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PLUTON

El Planeta de la discordia

El descubrimiento de Eris en 2005, un cuerpo celeste de un tamaño similar al de Plutón,


despertó la polémica planetaria: ¿debía ampliarse la lista de planetas del sistema solar o bien
eliminar a Plutón? Sea como sea, el debate en torno al diminuto y gélido planeta es fruto de un
gran avance en exploración espacial.

Plutón tiene la órbita más excéntrica de todos los planetas (en sentido amplio) del sistema
solar y además está muy inclinada, lo que supone que en algunas ocasiones llega a estar más
cerca del Sol que Neptuno.

A pesar de que Plutón es un planeta enano su periodo de rotación (tiempo que tarda en
completar una vuelta completa sobre su eje) es muy largo, concretamente el segundo más
largo de todo el sistema solar ya que sólo queda por detrás de Venus.

En total dicho planeta necesita 6 días, 9 horas y 17 minutos para completar una vuelta sobre sí
mismo. Como vemos supera claramente las 24 horas de la Tierra pero no tiene nada que ver
con Venus, que tarda 243 días.

Por su parte Júpiter es el planeta con el ciclo de rotación más rápido, 10 horas.

Plutón representa el poder de transformarnos a partir de nuestra esencia sin renunciar a ella.
La energía de Plutón es emocional intensa y profunda, presiona desde dentro y nos empuja a ir
al fondo de la experiencia como si nos fuese la vida en ello. No es extraño pues que las
experiencias plutonianas puedan resultar perturbadoras debido a su intensidad emocional, a
su compulsividad y a la poderosa energía que generan.

Las energías simbolizadas por Plutón se encuentran en el mundo del inconsciente y son
inaccesibles para la mente racional. Podemos reconocerlas en su expresión y sentir su poder
emocional, subterráneo e intenso, pero no podemos controlar sus manifestaciones ni
explicarlas de forma lógica. Sin embargo será posible canalizar positivamente dichas energías a
condición de desarrollar un nivel de conciencia que nos permita escucharlas y darles una
dirección y un significado que sea coherente con su función transformadora.

Cuando allá por el año 1930 el acuariano Clyde Tombaugh descubrió el planeta Plutón, la
comunidad astrológica sufrió otro sobresalto. Toda la teoría se basaban originariamente en
siete planetas –Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Saturno y Júpiter- y en las últimas décadas,
se habían sumado tres de golpe. Urano, Neptuno y más tarde Plutón, llegaron para
revolucionar la astrología en los momentos en los que la humanidad necesitaba subir un
escalón más en su conocimiento. Bautizados como “transpersonales” (o “transaturninos”,
ubicados después de la órbita de Saturno) estos tres vinieron a representar una dimensión
simbólica que va más allá del alcance individual: la experiencia colectiva que tenemos como
civilización, como raza y como planeta.

Plutón, el dios de los infiernos

Decían que era pequeño y, como su órbita lo ubicaba con un pie afuera del sistema solar, casi
se baja de la categoría de planeta, de hecho, quedó nombrado como un "planetoide". Para los
astrólogos, sin embargo, no hay distinción en relación a los demás. Su órbita es una de las más
extensas. Tarda 250 años en revolucionar al Sol, es decir, en dar toda la vuelta al sistema.
Cuando lo descubrieron, le pusieron el mismo nombre del dios mitológico de los infiernos.
Plutón era Hades, el que habitaba el inframundo entre lava y oscuridad. Fortuitamente o no, es
un misterio, los nombres de los planetas siempre se traducen para la astrología en funciones
psicológicas que se estudian dentro del marco de las cartas natales. Cuando se comenzó a
estudiar la ubicación precisa de Plutón en los destinos individuales (según la casa del
horóscopo en la que estaba posicionado o los aspectos que hacía a los demás planetas), se
llegó a la conclusión de que el nombre, bien puesto lo tenía. A poco de su descubrimiento, se
pusieron en marcha acontecimientos del siglo XX que dieron cuenta de experiencias colectivas
traumáticas: el nazismo, la bomba nuclear, las guerras mundiales. A su vez, la humanidad
emprendió adelantos que tuvieron que ver con un “sacar del infierno”, es decir, del
inconsciente o de la sombra, las pulsiones más primitivas y deseantes para ponerlas bajo la
lupa: por esos años, nació el psicoanálisis. El descubrimiento en 1938 de que un neutrón podía
partir en dos el núcleo de un átomo también fue obra de esta misma manifestación energética.
La potencia de la materia para transformarse y mutar, a partir del evento de su propia
destrucción, tiene totalmente que ver con Plutón. Nada de esto es casual. El mundo simbólico
plutoniano se exteriorizó (se descubrió) cuando necesitamos hablar y sacar a la luz estas
cuestiones.

Muerte necesaria que anuncia lo nuevo

Es fácil hablar de la bomba nuclear en relación a él. La destrucción en masa encierra sus dos
características: la muerte y lo colectivo. No es tan sencillo explicar cómo actúa en la vida de las
personas dependiendo de los aspectos que realiza en la carta natal. Empecemos por explicar
que es el regente de Escorpio y le otorga a este signo sus características. Pertenece a la casa
número 8 del zodíaco y, en esto mismo, ya hay una respuesta. El número 8 acostado es el
símbolo del infinito. Ese balance de ir y venir es el ritmo de la vida y la muerte que nunca se
detiene. Y lo que caracteriza a los movimientos plutonianos a nivel personal es la destrucción
de una forma para que se construya una nueva. Sea la transformación de una manera de
comportarse (pauta psíquica), de una situación que parecía estable, de un vínculo… ¡todo se da
vuelta! Lo que servía como pareja, casa, trabajo o lugar de estabilidad y comodidad se ve
amenazado porque ya cumplió su ciclo y la corriente volcánica del hades lo arrastra. ¡Ojo! Lo
que se va, se rompe o destruye es lo que está verdaderamente muerto, lo que es poco creativo,
lo que ya no tiene vida. Como el dios Shiva hindú, acaba con todo y deja el terreno limpio para
que nazca la nueva semilla del futuro. ¿Cuál será? ¿Qué vendrá después? La angustia es el
momento preciso en el que lo nuevo no vino y hay un vacío que espera.La ironía del Plutón
estelar se nos manifestó a los astrólogos cuando la sonda New Horizons identificó una
formación de la superficie desconocida similar a un corazón. ¿Qué nos quere decir esto? ¿Amor
y destrucción intrínsecamente ligados?

La caldera hirviente de los instintos

Sexo y poder también se asocian con lo plutoniano. Si hay una posición fuerte de Plutón en la
carta natal, es lógico que estos temas capten la atención. Todo lo que se relacione con la
intensidad de los intercambios energéticos sexuales, con el dinero y fama, le pertenecen a este
dios. Máxima pulsión de vida que trae aparejada su propia destrucción. Drácula, por ejemplo,
era ese ser inmortal que vivía de la energía de los otros. Y si pensamos, está lleno de
personajes que están a medio camino entre lo humano y lo puro instintivo. Sobrevivir a lo que
arrasa con todo, morir siete veces como los gatos y resucitar, caerse y levantarse después de
una pérdida total que implica un cambio profundísimo es el don que otorga este
gigante/transformador si lo sabemos aprovechar

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