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Gentile.

Introducción.
Al comenzar su estudio, Gentile hace dos afirmaciones:

1. El fascismo fue el primer partido milicia que conquistó el poder en una democracia
liberal europea, con la declarada intención de destruirla, y que planteó como
finalidad afirmar la primacía de la política sobre cualquier otro aspecto de la vida
individual y colectiva, para organizar de modo totalitario la sociedad.

2. El fascismo fue también el primer movimiento político del siglo XX que llevó al poder
el pensamiento mítico, consagrándolo como fundamento moral para su organización
e institucionalizandolo en las creencias y en los símbolos de una religión política.

Mito de la organización y organización del mito.


Según Gentile, el fascismo funcionó como una religión política, construída sobre el mito y la
organización. Estos dos fueron los componentes esenciales de la política de masas y del
sistema político del fascismo. No sólo fueron eficientes instrumentos políticos, sino que
también fueron las categorías fundamentales a través de las cuales los fascistas
interpretaron los problemas de la sociedad moderna y definieron lugar, para transformarla.
Ambos componentes habían sido ya examinados antes de la aparición del fascismo como
instrumentos útiles de movilización y utilización de masas. Al llegar el fascismo, consciente
de su importancia, los adoptó y estructuró su política en torno a ellos.
Desde su inicio, el fascismo persiguió una misma lógica: plasmar en las formas de vida
colectiva el mito del Estado totalitario, mediante la expansión de la organización del partido
fascista.
El fascismo adoptó desde sus orígenes el carácter de partido milicia; organizó a sus
adherentes en base a una jerarquía y una disciplina militar, y transfirió a lo político los
términos, los métodos y las actitudes propias de la guerra. Se trató de un proceso de
“militarización de la política”, que se introdujo en las formas de organización fascista y, con
el paso del tiempo, también en las formas de vida de los italianos.
El objetivo del fascismo fue llevar a cabo una revolución política que, dejando intactos los
pilar fundamentales de la sociedad burguesa, transformara la arquitectura y las funciones
del Estado para edificar un “Estado nuevo”. A partir de 1922, esta idea se tornó en el mito
dominante del fascismo. Este nuevo Estado era imaginado como un proyecto inédito de
dominación política, que permitiría, a través de la acción del mito y la organización,
modificar el carácter de los italianos y crear una “nueva civilización política”. Incluso
después de la conquista del poder, el fascismo siguió elaborando este mito e intentó hacerlo
realidad.
La construcción del régimen fascista comenzó en 1925, y siguió hasta la Segunda Guerra
Mundial. Hacia la década de 1930, los rasgos esenciales de su sistema político estaban
bien definidos y consolidados: se trataba de un régimen cerrado, fundado sobre una
concepción jerárquica del poder, donde no había división de poder, sino que éste se
encontraba concentrado en las manos del líder, Mussolini, quien era a su vez jefe del
gobierno y duce del fascismo. Así mismo, por detrás de la figura del Duce, había un
conjunto de diferentes fuerzas, que se mantenían juntas por obra del compromiso que el
fascismo había establecido.
Las instituciones tradicionales —como la monarquía, el ejército y la burocracia— se
adaptaron al nuevo régimen. No obstante, hubo una institución que generó problemas al
régimen: la iglesia. Esta representaba el mayor obstáculo del fascismo.

Fascismo autoritario y fascismo totalitario.


Otro hecho importante a considerar es la presencia, en el régimen fascista, de una
constante tensión entre dos formas de fascismo: el “fascismo autoritario” y el “fascismo
totalitario”.
Estas dos formas de fascismo coincidían en su rechazo a la democracia liberal y en su
pensamiento de que la solución para el problema de las masas y el Estado era el
denominado “régimen cerrado”. Sin embargo, mientras que el fascismo autoritario
consideraba definitivo y completo al sistema estatal concretado entre 1925 y 1929, el
fascismo totalitario creía que aquel era únicamente la primera etapa en la construcción de
un Estado totalmente fascista. En efecto, para este último, una vez consolidada la posesión
del poder, se debería pasar a otra etapa, a la de las transformaciones radicales, que
producirían la efectiva fascistización de la sociedad.
Hacia la década de 1930, el fascismo totalitario ganó impulso, sobre todo por iniciativa del
Partido Fascista.

● Se desplazó en tres direcciones: 1) hacia la definición ideológica del Estado totalitario, 2)


hacia la ampliación de las formas de organización y movilización de masas, y 3) hacia la
radicalización del proceso de concentración del poder.

A partir de este momento, se produjo una aceleración consciente y programada del proceso
de totalitarización de la sociedad y del Estado. En este período el Partido Fascista expandió
su presencia activa en la sociedad; multiplicó la cantidad de sus tareas y de sus
instituciones.
El Partido Fascista se volvió formalmente el “partido único” y se le asignaron las tareas
específicas de defender y potenciar la revolución fascista y la educación política. Dicho
partido buscó también intensificar la fascistización de los hábitos y de la conducta.

Fascistizar a las masas.


El fascismo totalitario consideraba que organizar y controlar a las masas era la forma de
transformar el carácter, la mentalidad y la conducta de las mismas, y así producir su
adhesión activa al proyecto. Los fascistas creían que las masas eran dóciles y que debían
ser educadas, mediante la acción constante del mito y la organización, para hacerlas vivir
en el Estado. Se buscaba integrarlas al Estado. Pero, en tanto ciudadanos, estas no
participarían del mismo como individuos autónomos, sino como milicianos disciplinados y
obedientes, dispuestos a darlo todo por el régimen. De esta forma, el fascismo intentó poner
en práctica este plan por medio de un triple proceso de organización, educación e
integración de los individuos y las masas. Se trataba de una verdadera “fascistización de las
masas”.
Para hacerlo, el fascismo se apropió de las organizaciones sociales existentes y creó
algunas nuevas, y aumentó la extensión y la intensidad de las estructuras sociales en las
cuales se veían integradas las personas.

● El “hombre nuevo” del fascismo no era un individuo consciente de sí mismo y amo de su


propio destino, sino una suerte de “ciudadano-soldado” que se vaciaba de su individualidad
para dejarse absorber por completo en la “comunidad totalitaria”.

El mito del Duce.


El mito de Mussolini y su función como Duce del fascismo y jefe del gobierno constituyeron
el elemento más característico del sistema político fascista. Este era el líder y el guía de la
organización fascista.
Todo el proceso de desmantelamiento del régimen liberal y de construcción del régimen
totalitario estuvo marcado por la concentración progresiva del poder en Mussolini. En su
figura, en tanto Duce del fascismo y jefe del gobierno, se realizaba la integración entre el
partido y el Estado. El partido fascista hizo un aporte decisivo a la elaboración de este mito.
El mito de Mussolini se propagó y se afianzó porque era coherente con la mentalidad mítica
del fascismo, y contribuyó a nutrirla en las masas y en los jerarcas.
Sin embargo, que el régimen descansara de semejante forma en la figura de Mussolini
implicaba un importante problema, dado que significaba que el mismo estaba condicionado
por la vida física de este. Sin Mussolini, era posible que se produjera una separación entre
mito y organización. Esto hacía del futuro del fascismo una incógnita. Las posibles
soluciones a este problema eran fundamentalmente dos: o hacer perder al mito su fuerza y
desmantelar todas las organizaciones del sistema que eran funcionales a aquel, o exaltar
aún más el mito, llevándolo al extremo. A partir de 1943, cuando Mussolini fue derrocado y
se produjo la disociación entre mito y organización, las tendencias hacia estas soluciones se
volvieron operantes.

Definición del fascismo.


Luego de desarrollar su análisis, Gentile define al sistema político fascista como “cesarismo
totalitario”, definición por la que entiende una dictadura carismática de tipo cesariano,
integrada en una estructura institucional basada sobre un partido único y sobre la
movilización de masas, y en constante construcción para amoldarla al mito del Estado
totalitario, adoptado este como modelo para la organización del sistema político, y que obra
como código de creencias y conductas para el individuo y para las masas.

Vía italiana al totalitarismo.


No obstante, Gentile afirma que la política totalitaria del fascismo encontró ciertos
obstáculos y límites, y que, por esta razón, puede definirse al fascismo también como un
“totalitarismo incompleto o imperfecto”. Pero, para el autor, todos los regímenes totalitarios
fueron en algún sentido formas de totalitarismo incompleto o imperfecto; el totalitarismo
siempre fue un experimento continuo; un proceso en realización.
En el caso del fascismo la construcción del régimen fue activa y operante la voluntad de
transformar radicalmente el orden existente en función de una ideología, aunque la
transformación siguió un camino y un ritmo distinto al de los otros experimentos totalitarios.
Esta fue la “vía italiana al totalitarismo”.