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Corneliu Zelea

Codreanu
Corneliu Zelea Codreanu

Artículo publicado en el sitio web Eurasia 1945


(https://www.eurasia1945.com/)

2016
Índice
Corneliu Zelea Codreanu…………………………………………………………….1

Infancia………………………………………………………………………………...1
Primera Guerra Mundial……………………………………………………………..2
La universidad……………………………………………………………….………...2
Legión de San Miguel Arcángel………………………………………………...…….7
Guardia de Hierro……………………………………………………………………..9
Caída de el Capitán………………………………………………………….………..11

Bibliografía……………………………………………………………………..……..14
Corneliu Zelea Codreanu
El fascismo en Rumanía encontró una de las naciones de Europa donde más acogida
encontró en un grado bastante similar al de Italia y Alemania, a pesar de que las
condiciones fueron las más difíciles para su desarrollo. Tanto su auge como caída dentro
del marco de la Era de Entreguerras que abarcó desde el fin de la Primera Guerra
Mundial hasta las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, no sería comprensible
sin la figura de Cornelia Zelea Codreanu, también conocido como el Capitán.

Infancia

Corneliu Zelea Codreanu nació en Iasi, una región de Moldavia, en Rumanía, el 13 de


septiembre de 1899. Su padre fue Ion Zelea Codreanu, un profesor universitario de
ideas nacionalistas; mientras que su madre, Elisa Codreanu, una rumana de origen
alemán por parte de su progenitor que se en el siglo XIX se había asentando en el país.
La infancia de Corneliu se desarrolló en un ambiente humilde, aunque tampoco sin
alcanzar la pobreza porque recibió una buena de educación, sobretodo en aquellos temas
relacionados con el patriotismo y la religión ortodoxa. De hecho con tan sólo trece años
de edad, Corneliu ingresó en el Liceo Militar de Manastiréa-Déalulul con la intención
de poder hacer carrera más adelante en las fuerzas armadas rumanas.

Corneliu Zelea Codreanu.

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Primera Guerra Mundial

Rumanía entró en la Primera Guerra Mundial junto a los aliados el 15 de agosto de


1916 bajo unas condiciones de inferioridad estratégica total respecto a los
Imperios Centrales que rodeaban al país desde todas sus fronteras con Austria-Hungría
y Alemania al oeste, y Bulgaria y Turquía al sur. Corneliu, que por aquel entonces
contaba con dieciséis años de edad, se presentó voluntario para entrar en el ejército real
rumano, que por el momento rechazó su petición por no tener cumplidos los dieciocho
años requeridos. Fue entonces cuando recorrió varios centros de reclutamiento por todo
el país, insistiendo en sus ganas por participar, una labor a la que se sumó su padre Ion,
quién habiendo sido reclutado, realizó fuertes presiones para que lo
aceptasen. Finalmente y después de muchas solicitudes, Corneliu fue admitido
exclusivamente como auxiliar militar, aunque no como soldado.
A finales del verano de 1916 Corneliu participó en la ofensiva del ejército real rumano
sobre Ardeal, encargándose de cargar un gran número de kilogramos de peso de
avituallamiento a la espalda y transportando municiones a la primera línea de
fuego. También cuando el ejército austro-húngaro inició la contraofensiva y el ejército
real rumano emprendió la retirada sobre Transilvania, Corneliu vivió un auténtico
infierno porque su trabajo durante la caótica huida fue el de recoger las armas
abandonadas en el campo de batalla y llevarlas a sus bases para evitar que cayesen en
manos enemigas, una excelente labor que llevó a cabo bajo la amenaza del intenso frío,
los bombardeos de artillería y tiradores húngaros.
A raíz de la importancia adquirida por Ion Zelea en el ejército rumano y a sabiendas
de que su hijo Corneliu se arriesgaba demasiado la vida, los mandos del ejército real
rumano licenciaron a este último en contra de su voluntad. Así fue como Corneliu
regresó a la vida de civil, aunque desde el principio intentó volver al mundo castrense
realizando un curso en la Academia Militar Activa de Botosani y posteriormente
recorriendo medio país a pie hasta la primera línea del frente, algo que no le sirvió de
nada porque cuando alcanzó las vanguardias del ejército real rumano, el Reino de
Rumanía anunció su derrota en la Gran Guerra y la capitulación ante los Imperios
Centrales durante el Tratado de Bucarest.
Frustrado por la humillación de la Gran Guerra y preocupado por el estallido de la
Revolución Bolchevique en Rusia, Corneliu ingresó en el Liceo Militar de Huchi a la
espera de que los acontecimientos en el exterior modificasen la situación. Precisamente
y desde este centro de estudios castrense, advirtió del peligro marxista e incluso fundó
en enero de 1918 una asociación cultural llamada Michele Cogalnicaenu cuya función
sería organizar una guerrilla con armas en caso de una expansión comunista en
Rumanía.

La universidad

Finalizada la Primera Guerra Mundial en 1918, el Tratado de Bucarest firmado con


los Imperios Centrales fue anulado porque gracias a la Conferencia de Paz de París el
Reino de Rumanía amplió su territorio casi al doble de su tamaño original con
Transilvania a costa de Hungría, Dobrudja a costa de Bulgaria y Besarabia y Bukovina a
costa de la Rusia soviética. Sin embargo y a pesar de la victoria, Corneliu comprendió
que las masas obreras y campesinas eran ajenas al triunfo porque vivían en la máxima
pobreza, algo en contraste con políticos y terratenientes que llevaban a cabo una vida

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privilegiada y de salón, mientras el marxismo se alimentaba peligrosamente de esta
brecha social. A partir de este análisis bastante real acerca de la situación, cuando
Corneliu entró en la Facultad de Derecho de la Universidad de Iasi en 1919, decidió
ingresar en en la Guardia de la Conciencia Nacional, un movimiento liderado por
Constantin Pancu que denunciaba tanto al comunismo como a los abusos de la
monarquía del rey Ferdinand I.
El 10 de febrero de 1920 fue convocada por los comunistas una huelga general en toda
Rumanía que estuvo acompañada de violentos enfrentamientos y cargas
policiales. Corneliu Codreanu que se declaró contrario al uso de la fuerza porque a su
criterio sólo incrementaría el poder de los bolcheviques, optó por irrumpir con un grupo
de compañeros en la fábrica de tabacos de Iasi donde cerca de 2.000 obreros se habían
atrincherado agitando banderas con el rostro de Karl Marx y León Trotsky. Sin
pensárselo dos veces, Corneliu subió al tejado y arrancó las banderas marxistas, antes de
marchar a la sede comunista situada en la vía férrea Nicolina de Iasi y arriar también las
insignias rojas para izar en su lugar la bandera nacional de Rumanía con los colores
rojo, amarillo y azul que durante el trayecto había llevado entre los dientes. A la salida
del edificio los revolucionarios de izquierdas les reprocharon y amenazaron (de hecho
Corneliu y sus hombres guardaron las manos en los bolsillos por si había que usar las
pistolas), hasta que Codreanu pronunció un discurso en el que afirmó estar de parte de
los ferroviarios porque igualmente rechazaba la monarquía y los partidos de derecha,
aunque al mismo tiempo les advirtió de que el bolchevismo no era la solución, algo que
convenció a la mayoría porque le permitieron marchar e incluso alguno de los obreros
se unió a su causa.
El éxito de Codreanu a la hora de acabar con la huelga general en Iasi le catapultó a la
fama en detrimento de la figura de Constantin Pancu, quién tras pasar a un segundo
plano, le cedió el liderazgo de la Guardia de la Conciencia Nacional a la que cambió el
nombre por el de Agrupación Socialista Nacional Cristiana. Al frente de esta nueva
entidad política, abrió el primer congreso de inauguración en Cluj, en donde denunció
las plazas ilimitadas que las universidades concedían a los judíos en Rumanía, mientras
que a los rumanos pobres se les negaba el acceso por la simple razón de no poder pagar
las matrículas. Precisamente cuando se inició el nuevo curso de la Universidad de Iasi
en el otoño de 1920, los nuevos profesores y decanos de tendencias marxistas
anticlericales suspendieron el habitual acto religioso de apertura que comprendía una
tradición clásica de Rumanía, por lo que como respuesta a tal afrenta, Corneliu se
encerró en el campus clavando un cartel sobre la puerta en el que se informaba que
varios alumnos hacían un encierro hasta que los oficios ortodoxos se celebraran, motivo
por el cual las autoridades universitarias hubieron de ceder a la petición del joven y
realizar los sacramentos. De igual forma otra de las batallas políticas ganadas por
Codreanu estuvo la supresión en los pasillos y el recreo de los gorros de lana rusos
chapkas que los alumnos llevaban para identificarse con el comunismo o simplemente
por moda, a los cuales fueron quitando de la cabeza uno a uno para arrojarlos a una
hoguera en medio del campus. Como consecuencia de todas esas acciones, el rector de
la Universidad de Iasi expulsó a Codreanu, por lo menos hasta que la intervención de
algunos profesores afines consiguieron que se le revocase el castigo y se le autorizase
regresar el 4 de mayo de 1921. Desgraciadamente y a pesar de que le otorgaron un
certificado de asistencia y habilitación, no recibió el diploma por meras cuestiones de
revanchismo político, ni tan siquiera cuando fue elegido presidente del grupo de los
mejores universitarios del centro a los que llamaban Estudiantes de Leyes.

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En 1921 la militancia de Codreanu en la Agrupación Socialista Nacional Cristiana fue
igual de activa, hasta que tras modificar el nombre de su movimiento por el de
Asociación de Estudiantes Cristianos, decidió retirarse de la política durante un tiempo
para viajar a Alemania y estudiar en la Facultad de Economía Política de la Universidad
de Berlín. Curiosamente cuando llegó a la capital de la República de Weimar, causó una
gran impresión entre los estudiantes universitarios tras presentarse en clase con el traje
nacional rumano. Una vez aprobó las asignaturas que le convalidaban en Rumanía, se
marchó a la Universidad de Jena, aunque en esta última tuvo que costearse el resto de la
carrera transportando fruta y verdura a los restaurantes.
Mientras Corneliu permanecía en Alemania, sus compañeros de la Asociación de
Estudiantes Cristianos en Rumanía habían organizado una protesta en la Universidad de
Cluj debido a la decisión de los médicos y aprendices de hacer exclusivamente
disecciones con cadáveres de religión ortodoxa o católica, y sin embargo no de fe
judía. En cuando Corneliu se enteró de lo ocurrido, regresó a Rumanía y azuzó una serie
de disturbios, primero en Iasi, luego en Cernautzi y finalmente en la capital de Bucarest
los días 3 y 4 de diciembre de 1922 (sería precisamente durante estas manifestaciones
cuando conoció a quién iba a ser su mano derecha y mejor amigo, Ion Moţa) Así fue
como tras ver la violenta reacción del pueblo, el gobierno de Rumanía desoyó las quejas
de la comunidad judía y el 10 de diciembre de 1922 anunció que los experimentos sobre
cadáveres se aplicarían a todo el mundo por igual sin importar la religión. Gracias a esta
importante victoria a nivel nacional, Codreanu se hizo famoso en todo el país, un salto
en su carrera como activista que le llevó a fundar el 4 de marzo de 1923 un partido
bautizado con el nombre de la Liga de Defensa Nacional Cristiana (L.A.N.C.) que fue
inaugurado en la Catedral de Bucarest ante un público de 10.000 personas.

Un joven Codreanu llamando a las masas.

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Justo a los pocos días de existencia de la Liga de Defensa Nacional Cristiana dirigida
por Corneliu Codreanu, el Estado rumano abolió el Artículo 7 de la Constitución
mediante el que se otorgaba plenos derechos a los judíos. Tal cosa implicaba que los
propietarios hebreos, que hasta ese momento habían dirigido un injusto sistema feudal
dentro de Rumanía explotando a obreros y campesinos rumanos para sus empresas
(éste era un sistema único en Europa), tuviesen una mayor impunidad para contratar
mano de obra más barata prácticamente sin intervención legal de las
autoridades. Lógicamente la Liga de Defensa Nacional Cristiana organizó una oleada de
violencia que sacudió todo el país en contra de los judíos y la monarquía, durante la cual
ni los policías ni gendarmes a caballo pudieron controlar la situación, por lo que se tuvo
que movilizar al ejército real rumano para sofocar la revuelta. Una vez suprimidos los
manifestantes, Codreanu fue detenido por primera vez en su vida y encarcelado
brevemente en la Prisión de la Puerta Verde, antes de salir absuelto poco después y
volver al activismo político.
Nuevamente en agosto de 1923 la lucha en las calles se desató sobre Rumanía cuando
la gendarmería rumana disolvió una convención de estudiantes de la Liga de Defensa
Nacional Cristiana al frente de Codreanu que en aquellos instantes se encontraban
honrando a los caídos en la Primera Guerra Mundial. A pesar de la fuerza bruta
empleada, Corneliu no se amedrentó y el 17 de septiembre presidió el Primer Congreso
de Agricultura en Campul Lung. Nada más acabar este evento, partió junto a treinta
campesinos hacia Bucarest para entrevistarse con el primer ministro Ion Bratianu, quién
para su sorpresa los recibió con un regimiento de guardias a las puertas del parlamento,
aunque por suerte Corneliu consiguió hacer entrar en razón a los hombres armados y
finalmente entrevistarse con su homólogo (fracasando a la hora de convencerle de la
necesidad de hacer una reforma agraria)
Como cada vez la situación de Rumanía era más precaria, Codreanu decidió que había
que pasar a la acción armada y por ello organizó perpetrar un gran atentado que
socavara al gobierno rumano con la muerte de al menos seis ministros, tres banqueros y
los tres directores de los periódicos La lucha, La verdad y La mañana. Básicamente el
plan consistía un cometer los asesinatos según las distintas regiones del país: el propio
Codreanu e Ilia Garneatza en Moldavia, Ion Moţa y Corneliu Georgescu en
Transilvania, Aurel Vernichescu en el Banato, Radu Mironovici en la Bukovina y
Tudose Popescu en Valaquia. Sin embargo mientras estaban ultimando los preparativos,
el 8 de octubre de 1923, la gendarmería rumana irrumpió en el escondite donde
planificaban el atentado y todos los responsables fueron arrestados al
instante. Sólamente escapó Ion Moţa, que antes de ser detenido, se dirigió a la
cancillería y vació el cargador de su pistola hasta acabar con la vida de su compañero
Aurel Vernichescu, el mismo que había delatado a Codreanu a cambio de dinero.
Durante su estancia en la Cárcel de Vacaresti, Codreanu modificó totalmente su
personalidad, porque desde entonces se convirtió en un hombre reflexivo, lleno de paz y
emanador de un gran amor espiritual. Según sus propios testimonios, afirmó haber
tenido una experiencia religiosa en la que el Arcángel San Miguel se le apareció para
indicarle el destino de esplendor que habría de seguir Rumanía. Mientras tanto, a su
juicio acudieron miles de personas para escuchar su persuasiva oratoria, de la cual
quedaron prendados los mismos jueces, quienes ante la carencia de pruebas
concluyentes, liberaron tanto a Codreanu como a todos sus amigos (con la excepción de
Ion Moţa que tardaría un tiempo más en salir de prisión)
La vida de Codreanu cambió totalmente al salir en libertad porque desde entonces se

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volvió distante y rechazó cualquier tipo de violencia utilizada en el pasado. De hecho, se
dedicó la mayor parte del tiempo a rezar a un icono del Arcángel San Miguel e incluso
aseguró haber tenido una iluminación durante la cual se le había revelado dejar de lado
los mítines para concentrarse en los hechos. Así fue como el 8 de mayo de 1924 nació el
primer campo voluntario de trabajo que inauguró en Ungheri junto a 26 estudiantes
universitarios. El objetivo de este recinto financiado a través de los donativos que
recolectaban los miembros de la Liga de Defensa Nacional Cristiana consistió en
construir obras, escuelas o viviendas para los más pobres y cultivar para los campesinos
más desfavorecidos. Normalmente Codreanu y su equipo solían trabajar en cinco grupos
desde las 4 de la mañana hasta el anochecer, lo que les permitía obtener al final de la
jornada un lote de trescientos ladrillos y cada cierto tiempo dos hectáreas de tierra
cultivada, todo ello de forma altruista porque las ganancias las entregaban a los más
necesitados, salvo un pequeño porcentaje que empleaban para subsistir. Gracias a esta
labor, pronto los obreros y campesinos vieron en aquellos voluntarios un ejemplo a
seguir y por ello las filas de la Liga de Defensa Nacional Cristiana comenzaron a crecer.
Constantin Manciu, un prefecto de la gendarmería rumana que odiaba a la Liga de
Defensa Nacional Cristiana, decidió por cuenta propia asaltar con sus agentes el campo
de trabajo de Ungheri y detener a todos sus trabajadores, a quienes condujo a la
comisaría para torturarles a golpes de fusil, colgarles del techo y aplicarles todo tipo de
humillaciones. Codreanu, que en aquellos momentos se encontraba en Iasi, se ofreció
como abogado para la defensa legal de uno de los jóvenes torturados. Sin embargo y
nada más presentarse en los juzgados el 6 de mayo de 1924, el prefecto Constantin
Manciu se abalanzó sobre él con intención de agredirle, a lo que Codreanu reaccionó en
defensa propia sacando su pistola y disparando contra el policía hasta causarle la
muerte. Evidentemente Corneliu fue detenido al instante y enviado a la Prisión de
Galata, aunque afortunadamente catorce días más tarde, el 20 de mayo, fue puesto en
libertad sin tan siquiera realizarse juicio debido a que si no hubiese abierto fuego contra
Constantin Manciu, muy posiblemente la víctima habría sido él mismo.
Elena Ilionoiu fue la chica de la que Corneliu Codreanu se enamoró profundamente y
contrajo matrimonio el 14 de junio de 1924. La ceremonia que se ofició como si se
tratase casi de una boda real, estuvo acompañada de unos majestuosos caballos seguidos
por miles de personas hasta la iglesia, siendo todo el evento recogido por la prensa
nacional e incluso filmado en una película (esta última se perdería posteriormente tras
su confiscación por el gobierno local) Al año siguiente, a inicios de 1925, Codreanu y
Elena dejaron de lado la política y se fueron a vivir a Francia para afincarse en el
pueblecito Pont D’Uriage, que se ubicaba en la provincia de Grenoble. Junto con ellos
vino su amigo Ion Moţa que acababa de casarse con la hermana de su propio jefe,
Iridenta Codreanu. Una vez en territorio galo, tanto Corneliu como Moţa se dedicaron a
trabajar en el campo francés como agricultores con la finalidad de costearse los gastos
de sus respectivas familias, además de estudiar leyes hasta licenciarse el primero con el
doctorado de derecho y el segundo con el doctorado de jurisprudencia.
Al mismo tiempo en que Codreanu trabajaba en Francia, en Rumanía fueron
convocadas elecciones justo cuando el liderazgo de la Legión de San Miguel Arcángel
recaía en el sustituto Alexandru Cuza, por lo que Corneliu tuvo que viajar a su patria en
el último instante y ofrecer un discurso veinticuatro horas antes de las elecciones que le
permitió hacerse con 120.000 sufragios y 10 diputados en el parlamento. Sin embargo y
a pesar del éxito electoral, el panorama era desolador porque la Legión de San Miguel
Arcángel se dividió en dos bandos irreconciliables, uno dirigido por Cuza y otro por

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compañeros de importancia secundaria, lo que llevó a Codreanu a distanciarse y tomar
la decisión de fundar un nuevo movimiento al margen de los otros, en cuyas filas sabía
que le seguirían la abrumadora mayoría de sus militantes.

Legión de San Miguel Arcángel

A las 22 horas del 24 de junio de 1927 nació la Legión de San Miguel Arcángel
(L.S.M.A.) bajo el mando de Corneliu Codreanu que desde entonces pasó a ser
conocido con el título de el Capitán. Según el pensamiento de este nuevo movimiento
político y espiritual los principios se basaron en la defensa de la nación, en la ayuda a
los ciudadanos más desfavorecidos mediante los hechos y el trabajo, y sobretodo en el
amor en Dios. De igual forma adoptó ciertas similitudes con el fascismo como por
ejemplo los saludos romanos, brazo derecho en alto, la uniformidad de las escuadras a
las que bautizaron con el nombre de camisas verdes y una mezcla ideológica entre
socialismo y nacionalismo; aunque al mismo tiempo se añadieron unos postulados
místicos consistentes en la renovación del espíritu y en la comunión con Dios a través
de elevar el alma mediante el canto ancestral.

Voluntarios de la Legión de San Miguel Arcángel haciendo el saludo romano a Codreanu.

La gestión de Corneliu Codraenu al frente de la Legión de San Miguel Arcángel fue


una de las mejor organizadas de Europa tal y como recogió en el manifiesto
Caticica Sefului, y como también puso en práctica al distribuir el movimiento en
minúsculos grupos de trece hombres o cuibs encargados de trabajar para los pobres y al
mismo tiempo repartir propaganda sobre la región a la que fueran designados. Sin
embargo y como la represión política estaba a la orden del día, sólo podían acceder
aquellos que fueran conocidos por al menos dos legionarios, los cuales una vez
admitidos tenían que demostrar su valor durante un período comprendido entre tres y
cuatro meses, así como dos años de militancia en el cuib para finalmente ser investido
en una ceremonia muy parecida a la de los Caballeros Teutones de la que salían con el
rango de legionario. Curiosamente cuando el cuib superaba los trece miembros, el jefe

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del anterior creaba un segundo cuib y así sucesivamente, estableciendo normalmente sus
bases en la casa de algún militante o iglesia cedida por un sacerdote simpatizante,
aunque la cúpula central siempre se reunía en la sede principal de Bucarest a la que
pusieron el nombre de Casa Verde. Precisamente cada vez que los legionarios
convocaban una sesión lo hacían sobre una sala en la que figuraban un crucifijo, un
cuadro del Arcángel San Miguel, la fotografía de Codreanu, una lámpara de aceite y un
cirio. La primera parte de la reunión consistía en un canto a Dios y en rezar las
respectivas plegarias, luego se resumían los acontecimientos de la última semana, a
continuación se debatía la futura táctica a seguir y por último se revisaba la prensa
amiga, enemiga e internacional; mientras que en la segunda parte trataban de
consagrarse con Dios haciendo un levantamiento espiritual. Respecto a aquellos
militantes que hubiesen cometido errores dentro de la organización, Codreanu se negó a
castigarlos con maldad porque según él los mejores métodos para redimirse eran
aquellos que se hacían mediante obras constructivas en beneficios de otros que
precisaban de ayuda, por lo que todo aquel sancionado fue sentenciado con trabajos a la
comunidad.
Otro de los aspectos fundamentales de la Legión de San Miguel Arcángel era el
trabajo voluntario promovido por Corneliu Codreanu, no solamente en ayuda de los
pobres, sino también en la obtención de los recursos necesarios para el desarrollo de
Rumanía en los que los que jamás invertía el Estado. Así fue como proliferaron los
campamentos de trabajo mediante una eficaz red que se extendió a toda la nación,
donde los legionarios construyeron escuelas, puentes, iglesias, infraestructuras o
simplemente cultivaron el campo en las aldeas y pueblos más humildes; además de
colaborar en otras tareas según el oficio de cada voluntario, ya fuesen obreros, albañiles,
carpinteros, herreros y campesinos; e incluso trabajar en talleres o en la industria textil a
cambio de ladrillos, cemento o hierro. De hecho, con los donativos que recaudaron los
mismos legionarios, crearon una pequeña red de comercio para costearse sus gastos
vendiendo productos de primera necesidad a precios casi gratis; y también impulsaron la
apertura de restaurantes legionarios que ofrecían comida de dos a diez lei (moneda
rumana) con un excelente servicio. Ni siquiera faltaron los oficios religiosos como las
misas, los cantos corales y juegos para los niños. Evidentemente y ante esta
demostración de buena voluntad, los ciudadanos del país quedaron entusiasmados de
ver como aquellos universitarios, estudiantes, profesores, abogados, ingenieros,
sacerdotes, intelectuales… trabajaban para ellos de forma altruista y sin pedir nada a
cambio. Por este modo cuando la gendarmería rumana o el ejército real rumano
boicoteaban a los legionarios que trataban de atender las necesidades básicas de la
población, la gente pudo identificar quienes defendían sus intereses y quienes no, lo que
sin duda aumentó el prestigio de Codreanu a niveles nunca antes vistos.
La Legión de San Miguel Arcángel creció tanto en Rumanía que Codreanu impulsó la
creación de una fuerza paramilitar a la que bautizó con el nombre de Guardia del Icono
al mando de Radu Mironovici, la cual estuvo encargada de defender a los legionarios
tanto de los ataques gubernamentales como de los comunistas. Simultáneamente y de
forma paralela organizó un cuerpo juvenil para adolescentes entre catorce y dieciocho
años conocido como la Cofradía de la Cruz, en cuyas filas se prohibía fumar e ingerir
bebidas alcohólicas, además de ser necesario para acceder hacerse una pequeña incisión
con un crucifijo de madera en el dedo e intercambiar las gotas de sangre con los
compañeros. También en el ámbito académico fundó el Centro Universitario Legionario
con sus respectivos frentes universitarios provinciales, además de autorizar una

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Sección Femenina Legionaria para mujeres que participaron activamente en la vida
política.
La muerte del rey Ferdinand I, que convirtió en monarca al rey Carol II, el más
corrupto de Rumanía hasta la fecha, así como la crisis de la bolsa de Wall Street de
Nueva York que en 1929 sumió en una depresión económica a Europa, generó un caldo
de cultivo perfecto para la carrera política de Codreanu. A raíz de estos dos
acontecimientos el Capitán ascendió meteóricamente en las encuestas tal y como
demostró en un baño de masas que tuvo lugar durante un mitin en Cahul al que
acudieron 20.000 campesinos, por lo que a comienzos de 1930 Codreanu decidió
disolver la Legión de San Miguel Arcángel e incrementar sus apoyos fundando la
Guardia de Hierro.

Guardia de Hierro

El 20 de junio de 1930 Corneliu Codreanu fundó la Guardia de Hierro con un


emblema muy característico consistente en una cruz en forma de reja que evocaba los
barrotes de las cárceles por donde tantas veces habían pasado los legionarios. La
existencia de este movimiento no pudo hacerse en mejor momento porque la amante del
rey Carol II, la judía Elena Lupescu, que tenía una gran influencia sobre él, convenció al
monarca de restablecer las relaciones comerciales con la Unión Soviética, lo que causó
una gran indignación en las provincias de Besarabia y Bukovina, que Iósif Stalin nunca
había dejado de reclamar. Así fue como Codreanu preparó una gran marcha sobre
Besarabia que se realizaría en siete columnas de legionarios separados 18 kilómetros
entre sí y que convergerían al mismo tiempo en el río Prut. Desgraciadamente la
gendarmería rumana impidió la iniciativa tras disolver violentamente las
manifestaciones y meter en prisión a Codreanu, que nuevamente por falta de pruebas en
el juicio fue puesto en libertad.
Como la Guardia de Hierro se convirtió en un problema para el reino de Carol II,
el 11 de enero de 1931 el partido fue ilegalizado y Codreanu detenido después de ser su
casa y la de otros legionarios registradas. Afortunadamente como los jueces no
encontraron motivo alguno de culpabilidad, Codreanu fue liberado sin cargos y su
movimiento político de nuevo legalizado. De hecho y gracias a la inmoral intervención
del monarca en asuntos judiciales, durante las elecciones de julio de 1931, la Guardia de
Hierro obtuvo 34.183 votos. Ante este alarmante resultado, la Guardia de Hierro fue
otra vez sacada fuera de la ley en 1932, aunque al poco tiempo readmitida por los
tribunales, lo que valió a Codreanu en los comicios de ese mismo año aumentar sus
votos a 70.674 sufragios y ganar cinco diputados en el parlamento rumano.
La presencia de la Guardia de Hierro en el parlamento rumano facilitó a Codreanu
atraer a las masas mediante enérgicos discursos y a veces aportando pruebas
irrefutables, como cuando mostró a los diputados un trozo de pan rancio y podrido que
comían los ciudadanos de la región de Marmures. De hecho, siempre aportaba
soluciones y nunca debates vacíos, como por ejemplo hizo en el verano de 1933 tras
proponer construir una presa de 2 kilómetros alrededor del río Bazau, cuyo caudal
siempre se desbordaba e inundaba el área rural de Visani. Evidentemente, como el
gobierno rumano se negó a invertir en dicha infraestructura, los propios legionarios
comenzaron las obras de manera altruista; aunque una vez puestas en marcha, la
gendarmería rumana se presentó en el lugar y destruyó los cimientos levantados, lo que
causó una profunda indignación entre el campesinado que comenzó a ver a políticos y

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banqueros como un peligroso enemigo.
Justo antes de las terceras elecciones, la noche del 9 al 10 de diciembre de 1933, la
Guardia de Hierro fue ilegalizada por orden del primer ministro Ion Duca para evitar
que los ciudadanos pudiesen votar a Codreanu. A esta estafa electoral siguió una
campaña de represión que dejó 19 legionarios muertos, 20.000 detenidos y 18.000
viviendas registradas, siendo además Codreanu y su amigo Ion Moţa encarcelados junto
a toda la cúpula del movimiento (según ellos aquella jornada sería recordada como el
Día del Sufrimiento Legionario) Sin embargo y contra todo pronóstico, una vez más los
tribunales declinaron la culpabilidad de Codreanu y sus compañeros, quienes fueron
puestos en libertad tras ser rechazada la falsa acusación de estar al servicio de la
Alemania nacionalsocialista, además de ser nuevamente la Guardia de Hierro
relegalizada el 5 de abril de 1934. Simultáneamente, y como represalia por el
amañamiento electoral que perjudicó al partido, unos legionarios asesinaron en un
atentado al primer ministro Ion Duca (aunque Codreanu jamás tuvo nada que ver)
Gran fama alcanzó Codreanu desde 1934 con las nuevas reformas introducidas en la
Guardia de Hierro que implementaron la ayuda a los más desfavorecidos mediante el
trabajo voluntario; y también con novedosas adaptaciones que incluyeron la
introducción del lema “Todo por la patria” (“Totul pentru tzarase”) o la publicación
de unos manuales que él mismo escribió con el título de Pentru legionari, El manual
del jefe y La Guardia de Hierro. De igual forma comenzó a ganarse ciertas simpatías
con oficiales del ejército real rumano como el General Ion Antonescu
(futuro Conducător de Rumanía en la Segunda Guerra Mundial) e incluso admitió como
presidente honorífico al General Cantazucine Granicerul, que había sido un héroe de la
Gran Guerra condecorado con la Medalla de Miguel el Grande. Ni siquiera los intentos
de atentados contra Codreanu tuvieron éxito porque sobrevivió a dos ataques
(el primero por parte de un francotirador en una ventana y el segundo por un
envenenamiento de cianuro potásico, ambos orquestados por un ex-legionario traidor
llamado Mihai Stelescu, que posteriormente sería asesinado); ni tampoco la iniciativa de
crear un fascismo alternativo tutelado por el Estado rumano al que bautizaron con el
nombre Cruzada del Rumanismo (Cruciada Rumanismului)

Codreanu vestido de civil pasa revista a los legionarios de


la Guardia de Hierro que saludan fieles a su Capitán.

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A nivel exterior la Guardia de Hierro comenzó a ser muy popular en toda Europa tras
la participación de la formación de Codreanu en el Congreso Fascista Internacional
celebrado en la ciudad de Montreux, en Suiza; así como las visitas a Rumanía de
diversos pensadores nacionalistas que deseaban conocer en persona al Capitán, tal y
como hicieron el escritor italiano Mario Sani y el filósofo francés Julius Evola,
quedando este último maravillado porque al regresar a Francia halagó la increíble
humildad y pobreza económica de los legionarios, quienes durante la entrevista
únicamente habían podido ofrecerle un plato con un poco de mermelada y un vaso de
agua. También cuando estalló la Guerra Civil Española en julio de 1936, Codreanu
impulsó la creación de unidad de voluntarios anticomunistas rumanos que, encabezados
por su amigo Ion Moţa, se alistaron en el ejército nacional del General Francisco Franco
y combatieron durante la Batalla de Majadahonda en el asedio a Madrid.
Lamentablemente el 13 de enero de 1937, Ion Moţa y otro legionario llamado
Vasile Marin fallecieron al unísono tras el impacto de un proyectil de artillería del
ejército republicano, algo que dejó profundamente dolido a Codreanu, que muy afectado
por la pérdida de su mejor amigo, presidió el funeral en Bucarest siguiendo la estela de
los dos féretros junto a un público de más de 300.000 personas.
En las elecciones de diciembre de 1937 la Guardia de Hierro se presentó en coalición
con el partido nacional campesino de Juliu Maniu y el partido liberal de
Gheorghe Bratianu; mientras que el bloque gubernamental del rey Carol II incluyó una
extraña alianza de partidos monárquicos, tradicionalistas y, curiosamente, también los
comunistas. Durante la campaña electoral, Codreanu optó por no responder a las
provocaciones de los adversarios y no pronunciar discursos hablando de los demás, sino
centrarse en las virtudes de los legionarios y en su proyecto social. Gracias a esta táctica
la Guardia de Hierro obtuvo 478.378 votos y 66 diputados en el parlamento rumano, lo
que la convirtió en la tercera fuerza política superando incluso al partido nacional
cristiano (adscrito al bloque gubernamental) con 39 escaños y quedando solamente por
detrás del partido nacional campesino y el partido liberal, además de imponerse en
provincias de tradición socialista como Teolorman y Vlasca, así como en otras con
menos prestigio hasta la fecha como Oltenia y Moltenia.
A pesar del triunfo de la coalición anti-monárquica en las elecciones de diciembre de
1937, el rey Carol II, temiéndose perder el trono ante el auge de la Guardia de Hierro de
Codreanu, disolvió el parlamento y declaró inválido el resultado de los
comicios. Lógicamente el resto de fuerzas políticas protestaron por lo que era
claramente un intento de instaurar una monarquía absoluta, algo a lo que Carol II
respondió más contundentemente formando gobierno con el partido nacional cristiano
(que sorprendentemente había quedado cuarto en las elecciones) y nombrando un
gabinete encabezado por personalidades anti-codreanistas como Alexander Cuza,
Octavian Goga o el ministro del Interior Armand Calinescu.

Caída de el Capitán

Inesperadamente el 8 de febrero de 1937, Codreanu anunció ante los medios de


comunicación que si el rey Carol II lo deseaba, la Guardia de Hierro se retiraría de las
siguientes elecciones e incluso se disolvería para evitar un baño de sangre. Como era
evidente, muchos se quejaron por esta actitud después del buen resultado obtenido,
aunque el Capitán, con visión mucho más amplia del futuro, sabía que la democracia
estaba a punto de ser liquidada y que el rey Carol II acabaría imponiendo una

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monarquía absoluta de carácter feudal.
El 11 de febrero de 1938 los temores de Codreanu se volvieron realidad cuando el
ejército real rumano propinó un golpe de Estado mediante el que disolvió el parlamento
rumano, se tomaron las principales ciudades del país y se prohibieron todos los partidos
políticos (liberales, campesinos, conservadores, fascistas, comunistas, representantes de
la minoría húngara…), salvo el nuevo frente del renacimiento nacional dirigido por el
patriarca de la Iglesia Ortodoxa, Miron Cristea, que instauró un régimen de lealtad
monárquica en torno a la figura del rey Carol II, además de un sistema ultrarreligioso,
tradicionalista, antifascista, anticomunista y antisemita. Al mes siguiente, el 26 de
marzo de 1938, todos los miembros de los diferentes partidos anteriormente ilegalizados
fueron arrestados, torturados y los millares de militantes o simpatizantes enviados a la
prisión o campos de concentración. Codreanu, que inmediatamente fue detenido y
llevado a juicio (los jueces que de nuevo pretendían absolverle fueron encarcelados y
sustituidos por unos magistrados afines al monarca), fue acusado de conspiración contra
la patria y de intercambiarse correspondencia con Adolf Hitler, algo que el Capitán
desmontó durante un discurso de más diez horas que para desgracia de él fue a puerta
cerrada y por tanto nadie pudo seguir desde el exterior. Finalmente y a pesar de lo
evidente de su inocencia, el tribunal le declaró culpable y le condenó a diez años de
cárcel (lo que el sabía sería una pena de muerte a corto plazo porque en su cautiverio le
asesinarían tarde o temprano)
El 17 de abril de 1938 Codreanu entró en la Prisión de Jilava, donde llevó a cabo una
vida triste y melancólica, que estuvo acompañada de todo tipo de palizas y torturas, ya
fuesen físicas o psicológicas. A este trato se sumó la desesperación de estar hacinado en
una celda de seis metros de largo por cuatro metros de ancho, por supuesto fría y
cargada de humedad, en cuyo suelo tenía que dormir vestido sobre unas tablas de
madera. Como los guardias tenían prohibido hablar con él, Codreanu dedicó el tiempo a
rezar, como la plegaria hecha a Dios el 24 de abril, Día de Resurrección; aunque
también tuvo ocasión de escribir un libro que nunca terminaría bajo el título de
Diario de la cárcel que redactó gracias a que un funcionario le regaló papel y lápiz
(y que posteriormente guardaría bajo su custodia) Poco a poco la salud de el Capitán
fue empeorando porque el ambiente húmedo de la prisión encharcó sus pulmones y le
hizo enfermar de tuberculosis crónica.
A las 10 horas de la noche del 29 de noviembre de 1938, Codreanu y otros trece
prisioneros de la Guardia de Hierro fueron sacados de las frías celdas en la Prisión de
Jilava y conducidos hasta el exterior, donde se les obligó a montar en la parte trasera de
un camión, cada uno con las manos atadas y mirando erguidos hacia delante. Algunas
horas más tarde y mientras se dibujaba en el cielo el amanecer del 30 de noviembre de
1938, el camión se detuvo en el bosque de Tancabesti y los prisioneros descendieron
junto a una cuneta. De manera inmediata, detrás de cada legionario se colocó un
gendarme (hasta un total de catorce) y en cuanto se encendió una luz de linterna a modo
de señal, los guardias pasaron una cuerda alrededor de los cuellos de los reos y los
estrangularon hasta la muerte, incluyendo a Codreanu.
Fallecido el Capitán y los otros trece legionarios, el camión regresó a la Prisión de
Jilava para arrojar los cadáveres a una fosa común. Una vez dentro del agujero, los
guardias dispararon sus fusiles y pistolas contra los cuerpos para simular que habían
muerto por los disparos en un intento de fuga. Acto seguido se les enterró, aunque al día
siguiente, el 1 de diciembre, fueron desenterrados y trasladados a un lugar más lejos
para esconderlos en otra fosa sobre la que echaron veinte bombonas de ácido sulfúrico y

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a continuación una capa cemento y encima de ésta otra de tierra. Inmediatamente
después, los catorce verdugos recibieron 20.000 lei de dinero a cambio de su silencio;
mientras que los principales orquestadores, el ministro del Interior Armand Calinescu y
el jefe de la gendarmería rumana Ion Bengliu, emitieron un parte oficial falso en el que
se afirmaba que los prisioneros habían muerto tras escapar del recinto.
La mentira acerca de la muerte de Corneliu Codreanu se mantuvo durante dos años
hasta que a la caída del absolutismo del rey Carol II y la fundación del Estado Nacional
Legionario durante la Segunda Guerra Mundial por parte del Conducator Ion Antonescu
y Horia Sima, el cadáver fue descubierto y reconocido por los forenses el 25 de
septiembre de 1940, cuya valoración demostró que claramente había sido asesinado. La
respuesta de la Guardia de Hierro en aquel instante fue brutal porque los legionarios
entraron en la Prisión de Jilava y mataron brutalmente a 64 colaboradores del rey
Carol II, entre ellos al comisario Ion Bengliu.
La muerte de Codreanu implicó la desaparición de la Guardia de Hierro a largo plazo,
pues aunque ésta última se apropió del poder entre 1940 y 1941 al frente del Estado
Nacional Legionario de Horia Sima, los sucesos posteriores en la Segunda Guerra
Mundial propiciaron su caída definitiva. A pesar de todo, Corneliu Zelea Codreanu fue
uno de los personaje más místicos y altruistas dentro del fenómeno fascista, así como
una figura clave para la historia de Rumanía en el siglo XX.

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Bibliografía
1) Corneliu Codreanu, Manual del jefe, Colectia Europa (2004), pág. 5-189
2) Carlo Sburlati, Codreanu el Capitán, Acervo (1979), pág. 25-247
3) Carlos Caballero Jurado, Ejército nacional rumano, Corneliu Codreanu y la Legión
de San Miguel Arcángel, García Hispán Editor (1997), pág. 23-58

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“El fascismo en Rumanía encontró
una de las naciones de Europa donde
más acogida encontró en un grado
bastante similar al de Italia y
Alemania, a pesar de que las
condiciones fueron las más difíciles
para su desarrollo. Tanto su auge
como caída dentro del marco de la
Era de Entreguerras que abarcó
desde el fin de la Primera Guerra
Mundial hasta las postrimerías de
la Segunda Guerra Mundial, no
sería comprensible sin la figura de
Cornelia Zelea Codreanu, también
conocido como el Capitán.”

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