predicación, es quizá el concepto que ha
capturado la mente de todos los que hemos querido estudiar y enseñar sobre la predicación, es el
término khru,ssw que significa proclamar, declarar, predicar; y las otras palabras relacionadas:
kh/rux (predicador) y kh,rugma (predicación). Sólo nos concentramos en algunos ejemplos de
khru,ssw:
Mat 3:1 En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea.
Mat 4:17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de
los cielos se ha acercado.
Mat 10:5-7 A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles
no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de
Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
Mar 1:38 Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para
esto he venido.
Mar 3:14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.
Hch 9:20 En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.
Esos ejemplos son sólo para refrescar sus memorias sobre algo que debe ser una convicción en
nuestros corazones y ministerios: la primacía de la predicación.
PROBLEMA
En todas las edades que la Iglesia ha estado a punto de desaparecer, y el Evangelio ha parecido
perder su poder y la Cristiandad verdadera ha bajado hasta sus valles más tristes, una marca
distintiva ha sido la perdida de la predicación verdadera y la correspondiente multiplicación de
actividades (algunas legitimas y buenas) que han sustituido la predicación: misticismo,
aislamiento, carismatismo, legalismo, tradicionalismo, modernismo; así como iglesias donde los
cultos son llenos de música, especiales, dramas, películas, danzas, testimonios, y un número de
actividades para todos los grupos y edades.
Pero también en todas las edades donde la Iglesia ha vencido las puertas del Hades, el
Evangelio ha conquistado tierras nuevas y la Cristiandad ha brillado por su verdadera luz, la
marca distintiva de toda reforma y avivamiento verdadero ha sido la recuperación de la
verdadera predicación. La Palabra, leída y predicada, sostenida por oración ha tomado primacía.
Pero vayamos a las Escrituras y consideremos aunque sea brevemente algunas referencias
claves.
MARCOS 1:38
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí
oraba. Y le buscó Simón, y los que con él estaban; y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. Él les
dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. Y
predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.” (vs. 35-39).
No voy a tomar el tiempo de recordarnos el contexto mayor ni el inmediato, creo que en este
contexto no es necesario hacerlo, sólo consideren lo siguiente:
(1) Nuestro Señor ha ido a buscar la faz de Su Padre en oración – Su vida espiritual es
ejemplar, y la gran obra delante de Él requiere oración.
(2) La multitud ya le ha comenzado a buscar porque han visto Sus milagros.
(3) Sus discípulos le encuentran y animan a considerar que tan popular es Él y a volver a esa
multitud.
(4) La respuesta de nuestro Señor es clara – Su tarea principal es otra: predicar. Las señales
son confirmatorias de Su predicación pero no son la razón de Su venida.
Nuestra versión ha traducido correctamente “para que predique también allí” pues el verbo
“predicar” [khru,xw] es un subjuntivo usado para mostrar propósito. La frase clave es “porque
para esto he venido” [eivj tou/to ga.r evxelh,luqa]; el verbo traducido “venido” puede ser
traducido “salido” (LBA), pero creo que es mejor “venido” pues indica que Jesucristo vino del
cielo precisamente a predicar. El pasaje paralelo en Lucas lo confirma: “Pero él les dijo: Es
necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto
he sido enviado.” [o` de. ei=pen pro.j auvtou.j o[ti Kai. tai/j e`te,raij po,lesin euvaggeli,sasqai, me
dei/ th.n basilei,an tou/ qeou/ o[ti ei'j tou/to avpesta,lmaiÅ] Lucas usa el término evangelizar
(euvaggeli,sasqai) y añade “me es necesario” usando la partícula griega que indica demanda de
necesidad absoluta (me dei/) y además usa el verbo “he sido enviado” (avpesta,lmai).
El comentario de Calvino es excelentes: “Estas palabras merecen nuestra atención; porque
contienen una declaración de Su ferviente deseo de cumplir su oficio.”
Nuestro Señor vino a predicar y eso precisamente hizo.
HECHOS 6:2
“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos
contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.
Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros
dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a
siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes
encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la
palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del
Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de
Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las
manos.” (vs. 1-6).
Quizá no haya habido situación que se repita tantas veces en la historia de la Iglesia:
necesidades urgentes, importantes y legítimas tientan a los pastores a dejar su puesto y
llamamiento. Los apóstoles reconocieron la tentación y respondieron bíblicamente: “No es justo
que nosotros dejemos la palabra de Dios” – el Señor les había enviado a predicar, eso debían
hacer. Las otras tres veces que el verbo traducido “es justo” es usado en las Escrituras es
traducido “agradar” (Jn. 8:29, Hch 12:3, 1 Jn. 3:22). Creo que deberíamos mantener “agradar”
aquí y traducir “No es agradable que nosotros dejemos la palabra de Dios” ¿Agradable a quién? Al
Señor que les envío a predicar.
Podemos ver además las dos actividades que son la única prioridad del ministerio: “la oración
y el ministerio de la palabra” – cuando digo “única” no quiero decir que son las únicas que
debemos hacer, sino que quiero decir que son una, son los dos aspectos de la singular prioridad.
1 CORINTIOS 9:16
“Contra los que me acusan, ésta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?
¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros
apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no
trabajar? ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su
fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como
hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal
al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues
por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza
de recibir del fruto.
Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo
material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no
hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al
evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y
que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el
evangelio, que vivan del evangelio. Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he
escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca
esta mi gloria.
Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y
¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa
tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi
galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no
abusar de mi derecho en el evangelio.” (vs. 3-18).
La frase en la que deseo que enfoquemos nuestra atención es “¡Ay de mí si no anunciare el
evangelio!” [ouvai. de, moi, evstin eva.n mh. euvaggeli,zwmai]. El apóstol usa una interjección
(ouvai.) y sólo la usa esta vez. Se usa muchas veces en los Evangelios (en boca de nuestro Señor
proclamando la miseria de los incrédulos y rebeldes), y otra vez en Judas, y varias veces en
Apocalipsis. Siempre tiene el sentido de declarar que tan horrible, terrible, desastrosa es la
calamidad que viene. El apóstol está afirmando que si él cesara de evangelizar gran desastre
caería sobre él.
Creo que esos son testigos suficientes, aunque podríamos considerar la vida de la primera
iglesia (Hch 2:42), o el argumento lógico de Pablo en Rom 10 con su texto clave “¿Cómo, pues,
invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel quien no han oído? ¿Y cómo
oirán sin haber quien les predique?” (v. 14); o las varias directivas apostólicas a los pastores y
maestros de pastores en las Cartas Pastorales:
1 Tim 4:6 Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las
palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.
1 Tim 4:11 Esto manda y enseña.
1 Tim 4:13 Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.
1 Tim 4:15, 16 Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea
manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto,
te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
1 Tim 5:17 Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, es decir
los que trabajan en predicar y enseñar.
1 Tim 6:2 Esto enseña y exhorta.
2 Tim 1:8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso
suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,
2 Tim 2:2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean
idóneos para enseñar también a otros.
2 Tim 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de
qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.
2 Tim 4:1, 2 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los
muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera
de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
LA MÉDULA
Quizá podríamos haber pensado que este tema debería haber sido el primero en tocar, pero la
verdad es que debe ser la nota constante en nuestros estudios sobre el ministerio de la Palabra.
En un contexto como éste, creo que puedo asumir que ésta es nuestra convicción: la primacía de
la predicación.
Sólo quise animarnos a volver a las Escrituras y escuchar de nuevo esas palabras que
muestran, en las palabras del Doctor:
“Para mí, el trabajo de predicar es el más grande y el más glorioso llamamiento al que alguien
pueda ser llamado jamás.”
LECCIÓN: 19
EXPOSICIÓN: TIPOS DE SERMONES
INTRODUCCIÓN
Desde hace bastante tiempo se han clasificado los sermones en tres amplias categorías que
podríamos asemejar a tres círculos que se traslapan en algunas áreas:
Expositivos, Consecutivos, Textuales, Temático
Que no pueden ser catalogados como existiendo por sí solos (sin tener puntos de contacto) es
evidente, puesto el sermón temático necesariamente será una exposición de textos claves sobre
ese tema; el sermón textual necesariamente cubrirá los temas explícitos en el pasaje que
prediquemos; y el sermón expositivo consecutivo une ambos tipos en una serie a través de un
libro entero (o un pasaje extenso).
Además, los tres son por naturaleza expositivos de otra manera no son sermones bíblicos.
Aunque algunos profesores de Homilética han negado la existencia o legitimidad de uno, dos o
los tres tipos de sermones estos tipos mismos han vivido más que cualquiera de esos críticos y
podemos verificar su existencia de la Biblia y de la historia de la Iglesia – sin embargo, para
ahorrarnos tiempo, simplemente vamos a asumir su legitimidad. El propósito de esta lectura
entonces no es verificar su existencia o legitimidad sino el de proveer algunas guías sencillas para
distinguir las características de cada uno de estos sermones en su clasificación de temático,
textual y expositivo consecutivo.
TEMÁTICO
Como su nombre lo indica, el sermón temático es un sermón donde una doctrina, obligación o
tema bíblico es explicado y aplicado sin estar limitado a un texto clave en las Escrituras. Es decir,
en un sermón temático el tema que hemos escogido para exposición establece la base donde el
resto de las Escrituras que tienen que ver con ese tema serán explicadas y aplicadas.
La selección de predicar temáticamente obedece en particular a la sensibilidad pastoral, pues
buscando ser fieles pastores de nuestros rebaños nos encontraremos (por discernimiento propio
o con la ayuda de co-pastores o por oír del mismo rebaño) que algún tema requiere la luz, espada,
escápelo, aceite o vara de la Escritura sobre la congregación.
Otro elemento que debemos reconocer es que en nuestra propia experiencia ministerial
tenderemos a perfeccionar la predicación en uno de estos tipos de sermones; y es usual
encontrar que en distintas épocas de nuestras vidas pastorales predicamos mayormente de un
tipo de sermón. Esto añadido a que en congregaciones con múltiples predicadores nos
encontramos variedad de dones y quizá un predicador demuestre mayor capacidad para tratar
con temas, mientras que otro con textos, y aún otro con libros enteros.
Esta capacidad (natural, cultivada o adquirida) debe ser cuidadosamente vigilada, pues puede
ser que sin darnos cuenta nos pasemos años predicando temas, y esto no según la necesidad
espiritual de la iglesia sino según los intereses personales que tengamos.
La casi infinita diversidad de temas bíblicos es en sí una prueba y evidencia que debemos
cubrir esos temas – no solo los favoritos – en nuestros ministerios (ver El Índice Temático de la
Biblia de Nave).
Las ventajas de este tipo de sermón son tanto para la congregación como para el predicador,
pues la congregación conocerá el amplio testimonio de la Escritura sobre un tema específico,
verán en práctica la unidad y progreso de la revelación bíblica y aprenderán textos claves sobre
el tema; el predicador será forzado a leer y meditar ampliamente, será curado e inmunizado
contra falta de balance temático y será provisto de la oportunidad de dirigirse a un tema que
cargue su corazón para beneficio de la congregación.
Pero hay algunas desventajas, pues la congregación puede pensar que la Biblia es una especie
de libro de temas, desconocerán la hermenéutica bíblica y, si el predicador sólo predica sobre
temas favoritos, crecerán anémicos con respecto a la amplia variedad de temas bíblicos; por el
lado del predicador, puede desviarse fácilmente a temas de interés (usualmente personal),
predicar de un tema secundario como si fuera primario, y volverse experto en un tema en lugar
de experto en predicar todo el consejo de Dios.
TEXTUAL
En un sermón textual un versículo o grupo de versículos específicos es explicado y aplicado sin
salir del contexto por ningún componente mayor del sermón. Es decir, en un sermón textual el
texto establece la base y provee la explicación completa, aunque puntos secundarios
ocasionalmente pueden ser explicados con otros textos.
Así como con el sermón temático, será la sensibilidad pastoral la que nos guiará a la selección
de un texto para predicar; pero debemos igualmente reconocer que quizá en un tiempo de
nuestro ministerio nos volvamos a este tipo de sermón una y otra vez, casi inconscientemente –
aunque esto es natural, pues las capacidades y habilidades propias muchas veces nos inclinan a
este u otro tipo de sermón. La sabiduría de Cristo de ordenar una pluralidad de ancianos en cada
iglesia tiene el beneficio que esa diversidad de dones usualmente significa, como ya notamos, que
un predicador sea mejor en sermones textuales, mientras que otros en otros tipos de sermones.
Pero debemos estar conscientes del gran peligro de orbitar a ciertos textos en particular, para
deservicio de la congregación y nosotros mismos. Usualmente dos cosas ocurren: predicadores
evitan predicar de textos del AT (excepto Proverbios) por la dificultad inherente de predicar de
la Ley, Historia y Profecía; y también predicadores tendemos a ir a esas Cartas que nos llaman
más la atención (las de Pablo). Ese es un peligro real que debemos evitar. Hay miles de textos en
las Escrituras, y debemos ir de nuevo a la realización que “Toda la Escritura es inspirada por
Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el
hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”
Las ventajas de este tipo de sermón, para la congregación son que al anunciar de antemano el
texto les provee de expectativa sobre ese texto, les ayuda a la memorización y les da un patrón de
buena hermenéutica. Para el predicador este tipo de sermón le lleva a tratar honestamente con
su texto, si predica de todo los géneros literarios bíblicos le da un conocimiento de la proporción
de la Escritura y le provee como el sermón temático – de la oportunidad de dirigirse a un texto
que considera la congregación requiere escuchar.
Sin embargo, también tiene sus desventajas, pues el sermón textual puede que lleve a la
congregación a engendrar un gusto por ciertos textos únicamente y si en la predicación no se ha
notado el contexto, la congregación tendrá una idea equivocada de cómo interpretar la Biblia y
será fácil caer en el error de citar textos fuera de contexto. Para el predicador las desventajas son
la previa agonía de tener que escoger un texto entre miles posibles, la tentación de manipular
textos para que digan lo que nosotros queramos (usar textos a manera de trampolín o practicar
eiségesis en lugar de exégesis) y crea el clima propicio para un ministerio con falta de balance
(especialmente en iglesias con un solo predicador) pues simplemente no hay tiempo para
predicar todos los textos y usualmente vamos a esas porciones que consideramos más fáciles.
EXPOSITIVO CONSECUTIVO
Sermones expositivos son la exposición y aplicación consecutiva de un libro, capítulo o grupo
extenso de versículos de las Escrituras. Es decir, en una serie consecutiva de sermones el
contexto histórico-textual establece la base, mientras que todo el libro, capítulos o grupo extenso
de versículos proveen el material completo. Aunque cada sermón es una exposición completa en
si misma, cada sermón forma parte de una serie mayor, estando conectados uno con el otro.
Este es el tipo de sermones más fácil de escoger (solo hay 66 libros en la Biblia), estudiar (evita
la agonía de no saber que predicar) y, algunos dirán, es la única manera legítima de predicar,
pues provee a largo plazo en una misma serie lo que los otros dos tipos dan: temas son tratados y
textos son explicados.
Pero también requiere de mucho discernimiento, pues es común que permanezcamos ya sea
en el NT o exclusivamente en las Cartas de Pablo, o que escojamos esas breves cartas y nos
especialicemos en ellas; además puede ser que en la convicción de que estamos predicando
correctamente al hacer una serie consecutiva a través de un libro, pasemos semanas, meses,
inclusive años en una porción limitada de la Biblia y no cubramos esos temas y textos que
nuestro rebaño tan gravemente necesita. Mientras que nosotros ahondamos en estudios
históricos, textuales y teológicos en nuestro libro favorito, las ovejas perecen por haber sido
hastiadas del mismo forraje.
De manera que lo mismo que afirmamos de los dos otros tipos de sermones es valido aquí:
debemos reconocer que en nuestra propia experiencia o habilidad tenderemos a predicar un tipo
de sermón y si ocurre que es expositivo consecutivo, podríamos pasar años (especialmente si
escogemos un libro extenso) perseverando en un solo surco; de nuevo vemos la sabiduría divina
de nuestro Señor al ordenar que sus iglesias tengan una pluralidad, pues Él da dones a Su Iglesia
y entre esos dones tendremos aquellos que tienen mayor capacidad de tratar con libros enteros
para beneficio de la congregación.
Consideremos entonces algunas ventajas de este tipo de sermón. Para la iglesia, ellos podrán
ver la Biblia en su sustancia y forma, observarán principios bíblicos de interpretación en práctica,
escucharán temas que quizá no quieran escuchar y serán expuestos a una amplia variedad de
asuntos bíblicos. Para el pastor, éste será llevado a ser honesto con toda la Escritura, estará
adelantado en preparación pues ya tiene el texto ante él y será forzado a tratar temas y textos
que quizá nunca escogería tratar.
Pero también tiene sus desventajas: es fácil que la iglesia se agote de estar continuamente en
un solo libro, si la serie se alarga puede que algunos de la congregación nunca escuchen otra cosa
ni otro tema, ni otro texto mas que ese libro que fue escogido y, lo más triste, se vuelven críticos
de cualquier otro tipo de predicación pensando, incorrectamente, que es el único tipo legítimo.
Para el predicador las desventajas son la posible insensibilidad a las carencias espirituales de la
congregación; independencia o presunción de la ayuda del Espíritu pues ya sabe él que
predicará; atrofia ministerial al no capacitarse en los otros métodos de predicación y confundir
un comentario corrido por la exposición verdadera.
PRINCIPIOS HOMILÉTICOS FUNDAMENTALES
Habiendo considerado los diferentes tipos de sermones, veamos ahora Siete Principios
Homiléticos Fundamentales (ANM). Cada sermón, ya sea temático, textual o consecutivo, para ser
sermón bíblico debe cumplir con estos principios. Los principios mismos son amplios pero se
busca ser explícito en los requisitos para no perdernos en generalidades sino obtener guías
seguras para provecho de nuestras almas, beneficio de nuestras congregaciones y gloria de
nuestro Señor.
PRIMER PRINCIPIO
La Predicación De Las Verdades Bíblicas Debe Constituir El Corazón Y Alma De Toda
Predicación.
Según la Escritura, la predicación tiene el propósito doble de procrear vida espiritual (Rom
10:8b-15, 17) y nutrir esa vida espiritual (Efe 4:12-16). Dios además ha ordenado que el ministro
sea: heraldo: 2 Tim. 1:11; embajador: 2 Cor. 5:20; mayordomo: 1 Cor. 4:1; supervisor: 1 Ped. 5:1 y
gobernador: Heb. 13:7, 17. Y tenemos el mandamiento explícito de la Escritura: 2 Tim. 2:15; 3:16,
17; 4:2-4.
Por lo tanto, nuestros sermones deben ser completamente exegéticos en su materia prima en
oposición a sermones compuestos de materia prima como la impresión inicial de un texto o
pasaje, el uso tradicional de un texto o pasaje, el uso dogmático de un texto o pasaje, la alegoría o
espiritualización de un texto o pasaje, o la acomodación ingeniosa o forzada de un texto o pasaje.
Nuestros sermones deben ser predominantemente bíblicos en su sustancia en oposición a
sermones que son predominantemente anecdóticos, biográficos, imaginarios, o literarios.
Nuestros sermones deben tener armonía teológica (la analogía de la Escritura) en sus
declaraciones sobre la verdad en oposición a sermones que se destruyen a si mismos, carecen de
balance, o presentan verdades a medias como verdades completas. Nuestros sermones deben ser
intensamente prácticos en su propósito en oposición a sermones que meramente informan,
exclusivamente tocan las emociones, o son puramente retóricos. Y nuestros sermones deben ser
penetrantemente evangélicos en su esquema, en oposición a sermones que son legalistas o
moralistas, meramente contienen débil enseñanza, o son sentimentales.
SEGUNDO PRINCIPIO
La Predicación De Las Verdades Bíblicas Que Nuestros Oyentes Regulares Necesitan Más
Debe Constituir Nuestra Meta Constante.
Podemos ver esto de la naturaleza de la predicación en relación al oficio profético de Cristo
(Efe 5:29; Apo 2, 3) así como de las implicaciones del oficio pastoral (Sal 23; Hch 20:28; Efe 4:11,
12; 1 Tes 2:11; Heb 13:17).
Así que afirmamos el principio fundamental de la absoluta necesidad de una sabia selección de
material para el sermón. Por lo tanto, cuidado con los que establecen reglas inflexibles, cuidado
con una inflexibilidad legalista en tu propio plan, cuidado de copiar a otros y cuidado de los dos
grandes peligros de fanatismo y racionalismo.
Si esto es así, y lo es, necesitamos constante oración por dirección divina (Pro 3:5, 6; Stg 1:5),
necesitamos conocimiento de las necesidades y presente habilidad de la iglesia (Pro 27:23);
necesitamos sensibilidad a la dirección divina en nuestro propio corazón y mente, sensibilidad a
nuestro propio desarrollo presente como predicador (Rom 12:4s) y sensibilidad a la respuesta de
la iglesia.
TERCER PRINCIPIO
La Predicación De Las Verdades Bíblicas Con Claridad En Forma Y Estructura Debe
Constituir Nuestro Consciente Y Continuo Esfuerzo.
Esto es importante para el predicador mismo, pues esto impartirá disciplina en la preparación
detallada del sermón y aumentará grandemente la libertad en la predicación actual del sermón. Y
para los oyentes, es un factor mayor en hacer al sermón inteligible (1 Cor 2:14), estéticamente
agradable, moralmente persuasivo (Hch 24:25), e intelectualmente fácil de recordar (Sal 1).
Pero esto no viene sin precio, pues nos costará el precio de mantener nuestra vista en el
propósito ordenado por Dios de la predicación: la salvación y edificación de los hombres, que es
lo opuesto de modas ministeriales contemporáneas y preocupación por nuestra reputación de
elegancia o elocuencia. Nos costará el precio de una muerte constante a las opiniones, deseos y
preferencias de aquellos que no quieren una clara predicación de la Biblia, el fin de la cual es
alcanzarlos con sus implicaciones éticas. Nos costará la agonía y labor de incesante trabajo
mental: 1 Tim 5:17 (lit. trabajan duro).
¿Qué constituye claridad en forma y estructura? Aunque existe en predicadores una diversidad
legítima de preferencia e inclinación hacia la organización, y existe en predicadores diferentes
grados de habilidad de organización, los siguientes elementos constituyen la base general de
claridad en forma y estructura:
1) Orden: identidad independiente y progreso secuencial de pensamientos.
2) Unidad: relación interdependiente de los pensamientos.
3) Proporción: relación balanceada entre los pensamientos.
4) Sencillez: libertad de complejidad y de carácter intrincado.
5) Carácter completo: pensamientos completos en sí mimos.
¿Cómo cultivaremos claridad de forma y estructura?
1) Manteniendo la convicción que la salvación y edificación de los hombres demanda claridad
(Hch 14:1, 2).
2) Leyendo continuamente autores comprobados sobre este tema.
3) Exponiéndonos a buenos modelos de forma y estructura.
4) Consiguiendo el consejo de críticos competentes.
5) Dándonos a la constante labor en esta área de preparación.
CUARTO PRINCIPIO
La Predicación De Las Verdades Bíblicas Con Referencias Específicas Al Pensamiento,
Conducta, Emociones, Consciencia Y Voluntad De Nuestros Oyentes Debe Constituir Nuestra
Práctica Continua.
Esto es la aplicación en la predicación. Aplicación es el camino de la cabeza al corazón; es el
puente entre nociones correctas de la verdad bíblica a las emociones apropiadas y a la volición
correcta en vista de la verdad establecida. Aplicación es aquel aspecto de nuestra predicación que
se dirige a nuestros oyentes para hacerles sentir que no sólo estamos diciendo cosas verdaderas
y buenas, pero que también las estamos proclamando a sus corazones. Si la verdad es como un
clavo, la aplicación es el martillo con el cual la verdad es afirmada en el corazón de nuestros
oyentes.
Las Escrituras son claras en este respecto (2 Tim 3:16, 17; 4:2) y tenemos como ejemplos los
sermones de los profetas, apóstoles y nuestro Señor (Isaías 1, 40; Amos 1; Oseas; Mat 21:45; 23;
Juan 14-16; Apo 1-3) y la historia de la Iglesia.
Aunque parezca increíble, necesitamos refutar de la objeción que la aplicación es la obra
exclusiva del Espíritu. Ciertamente la obra del Espíritu es hacer que la aplicación sea percibida
espiritualmente, sea eficaz moralmente, y más extensiva. Pero decir meras generalidades y
confiar en el Espíritu (para suplir nuestra falta de aplicación) es presunción.
Para lograr aptitud en aplicar la Palabra debe existir una práctica continua de las disciplinas de
piedad personal (2 Tim 3:16 con 4:2); debe existir una práctica continua de intimidad pastoral (1
Cor 1:11); debe existir una práctica constante de ejercicio intelectual y debe existir una práctica
constante y diligente en la disciplina de homilética.
Por lo tanto, este aspecto de la preparación de sermones debe ser objeto de ferviente oración
(Mat 7:7), recordemos y consideremos las categorías reales y diversas de personas que escuchan
nuestras predicaciones. Hay tres divisiones mayores de personas invariablemente en cada
servicio: la iglesia y el mundo, los fieles y los hipócritas y los varios niveles de madurez espiritual.
Pero también hay divisiones cronológicas en la congregación y diferencias de vocación.
Recordemos a los guías fieles en aplicación como Mateo Henry, Calvino, los Puritanos, Spurgeon,
Edwards, Ryle.
Sin embargo, no debemos esperar que cada sermón que prediquemos tenga el mismo énfasis
en aplicación. Así que evitemos una estructura predecible, usemos preguntas sabiamente en la
aplicación, estemos preparados para pagar el precio de aplicaciones consistentes y directas y
oremos con esperanza por la ayuda del Espíritu para suplir aplicaciones adicionales durante la
predicación del sermón.
QUINTO PRINCIPIO
La Predicación De Las Verdades Bíblicas Con La Ayuda De Instrumentos De Iluminación
Legítimos Y Sabios Debe Ser Nuestra Constante Labor.
Los instrumentos de iluminación legítimos y sabios son ilustraciones, anécdotas, fábulas,
símbolos, parábolas, movimientos físicos. Su función primaria es clarificar la verdad, en
explicación o aplicación. Pero también tienen funciones secundarias pues muchas veces sirven
para ganar o ganar de nuevo la atención de los oyentes, pueden ser usados para atacar
sorpresivamente las consciencias de los hombres, hacen que los sermones sean más interesantes,
atractivos y ayudan a la memoria.
Pero no sobrecarguemos los sermones con ellos, no los usemos por sí solos; no los usemos a
menos que sea para clarificar la verdad, no los usemos como relleno.
A manera de sugerencia, cuando el sermón ya esté formado, revisémoslo y notemos donde
esos instrumentos sean más necesarios. Analicemos enunciados que pudieran ser hechos más
interesantes, claros y fuertes con la ayuda de tales instrumentos.
SEXTO PRINCIPIO
La Predicación De Las Verdades Bíblicas Con Palabras Comunes, Simples Y Claras Debe
Constituir Nuestra Labor Continua.
Uno de los principios sobre la edificación es que la proclamación debe ser clara:
“Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no
dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la
trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por
la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque
hablaréis al aire. Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos
carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que
habla, y el que habla será como extranjero para mí.” (1 Cor 14:7-11).
La Biblia es revelación no confusión. El mandato de claridad en la predicación se basa en que
es la manera en que Dios habló al dar las Escrituras, es la manera en que nuestro Señor habló y es
la manera en que los profetas y los apóstoles hablaron.
Pero cultivar tal estilo de predicación tiene su precio: El precio de orgullo en elegancia, el
precio de negarnos a nosotros mismos y trabajar duro y el precio de la oposición de colegas en la
religión organizada.
Algunas advertencias son necesarias: No nos formemos un estereotipo de lo que el principio
significa en situaciones reales de predicación, no menospreciemos elegancia cuando ésta sea
apropiada y no confundamos palabras comunes, simples y claras con predicación brusca,
simplista y superficial.
Para ayudarnos en esto estudiemos ejemplos (vivos y muertos, sagrados y seculares); leamos y
volvamos a leer libros de homilética y oremos constantemente sobre las Escrituras.
SÉPTIMO PRINCIPIO
La Predicación De Las Verdades Bíblicas Durante Un Período Razonable Y Apropiado De
Tiempo Debe Ser Nuestra Práctica Continua.
Lo razonable y apropiado del período de tiempo está condicionado a la dinámica del púlpito
(predicador, predicación, congregación y circunstancias externas). Sin embargo, como regla
general, qué tan largo predicamos es regulado más por las disciplinas de nuestro estudio que por
la dinámica del púlpito.
Recordemos que no hay límite de tiempo prefijado para todos los predicadores en toda
circunstancia, pero que si hemos acordado un límite prefijado, lo ético es mantenerlo.
Hay algunos factores requeridos para determinar el período de tiempo razonable y apropiado
para cualquier sermón:
1) Factores en el predicador: medida de su don para mantener la atención (Rom 12:3), medida
de su madurez como predicador y medida de su fortaleza física y mental.
2) Factores en los oyentes: ¿Quiénes son ellos? ¿Cuál es su estado espiritual? ¿Cuál es tu
relación con ellos? ¿Cuáles son las circunstancias externas durante la predicación?
3) Factores en el contenido del sermón.
4) Factores relacionados con la presencia de Dios.
Por lo tanto, si hemos de errar, erremos en ser breves. No seamos hipersensibles a la minoría
de personas descontentas y no espirituales. No seamos demasiado influenciados por el excesivo
entusiasmo de un minoría hambrienta pero insensible y dominemos recursos para ahorrar
tiempo: límite en citas paralelas, citar las Escrituras en lugar de pedir a la congregación que las
busque, omitir material secundario, mantener la guía de las notas de exposición y resúmenes
preparados en cada punto de transición.
Si consideramos algunos problemas prácticos y reales, ¿Qué haremos si en la preparación
intermedia o avanzada el material comienza a expandirse más allá de nuestro plan original?
A) Reformemos nuestras metas para ese sermón en particular.
B) Ejercitemos la disciplina de exclusión.
C) Posiblemente dividamos el sermón en dos o más sermones.
D) Pidamos la paciencia de la congregación desde el principio y prediquemos un sermón largo.
¿Qué haremos si en la predicación el sermón se expande más de lo esperado?
A) Concluyamos el sermón en su clímax.
B) Continuemos el sermón si estamos razonablemente seguros que la congregación está
dispuesta y es capaz de recibir más.
¿ESCRIBIR O NO ESCRIBIR?
Algunos manuales de Homilética son bastante estrictos con respecto a la respuesta que dan a
esta pregunta, pero la verdad es que no hay una ley de los medos y persas con respecto a si se
tiene que escribir o no el sermón, o cuanto debe ser escrito.
Ciertamente si aceptamos los principios bíblicos generales sobre la máxima edificación (1 Cor
14:12, 26b); sobre la máxima exactitud (2 Tim 2:15); sobre un manifiesto progreso (1 Tim 4:12-
15) y sobre la libertad espiritual (1 Tes 5:19), entonces consideremos lo siguiente:
Una composición escrita detallada:
1) Nos lleva a laborar por claridad de expresión.
2) Nos lleva a eliminar enunciados vanos.
3) Nos lleva a ejercitar los aspectos difíciles del arte retórico.
4) Nos ayuda en la fijación mental.
5) Provee fundación para el uso futuro y extenso de un discurso impreso.
6) Provee generalmente facilidad para escribir.
7) Puede ser un medio de gracia para aliviar excesiva ansiedad.
Pero, por el otro lado, una composición detallada:
1) Estorba la libertad mental y verbal.
2) Produce una fuente equivocada de dependencia.
3) Promueve retórica por su propia causa.
4) Nos hace vulnerables a bosquejos demasiado complejos.
5) Puede engañarnos acerca de su verdadera sustancia.
6) Puede causar un mal uso de tiempo.
7) Promueve un marco demasiado rígido como para laborar con libertad.
Puesto que la verdad radica en ambos lados del asunto, debemos reconocer factores
específicos que deben regular nuestra propia decisión en este asunto:
1) Don nativo de expresión.
2) Don cultivado de expresión.
3) Peligros prácticos personales.
4) Circunstancias especificas del ministerio de cada uno.
5) Demandas concretas de nuestro tiempo.
6) Nuestra edad y experiencia.
7) Entrenamiento ministerial.
Al fin, “¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero
estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.” (Rom 14:4). En esta área
tenemos libertad, es una de tantas cosas indiferentes, así que consideremos esos siete factores en
cada uno de nosotros (Rom 12:3) y tengamos paz en la decisión que tomemos.
LECCIÓN: 20
EXPOSICIÓN: PREPARACIÓN PARA PREDICAR
INTRODUCCIÓN
La mayoría de los tratados sobre la predicación concuerdan en analizar el sermón en tres
partes: introducción, cuerpo (argumento) y conclusión. Para delinear los pasos prácticos en la
preparación de sermones, consideráremos cada una de esas partes por orden.
LA INTRODUCCIÓN
La introducción es el aperitivo del sermón, dirige la mente de nuestros oyentes al asunto de
nuestro sermón, aviva el interés de nuestros oyentes por el asunto de nuestro sermón, aviva los
afectos de nuestros oyentes por el asunto de nuestro sermón y algunas veces asegura la buena
voluntad y recepción de los oyentes hacia uno como persona y como predicador.
Para formar la introducción sugerimos las siguientes guías:
A) No debemos tratar de crearla sino hasta que la mayor parte del sermón (cuerpo) se haya
considerado completamente.
B) Debe ser de carácter pertinente o adecuado para el tema o sustancia del sermón.
C) No permitamos que robe la sustancia del sermón.
D) Mantengámosla modesta y realista.
E) Mantengámosla lo más corta posible.
F) Hagámosla lo más interesante posible.
Hay algunas fuentes selectas para obtener introducciones:
A) Las razones por las que tomamos el tema.
B) El contexto del texto.
C) Un repaso de los puntos de la serie.
D) Un uso adecuado de un instrumento literario.
Pero algunas exhortaciones son necesarias:
A) No debemos ahorrar energía mental en esta tarea.
B) No debemos caer en la monotonía.
C) No debemos tratar de ser demasiado elegantes o dramáticos.
D) Aprendamos observando y practicando.
E) Debemos escribir o memorizar, como regla general, la introducción.
EL CUERPO
El cuerpo del sermón, llamado también argumento o discusión del sermón, varía según el tipo
de sermón.
Así para el sermón temático debemos recordar las metas de este tipo de sermón:
(1) Presentar de una manera correcta y balanceada nuestro tema bíblico.
(2) Demostrar la verdadera base bíblica de nuestro tema.
(3) Aplicar nuestro tema al mundo real de nuestros oyentes.
Si vamos a lograr estas tres cosas, entonces debemos ejercitarnos en las siguientes disciplinas
esenciales, y específicamente en los siguientes pasos preliminares:
(A) Orar fervientemente por la ayuda del Espíritu Santo (Stg. 1:5).
(B) Adquirir un conocimiento amplio del tema: Por medio de concordancias, diccionarios
bíblicos, teológicos o enciclopédicos, teologías sistemáticas, colecciones de temas teológicos
como confesiones, catecismos, sus exposiciones, y especialmente una lectura rápida del NT,
las Epístolas o Proverbios.
(C) Debemos anotar y registrar los textos principales o las presentaciones mayores de nuestro
tema.
(D) Debemos exponer cuidadosamente los textos claves que servirán como base de nuestro
argumento.
Después de llevar a cabo esos pasos preliminares, debemos:
(A) Reducir el material a un bosquejo básico para su predicación: Definición, textos claves y
aspectos mayores.
(B) Formar los encabezados y seleccionar los textos claves que serán explicados bajo cada
punto.
(C) Para seleccionar los textos claves, consideremos cuáles son adecuados para una exposición
breve, hagamos una selección con fundamento bíblico-teológico, determinemos si existen
prejuicios contra esos textos (lo que aumentará la dificultad de exposición), indaguemos
sobre el conocimiento de esos textos y usemos aquellos con valor comprobado.
(D) Cuidadosamente planear la manera de exponer (exégesis) esos textos.
(E) Si es una serie, marcar las divisiones del tema.
Después de esos pasos intermedios, finalmente:
(A) Añadamos ilustraciones.
(B) Deduzcamos aplicaciones.
(C) Editemos transiciones.
Como consejos prácticos, recordemos que no debemos atarnos a estos pasos, debemos poder
adaptarnos al momento de predicar. No debemos paralizarnos buscando ser exhaustivos en
nuestro tema y no sobrecarguemos el sermón con demasiado de algún elemento, aunque éste sea
bueno.
Para el sermón textual su argumento se forma recordando sus metas:
(1) Una explicación del contexto del texto, que debe ser caracterizada por exactitud, claridad y
brevedad. Recordemos que la extensión de la explicación está determinada por el texto
mismo (el contexto quizás fue explicado en la introducción).
(2) Una explicación convincente del significado de las palabras en el texto.
(3) Una articulación del mensaje del texto.
(4) Una aplicación del mensaje constante del texto.
Igualmente, si vamos a lograr estas metas, necesitamos disciplinarnos en algunos pasos
iníciales:
(A) Ferviente oración por la ayuda del Espíritu Santo.
(B) Lectura repetida y con atención del texto en su contexto nativo.
(C) Análisis cuidadoso del texto mismo (Hermenéutica y Exegética)
(D) Conserva delante de ti en escrito el fruto de tu estudio, pensamiento, bosquejo,
aplicaciones.
Después continuemos con los pasos intermedios:
(A) Reducir el material a sus divisiones naturales: Fundamento y estructura.
(B) Ordenar sabiamente las divisiones.
(C) Articular cuidadosamente las divisiones
Finalmente:
(A) Incorpora las ilustraciones.
(B) Deriva las aplicaciones.
(C) Incorpora las conexiones y transiciones.
Hay algunas sugerencias sobre la construcción de la discusión o argumento de un sermón
textual:
(1) Busca estar bajo la influencia de una variedad de buenos modelos de predicación textual.
(2) Continuamente lee esos autores que han escrito sobre el tema de predicación textual.
(3) Recibe y sensatamente escucha la opinión de críticos competentes acerca de tus esfuerzos.
Para un sermón expositivo, el cuerpo o argumento toma su forma de las metas propuestas en
la discusión de un sermón expositivo:
(1) Explicación del pasaje que constituye el texto del sermón en particular.
(2) Demostración de su conexión con el argumento entero, mensaje o énfasis del contexto
mayor.
(3) Articulación de sus principios de la verdad.
(4) Aplicación de su mensaje constante a nuestros oyentes.
Así que ejerceremos los medios necesarios para alcanzar esas metas, e inicialmente:
(A) Rogaremos fervientemente por la ayuda del Espíritu Santo.
(B) Haremos una investigación preliminar completa del libro que será expuesto por medio de
leer el texto que nos proponemos explicar cuidadosa y repetidamente, y por medio de
consultar Introducciones ortodoxas comprobadas, comentarios, diccionarios bíblicos e
historias.
(C) Sabiamente escogeremos los límites del texto específico para cada sermón de la serie por
medio de:
- Considerar las marcas de párrafos.
- Considerar la riqueza de contenido de ideas del texto.
- Considerar los pensamientos del texto en relación a las circunstancias presentes de la
congregación.
- Considerar nuestra comprensión y experiencia presentes.
- Considerar la construcción gramática.
- Considerar la necesidad de unidad del discurso.
- Considerar la edificación general de todos los oyentes.
- Considerar nuestra habilidad presente de predicar.
(D) Cuidadosamente analicemos el lenguaje del texto.
(E) Cuidadosamente busquemos comprender la carga del texto.
Después de esto, como pasos intermedios debemos:
(A) Reducir el material a sus divisiones naturales.
(B) Sabiamente organizar esas divisiones.
(C) Cuidadosamente articular las divisiones.
Y finalmente:
(A) Crear ilustraciones.
(B) Derivar aplicaciones.
(C) Crear conexiones y transiciones.
Algunas sugerencias para este tipo de sermón:
(A) Continuamente busquemos exponernos a varias formas de predicación expositiva: en
literatura comprobada y en ministerios obviamente bendecidos por Dios.
(B) Continuamente leamos literatura sobre este tema.
(C) Consistentemente busquemos la evaluación de críticos competentes acerca de nuestros
esfuerzos.
(D) No cesemos de trabajar sólo porque el trabajo es duro, o porque fallemos en nuestros
esfuerzos de predicar expositivamente.
(E) No olvidemos que la mayoría de los beneficios de la predicación expositiva son
acumulativos y de largo plazo.
LA CONCLUSIÓN
Aunque parezca increíble, algunos predicadores parecen haber olvidado que sus sermones
tienen que tener conclusión: un sermón sin conclusión lógica es un monstruo y fenómeno que
debe dejar de existir. En la conclusión traemos no sólo el final pero proveemos el lugar para
afirmar en los corazones y conciencias de nuestros oyentes el mensaje que hemos predicado.
Por lo tanto, consideremos las tres metas de la conclusión:
A) Afianzar en la mente de nuestros oyentes el contenido esencial del sermón.
B) Aplicar a la mente de nuestros oyentes el impacto moral del sermón.
C) Apelar a la conciencia y voluntad de nuestros oyentes a la obediencia de las demandas del
sermón.
Para obtener esas metas usemos los siguientes medios:
A) Recapitulación.
(1) Con brevedad.
(2) Restringiéndonos al material cubierto.
(3) Con claridad.
(4) Con orden climático.
B) Inferencia.
C) Delineaciones específicas de las demandas de la verdad considerada.
D) Llamado directo a la consciencia y voluntad.
Algunas direcciones prácticas para la construcción de la conclusión:
(A) Construyamos una conclusión que realmente concluya el sermón.
(B) Laboremos bajo la restricción del principio de exclusión.
(C) Escojamos un método de conclusión que asume un estado climático de las emociones y
pasiones.
(D) No evitemos la labor que implica una conclusión bien preparada.
(E) No seamos demasiado extensos en nuestra conclusión.
(F) No nos esclavicemos a un solo método o patrón de conclusión.
(1) Variemos el lugar de los elementos en la conclusión.
(2) Variemos el punto de énfasis en la conclusión.
(3) Variemos el patrón emocional de la conclusión.
LECCIÓN: 21
EXPOSICIÓN: EL ACTO DE PREDICAR
INTRODUCCIÓN
Como principio fundamental a nuestro esfuerzo por predicar debemos afirmar que el fin o
meta de todos los elementos de la predicación debe ser la gloria de Dios y el bien de los hombres
para su salvación y edificación.
Las implicaciones de la Escritura son claras, con respecto a que la predicación debe ser para la
gloria de Dios, leemos:
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” (1 Cor 10:31)
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores
de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno
ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por
Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pedro
4:10, 11)
“Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. Porque el Hijo de Dios,
Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha
sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén,
por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2 Cor 1:18-20)
Con respecto a que la predicación debe ser para el bien espiritual de los hombres, leemos:
“Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para
que de todos modos salve a algunos.” (1 Cor 9:22)
“¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el
espíritu, pero cantaré también con el entendimiento. Porque si bendices sólo con el espíritu, el
que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que
has dicho. Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado. Doy gracias a Dios
que hablo en lenguas más que todos vosotros; pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras
con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua
desconocida.” (1 Cor 14:15-19)
Si aceptamos y afirmamos este principio ad maioren Dei gloria et Bonum hominis, entonces
seremos inmunizados contra la falsa culpa muchas veces implicada en esfuerzos conscientes por
cultivar una predicación eficaz. Además veremos como sacrilegio la pereza pecaminosa y el
fatalismo paralizante que estorban esos esfuerzos conscientes por ser mejores predicadores.
EL EJEMPLO DE CRISTO
“Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les
enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (Mat 7:28, 29) – nuestro Señor no
sólo es ejemplo del contenido de Su enseñanza pero también de la forma de Su enseñanza:
“porque les enseñaba como”
EL EJEMPLO DE LOS APÓSTOLES
“Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del
vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.” (Hch 4:13)
“Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera
que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.” (Hch 14:1)
En ambas referencias el énfasis recae sobre la forma de la predicación de los apóstoles.
CONVICCIÓN
Si estamos convencidos que debemos seguir esos ejemplos bíblicos, entonces tal convicción se
demostrará en nuestra predicación actual – cuando predicamos decimos actualmente lo que
pensamos de la predicación: exégesis, hermenéutica y homilética deficientes en nosotros se
traduce en una deficiente opinión sobre la predicación en nosotros.
Por lo tanto, consideremos las implicaciones prácticas del principio fundamental sobre la
predicación (ad maioren Dei gloria et Bonum hominis) bajo los encabezados de nuestra
predicación ante Dios, nuestra predicación ante nosotros mismos, nuestra predicación ante
nuestros oyentes, nuestra predicación ante el manuscrito de nuestro sermón y nuestra
predicación ante el contexto físico [ANM].
ANTE DIOS
En el acto de predicar debemos cultivar la conciencia de estar ante los ojos de Dios:
“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de
nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor
de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para
muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Pues no
somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como
de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.” (2 Cor 2:14-17)
La frase clave para este punto es obviamente “delante de Dios” – lit. “en la presencia de Dios”
[katenw,pion tou/ qeou/].
Por lo tanto también debemos cultivar la conciencia de que vamos al juicio de Dios:
“Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios
de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. Yo en muy
poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo.
Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es
el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará
también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada
uno recibirá su alabanza de Dios.” (1 Cor 4:1-5)
Al cultivar esta conciencia nos curaremos e inmunizaremos contra el temor de los hombres, el
mero cumplir nuestra vocación, y además nuestro ministerio será marcado por urgencia y por un
propósito ferviente.
Debemos también cultivar la conciencia que el ministerio es un llamado a ser embajador y
heraldo de Dios, y esto por don de Cristo:
“Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel,
poniéndome en el ministerio,” (1 Tim 1:12)
“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros;
os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” (2 Cor 5:20)
Unidad 16 Exposición: El Acto de Predicar 125
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros,
pastores y maestros,” (Efe 4:11)
“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien
no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique [heraldo - khru,ssontoj]?” (Rom 10:14)
Si esto es así, debemos cultivar la conciencia de que la predicación es el instrumento escogido
por Dios, inmutablemente relevante para alcanzar el principio fundamental:
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a
nosotros, es poder de Dios… Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios
mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.” (1 Cor
1:18, 21)
ANTE NOSOTROS MISMOS
Hemos ya establecido que el contexto de la predicación es la edificación de nuestros oyentes (1
Cor 14:32), a esto debemos añadir que en la predicación debemos demostrar la gracia de control
de nosotros mismos que es una de las virtudes cristianas y que por lo tanto debe ser
ejemplificada por los predicadores:
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza [dominio propio - evgkra,teia]; contra tales cosas no hay ley.” (Gal 5:22, 23)
Esto implica que hay una demanda legítima sobre nosotros a que analicemos críticamente y
nos esforcemos conscientemente a corregir, cultivar y mejorar nuestra predicación.
Este esfuerzo no se llevará a cabo – conscientemente – en el púlpito, pues allí debemos
olvidarnos de nosotros mismos, todo nuestro ser concentrado en la tarea ante nosotros.
El punto es el llamado paulino: “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu
aprovechamiento sea manifiesto a todos.” (1 Tim 4:15)
De esto se desprenden algunas observaciones prácticas:
(1) Nuestra apariencia física no erosionará la confianza de nuestros oyentes ni estorbará
nuestra habilidad de predicar óptimamente.
(2) Nuestro atuendo mostrará compatibilidad cultural, modestia cristiana, sensibilidad
estética y flexibilidad santificada.
(3) Nuestro cuidado personal será apropiado a nuestro llamamiento.
(4) Nuestra postura reflejará dignidad, certidumbre, modestia y compatibilidad.
(5) Nuestra expresión facial será caracterizada por sobriedad, gozo, confianza en Dios y buena
voluntad hacia los hombres.
En breve, aunque no podemos dar reglas que nieguen la libertad de cada uno, como
predicadores seremos caballeros Cristianos dignos.
Pero no es sólo nuestra presentación externa la que debemos cuidar, sino que debemos
reconocer que en el acto de predicar nuestras emociones juegan un importante papel – es
nuestra obligación cultivar, controlar y expresar apropiadamente nuestras emociones. Nuestras
emociones, aunque marcadas por la caída en pecado, continúan siendo parte de la imagen de
Dios en nosotros, y siendo parte de nuestra constitución espiritual deben encontrar expresión
apropiada en nuestro ministerio.
Cada uno debe hacer un juicio justo e imparcial del carácter emotivo de su persona y
conscientemente cultivar esas emociones que ayudan en la predicación, y al mismo tiempo
reconocer conscientemente que nuestras emociones pueden ir más allá de la capacidad de
recepción de nuestros oyentes, y que a causa de pecado, nuestras emociones pueden florecer en
tiempos y lugares equivocados. Otra consideración es que el ejercicio emocional es
particularmente agotador para el predicador.
Uno de los aspectos de nuestra humanidad al cual debemos dar especial atención es a nuestra
habilidad de comunicación verbal. Aunque en relación a la sustancia de nuestro mensaje, nuestra
voz es de importancia secundaria; y aunque en relación al carácter espiritual del predicador,
nuestra voz sigue siendo de importancia secundaria; sin embargo, con respecto a la mecánica del
acto de predicar nuestra voz es de suprema importancia.
Esto nos lleva a considerar:
Primero, cualquier enseñanza u opinión que ponga la capacidad verbal o retórica en primer
lugar no es bíblica.
Segundo, cualquier enseñanza u opinión que ignore la importancia relativa de nuestra
capacidad verbal tampoco es bíblica.
En práctica la implicación es que debemos usar todo nuestro poder verbal dado por Dios para
el servicio del ministerio de la Palabra. Debemos cultivar y perfeccionar nuestro rango vocal,
nuestro volumen o fuerza vocal, nuestra claridad, nuestro tempo (ritmo), énfasis e intensidad.
Por lo tanto, debemos:
(1) Evitar toda afectación vocal (contra nuestra naturaleza).
(2) Corregir toda distracción vocal posible.
(3) Cultivar el volumen suficiente para ser oídos con poder y comodidad.
(4) Cultivar una variedad de tonos, paso, intensidad y volumen.
(5) Cultivar claridad de vocalización y correcta pronunciación.
Para lograr esto debemos buscar ejercitar nuestra habilidad vocal por medio de :
(1) Ejercitar nuestras cuerdas vocales.
(2) Ejercitar nuestro cuerpo regularmente.
(3) Incrementar nuestra capacidad pulmonar.
(4) Evitar el uso de sistemas de audio en auditorios pequeños.
(5) Aceptar la ayuda de críticos competentes y cuidar nuestra capacidad vocal adecuadamente
(salud física).
Finalmente, en el acto de predicar no podemos ignorar nuestros movimientos físicos o
corporales. No hay razón para parar aquí y demostrar la legitimidad de este tema, debe ser
suficiente recordar que no somos espíritus sin cuerpo y que nuestro cuerpo demuestra nuestro
estado espiritual y refleja el énfasis interior de nuestra persona.
En la predicación no tenemos una regla general que cubra todo el universo de posibilidades,
pues hay una diversidad y variedad en los movimientos corporales legítimos, pero sí podemos
considerar algunos principios importantes (que son implicaciones del principio establecido:
edificación y control de uno mismo):
(1) Debemos ser nosotros mismos y no afectar mímica.
(2) Nunca debemos premeditar algún movimiento corporal, mucho menos forzarlo en el
momento de la predicación.
(3) Evitemos todo movimiento corporal que distraiga la atención del mensaje: gestos
nerviosos, acciones incongruentes, acciones grotescas y forzadas.
ANTE NUESTROS OYENTES
La predicación es una actividad dinámica entre el predicador y la congregación – y debemos
esforzarnos por obtener y mantener esa empatía entre nosotros y la congregación. Algunas
sugerencias:
(1) Dominemos el contenido esencial, estructura e ímpetu del sermón.
(2) Seamos dominados por las verdades bíblicas e implicaciones prácticas del sermón.
(3) Establezcamos sensibilidad consciente con la congregación:
(A) Abriendo nuestro corazón a ellos.
(B) Manteniendo contacto visual con ellos a través del sermón.
(4) Obtengamos y mantengamos su atención firme:
(A) Hablando en una manera sencilla, desafectada y franca.
(B) Usando juiciosamente la pausa y herramientas retóricas.
(C) Apelando y reprendiendo a veces a los faltos de atención.
ANTE NUESTRO MANUSCRITO
Asumiendo que llevamos nuestro material escrito al púlpito, podemos dar las siguientes
sugerencias:
(1) Nunca leamos el manuscrito completo desde el púlpito.
(2) Busquemos por lograr llevar una sola página con el bosquejo de nuestro sermón.
(3) Fijemos la vista en nuestras notas sólo cuando sea absolutamente necesario.
(4) Veamos nuestro manuscrito en esos tiempos cuando sea lo menos posible que
interrumpamos la dinámica con la congregación:
(A) Cuando ocurra una pausa natural.
(B) Cuando estén buscando un pasaje.
(5) Posicionemos nuestro manuscrito directamente en línea con la congregación.
(6) Laboremos continuamente en cultivar la habilidad de predicar extemporáneamente.
En relación a las citas o referencias de autores humanos en nuestro sermón:
(1) Que sean infrecuentes.
(2) Tengamos las citas ante nosotros (para evitar errores de memoria).
(3) Dominemos su contenido antes de usarlas.
(4) Evitemos lenguaje arcaico.
ANTE EL CONTEXTO FÍSICO
Puesto que no estamos predicando a espíritus sino a personas de carne y hueso; y puesto que
Satanás usará todo medio para estorbar la predicación de la Palabra y puesto que en todas las
cosas debemos reflejar la bondad y orden de nuestro Padre celestial, entonces:
El lugar de la predicación (usualmente un púlpito o plataforma) debe estar posicionado en un
lugar visible, de altura apropiada y con iluminación suficiente – debe servir para lo que ha sido
creado y no estorbar el acto de la predicación.
Los asientos de la congregación deben ser ideados para el mayor confort físico, mayor
visibilidad entre predicador y oyentes, menos distracción posible y mejor uso del lugar
disponible.
Si es posible, se debe mejorar la acústica y usar sistemas de sonido sólo cuando sea necesario y
de una manera juiciosa.
LECCIÓN: 22
CONCLUSIÓN
INTRODUCCIÓN
Ahora se cumple el proverbio: los últimos serán los primeros. Fue difícil encontrar un orden a
estas lecturas, pues muchas de ellas asumen otras que a su vez asumen a esas mismas, y el tema
que deseo cubrir a manera de conclusión es tan importante que quizá debe ser repetido antes y
después de cada lectura sobre exégesis y exposición.
Sin embargo, creo que puedo concluir de esta manera, pues muchas veces por énfasis se pone
al final lo más importante. Es mi sincero deseo que el comentario del maestresala se cumpla por
la gracia de Dios al final de este curso:
“Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior;
mas tú has reservado el buen vino hasta ahora.”
En esta última lectura deseo que veamos el Espíritu Santo y la Obra del Ministerio de la
Palabra, Preparación Personal para Predicar, y Consejos Diversos (Preparación y Biblioteca
Ministerial).
EL ESPÍRITU SANTO Y LA OBRA DEL MINISTERIO DE LA PALABRA
CONFESIÓN 1.5, 6
“El testimonio de la Iglesia de Dios puede movernos e inducirnos a tener una alta y reverente
estima por las Santas Escrituras; y el carácter celestial del contenido, la eficacia de la doctrina, la
majestad del estilo, la armonía de todas las partes, el fin que se propone alcanzar en todo su
conjunto (que es el de dar toda la gloria a Dios), la plena revelación que dan del único camino de
salvación para el hombre, y muchas otras incomparables excelencias y plenas perfecciones de las
mismas, son argumentos por los cuales dan abundante evidencia de ser la Palabra de Dios. A
pesar de ello, sin embargo, nuestra plena persuasión y certeza de su verdad infalible y su
autoridad divina provienen de la obra interna del Espíritu Santo, quien da testimonio en nuestros
corazones por medio de la Palabra y con ella.”
“Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria, la salvación
del hombre, la fe y la vida, está expresamente expuesto o necesariamente contenido en la Santa
Escritura; a la cual nada, en ningún momento, ha de añadirse, ni por nueva revelación del Espíritu
ni por las tradiciones de los hombres.
Sin embargo, reconocemos que la iluminación interna del Espíritu de Dios es necesaria para un
entendimiento salvador de aquellas cosas que están reveladas en la Palabra, y que hay algunas
circunstancias tocantes a la adoración de Dios y al gobierno de la Iglesia, comunes a las acciones
y sociedades humanas, que han de determinarse conforme a la luz de la naturaleza y de la
prudencia cristiana, según las normas generales de la Palabra, que han de guardarse siempre.”
¿Puede un incrédulo entender la Escritura? Un incrédulo puede entender la palabra escrita, su
gramática, su sentido, su historia, inclusive su teología – pero no puede entenderla
salvíficamente, pues carece de “plena persuasión y certeza de su verdad infalible y su autoridad
divina” pues carece de “la iluminación interna del Espíritu de Dios.”
1 COR 2:14
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son
locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”
El hombre natural es el incrédulo – tal persona no puede entender las cosas que son del
Espíritu (incluye la Biblia) – pues para él son locura. La palabra traducida “locura” [LBA
“necedad” mwri,a] tiene que ver con la consideración que el incrédulo hace de las cosas del
Espíritu no que no las pueda entender (externa y superficialmente), sino que el incrédulo las
considera “necedad”.
El apóstol añade “no las puede entender” [kai. ouv du,natai gnw/nai] este entendimiento no es
el externo y superficial (mental) sino el entendimiento espiritual pues el mismo apóstol dice
“porque se han de discernir espiritualmente” [o[ti pneumatikw/j avnakri,netai] que implica una
evaluación espiritual.
Esta última palabra “espiritualmente” [pneumatikw/j] se usa una segunda vez en la Biblia, en
Apo 11:8 “Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se
llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado.”
El asunto es que el incrédulo puede tener una comprensión mental pero no puede tener una
comprensión espiritual – no puede entender la Palabra espiritualmente.
MARCOS 9:32
“Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.”
Aquí tenemos un contexto diferente, pues “ellos” se refiere a los discípulos, ya creyentes, pero
ellos no entendieron lo que Jesús les acaba de decir en v. 31. No es que ellos no entendieran las
palabras de Jesús, ciertamente ellos entendían su lenguaje, las palabras que uso, y la información
que les dio – pero algo más estaba ocurriendo: Lucas nos cuenta:
“Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y
temían preguntarle sobre esas palabras.” (9:45)
De todas las interpretaciones sugeridas con respecto a quién les veló el entendimiento, la
mejor es que Dios mismo lo hizo. Con respecto a con qué propósito lo hizo, no lo sabemos a
ciencia cierta, posiblemente la comprensión completa esperaba la venida del Espíritu Santo:
“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga
el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino
que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Juan 16:12-13)
Este texto nos muestra una realidad: que aún los discípulos a veces no entendemos la Palabra.
Pero ya estamos a este lado de Pentecostés y por lo tanto podemos pedir por la obra de
iluminación del Espíritu.
EL EFECTO DEL PECADO
La Caída en pecado afectó la humanidad completa del hombre, no hay aspecto ni parte de su
constitución que no haya sido afectado por el pecado. En relación a este tema, su entendimiento
está entenebrecido.
Con respecto a los incrédulos, sus ojos están velados, sus oídos tapados y su corazón es de
piedra – están muertos en delitos y pecados.
Con respecto a creyentes, nuestro entendimiento espiritual continúa dependiendo de la obra
del Espíritu Santo – así como requirió Su obra inicial.
TÉRMINOS CLAVES
Una de las dificultades en este tema es distinguir los términos claves: inspiración, revelación e
iluminación. Exégesis y Exposición: Conclusión 130
Cuando hablamos de la obra del Espíritu Santo en el ministerio de la Palabra no nos estamos
refiriendo ni a inspiración ni a revelación.
Inspiración es la obra de Dios por Su Espíritu Santo al comunicar Su Palabra a los escritores de
la Biblia y capacitarlos para escribir esa Palabra sin error alguno. Hablamos por eso de la
inspiración inerrante e infalible de las Escrituras. Al cerrarse el Canon con la última palabra
escrita por Juan en el Apocalipsis, ya no ocurre más inspiración. (2 Ped 1:20-21)
Revelación es el conocimiento que Dios da de Sí mismo a Sus criaturas. Es doble, hay
revelación natural y revelación especial. Todos tienen revelación natural por medio de las cosas
creadas, pero la revelación especial es la Palabra de Dios escrita. (Rom 1:19, 20; 3:1, 2)
Iluminación es también doble. En iluminación inicial el Espíritu Santo regenera nuestras
mentes de manera que podemos entender las cosas de Dios. En la vida del creyente iluminación
es el ministerio del Espíritu por el cual podemos entender el significado de la Escritura.
La iluminación no es lo mismo que revelación o inspiración. Iluminación no comunica ninguna
nueva verdad divina sino que nos capacita para entender la revelación inspirada de Dios.
Si esto es así, y lo es, entonces necesitamos la obra de Iluminación del Espíritu si es que
nosotros hemos de entender la Biblia y nuestros oyentes han de entender la Palabra predicada.
No tenemos tiempo de leer todo el Salmo 119, pero allí nos encontramos al salmista orando
por iluminación:
12 Bendito tú, oh Jehová; Enséñame tus estatutos.
18 Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.
19 Forastero soy yo en la tierra; No encubras de mí tus mandamientos.
26 Te he manifestado mis caminos, y me has respondido; Enséñame tus estatutos.
27 Hazme entender el camino de tus mandamientos, Para que medite en tus maravillas.
33 Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, Y lo guardaré hasta el fin.
34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón.
64 De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra; Enséñame tus estatutos.
68 Bueno eres tú, y bienhechor; Enséñame tus estatutos.
108 Te ruego, oh Jehová, que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca, Y me
enseñes tus juicios.
124 Haz con tu siervo según tu misericordia, Y enséñame tus estatutos.
125 Tu siervo soy yo, dame entendimiento Para conocer tus testimonios.
135 Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, Y enséñame tus estatutos.
144 Justicia eterna son tus testimonios; Dame entendimiento, y viviré.
169 Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; Dame entendimiento conforme a tu palabra.
171 Mis labios rebosarán alabanza Cuando me enseñes tus estatutos.
El gran teólogo Puritano John Owen tiene mucho que decir sobre el v. 18, pero consideren lo
siguiente:
“1. Aquello que es el objeto de lo orado por entendimiento, en el conocimiento de lo cual el
Salmista desea ser iluminado, es… la Ley… todos los libros que habían sido dados a la Iglesia
por revelación para ser la regla de su fe y obediencia.”
“2. En esa Ley hay “cosas maravillosas”… las cosas maravillosas de la Escritura son esos
misterios de la verdad divina, sabiduría, y gracia, que son revelados y contenidos en ella, con
respecto, especialmente, a Jesucristo.”
“3. Tres cosas son incluidas en las palabras acerca de esas “cosas maravillosas”: que fueron
registradas que es nuestra obligación el discernirlas y que no somos capaces de hacerlo por
nosotros mismos”
“4. Esta implicada en las palabras una acción de Dios hacia nosotros, por la cual Él nos capacita
a mirar, discernir y entender los efectos maravillosos de la sabiduría divina que son
atesorados en la Escritura, y por lo cual el salmista ora…”
LUCAS 24:45
“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;”
Es el Espíritu de Cristo quien ilumina nuestro entendimiento. Aquí Lucas describe la obra de
iluminación por medio de la frase “abrir el entendimiento” y el resultado de la iluminación es
“comprender las Escrituras”.
EFESIOS 1:17-18
“para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y
de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que
sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia
en los santos,”
Esta es una de tantas oraciones que Pablo hace por los creyentes. Aquí él pide por “Espíritu de
sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él” y que Él “alumbre los ojos de vuestro
entendimiento” con el propósito de “sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles
las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,”
Nuestra versión (RV60 y LBA) ha traducido “espíritu” indicando un estado mental o actitud,
pero concuerdo con Charles Hodge que el apóstol se refiere al Espíritu Santo (la palabra
pneu/ma puede indicar tanto espíritu como Espíritu), escuchen sus comentarios:
“Por pneu/ma sofi,aj, el Espíritu de sabiduría, debe ser entendido el Espíritu Santo y no
meramente un estado mental que consiste en sabiduría. Es verdad que la palabra “espíritu” es
algunas veces usada en perífrasis expresivas de actos o estados mentales. Como en 1 Cor 4:21
“espíritu de mansedumbre” y 2 Cor 4:13 “espíritu de fe”, es decir, la misma confianza. Pero en el
caso presente la primera interpretación debe ser preferida.
1. Porque el Espíritu Santo es constantemente reconocido como la fuente de todo
conocimiento correcto; y
2. Porque la analogía de la Escritura está a favor de esta opinión del pasaje.
En tales pasajes como siguen la palabra “espíritu” evidentemente debe ser entendida del
Espíritu Santo: Juan 15:26 “Espíritu de verdad;” Rom 8:15 “Espíritu de adopción;” [corregir RV60
y LBA] comp. Gal 4:6 “Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba,
Padre!” 1 Tes 1:6 “gozo del Espíritu Santo;” Rom 15:30 “amor del Espíritu;” Gal 5:5 “nosotros por
el Espíritu aguardamos…” El Espíritu Santo es el Autor de esa sabiduría de la cual el apóstol habla
tan plenamente en 1 Cor 2:6-10; y que él describe, primero negativamente como no de este
mundo, y luego afirmativamente como la sabiduría oculta de Dios que Él ha revelado por el
Espíritu para nuestra gloria. Es el sistema entero de la verdad divina que constituye el Evangelio.
Aquellos que tienen esta sabiduría son los sabios.
Hay una doble revelación de esta sabiduría, una externa por inspiración o a través de hombres
inspirados; la otra interna por iluminación espiritual. De ambas habla el apóstol en 1 Cor 2:10-16
y ambas son traídas a consideración aquí. Comp. Fil. 3:15. Por avpokalu,yewj, revelación, por lo
tanto, en este pasaje no debe ser entendido el conocimiento de eventos futuros, ni el don
profético, ni inspiración. Es algo que todos los creyentes necesitan y deben orar por. Es esa
manifestación de la naturaleza o excelencia de las cosas de Dios, que el Exégesis y Exposición:
Conclusión 132
Espíritu da a todos lo que son espiritualmente iluminados, y de lo que nuestro Salvador habló
cuando dijo en referencia de los creyentes: “Todos serán enseñados por Dios.” (C. Hodge on loc).
CONCEPTOS EQUIVOCADOS SOBRE LA ILUMINACIÓN
Iluminación no significa que podamos saber todo acerca de Dios (Deu 29:29; Rom 11:33);
tampoco significa que no necesitemos maestros humanos (algunos mal interpretan 1 Juan 1:27
pero vean Efe 4:11-13); tampoco significa que se entenderán cosas más allá de lo que dice la
Biblia; ni significa que no tengamos necesidad de estudiar diligentemente (2 Tim 2:7 y 15).
Algunos niegan la obra de iluminación arguyendo que la existencia de diferencias entre
cristianos (con respecto a doctrina y práctica) implica que no hay tal obra en los cristianos – pero
la realidad es que sí hay pasajes difíciles de interpretar; todos interpretamos con
presuposiciones; ni uno de nosotros está al mismo nivel en madurez ni conocimiento y todos
continuamos siendo afectados por el pecado.
Les recomiendo para su lectura Institutos de Calvino I.7-9
PREPARACIÓN PERSONAL PARA PREDICAR
Al hablar de la preparación personal para predicar me estoy dirigiendo al aspecto espiritual de
la vida del predicador. Sin embargo deseo evitar una falta de balance en la presentación por
medio de reconocer que como predicadores laboramos con toda nuestra humanidad y no
meramente con nuestras almas o espíritus. El estado físico, emocional, familiar, congregacional,
etc., del predicador efectivamente afectará su predicación. Pero, como este tema se trata mejor en
el área de teología pastoral, sólo nos limitaremos al aspecto de la vida espiritual del predicador.
Que debemos considerar este tema debe ser evidente de, por lo menos, dos textos claves:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por
obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.” (Hch 20:28)
“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti
mismo y a los que te oyeren.” (1 Tim 4:16)
No vamos a tomar el tiempo de examinar los diversos contextos de esos dos versículos, sólo
quiero enfatizar el mandato apostólico que viene a nosotros como ministros del evangelio en
referencia al cuidado espiritual de nosotros mismos.
En Hch 20:28 el apóstol manda a los ancianos de la iglesia en Efeso con estas solemnes
palabras: “mirad por vosotros [LBA Tened cuidado de vosotros prose,cete ou=n e`autoi/j].” El
término clave (prose,cete verbo imperativo presente activo 2 persona plural de prose,cw)
significa aquí estar en un estado de alerta, estar preocupado por, tomar cuidado de, y el apóstol
manda a los ancianos de la iglesia que hagan esto consigo mismos y de la misma manera en que
deben hacerlo del resto de la iglesia y por las mismas razones. Su oficio de supervisor
(evpisko,pouj) y su labor de pastoreo (poimai,nein) como ancianos (presbute,rouj) de la iglesia
debe comenzar por sí mismos.
En 1 Tim 4:16 el mismo apóstol igualmente manda a su hijo espiritual Timoteo (emisario
apostólico, misionero, pastor de la iglesia en Efeso e instructor de pastores) a que haga lo mismo:
“Ten cuidado de ti mismo [e;pece seautw/|].” Este término que Pablo usa significa aquí el
concentrarse mentalmente, observar especialmente y el objeto al cual Pablo quiere que Timoteo
se concentre es su propia persona (seautw), aun antes de su enseñanza (doctrina), Timoteo debe
cuidar de su propia alma.
Estos dos textos nos dan suficiente base para dirigirnos a este tema. Pero, ¿Qué medios hemos
de usar para cuidar de nuestra propia alma? Exactamente los mismos medios que predicamos a
nuestra congregación al exhortarles a cuidar sus almas. Hay dos medios, por excelencia, en los
cuales debemos obtener maestría: la oración y la Palabra.
La labor pastoral en la cual se hallaron los apóstoles al principio de la iglesia cristiana se vio
interrumpida por una necesidad legítima, pero ellos no permitieron que tal urgencia les apartara
de sus labores, y si podemos argumentar que ellos mismos harían lo que exhortaban al resto de la
iglesia, entonces podemos concluir que el dictamen apostólico nos lleva al ejercicio espiritual de
la oración y la lectura y meditación de la Palabra:
“En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos
contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.
Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros
dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a
siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes
encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la
palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del
Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de
Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las
manos.” (Hch 6:1-6)
El anciano apóstol, ya pronto a morir, persevera en estas cosas y súplica a Timoteo que le
traiga dos cosas: “Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros,
mayormente los pergaminos.” (2 Tim 4:13). Los comentaristas son casi unánimes que el apóstol
estaba pidiendo copias de los libros de la Biblia. Tuvo cuidado de su salud física pero igualmente
tiene cuidado de su salud espiritual. ¿Por qué? Por el mismo interés que demuestra en 1 Cor 9,
“Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para
que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme
copartícipe de él. ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno
solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se
abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.
Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien
golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido
heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.” (vs. 22-27)
La preparación personal del predicador entonces será:
1. En ferviente oración.
2. En consistente meditación de la Escritura.
3. En peculiar cuidado de vivir lo que predica.
4. En escrupulosa conducta ejemplar, a la iglesia y a los de afuera.
Como ministros del evangelio tenemos varios enemigos, que sin tregua alguna buscarán
estorbarnos en nuestra carrera:
1. Nuestra propia carne (pecado remanente, Rom 7:7-25).
2. Nuestro archienemigo el diablo.
3. El mundo secular con todas sus tentaciones.
4. El mundo religioso con todas sus presiones e influencias.
5. La iglesia en su falta de apreciación y atención.
6. Nuestra propia familia en sus demandas.
Es por eso que debemos conscientemente poner aparte tiempo para nuestra propia nutrición
espiritual, ser consistentes (flexibles pero no perezosos) y administrar bien nuestro tiempo y el
de nuestra familia.
A manera de motivación consideremos dos cosas más. Primera, la terrible probabilidad de un
ministro inconverso:
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la
voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos
muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de
maldad.” (Mat 7:21-23)
Segunda, la intima relación entre nuestra espiritualidad y la espiritualidad de nuestro
ministerio:
“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y
que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la
salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para
enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea
perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:14-17)
“Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de
madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se
limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para
toda buena obra.” (2 Tim 2:20, 21)
No es posible cubrir cada aspecto de este tema, y realmente se toca en Teología Pastoral, pero
sólo permítanme un consejo múltiple:
Mediten continuamente en las Cartas Pastorales, pónganse a sí mismos bajo cuidado pastoral y
busquen estar siempre bajo la instrucción de la Palabra por parte de comprobados predicadores.
Se requiere de mucha humildad reconocer que somos meros sirvientes de la iglesia, el nombre de
anciano, obispo o pastor no es un título sino una sagrada vocación. El orgullo ministerial ha sido
el asesino de no pocos ministros.
CONSEJOS DIVERSOS (PREPARACIÓN Y BIBLIOTECA MINISTERIAL)
PRIMER CONSEJO
Estas lecturas buscan resumir la enseñanza de varios maestros sobre los temas implicados
(hermenéutica, exégesis y homilética), aquellos principios que sean claramente bíblicos deben
ser aceptados y usados. Sin embargo, es siempre a la Biblia a donde debemos ir para todo lo que
sea de doctrina y práctica, inclusive en el ministerio de la Palabra.
Por lo tanto, si en algo he fallado en resumir correcta y fielmente, la falta es mía y no de los
autores usados para formar estas lecturas.
Si queremos progresar en nuestra capacidad, habilidad y labor, debemos hacer uso de los
dones que Cristo ha dado a Su Iglesia, por eso, siempre debemos estar leyendo, preparándonos y
escuchando a guías fieles.
SEGUNDO CONSEJO
En cada paso de la exégesis y exposición contamos cada vez con más herramientas de trabajo,
desde libros hasta programas de computadora y fuentes en el Internet. El predicador debe buscar
hacer su propia exégesis antes de escudriñar otras fuentes, es decir, hasta que la labor de
exégesis del texto este completa, usemos comentarios, sermones impresos y cualquier otra
fuente de complementación.
Esas herramientas nos servirán para:
(1) Enseñarnos algo que nosotros mismos no vimos y:
(2) Corregirnos donde nos extraviamos en la exégesis del texto.
TERCER CONSEJO
Como predicadores y pastores debemos esforzarnos por servir mejor al Señor y a la Iglesia,
por lo tanto:
(1) Aprovecharemos toda preparación posible en esta área aprender Hebreo, Griego e Inglés
son de suprema ayuda.
(2) Obtendremos, prudente y sabiamente, aquellos libros que más nos ayudarán en nuestras
labores:
A. Libros de ayuda en los idiomas.
B. Diccionarios y Léxicos.
C. Concordancias.
D. Varias versiones y ediciones de la Biblia.
E. Atlas y libros de contexto histórico y geográfico.
F. Enciclopedias y diccionarios teológicos.
G. Comentarios.
H. Tratados por los Reformadores y Puritanos.
I. Libros contemporáneos de autores confiables sobre los temas de Exégesis, Hermenéutica y
Homilética
J. Teologías Bíblicas y Sistemáticas.
(3) Nos someteremos a rigurosa crítica constructiva de aquellos que nos aman lo suficiente
como para corregirnos.
(4) Buscaremos ponernos bajo el ministerio de hombres ejemplares con respecto a la
predicación.
(5) Aprovecharemos toda oportunidad de ser instruidos en la labor pastoral por otros
pastores, especialmente aquellos que van más delante de nosotros en su peregrinaje
espiritual y que el Señor ha concedido mayores dones y experiencia.
(6) Seremos sumisos a la voluntad de la iglesia: quizá pensemos que tenemos los dones, pero
las gracias están ausentes, quizá sintamos el llamado, pero el Señor no lo ha declarado así a
la congregación, quizá aun tengamos preparación y don retórico pero nuestra vocación no
es la pastoral. Nunca debemos adelantarnos a la voluntad providencial del Señor: si somos
llamados, Él nos concederá los dones y gracias, Él avivará ese deseo en nosotros, Él lo
declarará a Su iglesia y Él proveerá providencialmente la oportunidad.
(7) “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué
avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” 2 Tim 2:15.

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