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SIGNOS DE VIDA Y SIGNOS DE MUERTE.

La fe en la presencia y acción liberadora de Dios y de su Espíritu en la historia lleva a reconocer los


signos de vida que se manifiestan en la amplia diversidad de realidades en las que viven los
jóvenes del continente. En estas señales de vida se celebra la juventud como un don especial de
Dios para la humanidad toda.

* A través de muy distintos caminos, los jóvenes buscan respuestas a su necesidad de Dios y a sus
preguntas de sentido. De hecho, la inmensa mayoría dice creer en Dios y un número importante
está comprometido en el conocimiento y seguimiento de Jesús.

* Defienden con valor y decisión su derecho a ser sujetos y protagonistas de toda propuesta que
tenga relación con sus vidas. El valor de la persona y de su propia subjetividad es un rasgo muy
significativo que marca la identidad generacional de los jóvenes de hoy.

* La mentalidad técnico-racionalista conseguida en la escolaridad, los hace menos expuestos a la


resignación y al fatalismo. No se sienten obligados a repetir modelos por el simple argumento de
la costumbre o la tradición. La convicción personal tiene carácter de criterio último para la
decisión de sus opciones de vida.

* Anhelan menos distancia y formalismo y mayor espontaneidad en el trato entre padres e hijos,
entre profesores y alumnos, entre laicos y sacerdotes y en general, en todas sus relaciones. Gustan
conocerse a sí mismos y compartir sus inquietudes e intimidades con sus iguales. Mantienen la
más democrática relación entre los sexos que se ha dado en la historia. Tienen muchas ocasiones
para participar en experiencias generacionales con jóvenes de distintas clases sociales.

Junto a las anteriores, hay también situaciones del mundo juvenil amenazadas por signos de
muerte que deben ser anotados y combatidos en el trabajo pastoral que se realiza con los jóvenes.
* En el mundo de hoy, el sentido de la vida se ha vuelto plural. Existe una amplia gama de sentidos
de la vida. Se supone que cada uno puede elegir cómo, por qué y para qué vivir, con autonomía e
independencia personal. Sin embargo, el mercado de sentidos manipula a muchos jóvenes y
muchas veces disfraza de elección el manejo publicitario que hace con ellos. Las diversas y
contrapuestas ofertas de estilos de vida debilitan las certezas de muchos jóvenes, los confunden y
no pocas veces los llevan a experimentar graves contradicciones internas. Esta confusión atenta
contra su salud espiritual, pues produce sentimientos de división y rupturas en su identidad
personal.

* Muchos jóvenes se sienten distantes del mundo adulto, de la participación social y política y de
las figuras de autoridad. En muchos casos, esta actitud esconde un desinterés por crecer y
madurar. No son pocos los que sienten la tentación de permanecer como están y renunciar al
esfuerzo y al desafío de superarse, mejorar y asumir nuevas responsabilidades.

* En la medida en que los jóvenes se socializan, son impelidos a considerar a los demás como
rivales e incorporan desconfianza y temor para la relación con los otros. Cada vez son más escasas
las posibilidades que tienen de hacer experiencias de solidaridad y cooperación, aunque se sientan
naturalmente inclinados a hacerlo.
* La dificultad para acceder a la educación superior y, por lo tanto, para poder ingresar con
relativo éxito al mercado de trabajo, ha hecho que muchos jóvenes incorporen una suerte de
desilusión acerca de las ofertas y posibilidades que la sociedad tiene para ellos. Han sido y se
sienten excluídos.

* La cultura postmoderna tiende a desencadenar un falso sentido de espontaneidad y de libertad


frente a la conciencia y a la responsabilidad moral, que en la práctica, se traduce en un inmaduro
sentimiento de inocencia personal frente al mal cometido y al bien omitido, que es necesario
ayudar a superar.

* La sociedad de consumo multiplica los productos y, para asegurar su mercado, exacerba la


capacidad de consumir. Un modo de lograrlo es hacer que ningún producto satisfaga
efectivamente las necesidades más profundas de quienes lo adquieren. Manipula a los
consumidores para que vivan a un nivel superficial, sin contacto con las genuinas motivaciones.
Esto lleva, sobre todo a los jóvenes, a una especie de incapacidad para vivenciar y para