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LA ORACIÓN

GUÍA PRÁCTICA PARA LA


ORACIÓN EFECTIVA
Estimado Lector:
Gracias por adquirir nuestra guía. Sabemos que hay muchas
personas que tienen dificultad y preguntas sobre como orar. En mi
experiencia personal, he encontrado muchas personas que aún se
preguntan si Dios realmente escucha sus oraciones. No saben cómo
comenzar, como terminar o como desarrollar su oración y se limitan
solamente a incluir sus peticiones. Lo que quiere decir que poseen
un concepto equivocado de los que es la oración pues la realidad es
que, orar no es sinónimo de pedir. La petición es solo parte integral
de la oración.
Es nuestra intención pues, proveer una guía corta, que ofrezca el
conocimiento básico, y que conteste las interrogantes básicas sobre
la oración. Si pones en práctica estos elementos aprenderás a orar
efectivamente, como dice la palabra.
Sabemos que hay muchos tipos de oraciones. Sin embargo, Jesús
nos dejó un modelo de oración. Es una oración corta que todos
conocemos, “El Padre Nuestro”, más, sin embargo, tal vez no
conocemos su verdadero significado. Puesto que Jesús nos instruyó
que oráramos así, hemos desarrollado esta guía siguiendo ese
modelo. Aprenderás a orar siguiendo el legado que nos dejó Jesús.
Finalmente, hemos incluido una guía devocional que te ayudara a
dirigir tus devociones diarias y un bono adicional sobre el tema
“¿Por qué Dios no contesta algunas oraciones?”
¡Espero que lo disfrutes!
Carmen Tere Bernard
Carmen T. Bernard
PUBLICADO POR: CARMEN T.
BERNARD
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CONTENIDO

Introducci ó n
Cap í tulo 1: ¿ Qu é significa orar?
Cap í tulo 2: Modelo del Padre Nuestro
Adoraci ó n
S ú plica
Confesi ó n
Protecci ó n
Acci ó n de Gracias
Cap í tulo 3: Modelo de oraci ó n para la vida
devocional
diaria.
Aprendamos a Adorar
Aprendamos a Confesar
Aprendamos a Pedir Perd ó n y a Presentar
Peticiones
Aprendamos a Pedir Protecci ó n
Aprendamos a Dar Gracias
Conclusi ó n
BONO: ¿ Por qu é Dios no contesta algunas
oraciones?
EL PADRE NUESTRO
Oración Modelo
Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea
tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en
la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos
metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y
la gloria, por todos los siglos. Amén.
Mateo 6: 9-13

Introducción
Aunque la oración es un tema central en la vida del creyente, la
mayoría de las personas no están muy preocupadas por aprender a
orar correctamente. Muchas personas diferirán de mi opinión, pero
cuando usted ve la realidad, si le pedimos a alguien que ore
públicamente encontraremos que en su mayoría los creyentes se
negaran a hacerlo porque no saben orar o sencillamente porque no se
atreven a orar. Ciertamente aprender a orar no forma parte de las
prioridades de muchos cristianos. Esto explica porque la vida
espiritual del creyente de nuestros días es tan frágil y carece de
profundidad.
Si conociéramos el verdadero propósito de la oración tal vez
estuviéramos más receptivos sobre la importancia de la oración en la
vida del creyente. Orar es sencillamente la forma que tenemos de
comunicarnos personalmente con Dios.
Sin embargo, hay muchas formas de comunicación. Cuando
estudiamos el proceso de la comunicación nos damos cuenta de que
para que haya comunicación hay dos elementos que deben estar
presentes: un receptor y un transmisor. En otras palabras, tiene que
haber alguien que envíe el mensaje y alguien que lo reciba. Cuando
nosotros como creyentes oramos enviamos el mensaje y Dios lo
recibe. Sin embargo, hay personas que piensan que Dios no se
comunica con nosotros.
Esto solamente es su percepción personal o su manera de pensar. La
persona que realmente a integrado la práctica de la oración en su
vida cotidiana, sabe que Dios responde a nuestra oración de muchas
maneras, ya sea dejándonos sentir su presencia como una forma de
afirmación, llevándonos a un pasaje de la escritura, o sencillamente
contestando la petición que le hayamos hecho.
Dios se agrada de que le busquemos y Él responde a nuestras
peticiones, por lo tanto, la oración es parte esencial de nuestro
crecimiento cristiano. De manera que cuando oramos aprendemos a
relacionarnos con Dios efectivamente. Si no lo hacemos nunca
aprenderemos a conocer su forma de actuar en nuestras vidas. Más
allá no entenderemos su voz cuando nos hable. Es por esto que a
veces llegamos a conclusiones erradas pues pensamos que Dios no
ha escuchado nuestra oración, pero es sencillamente porque nosotros
como receptores en el proceso de la comunicación no estamos
entendiendo el mensaje que se nos ha enviado.
Si deseamos que la oración sea una herramienta efectiva, debe de ser
parte integral de nuestra vida diaria. No debemos usarla como
último recurso o en caso de emergencia. Cuando estudiemos el
modelo de oración, entenderás más a fondo el porqué.
Tomemos como ejemplo el modelo de Jesús. Al leer la escritura
observamos que los discípulos siempre estaban con Jesús
posiblemente cuestionándose la manera en que El actuaba. Pero
ellos no alcanzaban comprender que Jesús se comportaba no de
acuerdo a los religiosos de aquella época sino de acuerdo a las reglas
del Reino. Jesús tenía una encomienda diferente y por eso tenía un
mensaje diferente. El obtenía resultados no esperados. Los enfermos
eran sanados, sus oraciones eran contestadas y se observaban
asombrosos milagros. ¿Cuál era el secreto?
Pues cuando escudriñamos la escritura vemos a un Jesús que se
apartaba para la oración constantemente y esta práctica era parte
vital de su vida diaria. Él fue enviado con una encomienda y para
cumplir con ella tenía que mantenerse en constante comunicación
con el Padre. Esa vida de oración le llevo a entender, a fortalecerse
para pelear la batalla a través de su ministerio. Jesús venció, aunque
nos parezca inverosímil. Llegar a la muerte en la cruz era
precisamente su misión.
De manera que, si observamos como El llevo a cabo su ministerio,
su conducta, su sabiduría y su poder podríamos tener más
entendimiento de los beneficios de una vida de oración. Veamos
algunas de estas cualidades:
Jesús tenía sentido de misión. Él sabía exactamente cuál era la
misión que El padre le había encomendado Y Él estaba dispuesto a
cumplirla. Jesús siempre contestaba con sabiduría, dejando sin
respuesta a sus seguidores y agresores. En medio de la prueba Jesús
siempre sabía qué hacer y cómo responder a los ataques de aquellos
que se oponían a su ministerio. Jesús hacia milagros con la
seguridad de que el padre le respaldaría.
Meditemos pues en estas preguntas, si decimos que somos
seguidores de Jesús, ¿por qué no hacemos lo que él hizo? Si la
oración fue parte vital de la vida de Jesús, ¿por qué no es parte vital
de la vida nuestra? ¿No se supone que Jesús sea el modelo a seguir
en nuestras vidas? Si practicáramos la oración con más frecuencia
tuviéramos más entendimiento de la voluntad del padre y
modelaríamos muchos aspectos de la vida de Jesús en nuestra vida
diaria.
Podemos pues, concluir que la oración es importante por varias
razones. En primer lugar, es un legado que nos dejó Jesucristo. En
segundo lugar, la oración nos mantiene en íntima comunión con el
Padre y nos fortalece para que seamos capaces de llevar a cabo
cualquier cosa que Él nos pida. Por medio de este estudio usted
entenderá: el propósito de la oración, la importancia de llevar una
vida de constante oración y finalmente los conceptos básicos que
debemos incluir para que la oración sea efectiva.

La práctica de estos conceptos le llevaran a crecer espiritualmente.


La exposición de estos conceptos se presentará a la luz de la palabra
de Dios.

En adición, al final del libro hemos incluido un modelo devocional


para guiarle en la oración diaria. Esperamos que luego de leer el
libro pueda aplicar los conceptos aprendidos y utilice el modelo
devocional para que crezca en su relación personal con Jesucristo.
CAPÍTULO 1
¿Qué significa Orar?
Si les preguntamos a las personas ¿Qué es orar para ti? Nos
contestarán “orar es hablar con Dios”. Y ciertamente no están lejos
de la realidad. Sin embargo, orar y hablar no son sinónimos.
Veamos en que difieren las definiciones.
Según el diccionario de gramática española, la palabra oración viene
de la palabra latín “oratio”. Lo que significa que es una expresión
oral que debe expresarse con el lenguaje. También ha sido definida
como un acto de comunicación con el propósito de establecer una
amistad íntima entre el ser humano con alguien sagrado o santo.
También, el diccionario bíblico lo define como “un dialogo entre el
hombre y Dios. Es un acto de adoración y comunicación e incluye la
presentación de nuestros deseos y preocupaciones a Dios en el
nombre de Jesucristo con la asistencia del Espíritu Santo.” (Juan 14:
13, 14) (Romanos 8:26,27) (Filipenses 4:6)
A diferencia de orar, la palabra hablar es un verbo usado para dar
información, expresar ideas o sentimientos y/o contar una historia o
una narrativa usando palabras. La definición no implica que lo
hacemos con el propósito de desarrollar una amistad íntima con otra
persona. Como explicamos anteriormente, en el proceso de
comunicación se incluyen dos personas, el que envía el mensaje y el
que lo recibe.
De manera que cuando hablamos no necesariamente nos estamos
comunicando pues nosotros podemos hablar solos, no
necesariamente tenemos que hablar con alguien. Cuando oramos
nuestro objetivo es comunicarnos con Dios y a su vez deseamos
desarrollar una relación íntima con El. Ciertamente lo hacemos
hablando, pero nos estamos comunicando, porque, aunque otros no
lo crean Dios nos está escuchando. Es por eso que nos responde.
De manera que podemos concluir que orar implica mucho más que
hablar con Dios, implica que estamos en busca de una relación
personal con Él y como tal estamos esperando que de igual manera
Él se relacione con nosotros. Lo hacemos adorando y presentado
peticiones con la asistencia del Espíritu Santo.
La pregunta que debemos hacernos pues es ¿cómo debe ser nuestra
oración para que Dios la reciba con agrado? ¿Cuáles son los
componentes esenciales de la misma? Después de todo Dios también
tiene sus preferencias al igual que nosotros. Esas preferencias son
requisitos que debemos conocer si deseamos tener una vida de
oración efectiva. Él es un ser supremo, omnisciente, omnipresente,
santo y como tal debemos de reconocerle. Presta atención para que
puedas contestar estas interrogantes a continuación.
CAPÍTULO 2
Modelo del “Padre Nuestro”
Generalmente, cuando se les pregunta a las personas porqué y para
que oran expresan que oran para pedirle algo a Dios. Ya sea por su
familia, por su trabajo, por alguna dificultad o por algo que
necesiten. Hay sin número de respuestas y como ya dijimos
debemos enfatizar que, aunque la petición forma parte de la oración,
no es el único componente de la oración.
¿Es pues erróneo ir delante de Dios solo cuando tenemos una
petición? De ninguna manera, pero si esa es nuestra práctica
rutinaria debemos de cambiarla. El acudir a Dios en oración solo
cuando tenemos una necesidad o petición no nos lleva a desarrollar
una relación íntima con Él. Solo estamos buscando suplir una
necesidad. Es un acto muy egoísta de parte nuestra si nos acercamos
a Dios solo por conveniencia.
Lamentablemente, esta es la condición de muchos dentro y fuera de
la iglesia. Estas personas que cuando tienen problemas se acercan a
otros buscando ayuda porque reconocen que “Dios les escucha” y
saben que pueden recibir una respuesta de parte de ellos. Sin
embargo, Jesús vino para que todos podamos conocer a Dios,
intimar con Él y para reconocer su voz en nuestra vida. Esto le tomo
a Jesús un sacrificio inmenso en la cruz y nosotros que tenemos ese
privilegio muchas veces no lo valoramos.
Si vamos al Antiguo Testamento encontraremos en aquella época los
sacerdotes del templo eran los únicos que tenían acceso al Padre. Al
Jesús morir en la cruz, ese velo de separación se rasgó. Esto implica
que ahora cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador personal
tenemos acceso al Padre y podemos orar al Padre en el nombre de
Jesús, “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré,
para que el Padre sea glorificado en el Hijo” Juan 14:13. ¿Por
qué no tomamos ventaja de este privilegio que se nos ha concedido?
En el modelo de “El Padre Nuestro” podemos ver reflejado los
componentes esenciales de la oración y así podremos aprender a
orar como nos indica la palabra de Dios. En Mateo 6:9-13 Jesús
precisamente comienza explicando que nosotros no debíamos orar
como lo hacían los religiosos de aquella época, lo que implica que
hay una manera incorrecta de orar y hay muchas personas que lo
hacen incorrectamente.
Es por eso que a veces no somos efectivos en nuestra vida de
oración. Cuando nos comunicamos con Dios debemos hacerlo como
el desea no como nosotros queremos. Si deseamos cautivar su
atención debemos de seguir sus reglas. Es por eso que Jesús estuvo
interesado en enseñarnos a orar correctamente y comenzó
diciendo…… Vosotros, pues, oraréis así …….

ADORACIÓN
Debemos comenzar la oración con un acto de adoración.
Recordando que Dios es Dios, un ser divino omnisciente,
omnipresente, todopoderoso. Él se agrada cuando le alabamos y le
adoramos pues estamos reconociendo sus atributos como ser
supremo. Además, él se goza cuando le honramos como hijos y le
demostramos agradecimiento por su amor para con nosotros y por
ser quien es.
La adoración mueve la mano de Dios sobre nuestras vidas. El
Espíritu de Dios se agrada cuando le adoramos. Cuando Jesús
dialogaba con la mujer samaritana le indico “más la hora viene, y
ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre
en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales
adoradores busca que le adoren”. Juan 4: 23-24 Este era parte del
mensaje de Jesús nosotros gozaríamos de este privilegio.
En adición, para que Dios se agrade de nuestra adoración la misma
no debe de ser fingida, debe de salir de lo profundo de nuestro
corazón y debe reflejar sinceridad y el amor que sentimos por Él. El
Salmo 150 indica “todo lo que respira alabe a Jehová”.
La alabanza es la clave para entrar en la presencia de Dios.
Deseamos pues comenzar la oración con alabanza para que su
presencia sea real en nuestra vida, sintamos que Dios se agrada de
nosotros y escuche nuestra oración. “Entrad por sus puertas con
acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle,
bendecid su nombre” Salmo 100:4
El Padre Nuestro: Mateo 6: 9-10
“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu
nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, como
en el cielo, así también en la tierra.”
Jesús comienza la oración alabando al reconocer la superioridad del
padre sobre nosotros, y a su vez estableciendo su santidad. El Salmo
100 comienza diciendo en el versículo 3 “Reconoced que Jehová
es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos” exaltando
su grandeza.
Luego, Jesús continúa expresando el deseo de que la voluntad de
Dios se haga en la tierra, así como se lleva a cabo en el cielo. Esto
implica que su voluntad es suprema, es el camino a seguir. Para
lograr esto Dios tiene que venir sobre nosotros (venga a nosotros tu
reino) pues sin la ayuda de Dios no podremos vencer y lograr que su
voluntad se cumpla en nosotros.
Al nosotros aceptar a Jesús como nuestro salvador personal, el
Espíritu de Dios viene a morar a nuestras vidas, de manera que su
reino mora en nosotros. Es nuestra responsabilidad mantener una
vida de obediencia a Dios para que ese reino se mantenga activo en
nuestra vida y en nuestro corazón.
Nosotros como seres humanos luchamos con el concepto de la
obediencia a Dios debido a el pecado que mora en nosotros. Las
luchas, afanes y tentaciones que tenemos a diario no nos permiten
enfocarnos en la vida del reino, aunque nuestro deseo es
mantenernos en la voluntad de Dios. Cuando decimos “hágase tu
voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” estamos pues
declarándole a Dios que deseamos ser obedientes a Él y hacer su
voluntad. Esto implica una vida de entrega.

Cuando llevamos una vida de obediencia, el Espíritu Santo nos


capacita para poder mantenernos en la vida del Reino, cumpliéndose
la voluntad de Dios en nuestra vida. Por supuesto esto no ocurre
mágicamente, nosotros debemos ser sensibles y obedientes a la voz
del Espíritu. De otra manera él no puede obrar en nosotros.
Medita: ¿Cuál pues debe ser el motivo de
nuestra adoración? ¿Qué mira Dios en nosotros
cuando le adoramos? ¿Qué sucede cuando le
declaramos a Dios que deseamos llevar una vida
de obediencia a EL?

SÚPLICA
En esta etapa Jesús, entra en el elemento de la súplica no sin antes
dejarle saber a Dios que desea hacer su voluntad. ¿Porqué razón
Dios va a contestar la petición de alguien que no desea hacer su
voluntad? Piénsalo bien, ¿es ese nuestro caso?
De manera que debemos entender que todo lo que pidamos al Padre,
deberá ser contestado conforme a su voluntad. Y debemos ser
obedientes a lo que Él nos indique hacer. Pero a veces, no nos
gustan las contestaciones de Dios. Sin embargo, que no nos gusten
no significa que no provienen de Él. Dios obra de maneras
misteriosas y a veces nos prueba para ver si realmente vamos a
obedecer sus preceptos.
El Padre Nuestro: Mateo 6: 11
“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”
Jesús comienza esta parte pidiendo por el pan material necesario
para su sostén físico. En los tiempos antiguos el pan era un elemento
esencial en la mesa. A veces, eso era lo único que había para comer.
De manera que Jesús pide por lo que es esencial para El, confiando
que Dios suplirá todo lo demás que sea necesario. Esto demuestra su
dependencia de Él y su confianza en Él.
Además, debemos recordar que, así como nutrimos nuestros cuerpos
físicamente no debemos olvidar nuestro pan espiritual. La escritura
nos indica “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” Mateo 6:33.
Cuando le damos a Dios el primer lugar en nuestras vidas el
responde a nuestras necesidades sin que las pidamos pues él sabe de
que cosas nosotros tenemos necesidad. Él se agrada de proveer para
nosotros.
Significa esto que ¿no debemos presentar otras peticiones al Señor?
De ninguna manera, debemos presentar toda nuestra vida y todos
nuestros planes para que el Señor abra y cierre puertas y ponga en
nuestro corazón lo que es verdadero.
En una ocasión yo oraba pues estaba en busca de trabajo y le pedía
al Señor que me abriera puertas. En un momento dado me llego un
correo electrónico de una persona que me conocía exhortándome a
que aplicara a una posición que se iba a abrir pues ella era la persona
a cargo del proceso de entrevista.

Cuando leí la descripción del trabajo pensé en no aplicar al mismo


porque no creía que yo estaba preparada para realizarlo. Había
mucha duda en mi corazón y no estaba inclinada a hacerlo. Sin
embargo, fui a la entrevista porque pensé que no debía
desaprovechar la oportunidad pues no estaba segura si esa era la
voluntad de Dios.
Cuando llegue a la entrevista estaba nerviosa y en mi mente
revoloteaba la pregunta de si el Señor estaría en esto o no. En esos
momentos sentí la presencia de Dios confirmándome mi pregunta.
Pero, ante mi actitud negativa de que no deseaba la posición en lugar
de sentir paz en mi corazón y afirmarme en que Dios me ayudaría
continúe ansiosa.
Cuando comenzó la entrevista yo me mostré muy negativa. Las
personas estaban dispuestas a ofrecerme el trabajo, pero comenzaron
a dudar de que yo fuera la persona indicada. Al terminar la
entrevista me hicieron una sola pregunta: ¿Realmente tu deseas esta
posición? Yo dudé en contestarles, pero le dije si con mi boca y no
con el corazón y ellas pudieron interpretar mi contestación.
Cuando salí de la entrevista el Señor me dijo “cerraste la puerta que
yo te abrí.” Demás está decir que al otro día recibí un correo
electrónico expresándome las gracias por haber aplicado a la
posición dejándome saber que yo no había sido seleccionada.
Fue una experiencia dolorosa de la que aprendí mucho, me dolió no
haber obedecido al Señor. De yo haber obedecido, otra hubiera sido
la historia, pero me quede sin trabajo por largo tiempo. Aunque de
mala manera, yo aprendí mi lección.
“Cuando nos entregamos al Señor debemos de estar conscientes
de lo que hacemos, porque él lo toma muy en serio. Mejor es que
no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Eclesiastés 5:5)
El segundo elemento que debemos hacer notar en esta petición es
que Jesús pide tomando en cuenta el elemento tiempo. El pan de
cada día. Lo que refleja es que nuestra expectativa es que día a día
Dios sea fiel proveyendo pan en la mesa, pero de igual manera Dios
espera que vayamos ante su presencia a pedirlo cada día. Filipenses
4:6-7 nos indica, “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas
vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con
acción de gracias.”
Si leemos el Antiguo Testamento observamos que cuando los
israelitas iban por el desierto rumbo a la tierra prometida Dios
proveía el “mana” para ellos de día en día. No era permitido guardar
el “mana” para el otro día porque se descomponía. De esta manera
los israelitas dependían de la provisión divina todos los días.
La escritura nos indica que no debemos estar ansiosos porque “Dios
es fiel y no nos dejara desprovistos de nuestras necesidades”.
(Hebreos 11:6). Finalmente, el versículo nos indica que pidamos
dando gracias de que lo recibiremos, lo que deja al relieve nuestra
confianza en el Señor.
Un elemento adicional que debemos de tener presente cuando
llevamos nuestras peticiones delante del Señor es el elemento de la
fe. La ansiedad en nuestra vida implica ausencia de fe.

Santiago 1:16 y Hebreos 11:6 nos indican que “debemos pedir con
fe, no dudando nada pues sin fe es imposible agradar a Dios”. Es
por esto que la fe es un elemento esencial en la vida de oración.
Medita: ¿Qué necesidades tienes que deseas
llevar en oración delante de Dios? ¿Estás listo?
Adelante, Él te escucha.

CONFESIÓN
En este momento de la oración donde debemos mirarnos a nosotros
mismos y reconocer nuestros pecados. Además, a través de estos
versículos Jesús demuestra lo importante que es para Dios el
concepto nuestra relación con los semejantes.
De hecho, cuando los escribas le preguntaron a Jesús cuál era el
primer mandamiento Jesús respondió; “Y amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y
con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el
segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
No hay otro mandamiento mayor que éste. Mateo 22: 29-31 Jesús
enfatiza las relaciones humanas porque Dios es amor y así como él
nos expresa su amor el espera que nosotros hagamos lo mismo con
nuestros semejantes.
El Padre Nuestro: Mateo 6: 12
“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros
perdonamos a nuestros deudores”.
El obstáculo más determinante para la oración efectiva es la
presencia de pecados que no hemos confesados. Recordemos que
Dios es santo y la presencia de pecado en nuestras vidas nos separa
de Él. Cuando confesamos nuestros pecados fortalecemos nuestra
relación con Dios. La presencia de pecados no confesados es una de
las causas por las que nuestras oraciones no son contestadas.
En estos versículos Jesús está asumiendo que nosotros perdonamos a
los que nos ofenden cuando dice “como también nosotros
perdonamos a nuestros deudores.” Dios ha perdonado nuestros
pecados por el gran sacrificio que Jesús hizo en la cruz del calvario.
Si él estuvo dispuesto a darse en sacrificio para que nosotros
tuviéramos perdón de pecados ¿por qué nosotros no estamos
dispuestos a perdonar nuestros semejantes?
La palabra nos indica que debemos perdonar 70 veces 7 dando a
entender que cuando hablamos acerca del perdón a nuestros
semejantes la escritura no tiene límites. Nuestro corazón debe estar
presto a perdonar como lo estuvo Cristo. En nuestra vida esto se
traduce a OBEDIENCIA.

El no estar dispuestos a perdonar nuestros semejantes redundará en


que Dios no estará dispuesto a perdonar nuestros pecados “porque si
perdonáis a los hombres sus ofensas,

os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; “más si no


perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre
perdonará vuestras ofensas.”Mateo 6:14-15. Recordemos que todos
somos pecadores, todos pecamos y cometemos errores.

La confesión es un acto de honestidad con nosotros mismos.


Cuando reflexionamos sobre nuestros pecados debemos hacerlo
tomando en cuenta lo que dice la palabra de Dios. Por tal motivo
debemos ser sinceros, El conoce nuestras faltas y también sabe si
somos sinceros delante de Él. La confesión es importante si
deseamos que la oración fluya ante su presencia, recordando que
todo lo que pedimos al Padre, lo pedimos en el nombre de Jesús.
Salmo 139: 23-24 “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón,
pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino
de perversidad, Y guíame en el camino
eterno.”
Esa fue la experiencia del Rey David cuando escribió el Salmo 139.
David sabía que había pecado e invito a Dios a examinar su corazón.
Esto lo hace realzando los atributos de Dios y reflexionando en su
grandeza y omnisciencia. No había misterio que Dios no pudiera
entender o saber. De manera que no había nada que él le pudiera
ocultar. Dios conocía su pecado, lo único que esperaba de David era
que lo declarara y lo reconociera. La confesión era importante pues
llevaba al Rey David al arrepentimiento y como consecuencia
obtendría el perdón de Dios en su vida.
Así debe de ser la confesión de nosotros cuando nos presentemos
cara a cara con nuestro creador. Esconder nuestro pecado es mentirle
a Dios pues él conoce nuestro caminar y nuestro reposo. Tenemos
que ser sinceros. De otra manera nuestra relación se va a ver
mancillada y nuestras oraciones no van a ser contestadas.
Medita: ¿Qué necesitas confesarle a Dios en este
día? Mientras permanezcas callado retrasaras tu
bendición, pues Él conoce cada fibra de tu vida.

PROTECCIÓN
En los últimos momentos de Jesús antes de que los soldados le
vinieran a buscar para arrestarlo, el sintió deseos de orar y les dijo a
los discípulos que velaran con él. Pero los discípulos no pudieron y
se quedaron dormidos. Cuando Jesús termino de orar les dijo “¿Así
que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad,
para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está
dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26: 40-41
El Padre Nuestro: Mateo 6:13
“Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal”

Como pecadores nosotros estamos expuestos cada día al peligro de


ser tentados y caer en pecado. Tal es nuestra naturaleza carnal. “Así
que el que piense estar firme mire que no caiga” 1 Corintios
10:12 Sin embargo, si nuestro deseo es el de permanecer en la
voluntad del Padre debemos de pedir diariamente el poder contar
con su cobertura. El único que puede ayudarnos a superar nuestra
debilidad carnal es el Espíritu Santo que mora en nosotros. Debemos
estar conscientes de que Él nos ha dado las herramientas diarias para
destruir fortalezas en nuestra vida. Dios nos protege y nos libra del
mal, pero es nuestra responsabilidad no acceder a la tentación.

ACCIÓN DE GRACIAS
Finalmente debemos terminar nuestra oración demostrando nuestra
gratitud hacia Él por ser quien es, porque sabemos que nos ha
escuchado y porque esperamos en fe que nuestra oración será
contestada.
El Padre Nuestro: Mateo 6:13
“Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los
siglos”.
Debemos estar agradecidos de que Dios es el dueño del universo,
tiene todo el poder para cuidar de nosotros y contestar todas nuestras
peticiones. Seamos agradecidos por todo lo que tenemos y lo que
nos ha dado.
Medita: ¿Por qué motivos das gracias al Señor
en el día de hoy?
Si seguimos este modelo de oración diariamente aprenderemos a
tener comunión con Dios y poco a poco desarrollaremos una
relación íntima con Él. De esta manera podemos aprender a
identificar su voz y a escucharlo. Haciendo esto cumpliremos con el
propósito de la oración. Dios desea escucharnos, pero también desea
que le escuchemos a ÉL.
A continuación, encontraras un modelo de una guía devocional. La
misma te ayudara a comenzar con su rutina de oración. Separa una
parte de tu tiempo diario y dedícalo a la oración. Tu tiempo
devocional debe de incluir la reflexión de algún pasaje de la palabra,
oración y meditación. La reflexión y meditación de la palabra te
ayudara a entender como Dios habla a tu vida. Luego de algún
tiempo veras los resultados y entenderás que has aprendido a
comunicarte con Dios efectivamente. Todo lo que se requiere es que
perseveres. Recuerda, ¡Jesús nos denominó sus amigos y nosotros
deseamos comunicarnos con nuestros íntimos amigos todos los días!
Capítulo 3
Modelo de oración para la vida devocional
diaria.
Te exhortamos a que pongas en práctica los conceptos aprendidos.
Separa un tiempo diariamente para que estés a solas con Dios y
entres en su presencia. Te recomendamos que hagas una lista de lo
que deseas comunicar y comiences tu oración siguiendo el orden
que has aprendido. Al final de un tiempo ya lo habrás memorizado.
Cada día incluye algo nuevo en tu oración de acuerdo a tus
necesidades. No te rindas, deberás perseverar en la oración para que
veas frutos.

Aprendamos a Adorar
Comienza tu oración todos los días con una palabra de adoración.
Puedes usar salmos de alabanza y adoración como modelo. Permite
que la alabanza que fluye de tus labios a la vez fluya de tu corazón.
Al principio es un poco difícil, concéntrate en el proceso. Luego la
alabanza comenzara a fluir espontáneamente.
Salmo 145: 1-3
“Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre
eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré, Y alabaré
tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y
digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable.”

Salmo 144:1-3
“Bendito sea el SEÑOR, mi roca, quien adiestra mis manos para
la batalla y mis dedos para la guerra. Misericordia mía y castillo
mío; Mi refugio y mi libertador; Mi escudo en quien he
confiado; El que sujeta los pueblos[a] debajo de mí. Oh SEÑOR,
¿qué es el hombre para que pienses en él? ¿Qué es el hijo del
hombre para que lo estimes?”
Aprendamos a Confesar
Recuerda que para confesar necesitas reflexionar sobre tu vida y
mirarte interiormente. Pídele a Dios que te muestre aquellos pecados
que te son ocultos. La honestidad y apertura de corazón son
elementos importantes para agradar a Dios. Puedes usar el Salmo 51
como modelo.

Salmo 51: 3-7


“Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre
delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo
malo ante tus ojos. Seas tú reconocido justo en tu palabra y
tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he nacido, y en
pecado me concibió mi madre. He aquí, tú quieres la verdad en
lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
Quita mi pecado con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más
blanco que la nieve.”

Aprendamos a Pedir Perdón y a Presentar


Nuestras Peticiones
Presenta tus peticiones con fe en la certeza de que Él te escucha.
Recuerda “sin fe es imposible agradar a Dios”. Si ya has reconocido
y confesado tus pecados, ahora es necesario pedir perdón para que
sean perdonados. Recuerda que Dios mira tu corazón. Lo más
importante es que lo pidas con sinceridad y con la convicción de que
deseas superar estas circunstancias que entorpecen tu vida espiritual.
Puedes usar como modelo el Salmo 51. Una vez concluyas incluye
tus peticiones específicas.
Salmo 51: 9-10
“Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro y renueva un espíritu
recto dentro de mí.”

Aprendamos a Pedir Protección


Pide por proteccion divina para ti y para tu familia. Recuerda que la
escritura promete que “el ángel de Jehová acampa alrededor de
los que lo temen y los defiende” Salmo 34:7 Reclama la protección
divina en tu vida. El Espíritu de Dios mora en ti y el te guardara.
Salmo 91:1-3
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del
Omnipotente. Dire yo al Señor: “Mi refugio y mi fortaleza, mi
Dios, en quien confío.” Porque él te librará del lazo del cazador,
de la peste destructora.”

Aprendamos a Dar Gracias


Finalmente terminemos la oración dando gracias al Dios padre en el
nombre de Jesús apreciando lo que Él ha hecho y lo que Él hará.

Filipenses 4:6
“Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de
gracias.

Conclusión
Si deseas tener una vida de oración productiva te aconsejamos que
apliques los conceptos aprendidos en este libro y uses esta guía de
oración diariamente. Poco a poco vas a ver como tu vida espiritual
se va desarrollando y tu relación personal con Jesús se va
fortaleciendo. Tienes que ser consistente en todo, y no olvides que
sin FE es imposible agradar a Dios.
Finalmente, deseamos darte las gracias por obtener el libro. Mas que
nada deseamos que lo leas y lo apliques ese el secreto de todo lo
que has leído. Si lo pones en práctica podrás sacar mayor provecho
del mismo. El propósito principal es que puedas crecer
espiritualmente y que …….

¡Compartas la palabra de Dios con


otros!
BONO
¿Por qué Dios no contesta algunas oraciones?
Algunas veces nos preguntamos, ¿que sucede que Dios no contesta
mis oraciones? Bueno, lo cierto es que Dios siempre contesta
nuestras oraciones ya sea afirmativa- mente o negativamente. Si la
oración no ha sido contestada Dios la ha contestado. El silencio de
Dios puede ser interpretado como una negativa de Dios y un “NO”
de Dios es una contestación. El no ignora nuestras peticiones porque
él tiene cuidado de nosotros. Por otro lado, hay peticiones que
requieren tiempo. En este caso debes esperar en fe.
La escritura nos relata que en una ocasión los discípulos le hicieron
una petición a Jesús….
Marcos 10:35-37
“Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron,
diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.
Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron:
Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y
el otro a tu izquierda.”
La contestación a la misma por parte de Jesús fue “No sabéis lo que
pedís”. ¿Cómo pues crees que se sintieron los discípulos ante la
contestación de Jesús? ¿Tristes, pensativos, desorientados? Sin
entender la negativa de Jesús. ¿En que habían errado? En nada, solo
que estaban totalmente ignorantes de lo que estaban pidiendo.
Tal vez Jesús rehusó el pedido de los discípulos porque no estaba a
su alcance concederles lo que pedían, porque todavía los discípulos
no conocían las reglas del reino y tenían que aprender cómo se
operaba en el Reino de Dios. Y a veces ese es el caso de nosotros.
No sabemos lo que estamos pidiendo y Dios no puede concedernos
la petición. Santiago 4:3 nos dice “pedís, y no recibís, porque pedís
mal, para gastar en vuestros deleites.”
Los argumentos de muchas personas no tienen peso pues justifican
sus exigencias argumentando que Dios tiene poder para realizar
cualquier milagro en nuestras vidas. Pero lo cierto es que si no nos
conviene Dios va a contestar en la negativa porque Dios opera en
medio de nuestras circunstancias.
Podemos enumerar otras razones por las cuales Dios puede contestar
negativamente nuestras peticiones. Entre ellas encontramos que a
veces no estamos listos para recibir su respuesta. Él tiene que
esperar a que crezcamos más para poder concedernos la petición.
Sin embargo, a veces no entendemos esto o no lo aceptamos y
terminamos culpando a Dios.

Es más fácil señalar a Dios que decidir crecer y en ese caso


“nosotros somos la razón del problema”.
Más importante aún, hay ocasiones en que nada de lo que pedimos
es concedido. Es como si hubiésemos perdido toda comunicación
con Dios. Ese es el momento en que tenemos que escudriñar
nuestros corazones para ver si hemos cometido alguna falta y no nos
hemos dado cuenta o tal vez lo sepamos y no lo queremos admitir.
Esto lo mencionamos anteriormente en el Padre Nuestro “Y
perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores” ¡Dios espera que nosotros perdonemos a los que
nos ofenden!
Jesús enfatiza las relaciones humanas constantemente, pues esta es
la base de una relación saludable con EL. Recordemos que Jesús
nos dijo que el primer y segundo mandamiento eran “y amaras a tu
Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” y “amaras a tu
prójimo como a ti mismo”. Si estamos llamado a amar, no
podemos vivir en rencillas ni atar nuestro corazón al rencor o
sentimientos negativos. Si no podemos amar a nuestro prójimo que
se encuentra junto a nosotros, ¿cómo podemos amar a Dios a quien
no hemos visto?
Hay muchos pasajes en la escritura que nos indican que el Señor no
escucha nuestras oraciones cuando hemos cometido falta con
nuestro semejante. Sin embargo, en muchas ocasiones no deseamos
reconocerlas. Hay quien no le da importancia a estas situaciones
cuando bíblicamente son vitales para nuestro crecimiento espiritual
y para nuestra relación con Dios.
Estas no se deben posponer, se deben resolver a la mayor brevedad
posible. Por eso la escritura dice “no se ponga el sol sobre vuestro
enojo” Efesios 4:26 queriendo decir que resolvamos los problemas
con nuestros semejantes pronto. Veamos lo que nos dice el siguiente
pasaje:
Mateo 5:24
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que
tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del
altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces
ven y presenta tu ofrenda.”
¿Por que la reconciliación es tan importante para Dios? La
reconciliación es importante para Dios porque él envió a su único
hijo, Jesucristo para reconciliar el mundo con él por medio de la
cruz. Por tanto, si Dios perdonó nuestros pecados ¿por qué nosotros
no podemos aprender a perdonar a nuestro prójimo? Dios no recibirá
nuestra oración hasta que nosotros no resolvamos nuestras faltas con
nuestros semejantes “reconcíliate primero con tu hermano, y
entonces ven y presenta tu ofrenda”.
El perdón y la reconciliación con nuestros semejantes siempre serán
parte primordial de nuestro caminar cristiano, pues todos cometemos
faltas, tenemos que reconocerlas y tenemos que pedir perdón ya sea
a Dios o a nuestro prójimo

De no hacerlo así podríamos, guardar resentimiento en nuestro


corazón lo cual se convierte en rencor y en el tiempo se convierte en
raíces de amargura.
La palabra de Dios nos recuerda en Hebreos 12:15 “Mirad bien,
no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que,
brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos
sean contaminados” La raíz de amargura es un estorbo a nuestra
relación con Dios y a nuestra relación con nuestros semejantes. Se
aloja en nuestro corazón y Dios no es un Dios superficial, sino que
el mira lo más profundo de nuestro ser. El mira el corazón del
creyente. Finalmente, si nuestro corazón está en resentimiento y
amargura no está lleno de amor, “y el que no ama no conoce a
Dios, pues Dios es amor” 1 Juan 4:8
No debemos olvidar que debemos reflejar a Cristo en todo cuanto
hacemos, pensamos y somos en nuestra vida. De manera que
tenemos que ser transparentes y sinceros tanto con Dios como con
nuestro prójimo. Por tanto, recordemos que el mandamiento dice:
“Amaras a tu prójimo como a ti mismo”. Si tenemos que amar
nuestro prójimo no podemos estar en rencor ni en odio. Si lo pones
en oración el Espíritu de Dios te guiara a pedir perdón, o tal vez a
dialogar con la persona que te ofendió o que tú ofendiste.
Otros versículos que nos hablan sobre las relaciones con nuestro
prójimo;
Pedro 3:7
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente,
dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a
coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones
no tengan estorbo.”
Salmo 66:18
“Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no
me habría escuchado.”
Finalmente, el último elemento que deseo señalar es el Tiempo de
Dios. Si no es el tiempo debido para la contestación, Dios nos hará
esperar y nosotros debemos esperar en fe sabiendo que la respuesta
llegará. Puede ser que recibamos una respuesta inmediata en algunas
ocasiones, pero en otras la petición puede tardar porque Dios hace
todas las cosas en su tiempo. Recordemos que tenemos que aprender
a discernir sus tiempos.
Aprendemos a discernir su voluntad en la medida que aprendamos a
intimar con Él. Recuerda el tiempo de oración es tiempo de
intimidad. Pasa tiempo con El Señor, y El té concederá las
peticiones de tu corazón.
¡Que Dios te bendiga abundantemente!